3. Los nuevos delitos de género.
El proyecto de la Cámara de Diputados de la Nación sobre femicidio y figuras vecinas.
La finalidad de introducir al código penal el delito de femicidio, ha sido puesta de
manifiesta en numerosos proyectos ingresados al Congreso de la Nación en los últimos
tiempos. Luego de las idas y venidas entre ambas Cámaras legislativas, finalmente fue
sancionado el proyecto original de la Cámara de Diputados, cuyo texto –enmarcado en
una tendencia criminilizadora en crecimiento en América Latina, de la que son pioneros
Costa Rica, Guatemala, Chile, México (DF), etc.-, introdujo importantes modificaciones
al artículo 80 del código penal, las que iremos analizando paso a paso en las páginas que
siguen. La reforma penal introducida por Diputados puede ser aceptable –más aún por
quienes defienden la idea que propicia la criminalización de la violencia de género-
pero, como veremos más adelante, presenta ciertas falencias que,desde un punto de vista
dogmático, resulta criticable. Independientemente de la importancia que pueda revestir
la cuestión de género –de lo que ya hemos dado cuenta en páginas anteriores- el
problema no reside, por el momento, en determinar si la respuesta penal es o no la
herramienta más adecuada para solucionar un conflicto de estas características (algo que
ya se ha decidido en Argentina, al recurrirse a la solución criminilizadora), sino si las
figuras introducidas al texto punitivo se corresponden o no con la verdadera estructura
ontológica del femicidio en sentido estricto. El objetivo y la voluntad política de
criminalizar la violencia de género ya han sido recogidos y puesto en marcha por el
legislador; ahora sólo falta analizar el texto definitivo de la reforma y someterlo al
análisis crítico. Sin perjuicio de que algunos sectores pongan en discusión la
conveniencia de acudir a la ley penal para dar solución a un problema que hunde sus
raíces en un conflicto de característica sociocultural (como son los casos,ciertamente, de
violencia sexista), lo cierto es que, después de décadas de silencio en esta materia,
finalmente se sancionó una ley –como antes se dijo-que introdujo una reforma parcial
en el art.80 del código penal, incluyendo modificaciones en algunos incisos, creando
figuras de nuevo cuño y dando una nueva redacción al párrafo final del señalado
artículo, relacionado con las circunstancias extraordinarias de atenuación, cuyo texto
anuncia que no serán aplicables –por imperio de la propia ley- cuando el maltratador
tuviera antecedentes de violencia de género. Volveremos sobre esta cuestión más
adelante. El nuevo texto del artículo 80 del código penal introducido por le Ley
Nº26.791, es el siguiente: Art. 80: “Se impondrá reclusión perpetua o prisión perpetua,
pudiendo aplicarse lo dispuesto en el art.52, al que matare: 1) A su ascendiente,
descendiente, cónyuge, ex cónyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido
una relación de pareja, mediare o no convivencia.4) Por placer, codicia, odio racial,
religioso, de género o a la orientación sexual, identidad de género o su expresión.11) A
una mujer cuando el hecho sea perpetrado por un hombre y mediare violencia de
género.12) Con el propósito de causar sufrimiento a una persona con la que se mantiene
o ha mantenido una relación en los términos del inc.1°. Cuando en el caso del inciso 1
de este artículo, mediaren circunstancias extraordinarias de atenuación, el juez podrá
aplicar prisión o reclusión de ocho a veinticinco años. Esto no será aplicable a quien
anteriormente hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima”.
3.1. Homicidio agravado por el vínculo y por la relación con la víctima .El bien
jurídico protegido.
El delito que analizamos es una de las diferentes clases de homicidio regulados en la
ley penal y se encuentra ubicado en el Título I –Delitos contra las personas-, Capítulo I -
Delitos contra la vida-, del código penal, por tanto,el bien jurídico protegido es la vida
humana independiente –como en cualquier homicidio-, esto es, el ser humano en toda su
integridad vital después de ocurrido el proceso del nacimiento, sea que este proceso se
haya realizado naturalmente o por medios artificiales. Lo importante es que la persona,
al momento del hecho, sea una persona viva, aunque tenga una vida de corta duración o
sufra de alguna discapacidad o enfermedad incurable. El derecho penal protege la vida
humana desde el momento en que tiene inicio y hasta el momento en que la vida
termina, y la protege en cuanto importa para el Derecho una realidad físico-biológica 6.
No se trata, en principio, de un concepto estrictamente normativo sino naturalístico,
pero que no prescinde de criterios valorativos a la hora en que se deba fijar el sentido y
el alcance de su protección 7. Se protege la vida en cuanto existe. La norma penal sólo
puede tener incidencia en la intensidad de su protección. La vid atiene importancia para
el derecho penal en cuanto se vive, en cuanto la persona existe. Por lo tanto, está
protegida aun en sus últimos momentos,hasta aquellas vidas a las que se las considera
carentes de valor vital, porque ya no vale la pena ser vividas. Pero, en todo caso, no es
el Estado sino su titular el único que puede disponer de ella. Nadie tiene el deber de
vivir y menos aun involuntariamente; vivir es un derecho y sólo el titular de ese tal
derecho puede legítimamente disponer de él.5 Para mayores detalles sobre este delito,
véase Buompadre Jorge Eduardo, Tratado de Derecho penal, parte especial, 3ra. edición,
T.1, pags. 99 y sig. Editorial Astrea, 2009.6 Conf. Romeo Casabona Carlos María, Los
delitos contra la vida y la integridad personal y los relativos a la manipulación genética,
Estudios de Derecho Penal pags. 6 y sig., Editorial Comares, Granada, 2004.7 Conf.
Peñaranda Ramos Enrique, en Compendio de Derecho Penal, parte especial (Dir.:
Miguel BajoFernández), Volumen 1, pag. 28, Editorial Centro de Estudios Ramón
Areces, S.A., Madrid, 2003.
15. Algunos autores entienden, sin embargo, que el bien jurídico en estos delitos no es
la vida humana sino el “derecho a la vida” 8, esto es, concebida en sentido normativo no
naturalístico. Nosotros creemos, como antes se dijo que,la cuestión no es absolutamente
normativa, por cuanto si el bien jurídico protegido en los delitos contra la vida humana
independiente fuera el “derecho a la vida”, no debería punirse a título delictivo por ej. el
llamado homicidio a petición, en el que –como se sabe- si bien el titular del derecho a la
vida no transfiere a un tercero la decisión de disponer de la vida ajena, sí le otorga un
permiso para acabar con ella, porque así lo ha resuelto voluntariamente. En esta
dirección se ha dicho que si el bien jurídico protegido no es la vida en sí misma, sino el
derecho a la vida que recae en cabeza de su titular, lo cual implica el derecho a disponer
de ella cuando su titular lo desee, entonces no se alcanza a entender muy bien porque el
legislador castiga ciertas conductas que tienen incidencia en la vida de los individuos,
como son por ej. el homicidio a petición, el aborto o la eutanasia
[Link] objetivo.
La acción típica. El delito consiste en matar al ascendiente, descendiente, cónyuge, ex
cónyuge, o a la persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja,
mediare o no convivencia. Aquí, a diferencia del parricidio propiamente dicho –cuya
fundamentación del plus punitivo sigue siendo el lazo de sangre entre el autor y la
víctima(parricidio en sentido propio) y del uxoricidio –justificado por razones
normativas: el vínculo del matrimonio- 10, el precepto incorpora la agravante del “ex
cónyuge”, sin hacer ninguna distinción ni referencia acerca de la subsistencia del
vínculo matrimonial, porque bien puede tratarse de un matrimonio desavenido, separado
de hecho, con o sin voluntad de unirse o divorciado vincularmente, situaciones todas
que, dogmáticamente, ninguna relevancia tienen respecto de la concurrencia de la
agravante por cuanto, lo que más importa para el incremento de la pena es la existencia
(presente o pasada) del vínculo entre el agresor y la víctima, al igual que la persona con
quien aquel “tiene o haya tenido una relación de pareja, con o sin convivencia”. Dados
estos supuestos, resulta aplicable la mayor penalidad. Es suficiente con el dato
naturalístico (ascendiente, descendiente) y normativo (cónyuge,relación de pareja) de
que hayan concurrido dichos vínculos o situaciones. Por lo tanto, quedan comprendidos
en la agravante el homicidio del concubino y de la novia, siempre que haya habido una
“relación de pareja” entre el agresor y la víctima, situación que excluye las meras
relaciones pasajeras, transitorias amistosas. Como se puede apreciar, de las clases
conocidas doctrinariamente, el tipo penal comprende sólo el denominado “femicidio
íntimo”, cuando se trate del asesinato de una mujer, con quien el agresor haya tenido
una relación afectiva, familiar o de pareja. Frente a este panorama, nos preguntamos:
¿cuál es el fundamento de aplicarla pena más grave del ordenamiento jurídico-penal al
homicidio de la ex pareja o novia, con quien ya no se tiene una relación de convivencia,
o que nunca la hubo, y se castigue con menor pena el homicidio de un anciano, un niño
o una persona especialmente vulnerables (hijo, madre, abuela) con quienes se puede
estar compartiendo (o haber compartido) una situación de convivencia?, ¿por el sólo
hecho de ser mujer, o por haber estado casada o en pareja con el agresor?. Parecería que
en estos casos el legislador ha concedido mayor protección apersonas en ciertas y
determinadas situaciones en detrimento de otras especialmente vulnerables en similares
situaciones, circunstancia que podría ser cuestionable desde el punto de vista de la
violación al principio de igualdad consagrado en el artículo 16 de la Constitución
Nacional, como así desde el principio de proporcionalidad de las penas.
[Link] del delito.
Respecto a los sujetos del delito, hay que formular una distinción: si se trata del
homicidio de los ascendientes, descendientes o cónyuge, estamos ante un tipo especial
de autor cualificado, en el sentido de que sólo puede ser sujeto activo del delito aquel
que reúne la condición requerida normativamente. En estos casos, sujeto pasivo también
debe ser algunas de estas personas(ascendiente, descendiente o cónyuge). Si, en cambio,
se tratara del homicidio del ex cónyuge, de la pareja o del conviviente, entonces estamos
ante un delito común de sujetos indiferenciados. Tanto el autor como la víctima pueden
ser cualquier persona. Las situaciones descriptas por el tipo (relación de pareja,con o sin
convivencia) no son situaciones que requieran de una regulación normativa, sino
circunstancias objetivas que determinan el plus de injusto que justifica el incremento de
la pena. En cualquiera de las dos hipótesis referidas, los sujetos son indiferentes al sexo,
vale decir, que pueden pertenecer al sexo masculino o al sexo femenino(hombre-mujer,
hombre-hombre-, mujer-mujer, mujer-hombre), circunstancia que revela que esta clase
de homicidios no configuran delitos de género, sino conductas neutrales en el que
pueden estar involucrados sujetos pertenecientes a cualquiera de los dos sexos. El tipo
penal no requiere que la muerte haya ocurrido en un contexto de género (situación que
tampoco puede ser absolutamente descartable a los fines típicos), sino que es suficiente
con que el resultado haya recaído en personas unidas por alguno de los vínculos
(ascendientes, descendientes, cónyuge, ex cónyuge) o relaciones expresamente previstos
en la fórmula legal (relación de pareja o de convivencia). Vale decir que, si la muerte se
produce en un contexto de género, y la víctima es un varón, el hecho queda enmarcado
en este inciso, pero si la víctima es mujer (y el autor un hombre), el delito se traslada a la
figura prevista en el inciso 11 del mismo artículo. La muerte del cónyuge o del ex
cónyuge o de la persona con quien se ha mantenido una relación de pareja, aun sin
convivencia, puede ser alcanzada por la agravante se haya o no cometido en un contexto
de género. La fórmula es censurable. No se trata, en rigor, de una hipótesis de femicidio
en sentido estricto, es nada más que un homicidio agravado por el vínculo –o relación-
existente (o que existió) entre el autor y la víctima. Tampoco implica una normativa cuya
justificación sea una cuestión de género o un caso de violencia contra la mujer, razón por
la cual puede ser motivo de cuestionamientos por la gravedad de la pena impuesta para
los supuestos previstos en la norma. En términos de pena se equipara la muerte del padre
o de la madre a una persona con quien se tuvo una relación de pareja, que pudo haber
sido de corta duración, aún sin convivencia (repárese en el ejemplo del novio o de la
novia). Por no tratarse de una cuestión ligada a la violencia de género, cuya especial
caracterización la distingue de cualquier otro tipo de violencia, no parece que en las
situaciones previstas en el proyecto el agresor deba recibir una respuesta penal más
intensa que otras de las que están previstas para trasformas de violencia en el código
penal 11. La norma es confusa, excesivamente amplia, indeterminada y generadora de
inseguridad jurídica (piénsese en los problemas de interpretación que acarreará la
expresión “relación de pareja”), circunstancias que lesionan el principio de legalidad por
violación del mandato de taxatividad penal que exige la mayor precisión técnica posible
en la construcción de la figura típica12 . Todo lo cual nos podría llevar a preguntarnos
¿cuál es el fundamento que justifica la mayor penalidad en los casos de muerte del ex
cónyuge o de un apersona con quien se ha tenido una relación de pareja, equiparándolos
a la situación del cónyuge, del ascendiente o del descendiente, situaciones en lasque se
mantiene la relación vincular y de vida en común entre el autor y la víctima (parentesco
o vínculo matrimonial)?. Con arreglo al texto legal, el término “relación de pareja” –al
no exigir“convivencia”- (mediare o no convivencia, dice la ley) debe ser
entendido,mínimamente, como una relación meramente afectiva, que puede o no
presuponer convivencia o vida en común. De manera que, de acuerdo a esta
interpretación, tendrá la misma pena (prisión o reclusión perpetua) matar a la esposa, a la
concubina o a la novia, toda vez que la relación de convivencia neos exigible por el tipo
penal en cuestión, ni tampoco que la muerte se haya producido en un contexto de género.
Tal conclusión genera nuevas preguntas ¿se justifica racionalmente aplicar el mayor
castigo a situaciones tan desiguales?; la mayor penalidad para la muerte de la esposa
(aun discutible desde un punto de vista político criminal)¿debe estar equiparada a la
muerte de la novia o del novio, con quien ni siquiera se ha tenido una relación de
convivencia?, ¿qué argumentos pueden resultar moderadamente plausibles para
equiparar la categoría “novia o novio”a la de ascendiente, descendiente o cónyuge?.
Seguramente, el principio de igualdad ante la ley y una interpretación restrictiva de la
norma puedan suministrarnos una equilibrada respuesta a ahora en que deba resolverse la
cuestión judicialmente.
[Link] subjetivo.
El delito es doloso, de esto no hay duda. El problema se presenta a la horade determinar
la posibilidad de concurrencia del tipo agravado mediando dolo eventual. En su versión
original, la figura requería un conocimiento asertivo acerca del vínculo entre el autor y
el sujeto pasivo (“sabiendo que lo son”, decía la ley). Se trataba de un conocimiento
cierto, en cuyo marco el error o la ignorancia jugaban un rol preponderante. Pero, este
conocimiento tenía relación con los vínculos previstos en la norma, no con el resultado
de la acción (la muerte del sujeto), por lo que, desde esta perspectiva, el dolo eventual.
era admisible. Ni antes ni ahora, el delito requiere de algún elemento subjetivo del
injusto típico adicional distinto del dolo. El nuevo precepto prescinde de la vieja
fórmula “sabiendo que lo son” que, de algún modo, subjetivizaba el tipo,aunque tal
omisión no implica ningún cambio significativo de interpretación en el tipo subjetivo.
El delito sigue siendo doloso, resultando admisible el dolo eventual. con respecto al
resultado, no así las formas imprudentes. El error sobre la existencia del vínculo excluye
el tipo agravado, al igual que los casos de aberratio ictus (se quiere matar a un sujeto
unido vincular o relacionalmente con el autor, pero se desvía la acción y se da muerte a
un tercero no unido vincular o relacionalmente con el agente). El error inpersonam
(creyendo matar a un ascendiente, se mata a un descendiente), en cambio, no modifica
el título de imputación, igualmente concurre el tipo agravado. Ahora bien, la situación
cambia cuando se cree matar a la novia o al novio y se mata a una persona anónima,
distinta. En estos casos, creemos que la imputación debería ser a título de homicidio
simple, no de homicidio agravado, porque no concurre la situación objetiva requerida
normativamente(relación parental, matrimonial o de pareja).
[Link]ón y tentativa.
Tratándose de un delito de resultado material, la consumación coincide con la muerte
del sujeto pasivo, sin importar que ella haya acaecido o no en un contexto de género o
en el ámbito de una relación familiar. Basta con que concurran en el caso concreto los
vínculos y relaciones establecidas normativamente, para que la muerte del sujeto pasivo
conduzca a la agravante. La tentativa es admisible.
[Link] pena
Los delitos previstos en el artículo 80 del código penal tienen, todos ellos,establecida
una pena fija de “reclusión o prisión perpetua, pudiendo aplicarse lo establecido en el
art. 52”. Esto no ha cambiado. Un problema que no ha sido superado o no ha sido tenido
en cuenta por la reforma es el relativo a aquellas opiniones (doctrinales y
jurisprudenciales)que sostienen la inconstitucionalidad, en algunos casos de la pena de
prisión perpetua 14, y en otros la inconstitucionalidad de la pena de reclusión por
tiempo indeterminado prevista en el art. 52 15, circunstancia que implica un serio
inconveniente para quienes consideran que los delitos de género (en especial, el
femicidio), deben ser pasibles de estas clases de penas fijas, lasque estarían justificadas,
precisamente, en la perspectiva de género que les sirve de fundamento (subordinación,
relación desigual de poder entre el hombre y la mujer, etc.). Con otros términos, la
declaración de inconstitucionalidad de estas especies de pena reconduciría la cuestión a
la aplicación de la escala punitiva prevista para el homicidio simple (de 8 a 25 años de
prisión), con lo cual se produciría el efecto contrario al esperado por el legislador: la
aplicación de la mayor penalidad para esta clase de delitos.
[Link] extraordinarias de atenuación.
El último párrafo del artículo 80 establece que: Cuando en el caso del inciso1 de este
artículo, mediaren circunstancias extraordinarias de atenuación, el juez podrá aplicar
prisión o reclusión de ocho a veinticinco años. Esto no será aplicable a quien
anteriormente hubiera realizado actos de violencia contra la mujer víctima”. En lo que
respecta a las “circunstancias extraordinarias de atenuación”,como fórmula atenuada
para los casos de homicidios de parientes o de la pareja –en los términos del inc.1 del
art.80-, no resultarán de aplicación cuando el homicidio se hubiere cometido en un
contexto de violencia de género. Pero, siempre que en dicho ámbito la muerte haya
recaído en un apersona del sexo femenino. Si la muerte se produjere sobre una persona
del sexo masculino, pueden resultar aplicables las circunstancias extraordinarias de
atenuación sin ningún tipo de limitaciones. Por lo tanto, la regla beneficia a la mujer, no
al hombre víctima del mismo delito. Varios problemas podrían presentarse a la hora de
aplicar esta circunstancia atenuadora de la pena. Un primer problema se avizora en
aquellos casos en los que la victima es una persona del sexo masculino pero “auto-
percibida del género femenino”.¿Funcionaría en este supuesto la restricción de la
fórmula, que exige que la victima sea una “mujer”, en sentido biológico, o también
debería aplicarse en aquellas hipótesis en las que el sujeto pasivo es un hombre pero
auto percibido con identidad de género femenino, en los términos de la Ley N°
[Link] que ésta última es la respuesta correcta, ya que si el legislador hubiera
pretendido que también queden comprendidas las personas aludidas en la Ley N°
26.743 de Identidad de Género, entonces lo hubiera establecido en forma expresa,
como se hizo en el artículo 80 bis que preveía el proyecto de Senadores y cuyo
comentario haremos más adelante. Otro problema que plantea el precepto se refiere a la
expresión “…a quien anteriormente hubiera realizado actos de violencia contra la mujer
víctima”
La fórmula no es afortunada. ¿Cómo y qué debe entenderse por la voz“anteriormente?,
¿un acto de agresión, dos, tres, cuatro…, una orientación,una conducta dirigida hacia un
fin determinado, una inclinación?, ¿se requiere que él o los actos de violencia anterior
hayan sido declarados en una previa sentencia judicial o es suficiente con la prueba de la
violencia precedente o del ambiente en donde es probable que se presente, acreditada en
el proceso con arreglo al principio de libertad probatoria?, ¿se trata de una apreciación
automática de una conducta reiterativa o debe demostrarse la situación de persistencia
contextual de la violencia por el hecho de la relación o convivencia entre el agresor y la
víctima?, ¿debe tratarse de un comportamiento sistemático o también tienen relevancia
dogmática y probatoria las conductas violentas esporádicas y sin solución de
continuidad?,¿la expresión “anteriormente” implica reincidencia, habitualidad,
reiteración de actos en el tiempo y que ello sea declarado, como dijimos, en una previa
sentencia judicial?. No lo sabemos. Sólo se puede saber de las dificultades que se ponen
de relieve en la interpretación de la nueva regulación, ya que, si nos decantamos por un
sistema de pluralidad de actos y algunos de estos han sido ya materia de juzgamiento
anterior, se podría infringir el principio ne bis in idem,mientras que si se deja la solución
en manos del juez –como parece ser la idea del legislador en este supuesto-, entonces se
puede afectar el principio de la presunción de inocencia del agresor (por ej. si el acusado
niega la violencia y sólo existe la prueba de los dichos de la víctima) en desmedro del
principio in dubio pro reo haciendo prevalecer el apotegma in dubio pro víctima. En
todo caso, será el Ministerio Público el que tenga a su cargo la prueba de la violencia
anterior, si lo que se persigue es evitar la aplicabilidad de la circunstancia atenuante. Al
no especificar la fórmula legal lo que debe entenderse por el vocablo“anteriormente”,
deja en manos del juez un margen peligroso de discrecionalidad que puede erosionar la
seguridad jurídica. Tal vez, una interpretación restrictiva del precepto encarrile la
cuestión y evite una lesión al principio de taxatividad que debe regir en materia penal.
Un análisis literal del texto legal nos da la idea de que el legislador se ha decantado por
un sistema numérico de actos de violencia, al exigir que el autor anteriormente hubiera
realizado “actos de violencia” (en plural), lo cual nos indica que deben concurrir tres
actos de violencia, como mínimo, para descartar la atenuante: un acto violento, el actual
y los otros dos, anteriores.
Entonces, la locución “anteriormente” (¿anterior a qué?) debe ser entendida como
“anterior al episodio de violencia actual”, el que es motivo de juzgamiento, pero como el
precepto expresa “hubiera realizado actos de violencia”, en plural, necesariamente los
actos de violencia anteriores deben ser dos como mínimo, o más, pero no menos, a los
que se les debe sumar el acto de agresión actual, el cual siempre habrá de concurrir
porque el tipo penal requiere como resultado la muerte de la víctima, que es el acto de
violencia por antonomasia.. En conclusión y con independencia de los defectos técnicos
apuntados, la atenuación de la pena no será de aplicación cuando la “mujer víctima” hay
asido objeto de actos de violencia “anterior” por parte del agresor, en un contexto que
puede o no ser de género, pero que han sido desplegados con anterioridad a su asesinato.
Cuando la ley hace referencia a la mujer víctima, está aludiendo al sujeto pasivo del
delito previsto en el inciso 1° del artículo 80, no a cualquier mujer,sino sólo a aquella
que está o ha estado unida vincular o relacionalmente con el agresor. Vale decir, que la
mujer víctima debe reunir la cualidad específica exigida normativamente (ascendiente,
descendiente, cónyuge o ex cónyuge) o mantener o haber mantenido con el autor de las
violencias una relación de pareja, con o sin convivencia. Por último, cabe destacar que
la disposición no resulta aplicable en aquellos casos en los que se da muerte a una
persona del sexo masculino caracterizada en los términos de la Ley N° 26.743 de
Identidad de Género (autopercepción femenina). Ahora bien, ¿qué sucedería si se da el
caso inverso?, esto es, que la víctima del delito sea una mujer en sentido biológico pero
hombre en sentido formal o normativo, ¿será de aplicación la circunstancia atenuadora
de la pena?.Creemos que en estos casos corresponde aplicar las circunstancias
extraordinarias de atenuación, por cuanto la víctima –aun habiendo realizado la
modificación registral de su sexo-, continúa siendo una mujer en sentido biológico, que
es la cualificación que ha tenido en cuenta el legislador para la aplicación de la
atenuante. La cuestión debe resolverse desde una perspectiva naturalística no formal o
normativa.
Las diversas cuestiones conflictivas a que da lugar el precepto pueden determinar -
tomando prestadas palabras de Muñoz Conde- que las reformas tengan un valor
puramente simbólico, de gran éxito para los grupos políticos que las propugnan y de
escasa rentabilidad práctica