Todo esto es un sueño. Lo sé, lo siento.
Estoy atrapado en el caos de mi
propio inconsciente. Las líneas entre el pasado y el presente se
desdibujan, y mis recuerdos y miedos se entrelazan en una tormenta de
imágenes. Estoy en la casa. Miro a lo lejos y veo a mi tío Jishin
llevándose a mis hermanos, Sokuho y Aranami. Como antes, ellos son
los talentosos, los que él adoptó para convertir en guerreros. Yo, como
siempre, me quedo atrás, en casa, con mis padres.
Veo a mi padre, Arashi, sentado en el jardín. La luz del atardecer cubre
todo con una calma color oro, como si el tiempo no existiera aquí. Me
siento a su lado cuando me invita.
“¿Qué sientes cuando ves a tus hermanos?, se honesto” me pregunta.
La pregunta me cae como una piedra.
Dudo, pero finalmente le respondo, mirando hacia donde mis hermanos
se alejan. “Siento… rabia.”
“¿Contra ellos?” Su voz es tranquila.
“No, contra mí. Porque no soy como ellos.” Siento el peso de la
frustración en mi pecho.
Entonces, su mano se posa en mi espalda. “Nunca serás como ellos,
Manabu… ¿Sabes por qué?”
En busca de respuestas, levanto la vista hacia él, pero no es mi padre el
que me mira ahora. Son los ojos de Koto. Siento un escalofrío recorrer mi
cuerpo.
“Porque eres una rata traidora.”
De repente, todo se oscurece. La casa se desvanece y el frío del aire se
vuelve insoportable. Quiero moverme, pero no puedo. Todo a mi
alrededor cambia, me siento arrastrando hacia un tribunal oscuro, las
sombras me atrapan. Estoy en el centro, inmóvil. Masanosuke, mi
maestro, aparece frente a mí, con esa sonrisa siniestra. Me toma de los
hombros y, mirándome, se burla de mí.
“¿Qué pasa, Manabu? Se acabó el tiempo. No puedes huir de tu propio
juicio.”
Extiende un brazo hacia la oscuridad y con una voz poderosa anuncia:
“primera acusación: ¡Traición a tu linaje!”
Una luz se enciende, y bajo ella veo a Sokuho y Aranami. Me ven como
nunca antes, su desprecio hiela mi sangre. Hablan al unísono, una sola
palabra me atraviesa.
“Culpable.”
Siento un fuerte ardor en el pecho. Mi vergüenza me consume. No puedo
moverme, no puedo hablar.
“Segunda acusación: ¡La traición a tu palabra!”
Otra luz se enciende. El hijo más joven de los Tomogawa, con el cuello
ensangrentado, me señala con una mirada que parece perforar mi alma.
“Culpable.”
“Tercera acusación: ¡Traición a quienes te tendieron una mano!”
Luego, el rugido de Koto inunda la oscuridad, su voz rerumba en el
centro de mi ser. “¡CULPABLE!”
El resto de las luces se apagan, y el peso de las acusaciones cae sobre
mí como una montaña. No puedo negarlas, son verdades que me hieren
más de lo que quiero admitir.
“No… basta. Este… este es el verdadero infierno…”
Masanosuke sonríe, divertido con mi sufrimiento. “Has huido toda tu
vida, Manabu. Huiste de tu apellido, de tu responsabilidad, de tu destino.
Y ahora te preguntas por qué el infierno te persigue. No puedes escapar
de lo que eres… peeeero puedes decidir lo que serás.”
Me señala hacia una pequeña figura iluminada a lo lejos. Me acerco y me
veo a mí mismo, pero más joven, de 10 años, sosteniendo mi espada.
“Papá me ha regalado una espada… ¿Recuerdas qué le dijiste que harías
con ella?”
Las palabras que pensé haber olvidado regresan como un eco. Mi
estómago se hunde mientras las murmuro casi sin darme cuenta: “…
Haré mi propio camino. Quiero ser el tipo de hombre que pueda caminar
hombro a hombro con los grandes, como el tío Jishin y tú, papá.”
Mi mirada cae al suelo. Esa promesa olvidada ahora me enfrenta. No
solo traicioné a todas estas personas, también traicioné a mi propio
sueño. El dolor de esa verdad me destroza.
Masanosuke sonríe, siempre disfrutando mi confusión. “Te habías
olvidado de tus propias palabras. Fuiste tú quien decidió salir de casa
para hacerte un nombre. Pero ahora, en tu vergüenza, en tu miedo, te
preguntas si puedes redimirte… La verdadera pregunta es: ¿Aún te
importa?”
El Manabu niño me mira, como esperando una respuesta que no sé dar.
Siento la presión de Koto en la espalda, el miedo me empuja a rendirme.
Pero en algún rincón de mí, hay algo que a pesar de todo todavía no está
dispuesto a rendirse…
“No… ya no más… No voy a traicionarme a mí mismo también… Yo…
quería ser recordado, más que nada quería ser recordado!, No como un
cobarde, no un traidor… quiero ser una leyenda…, sin huir a ningún otro
lugar, aquí en Zen-Zen, quiero ser el primer Sakamata en ser una
leyenda aquí… Ya he huido suficiente…”
Masanosuke se ríe, satisfecho. Todo a mi alrededor comienza a
desvanecerse, Koto, el tribunal, el Manabu niño. Solo queda el vacío, lo
último que escucho es la voz de Masanosuke…
“El jurado se tomará su tiempo para evaluar las pruebas… el juicio entra
en receso.”