UNIDAD N° 4
APTITUD PARA CONTRATAR – REPRESENTACION - OBJETO
La capacidad es un elemento esencial del contrato, según la doctrina clásica y un
presupuesto que hace a la validez del contrato, según la doctrina moderna.
La capacidad, en términos generales, es la aptitud de la persona para ser titular de
derechos, adquirir obligaciones y ejercer dichos derechos por sí misma.
Tradicionalmente, el concepto de capacidad se ha dividido en capacidad de
derecho y capacidad de hecho o de obrar, de ejercicio o goce
Dado que la capacidad siempre constituye la regla, se admite la existencia de
determinadas incapacidades solo con carácter restrictivo, excepcional y en función
de la protección de un determinado interés. Las limitaciones a la capacidad no
pueden ser totales o absolutas, de un modo que elimine la condición de persona o
importe la consecuencia de “muerte civil”.
El reconocimiento de la capacidad y su regulación constituyen materia de orden
público en un ordenamiento jurídico, por lo cual las partes no pueden efectuar
pactos o concesiones al respecto que importen desconocer las normas imperativas.
El nuevo código Civil y Comercial distingue en: capacidad de derecho y capacidad
de ejercicio.
Capacidad de derecho: es la aptitud que tienen las personas para ser titulares de
derechos y obligaciones
ART. 22.-. Toda persona humana goza de la aptitud para ser titular de derechos y
deberes jurídicos. La ley puede privar o limitar esta capacidad respecto de hechos,
simples actos, o actos jurídicos determinados.
Toda persona es capaz de derecho no hay incapacidades absolutas de derecho pues
implicaría la negación de la personalidad jurídica.-
La incapacidad de derecho apunta a la consideración de dicha persona frente a
determinados actos concretos; así, por ejemplo, las incapacidades establecidas en
relación a la celebración de determinados contratos —compraventa, donación—, los
contratos prohibidos entre padres e hijos en el ejercicio de la responsabilidad
parental, ente el tutor y su pupilo, las inhabilidades para suceder, etc.
Capacidad de ejercicio: es la aptitud o grado de aptitud de las personas para
ejercer por si mismo los actos de la vida civil.
ART. 23.-. Toda persona humana puede ejercer por sí misma sus derechos,
excepto las limitaciones expresamente previstas en este Código y en una sentencia
judicial.
Incapacidad de ejercicio
ART. 24.- Personas incapaces de ejercicio. Son incapaces de ejercicio:
a. La persona por nacer; Los derechos y obligaciones adquiridos en favor del
concebido quedan irrevocablemente adquiridos si este nace con vida (art. 21
CCyC), lo cual pone de manifiesto la posibilidad de celebración de actos jurídicos en
nombre y representación de la persona por nacer durante este periodo. Son
representantes de las personas por nacer, sus padres —art. 101, inc. a) CCyC—.
b. la persona que no cuenta con la edad y grado de madurez suficiente, El
tope o techo de la persona menor edad se mantiene conforme al régimen anterior:
en los 18 años. Toda persona, por debajo de dicha edad, es menor de edad (el CCyC
elimina la clasificación de menores púberes e impúberes con su línea demarcatoria
de los 14 años).
Sin embargo, el requisito normativo es mixto: la edad y la madurez suficiente. La
referencia a la presencia de una cierta “edad y madurez suficiente” da cuenta de
que el sistema se aleja de conceptos más rígidos —como el de capacidad civil
tradicional—, al tiempo que emparenta mayormente con la noción bioética de
“competencia”, que refiere a la existencia de ciertas condiciones personales que
permiten entender configurada una determinada aptitud, suficiente para el acto de
cuyo ejercicio se trata. Así, si bien una persona puede ostentar capacidad en
términos generales, como noción quizás más “transversal”, puede en cambio
carecer de competencia para la toma de determinadas decisiones; a la inversa, la
carencia de la tradicional capacidad civil no impide admitir la aptitud de la persona
que demuestre comprender, razonar y definir opciones en relación a un acto
concreto —esto es, ostentar competencia a pesar de su eventual condición de
incapacidad civil—.
Por ello, todo el régimen de capacidad de los menores de edad no se asienta en
condiciones etarias puras, sino que introduce la pauta más maleable y permeable
de “madurez suficiente”, que permite discernir, en el caso concreto, la posibilidad
de tomar una decisión razonada en relación al acto concreto, apareciendo así como
un sistema más justo y cercano al respeto de la persona humana.
c. la persona declarada incapaz por sentencia judicial, en la extensión
dispuesta en esa decisión. En el CCyC la incapacidad resulta una respuesta
residual, excepcional y restrictiva —art. 31, inc. b) CCC— que solo procede cuando
la alternativa menos gravosa de la “restricción a la capacidad” resulte inadecuada
frente a la absoluta imposibilidad de la persona de interactuar con su entorno y
expresar voluntad, al tiempo que el sistema de apoyos previsto como inicial auxilio
en favor del ejercicio de la capacidad aparezca insuficiente
La persona menor de edad
El tope o techo de la persona menor edad se mantiene conforme al régimen
anterior: en los 18 años. Toda persona, por debajo de dicha edad, es menor de edad
(art. 25 CCC).
El CCyC elimina la distinción tradicional de categorías de las personas menores de
edad en púberes e impúberes a los fines del régimen de la capacidad civil.
La edad, los trece años es la pauta de distinción para los dos grupos que conforman
el universo de infancia: niños y adolescentes
Ejercicio de los derechos por la persona menor de edad. El CCyC mantiene la
solución tradicional propia al derecho civil, que resulta necesaria a los fines de
posibilitar la actuación de derechos eficaz en el caso de las personas menores de
edad: estas ejercen sus derechos a través de sus representantes legales.
El art. 101 CCyC dispone la representación de las personas menores de edad no
emancipadas en cabeza de sus padres; en su ausencia, incapacidad, privación o
suspensión de la responsabilidad parental, la representación corresponde al tutor
que sea designado
Emancipación por matrimonio. El instituto de la emancipación importa por un
lado la extinción de la responsabilidad parental y a la vez la adquisición de plena
capacidad de ejercicio, a excepción de contadas restricciones que se mantienen en
relación a actos jurídicos determinados
Es requisito para la celebración del matrimonio contar con la edad de 18 años (art.
403, inc. f, CCyC), pero ¿qué sucede en caso de la pretensión de una persona
menor de dicha edad, es decir, de alguien que carece de la edad nupcial? En este
aspecto el CCyC establece una solución diversa en el caso de adolescentes mayores
o menores de 16 años. Si el adolescente que pretende contraer matrimonio cuenta
con 16 años puede contraer nupcias con autorización de sus representantes
legales. En caso de no contar con esta venia se requiere dispensa judicial. En
cambio, si el adolescente es menor de 16 años, se exige la previa dispensa judicial
En uno u otro caso, la celebración del matrimonio emancipa a la persona menor de
edad. La emancipación tiene como efecto la adquisición de capacidad por la
persona menor de edad, con las únicas excepciones que son establecidas en el
artículo siguiente, el art. 28.
Actos prohibidos a la persona emancipada y actos que requieren
autorización judicial.
Son prohibidos a la persona emancipada (art. 28 CCC) aquellos actos de entidad
que pueden comprometerla patrimonialmente. Ellos son,
- la aprobación de las cuentas de la tutela (a ley pretende proteger a la persona
emancipada frente al riesgo de influencia que pueda ejercer el tutor para lograr la
aprobación de las cuentas de su administración. La prohibición de la norma es
absoluta, es decir, no puede suplirse ni con autorización judicial. Abarca tanto
cuentas periódicas como la cuenta final).
- donación de bienes que hubiese recibido a título gratuito;
- afianzar obligaciones.
El artículo 29 enuncia cuáles son los actos que pueden ser realizados por la persona
emancipada, si bien sujetos a autorización judicial: la disposición de bienes que
fueron recibidos por la persona a título gratuito. Se entiende que la autorización
judicial será otorgada —de corresponder— en los casos en que el acto sea a título
oneroso, ya que la donación se halla absolutamente prohibida en el segundo inciso
del artículo anterior.-
Persona menor de edad con título profesional habilitante.
No obstante su menor edad, el adolescente puede ejercer la profesión pertinente
conforme el título habilitante que ha obtenido. Esto resulta de interés y utilidad
considerando la oferta masiva de carreras y/o cursos de corto plazo que habilitan
para el ejercicio de una profesión, y cuyo título puede obtenerse antes de la edad
de 18 años que importa la mayoría de edad plena. Dice el art. 29: La persona
menor de edad que ha obtenido título habilitante para el ejercicio de una profesión
puede ejercerla por cuenta propia sin necesidad de previa autorización. Tiene la
administración y disposición de los bienes que adquiere con el producto de su
profesión y puede estar en juicio civil o penal por cuestiones vinculadas a ella.
La consecuencia de la habilitación que reconoce la norma es la capacidad de
administración y disposición de los bienes que fueron obtenidos con el producto de
dicho trabajo, así como la asunción de las responsabilidades y derechos derivados
de su ejercicio —en el caso, la aptitud para presentarse y/o promover procesos
penales y/o civiles relacionados con la labor ejercida—. Estos bienes están excluidos
del régimen general de administración a cargo de los padres,
La exclusión del régimen de administración abarca no solo los bienes adquiridos con
el producto del trabajo referido en la norma —“peculio” del hijo—, sino también los
bienes subrogados con dichos fondos
RESTRICCIONES A LA CAPACIDAD
Principios comunes
ARTÍCULO 31.- Reglas generales. La restricción al ejercicio de la capacidad
jurídica se rige por las siguientes reglas generales:
a) la capacidad general de ejercicio de la persona humana se presume, aun cuando
se encuentre internada en un establecimiento asistencial;
b) las limitaciones a la capacidad son de carácter excepcional y se imponen siempre
en beneficio de la persona;
c) la intervención estatal tiene siempre carácter interdisciplinario, tanto en el
tratamiento como en el proceso judicial;
d) la persona tiene derecho a recibir información a través de medios y tecnologías
adecuadas para su comprensión;
e) la persona tiene derecho a participar en el proceso judicial con asistencia letrada,
que debe ser proporcionada por el Estado si carece de medios;
f) deben priorizarse las alternativas terapéuticas menos restrictivas de los derechos
y libertades.
El CCyC diseña como regla general la restricción al ejercicio de la capacidad y, solo
excepcional y subsidiariamente, y al único fin de protección de los derechos de la
persona, su eventual declaración de incapacidad.
En el supuesto de restricción a la capacidad, no procede la tradicional figura
sustitutiva del curador, sino la designación de persona/s de apoyo, cuya función es
“... promover la autonomía y favorecer las decisiones que respondan a las
preferencias de la persona” (art. 43 CCyC)
La condición de la persona sujeta a restricciones a su capacidad en el CCyC no es la
del inhábil del CC. La restricción a la capacidad es una categoría genérica, que
incluye un amplio abanico de posibilidades relacionadas con la amplitud o estrechez
de los actos que han sido limitados a la persona por sentencia. En segundo lugar, la
inhabilitación fue pensada exclusivamente para la protección patrimonial de la
persona, direccionada a actos de administración y disposición, en tanto que la
restricción a la capacidad apunta a actos personales y/o patrimoniales. Finalmente,
el efecto de la restricción de la capacidad no es la designación de un curador —ni
siquiera en su modalidad más “benévola” de asistencia— sino la designación de
figuras de apoyo.
Personas con capacidad restringida:
ARTICULO 32.- Persona con capacidad restringida y con incapacidad. El juez
puede restringir la capacidad para determinados actos de una persona mayor de
trece años que padece una adicción o una alteración mental permanente o
prolongada, de suficiente gravedad, siempre que estime que del ejercicio de su
plena capacidad puede resultar un daño a su persona o a sus bienes.
En relación con dichos actos, el juez debe designar el o los apoyos necesarios que
prevé el artículo 43, especificando las funciones con los ajustes razonables en
función de las necesidades y circunstancias de la persona.
El o los apoyos designados deben promover la autonomía y favorecer las decisiones
que respondan a las preferencias de la persona protegida.
Por excepción, cuando la persona se encuentre absolutamente imposibilitada de
interaccionar con su entorno y expresar su voluntad por cualquier modo, medio o
formato adecuado y el sistema de apoyos resulte ineficaz, el juez puede declarar la
incapacidad y designar un curador.
El nuevo Código contempla en su artículo 32 como supuestos de capacidad
restringida, aquellos mencionados en los incisos 1 y 2 del artículo 152 bis del C.C.
actual. De este modo, dispone que las personas mayores de trece (13) años que
sufren de adicciones y de alteraciones mentales permanentes de gravedad
suficiente como para poder dañarse a sí mismas o a sus bienes, puedan quedar
sometidas a un régimen de capacidades restringidas con la designación de un
curador o un sistema de apoyos multidisciplinario.
Ello es una sustancial diferencia con el régimen anterior, en el que estos casos
quedaban emplazados en el régimen de la inhabilitación e incluso en el de
incapacidad.
El CCyC elimina las etiquetas o calificaciones preexistentes —“sordomudos que no
saben darse a entender por escrito”; “dementes”; “disminuidos en sus facultades
mentales”— y reemplaza ello por enunciaciones genéricas: alteración mental y
adicción. Así, la declaración de “capacidad restringida” requiere que la persona se
encuentre en situación de daño a su persona o a sus bienes consecuencia de sus
actos.
Como se verá, la declaración de incapacidad supone ahora una absoluta
ineptitud para relacionarse con el medio y expresar la voluntad. En todos aquellos
casos en que no pueda verificarse dichos extremos corresponderá el presente
régimen de restricciones a la capacidad, con la posibilidad para el Juez de designar
una o varias personas de su confianza que le presten apoyo, con el fin de promover
su autonomía y facilitar la comunicación, comprensión y manifestación de la
voluntad para el ejercicio de sus derechos.
Inhabilitados: En los artículos 48 a 50 del nuevo Código, se reserva esta categoría
para los pródigos y se reafirma el fundamento de la asistencia de un curador para
actos de disposición, en protección del patrimonio familiar. Como en el caso
anterior, se establece la designación de un apoyo, que deberá asistir al inhabilitado
para el otorgamiento de actos de disposición, y de aquellos que establezca la
sentencia de inhabilitación.
NULIDAD DE LOS CONTRATOS POR INCAPACIDAD
Actos posteriores a la inscripción de la sentencia
Art. 44. Son nulos los actos de la persona incapaz y con capacidad restringida que
contrarían lo dispuesto en la sentencia realizados con posterioridad a su inscripción
en el Registro de Estado Civil y Capacidad de las Personas
Una vez que se encuentra firme la sentencia de capacidad restringida o de
incapacidad, la misma debe ser inscripta en el Registro de Estado Civil y Capacidad
de las Personas. De la sentencia surgirán los alcances de las restricciones al
ejercicio de la capacidad jurídica que fueron impuestas judicialmente.
Desde entonces, son nulos los actos de la persona incapaz o con capacidad
restringida que contrarían lo dispuesto en la sentencia realizados con posterioridad
a su inscripción en el Registro.
En el caso de la sentencia de incapacidad la norma se hace extensiva, en principio,
a cualquier acto -dentro de los patrimoniales, a su vez, quedan incluidos tanto los
de administración como los de disposición-, ya que se trata de un supuesto de
incapacidad de ejercicio absoluta. Pero cuando se refiere a la de capacidad
restringida (incapacidad de ejercicio relativa), el precepto legal se aplica
únicamente respecto de aquellos actos que fueron específicamente restringidos a
través de la sentencia, que luego no fueran realizados en la forma allí prescripta (ej:
bajo un sistema de apoyos inscripto en el Registro).
Se regula la nulidad de aquellos actos posteriores a la inscripción de la sentencia,
sin que sea posible hacer distinciones en razón de si el padecimiento mental era
ostensible o no a la época del otorgamiento del acto, ni tampoco invocar la buena
fe del contratante -dada la publicidad por la inscripción en el Registro ni el carácter
oneroso del acto.
En cualquier caso, se trata de un supuesto de nulidad relativa ya que se impone la
sanción sólo en protección del interés de la persona
Actos anteriores a la inscripción
Art. 45. Los actos anteriores a la inscripción de la sentencia pueden ser declarados
nulos, si perjudican a la persona incapaz o con capacidad restringida, y se cumple
alguno de los siguientes extremos:
a) la enfermedad mental era ostensible a la época de la celebración del acto;
b) quien contrató con él era de mala fe;
c) el acto es a título gratuito.
A diferencia de lo regulado en el art. 44 (actos posteriores a la inscripción), aquí se
establece el régimen aplicable a los actos realizados con anterioridad a la
inscripción de la sentencia en el Registro. Es decir que, en principio, se requeriría
que con posterioridad a la celebración del acto se haya dictado una sentencia de
incapacidad o capacidad restringida.
Así, con relación a los actos anteriores a la inscripción que perjudiquen a la persona
incapaz o con capacidad restringida, podrán ser declarados nulos si se cumple
alguno de los presupuestos previstos en la norma.
El primer supuesto refiere a que la "enfermedad mental" sea ostensible a la época
de la celebración del acto. En ese caso, la acción de nulidad puede prosperar aun
cuando quien contrató con la persona con padecimiento mental era de buena fe y a
título oneroso.
El primero de los extremos que señala la norma (inc. a) se encuentra
estrechamente vinculado con la mala fe de quien contrató con la persona con
padecimiento mental. De todas formas, si el padecimiento no era ostensible, puede
ser que el contratante igualmente lo conociera, con lo cual será reputado de mala
fe y estaremos ante el segundo de los supuestos (inc. b). En este caso, comprobada
la mala fe la acción puede prosperar aun cuando se trató de un acto a título
oneroso.
Finalmente, no siendo ostensible el padecimiento mental y aun habiendo actuado el
contratante de buena fe, igualmente puede prosperar la acción si el acto fue
realizado a título gratuito (inc. c).
Efectos de la nulidad del contrato.
ARTÍCULO 1000. Declarada la nulidad del contrato celebrado por la persona
incapaz o con capacidad restringida, la parte capaz no tiene derecho para exigir la
restitución o el reembolso de lo que ha pagado o gastado, excepto si el contrato
enriqueció a la parte incapaz o con capacidad restringida y en cuanto se haya
enriquecido.
El art. 1000 del Cód. Civil y Comercial regula los derechos de la parte capaz ante la
declaración de nulidad del contrato celebrado con persona incapaz o con capacidad
restringida.
El principio general es que la parte capaz del contrato declarado nulo, no tiene
derecho a exigir la restitución o el reembolso de lo que hubiere pagado o gastado,
ya que muy probablemente el incapaz, dado su estado, ya lo dilapidó.
Ahora bien, esta regla encuentra una excepción en el caso que el incapaz se
hubiese enriquecido, lo cual es coherente con el instituto del enriquecimiento sin
causa del art. 1794 del Código Civil y Comercial
INHABILIDADES PARA CONTRATAR
ART. 1001. No pueden contratar, en interés propio o ajeno, según sea el caso, los
que están impedidos para hacerlo conforme a disposiciones especiales. Los
contratos cuya celebración está prohibida a determinados sujetos tampoco pueden
ser otorgados por interpósita persona.
La norma establece que los impedidos para contratar conforme a disposiciones
especiales no pueden hacerlo en interés propio (consecuencia lógica del
impedimento que pesa sobre ellos), ni en interés ajeno o a través de interpósita
persona, con lo cual se busca evitar la celebración de negocios simulados.
Las disposiciones especiales a las cuales alude la norma serían:
— los casos previstos en el art. 1002, referido a las inhabilidades especiales;
— la prohibición que pesa sobre el consignatario de vender para si las cosas
comprendidas en la consignación (art. 1341);
— la prohibición al corredor de adquirir por sí o por interpósita persona efectos cuya
negociación le ha sido encargada o de tener cualquier participación o interés en la
negociación o en los bienes comprendidos en ella (art.1348);
— el impedimento de celebrar contrato de comodato entre:
1) tutores y curadores respecto de los bienes de las personas incapaces o con
incapacidad restringida bajo su representación y,
2) administradores de bienes ajenos respecto a los bienes confiados a su gestión, si
es que no cuentan con facultades expresas para ello (art 1535);
— la prohibición que pesa sobre el fiduciario de adquirir para si los bienes
fideicomitidos
INHABILIDADES ESPECIALES.
ART. 1002.- No pueden contratar en interés propio:
a. los funcionarios públicos, respecto de bienes de cuya administración o
enajenación están o han estado encargados;
b. los jueces, funcionarios y auxiliares de la justicia, los árbitros y mediadores, y sus
auxiliares, respecto de bienes relacionados con procesos en los que intervienen o
han intervenido;
c. los abogados y procuradores, respecto de bienes litigiosos en procesos en los que
intervienen o han intervenido;
d. los cónyuges, bajo el régimen de comunidad, entre sí.
Los albaceas que no son herederos no pueden celebrar contrato de compraventa
sobre los bienes de las testamentarias que estén a su cargo.
La capacidad de derecho es tratada en el art. 22 del Código Civil y Comercial, donde
se indica que toda persona humana goza de la aptitud para ser titular de derechos y
deberes jurídicos. Ahora bien, el mismo artículo, en su parte final dispone que la ley
puede privar o limitar esta capacidad, siendo un ejemplo de ello el art. 1002 el cual
establece incapacidades de derecho respecto a determinadas personas y ante
diferentes circunstancias.
“los denominados incapaces de derecho o de goce, están constituidos por personas
que son capaces de hecho, pero que la ley les prohíbe adquirir determinados
derechos. Por consiguiente no pueden ser titulares de ellos"
El ordenamiento jurídico consagra límites a la aptitud genérica de la persona para
ser titular de derechos estableciendo derechos circunscriptos — incapacidades de
derecho— fundadas en consideraciones de orden superior que acarrean que
determinadas personas no puedan ser titulares de determinados derechos"
En los tres primeros inciso del artículo traído a estudio, las inhabilidades se fundan
en la relación de poder en la que se encuentran los sujetos con respecto a los
bienes objeto de la prohibición, situación esta que les acarrea ventajas que podrían
redundar en desventajas para: a) la comunidad en el caso del inc. a) del art. 1002;
b) las partes de un proceso judicial, arbitral o de mediación en el caso del inc. b) del
art. 1002; y c) para los clientes o contrapartes de abogados y procuradores en el
caso del inc. c) del art. 1002. Lo mismo ocurre con la situación jurídica prevista en
la última parte del mismo.
Respecto del inc. d) es una pauta moralizadora cuya finalidad es la de preservar la
comunidad, evitando la actuación de uno de los cónyuges en beneficio propio y en
desmedro de la misma.
B) CAPACIDAD Y LEGITIMACIÓN. EFECTOS
Los presupuestos de validez de los contratos suelen distinguirse según que afecten
a los sujetos del negocio o al objeto.
Entre los que afectan al sujeto se encuentra la capacidad (cualidad intrínseca de la
partes).
Los presupuestos referidos al objeto se traducen en condiciones de idoneidad de las
prestaciones sobre las que recae el negocio y el otro presupuesto es la
legitimación, la cual representa un carácter subjetivo – objetivo del contrato.-
La legitimación es la relación que se analiza en el caso concreto, entre el sujeto
individualizado y el objeto determinado; de forma que el negocio que genera el
sujeto respecto de ese objeto produzca los efectos propios, no resulte ineficaz, ya
sea porque no es su dueño o porque no tiene la autorización del titular o de la ley
para el acto.
Según la teoría clásica no es un elemento esencial del contrato, no hace a su
validez
La postura moderna estudia dentro de los presupuestos: al objeto idóneo y sujeto
capaz, la relación entre ellos es la legitimación. Es una categoría donde se engloba
una serie de situaciones donde lo que se considera no es una aptitud en abstracto
sino la aptitud EN CONCRETO, para la cual es necesario poner al sujeto en relación
con el objeto.
La legitimación encuentra su soporte en una autorización, denominada poder o
facultad de negociar, la que puede derivar de la ley o de la voluntad del
representado y legitima la actuación del representante.
Entonces, el efecto que puede darse en virtud de la falta de legitimación es que
puede haber un negocio valido, pero que no produce efectos porque falta la relación
del sujeto con el objeto (por ejemplo: cuando se quiere actuar en nombre de otro,
no teniendo representación).
c) NULIDAD DE LOS CONTRATOS POR INCAPACIDAD - QUIEN PUEDE
ALEGAR - EFECTOS
Nulidad absoluta y relativa
Supresión de la categoría de actos nulos y anulables.
El CCyC elimina la doble clasificación entre actos nulos y anulables. Durante la
vigencia del CC, la doctrina había ensayado distintos fundamentos para establecer
el criterio de distinción entre ambos. El más difundido y aceptado es que en los
actos nulos el vicio surge evidente o salta a la vista. Esta expresión quiere decir
que, cuando se advierte un vicio o defecto congénito, basta con subsumir el caso en
una norma jurídica determinada para que este quede privado de sus efectos
propios. Es la ley, por sí misma, sin cooperación de ningún otro órgano o poder,
quien fulmina de nulidad del acto. En ese caso, el vicio que exhibe aparece rígido,
se presenta en la misma dosis en todas las hipótesis y salta a la vista. Los actos
anulables, en cambio, solo tienen en la ley un principio de sanción que el juez debe
destacar, definir y regular, porque el vicio no es rígido y perfilado por la ley sino que
depende de juzgamiento.
Sin embargo, un sector de la doctrina puso de manifiesto que, en los hechos, la
distinción entre actos nulos y anulables era inútil y que —además— dicha categoría
se basaba en una confusión conceptual. Se destaca que cuando se intenta
desmantelar los efectos del acto nulo y se quiere obligar a una de las partes a
restituir a la otra lo que hubiera otorgado en razón de ese acto, la intervención
jurisdiccional es siempre inexorable, se trate de un acto nulo o anulable.
Nulidad absoluta y relativa.
La nulidad absoluta procede cuando el interés inmediatamente vulnerado es el
interés general, esto es, “el orden público, la moral y las buenas costumbres”. La
nulidad relativa —en cambio— está instituida en beneficio de las personas que
resultan perjudicadas por un acto viciado y es viable en los casos en que el defecto
afecte el interés individual.
386. Criterio de distinción. Son de nulidad absoluta los actos que contravienen
el orden público, la moral o las buenas costumbres. Son de nulidad relativa los
actos a los cuales la ley impone esta sanción sólo en protección del interés de
ciertas personas.
Según la redacción del art. 386 CCyC, entre los actos nulos quedan abarcados una
serie de supuestos que involucran cuestiones de interés general y de interés
particular. Así, es nulo el acto celebrado por un incapaz de hecho absoluto, y
también lo es el acto de objeto prohibido. En el primer caso, la nulidad es relativa,
en el segundo, si afecta el orden público, será absoluta.
Caracteres y consecuencias de la nulidad absoluta.
Se derivan de las previsiones dadas en el art. 387 CCC.
387. Nulidad absoluta. Consecuencias. La nulidad absoluta puede declararse por
el juez, aun sin mediar petición de parte, si es manifiesta en el momento de dictar
sentencia. Puede alegarse por el Ministerio Público y por cualquier interesado,
excepto por la parte que invoque la propia torpeza para lograr un provecho. No
puede sanearse por la confirmación del acto ni por la prescripción.
Puede ser declarada de oficio por el juez
El Código autoriza la declaración de oficio cuando surge manifiesta en el momento
de dictar sentencia.. La posibilidad real del juez de declarar la invalidez del acto
surge cuando el defecto se encuentre claramente probado al concluir los trámites,
de modo que esté en condiciones de apreciarlo y valorarlo al tiempo de dictar
sentencia.
Puede ser articulada por el Ministerio Público y por cualquier interesado
Tanto el Ministerio Público como cualquier persona —entre ellos, el defensor de
Menores— pueden solicitar la declaración de nulidad. Basta con que justifiquen un
interés legítimo. Como es lógico, no pueden solicitar la nulidad del acto quienes
hubieren producido el vicio o lo hayan conocido al tiempo de ejecutar el negocio. Es
una manifestación del principio según el cual nadie puede invocar su propia
torpeza.
No puede ser saneado por confirmación
Si la nulidad absoluta protege intereses colectivos, o de la sociedad en general, no
podrían las partes sanear el acto inválido. Es una consecuencia del principio según
el cual la acción de nulidad en este caso no es renunciable.
Es imprescriptible
Tampoco la acción para reclamar la nulidad absoluta es susceptible de prescripción.
de otro modo se podría admitir implícitamente la renuncia en este tipo de casos,
pues bastaría con mantenerse activo en el transcurso de cierto tiempo para que
opere la confirmación tácita del acto viciado de nulidad absoluta.
Caracteres y consecuencias de la nulidad relativa.
A este respecto cabe remitirse al artículo subsiguiente, el art. 388 CCyC .
Art. 388. Nulidad relativa. Consecuencias. La nulidad relativa sólo puede
declararse a instancia de las personas en cuyo beneficio se establece.
Excepcionalmente puede invocarla la otra parte, si es de buena fe y ha
experimentado un perjuicio importante. Puede sanearse por la confirmación del
acto y por la prescripción de la acción. La parte que obró con ausencia de
capacidad de ejercicio para el acto, no puede alegarla si obró con dolo.
Procede solo a petición de parte interesada
La nulidad en este caso ha sido instituida en protección de intereses privados. Por
tanto, consecuentemente con ello, el Código solo autoriza a pedir la nulidad a quien
haya padecido el vicio, esto es, por ejemplo, a la víctima de dolo o de violencia.
Rige en toda su extensión el principio según el cual el interés es la medida de la
acción. De modo que el juez no puede decretar de oficio la invalidez..
No puede ser invocada por el Ministerio Público
Por las mismas razones expuestas anteriormente, tampoco en el caso de nulidad
relativa tiene legitimación el Ministerio Público Fiscal quien no puede pedir la
nulidad en el solo interés de la ley o de la moral y las buenas costumbres. Puede,
sin embargo, tener facultades concurrentes si, además de la afectación del interés
particular, se incurre en violación de algunas del orden público o intereses
generales. Sus facultades en ese caso serán concurrentes con las del interesado.
Tendrá acción el defensor de Menores exclusivamente en aquellos supuestos en
que el art. 103 CCyC le confiere legitimación para actuar en forma principal.
El acto puede ser confirmado Como la nulidad está instituida en beneficio de una
de las partes, el acto viciado es susceptible de confirmación, expresa o tácita.
La acción es prescriptible También la nulidad puede ser renunciada por la parte a
quién beneficia la acción.
Un caso especial: el sujeto que obró -dolosamente- con ausencia de capacidad de
ejercicio. No puede plantear la nulidad del acto quien, obrando con dolo, ocultó
deliberadamente su incapacidad, cuando la otra parte obró de buena fe, confiando
en la apariencia generada por quien entonces disimuló o de cualquier modo impidió
conocer la falencia existente al tiempo de celebrarlo. Es el caso de quien falsificó
sus documentos para aparentar ser mayor de edad y sorprendió a la otra parte con
su actitud de mala fe.
Nulidad total y parcial
Criterio de separabilidad.
La nulidad puede ser total o parcial. Es total cuando el vicio o defecto congénito
afecta e impregna a todo el negocio. Será, en cambio, parcial, si alcanza a una o
varias cláusulas que son perfectamente separables del resto.
Art. 389. Principio. Integración. Nulidad total es la que se extiende a todo el
acto. Nulidad parcial es la que afecta a una o varias de sus disposiciones. La nulidad
de una disposición no afecta a las otras disposiciones válidas, si son separables. Si
no son separables porque el acto no puede subsistir sin cumplir su finalidad, se
declara la nulidad total. En la nulidad parcial, en caso de ser necesario, el juez debe
integrar el acto de acuerdo a su naturaleza y los intereses que razonablemente
puedan considerarse perseguidos por las partes.
Para poder declarar la nulidad parcial del acto es preciso que el juez verifique si la
cláusula inválida es o no separable. Para ello, deberá valorar si una vez excluida se
mantiene el propósito que las partes tuvieron en miras al celebrar el acto, esto es,
no solo la intención práctica sino también las circunstancias del caso, apreciadas
según las reglas de la buena fe.
Nulidad parcial e integración del acto jurídico.
La nueva disposición contiene una novedad. Prevé que en caso que sea necesario
para salvar la validez el acto jurídico, el juez debe integrar el acuerdo. La operación
de “integración” -una manifestación del principio de conservación- consiste en
sustituir los términos o cláusulas ineficaces por otras válidas que se correspondan
con la naturaleza del acto y los intereses razonables de las partes.
No se persigue que el juez subsane la voluntad negocial ni libre a una de las partes
de la equivocación en que incurrió o del perjuicio que se causó por su propia
negligencia, sino que su integración ha de proceder cuando la índole del negocio lo
requiera para salvar su validez sin romper el equilibrio interno del acto. Para ello,
tendrá en cuenta la naturaleza del negocio de que se trata y los intereses que
razonablemente puedan considerarse perseguidos por las partes. Habrá de
considerar especialmente el fin abstracto, el que normalmente el negocio está
destinado a producir y no las circunstancias concretas de alguna de las partes.
Efectos de la nulidad
La vuelta de las cosas al estado anterior. Como principio general, la
declaración de nulidad vuelve las cosas a su estado anterior, y obliga a las partes a
restituirse lo que han recibido en virtud del acto nulo. El referido postulado se aplica
a las partes y a los terceros. Sin embargo, cabe distinguir dos situaciones: si el acto
que fue declarado nulo tuvo o no principio de ejecución. En el primer caso, nada
habrán de restituirse las partes, porque no se entregaron nada con anterioridad.
En el segundo, la restitución es compleja porque depende de distintas
circunstancias. Entre otras valoraciones habrá que examinar si el poseedor es o no
de buena fe. En principio, cuadra remitirse a las disposiciones que rigen los efectos
de las relaciones de poder (art. 1932 y ss. CCyC). Cuando se trata de inmuebles o
muebles registrables el problema de la restitución queda regido por el art. 392
CCyC.
Art. 390. Restitución. La nulidad pronunciada por los jueces vuelve las cosas al
mismo estado en que se hallaban antes del acto declarado nulo y obliga a las
partes a restituirse mutuamente lo que han recibido. Estas restituciones se rigen
por las disposiciones relativas a la buena o mala fe según sea el caso, de acuerdo a
lo dispuesto en las normas del Capítulo 3 del Título II del Libro Cuarto.
La restitución puede solicitarse por vía de acumulación en el mismo juicio en que se
solicitó la invalidez o en juicio por separado.
Por supuesto, la parte que provocó la nulidad no podría beneficiarse con la
restitución, se trate de nulidad absoluta o relativa.
2) REPRESENTACIÓN:
a) Concepto. Especies. Fuentes. Efectos de cada especie. Extensión
En general, las personas realizan sus negocios por si mismos; pero hay ocasiones
en que por diversas circunstancias se hace necesario encomendar a una tercera
persona que actué en lugar del interesado, sustituyéndolo-. Los contratos de
mandato y comisión son especies de la representación, sirven para actuar en
interés de otro.
Representar, es asumir los intereses de otro mediante una autorización.- la
representación es la autorización que la ley o voluntariamente un sujeto da a otro
que va a actuar en interés del primero.
Hay dos actores: 1- el Representado (titular del interés).
2- el Representante (actúa en interés ajeno del representado)
Principio. Fuentes
ARTÍCULO 358.-. Los actos jurídicos entre vivos pueden ser celebrados por medio de
representante, excepto en los casos en que la ley exige que sean otorgados por el
titular del derecho
La representación es voluntaria cuando resulta de un acto jurídico, es legal cuando
resulta de una regla de derecho, y es orgánica cuando resulta del estatuto de una
persona jurídica.
En las relaciones de familia la representación se rige, en subsidio, por las
disposiciones de este Capítulo.
Clasificación de la representación
Según le modo que debe actuar el representante, la representación puede ser
directa o indirecta
-Es directa cuando el representante actúa en nombre ajeno y los efectos jurídicos
de los actos llevados a cabo por esa actuación, se producen directa y
exclusivamente en la esfera jurídica del representado. Todos los derechos y
obligaciones nacidos del acto celebrado, obligan al representado de la misma
manera que si hubiera actuado personalmente.
- Es indirecta cuando el representante actúa en nombre propio y sobre el recaen
todos los efectos; luego se necesita de un paso ulterior de traspaso para que la
sustitución se efectivice y repercutan en la esfera jurídica del representado. El
representante actúa sin dar a conocer a los terceros la separación de los intereses.
Según el acto que la origine será:
- Legal o necesaria: se origina cuando la ley impone un representante a
personas humanas o jurídicas imposibilitadas de actuar o incapaces.
Ejemplo: los padres respecto de sus hijos menores de edad.
- Voluntaria: recae sobre personas capaces que por su conveniencia o
practicidad en los negocios, designan un representante para que coopere en
su negocio. Ejemplo: el mandato.
- Orgánica: es aquella de las personas jurídicas, que deviene del estatuto de
aquellas.
Tanto la legal como la voluntaria producen el mismo efecto, consistente en que las
consecuencias del negocio concluido por el representante con el tercero recaen
directamente sobre el representado, pero difieren en algunas circunstancias como
que en la legal, la ley prescinde de la voluntad del representado a quien se
considera incapaz o imposibilitado de tomar una determinación; en la voluntaria el
representado es capaz de actuar y por lo tanto, su voluntad es requisito
indispensable para la validez y eficacia del negocio representado.
La representación orgánica, por su lado, contempla los casos de representación de
personas jurídicas. Surgirá del estatuto, contrato, o instrumento legal que diera
origen a una persona de existencia ideal. El representante es el titular de un
órgano, independiente de la existencia de un poder. Así, por caso, en las sociedades
anónimas el representante es el Presidente del directorio (art. 268 de la ley
19.550), sin perjuicio que pueda darse poder a un abogado para que represente a la
sociedad en juicio: en el primer supuesto habrá representación orgánica
Regla general.
ARTÍCULO 100.- Las personas incapaces ejercen por medio de sus representantes
los derechos que no pueden ejercer por sí.
Enumeración
ARTÍCULO 101.-. Son representantes:
a. de las personas por nacer, sus padres;
b. de las personas menores de edad no emancipadas, sus padres. Si faltan los
padres, o ambos son incapaces, o están privados de la responsabilidad parental, o
suspendidos en su ejercicio, el tutor que se les designe;
c. de las personas con capacidad restringida, el o los apoyos designados cuando,
conforme a la sentencia, éstos tengan representación para determinados actos; de
las personas incapaces en los términos del último párrafo del artículo 32, el curador
que se les nombre.
Asistencia
ARTÍCULO 102.-. Las personas con capacidad restringida y las inhabilitadas son
asistidas por los apoyos designados en la sentencia respectiva y en otras leyes
especiales.
Actuación del Ministerio Público
ARTÍCULO 103.-. La actuación del Ministerio Público respecto de personas
menores de edad, incapaces y con capacidad restringida, y de aquellas cuyo
ejercicio de capacidad requiera de un sistema de apoyos puede ser, en el ámbito
judicial, complementaria o principal.
a. Es complementaria en todos los procesos en los que se encuentran involucrados
intereses de personas menores de edad, incapaces y con capacidad restringida; la
falta de intervención causa la nulidad relativa del acto.
b. Es principal:
i. cuando los derechos de los representados están comprometidos, y existe inacción
de los representantes;
ii. cuando el objeto del proceso es exigir el cumplimiento de los deberes a cargo de
los representantes;
iii. cuando carecen de representante legal y es necesario proveer la representación.
En el ámbito extrajudicial, el Ministerio Público actúa ante la ausencia, carencia o
inacción de los representantes legales, cuando están comprometidos los derechos
sociales, económicos y culturales.
b) Representación voluntaria
Caracteres
ART. 362.-. La representación voluntaria comprende sólo los actos que el
representado puede otorgar por sí mismo. Los límites de la representación, su
extinción, y las instrucciones que el representado dio a su representante, son
oponibles a terceros si éstos han tomado conocimiento de tales circunstancias, o
debieron conocerlas obrando con cuidado y previsión.
La representación voluntaria tiene como fuente el poder o acto de apoderamiento.
Se trata de un acto jurídico unilateral. Ello lleva a que, a partir de la manifestación
del representado, se produce el nacimiento de la representación.
Dicha declaración unilateral del poderdante informará a los terceros que los actos
que realice el representante, a nombre y por cuenta del representado, repercutirán
en el patrimonio y derechos del primero. Por esa razón los verdaderos destinatarios
del poder son los terceros, a quienes asegura la determinación del sujeto de
derecho involucrado en la relación o situación jurídica.
A su vez, el artículo en examen consagra la regla que impone que el representante
sólo podrá ejercer por cuenta de otro, aquellos actos que el representado podría
ejercer por sí mismo. De modo que, lo que él no puede realizar, no podrá
encomendárselo a un representante.
Habrá que excluir entonces aquellos actos que la ley impone deban ser realizados
personalmente por el interesado. Sirven de ejemplo el matrimonio en la ley de
fondo, la absolución de posiciones en el Código Procesal Civil y Comercial de la
Nación, la comparecencia a la audiencia previa de mediación obligatoria, entre
otras. También aquellas obligaciones intuitu personae de fuente contractual. En
cuanto a la oponibilidad a terceros del contenido, instrucciones, límites y extinción
de la representación, habremos de remitirnos a lo comentado en el artículo
anterior. Debemos guardar especial atención a la habitualidad, especialidad y
demás circunstancias especiales que rodeen cada negocio en particular, tal como
fuera allí examinado.
Forma
ART. 363.-. El apoderamiento debe ser otorgado en la forma prescripta para el
acto que el representante debe realizar.
Capacidad.
ART. 364.- En la representación voluntaria el representado debe tener capacidad
para otorgar el acto al momento del apoderamiento; para el representante es
suficiente el discernimiento.
- Siendo el representado el dueño del negocio y del interés, y sobre quien
recaerán los efectos del acto celebrado, es irrelevante el estado subjetivo
del representante.
Vicios
ART. 365.-. El acto otorgado por el representante es nulo si su voluntad está
viciada. Pero si se ha otorgado en ejercicio de facultades previamente determinadas
por el representado, es nulo sólo si estuvo viciada la voluntad de éste.
El representado de mala fe no puede aprovecharse de la ignorancia o la buena fe
del representante.
La norma sanciona con nulidad cualquier acto llevado a cabo por un representante cuya voluntad
se encuentre viciada. De modo que, como todo acto voluntario, el representante deberá tener
discernimiento, intención y libertad.
Exige la norma atender a la mala fe del representado, quien al revestir tal calidad, no podrá
aprovecharse de la ignorancia o la buena fe del representante.
Así, por ejemplo, el negocio sería impugnable de nulidad cuando el otorgante del poder, a
sabiendas de circunstancias que podían invalidar el acto, recurre a la representación para eludir
prohibiciones o limitaciones que le hubieran impedido actuar personalmente, o hubieran en su
caso viciado el acto celebrado.
Actuación en ejercicio del poder
ART. 366.-. Cuando un representante actúa dentro del marco de su poder, sus
actos obligan directamente al representado y a los terceros. El representante no
queda obligado para con los terceros, excepto que haya garantizado de algún modo
el negocio. Si la voluntad de obrar en nombre de otro no aparece claramente, se
entiende que ha procedido en nombre propio.
C) NEGOCIO CONSTITUTIVO DE LA REPRESENTACIÓN Y NEGOCIO
REPRESENTATIVO
Mediante el negocio constitutivo de la representación, el representado otorga al representante el
poder o la facultad para emitir declaraciones de voluntad en su nombre, determina concretamente
el contenido de esa facultad y le fija sus límites. El otorgamiento del poder de representación
importa solamente una autorización al representante para la celebración de negocios en nombre
del representado. En este poder o mandato se fijaran los límites y extensión de la representación.
El negocio representativo, es el negocio que realiza el representante con otro, es la parte dinámica
de la representación. El representante quiere inmediatamente concluir un negocio con un tercero
en nombre de su representado. Este último sólo mediatamente quiere concluir un negocio a través
de su representante. Este planteo del asunto tiene importantes consecuencias para determinar el
lugar y el momento de la perfección y los vicios del consentimiento en la celebración del negocio
representativo.
d) Obligaciones del representante. Capacidad. Representación aparente
Art. 372. El representante tiene las siguientes obligaciones y deberes:
a) de fidelidad, lealtad y reserva;
b) de realización de la gestión encomendada, que exige la legalidad de su prestación, el cumplimiento de
las instrucciones del representado, y el desarrollo de una conducta según los usos y prácticas del tráfico;
c) de comunicación, que incluye los de información y de consulta;
d) de conservación y de custodia;
e) de prohibición, como regla, de adquirir por compraventa o actos jurídicos análogos los bienes de su
representado;
f) de restitución de documentos y demás bienes que le correspondan al representado al concluirse la
gestión
El representante contrae una obligación de hacer, cuyo contenido es una prestación
de diligencia dirigida a la satisfacción del interés del representado. Las fuentes que
determinan los alcances de dicha obligación serán, en primer lugar, las
instrucciones dadas por el representado en el acto de apoderamiento. En segundo,
el marco legal específico del instituto de la representación. En tercero, los usos y
costumbres
El deber de lealtad, fidelidad y reserva del representante, hacen a la exigencia
lógica y esperable de todo aquel que gestiona intereses ajenos, y tienen especial
sentido en pos de la confianza que deposita en él el representado.
Surgen como manifestaciones básicas de este deber dar a los bienes recibidos el
destino encomendado, no atender asuntos incompatibles o dar aviso de una posible
incompatibilidad, no usar para su propio, provecho ventajas obtenidas gracias a la
gestión representativa, no obtener de terceros ventajas personales que podrían
corresponder al representante
Sobre el deber de reserva, concierne a un deber de discreción del representante
cuanto tenga información sobre los asuntos privados y profesionales de su
representado.
El representante tiene un deber de discreción hacia los terceros, pero de
indiscreción hacia su representado: debe informarle. Incluirá la información que
pueda serle útil al representado al momento de decidir sobre las instrucciones en el
acto de apoderamiento, así como el período en el que se ejecuta el encargo: a) dar
cuenta de las noticias provenientes de la gestión que resulten relevantes, a fin de
producir un cambio en las instrucciones; b) comunicar cualquier apartamiento de
las instrucciones recibidas, o la confirmación de actos para cuya realización el
representante tiene dudas.
Deberá también la custodia y conservación de los documentos y bienes del
representado que reciba durante su gestión, así como su devolución una vez
concluido el vínculo entre ellos.
Representación aparente.
ART. 367.- Cuando alguien ha obrado de manera de inducir a un tercero a celebrar
un acto jurídico, dejándolo creer razonablemente que negocia con su representante,
sin que haya representación expresa, se entiende que le ha otorgado tácitamente
poder suficiente.
A tal efecto se presume que:
a. quien de manera notoria tiene la administración de un establecimiento abierto al
público es apoderado para todos los actos propios de la gestión ordinaria de éste;
b. los dependientes que se desempeñan en el establecimiento están facultados
para todos los actos que ordinariamente corresponden a las funciones que realizan;
c. los dependientes encargados de entregar mercaderías fuera del establecimiento
están facultados a percibir su precio otorgando el pertinente recibo.
Cuando alguien obra con un tercero, haciéndolo creer razonablemente que negocia
con su representante, sin que tal vínculo representativo exista, se entiende que ha
otorgado tácitamente poder.
La norma centra especialmente su examen en la valoración de la conducta del
supuesto representado, que con su obrar hace presumir al tercero que actúa con su
representante: resulta poco común pedir a un empleado su poder en una ventanilla.
En esta postura, la ley prevé tres supuestos que, por sus características y
naturaleza, presumen la existencia de representación:
a) quien de manera notoria tiene la administración de un establecimiento abierto al
público es apoderado para todos los actos propios de la gestión ordinaria de éste;
b) los dependientes que se desempeñan en el establecimiento están facultados
para todos los actos que ordinariamente corresponden a las funciones que realizan;
c) los dependientes encargados de entregar mercaderías fuera del establecimiento
están facultados a percibir su precio otorgando el pertinente recibo.
e) Sustitución. Extinción de la representación. Distintos supuestos
Sustitución.
ART. 377.- El representante puede sustituir el poder en otro. Responde por el
sustituto si incurre en culpa al elegir. El representado puede indicar la persona del
sustituto, caso en el cual el representante no responde por éste. El representado
puede prohibir la sustitución.
La sustitución se asienta en la confianza que al representado le inspira la persona
del representante.
La regla generales que el representante puede sustituir el poder en otra persona. La
sustitución no hace más que maximizar las posibilidades de eficacia de la actuación
del representante.
Responsabilidad del representante
A diferencia de lo que ocurría con la anterior legislación con el mandatario, la norma
ahora nos indica que el representante sólo responderá por el sustituto en caso que
incurra en culpa en su elección.
Facultades del representado
Finalmente, la norma pone en cabeza del titular del interés otras dos facultades
expresas. La primera consistirá en indicar la persona que sustituirá al
representante. En ese caso, no podrá existir responsabilidad en cabeza del
representante por su elección.
Por otro lado, la facultad excluyente del titular del interés consistirá en la
posibilidad de prohibir la sustitución.
Extinción de la representación:
Dentro de los modos de extinción de la representación, podemos clasificar entre
aquellos que provienen de causas que afectan al objeto, y entre los que tienen
como origen al representante o al representado. Entre los primeros tendremos el
cumplimiento del encargo, mientras que en el segundo grupo ubicaremos la
revocación, renuncia o muerte, entre otras. No se incluyó el vencimiento de un
plazo determinado como causal de extinción.
ART. 380.- Extinción. El poder se extingue:
a. por el cumplimiento del o de los actos encomendados en el apoderamiento;
b. por la muerte del representante o del representado; sin embargo subsiste en
caso de muerte del representado siempre que haya sido conferido para actos
especialmente determinados y en razón de un interés legítimo que puede ser
solamente del representante, de un tercero o común a representante y
representado, o a representante y un tercero, o a representado y tercero;
c. por la revocación efectuada por el representado; sin embargo, un poder puede
ser conferido de modo irrevocable, siempre que lo sea para actos especialmente
determinados, limitado por un plazo cierto, y en razón de un interés legítimo que
puede ser solamente del representante, o de un tercero, o común a representante y
representado, o a representante y un tercero, o a representado y tercero; se
extingue llegado el transcurso del plazo fijado y puede revocarse si media justa
causa;
d. por la renuncia del representante, pero éste debe continuar en funciones hasta
que notifique aquélla al representado, quien puede actuar por sí o reemplazarlo,
excepto que acredite un impedimento que configure justa causa;
e. por la declaración de muerte presunta del representante o del representado;
f. por la declaración de ausencia del representante;
g. por la quiebra del representante o representado;
h. por la pérdida de la capacidad exigida en el representante o en el representado.
a. Cumplimiento del objeto del encargo: estaba prevista en el art. 1960 CC. Es
el modo natural de extinción de la relación de representación. Si se justificó en una
determinada misión que el representado encomendó al representante, es lógico
que, una vez cumplida, la relación representativa entre ambos se extinga. Se trata
de un modo de extinción satisfactivo y tiene efectos liberatorios.
b. Fallecimiento del representante o representado: la extinción obedece al
carácter personal de la relación establecida entre ambos. Se trata de un contrato
intuitu personae, de modo que el vínculo de confianza que liga a las partes se
extingue en casos de muerte. En ciertos supuestos, sin embargo, se admite que el
poder subsista aun luego de la muerte del representado si fue otorgado para actos
“especialmente determinados” (por ejemplo, transferir el dominio de cierto
inmueble a Patricia) y en razón de un interés legítimo (por ejemplo, cumplir con el
compromiso de venta asumido en favor de Patricia y que fuera instrumentado en un
boleto de compraventa).
c. Revocación efectuada por el representado: así como en su momento el
representado otorgó un poder para que el representante obre en su nombre, con la
misma libertad que lo hizo puede revocarlo en cualquier tiempo. La revocación
constituye un acto jurídico unilateral y recepticio, por lo que sus efectos recién se
producen una vez que el destinatario —el representante— conoció sus términos. De
todos modos, el margen de arbitrio que se concede al representado encuentra un
límite en los casos en que el poder ha sido otorgado en forma irrevocable. En tal
supuesto, se insiste, no se admite la revocación. Pero para que ello sea así es
preciso que el poder — irrevocable— haya sido conferido: i) para actos
especialmente determinados; ii) limitado en su duración a un plazo cierto —vencido
dicho plazo, se produce la extinción del poder—; y iii) en razón de un interés
legítimo. Aun así, el poder irrevocable puede ser revocado si mediare “justa causa”
(por ejemplo, incumplimiento del representante de algunas de las obligaciones a su
cargo; art. 372 CCyC).
d. Renuncia del representante: si la pérdida de la confianza puede ser el móvil
que lleva al representado a revocar el poder otorgado al representante, a la inversa
puede ocurrir que esa misma razón determine al representante a renunciar al
apoderamiento que le fuera conferido. El Código condiciona el ejercicio de esta
facultad imponiendo al representante la obligación de continuar en el ejercicio de
su misión hasta tanto notifique la renuncia al representado, salvo que acredite la
concurrencia de una “justa causa”. El artículo no explica qué debe entenderse por
tal. Podría considerarse que el incumplimiento del representado de las obligaciones
a su cargo (art.
373 CCyC) constituye una justa causa, mas es claro que no cualquier
incumplimiento puede habilitar sin más la cesación inmediata de la actuación del
representante sin esperar a la notificación al representado. habrá, pues, que
examinar la gravedad del incumplimiento, si medió culpa del representado en su
configuración, etc.
e y f. declaración de muerte presunta del representante o del
representado o de ausencia del representante: son supuestos que se asimilan
al del fallecimiento. Se trata de una causal que fue agregada por la reforma y se
justifica por el carácter intuitu personae de la representación y la confianza que es
característica de ella.
g. Quiebra del representante o representado: la quiebra —no el concurso
preventivo— produce una serie de efectos personales y patrimoniales respecto del
fallido. El CCyC viene a agregar uno más a la nómina de consecuencias: la extinción
del poder otorgado al representante o por el representado fallido.
F) CONTRATO CON PERSONA A DESIGNAR. CONTRATO CONSIGO MISMO.
RATIFICACIÓN
Contrato para persona a designar
ART. 1029.-. Cualquier parte puede reservarse la facultad de designar
ulteriormente a un tercero para que asuma su posición contractual, excepto si el
contrato no puede ser celebrado por medio de representante, o la determinación de
los sujetos es indispensable.
La asunción de la posición contractual se produce con efectos retroactivos a la
fecha del contrato, cuando el tercero acepta la nominación y su aceptación es
comunicada a la parte que no hizo la reserva. Esta comunicación debe revestir la
misma forma que el contrato, y ser efectuada dentro del plazo estipulado o, en su
defecto, dentro de los quince días desde su celebración.
Mientras no haya una aceptación del tercero, el contrato produce efectos entre las
partes.
El contrato para persona a designar tiene lugar cuando uno de los contratantes, el
estipulante, se reserva el derecho o la facultad de designar, dentro de un plazo
establecido, a quien ocupará luego su posición contractual en el negocio. Este
contrato carecía de regulación en el orden normativo previo a la sanción de este
Código.
Suele ser un recurso empleado por intermediarios, quienes actúan en nombre e
interés propios, de especial uso en operaciones de compraventa de inmuebles y de
automotores —las denominadas compras “en comisión”—, quienes adquieren un
bien sin satisfacer los recaudos formales específicos, que completarán una vez que
encuentren un comprador al que adjudicar la cosa.
Contratos que pueden celebrarse para persona a designar. El Código admite
la realización de contratos para persona a designar por cualquier parte y en tanto
no se trate de contratos que no pueden ser celebrados por medio de representantes
o en los que la determinación de los sujetos que integrarán cada parte sea
indispensable en el momento de la celebración, como ocurre cuando la persona que
habrá de cumplir las obligaciones surgidas del contrato resulta esencial en razón de
sus cualidades personales.
Recaudos formales de la designación. La forma que debe observarse para la
integración del vínculo contractual es la misma del contrato base y el artículo en
comentario impone que ella sea también observada para la formulación de la
comunicación dirigida a la contraparte en el contrato original, lo que bien puede
concretarse en un único acto al que asistan todos los interesados.
Plazo para la comunicación de la designación. El plazo para la determinación
del sujeto designado y la comunicación a la contraparte será el estipulado en el
contrato original y, si nada se especificó al respecto, será el de quince días desde su
celebración.
Efectos de la identificación del designado. La designación del sujeto que
ocupará la posición contractual operará con efecto retroactivo, por lo que quien
entra a la relación lo hace en los mismos términos en los que participaba de ella el
sustituido, como acreedor o deudor respectivamente.
La sustitución se opera cuando el tercero acepta su integración al vínculo
contractual preestablecido con intervención de quien le cede su posición
contractual y ello es comunicado a la contraparte en el contrato original o base.
Efectos cuando se encuentra pendiente o frustrada la designación. En
razón de lo dispuesto en el último párrafo de la norma —en el que se dispone que
mientras no medie aceptación de un tercero, el contrato produce efectos entre las
partes— cabe determinar que hasta tanto no se concrete la comunicación al co-
contratante de la identidad de quien habrá de sustituir al contratante originario,
este deberá cumplir las prestaciones que pudieran resultar exigibles.
En caso de no producirse la aceptación por un tercero que sustituya al contratante
original que hizo la reserva de designación ulterior de persona, este contratante
quedará obligado en los términos del contrato base.
CONTRATO CONSIGO MISMO
ART. 368.- Acto consigo mismo. Nadie puede, en representación de otro,
efectuar consigo mismo un acto jurídico, sea por cuenta propia o de un tercero, sin
la autorización del representado. Tampoco puede el representante, sin la
conformidad del representado, aplicar fondos o rentas obtenidos en ejercicio de la
representación a sus propios negocios, o a los ajenos confiados a su gestión.
Bajo el rótulo de contrato consigo mismo o doble representación, la doctrina trató
dos supuestos que, se diferencian claramente.
El primero, referido a un representante que utiliza información, bien, o
alguna instrucción dada en el ejercicio del poder, en su provecho. El
segundo, quien representando a dos sujetos distintos, celebra un contrato,
habiendo una sola persona que interviene como representante, y dos
representados
Contrato consigo mismo; El primero de los casos dados en el punto anterior es el
típico "contrato consigo mismo", en el cual un representante, en una posición
privilegiada, lleva a cabo actos en ejercicio del poder, en su propio provecho.
Tradicionalmente se ha dicho que tal prohibición responde a una regla de
moralidad, en tanto la conducta del representante que adquiere los bienes de su
representado viola lo que haría un hombre sensato.
De este modo, los únicos supuestos en que la representación voluntaria admitirá los
actos llevados a cabos por el representante consigo mismo, serán aquellos en que
medie autorización del representado.
Por otro lado, pese a la falta de referencia concreta en la norma, entendemos serán
válidas las prácticas llevadas a cabo bajo esta modalidad cuando medie ratificación
posterior del representado. Es que al decir "autorización del representado", nada
impide que pueda darse a posteriori del acto celebrado, como una suerte de
ratificación prevista en el art. 369.
Doble representación: Nos encontramos con doble representación cuando una
persona representa a dos partes en un mismo acto. Conviven así, dos partes con
intereses contrapuestos y un solo representante.
Limitación en el manejo de fondos
La norma ha prohibido al representante aplicar fondos o rentas obtenidos en
ejercicio de la representación a sus propios negocios, o a aquellos que resulten
ajenos a los confiados a su gestión. Necesitará para ello autorización expresa del
representado.
Ratificación.
ART. 369.- La ratificación suple el defecto de representación. Luego de la
ratificación, la actuación se da por autorizada, con efecto retroactivo al día del acto,
pero es inoponible a terceros que hayan adquirido derechos con anterioridad.
Tiempo de la ratificación
ART. 370.-. La ratificación puede hacerse en cualquier tiempo, pero los interesados
pueden requerirla, fijando un plazo para ello que no puede exceder de quince días;
el silencio se debe interpretar como negativa. Si la ratificación depende de la
autoridad administrativa o judicial, el término se extiende a tres meses. El tercero
que no haya requerido la ratificación puede revocar su consentimiento sin esperar
el vencimiento de estos términos.
ART. 371.- Manifestación de la ratificación. La ratificación resulta de cualquier
manifestación expresa o de cualquier acto o comportamiento concluyente que
necesariamente importe una aprobación de lo que haya hecho el que invoca la
representación.
La ratificación se produce cuando, ante la actuación de un gestor que no tiene
facultades representativas, sobreviene una declaración de voluntad del titular del
interés que asume la gestión como propia. Así, otorga eficacia con posterioridad al
acto.
La ratificación "suple los defectos de la representación". Es decir, que vendrá a
purgar aquellos defectos que adolezca un acto llevado a cabo por un representante
vicioso.
Los efectos que producirá la ratificación serán entre las partes y retroactivos al día
del acto. Vale decir, que la ratificación efectuada no implicará un apoderamiento
futuro a quien actuó careciendo de representación, para que comience a obrar en
tal carácter, sino que circunscribirá sus efectos a los actos anteriores objetos de
dicha venia.
Efectos respecto de terceros
A diferencia de las consecuencias que produce la ratificación entre las partes, tal
emisión unilateral del representado no producirá efectos respecto de terceros que
hayan adquirido derechos con anterioridad. Tal precepto tiene un gran sentido
práctico a fin de evitar la utilización de esta valiosa herramienta en fraude a la ley.
Es que podría ocurrir que una persona, luego de transferir un derecho a favor de
otra, encuentre en este precepto un modo de privarlo de él, ratificando la actuación
de alguien que transmitió ese mismo derecho, sin tener poder suficiente. De allí la
importancia de la inoponibilidad a los terceros que hayan adquirido derechos con
anterioridad.
G) OPONIBILIDAD A TERCEROS
Oponibilidad a terceros.
ART. 381.- Las modificaciones, la renuncia y la revocación de los poderes deben ser
puestas en conocimiento de los terceros por medios idóneos. En su defecto, no son
oponibles a los terceros, a menos que se pruebe que éstos conocían las
modificaciones o la revocación en el momento de celebrar el acto jurídico.
Las demás causas de extinción del poder no son oponibles a los terceros que las
hayan ignorado sin su culpa
Para que las modificaciones, renuncia y revocación del poder sean oponibles a
terceros, deberán ponérseles en conocimiento por "medios idóneos".
Caso contrario, no surtirán efectos, a menos que se pruebe su conocimiento al
momento de celebrar el acto jurídico. De modo que, la prueba quedará a cargo de
quien invoca tal conocimiento.
Las demás causas de extinción (muerte, declaración de muerte presunta,
incapacidad, etc.), no serán oponibles al tercero que las haya ignorado sin su culpa.
3) OBJETO DEL CONTRATO
Concepto
El objeto del contrato está constituido por las relaciones jurídicas y por los derechos
sobre los que este incide: creándolos, modificándolos, transfiriéndolos,
extinguiéndolos.
Se entiende por objeto de los contratos las prestaciones y las cosas a las cuales
ellas pueden referirse, los bienes, relaciones y los medios e instrumentos, en sí
mismos considerados, de los cuales se valen las partes para la consecución del
resultado perseguido.
López de Zavalia distingue en objeto inmediato – mediato: directo o indirecto
El objeto inmediato: crea relaciones jurídicas entre las partes, es decir los
derechos sobre los que este incide, de los cuales pueden ser muy diversas.
El objeto mediato, es el objeto del derecho y designa bajo este nombre a
las prestaciones, hechos y cosas. Puede ser: directo, son las prestaciones: dar,
hacer o no hacer, o indirecto, consisten en el dinero y la cosa individualizada.
B) REQUISITOS PARA LA IDONEIDAD DEL OBJETO
Posibilidad material y jurídica. Determinación. Patrimonialidad
Las calidades que determinan la idoneidad del objeto del contrato son: posibilidad
jurídica y material, la determinación y el valor patrimonial del mismo.
Objeto del acto jurídico
ART. 279.- El objeto del acto jurídico no debe ser un hecho imposible o prohibido
por la ley, contrario a la moral, a las buenas costumbres, al orden público o lesivo
de los derechos ajenos o de la dignidad humana. Tampoco puede ser un bien que
por un motivo especial se haya prohibido que lo sea.
ARTÍCULO 1003.- Disposiciones generales. Se aplican al objeto del contrato las
disposiciones de la Sección 1ª, Capítulo 5, Título IV del Libro Primero de este
Código. Debe ser lícito, posible, determinado o determinable, susceptible de
valoración económica y corresponder a un interés de las partes, aun cuando éste no
sea patrimonial.
ARTÍCULO 1004.- Objetos prohibidos. No pueden ser objeto de los contratos los
hechos que son imposibles o están prohibidos por las leyes, son contrarios a la
moral, al orden público, a la dignidad de la persona humana, o lesivos de los
derechos ajenos; ni los bienes que por un motivo especial se prohíbe que lo sean.
Cuando tengan por objeto derechos sobre el cuerpo humano se aplican los artículos
17 y 56.
- Posible
- lícito;
- determinado o determinable;
- susceptible de valoración económica;
El objeto debe ser - corresponder a un interés de las partes;
- no ha de ser contrario a la moral y las
buenas costumbres;
- no ha de afectar la dignidad de la persona
humana;
- no ha de ser lesivo para los derechos
ajenos;
- tratándose de bienes no ha de estar
prohibido que sean objeto del contrato;
- tratándose de hechos no han de estar
prohibidos por las leyes.
-
-
- Posibilidad: el objeto debe ser posible tanto desde un punto de vista
material como jurídico.
La posibilidad debe evaluarse al tiempo de la celebración del contrato, pues la
imposibilidad sobreviniente afecta la factibilidad de cumplimiento, pero no priva de
objeto a la estructura del contrato, sea ella permanente (art. 955 CCyC) o sea ella
temporaria (art. 956 CCyC).
La posibilidad establecida como requisito en este artículo se refiere tanto al aspecto
material como jurídico, apreciados ambos según las circunstancias, posibilidades
técnicas y legislación vigentes al tiempo de celebración del contrato. Como
ejemplos tradicionales de uno y otro supuesto se enuncian el contrato en el que una
de las partes asume el compromiso de tocar el cielo con las manos —imposibilidad
material—, y de la jurídica, hipotecar un automotor.
- Lícito: el contrato debe referirse a hechos que no estén prohibidos por las
leyes, sean contrarios a la moral, al orden público, a la dignidad de la
persona humana o lesivos de derechos ajenos o a bienes que no se hayan
prohibido que sean objeto de negocios jurídicos (art. 1004 CCyC).
En caso de tratarse de derechos sobre el cuerpo humano, debe estarse a lo
dispuesto a los arts. 17 y 56 CCyC. El primero establece que el titular de derechos
sobre el cuerpo humano solo puede disponer de ellos siempre que se respete algún
valor afectivo, terapéutico, humanitario o social, según lo dispongan leyes
especiales; encontrándose prohibidos por el segundo los actos de disposición sobre
el propio cuerpo que ocasionen una disminución permanente de su integridad o
resulten contrarios a la ley, la moral o las buenas costumbres, salvo que sean
necesarios para un mejoramiento de la salud de la persona (por ejemplo,
amputación de una extremidad) y, excepcionalmente, de otra persona (por ejemplo,
ablación para trasplante), de conformidad a lo dispuesto por el ordenamiento
jurídico.
Son diversos los supuestos de ilicitud:
i) Hechos prohibidos por las leyes: se trata de prohibiciones específicas
determinadas por vía legislativa, como cuando se encuentra autorizada la
comercialización de una droga para fines medicinales, pero se la prohíbe fuera de
tal supuesto.
ii) Hechos contrarios a la moral: El concepto es dinámico porque lo que se considera
moral o inmoral cambia de un tiempo a otro de la evolución social.
iii) Hechos contrarios al orden público: Será de objeto nulo todo contrato cuyo
objeto contraríe el orden público vigente al tiempo de su celebración.
iv) Hechos contrarios a la dignidad de la persona humana: el Código contiene
diversas normas destinadas a proteger la dignidad de la persona humana, como
derecho personalísimo. Son numerosos los supuestos en los que una persona puede
llegar a consentir un vínculo contractual del que se deriva para ella una situación
violatoria de su dignidad, evaluada en sentido objetivo, pero el derecho priva de
validez a las relaciones jurídicas establecidas sobre tal avasallamiento.
v) Hechos lesivos de los derechos ajenos. Serían hechos lesivos de los derechos
ajenos, por ejemplo: los actos fraudulentos; debiendo advertirse que, en tal caso, no
corresponde declarar la nulidad del acto sino la inoponibilidad
vi) Determinados hechos vinculados con la disposición de una persona sobre el
propio cuerpo.
- Determinado o determinable: el objeto de la prestación debe encontrarse
determinado al tiempo de la celebración del contrato o bien establecerse en
este el mecanismo por el que podrá alcanzarse tal determinación al tiempo
del cumplimiento, supuesto de indeterminación relativa temporal.
Si el objeto se refiere a bienes, estos deben estar determinados en su especie o
género, pudiendo quedar su cantidad sujeta a determinación, como cuando se
vende lo producido de una cosecha futura de trigo de determinada calidad,
obtenida de una porción de campo delimitada (art. 1005 CCyC). La cosa objeto de
una compraventa puede ser individualizada con precisión, como cuando se dan los
datos de dirección, matrícula o catastrales de un inmueble o estar identificada su
especie o género; si la obligación es de género, en ausencia de determinación
convencional del procedimiento de elección, ella debe ser hecha por el deudor y
debe recaer en una cosa de calidad media (art. 762 CCyC); si la obligación es de
género limitado corresponde aplicar la regulación de las obligaciones alternativas.
Se considera que el objeto de un contrato es determinable cuando se establecen
criterios suficientes para su determinación, cuestión que dependerá de las
características del objeto contractual de que se trate en cada caso.
Según se establece en el art. 1006 CCyC, las partes pueden acordar que la
determinación del objeto sea efectuada por un tercero, generalmente un experto en
el área sobre la que trate la operación considerada, cuya actuación deberá
ajustarse a lo que hubieran convenido las partes y, supletoriamente, a los usos y
costumbres.
En caso de ser imposible la elección o de no haber ajustado el experto su decisión a
los parámetros acordados por los contratantes, puede requerirse la determinación
judicial; la que deberá tramitar por el procedimiento más breve que prevea la ley
procesal de aplicación en la jurisdicción en la que se haga el planteo. En caso de
tratarse de cuestiones metajurídicas, donde se requieren conocimientos técnicos
para una adecuada elección, lo lógico es que el juez designe un perito en la materia
para que informe sobre la reunión de los parámetros establecidos para la elección.
- Susceptible de valoración económica: el objeto del contrato debe ser
susceptible de valoración económica, cuestión distinta de la del interés que
guía al contratante, quien puede actuar motivado por móviles ajenos a
consideraciones económicas, pero de todos modos, tutelados por el
ordenamiento legal.
- Ajustado a un interés patrimonial o extrapatrimonial de las partes :
el objeto del contrato debe responder a un interés real, existente, sea
patrimonial o extrapatrimonial. El interés extrapatrimonial se entiende dado
en los contratos atinentes a derechos sobre el cuerpo humano o sus partes,
a los que no se reconoce valor económico, sino afectivo, terapéutico,
científico, humanitario o social; así, en los contratos relativos al cuidado de
la salud, como el celebrado para la realización de una intervención
quirúrgica, el aspecto patrimonial que pueda encontrarse involucrado
responde a un interés prevalente, extrapatrimonial, por el cuidado de la
salud del paciente.
C) OBJETOS PROHIBIDOS
Art. 279: El objeto del acto jurídico no debe ser un hecho imposible o prohibido por
la ley, contrario a la moral, a las buenas costumbres, al orden público o lesivo de
los derechos ajenos o de la dignidad humana. Tampoco puede ser un bien que por
un motivo especial se haya prohibido que lo sea
La regla general es que todos los bienes pueden ser objeto de los negocios
jurídicos. Se excepcionan aquellos que están prohibidos para ser objeto de actos
jurídicos. Ello aplica a los bienes fuera del comercio que según el art. 234 del Cód.
Civil y Comercial son aquellos cuya transmisión está expresamente prohibida por la
ley. Tal sería el caso de las armas de guerra o los estupefacientes, medicamentos
no autorizados, productos nocivos para la salud o el medio ambiente que por ello
hayan sido vedados por la legislación como el DDT o algunos pesticidas, etc. En
esos casos el contrato tiene lisa y llanamente un objeto ilícito, justamente por estar
prohibido por la ley.
D) CASOS PARTICULARES:
I. Existencia de la cosa. Contrato sobre cosa futura
Bienes existentes y futuros
ART. 1007.-. Los bienes futuros pueden ser objeto de los contratos. La promesa de
transmitirlos está subordinada a la condición de que lleguen a existir, excepto que
se trate de contratos aleatorios.
El principio general es que se puede contratar sobre bienes futuros. El contrato
sobre bienes futuros puede asumir dos modalidades básicas: como contrato
conmutativo, en el cual una de las partes se obliga a transmitir o constituir algún
derecho sobre el bien cuando exista y si existe; en este caso el contrato se
considera subordinado a condición suspensiva, la cual consiste justamente en que
el bien llegue a existir. Es lo que Lafaille llama contrato sobre la cosa esperada.
La otra posibilidad es que el contrato sea concebido como aleatorio, esto es, que
una de las partes asume el riesgo de que el bien no llegue a existir; es la hipótesis
contemplada en la última parte del art. 1007, a la que Lafaille denomina contrato
sobre la esperanza de la cosa futura.
ART. 1130.- Cosa cierta que ha dejado de existir. Si la venta es de cosa cierta
que ha dejado de existir al tiempo de perfeccionarse el contrato, éste no produce
efecto alguno. Si ha dejado de existir parcialmente, el comprador puede demandar
la parte existente con reducción del precio.
Puede pactarse que el comprador asuma el riesgo de que la cosa cierta haya
perecido o esté dañada al celebrarse el contrato. El vendedor no puede exigir el
cumplimiento del contrato si al celebrarlo sabía que la cosa había perecido o estaba
dañada.
ART. 1131.- Cosa futura. Si se vende cosa futura, se entiende sujeta a la
condición suspensiva de que la cosa llegue a existir.
El vendedor debe realizar las tareas y esfuerzos que resulten del contrato, o de las
circunstancias, para que ésta llegue a existir en las condiciones y tiempo
convenidos.
El comprador puede asumir, por cláusula expresa, el riesgo de que la cosa no llegue
a existir sin culpa del vendedor
La cosa objeto del contrato de compraventa debe ser existente al tiempo del
contrato o susceptible de existencia (cosa futura). Siendo que la cosa es un
elemento esencial del contrato de compraventa, si se trata de cosa cierta y esta ha
dejado de existir al tiempo de la celebración, como principio general el contrato no
surte efectos.
La excepción a dicho principio general de ineficacia lo prevé el segundo párrafo del
art. 1130 CC yC. Se trata del supuesto en que el comprador asume el riesgo de que
la cosa cierta deje de existir o esté dañada. En tal caso el contrato de compraventa
es aleatorio.
II. Cosas litigiosas, dadas en prenda. Anticresis o hipoteca. cosas
embargadas
Bienes litigiosos, gravados, o sujetos a medidas cautelares
ARTÍCULO 1009.-. Los bienes litigiosos, gravados, o sujetos a medidas cautelares,
pueden ser objeto de los contratos, sin perjuicio de los derechos de terceros. Quien
de mala fe contrata sobre esos bienes como si estuviesen libres debe reparar los
daños causados a la otra parte si ésta ha obrado de buena fe.
Los bienes afectados a un derecho real de garantía, a medidas cautelares o que son
materia de un litigio pueden ser objeto de los contratos, quedando a salvo los
derechos de terceros, como puede ser la parte que obtuvo la traba de una medida
cautelar o resulta acreedora de una hipoteca o prenda, según el tipo de bien del
que se trate, supuestos en los que la ejecución del crédito podrá seguir a la cosa
aun cuando ella haya sido transmitida.
Ello significa que el contrato es plenamente válido y eficaz, pero el embargo o
gravamen sigue existiendo y lo soporta el adquirente del bien. Esta solución es
explícita en materia de hipoteca, pudiendo responder solo con el bien gravado si no
ha asumido sin obligarse al pago del crédito asegurado (art. 2199).
III. Contrato sobre herencia futura
Herencia futura
ART. 1010.-. La herencia futura no puede ser objeto de los contratos ni tampoco
pueden serlo los derechos hereditarios eventuales sobre objetos particulares,
excepto lo dispuesto en el párrafo siguiente u otra disposición legal expresa.
Los pactos relativos a una explotación productiva o a participaciones societarias de
cualquier tipo, con miras a la conservación de la unidad de la gestión empresaria o
a la prevención o solución de conflictos, pueden incluir disposiciones referidas a
futuros derechos hereditarios y establecer compensaciones en favor de otros
legitimarios. Estos pactos son válidos, sean o no parte el futuro causante y su
cónyuge, si no afectan la legítima hereditaria, los derechos del cónyuge, ni los
derechos de terceros.
El código ha mantenido el principio de prohibición de la contratación sobre herencia
futura, pero con una excepción que refiere a los pactos relativos a una explotación
productiva o a participaciones societarias de cualquier tipo con miras a la
conservación de la unidad de la gestión empresaria o a la prevención solución de
conflictos.
La herencia futura no puede ser objeto de contratos.
Contratos o actos comprendidos en la prohibición
La doctrina enseña que están abarcados por la prohibición:
- los pactos dispositivos, por los cuales el futuro heredero dispone
contractualmente de los derechos hereditarios que adquirirá a la muerte de
su causante (art. 1010);
- los pactos institutivos, esto es, el involucrado en un testamento hecho por
dos o más personas, aun cuando sea recíproco (art. 2465, segundo párr. del
Código Civil y Comercial, que reproduce la prohibición del art. 3618 del Cód.
Civil);
- los pactos renunciativos; esto es, la ley no autoriza la renuncia — n i la
aceptación— de la herencia futura sea por un contrato, sea por un acto
unilateral(art. 2286 del Cód. Civil y Comercial; en el Código Civil la misma
regla estaba expuesta en los arts. 3311 y 3312).
Excepción: Ámbito de los pactos
El nuevo Código alude a las participaciones societarias de cualquier tipo y a las
explotaciones productivas. La expresión " explotaciones productivas " no tiene un
contenido jurídico preciso; parece que el Código quiere referirse a la " empresa
individual o familiar " en la que trabajan padres e hijos y eventualmente otros
parientes, muchas veces de manera informal, y que constituye la fuente del
sustento familiar.
La finalidad de estos pactos es la conservación de la unidad de la gestión
empresaria o la prevención o solución de conflictos.
Estos pactos pueden incluir disposiciones referidas a futuros derechos hereditarios y
establecer compensaciones en favor de otros legitimarios.
Límites: Son válidos los pactos de esta naturaleza si no afectan la legítima
hereditaria, los derechos del cónyuge ni los derechos de terceros.
IV. COSAS AJENAS. CASOS. EFECTOS.
Bienes ajenos
ART. 1008.-. Los bienes ajenos pueden ser objeto de los contratos. Si el que
promete transmitirlos no ha garantizado el éxito de la promesa, sólo está obligado a
emplear los medios necesarios para que la prestación se realice y, si por su culpa,
el bien no se transmite, debe reparar los daños causados. Debe también
indemnizarlos cuando ha garantizado la promesa y ésta no se cumple.
El que ha contratado sobre bienes ajenos como propios es responsable de los daños
si no hace entrega de ellos.
El CC yC mantiene el principio general ya contenido en los arts. 1177 y 1178 CC, según el
cual los bienes ajenos pueden ser objeto de los contratos.
Como es regla en materia de contratos, las partes deben obrar con buena fe y es por ello que
quien contrata sobre un bien ajeno como si fuera propio, debe indemnizar a la contraparte
por los perjuicios que pueda sufrir por el incumplimiento.
El artículo establece como principio general que los bienes ajenos pueden ser objeto de los
contratos.
De acuerdo a lo estipulado en la norma, corresponde distinguir dos supuestos básicos:
1) que el promitente haya contratado sobre bienes ajenos como propios, supuesto en el que,
de no producirse la entrega, debe indemnizar a la otra parte, por mediar una violación a la
regla de la buena fe que debe regir en la formación y ejecución del contrato; y
2) que para ambas partes esté claro que el promitente no tiene la disponibilidad jurídica del
bien al tiempo de la celebración del contrato, supuesto que, a su vez, da lugar a dos
variantes:
a) que el promitente haya garantizado el éxito de la promesa, en cuyo caso, de no cumplir,
debe indemnizar a la otra parte; y
b) que no haya asumido tal garantía, situación en la que solo está obligado a emplear los
medios necesarios para que la prestación se realice; de no alcanzarse tal concreción.
En este supuesto deben distinguirse, a su vez, otras dos situaciones:
i) que ello haya sucedido por culpa del promitente, quien entonces deberá indemnizar a la
otra parte; y
ii) que no haya mediado tal culpa, supuesto en el que no se deberá tal indemnización.
De tal modo, ante la falta de concreción de la entrega del bien ajeno, el promitente deberá
indemnizar a la otra parte cuando actuó como si el bien ajeno fuera propio al tiempo de la
celebración; cuando, teniendo en claro las partes que el bien era ajeno, garantizó el
cumplimiento de la promesa y no se concreta; y cuando, sin haber dado tal garantía y
sabiendo ambas partes que el bien era ajeno, el cumplimiento no se alcanza por haber
mediado culpa de quien efectúa la promesa.
Nada obsta a que la contraparte renuncie a todo derecho a recibir una indemnización en caso
de no concretarse la entrega del bien, asumiendo el riesgo de la operación.