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El Pacto Renovado en Deuteronomio

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Panorama del Antiguo Testamento

Estudio 8: «El pacto renovado» Deuteronomio

Introducción
El día de hoy, al concluir nuestro panorama acerca de los
cinco libros de Moisés, encontraremos una de las mayores
transiciones en la Biblia, cuando el pueblo de Israel se
prepara para entrar en la Tierra Prometida.
Mientras esperan en las llanuras de Moab por ese tan
anhelado día, Moisés comunica tres últimas exhortaciones al
pueblo en nombre de Dios.
Estos sermones conforman la mayor parte de nuestro
libro de hoy: Deuteronomio.
El nombre proviene del griego que significa «segunda
ley», debido a que gran parte es una segunda entrega de la
ley que ya hemos visto en el Pentateuco.
Pero este libro es mucho más que una repetición de la
ley. Es el resumen bíblico del pacto de Dios con Israel.
Como verá en el resto del panorama del Antiguo
Testamento, los autores continúan regresando a un libro más
que a ningún otro en el Pentateuco.
Regresan a Deuteronomio. Es clave para entender Josué.
Y Jueces. Lo usaremos para estructurar nuestro estudio de 1 y
2 Samuel. Y 1 y 2 Reyes. Este libro es fundamental para el
resto de la Escritura.
Ahora bien, una de las razones por las que es
fundamental es porque nos ayuda a entender el rol de la ley y
el de la gracia en nuestra salvación.
Así que comencemos allí. Algunos han dicho que en el
Antiguo Testamento, las personas son salvas por la obras
mientras que en el Nuevo, por la gracia.
Pero sabemos que eso no es cierto. Romanos 3 deja en
claro que la salvación siempre ha sido únicamente por gracia.
Entonces, sobre la base de tus conocimientos acerca del
Antiguo Testamento, ¿cuáles son algunos de los lugares
donde se habla de nuestra necesidad de la gracia de Dios?

Contexto
Hablemos un poco acerca del contexto del libro, y luego
nos adentraremos en nuestro estudio.
La semana pasada quedamos al final de Números, con
Israel en las llanuras de Moab, justo al frente del río Jordán
de la Tierra Prometida. Cerca del año 1400 a. C.
La primera generación que salió de Egipto ha muerto. La
segunda generación está lista para entrar y poseer Canaán.
Y al terminar Números, empezamos Deuteronomio.
Vemos en los versículos iniciales que este será un libro de los
sermones de Moisés.
¿Pero por qué? Si están tan cerca de esta tierra que han
estado soñando durante 40 años, ¿por qué se detendrían
aquí en la frontera… para escuchar sermones? ¿Por qué?
Porque hay mucho más en juego que un lugar para vivir.
Israel es una nación fundada en las promesas de Dios que ha
sido sostenida por el poder de Dios.
Han sido rescatados de la esclavitud, constituidos como
una nación, introducidos en un pacto con Yahveh, han
recibido leyes buenas y un tabernáculo donde habita la
presencia de Dios.
Por tanto, poseer la tierra de Canaán es la última pieza en
el rompecabezas que se une para que Dios cumpla todas sus
promesas a Abraham.
Ahora, ellos podrían fácilmente confundirse y pensar que
todo lo que necesitan es un lugar para vivir.
Así que para contrarrestar eso, Dios usa Deuteronomio
para renovar su pacto con ellos: el rompecabezas completo y
terminado de su relación con ellos.
Deuteronomio es el libro al que las futuras generaciones
regresarían una y otra vez. Para entender quiénes son y lo
que significa para ellos estar en un pacto con Yahveh.

Estructura
Dicho esto, veamos cómo este pacto moldea la
estructura de este libro.
Recordará que definimos un pacto como un vínculo de
sangre, administrado soberanamente .
Un acuerdo vinculante entre dos partes con términos y
condiciones.
En el antiguo Cercano Oriente, era común que los
gobernantes usaran un pacto para garantizar sus alianzas.
Por lo general, los términos del pacto se establecían en
un documento que era ratificado en una ceremonia solemne
con juramentos, testigos y un sello o signo simbólico.
Bueno, si ha estado con nosotros en los estudios del
Antiguo Testamento hasta ahora,
sabe que este modelo de pacto es una de las principales
formas en que Dios escogió tratar con su pueblo.
Hemos visto cómo Dios pactó con Abraham para hacer
de sus descendientes una gran nación, con Yahveh reinando y
gobernando sobre ellos en Canaán.
Luego, en Éxodo, vimos que las obligaciones de los
descendientes de Abraham quedaron vinculadas a un nuevo
pacto: los Diez Mandamientos y las leyes en Éxodo 20-24.
Este pacto, llamado Pacto Mosaico, fue un avance
misericordioso en el plan redentor de Dios;
convirtió al pueblo en una nación; reveló el carácter
santo de Dios a través de su ley,
y estableció el sistema sacrificial que preparó el camino
para la expiación de Cristo en la cruz .
Pero también impuso formalmente una obligación para
la nación de Israel: ser santos como Dios es santo, con la
maldición de la muerte si fallaban.
Este Pacto Mosaico es expuesto y ratificado aquí en
Deuteronomio.
De hecho, vaya a la última página de su folleto, y verá
que todo el libro de Deuteronomio sigue el formato de un
documento pactal utilizado comúnmente en el antiguo
Cercano Oriente.
Iniciamos con un prólogo histórico en los capítulos 1-4,
donde Moisés en su primer discurso hace referencia a la
pasada fidelidad de Dios para con el pueblo.
Más adelante, el corazón del libro es el segundo discurso
de Moisés.
Allí, detalla las estipulaciones del pacto que unen al
pueblo.
En primer lugar, los mandatos generales en los capítulos
5-11 acerca de su relación exclusiva con Dios.
Luego, los mandatos específicos en los capítulos 12-26 de
cómo actuar como el pueblo de Dios en la tierra.
En el tercer discurso de Moisés, él explica las
bendiciones y maldiciones que resultarán si el pueblo es fiel o
infiel al pacto.
El cierre del libro ofrece una ventana al futuro de Israel
como pueblo del pacto de Dios.
Durante el resto de nuestro estudio, estudiaremos este
documento del pacto sección por sección.
Prólogo histórico - Capítulos 1-4
Primero, el prólogo histórico del pacto. Los capítulos 1 al
4 son una reseña de la relación de Israel con Yahveh hasta la
fecha.
¿El tema? Yahveh ha demostrado ser justo y
misericordioso. La historia aquí es la misma que vimos la
semana pasada en Números.
La falta de confianza del pueblo en el poder de Dios (Dt.
1:32), Dios se niega a dejar que la primera generación entre
en la tierra (Dt. 1:35),
las peregrinaciones del pueblo en el desierto (Dt. 2:14),
la provisión misericordiosa de Dios (Dt. 2:7) y la victoria
militar (Dt. 2:24-3:11).
El resumen de todo esto es: 4:35: «A ti te fue mostrado,
para que supieses que Jehová es Dios, y no hay otro fuera
de él». Moisés continua en el versículo 40: «Y guarda sus
estatutos y sus mandamientos, los cuales yo te mando hoy,
para que te vaya bien a ti y a tus hijos después de ti, y
prolongues tus días sobre la tierra que Jehová tu Dios te da
para siempre».
Un Dios perfectamente fiel exige fidelidad perfecta para
sí.
Esa es la historia: Dios ha sido misericordioso. Y esa es la
encomienda: así que sigan solo a Dios.
¿Qué significará para el pueblo obedecer esa
encomienda una vez que estén la tierra?
Dios les dice, al darles las estipulaciones del pacto en el
próximo discurso de Moisés.

Estipulaciones generales: Amor y fidelidad – Capítulos 5-11


Estas comienzan con algunas leyes generales en el
capítulo 5. Si va allí, verá una reiteración de los Diez
Mandamientos.
Pero Dios deja en claro que su relación con Israel no
consiste simplemente en seguir normas y regulaciones.
En el corazón de estos mandamientos hay una historia de
amor. Mira Deuteronomio 6:4-6: «4 Oye, Israel: Jehová
nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a Jehová tu Dios de
todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
6 Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu
corazón».
Esta es la famosa «Shema», que es la palabra hebrea
para «oír». Lo más importante que los israelitas deben
escuchar es que Yahveh es un solo Dios.
Él es el único Dios, y la respuesta adecuada al único Dios
verdadero es un amor total y consumidor. ¿En qué consiste
este amor?
En obedecer los mandatos de Dios. Porque sus
mandamientos deben «estar sobre tu corazón», lo que los
antiguos hebreos entendieron como la mente,
la voluntad, las emociones, los pensamientos, todo lo
que constituye el carácter interno de una persona.
Pero si este amor total y exclusivo se encontraba en el
centro de cómo Israel debía comprometerse con su Dios del
pacto, era simplemente porque Dios los había amado
primero.
Escuche estas increíbles palabras, solo un capítulo
después, en Deuteronomio 7: 7-8:
«7 No por ser vosotros más que todos los pueblos os ha
querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el más
insignificante de todos los pueblos; 8 sino por cuanto Jehová
os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros
padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha
rescatado de servidumbre, de la mano de Faraón rey de
Egipto».
Aquí tenemos una ventana majestuosa al misterio del
amor electivo de Dios.
Él escogió a este pueblo simplemente porque lo amaba.
No por nada acerca de ellos; simplemente los amaba.
Su relación con Dios se basa enteramente en la gracia de
Dios.
También podemos aplicar esto a nuestras vidas. Aunque
nos encontramos en un capítulo diferente de la historia
redentora, el amor todavía debería estar en el centro de
cómo nos relacionamos con Dios.
Cuando Jesús preguntó cuál eral gran mandamiento, citó
Deuteronomio 6:4: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu
corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con
toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo».
Pero, al igual que Israel, debemos reconocer que solo
podemos amar a Dios porque él nos escogió y amó primero.
Amamos a Dios cuando primero comprobamos su amor
misericordioso y electivo para con nosotros.
Y al mirar esta sección general de las estipulaciones del
pacto, vemos que una parte crucial de amar a Dios consiste
en obedecer el primer mandamiento: no tener dioses ajenos
delante de él.
Es por ello que Moisés instruye al pueblo a destruir
completamente los ídolos extranjeros en el capítulo 7 (7:5-6),
a nunca olvidar la fidelidad de Dios en el capítulo 8 (8:10-
14), y a recordar que la idolatría es mortal en el capítulo 9
(9:27-29).
Con este principio rector de fidelidad amorosa en orden,
Moisés procede a explicar las estipulaciones específicas del
pacto para la vida de la nación en la Tierra Prometida.
Capítulos 12-26.

Estipulaciones específicas: Justicia y santidad – Capítulos 12-


26
Moisés empieza diciendo: «Estos son los estatutos y
decretos que cuidaréis de poner por obra en la tierra que
Jehová el Dios de tus padres te ha dado para que tomes
posesión de ella, todos los días que vosotros viviereis sobre
la tierra» (12:1).
El objetivo de estos 15 capítulos es que como pueblo de
Dios en la tierra de Dios, deben adorar solo a Dios, reflejar la
santidad de Dios y representar la justicia de Dios.
Pero… a pesar de ese propósito directo, esta sección de
Deuteronomio quizá sea la más difícil de abordar al meditar
sobre este libro en nuestros devocionales personales.
¿Por qué? Bueno, el principio general en 12:1 es seguido
de diferentes mandatos que en realidad no parecen aplicarse
a nosotros.
Como por ejemplo, cómo destruir ídolos (capítulos 12-
13), alimentos limpios e impuros (capítulo 14), diezmos,
propiedad de animales y fiestas nacionales (capítulos 14:22-
16:17). ¿Cómo vamos a dar sentido a todas estas leyes?
Por un lado, es útil ver que hay una estructura básica
establecida. Si mira el reverso de su folleto, verá una guía a
este formato subyacente: en términos generales, las leyes
siguen el orden de los Diez Mandamientos.
Ahora bien, conocer esa estructura puede ser útil, pero
no nos dice todo lo que necesitamos saber acerca de cómo
aplicar estas leyes en la actualidad.
Para entender eso, necesitamos retroceder y revisar en
qué capítulo de la historia redentora se encuentra
Deuteronomio.
Como ya hemos discutido, este período en la Biblia ve a
Dios cumplir sus promesas a Abraham al establecer a Israel
como su pueblo especial.
A fin de preparar el escenario para Cristo, la simiente
prometida de Eva, Dios está misericordiosamente apartando
a Israel.
Ellos son la nación santa de la que descendería el Mesías.
Y el hecho de que Israel es la nación del pacto de Dios
significa que están obligados a obedecer su ley.
Cuando lea estas leyes, recuerde el contexto: fueron
dadas a Israel en un momento específico de la historia.
Ahora bien, actualmente, Cristo ha venido. Estamos en
una etapa diferente de la historia redentora. Sin embargo,
eso no quiere decir que esta ley es irrelevante.
Como conversamos hace unas semanas, la ley todavía
revela el carácter perfecto de Dios,
aún expone nuestra necesidad de un Salvador, y todavía
instruye a los cristianos acerca de cómo vivir .
Jesús dijo en Mateo 5:17 que no vino a abolir la ley. Al
contrario, vino para cumplirla.
Ahora, en cierto sentido, él la cumplió al obedecerla
perfectamente.
Entonces, Deuteronomio 27:26 dice: «Maldito el que no
confirmare las palabras de esta ley para hacerlas».
Puesto que Jesús fue el único que las «confirmó», es el
único que no está bajo maldición.
Por esa razón, fue capaz de morir en nuestro lugar, llevar
nuestra maldición, para que podamos ser libres de la
maldición de la ley. (Cf. Ro. 6:14).
Pero eso no es todo lo que Jesús quiso decir cuando dijo
que «cumplió» la ley.
En Juan 5:39, Jesús afirma que el Antiguo Testamento da
testimonio de él.
Es su retrato, por así decirlo. Y eso es exactamente lo
que vemos al leer cómo los autores del Nuevo Testamento
usan el Antiguo Testamento. Ven el Antiguo Testamento
señalando a Cristo.
Muy bien. Buen contexto de la ley. Pero todavía no
sabemos cómo aplicarlo, ¿cierto? Hagamos de esto algo
práctico.
Para entender cómo aplicar una sección de la ley del
Antiguo Testamento, necesitamos entender exactamente
cómo señala a Cristo.
Cómo se cumple en Cristo. Para hacer esto, un punto de
partida útil es dividir la ley en tres categorías diferentes.

• Las leyes morales son en gran parte permanentes y se


aplican directamente a nosotros, porque no están limitadas al
contexto nacional y étnico de Israel. Un primer ejemplo sería
el Gran Mandamiento («Amarás al Señor»…).
• Por otro lado, las leyes civiles aplicadas a la nación
política del gobierno y jurisdicción de Israel,
• y las leyes ceremoniales trataban acerca de los
sacrificios en el templo de Israel, las ofrendas religiosas y las
fiestas nacionales.
Estas leyes apuntaban a Cristo. Así que una vez que
Cristo vino, su propósito fue completo.
Por tanto, ya no son vinculantes para los cristianos.
Entonces, dado que la ley se cumple en Cristo y que se
divide ampliamente en esas tres categorías,
permítanme sugerir tres maneras en las que podemos
aplicar de forma práctica la ley en la actualidad:
• En primer lugar, debemos seguir las instrucciones del
Nuevo Testamento con respecto a estas leyes.
Por ejemplo, ¿las leyes acerca de alimentos limpios e
inmundos como vemos en Deuteronomio 14?
En el N.T., Marcos 7 y Hechos 10 enseñan que los
cristianos no necesitan seguir esas reglas, formaban parte de
la ley ceremonial.
Pero, en contraste, las leyes morales que se repiten o
incluso se amplifican en el N.T., como «no matarás», son
válidas para los cristianos de hoy.
• En segundo lugar, debemos entender lo que estas leyes nos
enseñan acerca del carácter de Dios.
Deuteronomio 22:11 prohíbe a los israelitas mezclar lana
y lino en la misma prenda de vestir,
para recordarles la santidad de Dios y la distinción de la
nación del resto del mundo. No tenemos que obedecer esta
ley, pero nos dice algo importante acerca de Dios.
• En tercer lugar, deberíamos apreciar la perfección de Jesús,
porque él cumplió todas estas leyes. Todas ellas.

Espero que pueda ver que a pesar de que se requiere de


algún trabajo interpretativo, estas leyes son muy instructivas
para nuestras vidas como cristianos.
Deberíamos ser como el salmista que declaró: «De tus
mandamientos (leyes) he adquirido inteligencia; Por tanto,
he aborrecido todo camino de mentira» (Salmo 119: 104).
Pero lo que es más importante, ¡estas leyes deberían
indicarnos nuestra necesidad de un Salvador!
Como dijo Lutero: «El principal propósito de la ley en la
teología es hacer que los hombres no sean mejores sino
peores; es decir, les muestra su pecado, para que al
reconocer su pecado puedan ser humillados, asustados y
agotados, y así puedan anhelar la gracia y la descendencia
bendita».

Tercer discurso de Moisés: Renovación del pacto – Capítulos


27-30
Al avanzar hacia el último sermón de Moisés,
pongámonos una vez más en los zapatos de los israelitas.
Puede ver la Tierra Prometida esperando en la distancia.
Acabas de escuchar los estándares de Dios, y son
completamente elevados.
Ahora bien, en los capítulos 27-30, aprendemos cuán
altos son los riegos.
Si Israel dedica su corazón a Yahveh, el pacto promete
grandes bendiciones.
Deuteronomio 28:10-11: «10 Y verán todos los pueblos
de la tierra que el nombre de Jehová es invocado sobre ti, y
te temerán. 11 Y te hará Jehová sobreabundar en bienes, en
el fruto de tu vientre, en el fruto de tu bestia, y en el fruto
de tu tierra, en el país que Jehová juró a tus padres que te
había de dar».
De hecho, hay catorce versículos inspiradores en el
capítulo 28 resaltando las bendiciones para la fidelidad del
pacto.
Sin embargo, si Israel no permanece fiel a Yahveh, el
pacto incluye maldiciones terribles… Setenta versículos
devastadores de ellas, en los capítulos 27 y 28.
¿La mayor maldición de todas? El exilio de la Tierra
Prometida.
Escuche Deuteronomio 28:36-37: «36 Jehová te llevará
a ti, y al rey que hubieres puesto sobre ti, a nación que no
conociste ni tú ni tus padres; y allá servirás a dioses ajenos,
al palo y a la piedra. 37 Y serás motivo de horror, y servirás
de refrán y de burla a todos los pueblos a los cuales te
llevará Jehová».
¡Si somos el pueblo de Israel escuchando a Moisés,
nuestros corazones deberían temblar en este momento!
¡Las maldiciones son terribles! Y las bendiciones solo
vienen… ¿si somos perfectos?
Parece que el fracaso es inevitable. Deuteronomio nos
deja sin falsas impresiones de que el pueblo será capaz de
mantener las demandas del pacto.
De hecho, en los capítulos 29 y 30, Moisés le dice
directamente al pueblo que fallarían.
La razón, capítulo 29, versículo 4, es que: «hasta hoy
Jehová no os ha dado corazón para entender, ni ojos para
ver, ni oídos para oír».
El pueblo solo puede mantener el pacto si reciben
nuevos corazones, y solo Dios puede hacer eso.
Y es precisamente en este momento que Deuteronomio
se convierte en esperanza. La ley de Dios y sus maldiciones se
oponen al pueblo.
Pero Dios mismo, al finalizar este libro, hace algunas
promesas increíbles de gracia.
En primer lugar, promete restauración para todos lo que
se arrepientan de quebrantar su pacto. 30:2-3: «2 y te
convirtieres a Jehová tu Dios, y obedecieres a su voz
conforme a todo lo que yo te mando hoy, tú y tus hijos, con
todo tu corazón y con toda tu alma, 3 entonces Jehová hará
volver a tus cautivos, y tendrá misericordia de ti, y volverá a
recogerte de entre todos los pueblos adonde te hubiere
esparcido Jehová tu Dios».
Para el desobediente Israel, las maldiciones no tienen
que ser el final de la historia, si tan solo se arrepienten y
confían en las promesas de Dios.
¡Qué mensaje de esperanza para todos los que nos
sentimos condenados por el peso de nuestro pecado!

Segundo, Dios mismo promete dar un nuevo corazón a


su pueblo. De vuelta en Deuteronomio 10:16, el Señor dice:
«circuncidad, pues, el prepucio de vuestro corazón, y no
endurezcáis más vuestra cerviz».
Lo que él buscaba no eran simples externalidades, vistas
en la circuncisión de la carne, sino una transformación
interna: la circuncisión del corazón.
Que noticias más refrescantes en el capítulo 30, versículo
6: «Y circuncidará Jehová tu Dios tu corazón, y el corazón de
tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios con todo
tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas».
Lo que Dios ordenó y, sin embargo, el pueblo fue incapaz
de hacer por su cuenta, Dios lo hace. Él transformará sus
corazones.
Entonces, ¿es el libro de Deuteronomio un pacto de
obras o un pacto de gracia? Creo que ambas, ¿no?
El pacto mosaico está allí para estar seguros. Y, sin
embargo, detrás se encuentra el pacto de la gracia que Dios
hizo con Abraham, que de ninguna manera dependía de la
obediencia.
Dios los restaurará. Dios circuncidará sus corazones.
¿Qué es, obras o gracia?
Los siguientes libros en el Antiguo Testamento, y el resto
del Antiguo Testamento en este sentido, lucharán con eso.
Y finalmente veremos que en Jesucristo es ambos: un
pacto de obras que mantuvo perfectamente en nuestro
nombre para que podamos recibir por gracia las bendiciones
del pacto de las obras.

Entonces, no es que la ley fuera el plan A de Dios y el


evangelio el plan B.
Esta ley es parte del plan perfecto de Dios para apartar a
su pueblo y exponer su necesidad.
Prepara el camino para la intervención divina que
permitiría una verdadera obediencia y una nueva intimidad
con Dios a través de la redención que vendría en Cristo
Nosotros, a medida que leemos este tercer discurso de
Moisés, debemos prestar atención a la preocupación de Dios
por el corazón.
Incluso como cristianos, nuestros corazones pueden
verse tentados a volverse hacia los «otros dioses» (29:18) de
nuestro tiempo.
¿Cómo respondemos a esta tentación? Aquí
aprendemos que para tener un corazón puro debemos
depender de Dios.
El Espíritu de Dios es el que nos cambia tan radicalmente
que deseamos «escoger la vida», que es la última súplica que
hace Moisés en Deuteronomio 30:19.
Por tanto, depende de él en oración. Confiese su
necesidad. Y escoja la vida.

Conclusión: el futuro de Israel – Capítulos 31-34


Al pasar a la conclusión de Deuteronomio, recuerda que
este es un libro de transiciones.
El pueblo ha afirmado el pacto de Dios mientras se
prepara para la transición a la Tierra Prometida.
Y ahora vemos una gran transición de liderazgo: en el
capítulo 31, Moisés transfiere su autoridad a Josué, y se
prepara para morir.
Pero, en otro sentido, este cierre del libro de
Deuteronomio realmente funciona como una gran transición
al resto del Antiguo Testamento.
La Torá, los libros de Moisés, han llegado a su fin. Así que
ahora esperamos ver, en los próximos libros de historia y
profecía,
cómo se cumplirán exactamente estas bendiciones y
maldiciones, y las promesas de la gracia.
Pero antes de que eso ocurra, Dios ofrece un adelanto de
su futuro a fin de que el pueblo no tenga excusas cuando no
pueda confiar en él.
Lo hace a través del cántico de Moisés en el capítulo 32.
De hecho, cuando estudias el Antiguo Testamento,
Deuteronomio 32 es un gran capítulo al que podemos
seguir regresando: de muchas maneras, es el adelanto de los
cientos de años que están por venir.
En él, Moisés mira hacia el futuro Israel y dice: «De la
Roca que te creó te olvidaste; te has olvidado de Dios tu
creador» (32:18).
Pero la infidelidad de Israel no será la última palabra.
Después del exilio, «Dios tomará venganza de sus enemigos,
y hará expiación por la tierra de su pueblo» (32:43).
¡Una promesa de expiación! El tono aquí, cuando Moisés
bendice a las tribus en el capítulo 33 e incluso mientras
respira por última vez en el capítulo 34,
es uno de esperanza y confianza en la gracia de Dios.
Dios corregirá todos los males.
Dios expiará a su pueblo. Este pacto no será el último. Un
nuevo pacto está por venir. Y esa es la esperanza que impulsa
el resto del Antiguo Testamento.
Y al concluir, hay algo más en los versículos finales de
Deuteronomio que debería fortalecer nuestra esperanza en
este Dios que hace y cumple pactos.
Primero, vuelve rápidamente a Deuteronomio 18:18. En
este versículo, Dios promete que en el futuro: «Profeta les
levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré
mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le
mandare».
¡Un profeta que solo hablará las palabras de Dios! ¡Un
profeta incluso mayor que Moisés! Y, ¡alabado sea Dios,
porque conocemos a ese profeta!
Es Jesucristo, la Palabra de Dios hecha carne (Juan 1:14),
quien habló todo lo que el Padre le ordenó (Juan 8:28) y
confirmó su mensaje por medio de milagros (Juan 14:11).
Así como el gran profeta Moisés fue el mediador del
pacto en Deuteronomio, el gran profeta Jesús es el mediador
de un nuevo pacto por su sangre.
Él llevó nuestra maldición. Y recibimos la bendición
eterna que solo él merecía.

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