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Gratuidad en Litigios de Consumo

El documento analiza el beneficio de justicia gratuita en acciones individuales y colectivas de consumo según la Ley de Defensa del Consumidor en Argentina, destacando las diferentes interpretaciones sobre su alcance. Se discuten las implicaciones de estas interpretaciones, donde una visión amplia permitiría a los consumidores litigar sin gastos, mientras que una interpretación restrictiva limitaría este beneficio solo a tasas judiciales. La conclusión sugiere que el beneficio de justicia gratuita debería tener un alcance similar al beneficio de litigar sin gastos, favoreciendo así a los consumidores.

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Gratuidad en Litigios de Consumo

El documento analiza el beneficio de justicia gratuita en acciones individuales y colectivas de consumo según la Ley de Defensa del Consumidor en Argentina, destacando las diferentes interpretaciones sobre su alcance. Se discuten las implicaciones de estas interpretaciones, donde una visión amplia permitiría a los consumidores litigar sin gastos, mientras que una interpretación restrictiva limitaría este beneficio solo a tasas judiciales. La conclusión sugiere que el beneficio de justicia gratuita debería tener un alcance similar al beneficio de litigar sin gastos, favoreciendo así a los consumidores.

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Voces: GRATUIDAD ~ BENEFICIO DE LITIGAR SIN GASTOS ~ DEFENSA DEL CONSUMIDOR ~ LEY

DE DEFENSA DEL CONSUMIDOR ~ PROCESO COLECTIVO ~ INTERESES DIFUSOS ~ CUESTION


ABSTRACTA ~ ASOCIACION DE CONSUMIDORES
Título: La gratuidad en las acciones individuales y colectivas de consumo
Autores: Bersten, Horacio L.
Publicado en: LA LEY2009-B, 370
Fallo comentado: Cámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, sala C (CNCom)(SalaC) CNCom., sala C ~ 2008-09-09 ~
Adecua c. Hexagon Bank Arg. S.A. s/beneficio de litigar sin gastosCámara Nacional de Apelaciones en lo Comercial, sala D
(CNCom)(SalaD) CNCom., sala D ~ 2008-12-04 ~ Adecua c. Banco BNP Paribas S.A. y otro

SUMARIO: I. El método seguido por la interpretación restringida. - II. La letra de la ley y la


interpretación. - III. Los antecedentes y la discusión parlamentaria. - IV. Argumentos adicionales en el
caso de acciones de incidencia colectiva.

Una de las principales novedades que introdujo la ley 26.361 en la LDC N° 24.240 (Adla, LXVIII-B, 1295;
LIII-D, 4125), es el denominado beneficio de justicia gratuita, establecido en el art. 53 para las acciones
individuales y en el art. 55 para las de incidencia colectiva (1) al punto que Vázquez Ferreyra y Avalle
consideran que constituye la modificación más relevante en materia procesal (2). Sin embargo, han surgido
interpretaciones diversas, tanto en doctrina como en la jurisprudencia respecto del alcance del mencionado
beneficio. Los autores citados afirman que "La norma introduce de esta manera un beneficio de litigar sin gastos
automático". En contraposición, existe una interpretación menos abarcativa y que considera que el beneficio de
justicia gratuita sólo alcanzaría a la tasa judicial y a los sellados de actuación, la que ha sido expuesta por
Perriaux (3). También la jurisprudencia ha comenzado a pronunciarse, especialmente en algunos casos de
incidencia colectiva. La Cámara Comercial, sala "C" se ha expresado siguiendo el criterio amplio, en cuanto a la
identificación entre ambos beneficios (4). En cambio, la sala "D" del mismo tribunal, siguiendo expresamente
los lineamiento que propone Perriaux en el primero de los trabajos citados, estima que el beneficio otorgado por
la LDC alcanza sólo a la gratuidad del servicio de justicia que presta el estado (5) y que no tiene la amplitud del
beneficio de litigar sin gastos.
Las diferencias sobre el alcance del instituto tienen consecuencias prácticas, puesto que de prosperar la
interpretación "amplia" el consumidor individual y las asociaciones de consumidores tendrían automáticamente
concedido el beneficio de litigar sin gastos. En cambio, según el criterio "restrictivo" los consumidores
individuales y las asociaciones de usuarios y consumidores, en el caso de promover acciones de incidencia
colectiva, estarían eximidos de abonar la tasa judicial pero deberían promover y obtener un beneficio de litigar
sin gastos, si desean cobertura respecto de contingencias eventualmente desfavorables en el pleito.
I. El método seguido por la interpretación restringida
En su trabajo "La justicia gratuita...", Perriaux intenta diferenciar los conceptos "beneficio de litigar sin
gastos" de "beneficio de justicia gratuita". Como en un primer análisis no lo encuentra explicitado en las leyes
procesales, recurre a las leyes laborales, puesto que allí si se encuentra legislado el beneficio de justicia gratuito,
el que no alcanza a las costas. Concluye que se trata de dos institutos diferentes y propugna que ésa debe ser la
interpretación que cabe otorgar al concepto de justicia gratuita. Por lo consiguiente y como tampoco cabría
otorgar al beneficio de justicia gratuita del consumidor o usuario un alcance mayor que el proporcionado a un
trabajador, sostiene que debe interpretarse que dicho beneficio comprende la tasa judicial y sellados de
actuación y no incluye las costas del juicio. El autor citado hace un interesante y documentado desarrollo, ante
lo que considera una ausencia de claridad respecto de la previsión normativa. Por ende recurre a la
interpretación analógica, conforme establece el art. 16 del Código Civil. Su esquema se sustenta en la siguiente
estructura: a) no está claro en el texto de la ley que es beneficio de justicia gratuita, b) tampoco las normas
nacionales ni locales son unívocas en su significación. Por ende, recurre a una legislación también tuitiva, el
derecho laboral. En atención que en esa preceptiva, el significado de justicia gratuita no es semejante a del
beneficio de litigar sin gastos y sobre la base que el consumidor no podría tener más derechos que un trabajador,
manifiesta que debe entenderse que la justicia gratuita es un concepto sólo abarcaría las tasas judiciales y demás
sellados de actuación.
II. La letra de la ley y la interpretación
El rigor interpretativo, siguiendo al art. 16 mencionado, nos remite en primer lugar al texto de las normas
implicadas. Afirma Borda (6) "205. a) El texto de la ley.- La primera regla interpretativa es que el juez debe
atenerse al texto de la ley, considerando el leguaje técnico-jurídico. En consecuencia, pasamos a reproducir las
normas. El art. 53 in fine, dispone: "Las actuaciones judiciales que se inicien de conformidad con la presente ley
en razón de un derecho o interés individual gozarán del beneficio de justicia gratuita. La parte demandada podrá
acreditar la solvencia del consumidor mediante incidente, en cuyo caso cesará el beneficio". A su vez, el art. 55,
también in fine, establece que "Las acciones judiciales iniciadas en defensa de intereses de incidencia colectiva
cuentan con el beneficio de justicia gratuita".

© Thomson La Ley 1
Del cotejo de ambas disposiciones resulta:
1°) El beneficio de justicia gratuita está previsto en los dos casos.
2°) En las acciones promovidas por intereses individuales, se encuentra establecido que si bien el
consumidor o usuario gozan del beneficio, el proveedor puede promover un incidente de solvencia con el objeto
que pierda la liberalidad otorgada en caso de ser una persona solvente.
3°) No se advierte previsión alguna respecto a que de dicho incidente pueda ser promovido por quien
represente a los intereses fiscales o que dicha persona pueda ser parte en ese expediente.
4°) En las acciones de incidencia colectiva no hay previsiones acerca que el proveedor demandado pueda
promover un incidente de solvencia.
De lo expuesto se puede concluir que existe una presunción iuris tantum que el consumidor o usuario
individual goza del beneficio de justicia gratuita y que el proveedor —mediante una articulación exitosa del
incidente de solvencia— puede hacer que dicha presunción caiga, perdiendo el consumidor el beneficio
automático con el que cuenta al promover la acción. En cambio, las asociaciones de consumidores, cuando
deducen acciones de incidencia colectiva, cuentan con la una presunción que es iuris et de iure. Se deduce del
texto, que un incidente de solvencia no podría ser promovido respecto de una asociación de consumidores o
que, de llevarse a cabo, no tendría virtualidad jurídica ni consecuencias prácticas. Si bien esta conclusión es de
utilidad, tampoco nos permite resolver el interrogante respecto a cuál es el alcance concreto del mentado
beneficio de justicia gratuita. Sin embargo, entendemos que a partir de allí, del incidente de solvencia es que
puede entenderse cuál es el contenido que tiene la disposición contenida en los arts. 53 y 55 LDC y que la
interpretación restrictiva no ha hecho una lectura completa de la norma.
Tal como lo expresa su propio nombre, la ley 24.240 es una ley para la defensa de los consumidores y
usuarios. Es por eso que, subsanando los negativos efectos del veto de 1993, en la reforma de la 26.361 se
estableció el beneficio de justicia gratuita. Se presume que el consumidor no es pudiente y se lo exime de ciertos
gastos y del engorro y/o dilación que puede llevar la tramitación del beneficio. Sin embargo, el proveedor puede
acreditar que tal o cual consumidor concreto, más allá que puede ejercitar una acción de consumo y goza de una
presunción de gratuidad, es una persona "pudiente" y no debe contar con la presunción en su favor. Ahora bien,
si el beneficio de gratuidad alcanzara solamente —como se propone en el criterio reducido— a la tasa judicial y
a los sellados de actuación, ¿cuál sería el interés relevante del proveedor en promover el incidente de solvencia,
para que el ordenamiento le confiera la posibilidad de articularlo? Siguiendo en esa línea, si sólo alcanzara a la
tasa judicial, el único legitimado para promover el mentado incidente no tendría que ser el Representante del
Fisco o al menos tener una intervención coadyugante?
La única explicación coherente con el texto legal del art. 53 es que el beneficio de justicia gratuita incluye a
la tasa de justicia pero no se agota en ella y que comprende a las costas, con un alcance similar al que se le
otorga al beneficio de litigar sin gastos. Si bien es cierto que, en algún caso concreto la presión que puede
ejercer la demandada para que alguien abone la tasa judicial, puede ser funcional a su posición en un pleito, bajo
ningún punto de vista puede sostenerse que esa puede ser una razón para que el legislador haya previsto el
incidente de solvencia. En cambio, existe un interés relevante del proveedor en cuanto a las costas del proceso y
es por esa razón que se ha previsto en el art. 53 que puede articular un incidente de solvencia, con el objeto que
un consumidor con recursos suficientes deba hacerse cargo de las eventuales condenaciones del juicio —que
tienen un valor significativo y que sino fuera así estarían exclusivamente a cargo de proveedor—, aunque ganare
el pleito. Tampoco puede sostenerse válidamente que el resguardo de la recaudación fiscal esté en manos
privadas. También, desde un punto de vista de racionalidad y funcionalidad de la administración de justicia, no
se advierte cuál sería la utilidad de la promoción de un incidente, por parte del proveedor para que el
consumidor pague tan sólo la tasa judicial. A contrario sensu, si eventualmente el incidente de solvencia del
consumidor prospera, no hay dudas que el consumidor deberá abonar la tasa judicial y será muy sencillo que el
Tribunal lo intime a su pago, ya sea por iniciativa del mismo o mediando intervención del representante de los
intereses fiscales.
Es en la propia letra de las disposiciones donde reside la solución a la cuestión, sin recurrir a otras leyes. El
beneficio de gratuidad previsto en los arts. 53 y 55 de la LDC tiene un alcance o contenido similar en amplitud
al beneficio de litigar sin gastos. Si bien es cierto que para interpretar la ley puede recurrirse a los principios de
las leyes análogas (7), lo que es de indudable utilidad, primero debe estarse a la letra de la ley. De dicha letra
resulta que el sentido otorgado al incidente de solvencia no puede ser otro que emplazar al consumidor
condenado en la misma situación que están aquellos que no gozan del beneficio de litigar sin gastos y por ende
el alcance del mentado beneficio de justicia gratuita es similar al que resulta del art. 78 y siguientes del CPCCN.
Pero, la interpretación de la ley requiere una visión integrada con otras disposiciones de la misma ley.
Afirma Borda: "...206. b) Relación de la disposición interpretada con otras de la misma ley o de otras leyes. Las
normas legales no deben interpretarse nunca asiladamente, sino armonizándolas con las otras disposiciones de la
misma ley; únicamente así puede obtenerse el recto significado de sus disposiciones"(8). Por ende, antes de
pasar a la ley laboral, entendemos que debe estarse a otras disposiciones de la misma ley. Inclusive, la LDC

© Thomson La Ley 2
contiene reglas específicas en materia de interpretación que no pueden ser soslayadas. Pasamos a transcribir el
art. 3 LDC: "Art. 3. - Relación de consumo. Integración normativa. Preeminencia. Relación de consumo es el
vínculo jurídico entre el proveedor y el consumidor o usuario. Las disposiciones de esta ley se integran con las
normas generales y especiales aplicables a las relaciones de consumo, en particular la Ley N° 25.156 de
Defensa de la Competencia y la Ley N° 22.802 de Lealtad Comercial (Adla, LIX-D, 3942; XLIII-B, 1346) o las
que en el futuro las reemplacen. En caso de duda sobre la interpretación de los principios que establece esta ley
prevalecerá la más favorable al consumidor. Las relaciones de consumo se rigen por el régimen establecido en
esta ley y sus reglamentaciones sin perjuicio de que el proveedor, por la actividad que desarrolle, esté alcanzado
asimismo por otra normativa específica".
Como puede observarse el art. 3 establece una serie de principios en materia de interpretación. El más
importante y acorde con lo establecido, en prácticamente todos los ordenamientos protectorios del consumidor
en el mundo, es la denominada regla in dubio pro consumidor, que determina que en caso de duda se deberá
recurrir a la interpretación más favorable para el consumidor. Con arreglo a dicho criterio, si existiera alguna
duda respecto al alcance que debe darse al principio de justicia gratuita, deberá estarse a la interpretación más
favorable al consumidor. Desde luego, ésa no puede ser otra que la de otorgar al principio de justicia gratuita
una amplitud similar a la del beneficio de litigar sin gastos. Es evidente que la consideración restrictiva no ha
tomado en cuenta el principio a favor del consumidor, puesto que suponer que el beneficio de justicia gratuita
sólo incluye las obligaciones para con el Estado y no a las costas, no habiendo disposición expresa que así lo
establezca, constituye una interpretación realizada en contra del consumidor o usuario y no en su favor.
Por otra parte, también el art. 3° nos dice cuál es el orden de prelación para la interpretación, colocando en
primer lugar a la ley y su reglamentación (9) —sin mengua de la regulación específica de la actividad del
proveedor— y especialmente las leyes de lealtad comercial y de defensa de la competencia. Ello es ilustrativo.
No hay mención alguna a las leyes laborales. Es claro que al ser leyes integran el plexo de normas que pueden
ser invocadas analógicamente, pero carecen de toda prelación en la consideración y obviamente no guardan
relación con la cuestión en debate.
Por otra parte, estimamos que la comparación efectuada con la legislación laboral adolece de algunas
falencias y que, por el contrario, arrojaría un resultado diferente. En efecto, la Ley de Contrato de Trabajo no
contiene en su texto previsiones respecto de un instituto como el incidente de solvencia del art. 53. Tampoco
nada de ello hay en la ley de procedimiento nacional N° 18.345 (t.o. 1998) (Adla, LVIII-A, 194) ni en la ley de
procedimiento laboral de la Provincia de Buenos Aires y tampoco conocemos que existan previsiones en ese
sentido, en las demás leyes provinciales. Claro está, quien promoviera un incidente de solvencia respecto de un
trabajador sólo podría llevar —en caso que el mismo perdiera el juicio— a que tenga que pagar la tasa judicial,
puesto que las costas igualmente las tendría que soportar. De modo que, la misma comparación efectuada con el
derecho laboral refuerza la conclusión que el beneficio de justicia gratuita en la LDC es de carácter amplio.
III. Los antecedentes y la discusión parlamentaria
El texto que el Congreso sancionara en 1993, como art. 53 de la ley 24.240, contenía en su parte final la
siguiente disposición: "Las actuaciones judiciales que se inicien de conformidad con la presente ley gozarán del
beneficio de justicia gratuita". Es decir, una redacción similar a la que fuere sancionada mediante la ley 26.361.
Dicha disposición fue vetada por el decreto 2090/2003, art. 8°. En el fundamentación del veto, puede leerse:
"Que el beneficio de litigar sin gastos, o carta de pobreza, se encuentra regulado en forma específica por las
leyes provinciales locales, conforme a los requisitos establecidos en ellas, y torna innecesaria la previsión del
artículo 53, la que por otra parte podría alentar la proliferación de acciones judiciales injustificadas". Es decir
que en el entendimiento del Poder Ejecutivo de 1993, el alcance del beneficio de justicia gratuita era semejante
al beneficio de litigar sin gastos.
Ahora bien, la sanción de la ley 26.361, en este punto, tuvo un iter muy interesante. En efecto, el proyecto
que obtuviera la sanción de la Cámara de Diputados —cámara de origen— contemplada una redacción más o
menos similar a la actual. Lo mismo sucedió con el proyecto que fuere aprobado por las Comisiones de
Legislación General y la de Derechos y Garantías, en su última sesión del año 2007. Sin embargo, como la
aprobación del dictamen ocurrió en una fecha inmediata anterior en uno o dos días a la renovación
parlamentaria producida el día 10 de diciembre, el dictamen de comisiones cayó, por lo que a la sesión ordinaria
del cuerpo del día 19 de diciembre de 2007, con una nueva integración, fue llevado un texto acordado entre
algunos legisladores que no era idéntico al que había sido tratado por las Comisiones. Concretamente, en dicho
proyecto faltaba la gratuidad tanto en el art. 53 como en el 55. Fue el senador por la provincia de Santa Fe,
Rubén Héctor Giustiniani el que introdujo nuevamente la cuestión en el debate del cuerpo (10). El titular de la
Comisión de Legislación General y uno de los dos miembros informantes, senador por Santa Cruz, Nicolás
Fernández, se opuso a la inclusión de la gratuidad y en su intervención —tanto por las comparaciones que
efectuó con el veto de 1993 como por la expresa referencia con el beneficio de litigar sin gastos que hizo en el
debate— no hay dudas que entendía al beneficio de justicia gratuita como sinónimo de de beneficio de litigar
sin gastos y por ello se oponía a su inclusión (11),. A continuación se expresó en términos más técnicos el otro
miembro informante, el titular de la Comisión de Derechos y Garantías, senador Petcoff Nadienhoff, quien
concluyó su intervención de un modo clarificador: "Por eso, me parece adecuado garantizar el acceso de todos a

© Thomson La Ley 3
litigar sin gastos, con la salvedad de la propia redacción del Cámara de Diputados (referida al incidente de
solvencia) (12). Siguen luego varias intervenciones, pero es la del senador Guinle la que termina de aclarar la
cuestión de un modo definitivo, no sólo porque fue la última y previa a la votación sino porque formuló la
propuesta que fue puesta a votación cuerpo. Sostuvo: "En uno de los proyectos que estaban agregados se dotaba
a la futura ley del beneficio de litigar sin gastos y se invitaba a adherir a las provincias. En efecto, es una ley de
fondo, pero también es cierto que la tasa de justicia le corresponde ser percibida por los gobiernos provinciales.
Entonces, como decía la señora senadora Escudero, lo pertinente es establecer el principio de gratuidad, porque
corresponde en la ley de fondo, e invitar a que las provincias a adherir a la iniciativa"(13). Esta es la
interpretación otorgada al beneficio de justicia gratuita por el Senado de la Nación (14). De lo expresado por el
senador Guinle, es claro que el cuerpo consideró que no correspondía denominar al beneficio de gratuidad como
beneficio de de litigar sin gastos puesto que este último incluye la tasa de justicia y en el caso de las actuaciones
judiciales realizadas en jurisdicciones provinciales, la tasa judicial constituye un recurso tributario de orden
local. Es decir, que el Senado, como representante de la Provincias, decidió distinguir la institución por respeto
a las autonomías provinciales en materia tributaria. Así que en el concepto del Senado comprende las costas y
demás gastos, justamente todo...menos la tasa de justicia, en aquellas jurisdicciones provinciales que así lo
puedan disponer. Es decir que el Senado de la Nación le otorgó una interpretación absolutamente contradictoria
a la expuesta en el criterio restrictivo. Según la interpretación otorgada por el Senado, el beneficio de justicia
gratuita en el orden nacional puede identificarse con el de beneficio de litigar sin gastos. En las distintas
provincias, habrá que estar a lo que allí se disponga respecto de la tasa judicial pero no respecto de las costas,
por las que los consumidores y usuarios no deberían responder salvo que prosperara un incidente de solvencia.
IV. Argumentos adicionales en el caso de acciones de incidencia colectiva
Cabe agregar algunas consideraciones constitucionales y legales adicionales respecto de las acciones de
incidencia colectiva promovida por asociaciones de consumidores. El art. 43 de la Constitución Nacional
establece una serie de legitimados colectivos. El art. 52 de la LDC, t.o por ley 26.361 incluye a los mismos
—asociaciones (en el caso de consumidores y usuarios), el Ministerio Público y el Defensor del Pueblo— y
agrega uno propio: la autoridad de aplicación, ya sea nacional o la local. Todos esos legitimados, a excepción de
las asociaciones de consumidores, son legitimados estatales. Hasta la reforma producida en la LDC, las
asociaciones de defensa del consumidor estaban obligadas a tramitar un beneficio de litigar sin gastos. Ello
constituía una desigualdad violatoria del art. 16 de la Constitución Nacional y una dilación inconsistente con el
papel asignado a dichas entidades por los arts. 42 y 43 de nuestro máximo estatuto. En efecto, mientras que a los
legitimados estatales no les era requerido el pago de tasa judicial ni el eventual pago de las costas, a las
asociaciones de consumidores, expresiones de la sociedad civil, se las constreñía mediante dicho recaudo.
Obviamente, ello carecía de sentido puesto que la propia Constitución mandaba a sostener a estas entidades, las
que carecen de recursos, por lo que debían tramitar largos beneficios, los que generalmente eran acordados
luego de una dispendiosa pérdida de tiempo para los tribunales y las asociaciones.
Por otra parte, las acciones de incidencia colectiva son promovidas in iure propio sino por una
representación que deviene de la Constitución y de la ley. Las acciones de incidencia colectiva son a favor de
y/o en nombre de los consumidores y usuarios, no a favor de la entidad. En caso de hacerse lugar a la acción
intentada, deberá cesar una conducta lesiva para los consumidores, declararse nula y/o modificarse una o más
cláusulas reputadas como abusivas, reintegrarse sumas de dinero percibidas indebidamente, etc. Cualesquiera de
estas acciones, si prosperan, van a significar un beneficio para los usuarios o consumidores concernidos incluso
con repercusión económica. Pero no va a significar un mejoramiento de fortuna para la entidad de defensa del
consumidor que la promovió. No va a incorporar a su patrimonio suma alguna por tales conceptos. Es ilustrativo
señalar que las sentencias definitivas dictadas en la materia y que recorrieron todo el iter y que dispusieran la
restitución de sumas cobradas de más determinaron que incluso tales importes debían efectuarse en las cuentas
individuales de cada uno de los usuarios afectados. Si la asociación no recibe beneficio económico alguno del
juicio (podrá ganar prestigio, adhesión o eventualmente recibir una donación de letrados, pero no dinero) cuál
sería el fundamento para que deba hacerse cargo de las eventuales costas del juicio. Sería como sostener que el
Defensor del Pueblo de la Nación, el Ministerio Público o la autoridad de aplicación deban hacerse cargo de las
costas de un juicio colectivo que promovieren.
Concluyendo, el beneficio de justicia gratuita es conferido de un modo automático por la ley y configura una
presunción iuris tantum a favor del consumidor en cuanto a que carece de los recursos necesarios para hacer
frente al pleito, presunción que puede caer mediante la tramitación de un incidente de solvencia. Respecto de las
asociaciones de consumidores, cuando promueven acciones de incidencia colectiva, dicha presunción es iuris et
de iure. En cuanto a su contenido, debe ser interpretado como que comprende en el orden nacional tanto a la
tasa de justicia, sellados de actuación y las costas judiciales. En cuanto a los procesos tramitados en el orden
provincial, queda por dilucidar, en cada jurisdicción qué sucederá respecto de la tasa de justicia partiendo del
entendimiento expresado en el Senado de la Nación que ella no debería ser abonada.
Especial para La Ley. Derechos reservados (Ley 11.723).
(1) Ya sea que éstas tengan por objeto bienes colectivos o intereses individuales homogéneos (conforme la

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doctrina de la C.S. dictada en "Halabi", considerandos 11 respecto de los primeros y 12 y 13 en cuanto a los
segundos).
(2) VÁZQUEZ FERREYRA, Roberto y AVALLE, Damián, "Reformas a la ley de defensa de los
consumidores y usuarios", LA LEY, 2008-D, 1063.
(3) PERRIAUX, Enrique J.; "La justicia gratuita en la reforma de la ley de de defensa del consumidor", LA
LEY, 2008-E, 1224 y "Defensa gratuita del consumidor: con bill de indemnidad?, LA LEY, diario del 6 de
marzo de 2009, pág. 3.
(4) CNCom. sala "C", 09/09/2008, "ADECUA c. Hexagon Bank s/beneficio de litigar sin gastos".
(5) CNCom., sala "D", 04/12/2008, LA LEY, diarios del 06/03/2009.
(6) BORDA, Guillermo A. "Tratado de Derecho Civil", Parte General T° I, 13ª ed., pág. 222, Ed. La Ley,
[Link]. 2008.
(7) Conforme al art. 16 del [Link].
(8) Ob. cit., pág. 222.
(9) El decreto reglamentario de la ley 26.361 aún no ha sido dictado, aunque se considera que contendría
previsiones al respecto.
(10) Lo hizo en los siguientes términos: “La cultura del neoliberalismo, las privatizaciones y la
desregulación determinó una transferencia gigantesca de recursos de la sociedad hacia algunas empresas
concentradas de capital nacional e internacional. Eso lo hemos visto, lo hemos vivido y lo ha padecido la
sociedad. Por eso también quiero hacer un reconocimiento, como hecho positivo de la sanción de este proyecto
de ley, a toda la tarea de las organizaciones de usuarios. Es decir, que éstas son las leyes que vienen de la mano
de la participación ciudadana. Mucho tienen que ver las ONG en la sanción de la Ley 24.240 y en la sanción de
este proyecto de ley. Y mucho tiene que ver el vencer muchas resistencias de lobbies, como dijo el miembro
informante, para concretar la defensa del derecho de los usuarios, en esta articulación de lo que debe ser el
mercado, el Estado y la sociedad, éstas son las leyes donde la sociedad, mediante las organizaciones de usuarios
y de nosotros, los representantes del pueblo, juegan un papel relevante. Por eso, creo que éste es un hecho
positivo y espero que la comisión se haga carne de la propuesta que en particular vamos a platear, tratando de
que quizás no quede un poco deslucida la aprobación de este proyecto de ley, si no abordamos la cuestión de la
gratuidad en cuanto a las acciones judiciales” Antecedentes Parlamentarios de la ley 26.361, Ed. La Ley,
Suplemento Especial Reforma de la Ley de Defensa del Consumidor, mayo 2008, pág. 204.
(11) “En primer lugar, por que ello había sido originariamente vetado en la ley que estamos pretendiendo
modificar, por lo cual el criterio del Poder Ejecutivo sobre la gratuidad es conocido. En segundo lugar, porque
la gratuidad es un instituto que pretende justamente favorecer a quienes por insuficiencia en los medios
económicos no pueden acceder a la Justicia y, en ese sentido, cualquier consumidor tiene asegurada la gratuidad
acreditando la carta de pobreza. Y, en tercer lugar, esto se eliminó para evitar la industria de los juicios,
fundamentalmente en aquellas organizaciones no gubernamentales que representan a consumidor y usuarios.
Obviamente, he escuchado distintas voces sobre el particular y creo que el instituto está perfectamente
delimitado; al respecto hay fallos jurisprudenciales a cansarse sobre cuál es el objetivo final de la gratuidad. Por
lo tanto, no vamos a hacer de esto una cuestión de Estado. Me parece que la redacción original es acorde con el
espíritu que tuvo el Poder Ejecutivo a la hora de vetar originariamente la gratuidad en la ley madre. Esos fueron
los motivos por los cuales lo eliminamos. Ed. La Ley, Suplemento especial..., pág. 211.
(12) Ob. cit., pág. 211.
(13) Ob. cit. pág. 212.
(14) El Presidente del cuerpo puso a votación su propuesta y expresó "Entonces queda redactado tal como
lo propuso el senador Guinle...".

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