Relación Causal y Consecuencias Jurídicas
Relación Causal y Consecuencias Jurídicas
RELACIÓN CAUSAL
La relación causal es la necesaria conexión fáctica que debe existir entre la acción humana y el resultado
dañoso producido. Se trata de resolver, si un resultado dañoso determinado puede ser materialmente
atribuido a una persona.
Estamos frente a una cuestión fáctica y objetiva, que se circunscribe al enlace entre un hecho antecedente
(causa) y otro consecuente o resultado (efecto). Puede haber relación de causalidad sin que medie
culpabilidad (ej: daño causado por un menor de cinco años de edad), o existir causalidad sin responsabilidad
(ej: daños inferidos por legítima defensa).
Condición: Mero antecedente del resultado que se produce. El derecho no atribuye la autoría material del
daño, ni responsabiliza a un sujeto por el mero hecho de haber puesto una condición, aunque ésta pueda ser
necesaria paras su producción, ya que en caso de no haberse producido el efecto no se habría
desencadenado.
Es preciso, para ello que la condición asuma especial entidad, por ser adecuada para producir ese resultado,
en cuyo caso se eleva a la categoría de causa jurídica, generadora del detrimento. Así concebida la cuestión,
puede afirmarse que “si bien la causa es siempre una condición del daño, no toda condición es causa”.
Ocasión: Dentro de las muchas condiciones que pueden contribuir a un resultado, la ocasión favorece o torna
viable la actuación de la verdadera causa del daño, pues permite, facilita o potencia su aptitud causal.
Como regla, no se responde por el mero hecho de haber facilitado o provocado la ocasionalidad del daño
(invitar a un amigo a jugar al golf, y que sufra una lesión). Sin embargo, en algunos supuestos excepcionales, la
ocasión deviene jurídicamente relevante a los fines de la atribución fáctica y jurídica del resultado (ej:
responsabilidad de las personas jurídicas por el hecho de sus directores y administradores por los daños
causados en ejercicio de sus funciones).
Tipos de consecuencias
Consecuencias inmediatas: Son aquellas que acostumbran a suceder según el curso normal y ordinario
de las cosas. La inmediatez no deriva de la cercanía temporal o espacial con el hecho generador, asume
tal carácter porque entre el hecho generador y la consecuencia no se advierte la presencia de ningún
hecho intermedio. La previsibilidad está siempre implícita en ellas, pues conforme al principio de
regularidad siguen de manera natural y ordinaria a un hecho, situación que determina su necesaria
representación en la mente de un hombre normal;
Consecuencias mediatas: Son aquellas que resultan solamente de la conexión de un hecho con un
acontecimiento distinto. En este supuesto el vínculo con el hecho causal no es directo, pues en la
cadena causal se produce la interferencia de otro hecho que coadyuva al resultado. Es la conjunción de
dos hechos la que produce el resultado. Estas consecuencias son imputables al autor del hecho cuando
las hubiese previsto o cuando empleando la debida atención hubiere podido preverlas;
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Consecuencias casuales: Son consecuencias mediatas que no pueden preverse. Ellas escapan a toda
aptitud normal de previsión al corresponder a hechos que operan en forma sobreviniente e inesperada
en el proceso causal, interrumpiendo su desarrollo. Por no ser previsibles, las consecuencias casuales
no son imputables;
Teoría de la equivalencia de las condiciones: En virtud de la cual debe entenderse que la causa de un
determinado resultado es la suma de la totalidad de las condiciones, que son todas las equivalentes, y
si falta alguna de ellas, no es posible afirmar que igualmente se hubiera producido el efecto.
Estas condiciones son todas equivalentes, de manera que faltando cualquiera de ellas el suceso no se
habría producido.
Crítica: La condición es un mero antecedente del resultado que se produce. Un efecto es producido por
múltiples condiciones que en conjunto lo provocan. El derecho no atribuye la autoría material a un
sujeto por haber puesto una condición, aunque esta pueda ser necesaria para su producción, es
preciso que esa condición asuma especial entidad por ser adecuada para producir el daño;
Teoría de la causa próxima: Se considera que es causa, de entre las diversas condiciones necesarias de
un resultado, solamente aquella que, con criterio temporal, se halla más próxima a ese resultado, las
otras son simplemente condiciones.
Crítica:
No siempre la condición última es la verdadera causante del daño, pudiendo éste reconocer la
misma en una condición anterior;
Esta teoría no resuelve los casos en los que los efectos dañosos que siguen a la conducta lesiva no
se exteriorizan de inmediato, lo que distancia el perjuicio del hecho generador;
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Teoría de la causa eficiente: Es causa del daño aquella condición que tenga mayor poder
intrínseco de causación del fenómeno;
- Desde lo cuantitativo: Se considera eficiente a la condición que ha contribuido en
mayor medida a la producción del resultado;
- Desde lo cualitativo: Es causa aquella condición que haya tenido mayor eficacia por
su calidad intrínseca en el proceso causal;
Teoría de la causalidad adecuada (Adoptada por el CCyC): Se parte de la base que sólo puede
considerarse jurídicamente “causa” de un resultado a aquel hecho que, de acuerdo a lo que suele
suceder, en función de las reglas de la experiencia produce normalmente aquel resultado.
No basta entonces, con que entre ambos extremos (hecho y resultado) medie una relación
causal desde el punto de vista físico, sino que es preciso además, que el resultado aparezca
como una consecuencia previsible del hecho;
Esta previsibilidad se mide en abstracto, teniendo en cuenta no lo que previó o pudo prever el
causante del daño, sino lo que habría previsto un “hombre medio” (una persona de previsión
normal) colocado hipotéticamente en el momento del hecho (“prognosis póstuma”);
De ahí que para establecer la causa de un daño sea preciso hacer un juicio de probabilidad y así
determinar, de acuerdo a la experiencia de vida, si la acción u omisión era “adecuada” para
producir el daño;
ARTÍCULO 1726: “Son reparables las consecuencias dañosas que tienen nexo adecuado de causalidad con
el hecho productor del daño. Excepto disposición legal en contrario, se indemnizan las consecuencias
inmediatas y las mediatas previsibles”.
ARTÍCULO 1727: “Las consecuencias de un hecho que acostumbran a suceder según el curso natural y
ordinario de las cosas, se llaman consecuencias inmediatas. Las consecuencias que resultan solamente de
la conexión de un hecho con un acontecimiento distinto, se llaman consecuencias mediatas. Las
consecuencias mediatas que no pueden preverse se llaman consecuencias casuales”.
Causas eximentes
Se trata de hechos ajenos a quien es sindicado como autor del daño, que producen la interrupción del nexo de
causalidad entre el hecho y el perjuicio ocasionado:
Hay hecho de la víctima cuando el propio damnificado despliega una conducta que de acuerdo al curso normal
de los acontecimientos, es apta para producir total o parcialmente el resultado dañoso (ej: peatón que cruza la
calle fuera de la línea peatonal, el paciente que no sigue las instrucciones médicas, el esquiador que sale de la
pista y pretende descender por una zona no autorizada, etc).
Puede ocurrir que el accionar de la víctima sea causa exclusiva del resultado, en el cual el agente se eximirá
totalmente de responsabilidad. También puede suceder que el accionar del damnificado concurra con el del
sindicado como responsable, en el cual la indemnización otorgada deberá disminuirse en la proporción de
participación causal del perjudicado en el hecho ilícito. Finalmente, también puede suceder que el hecho del
damnificado sea causa adecuada de alguna consecuencia dañosa sufrida por la víctima.
Si el hecho de la víctima no encuadra en un supuesto de caso fortuito o fuerza mayor, concurrirá con el
accionar del sindicado como responsable en la producción del hecho dañoso. El demandado solo responderá
en la medida en que su hecho haya contribuido causalmente al resultado.
ARTÍCULO 1730: “Se considera caso fortuito o fuerza mayor al hecho que no ha podido ser previsto o que,
habiendo sido previsto, no ha podido ser evitado. El caso fortuito o fuerza mayor exime de
responsabilidad, excepto disposición en contrario”.
El caso fortuito y la fuerza mayor tienen los mismos efectos: un hecho que, por resultar, imprevisible o
inevitable, fractura totalmente la cadena causal y se constituye en la verdadera causa adecuada de los daños
sufridos por la víctima. El caso fortuito o fuerza mayor presenta como caracteres la imprevisibilidad, la
inevitabilidad y la ajenidad.
La imprevisibilidad debe evaluarse teniendo en cuenta lo que podría haber previsto un hombre medio en
conocimiento de las circunstancias del caso. En cuanto a la inevitabilidad, si un hecho no ha podido preverse,
es claro que tampoco pudo evitarse. Sin embargo, cuando el hecho ha sido previsto, se constituirá como caso
fortuito o fuerza mayor en tanto y en cuanto constituya un obstáculo que el sindicado como responsable no
pude vencer o superar.
Finalmente, el daño no debe haber sido facilitado por la culpa del responsable como que el supuesto caso
fortuito no debe constituir una contingencia propia del riesgo de la cosa o la actividad.
Hecho de un tercero
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ARTÍCULO 1731: “Para eximir de responsabilidad, total o parcialmente, el hecho de un tercero por quien
no se debe responder debe reunir los caracteres del caso fortuito”.
Para que el accionar del tercero actúe como eximente es preciso que reúna los caracteres del caso fortuito,
esto es, que se trate de un hecho imprevisible o inevitable para el sindicado como responsable, y que sea
exterior a él.
Imposibilidad de cumplimiento
ARTÍCULO 1732: “El deudor de una obligación queda eximido del cumplimiento, y no es responsable, si la
obligación se ha extinguido por imposibilidad de cumplimiento objetiva y absoluta no imputable al
obligado. La existencia de esa imposibilidad debe apreciarse teniendo en cuenta las exigencias de la buena
fe y la prohibición del ejercicio abusivo de los derechos”.
Concausa
Es una causa extraña que actúa independientemente de la condición puesta por el agente causante del daño.
Las concausas pueden ser preexistentes, concomitantes o sobrevinientes al hecho que desencadena el
resultado.
Consecuencias:
El nexo de causalidad entre la conducta y el daño no alcanza a configurarse de manera total. La causa
material del menoscabo se desplaza hacia otro centro de imputación material concurrente: el hecho de
la propia víctima, de un tercero extraño o el caso fortuito;
La interferencia causal (parcial) se refleja necesariamente en la reparación del perjuicio, cuyo monto
debe ser reducido en la medida en que ha tenido incidencia la concausa;
Co-causa
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Aquí el daño se deriva de la actuación concurrente de dos o más agentes que con su conducta coadyuvan a su
producción. El daño es producido por dos o más agentes causales, pudiendo dicha pluralidad presentarse de
diferentes maneras:
ARTÍCULO 1751: Pluralidad de responsables “Si varias personas participan en la producción del daño que
tiene una causa única, se aplican las reglas de las obligaciones solidarias. Si la pluralidad deriva de causas
distintas, se aplican las reglas de las obligaciones concurrentes”.
Todos los corresponsables responden frente a la víctima por el total de la indemnización, ya sea en carácter de
responsables solidarios o concurrentes.
En el ámbito de las obligaciones solidarias se encuentran comprendidas la responsabilidad por hecho propio,
la de los miembros de un grupo cuando el autor del daño es anónimo y la de los integrantes de un grupo de
riesgo.
En cambio, es concurrente la responsabilidad del principal y el dependiente por el daño ocasionado por este
último en ejercicio o con ocasión de la función, la de los padres con la de sus hijos por el accionar de estos
últimos, o la de los delegados en ejercicio de la responsabilidad parental, los tutores y los curadores por el
daño producido por quienes se encuentren bajo su cuidado. También lo es la responsabilidad del dueño y
guardián de la cosa viciosa o riesgosa, o de los que realizaron, se sirvieron u obtuvieron un provecho de la
actividad riesgosa o peligrosa.
Como causalidad acumulativa: Aquí el daño es producto del actuar independiente de dos o mas
agente (ej: dos o más empresas vuelcan sus desechos o efluentes de sus procesos productivos en un
río, ocasionando así cada una, contaminación y daño ambiental);
Como causalidad alternativa: Se da cuando el daño se produce como efecto de una acción que han
realizado dos o más personas sin que sea posible individualizar quien de todos ellos ha sido el efectivo
autor (por ej: el daño causado por el miembro de un grupo);
ARTÍCULO 1736: “La carga de la prueba de la relación de causalidad corresponde a quien la alega, excepto
que la ley la impute o la presuma. La carga de la prueba de la causa ajena, o de la imposibilidad de
cumplimiento recae sobre quien la invoca”.
Para la carga de la prueba, en cuanto a la relación de causalidad, es el actor quien debe acreditar su existencia,
mientras que sobre el demandado recae el deber de acreditar la existencia de una causa ajena o de la
imposibilidad de cumplimiento.
En el proceso de daños es la víctima sobre quien recae la prueba de dicho elemento.
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Si se está ante un incumplimiento contractual, la prueba de la causalidad adecuada se ve desplazada por la de
que las partes previeron o pudieron haber previsto dicha consecuencia al momento de celebración del
negocio.
La prueba de los eximentes se encuentra a cargo de quien los alega, de forma tal que la prueba de la ruptura
del nexo causal recaerá sobre el agente, y la de la imposibilidad de cumplimiento, en el deudor incumplidor.
No se trata de una teoría estricta o genuinamente causal, sino de imputación. No pretende indagar si un
determinado elemento de el hecho es la causa de un resultado, sino dilucidar si determinados hechos
causantes pueden ser jurídicamente considerados como relevantes para su imputación objetiva a una
persona.
Sus partidarios afirman que debe distinguirse dos planos: por un lado el de la causalidad, que se resuelve por
aplicación de la teoría de la equivalencia de las condiciones; por otro, el de la imputación objetiva, que se
dilucida mediante un análisis de los tipos respectivos, edificados en base a ciertos criterios normativos.
La imputación objetiva luce orientada a determinar cuál de esas condiciones es objetivamente imputable al
agente e idónea para comprometer su responsabilidad si se conjuga con los demás elementos de la obligación
resarcitoria.
Concepto: Factor de atribución es el elemento axiológico o valorativo, en virtud del cual el ordenamiento
jurídico dispone la imputación de las consecuencias dañosas del incumplimiento obligacional o de un hecho
ilícito stricto sensu a una determinada persona.
ARTÍCULO 1721: “La atribución de un daño al responsable puede basarse en factores objetivos o
subjetivos. En ausencia de normativa, el factor de atribución es la culpa”.
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El error o la ignorancia excusable de hecho que recae sobre el hecho principal que constituye el
acto ilícito;
El error provocado;
La fuerza irresistible y las amenazas que generan el temor de sufrir un mal grave o inminente que
no se pueda contrarrestar o evitar;
Una vez conformada dicha imputabilidad de primer grado recién es posible formular la de segundo
grado, que pone acento en la reprochabilidad que merece dicha conducta y que puede presentarse
bajo la forma de dolo (se edifica y modula objetivamente en base a un estándar de diligencia debida) o
culpa (hace abstracción de la diligencia debida e imputa sobre riesgo creado, garantía, equidad).
Factores objetivos de atribución: Se caracterizan por fundar la atribución del incumplimiento
obligacional y responsabilidad que de él deriva o la responsabilidad que emerge de la violación al deber
jurídico de no dañar a otro, en parámetros objetivos de imputación con total abstracción de la idea de
culpabilidad.
Riesgo creado;
Garantía;
Equidad;
El deber calificado de seguridad;
FACTORES SUBJETIVOS
ARTÍCULO 1724: “Son factores subjetivos de atribución la culpa y el dolo. La culpa consiste en la omisión de
la diligencia debida según la naturaleza de la obligación y las circunstancias de las personas, el tiempo y el
lugar. Comprende la imprudencia, la negligencia y la impericia en el arte o profesión. El dolo se configura
por la producción de un daño de manera intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses
ajenos”.
Vicio de la voluntad: Art. 1724: El dolo se configura por la producción de un daño de manera
intencional o con manifiesta indiferencia por los intereses ajenos.
Elemento del delito: el sujeto debe representarse internamente el resultado ligado a su actitud, haya o
no intención de provocar el daño.
Incumplimiento obligacional: consiste en no cumplir deliberadamente, pudiendo hacerlo. No requiere
la intención de causar daño.
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El CC de Vélez contemplaba tres tipos de dolo distintos: el dolo como vicio de la voluntad, el dolo obligacional
y el dolo delictual. Mientras que el primero aparece regulado en el art 271 y ss CCyC. Los otros dos supuestos
enunciados (incumplimiento intencional y dolo delictual) confluyen en el art 1724, en un solo concepto de
dolo para el ámbito contractual y extracontractual. Asimismo, se elimina el requisito de mala fe.
Mientras el CC se refería únicamente al dolo directo. El art 1724 CCyC incorpora también el dolo eventual, al
referirse además de la intencionalidad, a la manifiesta indiferencia por los intereses ajenos.
ARTÍCULO 1743: “Son inválidas las cláusulas que eximen o limitan la obligación de indemnizar cuando
afectan derechos indisponibles, atentan contra la buena fe, las buenas costumbres o leyes imperativas, o
son abusivas. Son también inválidas si liberan anticipadamente, en forma total o parcial, del daño sufrido
por dolo del deudor o de las personas por las cuales debe responder”.
Son inválidas las cláusulas que liberan anticipadamente, en forma total o parcial, del daño sufrido por dolo del
deudor o de las personas por las cuales debe responder. Una solución contraria importaría una
desnaturalización del concepto mismo de obligación, que podría ser incumplida sin ningún tipo de
consecuencia. El deudor cumpliría, de tal modo, “si quiere” en abierta pugna con la esencia misma del vínculo
obligacional. Admitir tales cláusulas significaría, además, acoger la tutela normativa para conductas reñidas
con la buena fe contractual, la moral y las buenas costumbres.
La prohibición de dispensa anticipada del dolo comprende tanto la dispensa del dolo propio como de los
representantes, administradores y dependientes del deudor, y de aquellas personas que éste hubiese
introducido para cumplir con la obligación. Todos ellos son considerados como una prolongación del deudor,
resultando asimilados a éste a los fines de la prohibición legal.
La invalidez recae sobre la cláusula que contiene la dispensa anticipada del dolo y, como regla, no afecta al
resto de la convención. Es, de tal modo, una nulidad parcial y relativa.
ARTÍCULO 1734: “Excepto disposición legal, la carga de la prueba de los factores de atribución y de las
circunstancias eximentes corresponde a quien los alega”.
La norma pone en cabeza del demandante la prueba del factor de atribución. Así, el actor deberá acreditar la
existencia de una conducta negligente del demandado, la intervención en la producción del daño de una cosa
o actividad riesgosa, etc. Sin embargo, el hecho de que la carga de la prueba recaiga sobre el actor no implica
que él deba aportar prueba directa del hecho, sino que puede también recurrir a la prueba indiciaria, a través
de la cual el juez puede elaborar una presunción a partir de indicios serios, graves y concordantes.
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ARTÍCULO 1735: “No obstante, el juez puede distribuir la carga de la prueba de la culpa o de haber actuado
con la diligencia debida, ponderando cuál de las partes se halla en mejor situación para aportarla. Si el juez
lo considera pertinente, durante el proceso debe comunicar a las partes que aplicará este criterio, de modo
de permitir a los litigantes ofrecer y producir los elementos de convicción que hagan a su defensa.”.
Se parte de la idea #de las cargas probatorias dinámicas” que permitiría invertir la carga de la prueba de
determinados hechos. De acuerdo a esa doctrina, la carga de la prueba de un hecho debe ser puesta en
cabeza de quien se encuentre en mejores condiciones de producirla.
La teoría de las cargas probatorias dinámicas aparece como excepción y para un ámbito de la culpa del agente.
Por otra parte, el juez debe permitir a los litigantes ofrecer y producir los elementos de convicción que hagan
a su defensa.
Dolo de los treceros introducidos por el deudor para el cumplimiento: El deudor responde por el dolo de los
terceros que él introduzca para ejecutar la prestación, sean dependientes o auxiliares.
Efectos:
Responsabilidad por daños que sean consecuencia inmediata y necesaria, y mediata previsible;
No hay posibilidad de reducción de costas;
No existe la posibilidad de atenuación por equidad;
2) Culpa: La culpa se define como la omisión de la diligencia que exige la naturaleza de la obligación, y
que corresponda a las circunstancias de las personas, del tiempo y del lugar.
La culpa puede manifestarse como negligencia (el docente que no controla los alumnos en su clase),
imprudencia (cuando un automovilista circula a velocidad excesiva) o impericia (un médico no observa
las medidas de asepsia necesarias para una intervención quirúrgica, e infecta al paciente). La
negligencia consiste en no prever lo que era previsible o, habiéndolo hecho, no adoptar la diligencia
necesaria para evitar el daño. La imprudencia se traduce en una conducta positiva, precipitada o
irreflexiva, que es llevada a cabo sin prever las consecuencias. Finalmente, la impericia consiste en la
incapacidad técnica para el ejercicio de una función determinada, profesión o arte.
Grados de culpa
Culpa grave: Consiste en no haber tomado las precauciones más elementales que toda situación
requiere, a fin de no causar un daño. Se trata de una culpa grosera (similar al dolo eventual);
Culpa leve: Es la culpa apreciada en abstracto (comparando la conducta con la del buen padre de
familia) o en concreto (apreciándola según las propias circunstancias del sujeto, en orden a qué
cometería y qué no). Importaba un tratamiento más benigno para su autor, en comparación a la culpa
grave;
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Culpa levísima: Se responde de la más leve culpa, comparándose la conducta con la del diligentísimo
padre de familia;
Sistema del CCyC: Si bien el art. 1724 no dispone sobre la graduación de la culpa, se debe distinguir entre
culpa grave y culpa en general, pero no se trata de descubrir culpas leves para eximir de responsabilidad, sino,
de que cuando se presenta la culpa grave existe una correlativa agravación de la responsabilidad civil, pues
debe ser asimilada al dolo.
Por ello, referirse a la culpa leve luce inapropiado, pues no se trata de eso. En otras palabras: en tanto y en
cuanto exista la omisión en concreto de observar un comportamiento diligente, con ausencia de intención de
dañar, habrá culpa (en sentido amplio, atípico y extenso); y la situación se tornará más embarazosa para el
autor del hecho cuando la culpa haya sido grave, pues en tal caso su conducta será pasible de un reproche
cualitativamente superior al del obrar culposo.
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Culpa civil y culpa penal: La doctrina mayoritaria postula la unicidad del concepto de culpa. A ello no obsta el
concepto normativo del art. 1724 CCyC, que es idéntico, en lo sustancial, a lo que se predica en el ámbito del
derecho penal.
Las diferencias están en su apreciación. Es que mientras en el derecho penal se registra un escuerzo para
indagar la actitud subjetiva del agente, en el ámbito civil la mira se centra en un defecto de la conducta misma
que, además de antijurídica, presenta fallas en comparación con un obrar promedio de personas diligentes.
Ello se debe a que la sanción penal se impone sólo en caso en que la culpa esté probada de manera acabada;
en caso de duda, prima el principio de inocencia, y de allí que los esfuerzos se orienten a probarla de manera
indubitada. En cambio, en el ámbito resarcitorio, el criterio de valoración en más flexible, existiendo incluso
presunciones legales, además de que puede llegar a inferirse mediante las presunciones hominis (presunción
judicial, que establece el juez a través del análisis de las circunstancias del caso).
Dispensa de la culpa
ARTÍCULO 1743: “Son inválidas las cláusulas que eximen o limitan la obligación de indemnizar cuando
afectan derechos indisponibles, atentan contra la buena fe, las buenas costumbres o leyes imperativas, o
son abusivas. Son también inválidas si liberan anticipadamente, en forma total o parcial, del daño sufrido
por dolo del deudor o de las personas por las cuales debe responder”.
Son inválidas las cláusulas que liberan anticipadamente, en forma total o parcial, del daño sufrido por dolo del
deudor o de las personas por las cuales debe responder. Una solución contraria importaría una
desnaturalización del concepto mismo de obligación, que podría ser incumplida sin ningún tipo de
consecuencia. El deudor cumpliría, de tal modo, “si quiere” en abierta pugna con la esencia misma del vínculo
obligacional. Admitir tales cláusulas significaría, además, acoger la tutela normativa para conductas reñidas
con la buena fe contractual, la moral y las buenas costumbres.
La prohibición de dispensa anticipada del dolo comprende tanto la dispensa del dolo propio como de los
representantes, administradores y dependientes del deudor, y de aquellas personas que éste hubiese
introducido para cumplir con la obligación. Todos ellos son considerados como una prolongación del deudor,
resultando asimilados a éste a los fines de la prohibición legal.
La invalidez recae sobre la cláusula que contiene la dispensa anticipada del dolo y, como regla, no afecta al
resto de la convención. Es, de tal modo, una nulidad parcial y relativa.
ARTÍCULO 1723: “Cuando de las circunstancias de la obligación, o de lo convenido por las partes, surge que
el deudor debe obtener un resultado determinado, su responsabilidad es objetiva”.
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El factor de atribución del solvens, si se comprometió a desarrollar un plan de conducta diligente a fin de
satisfacer el interés perseguido por el acreedor, pero no aseguró la obtención de dicho fin (obligación de
medios), es subjetivo. En cambio, si la satisfacción de dicho interés fue asegurada por el deudor, entonces la
obligación es de resultado y el factor de atribución es objetivo.
Para que nazca la responsabilidad por incumplimiento obligacional es ineludible que exista un incumplimiento
de la obligación. El deudor deberá resarcir el daño ocasionado, salvo que acredite que la obligación se ha
extinguido por imposibilidad de cumplimiento objetiva y absoluta.
En las obligaciones de medios, el incumplimiento del deudor surge del desarrollo negligente del plan de
conducta comprometido, por lo cual debe acreditarse su culpa. En la de fines, la no obtención del resultado
debido configurará, por si misma, su incumplimiento.
Culpa concurrente: Con esta expresión se alude al caso en que el daño causado sea imputable tanto a su autor
como a la víctima. Puede ocurrir que la concurrencia de culpas sea igual para ambas partes, hipótesis en la
cual las dos responsabilidades se anulan y compensan y no dan lugar a ninguna condena por daños y
perjuicios. Siendo las culpas de distinto grado -es decir, desiguales cada parte debe indemnizar en la
proporción y medida de la que le es imputable. Caso especial de culpa concurrente es aquel que afecta a los
capitanes de los buques o a los comandantes de las aeronaves por abordaje imputable a ambos navíos o
aviones.
Culpa del acreedor: La culpa del acreedor consiste en la omisión de las diligencias necesarias para recibir la
presentación. No hay una negativa ni un propósito deliberado de no recibirla (lo que constituiría dolo), sino
una simple pasividad o negligencia. Empero, las consecuencias del dolo o la culpa del acreedor son siempre las
mismas: debe indemnizar al deudor los daños que esa conducta le haya producido.
Por lo pronto, deberá pagar las costas del juicio de consignación e indemnizar todos los gastos extrajudiciales
que hayan resultado al deudor. Así, por ejemplo, si este se ha comprometido a hacer la entrega de la cosa
vendida en un lugar apartado y el acreedor no concurre a recibir el pago, son a cargo de este los gastos de
traslado, de conservación de la cosa en el lugar indicado, de transporte al lugar donde debe hacer la
consignación, etcétera.
Culpa precontractual y culpa "In contrahendo": La vida de los negocios demuestra que muchas veces las
tratativas previas a los contratos, sobre todo si son importantes, suponen gestiones, trabajos y gastos. En
principio, tales trabajos y gastos corren por cuenta de la parte que los ha hecho, pues actúa en su propio
interés y asume por propia determinación el riesgo del fracaso de las tratativas, ya que la otra parte no ha
dado todavía su consentimiento. Pero a veces las tratativas avanzan más de lo corriente; las conversaciones
previas hacen concebir a una de las partes legítimas esperanzas de que el contrato será concluido; en ese
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momento, la otra desiste intempestivamente y sin ninguna razón vinculada con el negocio mismo, de las
negociaciones. Es esto lo que en doctrina se llama culpa precontractual.
Algunos autores (saleilles, fagella) distinguen entre culpa precontractual propiamente dicha y culpa in
contrayendo; y, sin duda, la distinción es conceptualmente posible. La primera se refiere a la ruptura
intempestiva de las tratativas, mientras éstas se han mantenido en el plano de tales. La segunda alude a una
etapa mas avanzada:
exige la formalización de un contrato (luego anulado por culpa de una de las parte) o, por lo menos, la oferta
de un contrato. Por ello se habla de culpa in contrayendo, es decir, de aquélla en que se incurre en el
momento en que el contrato se contrae o se propone.
ARTÍCULO 1725: “Cuanto mayor sea el deber de obrar con prudencia y pleno conocimiento de las cosas,
mayor es la diligencia exigible al agente y la valoración de la previsibilidad de las consecuencias.
Cuando existe una confianza especial, se debe tener en cuenta la naturaleza del acto y las condiciones
particulares de las partes.
Para valorar la conducta no se toma en cuenta la condición especial, o la facultad intelectual de una
persona determinada, a no ser en los contratos que suponen una confianza especial entre las partes. En
estos casos, se estima el grado de responsabilidad, por la condición especial del agente”.
Cuanto mayor es la diligencia exigible al agente, mayor será el estándar con el cual se valorará su conducta. En
los contratos no se toma en cuenta la condición especial de las partes, salvo en aquellos que suponen una
confianza especial, caso en el cual estas condiciones especiales también son tomadas en cuenta para elaborar
el parámetro abstracto de comparación que sirve de base al juicio de culpabilidad.
La relación causal se aprecia en forma objetiva y abstracta, prescindiendo de la valoración de la conducta del
agente, o de lo que este efectivamente sabía en el caso concreto.
FACTORES OBJETIVOS
ARTÍCULO 1722: “El factor de atribución es objetivo cuando la culpa del agente es irrelevante a los efectos
de atribuir responsabilidad. En tales casos, el responsable se libera demostrando la causa ajena, excepto
disposición legal en contrario”.
El factor de atribución es objetivo cuando la culpa del agente es irrelevante para atribuir responsabilidad. En
tales casos, el sindicado como responsable tampoco se exonera probando su falta de culpa. En la
responsabilidad objetiva la culpa no es criterio ni de imputación ni de eximición de responsabilidad.
1) Riesgo
ARTÍCULO 1757: “Toda persona responde por el daño causado por el riesgo o vicio de las cosas, o de las
actividades que sean riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios empleados o por las
circunstancias de su realización.
La responsabilidad es objetiva. No son eximentes la autorización administrativa para el uso de la cosa o la
realización de la actividad, ni el cumplimiento de las técnicas de prevención”. Página 14 de 18
Riesgo o vicio de las cosas: Las cosas son riesgosas cuando, sin ser defectuosas, generan la posibilidad de
causar un daño (ej: una instalación eléctrica correctamente efectuada); en tanto que son viciosas, cuando
tienen defectos de fabricación, montaje, diseño o información. En ambos casos, existe riesgo, y la
responsabilidad surge en tanto y en cuanto la cosa haya tenido una intervención causalmente activa en la
producción del daño, escapando de tal manera al control del guardián.
Responsabilidad por vicio de las cosas: La responsabilidad es objetiva, es decir que la conducta
subjetivamente reprochable del agente es irrelevante a los fines de imputarle responsabilidad. El factor
de atribución aplicable es el riesgo. Por ende, para eximirse de responsabilidad el sindicado como
responsable deberá acreditar la causa ajena, es decir, el hecho de la víctima, de un tercero por el cual
no debe responder o el caso fortuito o fuerza mayor.
Partiendo de estas premisas, a la víctima le bastará con acreditar el contacto material entre el hecho
de la cosa y el daño, para que surja la presunción de adecuación causal, es decir, que el accionar de la
cosa viciosa o riesgosa fue la que, conforme el curso normal y ordinario de los acontecimientos,
produjo el resultado;
Actividades riesgosas: La responsabilidad por riesgo comprende también a las actividades que sean riesgosas
o peligrosas por su naturaleza (explotación de la energía nuclear), por los medios empleados o por las
circunstancias de su realización (se configura cuando existen factores contingentes referidos a la manera de
llevar a cabo la actividad. Se trata de un riesgo accidental, que puede o no presentarse. Se vincula con las
circunstancias que son determinantes para la calificación riesgosa de la actividad desplegada, que se vinculan,
principalmente con los medios o elementos empleados para el despliegue de la actividad que pueden y deben
ser controlados por su titular).
Responsabilidad por actividades riesgosas: El art. 1757 prevé también la responsabilidad objetiva en
este caso. En estos casos, quien realiza la actividad, se sirve u obtiene un provecho con ella debe
resarcir el daño ocasionado;
2) Garantía: Es también un factor de atribución objetivo, mediante el cual ciertos sujetos quedan
comprometidos a indemnizar el daño, con independencia de toda idea de culpabilidad de su parte.
Asegura la indemnización, sin perjuicio de lo cual emergen para el garante deberes de conducta
tendientes a evitar la causación del daño, pero que no se tienen en cuenta a la hora de indemnizar. La
garantía, en definitiva, se cimenta en una situación dañosa que se considera riesgosa, o en una
situación jurídica del responsable que le impone, porque el ordenamiento así lo dispone, velar por el
comportamiento de otro y, en última instancia, responder por lo que este último haya cometido, sin
que revista relevancia la diligencia empleada en la evitación del daño.
ARTÍCULO 1753: Responsabilidad del principal por el hecho del dependiente “El principal responde
objetivamente por los daños que causen los que están bajo su dependencia, o las personas de las cuales se
sirve para el cumplimiento de sus obligaciones, cuando el hecho dañoso acaece en ejercicio o con ocasión
de las funciones encomendadas.
La falta de discernimiento del dependiente no excusa al principal.
La responsabilidad del principal es concurrente con la del dependiente”.
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ARTÍCULO 1754: “Los padres son solidariamente responsables por los daños causados por los hijos que se
encuentran bajo su responsabilidad parental y que habitan con ellos, sin perjuicio de la responsabilidad
personal y concurrente que pueda caber a los hijos”.
ARTÍCULO 1755: “La responsabilidad de los padres es objetiva, y cesa si el hijo menor de edad es puesto
bajo la vigilancia de otra persona, transitoria o permanentemente. No cesa en el caso de los progenitores
decidan delegar la responsabilidad parental a un pariente.
Los padres no se liberan, aunque el hijo menor de edad no conviva con ellos, si esta circunstancia deriva de
una causa que les es atribuible
Los padres no responden por los daños causados por sus hijos en tareas inherentes al ejercicio de su
profesión o de funciones subordinadas encomendadas por terceros. Tampoco responden por el
incumplimiento de obligaciones contractuales válidamente contraídas por sus hijos”.
3) Solidaridad
ARTÍCULO 1760: Cosa suspendida o arrojada “Si de una parte de un edificio cae una cosa, o si ésta es
arrojada, los dueños y ocupantes de dicha parte responden solidariamente por el daño que cause. Sólo se
libera quien demuestre que no participó en su producción”.
La responsabilidad alcanza tanto al titular de dominio de la cosa, como a todo aquel que ostente algún tipo de
ARTÍCULO 1756: “Los delegados en el ejercicio de la responsabilidad parental, los tutores y los curadores
son responsables como los padres por el daño causado por quienes están a su cargo.
Sim embargo, se liberan si acreditan que les ha sido imposible evitar el daño; tal imposibilidad no resulta
de la mera circunstancia de haber sucedido el hecho fuera de su presencia.
El establecimiento que tiene a su cargo personas internadas responde por la negligencia en el cuidado de
quienes, transitoria o permanentemente, han sido puestas bajo su vigilancia y control”.
control sobre ella, cualquiera sea su título (locatario, usufructuario, comodatario, etc). la existencia de un
habitante que no revista calidad de dueño (ej: inquilino) no excluye la responsabilidad del titular de dominio
del bien.
Por otra parte, es preciso destacar que el consorcio de copropietarios es una persona jurídica, de forma tal
que, si en la parte del edificio de la cual cayó o fue arrojada la cosa, además de las distintas unidades
funcionales, existe una parte común (por ejemplo el techo, azotea, terraza o patio solar), el consorcio también
deberá responder, en su carácter de titular de esa parte.
Se trata de un supuesto de responsabilidad objetiva, y resultan de aplicación los arts. 1722 y 1723.
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ARTÍCULO 1761: Autor anónimo “Si el daño proviene de un miembro no identificado de un grupo
determinado responden solidariamente todos sus integrantes, excepto aquel que demuestre que no ha
contribuido a su producción”.
ARTÍCULO 1762: Actividad peligrosa de un grupo “Si un grupo realiza una actividad peligrosa para
terceros, todos sus integrantes responden solidariamente por el daño causado por uno o más de sus
miembros. Sólo se libera quien demuestra que no integraba el grupo”.
Para que nazca el deber de resarcir el daño ocasionado en estos casos, es preciso que se encuentre acreditado
en la causa que existió la actuación de un grupo que realizó una actividad riesgosa o peligrosa para terceros
(por su naturaleza, por los medios empleados o por las circunstancias de su realización).
La relación de causalidad entre el accionar del grupo y el daño padecido por la víctima no se presume y la
prueba pesa sobre el damnificado.
A diferencia de la responsabilidad colectiva por el accionar del autor anónimo, la identificación del sujeto
particular que ocasionó el daño no exime de responsabilidad a los restantes integrantes del grupo. Los
integrantes sólo se eximen de responsabilidad demostrando que no participaron del grupo.
4) Equidad: La equidad en cuanto factor de atribución objetivo tiene importancia en aquellas situaciones
en las que las otras razones relevantes para atribuir responsabilidad resultan insuficientes:
responsabilidad por actos involuntarios y responsabilidad en caso de daños causados lícitamente
(mediando estado de necesidad, aunque aquí la indemnización se concede sólo en la medida que el
juez lo considere equitativo).
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ARTÍCULO 1750: Daños causados por actos involuntarios “El autor de un daño causado por un acto
involuntario responde por razones de equidad (se aplica art 1742)
El acto realizado por quien sufre fuerza irresistible no genera responsabilidad para su autor, sin perjuicio de
la que corresponde a título personal a quien ejerce esa fuerza”.
5) Abuso de derecho: Autorizada doctrina entiende que el abuso del derecho constituye un factor
objetivo de atribución, además de causal de ilicitud del acto. Se señala que quien obra abusivamente
debe ser evaluado no en orden a su intención en el obrar, sino con una perspectiva finalista, con
prescindencia de algún reproche en su conducta, y que es posible que se causen daños abusivamente
sin dolo ni culpa, bastando el desborde objetivo de los límites a la razonabilidad del actuar.
En nuestra opinión, el abuso del derecho y todas sus manifestaciones, transitan por los carriles de la
antijuridicidad, y no constituyen un factor objetivo de atribución autónomo. Por ello, habrá que
determinar, existiendo el abuso, si ello se ha debido a una actividad riesgosa, o si el factor de
atribución es subjetivo. Sin embargo, entendemos que la conducta abusiva generalmente constituirá
una actividad riesgosa, ya que lleva ínsita la generación de un peligro de daño que excede la
normalidad. Ésta es, en nuestra opinión, la razón por la cual lo general las conductas abusivas generan
responsabilidad objetiva.
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