Intriga Política en Lima: Traiciones y Poder
Intriga Política en Lima: Traiciones y Poder
-
ideal, ni mucho menos, pero lo que nos interesa fundamentalmen
'si-
te Db es enamorarnos de quienes administran el Tercer Mundo,
l y el siste-
. no que se mantenga la relación de fuerzas internaciona
ma a nivel mundial.
—Los traicionarán.
—Es probable. Pero el Cardenal y sus amigos de la alianza
de seguridad, a
religiosa se comprometerán, con varías cláusulas
el Directorio Supre-
no hacer sino cambios marginales: en esencia,
teniendo la
mo continuará, aunque dentro de coordenadas nuevas,
140 141
P
1OOULOLOLOULULLLOOLLLLOLOLLOLYLLLOLOLOLLLOOLU
sartén por el mang0. Entién
i deme, Tc
Dal no puede darse el lujo de —Me proponés ser tan hijo de perra como 4, Linda —respon-
enfr’entz?lr.: dió suavemente Tony.
a
Ella soltó la mano que mantenía cogida y desvió la mirad
la S0pa no se comerá tan caliente hacia la calle.
como se cocina,
en el
El coche corría en silen —Eres un niño mimado —dijo—. Una criaturita crecida
Bordeaban el viejo Miraflores I lujo y en el aislamiento, que confunde la lealtad —¿a quién, por
Dios?— con la estupidez. No sabes nada de política. Necesitas un
curso acelerado de realismo.
—Lo estoy recibiendo —dijo Tony.
—Yo soy de Stimudrinks, y sin embargo acepto que habrá seve-
Tene-
ras limitaciones a la acción de nuestra empresa. No importa.
—Míralos, Tony. Esa gen siglo pasad o a todos los paquet es de ciga-
te ace| mos experiencia. El
dical, cualquier promes ua inscri pción: “Segú n el Ciruja no
a dema; gbgica.
e É qu
Viv en le
en r
el fan rrillos tuvimos que ponerles
emo
infiati smoy Tl
el para la Salud” . ¡Oh, cómo pro-
3 m{ts utópico de los para General, Fumar Puede Ser un Riesgo
ísos. };'..as varios años, prohi-
0 integramos ahora al sis testamos y qué tontamentel Y antes de eso, por
tema a los que en esa
bieron todo consumo de alcohol. Nunca se bebió más
Ley Seca
éi)aca, que ingresó al folklore antes de que esa estúpida
re-
fuera derogada. Y después las campañas contra las drogas: fue
siempr e:
o ! : ¿empujará
n
l; pugnante. El hombre se ha estimulado artificialmente
Tú dime el nom-
allá de lo que él se Propone
aborf? ]¿Lo re?mr;faia:x:-‘ E:; egipetos, chinos, incas, aztecas, romanos, griegos.
que ma-
vos líd
el eerels dentro d e dos o de veinte
año;s? ¿Le bastará al
te año
dºn
nuea¡- bre y yo te diré qué drogas usaron. Así que no me asusta
B qz:e::z pc:der que rique contra nues-
le ofrecemos, un- trozo 'su;ul ñana el Cardenal, sentado en su tronito, despof
tiempo e málsm¡s hasta pro ílntcarde- tros pro&uctos, limite su avisaje , los prohi ba para los menores de
vocar la Tuptura? Estamos
> Pero no hay otra salida aí, Pdºo .. ¡Qué sé yo! ¿Quieres
edad o para las mujeres embarazadas.
racional,
al. Tenego0s eque más propaganda en
mi pmnóstico? Cuanto más nos limiten, cuanta
naturaleza hu-
contra nos hagan, más venderemos. Porque así es la
de oro, fo-
mana. Y cuando tengan el poder, insultarán al becerro
n en
es darles algo Para que est
o siga marchando. mentarán la pequeña industria con sonoros. discursos, soñará
y los
—Son muc h:as palabras, Lin
uch voz alta con ese idiota comunismo tardío que proclaman...
i da, Para evitar una sola: trai negocios mejorarán, Tony, mejorarán siempre, porque ellos
simula-
- —T vezo¡,¡]);,ást—e lfj:uphco ción.
a nada
o e Do;¡s tuíah:;sool
i , vente conmigo
al Nor te. Te lo pi rán creer en el fair play y nosotros no estamos obligados
gíó la mano y se la besó. ;Is de eso.
o osp il: so
; > las p person: as que quieras al, la
Tony miró en silencio: ahora subfan por su ruta habitu
s i
e Í:;Z nuestros propio I} -
s problemas eg Na?ºtea::;ñi n su abuela—
partes, pero lo de aquí es ewn g vía rápida, antes llamada Avenida Arequipa y —segú
acequias y ár-
la catástrofe aí;:;n 'Eu
ine ;o-
nte . antes de eso Avenida Leguía, donde alguna vez hubo
142 143
IISITES
boles y un resto, cada vez más recortado, de césped. Al cabo la insurrección, y por eso no le importó liquidamos junto con el
de unos momentos, dijo: - Cardenal Negro. .
—Estoy pensando en otra cosa, Linda. Tony se volvió al chofer.
—¿Sí? ¿En qué? —¿Me ha escuchado usted?
ÍTe Pa_recerá extraño, pero pienso en mí. En que tengo cua- —Sí, señor.
renticinco años. En que quizás me esté volviendo viejo. - —¿Dónde podemos ocultarnos? Aquí no puede ser. El Direc-
—Lo comprendo perfectamente. Todo esto es un shock para ti. torio Regional ya estaba avisado, y que me parta un rayo si el pro-
Pero no estás viejo: te adaptarás. pio Cardenal no nos ha enviado a la muerte.
—Pero, ¿por qué? Contaba co'nmigo para llevar un informe fa-
SG
s¡gl? veinte. Esto era parte del tradicional centro de Lima, Tony ~ Linda sonri6.
habu!a supuesto siempre que, como todos los edificios, ruinosos pe- —Admirable —dijo—. Ese Cardenal merece todo mi respeto.
T0 aún en Eie, albergaba oscuros personajes difíciles de definir y Es un digno interlocutor. -
que por vivir allí estabañ fuera de la legalidad.
—¿Sí, no es cierto? Una verdadera joya. Su administración
que la
El chofer les abrió la puerta. revolucionaria sin duda va a ser mucho más humanitaria
—Los guiaré —dijo—. . Mientras llega el vehiculo que los lleva- del Directorio, Pero yo no pienso arriesgar mi pellejo ni por Miran-
rá podrág esperar en uno de los departamentos. .. Es gente segura. da ni por el monje loco.
Pn'enelrfmm al edificio por una escalera amplia. Había un El chofer intervino:
gran sxleano; Tony calculó que era la una de la madrugada del sá- "—Mis órdenes eran dejarlo aquí. Eso es lo que voy a hacer.
bado más increíble de su vida. Y al recordar el bombardeo orde- del
Tony vio que había una pistoláser en la mano derecha
nado por Mirarida, se detuvo de pronto.
hombre. El arma apuntaba a Linda.
N —Linda —dijo.—. No podemos - volver al Directon‘z; Regional,
--Bueno, pues déjenos,
0 fue una casualidad que Miranda ordenara destruir el Hilton con
nosotros adentro. Ese mensaje que le enviaste,.. —En el departamento, señor. Sigamos.
por
Señaló hacia arriba y adelante. El pequeño grupo avanzó
—Tienes razón —respondió Linda, detenida también. corredor en el cual yacían dur-
el tercer piso, signiendo un largo
del —.Indep:?ndíentemente de lo que piense de ti, de tus planes y a la luz in-
miesites sobre colchones, periódicos y trapos. Tony,
cuoece
de Directorio Su¿premo, no pienso esperar aquí como un pato en el chofer , alcan zó a ver un titú-
cierta de la lintema que llevaba el
INSCRIBEN
tiro al blanco. Miranda piensa que tú y también yo somos parte de lar de periódico en el suelo: 300,000 PAREJAS SE
144 145
U GO COOOOO OOOOOO YZUSSUOOCUDDO
EN CAM
Pase s a PEO
Las NAT
VegoO. REGI ONAL DE BAILE. Sqrtearemos Qm la espalda pa-
En el preciso momento en que Imelda le daba
ella y Je propinó
ra volver a guardar la botella, Tony saltó sobre
omó sin tiem-
oEl chofer tocó tres veces una puerta. Respondieron
, desde unfuerte golpe de karate en la nuca. Imelda se despl
po de quejarse. N
—¿Quién? —Estupendo —dijo Linda—. Y ahora, vámonos de aquí.
on
. —Abre, Imelda. Soy yo con visitas. Abrieron la puerta. No había obstáculo alguno, y salier
quejas y mur-
.La puerta se abrió, y en el marco apareció corriendo, tratando -de no hacer ruido. Salvo algunas la
una mújér sin estuvieron en
més
, vestimenta que ur bre ve calzón negro. E: mullos, el silencio era total y en pocos segundos
3 - .
p
afa la cara embadurnada de cremas y r cachitos calle.
olen el pelo
lo rubio
b.
—¿Y ahora qué? —preguntó Tony.
Escondernos
—Pasen —dijo—. Disculpen el desor¿i¿xi. - —Sélo nos queda una posibilidad —dijo Linda—.
la compañía aérea
V hasta que amanezca y luego ir a la oficina de
El chofer,2 una vez dentro,, hiz bolet o para ti y a las once de
I presentaciones, sin nom- que me trajo. Allí compramos otro
brar los cargos de Tony y Lv'.nda.'o - firma bastará para que
la mañana estaremos volando al norte. Mi
~Tony esta región, no habrá
3 y Linda, , por dispo sici
sposi ción de Su Eminencia, del e te extiendan un pasaje. Una vez fuera de
i::' aquí h,asm que vengan del Directorio por ellos. N
M?e:]nigzi& problemas en hacer venir a tu familia.
vehículo
o 1::c;g:;l, Im]eld;. Sírveles un trago y que estén
cómodos. San —¡Cuidado! —dijo Tony, señalando las luces de un
; ; a los barrios admi-
lose la frente y se fue. Imel — les que se aproximaba por su derecha, en dirección
ofrec.
ió asiento sobre
i un sofá lleno de r:p?yºíí:;saííñguíes nistrativos.
S.
s reingresaron al cen-
_ ¿Plsco?, ¿Whisky?, ¿Cerveza? —preguntó, dirig
iéndose /—-Beben ser ellos —dijo Linda, y ambo
que los Tevaría
ario, De las otras habitaciones llegaban ronquidos.
o tro cívico, por un corredor muy amplio y abierto
en la caliente no-
—Whisky —dijo Tony. hacia el antiguo-hotel Sheraton. También aquí,
_ che de verano,-acampaban familias, y un
perro comenzó a ladrar
—Sí, por favor —agregó Linda, callar. No era
furiosamente hasta que una voz de hombre lo hizo
Mientras servía, , Imel
Ime da les volvi
volvió a sonreeirir con una. prudente meterse en lo que a uno 1o le impor taba, en esta épo-
a. boca
boc: figuras
vez entre
ca y en este lugar, Tony y Linda corrieron otra
—Hace calor, ¿no? —dijo. dormidas o que simulaban dommir:
—. Hay que desa-
—Sí —respondió Tony. —No tardarán en dar la alarma —jadeó Tony
.
! Eminencia es un gran hombre —dijo la'
—Su parecer de aqui.
gorda—.
, ' dijo que en él
%xs ;:ec:lnfsx:;za… Cuar.¡do quiere esconder a algui‘
en, mí?; maíldí?r:'e Echó de menos su propió Gemelectric, pero se
más estarían-vi-
e, guardias que desertan, gente perseguida
po'x el Dire; tampoco hubiese llegado lejos. En pocos minutos
que encontrar otra es-
torio, en fin... ... Pero es la 'a prim
pri era vez, que gilando su casa, su euto y sú oficina. Había
envia a personas para ser entregadas al %ixe : - - —
ítºo;ícuerde, ““ capatoria.
iado: las co-
—Ese es el problema —dijo Tony. —Rápido —dijo Linda—. Sólo hay un lugar aprop
vachas. -
146 147
eRy
Recorrieron las calles, caminando con naturalidad. Tony es- Mientras avanzaba, de la mano de Linda King, por las calles
peraba ser asaltado en cualquier momento 0, lo que sería igualmen- de esta ciudad de casi quinientos años, de esta
mal iluminadas-
te, desagradable, cruzarse con una patrulla del Directorio. Pero la ciudad que rezumaba miseria infinita, cuyas paredes y veredas raja-
única policía en las calles —cruzaron a dos guardias, que los miraron das y mugrientas gritaban y lloraban de un dolor-que se había esta-
con indiferencia— vestía un brazalete negro con la cruz de plata. blecido en ellas como un cáncer permanente, Tony Tréveris se ma-
ravillaba de la falta de imaginación del hombre y de sus utopías
Quizás Linda tenga razón, pensó Tony, y el poder ya esté real- reaccionarias con nombres futuristas. No hemos inventado nada, se
mente en manos de los cat-ox. O, al menos, existe una dualidad
_
dijo, quizás porque la mente del hombre no está hecha para inven-
que, como todas, deberá resolverse en uno u otro sentido. Tony tar. Nos la hemos pasado recombinando, como alquimistas —me-
no dudaba de que sería decisiva la actitud del Directorio Supremo,
A
148
— 149
COLLLUCLLLLLVCVOL 0UG JOSUUDOVO
pref
reloerid
i o, como mill y ones5 d e otras, » parii r al esti respondiendo a
(q¡ue r;xf¡º f:;(;r.l Allá habían descubie lo tradici céntrica. Sudorosos camareros recorrían el lugar, fi-
rto, demasiado ;Íldº;ºnºl ecía, y sin tiempo de
n T as [Link] timbrazos de las mesas, balanceando bandejas
[Link] era insostenible si no se rom mujer de la pla- -
querían y deefms Tepresivas , fan tam. jarse en las contorsiones de los dos hombres y la
e inhibitorias. Pero aquí, 11;1:
3 v¡da”,_ dcut;llanerz u:::; retornar a lo que llamaban
11 i taforma. .
ef “derecí:: y Linda, y la concu-
El acto terminó mientras entraban Tony
saludaban
embrollo, Un terríl;le3 d;i;zdíl;
0Pºm
embr
ºb?ollo
'Irºdºque
e just rrencia aplaudió cortésmente mientras los intérpretes
pus ific
tfi aba
aboao 1:e ocupó la
sectlo
ítu asque pro
a pr od cla
l mab
. an ;.el Armaggedón, el fin i de la especie, el ca-
as restañándose el sudory el semen. Un hombre desnudo
cuello.
plataforma y habló al micro que le colgaba del
Pero .
su vid a aquíP había hobe
sido un calco de la vida de allá —Distinguidas damas y caballeros: nos aproximamos
“al mo-.
Dy sintió qque una Era se ter . To. el local preferido por el público
i aba, pero nadie parecía saber có-
min mento cumbre de esta noche en
mo sería la próxima, ese A: de buen gusto...
i
lo sabían: había que regres:;.
aé: ot deoo Los a
us Una especie de maitre d' se acercó a Tony y Linda,
de
—Quisiéramos un reservado, por favor —dijo Tony, tratando
Construyer
y a un: a nueva reghda
i (li. Y sólo entonces, que su voz sonara lujuriosa.
el hombre, es
estaría en condiciones de imag
inar’qu:
—Cómo no, sefior. Siganme, por favor.
mientras el anima-
Echaron a andar por el borde de la sala,
dor continuaba presentando el siguiente múmero.
e O'Hara. Pues
—Todos ustedes han oído hablar de Miss Janic
en París, Moscú; Nueva
bien;-después de sus éxitos internacionales nues-
es. ¡Aquí, eh
York y Sao Paulo, está áquí. Sí, señoras y señor
haya n oído habla r de ella, cosa
tra ciudad! Y para los que no
ar: ¡Janic e, la amiga de los
oA de la
las alt
* :;:1¡;ie It;:a antigu prácticamente imposible, bastará agreg
i a gale
a rfa comercial descubri espejos, señoras y señores!
e so caballos! ¡Sin trucos, sin trampas, sin
$. Los muñecos en la puerta cop da, eso es lo que ofrece el Rinc
ón Sexi
ico ulaban si o La verdad, pura y desnu
s UN mmo,[Link] una y otra para qué seguir ha-
n a pO i N p(')i
vez sus movímíents;n eo del Jirón de la Unión, damas y caballeros. ¿Y
de cl:uqml]os andrajosos vendía acción? ¡Y acción ten-
» disputándose-el lugar con
drogas fal ificadas blando cuando lo que ustedes esperan es sexo de
a sus sofás, al
de infantls y drán, señoras y señores! Agárrense bien
aquí se acercan ya Janice
sus compañeras y compañeros ¡porque
O'Hara y su amante, el Pony Eréticol
de gigm)tregrc
Ton: i
º[Link](l;tentraron, bajo la mirada sar al reservado, a una
de Deatescos P ,u(i)zs, y se encontraron indiferente de un Tony y Linda vieron, antes de ingre
CO Qo
más, con el indice
y
en la habitual armá: fPBI pelirroja que, vestida con un delantal y nada
D, las mesitas bajas llenas de la brida a un pony.
tragos y z;¡r: en la boca y sonriendo inocentemente, trafa de
las Iuces amortiguadas ras resonaban ca-
que iluminaba, como el
exc
epto por el reflector La puerta del reservado se cerró tras ellos mient
pedi de champaña.
do
lurosos aplausos y el maitre d' se llevaba un
de una sala de operacion
es,3 la plataform
Xa
150 151
—Afortunadamente nunca dejo de llevar mis cheques de viaje-
ra —dijo Linda. Miró a Tony y sonrió pícaramente—: ¿Estás segu-
10 de que no preferirías ver al pony y a la pelirroja?
—Hoy no —dijo Tony—. Además, ¿qué hay de nuevo en el mun-.
do? La primera foto pomográfica de la historia, tomada en el si-
glo XIX, mostraba a una mujer y a un caballo. Y por cierto que el
caballo era más hermoso. Me preocupa otra cosa: que esté vigi-
lada también la agencia aérea. Entonces sí que estaremos fritos,
—Yo no lo creo —dijo Linda, mientras el camarero, descorcha-
ba el champaña con una reverencia—. Pienso que entretanto ya once
se habrán cruzado varios mensajes entre Norteamérica y el Directo-
tio Regional. Para dentro de unas horas, el Directorio Regional
habrá comprendido que no tiene salida. Y matamos no mejoraría
'::ilig,uno
sus perspectivas. No sólo envié un mensaje 'a Miranda; también Tal como había supuesto Linda, no hub_o prollzlema
a la agenci a y Luldía pidió '212
aclaré la situación a Simmons, en Mobile. Calculo que a estas al- cuando bajaron del taxi, ingresaron
turas ya estarán disparando mensajes a todas las tropas mercena- segundo boleto para Antonio Tréveris. Nad.\g los había segui
rias del Directorio Regional para que no sigan aceptando las órde- desde la covacha, y a nadie llamaron la atención sus nombres.
nes locales. A más tardar al amanecer Miranda sabrá que no cuen- El taxi los había depositado en la agencia, a Ancón, tras l:m
a-
ta con sus mejores fuerzas. Nos dejará imos, Tony, Es
lo mejor molesto incidente en la vía.. Por un momento, Linda y TonyP
para él bían creído, al ver un bloqueo policial, que iban tras [Link] ero
-
—Mmumm. úno de los guardias —del Directorio Regional— se a<iercó t??
, y anum'; :
y metiendo la cabeza por la ventani lla de atrás saludó
Bebieron del champaña, helado y adulterado.
—Lo 'siento, señores, pero tendrán que elevarse para un lige-
N
-
o.
—Yo creo que ustedes los gringos son idiotas. Lo pensé e:l
en mentos. Los asaltantes son todos niños, y le cuent? purqueso
e
CLSION2
Comell y me ratifico. .
—Es posible. Pero entonces habría que aceptar que los idio- muy difícil acertarles con el fusiláser por lo move(_i)zos qu;o
estamos dispers ando. í
tas gobiernan el mundo, Han incendiado el camión, pero ya los
a ur;gí
—Esa no es ninguna primicia. Basta ver cómo está, Tuvieron que dar, efectivamente, un rodeo, elevánd(:;e
txe&
Linda se acercó a él veinte metros de altura y bordeando la esceña a unos -óosc¡elr
. xí;) r
metros de distancia, Tony y Linda pudieron ver el camión
—¿Por qué no besas a una idiota? —preguntó. ari
do, humeante, y a los policias persi‘[Link] a los cllnfcos.
CUc
Para sorpresa de ambos, pero sobre todo de Tony, hicieron de ellos yacían, muertds y ennegrecidos, junto al camión.
bastante bien el amor, - —Linda despedida —dijo Tony.
152 153