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Daños por Informe Periodístico en TV

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CIV 36408/2008/1/RH1

Campodónico, Matilde Alicia y otros


c/ América TV S.A. y otros s/ daños
y perjuicios.

Corte Suprema de Justicia de la Nación


Buenos Aires, 14 de agosto de 2025

Vistos los autos: “Recurso de hecho deducido por América TV S.A. y por
Facundo Pastor en la causa Campodónico, Matilde Alicia y otros c/ América TV
S.A. y otros s/ daños y perjuicios”, para decidir sobre su procedencia.
Considerando:
1°) Que Matilde A. Campodónico, Carlos A. J. Giudiche, María C.
Giudiche Campodónico, Leticia L. Giudiche Campodónico, Juan C. Giudiche
Campodónico, Héctor O. Balanza Romano, Victoria Bravo Mamani y Denis O.
Balanza Bravo demandaron a América TV S.A., Endemol Argentina S.A. (hoy
Kuarzo Argentina S.A.), Facundo J. Pastor y Rolando L. Graña, por
indemnización de los daños y perjuicios derivados de un informe periodístico
sobre "trabajo esclavo, clandestino y marginal", difundido en el programa
“Código” del 17 de mayo de 2005.
Expusieron que dicho programa, conducido por Graña y Pastor,
incluyó filmaciones del domicilio particular y del taller de costura de la familia
Campodónico Giudiche, al que periodistas, camarógrafos y sonidistas ingresaron
de forma sorpresiva y forzada. Asimismo, expresaron que la entrada fue
permitida inicialmente a inspectores de la Administración Nacional de la
Seguridad Social (ANSeS), quienes realizaron un relevamiento cuyo resultado
fue que no se había incumplido normativa legal alguna, dado que no se labró
acta de infracción de ninguna índole, y que se los filmó sin consentimiento.
Aludieron que, durante el programa, el periodista Pastor expresó
que en el lugar funcionaba un taller clandestino con 42 personas trabajando "en
negro" durante 16 horas diarias por $ 200 al mes. Por su parte, manifestaron que
Graña realizó introducciones, comentarios y conclusiones sobre trabajo esclavo,

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pésimas condiciones laborales, trabajo marginal y en negro, abuso patronal,
inmigrantes irregulares, asociaciones ilícitas y pagos de coimas a la policía para
que los talleres textiles siguieran funcionando.
2°) Que la Sala L de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo
Civil confirmó la sentencia de primera instancia en cuanto había declarado
procedente el reclamo por lesión a los derechos al honor, imagen e intimidad y
había condenado a los demandados, pero la modificó al elevar los montos
resarcitorios.
Para decidir así, argumentó que la doctrina de la real malicia no
era aplicable por carecer de base normativa en el derecho argentino y que las
decisiones de la Corte Suprema no eran obligatorias para tribunales inferiores.
Consideró que la responsabilidad de los periodistas debía regirse por el Código
Civil, aplicando un factor subjetivo de atribución (culpa o dolo) o la teoría del
abuso del derecho.
Sobre esas bases, valoró la prueba pericial y testimonial, y
concluyó que los demandados habían obrado, al menos, con una grave
negligencia en la difusión de la información y de imágenes tomadas sin
autorización alguna; entendió que un obrar diligente hubiera implicado el
chequeo de su verdad, lo que no había ocurrido en el caso desde que aquella
había terminado por resultar falsa e inexacta ya que la inspección oficial no
había encontrado ninguna infracción impositiva, edilicia o laboral. Asimismo,
precisó que, desde otra perspectiva, había existido un ejercicio abusivo del
derecho a informar. Estableció que los periodistas y su equipo habían irrumpido
violentamente en el domicilio de los actores, filmando imágenes sin

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consentimiento, incluso de niños y que, posteriormente, esas grabaciones habían


sido difundidas en varios programas de televisión.
En cuanto a la alegada vulneración del derecho a la imagen, el
tribunal a quo determinó que si bien el artículo 31 de la ley 11.723 permite la
publicación de imágenes sin requerir el consentimiento de la persona retratada
cuando ella se relacione con acontecimientos de interés público, esta norma se
refiere a situaciones de trascendencia institucional, lo que aquí no ocurría, razón
por la cual se debían reparar los daños derivados de la lesión a la imagen de los
actores. Añadió que la solución no variaba si se atendía a lo dispuesto por el
artículo 53 del actual Código Civil y Comercial de la Nación puesto que incluso
si la noticia hubiese sido de interés general, el derecho a informar sobre aquellos
acontecimientos había sido ejercido con imprudencia e irregularidad, hecho que
impedía encuadrar el asunto en la excepción prevista en el inciso c) de esta
última norma.
Destacó que el accionar de los demandados había sido
deshumanizado y motivado por fines de lucro, afectando el honor y la imagen de
las personas sin justificación alguna, lo que fundamentaba la obligación de
indemnizar por los daños personales y por el uso no consentido de la imagen.
Concluyó que los perjuicios sufridos por los actores eran una consecuencia
directa y resarcible de su conducta, por cuanto existía una relación de causalidad
adecuada entre ellos y la conducta desplegada por el periodista, la productora
como responsable de la elaboración de los contendidos y el canal de televisión
en su carácter de medio emisor a través del cual se difundió la información.

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3°) Que contra esa decisión los codemandados Facundo Pastor y
América TV S.A. dedujeron sendos recursos extraordinarios federales que al ser
denegados dieron origen a la presente queja.
En breve síntesis, los recurrentes consideran, por un lado,
configurada una cuestión federal por haberse vulnerado las normas
constitucionales que protegen la libertad de expresión. Alegan que la cámara
debió eximirlos de responsabilidad sobre la base de la doctrina de la “real
malicia”, adoptada por esta Corte Suprema en diversos pronunciamientos, y de
las pautas establecidas en el precedente “Campillay” (Fallos: 308:789).
Por otro lado, sostienen que la sentencia es arbitraria. Afirman que
el programa cuestionado trató de un informe periodístico vinculado al trabajo
clandestino, de claro interés público, con la participación de la ANSeS y de la
Policía Federal, que decidieron inspeccionar el inmueble de los actores para
certificar dicha posible situación.
Por su parte, América TV S.A. entiende que no se ha hecho mérito
de los planteos formulados en su expresión de agravios. En términos generales,
aduce que se la ha hecho responsable por el contenido elaborado por una
productora independiente sobre el que no tiene control y por lo cual no puede
exigírsele un “obrar diligente”, así como tampoco por el solo hecho de haber
cedido una cuota de pantalla para la emisión del programa cuestionado. Señala
que debió, en su caso, hacerse mérito de la doctrina “Campillay” y eximir a su
parte de responder por los daños derivados de la información cuando ―como en
el caso― se encuentra debidamente identificada la fuente, esto es, la productora.

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4°) Que los recursos extraordinarios resultan admisibles por


cuanto se controvierte la inteligencia que el tribunal apelado ha dado a las
cláusulas constitucionales que protegen la libertad de expresión (artículos 14, 32
y 75 inciso 22, Constitución Nacional; artículo 13, Convención Americana sobre
Derechos Humanos; artículo 19, Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos) y la decisión ha sido contraria al derecho que los recurrentes fundan
en ellas (artículo 14, inciso 3°, ley 48; Fallos: 314:1517, “Vago”; 326:2491,
“Menem”; 333:2079, “Dahlgren”, entre otros).
Habida cuenta de que tales recursos presentan dos fundamentos,
uno de los cuales es la arbitrariedad, corresponde examinar este en primer
término pues, sin perjuicio de la existencia de materia federal estricta, de
constatarse tal tacha no habría, en rigor, sentencia propiamente dicha (conf.
Fallos: 329:5019; 330:4706; 339:930, entre muchos otros).
5°) Que para una mayor comprensión y adecuado examen del caso a
resolver, resulta pertinente describir el contenido del programa que, según los
recurrentes, habría generado los daños cuya reparación se reclama.
El día 17 de mayo de 2005 América TV emitió el programa
“Código”, producido por Endemol (hoy Kuarzo Argentina S.A.) y conducido
por los periodistas Graña y Pastor. Este programa se centró en una investigación
periodística sobre talleres “clandestinos” e incluyó imágenes del interior del
taller de costura de Matilde Campodónico —una de las demandantes— y de
otros actores involucrados. Las tomas fueron captadas durante una inspección
realizada por la ANSeS motivada en una denuncia efectuada por el Sindicato del
Vestido.

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El informe televisivo inició con una selección editada de noticias
sobre el hallazgo de diversos locales “clandestinos”. Inmediatamente después,
mostró un diálogo en un bar entre el periodista Pastor y una inspectora del área
de Investigaciones Especiales de la ANSeS. La funcionaria le informó sobre una
denuncia recibida por el organismo, remitida por el referido sindicato, que
alertaba sobre un presunto taller clandestino en Ciudadela, Provincia de Buenos
Aires. En dicha conversación sugirió que la denuncia “evidentemente” provenía
de "algunos esclavos del taller de costura presuntamente clandestino” y añadió
que algunos trabajadores “viven y duermen” en el lugar. Acto seguido, le mostró
un plano de la propiedad denunciada, indicándole la ubicación tanto del taller
como de los dormitorios donde vivirían los trabajadores.
A continuación, por medio del uso de una cámara oculta se mostró
el ingreso de un agente de la ANSeS a la propiedad, donde fue recibido por
Matilde Campodónico (único rostro que apareció difuminado durante toda la
cobertura) y se escuchó una conversación sobre un relevamiento de personal
supuestamente realizado días antes.
Posteriormente, el informe expuso el ingreso del periodista Pastor
a la propiedad, acompañado por un camarógrafo, con el objetivo declarado de
"certificar el trabajo esclavo". Se visualizaron imágenes de Pastor recorriendo el
interior del lugar, dando instrucciones sobre qué sectores debían filmarse. En un
momento, el reportero indicó que se grabara el interior de una habitación donde
se veían a dos trabajadores entre varias máquinas de costura. Desde un patio
interior, Pastor advirtió la presencia de niños pequeños en la segunda planta del
inmueble, quienes fueron registrados en tomas muy rápidas, alternadas con
imágenes del establecimiento.

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Luego, el periodista y la inspectora de la ANSeS fueron mostrados


en otra habitación del taller. Pastor le preguntó si "posiblemente se había ido la
gente", a lo que la funcionaria respondió afirmativamente y señaló la presencia
de diversos objetos personales dispersos por el lugar.

Aun dentro de la propiedad, se registró un diálogo entre Pastor y


Matilde Campodónico, acompañada por una tercera persona. El reportero le
consultó si tenía conocimiento de una denuncia por hacinamiento y trabajo en
negro. La actora respondió: "pero cómo me van a hacer una denuncia, si yo pago
todos los impuestos". La inspectora de la ANSeS intervino, mencionando a
Campodónico las coincidencias entre las características del taller y el plano
aportado con la denuncia, y preguntó si podían conversar con las personas que
vivían en la segunda planta. La actora se negó, alegando no saber si estaban
presentes, y también rechazó mostrar los contratos de alquiler de esas personas
al indicar que no los llevaba consigo.
Más adelante, tras un tenso intercambio de palabras con Carlos
Giudiche, esposo de Matilde Campodónico y coactor en la causa, y la irrupción
de un hombre que intentó echar al equipo de filmación, el periodista y la
inspectora fueron mostrados fuera del establecimiento. En ese momento, la
funcionaria manifestó, en relación con los resultados de la inspección, que "en el
taller habría 6 personas, 42 máquinas calientes, como que recién se habían
escapado".
El programa culminó con una breve entrevista al entonces director
de la ANSeS, Sergio Massa, quien se refirió en términos generales a la relación

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entre los talleres clandestinos y el trabajo no registrado. Finalmente, el segmento
cerró con la grabación de un operativo en un segundo taller sospechoso y breves
comentarios de cierre de los periodistas Graña y Pastor.
En esa instancia, Graña mencionó haber recibido una carta
documento de los encargados del taller para evitar la difusión de la nota. A pesar
de ello, afirmó que "para mi gusto siguen siendo talleres donde se esclaviza la
gente, y para la ANSES también por otra parte". Graña añadió que consideraba
que era su obligación difundir el informe, dado que en diferentes tramos surgía
la comisión de "varios delitos". Por su parte, Pastor dijo que quedaba más que
claro que las principales víctimas de estos talleres clandestinos eran los
trabajadores que estaban ahí trabajando por 3 ó 4 pesos por día.
6°) Que la reseña precedente, que refleja lo acontecido en la
cobertura periodística cuestionada, unida a la valoración de los elementos
probatorios obrantes en autos, ponen de manifiesto que la responsabilidad por
lesión al honor admitida por la cámara se sustentó en una conclusión acerca de
la falsedad o inexactitud de la información difundida que no encuentra correlato
en los hechos ni en las circunstancias comprobadas de la causa y se presenta,
entonces, como una decisión dogmática.
Ello así, pues el tribunal se limitó a sustentar la falsedad o
inexactitud de la información difundida a partir de ―según manifestó― la
valoración de las declaraciones testificales y de las actas de relevamiento de la
ANSeS, sin precisar cuál fue el contenido de dichos elementos que permitan
formar convicción acerca de la conclusión precedente y sin formular una mayor
argumentación al respecto.

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La exigencia de una adecuada fundamentación sobre estos


extremos no resulta superflua en casos como el de autos, desde que para que
surja la obligación de reparar los daños ocasionados al honor por el ejercicio de
un derecho, en el caso, el de la libertad de expresión, resulta necesario acreditar
que la información que se emita sea falsa o inexacta pues mal puede predicarse
lesión a dicho derecho derivada de una información que es verdadera.
Por lo demás, repárese en que el único elemento obrante en el
expediente sobre dicho trámite al que hace mención el tribunal de alzada son
planillas de relevamiento de personal que carecen de comentarios u
observaciones que permitan inferir la falsedad o inexactitud afirmada en la
sentencia impugnada.
En tales condiciones, la decisión de la cámara no se presenta en
este aspecto como una derivación razonada del derecho vigente aplicado a las
constancias comprobadas de la causa, lo que autoriza su descalificación como
acto jurisdiccional válido.
7°) Que, asimismo, el tribunal de alzada nada dijo respecto de los
agravios expresados por América TV vinculados con su rol de mero emisor de la
información elaborada por la productora Endemol Argentina S.A. (hoy Kuarzo
Argentina S.A.), cuya condena se encuentra firme. Ello, pese a que tales
objeciones fueron oportunamente puestas a su consideración por la recurrente al
tiempo de expresar agravios.
En dicha oportunidad, la citada recurrente cuestionó que se la
condenara por el informe y el contenido generado por la citada productora,
cuando su parte no había contratado a los periodistas ni a otras personas que

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hubiesen participado en la elaboración del informe, como tampoco lo había
editado para ser exhibido, limitándose solo a transmitirlo en su señal televisiva.
La falta de tratamiento de este planteo, que resultaba conducente para decidir
acerca de la responsabilidad del canal por la información difundida, también
torna arbitraria la decisión adoptada.
8°) Que, por el contrario, la decisión de cámara que admitió la
lesión a los derechos a la intimidad y a la imagen de los actores no presenta los
vicios mencionados precedentemente que justifiquen su descalificación.
Al respecto, cabe recordar la estrecha relación que existe entre el
derecho a la imagen y el derecho a la privacidad, protegido en el artículo 19 de
la Constitución Nacional. En este sentido, este Tribunal ha afirmado que el
derecho a la privacidad —que incluye a la intimidad— comprende no solo a la
esfera doméstica, el círculo familiar y de amistad, sino otros aspectos de la
personalidad espiritual o físico de las personas, tales como la integridad corporal
o la imagen. Nadie puede inmiscuirse en la vida privada de una persona ni violar
áreas de su actividad no destinadas a ser difundidas sin su consentimiento o el de
sus familiares autorizados para ello, y solo por ley podrá justificarse la
intromisión, siempre que medie un interés superior en resguardo de la libertad de
los otros, la defensa de la sociedad, las buenas costumbres o la persecución del
crimen (Fallos: 306:1892, “Ponzetti de Balbín” y Fallos: 348:662 “S., B. R. y
otros”).

Estrechamente vinculado a ello, la Corte ha expresado, al referirse


al artículo 18 de la Constitución Nacional, que en él se consagra el derecho
individual a la privacidad del domicilio de todo habitante —correlativo al

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principio general del artículo 19—, en cuyo resguardo se determina la garantía


de su inviolabilidad, oponible a cualquier extraño, sea particular o funcionario
público (Fallos: 306:1752 y 328:149). En efecto, sin margen para una
interpretación distinta, aquella norma recepta claramente la inviolabilidad del
domicilio, que podrá solo ser allanado y ocupado en los casos y con los
justificativos que se determinen por ley.
Asimismo, con particular referencia al derecho a la imagen, esta
Corte Suprema ha resuelto que el legislador ha prohibido como regla la
reproducción de la imagen en resguardo del correlativo derecho a ella, de modo
que solo cede si se dan circunstancias que tengan en mira un interés general que
aconseje hacerlas prevalecer por sobre aquel derecho (Fallos: 311:1171;
335:2090).
9°) Que sobre la base de los lineamientos expuestos y de las
circunstancias comprobadas de la causa, la decisión de la cámara que, al
considerar que la conducta de los codemandados importó un ejercicio irregular
del derecho de informar y, en consecuencia, entendió vulnerados los derechos a
la intimidad y a la imagen, se presenta como una decisión razonada del derecho
vigente.
El particular contexto en que se desarrolló la cobertura
periodística, tanto en cuanto al modo como a la forma en que se llevó a cabo,
tendiente a verificar la hipótesis sostenida por el organismo oficial (presunto
taller clandestino), da cuenta de que la lesión de los derechos a la intimidad y a

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la imagen es consecuencia de la inicial vulneración del derecho a la privacidad
—comprensivo de la inviolabilidad del domicilio— en un afán desmedido por (o
so pretexto de) ejercer el derecho a informar al respecto.
En efecto, los actores no prestaron su asentimiento para que el
periodista recurrente y su equipo de filmación ingresasen a su domicilio. Ello se
observa claramente por la forma en que se introdujeron en la propiedad y
comenzaron a filmar tanto el interior de la morada como a las personas que se
encontraban en ella. Tal permiso tampoco podría derivarse, aun implícitamente,
del hecho de haber habilitado el ingreso de uno de los funcionarios de la ANSeS
que ―en cumplimiento de sus funciones legales― concurría a efectuar el
relevamiento que se sustentaba en la denuncia recibida. Por el contrario, del
informe difundido en el programa puede advertirse que, tanto al tomar
conocimiento del ingreso del reportero y su comitiva como al advertir que se
estaba filmando toda la situación, los coactores expresamente mencionaron no
haber habilitado su entrada y solicitaron de manera vehemente que se retiraran
del domicilio. Ese pedido fue incluso receptado, según puede observarse en las
imágenes transmitidas.
En consecuencia, el modo en que el recurrente Pastor y quienes lo
acompañaban ingresaron en el domicilio de la actora a los efectos de
documentar el relevamiento que realizaba la ANSeS, captando imágenes de su
interior, de los coactores y de otras personas que se encontraban en el lugar, sin
haber recibido previamente el consentimiento inequívoco de aquellos, constituyó
una injerencia arbitraria al derecho a la privacidad.

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Ello, no obstante la trascendencia pública que pudiese tener la


información sobre la cual versaba la investigación periodística. En el caso, la
naturaleza del tema no puede habilitar, por sí sola, la lesión de dicho derecho por
parte de un particular so pretexto del derecho a informar. Nada impedía que el
periodista involucrado realizase una crónica acerca de la hipótesis que manejaba
el organismo administrativo recurriendo a otros métodos y/o herramientas
periodísticos, respetando la esfera de privacidad de los coactores, constituida en
el caso por su domicilio y su imagen.
10) Que la conclusión precedente no implica menoscabar la
importancia que esta Corte Suprema ha reconocido a la libertad de expresión,
comprensiva de la de informar, en una sociedad democrática y, en particular,
respecto de asuntos de interés público y general de la sociedad.
Ello así pues, a la par de dicho reconocimiento, este Tribunal
también ha bregado porque el ejercicio de ese derecho sea llevado a cabo
—como todo derecho— de modo regular y no arbitrario. Más allá de que los
profesionales del periodismo tengan la libertad de elegir los métodos o técnicas
que consideren pertinentes para transmitir la información, y sin entrar a juzgar
sobre la licitud o ilicitud de ellas, lo determinante en autos radica en que parte de
la información difundida resultó lesiva del derecho a la privacidad, injerencia
que no encuentra justificación ni en el consentimiento de los lesionados ni en
otra causal que la habilite.
11) Que en consecuencia, por los argumentos expresados
corresponde revocar la sentencia solo en lo que hace a la afectación del honor de
los demandantes por resultar arbitraria al fundarse en afirmaciones dogmáticas,

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debiendo reenviarse la causa a los efectos de que el tribunal de origen dicte un
nuevo pronunciamiento, oportunidad en la que deberá examinar los agravios
expresados por América TV a los que se hace referencia en el considerando 7°.
Por ello, y habiendo dictaminado el señor Procurador Fiscal, se hace
lugar a la queja, se declaran procedentes los recursos extraordinarios y, con el
alcance indicado, se revoca parcialmente la sentencia apelada. Costas por su
orden en atención a como se resuelve. Agréguese la queja al principal y
reintégrese el depósito. Notifíquese y devuélvanse los autos al tribunal de origen
a fin de que, en lo pertinente, se dicte un nuevo pronunciamiento con arreglo a
lo expresado.

Firmado Digitalmente por ROSATTI Horacio Daniel Firmado Digitalmente por ROSENKRANTZ Carlos Fernando

Firmado Digitalmente por LORENZETTI Ricardo Luis 14


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Recurso de queja interpuesto por América TV S.A. , representada por el Dr. Tomás Perez Virasoro y
Facundo Pastor, por derecho propio, con el patrocinio letrado del Dr. Tomás Perez Virasoro.
Tribunal de origen: Sala L de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil.
Tribunal que intervino con anterioridad: Juzgado Nacional de Primera Instancia en lo Civil n° 58.

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