0% encontró este documento útil (0 votos)
4 vistas20 páginas

Estudio de Josué y Jueces en el AT

Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
4 vistas20 páginas

Estudio de Josué y Jueces en el AT

Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Panorama del Antiguo Testamento

Estudio 9: Josué y Jueces


El día de hoy, continuamos en el Antiguo Testamento, en las
narrativas de Josué y Jueces.
Los libros de Moisés, los primeros cinco libros han sido
completados. Así que ahora pasamos de la «Torá» o el
«Pentateuco» a los libros históricos.
Antes de estudiar cuidadosamente Josué y Jueces,
empecemos con algo de contexto.
Contexto
El libro de Josué fue escrito probablemente por el propio
Josué dentro de los primeros 15 años del siglo XIV a. C.
En el inicio del libro, como recordará, la nación de Israel
está fuera de la tierra de Canaán, hacia el este sobre el río
Jordán. Pero al final del libro ya habrán tomado y poseído la
tierra (como puedes ver en el mapa del folleto).
Podemos resumir Josué diciendo: Josué trata acerca de la
conquista. Los israelitas entran en la tierra, toman la tierra,
poseen la tierra y descansan.
El libro de Jueces empieza donde Josué termina. Israel ha
tomado la tierra, pero ahora el problema es si serán capaces o no
de mantenerla.
Como muestra el segundo mapa, el pueblo de Dios está bajo
presión de varias naciones vecinas.
Los acontecimientos narrados en Jueces ocurren durante un
período de aproximadamente 350 años, desde el momento que
murió Josué hasta la llegada del primer rey de Israel.
No sabemos quién es el autor de Jueces, pero creemos que
fue escrito poco después de que se registraran los últimos
eventos, en algún lugar a mediados o finales del siglo XII a. C.
Comencemos previsualizando algunos de los temas
principales en estos dos libros:
• Ahora, como es de esperarse, la tierra es una gran tema en
ambos libros: Josué se enfoca en cómo tomarla, y Jueces en
cómo mantenerla.
• Estrechamente relacionado a ese tema está la idea del
descanso. Descansar es el objetivo para el pueblo de Dios.
Josué termina positivamente de esta manera, con los
enemigos de Dios a raya y el pueblo de Dios disfrutando de su
comunión con él.
Jueces, sin embargo, es casi lo opuesto: el pueblo de Dios
comienza descansando, pero eso cambia rápidamente.
• Ambos libros también tratan acerca de la confianza. En
Josué, el pueblo debe confiar en Josué, su líder salvador, si
quieren tomar la tierra y disfrutar del descanso en ella.
Igualmente, en Jueces, será evidente que el pueblo de Dios
necesita confiar en un salvador si quieren mantener lo que Dios
les ha dado.
Consecuentemente nuestras dos oraciones temáticas son las
siguientes:
Para Josué tenemos…
CONFIANZA en un salvador FIEL para guiar al pueblo de
Dios a la tierra y al descanso.
Mientras que en Jueces tenemos…
NECESIDAD de un salvador PERFECTO para
MANTENER esta tierra y el descanso.
Hagamos una pausa por un momento. ¿Cuáles son algunos
de los paralelismos que existen entre lo que enfrentaba el
pueblo de Israel durante estos primeros años en la Tierra
Prometida
y lo que enfrentamos en nuestras vidas como cristianos?
Bueno, con estos temas en mente, empecemos nuestro
estudio de Josué con un panorama acerca de todo el libro.
El libro de Josué se divide precisamente en cuatro secciones
cronológicas, de cuatro períodos de confianza para los israelitas.
Al recorrer rápidamente estas secciones, puedes hojear su
Biblia para mirar los títulos de los capítulos y seguirme.
En los capítulos 1-5, descubrimos que los israelitas deben
confiar en Dios al ENTRAR en la Tierra Prometida.
Los israelitas empiezan (capítulo 1) con seguridad
confiando en Dios en las llanuras de Moab, pero deben
depender de Dios al espiar la tierra (capítulo 2),
y luego finalmente cuando cruzan el Jordán (al estilo de
Éxodo en los capítulos 3 y 4).
Más adelante, en los capítulos 6-13, descubrimos que esta
confianza debe extenderse a la guerra cuando empiezan a
TOMAR la Tierra Prometida.
En el capítulo 6, los muros de Jericó caen célebremente al
sonar de las trompetas. Después, los israelitas marchan hacia el
sur por la tierra, conquistando nación tras nación.
Luego en el capítulo 11, el pueblo se mueve hacia el norte y
derrota a todas las tribus cananeas del norte.
El capítulo 12 termina esta sección al revisar el terreno
tomado.
Después, con la tierra tomada, es tiempo de DISTRIBUIR
la Tierra Prometida en los capítulos 13 al 21.
La tierra para ser compartida por las 12 tribus se revisa en
los capítulos 13 y 14. Y luego su distribución abarca los
capítulos 15 al 21.
Finalmente, a medida que el libro de Josué llega a su fin, en
los capítulos 22-24, vemos la necesidad de que Israel
permanezca fiel mientras LOGRAN el descanso prometido.
Y así, en estos últimos tres capítulos, el pueblo de Dios
reflexiona sobre cómo deben disfrutar este descanso. Es decir,
descansar de la guerra, de las peregrinaciones y de sus
enemigos.
De acuerdo, con ese panorama en mente, volvamos a
nuestra oración temática para Josué: «Confianza en un salvador
fiel para guiar al pueblo de Dios a la tierra y al descanso».
Hay cuatro ideas que fluyen de esa oración clave en las
que quiero enfocarnos esta mañana.
La primera, como verá en Su folleto, es confiando como
pueblo de Dios. Ve conmigo al capítulo 1, versículo 5: «Nadie
te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve
con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé».
Entonces, aquí están: El pueblo de Dios en las afueras de la
Tierra Prometida, y el llamado es a ser fuertes y valientes.
¿Es eso autoconfianza? No, es la confianza en que el
mismo Dios que estuvo con Moisés estará con su pueblo
prometido nuevamente.
Esta idea de confiar en el hecho de que son el pueblo de
Dios destaca mucho más cuando son circuncidados en el
capítulo 5, para diferenciarlos de las otras naciones.
Y se reitera en el capítulo 8, cuando el pueblo renueva su
pacto con Dios.
Ahora bien, el pueblo no era merecedor de este derecho. De
hecho, estos dos acontecimientos ocurrieron antes de haberse
disputado una sola batalla.
Se les recuerda su estatus como pueblo de Dios, y eso les da
confianza de que pueden tomar la tierra.
Y, por supuesto, estamos en la misma posición, ¿no es así?
Como cristianos, somos el pueblo de Dios. No porque hayamos
hecho algo para merecerlo, sino únicamente por su gracia.
Y porque somos el pueblo de Dios, podemos tener la
seguridad de que entraremos en la tierra que él nos ha
prometido: el cielo.
El segundo tema que quiero extraer en esta sección es el
hecho de aunque los israelitas deben confiar en Dios, lo hacen al
confiar en Dios como su fiel salvador.
¿Notó en ese primer versículo que leímos cuán vinculado
está el éxito de la nación con la fidelidad y el liderazgo de
Josué?
Son el pueblo de Dios, pero es Josué quien los guiará a la
tierra. Él debe meditar en la Palabra de Dios día y noche, y
hacer conforme a todo lo que en ella está escrito (versículo 8).
Y por esa razón, el pueblo de Dios debe confiar en él. Y
maravillosamente, ¡lo hacen! Vaya conmigo los versículos 16-
17 del capítulo 1: «Entonces respondieron a Josué, diciendo:
Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e
iremos adondequiera que nos mandes. De la manera que
obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a
ti; solamente que Jehová tu Dios esté contigo, como estuvo
con Moisés».
Y así, porque Josué y los israelitas confiaron y obedecieron,
Josué fue capaz de conducirlos a la tierra.
De hecho, en contraste con Moisés y toda la desobediencia
que ocurrió en el desierto, esta nueva generación del pueblo de
Dios obedece a Josué. Confían en él como un salvador que
obedecerá al Señor.
De nuevo, los paralelismos del Nuevo Testamento para
nosotros no deberían ser tan difíciles de hacer. Josué (al igual
que Moisés) prefigura la venida del supremo y fiel salvador de
Dios.
Jesucristo obedece perfectamente la ley de Dios. Así que él
es quien nos lleva a los Cielos Nuevos y la Nueva Tierra, si le
obedecemos.
El tema principal en el libro de Josué, y el tercer tema, que
fluye de nuestra oración temática, es la necesidad de confiar en
Dios por la tierra.
Esto es importante, como podrá imaginar. Ahora, solo para
aclarar, la importancia de la tierra es un concepto que debemos
comprender.
Porque Canaán es mucho más que una simple propiedad
física. Es una imagen de lo que era el huerto del Edén, y de lo
que serán los Cielos Nuevos y la Nueva Tierra.
Para ver cómo se concreta este paralelismo de la tierra, ve
conmigo a un texto fascinante en el capítulo 5:13-15.
Mientras lo hace, permítame establecer brevemente el
contexto. El pueblo de Dios acaba de cruzar el Jordán, y el
pueblo de Dios está a punto de entrar por primera vez en el
lugar de Dios.
Sin embargo, esto no es tarea fácil, recordará cómo terminó
Edén en Génesis 3, con un ángel con una espada encendida
bloqueando la entrada para siempre.
Y, ¿qué es lo que ve Josué cuando se acerca al lugar
prometido de Dios? Versículo 13:
«13 Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón
que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su
mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros, o de
nuestros enemigos? 14 El respondió: No; mas como Príncipe del
ejército de Jehová he venido ahora. Entonces Josué, postrándose
sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su
siervo? 15 Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué:
Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo. Y
Josué así lo hizo».
Entonces, la tierra de Canaán es lugar santo, nos recuerda
que Dios está allí, y por causa del pecado, las personas
pecaminosas no pueden estar en él.
Por eso la espada de un ángel los encontró en Canaán. Pero
ahora, justo como se promete en Éxodo 23, está un ángel del
Señor.
Pero en esta ocasión, el ángel no bloquea el camino al lugar
de Dios. Al contrario, él ayuda al pueblo de Dios a tomar la
tierra activamente.
Ahora, el pueblo confía en Dios por la tierra. Dios envía su
ángel delante de ellos. Y… bueno, no es sorpresa: ¡ellos ganan!
Josué 21:43-35 nos da la cúspide de la historia redentora hasta
ahora:
«43 De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había
jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. 44 Y
Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado
a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente,
porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos. 45 No
faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho
a la casa de Israel; todo se cumplió».
Ni una sola palabra ha fallado. El pueblo está en posesión
del lugar de Dios, a salvo con él. Así como podremos decir
cuando estemos delante de él en el cielo.
Pero no podemos evitar ser perturbados por los brutales y
sangrientos capítulos entre la llegada del ángel en el capítulo 5 y
esta promesa maravillosamente cumplida en el capítulo 21.
De hecho, realmente Josué trata en gran parte acerca de
esto. Así leemos Josué 6:21 de Jericó: «Y destruyeron a filo de
espada todo lo que en la ciudad había; hombres y mujeres, jóvenes y
viejos, hasta los bueyes, las ovejas, y los asnos».
Y las ciudades del norte de Canaán en el capítulo 11,
versículo 20: «Porque esto vino de Jehová, que endurecía el
corazón de ellos para que resistiesen con guerra a Israel, para
destruirlos, y que no les fuese hecha misericordia, sino que fuesen
desarraigados, como Jehová lo había mandado a Moisés».
¿Qué debemos suponer de tanta violencia? ¿Y del Dios
que parece estar detrás de esto? ¿Qué sucede aquí?
Ahora, no podemos pasar mucho tiempo aquí, pero
permíteme hacer algunos comentarios que espero sean de ayuda.
Primero, es importante aclarar que Dios no está aprobando
la guerra santa aquí ni está diciéndoles a los cristianos que
deberían participar en las cruzadas del Medio Oriente.
En cambio, la campaña militar de Josué debe entenderse
como un acontecimiento único que fue ordenado por Dios en un
momento específico de la historia redentora.
En el tiempo de Josué, la tierra física era considerada santa.
Por tanto, era para el pueblo santo de Dios, un pueblo que debía
ser justo, amoroso y bueno.
No era para los cananeos, que según Deuteronomio 9 y
Génesis 15, eran un pueblo malvado, con quien Dios había sido
extremadamente paciente.
Más allá de eso, como discutimos anteriormente, la tierra
física pierde su importancia una vez que llega Jesús.
Actualmente, el pueblo de Dios no es un pueblo étnico y
nacional. Está conformado por personas de todas partes del
mundo con una sola ciudadanía: la celestial.
Entonces, ¿cómo deberíamos pensar acerca de estos
terribles acontecimientos? Bueno, Deuteronomio 9:4 nos dice
que los cananeos estaban siendo juzgados por su maldad.
Por su idolatría, crueldad, sacrificio de niños, entre otras
cosas. Lo cual debería ser bastante grave para nosotros.
Porque significa que esta campaña militar en específico de
completa destrucción en Josué es simplemente un presagio de
algo más. El único y terrible juicio que todos enfrentaremos
cuando Jesús regrese.
De ninguna forma deberíamos pensar que somos mejores
que los cananeos. Y debemos recordar que la conquista de
Canaán es una comparación sin comparación del gran y
horroroso día de la venida del juicio para todos.
Así que deberíamos estar más que agradecidos de nuestra
salvación en Jesús, la salvación de un juicio verdadero.
Bueno, al concluir Josué, quiero que miremos un último
aspecto, esa última palabra en tu oración temática: descanso.
Confiando en Dios por el descanso.
Vaya conmigo una vez más a Josué 21:43-44:
«43 De esta manera dio Jehová a Israel toda la tierra que había
jurado dar a sus padres, y la poseyeron y habitaron en ella. 44 Y
Jehová les dio reposo alrededor, conforme a todo lo que había jurado
a sus padres; y ninguno de todos sus enemigos pudo hacerles frente,
porque Jehová entregó en sus manos a todos sus enemigos».
Observe aquí en estos versículos climáticos cuánto se hace
de esta idea de «descanso». El versículo 43 dice que Dios les
dio la tierra. Y el versículo 44 dice que les dio descanso.
Ambos, la tierra y el descanso, son casi sinónimos.
Pero, obviamente, ese descanso fue tenue, ¿no? Estaba
garantizado sólo mientras el pueblo mantuviera su parte del
pacto, lo cual sabían que no harían.
Así que Hebreos 4 toma esta idea de la Tierra Prometida
como descanso y explica que este tenue reposo apuntaba hacia
el descanso perfecto de comunión inquebrantable con Dios.
Versículo 8:
«Porque si Josué les hubiera dado el reposo, no hablaría
después de otro día. Por tanto, queda un reposo para el pueblo de
Dios. Porque el que ha entrado en su reposo, también ha reposado de
sus obras, como Dios de las suyas».
A medida que lees Josué, entonces toma todo ese anhelo de
descanso y aplícalo en tu propia vida.
Desea junto con estas personas el descanso de tus propias
obras, mientras confías en la obra perfecta de Jesucristo en su
lugar. Como Jesús dijo en Mateo 11:28: «Venid a mí todos los
que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar».
Eso fue Josué. Ahora vayamos a Jueces. ¿Cuán tenue es
este descanso? En realidad bastante tenue, ya veremos.
Hagamos un breve panorama de todo el libro, y luego
veremos algunos temas específicos.
En el capítulo 1, la historia comienza bastante sombría:
cinco palabras y Josué ya murió.
No solo eso, sino que en el resto del capítulo descubrimos
que Israel ha fallado en su misión de destruir a ciertas tribus.
El resultado de esto es que Israel desciende a un ciclo
repetido de rebelión, seguido de sufrimiento,
seguido de un clamor a Dios, seguido por Dios levantando
un salvador, un juez que los rescata de sus enemigos. Seguido
por más rebelión.
Este ciclo se repite nueve veces a lo largo de catorce
capítulos. Pero es importante que notemos que este ciclo no es
el mismo cada vez.
Es una espiral descendente. De hecho, la victoria de cada
juez es cada vez más elusiva a medida que el libro continúa.
Otoniel, en el capítulo 3, logra una victoria completa... pero
Aod, su sucesor, obtiene la victoria solo por medio del engaño.
En el capítulo 4, Débora consigue la victoria, pero algunas
de las tribus están malditas. Gedeón obtiene la victoria, en los
capítulos 6-8, pero finalmente tenemos una guerra civil.
Jefté, en los capítulos 10-12, logra la victoria, pero está
oscurecida por la tragedia de su hija, y nuevamente las cosas
finalmente se convierten en una guerra civil.
Y a pesar de que ocasiona un gran daño, Sansón, el último
y más famoso juez de todos, en realidad nunca derrota a los
filisteos, en los capítulos 13-16.
Entonces, cuando llegamos al capítulo 17, Israel se
encuentra sumergido en su pecado.
Los capítulos 17-18 revelan su corrupción religiosa,
mientras que los capítulos 19-21 revelan su corrupción moral y
social.
Cuando el libro concluye, el autor reflexiona tristemente
sobre la difícil situación de los israelitas y su desesperada
necesidad de un salvador perfecto y de un verdadero descanso
en la tierra.
De acuerdo. Regresemos a nuestra oración temática para
Jueces: «Necesidad de un salvador perfecto para mantener esta
tierra y el descanso». De aquí desarrollaremos tres ideas claves
y puntos de aplicación.
Primero que todo, es importante observar que a lo largo del
libro de Jueces los israelitas necesitan desesperadamente ser
separados como pueblo de Dios. ¿A qué me refiero con esto?
Mire conmigo dónde se encuentra la raíz de los problemas
en Jueces. Capítulo 1:27-29:
«27 Tampoco Manasés arrojó a los de Bet-seán, ni a los de sus
aldeas, ni a los de Taanac y sus aldeas, ni a los de Dor y sus aldeas,
ni a los habitantes de Ibleam y sus aldeas, ni a los que habitan en
Meguido y en sus aldeas; y el cananeo persistía en habitar en aquella
tierra. 28 Pero cuando Israel se sintió fuerte hizo al cananeo
tributario, mas no lo arrojó. 29 Tampoco Efraín arrojó al cananeo
que habitaba en Gezer, sino que habitó el cananeo en medio de ellos
en Gezer».
Y así continúa...
Ve que el núcleo del problema de los israelitas es que
olvidaron que debían vivir separados del resto de las naciones.
Debían ser santos, apartados del mundo. Habían recibido la
orden de eliminar a los enemigos de Dios de la tierra y vivir
vidas santas.
Pero, como lamentablemente señala el versículo 10 del
capítulo 2, esta nueva generación «no conocía a Jehová, ni la
obra que él había hecho por Israel».
Vivieron con los cananeos, y luego vivieron como ellos.
Ese es uno de los principales puntos del libro. Desde el primer
relato, en el capítulo 1, versículos 1-7, de cómo tratan a un rey
cautivo como lo harían los cananeos, en lugar de cómo Dios les
había dicho que lo hicieran.
A la repugnante historia de violación, mutilación y
asesinato al final del libro.
Cuando un israelita pasó por un pueblo cananeo para
refugiarse en un pueblo hebreo, y actuó, y fue tratado, mucho
peor de lo que los cananeos habrían hecho alguna vez.
Este gran problema, al que a menudo se hace referencia en
los comentarios, como «canaanización» debería ser una dura
advertencia para nosotros como pueblo de Dios en el mundo de
hoy.
No importa cuán seguros pensemos que somos como
cristianos, no debemos olvidar que la apostasía puede estar a la
vuelta de la esquina.
Los israelitas estaban disfrutando del descanso de «Josué»
cuando todo se fue cuesta abajo. Y se fue cuesta abajo tan
rápido.
Por encima de eso, deberíamos tomar buena nota de lo que
causó su caída.
El pueblo de Dios olvidó quiénes eran, a diferencia de la
generación anterior, que siempre lo recordaba mediante la
lectura de la Palabra de Dios, las Pascuas y la circuncisión.
Se comportaron como las naciones vecinas. Se mezclaron y
casaron con ellos, y rápidamente fueron atraídos al pecado.
Como cristianos, ciertamente vivimos en el mundo, pero
debemos cuidar cómo vivimos en él, porque no debemos ser
para nada como él.
El segundo punto es el castigo de Dios que lleva al
arrepentimiento, que se repite a través de los nueve ciclos de
Jueces.
Para ayudarnos a ver esta idea un poco mejor, sigamos un
ciclo, el ciclo del primer juez, Otoniel, en el capítulo 3.
El ciclo inicia en el capítulo 3, versículo 7, con Israel
olvidando a Dios y sirviendo a otros dioses. Como
consecuencia, Dios está justamente enojado, versículo 8, y esto
ocasiona el castigo de Dios.
En el versículo 8, puedes ver que este castigo específico es
la esclavitud. Pero en el versículo 9, los israelitas claman a
Dios. Entonces Dios provee un salvador, versículo 9, quien va a
la guerra, versículo 10, y, versículo 11, restaura la paz.
Pero en el versículo 12, el ciclo comienza nuevamente.
Como dije, puedes buscar ese patrón de acontecimientos en
el resto de las historias en Jueces.
El objetivo es siempre poner en relieve la constante
necedad y el pecado de Israel, y la gran justicia de Yahveh
seguida luego de su gran misericordia.
Tristemente, el pueblo de Dios requiere continuamente del
juicio de Dios. De hecho, continuamente son oprimidos por
enemigos extranjeros, enviados por Dios para llevarlos al
arrepentimiento.
Ahora bien, necesitamos ser muy cuidadosos con la manera
en que aplicamos esto, en este lado del Nuevo Testamento.
Pero, en cierto sentido, creo que a menudo vemos al
Espíritu de Dios actuar así.
Algunas veces es solo al ver las consecuencias de la vida
sin Dios —en la total decadencia del mundo que nos rodea—,
que podemos darnos cuenta de nuestra necesidad de Dios.
Lo que nos lleva a gritar de arrepentimiento.
Sin embargo, siguiendo esta idea, debemos ver el tema
principal en todo el libro de Jueces es la necesidad de un
salvador perfecto que conduzca al verdadero descanso.
Verá, cada ciclo en Jueces nos recuerda que el pueblo de
Dios necesita un salvador. Anteriormente, el pueblo de Dios
tenía a Josué, pero Josué muere.
Después de él vienen estos jueces, que son tipos de Cristo.
Pero no son eternos ni fieles. Sí, los salvan brevemente, pero
estos jueces no son los mejores modelos éticos, ni tienen un
gobierno duradero.
Lo que se necesita es una monarquía, una línea de reyes
salvadores perfectos, que guíen al pueblo de Dios a obedecer
perfectamente su palabra.
Lo interesante es que en Jueces, justo en el centro del libro,
en el centro de este oscuro libro, el pueblo de Dios consigue un
rey. No es Saúl ni David, sino Abimelec.
Vaya conmigo Jueces 9:6: «Entonces se juntaron todos los
de Siquem con toda la casa de Milo, y fueron y eligieron a
Abimelec por rey, cerca de la llanura del pilar que estaba en
Siquem».
Pero este no es un rey fiel. Hace lo que él considera que
está bien: tiene muchas esposas, asesina despiadadamente a sus
propios hermanos, y lleva al pueblo de Dios a un infidelidad
absoluta.
Así que para cuando llegamos al final del libro no es
sorpresa leer la línea que sintetiza a todo Jueces: «En estos días
no había rey en Israel; cada uno hacía lo que bien le parecía»
(21:25).
Es como si el autor dijera: «Esta clase de cosas que hemos
visto en Jueces, todo el pecado del pueblo y las invasiones de
ejércitos extranjeros y la pérdida del descanso, ¡no hubiese
sucedido si tuviésemos un rey fiel al pacto de Dios!».
Este es el impulso que empuja la narrativa hacia el resto del
Antiguo Testamento. El pueblo necesita más que al profeta
Moisés. Necesitan más que al sacerdote Aarón.
Necesitan más que al salvador Josué, y definitivamente más
que estos jueces salvadores. ¡Ellos necesitan un rey!
¿Pero qué tipo de rey? Cuando entremos en 1 y 2 Samuel,
veremos que definitivamente no es un rey como Saúl.
O incluso David o su hijo Salomón. Todas estas figuras se
acercan a ese rey perfecto, pero todas se quedan cortas.
¿A quién nos señalan todos estos líderes? Como puede
adivinar, Jesús. Solamente él puede liberar perfectamente a su
pueblo de todo su dolor.
Y como vimos anteriormente, en Mateo 11, solo él brinda
un «descanso» eterno.
Solamente Cristo es capaz de resolver los problemas que
estos jueces solo pudieron abordar temporalmente. Porque solo
Cristo obedeció todas las leyes de Dios.
Y solo Cristo es el rey perfecto sobre su pueblo. Pero me
adelanto. Hablaremos más acerca de Cristo como nuestro gran
rey la próxima semana. Por ahora, dejamos el libro de Jueces
llamando, orando y esperando un rey.
Eliminado del punto acerca del descanso en Josué:
¿Qué significa para Israel tener «descanso», y qué
significa eso en la escala del plan de Dios para todos los
tiempos?
Bueno, en Josué encontramos algunas pistas de lo que eso
podría significar. En el capítulo 11:23 leemos: «la tierra
descansó de la guerra», y en el capítulo 23, versículo 1,
escuchamos que a Israel se le da «reposo de todos sus enemigos
alrededor».
Así que el descanso se obtendrá mediante la eliminación de
los enemigos de Dios.
Pero para responder a la pregunta de quiénes son los
enemigos de Dios y el alcance del descanso de Dios a través de
los tiempos, necesitamos ir a otro lado.
Antes que nada, regresemos a Génesis 3. Aquí, si lo
recuerdan, Adán y Eva se han rebelado contra Dios y están
recibiendo su justo castigo.
Pero en medio de eso escucha lo que Dios le dice a la
serpiente: «Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu
simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás
en el calcañar».
El gran enemigo del ser humano es la serpiente —es decir,
Satanás— quien tienta al hombre para que arruinara la tierra de
Dios, el que continuará atacando a la descendencia de la mujer.
No obstante, ese pasaje de Génesis también promete un
tiempo en el que habrá una eliminación total de este enemigo de
la tierra, cuando la cabeza de Satanás sea aplastada por el
hombre.
Y en Josué tenemos una pequeña gloriosa muestra de esa
tierra libre de enemigos y victoria para el pueblo de Dios. Mira
Josué 10:24-26:
«24 Y cuando los hubieron llevado a Josué, llamó Josué a todos
los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra
que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros PIES sobre los
CUELLOS de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus PIES
sobre los CUELLOS de ellos. 25 Y Josué les dijo: No temáis, ni os
atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos
vuestros enemigos contra los cuales peleáis. 26 Y después de esto
Josué los hirió y los mató, y los hizo colgar en cinco maderos; y
quedaron colgados en los maderos hasta caer la noche».

También podría gustarte