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Significado y formación del canon bíblico

El documento aborda la formación del canon de la Biblia, explicando su división en Antiguo y Nuevo Testamento y los criterios que determinaron qué libros fueron considerados sagrados. Se discuten los términos protocanónicos y deuterocanónicos, así como la historia de la formación del canon en el judaísmo y su aceptación en el cristianismo. La complejidad del proceso de canonización se refleja en las diversas tradiciones y debates que existieron a lo largo de los siglos.

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Significado y formación del canon bíblico

El documento aborda la formación del canon de la Biblia, explicando su división en Antiguo y Nuevo Testamento y los criterios que determinaron qué libros fueron considerados sagrados. Se discuten los términos protocanónicos y deuterocanónicos, así como la historia de la formación del canon en el judaísmo y su aceptación en el cristianismo. La complejidad del proceso de canonización se refleja en las diversas tradiciones y debates que existieron a lo largo de los siglos.

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Diplomatura en SE con orientación en ABP Introducción a la Biblia II DSE

Escuela Universitaria de Teología – Obispado de Mar del Plata

UNIDAD 3: El canon de la Biblia


1. Introducción al canon de la Biblia
En la materia Introducción a la Biblia I vimos que el término Biblia proviene del
griego biblos que literalmente significa “libros”. Así también que la Biblia es un libro y, a la
vez, un conjunto de libros, una pequeña biblioteca cuyo contenido proviene de épocas y
culturas diversas. Y que esta pequeña biblioteca está dividida en dos partes: Antiguo
Testamento (46 libros escritos antes de Cristo) y el Nuevo Testamento (27 libros escritos a
partir de Jesús).
Ahora bien, podrías preguntarte ¿Cómo se compuso la colección de libros
que forman nuestra “Biblia”, es decir cómo se formó la lista de libros que componen
la Sagrada Escritura? ¿Por qué estos libros y otros no? ¿Cuáles fueron los criterios
de discernimiento para aceptar un libro como sagrado?
La respuesta se vincula con el tema del “canon de la Biblia” que se pregunta por la
formación de la lista de los libros que componen la Sagrada Escritura. El conjunto de libros
que componen la Biblia no se ha formado al azar. Por ello el tema del canon bíblico nos
permitirá descubrir y conocer el proceso histórico y la reflexión teológica que testimonia la
existencia de un conjunto de libros considerados por el pueblo judío y luego por las
comunidades cristianas como Palabra de Dios y norma de vida de la comunidad creyente; y
la maduración progresiva de una conciencia del valor único de esos libros hasta el
reconocimiento de “la Escritura como canónica y normativa”.

Comenzamos preguntándonos por el significado de la palabra canon

El término Canon (del griego kanon),1 en nuestro


contexto posee dos significados. El primero y fundamental es
el de metro, norma, regla (cf. Ga 6,15-16; 2 Co 10,13.15).
Durante los tres primeros siglos de la era cristiana se aplica el
término para designar sustancialmente la regla de fe, según la
cual debe vivir el cristiano.

A partir del siglo IV d. C.2 a este uso general del


término se le agrega otro complementario (la segunda
acepción), referido al elenco normativo de los libros
inspirados por el Espíritu Santo, pasan a ser denominados
libros canónicos por haber sido reconocidos como tales por la
Iglesia y propuestos por Ella a los creyentes como norma de fe

1
Se trata, originalmente, de un préstamo tomado de las lenguas semíticas (hebreo qaneh, «tallo, rama», etc.).
2
San Atanasio, en su Carta pascual del año 367, impone el término «canon» para designar la lista de los libros
inspirados reconocidos por la Iglesia.

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y de vida cristiana. El primer dato que hoy tenemos es del Concilio de Laodicea (canon 59-
60).3

Entonces por canon se entiende la lista de libros que componen la Sagrada


Escritura porque son reconocidos como inspirados por Dios y se los llama libros
canónicos.
Tras el Concilio de Trento, Sixto de Siena (1569), introduce en la Iglesia Católica
la terminología aún vigente, de protocanónicos y deuterocanónicos. Los llamados
protocanónicos son aquellos libros que fueron unánimemente reconocidos como inspirados
por las comunidades cristianas. Los deuterocanónicos, en cambio, son aquellos libros cuya
inspiración (y por ende su canonicidad) fue discutida.4

Los deuterocanónicos del AT son siete: Tobías, Judit, 1 Macabeos, 2 Macabeos,


Baruc (con la “carta de Jeremías”, capítulo 6), Eclesiástico (o Sirácida) y Sabiduría. Además
de algunas secciones escritas en griego del libro de Daniel (Dn 13-14) y de Ester (Est 10,4-
16.24).
Los deuterocanónicos del NT son siete: Hebreos, Santiago, 2 Pedro, 2 Juan, 3
Juan, Judas y Apocalipsis.

El Canon de los hebreos excluye del AT los deuterocanónicos anteriormente


mencionados. Los hermanos protestantes han seguido el canon hebreo y por lo
tanto sus Biblias tampoco contienen en el Antiguo Testamento los llamados libros
deuterocanónicos.1

2. El canon en el Antiguo Testamento

Veamos a continuación, brevemente, la historia de la formación del canon del AT


para judíos y cristianos.

2.1 El canon en el Antiguo Testamento en el judaísmo

La formación del Canon de los libros del AT no fue una tarea fácil. En el Antiguo
Testamento consta que la comunidad de Israel poseía algunos libros a los que consideraba
sagrados (2Re 23,2-3; Neh 8,1-2), es decir tenía conciencia del origen divino de ciertos libros
y que debían ser objeto de un trato especial. En la medida de lo posible y con todas las
incertidumbres que aún existen se busca constantemente establecer desde qué momento en

3
Enquiridion Bíblico (EB) 11-13. Obra en la que se encuentran los textos del Magisterio referidos a la Sagrada
Escritura a través de los siglos. Granados C., Sánchez Navarro L., Enquiridion Bíblico. Documentos de la
Iglesia sobre la Sagrada Escritura, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid 2010.
4
Los términos proto y deutero canónico son expresiones que pueden llevarnos a inferir equivocadamente que
se trata de libros que entraron al canon ante y otros después.
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la historia de Israel se empezó a hablar de un Canon, en el sentido de una colección de libros,


de un Corpus de las Sagradas Escrituras.

a. El libro del Eclesiástico

El primer esbozo de un Canon del AT lo encontramos en el prólogo que el traductor


griego (hacia el 130 a.C.) antepuso a su versión griega del libro hebreo del Sirácida-
Eclesiástico (prólogo Si 1,7-9) donde manifiesta que los libros del pueblo hebreo se ordenan
en tres grupos:

 La Ley, o sea los cinco libros de la Torah (Génesis, Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio) que desde el momento en que recibieron su forma definitiva,
probablemente bajo Esdras, constituyen una unidad bien definida.

 Los Profetas, que comprenden los cinco libros de Josué, Jueces, 1 y 2 Samuel, 1 y 2
Reyes (llamados por el Canon hebreo “profetas anteriores”) y los libros de Isaías,
Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores (llamados “profetas posteriores”),
colección ya formada hacia el año 180.

 Y un tercer grupo, designado con el nombre genérico de los otros escritos, cuya
formación y fijación resulta mucha más complicada.

b. El Canon “alejandrino”

En la tesis clásica, habrían existido dos cánones (dos listas de libros) en el judaísmo
antiguo: el Canon palestinense, más breve (canon corto), ya que no se encontraban los
deuterocanónicos, fijado definitivamente en la reunión de Yammia a finales del siglo I a.C.;
y el Canon alejandrino, más amplio (canon largo) que comprende los deuterocanónicos y
cuyo testimonio principal sería la versión griega de los LXX.
Esta tesis, que resolvería en gran parte el problema, en los últimos años ha sido
sometida a una severa crítica, dado el carácter legendario de la información de la Carta de
Aristea (escrita hacia el s. II a.C.).5 Al aceptar el hecho de que los LXX son el producto de
tres siglos de traducciones y de composiciones originales en griego, se hace difícil hablar de
un Canon alejandrino fijo previo a la era común.

c. El Canon “palestinense”

Aun prescindiendo de un Canon alejandrino, la idea de un Canon vigente sólo en el


judaísmo palestino presenta dificultades. Suele acudirse al testimonio de Flavio Josefo (37-
100 d.C.). Aunque puede hallarse algo más próximo a un “Canon” en algunos escritos de

5
Aristea: estudioso hebreo del siglo II a. C. que compuso una Carta donde trata de informar cómo surgió el
nombre de la versión griega llamada de los LXX.
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este autor, incluso Josefo es testigo de una cierta duda y ambigüedad en cuanto a la extensión
del tercer grupo de escritos del AT.
Del texto de Flavio Josefo Contra Apionen 1,8. (95 d.C.), se obtiene que los 22
libros “son justamente considerados como divinos” y por lo tanto aceptados por todos. Pero
establecer hasta qué punto Flavio Josefo trata de excluir otros libros, o hasta qué punto refleja
la opinión unánime del judaísmo de su tiempo, resulta tarea difícil.

d. Libros canónicos en Qumrán6

Ni siquiera los hallazgos qumránicos nos dan la clave para saber cuál es la extensión
exacta del Canon judaico en Palestina antes del año 70 d.C.
De los libros protocanónicos del AT falta Ester. Y esto puede
deberse a un factor accidental o la exclusión consciente del
libro. No lo sabemos.
De los deuterocanónicos del AT están presentes en
Qumrán la carta de Jeremías, Tobías, y Eclesiástico; estos
dos últimos en varias copias aunque fragmentarias. Pero
faltan los otros. De los libros “apócrifos” se han hallado
diversas copias; Jubileos, Enoc y el Testamento de los Patriarcas.
La biblioteca de Qumrán da la impresión de una cierta selección, pero difícilmente
de una sutil distinción entre Canon cerrado y todos los demás textos.

e. El llamado “Canon de Yammia”

No pocas veces se ha sugerido que el Canon hebreo quedó fijado en una especie de
“Sínodo rabínico” que tuvo lugar en la ciudad de Yammia o Yabné o Jamnia (hacia el 90-
100) en donde se estableció la lista definitiva de los libros inspirados, es decir el denominado
“Canon palestinense”, que comprendía los 22-24 libros de Flavio Josefo y de IV Esdras.
Recientemente, también esta tesis ha sido sometida a crítica. No se trató de un
“cierre de canon” sino que se discutieron la pertenencia o no de algunos libros. Está
documentada la discusión sobre Eclesiastés y Cantar de los Cantares, pero llamativamente
la discusión sobre estos dos libros continuó después de Yammia.

f. Síntesis conclusiva

 Con la destrucción del Templo de Jerusalén en el año 70 d.C. la religión judía


se va convirtiendo cada vez más en una religión “del Libro”. Se hace necesario un Canon
normativo definitivo, pero el camino de la determinación del mismo fue largo, difícil y
complejo.

 Las discusiones entre los fariseos (representados por los rabinos como sus
seguidores inmediatos luego de la destrucción del Templo) y las otras sectas judaicas de
6
Qumrán: lugar en la costa noroeste del mar Muerto donde a partir de 1947 se llevaron a cabo investigaciones
arqueológicas que sacaron a la luz antiguas construcciones, un cementerio con tumbas y once cuevas que
contenían manuscritos de libros del AT (copias y fragmentos), comentarios bíblicos y obras pertenecientes a
la secta de los esenios. No se encontró nada perteneciente al NT.
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tendencia apocalíptica fueron sin duda una motivación ulterior para la definición de un
Canon.

 La aceptación de un Canon más amplio realizado por los cristianos a través


de la versión griega de los LXX pudo ser el motivo último e incluso el criterio definitivo,
para que el judaísmo fijase el Canon del AT más corto por reacción a esto mismo.

 Aunque en el s. I d.C. se mencionaba la aceptación de los 22 o 24 libros como


sagrados, recién se puede hablar de un Canon rigurosamente definido a finales del siglo II o
comienzos del siglo III.

2.2 El canon del Antiguo Testamento en los cristianos


Es absolutamente cierto que la Iglesia no recibió de la Sinagoga un Canon ya
definido. La historia del Canon del AT entre los cristianos también tiene su complejidad.

a. Los datos del NT

Lo primero que hay que tener en cuenta es que los autores del Nuevo Testamento
han citado, ya sea de forma explícita o alusiva pasajes del Antiguo Testamento.

Podríamos preguntarnos: ¿todos los libros del Antiguo Testamento han


sido citados en el Nuevo Testamento? Veamos a continuación:

El NT conoce la clasificación tripartita hebrea señalada por el Prólogo de Sirácida,


pero en los términos de: “La Ley, los Profetas y los Salmos” (cf. Lc 24,44). Los Salmos dan
el título al tercer grupo de escritos, pero no dice que constituyan un único libro.

Respecto de los libros deuterocanónicos, dentro del NT, la situación es la siguiente:

 Hay en el NT alusiones bastantes explícitas a Sabiduría (cf. Rm 1,19ss; Hb


8,14), a Tobías (cf. Ap 8,2), a 2 Macabeos (cf. Hb 11,34ss), a Sirácida (cf. St 1,19), y a Judit
(cf. 1 Co 2,10).
 Faltan 1 Macabeos y Baruc.

Respecto de los libros protocanónicos dentro del AT no todos aparecen citados.


Faltan citas de Esdras, Nehemías, Ester, Rut, Eclesiastés, Abdías, Nahúm y Proverbios. Se
duda de Cantar de los Cantares.
De las 350 citas del AT en el NT, unas 300 corresponden a la versión de los LXX,
que constituyen la fuente principal de estas citas.
También hay alusiones a los “apócrifos”: Salmos de Salomón, III y IV Esdras, IV
Macabeos, Asunción de Moisés y Enoc (cf. por ejemplo Jd 14-15).

b. El testimonio de los Padres de la Iglesia

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Los Padres Apostólicos, citan la versión griega de los LXX y no hay duda respecto
a la familiaridad con los textos deuterocanónicos del AT. También encontramos citas de los
libros apócrifos como el libro
de Enoc; todo eso señala que
un verdadero Canon en el
sentido propio de la palabra no
se ha llegado a fijar todavía.
Lo mismo puede decirse de
otros grandes autores
cristianos de finales del s. II y
comienzos del s. III.
S. Justino (hacia el
165 d.C.) afirma que se debe considerar parte de la Escritura todo lo que se encuentra en la
versión griega de los LXX. En cambio, Melitón de Sardes (hacia el 193) nos proporciona la
más antigua lista de los libros de AT usados por los cristianos, que prácticamente coincide
con el Canon restringido de los hebreos.
A finales del s. IV, los Concilios de Hipona (393, cf. EB 16) y de Cartago (397)
atestiguan que la Iglesia occidental acaba de aceptar en el Canon también los
deuterocanónicos rechazados por los hebreos, a pesar de ello todavía en el s. IV algunos
Padres tanto de Oriente como de Occidente optaron por el Canon restringido de los hebreos.

Concilio plenario de toda África en Hipona - Canon 36 - 8 de octubre de 393

“[Se ha determinado] que, fuera de las Escrituras canónicas, nada se lea en la Iglesia bajo
el nombre; de escrituras divinas. Las escrituras canónicas son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números,
Deuteronomio. Josué, Jueces, Rut, cuatro libros de los Reyes, dos libros de Crónicas, Job, el salterio
de David, cinco libros de Salomón, los libros de los Doce Profetas, Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel,
Tobías, Judit, Ester, los dos libros de Esdras, los dos libros de los Macabeos”.

c. El Magisterio de la Iglesia

La indecisión entre el Canon más breve y el más amplio se refleja, al comienzo, en


las manifestaciones del Magisterio ordinario y en los Concilios provinciales. El concilio de
Laodicea del 360 sostiene el canon restringido (cf. EB 12). El Papa Inocencio I en el 405
sostiene el canon completo (cf. EB 21a). Los concilios de Hipona (393, EB 16) y de Cartago
(397) propugnan el canon completo pero el concilio de Trullo del 692 establece el canon
restringido.

San Inocencio I - Carta «Consulenti tibi» a Exuperio- 20 de febrero de 405

“… Mas qué libros son recogidos en el canon [de las Escrituras] lo muestra este breve
anexo. Esto es lo que encarecidamente quisiste que fuera recordado por su nombre. Los cinco libros
de Moisés, esto es: del Génesis, del Éxodo, del Levítico, de los Números y del Deuteronomio; uno
de Josué, uno de los Jueces, cuatro libros de los Reyes junto a Rut. Dieciséis libros de los profetas,

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cinco libros de Salomón, el Salterio. Y los históricos: un libro de Job, uno de Tobías, un libro de
Ester, un libro de Judit, dos libros de los Macabeos, dos libros de Esdras y dos libros de las Crónicas.
Y del Nuevo Testamento: cuatro libros de los evangelios catorce cartas del apóstol
Pablo, tres cartas de Juan, dos cartas de Pedro, una carta de Judas, una carta de Santiago, los Hechos
de los Apóstoles y el Apocalipsis de Juan”.

Será preciso esperar hasta el s. XV para contar con un Concilio Ecuménico que
tome postura definida sobre la cuestión del Canon. El Concilio de Florencia (1441) enumera
el Canon largo (cf. EB 47a) que más tarde quedará definido en el Concilio de Trento.
Pero el pronunciamiento de Florencia no parece tener valor de un Canon solemne, universal
y definitivo para toda la Iglesia, dado que los Padres conciliares de Trento, discutieron
largamente hasta qué punto era vinculante la decisión del Concilio Florentino.

Concilio ecuménico de Florencia - Bula «Cantate Domino»- 4 de febrero de 1442

“…[La Iglesia] confiesa al único y el mismo Dios como autor del Antiguo y del Nuevo
Testamento, es decir, de la ley y los profetas y del Evangelio; ya que por inspiración del mismo
Espíritu Santo hablaron los santos de uno y otro Testamento, cuyos libros acoge y venera, y que se
contienen bajo los siguientes títulos: cinco de Moisés, a saber, Génesis, Éxodo, Levítico, Números y
Deuteronomio; Josué, Jueces, Rut, cuatro de los Reyes, dos de las Crónicas, Esdras, Nehemías,
Tobías, Judit, Ester, Job, Salmos de David, Proverbios, Eclesiastés, Cantar de los Cantares,
Sabiduría, Eclesiástico, Isaías, Jeremías, Baruc, Ezequiel, Daniel; doce profetas menores, a saber:
Oseas, Joel, Amós, Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías y
Malaquías; dos de los Macabeos; cuatro evangelios: Mateo, Marcos, Lucas y Juan; catorce epístolas
de Pablo: a los Romanos, dos a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, dos a los
Tesalonicenses, a los Colosenses, dos a Timoteo, a Tito, a Filemón, a los Hebreos; dos de Pedro, tres
de Juan, una de Santiago, una de Judas; los Hechos de los Apóstoles y el Apocalipsis de Jua n.”

Será entonces en el Concilio de Trento, en la sesión del 8 de abril de 1546 donde se define
solemnemente el Canon más amplio del AT. Veamos a continuación el texto conciliar:

“Son los que a continuación se escriben: del Antiguo Testamento: 5 de Moisés; a saber: el
Génesis, el Éxodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio; el de Josué, el de los Jueces,
el de Rut, 4 de los Reyes, 2 de los Paralipómenos, 2 de Esdras (de los cuales el segundo se
llama de Nehemías), Tobías, Judit, Ester, Job, el Salterio de David, de 150 salmos, los
Proverbios, el Eclesiastés, Cantar de los Cantares, la Sabiduría, el Eclesiástico, Isaías,
Jeremías con Baruch, Ezequiel, Daniel, 12 Profetas menores, a saber: Oseas, Joel, Amós,
Abdías, Jonás, Miqueas, Nahúm, Habacuc, Sofonías, Ageo, Zacarías, Malaquías; 2 de los
Macabeos: primero y segundo”. D(H)S7 1502.

7
D(H)S: DENZINGER H., HÜNERMANN P., El Magisterio de la Iglesia. Enchiridion symbolomm definitionum et
declarationum de rebusfidei et morum, Editorial Herder, Barcelona 1999.
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El Concilio Vaticano I hace referencia explícita al Decreto del Concilio Tridentino


con el fin de atajar cualquier nueva discusión sobre los libros protocanónicos y
deuterocanónicos (cf. EB 79).

Cánones sobre la revelación


Canon 4. Si alguien no recibe como sagrados y canónicos los libros de la
Sagrada Escritura íntegros con todas sus partes, tal y como los enumeró el santo Concilio
de Trento, o niega que hayan sido divinamente inspirado: sea anatema.

El Concilio Vaticano II en la Constitución Dogmática Dei Verbum, cita


simplemente al Vaticano I (cf. DV 8).

3. El Canon del Nuevo Testamento


La historia del Canon del NT, tiene también su complejidad y presenta varias
dificultades que deberemos tener presente.

3.1 Tiempo apostólico

En 2 P 3,16 leemos que “las cartas de Pablo” se ponen a la


par con “otras escrituras”. En el momento de escribirse la segunda
Carta de Pedro (posiblemente entre los años 100-110 d.C.) estaban
ya recogidas algunas de las cartas de S. Pablo.
Por otra parte sabemos que los diversos escritos apostólicos
estaban destinados a las Iglesias locales para hacer frente a los
problemas particulares de cada una de ellas. Sin embargo algunas
cartas tuvieron un destino más general, más universal: así Romanos
y Efesios; la carta de Santiago; la 2 Corintios.
Al parecer las diversas comunidades poseían en los
comienzos una colección incompleta de escritos sagrados. Hacia finales del s. I existía una
colección de cartas de S. Pablo. Los cuatro Evangelios, aunque destinados a comunidades
particulares, fueron adquiriendo importancia singular y se conservaron por “provenir de los
apóstoles” o de personas relacionadas a ellos y por el prestigio de las comunidades a las que
estuvieron vinculados (Mateo con Antioquia, Marcos con Roma, Lucas con Roma o con
Grecia, Juan con Éfeso).

3.2 Etapa pos-apostólica


a. El “surgimiento” del NT como escrito Sagrado

S. Justino, hacia la mitad del s. II (150), testimonia que en la liturgia eucarística,


eran leídos los Evangelios junto a los escritos de los profetas.

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La denominada “segunda carta de Clemente a los Corintios”, después de citar a Is


54,1, cita el texto de Mt 9,13 como Escritura. Estos dos textos, junto a 2 P 3,17 hacen pensar
en un primer concepto de NT. Pero probablemente fue el hereje Marción, el que hace surgir
la idea que los escritos cristianos formaron una unidad junto a la del AT.
Melitón de Sardes, hacia el año 170, habla por primera vez de un Antiguo
Testamento, dejando entender implícitamente la existencia de un Nuevo Testamento. Sin
embargo fue Tertuliano, hacia el año 200, el primero en usar la expresión “Nuevo
Testamento”.

b. Determinación progresiva en el tiempo de la extensión del NT

Ninguno de los Padres de los s. II y III, cita en realidad todos los libros del NT tal
como lo conocemos actualmente. Ninguno cita a Filemón y 3 Juan. Esto no implica a priori
que no sean canónicos o que no los conocieran. Simplemente no los citaron. La lista conocida
como la más antigua es la del célebre “canon de Muratori” o Fragmento Muratoriano (170
d.C.). En la primera categoría de escritos que se presentan, es decir, “aquellos leídos
universalmente en la Iglesia”, no están incluidos Hebreos, Santiago, 1 Pedro, 2 Pedro y tal
vez 3 Juan. Representa el uso romano del s. II (cf. EB 3-7).

“…Los Hechos de todos los Apóstoles fueron escritos en un solo libro. Lucas abarca,
escribiendo para el «ilustre Teófilo», todo lo que sucedía en su presencia, tal como pone en evidencia
el hecho de que excluya la pasión de Pedro, así como la salida de Pablo al partir de la Urbe hacia
España.
En cuanto a las cartas de Pablo, ellas mismas muestra a los que deseen entenderlo desde
qué lugar y con qué fin fueron escritas. En primer lugar [escribió] a los Corintios prohibiendo las
divisiones cismáticas; luego, a los Gálatas [prohibiendo] la circuncisión; a los Romanos escribió más
extensamente acerca del orden de las Escrituras, pero también insistiendo en que el principio de estas
es Cristo. Sobre cada una de ellas [no] es necesario que nos extendamos, ya que el mismo
bienaventurado apóstol Pablo, siguiendo el orden de su predecesor Juan, escribe a siete iglesias, sí
bien solo nominalmente; y lo hace en el siguiente orden: a los Corintios la primera, a los Efesios la
segunda, a los Filipenses la tercera, a los Colosenses la cuarta, a los Gálatas la quinta, a los
Tesalonicenses la sexta y a los Romanos la séptima. Pero aunque a los Corintios y los Tesalonicenses
les escribe una segunda vez para corregirlos; sin embargo, se reconoce que es solo una la Iglesia
difundida por todo el orbe de la tierra; pues también Juan, aunque en el Apocalipsis escribe a siete
iglesias; sin embargo, habla a todas. Además, hay una [carta] a Filemón, una a Tito y dos a Timoteo,
escritas por afecto y amor, pero también consagradas para el honor de la iglesia católica y para la
ordenación de la disciplina eclesiástica.
Se dice que existe también una carta a los Laodicenses y otra a los Alejandrinos, falsamente
atribuidas a Pablo en favor de la herejía de Marción, y muchas otras que no ser recibidas en la Iglesia
católica: pues no es apropiado mezclar hiel con miel.
Desde luego, la carta de Judas y las dos del mencionado Juan son aceptadas en la [iglesia]
católica, así como la Sabiduría, escrita por los amigos de Salomón en su honor. Apocalipsis
aceptamos solo el de Juan y el de Pedro, si bien algunos de los nuestros no quieren que este último
se lea en la iglesia.
Por el contrario, el Pastor lo ha escrito Hermas en la ciudad de Roma muy recientemente,
ya en nuestros días, cuando su hermano Pío se sentaba en la cátedra de la iglesia de la ciudad de
Roma como Obispo; y por ello es provechoso leerlo, sí, pero no puede ser leído al pueblo en la iglesia

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públicamente: ni entre los profetas, ya que su número está completo, ni entre los apóstoles del final
de tiempos.
Por el contrario, no recibimos absolutamente ninguno de los escritos de Arsinoe (llamado
Valentino) o de Milcíades; estos han escrito incluso un libro nuevo de Salmos para Marción, junto
con Basílide el asiático, fundador de los Catafrigios.”

La lista de Orígenes del s. III, referida por Eusebio, presenta ciertas dudas acerca
de 2 Pedro, 2 Juan y 3 Juan. El mismo Eusebio, hacia el año 310, distingue expresamente
entre, los libros reconocidos por todos y los libros espurios, es decir los “discutidos”,
cataloga así a Santiago y Judas.
El “Canon Claromontano” del s. IV, no menciona en su lista a Hebreos.
El “Canon Momseniano” (360), no cita a Hebreos, Santiago y Judas.
En Occidente, hacia finales del s. IV, S. Atanasio, S. Agustín, los Concilios de
Hipona (393; EB 17), y de Cartago (397), se hallan de acuerdo con el Canon completo que
más tarde será recogido por el Concilio de Florencia y definido por el de Trento.

Concilio plenario de toda África en Hipona - Canon 36- 8 de octubre de 393

“[Se ha determinado] que, fuera de las Escrituras canónicas, nada se lea en la Iglesia bajo
el nombre; de escrituras divinas. Las escrituras canónicas son: Génesis, Éxodo, Levítico, Números,
Deuteronomio. Josué, Jueces, Rut, cuatro libros de los Reyes, dos libros de Crónicas, Job, el salterio
de David, cinco libros de Salomón, los libros de los Doce Profetas, Isaías, Jeremías, Daniel, Ezequiel,
Tobías, Judit, Ester, los dos libros de Esdras, los dos libros los Macabeos.
Del Nuevo Testamento: cuatro de los Evangelios, un libro de los hechos de los Apóstoles,
trece cartas del apostos Pablo, una a los Hebreos también suya, dos de Pedro, tres de Juan, una de
Santiago, una de Judas y el Apocalipsis de Juan”.

S. Jerónimo, a finales del s. IV, se declara a favor de todos los escritos del NT tal
cual hoy los tenemos en el canon confirmado por Trento.
El Códice Sinaítico del s. IV, contiene junto a los libros que consideramos
canónicos, la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas. El Códice Alejandrino del s. V,
agrega además a las anteriores 1Cl y 2Cl. Implícitamente hay más libros que los que tenemos
en nuestro canon.
La Iglesia de Siria usaba un Canon solo de 17 libros: el “Diatéssaron” de Taciano
en lugar de los Evangelios (síntesis de los cuatro canónicos), los Hechos de los Apóstoles y
15 cartas de S. Pablo, ignoraban las cartas Católicas y el Apocalipsis.
La Iglesia de Antioquia influenciada por la vecina Iglesia de Siria, ignoraba la
existencia de 2 Pedro, 2 Juan, 3 Juan, Judas y Apocalipsis.
La historia del NT durante los primeros cinco siglos, no es un asunto sencillo. Se
debe tener en cuenta: el sentido particular de algunos escritos, la dificultad de comunicación,
la falta de criterio sobre la canonicidad de los escritos.

c. “Criterios” de “inclusión” de libros sagrados y motivos de incertidumbre


con respecto algunos libros

La Iglesia primitiva, asistida por el Espíritu Santo, tenía presente fundamentalmente


tres criterios a la hora de incluir un libro en el canon:

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1. Origen apostólico del escrito. Sea directamente compuesto por un Apóstol o sea en
el contexto de la comunidad en la Iglesia Apostólica fundante.

2. El uso extendido en el ámbito litúrgico y pastoral “desde el comienzo”. Es decir


luego del destino particular de algunos libros se da una suerte de “universalización”
del mismo.

3. Conformidad de un escrito con la regla de la fe, es decir con el pensamiento y la


teología de los Apóstoles fundadores. No siempre es sencillo este criterio pero
existen algunos puntos para tener presente en el mensaje central de la fe.

Se dieron discusiones importantes con algunos escritos que ya hemos pasado revista
en los puntos anteriores. Ahora podemos retomar y recordar:

 La canonicidad de Apocalipsis, Hebreos y 2 Pedro fue discutida, porque se dudaba


la autoría de Juan, Pablo y Pedro respectivamente.

 El Apocalipsis en particular, halló dificultades de tipo doctrinal en algunos de sus


puntos.

 La 2 Juan y sobre todo la 3 Juan, fueron menos conocidas y poco valoradas por su
brevedad y su “escaso” contenido teológico.

 Respecto de Santiago y Judas surgió la cuestión de la paternidad literaria y algunas


cuestiones doctrinales.

 Otros escritos del tiempo sub-apostólico –como la primera y la segunda epístola de


Clemente (1 Cl, 2 Cl), la Didajé, el Pastor de Hermas, la Epístola de Bernabé-
pudieron ser acogidos por algunas comunidades como libros canónicos, por su
antigüedad, por su contenido de fe, por su uso o porque llevaban el nombre de
discípulos de los Apóstoles.

Según P. Grelot: “El criterio de apostolicidad ha jugado ciertamente su parte; pero


su aplicación no resulta fácil. Por una parte se corría el riesgo de introducir en el Canon
ciertas obras pseudoepígrafas... Por otra parte se corría el riesgo de supeditar excesivamente
la canonicidad a una rigurosa autenticidad literaria de los escritos.”8 Es obvio que la
determinación concreta para cada libro ha sido un tema más que difícil.

La Iglesia se ha guardado sabiamente siempre de hacer afirmaciones dogmáticas


acerca de la paternidad literaria de los libros sagrados. Los decretos de la Pontificia Comisión
Bíblica de 1906 a 1914 que conciernen a la paternidad literaria no tiene carácter dogmático,
sino prudencial (EB 181-184 sobre el Pentateuco; EB 187-189 sobre el Cuarto Evangelio;
EB 276-280 sobre el libro de Isaías; EB 324-331 sobre el carácter histórico de los tres

8
V. Mannucci, La Biblia como Palabra de Dios, Ed. Desclée de Brouwer, Bilbao, 1997.
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primeros capítulos del Génesis; EB 332-339 sobre los autores y el tiempo de composición
de los Salmos; EB 383-389 sobre el Evangelio de Mateo; EB 390-398 sobre Marcos y Lucas;
EB 399-400 sobre la cuestión sinóptica; EB 400-406 sobre los Hechos; EB 407-410 sobre
las cartas pastorales de Pablo; EB 411-413 sobre Hebreos). Se dieron en un contexto muy
particular de reacción de Magisterio con el Modernismo y la exégesis liberal protestante.9
Lo que del 1905 al 1915 fueron respuestas más bien restrictivas; a partir del 1948
se matizan claramente. Ya en 1943 con la Encíclica Divino Afflante Spíritu del Papa Pío XII
y varias respuestas particulares a la PCB a partir de esta fecha. Se pueden citar como
ejemplo: Carta de la PCB al card. Suhard sobre las fuentes del Pentateuco y la historicidad
del Génesis 1-11 (EB 577-581); y, sobre todo, la Instrucción Sancta Mater Ecclesia de la
PCB sobra la verdad histórica de los Evangelios (EB 644-659).

3.3 El Concilio de Trento


Los “humanistas” del s. XVI reavivaron
las antiguas discusiones con respecto al canon.
Erasmo, por ejemplo, duda sobre el origen
apostólico de las siguientes cartas: Hebreos,
Santiago, 2 de Pedro, 2 de Juan y 3 de Juan.
Lutero ya había hecho una distinción en los
libros del NT y da un papel secundario a
Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis,
colocándolos al final de su Biblia detrás de los
“verdaderos, seguros y más importantes libros
del NT”, según sus mismas palabras. Eso luego se modificó en el marco del protestantismo.

Más allá de esto el Concilio de Trento (1546) pronunció la solemne definición del
Canon del NT. Con la precisión contenida en el inciso “enteros en todas sus partes” (cf.
EB 79), se desprende de las Actas del Concilio que el Tridentino ha querido asegurar la
canonicidad de algunas breves secciones del NT, puestas en duda o negadas por algunos (cf.
Mc 16,9-20; Lc 22,43-44; Jn 7,53-8,11). Veamos el texto conciliar:

“Del Nuevo Testamento: los 4 evangelios, según Mateo, Marcos, Lucas y Juan; los Hechos
de los Apóstoles, escritos por el evangelista Lucas; 14 epístolas del Apóstol Pablo: a los
Romanos, 2 a los Corintios, a los Gálatas, a los Efesios, a los Filipenses, a los Colosenses, 2
a los Tesalonicenses, 2 a Timoteo, a Tito, a Filemón, a los Hebreos; 2 del Apóstol Pedro, 3
del Apóstol Juan, 1 del Apóstol Santiago, 1 del Apóstol Judas y el Apocalipsis del Apóstol
Juan”. D(H)S 1503

9
Tener presente que el decreto Lamentabili del Santo Oficio con aprobación del Papa Pío X es del 3 de julio
de 1907 y la Carta Encíclica Pascendi del mismo Papa es del 8 de septiembre del mismo año. Ambos textos
reaccionan contra la doctrina Modernista.
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En síntesis: en el Concilio de Trento, año 1546 queda definido y


cerrado de manera solemne el canon de la Biblia, del Antiguo y del
Nuevo Testamento.

4. Criterio definitivo de la fijación del canon de los libros


sagrados: Escritura y Tradición
El Concilio Vaticano I, repite la doctrina del Concilio de Trento. Mientras que la
Dei Verbum hace hincapié en la Tradición, afirmando; “Es la misma Tradición la que da a
conocer a la Iglesia todo el Canon de los Libros Sagrados” (DV 8).
Aquí se hace una importante y explícita afirmación. Es un dato de fe. No se dice el
cómo se dio, ni siquiera se profundizan los “criterios”. Se afirma el hecho, la realidad, como
un dato de fe.
a. En el marco del pensamiento protestante

El problema se plantea en la época de la Reforma, cuando los reformadores


sustituyen los criterios externos, vinculados a la autoridad del Magisterio de la Iglesia y de
su Tradición, por criterios internos.
Lutero hará hincapié en que el libro “vale” en la medida del testimonio que pueda
dar de Cristo y de su redención. Calvino dirá que el Espíritu Santo produjo un “consenso
público” en la Iglesia primitiva para definir el canon.
Sin embargo, a partir del siglo XIX, cada día más los mismos protestantes tienden
a “darle más lugar” a la Iglesia en la definición del canon. Es imposible el establecimiento
del canon si no hay una autoridad que lo regule.

b. Los criterios de la teología católica

Tomando de DV 8: ¿de qué manera la misma Tradición hace conocer a la Iglesia


todo el Canon de los Libros Sagrados?
“…Por esta Tradición conoce la Iglesia el Canon íntegro de los libros sagrados…”
(DV 8)

b.1. Relación entre Escritura y Tradición

El Vaticano II ha hablado de la Sagrada Escritura y de la Tradición como dos modos


diversos, pero unidos y comunicantes entre sí, de transmitir el único y el mismo objetivo
cual es la Divina Revelación. Por lo tanto cuando se dice que la Tradición da a conocer el
canon no hay que excluir la relación íntima entre ésta y la Escritura. Recordar lo planteado
en la unidad 2 de Introducción a la Biblia I.

b.2. El criterio de la Tradición en la definición del Canon

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La definición del canon constituye el primer acto solemne del Magisterio de la


Iglesia pos-apostólica en lo que se refiere al depósito de la Revelación. En esta tarea la
Iglesia es guiada infaliblemente por el mismo Espíritu que inspiró a los autores
sagrados para que compusieran sus escritos.
Ahora, la definición formal se da recién en 1546. ¿Qué pasa antes? La Iglesia tenía
un Canon muy preciso antes de definirlo; la Iglesia “sentía” la singularidad de estos libros,
antes de haberla declarado. El acto mismo de la definición fue un acto “connatural”.

4.1 Libros “perdidos” y libros apócrifos citados en el Nuevo


Testamento
Trento no dijo “expresamente” que
aquellos eran los “únicos” libros inspirados.
¿Queda entonces un margen para la duda si podría
“abrirse” el canon? Para algunos autores no, para
otros sí. La discusión sobre este tema no tendría un
carácter solo académico, teniendo en cuenta los
casos concretos que a continuación se citan.

a. Cartas perdidas de Pablo

Por 1Co 5,9 advertimos que Pablo había


escrito “una carta anterior”. Además, por Col 4,16
suponemos la existencia de una carta “a los de Laodicea”. Textos que no añadirían nada
nuevo y sustancial al depósito de la Revelación, contenida ya en los Libros inspirados y
reconocidos como tales por la Iglesia, la cual no estaría obligada, en el caso de aparecer los
textos extraviados, a abrir el Canon de sus Libros Sagrados, aun cuando se admitiese su
carácter de inspirados. Todo esto es sumamente precario y discutible.

b. Libros “apócrifos” citados en el NT

La Carta de Judas cita en los v. 14-16 el libro apócrifo de Henoc 1,9 refiriéndose a
él como su fuese una “profecía” (con un cierto alcance de sentido técnico-bíblico). Es más,
la Carta de Bernabé, Tertuliano y Clemente de Alejandría lo consideran Escritura. Sin
embargo, en el caso de que Judas considerase a Henoc inspirado, no necesariamente tiene
que serlo en el sentido técnico de la palabra, de hecho no fue reconocido por la Iglesia como
tal.

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5. Inspiración, canonicidad, autenticidad y paternidad


literaria

Al abordar el tema de la inspiración en la Unidad 1 y, ahora la canonicidad en esta


Unidad 3, surge de forma conexa el tema de la “autenticidad” de los Libros Sagrados o,
mejor dicho la “paternidad literaria” de los mismos.

Vamos retomando parte de lo que vimos y aclarando en esta síntesis final.

La inspiración y la canonicidad son esenciales y tienen que ver con la fe de la


Iglesia. En sí, como definición dogmática no se modifica ni se discuten. Podemos elucubrar
sobre las formas, el sentido, las etapas, la historia, etc. Pero no sobre el hecho en sí: la
Escritura es inspirada por Dios y sus libros son canónicos.

Habitualmente se ha hablado de “autenticidad” o no cuando tal o cual autor humano


era realmente el responsable de tal escrito sagrado. La palabra autenticidad puede ser
confusa. Dado que aquí se aplica a la “paternidad literaria” (tal o cuál o cuáles autores
humanos inspirados por Dios) y no al valor inspirado y canónico del escrito. Por eso
reemplazamos la expresión “autenticidad” por “paternidad literaria”.

En la realidad de la paternidad literaria de un escrito puede entrar en juego lo


que llamamos pseudoepigrafía10 o pseudonimia.11 Algún discípulo de algún gran personaje
bíblico, o incluso escuelas de algún profeta o apóstol pueden haber compuesto parte o la
totalidad de un escrito y haberlo titulado bajo el nombre del gran maestro que los precedió
que ya estaba muerto. Esto que puede resultar negativo para nuestra sensibilidad
contemporánea era muy común y no se veía mal en la Antigüedad.
Lo que debe quedar en claro es que no se juega ningún dogma con la
paternidad literaria. Hay posibilidad de investigación y confrontación de diversas hipótesis.
Cuando algún órgano de la Iglesia ha planteado estas cuestiones no lo ha hecho desde la
perspectiva dogmática. Por ejemplo, las respuestas de la PCB de 1906-1914, como vimos
antes, tienen un carácter prudencial y no magisterial. Después se cambia especialmente en
la década del 50 en adelante.

En el trasfondo del problema está también lo que se entiende por “apostolicidad”.


La dificultad fue que la teología liberal intentó desacreditar apostólicamente a los libros
donde la paternidad literaria era discutida. Hoy en día se entiende de manera mucho más
amplia: que un escrito sea apostólico no significa que haya salido de la pluma solamente de
uno de los Doce.

Dudas en la paternidad literaria de un escrito y puntos en donde surge la duda:

10
Pseudos “falso” y grafé “escritura, escritor” (“escritor falso”).
11
Pseudos “falso” y ónoma “nombre” (“nombre falso”).
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 Pensamiento teológico diferente a otro escrito del mismo autor… ¿pero no


podría haber evolución en un mismo autor sobre todo en nuevas circunstancias?
 Lenguaje con sus palabras, estilos y formas gramaticales específicas… ¿pero
cómo se entiende la tarea de los escribas de profesión? (hay cartas auténticas de Pablo que
no fueron escritas de puño y letra por él: Ga 6,11).
 Fechas precisas en un texto y/o acontecimientos que reflejan o no reflejan
fechas precisas en un texto. Muchas veces son alusiones que necesitan una interpretación
que puede ir en varias direcciones. Es complicado y, en algunos casos, muy indirecto.

Síntesis

 Para el autor de un escrito bíblico no usamos la expresión autenticidad


porque es ambigua sino “paternidad literaria”.
 Esta paternidad no es un tema dogmático. Tiene que ver con el "juicio
prudencial".
 Lo que no entra en juego, lo que es dogmático y magisterial, es la inspiración
bíblica y la canonicidad de los escritos de la Biblia.

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Libros “canónicos” del Antiguo Testamento según el


Judaísmo y las tres grandes tradiciones Cristianas.
Iglesia Iglesia
Judaísmo Protestantes
Católica Ortodoxa
Génesis Génesis Génesis Génesis
Éxodo Éxodo Éxodo Éxodo
Levítico Levítico Levítico Levítico
Números Números Números Números
Deuteronomio Deuteronomio Deuteronomio Deuteronomio
Josué Josué Josué Josué
Jueces Jueces Jueces Jueces
Rut Rut Rut Rut
I Samuel I Samuel I Samuel
Samuel
II Samuel II Samuel II Samuel
I Reyes I Reyes I Reyes
Reyes
II Reyes II Reyes II Reyes
Isaías Isaías Isaías Isaías
Jeremías Jeremías Jeremías Jeremías
Ezequiel Ezequiel Ezequiel Ezequiel
I Crónicas I Crónicas I Crónicas
Crónicas
II Crónicas II Crónicas II Crónicas
Esdras y Esdras Esdras Esdras
Nehemías Nehemías Nehemías Nehemías
Tobías
Judit
Ester (sin sup. Ester (sin sup. Ester (con sup.
gr.) gr.) gr.)
I Macabeos
II Macabeos
III Macabeos
IV Macabeos
Job Job Job Job
Salmos Salmos Salmos Salmos
Proverbios Proverbios Proverbios Proverbios
Eclesiastés Eclesiastés Eclesiastés Eclesiastés
Cantar de los Cantar de los Cantar de los Cantar de los
Cantares Cantares Cantares Cantares
Sabiduría
Eclesiástico Eclesiástico
Salmos de
Salomón

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Lamentaciones Lamentaciones Lamentaciones Lamentaciones


Baruc
Carta de
Jeremías
Daniel (sin Daniel (sin Daniel (con Daniel (con
sup. gr.) sup. gr.) sup. gr.) sup. gr.)
Oseas Oseas Oseas Oseas
Joel Joel Joel Joel
Amós Amós Amós Amós
Abdías Abdías Abdías Abdías
Jonás Jonás Jonás Jonás
Miqueas Miqueas Miqueas Miqueas
Nahúm Nahúm Nahúm Nahúm
Habacuc Habacuc Habacuc Habacuc
Sofonías Sofonías Sofonías Sofonías
Hageo Hageo Hageo Hageo
Zacarías Zacarías Zacarías Zacarías
Malaquías Malaquías Malaquías Malaquías

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