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Derechos Humanos y Normativa Constitucional

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MESA LIBRE

Modulo 6 - EL ÁMBITO NORMATIVO. LOS DEREHOS HUMANOS RECONOCIDOS

Derechos humanos reconocidos implícita y explícitamente

En el marco del ejercicio del Poder Constituyente Originario, durante la Revolución Norteamericana, una de las
discusiones que se generaron se vinculó con la necesidad o no de que la Constitución a aprobarse, contara con un
repertorio expreso de derechos reconocidos, ello vinculado con la concepción iusnaturalista dominante en dicho
proceso. En ella se desarrollaron dos posturas:

- los anti-federalistas solicitaban la inclusión del reconocimiento explícito de derechos basados en la necesidad de
imponer límites concretos al poder del gobierno;

- los federalistas sostuvieron que su reconocimiento explícito, por una parte, no resultaba necesario ya que, el carácter
taxativo de las atribuciones conferidas a cada poder el estado, evitaban el peligro de abuso, y porque una enunciación
expresa podía desconocer otros derechos fundamentales que eventualmente quedaran fuera de la misma.

Al aprobarse la Constitución de USA en 1787, no se incluyó el repertorio de derechos reconocidos. En 1789, se


incluyeron las primeras diez enmiendas a su texto, incluyendo en la Enmienda Novena el principio de los derechos
implícitos, como una forma de conciliar las posiciones procedentes: se reconocen explícitamente determinados
derechos, sin que ello represente desconocimiento de los no enumerados.

El art. 33 CN refiere a que los derechos enumerados no serán entendidos como negación a otros derechos y garantías
no enumerados, pero que hacen al principio de soberanía del pueblo y de la forma republicana de gobierno.

Así la CSJN ha reconocido como implícitos:

- el derecho a la vida, de reunión, la responsabilidad parental, el derecho a expresar opiniones políticas y a participar
electoralmente, a contratar, casarse más de una vez y la garantía del amparo.

A partir de la jerarquización de instrumentos internacionales de DDHH, se han explicitado un número mayor de derechos
y, por ende, el desafío actual pasa, principalmente, por remover los impedimentos que traban su ejercicio efectivo e
impiden el empleo de las garantías. Según Wlasic, dicha jerarquización ha impactado también en la conceptualización
de lo que se debe entender por derechos implícitos.

El derecho a la vida

En principio, fue reconocido por la Corte como un derecho implícito, pero, a partir de la reforma del ’94, dicho derecho
aparece explícitamente consagrado en instrumentos con jerarquía constitucional (p. ej. Declaración Americana sobre
DDHH). Además, hay tratados que específicamente tiene como fundamento esencial la protección de este derecho, p.
ej. La Convención para la Prevención y Sanción del delito de Genocidio.

En primer lugar, cabe preguntarse si el Bloque de Constitucionalidad protege la vida ‘a secas’ o a una vida de
determinada calidad. El derecho a la vida puede entenderse desde dos tipos de acercamiento:

1) Derecho a subsistir.

2) Derecho a la calidad de vida. Se ha complementado con el derecho a subsistir:

- La Convención Internacional de los Derechos del Niño sostiene que los Estados deben garantizar en la máxima medida
posible la supervivencia y el desarrollo del niño, lo que refuerza este concepto de calidad de vida.

- Además, el art. 41 CN, al referir al derecho a un medioambiente sano, está reconociendo este derecho, con una
determinada calidad.

- Al igual que el Pacto Internacional de DESC, que garantiza el derecho de toda persona a un adecuado nivel de vida,
para sí y para su familia, incluso alimentación, vestido y vivienda adecuados.

- La Corte Interamericana de DDHH ha considerado en el marco del daño moral la destrucción del proyecto de vida de
las víctimas y sus allegados, lo que referencia al concepto de calidad de vida.
En segundo lugar, cabe preguntarnos sobre el comienzo de la vida. La Convención Americana sobre DDHH refiere a la
protección de la vida ‘generalmente’ desde la concepción, lo que refleja la ausencia de un concepto unánime. Nuestra
legislación toma la misma postura que la Convención.

En relación a ello existen cuestiones de alta complejidad, de las cuales abordaremos la referida al aborto y a la
reproducción asistida.

Aborto. Se refiere a la terminación intencional de un embarazo. El mismo se encuentra tipificado como delito en nuestro
derecho penal.

Wlasic no comparte los fundamentos de carácter absoluto que hacen primar, en toda circunstancia, la supremacía del
derecho a la vida de la persona por nacer con relación a cualquier forma de interrupción del embarazo. Inicialmente,
porque no acepta que se trate, en sentido estricto, de una confrontación entre en derecho a la vida de la persona por
nacer y formas limitativas del derecho al bienestar de la madre. Considera ello un reduccionismo inadmisible.

Tampoco comparte que los derechos en juego de la mujer sean solo evitar una sanción moral, preservar el honor o eludir
una incomodidad (derecho al bienestar la madre). Las estadísticas sobre causa de muerte de la mujer por la práctica
del aborto en condiciones de clandestinidad, consecuencia de estos criterios absolutos, dejan a la vista que también el
derecho de la mujer está en riesgo.

Por otra parte, también está en juego la igualdad entre hombres y mujeres, ya que, cargar toda responsabilidad en la
madre es desconocer la naturaleza biológica de la concepción y la responsabilidad conjunta que ello genera.

A tenor de la protección de la vida desde la concepción que establece nuestra Constitución, a través de las
disposiciones del art. 75 inc. 22, Wlasic dice que no resultan de aplicación las conclusiones de la Corte Federal de USA,
que sostuvo que no se puede establecer científicamente, en forma incuestionable, cuándo comienza la vida, lo que,
más allá de las divergencias, nuestro bloque de constitucionalidad federal vigente define.

Es importante la reflexión moral en la decisión sobre aborto, pero ello no implica que la vida del embrión merezca la
misma protección que la vida de un adulto. Pero reducir el problema a una mera cuestión de 'derecho a decidir’, donde
tal decisión termina trivializándose, es moralmente problemático. Para que el aborto sea una alternativa válida debe
realmente ser el resultado de una decisión responsable y mediata. No toda decisión por ser libre es moral.

La doctrina internacional, al interpretar la expresión ‘en general desde la concepción’ del art. 4 CADH ha dicho que
‘otorga a los Estados un margen para adoptar legislación que permita el aborto en ciertas circunstancias.’ En este
sentido, la jurisprudencia ha avanzado en definir la constitucionalidad de las excepciones al delito de aborto: puede
realizarlo una persona incapaz (por medio de su representante legal) + cuerpo médico // mujer capaz + cuerpo médico,
según el caso, excluyendo a terceros. Se establece la innecesaridad de recurrir a la instancia judicial frente al acuerdo
entre personas legalmente habilitadas para decidir.

Por lo hasta aquí expresado, si bien la protección de la vida desde la concepción exige, por regla general, priorizar el
derecho a la vida de la persona por nacer, ello no impide que sea considerado también como relativo, en determinadas
circunstancias: violación, severas malformaciones, inviabilidad del feto, peligro para la salud física o psíquica de la
madre, graves problemas socioeconómicos que afecten seriamente la calidad de vida de la madre o del feto, entre otros.

Wlasic considera que la despenalización del aborto es constitucionalmente viable. Además, a tenor de las graves
consecuencias que la clandestinidad del mismo provoca, en relación con las personas de escasos recursos.

Además, frente a una forma de vida democrática, la posibilidad de elección es la regla y la prohibición absoluta una
situación excepcionalísima, por su clara raíz autoritaria.

Reproducción asistida

Existe una diversidad de técnicas:

- Inseminación artificial: sustituye la relación sexual, se realiza con esperma

- Fecundación in vitro: se realiza la fertilización del óvulo y el esperma en un tubo de vidrio en el laboratorio.

- Transferencia intratubaria de gametase


- Maternidad sustituta.

Surgen diversidad de cuestionamientos e incertidumbres que tales técnicas generan. Podemos sintetizarlas del modo
que sigue:

- Problemas vinculados con la filiación sanguínea. En los casos de inseminación artificial con esperma de un donante o
en los casos de maternidad sustituta.

- Problemas vinculados con el derecho a la identidad. En los casos anteriores, con relación al hijo: cuál es el nivel de
información que tiene derecho a recibir, y su derecho a saber o requerir el reconocimiento de tal filiación. O
eventualmente, la obligatoriedad de que las donaciones no sean anónimas.

- Problemas vinculados con el derecho a procrear. Analizar cuál es el límite razonable de dicho derecho, sin
discriminaciones y garantizando la igualdad entre hombres y mujeres.

- Problemas vinculados con la prohibición de experimentos médicos y científicos sin consentimiento. La posibilidad de
que puedan hacerse experimentos para obtener niños de ‘determinada calidad’.

- Problemas vinculados con la práctica encubierta de abortos. A los fines de controlar la posibilidad de nacimientos
múltiples.

- Problemas vinculados con el status jurídico de los embriones. A partir de la práctica de su crio-preservación y su
sobreproducción. Su eventual destrucción o donación a terceros.

Es indudable que las técnicas de reproducción asistida exigen una regulación legal que tome en cuenta todos los
posibles problemas.

Conclusión de la vida: pena de muerte, eutanasia y suicidio asistido.

El tercer aspecto sujeto a controversia está vinculado con la conclusión de la vida. Si bien existe, por ej. en la
Constitución de Bs. As. una definición más precisa de la protección a la vida, desde la concepción hasta la muerte
natural; lo cierto es que nuestra CN carece de una definición de esa naturaleza.

Desde el punto de vista clínico:

o Tradicionalmente se ha certificado la muerte con el paro cardiorrespiratorio.


o Esta concepción cayó en crisis cuando, por las nuevas tecnologías médicas, la vida puede prolongarse casi
indefinidamente. De allí que comenzó a redefinirse la muerte en relación a las funciones cerebrales.
o Un tercer criterio refiere a la muerte neo-cortical, o de las funciones superiores del cerebro, vinculadas con
las funciones racionales, de comunicación y de relación con los otros, entendidas como las características
propias de toda persona.

Pena de muerte. Art 4 CADH

Se trata de la forma de interrupción de la vida no natural más generalmente admitida en su legalidad,


contemporáneamente, existe una tendencia, no exenta de conflictos, hacia su abolición. Nuestro sistema
constitucional, con toda evidencia, a partir de la reforma de 1994, ha incorporado el criterio de progresividad
abolicionista frente a la pena de muerte, el que a la fecha ha evolucionado hasta la erradicación definitiva de la pena de
muerte en nuestro sistema legal.

El principio de progresividad abolicionista de la pena de muerte surge del artículo 4 CADH: ‘Derecho a la Vida

1. Toda persona tiene derecho a que se respete su vida. Este derecho estará protegido por la ley y, en general,
a partir del momento de la concepción. Nadie puede ser privado de la vida arbitrariamente.

2. En los países que no han abolido la pena de muerte, ésta sólo podrá imponerse por los delitos más graves, en
cumplimiento de sentencia ejecutoriada de tribunal competente y de conformidad con una ley que establezca tal pena,
dictada con anterioridad a la comisión del delito. Tampoco se extenderá su aplicación a delitos a los cuales no se la
aplique actualmente.

3. No se restablecerá la pena de muerte en los Estados que la han abolido.


4. En ningún caso se puede aplicar la pena de muerte por delitos políticos ni comunes conexos con los políticos.

5. No se impondrá la pena de muerte a personas que, en el momento de la comisión del delito, tuvieren menos
de dieciocho años de edad o más de setenta, ni se les aplicará a las mujeres en estado de gravidez.

6. Toda persona condenada a muerte tiene derecho a solicitar la amnistía, el indulto o la conmutación de la
pena, los cuales podrán ser concedidos en todos los casos. No se puede aplicar la pena de muerte mientras la solicitud
esté pendiente de decisión ante autoridad competente.’

La CIDH tuvo oportunidad de analizar los alcances de la misma, inicialmente, en la opinión consultiva nº 3 (1983). En
la misma, ha sostenido que las prohibiciones contenidas en el art. 4.2 y en el art 4.3 expresan una clara ‘tendencia
limitativa de la aplicación de la pena de muerte’ que refleja ‘una clara nota de progresividad’.

Caso de Argentina. La Convención admite la pena de muerte, pero con restricciones, tiende a la progresiva eliminación
de la misma. Así, en el art 4 establece que:

1) El Estado que no la tenía cuando ratificó la CADH no la puede restablecer (efecto de anulación definitiva de
la pena de muerte).

2) El Estado que la tenga incorporada no la puede extender a otros delitos a partir de la ratificación de la
Convención.

En el caso de Argentina, se aplicaba la segunda regla, ya que, el Código de Justicia Militar, preveía la pena de muerte
para el delito de sedición con derramamiento de sangre. Luego, la justicia militar comenzó a ser desprestigiada
jurídicamente (porque se aplicaba a civiles, cosa que no puede hacerse, entre otras razones), lo que llevo a que
desapareciera definitivamente la pena de muerte en el país, pasando a aplicarse la primera regla.

La CADH contiene, conforme lo señala la Corte Interamericana, limitaciones vinculadas con su aplicabilidad, en los
casos en que no ha sido abolida:

a) su aplicación debe estar rodeada por la aplicación de las garantías mínimas de carácter penal, garantizadas
por los arts. 8 y 9 de la CADH.

b) tal pena solo podrá ser aplicada a los delitos más graves (art. 4.2).

c) la excluye en forma absoluta con relación a los delitos políticos y a los conexos con los políticos (art. 4.4)

d) prohíbe su aplicación en relación con las personas que, al momento de su comisión, sean menores de 18
años o mayores de 70 años

e) no puede aplicarse a las mujeres embarazadas, o luego del embarazo.

La pena de muerte, además, exige requisitos para su ejecución:

- debe existir una condena firma

- si el condenado pide un beneficio (amnistía, indulto o conmutación de pena) debe haber una respuesta del
órgano competente (pronunciamiento expreso) para hacer efectiva la pena de muerte.

Reciente, la CIDH resolvió que la ley de Delitos contra la Persona de Trinidad y Tobado, que establece la aplicación de
la pena de muerte de manera genérica y automática a todo homicidio intencional, no permitiendo tomar en
consideración las circunstancias particulares del delito ni las condiciones personales del delincuente, constituye una
violación a los arts. 4.1 y 4.2 de CADH.

Eutanasia y suicidio asistido

Se entiende que hay suicidio asistido en el caso del paciente que pone fin a su vida con una dosis letal de una medicación
prescrita por su médico con la intención de ayudarlo.

En cambio, puede distinguirse entre eutanasia voluntaria e involuntaria, y ambas, a su vez, pueden ser activa o pasiva.
Eutanasia voluntaria es aquella en que el paciente da su consentimiento para que le suspendan los tratamientos
terapéuticos que prolongan su vida (voluntaria pasiva) o le suministren medicamentos para producir la muerte
(voluntaria activa).

Eutanasia involuntaria se da cuando el paciente no puede prestar su consentimiento, por lo que, otros (generalmente
parientes) deciden suministrarle una droga para acabar con su vida (involuntaria activa) o suprimir los tratamientos que
le prolongan la vida (involuntaria pasiva).

En relación a la negativa de aceptar un tratamiento determinado por el paciente competente, la jurisprudencia ha


entendido que ello se inscribe en el respeto de la dignidad de la persona humana que exige se respeten sus decisiones
personales, su propio plan o proyecto de vida, en la medida en que no perjudique a terceros, ni afecte el bien común; la
intimidad y privacidad son aditamentos de la dignidad. Por otra parte, si dicha negativa se da en razón de convicciones
religiosas, a tales derechos y libertades debe sumarse el derecho a la libertad religiosa y el derecho a al ejercicio de la
objeción de conciencia según los dispuesto en los arts. 14, 19 y 20 CN.

El Comité de Derechos Humanos ha dicho que un médico no puede ser sancionado por poner fin a la vida de una
persona ‘a petición voluntaria y bien fundada’, y cuando padece una situación de ‘sufrimiento insoportable que no
ofrezca perspectivas de mejora ni otra solución razonable’. Sin perjuicio de lo cual exhibió su preocupación frente a la
posibilidad de que pueda ejercerse una indebida presión que haga eludir esos criterios; que la práctica pueda
transformarse en habitual y no se apliquen estrictamente los requisitos y en el caso del consentimiento de menores de
edad.

Puntos de vista de Wlasic sobre la cuestión:

a) Hay que reflexionar sobre el grado de intervención del Estado en el proceso de toma de decisiones, a tenor
de lo dispuesto por el art. 19 CN, que prohíbe injerencias arbitrarias o abusivas en la vida privada. A veces se utiliza el
argumento de que el Estado está obligado a garantizar el derecho a la vida de toda persona, pero, tal obligación se
encuentra centrada en que nadie sea privado de la vida arbitrariamente, sin que ello represente autorizar la invasión del
ámbito de reserva que consagra la CN.

b) Debe primar el respeto de la autonomía de la voluntad, en el sentido de resolver sobre la aceptación o no de


una terapéutica determinada, o su posterior suspensión. En este sentido, la ley 26.529 de derechos del paciente ha
reconocido el derecho a decidir la aceptación o no de un procedimiento médico o biológico determinado, o en su caso
revocar la autorización acordada, sin expresar motivo.

c) La eutanasia voluntaria activa resulta admisible y constitucionalmente protegida por el ámbito de reserva, no
constituyendo por sí una forma arbitraria de privación de la vida. Podemos también referenciar, en auxilio de esta
posición, el derecho a la dignidad y el de calidad de vida, como complementarios de su habilitación. Ello no quita el
poder reglamentario estatal, a fin de imponer condiciones razonables a su ejercicio o, en su caso, su examen por el
órgano jurisdiccional competente.

d) También es válida la expresión previa de voluntad respecto a decisiones sobre tratamientos futuros de quien,
luego, se encuentra en estado de inconsciencia. Dicha manifestación de la voluntad, preferentemente, deberá hacerse
constar en instrumento público. Aun ante la inexistencia del ‘testamento vital’ la voluntad del paciente puede ser
demostrada por cualquier medio de prueba.

e) En cuanto a la potestad del representante legal en relación con la aceptación o suspensión de un tratamiento
determinado, Wlasic considera legítima su expresión de voluntad, teniendo en cuenta que la situación de conflicto
involucra tanto al paciente como a sus familiares; que, por aplicación del principio de los actos propios, quien guarda
silencio ante una situación que puede clasificarse como previsible, tácitamente, habilita que otro resuelva por él.

f) Finalmente, es recomendable su reglamentación legal, que podrá incluir la mención de requisitos necesarios
para su ejercicio, sin que ello represente tornar obligatorio su obrar, en detrimentos de las creencias religiosas o
convicciones morales de la persona habilitada a decidir.

La acción firme y decidida del Estado debe estar dirigida a la creación de las condiciones necesarias para que la vida
no sea sacrificada arbitrariamente.
El derecho a la integridad personal

Cabe señalar el art 5.1 CADH que reconoce a toda persona el derecho a que se respete su integridad física, psíquica y
moral. Es decir que se reconozca a la persona en su indivisibilidad e intangibilidad como tal, como un ser único e
irrepetible.

La principal violación a dicha integridad se constituye por la tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanos y
degradantes.

Art. 18 CN. Su mención de los azotes advierte la intención del constituyente de limitar el tipo de penas aplicables y que
las mismas no infrinjan sufrimientos que afecten a la integridad de la persona humana. Ello se corrobora con la previsión
siguiente respecto de las cárceles.

Tal antecedente se compatibiliza perfectamente con las previsiones de los T. internacionales constitucionalmente
jerarquizados, y otros tratados sobre la materia ratificados por la Argentina ([Link]. Convención Interamericana contra la
Tortura y otros tratos y penas crueles, inhumanos y degradantes).

TORTURA, conforme a la Convención contra la Tortura y otros Tratos y Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes:

- Todo acto que infrinja intencionalmente a una persona dolores o sufrimientos graves, ya sean físicos o
mentales. Por ende, exige: una conducta dolosa, contra una persona, que infrinja dolores o sufrimientos graves; sean
físicos o mentales.

- Nuestro Código Penal prevé tanto los tormentos físicos como psíquicos.

- La doctrina internacional ha señalado que hay una tendencia de hacer caso omiso de la distinción entre tortura
y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes. Muchas veces los hechos son calificados como violatorios
del art. 5.2 de la Convención, sin precisar si se considera tortura u otro tipo de hecho violatorio de la integridad personal.
Por otra parte, existe una tendencia reciente a identificar los tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes como un
tipo específico de violación.

- Se establecen fines/razones que la motivan: obtener de la víctima, o de un tercero, información o una


confesión; castigar por un acto que se haya cometido o presumiblemente se haya cometido; intimidar a esa persona o
a otras; por cualquier razón basada en discriminación.

- Se individualiza al sujeto activo o posible autor de las miasmas: un funcionario público u otra persona en el
ejercicio de funciones públicas. Cabe destacar que nuestro Código Penal también incluye como autor a particulares que
ejercen los actos descriptos en el tipo penal.

- La referida norma excluye como torturas los dolores o sufrimientos que sean consecuencias únicamente de
sanciones legítimas.

- Hace referencia (igual que la CADH) a otros tratos y penas crueles, inhumanos y degradantes: a otros actos
que no constituyen tortura. En este sentido la CIDH ha fijado el criterio general de que todo uso de la fuerza que no sea
estrictamente necesario por el propio comportamiento de la persona determinada constituye un atentado a la dignidad
humana, conforme a al art 5 CADH. Asimismo, ha sostenido que, sin embargo, los otros hechos alegados como la
incomunicación durante la detención, el aislamiento en una celda reducida, sin ventilación ni luz natural, los golpes y
otros maltratos como el ahogamiento, la intimidación por amenazas de otros actos violentos, las restricciones al
régimen de visitas, constituyen formas de tratos crueles, inhumanos o degradantes. También la CIDH ha incluido en
esta categoría la atención médica muy deficiente de la persona privada de libertad. Los familiares de las víctimas,
también pueden ser víctimas, en razón de los mismos hechos. Así se ha considerado que la obstrucción para que la
familiar no conozca la verdad de lo sucedido, el ocultamiento del cadáver de la víctima, la negativa oficial a brindar
información, la incertidumbre sobre su paradero, entre otras, constituyen violación a la CADH.

Jurisprudencia sobre el derecho a la integridad personal:

1- Por su parte, al establecer la CADH que las personas privadas de libertad serán tratadas con el respeto
debido a la dignidad inherente al ser humano, reafirma los conceptos constitucionales del art. 18. La jurisprudencia ha
reconocido el carácter operativo de este artículo y que, la adecuada de custodia de los internos se manifiesta también
en el respeto de sus vidas, salud e integridad física y moral. Y que aun tratándose de persona determinada con HIV debe
garantizárseles, por aplicación del principio de no discriminación, las visitas íntimas.

2- La CSJN ha dicho que concierne a los jueces mantener un conocimiento personal, directo y actualizado de
las condiciones en que se encuentran losniños sujetos a internación, con el fin de tomar todas aquellas medidas que
sean de su competencia y que tengan como efecto directo un mejoramiento en la calidad de vida.

3- El Tribunal de Casación de la Provincia de Buenos Aires ha sostenido que, sin perjuicio de la actuación
concerniente al PE en el mejoramiento de la situación de los detenidos, cada juez o tribunal en la órbita de su
competencia, debe hacer cesar toda situación de agravamiento que importe un trato cruel, inhumano o degradante, así
como examinar (ponderar) la necesidad de mantener las privaciones de la libertad o disponer formas de ejecución de la
pena menos lesivas.

4- Con respecto a los pacientes institucionalizados, la CSJN ha dicho que, son titulares de un conjunto de
derechos fundamentales (a la vida y a la salud, a la defensa y al respecto de la dignidad, a la libertad y al debido proceso),
tales personas poseen un status particular, ya que son titulares de derechos con ciertas limitaciones derivadas de su
situación de reclusión, por lo que, frente a tal circunstancia desigual, la regla debe ser su reconocimiento, ejercicio y
salvaguarda especial.

Art. 5 CADH y su protección al derecho a la integridad personal:

- inc. 3. Prohíbe que la pena pueda trascender la persona del delincuente.

- inc. 4. Establece la necesidad de que los procesados estén separados de los condenados, y los primeros
reciban un tratamiento penitenciario acorde con su condición. Esta distinción no se hace efectiva en nuestro país ya
que, más de la mitad de los presos son procesados, por lo que existe sobrepoblación carcelaria.

- inc. 5. En los casos en que los menores pueden ser procesados, deben estar separados de los adultos, y
llevados ante tribunales especializados, con la mayor celeridad posible para su tratamiento. El fin primordial es su
tratamiento y no su condena.

- inc. 6. Establece que el fin esencial de las penas es la reforma y la readaptación social de los condenados.

Por último, corresponde señalar que, entre las obligaciones que asume el Estado por haber ratificado la Convención
contra la Tortura:

o Debe informar y educar a sus funcionarios acerca de la prohibición de la tortura.


o Examinar permanentemente sus normas sobre interrogatorio, custodia y tratamiento de detenidos.
o Investigar pronta e imparcialmente las denuncias.
o Pagar una reparación a las víctimas.
o Estable la jurisdicción universal para el juzgamiento de los autores de los actos de tortura.

La prohibición de la esclavitud y la servidumbre

El precedente más importante sobre la materia lo encontramos en la gestión de la Asamblea Constituyente de 1813,
que decretó la libertad de vientres y, con ello, el carácter de hombre libre de todo hijo de esclavo nacido a partir de
entonces.

Artículo 15.-‘En la Nación Argentina no hay esclavos: los pocos que hoy existen quedan libres desde la jura de esta
Constitución; y una ley especial reglará las indemnizaciones a que dé lugar esta declaración.

Todo contrato de compra y venta de personas es un crimen de que serán responsables los que lo celebrasen, y el
escribano o funcionario que lo autorice.

Y los esclavos que de cualquier modo se introduzcan quedan libres por el solo hecho de pisar el territorio de la
República.’

La abolición de la esclavitud, en general, no respondió solo a razones de humanidad, los cambios en las formas de
producción capitalista, producidos por la revolución industrial, fue decisivo, ya que representó el paulatino abandono
de la mano de obra esclava, la que fue sustituida por mano de obra proletaria. Y si bien el hombre deja de ser una cosa
en el comercio, aparen las formas contemporáneas de explotación, a saber: la reducción a la servidumbre – la trata
de mujeres y el secuestro, venta y trata de niños – la explotación y abuso sexual de niños – explotación en el trabajo.

Esta realidad nos toca muy de cerca. En el país hay trabajadores migrantes reducidos a servidumbre, que permanecen
encerrados o enclaustrados, durmiendo en el pise, trabajando 14 hs diarias o más, a quienes hasta se les retiene los
documentos de origen, viviendo y trabajando en condiciones infrahumanas. Hay explotación de niños, quienes son
secuestrados para ser sometidos a trabajos inhumanos. Hay trata de mujeres, a cargo de mafias que cuentan con el
amparo de funcionarios y autoridades. Hay prostitución y pornografía infantil.

La ley 26. 346 sobre trata de personas y asistencia a sus víctimas, hace expresa referencia a esta situación. Al definir el
concepto de explotación expresa que se considerarán tales:

a) cuando se redujere o mantuviere a una persona en condiciones de esclavitud o servidumbre o se la sometiere


a prácticas análogas.

b) cuando se obligare a una persona a realizar trabajos o servicios forzados.

c) cuando se promoviere, facilitares, desarrollare u obtuviere provecho de cualquier forma de comercio sexual.

d) cuando se practicare la extracción ilícita de órganos o tejidos humanos.

Por otra parte, el art. 6 CADH prohíbe el trabajo forzado u obligatorio. Ello se contrapone con el derecho de toda
persona a ganarse la vida mediante un trabajo libremente escogido o aceptado. Se define el trabajo forzoso u obligatorio
como todo trabajo o servicio exigido a un individuo bajo amenaza de una pena cualquiera y para el cual dicho individuo
no se ofrece voluntariamente.

Ahora bien, la CADH enumera las siguientes situaciones que no constituyen trabajo forzoso u obligatorio:

- pena privativa de la libertad acompañada de trabajos forzosos, que no podrán afectar a la dignidad ni a la
capacidad física o intelectual del recluido o los trabajos o servicios que se exijan normalmente de una persona recluida.

En el caso de Argentina no se admite el trabajo forzoso como parte de la condena privativa de la libertad.

- el servicio militar obligatorio o el servicio nacional consiguiente por ejercicio de objeción de conciencia.

En Argentina no existe actualmente el servicio militar obligatorio.

- el servicio impuesto en casos de peligro que amenace la existencia o bienestar de la comunidad y el trabajo
o servicio que forme para de las obligaciones cívicas normales. Ej. ser autoridad de mesa en las elecciones generales.

Derecho a la protección de la honra y de la dignidad

CN carece de una norma que expresamente consagre este derecho, pero se ha interpretado que la mención que
contiene el art. 29 al honor, y a su protección, refleja el reconocimiento de tal derecho, lo que se complemente con el
art. 33 sobre derechos implícitos. Por otra parte, el derecho a la privacidad, se halla en la primera parte del art. 19.

CADH art. 11:

- inc. 1. Refiere al mismo como el derecho de toda persona al respeto de su honra y al reconocimiento de su
dignidad. Se trata de derechos personalísimos, de carácter inmaterial y que, en el caso de la dignidad, constituye un
pilar fundamental de los DDHH. Tal reconocimiento tiene relación directa con la efectividad de la totalidad de los
Derechos Humanos consagrados.

- inc. 2. Refiere a una diversidad de situaciones:

En primer lugar, establece que nadie puede ser objeto de injerencias arbitrarias o abusivas en su vida privada y en la de
su familiar. Injerencias ilegales: significa que no puede producirse injerencia alguna, salvo los casos previstos por la ley.

En un sentido amplio, las normas que nos ocupan, reconocen un campo de libertad propio e infranqueable, de cada
persona, y en relación con su familia, garantizado por el límite efectivo a la intervención del Estado, el que solo puede
hacerlo en la situación que taxativamente describe el art. 19 CN, y en la medida en que tal injerencia no resulte arbitraria,
ilegal o abusiva. Y, por ende, constituye el fundamento constitucional de la autonomía de la voluntad.
En un sentido estricto, podemos afirmar que las normas en análisis consagran el derecho a la intimidad, como una
derivación del derecho a la privacidad.

La CSJN reconoció el derecho a la intimidad, como el derecho de toda persona a ser dejada a solas por el Estado cuando
toma decisiones fundamentales de la vida, en respeto de la incolumidad del principio de determinación autónoma de la
conciencia. Asimismo, ha precisado el contenido del derecho a la intimidad afirmando: ‘El derecho a la intimidad protege
jurídicamente un ámbito de autonomía individual constituido por los sentimientos, hábitos y costumbres, las relaciones
familiares, la situación económica, las creencias religiosas, la salud mental y física y, en suma, las acciones, hechos o
datos que, teniendo en cuenta las formas de vida aceptadas por la comunidad, están reservadas al propio individuo.’

Las divergencias en torno a los dispuesto por la primera parte del art. 19 CN se centran en: qué se entiende por
acciones privadas. Se ha entendido que están protegidos no solo los comportamientos o conductas íntimas, sino
también, aquellas que trascienden al sujeto que las realiza, pero que no ofenden a la moral y al orden público ni genera
perjuicios a terceros.

- qué se entiende por orden público: se vincula con las exigencias propias del bien común y el interés general,
en una sociedad democrática, caracterizados por el derecho a optar.

- qué se entiende por moral pública: el criterio mayoritario, recogido por la Corte, supone que moral pública debe
verse desde la perspectiva de una sociedad democrática y que, como tal, no puede estar sujeta a una concepción única
y absoluta.

- qué se entiende por perjuicio a terceros: se ha sostenido que ello implica un perjuicio serio y concreto, y no las
peras molestias o desacuerdos éticos.

El artículo en cuestión, estable la prohibición de injerencias arbitrarias en el domicilio y la correspondencia, lo que se


vincula con el art. 18 CN. Respecto a la inviolabilidad del domicilio debe dilucidarse qué se entiende por domicilio:

• Inicialmente, primó una interpretación de carácter restrictivo: la casa de un ciudadano.


• Por domicilio debe entenderse toda habitación o residencia de personas, sea o no habitual, y aunque no reúnan
los requisitos necesarios para constituir el domicilio civil.
• El Comité de DDHH considera que el domicilio no es solo la residencia sino también el lugar donde una persona
ejerce su ocupación habitual.

La segunda cuestión se vincula con el consentimiento como eximente de la orden de allanamiento. A dicho respecto,
en relación con quién debe otorgar este consentimiento se han planteado dos criterios:

1- la doctrina de quién es titular del derecho de exclusión: establece que quien debe dar el consentimiento es
aquel que tiene derecho a excluir o impedir el acceso.

2- la doctrina de quién es perjudicado: establece que quien debe dar la autorización debe ser la persona que
potencialmente se puede ver perjudicada por la misma. Wlasic comparte esta doctrina.

Con respecto a la voluntariedad de tal consentimiento, podemos señalar dos puntos de vista:

1) criterio amplio: exige que la autorización sea expresa, anterior a la entrada de la autoridad pública a la
vivienda, sin media fuerza o intimidación, y que la persona que se le requiere la autorización debe hacérsele saber que
puede negarse a ella.

2) criterio restrictivo:no debe crearse una regla abstracta que lleve a la tacha de nulidad en todos los casos.
Admitiendo la validen del consentimiento prestado en sede judicial por quien está próvida de la libertad.

Con respecto a quién es la autoridad habilitada y los alcances de la orden: en principio, la orden debe ser expedida por
un juez. Que asimismo entendemos que, la orden debe limitarse a los alcances en ella fijadas en forma expresa, y que
no puede ser ampliada por la sola voluntad del oficial público que la lleva a cargo. Además, solo puede llevarse a cabo
en el domicilio designado en la orden respectiva. Los fundamentos que dan origen a la medida deben ser explícitos en
la orden, ya que hacen a la garantía de la inviolabilidad del domicilio y de los papeles privados.
Respecto a la inviolabilidad de la correspondencia epistolar y los papeles privados. Se trata de salvaguardar la
privacidad de la persona, limitando el obrar del Estado, y de particulares, en la intercepción, secuestro y conocimiento
de su contenido. Este artículo fue importante cuando se sancionó la Constitución ya que la correspondencia epistolar
era el medio de comunicación por excelencia. El Comité de DDHH ha dicho que debe prohibirse la vigilancia, por medios
electrónico o de otra índole, la intervención de las comunicaciones telefónicas o de otro tipo, así como la intervención
y grabaciones de conversaciones.

Este es un derecho relativo, [Link]. la ley de concursos y quiebras habilita la incautación de la correspondencia dirigida al
fallido o concursado, para ser entrada al síndico. Ej2: a través de orden judicial, en el contexto de una investigación
penal.

Con respecto a la relación entre el derecho a la intimidad y las intervenciones telefónicas. Dicha intervención solo
es razonable en la medida en que se formule por auto fundado, lo que significa que debe basarse en un cúmulo de
circunstancias que demuestren que la conducta ilícita penalmente se está por cometer o se halla en curso de ejecución.
La medida debe respetar los principios de legalidad y proporcionalidad, debe respetar la adecuada proporcionalidad
entre el interés público en juego y la restricción a la privacidad establecida.

Grabaciones encubiertas. En principio, constituyen una violación a la privacidad e intimidad, y como tales, no son
constitucionales. Ahora bien, puede discutirse su constitucionalidad en lo que respecta a su utilización en causa penal
o a los fines de la investigación de un ilícito. A dicho respecto, Wlasic adhiere al criterio de la Cámara Nacional de
Casación Penal, que la admite, en la medida en que no se trata de la obtención de la misma contra Legem y con valor
indiciario respecto de la veracidad de la declaración del testigo principal del juicio que la realizó, podría resultar la misma
pertinente. De lo contrario, su realización debe quedar sujeta a las exigencias de legalidad y proporcionalidad antes
descriptas con la orden de allanamiento y las intervenciones telefónicas.

Allanamiento de estudios jurídicos. En ello se encuentra implicado el derecho de defensa en juicio, y el secreto
profesional, como la garantía al ejercicio libre de la profesión. En primer lugar, conforme lo ha establecido la
jurisprudencia, las leyes procesales contienen preceptos que declaran inadmisibles absolutamente, la intercepción de
las comunicaciones, escritas u orales, entre el imputado y su defensor o el secuestro de los escritos que las contienen,
incluyendo allí documentos, a los cuales se extiende el derecho o debe de abstener de declarar como testigo. En
segundo lugar, ha expresado que carece de fundamento la orden de allanamiento que no contaba, en forma previa con
elementos objetivos mínimos que pudieran sustentar la sospecha de comisión de un delito grave, concreto y la relación
entre los afectados y el hecho o para sustentar la idoneidad y necesidad de la medida ordenada aparece como
desproporcionada frente al derecho fundamental afectado. Sostiene finalmente que corresponde declarar la nulidad
absoluta del allanamiento efectuado en el estudio jurídico del abogado defensor del imputado si, al momento de ordenar
la diligencia, existía una frágil hipótesis delictiva.

Finalmente, la última parte del inc. 2 del art. 11 CADH refiere al derecho de toda persona a no ser objeto de ataques
ilegales a su honra o reputación.

El derecho a la honra y a la reputación es uno de los denominados derechos personalísimos, que garantiza el debido
respeto al propio valor, a la propia conducta y a la propia dignidad personal. Es, en definitiva, uno de los referentes de la
propia individualidad frente a la sociedad. Pero, además, se constituye en un valor social, tanto al momento de apreciar
su conducta, como al momento de confiar, frente a la asunción de responsabilidad, y representaciones.

Su protección legal surge tanto en el ámbito civil, a partir del derecho a ser indemnizado por su violación, como desde
el ámbito penal, a partir de la tipificación de los delitos de calumnias e injurias.

La Corte IDH ha reconocido que puede verse afectado el derecho a la honra y a la buena reputación por un proceso
penal si éste se ha lleva adelante con desconocimiento de presunción de inocencia y de las garantías del debido
proceso.

Tal vez la confrontación más tensa entre derechos se dé entre el derecho a la protección de honra y dignidad, y el
derecho a la información. Ejes centrales en el conflicto:

- el deshonor o la indignidad privada, puede ser hasta perdonable, en cambio, la pública, puede llegar hasta
producir estrados.
- la información sobre la gestión pública es esencial para la democracia. Pero se asiste a un proceso de
concentración de los medios masivos de comunicación que facilitan la manipulación informativa y generación de
campañas.

- si bien la vida privada y la intimidad de las personas poseen una fuerte protección constitucional: se asiste a
un incremento de la convicción social de que ‘ser o estar en el mundo’ es ser o estar en los medios, como también, del
fisgoneo de la vida privada a través de los medios de comunicación masiva.

El derecho a la identidad. El derecho al nombre

Art. 8 de la Convención de los Derechos del Niño:

1. Los Estados Partes se comprometen a respetar, el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos la
nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas.

2. Cuando un niño sea privado ilegalmente de algunos de los elementos de su identidad o de todos ellos, los
Estados Partes deberán prestar la asistencia y protección apropiadas con miras a restablecer rápidamente su identidad

El Derecho a la Identidad en la Argentina debió su instalación jurídica y social, como consecuencia de las brutales
secuelas dejadas por el Terrorismo de Estado en la Argentina, durante la última dictadura militar (1976-1983), donde la
apropiación de los niños, el asesinato o desaparición de sus padres, y su entrega a terceras personas, muchas veces
integrantes de las propias fuerzas represivas como parte del plan sistemático de exterminio. A través de las Abuelas de
Plaza de Mayo, y de sus equipos técnicos se procuró y se procura, que tales niños apropiados recuperen su identidad
familiar sanguínea. Ello además de constituir un desafío jurídico, tanto en relación con la obtención de la prueba
necesaria, también constituyó un desafío médico-psicológico, a fin de poder encaminar un proceso de restitución lo
menos traumático posible, frente a semejante daño generado por la represión ilegal.

Esta tarea, por una parte, generó la creación de un Banco Nacional de Datos Genéticos, que permite conservar los
mimos, y se incorporó el examen de ADN e Histocompatibilidad permitiendo descartar con un 100% de certeza la
paternidad o maternidad sanguínea.

El Art. 8 de la Convención de los Derechos del Niño obliga a los Estados Partes de garantizar mediante su legislación
interna, el derecho de todo niño de ser inscripto inmediatamente después de su nacimiento y de tener desde que nace,
un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida posible, a conocer a sus padres y ser cuidado por ellos.

El concepto de identidad es amplio, ya que incluye el nombre, la nacionalidad y las relaciones familiares, lo que implica
las relaciones de filiación. Y establece la necesidad de su preservación, desde el mismo momento del nacimiento del
niño. Asimismo, se puede considerar que, asociado con el derecho a la intimidad y privacidad, la identidad sexual forma
parte del presente derecho. En definitiva, el Derecho a la Identidad está constituido por todo aquello que identifica e
individualiza a una persona, y que lo constituye en su unidad como tal, frente asimismo como frente a la sociedad.

Los elementos constitutivos del Derecho a la identidad son:

1) Identificación e inscripción inmediata del niño: Uno de los momentos cruciales de la identidad de un niño
se da al mismo momento de su nacimiento, ya que no se trata solamente de su propia identificación, sino también, de
la preservación de su identidad filiatoria.

Por otra parte, en relación a la adopción plena, la ley ya establece el derecho del adoptado a conocer su realidad
biológica, a partir de los 18 años, como reconocimiento pleno de su derecho a la identidad.

2) Derecho al nombre: Este derecho se encuentra reconocido por el Art. 18 de la Convención Americana de
Derechos Humanos, y se encuentra reglamentado por la ley 18.248. Consiste en tener un nombre propio y los apellidos
de los padres o de alguno de ellos. Dicho derecho debe garantizarse a todos, aunque para ello deba recurrirse a nombres
de fantasía en los casos en que se desconoce quiénes son sus padres. Con lo cual, la norma pretende prevenir el uso
de denominaciones de carácter impersonal.
Se prohíbe la imposición de nombres ridículos, extravagantes, contrarios a las costumbres argentinas, que representan
tendencias políticas o ideológicas o que susciten equívocos en cuanto al sexo.

3) Las relaciones familiares: No sólo se refiere al reconocimiento de las relaciones vinculadas con la filiación
sino, además, las referidas a garantizar, el contacto de los hijos con sus padres, la permanencia de los niños en el seno
de su familia, preservar las relaciones con los miembros de la familia ampliada. Es decir, el poder mantener relaciones
de carácter efectivo y fluido, en la medida de las posibilidades, con los integrantes del grupo familiar.

4) La nacionalidad.

5) La identidad en sentido amplio: Identidad lingüística, religiosa, cultural o política. No se puede hablar de
exclusivamente de una identidad nacional, lo cierto, es que más allá de cualquier propósito hegemonizante, nuestra
identidad como persona en la sociedad, se integra también con estos atributos.

6) La identidad sexual: Si bien ninguna norma explícita reconoce el derecho a la identidad sexual, ésta ha sido
reconocida por la jurisprudencia como el derecho de toda persona a una definición sexual consustancial a sí mismo,
entendiendo el sexo como una conjunción integrada de factores biológicos, psicológicos y sociales. Se admitió la
modificación del sexo en la documentación pertinente, el cambio de nombre, y la autorización para la realización de la
operación quirúrgica para corregir el disformismo genital congénito. “Teniendo en cuenta que la identidad e integridad
sexual de la persona es personalísima, el Estado, en principio no debería intervenir en decisiones que la involucren, dado
que esto constituye una intromisión indebida en la esfera de reserva del individuo”, tiene sustento en el contexto del
ámbito de reserva del Art. 19 CN.

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