Responsabilidad Profesional en Abogados
Responsabilidad Profesional en Abogados
1- RESPONSABILIDAD PROFESIONAL
Profesión: Actividad desarrollada en forma habitual con autonomía técnica que cuenta con una
reglamentación que requiere habilitación precia, y se la presume onerosa. La cual puede estar sometida a
colegiación o estar sujeta a normas de ética y potestades disciplinarias.
ARTÍCULO 1768: “La actividad del profesional liberal está sujeta a las reglas de las obligaciones de hacer. La
responsabilidad es subjetiva, excepto que se haya comprometido un resultado concreto. Cuando la
obligación de hacer se preste con cosas, la responsabilidad no está comprendida en la Sección 7°, de este
Capítulo, excepto que causen un daño derivado de su vicio. La actividad del profesional liberal no está
comprendida en la responsabilidad por actividades riesgosas previstas en el artículo 1757”.
El art. 1768 CCyC establece que el deber de resarcir el daño que pesa sobre los profesionales liberales se rige
por las reglas aplicables a las obligaciones de hacer. La prestación a cargo del experto puede consistir, por un
lado, en realizar cierta actividad, con la diligencia apropiada o en la obtención del resultado concreto o eficaz.
El incumplimiento del profesional queda patentizado según cual sea la prestación a la cual se haya
comprometido (de medios o de resultado).
El deber de resarcir el daño a cargo del experto se rige por las normas aplicables a la responsabilidad subjetiva.
En general, el incumplimiento de los profesionales liberales se concreta por su accionar negligente en la
prestación del plan de conducta comprometido.
Sin embargo, en el mismo apartado del art. 1768 CCyC deja a salvo la posibilidad de que el experto se haya
comprometido a obtener la satisfacción del resultado perseguido por el acreedor. Más allá del principio
general establecido en la norma, lo cierto es que no resulta posible determinar ex ante la naturaleza de la
obligación comprometida, que es de medios o de resultado según el caso.
En síntesis, este artículo establece que el profesional liberal responde, por el incumplimiento de la prestación
principal, en principio subjetivamente, y es preciso acreditar su culpa para que se patentice el incumplimiento.
Sin embargo, en aquellos supuestos en que el experto se haya comprometido a obtener el resultado
perseguido por el acreedor, o cuando incumpla total, parcial o tardíamente la obligación de medios, el factor
de atribución es la garantía, de forma tal que su diligencia o negligencia es irrelevante a los fines de
determinar su responsabilidad.
En su segunda parte el art. 1768 excluye a los profesionales liberales del sistema de responsabilidad por el
hecho de las cosas viciosas o riesgosas y por actividades peligrosas.
Sin embargo, dicha exclusión no es aplicable en los supuestos en que el daño derive del vicio, que presenta la
cosa involucrada, pues en este caso particular lo que ocasiona el daño no es el accionar médico, sino el hecho
de la cosa en sí misma, derivado de su mal funcionamiento.
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ABOGADOS: La relación del abogado con su cliente puede enmarcarse en el ámbito contractual (cuando se
despliega en el marco de un contrato de servicio profesional, de carácter atípico, celebrado con el cliente) o
extracontractual (cuando no existe convención alguna al respecto entre el abogado y su cliente, por ejemplo:
en el cumplimiento de deberes legales, nombramientos de oficio, patrocinio letrado gratuito).
Actuación como patrocinante: El abogado puede intervenir en un proceso judicial como letrado patrocinante
de alguna de las partes, en cuyo caso no tiene la representación de su cliente, quien debe intervenir
personalmente en la casa, circunscribiéndose la actuación del letrado al patrocinio en sede judicial, lo cual
lleva incluido la asistencia jurídica plena de aquel.
En cumplimiento de esas tareas, debe estudiar el caso, informar apropiadamente al cliente, elaborar los
escritos pertinentes, desplegar la actividad pertinente para que éste realice todos los actos procesales que
correspondan, en función de su interés. Tiene, de tal modo, la plena dirección jurídica de la causa, hasta la
conclusión de su actuación.
La intervención activa y personal del cliente es muy significativa en este supuesto, toda vez que el abogado
patrocinante carece de facultades de representación y no puede actuar por sí solo. Entonces, necesitará la
intervención personal y efectiva de aquél para impulsar el proceso y para efectuar la inmensa mayoría de los
actos procesales.
De tal modo, el cliente, debidamente informado por su abogado, tiene el deber jurídico de prestar los actos de
cooperación pertinentes para que su letrado patrocinante pueda desplegar la conducta comprometida. En
caso de no hacerlo, el abogado no puede, en principio, ser considerado responsable del daño que derive de la
no realización de tales actos.
Actuación como representante: Cuando el abogado recibe un poder de su cliente para que lo represente en
un determinado conflicto judicial se constituye en apoderado y mandatario del mismo. En este caso, el
abogado, además de las conductas que debe efectuar como letrado patrocinante, tiene la obligación de
resultado de impulsar la causa realizando todas las presentaciones judiciales que fueran menester. Se reducen
en este caso, sensiblemente, los deberes de cooperación por parte del cliente, quien a través del acto de
apoderamiento a su mandatario lo habilita para actuar lisa y llanamente en su nombre y representación, sin
necesidad alguna de intervención personal de aquék, salvo en actos procesales específicos en los que la ley
disponga lo contrario, tal lo que sucede por ejemplo con la absolución de posiciones.
Factor de atribución en la responsabilidad del abogado: La responsabilidad del abogado se inserta, como
regla, dentro de la tipología de responsabilidad por hecho propio o personal y está atrapada, como regla, por
el principio de la culpa.
La mayoría de sus obligaciones son de medios, conclusión que se potencia si se tiene en cuenta que todas las
normas deontológicas que rigen esa profesión prohíben asegurar el resultado de un pleito. Rige, de tal modo,
el estándar previsto en el art. 1768 CCyC. Su responsabilidad es subjetiva, con basamento en la culpabilidad.
Ello no obsta, empero, a que excepcionalmente encontremos supuestos de responsabilidad objetiva del
abogado.
La culpa debe ser valorada a tenor de lo dispuesto por los arts. 1724 y 1725. Habrá que ponderar, para
apreciar su hubo culpa del abogado, si el comportamiento desplegado en el caso concreto fue el que
diligentemente habría seguido un profesional prudente, con aptitud y bagaje de conocimientos apropiados,
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colocado en las mismas circunstancias de modo, tiempo y lugar. Y, claro está, computar las condiciones
personales del letrado cuando, por su especialidad, sea gable esperar de él una mayor aptitud de previsión.
La culpa del abogado se configura cuando causa perjuicios a su cliente con su actuación, su dirección o sus
consejos, en virtud de no haber sabido o hecho lo que un profesional de su categoría debería haber sabido o
hecho. Lo comprometen, de tal modo, el desconocimiento inexcusable del derecho, la errónea apreciación de
los hechos, la falta de información al cliente de los riesgos que la actuación profesional implicaba, las
omisiones incurridas durante la tramitación del proceso, tales como omisión de ofrecimiento y
diligenciamiento de prueba relevante, o de articulación en tiempo propio de recursos ordinarios, o de instar el
proceso que culmina en la declaración de perención de la instancia.
Nada impide, por lo demás, que la responsabilidad del abogado pueda ser atribuida a dolo, particularmente
cuando ella derive de consejos maliciosos dados por el mismo a su cliente, que puedan derivar en daños a
terceros. O, con mayor razón, cuando traicionando los intereses de su comitente, con total deslealtad acuerda
con la contraria y realiza acciones u omisiones que conducen a un resultado adverso.
Existen casos, sin embargo, en donde la obligación asumida por el abogado puede ser considerada de
resultado y atrapada por un factor objetivo de atribución. Tal lo que sucede si el abogado se obliga a redactar
el estatuto de una sociedad, o un contrato. En el ámbito judicial, el letrado que asume la calidad de apoderado
se encuentra obligado a una prestación de resultado con relación concreta y específica a cada uno de los actos
procesales específicos de su incumbencia que deben realizarse. Así, por ejemplo, responde objetivamente por
la no presentación de la demanda, teniendo instrucciones y poder para hacerlo, si opera la prescripción de la
acción por dicho motivo; por la perención de la instancia, cuando esté en sus manos impulsar el
procedimiento; por la omisión de ofrecer y diligenciar prueba en tiempo y forma; o de articular recursos
ordinarios.
En tales supuestos, la no consecución del resultado deja patentizado el incumplimeitno hasta tanto acredite la
ruptura del nexo causal. Repárese en que hacemos referencia a la realización de actos materiales y no al
resultado del pleito que pueda derivar de esa actuación.
El daño en la responsabilidad profesional del abogado: El profesional debe indemnizar el daño patrimonial y
moral que cause con su inconducta al cliente o, en su caso, a terceros. Son aplicables los principios generales
que rigen la responsabilidad civil contractual y extracontractual, según se trate.
ESCRIBANOS
La conducta de los notarios está reglada por las normas del CCyC y por las leyes provinciales que regulan la
actividad notarial en su ámbito específico. Se ha entendido, por lo general, que frente a su cliente el escribano
de registro asume una obligación de resultado “en razón de que se compromete a otorgar un instrumento
váliso en cuanto a la observancia de las formalidades legales exigidas, idóneo para el logro de la o las
finalidades perseguidas por su o sus otorgantes, como así también adecuado en su caso para su inscripción en
el registro que corresponda, a los efectos de que el negocio en cuestión pueda adquirir oponibilidad “erga
omnes”.
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2- Conservar y custodiar en perfecto estado los actos y contratos que autoricen, así como los protocolos y
libros de registros de intervenciones respectivos mientras se hallan en su poder;
3- Expedir a la parte interesada, los testimonios, copias, certificados y extractos de las escrituras por él
otorgadas en su registro y de las actas obrantes en el libro de intervenciones;
4- Guardar el secreto profesional sobre los actos en que intervengan en el ejercicio de sus funciones y exigir
igual conducta a sus colaboradores;
5- Intervenir en los asuntos en que le sea requerido, siempre que dicha actuación no sea contraria a la ley, la
moral y las buenas costumbres;
6- Informar adecuadamente al cliente;
7- Observar estrictamente las exigencias normativas en el otorgamiento de escrituras públicas;
Factor de atribución en la responsabilidad del notario: Rigen los principios generales atinentes a la cuestión
en materia contractual y extracontractual. Tratándose de deberes y obligaciones de medios, el factor de
atribución es subjetivo, con basamento en la culpa. Sin embargo, buena parte de las obligaciones que asume
el notario frente a su cliente son de resultado, y están consecuentemente atrapadas por un factor objetivo de
atribución.
MÉDICOS
En la medicina curativa o asistencial, el médico asume obligaciones de medios, sin asegurar al enfermo un
resultado exitoso, por cuanto la conducta del médico se orienta a la realización de todos aquellos actos que
diligentemente corresponda, conforme a la ciencia, para la consecución de un resultado que, aunque sea
querido y perseguido por el plan prestacional, en modo alguno puede ser asegurado en su obtención. En
consecuencia, la sola no consecución del resultado deseado no acarrea la responsabilidad civil del médico.
Para ello será menester alegar y probar su culpabilidad, o lo que es igual, que el médico no obró con la
adecuada diligencia e idoneidad que las circunstancias requerían.
El médico también puede asumir obligaciones de resultado. El tema presenta especial relieve en la medicina
voluntaria o de satisfacción, ámbito en el cual el profesional garantiza la obtención de un resultado concreto,
cuya no concreción frustra irreversiblemente el interés del paciente. Se trata de una modalidad excepcional,
planteada normalmente en las denominadas cirugías estéticas embellecedoras, al igual que para otros actos
médicos en los que se emplean elementos técnicos o procedimientos que no admiten márgenes de error y en
los que resulta plenamente posible y necesario asegurar un resultado, como por ejemplo un análisis de
laboratorio, una transfusión de sangre, una radiografía o un estudio histológico.
La no obtención del resultado deja patentizado el incumplimiento y su imputabilidad objetiva, admitiéndose
como eximente únicamente la causa ajena.
Carga de la prueba: La carga de la prueba de la culpa médica pesa, como regla, sobre el actor-damnificado que
alega su existencia, lo cual se justifica por tratarse, en la mayoría de los casos, de deberes u obligaciones de
medios.
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Responsabilidad civil de los hospitales, sanatorio o clínica por daños causados por un médico independiente
que le alquila un consultorio o el quirófano adonde opera: La doctrina predominante se inclina por que, en
caso de mala praxis del médico, la institución sanatorial no responde, en razón de no mediar subordinación
jurídica del médico con el establecimiento. La responsabilidad por mala praxis recaería, en tal caso,
únicamente sobre el médico.
Lógicamente, la solución es distinta si el daño proviene de una conducta imputable a la clínica con relación a
las obligaciones que pesan legal o contractualmente sobre ella, supuesto en el cual esta última podría ver
comprometida su responsabilidad. Asume especial relieve la obligación del establecimiento de garantizar “las
prevenciones y cuidados destinados a conjurar los riesgos propios que acechan a quienes, por tener su salud
quebrantada, confían en esas instituciones”, todo lo cual pone en cabeza de ellas una obligación de seguridad
que es de resultado. Por esta vía se ha responsabilizado a los centros médicos por daños causados por
deficiente asepsia.
Responsabilidad del hospital, sanatorio o clínica por daños causados por un médico que integra su plantel
permanente: Cuando el daño es causado por mala praxis de médicos integrantes del plantel estable del
establecimiento o por deficiente prestación de otros servicios comprometidos, justifica plenamente la
responsabilidad del nosocomio.
Si el contrato de consumo de prestación médico asistencial se ha concertado directamente entre el
establecimiento y el paciente, la responsabilidad de aquél será directa, de naturaleza contractual y quedará
atrapada por la ley de defensa del consumidor.
Los principales sujetos que intervienen en el contrato de construcción, que el CCyC regula como una especie
de contrato de obra son:
a) El dueño de la obra, comitente o locatario: es quien la encomienda al profesional, tiene interés en su
resultado final y debe pagar el precio de la misma;
b) El constructor, empresario o locador de la obra material, que es el sujeto que ejecuta la obra. Puede ser una
persona física o jurídica. Nada impide, por lo demás, que un arquitecto o ingeniero puedan ser titulares, a su
vez, de una empresa dedicada a la construcción inmobiliaria. Lógicamente que si el constructor, empresario o
locador de obra material no reviste el carácter de profesional de la construcción, deberá valerse de estos
últimos para llevar adelante eficientemente su actividad;
c) El proyectista: proyecta o planea la obra, asumiendo un resultado intelectual. Debe tratarse necesariamente
de un profesional liberal (arquitecto o ingeniero);
d) El calculista: en trabajos que requieren gran especialización, suele intervenir un calculista, generalmente un
ingeniero, quien tiene a su cargo efectuar los cálculos de la obra. Cuando no hay calculista, esta tarea queda
absorbida por el proyectista;
e) El director de obra: Debe ser un profesional y tiene a su cargo la defensa y la protección de los intereses del
dueño frente al empresario. Su tarea es relevante: suple la falta de conocimientos técnicos que tiene quien le
encarga la obra y debe controlar que la ejecución se adecue al proyecto y se realice conforme los términos del
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contrato de construcción y las reglas que rigen dicha actividad. Para ello tendrá que verificar la calidad y
adecuación de materiales al proyecto, la ejecución de la obra, certificar sus avances, procurando la estricta
armonía entre lo convenido y la obra finalmente ejecutada. En ese contexto, deberá informar en forma regular
sobre todos los aspectos relevantes atinentes a su actuación y advertirlo respecto de irregularidades y
deficiencias que detecte, dejando a salvo su responsabilidad si el dueño insistiere en proceder del modo no
aconsejado;
ARTÍCULO 1764: “Las disposiciones del Capítulo 1 de este Título no son aplicables a la responsabilidad del
Estado de manera directa ni subsidiaria”.
ARTÍCULO 1765: “La responsabilidad del Estado se rige por las normas y principios del derecho
administrativo nacional o local según corresponda”.
ARTÍCULO 1766: “Los hechos y las omisiones de los funcionarios públicos en el ejercicio de sus funciones
por no cumplir sino de una manera irregular las obligaciones legales que les están impuestas se rigen por
las normas y principios del derecho administrativo nacional o local, según corresponda”.
Los arts. 1764 a 1766 excluyen del ámbito del Código la responsabilidad del Estado y de sus funcionarios
públicos, que se regirá conforme a las normas del derecho administrativo nacional o local. Es más, el art. 1764
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dispone que las disposiciones atinentes a la responsabilidad civil no son aplicables a la responsabilidad del
Estado de manera directa ni subsidiaria.
En el ámbito nacional, la ley 26.944 reguló la responsabilidad por actividad lícita e ilícita del Estado.
La limitación establecida en los artículos ya citados, no veda la aplicación analógica del derecho común cuando
ello sea necesario.
En segundo término, resulta de aplicación a la administración pública el régimen tuitivo del consumidor, de
forma tal que, en aquellos casos en que exista una relación de consumo entre el particular y el Estado, resulta
de aplicación el art. 42 de la Carta Magna nacional, como así también las disposiciones expresas que, contiene
el estatuto del consumidor.
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Cada una de estas tipologías, sin bien reconocen un sustrato común, presentan peculiaridades que tornan
conveniente la metodología propuesta.
3- ACCIDENTES TECNOLÓGICOS
Derecho informático: Conjunto de normas, reglas y principios jurídicos que tiene por objeto evitar que la
tecnología pueda conculcar derechos fundamentales del hombre y se ocupa de la regulación de los relativo a
la instrumentación de las nuevas relaciones jurídicas derivadas de la producción y uso de bienes informáticos
así como de la transmisión de los datos.
Problemas planteados:
Tutela legal de los instrumentos informáticos
Protección de la intimidad y los datos reservados
Contratos informáticos
Responsabilidad civil por daños emergentes de la informática
Derecho procesal informático
Encuadre legal:
1113 2do.párrafo, 2da. Parte responsabilidad objetiva por riesgo
Propuesta: que sea encuadrado en “actividad riesgosa” (Dra. Messina, en obra la Responsabilidad Civil
en la era tecnológica)
Art. 1107 Deber de información sobre los medios electrónicos empleados por el proveedor para la
celebración de un contrato de consumo a distancia.
Art. 1757 CCyC: “Toda persona responde por el riesgo o vicio de las cosas, o de las actividades que sean
riesgosas o peligrosas por su naturaleza, por los medios empleados o por las circunstancias de su
realización…”
Art. 1106 Utilización de medios electrónicos para la contratación
4- DAÑO AMBIENTAL
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El ambiente como derechos de incidencia colectiva debe contar, además de las normas constitucionales y
convencionales vigentes y de su reconocimiento a través del art.14 del CCyC, con instrumentos institucionales
que garanticen su protección y defensa.
En el caso de “daños ambientales de incidencia colectiva” los destinatarios de la indemnización no son
siempre sujetos individuales, la lesión al medio ambiente en general (bien colectivo) no siempre se traduce en
damnificados definidos, por ello la forma de reparar el daño al entorno cuando éste afecta intereses difusos se
debe concretar a través del depósito de la indemnización correspondiente a un fondo especial (ley general del
ambiente Nro.25675 art.28).
La “obligación de recomponer” establecida en el art.41 de la CN, también fue receptada en el Código Civil y
Comercial de la Nación Argentina Ley nro. 26.994 en los art. 1740:”la reparación del daño debe ser plena.
Consiste en la restitución de la situación del damnificado al estado anterior al hecho dañoso, sea por el pago
en dinero o en especie….”,
La “obligación de recomponer” en la Ley General del Ambiente, alude a la creación de un fondo ambiental en
los arts. 22 y 34.
El art. 34 dice que el fondo de compensación ambiental será administrado por la autoridad competente de
cada jurisdicción, y estará destinado a garantizar la calidad ambiental, la prevención y la mitigación de efectos
nocivos o peligrosos sobre el ambiente, la atención de emergencias ambientales, la protección, preservación,
conservación o compensación de los sistemas ecológicos y el ambiente. Asimismo dice que la integración,
composición, administración y destino de dicho fondo serán tratados por ley especial. Hasta la actualidad esta
institución no se ha creado a nivel nacional, sí como veremos más adelante algunas provincias lo han
institucionalizado a través de la ley especial correspondiente.
Factor de atribución aplicable: ARTICULO 28. (Ley 25675) — El que cause el daño ambiental será
objetivamente responsable de su restablecimiento al estado anterior a su producción. En caso de que no sea
técnicamente factible, la indemnización sustitutiva que determine la justicia ordinaria interviniente, deberá
depositarse en el Fondo de Compensación Ambiental que se crea por la presente, el cual será administrado
por la autoridad de aplicación, sin perjuicio de otras acciones judiciales que pudieran corresponder.
Eximentes: ARTICULO 29. — La exención de responsabilidad sólo se producirá acreditando que, a pesar de
haberse adoptado todas las medidas destinadas a evitarlo y sin mediar culpa concurrente del responsable, los
daños se produjeron por culpa exclusiva de la víctima o de un tercero por quien no debe responder.
La responsabilidad civil o penal, por daño ambiental, es independiente de la administrativa. Se presume iuris
tantum la responsabilidad del autor del daño ambiental, si existen infracciones a las normas ambientales
administrativas.
Legitimados: ARTICULO 30. — Producido el daño ambiental colectivo, tendrán legitimación para obtener la
recomposición del ambiente dañado, el afectado, el Defensor del Pueblo y las asociaciones no
gubernamentales de defensa ambiental, conforme lo prevé el artículo 43 de la Constitución Nacional, y el
Estado nacional, provincial o municipal; asimismo, quedará legitimado para la acción de recomposición o de
indemnización pertinente, la persona directamente damnificada por el hecho dañoso acaecido en su
jurisdicción.
Deducida demanda de daño ambiental colectivo por alguno de los titulares señalados, no podrán interponerla
los restantes, lo que no obsta a su derecho a intervenir como terceros.
Sin perjuicio de lo indicado precedentemente toda persona podrá solicitar, mediante acción de amparo, la
cesación de actividades generadoras de daño ambiental colectivo.
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Pluralidad de contaminantes: ARTICULO 31. — Si en la comisión del daño ambiental colectivo, hubieren
participado dos o más personas, o no fuere posible la determinación precisa de la medida del daño aportado
por cada responsable, todos serán responsables solidariamente de la reparación frente a la sociedad, sin
perjuicio, en su caso, del derecho de repetición entre sí para lo que el juez interviniente podrá determinar el
grado de responsabilidad de cada persona responsable.
En el caso de que el daño sea producido por personas jurídicas la responsabilidad se haga extensiva a sus
autoridades y profesionales, en la medida de su participación.
¿La acción por daño ambiental prescribe? Según la doctrina ambiental no (se compara con el artículo 2661 de
delitos de lesa humanidad). Sin embargo, la doctrina civilista expresa que prescribe. Debido a que la Ley del
Ambiento no lo menciona, debería aplicarse el término del CCyC (plazo de 3 años) a partir de que cesa la
conducta ilícita continuada (ya que a partir de allí se conoce la magnitud de los daños ocasionados).
La moderna biotecnología es el nuevo paradigma del conocimiento que, desde mediados del siglo XX, y
gracias a la posibilidad de irrupción consciente y deliberada en el material genético de los seres vivos
Pero aunque el núcleo científico (el conocimiento de la base genética molecular de los seres vivos) y el objeto
de la modificación sean los mismos, la distancia técnica que separa a ambas imágenes de la Biotecnología es
insalvable.
La “moderna biotecnología”, la tecnología del ADN recombinante (ácido desoxirribonucleico), es una
tecnología directa, consciente, voluntaria, una nueva forma de aprovechamiento dirigido de los recursos vivos.
Primero se superaron las dudas que emanaban de la utilización confinada, es decir, sin contacto con el
ambiente, con Organismos Modificados Genéticamente (0MG). Poco después empezó la experimentación en
campo abierto con plantas y microorganismos modificados genéticamente con implicancias comerciales.
Los mayores riesgos que se perciben en la liberación intencionada, sin ningún tipo contención de carácter
físico o biológico reacaen:
a) Los ecosistemas
b) La salud e integridad de los demás sintientes, humanos y no humanos
La jurisprudencia francesa, judicial y administrativa, se ha pronunciado claramente, manteniendo la
responsabilidad de los centros de transfusión sanguínea quienes por asumir una obligación de seguridad
determinada, no pueden invocar el riesgo de desarrollo, por ser un vicio inherente al producto, El 31 de
diciembre de 1991 se creó un fondo de garantía específico para indemnizar las víctimas de transfusiones
sanguíneas contaminadas por el HIV.
6- ACCIDENTES DE TRÁNSITO
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ARTÍCULO 1769: “Los artículos referidos a la responsabilidad derivada de la intervención de cosas se
aplican a los daños causados por la circulación de vehículos”.
Responsabilidad por los daños ocasionados con automotores en circulación: El art. 1769 CCyC remite, en
materia de responsabilidad por daños ocasionados por automotores en circulación, a las reglas establecidas
para los perjuicios causados por el accionar de cosas viciosas o riesgosas.
A la víctima del accidente de circulación le basta con acreditar el perjuicio sufrido y la intervención de la cosa
que lo produjo o, lo que es lo mismo, la relación de causalidad puramente material entre vehículo y el daño.
Sobre el creador del riesgo gravita una presunción de adecuación causal, que solo puede ser desvirtuada si se
acredita la intervención de una causa ajena.
ARTICULO 64. — PRESUNCIONES. Se considera accidente de tránsito todo hecho que produzca daño en
personas o cosas como consecuencia de la circulación.
Se presume responsable de un accidente al que carecía de prioridad de paso o cometió una infracción
relacionada con la causa del mismo, sin perjuicio de la responsabilidad que pueda corresponderles a los que,
aun respetando las disposiciones, pudiendo haberlo evitado voluntariamente, no lo hicieron.
El peatón goza del beneficio de la duda y presunciones en su favor en tanto no incurra en graves violaciones a
las reglas del tránsito.
Eximentes:
La cosa fue presuntamente usada en contra de mi voluntad;
Hecho del damnificado;
Actividad de un tercero por el que no debo responder;
Caso fortuito o fuerza mayor;
Daños a peatones: Se presume la responsabilidad del automotor salvo que el peatón careciera de prioridad de
paso, o que demuestre que cometió una infracción.
Daños ocasionados por la colisión plural de automotores: En la colisión plural de automotores se genera el
problema de determinar si los riesgos recíprocamente introducidos se contrarrestan o, por el contrario,
subsisten y se acumulan.
Bustamante Alsina sostenía que las responsabilidades recíprocas se neutralizan cuando los riesgos son
equivalentes. Por ende, el damnificado que pretende el resarcimiento de su daño debe probar la culpa del
otro. Para esta teoría, si ninguna culpa puede probarse, cada uno cargará con su daño.
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Por su parte, Llambías consideraba que en estos casos debían distribuirse paritariamente los daños. Según él,
la falta de prueba acerca de la incidencia causal del hecho genera que el dueño o guardián de cada uno de
ellos queda obligado a indemnizar el 50% del daño que contribuyó a causar y que ha sufrido el otro implicado.
Sin embargo, es otra la postura adoptada por la mayoría. En efecto, los daños sufridos por cada una de las
eventuales víctimas se rige por la responsabilidad genérica por el daño ocasionado por el vicio o riesgo de la
cosa, de forma tal que el dueño o guardián del automotor responde a título objetivo por la totalidad de los
daños sufridos por el propietario o los ocupantes del otro, salvo que demuestre alguna eximente.
El mismo criterio adoptó la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil en Pleno, ello implica que el
resarcimiento de los daños sufridos por cada una de las eventuales víctimas se rige por las reglas de la
responsabilidad por el hecho de las cosas viciosas o riesgosas, a cuyo tenor el dueño o guardián de cada
automotor responde a título objetivo por la totalidad de los daños sufridos por el propietario o los ocupantes
del otro, salvo que demuestre alguna eximente.
De ese modo, quedó descartada no solamente la tesis de la neutralización de las presunciones, sino
igualmente la de la distribución paritaria de los daños.
En conclusión, en los supuestos en que exista una colisión plural de automotores, el actor debe acreditar los
presupuestos que tornan viable la acción, y el demandado la causa ajena para eximirse de responder.
Asimismo, de mediar reconvención, la presunción rige a favor de ambas partes por lo que deben demostrar la
relación de causalidad adecuada entre el accionar de la cosa cuyo hecho invocan y el daño padecido.
ARTICULO 155. – La persona que sufra daños en la superficie tiene derecho a reparación en las condiciones
fijadas en este capítulo, con sólo probar que los daños provienen de una aeronave en vuelo o de una persona
o una cosa caída o arrojada de la misma o del ruido anormal de aquélla. Sin embargo, no habrá lugar a
reparación si los daños no son consecuencia directa del acontecimiento que los ha originado.
ARTICULO 156. – A los fines del artículo anterior, se considera que una aeronave se encuentra en vuelo desde
que se aplica la fuerza motriz para despegar hasta que termina el recorrido de aterrizaje.
ARTICULO 157. – La responsabilidad que establece el artículo 155 incumbe al explotador de la aeronave.
ARTICULO 158. – El que sin tener la disposición de la aeronave, la usa sin consentimiento del explotador,
responde del daño causado.
El explotador será responsable solidariamente salvo que pruebe que ha tomado las medidas adecuadas para
evitar el uso ilegítimo de la aeronave.
ARTICULO 159. – La responsabilidad del explotador por daños a terceros en la superficie podrá ser atenuada o
eximida, si prueba que el damnificado los ha causado o ha contribuido a causarlos.
ARTICULO 162. – El explotador no tendrá derecho a ampararse en las disposiciones de este capítulo que
limitan su responsabilidad, si el daño proviene de su dolo o del dolo de personas bajo su dependencia
actuando en ejercicio de sus funciones.
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8- RESPONSABILIDAD CIVIL EN LA LEY DE NAVEGACIÓN No hay eximente, a no ser que el daño sea
causado por la propia víctima
Art. 174 - El armador es responsable de las obligaciones contractuales contraídas por el capitán en todo lo
relativo al buque y a la expedición, y por las indemnizaciones a favor de terceros a que haya dado lugar por
hecho suyo o de los tripulantes.
No responde en el caso de que el capitán haya tenido noticia o prestado su anuencia a hechos ilícitos
cometidos en fraude de las leyes por los cargadores, salvo la responsabilidad personal de aquél.
Art. 175 - El armador puede limitar su responsabilidad, salvo que exista culpa de su parte con relación a los
hechos que den origen al crédito reclamado al valor que tenga el buque al final del viaje en que tales hechos
hayan ocurrido, más el de los fletes brutos, el de los pasajes percibidos o al percibir por ese viaje y el de los
créditos a su favor que hayan nacido durante el mismo.
Esta limitación de responsabilidad al valor del buque es optativa con el derecho del propietario de poner aquél
a disposición de los acreedores, por intermedio del juez competente, adicionando los otros valores y
solicitando la apertura del juicio de limitación, dentro de los tres (3) meses contados a partir de la terminación
de la expedición.
En el caso de existir daños personales, si el conjunto de dichos valores no alcanza a cubrir la totalidad de las
indemnizaciones pertinentes hasta un monto de a$o. 13 por tonelada de arqueo total, la responsabilidad del
armador se acrecerá en la cantidad necesaria para alcanzar ese monto, el que será destinado exclusivamente
al pago de dichas indemnizaciones.
No está comprendida en el valor del buque ni en los créditos a favor del armador referidos en el primer
párrafo de este artículo la acción contra el asegurador y su indemnización. Pero esta última responde, como
cualquier otro bien del armador, por las sumas acrecidas a que se refiere el tercer párrafo.
Si el armador tuviere un crédito contra un acreedor suyo por perjuicios resultantes del mismo hecho, se
compensarán los respectivos créditos, y las disposiciones de esta sección relativas a limitación de
responsabilidad sólo se aplicarán a la diferencia que resultare.
Art. 176. - La cotización del argentino oro es la oficial fijada por el órgano competente de la Administración
nacional al momento de efectuarse la liquidación judicial o extrajudicial. En defecto de cotización oficial, se
determina su valor por el contenido metálico y no por su valor numismático.
Art. 177. - Los créditos frente a los cuales el armador puede invocar la limitación autorizada en el art. 175, son
los originados en las siguientes causas:
a) Muerte o lesiones corporales de cualquier persona;
b) Pérdida de bienes o de derechos, o daños sufridos en ellos;
c) Responsabilidad u obligación emergente de la remoción de restos náufragos, o de reflotamiento de un
buque hundido o varado, o de daños causados a obras de arte de un puerto o vías navegables, salvo la
hipótesis prevista en el párrafo tercero del art. 19.
El beneficio puede ser invocado aun en el caso de que la responsabilidad del armador derive de la propiedad,
posesión, custodia o control del buque, si no se prueba su culpa o la de sus dependientes de la empresa
terrestre.
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Art. 178. - La limitación de responsabilidad no puede ser invocada frente a créditos provenientes de asistencia
y salvamento, contribución de avería gruesa, los del capitán o de sus tripulantes o de los respectivos causa
habientes que tengan su origen en el contrato de ajuste, y de los otros dependientes del armador cuyas
funciones se relacionan con el servicio del buque.
Art. 179. - El monto de la limitación de responsabilidad fijada en el tercer párrafo del art. 175, se aplica al
conjunto de créditos originados en un mismo hecho, independientemente de los originados o que se originen
en otros hechos distintos.
Art. 180. - El tonelaje de arqueo que sirve de base para calcular el monto de la limitación es:
a) En los buques de propulsión mecánica, el tonelaje del cual se deducirá el espacio ocupado por la tripulación
o destinado a su uso;
b) Para los demás buques, el tonelaje neto.
Art. 181. - La limitación de responsabilidad establecida en los artículos precedentes puede ser invocada
también por el propietario del buque o por el transportador, cuando sean una persona o entidad distinta del
armador, o por sus dependientes o por los del armador en las acciones ejercidas contra ellos. Si se demanda a
dos (2) o más personas la indemnización total no podrá exceder la referida limitación.
Cuando los accionados sean el capitán o algún miembro de la tripulación, la limitación será de cincuenta (50)
argentinos oro, salvo en casos de dolo en que la responsabilidad será ilimitada.
Pero si el capitán o miembro de la tripulación es al mismo tiempo propietario, copropietario, transportador,
armador o administrador, solamente puede ampararse en la limitación del primer párrafo y cuando la culpa
resulte del ejercicio de sus funciones de capitán o miembro de la tripulación. Si se prueba que el daño resulta
de un acto u omisión del mismo realizado con la intención de provocar el daño, o que actuó consciente de que
su conducta puede provocarlo, su responsabilidad será ilimitada.
Art. 182. - La limitación de la responsabilidad de armadores de buques menores de cien (100) toneladas será
fijada en la suma correspondiente a ese tonelaje.
9- ACCIDENTES NUCLEARES
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otras radiaciones ionizantes que emanen de cualquier otra fuente de radiaciones que se encuentre
dentro de una instalación nuclear.
Por "accidente nuclear" se entenderá cualquier hecho o sucesión de hechos que tengan el mismo origen y
hayan causado daños nucleares.
El explotador de una instalación nuclear será responsable de los daños nucleares si se prueba que esos daños
han sido ocasionados por un accidente nuclear:
a) que ocurra en su instalación nuclear;
b) en el que intervengan sustancias nucleares procedentes de su instalación nuclear o que se originen
en ella, cuando el accidente acaezca:
i) antes de que el explotador de otra instalación nuclear haya asumido expresamente por contrato
escrito la responsabilidad de los accidentes nucleares en que intervengan las sustancias;
ii) antes de que el explotador de otra instalación nuclear se haya hecho cargo de las sustancias
nucleares, si la responsabilidad no se ha asumido expresamente por contrato escrito;
iii) antes de que la persona que esté debidamente autorizada para tener a su cargo un reactor
nuclear que se utilice como fuente de energía en un medio de transporte, para su propulsión o
para otros fines, se haya hecho cargo de las sustancias nucleares si estaban destinadas a ser
utilizadas en ese reactor nuclear;
iv) antes de que las sustancias nucleares hayan sido descargadas del medio de transporte en que
hayan llegado al territorio de un Estado que no sea Parte Contratante, cuando esas sustancias
hayan sido enviadas a una persona que se encuentre en el territorio de ese Estado;
c) en el que intervengan sustancias nucleares enviadas a su instalación nuclear, cuando el accidente
acaezca:
i) después de que el explotador haya asumido expresamente por contrato escrito la
responsabilidad de los accidentes nucleares en que intervengan las sustancias nucleares, que
recaía en el explotador de otra instalación nuclear;
ii) después de que el explotador se haya hecho cargo de las sustancias nucleares, si la
responsabilidad no se ha asumido expresamente por contrato escrito;
iii) después de que se haya hecho cargo de esas sustancias nucleares la persona que tenga a su
cargo un reactor nuclear que se utilice como fuente de energía en un medio de transporte, para su
propulsión o para otros fines;
iv) después de que las sustancias nucleares hayan sido cargadas en el medio de transporte en que
han de ser expedidas desde el territorio de un Estado que no sea Parte Contratante, cuando esas
sustancias hayan sido enviadas con el consentimiento escrito del explotador por una persona que
se encuentre en el territorio de dicho Estado,
quedando entendido que, si los daños nucleares han si do causados por un accidente nuclear que
ocurra en una instalación nuclear y en el que intervengan sustancias nucleares almacenadas
incidentalmente en ella con ocasión del transporte de dichas sustancias, las disposiciones del
apartado a) del presente párrafo no se aplicarán cuando otro explotador u otra persona sea
exclusivamente responsable en virtud de lo dispuesto en los apartados b) o c) del presente
párrafo.
3.
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a) Cuando la responsabilidad por daños nucleares recaiga en más de un explotador, esos explotadores, en la
medida en que no se pueda determinar con certeza qué parte de los daños ha de atribuirse a cada uno de
ellos, serán mancomunada y solidariamente responsables .
b) Cuando la responsabilidad recaiga sobre más de un explotador como consecuencia de un accidente nuclear
que ocurra durante el transporte de sustancias nucleares, sea en un mismo medio de transporte, sea en una
misma instalación nuclear, la responsabilidad global no rebasará el límite más alto que corresponda aplicar a
cada uno de ellos de conformidad con lo dispuesto en el artículo V.
c) En ninguno de los casos previstos en los apartados a) y b) del presente párrafo podrá exceder la
responsabilidad de un explotador del importe que en lo que le concierne se fije de conformidad con lo
dispuesto en el artículo V.
ARTÍCULO IV
1. La responsabilidad del explotador por daños nucleares con arreglo a la presente Convención será objetiva.
2. Si el explotador prueba que la persona que sufrió los daños nucleares los produjo o contribuyó a ellos por
negligencia grave o por acción u omisión dolosa, el tribunal competente podrá, si así lo dispone su propia
legislación, exonerar total o parcialmente al explotador de su obligación de abonar una indemnización por los
daños sufridos por dicha persona.
3. a) Con arreglo a la presente Convención no engendrarán responsabilidad alguna para el explotador los
daños nucleares causados por un accidente nuclear que se deba directamente a conflicto armado,
hostilidades, guerra civil o insurrección.
El límite cuantitativo del resarcimiento se limita a la garantía financiera (presupuesto que posee, que no puede ser
inferior a los 5 millones de dólares);
ARTICULO 1º —Objeto. Consumidor. Equiparación. La presente ley tiene por objeto la defensa del consumidor
o usuario. Se considera consumidor a la persona física o jurídica que adquiere o utiliza, en forma gratuita u
onerosa, bienes o servicios como destinatario final, en beneficio propio o de su grupo familiar o social.
Queda equiparado al consumidor quien, sin ser parte de una relación de consumo como consecuencia o en
ocasión de ella, adquiere o utiliza bienes o servicios, en forma gratuita u onerosa, como destinatario final, en
beneficio propio o de su grupo familiar o social.
ARTICULO 2º — PROVEEDOR.
Es la persona física o jurídica de naturaleza pública o privada, que desarrolla de manera profesional, aun
ocasionalmente, actividades de producción, montaje, creación, construcción, transformación, importación,
concesión de marca, distribución y comercialización de bienes y servicios, destinados a consumidores o
usuarios. Todo proveedor está obligado al cumplimiento de la presente ley.
No están comprendidos en esta ley los servicios de profesionales liberales que requieran para su ejercicio
título universitario y matrícula otorgada por colegios profesionales reconocidos oficialmente o autoridad
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facultada para ello, pero sí la publicidad que se haga de su ofrecimiento. Ante la presentación de denuncias,
que no se vincularen con la publicidad de los servicios, presentadas por los usuarios y consumidores, la
autoridad de aplicación de esta ley informará al denunciante sobre el ente que controle la respectiva matrícula
a los efectos de su tramitación.
Legitimados:
ARTICULO 52. — Acciones Judiciales. Sin perjuicio de lo dispuesto en esta ley, el consumidor y usuario podrán
iniciar acciones judiciales cuando sus intereses resulten afectados o amenazados.
La acción corresponderá al consumidor o usuario por su propio derecho, a las asociaciones de consumidores o
usuarios autorizadas en los términos del artículo 56 de esta ley, a la autoridad de aplicación nacional o local, al
Defensor del Pueblo y al Ministerio Público Fiscal. Dicho Ministerio, cuando no intervenga en el proceso como
parte, actuará obligatoriamente como fiscal de la ley.
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En las causas judiciales que tramiten en defensa de intereses de incidencia colectiva, las asociaciones de
consumidores y usuarios que lo requieran estarán habilitadas como litisconsortes de cualquiera de los demás
legitimados por el presente artículo, previa evaluación del juez competente sobre la legitimación de éstas.
Resolverá si es procedente o no, teniendo en cuenta si existe su respectiva acreditación para tal fin de acuerdo
a la normativa vigente.
En caso de desistimiento o abandono de la acción de las referidas asociaciones legitimadas la titularidad activa
será asumida por el Ministerio Público Fiscal.
ARTICULO 55. — Legitimación. Las asociaciones de consumidores y usuarios constituidas como personas
jurídicas reconocidas por la autoridad de aplicación, están legitimadas para accionar cuando resulten
objetivamente afectados o amenazados intereses de los consumidores o usuarios, sin perjuicio de la
intervención de éstos prevista en el segundo párrafo del artículo 58 de esta ley.
Las acciones judiciales iniciadas en defensa de intereses de incidencia colectiva cuentan con el beneficio de
justicia gratuita.
ARTÍCULO 1770: “El que arbitrariamente se entromete en la vida ajena y publica retratos, difunde
correspondencia, mortifica a otros en sus costumbres o sentimientos, o perturba de cualquier modo su
intimidad, debe ser obligado a cesar en tales actividades, si antes no cesaron, y a pagar una indemnización
que debe fijar el juez, de acuerdo con las circunstancias. Además, a pedido del agraviado, puede ordenarse
la publicación de la sentencia en un diario o periódico del lugar, si esta medida es procedente para una
adecuada reparación”.
El CCyC establece las facultades con que cuenta la persona afectada en su intimidad para que cesen dichas
actividades (faz preventiva), como para obtener el resarcimiento de los daños que dicho accionar le haya
generado (faz resarcitoria). Asimismo, faculta al juez, a pedido del damnificado, a publicar la sentencia si ello
es adecuado para que la víctima obtenga una reparación plena.
En el CCyC el art. 1770 no es la única norma que se refiere a la protección de la intimidad, toda vez que el
derecho a la intimidad se encuentra tutelado en el art. 52 que consagra a la dignidad de la persona como un
derecho personalísimo. La norma citada consagra a la protección de la intimidad como un derecho
personalísimo, y el artículo en comentario establece las herramientas a las cuales podrá recurrir el
damnificado para obtener la prevención del daño o su resarcimiento.
Titulares del derecho: Como surge de los art. 52 y 1770 CCyC, toda persona física se encuentra amparada en
su intimidad. La mención a la publicación de retratos, la mortificación de “costumbres” o “sentimientos” solo
puede concebirse con referencia al ser humano como portador natural de la personalidad.
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Presupuesto de aplicación de la norma: El elemento primordial que debe estar presente es que exista un
entrometimiento arbitrario por parte del sindicado como responsable en su vida.
Lo que determina la ilicitud es la arbitrariedad, es decir, el haber llevado a cabo la acción de entrometimiento
sin contar con un derecho a hacerlo. Esto no sucederá solo cuando se actúa con culpa o dolo, sino cuando se
hace un ejercicio irregular del propio derecho.
Formas de afectar el derecho a la intimidad: El art. 1770 enuncia algunos supuestos en que puede producirse
un entrometimiento arbitrario:
a) Publicación de retratos: En este aspecto, el derecho a la intimidad se roza con el derecho a la
imagen. Sin embargo, la publicación del retrato del afectado puede afectar su imagen sin afectar su
intimidad, mientras que en otros supuestos pueden afectarse ambos derechos conjuntamente;
b) Difusión de correspondencia: La difusión indebida de la correspondencia de la persona afectada,
cualquiera sea el medio por el cual se lo realice, siempre y cuando no exista una causal de justificación;
c) Mortificación de costumbres o sentimientos: Todo tipo de turbación, ofensas al pudor, molestias,
trastornos, inquietudes, etc. que genere el accionar del agente, queda supeditado al prudente arbitrio
judicial, pues en la causa deberá valorar las distintas circunstancias del caso para determinar la
afectación de la intimidad;
ACUSACIÓN CALUMNIOSA
ARTÍCULO 1771: “En los daños causados por una acusación calumniosa sólo se responde por dolo o culpa
grave.
El denunciante o querellante responde por los daños derivados de la falsedad de la denuncia o de la
querella si se prueba que no tenía razones justificables para creer que el damnificado estaba implicado”.
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denunciante o querellante cuando se pruebe que no tenía razones justificadas para creer que el damnificado
estaba implicado en el hecho.
Es improcedente la reparación del daño cuando se haya demostrado la verdad del hecho reputado
calumnioso.
El sistema parte de la idea de que quien realiza una acusación calumniosa contra otro y lesiona su honor, debe
resarcir los daños ocasionados. Los presupuestos de esta figura son la imputación de un delito de acción
pública, la correspondiente denuncia ante la autoridad (policial o judicial), la falsedad de lo denunciado y el
conocimiento por parte del denunciante de esa falsedad.
La simple existencia de una decisión judicial que absuelva o sobresea al imputado no es suficiente para que
este pueda reclamar la reparación de los daños que le fueron causados. Por el contrario, es preciso que exista
un factor subjetivo de atribución que debe ser dolo, o al menos la culpa grave del denunciante. Se requiere,
como mínimo, una negligencia agravada. Y ello es así por cuanto es imprescindible preservar el interés social
en la investigación y represión de los delitos penales, por lo que debe mediar una culpa grave o grosera sin
que pueda exigirse al denunciante una diligencia mayor que la que normalmente corresponda a una situación
semejante. En efecto, a quien denuncia la posible comisión de un delito de acción pública no es dable exigirle
que evalúe la normal probabilidad de que sea acogida su pretensión, o que tenga que existir una prudente
preparación de los medios de prueba.
DOCTRINA DE LA REAL MALICIA: Cuando hay un daño sufrido por algún funcionario, figuras públicas, si
desean ser resarcidos por su daño, deben probar que el medio de prensa sabía que lo que publicaba era falso
(deben probar la real malicia del medio periodístico). Si es una persona común, deberá probar la culpa, no la
real malicia.
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La libertad de expresión sobre asuntos públicos se encuentra ampliamente garantizada por las elevadas metas
que aspira a arribar. Sus funciones de promover cambios políticos y sociales por medios pacíficos, de
responsabilizar a los gobernantes ante los gobernados, de obtener verdaderas conclusiones, el
establecimiento de un orden consentido y la proliferación de entendimientos justifica su exhaustiva defensa.
Los debates públicos no deben ser objeto de restricciones, sino todo lo contrario: deben tender a ser amplios y
abarcativos. Incluso, pueden verterse en ellos acérrimas críticas a la actividad gubernamental.
Los abusos de prensa que se cometen deben ser tolerados en virtud de los beneficios y servicios que brindan.
Se torna posible la enunciación de una expresión falsa. Ella misma goza de protección constitucional en el
debate de ideas. La injuria y el error fáctico no se erigen como razones que legitimen la represión de la
libertad de expresión. La excepción a tal regla consistiría, únicamente, en la obstrucción a la justicia.
Los Estados no pueden por medio de sus reglamentaciones civiles o estatutos penales de difamación afectar
tal derecho.
La posibilidad de la ley de permitir al acusado de difamación demostrar la verdad de lo aseverado no le quita
su tacha de inconstitucional. Tal práctica acarrearía una censura en la expresión de ideas, que se extendería a
toda enunciación de valor.
El remedio sugerido consiste en la sanción de una norma federal que limite los casos de indemnización por
falsedad a los supuestos de real malicia (actual malice): conocimiento de la falsedad o actitud indiferente
acerca de la misma.
El magistrado Brennan, cuyo voto es objeto de análisis, observó que en esta ocasión no se habían
determinado todos los supuestos de funcionarios públicos que podían ser afectados por la doctrina de la real
malicia.
Resulta inconstitucional la regla de derecho que presuma los daños ordinarios y requiera la acreditación de
malicia para otorgar daños punitivos.
Decidió revocar la sentencia. Tal tesitura hace de la doctrina de la real malicia y, consecuentemente, de la
libertad de prensa, un privilegio condicional, relativo.
El magistrado Black, a quien se adhirió el justice Douglas, coincidió en tal medida. Sin embargo, no se adhirió a
la línea de argumentación que le antecedió.
Los medios de prensa gozan de un privilegio absoluto para criticar las acciones de los funcionarios públicos. La
primera y decimocuarta enmiendas prohíben ejercer a los Estados el derecho de reglar tales situaciones.
Inclusive al Gobierno Federal le está vedado reglamentar una ley civil de difamación.
La doctrina de la real malicia se torna un concepto muy elusivo y abstracto. Crea un mecanismo muy débil
para ejercer el derecho de crítica.
Por último, Goldberg, cuya decisión concordó con Douglas, entendió que la Constitución estadounidense
otorga mayor protección que la que brinda el estándar de real malicia. La prensa, a pesar de los daños que
puede ocasionar, tiene un privilegio absoluto. Sin embargo, no brinda un bill de indemnidad en el ejercicio de
la crítica de la vida privada de los funcionarios públicos, ya que ello no hace a los fines políticos de la sociedad.
Doctrina “Campillay”
Se trata de analizar las reglas que la CSJN estableció al resolver el fallo “Campillay, Julio C. c/La Razón y otros”,
de fecha 15/5/1986, publicado en Fallos Corte: 308:789.
La pretensión resarcitoria obedeció a la circunstancia de la publicación de una nota periodística en los
matutinos La Razón, Crónica y Diario Popular, donde se involucró a una persona erróneamente con un
acontecimiento de índole policíaco. Consistía en la perpetración de diversos delitos de los que resultó
sobreseído definitivamente en sede penal.
El juez de primera instancia estimó cumplidos los requisitos de la responsabilidad civil, declarando procedente
la acción indemnizatoria. Decisión que fue compartida por la Sala E de la Cámara Nacional en lo Civil.
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El procurador general, Juan O. Gauna, aconsejó confirmar la decisión recurrida por recurso de queja en
atención a que la solución arribada resulta una conclusión razonable de las probanzas acreditadas y la
aplicación del derecho vigente.
La mayoría integrada por los magistrados Belluscio, Petracchi y Bacqué adoptó el mismo temperamento.
Se debió determinar qué recaudos se tornaban necesarios cumplir a fin de evitar responsabilidad por la
transcripción de un comunicado, en este caso particular, de la Policía Federal.
Entendieron que la libertad de prensa hace a la esencia de un régimen democrático. Abarca “la libertad de
buscar, recibir y difundir información e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente,
por escrito o en forma impresa o artística o por cualquier otro procedimiento de su elección”, en terminología
del artículo 13, inciso 1), de la Convención Americana de Derechos Humanos.
Sin embargo, no obstante gozar de tan amplia protección, el ejercicio del derecho de informar no puede
otorgar un bill de indemnidad o una licencia para irrogar daño. Los medios de prensa deben desenvolverse en
la más absoluta libertad sin que ello denote una absoluta impunidad.
A fin de evitar que opere el derecho de daños, se enunciaron tres criterios alternativos, cuyo uso se ha
tornado frecuente en la jurisprudencia nacional:
1. Propalar la información atribuyendo directamente su contenido a la fuente pertinente.
2. Empleo del tiempo verbal potencial.
3. Dejar asentada la reserva de la identidad de los implicados en el hecho ilícito. Comportamientos contrarios
denotan un ejercicio imprudente de su derecho de informar.
La mayoría reprochó que, si bien los demandados individualizaron la fuente, el comunicado de la Policía
Federal, dieron por ciertos los hechos, no recurriendo al uso de un tiempo verbal condicional.
Cabe destacar que se hace referencia a factores de atribución subjetivo común. Todavía la regla de la real
malicia no había sido receptada con todas sus implicancias en la jurisprudencia del más Alto Tribunal de la
República.
También debe indicarse que ciertas afirmaciones de la mayoría se explican en atención a su circunstancia
histórica, verbigracia, la aplicación en hipótesis excepcionales del derecho de réplica.
El juez Caballero disintió propiciando la revocación de la sentencia dictada en la instancia previa.
Ponderó la jerarquía que existe entre el derecho a la honra, el individual de expresión del pensamiento y el de
la comunidad a recibir información y formarse sus propias convicciones.
Los medios de prensa se tornan objeto de tutela constitucional pero no disfrutan de impunidad. En otras
palabras: “En el sistema argentino la prensa no goza de impunidad, sino de seguridad por la función que
desempeña y los riesgos a que está expuesta. De ahí surge como principio, la responsabilidad que tiene la
prensa por los daños que hubiera causado mediante abuso o la represión penal de los sujetos que hubieran
cometido delitos por su intermedio”.
Estimó que la publicación de un comunicado oficial de la Policía Federal refleja el ejercicio de un derecho de
información, más aún cuando la legitimidad de la fuente conlleva a que se interprete su contenido como
confiable en cuanto a la veracidad objetiva. Además, se eliminaron calificativos injuriantes que contenía aquel.
Las limitaciones que puedan aplicarse a los medios de prensa deben surgir por la ley, aunque admite la
remisión a pautas legales. Ni el periódico ni el periodista responden cuando la calidad de la fuente los exonera
de indagar la veracidad de los hechos, y la crónica se reduce a la simple reproducción de la noticia,
proporcionada para su difusión por la autoridad pública competente.
Igualmente, se inclinó por la disidencia el magistrado Fayt, quien llegara a convertirse en el decano de los
miembros del Tribunal Cimero.
Compartió sustancialmente el orden de ideas expuesto por su colega, el doctor Caballero. Es dable resaltar
que destaca notablemente la exoneración de responsabilidad de los medios de comunicación, la verificación o
comprobación de las noticias emanadas de órganos del poder público. Este proceder constituye un derecho
regular, eliminando de escena la figura del abuso del derecho.
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Como nota peculiar, se advierte su tesitura de la aplicación operativa del derecho de réplica en el derecho
argentino.
¿Qué significan las tres reglas que emergen del fallo ponderado? A criterio de Pizarro, uno de los juristas que
con más afán se dedicó a estudiar la responsabilidad de los medios de prensa, significa consagrar causales de
justificación que enervan el factor de la antijuridicidad. En la actualidad, atendiendo a la sanción del CCyCo.,
otros preferirían hablar de un daño justificado.
Sin perjuicio de ver involucradas múltiples cuestiones, nos limitamos a resaltar que:
1. Se ha recogido el fair report privilege del derecho anglosajón: la reproducción íntegra y fiel de los actos
públicos conlleva la eximición de cualquier tipo de responsabilidad, siempre que se trate de asuntos de interés
público. Se tiende a evitar debilitar la información que necesita toda comunidad que aspire a vivir en
democracia impidiendo que el periodista se convierta en un censor de la noticia.
2.- El onus probandi de las reglas de eximición de responsabilidad que surgen del caso “Campillay” recae sobre
quien lo invoca.
Por último, ¿qué debe aplicarse primero, la doctrina del fallo “Campillay” o el instituto de la real malicia?
Indudablemente, cabe ponderar el primero, dado que opera en el presupuesto de la antijuridicidad; el
segundo consagra un factor de atribución subjetivo agravado.
1) Daños de la práctica cuando se lesiona a otro deportista: Por regla general, si actuó dentro de las reglas del
juego, no hay responsabilidad civil (porque no hay antijuridicidad). Si actuó fuera de las reglas, hay quienes
dicen que por un simple daño no se genera responsabilidad civil. Otros, en cambio, dicen que se debe aplicar
la noción de culpa. La doctrina mayoritaria opta porque no se genera responsabilidad civil, a no ser que haya
dolo;
2) Daños de la práctica cuando se lesiona a un tercero: Si el deporte se ajustó a las reglas del juego, no hay
responsabilidad civil;
3) Daños del organizador: El que organiza debe garantizar la seguridad al espectador. Los legitimados serán
todos aquellos que se dirigieran al lugar de realización del espectáculo deportivo, el que permaneciera dentro
de aquél y el que lo abandonara retirándose.
Los legitimados pasivos: entidades o asociaciones participantes, organizador, club que alquila su estadio;
Eximentes: hecho o culpa de la víctima, hecho o culpa de un tercero y caso fortuito.
Art. 51 (Ley 23184): Las entidades o asociaciones participantes de un espectáculo deportivo, son
solidariamente responsables de los daños y perjuicios que se generen en los estadios.
FALLO “MOSCA, HUGO ARNALDO C/ BUENOS AIRES, PROVINCIA DE (POLICÍA BONAERENSE) Y OTROS S/
DAÑOS Y PERJUICIOS”
En cuanto a los hechos, Mosca manifiesta que trabajaba como chofer, motivo por el cual el 30 de noviembre
de 1996 trasladó a fotógrafos del diario "Clarín" hasta la sede del Club Atlético 36 Lanús, debido a que se
disputaría un partido de fútbol entre el equipo local e Independiente por el "Torneo Apertura".
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Finalizando el segundo tiempo, Independiente un gol, lo que motivó no sólo un gran altercado sino que los
simpatizantes de Lanús comenzaran a arrojar todo tipo de objetos hacia el campo de juego, como así también
contra la hinchada del equipo visitante que intentaba abandonar precipitadamente el estadio.
En esas circunstancias, aproximadamente a las 23.30 horas, según manifiesta el actor, fue alcanzado por un
elemento contundente en el rostro a la altura del ojo izquierdo, lo que le provocó una importante herida que
le ocasionó una progresiva disminución de su visión, la que se fue agravando posteriormente.
El Tribunal sostuvo que si existe responsabilidad de A.F.A. exponiendo que la misma Incurre en
responsabilidad por deber de control que ejerce sobre la organización y por los beneficios de un espectáculo
que produce riesgos. Es inadmisible la idea de que se ocupe solo del deporte y sus ganancias; y que la
seguridad sea solo un asunto del Estado. Las consecuencias deben ser soportadas por quienes la generan y no
por el resto de la sociedad.
Por lo analizado la CSJN decide hacer lugar a la demanda seguida por Hugo Arnaldo Mosca contra el Club
Atlético Lanús y la Asociación del Fútbol Argentino, y rechaza la demanda seguida por Mosca contra la
Provincia de Buenos Aires.
Si bien el caso Mosca no se refiere a daños sufridos por un deportista, su doctrina es enteramente aplicable a
cualquiera supuesto de daños causados en el marco de un espectáculo deportivo, cualquiera sea el
damnificado.
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