A continuación, le presento un resumen del documento por capítulos, destacando los puntos
más importantes:
PRIMERA PARTE
I. Tarde de sol, paz de aldea: Adolfo Reyes regresa a su pueblo natal, San Javier de
Chirca, después de un tiempo en la capital. Lo encuentra humilde, terroso y
silencioso, muy diferente a la imagen que tenía. Reflexiona irónicamente sobre el
orgullo del pueblo por sus "tradiciones heroicas". Observa a una chola de pollera roja
y manto celeste, Claudina, que lo deslumbra por su vitalidad en medio de la quietud
del lugar.
II. La decadencia de Aniceto: Adolfo se encuentra con su madre, Doña Eufemia, quien
lo recibe con el "sacramental café" y muestra signos de envejecimiento y amargura
tras la muerte de su esposo, don Ventura. Adolfo es un "estudiante de provincia"
huraño y misógino en la capital, Sucre, apodado "El Viejo" por su seriedad. En su
paseo por el pueblo, Adolfo se encuentra con su primo Aniceto Díaz, quien antes era
distinguido y ahora está deteriorado por el alcohol, viviendo con su "socia" Petrona
Rodríguez en un tenducho humilde. Adolfo siente pena por Aniceto.
III. El "Werther" provinciano: Durante el domingo de misa, Adolfo y su primo
Fernando Díaz se encuentran con las jóvenes del "señorío" del pueblo. Elena Manrique
propone un baile para Adolfo, a lo que su hermana Irene se opone por las habladurías.
Fernando, con su carácter bromista, coquetea con Elena y luego con Julia Valdez, a
quien le dice que Adolfo la encuentra "antipática". Fernando bromea sobre la
disposición de las señoritas a "bailar" con él. A pesar de su luto, Adolfo es invitado a un
baile o almuerzo. Fernando finalmente le dice a Adolfo que Julia está interesada en él.
Adolfo, que se considera un hombre "fatalmente incapacitado" para el amor con
mujeres de sociedad, comienza a enamorarse de Julia, a la manera de Werther, lejos
del "don Juan".
IV. La Chaskañawi: Adolfo se siente aburrido de la vida en Chirca y desea irse.
Fernando intenta convencerlo de quedarse para Carnaval. Ven pasar a Claudina, a
quien Fernando llama "Chaskanawi" y elogia su garbo. Adolfo también la observa,
notando su belleza morena, gracia y ojos negros diamantinos. Van a su tienda, donde
se encuentra con su madre, doña Pascuala. Claudina, llena de "primaveral euforia",
impresiona a Adolfo, quien siente un "estremecimiento emocionado" al verla.
Fernando coquetea con Claudina. Bromean y beben "yungueños". Fernando enumera
sus conquistas, mientras Claudina y Adolfo se observan. Adolfo reflexiona sobre su "fin
de raza" y su fatiga vital. Claudina siente una poderosa y desesperada atracción por
Adolfo, se pone roja y su mirada relampaguea. Ambos cruzan miradas intensas.
Claudina siente un mareo y Adolfo se desconcierta. Al irse, Fernando comenta que
Claudina parece haberse enamorado de Adolfo, lo cual es inusual para ella.
V. Carnaval y revelaciones: Es Navidad. Julia está emocionada. Adolfo asiste a una
fiesta en "El Rosal" (casa de don Pascual Vega, padre de Amalia) y conoce a Miguel
Mariscal, el "tenorio" local. Adolfo se siente incómodo con la profesora Ernestina
Cárdenas, que le insinúa un comportamiento sexual "moderno". Durante la cena, los
hombres liberales discuten de política, y Mariscal presume de sus conquistas. Adolfo,
buscando escapar de la profesora, invita a Julia al jardín. Allí, le roba un beso y le
confiesa su amor, jurándole que la quiere más que a nadie después de su madre.
Julia, conmovida, llora de felicidad. La profesora, furiosa al verlos juntos, ataca a Julia
con insinuaciones. Más tarde, don Roque, padre de Julia, la lleva a casa, dejando a
Adolfo triste. Adolfo habla con doña Josefa Villafani, quien le aconseja no "perjudicar"
a Julia si no piensa casarse con ella. Fernando coquetea con su tía, doña Judith.
VI. Las secuelas de la jarana: Adolfo y Matilde Ruiz regresan del baile al amanecer.
Adolfo describe la melancolía y el sentimiento de culpa que experimenta después de
una fiesta, sintiendo que "alguien" lo persigue, una manifestación de su
remordimiento. Cita a Gregorio Reynolds para expresar esta sensación. Matilde se
asusta. Adolfo le dice que prefiere hablar de amor con una mujer bonita, no de
"sociología". Se despiden, y Adolfo, a pesar de la advertencia de Matilde sobre Julia, no
le da importancia.
VII. La agresión y la confesión: Mariscal, Fernando y Dr. Álvarez discuten la fiesta. El
Dr. Álvarez bromea sobre el interés de Adolfo por las "cholas". Julián Reyes invita a
Adolfo y Fernando a la casa de Claudina para un "picante". En la fiesta, Adolfo baila
torpemente con Claudina. Llega don Pascual y se une a la jarana. Gregorio Ustares
llega borracho y, en medio de la fiesta, insulta a Claudina, llamándola "querida del
Oscar Arraya". Adolfo reacciona violentamente, arrojándole una silla y gritando.
Julián los separa. La fiesta se disuelve. Adolfo y Fernando se quedan. Adolfo besa la
mano de Claudina, quien lo invita a una "laguita" al día siguiente. Fernando advierte a
Adolfo que Claudina es una "diabla", pero Adolfo le confiesa que la ama con una
intensidad nunca antes experimentada.
VIII. Julia y las habladurías: Elena visita a Julia y le cuenta, de forma exagerada, las
"calaveradas" de Adolfo con las "Airolinas" (Claudina y su familia), sus borracheras y
que estuvo abrazado a Claudina. Le aconseja a Julia que se enoje y actúe con "energía"
para atraparlo antes de que sea tarde. Elena incluso se ofrece a confrontar a Claudina,
amenazando con revelar sus asuntos con otros hombres. Julia, ingenua, se sorprende
de que se sepa tanto en el pueblo. Elena se va, satisfecha de haber sembrado la
intriga.
IX. La vergüenza y el engaño: Adolfo ha estado regresando tarde a casa. En la plaza, se
encuentra con Julia, Amalia y Luisita. Amalia lo reta por sus parrandas y sus "imillas". El
Dr. Álvarez pregunta sobre la pelea con Ustares. Amalia chismorrea que Adolfo fue
visto abrazado con Claudina. Julia está molesta pero disimula. Adolfo desestima su
enojo. Amalia insinúa que Julia tampoco es un modelo de "fidelidad". Adolfo se siente
avergonzado y abrumado por el juicio del pueblo.
X. La verdad de Julia: Adolfo va a nadar con Fernando. Al pasar por la casa de Julia, él
se detiene. Julia no está enojada con él, culpando a Amalia y a Fernando por sus
deslices. Adolfo se molesta por la tolerancia de Julia, a quien habría preferido
"inexorable". Ella insiste que él es incapaz de ir con "esas cholas" y que Fernando lo
llevó. En el río, Adolfo contempla el paisaje idílico de su tierra y lamenta los "malditos
prejuicios sociales" que impiden la "libre expansión de los instintos vitales" y la "vida
plena". Culpa a la sociedad por corromper al hombre.
XI. Año Nuevo y el dilema de Adolfo: Es Año Nuevo. Adolfo pasea con Julia y Amalia.
Se encuentran con don Germán Manrique, quien impresiona a Adolfo por su
"hombría". Amalia critica a las hijas de don Germán por ser ociosas y chismosas. En "El
Rosal", Julia le reclama a Adolfo que ha olvidado sus promesas de amor. Hacen una
apuesta: si Julia gana, él no volverá con "esa chola". Adolfo gana la apuesta al
encontrar las flores donde él dijo. Por la tarde, Adolfo y Julia caminan juntos del
brazo, él le exige el "pago" de la apuesta (un beso), y ella lo pospone, pidiéndole que
se porte bien. Ella le pregunta cuándo se irá a Sucre, y él confiesa que ha cambiado en
Chirca y quiere casarse con ella. Julia le cuenta un sueño premonitorio en el que un
toro la embiste y su acompañante (no Adolfo) la abandona. Adolfo intenta besarla,
ella resiste pero cede. La cocinera interrumpe la cita, y Julia entra a casa anhelando
más. Adolfo reflexiona sobre la fugacidad de los momentos de placer.
XII. La "amiga" y la "otra": Julián invita a Adolfo a la casa de Claudina. Adolfo acepta.
Claudina y su hermana Ignacia los reciben. Claudina pregunta si Adolfo se casará con
Julia. Adolfo lo niega, afirmando que Julia es solo una "amiga" y que él ama a "otra",
mirando significativamente a Claudina. La invita a la fiesta del día siguiente en
Chilcaya. Al despedirse, Adolfo y Claudina tienen una conversación tensa. Él insiste en
que ella es a quien ama, a pesar de que ella se declara "chola" y duda. Adolfo se va,
pensando que Claudina es la única mujer que lo hace temblar y que tal vez la ama
"aún en contra de su voluntad".
XIII. La locura de una noche: Adolfo asiste a la fiesta en Chilcaya. Claudina se muestra
cariñosa y alegre. Pasa la tarde bebiendo y mostrando públicamente su afecto por
Claudina. Más tarde, Adolfo sigue a Claudina a la cocina, intenta besarla, pero ella lo
rechaza violentamente por estar borracho. Perplejo, regresa a casa. Al pasar por la
casa de Julia, en un arrebato de ebriedad y despecho por el rechazo de Claudina, entra
a la casa de Julia (cuya puerta estaba abierta), la encuentra desvistiéndose y la asalta
brutalmente, sofocando sus gritos con besos. Julia, por miedo a ser descubierta, cede.
Adolfo sale de la habitación sin darse cuenta de lo que ha hecho, dejando a Julia
llorando.
XIV. Las consecuencias del acto: Adolfo despierta con remordimiento y confusión. Su
madre le insta a regresar a Sucre. Fernando lo visita, revelando que todo el pueblo
habla del "escándalo" con Claudina. Adolfo se siente aliviado de que no sea sobre
Julia, pero luego recuerda lo sucedido con ella y se ruboriza. Fernando le aconseja irse
de Chirca. Fernando pregunta si Adolfo ama a Claudina; Adolfo lo niega. Fernando
insiste en que la familia no aceptaría que un Reyes se "encholara" (se relacionara con
una chola), a diferencia de otros que pueden tener "cholas de tres al cuarto". Adolfo se
exaspera por la "presión del pueblo" y las "macanas" sociales, afirmando que lo único
que importa son los ojos de "La Chaskañawi". Adolfo le confiesa a Fernando que violó
a Julia. Fernando se queda atónito. Adolfo lo atribuye a la borrachera y la fatalidad,
expresando profundo remordimiento y desesperación. Julia, una mujer de "formalidad
y recato", había sido víctima de su "necesidad bárbara de poseer a una mujer" tras ser
rechazado por Claudina. Fernando le dice que solo le queda casarse con ella.
XV. La enfermedad de Julia: Fernando le dice a Adolfo que Julia está enferma, con
"excitación nerviosa" y que el médico la escuchó murmurar "Adolfo... Adolfo... ¿por
qué eres así...?". Fernando le aconseja visitarla, pero Adolfo solo va con él. Se
encuentran con el Dr. Pacheco, quien bromea sobre Adolfo haciendo "delirar a las
mujeres bonitas". El médico confirma que Julia sufría de fiebre y deliraba,
mencionando el nombre de Adolfo. Fernando explica que Julia se enfureció al saber de
Adolfo con Claudina en la fiesta. Más tarde, Adolfo ve a Claudina pasar, elegante, y
siente una "infinita pena", creyendo que "nunca, nunca, nunca será suya".
XVI. La humillación de Julia: Doña Gertrudis informa a Julia que Adolfo se irá a "La
Granja" y luego a Sucre. Julia, a pesar de su dolor, murmura que es "mejor que se
vaya", aunque luego no puede evitar un suspiro. Su madre le confirma que Adolfo se
ha "echado a perder" con las cholas, incluyendo su borrachera con Claudina. Julia se
siente traicionada y deshonrada, lamentando haber creído que Adolfo era "bueno,
noble, decente". Le atormenta la idea de que Adolfo estuvo con Claudina antes de ir
con ella, tratándola "como su sobra, su imilla, su trapo". Empeora de nuevo, y el
médico diagnostica fiebre nerviosa, "cosas de la juventud".
XVII. El embarazo y la promesa de matrimonio: Adolfo viaja a "La Granja" para la
partición de la herencia. Don Roque, padre de Julia, regresa a casa y se sorprende por
la enfermedad de su hija. Julia se siente "mancillada" y teme un embarazo. Sufre
pensando en cómo ocultarlo o la humillación si se revela. Considera el suicidio. Una
sirvienta, Damiana, le entrega una carta de Adolfo. Julia inicialmente la rechaza, pero
luego la lee. Adolfo le pide perdón por su "inconducta" y le promete, bajo su palabra
de honor, casarse con ella a su regreso. Julia piensa que, aunque él cumpla, nunca le
perdonará lo que hizo, especialmente después de haber estado con Claudina.
SEGUNDA PARTE
XXVI. La nueva pareja y las murmuraciones: Julia, ahora casada con Adolfo, está
enflaquecida y pálida. Las mujeres del pueblo, incluyendo las Manrique, observan a la
"nueva pareja". Irene comenta el sufrimiento de Julia. Antonia siente pena por Adolfo,
creyendo que Julia lo "obligó" a casarse. Elena se pregunta qué dirá Claudina. Irene la
llama "cínica". Elena revela que Claudina se jactaba de que Adolfo, a quien llamaba
"mi chunku", volvería a ella cuando quisiera, a pesar de su matrimonio con Julia.
Amalia, Miguel Mariscal y Fernando Díaz se unen. Mariscal bromea sobre el
chismorreo femenino, lo que enoja a Irene. Fernando, al considerar su partida, siente
nostalgia por su tierra y por Elena. Se compara con sus antepasados, hombres
"esforzados y corajudos", a diferencia de su generación de "señoritos". Llora al
despedirse de Elena.
XXVII. Matrimonio sin felicidad: Fernando, Irene y Amalia visitan a Adolfo y Julia en "El
Pensil". La casa de Claudina está cerrada. Amalia comenta que Claudina recibirá una
herencia si se "porta bien". Julia se muestra pálida y lánguida. Pasean por la chacra.
Fernando le revela a Adolfo que Claudina se ha ido a Mollepata y que Julia sabe lo
que Claudina dijo sobre Adolfo. Adolfo se muestra indiferente, diciendo que "tal vez
tiene razón". Fernando lo encuentra "incorregible". Los amigos discuten de política.
Las jóvenes lamentan que la alegría de antes haya muerto. Al irse, Irene observa que
Adolfo y Julia "no tienen cara de recién casados", sino de "momias", y Amalia
bromea que sus ilusiones han muerto. Elena afirma que es "peor vivir sin amor".
XXVIII. La despedida de Fernando: Fernando se despide de Elena y Amalia. El viaje a
Potosí es penoso; siente nostalgia de su terruño y se arrepiente de dejar su tierra y a
Elena por dinero, calificándose de "cobarde y egoísta". Piensa en Elena y su fuerza.
Canta versos melancólicos. Llega a la casa de su tía Justina en Chilcara, una mujer
austera que le recuerda a la España profunda. Allí, en la noche, escucha un canto de
amores y desventuras, un "sollozo derrotista" que le conmueve profundamente,
llevándolo a llorar.
XXIX. La soledad de Adolfo: Adolfo se siente solo tras la partida de Fernando. Se
pregunta qué será de Claudina, quien lo ha tratado con desprecio. Julia lo llama, y él le
responde agresivamente. Entra en el tenducho de doña Modesta y compra singani,
sintiendo horror de su "mujer oficial", Julia, que "le quita la soledad, sin darle la
compañía". Se emborracha. Piensa en Claudina, en su rechazo y su indiferencia, que lo
hieren profundamente. En el pueblo, la vida es monótona. Se une a sus amigos en una
mesa de póker, quienes discuten con pasión sobre la política y la amenaza del "cura"
Pérez. Adolfo se siente ajeno a todo eso, reflexiona sobre la "falta de carácter en la
inteligencia mestiza" de su gente, y se retira harto a su "esclavitud conyugal". Sus
amigos comentan que está "distraído" y que su tristeza es por Claudina, a quien ama,
mientras que con Julia se casó "por la fuerza".
XXX. La política del "Achacachi": Llega un nuevo Subprefecto, Dióscoro Yáñez, "El
Achacachi", un hombre violento enviado para asegurar las elecciones. Yáñez ataca
públicamente a don César Álvarez, líder liberal. La noticia enciende los ánimos, y los
liberales se reúnen para pedir garantías y organizar la defensa. Adolfo, a pesar de su
indiferencia política, se une. Don Agustín Villafani denuncia al Cura Pérez por incitar el
odio de clases y envalentonar a la "cholada". Se renueva el directorio liberal, con
Hipólito Ramírez como Presidente y Miguel Mariscal como Vice, acordando enviar
delegados para conseguir votantes y oponerse a Pérez y Yáñez.
XXXI. La política del "Taita" Pérez: Los republicanos, liderados por el Cura Pérez, se
reúnen. Pérez, un cholo resentido con el "señorío", ha ascendido socialmente y utiliza
su poder para vengarse de los liberales. Exhorta a sus "hijos" (los cholos) a la
venganza, citando "ojo por ojo". Promete el apoyo del Presidente. Sirven chicha y
aguardiente. Se elige el directorio republicano. Celebran el ataque a Álvarez. La turba,
borracha, sale a manifestarse, gritando "¡Viva Saavedra! ¡Abajo Montes!". Atacan a
Aniceto Díaz, un transeúnte, por no unirse a sus vivas. Luego, se anuncia que las
elecciones han sido anuladas, mostrando la futilidad de la política altoperuana.
XXXII. La huida y la preparación para las elecciones: Julián Reyes ataca al Subprefecto
Yáñez en la calle como venganza por Álvarez. Yáñez arresta a Álvarez. El Cura Pérez
telegrafía pidiendo el destierro de Álvarez, Julián y Adolfo. Un criado informa a Julia
que Adolfo y Mariscal están en la "lista negra". Adolfo le propone a Mariscal
esconderse en "La Granja" hasta que pasen las elecciones. Mariscal acepta, pero
insiste en que deben presentarse el día de las elecciones para "no correrse" del fraile y
sus matones. Deciden llevar electores de "La Granja" para reforzar su posición.
XXXIII. Mollepata y los ojos de la Chaskañawi: Adolfo y Mariscal parten hacia "La
Granja". Pasan por Mollepata. Mariscal entra a buscar electores. Claudina baja del
cerro y le pregunta a Adolfo por qué no ha querido entrar, insinuando que es por su
matrimonio. Adolfo le confiesa que no ama a su mujer y que Claudina es la única a
quien ama, y por ella "es capaz de dar su vida". Como prueba de su amor, le ofrece
regresar de mitad de camino. Claudina le dice: "Bueno, pues, si es como dices, que me
quieres de veras, vuélvete de medio camino". Mariscal los interrumpe, bromeando
sobre Adolfo y Claudina. Adolfo, emocionado, apenas puede despedirse. Se van, y
Adolfo solo ve "los ojos de la Chaskañawi".
XXXIV. La prueba de amor de Adolfo: Mariscal reúne electores y parten hacia Chirca.
Mariscal advierte a Adolfo que no se detenga en Mollepata. Al pasar, doña Clara y
Claudina los llaman. Claudina baja corriendo y le pregunta a Adolfo por qué no ha
querido entrar, insinuando que es por su esposa. Adolfo reitera que no ama a su
esposa y que Claudina es la única a quien ama, y por ella daría su vida. Claudina le
pide una prueba: que se regrese a "La Granja" si la quiere de verdad. Justo cuando se
van, Claudina le dice que, si la ama, se "vuelva de medio camino". Mariscal lo
interrumpe y se van. Adolfo agita su pañuelo a la distancia, y Claudina sonríe.
XXXV. El triunfo de la Naturaleza: Claudina se siente llena de una nueva vitalidad, una
"fuerza oculta y potente". Baja a lavar ropa al arroyo, cantando una copla de amor
("Yankja nini kay sonkoita..."). Adolfo regresa a caballo, cumpliendo la prueba de
amor de Claudina. La había dejado atrás con el pretexto de comprar singani. Adolfo la
abraza y la besa apasionadamente; ella le corresponde, diciendo: "¡Ay, recién te
quiero aura, vida mia!". Se encuentran solos, en un ambiente edénico y natural, "el
hombre y la mujer, casi vueltos a la edad primitiva". Adolfo encuentra paz en el
paisaje y en Claudina, contrastando su espíritu atormentado con la vitalidad
desbordante de ella. Claudina, un "fruto espontáneo del paisaje", representa la
materia triunfando sobre el espíritu, la sangre sobre la idea. Acuerdan encontrarse
más tarde en "La Palca".
XXXVI. Las elecciones y el caos: En el día de las elecciones, el Cura Pérez ordena a los
republicanos impedir la entrada de liberales a la plaza, prometiendo golpear al primero
que aparezca. Troncoso ataca brutalmente a Hipólito Ramírez. Los liberales se
reagrupan. Miguel Mariscal lidera a sus hombres de Viñapampa y carga en la plaza,
enfrentando a los republicanos y a la policía. Hay un tiroteo, y Hernán Martínez hiere
a un soldado antes de huir. Se desata una violenta pelea a pedradas y puñetazos, con
heridos y caos. Las elecciones en San Javier de Chirca son un "Troya".
XXXVII. La farsa electoral y sus consecuencias: Don Juan Manuel Díaz también es
atacado por Yáñez y obligado a huir. Yáñez ordena dispararle (tiros de fogueo).
Olegaria lleva a Mariscal a su casa para atrincherarse. Los republicanos se hacen con el
control y, en el escrutinio, Gabino Villanueva es proclamado Presidente, obteniendo
la mayoría de votos. El Cura Pérez lidera una manifestación triunfal. Aniceto Díaz,
ajeno a la política, es brutalmente golpeado por la turba republicana. Poco después,
la noticia de que las elecciones han sido anuladas, lo que se atribuye a la "política
altoperuana", revela la farsa y la inutilidad de los esfuerzos.
XXXVIII. La vida en La Palca: Adolfo cabalga hacia "La Palca", donde Claudina está
amasando pan y horneando. Ella lo recibe con bromas, desafiándolo a ayudar,
diciendo que los doctores no trabajan. Adolfo, encantado, la ayuda con el horno.
Comen "picante de gallina". Claudina pregunta si Julia sabe amasar pan, y Adolfo
desprecia a su esposa, llamándola "un clavo" que se queja de neuralgia. Claudina lo
acusa de haberla rechazado antes. Ella señala un "Bientefué" (pájaro de buena suerte).
Beben vino. Adolfo elogia la belleza y "amargura enloquecedora" de Claudina. Ella lo
despide, invitándolo a una cita secreta al día siguiente en Cruzwaico para evitar a doña
Clara. Adolfo la besa apasionadamente.
XXXIX. El idilio secreto: Adolfo recibe una carta de Julia informándole de los desmanes
políticos y aconsejándole permanecer en "La Granja". Adolfo piensa que es mejor que
Julia no sospeche nada. Adolfo visita a Claudina cada tarde en Mollepata, a veces en
secreto en un callejón. Claudina le advierte que no venga por unos días porque su tía
sospecha. Le pide que venga el 6 de julio, cumpleaños de doña Clara, con un regalo de
copas. Adolfo se aburre en su ausencia. Claudina se burla y le sugiere distraerse con
"imillas". Adolfo se siente cautivado por la gracia de Claudina y jura que será suya
"aunque tenga que pelearse con Dios y con el Diablo".
XL. La fiesta de cumpleaños y la revelación: El peón Remigio Chambi comenta sobre el
derroche de Adolfo en el regalo para doña Clara, insinuando su amor por Claudina.
Adolfo va a la fiesta de cumpleaños de doña Clara en Mollepata. Se encuentran allí
varios invitados. Claudina lo regaña por la tardanza, y los invitados le obligan a beber
el doble. Al ser su cumpleaños, doña Clara estrena las copas que Adolfo le regaló y
sirve vino añejo. Ladislao, Hernán y Guillermo tocan música. Hablan de los buenos
vinos y fiestas de don Ventura, padre de Adolfo. Hernán hace un comentario con doble
sentido sobre Adolfo y las "gallinas" (cholas). Claudina se niega a bailar, diciendo que
está "de servicio" y que las "señoritas" deben bailar. Ella accede, pero baila de mala
gana, sabiendo que la juzgan. Adolfo la sigue a la cocina, donde ella le reclama,
diciendo que él debe bailar con las "señoritas" de su clase, ya que ella es solo una
"sirvienta" y una "chola". Adolfo la consuela, diciéndole que vale más que "cien veces
esas señoritas tilingas". Continúa la fiesta. Adolfo se escabulle a la bodega para buscar
a Claudina. La encuentra triste. Adolfo la abraza con violencia y la hace suya, a pesar
de la resistencia inicial de ella. Claudina, ya entregada, lo abraza con fuerza, y le dice:
"Desde ahora... has de ser mío, mío, mío... y de nadie más". Adolfo se va
sigilosamente de regreso a "La Granja".
XLI. Las cartas y el fracaso de Adolfo: Adolfo despierta indispuesto. Recibe dos cartas:
una de Julia, airada, amenazándolo con ir a "La Granja" si no vuelve a San Javier por
sus "amores criminales" con Claudina. La otra, de su amigo Armando Matienzo de
Sucre, lo reprende por abandonar sus estudios y aspiraciones, mientras sus
compañeros progresan y él se "pierde" en el campo, dedicado al alcohol y las mujeres.
Adolfo reflexiona sobre su "falta de voluntad", su "crisis mística" a los 18 años, su
"hastío vital" y la "muerte de Dios" que lo dejaron sin propósito. Se ve como un
"hombre decadente", un "fin de siglo", "fragmentario", con un "divorcio cósmico"
entre su alma europea y el paisaje andino. Decide reaccionar, ir a San Javier, dejar a
Julia con su madre, y regresar a Sucre para terminar sus estudios y reconstruir su vida.
Recibe una invitación de Ladislao Paredes para volver a Mollepata. Adolfo la rechaza y
se dirige a San Javier.
XLII. El destino de Julia y la decisión de Adolfo: Cinco días después, Adolfo sigue en
Chirca, dispuesto a viajar a Sucre. Julia, resignada, acepta su partida, esperando que la
distancia lo cure de Claudina y que su futuro hijo los una. Mariscal le aconseja terminar
sus estudios. En la plaza, Claudina pasa con Oscar Arraya, riendo escandalosamente.
Adolfo, celoso, se sorprende y asquea. Impulsado por el odio, confronta a Claudina en
el Mercado. Pelea a golpes con Oscar Arraya, quien le reprocha que está casado.
Adolfo grita que Claudina es "más su mujer que nadie". Las mujeres los separan.
Adolfo arrastra a Claudina por la plaza para demostrar que es suya. Pasan por la casa
de Julia, quien los ve y cae desmayada. Claudina se ríe con desdén. Adolfo la sigue a su
casa. Allí, Claudina le exige que abandone a su mujer y se quede solo con ella, ya que
ella ha sacrificado su honor por él. Ella le dice que él es suyo para siempre y no
escapará "ni con la ayuda de toda la Corte Celestial". Ella lo invita a quedarse a
almorzar y pasar la noche. Al día siguiente, el pueblo se escandaliza con la noticia:
Adolfo Reyes ha huido con la "Chaskañawi" a "La Granja".
XLIII. La vida en La Granja y la profecía de Claudina: Claudina despierta a Adolfo en
"La Granja" con el desayuno, llena de euforia y vitalidad. Adolfo, en cambio, está
atormentado por su conciencia y su falta de voluntad. Se pregunta por qué no
abandona sus pretensiones intelectuales y se dedica a ser agricultor. Reflexiona sobre
su "crisis mística", su "hastío vital" y su condición de "hombre fragmentario". Claudina
interrumpe sus pensamientos, y él, al ver su vientre abultado, comprende que está
embarazada. Adolfo sonríe, ya no como un "fin de siglo", sino como un "páter
familias", y desea que su hijo sea un hombre fuerte de la sierra andina, no un "doctor
inútil" como él. Se siente ligado a Claudina y concluye que "en la Universidad... está la
muerte. Aquí está la vida".
EPÍLOGO
El reencuentro y el nuevo Adolfo: Doce años después, Fernando Díaz regresa a San
Javier, desilusionado de su trabajo en Potosí, donde se siente como un "esclavo". Se
encuentra con Adolfo Reyes, quien ahora es un "honrado agricultor" e "industrial en
vinos y licores" en "La Granja". Adolfo ha abandonado sus "metafísiqueos fin de siglo"
y se ha adaptado a la vida rural. Le revela a Fernando que Julia murió de eclampsia al
año de su partida, y su madre falleció al año siguiente. Con la ayuda financiera de
Claudina, compraron la parte de "La Granja" a su hermana Berta, y la propiedad ahora
pertenece a sus tres hijos, a quienes Adolfo no manda a la escuela, prefiriendo que
sean agricultores. Adolfo le cuenta el destino de la familia Manrique y cómo Elena se
ha convertido en una empresaria minera. Claudina, al ver a Adolfo bebiendo, lo
reprende con su habitual energía y fuerza, demostrando que lo domina. Fernando se
va de la casa de Adolfo con una "indefinible sensación de tristeza", observando la
decadencia del pueblo y su propia ruina. Reflexiona que Adolfo necesitaba una mujer
como Claudina, con "fuerza" para manejarlo, ya que él es "como una guagua, sin
voluntad, sin carácter". La obra concluye con las campanas del Ángelus, simbolizando
la vida como "arcilla maleable en manos del destino".