Agosto.
han pasado tantos años y aun así vuelve a sorprenderme, no la entiendo, tampoco he intentado
hacerlo, sin embargo, en un día como hoy de nuevo me encontraba hace 10 años en una tarde de
noviembre.
El sol había atenuado, los mosquitos revoloteaban pinchando mi piel, era molesto, sumado al
sudor frio que me recorría el cuerpo, el olor a tierra marchita y a cañerías que gobernaba sobre el
amplio pastizal con sepulcros dispuestos a lo largo y ancho no hacía más leve la sensación de
agobio que me invadía mientras mi madre derramaba lagrimas sobre el hombro de mi abuela; no
podía llorar, no sabia que hacer, debía llorar, triste es, era y aun que no puedo asegurarlo
probablemente lo seguirá siendo, un suceso como estos somos bien conscientes de que en algún
momento llegara, pero lloramos, no asimilamos que pasara mañana, ni ningún día, eran estas en
ese momento mis razones para no llorar por quien ahora estaba siendo cubierta de tierra, creía
además en ese momento que sería un insulto, ¿a ella o a la muerte? ¿Como saberlo?
la noche anterior fue en vela, en un cuarto de paredes blancas y gélidas con el ataúd en el centro,
unas sillas situadas a los lados, pocos lloraron y los demás, por el morbo característico de nuestra
especie, solo se acercaban y ojeaban el ataúd, ese álgido cuerpo absorbía el calor a su paso,
mientras a la distancia plegarias entre sollozos eran derramadas y retumbaban en la estancia casi
vacía, llorar sería inhumano; conocí a esta persona, la amaba tanto como podía amar en ese
entonces, me oprimía el pecho verle tan blanca como el papel, sus rojas mejillas pálidas, su rostro
sereno me gritaba silenciosamente que corriera, que huyera y de no ser por mi corta edad e
incapacidad de valerme por mi propia cuenta en una ciudad desconocida, lo habría hecho, me
dolían las piernas, el frio me calaba los huesos y a pesar de vivir no era entonces mas libre que
quien habiendo sido una persona no muchas horas atrás estaba ahora en ese ataúd.
Recuerdo que durante ese día y el anterior me fue imposible llorar, no fue hasta que la tierra
cubrió hasta rebosar la fosa que, incapaz de fijarme en nada más frente a mí, odiosamente me
miraba esa mariquita, revoloteo culpable hasta posarse sobre una flor marchita y entonces todo se
volvía difuso, gritos, llantos y un golpe seco se escuchó, incomprensible, externo, pero ella
desapareció.
De ahí desperté, estaba caminando junto a alguien ¿varios? ¿pocos? Dudas azotan esos distantes
retazos de mi memoria sin embargo sabía que diana estaba ahí, reconocí su vos, su toque frio
mientras me guiaba cada vez más y más lejos del amplio valle de hierba
-no llore mami, no hay por que estar triste, mas bien mire, mire come gira- susurraba en mi oído
mientras señalaba una alegre florecilla de plástico que hacia las veces de molino de viento, parecía
alegrar un sepulcro tan vacío, para un niño de 4 años era seguramente algo entretenido, y lo fue,
pero el solo hecho de verme atrapado por una cosa tan banal ante un suceso como este hizo que
mis ojos ardieran y lagrimas corrieran descontroladamente mientras sollozaba de nuevo, esta vez,
para mi mal gusto y condena, por la culpa.
- abra la sombrilla- me reclamanaba mi tia mientras en un escenario similar me querían obligar a ir,
a ver a un humano blanco como el papel