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Reflexiones sobre poder y tecnología

El documento presenta un diálogo entre personajes que discuten sobre un satélite autosuficiente y la relación entre humanos y computadoras en un futuro donde la tecnología ha tomado un papel dominante. Se menciona un proyecto para colonizar Plutón utilizando su calor interno, lo que refleja una búsqueda de nuevas fronteras para la humanidad. A lo largo de la conversación, se exploran temas de poder, control y la naturaleza de la existencia humana en un contexto tecnológico.

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Reflexiones sobre poder y tecnología

El documento presenta un diálogo entre personajes que discuten sobre un satélite autosuficiente y la relación entre humanos y computadoras en un futuro donde la tecnología ha tomado un papel dominante. Se menciona un proyecto para colonizar Plutón utilizando su calor interno, lo que refleja una búsqueda de nuevas fronteras para la humanidad. A lo largo de la conversación, se exploran temas de poder, control y la naturaleza de la existencia humana en un contexto tecnológico.

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)UOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO,QUOOOOOOOOOO

Linda rió brevemente. - -


—Su satélite es él doble en tamaño y en población,
máquinas
-—Todo esto, supongo,.terminará en un pacto entre
por encima de los hombres. Oh, bueno —suspiró—, me imagino
-
que es mejor así. Todo será más objetivo y racional, ¿no es eso?
—Por supuesto... creo —dijo Linda,
Linda
Hicieron la transferencia al satélite en pocos minutos.
de recepción lle-
le explicó, mientras avanzaban por la gran sala
cristales leve-
na de plantas tropicales, brillante tras los inmensos
el
doce . mente polarizados, que hacía varios años se había interrumpido
ciente, y
servicio regular de cohetes al satélite. Este era autosufi
los únicos viajes eran a pedido, como el de ellos.
— ¿Recu
R Mirando hacia el techo y las paredes transparentes, Tony,
. que ó
erdas que una vez te dije nada había arriba? sintiendo la ligereza de una media gravedad terrestre, coment
caba
—pregunt
a ó Lindab
, mientras que nunca gobernante alguno había tenido tal visión de sus domi-
y el cohet e llamado Executive
' los ácer-
nios. Era el simmum del poder pero, al mismo tiempo, su nega-
Tony miraba por una de 1 - ción. El cenit del poder se dijo, y en ese preciso mamento el hom-
tre llensba el horizonte. las ventamllas.- La curvatura terres- bre abdica. ¿Es el hombre el Padre, y las computadoras el Hijo?
, la
¿Son ya las computadoras, como insinuó alguien el siglo pasado
—Es peor que eso —respondié—. No es sólo u.n vacío
, férma más alta de vida inteligente en la tierra? ¿Los padres supe-
—4TeTe refi
refieres al estadc o de Patrick?? ¿Qué
¿Quéiimporta? S , rados por sus criaturas? ¿Parricidio? ¿O todo esto no era sino espe-
do su ]ubllac.lón… Ser Director Supremo se hap; - culacién barata y aterrorizada, como las de los salvajes que
adora-
nver;dtae%¡muí
zt:;¡;gzº1¡1:¡1101.'¡&00, coíno el de los reyes del siglo. ban al rayo y al trueno? ¿El hombre no se había asustado siempre
pasado. -Una cosa
y pleja como la administración del mundo de sus propias creaciones, para refugiarse en temores recónditos
no; puede de- del inconsciente colectivo? ¿A qué viene este terror?
pender de un grupo de seres humanos, y meno
s g unoP;loeloe 5;
_cosas que ha descubierto la siguiatría d . Una gran rueda, en buena parte transparente, con un diáme-
terribles para que podamos a%riesg:mce:de Freud son demasiado transpa-
tro de diez kilómetros, con cien mil personas, cubiculos
templos
—Y
poder sin emb: argo, en el Tercer Mundo, los_hlga rentes y coloridos, pequeños parques y locales de juego,
i dos retornan al para los que los necesitaran, huertos hidropónicos y fábricas de
carne. ¿Jardín del Edén postrero y tecnológico? ¿O un infierno espe-
cialmente sutil en el cual una tardia y perfecta oligarquía se mi-
Ya ;}.e
neia, :zlapsril;:i . C;nf Miran da computad
n cllas e sabrán ma-
i oras. Ellas raba en un. espejo siri bordes? - -
garán el poder a las computadol;:.:. jo que también ellos enire-
Tony veíá personas —muchas de ellas totalmente desnudas—
cosa.
talsuce
dijoién Dijo que I ilizarí. caminando, deslizándose sobre pequeños vehículos, jugando
, rien-
Asiát—No
ico tamb de esío?que as utilizarian. ¿En el Imperio
do o realizando pequeñas tareas artesanales. Les sonrefan al pa-
170
- . an
O SOGODOSOISCACUIIITOSISOS

sar, agitaban una mano, a veces se acercaban a preguntar, sin mu- Y señaló a otras perezosas cercanas. Tony y Linda las arrima-
cho entusiasmo, si había algo de nuevo en la vieja Tierra. ron cerca a Simmons yse sentaron.
~La serpiente —dijo Tony en voz baja a Linda—. Busco la ser- —Bueno —dijo el anciano—. ¿Qué le parece todo esto, socio?
piente. . - - —Muy hermoso —dijo Tony, sin deseos de comprometerse,
—Quizás seas tú —respondió Linda. —Traiga usted a su familia, si quiere. Puede pasar unas lin-
Tony torció el gesto sin responder. Se le ocurrió que podía das vacaciones aquí. .
ser verdad. Adivinó que ninguno de los residentes del satélite ha- —¿En ningún momento se llena esto? —preguntó Tony, seña-
bía llegado alli para formular preguntas, y mucho menos dispues- lando el entorno,
to a buscar contestaciones. El sí. El venía de un mundo que no
—Oh, estamos construyendo un segundo satélite —respondió
se consideraba a sí mismo como la culminación de la- evolución,
Linda por el viejo—. Aunque en realidad no hay mucho apuro. Casi
sino, en todo caso, como un inquietante compromiso, Pensó en Ate- no hay nacimientos aquí. Menos, aún, que en Norteamérica o Eu-
nas y Esparta, y en todos aquellos imperios aparentemente eternos;
ropa. Hay más defunciones que nacimientos, Pero la idea es ir
en todas aquellas agrupaciones humanas que habían arribado a lo ampliando. .. Que cada vez más personas vivan con nosotros. Ahora
que para ellas era el estado supremo: ocio, hedonismo, cultura, de-
es una especie de premio. Quizás llegue a convertirse en un de-
licadeza, sensibilidad. Y cómo, en sus bordes o en su interior, ha-
recho. -
bían madurado fuerzas rígidas, duras, puritanas, fanáticas, unidas
tras una Idea, una Nación, una Fe, una Bandera, una Raza o un —Sí —dijo Simmons—, por ahora hay una mayoría de gente de
Mesías, llenas de desprecio para con esa blandura, esa tolerancia, más de cincuenta años. Ejecutivos jubilados, casi todos; algunos
esa libertad —que ellos consideraban, y a menudo era, egoísmo— y grandes artistas y científicos, aunque casi todos son, también, eje-
terminaban con barrerlas, Hasta que ellas mismas, a su vez, pros- cutivos; militares, si es que se les puede calificar así, pero ésa es
peraban y se ablandaban, se hacían tolerantes, buscaban el placer una de las pocas profesiones que no cambian mucho; líderes reli-
y la inmortalidad, para a su vez... etcétera. giosos retirados, .. en fin,
-
—¿Y del Tercer Mundo?
.A Tony le pareció simbólico. que el “campo de golf” fuera una
rueda, no necesariamente porque la historia humana fuera eso, si- —Pocos, pero los hay. Aquí no discriminamos a nadie, pero
no porque —como el satélite— avanzeba, sí, pero en medio de una los requisitos son duros. Los iremos suavizando. .. .
negrura infinita cuyo comienzo y cuyo fin se hundían en un mag-
SUCUCCOSUTUSO v

Bebieron, Y luego, a invitación de Simmons, jugaron una par-


ma desconocido cuyo sentido estaba tan oculto que equivalía a tida de golf, mientras Linda, ajena, los observaba. Simmons ganó.
DO existir, . Durante las siguientes semanas, Tony conoció a otros miem-
Encontraron a Patrick Simmons. sentado en una perezosa, al bros del Directorio Supremo. Doris y los chicos llegaron, especial-
borde de un campo de minigolf, con tragos helados sobre una me- mente invitados, a pasar quince días en el campo de golf y vol-
sita y un robocaddy que cargaba los palos. . vieron a partir, después de relatar que, casi indoloramente, los
~Hola, hola —dijo el Director. Supremo—, y perdonen a este cat-ox habían comenzado a dominar en Sudamérica Oeste. Doris
viejo por no levantarse por ahora. Ya lo haré cuando comience el decidió establecerse en Norteamérica hasta que Tony supiera qué
partido de golf. Siéntense, socios. iba a hacer. Es sobre esto que, al iniciarse el tercer mes de su es-

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)OOOUOOOOOOOQOOOOOOOOOOQOOOOOOOOOOU
resignaron al
tadía en el satélite, discutieron, en su presencia, los miembros del voy es a que entretanto hubo científicos que no se
ando, provis tos de fondos se-
Directorio Supremo, - fracaso espacial y continuaron trabaj
co se resign aban. I:ias DDI;;
Como de costumbre, casi ninguno estaba físicamente allí, alre- cretos por parte de empresas que tampo
ordenan
dedor de Tony. Sólo Simmons y dos más; el resto hablaba desde i)utadoras desempeñaron también un papel importante,
que, sin mayor publicidad, se siguiera traba jando en esto.
sus cubiculos, cémodamente echados. La idea, escuchó Tony, suge-
Y, aunque
rida —para darle un nombre— por las computadoras de California, “Hace dos o tres años, registramos el primer éxito.
vino én ayuda
-era nombrarlo jefe del proyecto Nuevo Comienzo, “parezca. increfble, fue el despreciado Plutón el que
muer
Era una buena propuesta. Linda, su principal artifice —eran los de la Humanidad. Es, por supuesto, un planeta toixlme:ite
d ucmí; ;:s
asesores quienes se encargaban de alimentar de información a las to y congelado, pero descubrimos —en base a puras
otra ó-
computadoras, según descubrió Tony, maravillándose del poder matemáticas fndadas en anlisis espectrográficos y de
lez.a, Plutón
que ello otorgaba a Linda y a sus colegas— había convencido a las le— que, por lo que parece ser un capdc]’:o dela Ímtura
.activo como
objetivas computadoras de los méritos de Antonio Tréveris. es volcánico. Es decir, que tiene un núcleo caliente
que bnlo
el de la tierra. Esto nos dio la idea de aprovechar ese calor,
. Cuando Tony preguntó en qué consistía el proyecto, Simmons icie, pero que hace conce bible
basta para hacer habitable la superf
Tanzó su risita cascada y nada dijo. Fue Linda la que, al principio , o para ser más exacta ,
la construcción de ciudades subterráneas
dubitativamente, y luego con mayor determinación, explicó las subplutonianas. — - - dutos
conclusiónes a que habían llegado las computadoras. Plutón, cuyos d
“Hemos enviado dos naves automáticas a
son .posm'ívl(l)s.
—Voy a ser muy breve, Tony —comenzó—, y a darte la infor-
estánTín poder de las computadoras. Los resultados
mación en resumen, dejando los detalles para más adelante. de d¡yez millo-
Costará una ehormidad, pero es posible. No menos
años, esta-
“Como todos sabemos, la exploración espacial y la búsqueda nes de personas pueden, tras un plazo de unos veinte
de eventuales colonias terráqueas, quedó prácticamente interrum- blecerse allí”. .
pida al comenzar este siglo. Los costos, la inexistencia de planetas y agregó: -
Linda solté una risita, coreada por los demás,
habitables en nuestro sistema, la barrera al parecer infranqueable “Las computadoras insistieron en ser ;;;solad_adas tz:lx;fl:iié:i ea-
constituida por la velocidad de la luz, que nos impide pensar en
llegar a las estrellas, y un quizás indebido optimismo transitorio gue prung‘exzai };er po%ible
ra lo estarían en elel it
* i segurz;};dezl
satélite ,.
sup
en esos años, son los responsables de esa interrupción. Hicimos filosófico de
los satélites, encubriendo su verdadero propósito con discursos acer- acomodarlas aqui, Ahí tienes un inte_resante aspfcbcr super-
o no instinto de
ca de Ja explosión demográfica, y allí nos detuvimos. . . oficialmen- la cuestión de si las computadoras tienen
te. Claro que fue difícil mantener el secreto. De hecho, no se vivencia. ..
hemos comen-
pudo mantener. Pero los periodistas, a la mayoría de los cuales “Sea como fuere, hace unos ocho o nueve meses
Serán 1z:e-,smon»
se negó el acceso por razones de protección a los residentes, acep- zado la, construcción de Jas naves que irán a Pluxón:
teron la versión de un “asilo para ancianos” costoso. Los que deja- en la per-fomc¡ón deul su}I);:
tadas allí y sus elementos utilizados e
de la; cmdndes ocultas.
mos venir, se callaron porque les ofrecimos —y cumplimos— otor- ficle plutoniana y en Ja construcción
hum'm:¡os, por un| o
garles residencia permanente aquí a partir de los cincuenta años. mos pensado -en. algunos míllones de seres
vivir allí, a quie
Una que otra vez se filtró algo, pero hay maneras, también, de porque queremos “comprar”, con el derecho a lado, no
acallar a la prensa libre, y sin violencia. En todo caso, a:lo que pudiesen oponersepor envídia u otras razones. Y por otro

174 175
o OOUIOUUDOCUOUCUDUVUODOVO
hemos pensado en más porque a ese nivel no es posible la auto- hasta creas que es una especie de huida. Pues bien: ninguna solu-
suficiencia, por mucho tiempo al menos, y —aunque parezca cinis- ción es ideal —y a la humanidad le ha costado milenios entender-
mo— necesitamos seguir siendo los administradores de una Tierra lo, y aún no lo entiende del todo, como demuestra tu región—, y
que produzca para nosotros”. además, todas son una huida. De lo que se trata es de saber si es
lo mejor que puede hacerse hoy. Lo mejor para nosotros, Tony,
* —¿Y al final? - porque creemos haber aprendido que todos los crímenes se come-
—¿Qué final, Tony? ¿Por qué tiene que haber un final? La vi- ten por altfuismo. Nosotros vamos a ser conscientemente egoistas,
da no es una telepelícula, - pará variar, y así salvaremos el concepto de humanidad antes de
—Me refiero a qué sucederá cuando los dichosos plutonianos que se hunda definitivamente en el caos”.
seamos autosuficientes, comiendo pastillitas bajo tierra. Más tarde, Tony y Linda paseaban sobre una especie de terra-
Linda desaprobó con la cabeza. za de observación, entre rosas pálidas y pequeñas palmeras. Se es-
cuchaba un rumor de arroyos y aves, de viento caliente entre los
~Tony, no me crees problemas. Quiero que tú asumas el car-
árboles, aunque no había árboles, aves ni arroyos.
80, conmigo. Para ello es necesario que estés convencido, como lo
estoy yo, de que ésa es la única salida. —No, no soy la serpiente.—dijo Tony, cogiendo la mano de Lin-
da—. Esos viejos símbolos ya no funcionan: hemos madurado. Aho-
~Trataré de convencerme, Continúa. -
ra sabemos que paraíso-serpiente es una unidad indivisible.
—Bien. El hombre es un animal de costumbres. Nos hemos ha-
—Y permanente —agregó Linda—. Veo que comprendes.
bituado a vivir sobre un navío espacial en forma de bola, llamado
Tierra, sobre cuya superficie nos arrastramos como hormigas. No —Iremos al maldito Plutén —agregó Tony.
hay ninguna razón, y los científicos y las computadoras lo ratifi- Miraba hacia abajo-arriba, donde buena parte de la superfi-
can, para no acostumbrarnos a vivir en un hermoso entomo cerra- cie terrestre colgaba-ascendía como una invitacién o un insulto.
do, condicionado y protegido. —Es decir —dijo Tony—, si nos dejan.
—¿Cómo el útero?
—¿Si nos deja quién? —preguntó Linda, intentando besarlo pe-
—dPor qué no? Si el sueño eterno del hombre ha sido siempre ro sin lograrlo. Tony estaba señalando hacia el gran planeta que
- retomar al útero, ¿por qué no hacerlo? ¿Qué razón realmente se- iban a repudiar, Ninguno de los dos necesitó acudir a las compu-
ria —fuera de los irracionales temores de tna humanidad que se tadoras para saber que el cohete negro que se acercaba al satélite
asusta de su propia sombra— hay pára no satisfacer ese sueño fi- lucía en el costado una gran cruz de plata.
nal? ¿Qué miedo podemos tenerle a la felicidad, si nos liberamos
de todo prejuicio?
PO
SA

Lima, Febrero 1977


“Tú eres un Director, Tony. Eres de los nuestros. Pero al
mismo tiempo aportas la energía, la audacia y la honestidad de un
mundo que todavía puede producir verdaderos aventureros, Esa,
según las computadoras, y según todos nosotros, es la combinación
COOCCUO

requerida,
“Probablemente pienses que la solución no es ideal. Quizás
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