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Análisis del Fallo sobre Herencia en Argentina

El documento detalla un taller de jurisprudencia sobre un fallo de la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires relacionado con una petición de herencia y la validez de un certificado matrimonial. Se establecen pautas para el análisis del caso, incluyendo la identificación de hechos, partes, y argumentos legales, así como la preparación de una exposición. El fallo aborda la validez de actos jurídicos según la ley del lugar de celebración y la importancia de la prueba en la determinación de la existencia de un matrimonio.

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Análisis del Fallo sobre Herencia en Argentina

El documento detalla un taller de jurisprudencia sobre un fallo de la Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires relacionado con una petición de herencia y la validez de un certificado matrimonial. Se establecen pautas para el análisis del caso, incluyendo la identificación de hechos, partes, y argumentos legales, así como la preparación de una exposición. El fallo aborda la validez de actos jurídicos según la ley del lugar de celebración y la importancia de la prueba en la determinación de la existencia de un matrimonio.

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Universidad Católica de Cuyo

-Sede San Luis-

-Derecho Internacional Privado- 2025-

Taller de jurisprudencia N° 2.

Fallo Nº2: Suprema Corte de Justicia de Buenos Aires., 8/11/00, S., S. S.


c/B., E. s/Petición de Herencia y Beneficio.-

Modo de trabajo:
El presente trabajo práctico se realiza de forma grupal, los alumnos deberan
colocar su nombre y número de matrícula, al final del mismo su firma y
aclaración.
Fecha de entrega: viernes 09/09/2025.
En cuanto a la forma, los mismos deben ser presentados en hoja A4, con un
interlineado de 1.5, tipo de letra Times New Roman n°12, en carpeta o
anillado.
Respetar los siguientes márgenes:
Superior: 3.8 cm.
Interior: 4.2 cm.
Inferior: 2.5 cm.
Exterior: 1.5 cm.

Resolver:
Examine el fallo: S., S. S. c/B., E. s/Petición de Herencia y Beneficio.-

1. Leer atentamente el fallo.

2. Establecer el o los hechos que dan lugar a la intervención judicial. (Qué


pasó, qué es lo que origina la presentación judicial, por qué, etc)

1
3. Identificar el fuero (ámbito del derecho) al que pertenece el caso. (Materia
Civil, Laboral, etc.)
4. Reconocer las partes que intervienen (Quien demanda o denuncia, a
quien, etc.)

5. Identificar el tipo de instancia jurisdiccional. (Es un Juzgado, o


Tribunal, una Corte, etc)

6. Reconocer el objeto del litigio (Que se pide, una pena, una


indemnización, una medida cautelar, etc)

7. Determinar los argumentos de hecho y de derecho (Que ley, artículos,


precedentes, Convenciones Internacionales y/o tratados se citan,etc)

8. Identificar el resultado del caso y sus fundamentos (Que se resuelve, por


qué, con qué base legal, etc.)

9. Preparar la exposición para la clase.

2
Autos: S., S. S. c/B., E. s/Petición de Herencia y Beneficio
País: Argentina
Tribunal: Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires
Fecha: 08-11-2000
Cita: IJ-X-103

Sumario:

1. Conforme a nuestro sistema de derecho internacional privado, las formas y


solemnidades de los actos jurídicos se rigen por la ley del lugar de celebración
(arts. 12 y 950 del Cód. Civ.). Por lo tanto para decidir sobre la forma y
solemnidades de los actos jurídicos nuestro ordenamiento común ha receptado la
regla locus regit actum. (Voto de la Mayoría).

2. El vínculo matrimonial contraído fuera del país conforme a las leyes del lugar del
acto debe ser reconocido, siempre que no medie impedimento de parentesco,
ligamen o crimen. (Voto de la Mayoría).

3. Todo lo que atañe a la validez formal del matrimonio, como lo relativo a los
medios de prueba para demostrar su existencia, se juzga por la ley de la
celebración. A tal efecto, las partidas certificadas por las autoridades del país
extranjero y legalizadas en el nuestro, deben reputarse válidas sin necesidad de
prueba corroborante por parte de quien las haga valer, incumbiendo a quien se
opone, demostrar lo contrario. (Voto de la Mayoría).

4. Con el fin de evitar nulidades e inexistencias matrimoniales, nuestro régimen


positivo prevé (arts. 14 inc. 4 y 159 del Cód. Civ.) lo que la doctrina especializada
ha dado en llamar el favor matrimonii sometiendo los aspectos tanto formales
como substanciales a la ley del lugar de celebración del matrimonio lex locis
celebrationis e inclusive tolerando lo que se ha denominado como "fraude inocuo"
al permitir que las partes abandonen su domicilio para sujetarse a un derecho
diferente que rija la unión matrimonial. Ello así, en la medida que no se violente
el orden público internacional (arts. 14 y 160 del Cód. Civ.) ya que éste descarta
la aplicación del derecho extranjero requerido para regular la relación a pesar de
haber sido invocado por nuestro sistema de derecho internacional privado. (Voto
del doctor Pettigiani).

5. La validez del acto administrativo extranjero, condición de su eficacia, se rige


por el derecho administrativo del lugar del otorgamiento, consecuencia lógica del
principio locus regit actum (art. 12 del Cód. Civ.). Más en el sistema de Derecho
Administrativo internacional se carece de una norma indirecta que plasme dicho
criterio rector, no se puede echar mano del recurso de la analogía, por tratarse
una parte de un acto administrativo y otra de una sentencia judicial. (Voto del

3
doctor Pettigiani).

6. En materia de reconocimiento de sentencias extranjeras existen normas precisas -


arts. 515 a 517 del C.P.C.C., 517 a 519 del C.P.C.C.N.-, que no guardan similitud,
por su especificidad, con el régimen aplicable a los actos administrativos
otorgados en extraña jurisdicción. Es el derecho público del Estado al que
pertenece la autoridad que dictó el acto, el que decide tanto la validez como la
invalidez del mismo. (Voto del doctor Pettigiani).

7. Es el orden jurídico local el llamado para determinar la eficacia o no del


reconocimiento de acto administrativo extranjero, dado que dicho aspecto se rige
por el derecho administrativo del país donde se pretenden generar tales
consecuencias. El acto administrativo extranjero es eficaz para producir efectos
jurídicos en tanto no vulnere el orden público de nuestro país -art. 14 del Cód.
Civ.-, al no transgredir los principios de justicia de este Estado. (Voto del doctor
Pettigiani).

8. Los Tratados de Montevideo no poseen jerarquía constitucional -arts. 75 incs. 22 y


24 de la Constitución nacional, 11 de la provincial-. (Voto del doctor Pettigiani).

Dictamen de la Procuración General

I- La cámara segunda de apelación -sala segunda- del departamento judicial la plata


confirmó la sentencia de primera instancia que, a su turno -y en lo que interesa destacar-
, rechazó la demanda promovida por Silvia Susana Somoza contra Elena Bustelo por
redargución de falsedad y petición de herencia (fs. 583/587).

II- Contra este fallo se alza la parte actora -por apoderado- mediante recurso
extraordinario de inaplicabilidad de ley (fs. 590/609).

Denuncia arbitrariedad y violación de los principios de congruencia y sana crítica (art.


163 código procesal civil y comercial), así como de los arts. 17 y 18 de la constitución
nacional (fs. 592 vta., 606 y ss.).

Expresa el quejoso que, para adoptar la postura reseñada, el tribunal "a quo" ha incurrido
en una errónea apreciación del material probatorio.

Ello así, desde el momento que consideró a la respuesta brindada por las autoridades
mexicanas en el punto d) del exhorto obrante a fs. 346 como referida al certificado de
matrimonio impugnado obrante a fs. 278/279, cuando en realidad la respuesta vertida en
el punto señalado estaba dirigida a acreditar -tal como se lo requiere en fs. 337 vta.- la
autenticidad de la certificación obrante a fs. 339 -la cual expresa que el certificado
matrimonial en cuestión no se corresponde con asiento alguno obrante en la oficina de
registro de tales actos- (fs. 592 vta. y ss.).

4
Este error en la apreciación de los constancias objetivas obrantes en autos -en el que
también incurre el fiscal de primera instancia en su intervención de fs. 488 y que fuera
puesto de relieve por el juez de primera instancia en fs. 504- "descalifica totalmente a la
sentencia recurrida", según expresiones del quejoso, por violar los principios de
congruencia y de la sana crítica (fs. 592), calificándola - en definitiva- de arbitraria (fs.
606 vta.).

El agravio descripto resulta esencial desde el momento que "toda la demanda está basada
en la falsedad del certificado de matrimonio y la inexistencia de correlación entre éste y
el asiento correspondiente del libro de matrimonios" (fs. 592 vta.).

Por ello, las demás violaciones a la ley o doctrina legal denunciadas en el recurso
(resumidas en los ptos. "b" a "f" de fs. 606 a 608 vta.) -sin perjuicio de su atendibilidad-
resultan condicionadas al resultado de la cuestión apuntada "supra".

Estimo que asiste razón al recurrente.

III- debo dejar sentado -liminarmente- que el recurso incumple ciertas pautas formales,
cuales son la ausencia de toda mención expresa del "absurdo" y la falta de cita de los
artículos del código procesal civil y comercial referidos a la apreciación de la prueba.

Aún conociendo lo estricto del criterio de V.E. en punto al cumplimiento de tales


formalidades, considero -luego del exhaustivo análisis de las cuestiones que en este caso
se debaten y atento la trascendencia de las mismas- que corresponde superar tales
escollos procedimentales, evitándose así la configuración de un excesivo rigorismo formal
frustratorio del acceso a la justicia (art. 15 Constitución provincial).

El recurrente hace expresa mención de la figura de la "arbitrariedad" -emparentada al


absurdo- y, lo que es más determinante, prueba acabadamente -a mi criterio- el error
palmario en la apreciación de las constancias objetivas de la causa, lo que configura -
aunque no lo nombre así- absurdo valorativo (en ese sentido, scba, ac. 29449 citado por
hitters en "técnica de los recursos extraordinarios", p. 360).

En lo que hace al déficit de cita legal, adhiero al criterio de hitters: "cuando la corte
rompe la barrera del derecho y entra en los hechos a través del absurdo no debería
pedirle al recurrente que nombre artículos rituales, pues en ese caso el órgano casatorio
no controla la aplicación del derecho, sino la apreciación de los hechos y las probanzas.
Requerir referencia precisa a normas positivas significa no comprender el problema y
confundir el error fáctico con el derecho" (op. cit., p. 359).

Con lo dicho y atento -reitero- la especial entidad del agravio traído, estimo que V.E.
debe considerar admisible el presente recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley.

IV- la esencia del debate en el presente pleito se circunscribe a la determinación de la


validez del certificado matrimonial obrante a fs. 278, según el cual la demandada habría
contraído nupcias -mediante apoderados- con el Sr. Tomás José Somoza el 6 de marzo de
1958 en México.

Ello así, pues el mismo ha dado lugar al acta respectiva del registro provincial de las
personas (fs. 275/277), a partir del cual se han expedido tanto el certificado de
matrimonio de fs. 76 como la libreta de familia de fs. 107 y, al fallecimiento del sr.
Somoza, determinó que se declarara única y universal heredera del mismo a la Sra.
Bustelo (ver fs. 110).

5
La actora -sobrina del causante- intenta demostrar la inexistencia de la celebración del
matrimonio entre el sr. Somoza y la demandada, para que -de ese modo- queden sin
efecto todos los actos a que el certificado tachado de falso dió lugar, en especial, la
declaratoria de herederos mencionada, quedando de esta forma la Sra. Somoza como
única heredera del causante.

Pues bien, a los efectos de determinar la veracidad de lo testimoniado por el certificado


de marras, obra en autos una prueba de esencial trascendencia, cual es el informe de
autoridades mejicanas tramitado por vía de exhorto (fs.332/351).

Es justamente la valoración del contenido de esta pieza probatoria por parte de la


cámara lo que ha motivado el agravio de la parte recurrente (fs. 591 vta. y ss.).

El exhorto contiene, en síntesis, tres requerimientos:

a- Se informe la existencia del asiento, en el registro civil mejicano respectivo, de la


inscripción del matrimonio de que da cuenta el certificado impugnado de fs. 278 (fs. 337,
pto. 1º, "a", "b", "c" y "e");

b- Se informe de la autenticidad de la constancia de fs. 339, emanada de un funcionario


mejicano -solicitada por la parte actora a los fines de acompañar con la demanda- que
señala la inexistencia de todo registro del matrimonio que supuestamente habría
celebrado la demandada. Tal constancia se acompañó con el exhorto (fs. 337 vta., pto.
1º, "d");

c- Se remita copia de la normativa relacionada al caso (fs. 337 vta., pto. 2º).

De estos puntos, nos interesan los señalados con las letras "a" y "b".

Al requerimiento indicado en el pto. a, la respuesta fué rotundamente negativa: no


existe elel registro civil mejicano de marras constancia alguna de la celebración del
matrimonio de que da cuenta el certificado impugnado, ni en el libro "dos" que en él se
indica (por no existir tal libro "dos", ver fs. 278) ni en ningún otro libro de la dependencia
(ver fs. 346).

En lo que hace al punto b, responde que la constancia de fs. 339 (no el certificado de fs.
278) es auténtica por existir copia al carbón de la misma en el minutario de oficios de la
coordinación del registro civil del estado de Tlascala (fs. 346, pto. "d").

Ahora corresponde observar cómo la alzada ha meritado la información aludida.

En fs. 584 expresó -liminarmente- que "el instrumento en cuestión es el certificado del
acto del registro civil del estado de Tlaxcala, de la que surgiría la celebración del
matrimonio de la accionada con el causante, cuya copia se encuentra glosada en autos a
fs. 278/279".

Y, a renglón seguido, señala que "con relación a dicho certificado se desprendería del
informe obrante a fs. 346, que en el minutario de oficios de la coordinación del
registro civil del estado de Tlascala, existe copia al carbón del certificado que se
adjunta al exhorto y que después de cotejar tanto el contenido del mismo como las
firmas, resulta idéntico el certificado de referencia (...)'" (el resaltado me pertenece)
(fs. 584/vta.).

6
La alzada yerra -tal como lo apunta el recurso- al considerar que cuando la autoridad
mejicana habla de la autenticidad de la constancia de fs. 339, está refiriéndose al
certificado de matrimonio de fs. 278/279.

La consecuencia de esta errónea concepción del "a quo" es tener por existentes en autos
constancias que señalan la "autenticidad" del certificado de matrimonio impugnado -
cuando toda la prueba adunada habla de la inexistencia del referido acto matrimonial-.

De allí que el fallo en crisis exprese: "la prueba negativa producida en autos en cuanto a
la inexistencia del acta de matrimonio respectiva, resulta insuficiente de por sí para
restar validez a la documentación certificante de la existencia de dicho acto. Es que el
conflicto que pudiera existir en virtud de tales constancias contradictorias es una
cuestión que sólo puede dirimirse conforme a las normas que contengan los
ordenamientos legislativos vigentes en el lugar del otorgamiento del acto (...)" (fs. 585).

Es así que -error mediante- resuelve, por considerar que la cuestión es dirimible en la
jurisdicción mejicana, confirmar el rechazo de la demanda (fs. 586 vta.).

Las normas de derecho internacional privado contenidas en nuestro ordenamiento civil,


en punto a la forma de los actos jurídicos, nos indican que la misma ha de ser regida por
la ley del país donde los actos o instrumentos se hubieren otorgado (art. 12 y 950 del
código civil). y más específicamente en lo que respecta al matrimonio, vemos que el art.
159 del código civil remite -de manera concordante- al "derecho del lugar de su
celebración", el cual rige las "condiciones de validez intrínsecas y extrínsecas" del mismo.

Para el presente supuesto, resulta propia la manda del art. 161 del código referido: "la
prueba del matrimonio celebrado en el extranjero se rige por el derecho del lugar de
celebración (...).".

Sentado pues el principio de la aplicación de la "lexloci" en materia de prueba, debemos


remitirnos a la legislación de méxico.

El art. 559 del código civil del estado de Tlaxcala -México- en relación a los medios de
prueba admisibles para acreditar el estado civil de las personas en ese territorio (ver fs.
347), prescribe que el mismo "sólo se prueba por las constancias respectivas del
registro. ningún otro medio de prueba es admisible para comprobar el estado civil,
con excepción de los casos previstos por este mismo código" (fs. 350).

La ley mejicana aplicable al caso "sub examen" (de acuerdo a lo que se indica en el
exhorto diplomático ya aludido. conf. art. 13 código civil) manda que deberá tenerse en
cuenta la "constancia respectiva del registro".

Como ya lo expresáramos, y también de acuerdo con lo informado por las autoridades


mejicanas, esa constancia no existe en el libro referido por el certificado impugnado ni
"en ningún otro libro del registro civil de Nanacamilpa, Tlaxcala" (ver fs. 346).

Si se tiene en cuenta que "la constancia respectiva del registro", en este caso, consiste en
el asiento del acto celebratorio del matrimonio civil, la inexistencia de la primera
implica la inexistencia del segundo.

Es decir que no se trata aquí sólo y simplemente de una cuestión de prueba: al carecerse
del acta donde -de manera originaria- se habría volcado la celebración de este acto
jurídico familiar, falta uno de sus requisitos de validez, que es la expresión del
consentimiento de los contrayentes ante laautoridad competente para la celebración de

7
los matrimonios.

Ello es una característica propia de los sistemas legales que -como el argentino y el
mexicano- "exigen formas solemnes que obligan la intervención de la autoridad
pertinente, ante quien se debe celebrar el matrimonio, para que éste pueda producir
efectos civiles" (Vidal Taquini, matrimonio civil, p. 9).

En este caso, si la autoridad competente de las dependencias administrativas y judiciales


del estado mejicano que fueron exhortadas a los efectos de brindar la información
requerida, señalan que no existe constancia alguna de la realización del acto de que da
cuenta el certificado de matrimonio impugnado (fs. 278 y ss.), cabe concluir que tal acto
no sólo no se encuentra probado sino -lo cual es más grave- tampoco se ha celebrado, lo
que conlleva a considerarlo inexistente (cfr. arts. 15, 16 y 172 del código civil).

En los presentes actuados, el panorama se torna un tanto más confuso ante la presencia
del certificado de matrimonio de fs. 278 y ss., el cual fuera inscripto en el registro
respectivo de la ciudad de la plata.

"La partida de matrimonio es el titular del estado matrimonial, que produce sus efectos
jurídicos propios erga omnes, mientras no sea privado de eficacia por sentencia judicial,
o que anule el matrimonio" (op. cit., p. 20).

Es decir que si bien el certificado en cuestión, por su orígen -pretendidamente público-


cuenta con una fuerte presunción de validez en la medida que se hallen cumplidos
ciertos recaudos formales, tal presunción puede ser derribada por el aporte de prueba
idónea.

Para ello, en este caso, nada más acertado que recurrir a las oficinas del lugar donde -
supuestamente- habría tenido lugar la celebración del matrimonio de marras, tal cual lo
indica el texto del certificado en pugna.

El resultado -como ya se dijera- fue la ausencia absoluta de toda referencia al


mencionado acto jurídico.

A la luz de tales probanzas, no resulta dificultoso concluir que el certificado acompañado


en fs. 278 y ss., al hacer alusión a un acto matrimonial inexistente por no constar en
ningún asiento en el registro respectivo, se encuadraría en un caso de falsedad material.

"La falsedad material o corporal, es la contrafigura de la autenticidad externa.


Laautenticidad externa se refiere a la genuinidad del documento (...) a lo que produce
fuerza probatoria formal. (...) comprende el original y la copia. Los casos de falsedad
material pueden ser: falsificación, alteración y supresión. La falsedad puede consistir en
hacer otro documento semejante al genuino, reproducir o imitar otro, simulando que es
verdadero. Por ejemplo, expedir copia de una matriz inexistente (...)" (cfr. código civil,
Belluscio -Zanonni, ed. Astrea, t. 4, p. 555).

Cabe agregar que la actora, para probar la falsedad, se remitió al registro civil mejicano
del lugar que se indica a fs. 340 (transcripción del certificado matrimonial impugnado en
el registro civil de la ciudad de la plata) (fs. 238). Las autoridades mejicanas evacuaron
la consulta a partir de tales referencias geográficas (fs. 345 y ss.).

Sin embargo, la demandada impugna tales respuestas por considerar que las mismas no
provienen del registro civil donde tuvo lugar la facción del acta matrimonial (fs. 474 y
ss.). Tal crítica no encuentra sustento alguno más allá de sus propias aseveraciones. Si

8
tenemos en cuenta que la actividad probatoria de la actora -respecto de la localización
del supuesto lugar de celebración del acto- se basó en los elementos que la propia
demandada hace valer en el presente pleito (en este caso, la copia de fs. 340) y que la
autoridad mejicana exhortada conoce las referidas divisiones políticas, el agravio de la
demandada debió ser acompañado de prueba idónea, no siendo suficientes las meras
alegaciones efectuadas al respecto.

Tanto más cuanto que la accionada, por ser la (supuesta) contrayente del matrimonio en
extraña jurisdicción -si bien por apoderado-, es quien se encuentra en la mejor situación
para aportar los datos referidos al distrito exacto de celebración de su supuesto
matrimonio.

Resumiendo, estamos en presencia -al decir de Boggiano- de un "acto administrativo


extranjero de certificación de situaciones jurídicas" (derecho internacional privado, t. i,
p. 536).

Tal certificado de matrimonio no es el reflejo del acta del que dice dar testimonio -por
no existir el referido acta- lo cual hace que sea inválido tanto para la ley de nuestro país
como para la mejicana, de acuerdo con lo que se desprende de la norma de esa nación
referida "supra".

"La validez del acto administrativo extranjero es un recaudo de la eficacia de su


reconocimiento extraterritorial. Si la voluntad del agente administrativo extranjero está
viciada según su propio derecho, o ni siquiera existe, el acto inválido o inexistente será
extraterritorialmente ineficaz" (Boggiano, op. cit.).

No encuentro óbice para que en nuestra jurisdicción se pueda plantear y resolver la


validez del referido documento, puesto que será justamente en este país donde el mismo
ha de proyectar sus efectos y -fundamentalmente- teniendo en cuenta que la postura
contraria conlleva a tolerar la plena vigencia de un matrimonio que según la prueba
arrimada no se ha celebrado nunca, con el consecuente -y grave- menoscabo al órden
público, privándose de tal forma a la parte agraviada de toda posibilidad de debatir esta
irregular cuestión ante la justicia argentina (cfr. art. 15 constitución provincial).

Si bien es cierto que la declaración de ineficacia para acreditar la existencia del vínculo
matrimonial del certificado en cuestión, por su carácter de documento pretendidamente
público, implicaría consecuencias que interesan o involucran a la jurisdicción del estado
de méxico (en lo que hace al eventuales responsabilidades administrativas o penales),
ante la requisitoria de la actora y frente a la ardua tarea probatoria desarrollada, el juez
argentino no puede permanecer inactivo.

Ello implicaría una grave violación al deber de fallar que tienen todos los magistrados de
la nación, prevista expresamente en el art. 15 del código civil y con amplio respaldo
constitucional.

Con ese objeto, la misma ley les otorga las herramientas idóneas: si el derecho
extranjero que resultaría de aplicación no ha sido probado por la parte que lo alega (art.
13 código civil), los jueces deben cumplir con su obligación haciendo remisión a la
"lexfori" (arts. 15 y 16 del citado código).

Se llega así, entonces, a la posibilidad de que sea aplicada la legislación argentina


relacionada con la validez de los documentos públicos dado que, aún ante el hipotético
caso que la legislación foránea previese supuestos de mayor benignidad (por ejemplo,
sosteniendo la validez de documentos considerados falsos por nuestra normativa), sería

9
de aplicación la cláusula protectoria del órden público local y de preservación del
"espíritu de la legislación de este código", prevista en el art. 14 incs. 1º y 2 del código
civil.

VI- En definitiva, las conclusiones de la cámara "a quo" tienen por sustento una errónea
apreciación del material probatorio adunado, el cual -a mi juicio y atento a la falta de
idónea impugnación- acredita suficientemente la inexistencia del matrimonio de la
accionada con el Sr. Somoza.

Y es a partir de ese error que el fallo en análisis arriba a conclusiones incongruentes con
las constancias objetivas de la causa, incurriéndose en absurdo (cfr. s.c.b.a., ac. 40442,
sent. del 30/5/89; ac. 40.686, sent. del 27/6/89 y muchas otras).

Por todo lo dicho, considero que V.E. debe acoger favorablemente el recurso
extraordinario de inaplicabilidad de ley traído.

Tal es mi dictamen.

La Plata, febrero 22 de 1996.-

Eduardo Néstor de LAZZARI

Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires

La Plata, 8 de Noviembre de 2000.-

ANTECEDENTES

La Sala II de la Cámara Segunda de Apelación en lo Civil y Comercial del Departamento


Judicial de La Plata confirmó el fallo de primera instancia que había rechazado la
demanda instaurada.

Se interpuso, por la actora, recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley.

Oído el señor Procurador General, dictada la providencia de autos y encontrándose la


causa en estado de dictar sentencia, la Suprema Corte resolvió plantear y votar la
siguiente

CUESTION

¿Es fundado el recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley?

VOTACION

A la cuestión planteada, el señor Juez doctor Hitters dijo:

1) La actora promueve acción de petición de herencia, solicitando se la reconozca como


única y universal heredera del causante, en su carácter de sobrina, y consecuentemente,
impetra se condene a la demandada a la entrega de todos los bienes que recibió en el
juicio sucesorio de aquél.

Fundamenta su pretensión en la falsedad de la partida de matrimonio, en base a la cual

10
se dictó la declaratoria de herederos. Sostiene que ello surge de la constancia del
Registro Civil de Tlaxcala -México- en cuanto expresa que no existe anotación del
supuesto matrimonio celebrado en el año 1958, entre el causante y la demandada. A los
fines de acreditar la inexistencia de dicho acto jurídico, promueve incidente de
redargución de falsedad de la libreta de matrimonio expedida por el Registro Provincial
de las Personas, ya que la misma se extendió en base a una falsa partida mexicana,
inscripta en la Sección Extraña Jurisdicción de dicho Registro.

2) El juez de primera instancia desestimó la acción instaurada, fallo que fue confirmado
por la Sala II de la Cámara Segunda de Apelación en lo Civil y Comercial de La Plata.

3) La actora interpone recurso extraordinario de inaplicabilidad de ley.

4) En esencia, la controversia se circunscribe a determinar la validez del certificado


matrimonial obrante a fojas 278, según el cual la legitimada pasiva habría contraído
nupcias con el causante -mediante apoderado- el día 6 de marzo de 1958 en México.

5) Interpreto que el recurso es improcedente.

Conforme a nuestro sistema de derecho internacional privado, las formas y solemnidades


de los actos jurídicos se rigen por la ley del lugar de celebración (arts. 12 y 950 del
Código Civil).

En igual sentido, el art. 2º de la entonces vigente ley 2393, establecía que la validez del
matrimonio -no existiendo los impedimentos enumerados por la norma- ser juzgada en la
República por la ley del lugar en que se haya celebrado, aunque los contrayentes
hubieran dejado su domicilio para no sujetarse a la forma y leyes que en él rigen.
Previsiones similares contienen los arts. 159 y 160 del Código Civil, actualmente vigentes.

Es así, que para decidir sobre la forma y solemnidades de los actos jurídicos nuestro
ordenamiento común ha receptado la regla locus regit actum.

Por otra parte el lugar de celebración como punto de conexión que enlaza el supuesto de
hecho con la consecuencia jurídica, es el criterio tradicional en la materia, que ya
receptaba el antecedente mediato que está dado por la redacción primigenia del art. 159
del Código Civil, según el pensamiento de Vélez Sársfield (conf. Gualberto Lucas SOSA,
"El Matrimonio y el Divorcio en el Derecho Internacional Privado Argentino. Visión desde
la ley 23.515", en L.L., 1987/III/701).

Dicha regla es obligatoria, siempre que no ataque al orden público del lugar donde se
invoca. De modo tal, que el vínculo matrimonial contraído fuera del país conforme a las
leyes del lugar del acto debe ser reconocido, siempre que no medie impedimento de
parentesco, ligamen o crimen (Lazcano, Carlos Alberto, "Derecho Internacional Privado",
La Plata, 1965, págs. 400/402).

En el presente caso no existe ninguno de los límites mencionados, por ende, el orden
público no se encuentra comprometido; se trata de un supuesto de evasión de la
jurisdicción nacional, tolerada por nuestra legislación, motivo por el cual dicha unión
queda sometida a la lex loci celebrationis.

El art. 161 del Código Civil dicta que "la prueba del matrimonio celebrado en el
extranjero se rige por el derecho del lugar de celebración..." (ap. 1º) transitando por el
criterio tradicional sentado en la materia por la doctrina y la praxis judicial (conf. SOSA,
trabajo citado y GOLDSCHMIDT, "Derecho Internacional Privado", Derecho de la

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Tolerancia. Basado en la teoría trialista del mundo jurídico, 4ª ed., ed. Depalma, 1982,
p. 296).

Entonces todo lo que atañe a la validez formal del matrimonio -como lo relativo a los
medios de prueba para demostrar su existencia- se juzga por la ley de la celebración,
esto es, los arts. 39 y 40 del Código Civil de México (fs. 446/447).

El art. 39 preceptúa que el estado civil se comprueba con las constancias relativas del
Registro Civil, salvo los casos expresamente exceptuados por la ley. Es así, que el art. 40
establece que "Cuando no hayan existido registros, se hayan perdido, estuvieren ilegibles
o faltaren las formas en que se pueda suponer que se encontraba el acta, se podrá recibir
prueba del acto por instrumento o testigos" (lo subrayado me pertenece).

Es decir, que aun cuando se hubiese acreditado la falta de inscripción del certificado del
acta que en fotocopia auténtica obra a fojas 278/282, el matrimonio igualmente
resultará probado con el referido instrumento público, cuya falsedad material, no fue
alegada ni acreditada y, por ende, posee plena fuerza (art. 375, C.P.C.C.).

Como lo sostuvo el a quo, la prueba negativa producida en autos, resulta insuficiente de


por sí para restar validez a la documentación certificante de la existencia de dicho acto,
ya que, el conflicto que pudiera existir en virtud de tales constancias contradictorias sólo
puede dirimirse conforme a la ley del lugar de su otorgamiento, con intervención de los
funcionarios que lo suscribieron y de los organismos públicos intervinientes.

Ha dicho este Tribunal -en anterior composición- que "las partidas referidas, certificadas
por las autoridades del país extranjero y legalizadas en el nuestro, deben reputarse
válidas sin necesidad de prueba corroborante por parte de quien las haga valer,
incumbiendo a quien se opone, demostrar lo contrario. Ha de presumirse, por tanto, que
las partidas han sido extendidas según la ley del lugar ("Acuerdos y Sentencias",
1963/I/127; 1982/II/155; Ac. 31.742, sent. del 24/V/1983).

Como resolvió el juez de primera instancia y confirmó la alzada la falta de validez del
documento público emanado de la autoridad extranjera, escapa a la jurisdicción de los
tribunales locales, razón por la cual y no habiéndose demostrado las violaciones legales
denunciadas doy mi voto por la negativa.

Los señores jueces doctores San Martín, Negri y Laborde, por los mismos fundamentos
del señor Juez doctor Hitters, votaron también por la negativa.

A la cuestión planteada, el señor Juez doctor Pettigiani dijo:

Adhiero al voto del doctor Hitters.

A mayor abundamiento he de señalar que sin perjuicio de advertir que la sentencia


puesta en crisis ha incurrido en absurdo en uno de sus tramos -al considerar que cuando
la autoridad mexicana se refiere a la autenticidad de la constancia obrante a fs. 339, lo
está haciendo con respecto al certificado de matrimonio de fs. 278/279-, entiendo que el
recurso impetrado no merece favorable acogida. Ello así pues a pesar de tal falencia, la
misma no se ve, en mi criterio, privada de constituir un acto jurisdiccional válido dado la
eficacia de los restantes fundamentos en los que encuentra sustento.

Liminarmente he de mencionar que la temática de estos autos es propia del derecho


internacional privado, que tiene como fin "realizar las soluciones justas de los casos
uisprivatistas multinacionales" (Boggiano, "Derecho Internacional Privado", t. I, tercera

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edición, p. 104, Ed. AbeledoPerrot, 1991).

En ese orden, nuestro régimen positivo prevé (arts. 14 inc. 4 y 159 del Código Civil) lo
que la doctrina especializada ha dado en llamar el favor matrimonii sometiendo los
aspectos tanto formales como substanciales a la ley del lugar de celebración del
matrimonio lex locis celebrationis e inclusive tolerando lo que se ha denominado como
"fraude inocuo" al permitir que las partes abandonen su domicilio para sujetarse a un
derecho diferente que rija la unión matrimonial; todo ello con el fin de evitar nulidades e
inexistencias matrimoniales. Ello así, en la medida que no se violente el orden público
internacional (arts. 14 y 160 del Código Civil) ya que éste descarta la aplicación del
derecho extranjero requerido para regular la relación a pesar de haber sido invocado por
nuestro sistema de derecho internacional privado.

En el sub judice "tal cláusula de reserva" no resulta operativa desde que los contrayentes
no se hallaban incursos en ninguno de los impedimentos dirimentes que obstan al
reconocimiento del matrimonio celebrado en el extranjero (art. 160 del Código Civil) ni
se infringió ninguno de los principios jurídicos sobre los que se asienta el sistema
normativo argentino (art. 14, Código cit.).

Por tal razón es de plena aplicación el derecho extranjero y es allí en donde se debe
buscar la solución jurígena del caso ubiiusibiremedium.

En ese contexto he de advertir que la afirmación del recurrente, en cuanto entiende que
con la sola demostración de la inexistencia del asiento del matrimonio Somoza-Bustello
en el libro de matrimonios del Estado de Tlaxcala mediante la presentación de un
certificado probatorio en tal sentido, es suficiente para calificar de falsa la partida
mexicana con que se inscribió dicha unión en nuestro país, resulta dogmática.

El art. 50 del Código Civil para el Distrito Federal en materia común y para todo el Estado
de México en materia federal establece que "Las actas del Registro Civil extendidas
conforme las disposiciones que preceden hacen prueba plena en todo lo que el juez del
Registro Civil, en desempeño de sus funciones da testimonio de haber pasado en su
presencia, sin perjuicio de que el acta pueda ser redargüida de falsa" (fs. 447).
Circunstancia ésta última que no se verificó en la especie.

El certificado del acta matrimonial otorgado en México por el funcionario público


interviniente ha sido correctamente legalizado (fs. 278/281) cumpliendo de ese modo
con las formalidades que ordena la ley, lo que así fue evaluado por el Jefe del Archivo de
Protocolos de la Dirección General del Registro Provincial de las Personas de la Provincia
de Buenos Aires otorgándoles a los cónyuges certificado de matrimonio local (fs. 76) y
libreta matrimonial (fs. 107). La certificación negativa traída por la actora (fs. 335 y 339)
sólo hace constar la inexistencia del registro del matrimonio en cuestión, lo que le lleva a
afirmar, por ese solo hecho, la falsedad del certificado matrimonial legalizado, lo que
resulta insuficiente, en mi criterio, para así resolverlo.

La validez del acto administrativo extranjero, condición de su eficacia, se rige por el


derecho administrativo del lugar del otorgamiento, consecuencia lógica del
principio locus legit actum (art. 12 del Código Civil). En el sistema de Derecho
Administrativo internacional se carece de una norma indirecta que plasme dicho criterio
rector (Boggiano Antonio, El acto administrativo extranjero, J.A., doctrina, 1973, p. 486;
Boggiano, Derecho Internacional Privado, t. I, tercera edición, p. 531, Ed. Abeledo
Perrot, 1991), no pudiendo echar mano del recurso de la analogía, como lo pretende el
impugnante (fs. 596 vta./597), tratándose por una parte de un acto administrativo y por
otra de una sentencia judicial (Boggiano, opus cit.). En materia de reconocimiento de

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sentencias extranjeras existen normas precisas (arts. 515 a 517 del C.P.C.C., 517 a 519
del C.P.C.C.N.), que no guardan similitud, por su especificidad, con el régimen aplicable
a los actos administrativos otorgados en extraña jurisdicción. Es el derecho público del
Estado al que pertenece la autoridad que dictó el acto, el que decide tanto la validez
como la invalidez del mismo. En el caso de autos, por aplicación del art. 159 del Código
Civil, coinciden el derecho que rige la validez sustancial del acto jurídico matrimonial
con el que es llamado a regular el acto administrativo.

El recurrente omite cumplir con la carga de demostrar cabalmente en su escrito


impugnativo (art. 279 del C.P.C.C.) que de conformidad con el derecho aplicable al
certificado del acta matrimonial, el mismo es falso, careciendo de sustento jurídico
suficiente las afirmaciones que hace en tal sentido. Cobra, entonces plena vigencia lo
normado por el art. 50 del Código Civil para el Distrito Federal en materia común y para
todo el Estado de México en materia federal antes citado.

El acto administrativo extranjero, en las particulares circunstancias del caso traído a


conocimiento de esta Corte, es eficaz para producir los efectos jurídicos que se le
atribuyen pues no vulnera el orden público de nuestro país (art. 14 del Código Civil) en
razón de que no transgrede los principios de justicia de este Estado (conf. Boggiano,
Derecho Internacional Privado, t. I, tercera edición, p. 536, Ed. AbeledoPerrot, 1991). El
impugnante incumple nuevamente con la carga que le impone el art. 279 del Código
Procesal Civil y Comercial, de demostrar la pretendida ineficacia del acto conforme a
nuestro derecho administrativo. Es en efecto el orden jurídico local el llamado para
determinar en esta instancia, no ya la validez sino en cambio la eficacia o no del
reconocimiento del acto, dado que dicho aspecto se rige por el derecho administrativo
del país donde se pretenden generar tales consecuencias. En autos el actor debía mostrar
la pretendida ineficacia conforme a nuestro ordenamiento -art. 375 del Código Procesal
Civil y Comercial- (Boggiano Antonio, El acto administrativo extranjero, J.A., doctrina,
1973, p. 488; Boggiano, Derecho Internacional Privado, t. I, tercera edición, p. 535, Ed.
AbeledoPerrot, 1991), y al no haberlo hecho pone de manifiesto la insuficiencia de su
planteo, sellando la suerte adversa de su queja.

Hago notar al impugnante que los Tratados de Montevideo que trae como supuestamente
violados y a los que le asigna jerarquía constitucional (fs. 606 vta.), no se encuentran
transgredidos en modo alguno ni poseen el carácter que se les atribuye (arts. 75 incs. 22
y 24 de la Constitución nacional, 11 de la provincial).

Por ello y como lo adelantara, doy mi voto por la negativa.

Con lo que terminó el acuerdo, dictándose la siguiente

SENTENCIA

Por lo expuesto en el acuerdo que antecede, oído el señor Procurador General, se


rechaza el recurso extraordinario interpuesto; con costas (arts. 84 y 289, C.P.C.C.).

Notifíquese y devuélvase.-

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