Camila y el Jardín de los
Corazones Rotos
2do de Bachillerato A-G1
Camila y el Jardín de los
Corazones Rotos
FLEUR
«A los que creen en la magia, aun cuando el mundo
insista en lo contrario»
ADVERTENCIA:
Este cuento es adecuado para lectores a partir de 12 años debido a sus temas de
venganza, manipulación y lucha interna, que pueden ser emocionalmente intensos.
PRÓLOGO
Aetheria, un reino antiguo y majestuoso, se extendía a lo largo de vastos
paisajes: bosques interminables donde los árboles susurraban historias
olvidadas, montañas que tocaban el cielo y valles donde los ríos cantaban
suavemente al ritmo del viento. Era un lugar donde la naturaleza parecía tener
vida propia, un reino cuyas estaciones bailaban en armonía, creando un
equilibrio perfecto entre la tierra y el cielo.
La magia, aunque sutil, corría por las venas de Aetheria. Los pueblos eran
prósperos, y los campos, una vez cultivados por generaciones, florecían como
un reflejo de la paz que reinaba. La gente, simple y sabia, vivía en armonía con
su entorno. Sin embargo, como toda tierra próspera, Aetheria tenía sus sombras,
y esas sombras serían el preludio de una tragedia que marcaría a su pueblo para
siempre.
Y fue en este mundo tan vibrante donde nacieron dos figuras que
moldearían el destino del reino: el rey Jairo y la reina Alejandra.
Jairo, hijo de un linaje antiguo, era un hombre de gran nobleza, cuya
seriedad y fuerza inspiraban respeto. Desde joven, fue conocido por su sabiduría
y su capacidad para tomar decisiones que beneficiaran a su pueblo. Aunque sus
ojos reflejaban la calma de los montes de Aetheria, en su corazón guardaba un
vacío que ni el reino ni el deber lograban llenar.
Alejandra, por otro lado, era la luz de Aetheria. De noble linaje, su belleza
era tan radiante como su alma. Su carácter bondadoso y su profundo amor por
su gente la hicieron muy querida entre los suyos. Fue ella quien unió a Aetheria
no solo con su poder, sino con su compasión. Su risa llena de esperanza se
convirtió en el alma del reino, y su mirada clara como los cielos de verano
encendió el corazón de Jairo.
En un reino antiguo, rodeado por montañas que lloraban con las lluvias y
bosques donde los árboles susurraban los sueños de los dormidos, nació Camila,
una bebé muy bella. Su madre, la reina Alejandra, murió al darla a luz, y su
padre, el Rey Jairo, tras la pérdida de su querida esposa, nunca volvió a sonreír.
Antes de esa tragedia, los bosques del reino eran un lugar lleno de vida y
color. Las flores creaban alfombras de pétalos multicolores que se extendían
por millas, cubriendo cada rincón con aromas dulces y frescos. Las mariposas
danzaban entre las ramas de los árboles, y los ríos parecían cantar en armonía
con el viento. Todo parecía tener una vitalidad infinita, como si el reino entero
compartiera la alegría de la reina Alejandra.
Pero tras su muerte, el rey Jairo cayó en una tristeza profunda y
desconsolada, un dolor tan grande que su corazón se oscureció. En su duelo,
prohibió que las flores crecieran más en los bosques, pues cada vez que las veía,
le recordaban a su amada esposa, con su risa suave y su energía vibrante. Así,
los campos florecientes se marchitaron lentamente bajo el mandato del rey, y la
tierra, antes llena de vida, empezó a perder su color, cubriéndose de un gris
inmutable. Las mariposas dejaron de volar, y los árboles, que antes susurraban
canciones de esperanza, ahora parecían susurrar lamentos.
Mientras tanto, Camila continuaba su crecimiento bajo la sombra de un
reino melancólico, y con cada año que transcurría, su belleza se hacía más
ilustre, más deslumbrante, sus ojos color miel que reflejaban el resplandor del
sol al amanecer, su cabello castaño que caía como un río de seda y su piel tan
inmaculadamente blanca como la nieve.
Sin embargo, su vida estaba marcada por una crianza sombría; fue
educada por institutrices de voz fría, en aposentos de piedra que no conocían la
calidez ni la alegría. Los ecos de su niñez resonaban en los jardines solitarios,
donde su única compañía era la suave brisa que acariciaba su rostro, mientras
ella entonaba melodías que se desvanecían en el aire.
Después de años la princesa Camila se hallaba a tan solo semanas de
celebrar su decimoctavo cumpleaños cuando, para sorpresa de todo el reino, su
padre, el Rey Jairo, contrajo matrimonio con la enigmática Valeria, quien fue
proclamada Reina en un acto repentino y lleno de misterio. La noticia causó
revuelo en los salones del castillo y en los rincones más remotos del reino; la
belleza de la nueva reina era objeto de innumerables murmullos y alabanzas,
pues su figura parecía casi salida de un sueño de invierno.
Sin embargo, lo que la mayoría ignoraba era la verdadera naturaleza de
Valeria. A pesar de su apariencia deslumbrante, su alma estaba marcada por una
vanidad desmesurada y una mezquindad cruel que se ocultaba tras su sonrisa
radiante. Se alimentaba de la admiración ajena y de la constante validación de
su propia belleza, creyendo que su rostro y su figura eran la única razón de su
valía. Con cada cumplido, su orgullo crecía, y con cada alabanza, su corazón se
volvía más frío y oscuro. Era tal la vanidad que gobernaba el corazón de la reina
Valeria, que cada mañana, sin falta, se veía obligada a consultar su espejo
mágico. En las primeras horas del día, cuando el reino aún se encontraba sumido
en el silencio de la madrugada, Valeria se acercaba a su espejo encantado, cuyas
superficies reflejaban no solo la imagen externa, sino los deseos más profundos
de quien lo consultaba.
Con voz suave y altiva, le preguntaba:
— "Espejito, espejito en la pared, ¿quién es la más hermosa de todas?"
La respuesta, siempre ansiada, era la misma, alimentando su ego con cada
palabra. El espejo, obediente y fiel a su magia ancestral, le aseguraba que ella,
Valeria, era la más hermosa de todo el reino y más allá.
—"Tú, tú, mi reina. Tu belleza es inigualable, como la luz del sol al
amanecer, cegadora y perfecta. No hay en este reino, ni en ningún otro, quien
pueda rivalizar contigo. Eres la más hermosa de todas, y todos lo saben."
El día más temido por la Reina Valeria finalmente llegó, y con él, un aire
de incertidumbre que ni ella misma podría evitar. Era el cumpleaños número
dieciocho de Camila, la princesa que, sin saberlo, comenzaba a emerger de las
sombras de su niñez para convertirse en la verdadera heredera del reino. Esa
mañana, como dictaba la costumbre, Valeria se acercó a su espejo mágico,
esperando la misma respuesta que siempre escuchaba, una respuesta que
alimentaba su ego y le otorgaba la sensación de dominio absoluto sobre todos
aquellos a su alrededor.
Se paró frente al espejo con el gesto altivo, y, sin vacilar, formuló la
pregunta que ya había hecho miles de veces:
— "Espejo, espejo en la pared, ¿quién es la más bella de todas?"
Pero esa mañana algo cambió. La respuesta no fue la misma. El brillo del
espejo palideció un instante, y una suave vibración recorrió el aire antes de que
el reflejo de Valeria comenzara a distorsionarse. El espejo emitió un sonido
bajo, como un susurro que temblaba en su voz mágica. Entonces, como un eco
lejano, pronunció un nombre que nunca había pronunciado antes.
— "No, mi reina... Hoy, la más bella es Camila."
El corazón de Valeria se detuvo por un segundo, y la sala, que antes
parecía tranquila, se volvió irrespirable. Su sangre hirvió de rabia, como un
torrente volcánico que amenazaba con arrasar todo a su paso. En ese instante,
la perfección de su rostro se tornó en una máscara de furia y descontrol. Camila,
una niña, la hija de la reina muerta, una princesa que ella misma había eclipsado
con su propia belleza... ¿Cómo podía ser? ¡Era imposible!
El espejo, que hasta ahora había sido su aliado más fiel, se había rebelado,
y con ello, todo su mundo se tambaleó.
Su rostro, al principio tan sereno, se retorció en una expresión de furia
pura. Se sentía traicionada, herida en lo más profundo de su ser. ¿Cómo era
posible que una joven que apenas comenzaba a vivir pudiera arrebatarle su
reinado de belleza? La reina sintió como si su propia existencia se desmoronara,
como si el espejo, en su respuesta, hubiera revelado la cruda verdad que tanto
temía: que su supremacía no era eterna, que la juventud y la belleza, tan fugaces,
pronto le serían arrebatadas.
— Camila — Murmuró entre dientes, su voz llena de veneno, mientras
apretaba las manos con tal fuerza que sus uñas se clavaron en la palma — No
dejaré que esto se quede así.
En su mente, un plan malvado se tejía con precisión venenosa. La Reina
Valeria, cegada por la envidia y decidida a borrar cualquier sombra que
amenazara su reflejo en el espejo, mandó llamar al hombre más temido de
Aetheria: el cazador Ángel.
Ángel era conocido en todo el reino no por su simpatía ni por su lealtad,
sino por su absoluta eficiencia. Silencioso, de mirada imperturbable, y siempre
vestido con ropas oscuras que se confundían con los bosques que recorría, nunca
fallaba. Cuando alguien desaparecía en los límites del reino, cuando un enemigo
debía ser eliminado sin dejar rastro, era Ángel quien se encargaba.
Su reputación lo precedía. No hablaba más de lo necesario, no preguntaba
por qué ni para qué. Solo cumplía, con precisión mortal.
Valeria lo recibió en sus aposentos privados, entre sombras y aromas
dulces que no lograban ocultar el veneno de su intención. Lo miró con frialdad,
y sin rodeos, le dijo:
— Quiero que lleves a Camila al bosque. Y no regrese. Nadie debe saber.
Nadie debe sospechar. Hazlo limpio, y rápido.
Ángel no mostró emoción. Solo asintió con un leve gesto, aceptando la
misión como tantas otras antes.
❀❀❀
La noche había caído sobre el reino de Aetheria, y el aire estaba
impregnado de una niebla espesa que parecía tragarse todo a su alrededor. En
las afueras del castillo, el cazador Ángel se acercaba al jardín donde Camila
solía pasear cada noche. La joven princesa, ajena a la amenaza que se cernía
sobre ella, caminaba entre las flores marchitas, absorta en sus pensamientos.
Ángel, oculto tras las sombras de los árboles, observaba a su objetivo.
Sabía lo que tenía que hacer: acercarse sin ser visto, atraparla sin que pudiera
escapar. La reina lo había mandado, y no había lugar para dudas. Sin embargo,
algo en su interior le decía que este encargo no sería como los demás.
Camila, sintiendo una presencia extraña, se detuvo en seco. Su instinto le
decía que algo no estaba bien. Con un ágil movimiento, su mano se deslizó hacia
su pierna, donde escondía una daga pequeña por seguridad. La reina nunca
había permitido que alguien entrenara.
Camila en defensa propia, pero ella misma se había entrenado en secreto,
siempre alerta por si algún día debía enfrentarse a la amenaza que sus ojos no
podían ver.
De repente, Ángel emergió de la oscuridad con un paso firme,
acercándose rápidamente a ella.
— "Vamos, princesa — dijo con voz fría y controlada — Es hora de venir
conmigo.
Camila, con una velocidad inesperada, desenvainó su daga y se colocó en
posición defensiva, enfrentándose a él con una mirada desafiante.
— ¿Quién te crees para darme órdenes? — replicó, manteniendo la daga
cerca de su pecho — No pienso ir con nadie.
Ángel, sorprendido por la rapidez de la princesa, dio un paso atrás,
evaluando la situación.
— Soy el cazador Ángel — dijo con voz grave — y hoy serás mi presa.
Un choque violento comenzó, con ambos luchando cuerpo a cuerpo entre
los árboles y la niebla. Camila, ágil como un felino, esquivaba sus ataques con
destreza, mientras que Ángel intentaba someterla con golpes rápidos y precisos.
El suelo estaba resbaladizo por la humedad, y la batalla se tornó más
peligrosa a medida que se acercaban al borde de un pequeño acantilado. Camila,
con los ojos fijos en su enemigo, aprovechó un momento de distracción de
Ángel para deslizar su daga en su costado. El cazador retrocedió, jadeando,
tocando su herida, pero sin mostrar un signo de dolor real.
— Eres buena — dijo Ángel, con una sonrisa torcida, admirando la
valentía de la joven. —Pero no puedes ganar.
Sin embargo, Camila no era una princesa común. Su espíritu luchador,
forjado por años de desdén de su madrastra y el silencio de su padre, nunca
permitiría que alguien la sometiera sin razón.
— Tú no sabes nada de mí.
Y en ese momento, mientras el enfrentamiento continuaba, algo cambió.
Ambos comenzaron a reconocer en el otro una fuerza similar, una resistencia
inquebrantable. Ángel, observando su valentía, dejó caer su espada.
— No quiero hacer esto — murmuró — ¿Por qué luchas?
Camila, respirando con dificultad, bajó su daga.
— Porque no soy la villana que todos creen que soy. La verdadera
malvada es mi madrasta, Valeria.
Ángel la miró con sorpresa.
— ¿Qué quieres decir?
Camila suspiró, dejando caer la daga por completo.
— Mi madre murió al darme a luz, y mi padre, el rey, nunca me ha
querido. Solo me ve como un medio para mantener el poder. Mi madrasta,
Valeria, no es quien dice ser. Ella ha manipulado todo desde el principio.
Ángel la observó, sus ojos fríos comenzando a ablandarse.
— Entonces, ¿no eres una amenaza?
— No, Ángel. Mi única amenaza es Valeria.
El cazador, con una mueca de confusión, decidió que no podía matarla.
Algo en su corazón se lo impedía.
— No la llevaré de vuelta. No a costa de tu vida.
Y con esas palabras, Ángel decidió liberarla. Sin embargo, sabía que su
decisión tendría consecuencias. Nunca regresaría al castillo. El rey y la reina lo
buscarían, pero él ya no podía vivir bajo el yugo de su antigua vida. Él sería
libre, recorriendo los bosques, lejos de la realeza, alejado de las cadenas que lo
habían atado en su juventud.
❀❀❀
Esa noche, Camila decidió quedarse en un claro rodeado de hojas doradas
y caídas, sin saber qué futuro le esperaba. El suave canto del viento le susurraba
al oído, y mientras sus pensamientos se deslizaban entre los árboles, comenzó
a soñar. Soñó con Ángel, con su mirada fría y distante, pero ahora con una
vulnerabilidad que ella había comenzado a entender. En su sueño, ella veía
cómo él se adentraba en los bosques oscuros, un hombre libre, pero atrapado
por el mismo destino que ella había querido escapar.
Cuando despertó al amanecer, la luz del sol rompió las sombras, y algo
increíble llamó su atención. Un camino de flores blancas y rosas rojas se
extendía ante ella, un espectáculo que nunca había visto, pues su padre había
prohibido que las flores crecieran cerca del castillo. ¿Cómo era posible que
existiera un lugar así?
Guiada por la curiosidad, Camila decidió seguir el sendero de flores hasta
que encontró una casa antigua, rodeada por un jardín salvaje, como si el tiempo
hubiera olvidado ese lugar. Entró en la casa, explorando sus rincones, hasta que
llegó a una estantería llena de libros. Fascinada por la colección, tomó uno y
comenzó a hojearlo. El cansancio del viaje la venció, y poco a poco, se quedó
dormida.
Fue el ruido de una puerta abriéndose lo que la despertó. Se ocultó
rápidamente, mirando a través de una rendija. A lo lejos, vio a seis personas
entrar: Marlon, el poeta triste, Abel, el escultor mudo, Jonathan, el herborista
invisible, Anthony, el pintor de sombras, Yareli, la música ciega, y Cielo, una
mujer que no parecía tener una profesión definida, pero que se movía con una
gracia casi sobrenatural.
Al principio, las personas se asustaron al ver a Camila, pero rápidamente
ella se presentó.
— Me llamo Camila, soy la princesa de Aetheria. No os asustéis, por
favor, no tengo intención de haceros daño, pero os ruego que tengan piedad de
mí. Me encuentro sola y desamparada. Estoy dispuesta a hacer lo que queráis.
¿Serian tan amables de acogerme en vuestra morada? — dijo, y al mencionar
su nombre, las tensiones disminuyeron.
El grupo de chicos la miraron, sorprendidos, pero cuando vieron su
valentía, comenzaron a aceptarla como una de ellos.
❀❀❀
Mientras tanto, en el castillo de Aetheria, la reina Valeria había reunido
a su ejército secreto de brujas, decidida a terminar con Camila de una vez por
todas. Sabía que su plan debía ser perfecto, pues no permitiría que la joven
princesa le arrebatará lo que le pertenecía: su reino.
Las brujas llegaron una a una, con sus poderes oscuros, dispuestas a usar
todos sus encantamientos para acabar con Camila.
Renata, la maga de los vientos, fue la primera en actuar. Con un gesto de
su mano, levantó una tormenta feroz que comenzó a arrastrar árboles y hojas,
creando un vendaval imparable que apuntaba hacia el claro donde Camila y su
grupo de refugiados se encontraban.
Daniela, la alquimista de venenos, preparó un brebaje mortal y lo roció
sobre el aire. Los aromas dulces y seductores se mezclaron con la brisa,
causando que los corazones de los jóvenes se llenaran de desesperación y
confusión. Todos comenzaron a perder la fuerza y el sentido de la dirección,
hasta que Camila, debilitada por el veneno, cayó al suelo.
Maite, la espía de las aves, hizo que los cuervos, criaturas bajo su control,
atacaran con sus garras afiladas. Volaban por encima de la princesa y sus
amigos, causando caos. Daleshka, que podía desaparecer en el aire, se deslizó
en silencio entre ellos, sembrando terror con su presencia invisible.
María, la manipuladora de sueños, hizo que todos cayeran en un profundo
sueño, pero no uno cualquiera, sino uno lleno de pesadillas. Las visiones de
muerte y desesperanza envolvieron sus mentes, hasta que solo Camila quedó
consciente. Pero ella, debilitada por el veneno y las visiones, cayó rendida al
suelo.
Dayana, la hechicera que lloraba sangre, tocó la frente de Camila, y sus
lágrimas se transformaron en una energía oscura que se absorbió en el cuerpo
de la princesa, llevándola al borde de la muerte.
Tamara, con su canto hipnótico, adormeció a los demás aún más,
asegurándose de que no pudieran intervenir. Kimberlin, la narradora de
mentiras verdaderas, tejió una mentira tras otra en las mentes de los chicos,
haciéndoles creer que ya nada podría salvar a Camila.
La princesa, casi muerta, yacía en el suelo, su cuerpo cubierto de flores
marchitas que caían de sus propios cabellos. Los chicos del bosque, al verla, se
sintieron impotentes. Pero, sabían que no podían rendirse. Con la última energía
que les quedaba, hicieron una camita de flores frescas a su alrededor, un lecho
de esperanza, como si de alguna manera pudieran darle la vida de nuevo.
En ese preciso instante, Ángel, el cazador, pasó por el claro en su caballo.
Al ver la escena, su corazón se detuvo. No podía creer lo que veía: Camila, su
amiga, su compañera, casi muerta, rodeada de flores marchitas.
— "No puede ser... — murmuró, acercándose rápidamente a ella—.
Con manos temblorosas, se agachó junto a ella y, por un impulso, tomó
su mano. En ese momento, algo cambió dentro de él. Un sentimiento de
desesperación y dolor profundo lo invadió. Sabía que ya no podía esconder lo
que sentía: se había enamorado de ella.
Con una delicadeza infinita, le dio un beso en la mano, como si fuera un
último gesto de cariño y esperanza. En ese mismo momento, algo mágico
ocurrió. Los ojos de Camila se abrieron lentamente. Su respiración comenzó a
estabilizarse. Los colores comenzaron a llenar de nuevo su rostro, y la vida
volvía a su cuerpo, casi como un milagro.
— ¿Camila? — preguntó Ángel, con la voz quebrada por la emoción—.
Camila, aún débil, sonrió débilmente, mirando a Ángel a los ojos.
— ¿Ángel...? — susurró, reconociendo la voz que tanto había echado de
menos —.
— Los chicos del bosque, al verla despertar, celebraron con gritos de
alegría. — ¡Está viva! — exclamaron todos.
Decididos a acabar con la tiranía de la reina Valeria, Camila, Ángel y el
grupo de jóvenes del bosque unieron sus fuerzas. Sabían que tenían que luchar
por su libertad y por el futuro de Aetheria.
Juntos, caminaban hacia el castillo, donde la reina Valeria los esperaba.
Los pasos de los jóvenes resonaban con una fuerza renovada, y el amor que
Ángel y Camila compartían, ahora más evidente que nunca, les daba la valentía
para enfrentarse a la reina.
La batalla final fue feroz. Camila, armada con una daga y con el poder de
su amor, luchó contra Valeria en un duelo épico. La reina, llena de furia, usaba
sus hechizos oscuros, pero la valentía de Camila y el amor verdadero que sentía
por Ángel la hacían más fuerte. Finalmente, después de una lucha agotadora,
Camila, con un último esfuerzo, derrotó a Valeria, quien, ante su caída, intentó
maldecirla, pero su magia fue debilitada por la luz del amor que envolvía a
Camila.
La victoria fue suya. Aetheria finalmente quedó libre de la oscuridad, y
el reino renació. Camila, ahora más fuerte que nunca, gobernó junto a Ángel,
quien se convirtió no solo en su aliado, sino en su amor eterno.
Y así, el reino de Aetheria, con su nuevo liderazgo, floreció bajo la luz
de la justicia, la valentía y el amor verdadero.
EPÍLOGO
Un año después…
Después de la gran batalla que liberó a Aetheria de la oscuridad, y el reino,
renacido de sus cenizas, florecía de nuevo. Las flores, que habían sido
prohibidas durante tanto tiempo por el dolor del pasado, regresaron a los
campos y bosques. Aetheria, antes gris y desolada, ahora brillaba con colores
vibrantes, con campos de flores que se extendían por todo el reino, como una
señal de que la vida y la esperanza habían vuelto para quedarse.
En el palacio, Camila y Ángel gobernaban con sabiduría y amor. Camila, la
joven princesa que había sido eclipsada por la tragedia de su madre y la
crueldad de su madrastra, ahora se había convertido en una reina fuerte y
decidida. Junto a Ángel, su amado, quien había demostrado no solo ser su
protector, sino su compañero y su verdadero amor, el reino prosperaba como
nunca antes. Los dos, unidos por un destino compartido y un profundo amor,
transformaron Aetheria en un lugar de paz y alegría.
El rey Jairo, que había quedado sumido en la tristeza y el dolor durante tanto
tiempo, se retiró al retiro real, alejado de los asuntos del reino, pero con la
satisfacción de ver que su hija había logrado lo que él no pudo: traer la luz de
nuevo al reino. Aunque su corazón nunca se recuperó completamente de la
pérdida de su amada esposa, encontró consuelo en ver cómo Aetheria renacía
bajo el liderazgo de su hija.
Con el regreso de la abundancia, los campos comenzaron a cubrirse de flores
nuevamente. A lo largo de los valles, los campos de lirios, rosas y jazmines
comenzaron a crecer en colores brillantes. Los bosques, que antes susurraban
en lamentos, ahora estaban llenos de cantos de aves y el suave murmullo de
los árboles. Los ríos, cristalinos y vivos, corrían a través de los paisajes
verdes, como si celebraran la renovación de su tierra. Las mariposas danzaban
nuevamente entre las ramas, y el aire estaba impregnado de la fragancia dulce
de las flores. Aetheria, la tierra de los sueños olvidados, había vuelto a
despertar.
Bajo su reinado, Camila promovió el bienestar de su pueblo, restaurando la
confianza que se había perdido en los días de la tiranía de Valeria. El pueblo
vivía ahora con esperanza renovada, sus corazones rebosantes de gratitud. Las
leyes fueron reformadas para ser más justas, y los pueblos florecieron con
nuevas oportunidades. El reino fue reconstruido desde las bases, no solo en
sus castillos, sino en el alma misma de su gente.
Camila y Ángel viajaban juntos por todo Aetheria, asegurándose de que todas
las regiones estuvieran cuidadas, escuchando las necesidades de los aldeanos y
asegurando que la paz perdurara. En sus corazones, sabían que su amor no
solo había sido el lazo que los unió, sino el motor que impulsó la
transformación de su hogar.
En su castillo, con su gente reunida en grandes celebraciones bajo cielos
despejados, Camila y Ángel veían a su alrededor la armonía que siempre
habían soñado. La luz del sol brillaba con fuerza, iluminando cada rincón del
reino y bañando a sus habitantes en calidez. Los jardines del palacio se
llenaron de flores frescas, cada pétalo simbolizando el renacimiento del amor
y la vida.
Aetheria, por fin, era un reino lleno de risas y sueños cumplidos, donde las
flores volvían a crecer en todas sus formas y colores, y donde la esperanza era
el faro que guiaba a todos hacia un futuro brillante.
Y, bajo el sol de ese nuevo día, Camila, ahora Reina de Aetheria, y Ángel, su
fiel protector y compañero, caminaban juntos hacia el horizonte, seguros de
que su reino, su amor y su pueblo vivirían para siempre en la luz.
FIN
AGRADECIMIENTOS
Quisiera expresar mi más sincero agradecimiento a todas las personas que hicieron
posible este proyecto literario, comenzando por nuestra querida profesora Patricia Lobaco,
quien, con su pasión, dedicación y profundo amor por la literatura, nos ha guiado y motivado
en cada paso de este proceso. Gracias por tu paciencia, por creer en nosotros y por enseñarnos
a ver el poder de las palabras para crear mundos y emociones.
También quiero agradecer a mis compañeros de clase, cuyo apoyo y colaboración
fueron esenciales para dar forma a esta historia. Cada uno de ustedes aportó algo único, ya
sea con ideas, sugerencias o simplemente con su entusiasmo. Este trabajo refleja el esfuerzo
colectivo de un grupo unido, y es gracias a ustedes que este proyecto cobró vida.
Finalmente, me gustaría dar las gracias a toda la Unidad Educativa Santiago de Quito
(UESQ), una institución que nos ha brindado no solo los conocimientos necesarios, sino
también el espacio para desarrollar nuestras capacidades creativas y trabajar en equipo. El
ambiente de aprendizaje que ofrece la UESQ nos ha permitido crecer como estudiantes y
como personas.
A todos ustedes, ¡muchísimas gracias! Sin su apoyo y esfuerzo, este proyecto no
habría sido posible.
UNA HISTORIA DE MISTERIIO,
AMOR Y FANTASIA.
En el reino de Aetheria, la princesa Camila vive bajo la
sombra de la tragedia que marcó su nacimiento. Su madre, la reina
Alejandra, murió al darle vida, y su padre, el rey Jairo, nunca
volvió a sonreír. Cuando la reina Valeria llega al poder, su
obsesión con la belleza y el control desatará una batalla mortal con
Camila, quien, a punto de cumplir dieciocho años, descubre que
su destino está más entrelazado con el reino de lo que imaginaba.
Forzada a huir, Camila se adentra en los bosques con un
grupo de jóvenes misteriosos, mientras Valeria desata su furia para
destruirla. Pero, ¿quién es realmente la amenaza? ¿Camila podrá
vencer la oscuridad que se cierne sobre ella?
Tendrás hasta entonces para descubrirlo.
eBook
❀ FLEUR
DISPONIBLE
[Link]
2do de bachillerato es un grupo
muy alegre y unido, actualmente los
integrantes de este curso estudian en la «Camila continuaba su
Unidad Educativa Santiago de Quito, Esta crecimiento bajo la sombra de un reino
obra nace como parte de un proyecto melancólico, y con cada año que
inspirado por su profesora de Lengua y transcurría, su belleza se hacía más
Literatura, quien supo enseñarles todo ilustre, más deslumbrante, sus ojos color
sobre la escritura a este curso. miel que reflejaban el resplandor del sol
al amanecer, su cabello castaño que caía
A lo largo de este proceso creativo,
como un río de seda y su piel tan
todos los compañeros y compañeras de
inmaculadamente blanca como la nieve»
este curso participaron con ideas,
comentarios y entusiasmo, convirtiendo
este cuento en una experiencia muy única.
Este libro interpreta el poder del arte, los
dones de cada persona, la emoción, y
colaboración juvenil.