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Clasificación de Contratos en el Código Civil

El nuevo Código Civil y Comercial establece clasificaciones de contratos, eliminando la categoría de contratos reales y considerando todos como consensuales. Se introducen clasificaciones adicionales basadas en la función económica y se detallan los contratos unilaterales y bilaterales, así como los contratos a título oneroso y gratuito. La distinción entre estas categorías es crucial para la interpretación y aplicación de las obligaciones contractuales.

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Clasificación de Contratos en el Código Civil

El nuevo Código Civil y Comercial establece clasificaciones de contratos, eliminando la categoría de contratos reales y considerando todos como consensuales. Se introducen clasificaciones adicionales basadas en la función económica y se detallan los contratos unilaterales y bilaterales, así como los contratos a título oneroso y gratuito. La distinción entre estas categorías es crucial para la interpretación y aplicación de las obligaciones contractuales.

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UNIDAD N° 2

Clasificaciones explícitas adoptadas por el Código. Supresión de la


categoría de los contratos reales

El nuevo Código Civil y Comercial conserva las clasificaciones clásicas de los


contratos: unilaterales y bilaterales, a título oneroso y gratuito, nominado e
innominado. Y agrega a los que estaban previstos en el Código Civil, a las
categorías de conmutativos y aleatorios, formales y no formales. Desaparece la
clasificación de contratos consensuales y reales, pues todos los contratos pasan a
ser consensuales. De tal forma, los contratos reales funcionarán como contratos
consensuales.

Clasificaciones implícitas en el Código

De la lectura del Código Civil emana la existencia de otras clasificaciones posibles


de los contratos; tales son los de ejecución inmediata y de ejecución diferida, de
ejecución única y de duración, causados y abstractos. En el Código Civil y comercial
encontramos también algunas posibles clasificaciones: discrecionales y por
adhesión a cláusulas generales predispuestas, pudiendo también concebirse como
una especie los contratos de consumo; se incorporan los de larga duración

Clasificaciones de acuerdo a la función económica del contrato

Según la función económica que cumplen se distinguen los contratos de cambio


(compraventa, donación, cesión, permuta), los de transferencia de uso (locación,
comodato), de custodia (depósito, caja de seguridad), de representación (mandato),
de garantía (fianza, la constitución de prenda o de hipoteca, la garantía a primera
demanda), para la solución de controversias (el arbitraje, la transacción), de
comercialización (distribución, agencia, concesión, franquicia), de colaboración (las
uniones transitorias de empresas, las agrupaciones de colaboración); de crédito
(apertura de crédito, anticipo, descuento, mutuo, cuenta corriente), de prevención
del riesgo (seguro, renta vitalicia), etc.

La utilidad de este criterio clasificatorio se vincula a la interpretación del contrato,


pues ella debe conducir a que se satisfaga la finalidad económica perseguida por
las partes con su celebración, idea que está implícita en la "intención común" a que
alude el art. 1061.

CONTRATOS UNILATERALES Y BILATERALES

ARTICULO 966.-Contratos unilaterales y bilaterales. Los contratos son


unilaterales cuando una de las partes se obliga hacia la otra sin que ésta quede
obligada. Son bilaterales cuando las partes se obligan recíprocamente la una hacia
la otra. Las normas de los contratos bilaterales se aplican supletoriamente a los
contratos plurilaterales.

El criterio que sirve de base a esta clasificación estriba, pues, en las obligaciones
que nacen como consecuencia de la formación del contrato. Por lo tanto, se impone
una primera aclaración para evitar confusiones: los actos jurídicos se clasifican en
unilaterales y bilaterales en atención a las partes que intervienen en su formación;
si se trata solo de una parte, el acto jurídico es unilateral; cuando intervienen en su
celebración dos o más partes, el acto jurídico es bilateral.
El contrato, por definición, es un acto jurídico bilateral, en cuanto es requisito para
su existencia, que en su formación intervengan dos o más partes. Va de suyo, pues,
que esta clasificación de unilateral y bilateral, no puede referirse a la génesis sino a
los efectos del contrato, a las obligaciones que de él nacen: si solo crea
obligaciones para una de las partes, el contrato es unilateral; si las partes se
obligan recíprocamente, el contrato es bilateral.

En los contratos unilaterales una sola de las partes se obliga hacia la otra; en los
bilaterales ambas partes quedan recíprocamente obligadas. Son unilaterales la
donación, la fianza, mandato gratuito, mutuo gratuito, renta vitalicia.

Contratos bilaterales. Son bilaterales o con prestaciones recíprocas, los contratos


que —desde su celebración— generan obligaciones recíprocas para todas las partes
intervinientes. Se trata de obligaciones que surgen al mismo tiempo y se
encuentran interrelacionadas, de modo que la causa de la obligación de una de las
partes es la consideración de una contraprestación a cargo de la otra. Tal
circunstancia es relevante porque una de las obligaciones no puede válidamente
concebirse sin la otra; cada parte no está obligada a la prestación a su cargo sin
que sea debida la prestación de la otra. No se requiere equivalencia objetiva entre
las prestaciones.

Para que un contrato sea bilateral es necesario que concurran dos características:
a) que ambas partes queden obligadas, y b) que dichas obligaciones sean
recíprocas, esto es, obligaciones principales, interdependientes, que se expliquen
mutuamente.

Efectos de la distinción

El efecto más destacable de la distinción, se vincula con la reciprocidad de las


obligaciones que suponen los contratos bilaterales. Tal nexo de interdependencia
determina que en este tipo de contratos, una de las partes no pueda exigir el
cumplimiento de la obligación de la otra, si aquella, a su vez, no cumple con su
compromiso. Es el instituto que se denomina suspensión de cumplimiento, previsto
en los arts. 1031 y 1032 del CCCN.

Asimismo, en los casos en que una de las obligaciones de un contrato bilateral se


extingue por imposibilidad de cumplimiento no imputable al deudor, queda
desprovista de sustento la otra obligación correlativa. Ello acarrea la disolución del
contrato, como consecuencia de la irremediable frustración del sinalagma funcional.

En consecuencia, el Código de Vélez establecía expresamente en el art. 895, que el


deudor de la obligación devenida imposible, no puede exigir la contraprestación y
debe volver al acreedor lo que "hubiese recibido por motivo de la obligación
extinguida”. El Código Civil y Comercial ha omitido la previsión expresa de este
supuesto. Al tratar la imposibilidad de cumplimiento, como causal de extinción de
las obligaciones.

El hecho de que el contrato sea bilateral produce importantes efectos. Entre ellos:

— La cláusula resolutoria por incumplimiento (pacto comisorio) es implícito en los


contratos bilaterales (art. 1087).
— La suspensión del propio cumplimiento sólo funciona en los contratos bilaterales
(arts. 1031/1032).
— Revisión o extinción del contrato por acontecimientos extraordinarios e
imprevisibles; la denominada "teoría de la imprevisión" es aplicable para revisar o
extinguir contratos bilaterales (art. 1091) .
— La caducidad del plazo (art. 353) rige en los contratos bilaterales.

Contratos plurilaterales. Los contratos plurilaterales son los que nacen por la
concurrencia de la manifestación negocial de tres o más partes, cuyas prestaciones
van dirigidas a la consecución de un fin común.

Por regla general el contrato plurilateral se identifica con el de sociedad, pues


múltiples partes coinciden en una declaración de voluntad común, consistente en la
creación de una persona jurídica distinta de cada una de ellas con la finalidad de
obtener un lucro partible. Lorenzetti identifica también como contratos
plurilaterales el de juego, la transacción pues puede implicar a más de dos partes
con intereses distintos, los contratos asociativos atípicos y otros. A los que
menciona el autor citado, cabe agregar: las uniones transitorias de empresa, las
agrupaciones de colaboración, la cesión de posición contractual, la delegación
imperfecta.

Efectos. En estos contratos todos adquieren derechos y obligaciones respecto de


cada uno de los otros; las prestaciones pueden ser de distinto valor y por ende los
derechos y obligaciones que se adquieren están en proporción a ese valor de
participación. Y la invalidez del vínculo de uno no afecta la validez del contrato.

CONTRATOS A TITULO ONEROSO Y A TITULO GRATUITO

Art. 967. Contratos a título oneroso y a título gratuito. Los contratos son a
título oneroso cuando las ventajas que procuran a una de las partes les son
concedidas por una prestación que ella ha hecho o se obliga a hacer a la otra. Son a
título gratuito cuando aseguran a uno o a otro de los contratantes alguna ventaja,
independiente de toda prestación a su cargo.

Los contratos son onerosos, cuando cada una de las partes se somete aun sacrificio
para conseguir una ventaja. Entre esa ventaja y ese sacrificio existe una relación de
equivalencia, que es suficiente tenga un carácter subjetivo, en cuanto cada parte,
en principio, es juez de sus propias conveniencias. En cambio, el contrato es
gratuito, cuando una sola de las partes efectúa el sacrificio y la otra únicamente es
destinataria de una ventaja o atribución patrimonial, sin que a esta le corresponda
ningún equivalente o contrapartida.

En la vida de relación los contratos más comunes, con mayor frecuencia celebrados,
son contratos a título oneroso. Los prototipos de los contratos a título gratuito son la
donación y el comodato, aunque también pueden revestir este carácter, el depósito,
el mandato, el mutuo, la fianza, contratos estos últimos, que según las
circunstancias pueden ser gratuitos u onerosos.

Contratos onerosos son aquellos en que las partes procuran ventajas recíprocas. En
los contratos onerosos esas ventajas son concedidas a la otra parte porque quien
las hace a su vez recibe otra. En cambio en el contrato gratuito, una de las partes
atribuye una ventaja a la otra sin recibir ninguna.
Relación con la clasificación de contratos bilaterales y unilaterales. Todo
contrato bilateral es oneroso. Los unilaterales pueden ser gratuitos u onerosos; así
un mutuo puede ser oneroso o gratuito según se paguen o no intereses por el
capital prestado.

La onerosidad en los contratos de cambio. La noción de contrato oneroso contenido


en el precepto transcripto concierne a la expresión más típica contractual: el
denominado contrato de cambio, en el que media un trueque de atribuciones
patrimoniales o de prestaciones, que recíprocamente se hacen las partes.

Debe aclararse que a los fines de la onerosidad, es indiferente que el beneficio dado
como contraprestación del sacrificio, tenga como destinatario a la otra parte o, de
común acuerdo entre los contratantes, deba aprovechar a un tercero, como ocurre,
precisamente, en los contratos a favor de terceros (art. 1027, CCCN).

La onerosidad y los contratos asociativos. Empero, la noción de onerosidad no se


agota en esta hipótesis, en la cual existe un intercambio de prestaciones o ventajas.

En los contratos asociativos las partes unen sus prestaciones para la consecución
de un fin común. Puede tratarse defines puramente desinteresados o altruistas,
como ocurre en la asociación, que cabe reputar un contrato a título gratuito; o bien,
traducirse ese objetivo común, en ventajas pecuniarias. En este último caso, el
sacrificio de las prestaciones a que se comprometen las partes, tiene como ventaja
el derecho a participaren el resultado final útil derivado de esa acción conjunta. El
negocio, en este caso, constituye un contrato a título oneroso.

La onerosidad inmediata y mediata. La onerosidad, pues, se puede manifestar


de dos maneras. Existe una onerosidad inmediata y directa, que es propi de ese
recíproco trueque de prestaciones, nota distintiva del contrato de cambio.

Dicha expresión contractual ha sido considerada el paradigma contractual por


excelencia, y el modelo tradicional de onerosidad. Cuando el Código Civil y
Comercial define a los contratos onerosos en el art. 967, a semejanza de lo que
prescribía el art. 1139 del CC, lo hace teniendo en cuenta, exclusivamente, esta
figura. En ella la ventaja que obtiene cada una de las partes proviene de la otra y
configura, desde este punto de vista, un sacrificio que incumbe a esta.

En los contratos asociativos, la onerosidad reviste una modalidad distinta. Como las
prestaciones convergen, esto es, se unen, las ventajas a que aspira cada parte, no
provienen directamente de la otra u otras, sino, tales ventajas consisten en la
participación en el resultado final útil derivado de una actividad común. La
onerosidad, es así, mediata.

Las donaciones remuneratorias y modales

Frente a esta clasificación de los contratos en gratuitos y onerosos, aparecen


figuras contractuales en las que se combinan ingredientes de los dos términos del
distingo. Tal ocurre con variedades del paradigma de los contratos gratuitos: la
donación, cuando ella es remuneratoria o con cargo.

ARTICULO 1564: Alcance de la onerosidad. Las donaciones remuneratorias o


con cargo se consideran como actos a título oneroso en la medida en que se limiten
a una equitativa retribución de los servicios recibidos o en que exista equivalencia
de valores entre la cosa donada y los cargos impuestos. Por el excedente se les
aplican las normas de las donaciones

Resulta claro, pues, que esta clasificación entre onerosos y gratuitos, admite una
categoría intermedia de aquellos contratos que participan del doble carácter,
porque su reglamentación exige la concurrencia de las reglas relativas a ambas
categorías contractuales.

En la donación modal, la cuota de onerosidad reside en que se impone al donatario


una obligación accesoria, concebida como una limitación al beneficio que recibe.
Pero, en otras hipótesis, es dable utilizar el recurso de imponer al beneficiario una
obligación principal, aunque conscientemente desproporcionada al valor de la
contraprestación con que este se aprovecha. La desproporción es deliberada: se
funda en la intención de liberalidad y, por tanto, estaría justificada en el sentido del
art. 332 del CCyC. La expresión más representativa y tradicional de este supuesto,
la constituye el denominado negotium mixtum cum donatione .

ARTICULO 1544: Actos mixtos. Los actos mixtos, en parte onerosos y en


parte gratuitos, se rigen en cuanto a su forma por las disposiciones de
este Capítulo; en cuanto a su contenido, por éstas en la parte gratuita

Diferencia con la clasificación de contratos unilaterales y bilaterales.—

Cabe distinguir esta clasificación de contratos onerosos y gratuitos, de la


anteriormente enunciada, que se contrapone a los contratos unilaterales y
bilaterales.

El criterio en que se basan ambas clasificaciones es diferente. En materia de


contratos unilaterales y bilaterales, se tienen en cuenta las obligaciones que
generan la formación del contrato: si a raíz de su concertación, una sola de las
partes queda obligada, el contrato es unilateral; en cambio, si en virtud de su
celebración, ambas partes quedan recíprocamente obligadas, el contrato es
bilateral.

El criterio de distinción entre los contratos onerosos y gratuitos reside, a su vez, en


el grado de ventaja y sacrificio que el contrato importa para las partes. La
clasificación entre contratos bilaterales o unilaterales tiene su ámbito de aplicación
en materia de contratos obligatorios, esto es, los que engendran obligaciones. Por
su parte la distinción entre contratos a título oneroso o a título gratuito, se extiende
a todos los contratos. De este modo, pueden ser gratuitos u onerosos los contratos
extintivos, con independencia de que escapan a la clasificación de unilaterales o
bilaterales. Finalmente, los contratos asociativos, que tampoco pueden ser
encuadrados en la clasificación de unilaterales y bilaterales, admiten su ubicación
en el distingo entre onerosos y gratuitos, según se ha visto.

Importancia de la clasificación

Calificar una adquisición de gratuita u onerosa, tiene importancia porque:

El título de quien adquiere onerosamente, goza de mayor protección legal, que el


de quien adquiere gratuitamente. En este orden de ideas, merecen ser recordados
los siguientes supuestos:
a) El título oneroso forma una valla (unido a la buena fe) contra las acciones
pauliana Y reivindicatoria, de petición de herencia, da una mayor protección en los
casos de evicción y de vicios redhibitorios y origina aun nulo (unido a la buena fe)
una oponibilidad a ciertos terceros

b) el título gratuito coloca a las adquisiciones ante el peligro de la acción de


reducción y de la colación e impone deberes de gratitud que se hacen sentir en el
régimen del pago con beneficio de competencia, de los alimentos, ), de la
revocación y restitución del comodato.

c) Los institutos de la lesión y de la imprevisión destinados a subsanar los


desequilibrios de las prestaciones de un contrato, tienen como ámbito de aplicación
los contratos a título oneroso.

d) La adquisición a título gratuito acarrea deberes de gratitud, que se traducen en


el régimen del pago con beneficio de competencia, que puede permitirle al donante
pagar lo que buenamente pueda hasta que mejore de fortuna. Asimismo, cabe
agregar la obligación alimentaria del donatario y las posibilidades de revocación
de^ la donación por ingratitud.

Supresión de la distinción entre contratos reales y consensuales

El Código Civil y Comercial ha suprimido la distinción entre contratos consensuales


y reales que contenía el Código de Vélez en; los arts. 1140 a 114212, porque
desaparece, en principio, la categoría de contratos reales.

- Depósito bancario

No obstante, de manera excepcional el Código Civil y Comercial prevé dos


supuestos de contratos reales, esto es, contratos que solo quedan concluidos para
producir sus efectos propios desde que una de las partes haya hecho a la otra
tradición de la cosa sobre la que versa el consentimiento. Esto es, los contratos
reales solo se reputan celebrados, cuando se suma al consensus, la traditio rei, o
sea, la entrega de la cosa objeto del contrato. El primero de tales contratos es el
depósito bancario de sumas de dinero. Según el art. 1390 del CCCN: "Hay depósito
de dinero cuando el depositante transfiere la propiedad al banco depositario

- Donación manual. Código de Vélez.

La segunda excepción se vincula con la donación. Con respecto al Código de Vélez


Sarsfield, existió una opinión que propiciaba la incorporación del contrato de
donación manual a la nómina de contratos reales. Empero, predominaba la idea de
que en este tipo de donación, la entrega de la cosa representaba tan solo un modo
de exteriorización de la voluntad que suplía la instrumentación por escrito exigida a
los fines probatorios por el art. 1813 del CC. La interpretación más coherente del
precepto citado, juntamente con la del art. 1815 que le servía de complemento,
conducía a la conclusión que la donación es un contrato formal, si bien para
acreditar su existencia, esto es, a los fines de su prueba, requiere ya sea un
instrumento público o privado, la confesión del donante o bien la entrega de la
cosa.

Contratos conmutativos y aleatorios.


Art. 968. Contratos conmutativos y aleatorios. Los contratos a título oneroso
son conmutativos cuando las ventajas para todos los contratantes son ciertas. Son
aleatorios, cuando las ventajas o las pérdidas, para uno de ellos o para todos,
dependen de un acontecimiento incierto.

El criterio de la distinción

El Código Civil no incluía en la clasificación de los contratos a las categorías de


conmutativos a aleatorios, pero es obvio que los distinguía cuando ello era
necesario. Se trataba pues de una de las clasificaciones implícitas.

Estos son una subespecie de los contratos onerosos. En los conmutativos las
ventajas dadas y recibidas son ciertas. En los aleatorios tales ventajas para una o
para todas las parte dependen de un acontecimiento incierto.

El contrato puede ser aleatorio para una de las partes y conmutativo para la otra,
como sucede en el seguro. O puede ser aleatorio para ambas partes, como
acontece en el juego y la renta vitalicia.

No debe confundirse el alea con el riesgo, pues mientras aquella aparece como una
probabilidad de ventaja o de pérdida, este se presenta como una probabilidad de
daño. También debe distinguirse el contrato aleatorio del condicional: el contrato es
condicional cuando su existencia misma depende de un acontecimiento incierto, y
es aleatorio cuando el hecho condicionante no supedita al contrato, sino
únicamente a las ventajas que de él resultarán para las partes.

La imprevisión (art. 1091 CC yC), se aplica principalmente a los contratos


conmutativos de naturaleza fluyente y a los contratos aleatorios “… si la prestación
se torna excesivamente onerosa por causas extrañas a su alea propia”.

Así, el alea propia de un contrato de seguro es la producción de un siniestro


comprendido dentro del riesgo previsto y la de un contrato oneroso de renta
vitalicia es el tiempo de vida de la persona tomada como parámetro para la
vigencia de obligación de pago de las rentas; de tal modo, si ocurre el siniestro, en
el seguro, o si la persona vive más años que los que el obligado consideraba como
probables, en la renta vitalicia, la parte obligada en cada uno de esos contratos no
podrá alegar esas circunstancias como un fundamento admisible para invocar la
imprevisión; pero sí podrá hacerlo si se reúnen los requisitos respecto de un factor
distinto, como alguna decisión de gobierno que incida en el valor de la moneda de
pago, circunstancia que resultaría ajena a la incertidumbre propia del contrato,
asumida por las partes al contratar.

Los contratos onerosos, como se ha visto, son aquellos en que cada una de las
partes asume un sacrificio, para conseguir una ventaja. Pues bien; cuando la
entidad de la relación entre el sacrificio y la ventaja que se deriva directamente del
negocio, es susceptible de ser apreciada en forma inmediata y cierta en el
momento de su celebración, el contrato, siguiendo una terminología tradicional,
recibe la denominación de conmutativo. Por el contrario, cuando esa relación
entre sacrificio y ventaja, no es factible de tal apreciación, porque depende de un
acontecimiento incierto, el contrato recibe entonces el nombre de aleatorio.

El acontecimiento incierto
El evento es incierto, cuando no se sabe si acaecerá o bien cuando se Ignora el
momento en el cual ha de verificarse.

Ese acontecimiento incierto, constitutivo del álea, puede tener gravitación de


distinto modo en los contratos aleatorios:

a) A él puede subordinarse el cumplimiento de una de las prestaciones de una de


las partes, estando la otra perfectamente determinada (como ocurre en el seguro
de vida o de responsabilidad civil).

b) Puede hacerse depender de su verificación, cuál será la parte que deberá cumplir
la prestación y cuál será la beneficiaría de esta, tal como ocurre en los contratos de
juego y de apuesta (art. 1609, CCCN).

c) Finalmente, puede constituir el acontecimiento incierto, el factor determinante


del plazo en función del cual debe cumplirse determinada prestación de ejecución
periódica o continuada. La entidad de esta dependerá, en definitiva, del mayor o del
menor lapso en que sobrevenga el acontecimiento, que fatalmente debe
producirse, aunque se ignora cuándo, tal cual ocurre en el contrato oneroso de
renta vitalicia (art. 1599, CCCN).

El álea normal y el álea en los contratos aleatorios

El campo de la especulación en que se mueven los contratos onerosos, es un


ámbito en que el álea configura un ingrediente infaltable. Las ventajas o pérdidas
que, en definitiva, las partes pueden obtener de la celebración de un determinado
contrato, dependen de circunstancias externas, extrañas al contenido propio del
contrato, representadas por los factores que condicionan la fluctuación de los
valores económicos. Desde este punto de vista, hay un riesgo económico, inherente
a todo contrato oneroso, al que no pueden sustraerse los contratos conmutativos.

Pero, en sentido estricto, solo puede hablarse de contrato aleatorio, cuando se


subordina a un acontecimiento incierto, ya sea la prestación de alguno de los
contratantes o la entidad de esta. Lo que resulta incierto son los efectos
patrimoniales definitivos del negocio; las ventajas o pérdidas que este directamente
ha de procurar a los interesados, con total prescindencia de las posibles
oscilaciones de los valores económicos, atribuibles a causas externas.

En esta categoría contractual el álea compromete al objeto mismo del contrato, en


cuanto por sobre un daré o facere recíprocos, el álea presupone la asunción de
riesgos contrapuestos y equivalentes. Es por ello que el álea reviste un doble
carácter: debe ser, al mismo tiempo, jurídica y económica. Es jurídica, porque
interfiere en el funcionamiento del sinalagma, en el mecanismo de cambio y, por
tanto, debe afectar la existencia o la entidad de una de las prestaciones previstas. Y
es también económica, porque afecta a una prestación de un modo unilateral y
desequilibrante, en cuanto la ventaja de una de las partes entraña una correlativa
pérdida de la otra.

El sinalagma en los contratos aleatorios.

El contrato oneroso entraña, generalmente, un intercambio de prestaciones. En los


contratos aleatorios, una de las prestaciones previstas, al menos, es incierta, en
cuanto puede llegar a no verificarse o en cuanto no se sabe en la medida en que se
ha de efectivizar; el correspondiente resultado final del contrato, en consecuencia,
puede entrañar una desproporción objetiva de sacrificio y ventaja. Pero en el álea
que asumen ambas partes, en los riesgos y chances que esta conlleva, radica el
factor que sirve para contrabalancear ambos extremos y fijar el equilibrio.

No hay dudas que en estos contratos se da el sinalagma genético. Lo que difiere


con los contratos conmutativos es el sinalagma funcional, en cuanto una de las
prestaciones previstas puede no llegar a efectivizarse o variar en su entidad en
consonancia con la verificación del acontecimiento constitutivo del álea.

Diferencia con la condición. Deben distinguirse los contratos aleatorios de los


contratos subordinados a una condición.

La condición es una modalidad de los actos jurídicos en virtud del cual las partes
subordinan a un acontecimiento incierto y futuro, la plena eficacia o la resolución de
los efectos del negocio.

La condición se relaciona con los efectos del negocio. En el contrato condicional la


eficacia integral del negocio se hace depender de la condición. En consecuencia,
cuando esta se cumple, si la condición es resolutoria el acto se extingue ex tune,
esto es, deviene ineficaz retroactivamente. Si la condición es suspensiva y ella no
se da, el negocio no ha de producir efecto alguno.

En los contratos aleatorios, se subordinan a un acontecimiento incierto las ventajas


y pérdidas que el negocio representará, en definitiva, para las partes. Es decir, que
la aleatoriedad también atiene a los efectos patrimoniales que el acto debe
producir.

Pero mientras la condición compromete la eficacia integral del acto, en cuanto


entraña la disyuntiva de que esta se produzca o se consolide en su plenitud, o bien
que el negocio quede desprovisto de toda consecuencia, en el negocio aleatorio, el
acto ha de producir siempre efectos patrimoniales, aunque lo variable sea la
medida.

La condición expone al negocio a quedar privado integralmente de efectos, de


manera que se borren los rastros de su existencia. En el contrato aleatorio la
repercusión que puede tener el acontecimiento incierto sobre los efectos, es
meramente parcial. Ellos han de producirse siempre, pero con un alcance que no
resulta posible determinar en su formación; el contrato dejará inevitablemente
huellas de su existencia, aunque dependerá del álea, la impronta de ellas.

Distinción de los contratos aleatorios.

Suelen distinguirse los contratos aleatorios, entre aquellos que lo son por
naturaleza, de los que revisten tal carácter por voluntad de las partes.

Los primeros, son aquellos contratos típicos que revisten el carácter de


esencialmente aleatorios en la disciplina legal que los reglamenta. Cabe mencionar
como tales: los contratos de juego y de apuesta; el contrato oneroso de renta
vitalicia y el contrato de seguro.

Los segundos, son aquellos contratos típicos que en su configuración legal son
conmutativos, pero pueden convertirse en aleatorios en virtud de cláusulas
agregadas por los contratantes, que modifiquen sus efectos naturales. Pueden
mencionarse en este grupo: la compraventa de esperanza y de una cosa sometida a
riesgo.
Consecuencias de la clasificación.

Según se señaló, en los contratos aleatorios media la asunción voluntaria de un


riesgo por las partes, en virtud del cual subordinan a un acontecimiento incierto las
pérdidas y ganancias que el negocio, en definitiva, les ha de procurar. Es por ello
que este contrato puede conducir a un resultado en el que objetivamente medie
una desproporción de prestaciones, que encuentra su razón de ser, precisamente,
en el álea compartida que supone chances de ganancias o peligros de pérdidas, por
igual, para los contratantes.

Por tal razón, las figuras previstas por la ley para subsanarlos desequilibrios de las
prestaciones en los contratos de cambio, tienen un margen más reducido de
aplicación en el ámbito de los contratos aleatorios. El instituto de la imprevisión solo
se torna aplicable en relación a ellos" ... si la prestación se torna excesivamente
onerosa por causas extra ñ a s a su álea propia " (art. 1091, CCCN). Aunque es
tema de discusión en el derecho comparado, prevalece netamente en la doctrina
nacional, la idea que igual temperamento corresponde adoptar con respecto a la
lesión, la que será aplicable a los contratos aleatorios, cuando más allá del álea real
aceptada por las partes, pueda existir una notable desproporción de las
prestaciones, consecuencia de la explotación que una de las partes realiza de la
necesidad, ligereza o inexperiencia de la otra

CONTRATOS FORMALES

Art. 969. Contratos formales. Los contratos para los cuales la ley exige una
forma para su validez, son nulos si la solemnidad no ha sido satisfecha. Cuando la
forma requerida para los contratos, lo es sólo para que éstos produzcan sus efectos
propios, sin sanción de nulidad, no quedan concluidos como tales mientras no se ha
otorgado el instrumento previsto, pero valen como contratos en los que las partes
se obligaron a cumplir con la expresada formalidad.

Cuando la ley o las partes no imponen una forma determinada, ésta debe constituir
sólo un medio de prueba de la celebración del contrato.

Atendiendo al elemento forma, se dice de los contratos que son formales o no


formales, solemnes y no solemnes, de formas ad solemnitatem y ad probationem.

En el art. no se dice qué es un contrato formal o las distintas maneras en que la


formalidad puede presentarse (absoluta, relativa, ad probationem, solemne, según
los criterios generalmente reconocidos por la doctrina), sino que se entra
directamente a establecer los efectos que produce el incumplimiento de la forma
exigida por la ley.

Con esta metodología encontramos tres normas dentro de este artículo:

— La que establece la sanción de nulidad para la hipótesis de incumplimiento de la


solemnidad exigida como recaudo de validez.

— La que establece que el contrato para el cual la forma no es un recaudo de


validez, que vale como contrato en el que las partes se obligaron a cumplir con la
forma.

— La que se refiere a los contratos para los que no se requiere una forma
determinada.
Primera regla: contratos para los cuales se exige la forma como requisito
de validez (solemnidad absoluta). Se trata de los contratos que la doctrina
considera solemnes absolutos; la importancia radica en que al estar la forma
exigida como requisito de validez del negocio, éste es nulo si la forma no ha sido
satisfecha. Y, por ello, ninguna de las partes puede requerir que se satisfaga la
forma exigida por la ley. Un supuesto de contrato sujeto a una solemnidad absoluta
es la donación de cosas inmuebles, de cosas muebles registrables y las
prestaciones periódicas y vitalicias (art. 1552).

Segunda regla: contratos de solemnidad relativa. Son aquellos contratos en


los que una forma es requerida pero no bajo pena de nulidad. En tal caso la solución
del Código Civil y Comercial es que el contrato no queda concluida como tal, pero
vale como contrato en el cual las partes se obligan a cumplir con la formalidad. Es
una hipótesis de conversión del negocio jurídico; esto es, el contrato vale como el
de menores requisitos, y obliga a satisfacer los recaudos de forma exigidos para
que se produzcan los efectos perseguidos por las partes.

Efectos del contrato

Durante la vigencia del Código Civil se discutió si el contrato celebrado sin la forma
exigida por la ley era ya un contrato obligacional definitivo y por lo tanto produce
los efectos propios del negocio de que se trate: dar la cosa, pagar el precio, etc.; o
si sólo causaba la obligación de instrumentar, configurándose entonces un contrato
preliminar. El Código Civil y Comercial ha tomado partida por esta última solución:
el contrato que no satisface la forma exigida por la ley vale sólo como contrato que
obliga a extender el contrato definitivo con la forma exigida por la ley.

Tercera regla: formas probatorias. La regla general es la libertad de formas


(arts. 1015 y 284). La exigencia de una determinada forma puede emanar de la ley
o de la voluntad de las partes (arts. 284, segunda proposición; y 1017, inc. d). Por lo
que cuando la ley o las partes no imponen una forma determinada, ella tiene una
finalidad puramente probatoria. Al respecto hay que tener en cuenta el art. 1020
conforme al cual "los contratos en los cuales la formalidad es requerida a los fines
probatorios pueden ser probados por otros medios, inclusive por testigos, si hay
imposibilidad de obtener la prueba de haber sido cumplida la formalidad o si existe
principio de prueba instrumental o comienzo de su ejecución".

CONTRATOS NOMINADOS E INNOMINADOS

Art. 970. Contratos nominados e innominados. Los contratos son nominados e


innominados según que la ley los regule especialmente o no. Los contratos
innominados están regidos, en el siguiente orden, por:

a) la voluntad de las partes;

b) las normas generales sobre contratos y obligaciones;

c) los usos y prácticas del lugar de celebración;

d) las disposiciones correspondientes a los contratos nominados afines que son


compatibles y se adecuan a su finalidad.

La clasificación de los contratos en nominados e innominados estaba contemplada


expresamente en el art. 1143. Pero el Código Civil se limitaba a mencionarlos sin
especificar cuál sería el régimen al que estarían sujetos los contratos innominados
Un contrato es nominado (típico) cuando la totalidad de sus cláusulas esenciales se
adecúa a un tipo legal, sin que tenga importancia el nombre dado por las partes

El art. 1143 del Cód. Civil identificaba a los contratos como nominados o
innominados según la ley los designara o no bajo una denominación especial. El art.
970 mantiene la terminología del Código: nominados e innominados, pero el criterio
de la distinción reposa en que la ley los regule o no. Con lo cual lo que hizo fue
adoptar la pauta de distinción entre contratos típicos y atípicos.

En la actualidad, la regla es la atipicidad, pues aun partiendo de figuras tipificadas,


la complejidad actual de las relaciones negociales hace que sea muy poco frecuente
que esas figuras se presenten de modo puro. Particularmente en la negociación
empresaria y en la internacional, los contratos presentan contenidos singulares que
no permiten encajarlos plenamente en ninguna figura típica.

El Código establece entonces que el contrato atípico —o innominado como sigue


llamándolo— se rige en primer lugar por lo estipulado por las partes, luego por las
normas generales sobre contratos y obligaciones, los usos y prácticas del lugar de
celebración y las disposiciones correspondientes a los contratos afines y que se
adecuen a su finalidad.

CONTRATOS PRINCIPALES Y ACCESORIOS

Cuando dos contratos se encuentran vinculados de tal modo que el uno es la razón,
la causa fundante del otro, se afirma del primero que es "principal" y del segundo
que es "accesorio". Como ejemplos típicos de contratos accesorios se cita a los de
garantía (fianza, prenda, hipoteca, anticresis). No toda vinculación de causa a
efecto entre dos contratos, implica un nexo de accesoriedad: es necesario que la
subsistencia de la relación del uno, dependa de la subsistencia de la relación del
principal.

CONTRATOS DE EJECUCIÓN INMEDIATA Y DIFERIDA, INSTANTÁNEA Y DE


DURACIÓN

Atendiendo al tiempo, puede hablarse de contratos y de obligaciones de ejecución


inmediata y diferida, instantánea y de duración. Según el momento de ejecución los
contratos se clasifican en:

- Contratos de ejecución inmediata: comienza ya, no existe plazo y la ejecución


de las prestaciones deben realizarse o comenzar el cumplimiento, en el mismo
momento de su celebración. Por ejemplo: la compraventa al contado.

- Contratos de ejecución diferida: comienza después, la ejecución se


perfecciona en el tiempo. Existe un plazo entre la celebración del contrato y el
comienzo de cualquiera de las prestaciones. Por ejemplo: compraventa de cosa
futura.

Según el modo de ejecución, los contratos se clasifican en:

- Contratos de cumplimiento instantáneo: son aquellos en que el cumplimiento


de sus prestaciones es susceptible de realizarse en un solo momento, se ejecutan y
se perfeccionan todas sus cláusulas en un solo momento. Ej: compraventa al
contado
- Contratos de duración: tienen por contenido una prestación o prestaciones
cuya ejecución necesita prolongarse en el tiempo, puede tratarse:

1) De un tiempo corrido (ejecución continuada): cuando la ejecución de una


prestación debe continuarse en el tiempo sin interrupción. Ejemplo: suministros de
energía

2) O de varias fracciones de tiempo separadas entre sí, por intervalos iguales


(ejecución periódica): aquí varias prestaciones debe repetirse en el tiempo en
épocas determinadas o en intervalos regulares. Ej contrato oneroso de renta
vitalicia

3) O de varias fracciones de tiempo separadas entre sí por intervalos desiguales (de


ejecución escalonada) aquí las prestaciones deben cumplirse en forma intermitente
o variable a pedido de las partes. ejemplo: la cuenta corriente.

CONTRATOS DEFINITIVOS Y PREPARATORIOS:

Los contratos son definitivos o preparatorios según prevean o no la realización de


otro contrato. Los contratos Definitivos son aquellos cuya celebración no prevé la
realización de otro posterior, se agota en sí mismo. En los contratos Preparatorio
las partes prevén el contenido de un futuro contrato o contrato posterior, no se
agota en sí mismo y es antecedente del posterior.

Existen 4 tipos de contratos preparatorios:

- Contrato preliminar: es un contrato de promesa que obliga las partes a la


celebración de un contrato definitivo.
- Contrato normativo: no obliga a contratar sino que obliga en caso de
contratar a hacerlo con un determinado contenido. . limita la libertad de
configuración.-
- Contrato de opción: una de las partes se obliga al a celebración de un
contrato futuro si la otra parte manifiesta su voluntad de perfeccionarlo.
Pacto de retroventa.
- Contrato de prelación: una de las partes se obliga frente a la otra para el
caso en que llegara a decidirse a celebrar un contrato futuro a anoticiarla en
primer lugar respecto de otros eventuales interesados.

2. CLASIFICACIÓN DE LOS CONTRATOS DE ACUERDO A SUS FUNCIONES


ECONÓMICAS Y SOCIALES

Teniendo en cuenta la función económica que cumplen, la doctrina suele agrupar


los contratos en distintas categorías

a) De cambio y asociativos.

- De cambio: supone un trueque de prestaciones o ventajas que las partes se


hacen recíprocamente, por lo tanto se perfeccionan entre 2 partes, pero si
intervienen 3 partes se denominan: trilaterales o plurilaterales.
- Asociativos: aquí, las partes unen sus esfuerzos y prestaciones para la
consecucion de un fin común, pueden ser celebrados por más de 2 partes y sirven
para canalizar la cooperación de un grupo.

b) De crédito: son aquellos que otorgan facilidades a uno de los contratantes,


brindándoles la posibilidad de obtener medios o recursos para satisfacer
necesidades: ejemplo: mutuo

c) De custodia: son aquellos que tienen como finalidad entregar una cosa para que
otra le brinde protección o amparo, a cambio de un precio o no. Ejemplo: deposito.

d) De garantía: son aquellos cuya finalidad es dar seguridad al cumplimiento de


otro contrato. Ejemplo: la fianza, prenda, hipoteca.

e) De consumo: aquel que se celebra entre una persona llamada CONSUMIDOR o


USUARIO y otra llamada: PROVEEDOR. Mediante este contrato, el consumidor
adquiere o utiliza bienes o servicios en forma gratuita u onerosa como
DESTINATARIO FINAL, sea en beneficio propio o de su grupo familiar o social.
También está comprendida la adquisición de derechos como clubes de campo,
cementerios privados, y figuras afines.

3) CONTRATOS DE MODERNA FORMACIÓN

Contratos preliminares

El Código Civil no preveía una regulación de los contratos preliminares, aunque la


doctrina identificó a lo que en general se denominó "precontratos", perfectamente
válidos al amparo del principio de autonomía de la voluntad.

El contrato preliminar es el que obliga a celebrar un contrato definitivo; causa por lo


tanto una obligación de hacer , y para que sea eficaz debe contener los elementos
esenciales particulares del contrato definitivo.

ART. 994.- Disposiciones generales. Los contratos preliminares deben contener el


acuerdo sobre los elementos esenciales particulares que identifiquen el contrato
futuro definitivo.

El plazo de vigencia de las promesas previstas en esta Sección es de un año, o el


menor que convengan las partes, quienes pueden renovarlo a su vencimiento.

ART. 995.- Promesa de celebrar un contrato. Las partes pueden pactar la


obligación de celebrar un contrato futuro. El futuro contrato no puede ser de
aquellos para los cuales se exige una forma bajo sanción de nulidad. Es aplicable el
régimen de las obligaciones de hacer.

El contrato preliminar debe tener un plazo, que es de un año o menos, aunque las
partes pueden renovarlo.

Distinción con el contrato preparatorio

El contrato preparatorio no obliga a celebrar ningún futuro contrato; su objeto es


reglar las vinculaciones jurídicas de las partes si ellas llegan a existir. los futuros
contratos que celebren las partes, de existir, se ajustarán a lo previsto en el
contrato marco.
Utilidad de la figura

La finalidad práctica de esta figura consiste en que puede contratarse en forma


preliminar cuando no es posible —material o jurídicamente — o conveniente
celebrar directamente el contrato definitivo. Ello puede suceder porque el objeto del
contrato es una cosa futura o no está disponible inmediatamente; o —como sucedía
en la práctica argentina— no se podía otorgar la escritura pública de venta de un
inmueble porque no se contaba con los datos registrales o certificados pertinentes.
De allí que —como se anticipó en el n° I— parte de la doctrina y la jurisprudencia
calificó al boleto de compraventa como contrato preliminar que obliga a celebrar el
contrato definitivo mediante la suscripción de la escritura pública.

Clases

El Código contempla la promesa de celebrar un contrato futuro y el contrato de


opción

La promesa de celebrar un contrato futuro es el que obliga a ambas partes a


otorgar el contrato definitivo. El contrato de opción es el que da a una de las partes
el derecho irrevocable de aceptar el contrato definitivo.

Efectos: La promesa de celebrar un contrato futuro obliga a celebrar el contrato


definitivo; los contrayentes no tienen la facultad de arrepentirse o de no contratar,
salvo que se haya convenido expresamente o exista una seña penitencial.

La celebración del contrato definitivo supone una nueva manifestación del


consentimiento de las partes.

Pero si una de las partes fuera renuente a otorgar el contrato definitivo, puede ser
compelido a ello y en su caso su consentimiento puede ser sustituido por el juez; se
aplica aquí el criterio sostenido por la jurisprudencia que admitió que el juez
suscriba la escritura pública cuando era demandado el cumplimiento del
denominado boleto de compraventa.

Contrato de opción

Es el contrato que le otorga a una de las partes, la facultad de requerir, a su


arbitrio, que el contrato definitivo sea concluido.

la opción debe contener todos los elementos del contrato definitivo y la parte que
tiene la facultad de ejercerla concluye el contrato con su sola aceptación.

La opción puede ser gratuita u onerosa; esto último sucede cuando alguna la parte
que tiene el derecho de optar por celebrar el contrato paga un precio por ello,
independiente del precio que pague por la cosa objeto del contrato.

- De prelación o preferencia: es aquel mediante el cual una de las partes se


obliga frente a la otra para el caso en que llegara a decidirse a celebrar un contrato
futuro, a anoticiarlo en primer lugar respecto de otros eventuales interesados.

ART. 997: El pacto de preferencia genera una obligación de hacer a cargo de una
de las partes, quien si decide celebrar un futuro contrato, debe hacerlo con la otra o
las otras partes. Si se trata de participaciones sociales de cualquier naturaleza, de
condominio, de partes en contratos asociativos o similares, el pacto puede ser
recíproco. Los derechos y obligaciones derivados de este pacto son transmisibles a
terceros con las modalidades que se estipulen.

ART. 998.- Efectos. El otorgante de la preferencia debe dirigir a su o sus


beneficiarios una declaración, con los requisitos de la oferta, comunicándole su
decisión de celebrar el nuevo contrato, en su caso de conformidad con las
estipulaciones del pacto. El contrato queda concluido con la aceptación del o de los
beneficiarios.

Contratos conexos.

Son aquellos en donde dos o más contratos autónomos se hallan vinculados entre sí
por una finalidad económica común previamente establecida, de modo que uno de
ellos resultó determinante del otro para el logro del resultado perseguido.

ART. 1073.- Definición. Hay conexidad cuando dos o más contratos autónomos se
hallan vinculados entre sí por una finalidad económica común previamente
establecida, de modo que uno de ellos ha sido determinante del otro para el logro
del resultado perseguido. Esta finalidad puede ser establecida por la ley,
expresamente pactada, o derivada de la interpretación, conforme con lo que se
dispone en el artículo 1074.

El código sustituido no tenía normas que regularan esta categoría contractual, la


única conexidad prevista era la subcontratación.

Los requisitos para que haya conexidad son los siguientes:

1) que haya dos o más contratos. Para la conexidad se requiere más de un contrato,
que pueden encontrarse condensados en un solo instrumento o en varios;

2) autonomía. Ya sean principales o accesorios, contrato o subcontrato,


preparatorio o definitivo, cualquiera de ellos deben contar con todos los elementos
esenciales;

3) deben estar vinculados entre sí.

4) finalidad económica común. También llamada finalidad supracontractual, son los


objetivos buscados y obtenidos a través de una red de vínculos contractuales. Por
ello se diferencia a la causa fuente y a la causa fin de cada contrato de esta causa
supracontractual, que contiene el negocio integral, y que es la razón por la cual dos
o más contratos están vinculados entre sí;

5) debe estar previamente establecida por un diseño previo, por el convenio de


partes, por la ley o por los hechos. Esta conexidad puede surgir de una unidad
organizadora, como es el caso del shopping center, en interés de todo el grupo de
comercios, no sólo del administrador.

ART. 1074.- Interpretación. Los contratos conexos deben ser interpretados los unos
por medio de los otros, atribuyéndoles el sentido apropiado que surge del grupo de
contratos, su función económica y el resultado perseguido.

Alterini expresó que los contratos, cuya vinculación se debe a que han sido
celebrados en cumplimiento del programa de una operación económica global, son
interpretados los unos por medios de los otros y atribuyéndoles, así, el sentido
apropiado al conjunto de la operación.

ART. 1075.- Efectos. Según las circunstancias, probada la conexidad, un


contratante puede oponer las excepciones de incumplimiento total, parcial o
defectuoso, aún frente a la inejecución de obligaciones ajenas a su contrato.
Atendiendo al principio de la conservación, la misma regla se aplica cuando la
extinción de uno de los contratos produce la frustración de la finalidad económica
común.

Si bien los contratos mantienen la individualidad; si por alguna cuestión propia, el


contrato deviniese inválido o se resolviera por las razones que fueran; sus efectos
pueden repercutir sobre el otro.

Subcontrato

ART. 1069.- Definición. El subcontrato es un nuevo contrato mediante el cual el


subcontratante crea a favor del subcontratado una nueva posición contractual
derivada de la que aquél tiene en el contrato principal.

El Código Civil no contenía normas generales sobre subcontratación. El subcontrato


es un nuevo contrato, por lo tanto, debe reunir los requisitos generales y especiales
de aquel del que depende. Se pueden observar entonces, un contrato principal y
uno derivado en grado de dependencia o subordinación.

"El subcontrato, propiamente dicho, es ese segundo contrato, resultado de una


específica utilización por el contratante intermedio (parte de ambos contratos) de
su posición en la relación jurídica originaria y principal".

El subcontrato seria entonces la facultad del subcontratante de desdoblar o dividir


un contrato en uno o varios, respetando el marco del principal y su tipo contractual.
Resulta una conexión unilateral, pues es el nexo de una parte solamente, por
ejemplo en el caso del locatario- sublocador.

Este fenómeno económico, captado desde hace tiempo por las normas jurídicas,
consiste en la sustitución de la posición contractual, hecha por la parte del contrato
base, mediante la celebración de un nuevo contrato (el subcontrato) sin extinguirse
la primer relación contractual.

CLASIFICACION DE LOS CONTRATOS

CRITERIOS DE DISTINCION

 Según las obligaciones que generan: UNILATERALES Y


BILTERALES
 Según los sacrificios y ventajas: ONEROSOS Y GRATUITOS.

CONMUTATIVOS O ALEATORIOS
 Según El elemento Forma: FORMALES Y NO FORMALES

DE SOLEMNIDAD ABSOLUTA O DE SOLEMIDAD RELATIVA

 Según la Reglamentación Legal: NOMINADOS E INNOMINADOS


 Según gocen de autonomía: PRINCIPALES Y ACCESORIOS
 Según el elemento Tiempo: DE EJECUCION INMEDIATA Y DE
EJECUCION DIFERIDA

 Según prevean o no la realización de otro Contrato: DEFINITIVOS Y


PREPARATORIOS
 Según las funciones económicas y sociales:
- DE CAMBIO Y ASOCIATIVOS
- DE CREDITO
- DE CUSTODIA
- DE GARANTIA
- DE CONSUMO

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