Práctica de Teoría del derecho
(diseñada por Edgar Aguilera)
Caso “12 hombres sin piedad”
Acusado: joven de 19 años de edad.
Delito por el que se le acusa: Homicidio intencional y premeditado de su
padre.
Contexto del acusado:
Vive en un suburbio pobre y hostil.
A los 2 años murió su madre.
Desde los 5 años recibía golpizas constantes de su padre.
A los 9 años lo ingresaron a un orfelinato mientras su padre purgaba una
sentencia de 2 años por falsificador.
A los 10 años compareció ante un tribunal de menores por dejar tuerto de
una pedrada a su maestro. Luego robo un coche y por ello lo ingresaron en
un correccional. Más tarde lo detuvieron dos veces por pelear con navaja.
Alegato de apertura (teoría del caso) de la fiscalía:
“Los hechos que relataré a este Tribunal de Enjuiciamiento dan cuenta de
uno de los crímenes más atroces que un ser humano puede cometer en contra
de otro: el parricidio doloso y premeditado. No deben dejarse llevar
honorables miembros del Tribunal, por la apariencia inocente y la juventud
del acusado, ni por la lástima que seguramente la defensa querrá despertar
en Ustedes al hacer referencia al entorno humilde y hostil en que el acusado
creció, a la desafortunada pérdida de su madre cuando apenas tenía dos años,
e incluso, al abuso físico que el padre, la víctima de esta horrenda acción,
ejercía sobre el acusado ocasionalmente. Todas ellas son, en efecto,
circunstancias penosas en las que nadie debería vivir. Y, no obstante, no
alcanzan para justificar el vergonzoso delito que en este juicio probaré más
allá de toda duda razonable. ¿Acaso hemos, como sociedad, de absolver a
todo homicida cuya historia toque nuestros corazones? ¿Son Ustedes
responsables de las condiciones desiguales en que las y los ciudadanos de
este país crecen? ¿No es la especie humana capaz de florecer y actuar
rectamente aun en las peores de las situaciones? ¿No es el vencer la
adversidad y los impulsos violentos un ideal al que debemos aspirar y
proteger con gran celo? Entiéndase bien, no pido que sean indiferentes e
insensibles. Sin duda, con gran pesadez de espíritu tendrán que cumplir con
su obligación ante la ley, que no es otra que emitir un veredicto condenatorio.
Pero mayor mancha dejaría en sus consciencias y un mensaje riesgoso de
permisión y debilidad enviarían, si resolvieran de modo contrario. “Las
calamidades y los aspectos duros y desagradables de la vida son suficientes
para justificar el asesinar a nuestros progenitores”. Ese sería ese mensaje si
absuelven. Pero no Sus Señorías, no abran la puerta de la impunidad en este
caso, se los ruego en nombre de la cifra indeterminada de padres y madres
que han sido víctimas a lo largo de la historia de este terrible acto que,
además de mostrar el más profundo menosprecio por un congénere, solo
puede provenir de un alma malagradecida y cruel, capaz de llevar al último
aliento a quienes soplaron la vida en ella. Esa puerta debe permanecer
cerrada, pues conduce directo y sin escalas a la desintegración familiar y
pone en riesgo la convivencia pacífica de los miembros de una comunidad.
Pues bien, los hechos ocurrieron del siguiente modo:
Hacia las 8 de la noche del día fatídico, el acusado y su padre, quienes vivían
en el apartamento XXX en la tercera planta del edificio ubicado en XXX,
tuvieron una fuerte discusión, que tuvo como desenlace que el padre asestara
dos golpes en el rostro del acusado. Acto seguido, lleno de ira y
resentimiento, el acusado salió corriendo de su casa, y en el trayecto
comenzó a urdir el plan de asesinar a su padre. Sus maquinaciones lo
condujeron a dirigirse a una tienda de empeño cercana con la intención de
adquirir una navaja que, por sus características, ya antes había capturado su
atención. El encargado de la tienda testificará bajo juramento que, en efecto,
le vendió el arma en cuestión y que esta era única en su tipo, pues nunca tuvo
una navaja así entre sus mercancías. El mango tenía un estampado y unas
incrustaciones extremadamente difíciles de reproducir.
Una vez en poder del instrumento letal, el acusado siguió dándole forma en
su cabeza a los detalles del acto que habría de ejecutar unas horas después.
Se había dispuesto volver a su apartamento y esperar a media noche para
volver a provocar, con insultos e improperios, a su padre. Él sabía qué cosas
decir, qué temas sensibles debía tocar para hacerle explotar, pues era un
hábito que constantemente ponía en práctica para torturarlo
psicológicamente. Solo que esta vez, sin saberlo la eventual víctima, el
acusado tendría la ventaja: traería consigo el arma en cuyo manejo había
desarrollado las más depurada de las habilidades. No por nada le apodaban
“el filo mortal” en el barrio.
Antes de volver a casa, hacia las 8:45 se encontró con sus amigos de siempre,
quienes charlaban enfrente de un café de la zona. En este punto, el fervor de
lo que le iba a hacer a su padre lo traicionó, pues lo llevó a la osadía de
mostrarles la navaja recién adquirida. Cada uno de ellos identificará en su
momento la navaja que les mostraré durante este juicio como la que, a su
vez, el acusado les enseñó aquel día, cosa que no será nada difícil, pues hay
que recordar lo especial e inconfundible que es esa arma.
A las 9:45, el acusado se despidió de sus amigos y enfiló rumbo a casa, a la
que llegó alrededor de las 10:00. Durante dos horas estuvo proyectando en
su mente y disfrutando la escena de la acción homicida que habría de venir.
Y, a las 12 de la noche, tal y como se lo había propuesto, comenzó la perorata
para descolocar a su víctima, quien, además, a esa hora había consumido ya
dos botellas de licor, del más barato pero efectivo para nublar el juicio.
Estando de por sí ya en esa condición de desventaja, el acusado llevó la
discusión a su punto más álgido. Y, hacia las 12:10, por fin pudo hacer
realidad aquello que rumió varias horas antes: clavó la navaja, sin ninguna
misericordia, en un movimiento con el brazo derecho llevado de arriba hacia
abajo, en el pecho de su padre, no sin antes gritar a los cuatro vientos la
amenaza perversa: “voy a matarte”. El padre inmediatamente cayó al suelo
por la herida fulminante. Una sola puñalada en el lugar preciso bastó, lo cual
confirma su amplia experiencia y conocimientos con respecto al empleo de
esos instrumentos mortíferos.
Con lo que no contaba fue con que la anciana que vive también en la tercera
planta, pero del edificio de enfrente, quien lo conocía de toda la vida, sería
testigo del horrendo asesinato. Ella testificará en este juicio que, al ver lo que
ocurrió, reaccionó automáticamente con un grito despavorido. Sin saberlo el
acusado, en ese mismo momento el anciano que vive en la segunda planta
justo debajo del lugar de los hechos, al haber escuchado la pelea, la amenaza
mortal, el sonido de un cuerpo caer súbitamente al piso y el grito de la
anciana de enfrente, se encontraba llamando ya a la policía. Esto será
corroborado con el testimonio de dicho vecino.
Pues bien, confundido y temeroso de ser atrapado, el acusado no ató más que
a huir frenéticamente de su casa. Deambuló por las calles varias horas para
calmarse y al lograrlo, recordó que había dejado el arma clavada en el pecho
de su víctima. Como sabía que la había mostrado horas antes a sus amigos y
que, por tanto, la policía podía ligarlo con el crimen, decidió regresar al
apartamento hacia las 3:15 de la madrugada. Para su sorpresa, la policía ya
había llegado al lugar. Al verlo entrar, el oficial XXX, de quien también
oiremos su testimonio en este juicio, sospechando del acusado, pues ya
contaba en ese momento con las declaraciones de ambos ancianos, le
preguntó que dónde estaba. El acusado respondió que había salido al cine,
ese que no cierra por las noches, ubicado en la calle XXX, a ver unas
películas. Pero, al preguntarle el nombre de estas, el acusado no supo
responder. En un acto desesperado, dijo que solo recordaba que el encargado
de la tienda de empeño, sabiendo de su afición por la pornografía, cuando le
vendió la navaja, le comentó que había dos funciones muy buenas esa noche,
y que, si le apetecía, podía el acusado decirle a quien vendía las entradas,
que venía de parte de él y que lo dejarían entrar gratis, que por eso no tenía
consigo ningún billete de entrada que mostrar. Esto que, como es de
esperarse, será rechazado por el encargado de la tienda al tomar el estrado en
este juicio, aunado a la inverosímil afirmación del acusado de que la navaja
que compró debió caérsele por un agujero en el bolsillo de su chaqueta,
muestra que esa historia no fue más que un recurso improvisado de último
minuto que empleó para intentar salir del paso, lo cual, Sus Señorías, no
deben dejar que ocurra.”
Alegato de apertura (teoría del caso) de la defensa:
“Honorable Tribunal, no haré lo que la fiscalía esperaba. No, no acudiré a su
lástima ni a su empatía por las horribles condiciones en que mi representado
tuvo la mala fortuna de nacer y crecer. Y no lo haré porque no es necesario.
La fiscalía sencillamente no podrá demostrar su caso más allá de toda duda
razonable.
La pieza clave de este trágico malentendido yace en la navaja homicida, cuyo
empleo la fiscalía le quiere achacar al acusado. ¿Por qué? Por la sencilla
razón de que no tiene las huellas de mi representado. ¿Cómo es posible que
no se encontraran sus huellas en la navaja si las cosas sucedieron como, en
sus fábulas, ha contado la fiscalía?
Por otro lado, como todos sabemos, el testimonio de dos ancianos no es de
fiar. Lo que realmente ocurrió, aunque no es nuestra obligación jurídica
proponer una teoría alternativa, ni probarla al estándar que la fiscalía sí que
tiene el deber de probar sus afirmaciones, no es sino la acumulación de otra
experiencia ingrata y terrible en el haber de mi representado.
En efecto, adquirió el arma en cuestión, pero no movido por el deseo de
vengarse, sino porque, en coleccionar y admirar esos instrumentos, mi
representado encuentra una de las pocas satisfacciones que la vida le da.
Quizá no es ideal permitirle a un joven que desarrolle una afición por
coleccionar esos objetos. Seguro estoy que Sus Señorías, si tienen hijos, no
lo permitirían. Sin embargo, los casos de la vida real, en este país tan
injustamente desigual, suelen alejarse mucho de la comodidad de las
circunstancias en las que, por fortuna, otros se encuentran.
Para continuar, como sostiene la fiscalía, mi defendido volvió a casa hacia
las 10:00 de la noche, pero no permaneció ahí con miras a ejecutar el
fantasioso plan que se le atribuye haber diseñado. Volvió a salir hacia las
11:30. Fue al cine a ver unas películas. Libre de toda culpa y con la
consciencia limpia, pues él no intervino en los hechos fatídicos que
descubrió apenas llegar a las 3:15 de la madrugada, mi representado se
desmoralizó y se vino abajo por la tristeza al enterarse que su padre yacía sin
vida en el piso de la cocina de su casa. ¿Quién puede responder algo en ese
estado de conmoción? Además, mi defendido afirma que la navaja en
cuestión debió caérsele por el bolsillo roto de su chaqueta en algún momento
de la noche, sin que se diera cuenta, y que no traía consigo la entrada del cine
porque lo dejaron pasar gratis. Qué coincidencia, podrán pensar. Yo también
lo pienso así, pero las coincidencias ocurren, por algo tenemos un nombre
para ellas. No convirtamos entonces este juicio en una cacería de brujas,
porque la venganza que la fiscalía quiere hacernos creer que llevó a cabo mi
defendido, la estarían cometiendo Ustedes si le condenan.”
Las pruebas en contra del acusado:
Una navaja retráctil con mango color esmeralda y con incrustaciones de
piedra que forman un dragón de cada lado. Esta arma fue encontrada clavada
en el pecho de la víctima cuando la policía acudió al lugar, sin las huellas
del acusado. Cuando en el juicio se le mostró el arma al acusado, este
reconoció que era muy semejante a la que compró el día de los hechos en
una tienda de empeño cercana. También fue reconocida en el juicio por cada
uno de los amigos del acusado con quienes este charló por alrededor de una
hora enfrente de un café de la zona, y a quienes les enseñó la navaja el día
de los hechos. Nota: La navaja es mucho más efectiva cuando se le utiliza en
un movimiento de abajo hacia arriba.
El testimonio del señor XXX de 55 años de edad, encargado de la tienda de
empeño. Declaró haberle vendido al acusado un arma con características
muy semejantes a la que se le mostró en juicio (que fue hallada clavada en
el pecho de la víctima). Declaró también que vio muy alterado al acusado al
estarle vendiendo la navaja y que el acusado algo le mencionó de que su
padre le había vuelto a pegar.
El testimonio de la Señora XXX de 75 años que vive en la tercera planta
del edificio de enfrente, precisamente a la misma altura del lugar de los
hechos. Ella declaró en juicio que alrededor de la media noche del día en
cuestión, cuando se encontraba en su cama intentando conciliar el sueño, vio
por la ventana al acusado clavar un objeto filoso en el pecho de su padre,
blandiéndolo en un movimiento de arriba hacia abajo. Vio también cómo el
padre caía inmediatamente, y afirma que reaccionó a lo observado lanzando
un grito sumamente fuerte. Fue testigo de este suceso al momento en que, en
medio de los dos edificios, pasaba el tren elevado que siempre pasa a esa
hora, el cual venía ya vacío y con las luces apagadas. Un perito en cuestiones
ferroviarias afirmó que no es del todo difícil poder mirar a través de las
ventanas de un tren con esas características, incluso cuando lleva las luces
apagadas. La distancia entre la ventana del lugar de los hechos y la ventana
del apartamento de la testigo es de 20 metros aproximadamente. La testigo
conoce al acusado desde que era pequeño. Al presentarse en la audiencia, la
anciana mostraba en la cara dos marcas semejantes a las que quedan por el
uso constante de gafas.
El testimonio del Señor XXX de 80 años que vive en la segunda planta
debajo del lugar de los hechos. Declaró haber escuchado una pelea entre el
acusado y su padre a las 8:00 de la noche. Declaró también que alrededor de
las 12:00 escuchó una nueva pelea entre ambos. Así mismo, sostiene que
escuchó el grito que dice que lanzó el acusado de “te voy a matar”, el sonido
de un cuerpo caer inmediatamente después, y pisadas que corrían en
dirección de la puerta. Sostuvo que justo cuando escuchó el ruido de pasos
que huían, él se levantó de su cama para mirar por su puerta y ver de quién
se trataba. Afirmó que tardó 15 segundos en recorrer la distancia de unos 17
metros que hay entre su cama y la puerta de su apartamento, quitar el cerrojo,
abrir la puerta y asomarse; y que, al llegar y abrir la puerta, reconoció al
acusado, quien iba corriendo a toda velocidad escaleras abajo. Este testigo
fue quien llamó a la policía luego de lo acontecido. Al tomar el estrado
durante la audiencia del juicio, el testigo cojeaba visiblemente de la pierna
izquierda.
El testimonio de los vecinos del apartamento de al lado del lugar de los
hechos. Afirmaron haber escuchado una pelea entre el acusado y su padre
hacia las 8 de la noche, que se escucharon dos golpes secos y que escucharon
que el acusado salió corriendo inmediatamente después gritando alguna cosa
que no alcanzaron a entender bien.
El testimonio del oficial de policía XXX. Declaró llegar al lugar de los
hechos alrededor de las 12:45, respondiendo al llamado de un anciano que
denunció telefónicamente haber presenciado un homicidio en el apartamento
de arriba de su piso. Sostuvo que entrevistó a los vecinos, al anciano de abajo
y a la anciana del edificio de enfrente. Afirmó que, hacia las 3:15 de la
madrugada, el acusado llegó al piso y que no pudo responderle a la pregunta
que le hizo sobre el nombre de las películas que supuestamente recién
regresaba de ver. Mencionó también que el acusado solo dijo que recordaba
que las películas se las había sugerido el encargado de la tienda de empeño,
y que lo dejaron entrar gratis al cine por conocer a dicho encargado, que por
eso no traía consigo ningún ticket/comprobante de entrada. Comentó, por
último, que el acusado agregó que la navaja que compró unas horas antes
debió caérsele por uno de los agujeros en los bolsillos de su chaqueta en
algún momento entre que la compró y volvía del cine.
Sobre la defensa del acusado:
Abogado defensor público, joven e inexperto, que pensaba que no era posible
ganar el caso. Realizó una mala defensa. No contrainterrogó a los testigos de
la fiscalía y no llamó a ningún testigo él. Presentó un intrascendente alegato
de clausura y no volvió a ver a su cliente después.
Instrucciones:
Con base en la información de las secciones previas, elabora una sentencia
en la que, como si tu fueras la/el juez/a de este asunto, motives la decisión
de absolver al acusado.
No hay un mínimo ni un máximo de extensión de la sentencia. Solo considera
que debe contener un análisis minucioso y depurado del caso y de las
pruebas.
Al motivar la absolución del acusado, debes explicar detalladamente por qué
consideras que no se satisface alguna, algunas o ninguna de las condiciones
del estándar de prueba que a continuación presentaré (el cual es una
interpretación posible y más objetiva de la frase “más allá de toda duda
razonable”). El estándar de prueba es una regla del código procesal
respectivo que dice lo siguiente:
“Condene solo si se satisfacen los siguientes requisitos:
1) Si la fiscalía ha logrado presentar una hipótesis o teoría del caso
coherente, que dé cuenta armónicamente del mayor número de
pruebas posible. (Nota: una hipótesis es coherente si no contiene
contradicciones, es decir, si no afirma algo y luego lo niega, o si no
afirma algo y después afirma cosas incompatibles con lo afirmado
anteriormente; otra forma importante de coherencia tiene que ver con
que la hipótesis sea plausible o verosímil, es decir, si se corresponde
con la forma en que, basándonos en las máximas de la experiencia y
el sentido común, sabemos que generalmente ocurren ciertos eventos,
situaciones o acontecimientos);
2) Si la fiscalía ha aportado y fueron practicadas o desahogadas en
audiencia todas las pruebas de cargo que es razonable esperar que
se hubieran recolectado y aportado como resultado de una
investigación diligente, y si estas pruebas de cargo ameritan un alto
nivel o grado de fiabilidad (Nota: se les llama pruebas de cargo a todas
aquellas que incriminan al acusado, es decir, que apuntan a su
culpabilidad) y, por último;
3) Si la fiscalía ha logrado refutar (descartar o eliminar) todas las
hipótesis alternativas que, con tal de que no sean extravagantes, sean
compatibles con la inocencia del acusado o más benéficas para este;
aunque dichas hipótesis alternativas no hayan sido explícitamente
alegadas por el acusado y/o su defensa (Nota: una hipótesis queda
refutada si no se han encontrado, aportado y desahogado las pruebas
que se esperaría que se hubiesen encontrado si asumimos que esa
hipótesis es verdadera. Por ejemplo, si la hipótesis alternativa invocara
una coartada para el acusado, es decir, que en el momento en que
ocurrieron los hechos estuvo en un lugar muy alejado y en compañía
de otras personas, esta hipótesis quedaría refutada, entre otras
maneras, si al preguntársele a las personas respectivas sobre el
paradero del acusado en la fecha de que se trate, no respondieran que
estuvo con ellas, o si se contradijeran entre sí, o si no se encontraran
rastros del dinero que el acusado debió gastar en transporte y otros
rubros para trasladarse a ese otro lugar en que se supone que realmente
estaba, o si es notorio que esos comprobantes han sido falsificados o
modificados, etc.).”
A continuación, te dejo un esquema que puedes seguir para redactar tu
sentencia absolutoria:
“Jueza/juez: XXX
Cerrado el periodo de audiencias de juicio oral, esta juzgadora procede a
motivar su sentencia con respecto al caso del acusado XXX, a quien se le
imputa el cargo de homicidio doloso premeditado cometido en agravio de su
padre, el señor XXX.
1. El estándar de prueba aplicable
Como es sabido, de conformidad con el artículo XXX del Código XXX, en
nuestro ordenamiento no se puede condenar a nadie salvo que haya prueba
más allá de toda duda razonable de que es culpable del delito en cuestión.
La doctrina más acreditada ha interpretado esta disposición del modo
siguiente:
Condene solo si se satisfacen los siguientes requisitos:
1) Si la fiscalía ha logrado presentar una teoría del caso coherente, que
dé cuenta armónicamente del mayor número de pruebas posible,
2) Si la fiscalía ha aportado y fueron desahogadas en audiencia todas las
pruebas de cargo que es razonable esperar que se hubieran recolectado
y aportado como resultado de una investigación diligente, y si estas
pruebas de cargo ameritan un alto nivel o grado de fiabilidad,
3) Si la fiscalía ha logrado refutar todas las hipótesis alternativas que, con
tal de que no sean extravagantes, sean compatibles con la inocencia
del acusado o más benéficas para este; aunque dichas hipótesis
alternativas no hayan sido explícitamente alegadas por el acusado y/o
su defensa.
2. El primer requisito del estándar de prueba
Corresponde en este apartado determinar si el primero de los requisitos del
estándar presentado en la sección anterior, ha sido satisfecho. Para tales
efectos, se realizan las siguientes consideraciones:
XXXX
3. El segundo requisito del estándar de prueba
Corresponde en este apartado determinar si el segundo de los requisitos del
estándar presentado anteriormente, ha sido satisfecho. Para tales efectos, se
realizan las siguientes consideraciones:
4. El tercer requisito del estándar de prueba
Corresponde en este apartado determinar si el tercero de los requisitos del
estándar presentado con anterioridad, ha sido satisfecho. Para tales efectos,
se realizan las siguientes consideraciones:
XXXX
5. Resolución
Teniendo en cuenta las razones previamente expresadas, esta juzgadora
considera que, en el caso contra XXX, acusado del delito de homicidio
doloso premeditado cometido en agravio de XXX, corresponde absolverlo,
toda vez que, como ha sido explicado, la presunción de inocencia que opera
en su favor y en el de todas y todos los ciudadanos, no ha sido derrotada por
la teoría y pruebas presentadas por la fiscalía, las cuales incumplieron con
(alguno, algunos o todos) los requisitos del estándar de prueba aplicable.”