Significado y formación del canon bíblico
Significado y formación del canon bíblico
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Se trata, originalmente, de un préstamo tomado de las lenguas semíticas (hebreo qaneh, «tallo, rama», etc.).
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San Atanasio, en su Carta pascual del año 367, impone el término «canon» para designar la lista de los libros
inspirados reconocidos por la Iglesia.
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y de vida cristiana. El primer dato que hoy tenemos es del Concilio de Laodicea (canon 59-
60).3
La formación del Canon de los libros del AT no fue una tarea fácil. En el Antiguo
Testamento consta que la comunidad de Israel poseía algunos libros a los que consideraba
sagrados (2Re 23,2-3; Neh 8,1-2), es decir tenía conciencia del origen divino de ciertos libros
y que debían ser objeto de un trato especial. En la medida de lo posible y con todas las
incertidumbres que aún existen se busca constantemente establecer desde qué momento en
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Enquiridion Bíblico (EB) 11-13. Obra en la que se encuentran los textos del Magisterio referidos a la Sagrada
Escritura a través de los siglos. Granados C., Sánchez Navarro L., Enquiridion Bíblico. Documentos de la
Iglesia sobre la Sagrada Escritura, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2010.
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Los términos proto y deutero canónico son expresiones que pueden llevarnos a inferir equivocadamente que
se trata de libros que entraron al canon ante y otros después.
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La Ley, o sea los cinco libros de la Torah (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio) que desde el momento en que recibieron su forma definitiva,
probablemente bajo Esdras, constituyen una unidad bien definida.
Los Profetas, que comprenden los cinco libros de Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2
Reyes (llamados por el Canon hebreo “profetas anteriores”) y los libros de Isaías,
Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores (llamados “profetas posteriores”),
colección ya formada hacia el año 180.
Y un tercer grupo, designado con el nombre genérico de los otros escritos, cuya
formación y fijación resulta mucha más complicada.
b. El Canon “alejandrino”
En la tesis clásica, habrían existido dos cánones (dos listas de libros) en el judaísmo
antiguo: el Canon palestinense, más breve (canon corto), ya que no se encontraban los
deuterocanónicos, fijado definitivamente en la reunión de Yammia a finales del siglo I a.C.;
y el Canon alejandrino, más amplio (canon largo) que comprende los deuterocanónicos y
cuyo testimonio principal sería la versión griega de los LXX.
Esta tesis, que resolvería en gran parte el problema, en los últimos años ha sido
sometida a una severa crítica, dado el carácter legendario de la información de la Carta de
Aristea (escrita hacia el s. II a.C.).5 Al aceptar el hecho de que los LXX son el producto de
tres siglos de traducciones y de composiciones originales en griego, se hace difícil hablar de
un Canon alejandrino fijo previo a la era común.
c. El Canon “palestinense”
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Aristea: estudioso hebreo del siglo II a. C. que compuso una Carta donde trata de informar cómo surgió el
nombre de la versión griega llamada de los LXX.
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este autor, incluso Josefo es testigo de una cierta duda y ambigüedad en cuanto a la extensión
del tercer grupo de escritos del AT.
Del texto de Flavio Josefo Contra Apionen 1,8. (95 d.C.), se obtiene que los 22
libros “son justamente considerados como divinos” y por lo tanto aceptados por todos. Pero
establecer hasta qué punto Flavio Josefo trata de excluir otros libros, o hasta qué punto refleja
la opinión unánime del judaísmo de su tiempo, resulta tarea difícil.
Ni siquiera los hallazgos qumránicos nos dan la clave para saber cuál es la extensión
exacta del Canon judaico en Palestina antes del año 70 d.C.
De los libros protocanónicos del AT falta Ester. Y esto puede
deberse a un factor accidental o la exclusión consciente del
libro. No lo sabemos.
De los deuterocanónicos del AT están presentes en
Qumrán la carta de Jeremías, Tobías, y Eclesiástico; estos
dos últimos en varias copias aunque fragmentarias. Pero
faltan los otros. De los libros “apócrifos” se han hallado
diversas copias; Jubileos, Enoc y el Testamento de los Patriarcas.
La biblioteca de Qumrán da la impresión de una cierta selección, pero difícilmente
de una sutil distinción entre Canon cerrado y todos los demás textos.
No pocas veces se ha sugerido que el Canon hebreo quedó fijado en una especie de
“Sínodo rabínico” que tuvo lugar en la ciudad de Yammia o Yabné o Jamnia (hacia el 90-
100) en donde se estableció la lista definitiva de los libros inspirados, es decir el denominado
“Canon palestinense”, que comprendía los 22-24 libros de Flavio Josefo y de IV Esdras.
Recientemente, también esta tesis ha sido sometida a crítica. No se trató de un
“cierre de canon” sino que se discutieron la pertenencia o no de algunos libros. Está
documentada la discusión sobre Eclesiastés y Cantar de los Cantares, pero llamativamente
la discusión sobre estos dos libros continuó después de Yammia.
f. Síntesis conclusiva
Las discusiones entre los fariseos (representados por los rabinos como sus
seguidores inmediatos luego de la destrucción del Templo) y las otras sectas judaicas de
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Qumrán: lugar en la costa noroeste del mar Muerto donde a partir de 1947 se llevaron a cabo investigaciones
arqueológicas que sacaron a la luz antiguas construcciones, un cementerio con tumbas y once cuevas que
contenían manuscritos de libros del AT (copias y fragmentos), comentarios bíblicos y obras pertenecientes a
la secta de los esenios. No se encontró nada perteneciente al NT.
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tendencia apocalíptica fueron sin duda una motivación ulterior para la definición de un
Canon.
Lo primero que hay que tener en cuenta es que los autores del Nuevo Testamento
han citado, ya sea de forma explícita o alusiva pasajes del Antiguo Testamento.
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Los Padres Apostólicos, citan la versión griega de los LXX y no hay duda respecto
a la familiaridad con los textos deuterocanónicos del AT. También encontramos citas de los
libros apócrifos como el libro
de Enoc; todo eso señala que
un verdadero Canon en el
sentido propio de la palabra no
se ha llegado a fijar todavía.
Lo mismo puede decirse de
otros grandes autores
cristianos de finales del s. II y
comienzos del s. III.
S. Justino (hacia el
165 d.C.) afirma que se debe considerar parte de la Escritura todo lo que se encuentra en la
versión griega de los LXX. En cambio, Melitón de Sardes (hacia el 193) nos proporciona la
más antigua lista de los libros de AT usados por los cristianos, que prácticamente coincide
con el Canon restringido de los hebreos.
A finales del s. IV, los Concilios de Hipona (393, cf. EB 16) y de Cartago (397)
atestiguan que la Iglesia occidental acaba de aceptar en el Canon también los
deuterocanónicos rechazados por los hebreos, a pesar de ello todavía en el s. IV algunos
Padres tanto de Oriente como de Occidente optaron por el Canon restringido de los hebreos.
“[Se ha determinado] que, fuera de las Escrituras canónicas, nada se lea en la Iglesia bajo
el nombre; de escrituras divinas. Las escrituras canónicas son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números,
Deuteronomio. Josué, Jueces, Rut, cuatro libros de los Reyes, dos libros de Crónicas, Job, el salterio
de David, cinco libros de Salomón, los libros de los Doce Profetas, Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel,
Tobías, Judit, Ester, los dos libros de Esdras, los dos libros de los Macabeos”.
c. El Magisterio de la Iglesia
“… Mas qué libros son recogidos en el canon [de las Escrituras] lo muestra este breve
anexo. Esto es lo que encarecidamente quisiste que fuera recordado por su nombre. Los cinco libros
de Moisés, esto es: del Génesis, del Éxodo, del Levítico, de los Números y del Deuteronomio; uno
de Josué, uno de los Jueces, cuatro libros de los Reyes junto a Rut. Dieciséis libros de los profetas,
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cinco libros de Salomón, el Salterio. Y los históricos: un libro de Job, uno de Tobías, un libro de
Ester, un libro de Judit, dos libros de los Macabeos, dos libros de Esdras y dos libros de las Crónicas.
Y del Nuevo Testamento: cuatro libros de los evangelios catorce cartas del apóstol
Pablo, tres cartas de Juan, dos cartas de Pedro, una carta de Judas, una carta de Santiago, los Hechos
de los Apóstoles y el Apocalipsis de Juan”.
Será preciso esperar hasta el s. XV para contar con un Concilio Ecuménico que
tome postura definida sobre la cuestión del Canon. El Concilio de Florencia (1441) enumera
el Canon largo (cf. EB 47a) que más tarde quedará definido en el Concilio de Trento.
Pero el pronunciamiento de Florencia no parece tener valor de un Canon solemne, universal
y definitivo para toda la Iglesia, dado que los Padres conciliares de Trento, discutieron
largamente hasta qué punto era vinculante la decisión del Concilio Florentino.
“…[La Iglesia] confiesa al único y el mismo Dios como autor del Antiguo y del Nuevo
Testamento, es decir, de la ley y los profetas y del Evangelio; ya que por inspiración del mismo
Espíritu Santo hablaron los santos de uno y otro Testamento, cuyos libros acoge y venera, y que se
contienen bajo los siguientes títulos: cinco de Moisés, a saber, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio; Josué, Jueces, Rut, cuatro de los Reyes, dos de las Crónicas, Esdras, Nehemías,
Tobías, Judit, Ester, Job, Salmos de David, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares,
Sabiduría, Eclesiástico, Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel; doce profetas menores, a saber:
Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y
Malaquías; dos de los Macabeos; cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; catorce epístolas
de Pablo: a los Romanos, dos a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, dos a los
Tesalonicenses, a los Colosenses, dos a Timoteo, a Tito, a Filemón, a los Hebreos; dos de Pedro, tres
de Juan, una de Santiago, una de Judas; los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis de Jua n.”
Será entonces en el Concilio de Trento, en la sesión del 8 de abril de 1546 donde se define
solemnemente el Canon más amplio del AT. Veamos a continuación el texto conciliar:
“Son los que a continuación se escriben: del Antiguo Testamento: 5 de Moisés; a saber: el
Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio; el de Josué, el de los Jueces,
el de Rut, 4 de los Reyes, 2 de los Paralipómenos, 2 de Esdras (de los cuales el segundo se
llama de Nehemías), Tobías, Judit, Ester, Job, el Salterio de David, de 150 salmos, los
Proverbios, el Eclesiastés, Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías,
Jeremías con Baruch, Ezequiel, Daniel, 12 Profetas menores, a saber: Oseas, Joel, Amós,
Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías; 2 de los
Macabeos: primero y segundo”. D(H)S7 1502.
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D(H)S: DENZINGER H., HÜNERMANN P., El Magisterio de la Iglesia. Enchiridion symbolomm definitionum et
declarationum de rebusfidei et morum, Editorial Herder, Barcelona 1999.
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Ninguno de los Padres de los s. II y III, cita en realidad todos los libros del NT tal
como lo conocemos actualmente. Ninguno cita a Filemón y 3 Juan. Esto no implica a priori
que no sean canónicos o que no los conocieran. Simplemente no los citaron. La lista conocida
como la más antigua es la del célebre “canon de Muratori” o Fragmento Muratoriano (170
d.C.). En la primera categoría de escritos que se presentan, es decir, “aquellos leídos
universalmente en la Iglesia”, no están incluidos Hebreos, Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro y tal
vez 3 Juan. Representa el uso romano del s. II (cf. EB 3-7).
“…Los Hechos de todos los Apóstoles fueron escritos en un solo libro. Lucas abarca,
escribiendo para el «ilustre Teófilo», todo lo que sucedía en su presencia, tal como pone en evidencia
el hecho de que excluya la pasión de Pedro, así como la salida de Pablo al partir de la Urbe hacia
España.
En cuanto a las cartas de Pablo, ellas mismas muestra a los que deseen entenderlo desde
qué lugar y con qué fin fueron escritas. En primer lugar [escribió] a los Corintios prohibiendo las
divisiones cismáticas; luego, a los Gálatas [prohibiendo] la circuncisión; a los Romanos escribió más
extensamente acerca del orden de las Escrituras, pero también insistiendo en que el principio de estas
es Cristo. Sobre cada una de ellas [no] es necesario que nos extendamos, ya que el mismo
bienaventurado apóstol Pablo, siguiendo el orden de su predecesor Juan, escribe a siete iglesias, sí
bien solo nominalmente; y lo hace en el siguiente orden: a los Corintios la primera, a los Efesios la
segunda, a los Filipenses la tercera, a los Colosenses la cuarta, a los Gálatas la quinta, a los
Tesalonicenses la sexta y a los Romanos la séptima. Pero aunque a los Corintios y los Tesalonicenses
les escribe una segunda vez para corregirlos; sin embargo, se reconoce que es solo una la Iglesia
difundida por todo el orbe de la tierra; pues también Juan, aunque en el Apocalipsis escribe a siete
iglesias; sin embargo, habla a todas. Además, hay una [carta] a Filemón, una a Tito y dos a Timoteo,
escritas por afecto y amor, pero también consagradas para el honor de la iglesia católica y para la
ordenación de la disciplina eclesiástica.
Se dice que existe también una carta a los Laodicenses y otra a los Alejandrinos, falsamente
atribuidas a Pablo en favor de la herejía de Marción, y muchas otras que no ser recibidas en la Iglesia
católica: pues no es apropiado mezclar hiel con miel.
Desde luego, la carta de Judas y las dos del mencionado Juan son aceptadas en la [iglesia]
católica, así como la Sabiduría, escrita por los amigos de Salomón en su honor. Apocalipsis
aceptamos solo el de Juan y el de Pedro, si bien algunos de los nuestros no quieren que este último
se lea en la iglesia.
Por el contrario, el Pastor lo ha escrito Hermas en la ciudad de Roma muy recientemente,
ya en nuestros días, cuando su hermano Pío se sentaba en la cátedra de la iglesia de la ciudad de
Roma como Obispo; y por ello es provechoso leerlo, sí, pero no puede ser leído al pueblo en la iglesia
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públicamente: ni entre los profetas, ya que su número está completo, ni entre los apóstoles del final
de tiempos.
Por el contrario, no recibimos absolutamente ninguno de los escritos de Arsinoe (llamado
Valentino) o de Milcíades; estos han escrito incluso un libro nuevo de Salmos para Marción, junto
con Basílide el asiático, fundador de los Catafrigios.”
La lista de Orígenes del s. III, referida por Eusebio, presenta ciertas dudas acerca
de 2 Pedro, 2 Juan y 3 Juan. El mismo Eusebio, hacia el año 310, distingue expresamente
entre, los libros reconocidos por todos y los libros espurios, es decir los “discutidos”,
cataloga así a Santiago y Judas.
El “Canon Claromontano” del s. IV, no menciona en su lista a Hebreos.
El “Canon Momseniano” (360), no cita a Hebreos, Santiago y Judas.
En Occidente, hacia finales del s. IV, S. Atanasio, S. Agustín, los Concilios de
Hipona (393; EB 17), y de Cartago (397), se hallan de acuerdo con el Canon completo que
más tarde será recogido por el Concilio de Florencia y definido por el de Trento.
“[Se ha determinado] que, fuera de las Escrituras canónicas, nada se lea en la Iglesia bajo
el nombre; de escrituras divinas. Las escrituras canónicas son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números,
Deuteronomio. Josué, Jueces, Rut, cuatro libros de los Reyes, dos libros de Crónicas, Job, el salterio
de David, cinco libros de Salomón, los libros de los Doce Profetas, Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel,
Tobías, Judit, Ester, los dos libros de Esdras, los dos libros los Macabeos.
Del Nuevo Testamento: cuatro de los Evangelios, un libro de los hechos de los Apóstoles,
trece cartas del apostos Pablo, una a los Hebreos también suya, dos de Pedro, tres de Juan, una de
Santiago, una de Judas y el Apocalipsis de Juan”.
S. Jerónimo, a finales del s. IV, se declara a favor de todos los escritos del NT tal
cual hoy los tenemos en el canon confirmado por Trento.
El Códice Sinaítico del s. IV, contiene junto a los libros que consideramos
canónicos, la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas. El Códice Alejandrino del s. V,
agrega además a las anteriores 1Cl y 2Cl. Implícitamente hay más libros que los que tenemos
en nuestro canon.
La Iglesia de Siria usaba un Canon solo de 17 libros: el “Diatéssaron” de Taciano
en lugar de los Evangelios (síntesis de los cuatro canónicos), los Hechos de los Apóstoles y
15 cartas de S. Pablo, ignoraban las cartas Católicas y el Apocalipsis.
La Iglesia de Antioquia influenciada por la vecina Iglesia de Siria, ignoraba la
existencia de 2 Pedro, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis.
La historia del NT durante los primeros cinco siglos, no es un asunto sencillo. Se
debe tener en cuenta: el sentido particular de algunos escritos, la dificultad de comunicación,
la falta de criterio sobre la canonicidad de los escritos.
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1. Origen apostólico del escrito. Sea directamente compuesto por un Apóstol o sea en
el contexto de la comunidad en la Iglesia Apostólica fundante.
Se dieron discusiones importantes con algunos escritos que ya hemos pasado revista
en los puntos anteriores. Ahora podemos retomar y recordar:
La 2 Juan y sobre todo la 3 Juan, fueron menos conocidas y poco valoradas por su
brevedad y su “escaso” contenido teológico.
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V. Mannucci, La Biblia como Palabra de Dios, Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1997.
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primeros capítulos del Génesis; EB 332-339 sobre los autores y el tiempo de composición
de los Salmos; EB 383-389 sobre el Evangelio de Mateo; EB 390-398 sobre Marcos y Lucas;
EB 399-400 sobre la cuestión sinóptica; EB 400-406 sobre los Hechos; EB 407-410 sobre
las cartas pastorales de Pablo; EB 411-413 sobre Hebreos). Se dieron en un contexto muy
particular de reacción de Magisterio con el Modernismo y la exégesis liberal protestante.9
Lo que del 1905 al 1915 fueron respuestas más bien restrictivas; a partir del 1948
se matizan claramente. Ya en 1943 con la Encíclica Divino Afflante Spíritu del Papa Pío XII
y varias respuestas particulares a la PCB a partir de esta fecha. Se pueden citar como
ejemplo: Carta de la PCB al card. Suhard sobre las fuentes del Pentateuco y la historicidad
del Génesis 1-11 (EB 577-581); y, sobre todo, la Instrucción Sancta Mater Ecclesia de la
PCB sobra la verdad histórica de los Evangelios (EB 644-659).
Más allá de esto el Concilio de Trento (1546) pronunció la solemne definición del
Canon del NT. Con la precisión contenida en el inciso “enteros en todas sus partes” (cf.
EB 79), se desprende de las Actas del Concilio que el Tridentino ha querido asegurar la
canonicidad de algunas breves secciones del NT, puestas en duda o negadas por algunos (cf.
Mc 16,9-20; Lc 22,43-44; Jn 7,53-8,11). Veamos el texto conciliar:
“Del Nuevo Testamento: los 4 evangelios, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan; los Hechos
de los Apóstoles, escritos por el evangelista Lucas; 14 epístolas del Apóstol Pablo: a los
Romanos, 2 a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, 2
a los Tesalonicenses, 2 a Timoteo, a Tito, a Filemón, a los Hebreos; 2 del Apóstol Pedro, 3
del Apóstol Juan, 1 del Apóstol Santiago, 1 del Apóstol Judas y el Apocalipsis del Apóstol
Juan”. D(H)S 1503
9
Tener presente que el decreto Lamentabili del Santo Oficio con aprobación del Papa Pío X es del 3 de julio
de 1907 y la Carta Encíclica Pascendi del mismo Papa es del 8 de septiembre del mismo año. Ambos textos
reaccionan contra la doctrina Modernista.
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La Carta de Judas cita en los v. 14-16 el libro apócrifo de Henoc 1,9 refiriéndose a
él como su fuese una “profecía” (con un cierto alcance de sentido técnico-bíblico). Es más,
la Carta de Bernabé, Tertuliano y Clemente de Alejandría lo consideran Escritura. Sin
embargo, en el caso de que Judas considerase a Henoc inspirado, no necesariamente tiene
que serlo en el sentido técnico de la palabra, de hecho no fue reconocido por la Iglesia como
tal.
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10
Pseudos “falso” y grafé “escritura, escritor” (“escritor falso”).
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Pseudos “falso” y ónoma “nombre” (“nombre falso”).
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