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Inteligencia emocional en la niñez

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Oratoria

La importancia de la inteligencia emocional en la niñez


Alumno: Ángel Daniel Rivera Olvera
4° Vicario Nivel Primaria

Buenos días honorable jurado calificador, maestros, alumnos y público que hoy
nos acompaña, soy el alumno Ángel Daniel Rivera Olvera del Colegio Progreso de
Obregón pertenezco al grupo 4° Vicario de nivel primaria y les vengo a presentar
mi Oratoria titulada: La importancia de la inteligencia emocional en la niñez.

Hoy quiero hablarles sobre un tema fundamental para el desarrollo pleno de los
niños: la inteligencia emocional. Desde pequeños, se nos enseña a contar, a leer,
a escribir. Se nos guía en matemáticas, ciencias e historia. Pero muy pocas veces
se nos enseña a identificar lo que sentimos, a ponerle nombre a nuestras
emociones, y mucho menos a manejarlas de forma sana y constructiva.

La inteligencia emocional es la capacidad de reconocer, comprender y manejar


nuestras emociones, pero también la de identificar e influir en las emociones de
los demás. Esta habilidad, aunque suene compleja, se empieza a construir desde
la infancia.

¿Por qué es tan importante en los niños?

Porque los niños que desarrollan inteligencia emocional no solo son más
empáticos, sino que también tienen mejores relaciones, se comunican de forma
más efectiva y son capaces de resolver conflictos sin recurrir a la violencia. Son
niños que aprenden a calmarse cuando están enojados, a expresar lo que sienten
sin miedo y a entender lo que otros están experimentando.

Un niño emocionalmente inteligente será un adulto más equilibrado, más


resiliente, más feliz. Y en un mundo cada vez más exigente, donde el estrés y la
ansiedad se hacen presentes desde edades tempranas, educar con inteligencia
emocional no es un lujo, sino una necesidad.
Padres, maestros, cuidadores: fomentemos el diálogo, escuchemos sin juzgar,
pongamos atención a lo que sienten los niños y ayudémoslos a entenderlo.
Porque al cuidar su mundo emocional, estamos construyendo no solo mejores
personas, sino un mejor futuro.

No podemos olvidar que los valores, la autoestima y el equilibrio emocional no se


aprenden con libros, sino con el ejemplo, la atención y el amor. Cada palabra que
decimos a un niño, cada gesto, cada reacción frente a sus emociones, es una
lección que él aprenderá para toda la vida. Enseñarles a reconocer sus emociones
es también enseñarles a valorarse, a cuidar de sí mismos y a respetar a los
demás.

Por eso, el llamado de hoy es claro: abramos espacios donde los niños puedan
hablar, sentir y ser escuchados. Invirtamos tiempo en formar no solo mentes
brillantes, sino corazones fuertes. Porque si cultivamos la inteligencia emocional
en la niñez, estaremos sembrando las semillas de una sociedad más humana,
más justa y más consciente.

Muchas gracias.

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