La tempestad 56
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Ilustració
n: Nelson
Ponce
Inspirada en la obra de William Shakespeare
Augusto Boal
Música de Manduka.1
I ACTO
1. En un navío. Tempestad. Música.
MARINEROS. ¡Cuidado! ¡Cuidado!
¡Vamos a encallar!
¡Suelten las velas!
¡Rema, rema!
¡Serenidad!
¡Ciclones! ¡Huracanes!
¡Tempestad! ¡Tempestad!
CAPITÁN. ¡Vuelvan, vuestras mercedes, a vuestros camarotes!
ANTONIO. ¡Señor, somos hidalgos!
CAPITÁN. ¡Más vale un plebeyo que me ayude, que cien nobles que me jodan!
ANTONIO. ¡Animal! ¿Sabes quién es este?
FERNANDO. ¡Soy el hijo del Rey!
CAPITÁN. Está de parabienes.
ANTONIO. Y este ¿sabes quién es?
SEBASTIÁN. Saben quién soy… aunque no lo parezca.
CAPITÁN. Lo sabemos de sobra.
ANTONIO. Es el hermano del Rey.
CAPITÁN. ¡Qué suerte!
REY ALONSO. ¿Y yo? ¿Sabes quién es mi real persona?
CAPITÁN. Yo os conozco, señor, pero mejor os van a conocer los tiburones que os van a comer
si no os marcháis de aquí.
ANTONIO. ¡Nada menos que el propio Rey don Alonso!
REY ALONSO. ¡Ordeno pues, entonces, que vuelva la razón a los espíritus, que vuelva el amor
a los corazones, y que vuelva al fin la calma a estos mares! ¡Siendo quien soy, ordeno que cese
la tormenta! ¡Que se apacigüen las olas y serenen los vientos!
CAPITÁN. ¡Señor, ordeno que vuelvan vosotros a vuestros camarotes! ¡Nosotros sabemos
quién sois, pero la tempestad no! ¡El huracán no conoce realeza!
REY ALONSO. Si así es, ¡se habrá equivocado la tempestad!
(Cantan la “Canción de la tempestad equivocada”.)
CAPITÁN Y MARINEROS. Rema, rema, suelta vela,
Cruzan rayos, suben olas
Rema, rema, suelta vela
Sopla el viento, cae la lluvia
Rema, rema, suelta vela,
Olas libres del mar
Nada las puede calmar
¡Algo anda errado con el huracán,
anda equivocada esa tempestad!
NOBLE. El soldado que batalla
Obedece al general:
Su vida entera ofrece
Cosa que es bien natural.
Morir por su señor
1
Alexandre Manuel Thiago de Mello o Manduka (1952-2004), músico y artista plástico brasileño. Exponente del
rock nacional, en los tiempos en que se escribe esta obra, con un estilo que transitaba del rock al tropicalismo.
Es en su vida normal (Coro bis.)
CAPITÁN. Mas, al viento y al huracán
nada los podrá parar.
Los rayos y la tronada
no saben de autoridad.
¡Algo anda errado con la autoridad,
anda equivocada esta tempestad!
NOBLE. Obreros y campesinos
y todos los de su grey
trabajan toda la vida,
trabajan para su rey.
¡Gente buena que aprendió
a respetar nuestra ley! (Coro bis).
CORO DE MARINEROS. Pero viento y huracán
nadie los puede frenar:
los rayos y la tronada
no saben de autoridad.
Algo anda errado con la autoridad,
anda equivocada esa tempestad;
¡Anda equivocada la autoridad,
aquí ya no manda la autoridad!
Rema, rema, etcétera. (La música sigue en background.)
GONZALO. (Al Rey.) Este capitán me tranquiliza mucho: no tiene cara de ahogado. ¡Más bien
tiene el cuerpo y la postura perfecta para la horca! Si su destino es morir colgado de una soga,
¡estamos a salvo! En caso contrario, ¡nuestra situación es bien miserable! 58
ANTONIO. Tenemos que matar a ese capitán.
REY ALONSO. Durante las tempestades el corazón del Rey se torna magnánimo: de todo
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corazón, yo lo perdono.
(Ruidos.)
FERNANDO. (Asustado.) Y ahora, ¿qué pasa?
CAPITÁN. Estalló una huelga entre los marineros: como sus hijos mueren de hambre, ellos
prefieren morir ahogados que volver a casa.
REY ALONSO. Nada de huelgas ahora. Eso va contra mis principios, pero hay que dar de
comer a esos marineros, al menos hasta que el navío llegue a buen puerto. Que coman... por
lo menos durante la tempestad...
MARINEROS. Todo está perdido.
- Vamos a rezar.
GONZALO. ¿Por qué? ¿Hay esperanzas?
MARINEROS. ¡Ninguna! Recen por sus almas.
- Adiós, madre mía.
- ¡Adiós, hermana!
- Qué lindo morir con un rey a bordo...
- Y qué triste no podérselo contar a los nietos...
- Adiós, tía mía, que me enseñaste el amor...
FERNANDO. Muero con el corazón lleno de esperanzas...
REY ALONSO. Y yo con las arcas llenas de mercaderías que no pude vender.
FERNANDO. Muero virgen, sin conocer doncella...
REY ALONSO. Y yo sin concretar mis negocios...
GONZALO. Hágase la voluntad del Altísimo, pero yo hubiera preferido morir de una muerte seca.
(El coro vuelve a cantar el estribillo.)