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La lucha y organización de la clase trabajadora en Bolivia

El capítulo aborda la importancia de la organización obrera en Bolivia, destacando la independencia de los sindicatos y su papel en la lucha de la clase trabajadora contra los gobiernos capitalistas. Se enfatiza la necesidad de elegir buenos dirigentes y la solidaridad entre los diferentes sectores sindicales, así como el papel del Comité de Amas de Casa en la lucha por la liberación del pueblo. Finalmente, se subraya que cada individuo tiene un papel crucial en la revolución y que la unidad es fundamental para alcanzar la libertad y el socialismo en Bolivia.
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La lucha y organización de la clase trabajadora en Bolivia

El capítulo aborda la importancia de la organización obrera en Bolivia, destacando la independencia de los sindicatos y su papel en la lucha de la clase trabajadora contra los gobiernos capitalistas. Se enfatiza la necesidad de elegir buenos dirigentes y la solidaridad entre los diferentes sectores sindicales, así como el papel del Comité de Amas de Casa en la lucha por la liberación del pueblo. Finalmente, se subraya que cada individuo tiene un papel crucial en la revolución y que la unidad es fundamental para alcanzar la libertad y el socialismo en Bolivia.
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Capítulo 7

La organización obrera

La tradición de lucha del pueblo boliviano la debemos principalmente a la clase trabajadora, que no ha
permitido que los sindicatos caigan en manos de los gobiernos. El sindicato siempre debe ser una organización
independiente y debe seguir los lineamientos de la clase trabajadora. Esto no quiere decir que sea apolítico.
Pero, bajo ningún pretexto puede ponerse el sindicato al servicio del gobierno, porque si tomamos en cuenta
que nuestros gobiernos de hechura capitalista representan a los patrones, defienden a los patrones, nunca el
sindicato tiene que estar al servicio de ellos.

La clase minera está organizada en sindicatos. Por ejemplo, aquí donde vivo, hay cinco sindicatos que son el de
los Mineros de Siglo XX, el de Catavi, el 20 de octubre de los Locatarios, el de los Veneristas y el de los Lameros.
Los sindicatos están a su vez agrupados a nivel nacional en la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de
Bolivia (FSTMB). Pero existen también los sindicatos de los constructores, fabriles, transportistas, campesinos,
ferroviarios, etc. Y cada grupo de estos sindicatos también tiene su federación. Todas estas federaciones están
agrupadas en la Central Obrera Boliviana (la C.O.B.) A través de documentos y de congresos se organizaron
todos los grupos sindicales, así, en forma general. Y si, por ejemplo, los mineros tienen un problema
determinado, los fabriles tienen otro problema, todo eso se anota en un papel y en un congreso se dice: por los
mineros vamos a hacer esto, por los fabriles esto y toditos nos vamos a poner hombro a hombro sobre estos
problemas. Es así que trabaja la COB. Cuando, por ejemplo, a los fabriles les están atacando duro, les están
liquidando, la COB llama a manifestación a todos los sectores y entonces, campesinos, mineros, todos apoyan a
estas fábricas. Y si a los mineros los golpean, entonces la COB también llama a los otros sindicatos y todos
colaboran.

Yo pienso que el sindicato, la federación, la Central Obrera Boliviana, son nuestras representaciones, son
nuestra voz, y por esto debemos cuidarlas como a la niña de nuestros ojos. También pienso que en esta labor de
organizarnos, hay que darle una atención primordial a la formación de los dirigentes. En el pasado, por nuestra
poca preparación, por nuestra falta de vigilancia revolucionaria, por nuestra falta de solidaridad, muchos
dirigentes se han vendido al gobierno. A veces, porque los escogíamos mal. Por ejemplo, teníamos el gran error
de fijarnos en un tipo que hablaba bonito y ya decíamos: “¡Ucha!...¡Qué bien habla este tipo! Ha de ser buen
dirigente”. Y muchas veces no era así. No todos los que hablan bonito saben actuar bien. Otras veces
hallábamos a un tipo realmente sano, honesto, que quiera estar al servicio de la clase trabajadora. Lo elegíamos
y nos olvidábamos de él, y lo dejábamos solito a enfrentarse con el gobierno, con la empresa. Y estos le
armaban muchos líos. Y finalmente, ¿qué pasaba? Que algunos se vendían al gobierno: otros eran muertos o los
hacían desaparecer. Y así nunca teníamos a un buen dirigente. ¿Por qué? En gran parte por culpa de nosotros.

Pero, a través de los años, fuimos aprendiendo y comprendiendo el valor de la solidaridad. Y también han
surgido dirigentes revolucionarios bastante comprometidos con la clase trabajadora, que comenzaron a
orientar bien al pueblo. Entonces, los gobiernos han utilizado la fuerza de las armas para doblegarnos. Y
producto de esto fueron las masacres de 1942, 1949, luego dos en 1965 y 1967. Masacres bién feas, donde han
perdido la vida cientos y cientos de personas y mineros.

Y en vez de servir esto como una cosa que escarmienta y que da miedo al pueblo, más bien ha servido para
fortalecernos más y más. Y corrigiendo los errores del pasado, en los últimos 20 años se han formado varios
dirigentes sanos y fuimos aprendiendo la importancia de bien escoger los dirigentes y de tener con ellos una
gran solidaridad, controlándolos, apoyándolos y criticándolos cuando no actúan como deben. Y cuando un
dirigente está preso, es bien importante que sienta nuestra solidaridad, no solamente para con su persona, sino
también para con su familia. Bueno, cualquier compañero que sea puesto en la cárcel debe poder contar con
esta actitud por parte de nosotros. Uno se olvida del sufrimiento personal que ha tenido en la cárcel, de la
paliza que le han dado, de que su rostro ha sido desfigurado, cuando llega a la casa y los hijos le dicen: “Papá,
mamá, el sindicato, los compañeros, nos han dado pancito”. Entonces sí, si uno es honrado y honesto, se
compromete para siempre con su pueblo y no hay fuerza capaz de separarlo de su pueblo que le mostró esa
confianza y esa solidaridad.
Nosotros hemos tenido esta experiencia. Hemos tenido compañeros que han preferido morir a traicionarnos.
Muchos dirigentes han sido deportados, torturados, muertos. Solamente para citar a algunos: Rosendo Garcia
Maisman murió en la masacre de San Juan, en 1967, defendiendo al sindicato. A Cesar Lora lo siguieron al
campo y allí mismo lo mataron. A Issac Camacho lo apresaron y lo hicieron desaparecer los agentes del
gobierno. A Federico Escobar lo mataron, primeramente pagando al chofer de un camión para que lo vuelque;
Federico quedó herido y lo llevaron a operar en una clínica de La Paz, y al empezar la operación se murió, y
hasta hoy no nos aclaran las circunstancias de su muerte. Nosotros seguimos pensando que lo mataron en el
hospital.

Aquellos dirigentes han aprovechado los años en que estuvieron en la dirección para enseñar a la clase
trabajadora a que se organizara bién y no se dejara engañar. Y actualmente, aunque maten a unos 50, apresen a
uno 100 o boten a unos 500, el gobierno no consigue hacer doblegar a la clase trabajadora.

¡Qué no ha hecho, el gobierno y los capitalistas, para acabar con la fuerza de los sindicatos, con la unidad del
pueblo! Primeramente nos reprimen, muchas veces brutalmente, hasta masacrarnos en algunas oportunidades.
Después mandaron agentes de la ORIT (Organización Regional Interamericana del Trabajo) a dictar cursillos en
las minas. Esta organización internacional es dirigida por los Estados Unidos, que ha creado unos “sindicatos
independientes” o afiliados a esta organización, pero ¿qué tiene de malo eso? Que en vez de defender a los
trabajadores, defienden a la empresa, al patrón, al gobierno. Así, nos han tratado de dividirnos, pero el pueblo y
los trabajadores se han dado cuenta y desconocen a esos sindicatos paralelos creados y dirigidos desde Estados
Unidos con el apoyo del gobierno.

Nosotros teníamos testimonios, documentaciones, grabaciones en nuestro sindicato y en nuestra radio,


dejábamos todo registrado, pero el gobierno mandaba a los militares a que destrozaran todo. Y esas cosas nos
hubieran servido bastante para analizar la situación de los trabajadores y de los mineros, toda la información se
ha perdido. Esa era otra forma más de golpear y debilitar a la clase trabajadora.

El Comité de Amas de Casa siempre estuvo a la par de los sindicatos y otras organizaciones de la clase
trabajadora, luchando por las mismas causas. Y por estos motivos, el gobierno, también nos ha atacado. Varias
de nosotras hemos sido apresadas, interrogadas, encarceladas y hasta perdimos a nuestros hijos por estar en la
lucha con nuestros compañeros. Pero el comité no ha muerto. Y en estos últimos años, a un llamado de sus
dirigentes, hasta cuatro mil, cinco mil mujeres han salido en manifestación.

El Comité de Amas de Casa está organizado al igual que el sindicato y funciona a la par de él. También tenemos
parte en la Federación de Trabajadores Mineros y tenemos nuestro lugar en la Central Obrera Boliviana.
Siempre hacemos escuchar nuestra voz y estamos atentas para ejecutar las tareas que se propone la clase
trabajadora.

Porque nuestra posición no es una posición como de las feministas. Nosotras consideramos que nuestra
liberación consiste primeramente en llegar a que nuestro país sea liberado para siempre del yugo del
imperialismo y que un obrero como nosotros esté en el poder y que las leyes, la educación, todo sea controlado
por él. Entonces sí, vamos a tener más condiciones para llegar a una liberación completa, también en nuestra
condición de mujer. Lo importante, para nosotras, es la participación del compañero y de la compañera en
conjunto. Solo así podremos lograr un tiempo mejor y más feliz. Porque si la mujer va seguir ocupándose
solamente del hogar y permaneciendo ignorante de las otras cosas de nuestra realidad, nunca vamos a tener
ciudadanos que puedan dirigir a nuestra patria. Porque la formación empieza desde la cuna. Y si pensamos en el
papel primordial que juega la mujer como madre que tiene que forjar a los futuros ciudadanos, entonces, si no
está capacitada, ella va forjar a los futuros ciudadanos mediocres, fáciles de ser manejados por el capitalista,
por el patrón, por el gobierno. Pero si ya está politizada, si ya tiene formación, desde la cuna forma a sus hijos
con otras ideas y los hijos ya van a ser mejor que los padres. Solo así construiremos a nuestra nación, con capital
humano fuerte y de calidad, con ciudadanos preparados, con mujeres y madres capacitadas, estudiadas.

Es así, a grandes rasgos, como estamos trabajando nosotras. Y con sus actos, muchas de mis compañeras han
demostrado que pueden asumir un papel importante al lado de los trabajadores. Y nuestro comité ha dado
pruebas de que puede ser un aliado fuerte para los intereses de la clase trabajadora. Alguien dijo que “a las
ideas y aspiraciones de un pueblo no se los mata con bala”. Creo que esta es una gran verdad. Ya muchos han
caído y muchos van a seguir cayendo, pero sabemos que nuestra liberación un día va a llegar y que el pueblo va
a estar en el poder.

Por supuesto que eso no nos va a ser regalado. Va a costar mucha sangre, mucha lucha, como ha ocurrido con
otros pueblos. Por eso también es tan importante que tengamos contacto con los pueblos que ya viven en el
socialismo, tener conocimiento de las conquistas de los pueblos que ya se liberaron del imperialismo. No para
copiar sus experiencias, sino para comparar con la realidad en que vivimos y ver que nos pueden aportar las
experiencias que ellos tienen y que los han llevado al poder. En Bolivia procuramos hacer esto y las ideas
socialistas penetraron en la clase trabajadora de tal forma que en el último Congreso de la Central Obrera
Boliviana, en el año de 1970, surgió la resolución de que “Bolivia solamente será libre cuando sea un país
socialista”.

Finalmente, yo pienso también que es primordial saber que todos somos importantes en la lucha
revolucionaria. Somos una maquinaria tan grande y cada uno de nosotros somos un engranaje. Y por falta de un
engranaje, la maquinaria puede dejar de funcionar. Entonces, a cada uno hay que darle un papel. Algunos son
buenos para hablar, otros para escribir, otros servimos para hacer bulto en las luchas con nuestra presencia,
algunos tenemos que sufrir y hacer el papel de mártir cuando somos apresados y torturados. Y así tenemos que
colaborarnos todos. Y como nos dijo una vez un dirigente: “Nadie, nadie es inútil, todos tenemos nuestro papel
a jugar en la historia. E incluso se va a necesitar de un hombre que sepa clavar bien un zapato, porque hasta por
eso se puede perder una batalla, una revolución”. Entonces, nadie se debe creer inútil: de alguna forma o de
otra podemos colaborar. Todos somos indispensables para la revolución. Todos vamos a contribuir a nuestra
manera. Lo importante es que estemos bien encauzados en la lucha de la clase trabajadora y que cada uno haga
lo que se le asigne según sus posibilidades.

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