UNIDAD 3 – PROCESAL PENAL
UNIDAD 3 – EL PROCESO PENAL
En primer lugar, cuando hablamos de proceso, nos referimos a un sistema que la ley establece
para que, a través de los órganos judiciales y con intervención de las partes autorizadas, se
desarrollen una serie de actos ordenados que nos llevan a una sentencia. Etimológicamente
viene del latín processus, que significa avance o camino hacia un fin. Ese fin, en el ámbito
judicial, es la decisión del juez o tribunal.
Ahora, si lo llevamos al terreno penal, hablamos de proceso penal cuando ese camino se inicia
por la imputación de un hecho punible, y su objetivo es llegar a una absolución o condena, e
incluso controlar el cumplimiento de la pena. El proceso penal tiene tres elementos:
El objetivo, que son los actos regulados por el derecho procesal penal.
El subjetivo, que implica la intervención de órganos públicos y de particulares
autorizados.
Y el teleológico1, que es la finalidad de descubrir la verdad para aplicar el derecho
penal.
Este tipo de proceso tiene características propias:
Primero, el carácter oficial y público de la acción penal, ya que la mayoría de las veces el titular
es un organismo público2.
Segundo, la existencia de actos previos regulados, como la investigación antes del juicio.
Tercero, que puede imponer la sanción más grave que prevé el ordenamiento, lo que exige
mayores garantías que en otros procesos.3
Y cuarto, el principio de judicialidad: no se puede aplicar el derecho penal sin un debido
proceso.
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Viene de telos, que en griego significa “fin” o “propósito”. Cuando se dice que el proceso penal tiene
un elemento teleológico, significa que todos los actos que lo componen están orientados hacia un fin
concreto: descubrir la verdad y aplicar el derecho penal. No se trata de hacer actos aislados, sino de una
secuencia con un objetivo definido.
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En Argentina, la acción penal pública es ejercida por el Ministerio Público Fiscal (órgano estatal). Sin
embargo, no siempre es así:
En los delitos de acción privada (por ejemplo, injurias o calumnias), el titular de la acción es la
propia persona ofendida, no un organismo público.
En los delitos de acción pública dependiente de instancia privada (como algunos delitos
sexuales), la acción es del fiscal, pero necesita que la víctima presente una denuncia para poder
iniciar el proceso.
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Porque el proceso penal puede terminar con la privación de derechos fundamentales como la libertad
(prisión o reclusión), la propiedad (multas, decomisos) o incluso derechos políticos (inhabilitaciones).
Como esas sanciones afectan bienes jurídicos esenciales, el ordenamiento exige un nivel máximo de
garantías: defensa en juicio, juez imparcial, debido proceso, doble instancia, etc.
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En cuanto al objeto, no se trata de cualquier hecho de la vida, sino de uno que sea penalmente
relevante, es decir, que encuadre en una norma penal.4
Finalmente, las finalidades del proceso penal se pueden dividir en:
Una finalidad genérica, que es mantener el orden y la paz social.
Y finalidades específicas: obtener el material necesario para aplicar el derecho penal y,
en su caso, hacer cumplir la condena. Dentro de estas, distinguimos la finalidad
mediata, que es lograr la cosa juzgada y su ejecución, y la inmediata, que es conocer la
verdad sobre el hecho imputado, a través de la prueba, para compararla con la realidad
histórica.
En cuanto a los sistemas procesales, podemos distinguir tres modelos: el acusatorio, el
inquisitivo y el mixto.
El acusatorio tiene su origen histórico en la democracia ateniense y en la Roma republicana. Se
caracteriza porque hay una clara separación entre la acción y la jurisdicción: el acusador y el
juez son personas distintas, y el juez se limita a decidir sobre lo que las partes presentan en un
debate público. Es un sistema típicamente contradictorio, donde la defensa y la acusación están
en pie de igualdad5. Sus características externas más notorias son la publicidad, el debate, la
oralidad, la concentración de las pruebas en la audiencia y la inmediación del tribunal con las
partes y la prueba.
El inquisitivo, en cambio, surge en el derecho imperial romano y se desarrolló en la Edad
Media, especialmente en la Inquisición. Aquí la acción y la jurisdicción se concentran en una
sola persona o tribunal: el inquisidor, que investiga y juzga. Es un sistema cerrado, secreto,
escrito, sin contradicción y con predominio de la investigación sobre el debate 6. El imputado es
tratado como un objeto del proceso, sin igualdad de condiciones frente al poder estatal.
El mixto busca combinar elementos de ambos sistemas. Históricamente influyó en el derecho
continental europeo y en nuestra región. En la práctica, conserva rasgos inquisitivos en la
investigación7, pero incorpora garantías acusatorias en el juicio. En la Argentina, nuestro
proceso penal es de base mixta: la etapa investigativa mantiene características del inquisitivo,
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Si una persona es acusada de robar un celular, el objeto del proceso penal no es “el robo” como hecho
aislado, sino ese hecho concreto y su relevancia penal: determinar si esa persona cometió un hurto (art.
162 CP) o un robo (art. 164 CP), y si corresponde imponerle una pena. El objeto es el suceso de la vida,
pero visto desde su encuadre jurídico penal.
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Porque en el sistema acusatorio las partes (acusación y defensa) están en igualdad de condiciones y
cada una presenta su versión de los hechos, sus pruebas y sus argumentos frente a un juez imparcial.
Ese “enfrentamiento” procesal —acusador vs. acusado— es lo que se llama contradicción: dos versiones
opuestas se confrontan en un debate.
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En el sistema inquisitivo, lo central es investigar para obtener la “verdad real” y no el debate oral
público. El juez-inquisidor busca pruebas, interroga, recopila documentos… y el juicio como instancia
pública prácticamente no existe o es una mera formalidad. Por eso se dice que hay predominio de la
investigación: todo el peso del proceso está en esa etapa, no en una confrontación pública de pruebas.
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aunque con más control y garantías, y el juicio se desarrolla con rasgos acusatorios, como la
oralidad, la publicidad y el contradictorio.
Pasando al desarrollo del proceso penal, podemos decir que se estructura en distintas etapas,
cada una con objetivos propios:
1. Investigación preparatoria: busca reunir los elementos necesarios para fundamentar
una acusación. Tradicionalmente estuvo a cargo de un juez de instrucción, pero en
sistemas más modernos la dirige el Ministerio Público Fiscal.
2. Juicio: es la etapa central, donde en audiencia pública y oral se producen las pruebas,
las partes argumentan y el tribunal decide.
3. Recursos: permiten revisar las decisiones para corregir errores.
4. Ejecución: se encarga de cumplir la sentencia, especialmente si es condenatoria.
Cada etapa es requisito de la siguiente y responde a los fines del proceso: desde la averiguación
de los hechos y su encuadre legal, pasando por la decisión judicial, hasta la eventual ejecución
de la pena, todo bajo el marco de las garantías constitucionales y el debido proceso.
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En nuestro país, aunque el juicio tiene rasgos acusatorios (oralidad, publicidad, contradicción), la
investigación previa todavía conserva elementos inquisitivos:
Se desarrolla por escrito.
Hay reserva de las actuaciones en ciertos momentos.
Se privilegia la recolección de pruebas antes del debate.
El contradictorio está limitado (la defensa no siempre participa en igualdad en la obtención de
pruebas).
Esto es herencia del modelo inquisitivo, aunque con más garantías que en su versión histórica.