El vivir en sociedad a la luz del testimonio de Monseñor Óscar Arnulfo
Romero, quien nació en El Salvador el 15 de agosto de 1917. Desde
joven sintió el llamado al sacerdocio y fue ordenado a los 24 años. Se
destacó por su vida sencilla, su amor a la oración y su opción por los
pobres, siguiendo el Evangelio. En 1977 fue nombrado Arzobispo de
San Salvador en un contexto de gran violencia y dictadura en su país.
Romero sintió cada vez más el dolor de su pueblo, especialmente de
campesinos y trabajadores explotados, y denunció las injusticias,
aunque eso lo llevó a ser calumniado, perseguido, amenazado y
finalmente asesinado el 24 de marzo de 1980 mientras celebraba la
Misa. Es conocido como “la voz de los sin voz” por su defensa
incansable de los más necesitados y fue beatificado en 2015.
la enseñanza bíblica de la carta de Santiago (2,14-17) que explica
que la fe verdadera debe demostrarse con obras, ayudando a los
demás en lo que necesitan para vivir dignamente, pues la fe sin obras
está muerta. Así, se destaca que la manera correcta de vivir en
sociedad es practicando la solidaridad, aportando lo necesario para
que los hermanos logren sus objetivos.
A continuación, se explican los principios de la doctrina social de la
Iglesia como guías para una vida social justa:
La dignidad de la persona: todo ser humano tiene un valor único y
debe ser respetado desde su concepción hasta su muerte natural.
El bien común: toda sociedad debe buscar el bien común por encima
del interés individual.
El destino universal de los bienes: los bienes creados por Dios son
para todos, por eso la propiedad privada debe orientarse a servir a los
demás.
La subsidiaridad: el derecho de las personas a asociarse libremente
debe ser promovido, y el Estado debe ayudar sin sustituir la iniciativa
social.
La participación: todos debemos involucrarnos activamente en la
sociedad, contribuyendo al bien común.
La solidaridad: implica compartir y esforzarse por una distribución
justa de los bienes y salarios, para reducir desigualdades y ayudar a
los más necesitados.
Finalmente, se propone reflexionar sobre la “opción preferencial por
los pobres”, que significa para la Iglesia dar prioridad a atender las
necesidades de los más pobres y vulnerables, promoviendo su
dignidad y justicia, porque son quienes más necesitan del apoyo
común. También se recuerda que la solidaridad debe vivirse mediante
un reparto justo de los bienes y el compromiso por un salario digno
para todos los trabajadores, buscando así una sociedad más
equitativa.