Capítulo I
¿Qué son las técnicas Proyectivas Gráficas?
Son técnicas de evaluación psicológica, que utilizan habitualmente
profesionales como psicólogos, psiquiatras, psicopedagogos, etc., y que
aportan un conocimiento global de la personalidad de un sujeto.
Las características comunes que tienen todas estas técnicas son:
material poco estructurado, consignas claras pero sin demasiados
condicionamientos, libertad absoluta del entrevistado para realizarlas, y la
no estipulación de un tiempo determinado. Son más con fiables que el
lenguaje verbal, ya que en este último, se puede ejercer mayor control. El
lenguaje gráfico, al igual que el lúdico, son mucho más inconscientes.
La proyección, como la entendemos en estos casos, se podría definir
como el dinamismo psicológico o proceso inconsciente, por el cual un
individuo atribuye las propias cualidades, sentimientos, actitudes y
esfuerzos a objetos del medio (personas, cosas, etc.).
El contenido de esta proyección, puede o no ser reconocido por el
sujeto como parte de sí mismo.
Las distorsiones forman parte de esta proyección, como mecanismo de
defensa ante características que el sujeto niega o rechaza de su propia
persona, porque le producen angustia o conflicto, o por perturbaciones
emocionales.
En las técnicas proyectivas gráficas, el individuo justamente «proyecta»
sobre el papel, determinados aspectos o características de sí mismo
(conocidas por él o no), de forma totalmente involuntaria e inconsciente.
El test de la casa, del árbol y de la persona, es una técnica proyectiva
gráfica, utilizada mucho en psicología, y conocida comúnmente como
H.T.P., que son las siglas de su nombre en inglés (house, tree, person).
El creador de dicho test fue John Buck (psicólogo estadounidense),
quien lo creó en el año 1948.
Con la interpretación de cada uno de estos dibujos, podemos evaluar la
personalidad desde varios aspectos (familiar, afectivo, emocional,
autoestimativo, etc.).
Dice Hammer: «Los dibujos representan una forma de lenguaje
simbólico que moviliza niveles relativamente primitivos de la
personalidad», es decir, que reflejan 10 más profundo, inconsciente y hasta
desconocido del ser humano.
Por eso decimos, que los dibujos son representaciones, y no
reproducciones.
El sujeto dibuja 10 que siente, y tiene incorporado como modelo; y no
lo que ve desde un punto de vista objetivo, ya que en forma inconsciente,
reproducimos las imágenes que tenemos fijadas en nuestro cerebro, y las
que mejor nos representan empáticamente.
Con los dibujos proyectamos la manera de vemos a nosotros mismos, y
el ideal de cómo nos gustaría ser y cómo nos gustaría que realmente nos
vieran.
«En los dibujos proyectivos, las actividades psicomotoras de la persona
se capturan en un papel» (Hammer). Las técnicas gráficas son muy útiles y
recomendables, especialmente para analizar en niños, personas de bajo
nivel evolutivo, o con dificultades de expresión verbal.
El dibujo de la casa, representa la situación familiar, el árbol lo más
profundo e inconsciente, y la persona, que es lo más cercano a la
conciencia, la autoimagen o autoconcepto, incluyendo los mecanismos
defensivos que utilizamos habitualmente en nuestra vida cotidiana.
Dice Hammer, que la casa, el árbol y la persona «son conceptos
simbólicamente muy fértiles en términos de significación inconsciente».
El objeto gráfico favorito de los niños pequeños, y en general el primero
que se realiza, es el dibujo de la figura humana; el siguiente es el de la
casa, y luego comienza a dibujar árboles y flores.
Este test se puede aplicar en todas las edades, desde que el niño es
capaz de entender la consigna y tratar de representar los modelos pedidos.
Se puede utilizar en distintas circunstancias o campos de aplicación:
para el ámbito laboral, selección de personal, orientación vocacional, para
el ambiente educativo, lo clínico o judicial.
Siempre es preferible administrar los tests en forma individual, ya que
así es posible percibir detalles importantes, el orden o secuencia de los
dibujos, manifestaciones verbales o gestuales. Pero en algunos casos, esta
técnica también se puede aplicar en forma grupal.
La dificultad que presenta la forma grupal, aparte de lo mencionado
anteriormente, es que puede condicionar a las personas en el tiempo de
ejecución, o inducir a la copia de los dibujos o estilos.
Hay sujetos más lentos o más minuciosos, que cuando ven que los
demás finalizaron, entregan sin concluir el dibujo para no quedar
rezagados, perdiendo la oportunidad de agregar detalles que pueden ser
muy valiosos e importantes para la posterior evaluación.
En este test no se analiza el aspecto estético o destreza de los dibujos,
por 10 cual, el sujeto no necesita una capacidad o habilidad artística
especial, ni experiencia previa en este sentido.
Finalmente, quisiera aclarar como algo fundamental, que si bien en este
libro van a encontrar pautas parciales de interpretación, nunca se puede
interpretar un rasgo de personalidad determinado por un solo signo aislado.
Debemos corroborar siempre todas las características; y si es
posible, converger con otras técnicas de evaluación. Es importante, cuando
se toma una prueba gráfica, tener en cuenta lo siguiente:
Las interpretaciones y significados de cada ítem, son orientativas, no
definitorias o concluyentes por sí mismas, por lo cual se deben adecuar a
cada individuo o situación particular.
No basarse solo en un signo particular. Cada Ítem contiene varias
posibles significaciones, y se debe relacionar y corroborar con otros
indicadores para llegar a una conclusión acertada.
Tener en cuenta la edad y nivel evolutivo del analizado, dado que hay
características que a cierta edad son normales o esperables, y en otra edad
pueden ser patológicas.
Y para terminar, quisiera recordar las palabras del profesor Augusto
Vels: «tengamos siempre en cuenta que cada persona es un todo, es un
«individuo», no es divisible. Para interpretar cada signo aislado,
relacionemos esa parte con el todo, con el conjunto».
Consigna y administración del H.T.P.
Para la realización de este test, se le entrega a la persona una hoja en
blanco sin pautas, de tamaño carta o A4 (de 80 gr), y un lápiz negro
(preferiblemente n° 2 HB -tipo Faber, de mina semidura), con algunas
hojas extras por debajo para que sirvan de base y no se apoye la hoja
directamente sobre la mesa.
No se permite regla u otro tipo de ayuda mecánica. El dibujo debe
ser manual.
Muchos profesionales proporcionan goma de borrar junto con las hojas.
Yo en general no la entrego, excepto que el sujeto la pida.
La primera hoja se entrega en forma horizontal o apaisada, y se le pide
al sujeto que dibuje una casa.
Cuando termina, se retira esa hoja y se le entrega otra en forma vertical,
pidiendo que dibuje un árbol.
Al finalizar, se retira esta segunda hoja, y se le entrega la tercera,
también en forma vertical, pidiendo que dibuje una persona, sin indicar el
sexo de la misma.
Para este tercer dibujo, se utiliza el recurso de las «asociaciones». Se le
pregunta al analizado si esa persona existe en realidad, o si le recuerda a
alguien; y en ciertas circunstancias, se le pide que cuente una historia sobre
esa persona que dibujó. La información que se obtiene de esto, aporta un
valor desde lo emocional y clínico, que colabora con la interpretación
general.
En algunos casos también, se entrega una cuarta hoja, solicitando que
se dibuje otra persona del sexo opuesto a la anterior (“test de la pareja”).
Esto sirve para comparar la actitud del sujeto frente a los individuos del
otro sexo, las relaciones interpersonales dentro de la pareja, y la postura
con respecto a la heterosexualidad.
Si la persona rota o cambia de posición la hoja cuando se le entrega,
esto se puede interpretar como tendencia a la oposición. El sujeto posee un
criterio independiente y no se adapta a los formulismos o
convencionalismos. Quiere manejarse con sus propias pautas, y se rebela
ante los condicionamientos. Sería como querer acomodar el medio a sus
requerimientos o necesidades.
En cualquiera de los dibujos, si el entrevistado pregunta cómo hacer
alguno de ellos, se le debe responder «como usted prefiera». Tener en
cuenta, por un lado, que la consigna debe ser lo más ambigua posible para
no condicionar el dibujo, y por otro lado, que toda pregunta encierra un
problema (dudas, inseguridades, perturbaciones, etc.); por lo cual es
importante observar y anotar en qué punto, en qué parte del dibujo le surge
la incertidumbre.
En general, las personas suelen quejarse de lo «horribles» que salen sus
dibujos, a lo cual nosotros responderemos que no importa cómo salgan, ya
que no evaluamos lo estético ni artístico.
A algunas personas, la situación de «prueba» les genera mucha
ansiedad, por lo cual es conveniente brindarles tranquilidad para que se
relajen, pues la mayoría de los sujetos que realizan este test no saben
dibujar.
No se toma tiempo en este tipo de técnicas, pero en general es un test
que no suele ni debería durar más de 20 o 30 minutos.
Es importante observar los movimientos, pausas, secuencia de las
partes de los dibujos, gestos o verbalizaciones del entrevistado, al igual que
anotar comentarios si son relevantes para el posterior análisis e
interpretación.
Decimos que el papel representa el medio ambiental donde se
desenvuelve el sujeto, y lo que realice en el mismo, traducirá su conducta
en el entorno.
Antes de evaluar cada test es importante ver la impresión total o general
del dibujo, lo que se denomina en psicología «visión gestáltica» (gestalt =
forma, figura. La teoría de la Gestalt es una corriente psicológica que surge
en Alemania en 1912, Y que tiene como objeto de estudio la conciencia. Su
premisa fundamental es «el todo es mayor que la suma de las partes».
Sostiene que primero se percibe el todo como conjunto, como totalidad, y
después las partes o elementos parciales o constitutivos).
Esta primera impresión nos provoca sentimientos de aceptación o
rechazo, que es importante tomar en cuenta. Es recomendable registrar los
detalles que sobresalen del contexto o que nos llaman la atención.
Luego de esta primera impresión o visión general, pasamos al análisis
de lo que Hammer denomina «pautas formales» y «pautas de contenido».
Pautas Formales: son los ítems generales que observamos y
analizamos en todos los tests gráficos, y que se refieren fundamentalmente
a las reglas grafológicas. Estas pautas formales en general, son las que
sufren menos cambios.
Pautas de Contenido: es el análisis detallado de las partes de los
dibujos con los significados o interpretaciones específicas de cada una.
Capítulo II
Ítems o aspectos generales a tener en cuenta para todos
los dibujos
Son las características generales o comunes que tenemos que analizar
en todos los dibujos, antes de empezar con las partes o signos particulares
de cada uno.
Estas características tienen que ver con el simbolismo del espacio
que se utiliza para todas las técnicas gráficas, y con los indicadores de los
trazos y sus clasificaciones.
Para quienes no conozcan acerca del simbolismo del espacio gráfico
(creado por el psiquiatra suizo Max Pul ver), podemos decir que es la
interpretación psicológica de las zonas del papel, aplicable a todos los
dibujos, letras, garabatos, etc.
Pero antes de empezar a ver las interpretaciones de estas zonas,
quiero hacer referencia al psicoanálisis y a su creador, el Dr. Sigmund
Freud, ya que durante todas las explicaciones utilizaremos vocabulario
psicológico y psicoanalítico.
Freud desarrolló en su teoría, lo que denominó aparato psíquico; que
es lo que antiguamente se llamaba mente, psiquis o alma; y que no tiene
una localización física ni es algo tangible.
El aparato psíquico es una estructura dinámica donde interactúan
diversas fuerzas psíquicas, y es el responsable de toda nuestra actividad
psíquica.
En una primera tópica, Freud dividió al aparato psíquico en tres
sistemas:
Consciente: que sería el campo que abarca la facultad de conocer,
comprender y relacionar los hechos externos con la realidad interna del
sujeto. Es el estado por el cual nos conectamos con el medio ambiente,
percibimos las impresiones y recibimos los estímulos del presente.
Preconsciente: está situado entre el consciente y el inconsciente, y
es todo aquello que se puede traer voluntariamente a la conciencia. Aquí se
guardan todos los recuerdos, estímulos, impresiones y experiencias pasadas
que se pueden concientizar cuando así lo requerimos.
Inconsciente: está constituido por contenidos reprimidos que no
pueden llegar a la conciencia, por más esfuerzo voluntario que hagamos. Al
inconsciente no lo podemos manejar, y es el «diablillo» que suele
jugarnos malas pasadas.
El inconsciente nunca se presenta tal cual es, sino que aparece
«disfrazado» o «camuflado».
Por ejemplo, cuando estamos hablando de algo y de repente nos sale
una palabra que no tiene que ver con lo que estamos diciendo, o cuando
decimos nombres que corresponden a otras personas distintas a las que nos
queremos referir. Esas equivocaciones se denominan «actos fallidos», y son
manifestaciones del inconsciente.
El inconsciente también se manifiesta en los sueños. A veces
soñamos cosas totalmente imposibles y que no tienen ninguna lógica para
nosotros. Porque en el sueño, el inconsciente puede «jugar» libremente y
mandarnos mensajes, los que podrán ser descifrados e interpretados en
situación terapéutica.
Todo esto corresponde a la primera división que hizo Freud del
aparato psíquico.
Pero luego, realizó otra división, que no anula la anterior sino que
toma en cuenta otros aspectos, la complementa y la enriquece. Así elabora
la segunda tópica, compuesta de tres instancias:
Súper yo: se dice que es la instancia castradora o represora, porque
está constituida por la educación, el deber ser, los valores morales y éticos.
El Superyo es el que nos indica cómo debemos comportarnos en las
distintas circunstancias de la vida.
Es el resultado de la incorporación de mandatos prohibitivos de los
padres, o figuras significativas, de las exigencias y normas sociales. Sería
como una especie de juez que censura al Yo.
Ello: integrado por contenidos inconscientes, y por la totalidad de las
pulsiones, los impulsos instintivos. Estos impulsos son absolutamente
incontrolables (como se dice comúnmente, es el «indio» que llevamos
adentro).
El ello es la instancia que se rige por el principio del placer, y lo
único que le importa es satisfacer sus demandas en forma inmediata.
El bebé cuando nace es todo Ello (psíquicamente hablando). Cuando
el bebé tiene hambre llora desconsoladamente, hasta que viene la mamá o
quien lo tenga a su cuidado, para satisfacer su demanda y darle el pecho o
la mamadera.
A él no le importa si la mamá está ocupada, lo único que le importa
es que tiene hambre y quiere «llenar su estómago».
Yo: el Yo es el «árbitro» que está en el medio, entre el Ello y el
Súper yo, es el mediador entre los instintos primarios y las exigencias del
mundo externo. Es el que está en contacto con el medio ambiente, y
representa los intereses de la persona. Debe adecuarse o adaptarse a la
realidad; es el que ordena y coordina.
El Yo regula la motilidad voluntaria y controla los contenidos que
acceden o no a la conciencia, y se maneja con el principio de realidad. Pone
en funcionamiento las defensas inconscientes.
El equilibrio de estas tres instancias, dará el nivel de salud o armonía
psíquica. La desproporción o desequilibrio, reflejará anormalidad o
patología.
Obviamente, ésta es una explicación muy básica sobre algunos
aspectos de la teoría freudiana, que servirá para entender un poco más las
interpretaciones gráficas.
Volviendo entonces al simbolismo espacial, recordemos que la hoja
simboliza el medio ambiente donde nos desenvolvemos, y la ubicación de
los trazos o dibujos representan cómo nos movemos y organizamos dentro
de ese ambiente.
Haremos entonces una primera división en la hoja, que es en forma
longitudinal, quedando tres partes iguales: zona superior, media e inferior.
La segunda división, separa tres sectores en forma vertical, quedando
una zona izquierda, una media y otra derecha.
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Las interpretaciones de estas zonas son las siguientes:
Zona superior (1). Zona de lo intelectual, lo mental, los ideales, la
fantasía, la imaginación, las aspiraciones, la energía, el mundo de las ideas,
lo espiritual, el entusiasmo, el optimismo y la euforia.
Zona media (2): Zona de los afectos, sentimientos, emociones,
simboliza el YO, el presente, lo cotidiano, predominio emotivo.
Zona inferior (3): Zona de los impulsos e instintos, lo biológico, las
necesidades básicas, lo material, lo concreto, lo motriz, lo sexual y lo
inconsciente.
Zona izquierda (4): Zona correspondiente a las vivencias del
pasado, a la figura materna, por ende, a la dependencia con su imagen o
modelo, a la historia infantil y a las experiencias infantiles, a la
introversión, desconfianza, al origen de los actos y actitudes, a los
recuerdos. Es la zona del refugio, la pasividad y la protección.
Zona central (5): Zona del presente, del aquí y ahora, de la realidad
inmediata.
Zona derecha (6): Zona de la extraversión, del futuro en cuanto a
proyectos, de la sociedad, de la integración con el medio ambiente, de la
progresión, de la confianza en la resolución de dificultades. Es la zona de
identificación con la figura paterna, de la actividad y de la expansión vital.
Habiendo aclarado esto, los ítems que vamos a evaluar como pautas
formales son los siguientes:
l. ubicación en la hoja o emplazamiento;
2. tamaño o dimensión del dibujo;
3. tipo de trazo;
4. presión;
5. claridad del dibujo;
6. dinamismo, movimiento;
7. calidad del dibujo;
8. secuencia;
1. Ubicación o emplazamiento del dibujo
El emplazamiento es la zona de la hoja donde se encuentra el dibujo,
la ubicación del mismo.
Si el dibujo se encuentra en la zona superior: lo interpretamos como
nivel alto de aspiraciones, esfuerzo por alcanzar metas, buen nivel de
energía, tendencia a lo intelectual, espiritual, ideales, metas casi
inalcanzables o utópicas, búsqueda de satisfacciones en la fantasía y no en
lo real, distancia del medio y de la realidad, optimismo, alegría, euforia.
Si el dibujo se encuentra en la zona inferior: significa inseguridad,
dependencia, tendencia a lo concreto, práctico y material, apego a la
realidad, personas arraigadas a su lugar, tendencias instintivas y probables
tendencias depresivas.
Si está sobre el borde inferior de la hoja: hay mayor necesidad de
sostén, inseguridad y dependencia. Esto es normal en los niños pequeños.
Si el dibujo se encuentra en la zona central: revela equilibrio
emocional, buena adaptación, persona que vive el presente desde la
objetividad, seguridad, más centrado en sí mismo, autocontrol. Depende del
tamaño del dibujo, si es muy grande, puede tener que ver con una tendencia
narcisista.
Si el dibujo se encuentra en la zona izquierda: se interpreta como
introversión, dificultad de adaptación, dependencia, persona tradicionalista
y convencional, inseguridad.
Si el dibujo se encuentra en la zona derecha: simboliza adaptación,
sociabilidad, integración con el medio, preocupación por el futuro,
actividad, planes, proyectos, iniciativa, independencia, necesidad de
expansión y de comunicación, ambición de éxitos.
Pero hay veces, que los dibujos se encuentran, sobre alguno de los
ángulos o vértices de las hojas.
Para analizar mejor y más específicamente esta ubicación,
dividiremos entonces la hoja en cuatro partes iguales, con una línea
imaginaria que la cruce tanto en sentido horizontal como vertical. Así
obtendremos dos cuadrantes superiores y dos inferiores, como también dos
cuadrantes derechos y dos izquierdos.
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1. Superior Izquierdo
2. Superior Derecho
3. Inferior Izquierdo
4. Inferior Derecho
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Si el dibujo está en el cuadrante superior izquierdo:
Simboliza pasividad, reserva, predominio de la razón,
cautela, cierta dependencia pero con un comienzo de
separación del modelo de la figura materna, actitud
expectante y observadora, reflexión, vacilación, necesidad
de apoyo, cierta inseguridad, tendencia a la introversión y al
retraimiento, idealismo.
Si el dibujo está en el cuadrante superior derecho:
Refleja optimismo, independencia, alegría, sociabilidad,
dinamismo, tendencia a la integración, actividad, energía,
puede ser agresividad corroborado con otros signos. Son
personas inquietas, con necesidad de movimiento, que
tienen capacidad para enfrentarse con las dificultades del
medio y se proyectan hacia el futuro. Aspiraciones
intelectuales.
Si el dibujo está en el cuadrante inferior izquierdo:
Es el cuadrante más negativo, pues revela pasividad, retraimiento,
temor a lo desconocido, tendencia a la depresión, apego al pasado,
dependencia, introversión, dificultades de adaptación,
inseguridad, inhibición, aislamiento. Es la zona más
conflictiva o preocupante. El sujeto vive a la defensiva, con
desconfianza e incapacidad para la lucha, impotencia frente
a los obstáculos, falta de confianza en sí mismo. Todo esto
puede deberse a algún sentimiento de inferioridad física o
psíquica, real o imaginada, o por algún estado depresivo, o
fijaciones con conflictos ocurridos en la infancia. Regresión.
Si el dibujo está en el cuadrante inferior derecho:
Hay una tendencia a ir hacia el medio, con voluntad y
disciplina, pero le falta fuerza y vitalidad; puede ser
cansancio, enfermedad, desánimo, disminución de la
energía, tristeza, angustia, decaimiento. Alguna
circunstancia (frustración, stress, problema o dificultad)
está mermando los deseos de expansión. El sujeto busca
una situación más estable y segura. Más instintivo.
El punto medio de la hoja simboliza el YO, el equilibrio
emocional, la seguridad, autoconfianza, individualidad,
egocentrismo, dominio de sí mismo.
«El centro de la página es el área de convergencia de todas las
tendencias y necesidades con el presente y con la realidad del Yo. En esta
zona convergen los impulsos inconscientes y subconscientes (área inferior
del espacio gráfico); los recuerdos y experiencias vividas (área de la
izquierda); las aspiraciones ideales y espirituales (área superior de la
página); y los impulsos de comunicación, de expansión y realización (área
de la derecha)» -(A. Vels).
Las figuras que se encuentran en el centro de la página, con trazos
limpios, sin distorsiones, anomalías o desproporciones, implican una
buena adaptación al medio en que se desenvuelve el sujeto. Si la figura es
pequeña, y hay algún tipo de irregularidad (retoques, sombreados,
deformaciones, etc.) la persona puede sentirse como asfixiada o acorralada
en medio de presiones ambientales de todo tipo (familiares, laborales,
sociales; internas y externas). Si la figura es grande, con buena presión y
trazos seguros, se puede interpretar como tendencias egocéntricas.
Hay que ver también si las figuras se encuentran bien apoyadas en
un suelo firme, o están «flotando en el aire».
2. Tamaño o dimensión del dibujo
En este caso, se evalúa el espacio que ocupa en la hoja la totalidad del
dibujo.
Con la dimensión o tamaño interpretamos el nivel de expansión, de
confianza en sí mismo, de autoestima, y de vitalidad.
Grande: (ocupa un 75% del marco del papel)
Refleja autoconfianza, seguridad, vitalidad, expansión,
extraversión, orgullo, amplitud de miras, visión global,
generosidad, buena autoestima, vanidad, ostentación,
narcisismo, ambición. La persona se siente importante en
su ambiente (familiar, social y laboral o profesional), y
puede reaccionar ante las presiones externas con
sentimientos de expansión o agresión. Necesidad de reconocimiento, no le
gusta pasar desapercibida.
Muy grande: (ocupa la totalidad de la hoja y a veces el
sujeto necesita agregar otra hoja para terminar el dibujo).
Simboliza invasión, falta de límites, agresividad,
exhibicionismo, demasiada expansión, megalomanía
(delirio de grandeza), inadaptación. Pueden ser
sentimientos de inferioridad, de opresión ambiental,
frustración y constricción, que se compensan con actitudes
de inadecuación y agresión. A veces, cuando el dibujo es tan grande que se
corta por llegar al borde del papel, es recomendable agregar otra hoja y que
lo continúe hasta completar la producción, sino pueden perderse detalles
importantes.
Pequeño: (ocupa un 25% del marco de la hoja)
Se interpreta como modestia, sencillez, baja autoestima,
inhibición de impulsos, timidez, temor, introversión,
tendencia a la concentración, a la observación y al análisis,
tendencia al retraimiento, poca vitalidad, sentido de
economía.
Muy pequeño: (aproximadamente entre un 10% y un
12% de la hoja)
Revela sentimientos de inferioridad, miedo, inseguridad,
inhibición, tendencias depresivas, dependencia, falta de
voluntad y de vitalidad, debilidad yoica, visión parcial de las cosas,
dificultades para relacionarse, tendencia al aislamiento, baja autoestima,
excesiva minuciosidad.
Normal: (50% del marco del papel)
Interpretamos como adecuación al medio, adaptación,
equilibrio entre introversión y extraversión, vitalidad
normal, justa valoración de sí mismo. Autoestima normal
con buen control de sus tendencias.
3. Tipo de trazo
Con este ítem se evalúa la firmeza o determinación, la seguridad en
las decisiones y en sí mismo.
Trazo ancho: energía, vitalidad, puede ser sensualidad.
Trazo fino: sensibilidad
Alternado: sentido de la observación, originalidad
Firme: seguridad, firmeza en las determinaciones,
autoconfianza, constancia, perseverancia, fortaleza ante los
obstáculos y dificultades, decisión, vitalidad. El sujeto pasa del
pensamiento a la acción sin vacilaciones, porque se siente
seguro de sí mismo y de lo que hace.
Vacilante, débil: pasividad, debilidad, dudas,
temores incertidumbre, timidez, delicadeza, emotividad,
impresionabilidad. Probable enfermedad.
Dentado o con puntas: irritabilidad, hostilidad, impulsividad,
ansiedad, estado de tensión y crispación, emotividad mal
controlada, susceptibilidad, explosividad.
Trazos acerados: rapidez, agilidad mental, agudeza,
reacciones inmediatas, manifestaciones directas,
más o menos violentas y agresivas, de los impulsos primarios,
es decir, variados Índices de agresividad, que pueden ir de la
simple critica, ironía, impaciencia y mordacidad impulsivas, a
reacciones de indignación, irritabilidad excesiva ante las
contrariedades y hasta el descontrol emotivo.
Tembloroso: senilidad, probable enfermedad o
adicción.
Trazos reforzados: ansiedad, inseguridad
Trazos esbozados: ansiedad, timidez, vacilación
ante dificultades o situaciones desconocidas,
falta de confianza en sí mismo, inseguridad.
Estos trazos suelen ser normales en dibujantes,
técnicos, ingenieros, arquitectos, artistas, etc., que deben hacer
pruebas y borrar hasta obtener las formas definidas.
Trazos confusos o borrosos: indecisión,
incertidumbre, autoinsatisfacción, pensamientos
poco claros.
Trazos largos y continuos: continuidad en la acción,
constancia, control de las conductas, tendencia a la
comunicación, puede ser rutina, tendencia al razona-
miento lógico-deductivo, sociabilidad.
Trazos cortos, sueltos o interrumpidos: nerviosismo,
impulsividad, inconstancia, dificultades de contacto y de
relación, pensamiento intuitivo, tendencia a la dispersión del
pensamiento, sensibilidad explosiva.
Trazos rectos: firmeza, autoafirmación, predominio racional o
mental, tendencia a la introversión, autocontrol, frialdad de
sentimientos.
Cuando hay excesos de rectas, el dibujo se vuelve
estructurado. Esto refleja rigidez e inflexibilidad. La persona
se fija en una idea, actitud o posición determinada, con
grandes dificultades para poder cambiar de opinión.
Trazos curvos: predominio emocional,
sensibilidad, afectividad, adaptación, tendencia a la
extraversión.
Trazos angulosos: espíritu de lucha, actividad, resistencia a las
dificultades, obstinación, irritabilidad, voluntad, tenacidad,
puede ser agresividad.
4. Presión
Es la marca que queda en el papel del lado derecho, por donde pasa
el lápiz y se marca el trazo.
Se evalúa aquí el caudal de energía vital, energía psicofísica del
sujeto, la potencia de la libido, de los impulsos realizadores, la fuerza de las
tendencias, el grado de voluntad y resistencia a las presiones o dificultades.
La presión, obviamente está relacionada con la salud.
Fuerte: (deja un surco en el anverso del papel, y se observa un
relieve notorio en el reverso). En positivo (cuando el dibujo es armónico y
organizado, y los trazos tienen fluidez), revela gran potencia psicofísica,
seguridad. Es una persona que puede afrontar obstáculos con energía y
confianza. En negativo (si hay desproporciones, rigidez o anomalías), hay
demasiada energía con probable tendencia al descontrol de impulsos.
Tensión, exceso de esfuerzo por querer controlarse, debido a presiones o
tendencias antagónicas. Puede ser agresividad si se confirma con otros
ítems.
Normal: refleja buena vitalidad, actividad, decisión, iniciativa,
seguridad, autoconfianza, fortaleza del Yo, firmeza, buen caudal energético
y en general buena salud. Capacidad para resistir influencias externas.
Débil: (no deja ningún surco o marca) Simboliza energía deficiente,
debilidad, tendencia a la claudicación, falta de iniciativa y de decisión,
labilidad, dependencia, dudas, vacilaciones, timidez, miedos, inhibición,
inseguridad, sensibilidad nerviosa y psíquica, delicadeza de contacto,
impresionabilidad. Puede ser por enfermedad o probable tendencia
depresiva.
El sujeto es más receptivo que activo. Se deja influenciar por las opiniones,
presiones y circunstancias externas, por los obstáculos y dificultades.
Desigual o irregular: (hay trazos más fuertes y otros más suaves) la
energía fluctúa, no es pareja. Falta de constancia en el accionar y en las
determinaciones. Flexibilidad, adaptación, inseguridad.
5. Claridad del dibujo
La claridad de los dibujos, tiene que ver con la nitidez y precisión de
los trazos, no con que nos guste o no lo que el sujeto quiso dibujar, o lo
lindo del dibujo, porque esto tendría que ver con la habilidad artística.
Nos referimos entonces, a la armonía entre trazos y espacio blanco, a
la buena delimitación del trazado, a la ausencia de emborronamientos,
complicaciones, etc.
Claro: se entiende lo que el dibujo representa, no hay
complicaciones ni borrones ni confusiones de trazos. El dibujo está
completo y los trazos son nítidos.
Simboliza objetividad, organización, claridad de ideas.
Confuso: trazos confusos, reforzados, accesorios, sombras,
complicaciones, emborronamientos.
Simboliza pensamientos poco claros, subjetividad, confusión en las
ideas. Los afectos y emociones interfieren en la objetividad de los juicios y
pensamientos.
A menudo
diferenciación,
originalidad e
individualización.
6. Dinamismo, movimiento
El movimiento representa el grado de plasticidad, flexibilidad,
adaptación y afectividad.
En general, es poco común que en los dibujos aparezca movimiento,
sobre todo en adultos. Los chicos suelen realizar con más frecuencia
personas caminando, pájaros volando, animales corriendo, etc.
El movimiento o dinamismo muchas veces se observa también en las
expresiones y en las actitudes de piernas y brazos. Según Graciela Celener
«el movimiento implica otorgarle a la figura plasticidad y vitalidad».
Los adultos generalmente dibujan figuras quietas (mayor equilibrio y
pasividad), aunque no necesariamente rígidas, estructuradas o
estereotipadas.
Dibujos con movimiento: representan actividad, iniciativa,
dinamismo, plasticidad o flexibilidad, confianza en sí mismo, capacidad de
lucha, actitud resuelta, vitalidad, seguridad, optimismo, extraversión.
Debemos observar que el movimiento sea armónico, con trazos firmes y
equilibrados, y no exagerado o enfatizado (extrema movilidad), ya que en
este último caso, podríamos sospechar de un exceso de fantasía o una
actitud maníaca (en los siguientes ejemplos no corresponde esta
interpretación).
Dibujos estáticos: se interpretan como pasividad, rigidez,
actitud defensiva, dificultades de adaptación, control emocional, sumisión,
puede ser tendencia a la depresión, a la resignación o claudicación,
incapacidad para enfrentar y combatir obstáculos y conflictos, renuncia a
realizar esfuerzos, dependencia.
Dice A. Vels: «La actitud de movimiento o de quietud de las figuras
es importante bajo el punto de vista psicológico. Diferencia a los sujetos
pasivos y dependientes, de los sujetos activos, luchadores y
emprendedores».
Si tomamos en cuenta los elementos del dibujo que presentan Carlos
Biedma y Pedro D' Alfonso en su libro «El lenguaje del dibujo», se
clasifican como dibujos dinámicos: las figuras humanas en movimiento
(caminando, corriendo, moviendo brazos, etc., ver también los rasgos
faciales), animales, plantas y sus partes (no como elementos decorativos o
en cuadros), nubes, astros, fenómenos atmosféricos (lluvia, viento, etc.),
instrumentos musicales emitiendo notas, objetos que generen luz o energía,
humo, fuego, agua en movimiento (ríos, mares, fuentes), banderas
flameando al viento, etc.
Son dibujos estáticos: las figuras humanas sentadas, acostadas o en
reposo, cuerpos rígidos o inmóviles, con brazos pegados al cuerpo y
piernas pegadas y rígidas, máscaras, estatuas, retratos, fotografías, cuadros,
animales o plantas como motivos decorativos, paisajes sin fenómenos
atmosféricos, nubes, sol, etc., astros sin emanación de luz o energía (luna
por ejemplo), banderas sin movimiento, árboles sin hojas, flores cortadas,
frutos cortados, vehículos (autos, barcos, aviones, etc.) o máquinas paradas,
sin funcionar o sin personas que las estén accionando.
Dice A. Vels: «La rigidez de las figuras, es un indicador de la
incapacidad que tiene el individuo para cambiar de pensamiento o de
actitud, cuando las condiciones o situaciones externas lo exigen. La rigidez
supone un modo de comportamiento inapropiado. Es, como hemos dicho
antes, «una coraza defensiva» que el sujeto interpone entre él y su mundo
circundante para no perder «la seguridad».
Por el contrario, la movilidad de las figuras, es la capacidad que tiene
el sujeto para moverse, adaptarse y cambiar de actitud, de acuerdo con las
exigencias del entorno, sin perder, necesariamente, su individualidad, sus
convicciones internas. Este ajuste a la realidad, supone una mente y una
psique sanas, una descarga natural de las tensiones, incluida la satisfacción
sexual».
7. Calidad del dibujo
Dibujos simples o simplificados: cuando se logra un máximo efecto
con un mínimo de elementos. No hay complicaciones, ni trazos superfluos
o accesorios, adornos inútiles, sombreados, etc. Son dibujos escuetos pero
ágiles, claros, nítidos y completos.
Representan objetividad, capacidad de síntesis, organización,
claridad y agilidad mental, dinamismo, capacidad para poder analizar y
reflexionar, rapidez de reacción, aprovechamiento del esfuerzo.
Dibujos pobres: son dibujos más esquematizados, incompletos,
pobres, fríos, vacíos, con pocos detalles, generalmente pequeños, con
trazos débiles o poco definidos.
Puede indicar pobreza de expresión, fatiga, abatimiento, inseguridad,
torpeza, muchas veces originadas estas últimas por un bajo nivel evolutivo.
La ausencia de detalles tiene que ver con sentimientos de vacío
interior y reducción energética; y en algunos casos, deseos de ocultar
determinadas cuestiones.
Dibujos elaborados, originales: son dibujos con detalles armónicos y
estéticos. A la originalidad pertenecen todas aquellas características no
comunes ni frecuentes, sin entrar en lo absurdo o grotesco.
Refleja capacidad artística, elaboraciones con individualidad y
personalismo, detallismo, concentración en las tareas, cuidado en las
ejecuciones, tendencia a la imaginación y fantasía, creatividad.
Dibujos complicados: dibujos con exceso de detalles y accesorios
superfluos que se prestan a confusión; hay sombreados y retoques, los
cuales le restan claridad o nitidez al dibujo.
Revela ansiedad, extravagancia, exhibicionismo, exceso de fantasía,
pensamiento complicado. Podría ser una tendencia obsesiva o maníaca, o
algún encubrimiento de la personalidad.
En algunos casos es producto de perturbación del pensamiento o de
algún cuadro psicótico, que no es el caso de estos ejemplos.
Dibujos muy perfectos: son dibujos muy completos, y con detalles
excesivos desde la minuciosidad. Gran meticulosidad en la ejecución, como
vemos en estos ejemplos.
En algunos casos, la persona está en estado de alerta continuo para
controlar sus impulsos, y no se permite fluir libre o espontáneamente. Se
observa una sensación de rigidez total. Indicaría estructuración de la
personalidad, falta de adaptación y de naturalidad, tendencia obsesiva,
exceso de escrupulosidad y detallismo.
«La ejecución demasiado perfecta, expresa el esfuerzo para
mantenerse integrado contra la amenaza de una desorganización
inminente... » (Hammer).
La calidad del dibujo (armonía, equilibrio, fluidez en los trazos,
nitidez, etc.) no depende de la capacidad artística sino de la madurez
psicológica. Un dibujo que transmite un buen ajuste a la realidad, está
formado por líneas fluidas, decididas y bien controladas.
8. Secuencia
La secuencia permite evaluar el curso del pensamiento (si hay alguna
perturbación o no); y el impulso o energía de la persona (y el control
que la misma tiene sobre estos impulsos).
La secuencia se observa no solo en cada dibujo, sino en el transcurso
de los tres dibujos o consignas. Obviamente hay que observar al
entrevistado mientras está dibujando.
Una secuencia normal en el dibujo de la persona, es comenzar por la
cabeza y seguir hacia los pies, pues la cabeza simboliza el YO, como centro
del pensamiento y de todos los estímulos y acciones.
Esto indicaría un curso de pensamiento normal, con una idea previa
que antecede a la acción, en sí, una buena adaptación si se corrobora con
otros signos.
Distorsiones en la secuencia: sería por ejemplo, comenzar el dibujo
de la persona por los pies y terminar con la cabeza; o comenzar un árbol
por los frutos o las hojas; o la casa por las ventanas.
En estos casos hay una perturbación que no permite un
discurrimiento normal de las ideas o juicios. Alguien que dibuja la cabeza
después del cuerpo, indica que no tiene un control racional de los impulsos
y acciones, no puede planificar ni reflexionar. También puede darse este
caso en personas con complejos físicos o sentimientos de inferioridad
(minusvalías reales o fantaseadas), o en trastornos en las relaciones
interpersonales.
Secuencia desordenada: sería cuando no se siguen las partes dentro
de un ordenamiento lógico (en la figura humana de arriba para abajo por
ejemplo), y saltan de una parte a otra. Esto refleja una personalidad
inestable, con falta de coherencia y lógica, desorden y desorganización, con
dificultad para adaptarse a tareas metódicas y seguir una disciplina
establecida.
Variedades
En esta «sección», suelo incorporar aquellos aspectos que pueden no
ser tan frecuentes, o que tienen interpretaciones especiales.
Borrados frecuentes o excesivos: nos referimos al borrado constante
que termina ensuciando o empeorando el dibujo. Simbolizaría dudas,
vacilaciones, indecisión, ansiedad, sobre exigencia, perfeccionamiento
ansioso, tendencia obsesiva, incertidumbre, autoinsafisfacción,
subjetividad. Si es un borrado leve y puntual, no pasa de ser una necesidad
de mejorar o perfeccionar el dibujo. Los niños en general no borran.
Simetría: una cierta simetría en las figuras, sobre todo en la figura
humana, es normal y esperable, simbolizando esto un equilibrio de las
tendencias. La simetría acentuada refleja una conducta estereotipada,
actitud defensiva, tendencia al perfeccionamiento constante, inadecuación
de los sentimientos de seguridad en la vida emocional.
Cuando es muy enfatizada, puede expresar rigidez, represión, control
emocional con tendencia obsesiva, intelectualización exagerada. Son
personas que no se dejan impresionar o influenciar por nada emocional o
externo, prestan mayor atención a las formas que a los contenidos o fon-
dos de las cuestiones.
Las fallas en la simetría, cuando no son por impericia motriz, pueden
deberse a inmadurez o inseguridad emocional.
Desproporciones o deformidades: son aquellas partes de los dibujos,
que no corresponden a un equilibrio y a una armonía del conjunto.
Por supuesto que para evaluar esto, hay que tener en cuenta la
impericia motriz de acuerdo a la edad. En los niños pequeños es común por
falta de control de los trazos.
Dice Mauricio Xandró: «toda deformidad suele indicar conflictos
sobre la zona deformada». Es decir, que existe alguna preocupación o
problema con respecto al contenido emocional de esa parte del dibujo, que
genera desequilibrio y falta de armonía interior.
Sombreados: en general es un indicador de emocionalidad, ansiedad,
angustia (los conflictos son más inconscientes que en el borrado frecuente),
inseguridad, inquietud extrema, sentimientos de culpa, perturbación o
miedo irracional. Puede ser también ocultamiento o agresividad.
En los niños se interpreta como inseguridad ante el mundo
desconocido de los grandes; en un adulto se relaciona más con ansiedad y
conflictos específicos.
En ciertos casos, un sombreado utilizado adecuadamente para
enfatizar un cuerpo o figura, señalar una sombra, crear volumen, etc.,
siempre que colabore con la armonía del conjunto, se interpreta como
aptitud creativa y estética.
Retoques: son fallos producidos por la inseguridad y torpeza del
sujeto ante una tarea que le cuesta realizar. Cuando los retoques aparecen
en una zona aislada y no en todo el conjunto, indican conflictos, problemas
o preocupaciones en relación con lo que representa esa zona.
Pueden ser producto de alguna depresión, o un deseo de
perfeccionamiento exagerado, generado por un superyó severo. Es un acto
fallido, un impulso inconsciente que intercepta la idea consciente de la
tarea a realizar, esto produce un conflicto entre la intención consciente y la
representación inconsciente.
Tachaduras: hay personas que tachan partes de los dibujos o su
totalidad, con esto intentan corregir o anular algo que consideran erróneo y
no pueden o no quieren aceptar. Aparece aquí el mecanismo de anulación,
y también habrá que ver en qué zona o parte del dibujo se produce, para dar
la interpretación correcta.
Transparencias: son normales en niños hasta 7 u 8 años. En adultos
lo interpretamos como dificultades o deterioro en el criterio de realidad,
que puede ir desde juicios subjetivos, producto de una gran cuota de
ansiedad; hasta conflictos internos y confusión mental. Las transparencias
se encuentran también en personas con un nivel evolutivo muy elemental.
Capítulo III
Los colores
Los colores tienen incidencia en el Sistema Nervioso, el cual se
divide en Sistema Nervioso Central y Sistema Nervioso Autónomo.
El S.N. Central es el responsable de las funciones físicas y
sensoriales que se dan por encima de la conciencia o en el umbral de la
misma.
El S.N. Autónomo se encarga de aquellas funciones que están por
debajo del umbral de la conciencia, es decir, que actúa de un modo
automático y autorregulador, por ejemplo el ritmo del corazón, la digestión
de los alimentos, etc., que se realizan sin ningún esfuerzo consciente.
El S.N. Autónomo a su vez está compuesto por dos sistemas
complementarios: el simpático y el parasimpático.
Aquellos colores que inciden en el sistema simpático son
hipertensores, quiere decir que activan y estimulan.
Aquellos que inciden en el sistema parasimpático son hipotensores,
es decir, inhibidores; que calman, serenan.
En general, el color se relaciona con los estados emocionales. Hay
dibujos, o partes de dibujos, que tienen colores establecidos, y no se aplica
ninguna interpretación especial, ya que no debe llamar la "atención, ej.: sol
amarillo, tronco del árbol marrón, copa verde, cielo celeste, etc.
Si debemos prestar atención cuando estos colores varían, cuando hay
una fijación o repetición de un color determinado en los dibujos; y se debe
interpretar el significado de los colores, cuando hay libertad de elección de
los mismos, ej.: en la vestimenta de la figura humana, etc.
Existe una gama de colores fuertes, y una de colores suaves. Los
colores fuertes, tienen que ver con sentimientos intensos, de amor y pasión,
de ira o agresividad.
Los colores suaves o pasteles, están relacionados con la sensibilidad
y la delicadeza.
Veamos entonces, el significado psicológico de algunos colores:
AZUL: Es hipotensor. Se relaciona con la noche, la pasividad, los
sentimientos profundos, la calma, la serenidad, la sensibilidad y la ternura.
Un exceso de azul, puede llevar a la susceptibilidad, pues la gente
demasiado sensible es proclive a volverse susceptible en cuanto al aspecto
emocional, sentimental.
El azul tiene un efecto de relajación, tranquilizador. La persona que
elige este color, puede aparentar frialdad por autocontrol de impulsos y
emociones; evita desavenencias y confrontaciones, y predomina en ella la
reflexión.
Tiene deseos de bienestar, lealtad, necesidad de paz y satisfacción
personal, de tranquilidad y armonía, de equilibrio a nivel físico, psíquico y
afectivo. Representa una introversión equilibrada, honestidad en los
sentimientos, capacidad de comprensión.
Es la serenidad absoluta, con sentido de vinculación y pertenencia,
de unión con el otro, de entrega y dedicación.
Estos sujetos poseen un temperamento tranquilo, y les gusta
desenvolverse en un ambiente sereno, plácido y ordenado, estable y con
equilibrio emocional, sin contratiempos, trastornos o discordias.
ROJO: Es el más hipertensor, excitador y estimulador. Se relaciona
con la sangre, con el fuego. Tiene que ver con la fuerza de la voluntad, la
actividad intensa, la energía y el dinamismo. Asociado a las emociones
primarias, a la agresividad ya la sexualidad.
Representa la fuerza vital, la competitividad, la conquista y el deseo
de vencer, de lograr éxitos y triunfos. Simboliza la vitalidad en todos sus
sentidos, la pasión, emotividad e impulsividad.
Es el impacto de la voluntad, el impulso revolucionario, que lleva al
sujeto a enfrentar las dificultades con espíritu de lucha y sin amedrentarse.
Quienes eligen el rojo, viven la vida intensamente, con total plenitud,
y a veces, con exceso de energía. Poseen sensualidad y potencia sexual, y
se rigen por el principio de placer.
Toda esta seguridad y fortaleza, puede llevar al sujeto a adoptar
actitudes de egocentrismo y tender a la autoridad. Corroborado con otros
signos se interpreta como agresividad.
VERDE: Ejerce una mínima acción sobre el parasimpático.
Representa a la naturaleza, la autoestima, la autoafirmación, la conciencia
de sí mismo con preponderancia del YO en todos los aspectos de la vida.
Se maneja con el principio de realidad.
La elección de este color se relaciona con la capacidad defensiva, de
autoconservación; con la resistencia, persistencia o perseverancia, la
actividad, tenacidad y también con una necesidad de reconocimiento y de
libertad.
La persona desea impresionar con sus logros, tiene conciencia de su
propio valer, y destaca el orgullo, la autosuficiencia y el individualismo.
Intenta siempre afirmarse sobre sí mismo y diferenciarse del entorno,
quiere crecer y realizarse, por medio de la voluntad y la perseverancia.
Representa la constancia de voluntad y de criterio, pudiendo llegar a
la obstinación.
AMARILLO: Es hipertensor, aunque no tanto como el rojo. Se
relaciona con el sol, el día, la actividad, la expansividad, la tendencia al
contacto, la espontaneidad, el optimismo, la esperanza, el entusiasmo y el
dinamismo.
Estas características, si se presentan en forma equilibrada, y se
complementan con la serenidad y disminución de la tensión, denotan
adaptación.
El amarillo impulsa siempre para adelante, hacia lo nuevo, a buscar
nuevas posibilidades, a trascender y a desarrollarse. Dirigido siempre hacia
el futuro, lo moderno y evolutivo.
Representa el deseo de cambio, el esfuerzo por el logro de las
ambiciones, la expansión desinhibida, la claridad, el brillo y la alegría.
Quienes eligen este color, a veces suelen realizar sus actividades «a
los saltos», siempre con ansias de liberación y esperanza de una mayor
felicidad, con necesidad de liberarse de conflictos y problemas, y tratando
de desarrollarse hacia metas y proyectos superiores.
A diferencia del verde que simboliza la continuidad y firmeza, el
amarillo se relaciona con el cambio y con mayor distensión.
MARRON: Es hipotensor. Representa lo sensitivo o sensorial a nivel
físico, los sentidos o sensaciones corporales, la sensualidad y las
necesidades básicas o primarias.
Quien elige este color busca el bienestar físico, la satisfacción
sensual y corpórea, y la seguridad ambiental, social y familiar.
Hay una necesidad de mejorar sus condiciones de vida, demanda de
reposo o descanso físico, de «echar raíces» y liberarse de tensiones, con
inclinación a la comodidad y al autocontrol.
El sujeto puede tender a somatizar los problemas (expresarlos a
través del cuerpo).
Refleja una tendencia hacia lo material y concreto.
NEGRO: El negro es totalmente hipotensor. Simboliza la negación
de la actividad, la oscuridad, la nada. Está relacionado con el abandono, el
renunciamiento, la quietud, la rigidez, la extinción y la tendencia al
pesimismo.
Se interpreta como angustia, ansiedad, miedo, desconfianza,
inseguridad, sentimientos de soledad, que pueden ser producto de alguna
circunstancia frustrante o un estado actual de desengaño, decepción o
confusión.
A veces la persona adopta una actitud y una visión negativa ante la
vida, rebelándose contra su propio destino. Suele ser un tanto intransigente
y le cuesta adaptarse y aceptar opiniones diferentes a la suya.
En algunos casos, la elección de este color tiene que ver con el
formalismo, el convencionalismo y un acusado sentido crítico.
VIOLETA: Es hipotensor. Se relaciona con lo místico, las soluciones
mágicas, la espiritualidad, la fantasía y la imaginación.
Elegido por un adulto, se interpreta a veces como inmadurez
emocional, porque el sujeto tiende a esperar que mágicamente se
solucionen los problemas; inconscientemente necesita o desea una
protección superior.
Es el color de la comprensión intuitiva y sensible. La sensibilidad, la
percepción y la intuición son características predominantes en estos sujetos,
al igual que cierta propensión a la fantasía y al idealismo.
Simboliza también la tendencia a la introversión. Las personas que
eligen este color no son demasiado sociables, y mantienen a veces una
actitud defensiva por inseguridad emocional o afectiva. Tratan de no
comprometerse o vincularse innecesariamente, aunque necesitan de la
contención de los demás.
Puede haber una disposición hacia la nostalgia, tristeza o melancolía.
GRIS: Es hipotensor. Simboliza el control de los sentimientos, la
pasividad, la indiferencia e indefinición, la prudencia, la neutralidad, el
distanciamiento, la tendencia a encerrarse en sí mismo, generada quizás por
un estado de temor o descontento interior.
Quienes eligen este color evitan involucrarse afectivamente, y tratan
de eludir todo tipo de compromiso.
Son más individualistas y no les gusta participar o colaborar activa y
directamente con los demás,' manteniéndose de esta forma, libres de
vinculaciones o responsabilidades, y protegidos contra cualquier influencia
o estimulo exterior.
RESUMIENDO:
Azul: representa la calma, la serenidad. Quien lo elige siente la
necesidad de paz, bienestar y equilibrio, afecto y vinculación con el
otro.
Verde: representa la autoafirmación y autoestima. Quien lo elige
siente la necesidad de individualizarse, realizarse y obtener logros
por medio de la voluntad y perseverancia.
Rojo: representa la actividad, vitalidad, pasión, intensidad,
emociones primarias, sexualidad y agresividad.
Quien lo elige siente la necesidad de conquistar y vencer, de lograr
éxitos y triunfos, gran despliegue de energía.
Amarillo: representa el deseo de cambio, la adaptación, el logro de
ambiciones y proyectos.
Quien lo elige siente la necesidad de desarrollarse, de buscar nuevas
posibilidades.
Marrón: representa las necesidades básicas, lo sensitivo o sensorial,
lo material.
Quien lo elige siente la necesidad de bienestar y satisfacción físicos,
de seguridad a todo nivel.
Negro: representa la negación de la actividad, el
renunciamiento, miedos, angustia, inseguridad.
Quien lo elige siente la necesidad de refugiarse en sí mismo y
aislarse.
Violeta: representa lo ideal, espiritual, místico, mágico, la fantasía.
Quien lo elige siente la necesidad de «escaparse» de la realidad por
medio de la fantasía e imaginación.
Gris: representa la indiferencia, el distanciamiento, el no
compromiso y la no vinculación. Quien lo elige siente la necesidad
de controlar los sentimientos y encerrarse en sí mismo como forma
de protección.
Capítulo IV
Dibujo de la casa
Evolución del dibujo
Entre los 3 y 3 ½ años, los niños en general realizan las casas con
formas circulares (un círculo mayor y otro más pequeño que simboliza la
puerta).
Entre los 4 y 5 años de edad, dibujan casas con trazos simples y
sencillos, sin mayores detalles. A esta edad, es común o normal que se haga
el techo solo, con puertas y ventanas incorporadas en el mismo, sin
paredes.
A los 5 años ya se diferencian bien las paredes del techo, con puertas
y ventanas ubicadas correctamente.
Entre los 5 y 6 años, hay mayor cantidad de elementos y detalles,
trazos cada vez más firmes, y también acostumbran agregarle paisaje: sol,
nubes, árboles, flores, pájaros, mariposas, etc. Al llegar a los 6 años suelen
dibujar la chimenea.
Entre 7 y 9 años pueden aparecer casas de fantasía (castillos, etc.).
A partir de los 10 años las casas son más reales y con una visión más
objetiva.
Interpretación
Se considera que la casa, como lugar de vivienda, provoca
asociaciones con la vida hogareña y las relaciones interfamiliares. En los
niños, generalmente alude a la relación con padres y hermanos. En el caso
de adultos casados, muchas veces se representa la relación con la pareja e
hijos, y en menor porcentaje, se observa algo de la relación infantil con las
figuras parentales.
Podemos decir entonces, que con el dibujo de la casa se evalúan las
relaciones interfamiliares, la percepción que se tiene de la situación
familiar en cuanto a la vida hogareña. También está relacionado con la
imagen que se tiene de uno mismo, y con los elementos correspondientes:
área de la fantasía, área del YO y del contacto con la realidad,
accesibilidad, afectividad, sociabilidad, sexualidad.
Resumiendo: la casa representa
- las relaciones interfamiliares
- la percepción de la vida hogareña y de la situación familiar
- la imagen de uno mismo
Las partes de la casa representan básicamente lo siguiente:
Techo: área de la fantasía, lo mental, espiritual e intelectual.
Tejas: control de esa fantasía, tipo de pensamiento.
Chimenea: relacionado con lo afectivo y sexual.
Humo: representa el calor de hogar, la calidez y afecto, y también
tensiones y presiones ambientales.
Paredes: se interpretan como la fortaleza del YO, el sostén de la
personalidad.
Puerta: es la vía de comunicación con el medio y la integración
social.
Ventana: sería un modo secundario de interacción con el medio
ambiente.
Camino: representa el acceso a la intimidad.
Suelo: simboliza la estabilidad y el contacto con la realidad.
Capítulo V
El dibujo del árbol
Dice Hammer que el árbol, como entidad básica, natural y
vegetativa, constituye un símbolo adecuado para proyectar los sentimientos
más profundos de la personalidad, o sea los sentimientos acerca del YO que
se encuentran en los niveles más primitivos de la personalidad, niveles a los
que no se llega en el conocimiento de las personas.
Es más fácil que al dibujo del árbol se le atribuyan rasgos y actitudes
mucho más conflictivas y emocionalmente perturbadoras que al dibujo de
la persona, debido a que el árbol como autorretrato está más alejado de uno
mismo, y no se recurre a las maniobras autodefensivas.
Podemos decir entonces que el árbol simboliza la vida y el
crecimiento. Los sentimientos más profundos e inconscientes del sujeto, lo
más primitivo de la personalidad. Al no percibirse relación ni semejanza
con la persona, permite proyectar con menor inhibición que en los otros
dibujos.
El creador del Test del árbol es Karl Koch (psiquiatra suizo), quien
se basó en las ideas netamente intuitivas de Emile Jucker (consejero de
orientación vocacional, que utilizó el test desde 1928); y creó un método de
interpretación en 1949. Koch modificó la consigna varias veces. Primero le
pedía al sujeto que «dibuje un árbol», después que «dibuje un árbol que no
sea un abeto», y luego que «dibuje un árbol frutal».
Según Koch, el desarrollo del árbol (de abajo hacia arriba) es
paralelo al desarrollo psicológico del sujeto. En la parte inferior del tronco
suelen aparecer huellas de las experiencias tempranas, y en la parte
superior las más recientes.
Es importante ver la impresión general del dibujo (armonía, vacío,
abundancia, etc.).
La organización total del dibujo revela como siente el individuo su
equilibrio intrapersonal.
Más adelante, Renee Stora, basándose en lo desarrollado hasta el
momento, creó un método por el cual le solicitaba al entrevistado que
dibuje cuatro árboles.
En el primero, le pedía que «dibuje un árbol que no sea un abeto»
(manteniendo la tesitura de Koch), pues opinaba que el pino o abeto obliga
a dibujar puntas, las cuales pueden sugerir una agresividad que no
forzosamente es real. No precisaba «un árbol frutal» porque suponía que
esto ejerce un efecto de sugerencia y condicionamiento.
En el segundo, la consigna era «dibuje otro árbol cualquiera, como
más le agrade, pero que no sea un abeto». En el tercero, pedía que se
«dibuje un árbol imaginario, que no exista en la realidad»; y el cuarto, lo
hacía dibujar con los ojos cerrados.
El primer árbol evalúa el comportamiento de un medio que no es el
habitual, el segundo permite cierto relajamiento del control de los
impulsos, dado que el sujeto se comporta mas naturalmente pues la tarea ya
es conocida.
El tercero es un árbol imaginario, pudiendo apreciar en él las
tendencias que permanecieron insatisfechas y los medios deseados para
resolver los problemas, y en el cuarto se pone de relieve la huella que
dejaron conflictos importantes vividos en la primera infancia. Es un
acercamiento al pasado y a su relación con el estado psicológico actual del
sujeto.
Resumiendo: el árbol representa lo más profundo e inconsciente de la
personalidad.
Evolución
Entre los 3 y 4 años el niño realiza un esbozo de árbol, un círculo con
una línea que representa el tronco. Esta figura puede simbolizar tanto un
árbol como una flor.
A los 4 años ya se define el círculo como la copa del árbol y la línea
del tronco está más controlada. Es una figura simple, sin detalles. En
general se empieza dibujando flores, y después se pasa a los árboles, sobre
todo las niñas.
Entre los 4 y 5 años: es normal que realicen el tronco 'en forma
bidimensional y hagan una copa pequeña.
Entre 5 y 6 años: el árbol va tomando forma y nitidez, se aplican los
colores correspondientes y aparecen los frutos.
Entre los 6 y los 7, el dibujo del árbol ya debiera tener las formas y
proporciones reales; aparece el suelo o base. La copa aún puede mantenerse
pequeña con respecto al tronco.
Entre los 8 y 9 años comienzan a incorporarse las ramas,
diferenciándose del tronco.
Las partes del árbol representan básicamente lo siguiente:
Tronco: simboliza la fuerza del YO y el sostén de la personalidad
(como las paredes en la casa), se observa la sensación que la persona
tiene acerca de su poder básico y su fortaleza interna.
Corteza: separa lo interno de lo externo, sería la actitud con la que
nos mostramos.
Raíces: se relacionan con el mundo instintivo, lo inconsciente, los
sentimientos de arraigo.
Suelo: representa el contacto con la realidad, tiene que ver con la
estabilidad.
Ramas: indican el contacto con el medio, las aspiraciones y la
capacidad para obtener satisfacciones del ambiente.
Copa: revelan el mundo de las ideas y el autoconcepto.
INDICE DE WITTGENSTEIN
El Dr. Conde de Wittgenstein era un neurólogo y psiquiatra alemán
(sí ya se, con ese apellido no hacía falta aclararlo...) que creó un índice muy
interesante, con el que, por medio de unas simples mediciones y cálculos,
se pueden detectar hechos que han producido marcas en la vida e historia
del entrevistado, y la edad en que estos sucedieron. Este índice evidencia
entonces, los conflictos que ha tenido una persona, siempre que hayan
dejado «huellas» en su vida.
Para determinar esto, debemos conocer la edad exacta del analizado.
En primer lugar, tomaremos la altura total del árbol, desde el suelo o
base, hasta la parte superior de la copa. El tamaño total de este árbol,
representa la edad que tiene el analizado en el momento del dibujo.
Con respecto a las raíces, existen diferencias de interpretación entre
los distintos autores. Algunos miden la altura del árbol desde la punta de la
raíz (cuando están dibujadas), y otros desde el suelo o base del tronco sin
tomar en cuenta la raíz.
En lo personal, yo no cuento las raíces por estar debajo del piso o
suelo. Mido el árbol a partir de la base del tronco (desde donde arranca el
mismo), ya que si hacemos un paralelismo entre el crecimiento del árbol y
el crecimiento del sujeto, el suelo representa el momento del nacimiento.
La planta sale a la luz y comienza a hacerse «visible» cuando surge de la
tierra, lo mismo que la persona, se hace «visible» cuando sale del útero
materno a la vida exterior.
En todo caso, en cuanto a ese crecimiento, las raíces representarían
la vida intrauterina del ser humano.
En esta forma de medición, coincido con el profesor Xandró, quien
dice en su libro «Manual de Tests Gráficos» lo siguiente: «... se medirá
siempre desde el suelo y no contaremos nunca las raíces o cualquier señal o
dibujo que exista debajo del suelo.»
El primer cálculo se realiza dividiendo la altura total del árbol (A),
dividido la edad del sujeto (E). Esto da un número índice (1) que
utilizaremos para el próximo cálculo.
Luego se mide desde el piso nuevamente, hasta aquel elemento o
«accidente» que nos llame la atención: rama cortada o quebrada, herida en
el tronco, nudo, agujero, etc. Siempre debe ser algo que se destaque en el
árbol. A esto lo denominamos (O).
Volvemos a dividir, la altura de ese signo en particular (O), dividido
el índice anterior (1) y nos da como resultado la edad del hecho en cuestión
(U).
En general se habla de situaciones traumáticas, pero no
necesariamente tienen que ser negativas. En mi experiencia, se han
marcado edades donde sucedieron acontecimientos que dejaron marcas
pero en forma positiva (nacimientos de hijos, viajes, casamientos,
finalización de estudios, etc.).
Altura del árbol: A
Edad del sujeto: E
Índice: I
Rama o herida: O (conflicto o hecho significativo)
Edad del hecho, problema o situación conflictiva: U
A÷E=I O÷I=U
Veamos el siguiente ejemplo:
El sujeto tiene 27 años.
El árbol mide 18 cm.
La rama cortada o «accidente» se encuentra a los 7,5 cm.
A÷E=I O÷I=U
18 ÷ 27 = 0,66 7,5 ÷ 0,66 = 11,3
El hecho en cuestión, ocurrió aproximadamente entre los once y once años
y medio.
En caso de no haber ninguna marca que nos llame la atención, se le
puede dar al sujeto una regla, y pedirle que trace una línea que cruce el
árbol, y que esta línea no sea vertical.
Se procede de la misma manera, realizando los cálculos de acuerdo
al punto de cruce de la línea con el árbol.
Capítulo VI
El dibujo de la persona
Existen distintos autores que han estudiado el dibujo de la figura
humana:
- Florence Goodenough (1926) lo utiliza fundamentalmente como un
test para medir la inteligencia infantil; pero no toma en cuenta los factores
afectivos o emocionales. Hace referencia a la influencia del componente
intelectual en la evolución del dibujo infantil, y realiza una escala con 51
ítems dándoles un puntaje determinado para determinar el C.I. (cociente
intelectual).
Evalúa con ello la madurez intelectual, de acuerdo a estos
indicadores, refiriéndose a los aspectos cognitivos.
Harris (1963) se basó en la escala de Goodenough y estableció una
nueva escala, incluyendo la etapa de la adolescencia e incrementando los
índices (escala de Goodenough-Harris).
- Karen Machover (1949) creó el test DFH (dibujo de la figura
humana), evaluando todas las partes del cuerpo desde el aspecto
proyectivo, con interpretaciones aplicables para adolescentes y adultos.
Basaba sus interpretaciones fundamentalmente en la teoría
psicoanalítica, sin usar ningún tipo de tabulación. Es un sistema cualitativo
de evaluación.
Juan Antonio Portuondo Espinosa, hace una sistematización de la
teoría de Machover en su libro «La figura humana. Test Proyectivo de
Karen Machover» (1971)
- Elizabeth Koppits: (1968) estudió el dibujo basándose en la
evolución de los niños entre 5 y 12 años, realizando su investigación sobre
chicos de escolaridad primaria.
Evaluaba la figura desde lo proyectivo y desde lo madurativo, es
decir que abarcaba los dos aspectos: evolutivo y emocional.
Elaboró una escala de maduración para medir el nivel de capacidad
mental de niños de esa edad. Los ítems derivan de la escala de
Goodenough-Harris, y agrega los Ítems emocionales que reflejan actitudes,
ansiedades y preocupaciones, no relacionados con la edad ni el grado de
maduración.
Como derivados de los trabajos de Machover (1949) y Hammer
(1958), clasifica tres grupos de ítems: signos cualitativos (calidad del
DFH), detalles especiales (que no se presentan frecuentemente) y
omisiones de algunos ítems (esperables en determinadas edades).
Evolución del dibujo
El niño generalmente comienza a dibujar lo que es más importante
para él; y es muy frecuente que en el dibujo libre, la figura humana ocupe
este lugar.
Entre los 3 y 4 años, el chico dibuja una cabeza, con o sin
ojos, de la cual salen brazos y piernas, sin tronco. El
cuerpo se ignora porque para ellos cumple una función
vegetativa en esa etapa de su vida; en cambio, los brazos
y manos son los medios de vinculación con los demás, y
las piernas son el sostén y lo que les permite movilizarse.
A este dibujo se lo llama cefalópodo, o comúnmente
«renacuajo», al que luego de los ojos se le agrega boca (que al principio
puede ser un círculo o raya), y posteriormente nariz.
Entre los 4 y 4 ½ años aproximadamente, aparece un esbozo de
tronco y el agregado de cabello. También es común que dibujen el
ombligo, el cual debería desaparecer después de los 5 años.
A los 5 años ya puede realizar la figura completa. Primero en forma
desproporcionada (un brazo más largo que el otro, por ejemplo, o la cabeza
del mismo tamaño que el cuerpo), con brazos y piernas monolineales
(hechos en una sola línea o trazo). Comienza la diferenciación de sexos con
detalles apropiados, y aparecen orejas y bosquejos de vestimenta (botones,
polleras, pantalones, etc.). Al final de esta etapa los brazos y piernas
deberían comenzar a ser bidimensionales (dibujados con dos líneas) y se
espera que dibujen los ojos rellenos o con pupilas, y las partes de la figura
estén proporcionadas.
A los 6 años ya se dibuja el cuello, y se representan las manos y los
pies. Al final de esta edad puede comenzar un intento de perfil, que en un
primer momento es mixto (cuerpo de costado y cara de frente), hasta lograr
ulteriormente el perfil de la cara y el cuerpo al comienzo de la
adolescencia.
Entre los 7 y 8 años se van agregando detalles y perfeccionando la
figura. Se enfatiza la vestimenta y se dibujan elementos accesorios.
A los 8 años suelen otorgar movimiento a las figuras y aún son
normales las transparencias que pueden permanecer hasta un año más. Es
frecuente que se realicen dibujos de personajes (ídolos de la realidad o de la
fantasía), con los cuales los niños se identifican.
A los 9 o 10 años el dibujo debe estar completo en cuanto a
pormenores, siendo esto individual de cada niño. El cabello controlado,
cada una de las partes bien proporcionadas, generalmente con mayor
dedicación y esmero en el dibujo de las niñas que en el de los varones.
Interpretación
Cuando el sujeto dibuja una persona, está proyectando su imagen
corporal, su autorretrato o autoimagen; sería como una «presentación de SI
mismo».
También puede interpretarse como un ideal del Yo, es decir, lo que
ese sujeto desearía ser o cómo le gustaría que los demás lo vieran.
Finalmente, el dibujo a veces representa la imagen de alguien
significativo o relevante en su vida.
En la figura humana, se proyectan aspectos menos profundos que en
el árbol, pero se pueden observar los recursos que los individuos emplean
para manejarse con los demás y los sentimientos hacia el prójimo, las
ansiedades, impulsos, conflictos y compensaciones. Es el dibujo más
cercano a la conciencia.
Las personas sin problemas de adaptación y con un buen
autoconcepto, es decir, con una imagen positiva de sí mismas, y con
confianza en sus propias capacidades, responden normalmente ante la
prueba y realizan su DFH sin ningún tipo de bloqueo, dudas o vacilaciones;
lo que quiere decir que no hay complejos o cargas afectivas que las
movilicen negativamente.
Si continúan dudando y no se deciden a dibujar, se puede pensar en
un conflicto con su propia imagen, en ciertos rasgos de personalidad que el
entrevistado no desea que se descubran, o la poca tolerancia a la frustración
porque no salga lo que ellos esperan.
La reacción ante la prueba, equivale de alguna manera, a la actitud
que toma el sujeto ante toda dificultad u obstáculo que se interfiere en el
camino de la realización de sí mismo, o de los objetivos o metas que el
individuo anhela o se propone. Por ende, la prueba mide el nivel de la
capacidad de recursos creativos y la fuerza de voluntad y de imaginación
que tiene cada sujeto para realizar un comportamiento adecuado a nuevas
situaciones.
El DFH no mide el grado de inteligencia o coeficiente intelectual,
dado que influyen en él los factores emocionales y el equilibrio total de la
personalidad, si bien como hemos visto antes, en los niños suele tomarse
como indicador de nivel madurativo.
Resumiendo: la figura humana representa
- el autoconcepto
- el ideal del yo
- la representación o identificación con alguien significativo
Para los ejemplos utilizaré el dibujo del monigote (figura
esquemática) a modo de demostración.
Pero en realidad, si el sujeto dibuja un monigote o «figura en forma
de alambre o de palotes», se le debe dar otra hoja, y pedir nuevamente que
dibuje una «persona completa».
La interpretación del monigote sería una actitud evasiva, de no
compromiso, fundamentalmente frente al esfuerzo que exige el realizar la
figura bien hecha; que puede deberse a inseguridad personal, o algún
conflicto, falencia, descontento o sentimiento de inferioridad con el
esquema corporal o el autoconcepto. La persona quiere sacarse cuanto
antes la responsabilidad de quedar al descubierto con ese dibujo, muchas
veces argumentando que no sabe dibujar.
En algunos casos, también puede ser una estrategia para no
enfrentarse a la posible frustración de no realizar bien la ejecución de la
tarea, por inhabilidad o torpeza.
«Es una manera de evadirse de las situaciones que pueden
comprometer al Yo en un fracaso, o de ocultar las propias deficiencias» (A.
VeIs)
Cuando se pide el dibujo de una «persona o figura humana»,
generalmente los hombres dibujan figuras masculinas, y las mujeres
figuras femeninas.
En el caso de que realicen la figura del sexo contrario, podrían llegar
a reflejar conflictos con respecto a su sexualidad.
Pero se deben tener en cuenta otros signos que ya veremos más
adelante, pues como siempre, hay que corroborar todas las interpretaciones,
y sobre todo ésta que es tan delicada.
Hay casos de mujeres que dibujan figuras masculinas, pues han
quedado solas a cargo de una casa y de una familia, y se sienten con todo el
peso y la responsabilidad, haciendo de «papá y mamá» en algunas
oportunidades, identificándose inconscientemente con la figura masculina:
También se presenta esto en casos donde la figura paterna es un
modelo muy incorporado y presente, y provoca una fijación.
En el caso de hombres que dibujan figuras femeninas, podría ser una
dependencia con la figura materna, que también habrá que corroborar.
En síntesis, cuando se dibuja una figura del sexo opuesto, las causas
pueden deberse a:
conflictos con la identidad sexual, con la propia sexualidad
dependencia o fijación con la figura parental correspondiente
fijación, dependencia o identificación con la figura significativa a
quien se dibuja.
Cuando se hace una persona de menor edad: tiene que ver con una
especie de regresión, con nostalgia sobre etapas anteriores de la vida del
sujeto que dibuja. Seguramente el sujeto quiere «evadirse» de la situación
actual que le produce disconformidad.
Cuando la figura tiene mayor edad que el dibujante: puede ser una
identificación con la imagen de los padres o figuras significativas, o un
deseo de ser mayor (ya sea por sentimientos actuales de descontento,
necesidad de independencia, etc.)
Cuando la figura tiene la misma edad: el sujeto tiene una buena
relación con su edad y su situación actual. No pretende negarla ni evadirse.
Estas interpretaciones pierden validez cuando se dibuja a alguien e
particular, con nombre y edad real.
Las partes de la figura humana, representan básicamente lo
siguiente:
Cabeza: localización del YO, inteligencia, comunicación,
imaginación.
Cara: expresión, rasgos sociales, comunicación.
Cabello, pelo: sexualidad, virilidad, sensualidad.
Ojos: comunicación social y percepción del mundo.
Boca: expresión, sensualidad y sexualidad, comunicación verbal,
nutrición.
Mentón: energía, fortaleza y potencia vital.
Nariz: símbolo sexual.
Orejas: conflictos especiales, tendencias paranoides.
Cuello: control intelectual de los impulsos.
Tronco: impulsos, necesidades y tendencias básicas.
Hombros y caderas: grado de masculinidad o feminidad de las
tendencias.
Senos: nutrición y protección, dependencia.
Brazos: adaptación e integración con el medio.
Manos y dedos: contacto con los demás, manipulación de objetos.
Piernas: contacto con la realidad, sostén, estabilidad y seguridad.
Pies: sexualidad, agresividad.
Vestimenta: apariencia.
EL DISEÑO DE LA FAMILIA.
El objetivo de este test es conocer la situación del evaluado dentro de
su medio familiar, lo que se ve en ese medio.
Datos a registrar en la aplicación del test:
Observar la verbalización.
Constatar la identificación con la figura diseñada.
El orden de las figuras diseñadas:
1. Análisis de cada figura: la primera persona diseñada es la figura de
mayor valencia, positiva o negativa. Se deben verificar los trazos, las
negritas, transparencias, borraduras, localización, proporción, etc. De
la figura diseñada. De acuerdo con la colocación de la figura se
descubre la valencia de esas personas para el examinado.
2. Omisión del examinado: siente que no participa realmente en la
familia. No recibe la afectividad que necesita. Rechaza o se siente
rechazado. Puede ser un mecanismo de compensación.
Normas para la interpretación de los trazos del diseño de la familia:
Figura en negrita: conflicto con los familiares.
Familia borrada: problema en relación a esa figura.
Familia en un cuadrado: deseo de liberarse de la familia. No se
ajusta a la familia.
Figura diseñada, siendo que el examinado comienza que el diseño
por la figura del padre, después invierte y resuelve hacer el de la
madre, o viceversa. Puede ser una figura fálica. Predominancia de la
madre o del padre.
Figura diseñada tapando a otra figura: deseo de ocultar esa figura,
en la afectividad del grupo.
Figura dentro de un conjunto circular: puede ser una persona que
desea eliminar, inconscientemente. Problema somático (algún
familiar con dolencia o enfermedad).
Representación del examinado en primer lugar: egocentrismo,
mecanismo de compensación. En último lugar: cercenamiento.
Representación de la familia (sólo el diseño de las cabezas): en
personas inteligentes: autocrítica.
Problemas de restricción corporal. Si la figura se viera con retoques,
en negrita: conflicto.
Diseñar personas muertas en la familia: podría ser una fijación en
varios aspectos.
Diseñar y borrar: podría ser un deseo de apartar a esa persona o de
muerte.
Familia separada en grupos: significa división en la familia. Podría
ser hecha la división en clases, partiendo del mayor para el menor.
Familia unida de manos, madre y padre empujando: idea de cómo el
examinado se ve dentro del grupo.
Cercenamiento. Si es en negrita: problema grave.
Hombro derecho más largo: problema somático. Extroversión.
Voluntad de comunicación mayor con el mundo.
Cabeza mayor en la madre: atribuye mayor autoridad social a la
madre.