CAIDA DEL LIBERALISMO AMARILLO EN VENEZUELA
Por Luis ARTURO DoMÍNGUEZ
Es muy bien conocido en nuestro país y en el exterior el notable jurista, histo-
riador y político doctor Ramón J. Velásquez desde hace luengos años, por su dedi-
cación a los estudios jurídicos, históricos y políticos relativos a nuestra patria y
por su destacada actuación al frente de altos cargos públicos y privados, en el
ejercicio de los cuales ha demostrado una excepcional competencia y buen juicio.
A nuestras manos ha llegado un ejemplar de la tercera edición de la obra
intitulada "La Caída del Liberalismo Amarillo" ( tiempo y drama de Antonio
Paredes), Ediciones Roraima, Caracas, Venezuela, 1977, la cual hemos leído con
el mayor interés por tratarse de una obra de tan reputado autor y nos hemos dado
cuenta de que dicho trabajo confirma, una vez más, el talento del autor quien nos
describe la vida y drama del General valenciano Antonio Paredes, desde su naci-
miento hasta su muerte y sucesos inmediatamente posteriores.
A través de la vida y drama del General Antonio Paredes, el doctor Velásquez
hace una relación vívida de la historia contemporánea de nuestro país, desde 1870
hasta 1909, mostrando en un lenguaje espontáneo, sencillo, natural y de manera
didáctica y clara el desarrollo de los acontecimientos políticos a lo largo de ese
período de nuestra historia, con el dominio que tiene por sus amplios conocimien-
tos sobre el tema y, a la vez, va refiriendo la vida del General Paredes en relación
con los sucesos políticos acaecidos durante dicho lapso. Es una obra muy bien
documentada, y vemos en su índice bibliográfico que el académico, intelectual,
historiador tachirense se informó debidamente en las fuentes documentales perti-
nentes, libros, folletos y periódicos de la época, lo cual nos demuestra el espíritu
acucioso y el cuidado que tuvo Ramón J. Velásquez para escribir esta obra.
La estructura del volumen "La Caída del Liberalismo" nos parece un acierto
en estudio de esta naturaleza, pues está dividido en capítulos y cada capítulo
subdividido y titulado, lo cual constituye una gran ayuda para el lector, ya que
éste así lleva el hilo de la exposición y aprovecha al máximo la lectura y, en conse-
cuencia, no pierde tiempo en la misma, pudiéndose decir que la obra del doctor
Velásquez se lee como si fuera una novela histórica donde hombres y mujeres de
carne y hueso tuvieron relevantes y positivas actuaciones en la política venezolana
de ese tiempo.
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A lo largo de dicha obra se aprecia la existencia de numerosos caudillos regio-
nales en la República de Venezuela, personajes de relevantes nombradías y que
eran jefes en sus correspondientes territorios provincianos.
En la exposición de "La Caída del Liberalismo Amarillo" se aprecia también
la acción política y militar de Guzmán Blanco, Joaquín Crespo, Cipriano Castro,
Manuel Antonio Matos y Juan Vicente Gómez, quienes son los que más se desta-
can en ese largo período historial y, por supuesto, el General Antonio Paredes, el
biografiado, y quien se caracterizó por su gran entereza de ánimo, por su ineluc-
table cumplimiento del deber y por su firmeza y espíritu de sacrificio en la prisión
y por sus correctos procederes en todos los órdenes de la vida.
A lo largo de esa obra podemos darnos cuenta igualmente del tejemaneje de
nuestra política, de las componendas y de las traiciones de que son objeto altos
personajes intervinientes en la política venezolana.
Podemos observar también a través de la lectura atenta de la mencionada
obra que varios caudillos, tales como: Guzmán Blanco, Joaquín Crespo y Cipriano
Castro eran hombres firmes y claros en sus decisiones, y en cambio otros manda-
tarios eran ambiguos en sus procederes y no dejaban traslucir sus intenciones,
como bien puede observarse en las actuaciones de Andrade, Matos y Gómez.
Nos ha llamado la atención sobremanera el final de este libro, el cual· es ver-
daderamente impactante, porque aparece el General Juan Vicente Gómez desde el
fondo del balcón de la Casa Amarilla que da frente a la Plaza Bolívar, presenciando
el desfile de los acompañantes del féretro que conducen los restos mortales del Ge-
neral Antonio Paredes y mira "cómo el Congreso Nacional de Cipriano Castro, la
Corte Federal de Cipriano Castro, la Municipalidad de Cipriano Castro, los altos
jefes militares de Cipriano Castro, los intelectuales de Cipriano Castro y los ami-
gos de Cipriano Castro van marchando silenciosos, conmovidos, reverentes, com-
pungidos detrás de los restos mortales del más implacable de los enemigos de
Cipriano Castro. Cuando los primeros acordes de "La Marcha del Héroe" que in-
terpreta la orquesta en el coro de la Catedral inundan la soledad de la plaza", el
General Juan Vicente Gómez "se retira a sus habitaciones y cierra la puerta del
balcón".
El ilustre jurista, historiador y académico patrio doctor José Gil Fortoul,
autor de la notable obra "Historia Constitucional de Venezuela" no la concluyó
y el tercer tomo de la misma llega hasta 1870. Nos parece que la obra del doctor
Ramón J. Velásquez que comentamos viene a llenar el vacío existente en la obra
de Gil Fortoul; consideramos también que "La Caída del Liberalismo Amarillo"
viene a llenar este sitio hasta 1909, y es de esperarse que su autor dé a la luz pública
próximamente los otros volúmenes que tiene ya listos para su publicación, los
cuales comprenden los 27 años del Gobierno del General Juan Vicente Gómez
y los de los posteriores hasta el Gobierno del doctor Rafael Caldera, inclusive,
que son en número de cuatro, para así poseer un conocimiento verdadero, acriso-
lado y ecuánime de la historia de nuestro país a lo largo de tan gran período que
abarca unos 65 años del presente siglo.
No nos queda otra cosa sino felicitar muy cordialmente a tan distinguido histo-
riador por lo bien logrado de su obra "La Caída del Liberalismo Amarillo" ( tiempo
y drama de Antonio Paredes), la cual se halla óptimamente escrita desde el punto
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de vista gramatical y literario y por su gran fluidez, la cual motiva al lector desde
el primer instante y la hace leer prácticamente de un solo tirón.
Caracas, abril de 1980.
EL ANFITRION DE GRAFTON STREET
Por R. J. 1..oVERA DE-SOLA
A los venezolanos nos ha bastado con decir que Francisco de Miranda fue el
Precursor de nuestra Independencia. Nos ha parecido que es suficiente. No nos
hemos detenido a estudiar el por qué de la afirmación. No nos hemos preocupado
en documentar el hecho. Y los pocos que lo han hecho no han logrado que sus
investigaciones penetren en la conciencia del venezolano ni en nuestra rezagada
enseñanza de la historia -la cual siempre está atrasada con respecto a los sende-
ros de las pesquisas-.
De allí el interés que suscita la monografía del historiador J. L. Salcedo-Bas-
tardo: Crisol del americanismo. ( Caracas: Cuadernos Lagoven, 1980. 107 p.) en
la que explica -con toda la precisión que le ha permitido la documentación exis-
tente- _porque los venezolanos hemos estado rondando --durante más de un si-
glo-- alrededor de una casa londinense situada en el número 27 Grafton Street
(hoy n/58 Grafton Way). Fue en esa residencia -en la cual habitaba desde 1802
Francisco de Miranda_:_ en la cual se encontraron, durante el verano de 1810,
Bolívar, Bello y Luis López Méndez con el inquilino, quien les sirvió de Anfitrión.
Fue este el encuentro más singular de la época. Tuvo una significación mayor de la
que se le ha atribuido. Examinar lo que allí sucedió era necesario hacerlo sustanti-
vamente, fundamentando cada afirmación en el documento correspondiente. Es
esto lo que nos ofrece Salcedo en su trabajo.
El hogar de Miranda en Londres no fue sólo un techo bajo el cur.J vivía
-junto a su noble compañera, los dos hijos, su secretario Tomás Molini.-. Era,
como él mismo lo escribió, "el punto fijo para la Independencia y libertades del
continente colombiano" (Archivo de Miranda. La Habana: Ed. Lex, 1950,
t. XXIII, p. 368).
El caraqueño Francisco de Miranda había dedicado su vida --desde 1781-
a la causa emancipadora. Después de un largo peregrinaje -en el cual siempre
buscó cómo poner en práctica su idea- se instala en Grafton St. Allí no sólo habi-
taba. Allí estaba la rica biblioteca -una de las mejores de su tiempo-- que el in-
quieto militar había logrado formar, allí estaba el Archivo -que él mismo -ordena
y empasta en 1805-. Desde allí realizó un magisterio americano, allí preparó las
sucesivas entregas de El Colombiano. Y allí -ante la puerta de su casa- vio
bajarse de un coche a tres venezolanos la tarde del 19 de julio de 1810. Los tres
eran jóvenes -López Méndez era el mayor- y habían venido a representar a su
país ante la Corte Inglesa. En Caracas los habían prevenido contra el General que
los esperaba. Bolívar, Bello y López Méndez no hicieron caso de las inquinas cara-