POEMA 1: “La bandida y la de casa”
La luna se alzaba en el cielo estrellado,
la bandida andaba con paso osado.
Ropa ceñida, mirada encendida,
su risa era eco de vida perdida.
La chica de casa, de pasos suaves,
la vio a lo lejos, entre las calles.
Sus ojos brillaron, su pecho tembló,
algo prohibido en su ser despertó.
“Eres bandida,” le dijo en susurro,
“rompes corazones, dejas lo oscuro.”
“Y tú, tan perfecta, un faro de calma,
quieres mi fuego que quema el alma.”
La bandida avanzó, segura, atrevida,
la otra, en un paso, rompió su guarida.
Unidas por fuerzas que nadie detiene,
el amor nació donde todo contiene.
Y aunque el mundo murmure y critique al pasar,
ellas se encuentran en un solo lugar:
la chispa que une lo dulce y lo audaz,
un amor eterno que nunca se irá.
POEMA 2: “La del fútbol y la del voley”
En la cancha verde, corre veloz,
la futbolista, con fuerza y pasión.
Sus goles resuenan como un tambor,
es fuego en la tierra, pura emoción.
En la red alta, se alza el poder,
la voleibolista brilla al caer.
Con saltos que rozan el mismo cielo,
es arte en el aire, puro desvelo.
Un día se cruzan, mundos distintos,
balón y voleas, caminos escritos.
Una sonrisa, un guiño casual,
el amor surgió, único y leal.
“Eres mi gol, mi punto ganado,
mi mejor jugada, mi sueño alcanzado.”
“Y tú, mi salto, mi fuerza en la red,
mi mayor victoria, mi fe, mi sed.”
Juntas conquistan el campo y la vida,
sin miedo al qué dirán, sin salida prohibida.
Porque en el deporte y el corazón,
ellas son una, invictas en su unión.
POEMA 3: “la desaplicada y la aplicada”
En la última fila, risa fugaz,
la chica despreocupada vuelve a brillar.
Pasa los grados por un hilo tenue,
su mundo es libre, su andar, inquebrantable.
En la primera fila, tan concentrada,
la mejor estudiante toma la palabra.
Libros y sueños le marcan el paso,
su mente vuela con firmeza y abrazo.
Un día coinciden, mirada perdida,
la una distraída, la otra cautiva.
“Eres caos,” le dice, “un torbellino loco.”
“Y tú, eres orden, estrella en mi foco.”
La traviesa sonríe, la otra se ruboriza,
entre risas y retos el amor se desliza.
Dos mundos opuestos, chocan, se enredan,
y juntas descubren que sus almas se quedan.
“No soy de libros, pero quiero aprender,
de ti, de tu mundo, de cómo crecer.”
“Y yo de tus risas, del arte de vivir,
contigo a mi lado, no dejo de latir.”
Así se encuentran, tan distintas, tan iguales,
rompiendo esquemas, cruzando umbrales.
Porque el amor no entiende de roles o formas,
une a las almas y las transforma.