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Seda y Dominación en Módào Zǔshī

El documento es una historia de contenido explícito que presenta una dinámica de BDSM entre los personajes Lan Wangji y Wei Wuxian del fandom de 'Módào Zǔshī'. La narrativa se centra en una escena donde Lan Wangji ata a Wei Wuxian y juega con su deseo, mientras exploran su relación y límites. A lo largo del relato, se destacan los elementos de control, deseo y la tensión entre ambos personajes.

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Seda y Dominación en Módào Zǔshī

El documento es una historia de contenido explícito que presenta una dinámica de BDSM entre los personajes Lan Wangji y Wei Wuxian del fandom de 'Módào Zǔshī'. La narrativa se centra en una escena donde Lan Wangji ata a Wei Wuxian y juega con su deseo, mientras exploran su relación y límites. A lo largo del relato, se destacan los elementos de control, deseo y la tensión entre ambos personajes.

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Seda

Posted originally on the Archive of Our Own at [Link]

Rating: Explicit
Archive Warning: No Archive Warnings Apply
Category: M/M
Fandom: 魔道祖师 - 墨香铜臭 | Módào Zǔshī - Mòxiāng Tóngxiù
Relationship: Lan Zhan | Lan Wangji/Wei Ying | Wei Wuxian
Characters: Lan Zhan | Lan Wangji, Wei Ying | Wei Wuxian
Additional Tags: Bondage and Discipline, Masturbation, Plot What Plot/Porn Without Plot
Language: Español
Stats: Published: 2024-12-24 Words: 1,465 Chapters: 1/1
Seda
by SteelAndBendalloy

Summary

—Silencio —ordenó Lan Wangji—, o será peor para ti.


—¿Qué podría ser peor que estar atado a tu merced y en silencio? ¡En silencio!
—Hm. Se me ocurre que no estar atado en absoluto y no tener ni un ápice de mi atención.
¿Eso te gustaría?

Notes

I hope this brightens up your Xmas dinner 🍆


—¡Ay! —protestó Wei Wuxian con un puchero—. Lan Zhan, ¿por qué eres tan bruto
conmigo?

—Porque te gusta —respondió tranquilamente Lan Wangji, pasando los cabos de suave
cuerda de seda por sus muslos, demasiado cerca de la piel sensible de su ingle.

Lan Wangji le había despojado de su ropa sin miramientos hasta dejarle solo la túnica
interior. Nada de botas ni pantalones, solo una fina capa de tela blanca para cubrir su
desnudez. Con actitud autoritaria y un brillo peligroso en los ojos, le había invitado a sentarse
sobre los talones con las rodillas ligeramente abiertas y colocar las manos a la espalda.
Empezando por los dedos, había ido construyendo su nuevo atuendo hacia arriba, uniéndole
los antebrazos hasta el codo. Tras los brazos, un complicado trenzado entre sus pantorrillas y
sus muslos había terminado de inmovilizarle. El calor que se le había instalado en el pecho en
respuesta a la cercanía de Lan Wanji era ciertamente muy agradable, pero de todos modos
Wei Wuxian abrió la boca para replicar.

—Silencio —ordenó Lan Wangji—, o será peor para ti.

—¿Qué podría ser peor que estar atado a tu merced y en silencio? ¡En silencio!

Lan Wangji esbozó una ligera sonrisa que apenas perturbó su rostro perfecto.

—Hm. Se me ocurre que no estar atado en absoluto y no tener ni un ápice de mi atención.


¿Eso te gustaría?

—N-no —tartamudeó Wei Wuxian, sintiendo que se ruborizaba.

—Ah, ya me parecía.

Lan Wangji dio por finalizada su obra y se puso en pie. Le dedicó una mirada impasible
(aunque un poco burlona) desde las alturas, mientras él comprobaba su escasa movilidad. La
postura era cómoda mientras se estuviese quieto; las cuerdas se tensaban sobre su piel lo
justo para no provocarle dolor, solo un cosquilleo.

—¿Qué haces? —preguntó a continuación, mientras Lan Wangji se movía por la habitación
apagando las lámparas de papel pintado. También se aseguró de que la puerta y la ventana
estuviesen bien cerradas.

—Me voy a meter en la cama.

—¿Que te vas a meter en la cama? —exclamó alarmado—. ¿Y yo qué?

Lan Wangji no respondió. Wei Wuxian probó a tirar de sus ataduras con un poco más de
fuerza, pero los nudos no se aflojaron lo más mínimo. Si acaso, le pareció que se le hundían
en la carne con más insistencia. Resopló y sacudió la cabeza para apartarse un molesto
mechón de pelo suelto de la cara, un gesto que le hizo parecerse a Manzanita espantando
moscas con el rabo.
—¡Lan Zhan!

Lloriqueando, de rodillas sobre el duro suelo y con las manos inmovilizadas a la espalda por
un bello arnés de cuerda, Wei Wuxian se revolvió como un infante teniendo una pataleta. Con
eso no consiguió otra cosa que formar una serie de incómodos pliegues en sus ropas. «¿Acaso
estos nudos son otra técnica secreta ancestral del clan Lan?», pensó, a la vez molesto y
fascinado por la habilidad de Hanguang-jun con las cuerdas.

De espaldas a él, Lan Wangji se soltó el recogido y una larguísima melena negra como la
obsidiana enmarcó su esbelta figura como un halo. Se la cepilló frente al espejo del tocador,
pasándose el peine a conciencia, hasta dejarla suave y brillante. Plegó con devoción la cinta
del clan Lan que habitualmente adornaba su frente y la dejó junto al espejo. Ya había dejado
la cama preparada antes de empezar con su jueguecito, por lo que solo tuvo que hacer a un
lado la colcha para meterse en ella.

Wei Wuxian salió de su estupor de golpe:

—¡No te atrevas a dormirte, ¿me oyes?!

Acostado y con la luz de la luna rielando sobre su cuerpo envuelto en delicada seda blanca,
Lan Wangji parecía más que nunca una estatua de jade.

—Oh —susurró Wei Wuxian cuando Lan Wangji separó las piernas y alzó las rodillas. La
finísima túnica se deslizó sobre su piel sin ninguna dificultad, descubriendo unos muslos
blancos y delgados, bien torneados—. Oh —repitió como un bobo cuando llevó la mano a su
cinturón y deshizo el lazo con dedos hábiles—. Ah… —La sangre se le subió a las mejillas
de golpe. No toda, porque calculó que bastante más de la mitad se le había acumulado entre
las piernas. Su propia ropa interior no hacía nada por ocultar su bochornosa erección—. Lan
Zhan…

Al principio, no había sido consciente. Estaba demasiado ocupado protestando y forcejeando


con Lan Wangji como para fijarse realmente en la forma que le iba dando a las cuerdas. No se
había dado cuenta de que envolvían los puntos más erógenos de su anatomía y al mismo
tiempo le impedían alcanzar ninguno de ellos con las manos. En esa postura, verdaderamente
lo único que podía hacer era observar. Observar cómo los dedos largos y pálidos de Lan Zhan
abrían sus ropas y dejaban al descubierto un vientre plano y liso, perlado a la luz de la luna y
tan firme que bien podría, en efecto, haber sido labrado en piedra. Observar el cuidado con el
que Lan Zhan descendía la mano sobre su abdomen, un poco más cerca de su ombligo cada
vez, camino a su entrepierna.

Wei Wuxian contuvo la respiración. «¿Qué coño te crees que estás haciendo?», estuvo a
punto de espetarle, pero los dedos de Lan Wangji ya habían desaparecido entre sus muslos,
lánguidos.

Sus movimientos eran hipnóticos.

Precisos y comedidos, su mano se deslizaba por la piel sensible de su miembro sin apenas
rozarla. Extendió la humedad de la punta lentamente por toda su longitud y sus caricias se
tornaron más fluidas, casi etéreas.
«Joder».

Wei Wuxian apoyó la frente sudorosa en el suelo, jadeando. Estaba siendo una tortura peor
que mil años en la colina de las fosas. Sus músculos tirantes protestaron, doloridos, y las
cuerdas, aunque gentiles, le mordieron la piel más profundamente. En definitiva, se iba a
morir. Un hombre no podía permanecer mucho tiempo vivo con la velocidad a la que le latía
el corazón a Wei Wuxian en aquel momento.

—Por favor… —suplicó, buscando un alivio inexistente en la madera fría—. Por favor,
suéltame ya… ¡Me mantendré en silencio, te lo juro, pero suéltame! ¡Lan Zhan! Ten
piedad…

Pero con la frente pegada al suelo no podía ver a Lan Wangji, así que se retorció y giró sobre
sí mismo hasta quedar de lado en una postura sumamente incómoda. Gimió, con la piel en
llamas y un dolor sordo en las tripas.

¡Era realmente injusto que Lan Zhan se estuviese masturbando sin él! Estaba dispuesto a
obviar que no le hubiese pedido permiso, pero aquello ya pasaba de castaño oscuro. ¿Y
encima pretendía que no interviniese ni se hiciese cargo de su propia excitación? «Esto ya es
el colmo, me voy a morir de un infarto. Creo que hay confianza suficiente como para que me
pida un poco de privacidad para atender sus necesidades, ¡pero hacerlo de esta manera!
¿Acaso no le da vergüenza? Me lo voy a cargar», pensó con determinación, de nuevo con la
cara pegada a las tablas.

Abrió la boca para quejarse una vez más, pero un gemido traicionero abandonó su garganta.
Se había frotado sin querer contra su ropa interior y estaba tan excitado que le faltó poco para
alcanzar el orgasmo en el acto.

«No, si encima me voy a correr antes que él. No, no y no, me niego». Qué error tan grande
había sido dejarse caer. Ahora ni siquiera podía respirar bien, la sangre le martilleaba con
fuerza los oídos y el corazón le iba a mil por hora.

Lan Wangji no gemía. Sin embargo, sus caderas levemente alzadas revelaban su gozo
silencioso, así como la diminuta gota de sudor que se le resbalaba por la sien. Su orgasmo, al
contrario que el de Wei Wuxian, fue discreto y silencioso. Algo místico. Ni siquiera se
manchó el vientre ni la túnica ni se derramó sobre las sábanas. Wei Wuxian, mortificado, sin
aliento y con todos y cada uno de los músculos del cuerpo en tensión, eyaculó en su propia
ropa interior, maldiciendo su falta de autocontrol.

Más que alcanzar el éxtasis, se estrelló contra él y se mareó un poquito.

—Lan Zhan, eres un hombre terriblemente cruel… —gimoteó.

—Tu falta de disciplina es vergonzosa —respondió Lan Wangji con una sonrisa traviesa.

Se arrodilló junto a Wei Wuxian y le ayudó a incorporarse en su posición inicial. Deshizo los
múltiples nudos y las cuerdas arrastraron consigo su túnica, descubriendo la piel ligeramente
enrojecida de debajo. Le masajeó los brazos y las piernas a conciencia para reactivar la
circulación.
—Pero irás mejorando con el tiempo, ya verás —le susurró al oído, apartándole el pelo sobre
un hombro para poder depositar mejor un beso en su nuca—. Ahora vamos a limpiarte y
después dormiremos. Es bastante más allá de la hora del cerdo.
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