Cambio climático se define[1][2] como la variación en el estado del
sistema climático terrestre, formado por la atmósfera, la hidrosfera, la
criosfera, la litosfera y la biosfera, que perdura durante periodos de
tiempo suficientemente largos (décadas o más tiempo)[2] hasta
alcanzar un nuevo equilibrio. Puede afectar tanto a los valores medios
meteorológicos como a su variabilidad y extremos.
Esquema ilustrativo de los principales factores que afectan a un
cambio climático.
Los cambios climáticos han existido desde el inicio de la historia de la
Tierra, han sido graduales o abruptos y se han debido a causas
diversas, como las relacionadas con los cambios en los parámetros
orbitales, variaciones de la radiación solar, la deriva continental,
periodos de vulcanismo intenso, procesos bióticos o impactos de
meteoritos.[3] El cambio climático actual es antropogénico y se
relaciona principalmente con la intensificación del efecto invernadero
debido a las emisiones industriales procedentes de la quema de
combustibles fósiles.[4][5]
Los científicos trabajan activamente para entender el clima pasado y
futuro mediante observaciones y modelos teóricos. Para ello recopilan
un registro climático del pasado remoto de la Tierra basado en la
evidencia geológica a partir de sondeos geotécnicos de perfiles
térmicos, testigos de hielo, registros de la flora y fauna como
crecimiento de anillos de árboles y de corales, procesos glaciares y
periglaciares, análisis isotópico y otros análisis de las capas de
sedimento y registros de los niveles del mar del pasado. Cualquier
variación a largo plazo observado a partir de estos indicadores
(proxies) puede indicar un cambio climático.
El registro instrumental provee datos más recientes. Buenos ejemplos
son los registros instrumentales de temperatura atmosférica y las
mediciones de la concentración de CO2 atmosférico. No debemos
olvidar el enorme flujo de datos climatológicos procedente de los
satélites en órbita pertenecientes principalmente de los programas de
observación de La Tierra de NASA[6] y ESA.[7]
Los modelos de circulación general se utilizan a menudo en los
enfoques teóricos para intentar reconstruir los climas del pasado,[8]
realizar proyecciones futuras[9][10] y asociar las causas y efectos del
cambio climático.[11]
Forzantes internas y externas del sistema climático terrestre.[12][13]
Los factores externos que pueden influir en el clima son llamados
forzamientos climáticos.[1][2] Los forzamientos climáticos son
factores que inciden en el balance de energía del sistema climático,
modificando la cantidad de energía que el sistema recibe del Sol o la
cantidad de energía que el sistema pierde por emisión desde la Tierra
al espacio exterior. Los climatólogos que estudian el cambio climático
actual, suelen denominarlos forzamientos radiativos y consideran
básicamente cuatro de ellos: la cantidad de la radiación solar en lo
alto de la atmósfera (constante solar), el albedo terrestre, la
concentración de gases de efecto invernadero y la concentración de
aerosoles tanto de procedencia natural, como son los procedentes de
erupciones volcánicas, como los de origen antropogénico que
proceden de actividades humanas, entre otros.
Los paleoclimatólogos, sin embargo, consideran como forzamientos
climáticos externos un rango mucho más amplio de fenomenología
extraterrestre que incluyen las variaciones en los parámetros
orbitales de la Tierra o la caída de meteoritos.[14] Las variaciones
orbitales, por ejemplo, cambian la distribución geográfica y estacional
de la radiación solar pero apenas modifican el balance de energía
planetario, es decir, no constituyen un forzamiento radiativo
relevante. Precisamente, uno de los objetivos de climatólogos y
paleoclimatólogos es entender qué mecanismos amplificadores
inducen estas variaciones orbitales para explicar los diferentes ciclos
glaciales que se han producido en la historia de unestro planeta.[15]
En cuanto a los procesos internos, desde el punto de vista
climatológico se estudia principalmente la variabilidad natural[1][2]
dentro del mismo sistema climático que no provoca cambios en el
balance radiativo de la atmósfera. Esta variabilidad se produce como
resultado de la interacción dinámica entre la atmósfera y el océano
típicamente en escalas temporales de unos años a unas pocas
décadas. Los fenómenos más conocidos de esta variabilidad interna
son la circulación termohalina y ENSO (El Niño). Así, por