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Doctore» en FJImoM«, H istoria y le t r a s
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P R IM E R A E D IC IÓ N
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24 Cortei, 579
O R IG E N Y E V O L U C IO N D E L A L T O D IO S D E L A C U L T U R A
P R IM IT IV A
Sección I. — O rige n de la Idea del ser suprem o
de la cultura p rim itiv a
A) LA u n id a d ORGANICA d e l o s h e c h o s
C u a n d o anteriorm ente hemos dichos dos veces que la fin a lid a d
de todo tra b a jo , según el m étodo histórico de la cu ltu ra, no es
levantar teorías o hipótesis, sino obtener certeza científica, p o r esta
hemos de entender aq u í los hechos que constituyen la re lig ión de
la prim itiv a cultura, no atóm icam ente aislad os, sino con su u n ió n
o rg án ica y con sus m utuas influencias.
1. Si aplicam os esta exigencia al rico núm ero de hechos, que
hasta ahora hemos podido com probar referentes al ser suprem o de
las prim itivas culturas, aparece, en prim er lugar, cóm o el c o n
ju n to de estos hechos satisface tam bién el conjunto de las necesi
dades interiores humanas. Las necesidades racionales de causa
hallan su satisfacción en el ser suprem o com o creador del m und o
y dei hombre. Las necesidades sociales adquieren su fundam ento
m ediante la creencia en un ser supremo que ha fu nd ad o la fam i
lia y con ello ha establecido deberes entre m arido y m ujer, padres
e hijos, herm anos y parientes. Las necesidades éticas descansan
en este ser supremo en cuanto que es legislador, g u a rd ián y re-
m unerador del bien y del m al y él m ism o está libre de toda m a n
cha m oral. Las necesidades afectivas de confianza, am or y g ra ti
tud son satisfechas por este ser supremo, que es padre, y de
quien procede solamente bien y todo el bien. Las necesidades de
protección y entrega encuentran su satisfacción en este ser supre
mo, que us poderoso y grande sobre todos los seres. Con todo esto
dio esln suprem a figura del hombre de la época prim itiva p o sib ili
dad v fuerza nara vivir v nara am ar, confianza nara trah aiar. ¡
seguridad para dom inar el mundo y no ser oprimido por ¿I e im
pulso para, aspirar por encima de él a fines más elevados y extrn-
muudanos. Solo mediante esta imagen de dios se explica la fuerza
de progreso de la primera H um anidad; y sus valiosas energías
para el trabajo, para la responsabilidad, para el avance, para el
sentimiento de socialidad de la hum anidad, proceden de estas anti
quísimas épocas. Tenemos, pues, aquí una religión importante, ri
camente diferenciada y Mena de energías, que desde un principio
se presenta en toda una gran serie de tribus de la cultura pri
mitiva.
2. La segunda unidad, en que confluyen todos los rasgos di
ferentes del ser supremo de la época primitiva y en que se eslabo
nan unos en otros, es la del tiempo, porque él llena lodos los tiem
pos. De la eternidad de su cielo sale en medio de nada y abre el
tiempo con sus actos creadores. Durante todos los periodos de esta
creación y durante ios periodos siguientes domina la historia de U
H um anidad, en la cual, sin embargo, no siempre interviene. Asiste
también al principio de la vida de cada hombre, le acompaña du
rante la d u ra q ó n de su vida, le espera ante su tribunal y le asig
na la co n d id e a de sii eternidad. Para esia unidad no ehcuentra el
hombre primitivo modelo ni apoyo alguno en lo que él en su época
ve y experimenta.
3. La tercera uniiad, dentro de la cual se armonizan también
todos los diversos h íla o s relativos al ser supremo de la época pri
mitiva, es la del espacio, porque él domina todos los espacios. Solo
hay un ser supremo q:íe iíena esa extensión, solo un señor y una
fuerza que se extiende sobre estas lontananzas y las enlaja entre
si. Porque el dios de este hombre primitivo no es un dios meramen
te de su tribu y de su medio: ya por el hecho de ser creador del
universo y de todos los hombres no tiene vecino alguno cuyos do
minios puedan limitar el suyo. El pensamiento y el sentimiento de
estos hombres solo tiene sitio para un único ser supremo. Mucho
menos que la unidad de tiempo encuentra el hombre primitivo esta
unidad de espacio en sus personales experiencias y muchísimo me
nos en su sociología.
En la posesión de estas dos unidades tiene su base el monoteís
mo de esta primitiva r-At alto dios es tan grande, que él
solo basta para todo y para »víos, para todos loa hombre* de todas
las épocas, y da satisfacción a todos lo» Ideales, a todas las aspi
raciones, a todas tas n e c e d a d *». V, por lo mismo, no tiene otro
Igual a si, porque su magnitud no tifa*1 límite» y no enpacln
alguno para vecinos.
B) E l o r i g e n d e e s t o s d iv e r s o s h e c h o s y s u u n jd a d
Pero la finalidad y el objeto del nuevo método histórico no es
solamente la comprobación de los diversos hechos y de su conexión
en mayores unidades, sino también la Investigación de las fuentes
de donde ha procedido aquella pluralidad y esta unidad. Este pro-
i blema se hace tanto más necesario y urgente precisamente a causa •
de la unidad que todo lo domina y que aquí tenemos. Digam os de
una vez que esta pregunta todavía no estamos en condición de
contestarla. Prescindiendo de que todavía en una m ultitud de par
ticularidades no vemos tan claro como es necesario para la so
lución de este grave y delicado problema, hay todavía dos gran
des impedimentos que aquí nos salen al paso.
1, El primer impedimento es que en la etapa de las culturas
primitivas nos encontramos todavia con una serie de diferentes
círculos culturales, cuyas relaciones históricas entre sf vemos, es
cierto, en algunos puntos, y en otros las sospechamos, pero que en
su conjunto nos son desconocidas. Aun cuando podemos, con su
ficiente certeza, decir que entre ellos el círculo de cultura de los
pigmeos es el más antiguo, vemos también con no menor certeza
que no contiene todos los hechos de la primitiva cultura en gene
ral, como tampoco los relativos al problema del ser supremo, y
que más bien las restantes culturas primitivas han llevado consigo
partes importantes de él. La verdadera cultura primitiva, por con
siguiente, solo la podremos obtener mediante la reunión de todos
los diversos círculos culturales de esta primera etapa, pero no me
diante una mera adición exterior de sus elementos, sino mediante
una exacta investigación metódica de sus relaciones históricas,
para de ese modo poder llegar a comprobar la edad relativa de los
diversos elementos religiosos dentro de la primitiva cultura.
2. El sagundo impedimento es que la investigación histórica
cultural de los circuios de cultura posteriores no ha progresado
todavía lo suficiente para poderla utilizaren la aclaración del gran
de y difícil problema que ante nosotros tenemos. Porque, como ya
se luí dicho, podrán, probablemente, las primitivas culturas su
ministrarnos la mayor parte y los más valiosos elementos para la
comprobación de la forma más antigua de las religiones, por ha
llarse en el tiempo lo más próximas a ellas; pero esto no excluye
(|u<* también de las culturas posteriores, en especial de las pri
marias, podamos oblcner importantes elementos. Entre las cultu-
ras prim arlas cabe decir esto, muy en especial, del círculo de cul
tura de los pueblos pastores nóm adas, por cuanto estos, lo mismo
que en muchas otras cosas, asi también en la religión, son los que
m ás han conservado de las culturas primitivas. Pero precisamente
este círculo de cultura, en lo tocante a su religión, más aún, hasta
en la mera colección del material, es de todos el menos favorecido,
como ya se ha visto al tratar del dios cielo característico de él; la
elaboración histórica del mismo hasta ahora ni siquiera ha em
pezado, como se ha visto en el capítulo XI.
Si actualmente los diferentes circuios culturales de la cultura
prim itiva se hallan geográficamente lo más alejados unos de otros,
por haber sido em pujados por culturas más jóvenes, que Ies suce
dían, a las más apartadas regiones y especialmente a las márge
nes del extremo Norte y del extremo Sur de la tierra habitada, la
investigación de las culturas m ás recientes de los espacios que se
extienden entre ellos nos permitirá muchas veces encontrar aque
llos últim os residuos de las m ás antiguas culturas, que con auxilio
del criterio de continuidad (cap. X IV , sec. II, B ) nos ayuden a ten
der los puentes para sum inistram os las relaciones históricas de las
diferentes culturas primitivas y después avanzar hasta la elabo
ración de la cultura prim itiva más antigua.
3. No estamos, por consiguiente, todavía en situación de con
testar con exactitud científica y con positiva seguridad a la pre
gunta sobre el origen del ¿ios supremo de la cultura primitiva y
de la religión sobre él fundada. Pero bien podemos contestar a esta
pregunta de mantro negativa en muchas direcciones, es decir, pode
mos indicar, respecto úe toda una serie de elementos, que de ellos
no ha nacido esta religión. Son todos aquellos elementos sobre los
que se construyeron aquellas teorías sobre el origen de la reli
gión, que en el curto de la presente obra hemos sucesivamente
conocido: m itología de la Naturaleza, fetichismo, manlsmo, ani
mismo, totemismo, magismo. La imposibilidad del origen de esta
religión del alto dios en esos factores resulta de un doble fun
damento: primero, porque, como ya enseñaron todas aqueltas teo
rías, aquella religión seto pudo surgir por la vía de una larga,
complicada y progresista evolución como la cima más alta de esta,
mientras que, al contrario, esta religión se encuentra precisamente
en los pueblos más antiguos, segunde, porque aquellos elementos,
justamente en estos pueblos más antiguos, o faltan en absoluto,
como el totemismo, fetichismo y animismo, o tolo *« encuentran,
como el magismo y animismo, en formas tan debilitadas que de
ellas no puede derivarse esta religan del alto d¡ot, tan fuerte y
tan plena, mientras que las formas plenamente desarrolladas de
aquellos elementos, como ya hemos visto, solo aparecen en circuios
de c u ltu r a p o ste rio re s, p r im a r lo s y s e c u n d a rlo s .
-Sección 11. — La suerte de la religión del alto dios en los círculos
de cultura posteriores
En el capitulo X II, sección UIf B, hemos visto el intento de
A. Lang de presentar el destino ulterior de la religión del alto
dios en los circuios de cultura posteriores. Por encontrarse toda
vía bajo la influencia del evolucionismo unilineal presenta este
destino demasiado unilateralmente bajo el único influjo del ani
mismo, mientras que nosotros, como resultado de la investigación
histórica cultural (cap. X IV , sec. III), ya sabemos que después de
la cultura primitiva tuvieron lugar tres evoluciones paralelas in
dependientes en los tres círculos de cultura prim arla: el m atriar
cal agrario, el patriarcal totémico y el patriarcal nóm ada, cada
uno de los cuales desarrolló su peculiar actitud de espíritu y con
cepción del mundo. Según el Influjo que procedió de estos tres
circuios de cultura, recibió la religión del alto dios otra forma.
Esto podemos ya ahora presentarlo a grandes rasgos, y todo
lo que hemos dicho en los trece primeros capítulos de este libro
viene aquí al caso; para mayores particularidades tendrán que ha
cerse todavía verdaderas investigaciones.
A) La su erte d e l ser su prem o en la cultura
AORARtO-MATRIARCAL
Cuando en la cultura agrario-matriarcal, mediante el cultivo
de plantas, introducido por vez primera por la mujer, esta adqui
rió Importancia económica y social, se formó, por un lado, un
culto de la madre tierra, y por otro lado, una forma religiosa de
mitología lunar, donde ia luna fue concebida como mujer, y pronto
entraron ambas figuras en relación.
Mediante la Influencia de la misma fue también muchas veces
concebido el sir supremo como femenino, o se le dió la tierra
como hija, hermana o esposa. La mujer luna tuvo como hijos una
pareja, In luna llena, que se convirtió en representante de todo lo
bueno y lodo lo hermoso, y pronto en la llam ada cultura bume-
rang rlvullzó con el ser supremo, se fundió con él o le desalojó,
CDUfAUM ('• u a MUQtONW 20
mientras que el representante de la luna oscura significa el tonto,
el odio3o, el malo, que se convirtió en el señor del infierno y de los
muertos.
En el culto de los muertos entre los hombres organizados en
sociedades secretas se desarrolló la idea de los espíritus y el ani
mismot que desalojó más todavía la religión del alto dios.
La ofrenda de las primicias vegetales se hacía a la Madre Tie
rra. De la ofrenda de comidas y bebidas, que se colocaban en la
tum ba del muerto, se desarrolló un nuevo sacrificio con la comu
nión, a menudo unida a él. Como la fuerza de vida de la sangre se
utilizaba a menudo para la m agia de la fertilización, nacieron de
aquí los sacrificios sangrientos, en especial el desgarrar el corazón
palpitante y la cacería de la cabeza, etc.
Véase al respecto todo el capitulo V il de esta obra.
B) La suerte d el ser suprem o en la c u lt u ra
TOTÉMtCO-PATRIARCAL
En la cultura totémico-patriarca), mediante los progresos que
se hicieron en el mejor armamento y en el perfeccionamiento de la
caza colectiva, se elevó la conciencia del hombre y de la tribu a
una creencia mágica activa, que aquí encontró su propio des
arrollo.
De manera todavía no completamente esclarecida se percibió
una especial relación del hombre con el sol, y así se desarrollaron
aqui las diversas formas de mitología solar. El sol se representó
como fuente de toda la fuerza de la Naturaleza, de toda la belleza
y de eterna vida, y de manera preferente bajo la figura de un sol
m atinal fresco y juvenil, al cual se hacían parecidos los jóvenes
mediante la consagración de la juventud, que aquí solo abraza a
muchachos.
El sol matinal, sometido al principio “ como hijo” al ser su
premo, fue ocupando poco a poco el primer plano al represenlarse
al ser supremo como sol de la tarde, cansado de la vida y débil
por la edad, que ya no entra en relaciones inmediatas con los
hombres.
El sacrificio quedó ahogado bajo la multitud de ritos mágicos
y bajo el robustecimiento de la conciencia humana.
Véanse al respecto tos capítulos IX y X de este libro.
C) La suerte d el ser su prem o en la cultura
OANADERO-PATR1ARCAL
El círculo de cultura ganadero-patriarcal de los pueblos nó
madas-pastores es el que más ha conservado de la religión del
alto dios de la edad primitiva. En sus extensos desiertos y estepas,
sobre los cuales rueda sin límites el alto cielo, su ser supremo se
ha convertido más todavía en dios del cielo, hasta tal punto que
pareció fundirse en uno con el cielo material.
La jerarquizaclón del orden social, que imperaba ya desde la
gran fam ilia patriarcal de este círculo cultural, elevó también a
este dios del cielo muchas veces del. contacto inmediato viviente
con los hombres y le dio diversos subórdenes de seres superiores,
solo mediante los cuales podía el hombre llegar al ser supremo, .fije
espaclalmente fue colocado en las reglones superiores del cielo.
Aquí llegó también, por un lado, a su completo desarrollo el
culto de tos antepasados y de los héroes; pero por otro, comienza
también a desarollarse la mitología de la Naturaleza y especial
mente la mitología astral.
Véanse al respecto los capítulos IV, VI, VIII, X I de este libro.
D) La suerte d el ser su prem o en LAS CULTURAS SECUNDARIAS
Y TERCIARIAS
Todas estas evoluciones se realizaron en partes muy diferen
tes de la tierra y en grados diversos de intensidad y de mezcla. La
pluralidad de formas de los seres supremos de aquí resultante se
aumentó más todavía cuando las culturas primarias entraron entre
sí y con las culturas primitivas en mezclas de diferente clase y en
diferente grado y así originaron las culturas secundarias y tercia
rías. Estas afectaron entonces, naturalmente, también la antigua
religión del dios del cielo y la hicieron descender cada vez más a
las regiones de las diversas mitologías astrales, del fetichismo, del
animismo, del manismo y de la magia, y a menudo la hicieron casi ’
desaparecer.
Véanse al respecto los capítulos V, VI, VIÍ y VIH.
r*
a
E) L a s u e r t e d e l a r e u q ió n e n l a s é p o c a s h ist ó r ic a s
Y aun cuando con el esplendor y riqueza creciente de la cultura
externa comenzó tam bién la religión a presentarse en formas cada
vez m ás brillantes y ricas en la infinita m ultiplicidad de sus figuras
de dioses y demonios, en la riqueza de sus templos, santuarios, bos
ques sagrados, en la m ultitud de sus sacerdotes y servidumbre, en
sus sacrificios y ceremonias, todo eso no nos puede inducir a en
gaño sobre el hecho de que en este brillo exterior y riqueza m u
chas veces desapareció la verdadera substancia de la religión y se
debilitó su fuerza Interior. Esto aparece de manera bastante fatal
en el terreno ético y social, y en su más íntima corrupción condujo
hasta la divinización de lo inmoral y de lo antisocial, ante todo
porque la figura del Ser Supremo fue relegada cada vez m ás tras
la m ultitud invasora de miltares de nuevos dioses y espíritus.
M ientras tanto 6lguló subsistiendo la antigua religión de la
época prim itiva en los pocos restos de la cultura primitiva entre
fragm entos de pueblos arrojados hasta los últimos confines; pero
dado el estancamiento, la pobreza y la mezquindad de sus relacio
nes, tuvo necesariamente que perder también allí mucho de su fuer
za y grandeza, de manera que tampoco entre ellos podemos, ni
con mucho, encontrar la verdadera imagen de la religión de la épo
ca prim itiva. Es empresa que requiere penosa investigación, re
construir sucesivamente, mediante muchos fragmentos empalide
cidos, el cuadro, lleno de vida, de esta religión.
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