GENERSCION ESPONTANEA
Esta teoría estuvo vigente por muchos siglos, desde la Antigüedad. Aunque
es una hipótesis que jamás pudo probarse científicamente, muchos
creyeron comprobarla mediante la observación directa.
Aristóteles, el filósofo griego, creía en esta teoría. También fue aceptada y
sustentada por pensadores del siglo XVII y XVIII como Sir Francis Bacon,
René Descartes e Isaac Newton, quienes desconocían el mundo de
la microbiología. Aplicaba a las criaturas pequeñas tenidas por plagas o
parásitos, como moscas, piojos, garrapatas e incluso ratones.
La creencia era que si se dejaban en un recipiente los elementos correctos
(digamos: ropa interior sudada y trigo), se encontraría al cabo de cierto
tiempo en su lugar algún tipo de animales (digamos: ratones).
El experimento de Redi (1668). Llevado a cabo por Francesco Redi,
médico italiano, quien dudaba de que los insectos pudieran surgir
espontáneamente de la putrefacción, y suponía que en algún momento
algún insecto adulto debía depositar huevos o larvas sobre la materia en
descomposición. Para comprobarlo ubicó tres trozos de carne en tres
envases distintos: uno de ellos abierto y los otros dos sellados con gasas
que permitieran el ingreso del aire al frasco pero no de las moscas adultas.
Tras pasar el tiempo, hubo gusanos en la carne expuesta y no en las
selladas, aunque sí hallaron huevos de mosca sobre las gasas.
El experimento de Pasteur (1861). Desarrollado por el francés Louis
Pasteur, padre de la técnica de preservación de alimentos conocida
como la pasteurización, consistió en la introducción de caldo de carne
en dos balones de destilación de boca larga y encorvada (en forma de
“S), que se va haciendo más fina conforme asciende. La forma del
tubo permitía la entrada de aire, pero hacía que los microorganismos
se quedaran en la parte inferior del envase, sin acceder a la carne.
Así, calentó el caldo hasta esterilizarlo y simplemente esperó: tras
varios días, no hubo señales de descomposición, tras lo cual Pasteur
procedió a cortar la boca del envase y allí, al poco tiempo, sí se dio la
descomposición, demostrando así que los microorganismos
provenían de otros microorganismos y que, en general, toda forma de
vida proviene de otra forma de vida que le antecede.