En Buenos Aires, a los 5 días del mes de agosto de dos mil
veintiuno, reunidas las señoras juezas de Cámara en
Acuerdo, fueron traídos para conocer los autos seguidos por
«S. G. E. G. C/ GALENO ARGENTINA S.A. S/ ORDINARIO»
(Expte. 84768/2015), en los que al practicarse la
desinsaculación que ordena el art. 268 del Código Procesal,
resultó que debían votar en el siguiente orden: Vocalías N°
6, N° 5 y N° 4. Dado que la N° 5 se halla actualmente
vacante, intervendrán las Doctoras María L. Gómez Alonso
de Díaz Cordero y Matilde E. Ballerini (art. 109 RJN).
Estudiados los autos la Cámara planteó la siguiente
cuestión a resolver:
¿Es arreglada a derecho la sentencia apelada?
La señora Juez de Cámara Doctora María L. Gómez Alonso
de Díaz Cordero dijo:
I. La Causa:
S. G. E. G. promovió demanda por daños y perjuicios contra
Galeno Argentina S.A. por la suma de $ 777.181,06 o lo que
en más o en menos resultara de la prueba a producir en
autos, los intereses y las costas (fs. 2014/2033 del registro
digital).
Refirió que se encontraba afiliado con el nro.
630.148870105 al Plan Azul PC de la empresa de medicina
prepaga Galeno, desde hacía más de veinticinco años,
habiendo cumplido siempre con el pago de las cuotas.
Manifestó que el 24/07/2012 sufrió un accidente cerebro
vascular (ACV) isquémico cerebral medio derecho con
hemiplejía FBC izquierda y disartria (trastorno del habla).
Describió que ingresó al Sanatorio Trinidad de Mitre con
déficit motor en el hemisferio izquierdo, sin respuesta a
órdenes simples, recibiendo tratamiento trombolítico; que
fue trasladado a la unidad de terapia intensiva del Sanatorio
Dupuytren y que dos días después, el 26/07/2012 lo
derivaron al Sanatorio de la Trinidad de San Isidro.
Expresó que allí fue atendido por la doctora Marcela Funes y
que luego le indicaron pasar a internación domiciliaria para
recibir rehabilitación motora y control clínico.A tales
efectos, requería una cama ortopédica, un colchón de aire,
la atención de una enfermera, tratamientos kinesiológicos y
fonoaudiológico, terapia ocupacional, seguimiento médico
clínico, psiquiátrico y neurológico, así como medicación.
Sostuvo que la demandada no cumplió con dichos
requerimientos en forma integral y añadió que el actor
debió contratar en forma particular a varios profesionales y
abonar sus honorarios.
Asimismo, mencionó que obtuvo el certificado de
discapacidad conforme la ley 22.431.
Indicó que ante la negativa de la accionada a prestar la
cobertura médica, la intimó mediante una carta documento
cuyo texto transcribió, con fecha 04/09/2012, sin haber
obtenido respuesta.
Añadió que en diciembre de 2012 debió promover un juicio
de amparo contra la demandada, por ante el Juzgado
Federal en lo Civil y Comercial Administrativo N° 1, Sec. N°1
de San Martín, Provincia de Buenos Aires, proceso en el que
el 29/05/2014 se dictó sentencia -que se encuentra firme-.
En tal decisión se hizo lugar a la demanda y se ordenó a
Galeno Argentina S.A. a cubrir íntegramente el costo de la
internación domiciliaria. Afirmó que tratándose de una
decisión que pasó en autoridad de «cosa juzgada», no
podría realizarse un nuevo estudio de la cuestión.
Aclaró que nunca le brindaron información sobre el alcance
de la cobertura y adujo que la pretensión de la demandada
de limitar y excluir las prestaciones de internación
domiciliaria resultó claramente antijurídica y arbitraria.
Agregó que al momento de promover la demanda, la
empresa de medicina prepaga brindaba a su parte una
cobertura a través del mecanismo de reintegro y con
prestadores [Link] base a ello, sostuvo que la accionada
habría incurrido en una contradicción con sus propios actos
al alegar que el contrato no contemplaba reintegros.
Reclamó $ 577.181,06 por el reintegro de los gastos que
incluyeron kinesiología, fonoaudiología, psiquiatría,
neurología, enfermería, acompañante terapéutico, asistente
domiciliario, cama ortopédica, medicamentos y material
descartable; ello desde la internación domiciliaria que tuvo
lugar en agosto de 2012 y hasta la fecha de la sentencia de
amparo de fecha 29/05/2014.
Adujo que desde el dictado de la medida cautelar la
accionada reintegró algunos gastos, pero no otros que
habrían sido erogados con anterioridad al dictado de la
medida, por cuanto no se habrían conservado los
comprobantes respectivos, o porque las personas
contratadas no se encontraban inscriptas ante la AFIP a los
efectos de la emisión de las facturas correspondientes.
Indicó que del total de la suma de dinero reclamada, los
gastos documentados ascendieron a $ 110.364,06;
mientras que no tendría comprobante de los restantes
gastos por $ 444.017.
Con relación al monto reclamado de $ 444.017, tal importe
se encontraría constituido por $ 33.574 correspondiente a
gastos sin comprobantes, imputados a medicamentos,
material descartable, honorarios del médico clínico,
psiquiatra, kinesiólogo y fonoaudiólogo y $ 410.443
correspondiente a los gastos sin comprobante imputados a
servicios de enfermería y acompañante domiciliario.
Individualizó a las personas que lo atendieron y adujo que la
accionada reintegró en forma parcial los gastos
correspondientes a los servicios de las Sras. Natalie de
Holmsky y María Florencia Pautasso.
Explicó que a fin de estimar el monto reclamado se tomó en
consideración el gasto promedio mensual de tres
enfermeras y una acompañante domiciliaria en forma
rotativa todos los días entre los años 2013 y 2014; así como
también el período de 22 meses transcurridos entre la
internación domiciliaria iniciada en agosto de 2012 y la
sentencia dictada en el juicio de amparo en mayo de
[Link]ó que al monto resultante se le habría
descontado $ 52.330 por los gastos que reintegró Galeno
Argentina S.A. y $ 63.027 en concepto de los montos
reclamados que sí fueron registrados documentadamente,
de modo tal que habría quedado un el saldo impago de $
410.443.
Alegó que se tomaron en cuenta los montos que fijó la Res.
1948/2014 del Min. de Salud y el salario básico fijado por el
Convenio Colectivo de Trabajo de enfermería CCT 122/75.
Destacó que la totalidad de los montos y conceptos
reclamados guardan relación y se corresponden con su
enfermedad, por lo que sería innecesario acreditar
documentadamente la totalidad de los gastos.
Aclaró que del importe reclamado, la suma de $ 22.800
correspondería a un reclamo laboral realizado por Laura
Alvez Brigida (enfermera y/o acompañante domiciliaria),
que derivó en un acuerdo judicial homologado.
Reclamó asimismo $ 200.000 en concepto de daño moral y
una sanción por daño punitivo, cuya cuantía dejó librada al
criterio del Tribunal.
Fundó en derecho su pretensión, citó jurisprudencia y
doctrina; ofreció prueba e hizo reserva del caso federal.
A fs. 13/20 se presentó Galeno Argentina S.A., contestó
demanda y solicitó su íntegro rechazo, con costas.
Desconoció la totalidad de la documentación acompañada
por la parte actora y por imperativo procesal formuló una
negativa de todos los hechos expuestos en la demanda, a
excepción de los que fueron expresamente reconocidos por
su parte.
Sostuvo haber brindado la cobertura en forma íntegra y
dado cumplimiento a todos los reclamos incluyendo los
medicamentos prescriptos por las personas que lo
asistieron y los necesarios para la rehabilitación del actor.
Alegó que la parte actora pretendió obtener una cobertura
mayor a la que correspondía brindar, con fundamento en la
supuesta negativa de la [Link] que la cobertura
en cuestión no se encontraba contemplada en el plan al que
voluntariamente adhirió el socio ni en el Plan Médico
Obligatorio (PMO) al cual la empresa de medicina prepaga
se halla obligada; y que en consecuencia, la pretensión
excedió la prestación que se le impone legalmente.
La demandada negó responsabilidad por los presuntos
daños e impugnó tanto la procedencia como el alcance de
los rubros indemnizatorios reclamados.
II. La Sentencia de Primera Instancia (fs. 2527 y 2530):
En la mencionada pieza jurisdiccional se hizo lugar a la
demanda y se condenó a Galeno Argentina S.A. a pagar la
suma de $ 569.317,76 en concepto de daño emergente
(conforme aclaratoria de fs. 2530), con sus respectivos
intereses y la de $ 5.600.000, correspondientes al daño
moral y al daño punitivo estimados a la fecha del
pronunciamiento.
Para así decidir el magistrado tomó en consideración que la
demandada procuró reeditar el debate de cuestiones que ya
fueron juzgadas, con carácter firme, en pronunciamientos
dictados en otra sede jurisdiccional en las que se le impuso
a la accionada cubrir el 100% del costo de la prestación de
internación domiciliaria; enfermería, dos veces por día
durante toda la semana en forma anual; terapia ocupacional
y fonoaudiología, tres veces por semana; kinesiología, cinco
veces por semana; asistente domiciliario permanente; cama
ortopédica, colchón de aire, silla de ruedas; controles
médicos, neurológicos y psiquiátricos, una vez por semana;
medicamentos y descartables.
En el referido contexto, juzgó que la cuestión resultó
irrevisable y destacó que la garantía de la cosa juzgada ha
sido reconocida por nuestros tribunales como una
derivación implícita de diferentes cláusulas de la
Constitución Nacional y se encuentra expresamente
prevista en los arts. 8. inc. 4 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos, y 14 inc.7 del Pacto Internacional
de Derechos Civiles y Políticos.
Decidió que en el caso no se probó, que existiera algún
matiz o elemento de excepción que imponga soslayar los
efectos de lo decidido en el anterior proceso y advirtió
acerca de un ostensible incumplimiento de la carga
impuesta por el art. 377 del Cpr.
Finalmente, impuso las costas a la demandada vencida.
III. Los Recursos:
Contra el decisorio se alzaron la demandada Galeno
Argentina SA y la parte actora, pero esta última desistió de
su recurso de apelación en fs. 2535. La accionada expresó
agravios a fs. 2539/2554, y sus fundamentos recibieron
respuesta a fs. 2556/25 67.
El dictamen del Ministerio Público Fiscal se agregó en
soporte digital a fs. 2581/2593.
IV. La decisión:
En el estado actual del proceso no resulta ser materia de
debate la responsabilidad endilgada a la accionada, que fue
decidida en otro proceso y por tanto ha adquirido el
carácter de cosa juzgada a partir de que quedara firme.
Empero, la recurrente adujo la existencia de arbitrariedad
en la sentencia de primera instancia, cuestionando la
procedencia y el alcance de la reparación otorgada en
concepto de daño emergente, por gastos de enfermería y
medicamentos, sin comprobantes.
A mi criterio y más allá de compartirlo o no, el fallo resulta
coherente, está correctamente fundado y no exhibe
dogmatismos. La sentencia constituye una unidad lógico-
jurídica cuya parte dispositiva es la conclusión necesaria del
análisis de los presupuestos fácticos y normativos
efectuados en su fundamentación (CSJN, «Sosa, José
[Link] de la Provincia», del 06/10/1992; LA LEY, diario
del 30/06/1993) y su examen deja en mi ánimo la
convicción de haberse cumplimentado no solo la ortodoxia
ritual, sino también las cuestiones fácticas y jurídicas de
fondo.
En el sub lite con la denuncia de arbitrariedad solo se puso
de manifiesto una inteligencia distinta a la expresada en la
sentencia resistida.
Más allá de las circunstancias apuntadas, no parece que la
recurrente se haya hecho cargo de los principales
argumentos tenidos en cuenta por el Tribunal al tiempo de
resolver la cuestión. a) Daño emergente:
En cuanto al daño emergente el juez a quo tomó en
consideración que con el peritaje contable quedó
confirmado que no se ha justificado mediante elemento o
registro alguno, que Galeno hubiera cancelado los gastos
que el actor justificó con los comprobantes y las facturas
acompañadas (vgr. los de farmacia: fs. 1058, 1060, 1065,
1067, 1069, 1071, 1438, 1440; honorarios médicos: fs.
1111, 1113, 1116, 1132, 1136, 1142 ), que se encuentran
respaldados por las pruebas de informes; las cuales no
fueron impugnadas en los términos que autoriza el cpr. 403.
Asimismo, cabe mencionar que la experticia contable de fs.
1401/1411, ampliada en fs. 1422/1430, tampoco recibió
crítica alguna (cpr 473).
Entonces, con base en la prueba acompañada otorgó $
137.410,76.
Ahora bien, el a quo otorgó $ 33.574 por gastos que
carecían de comprobante. Para así decidir, tomó en
consideración el criterio jurisprudencial en cuanto a que los
gastos médicos y de farmacia -tales los $ 33.574
reclamados por medicamentos, material descartable y
honorarios de diversos profesionales de la salud- no
requieren, de modo imperativo, su acreditación por medio
de prueba documental y se deben admitir siempre que
resulten verosímiles en relación con las lesiones provocadas
por el evento dañoso.
Coincido con la doctrina jurisprudencial en la que se
sustenta el [Link] antiguo esta Sala había
mantenido tal criterio al sostener que la «.Jurisprudencia
pacífica tiene resuelto que los gastos efectuados por
compra de medicamentos no requieren prueba específica;
quedando su procedencia y su cuantía supeditada a las
circunstancias del caso. Deben admitirse, si de las lesiones
sufridas por la víctima son presumibles, aunque no se
hayan traído a juicio las boletas de compra.
La facultad otorgada por el art. 165 Ver Texto CPCCN. de
mensurar judicialmente el importe del crédito o perjuicio
probado, debe de actuar de manera objetiva con
prescindencia de las razones por las cuales el actor no
acreditó su monto; es decir, que aun ante la probable
negligencia probatoria del accionante, no cabe denegar la
procedencia de la reparación con un criterio sancionatorio,
ya que existe un resorte jurisdiccional subsanatorio basado
en la inequidad que significaría que un derecho comprobado
jurisdiccionalmente dejase de ser amparado por no haberse
probado su preciso alcance cuantitativo. En el caso se
allegaron parte de aquéllas» (CNCom., esta Sala in re
«Novellino, Noris c/ Sac de Ponelman o Perelman, Beatriz s/
ordinario» , del 14/11/1996, La Ley Online: TR LALEY
30001342).
El mismo criterio se mantuvo hasta la actualidad, tanto en
el fuero civil como en el comercial. Así se decidió que: «Los
gastos médicos, farmacológicos y de movilidad deben ser
admitidos si de las lesiones sufridas por la víctima son
presumibles, aunque no se hayan traído al juicio las
constancias documentales correspondientes» (CNCiv., Sala
G, in re «A., F. E. c. V., L. D. y otros s/ daños y perjuicios
Acc. Tran. C/les. o muerte», del 01/12/2020, La Ley
Online:TR LALEY AR/JUR/62107/2020).
El magistrado de la anterior instancia ponderó que las
erogaciones reclamadas condicen con el tratamiento y la
asistencia que debió proveerse al actor conforme surge de
la prueba testimonial y consideró acreditado el derecho al
reintegro de esos gastos.
En concreto, Natalia Holmsky, de profesión enfermera,
quien trabajó doce horas diarias de atención exclusiva y
permanente para el actor, controlaba los signos vitales, le
daba la medicación y realizaba su higiene personal; declaró:
«.a la mañana levotiroxina, Omeprazol, Sintrón, Lexapro,
calcio, roquiferol, leveterasetám, y la [Link]
tratamiento de kineseología, por Sebastián, del servicio
Raiman, los martes y jueves por la tarde; y la kineseóloga
Daniela Conti, los martes, miércoles y viernes por la
mañana que le hace AKR. También una fonoaudióloga lo
trata los lunes por la tarde y los sábados por la mañana,
Beatriz Sánchez, del servicio Raiman. También, músico
terapia, con Florencia Pautaso, los miércoles y viernes por la
tarde; y Pedro que va los lunes a la tarde» (fs. 869 del
registro digital).
En este contexto, en la medida que la enfermedad se
prolongó, y que el actor no se encontraba en condiciones de
organizarla, resultaría muy engorroso e impracticable
acompañar la totalidad de los comprobantes, en tanto se
encuentra acreditado el derecho al reintegro de las
erogaciones por gastos de descartables, medicamentos y
profesionales de la salud, lo cual surge de las constancias
de la causa.
Finalmente, reconoció $ 410.443 por los gastos de
enfermería y de asistente domiciliario, con base en las
declaraciones testimoniales de Holmsky, Maldonado y
Gramajo, con las que se tiene por acreditada la atención
brindada al actor durante las 24hs de los 365 días del año;
cuyos servicios y pagos correspondientes, el juez a quo tuvo
por ciertos mediante la prueba de reconocimiento de los
reportes diarios «que lucen en fs. 65/510 de los 3 cuerpos
reservados en caja grande azul y de la retribución mensual
que por ello percibían ([Link] de los recibos de
pago de fs. 600/603 y 609/700 de aquella documentación,
que formuló Holmsky .)».
Va de suyo que la inexistencia de recibos o facturas, podrán
constituir infracciones laborales o fiscales, pero son ajenas a
este decisorio.
En consecuencia, entiendo que la sentencia de la anterior
instancia no resultó arbitraria y que el otorgamiento y
alcance del rubro daño emergente se ajustó a derecho, se
encuentra acreditado y resulta procedente su confirmación.
b) Daño Moral:
La recurrente cuestionó que se admitiera la indemnización
por daño moral, la que además impugnó por elevada.
En la demanda se reclamó $ 200.000 más intereses por
este rubro indemnizatorio, en razón del daño «que se
produjo al actor por la falta de cobertura médica integral y
la postergación de su rehabilitación».
Mantengo el criterio expresado desde antiguo cuando
sostuve que «Si bien es cierto que en materia contractual
tengo reiteradamente expresado que el daño moral
necesita ser acreditado para ser admitido, no lo es menos,
que deben diferenciarse los incumplimientos contractuales
de los que -en principio- sólo pueden derivarse las molestias
propias de cualquier incumplimiento, de aquéllos que
generándose en un accionar consiente y desaprensiva de
uno de los contratantes, sean susceptibles de causar
padecimientos morales, como acontece en el presente
(CNCom., esta Sala, in re, «Vitelli M.A. c/ Deutsche Bank
Arg.S.A.» del 08-04-99).
La situación de autos indudablemente pudo afectar
desfavorablemente la estabilidad emocional del actor y
justifica su reparación puesto que el agravio moral supone
una modificación de la capacidad de querer o sentir que se
traduce en un modo de estar de la persona diferente de
aquél en que se encontraba antes del hecho que lo generó
(en similar sentido, CNCom., esta Sala, in re, «Rodríguez
Luis María y otro c. Banco de Galicia y Buenos Aires SA y
otro [Link]» , del 26-04- 01).
Se trata en definitiva de conciliar el derecho del individuo a
no sufrir daños injustos con el interés general de no facilitar
la impunidad del causante del daño (CNCom., esta Sala, in
re, «Del Giovannino, Luis G.C/ Banco del Buen Ayre SA» ,
del 01-11-00; idem, in re «Bartiromo Sebastián Ricardo c/
Visa Argentina S.A. – hoy Prisma Medios de Pago S.A. y
otros s/ ordinario » del 23/04/2019).
A fin de cuantificar el rubro, destaco que no cabe la
aplicación de pautas matemáticas sino que es preciso
valorar las circunstancias de la causa; pues la extensión de
la reparación depende de la gravedad de la culpa y de las
características de las partes; factores éstos que deben
juzgarse a la luz del prudente arbitrio de los jueces.
Coincido con el sentenciante respecto de la intranquilidad,
desazón y afectación anímica y espiritual, que el actor
indudablemente sintió frente al obrar omisivo y
desaprensivo de la empresa de medicina prepaga, quien
tras 25 años de haber percibido puntualmente el pago de
las cuotas, incumplió con el otorgamiento de la cobertura
médica integral requerida en el momento en que el actor
más la necesitó.
Respecto del alcance de la indemnización, encuentro que
frente a la magnitud del daño y que se encontró en juego
un derecho personalísimo como es el derecho a la salud;
además del profesionalismo que se espera de la parte
demandada en su carácter de empresa prestadora de
medicina -con superioridad económica, jurídica y técnica-,
quien teniendo la posibilidad de hacerlo, no cumplió en
tiempo y forma con su prestación, pese a la vulnerabilidad
del consumidor/usuario que requería de sus servicios,
entiendo que el daño moral padecido fue adecuadamente
justipreciado por el juez a quo.
A todo evento, cabe mencionar que el magistrado otorgó un
resarcimiento por daño moral de $ 600.000 pero lo estimó a
valores actualizados a la fecha de la sentencia
(02/02/2021). Por tal motivo, no hizolugar -en forma
independiente- a los intereses desde que el actor sufrió el
daño.
En consecuencia, y habiendo practicado oficiosamente los
cálculos, concluyo que el monto de condena no excede el
importe reclamado de $ 200.000 con más los intereses que
se habrían devengado hasta la actualidad si se hubiera
hecho lugar a la totalidad de la indemnización solicitada en
la demanda. Por el contrario, el resarcimiento por daño
moral resulta ser menor al monto reclamado por este rubro.
En mérito de lo expuesto, propongo confirmar el importe del
resarcimiento otorgado por daño moral, considerándolo
fijado a la fecha de la presente.
c) Daño punitivo:
La legislación argentina incorpora en el art. 52 de la LDC la
figura del «daño punitivo» y si bien es cierto que fue
criticado el alcance amplio con el que fue legislada la multa
civil, en cuanto se alude a cualquier incumplimiento legal o
contractual, existe consenso dominante en el derecho
comparado, en el sentido de que las indemnizaciones o
daños punitivos solo proceden en supuestos de particular
gravedad, calificados por el dolo o la culpa grave del
sancionado o por la obtención de enriquecimientos
indebidos derivados del ilícito o, en casos excepcionales,
por un abuso de posición de poder, particularmente cuando
ella exterioriza menosprecio grave por derechos
individuales o de incidencia colectiva (conf. CNCom., esta
Sala in re, «Spadavecchia, María C. c. Agroindustrias
Cartellone SA s/ ordinario» del 19/11/2015).
En este sentido, con acierto se ha expresado que «.la
mención al incumplimiento de una obligación legal o
contractual solo debe ser entendida como una condición
necesaria pero no suficiente para imponer la condena
punitiva. Dicho en otras palabras, si no hay incumplimiento
no puede haber daño punitivo, pero puede haber
incumplimiento sin daño punitivo, situación que se dará en
la mayoría de los casos.» y que «.El elemento de dolo o
culpa grave es necesario para poder condenar a pagar
daños punitivos.» (conf. López Herrera, Edgardo; «Los
daños punitivos», p. 378, Ed. Abeledo-Perrot, [Link]., 2011).
Esta postura también es avalada por una amplia mayoría de
la doctrina especializada en la materia (vg: Lorenzetti,
Ricardo Luis; «Consumidores», ps. 557/565, Ed. Rubinzal
Culzoni, Santa Fe, 2009), habiéndose concluido por
unanimidad en el III Congreso Euroamericano de Protección
Jurídica de los Consumidores, celebrado entre los días 23 a
25 de septiembre de 2010, que este instituto solo procede
cuando medie, al menos, grave negligencia o imprudencia
por parte del proveedor.
Su naturaleza no es compensatoria o indemnizatoria; los
daños punitivos persiguen la punición o castigo de
determinadas inconductas caracterizadas por un elemento
axiológico o valorativo agravado; pero también permiten
lograr fines disuasivos (CNCom., esta Sala in re «Acuña,
Miguel Ángel c. Banco de Galicia y Buenos Aires SA s/
sumarísimo» del 28/06/2016).
En esta orientación, entiendo que la multa civil es de
aplicación excepcional y requiere de la comprobación de
una conducta disvaliosa por la cual el responsable persiga
un propósito deliberado de obtener un rédito con total
desprecio de la integridad o dignidad del consumidor.
Por eso la norma concede al Juez una potestad que podrá o
no utilizar según entienda que la conducta antijurídica
demostrada presenta características de excepción.
En autos, el juez a quo contempló las pautas mencionadas y
la excepcionalidad de la sanción para decidir que en el caso
concreto, resultaba procedente la imposición de una multa
civil en concepto de daño punitivo por los siguientes
fundamentos: a) que la manifiesta indiferencia por el interés
ajeno que exhibió la empresa de medicina prepaga, se
podría configurar como dolosa conforme el art. 1724 última
parte del CCyCN (coincidente con el espíritu del cciv 512); y
que su accionar fue de una muy extrema y grave
negligencia, que infringió lo dispuesto, entre otros, por el
art. 42 de la Constitución Nacional, el art. 8 bis de la LDC y
los arts. 1097 y 1098 del Código Civil y Comercial de la
Nación.b) que el desconocimiento sistemático del derecho
del actor, obligó a este último a iniciar y a transitar diversas
instancias judiciales para obtener no solo la cobertura que
le correspondía, sino también el reintegro de los gastos que
debió afrontar y que la demandada los conoció
sobradamente, no solo por la sentencia dictada el
29/05/2014 en el cauce del juicio sobre amparo, que nunca
cuestionó, sino porque desde el primer momento fueron sus
prestadores -Sanatorio de la Trinidad de San Isidro y sus
galenos-, quienes lo atendieron y le prescribieron el
tratamiento que insumió las erogaciones que se negó a
cubrir , como así lo demostró su silencio frente a la misiva
que recibió el 05/09/2012, de modo que la pertinencia y la
legitimidad del reintegro aquí reclamado resultó
incuestionable. Y pese a ello la actitud procesal dilatoria por
parte de la demandada hizo que transcurrieran más de
cinco años para obtener el reconocimiento de su derecho. c)
que mediante el destrato y de un claro proceder deliberado
y desaprensivo, la demandada obtuvo un nítido beneficio
económico al no costear -en su momento-, ni reintegrar -
tiempo después-, la totalidad de las sumas que demandó la
internación domiciliaria del actor, imponiendo el inicio de
este pleito de cuyo trámite desapareció después de
celebrada la audiencia del cpr. 360 (28.10.16; fs. 783), con
lo que postergó por varios años el cumplimiento de su
obligación de pago. d) que el obrar de la demandada se
alejó claramente de la buena fe (cciv 1198; 961 y 1061 del
CCyCN), y es demostrativo de una manifiesta y grave
despreocupación por las necesidades del accionante en
condición de discapacidad (v. informes sobre los
certificados en fs. 1046/1048 y 1088/1092), por lo que debe
ser severamente sancionado.
Al respecto, se advierte que ninguno de estos sólidos
fundamentos brindados por el sentenciante fue refutado
adecuadamente por la [Link] recordar que no
basta disentir con la sentencia, sino que la recurrente debía
haber demostrado de manera precisa la existencia de los
supuestos errores fácticos y jurídicos y no lo hizo. La
recurrente no controvirtió ni exhibió las razones que
justificarían adoptar una decisión distinta a la formulada en
la anterior instancia.
Finalmente, no se puede soslayar la naturaleza de las
prestaciones que desarrolla la demandada, pues su
actividad requiere que se extremen los recaudos y la
diligencia para evitar que las decisiones intempestivas de la
prestadora de salud causen daños a las personas que
necesitan de sus servicios en forma impostergable.
Por todo lo expuesto, corresponde confirmar el importe
fijado en la sentencia de $ 5.000.000 en concepto de daño
punitivo, bien que manteniendo tal importe en la fecha de la
presente. d) Tasa de interés y mora:
En esta acción promovida por daños y perjuicios, en la
sentencia apelada no otorgaron intereses en el caso de la
indemnización por daño moral; ni respecto de la sanción por
daño punitivo porque en ambos casos estimó el monto de
condena a la fecha del pronunciamiento (02/02/2021).
Conforme surge de la aclaratoria de fs. 2530, el criterio del
juez de la anterior instancia, resulta coincidente con el de
esta Sala. Véase que en la causa «Arias» se dijo: «la suma
deberá abonarse dentro de los diez días de quedar firme
esta sentencia, y, siendo que la misma se establece a
valores actuales, solo se computarán intereses -conforme a
la tasa activa- en caso de mora en el pago de la
indemnización» (CNCom., esta Sala, 21/12/2020, «Arias,
Luis Alberto c/ La Meridional Compañía Argentina de
Seguros S.A. s/ ordinario», cita La Ley Online: TR LALEY
AR/JUR/67580/2020).
En cambio, sí ordenó el cómputo de intereses con relación a
los conceptos que integraron el daño emergente. Como ya
se mencionó, éste se encuentra constituido por: a) Farmacia
y honorarios médicos cuyas facturas y comprobantes fueron
acompañados:El juez hizo lugar a este concepto por la suma
de $ 137.410,76 y la mora para el cómputo de los intereses
la fijó a partir de que se produjo cada desembolso; b)
Medicamentos, material descartable y los honorarios de
diversos profesionales de la salud. Se trata de daño
emergente cuyo origen se encuentra acreditado; y por
consiguiente, los gastos resultan presumibles aunque sin
cuantificación exacta por no contar con las facturas o los
tickets. Por este concepto el a quo justipreció la suma de $
33.574 con más los intereses a devengarse a partir del
01/07/2013.
Respecto de la mora el juez a quo decidió que ante la falta
de una fecha precisa que pueda servir como dies a quo,
efectuó un promedio entre los meses que integraron el
período objeto de reclamo.
c) Por servicios de enfermería y asistencia domiciliaria: el a
quo reconoció la suma de $ 398.333 y fijó la mora desde
que se realizó el pago de los servicios, esto es, por un lado,
desde la fecha de los recibos que expidió y reconoció
Holmsky, así como de los obrantes a fs. 511 y sgtes. del
cuerpo III de la documentación original y por otro, al carecer
de esa prueba, desde el cuarto día hábil posterior al
vencimiento del mes trabajado (arg. LCT art. 126, a, y art.
128).
En otras palabras, en el caso del reclamo por reintegro de
gastos o daño emergente, el magistrado fijó la mora a partir
de la fecha que tuvo lugar la efectiva erogación. En los
supuestos en que se contó con facturas o comprobantes,
estableció esa fecha como la del dies a quo y en los que no,
el magistrado consignó una fecha correspondiente a la
época en que tales gastos o pagos de honorarios
presumiblemente tuvieron lugar. Sabido es que acreditado
el daño, su cuantificación debe ser fijada de acuerdo al
prudente arbitrio judicial conforme el art. 165 del CPR.
Así se ha señalado:»Si el cré[Link]á comprobado, el juez
puede y debe, aunque no medie prueba directa, establecer
su cuantí[Link] tal caso, la estimación ha de estar basada en
su experiencia general para casos análogos, en datos que
surjan con las mismas variables de otras sentencias,
etcétera. Procede con tales parámetros determinar el
monto del daño moral, la incapacidad sobreviniente, los
gastos de traslado cuando la víctima lesionada debió
recurrir a automóviles de alquiler, las erogaciones
sufragadas en medicamentos, propinas, prestaciones
asistenciales, etcétera» (Highton – Areán, Código Procesal
Civil y Comercial de la Nación, t. 3, p. 503).
Del mismo modo, es deber del juzgador determinar el
monto de condena y los intereses objeto del reclamo -en
caso de corresponder-; para poner fin al litigio y ello
también implica fijar la fecha de mora, que en autos fue
adecuadamente establecida para cada concepto en
particular.
La tasa que se determinó para el cálculo de los intereses
fue la tasa activa que percibe el Banco de la Nación
Argentina para sus operaciones ordinarias de descuento a
treinta días (conf. doctrina Plenario «SA La Razón SA s/ inc.
de pago de honorarios a los profesionales», del
24/12/1994), desde la mora hasta su efectivo pago.
No tendrá favorable acogida la crítica a la tasa de interés
fijada en la sentencia por cuanto «.rige en la especie la
doctrina plenaria de esta Excma. Cámara emanada del fallo
«La Razón SA s/ inc. de pago de honorarios a los
profesionales», del 24/12/1994, correspondiendo confirmar
que los réditos se computen a «tasa activa», que es de
aplicación común en el [Link], obligatorio conforme
el art. 303 del Cpr . y que fue sostenido por esta Sala aun
después de la entrada en vigencia de la ley 26.994
(CNCom., esta Sala, «Schwarz de Weinmann, Ilse L. y otro
[Link] de la Provincia de Buenos Aires s/ ordinario», del
29/06/2016).
Por lo demás, aplicar la tasa pasiva solicitada frente al
aumento de los índices inflacionarios que registró el país
durante los últimos años, impide reparar adecuadamente al
acreedor y beneficia al deudor moroso, situación que ya fue
reconocida en el año 2009 por la Excma. Cámara Civil al
dictar el plenario «Samudio de Martínez c. Transportes
Doscientos Setenta SA», del 20/04/2009, idem CNCom.,
esta Sala, in re «Baiter SA s/ quiebra», del 22/02/2018;
ídem, in re «Di Giacomo, Juan M. y otro c. Madero Tango SA
s/ ordinario» del 04/12/2018; idem, in re «Giampaoletti S.A.
c. Coto C.I.C. S.A. s/ ordinario», del 05/12/2019,La Ley
Online: TR LALEY AR/JUR/53872/2019).
En consecuencia, no encontrando fundamento alguno que
justifique el apartamiento de la doctrina plenaria,
corresponde resolver de conformidad con ella y confirmar
en este punto el pronunciamiento apelado.
Las antedichas conclusiones me eximen de considerar los
restantes argumentos esbozados por la recurrente (conf.
CNCom, esta Sala, mi voto, in re: «Perino, Domingo A. c.
Asorte S.A. de Ahorro para fines determinados y otros s.
ordinario» del 27-8- 89; CSJN, in re: «Altamirano, Ramón c.
Comisión Nacional de Energía Atómica» , del 13/11/1986;
ídem in re: «Soñes, Raúl c. Adm. Nacional de Aduanas» , del
12/2/1987; ídem, in re: «Stancato, Caramelo» del
15/9/1989; v. Fallos, 221:37; 222:186; 226:474; 228:279;
233:47; 234:250; 243:563; 247:202; 310:1162; entre otros).
Es que según doctrina fijada reiteradamente por la Corte
Suprema de Justicia de la Nación, el juez no tiene el deber
de analizar todos y cada uno de los argumentos propuestos,
sino tan solo aquéllos que a su criterio sean conducentes y
posean relevancia para la decisión del caso (Fallos 258:304;
262:222; 272:271; 291:390; 297:140; 301:970; entre otros).
[Link] Por último, subrayo que es principio general en
materia de costas que es la vencida quien debe pagar todos
los gastos de la contraria y, que el juez puede eximir de
ellos al litigante vencido, si encontrare mérito para ello,
debiendo aplicar tal excepción, restrictivamente (CNCom.,
esta Sala, in re, «P. Campanario SAIC c. Plan Ovalo SA de
Ahorro para fines determinados s. ordinario», del 20 03 90).
Estas, no importan una sanción para el perdedor, sino sólo
el resarcimiento de los gastos realizados por la parte
vencedora para ver reconocido su derecho. La finalidad
perseguida es que tales erogaciones no graviten en
desmedro de la integridad patrimonial de quien se ha visto
obligado a litigar por la actitud de su contraria.
Desde tal perspectiva, no se advierte que medien aquí
circunstancias arrimadas cuya peculiaridad fáctica o jurídica
permita soslayar el criterio objetivo de la derrota, debiendo
en consecuencia imponer a la demandada vencida por
aplicación del principio objetivo de la derrota (artículo 68
Cpr.).
Por tal motivo, corresponde que las costas de Alzada sean
impuestas a la demandada.
VI. Conclusión.
Como consecuencia de todo lo expuesto propongo a mi
distinguida colega: Rechazar la apelación deducida por la
defendida y por ende confirmar la sentencia apelada, con
costas de Alzada a la demandada vencida (Cpr. 68).
He concluido.
Por análogas razones la señora juez de Cámara la doctora
Matilde E. Ballerini, adhirió al voto anterior.
Con lo que terminó este Acuerdo que firmaron las señoras
jueces de Cámara.
Oportunamente, incorpórese la foliatura correspondiente al
Libro de Acuerdos Comercial Sala B, al momento de agregar
esta sentencia digital en soporte papel.
ADRIANA MILOVICH
PROSECRETARIA DE CÁMARA
Buenos Aires, 5 de Agosto de 2021.
Y VISTOS:
Por los fundamentos del Acuerdo que precede, se resuelve:
1. Confirmar la sentencia de la anterior instancia.
2. Imponer las costas de Alzada a la demandada vencida.
Regístrese y notifíquese por Secretaría, conforme
Acordadas N° 31/11 y 38/13 CSJN y devuélvase.
3. Cúmplase con la publicación a la Dirección de
Comunicación Pública de la CSJN, según lo dispuesto en el
art. 4 de la Acordada N° 15/13 CSJN.
MARÍA L. GÓMEZ ALONSO DE DÍAZ CORDERO
MATILDE E. BALLERINI