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Estructura y componentes de la Vía Láctea

El documento aborda la Vía Láctea, describiendo su estructura, poblaciones estelares, y la presencia de gas, polvo y materia oscura. Se detalla la clasificación de las estrellas en poblaciones I, II y III, así como su formación y características. Además, se discuten los componentes morfológicos de la galaxia y su rotación, destacando la importancia de estos estudios para comprender el origen y evolución de la Vía Láctea.

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Estructura y componentes de la Vía Láctea

El documento aborda la Vía Láctea, describiendo su estructura, poblaciones estelares, y la presencia de gas, polvo y materia oscura. Se detalla la clasificación de las estrellas en poblaciones I, II y III, así como su formación y características. Además, se discuten los componentes morfológicos de la galaxia y su rotación, destacando la importancia de estos estudios para comprender el origen y evolución de la Vía Láctea.

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Tema 7

Astrofísica

La Vía Láctea
Índice

Esquema. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 2

Ideas clave . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3

7.1 Introducción y objetivos . . . . . . . . . . . . . 3

7.2 Poblaciones estelares, contenido en gas, polvo y materia


oscura . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 5

7.3 Componentes morfológicos . . . . . . . . . . . . 11

7.4 Rotación de la Galaxia . . . . . . . . . . . . . . 18

7.5 Referencias bibliográficas . . . . . . . . . . . . . 19


Esquema

Astrofísica
2
Tema 7. Esquema
Ideas clave

7.1 Introducción y objetivos


En las noches oscuras y despejadas, lejos de lugares con gran contaminación lumínica,
una gran banda nebulosa puede observarse a simple vista a lo largo del cielo. Como
sabemos, se trata de la Vía Láctea, también llamada la Galaxia (con G mayúscula), y se
extiende a lo largo de toda la esfera celeste. Como sabemos, se trata de un enorme
sistema formado por estrellas, gas, polvo y materia oscura.

A principios del siglo XVII, Galileo Galilei (1564‐1642), usando su telescopio, observó
por primera vez que la Vía Láctea estaba formada por innumerables estrellas. Publi‐
có estas impresiones en su obra Sidereus Nuncius (1610), de donde podemos extraer
extraer este pasaje:

Lo que, en tercer lugar, observamos fue la materia y naturaleza del propio Círculo Lác‐
teo, que nos fue permitido escrutar con nuestras facultades merced al catalejo (...). En
efecto, la Galaxia no es otra cosa que un montón de innumerables estrellas esparcidas
en grupos.

Continuando con el estudio de la Vía Láctea, ya a finales del siglo XVIII, William Hers‐
chel (1738‐1822) intentó determinar el tamaño y la forma de la misma a partir del
recuento y estudio de su distribución en el espacio de sus estrellas. Sus conclusiones
se publicaron en la obra On the Construction of the Heavens, publicada en 1785, donde
además dibujaba su forma aproximada:

Astrofísica
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Tema 7. Ideas clave
Figura 1: La forma de nuestra galaxia deducida de los recuentos de estrellas por Wi‐
lliam Herschel, asumiendo que el Sistema Solar estaba cerca del centro. (NOTA: La
imagen que se muestra está volteada 180 grados respecto al original publicado en los
Philosophical Transactions of the Royal Society en 1785, los brazos bifurcados de la
ilustración deben estar a la izquierda). Fuente: Caroline Herschel ‐ ”Section of our si‐
dereal system.”Herschel, W. (1785). Philosophical Transactions of the Royal Society of
London 75: 216‐266.

Como ya sabemos del Tema 1, el estudio del tamaño de la Vía Láctea fue determinante
en el proceso de reconocimiento de la existencia de otras galaxias en el Universo, y no
fue hasta las décadas de 1920‐1930 cuando se obtuvieron las primeras estimaciones
de su tamaño real y de la posición del Sol en ella. Desde entonces y hasta ahora, el
estudio de la Galaxia ha sido continuo, culminando con el descubrimiento del agujero
negro supermasivo en su centro así como la presencia de materia oscura.

En este tema revisaremos los aspectos más relevantes que distinguen a la Vía Láctea,
analizándola como un caso concreto dentro de las galaxias espirales. Comenzaremos
describiendo sus componentes principales: poblaciones estelares, contenido en gas
y polvo y materia oscura. Seguidamente explicaremos de manera más detallada sus
componentes morfológicas (discos, bulbo, halo, barras, etc.). Finalmente, describire‐
mos de manera más detallada su rotación.

Más concretamente, los objetivos que trataremos de alcanzar en este tema serán los
siguientes:

▸ Saber distinguir las diferentes poblaciones estelares que componen la Galaxia,


así como precisar su contenido en gas y polvo.

▸ Analizar los distintos elementos morfológicos que componen la Vía Láctea.

▸ Saber interpretar los datos observacionales que nos indican cómo es su rota‐
ción.

Astrofísica
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Tema 7. Ideas clave
7.2 Poblaciones estelares, contenido en gas,
polvo y materia oscura

Poblaciones estelares
Durante la Segunda Guerra Mundial, el astrónomo alemán Walter Baade (1893‐1960),
que por entonces trabajaba en el Observatorio de Monte Wilson en California, apro‐
vechó los cielos inusualmente oscuros producidos por los apagones para evitar bom‐
bardeos para estudiar las características de las estrellas de la Vía Láctea. Observó que
éstas se diferenciaban no solo por su distribución espacial y cinemática, sino también
por su edad y composición química.

Esta circunstancia hizo que se comenzara a pensar que las cerca de 1011 estrellas que
alberga la Galaxia se podían clasificar en distintas poblaciones según sus diferentes
propiedades, tal y como se muestra a continuación:

▸ Población I:

Esta población está compuesta por estrellas ubicadas principalmente en el disco


de la Galaxia, con una gran cantidad de objetos masivos y azules. Se trata de es‐
trellas luminosas, calientes y relativamente jóvenes, entre las que se encontrarí‐
a el Sol, y estrellas mucho más masivas como las de tipo O y B. Sus órbitas son
prácticamente circulares, y sus abundancias en elementos pesados oscilan en‐
tre 0.2 y 1 veces la solar (Mo et al., 2019). Las edades son de en torno a los
Myr, aunque algunas de ellas pueden tener hasta 10 Gyr. Según el modelo ac‐
tual de formación estelar, se supone que esta generación de estrellas se habría
formado a partir de predecesoras que formaron elementos pesados en las fases
finales de su evolución.

Dentro de esta población se encontrarían también las estrellas de los brazos


espirales, que suelen ser las más jóvenes, del orden de 100 Myr. Sus metalici‐
dades son similares o superiores a la solar y suelen vincularse con regiones HII
o asociaciones OB (estrellas calientes y jóvenes).

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Tema 7. Ideas clave
Figura 2: El cúmulo de las Pléyades (M45) en un ejemplo de estrellas de Población I de
la Vía Láctea. Se trata de un cúmulo abierto de estrellas jóvenes de tipo B ubicado en
la constelación de Tauro. Fuente: NASA, ESA and AURA/Caltech

Por otra parte, en el disco grueso encontramos estrellas con metalicidades me‐
nores y más viejas que en el disco fino, con propiedades intermedias entre las
de Población I y Población II.

▸ Población II

Está formada por estrellas ubicadas sobre todo en el bulbo de la Galaxia y en


los cúmulos globulares del halo. Se trata de una población más evolucionada
y vieja que la anterior (12‐15 Gyr), con estrellas menos luminosas y más rojas
y frías, fruto de una formación estelar más antigua que las de Población I. Sus
metalicidades son variadas, y van desde Z = 0.002 incluso Z = 2Â∙106 en el halo
(de las más bajas de la Vía Láctea), hasta similares a la solar (Z = 0.02) en el bulbo,
aunque podemos afirmar que su metalicidad en general es más baja que en las
del disco. Estas estrellas suelen seguir movimientos más excéntricos, algunos
con velocidades muy altas, y retrógrados.

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Tema 7. Ideas clave
Figura 3: El cúmulo de Hércules (M13) en un ejemplo de estrellas de Población II en
la Vía Láctea, ubicado en la constelación de Hércules. Se trata de un cúmulo globular
cuyas estrellas son, la mayoría, gigantes rojas. Fuente: Sid Leach/Adam Block/Mount
Lemmon SkyCenter.

▸ Población III

Se trataría de una población de estrellas primitiva, de una metalicidad muy ba‐


ja, del orden de Z=10−9 , formada probablemente de material primordial del Big
Bang. Estarían compuestas principalmente de H y He, serían muy masivas, ca‐
lientes y grandes emisoras de gas ionizante. Esta población es muy importante
desde un punto de vista cosmológico, ya que son imprescindibles para explicar
la reionización del Universo y la producción de los primeros metales que enri‐
quecieron el medio y que dieron lugar a la siguiente generación de estrellas.

Todas estas diferencias indican que las estrellas que pertencen a la Vía Láctea han se‐
guido procesos de formación e historias evolutivas muy distintas, lo que también nos
ayuda a comprender el origen y formación de nuestra galaxia, sin olvidar las implica‐
ciones cosmológicas que todo esto conlleva.

Gas
La Vía Láctea también contiene alrededor de 5Â∙109 𝑀⊙ de gas frío, el cual se mue‐
ve casi todo en órbitas circulares cerca del plano del disco (Mo et al., 2019), en una
zona en torno a los 150 pc del plano central. Está formado en su mayoría por hidró‐

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Tema 7. Ideas clave
geno (70 %), helio (28 %) y otros elementos, como carbono, nitrógeno, oxígeno (2 %
restante).

La mayor parte de este gas es hidrógeno atómico neutro (HI), que emite en radio a 21
cm. Se concentra principalmente en el disco, pero a partir de unos 12 kpc del centro
galáctico se observa una curvatura o alabeo en su distribución, que también ha sido
observado en otras galaxias espirales. Este fenómeno podría reflejar la forma en la que
se reparte la materia en las zonas externas de este tipo de galaxias, aunque todavía su
origen no está del todo claro.

Figura 4: En el plano del disco, la intensidad de la emisión de 21 cm del hidrógeno


neutro que se acerca o se aleja de nosotros se curva o alabea (Sparke & Gallagher,
2000).

El gas restante se encuentra en forma molecular y es más fácil de rastrear usando la


emisión de línea de ondas milimétricas de monóxido de carbono (CO). Este gas mo‐
lecular se concentra más en las zonas centrales y en el disco de la galaxia que el gas
atómico, y reside principalmente en una distribución en forma de anillo a unos 4.5 kpc
del centro (Mo et al., 2019) (algunos autores señalan que se encuentra en unos 3‐8 kpc
del centro), normalmente dispuesto en complejos de nubes moleculares. Como sabe‐
mos, las nuevas estrellas nacen en los núcleos densos y cubiertos de polvo de estas
nubes moleculares. También en estas nubes conviven otras moléculas como etanol,

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Tema 7. Ideas clave
𝐻2 O o CO. Esta última es muy importante desde el punto de vista observacional, ya
que es fácilmente detectable en observaciones en radio.

Por otra parte, si una región de formación de estrellas contiene estrellas de tipo O y
B, su radiación ultravioleta puede originar una burbuja de hidrógeno ionizado, una re‐
gión HII, en el gas circundante. Debido a la (continua) formación de estrellas, el medio
interestelar se está enriquecido constantemente de elementos pesados.

Figura 5: Parte de la Nebulosa de la Tarántula, una región HII gigante en la Gran Nube
de Magallanes. El cúmulo que se observa en la parte inferior es Hodge 301. Fuente:
The Hubble Heritage Team (AURA / STScI / NASA).

También se han observado nubes de gas con velocidades considerables a latitudes


altas. Es probable que se trate de gas eyectado por el disco debido a supernovas, o
gas acretado por la propia Galaxia. Por último, existe el denominado gas coronal, muy
caliente y poco denso.

Polvo
La mayor parte del polvo interestelar se encuentra localizado en el disco de la Galaxia.
Está formado principalmente por carbono, oxígeno, silicio y otros metales, dispuestos
en pequeños granos de tamaños diversos, que oscilan entre 0.1 y 1 𝜇 [Link] com‐
puestos más importantes son grafitos y silicatos, y, en algunas ocasiones, los granos
de polvo pueden estar rodeados por capas de hielo de diferente composición (agua,

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Tema 7. Ideas clave
monóxido de carbono, amoniaco...).

Esta componente es muy importante ya que, como sabemos, absorbe radiación en


el ultravioleta y en el visible para volver a emitirla en el infrarrojo medio y lejano, lo
que entorpece, entre otras cosas, la observación del centro de la Galaxia, algo que hay
que tener muy en cuenta en el análisis de imágenes astronómicas. También debemos
considerar su influencia en las regiones con formación estelar activa, ya que hace de
pantalla de la radiación UV emitida por estrellas jóvenes, lo que hace que puedan
compactar nubes moleculares sin que se destruyan debido a la absorción del polvo.

Por último, debemos considerar que los granos de polvo también pueden estar com‐
puestos por hidrocarburos policíclicos aromáticos (HAP o PAH en sus siglas en inglés),
con bandas de emisión típicas en el infrarrojo. estos compuesto orgánicos se relacio‐
nan con el origen de la vida.

Figura 6: Una vista del polvo interestelar que llena nuestra Vía Láctea, basada en ob‐
servaciones realizadas por el satélite Gaia de la ESA entre julio de 2014 y mayo de
2016. Como hemos visto, el polvo absorbe radiación UV/Vis y la reemite en el infra‐
rrojo, lo que la hace parecer más roja. Estos fenómenos se conocen como extinción y
enrojecimiento, respectivamente, y su conocimiento es crucial para estimar el verda‐
dero brillo y color de las estrellas. Fuente: ESA/Gaia/DPAC.

Materia oscura
Tal y como se explicó en el tema anterior, la curva de rotación de muchas galaxias, entre
las que se encuentra la Vía Láctea, indica que existe una gran cantidad de masa que

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Tema 7. Ideas clave
solo logramos detectar por sus efectos gravitacionales y que denominamos materia
oscura.

Se estima que la masa de materia oscura en la Galaxia hasta una distancia galactocén‐
trica de unos 50 kpc es de aproximadamente 5Â∙1011 𝑀⊙ , y de cerca de 2Â∙1012 𝑀⊙
hasta 230 kpc. Todo esto parece indicar que la materia que podemos detectar de la
Vía Láctea es aproximadamente solo de un 10 % de la masa total.

7.3 Componentes morfológicos


Sabemos mucho más sobre nuestra galaxia que sobre la mayoría de las otras simple‐
mente porque nuestra posición dentro de ella permite estudiar su contenido estelar y
gaseoso con considerable detalle. Sin embargo, esta perspectiva interna también tiene
desventajas, entre otras, la valoración de la contribución del polvo a las observaciones
y la siempre compleja medida de distancias. Esto hace que muchas de las propiedades
a gran escala de la Vía Láctea (por ejemplo, su luminosidad total, su estructura radial o
su curva de rotación) sean todavía más inciertas que las de otras galaxias. Sin embar‐
go, hay ciertos aspectos de su morfología que son bastante conocidos, como veremos
a continuación:

Disco
En principio, creemos que la Vía Láctea es una galaxia espiral relativamente normal. Su
principal componente bariónico es un disco, que a su vez se divide en una componente
fina y una gruesa. El disco fino o delgado posee un grosor de aproximadamente 1 kpc, y
un diámetro total de alrededor de 30 kpc. El Sol se encuentra cerca del plano medio de
dicho disco, a una distancia galactocéntrica de unos 8.0‐8.5 kpc, y gira a su alrededor
con una velocidad de rotación entorno a los 220 kmÂ∙s−1 .

Además de este componente, la Vía Láctea también contiene un disco grueso con una
masa del 10 al 20 % de la del disco delgado (Mo et al., 2019). El grosor de este segundo

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Tema 7. Ideas clave
disco es de unos 2 kpc, pero su radio es muy similar al del fino. Este disco grueso gira
más lentamente que el delgado, con una velocidad de rotación en la zona del radio
solar de aproximadamente 175 kmÂ∙s−1 .

El disco contiene una gran cantidad de estrellas, dominadas por la Población I, gas
molecular y atómico. Más concretamente, el fino contiene una gran cantidad de gas
y alberga estrellas sobre todo de tipos G, K y M como el Sol en una escala de h=300
pc, y estrellas de tipo O y B a una escala de ℎ = 50 − 60 pc, por lo que se piensa que
las estrellas se forman en las zonas más centrales del disco y emigran hacia zonas más
altas. Por otra parte, el disco grueso alberga estrellas de tipo G‐K. La edad media de
las estrellas del disco fino es menor que las del disco grueso, y su metalicidad media
es mayor.

El disco posee una estructura interna dominada por la presencia de brazos espirales,
que contienen, entre otros elementos, nubes de gas, asociaciones de estrellas bri‐
llantes de tipo O‐B, regiones HII y bandas de polvo. Se considera que la Galaxia está
formada por tres o cuatro brazos espirales: Sagitario‐Carina, Orión‐Cygnus y Perseo.
El Sol estaría en el de Orión, que podría no ser un brazo, sino una extensión de otro.

Bulbo
La Vía Láctea posee una parte central más abultada que el disco que asociamos a la
presencia de un bulbo, cuya estructura y cinemática son complicadas de definir. Las
imágenes en el infrarrojo cercano de la Vía Láctea muestran un bulbo con una forma
algo cuadrada, ligeramente elongada, lo que parece indicar que contiene una barra
interna, algo que se ha respaldado mediante estudios posteriores, como el análisis de
la cinemática del gas atómico y molecular perteneciente al bulbo. Esto hace que la
Galaxia pueda definirse como una espiral barrada tipo SBb. Parece que su longitud es
de unos 6‐9 kpc. Como sabemos, estas estructuras son muy comunes en las galaxias
espirales, y pueden ser el motor necesario para migrar materia (estrellas, gas, polvo)
de regiones exteriores hacia el centro de este tipo de galaxias.

Las estrellas del bulbo pertenecen a la Población II, por lo tanto son viejas (las más
viejas de la Galaxia junto con algunas del halo) y rojas. Típicamentese trata de estrellas

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Tema 7. Ideas clave
enanas con metalicidades bajas. También hay gigantes rojas y remanentes estelares,
es decir, estrellas evolucionadas.

Centro o núcleo
El núcleo de la Galaxia tiene que estudiarse en el IR y en radio, ya que en el óptico es
imposible de observar debido a la gran absorción del polvo interestelar. En mapas de
radio se distinguen claramente dos regiones: Sagitario A (SgrA) y Sagitario B2 (región
HII).

Figura 7: Regiones centrales de la Vía Láctea observadas en longitudes de onda dife‐


[Link] imagen final, la más conocida, obtenida en el rango visible del espectro elec‐
tromagnético, en la que la mayor parte de las estructuras más distantes están ocultas
a la vista. Fuente: ESO/ATLASGAL consortium/NASA/GLIMPSE consortium/VVV Surve‐
y/ESA/Planck/D. Minniti/S. Guisard.

En SgrA encontramos una fuente radio muy intensa, que marca el centro de la Vía
Láctea, y que se denomina SgrA*. Su presencia también se infiere a partir de las ve‐
locidades radiales, los movimientos propios y las aceleraciones de las estrellas que se
mueven dentro de las 100 UA del objeto central (Mo et al., 2019). Observaciones en
el IR cercano y medio en esta zona han revelado que las estrellas siguen órbitas keple‐
rianas consistentes con la existencia de una masa de aproximadamente 4Â∙106 𝑀⊙
concentrada en un radio menor de 0.001 pc. Esta densidad es tan alta que la única ex‐
plicación a todas estas observaciones es la existencia de agujero negro supermasivo.

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Tema 7. Ideas clave
Figura 8: Imagen de SgrA* y la región circundante tomada por el satélite Chandra. Esta
observación tan profunda ha dado a los científicos una visión sin precedentes de un
remanente de supernova cerca de SgrA* (conocido como SgrA East) y ha revelado la
presencia de lóbulos de gas caliente que se extienden alrededor de una docena de
años luz a ambos lados del agujero negro. Estos lóbulos proporcionan evidencias de la
existencia de poderosas erupciones que ocurrirían en varias ocasiones a lo largo de los
últimos diez mil años. La imagen también muestra filamentos de rayos X, algunos de
los cuales pueden ser enormes estructuras magnéticas que interactúan con corrien‐
tes de electrones energéticos producidos por estrellas de neutrones que giran a gran
velocidad. Fuente: NASA/CXC/MIT/F. Baganoff, R. Shcherbakov et al.

Figura 9: Imagen de SgrA* tomada en rayos X por Chandra X‐Ray Observatory. Este
conjunto de imágenes de muestra evidencia observacional de un eco de luz generado
por el agujero negro supermasivo de la Vía Láctea (Sagitario A*). Los astrónomos creen
que una masa equivalente a la del planeta Mercurio fue devorada por el agujero negro
unos 50 años antes, provocando un estallido de rayos X que luego se reflejó en las
nubes de gas cerca de SgrA*. Fuente:NASA/CXC/Caltech/[Link] et al.

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Tema 7. Ideas clave
Halo
El halo estelar o halo de la Galaxia es una componente muy extensa (r=25 kpc), cuya
masa se calcula que es de solo un 3 % de la del bulbo y no muestra signos de rotación.

Se trata de una componente muy extensa donde se encuentran los cúmulos globula‐
res, formados por estrellas viejas con baja metalicidad, pertenecientes a la Población
II. El halo tiene poco gas y el que se detecta no es muy denso. Es una zona muy in‐
fluenciada por la interacción con otras galaxias cercanas, lo que implica que es muy
probable que parte del gas y los cúmulos globulares podrían no pertenecer a la Vía
Láctea, sino a galaxias cercanas en interacción con la nuestra.

Otros componentes
En la Galaxia se observan otros tres componentes que, aunque más difusos, pueden
influir significativamente en su evolución (Mo et al., 2019). La mayor parte del espacio
cercano al Sol está ocupado por gas caliente a temperaturas de aproximadamente
106 K y densidades de alrededor de 10−4 átomos por cm3 . Se cree que este gas se
calienta por el efecto de vientos estelares y supernovas, conteniendo gran parte de
la densidad de energía del medio interestelar. Una densidad de energía similar reside
en los protones y electrones relativistas que viajan en forma de rayos cósmicos por la
Galaxia, acelerados principalmente por explosiones de supernova.

El tercer componente es el campo magnético galáctico, con una intensidad de unos


pocos μG y ordenado a gran escala, que, entre otras cosas, desempeña un papel im‐
portante en los procesos de formación de estrellas en las nubes moleculares y en la
propia formación de la Galaxia. Este campo se puede medir mediante efecto Zeeman,
o por la polarización de la radiación en visible y radio debida a la reflexión de los granos
de polvo alineados con el campo.

Como se ha visto en el apartado anterior, el componente final de la Vía Láctea es un


halo de materia oscura. Su presencia se infiere de la curva de rotación de la Galaxia, de
las altas velocidades de las estrellas más extremas de la Población II, de la cinemática
de los cúmulos globulares y de las galaxias enanas en el halo estelar, y de la velocidad

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Tema 7. Ideas clave
de caída de la Nebulosa de Andrómeda. La masa total estimada de esta distribución
invisible de materia oscura es de aproximadamente 1012 𝑀⊙ , y se cree que se extiende
mucho más allá de los 100 kpc desde el centro galáctico (Mo et al., 2019).

Figura 10: Representación esquemática de los diferentes componentes morfológicos


de la Galaxia (Sparke & Gallagher, 2000).

En la siguiente figura podemos apreciar los diferentes componentes de la Vía Láctea


dependiendo de la longitud de onda en la que se observe:

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Tema 7. Ideas clave
Figura 11: La Vía Láctea, tal como se muestra (de arriba a abajo) en (a) radio, (b) in‐
frarrojos, (c) visible, (d) rayos X y (e) longitudes de onda de rayos gamma. Cada panel
es una vista panorámica que cubre todo el cielo. El centro de nuestra galaxia, que se
encuentra en la dirección de la constelación de Sagitario, está en el centro de cada
panel. Fuente: Lifen Astronomy Web.

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Tema 7. Ideas clave
7.4 Rotación de la Galaxia
En una buena aproximación, las estrellas y el gas en el disco de nuestra Vía Láctea se
mueven en trayectorias casi circulares alrededor del centro galáctico. Podemos apro‐
vechar este movimiento ordenado para trazar la distribución del gas galáctico, a partir
de sus velocidades medidas en cada dirección. A partir de las velocidades observadas,
podemos calcular cuánta fuerza hacia adentro se necesita para mantener el gas de la
galaxia exterior en su órbita; resulta ser mucho más de lo esperado. Se requiere masa
adicional, la materia oscura, además de la de las estrellas luminosas y el gas.

Las estrellas más cercanas al centro galáctico completan sus órbitas en menos tiempo
que las que están más lejos. Esta rotación diferencial se descubrió por primera vez con‐
siderando los movimientos propios de las estrellas cercanas. Mirando hacia adentro,
vemos estrellas que nos pasan en sus órbitas; su movimiento relativo al nuestro es en
la misma dirección que la velocidad orbital del Sol V0. Mirando hacia afuera, vemos
estrellas que caen detrás de nosotros, por lo que tienen movimientos adecuados en
la dirección opuesta.

Figura 12: Rotación galáctica: las estrellas más cercanas al centro galáctico (GC) se
adelantan a nosotros en sus órbitas, mientras que las más alejadas quedan atrás. Una
estrella en el mismo radio galactocéntrico se mueve hacia los lados con respecto a
nosotros (Sparke & Gallagher, 2000).

Las estrellas con el mismo radio galactocéntrico orbitan a la misma velocidad que el
Sol, por lo que mantienen una distancia fija y tienen un movimiento ”lateral”. Enton‐

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Tema 7. Ideas clave
ces, para las estrellas cercanas al Sol, el movimiento propio 𝜇 varía de la forma cos
(2l), donde l es la longitud galáctica.

Este patrón ya se había apreciado en 1900 y el astrónomo holandés Jan Oort (1900‐
1992) ya lo explicó en 1927 como un efecto de la rotación galáctica.

El movimiento de las estrellas en el bulbo no sigue el mismo patrón de rotación que


el disco. Sus órbitas son excéntricas, algunas distanciándose varios kpc de la parte
central de la galaxia. Algunas estrellas tienen órbitas retrógradas y otras tienen altas
velocidades. En el halo apenas existe rotación y los movimientos estelares son más
aleatorios.

7.5 Referencias bibliográficas

Mo, H., van der Bosch, F., & White, S. (2019). Galaxy formation and Evolution. Cam‐
bridge University Press.

Sparke, L. & Gallagher, J. (2000). Galaxies in the Universe. An introduction. Cambridge


University Press.

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Tema 7. Ideas clave

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