Las orquídeas u orquidáceas (nombre científico Orchidaceae) son
una familia de plantas monocotiledóneas que se distinguen por la complejidad de
sus flores y por sus interacciones ecológicas con los agentes polinizadores y con
los hongos con los que forman micorrizas.
La familia comprende aproximadamente 25 000 especies (algunas fuentes
informan de 30 000), por lo que resulta ser una de las familias con mayor riqueza
específica entre las angiospermas. A esta diversidad natural se le suman
60 000 híbridos y variedades producidas por los floricultores.
Las orquídeas pueden ser reconocidas por sus flores de simetría fuertemente
bilateral, en las que la pieza media del verticilo interno de tépalos —llamada
labelo— está profundamente modificada, y el o los estambres están fusionados
al estilo, al menos en la base.[1]
Las orquídeas constituyen un grupo de plantas de morfología extremadamente
diversa. Su tamaño varía desde unos pocos milímetros de longitud (ciertas
especies de los géneros y especies Bulbophyllum y Platystele) hasta gigantescas
agregaciones que pueden pesar varios cientos de kilogramos (algunas especies
de Grammatophyllum) o longitudes de hasta 13,4 m (como Sobralia altissima).[2]
[3] Del mismo modo, varía el tamaño de sus flores, desde las diminutas del
género Platystele —menores de 1 mm— pasando por las grandes flores de 15 a
20 cm de diámetro en muchas especies de los
géneros Paphiopedilum, Phragmipedium y Cattleya, hasta los 76 cm de las flores
de Phragmipedium caudatum. La fragancia de sus flores no es menos variable,
desde el delicado aroma de Cattleya hasta el repulsivo hedor de las flores de
ciertas especies de Bulbophyllum.[3]
Se encuentran en la mayor parte del mundo, excepto en las regiones de
clima desértico o polar, si bien son especialmente abundantes en la
zona intertropical, donde crecen la mayoría de las especies de flores más
vistosas.[3]
La familia ha sido reconocida por los sistemas clásicos de clasificación de plantas,
como el sistema de Cronquist,[4] así como por los más modernos, como
el sistema de clasificación APG II y el sistema de clasificación APG III.[5][6]
Las orquídeas son plantas herbáceas, perennes —raramente anuales—, terrestres
o epífitas, ocasionalmente trepadoras. Unas pocas especies carecen de clorofila, y
son micoheterotróficas. Con respecto a las orquídeas epífitas, se dice que pueden
llegar a ser eternas. De hecho, en la naturaleza, su supervivencia está ligada a la
vida del árbol que las sostiene. Se conocen plantas recolectadas a mediados del
siglo XIX que todavía están creciendo y floreciendo en muchas colecciones.[7]
Los tallos son rizomas o cormos en las especies terrestres. En las especies
epífitas, en cambio, las hojas se hallan engrosadas en la base
formando pseudobulbos que sirven para almacenar agua y nutrientes cumpliendo
la función de órgano reservante; y que, por lo general, están recubiertos por
las vainas foliares membranosas que se secan con la edad.[8]
Existen dos tipos básicos de crecimiento dentro de la familia: el tipo simpodial,
que origina tallos múltiples, y el tipo monopodial, que origina un solo tallo.[9] El
tipo simpodial de crecimiento es el más común dentro de la familia. La mayoría de
estas orquídeas presentan pseudobulbos que funcionan como reservorios de agua
y nutrientes. La planta sostiene los pseudobulbos casi verticalmente y el
crecimiento y desarrollo posterior de nuevos tallos se produce horizontalmente,
entre los pseudobulbos preexistentes. Cada nuevo pseudobulbo se origina en la
base de los anteriores y, con su crecimiento, origina nuevas hojas y raíces. Las
hojas originadas en cada pseudobulbo pueden durar muchos años, proveyendo
nutrientes para toda la planta, hasta que se tornan marrones y mueren. Aún sin
hojas, cada pseudobulbo continúa sosteniendo el crecimiento y suministrando la
energía necesaria para el crecimiento del resto de la planta y para la floración.
Algunos ejemplos de orquídeas con este tipo de crecimiento son los
géneros Cattleya, Dendrobium y Oncidium.[9] Las orquídeas con crecimiento
monopodial, a diferencia de las anteriores, presentan un solo tallo principal que
crece erecto e indefinidamente desde el centro de la planta.[10] Normalmente, el
tallo va creciendo hacia arriba y se originan raíces en los nudos, las cuales crecen
hacia abajo. La planta, conforme va creciendo, pierde las hojas inferiores a
medida que se forman nuevas hojas en el extremo superior. Algunas especies de
orquídeas con este tipo de crecimiento son aquellas pertenecientes a los
géneros Ascocentrum, Phalaenopsis y Vanda
Raíz
[editar]
Las orquídeas terrestres a veces presentan raíces tuberosas. En las
orquídeas epífitas, en cambio, presentan raíces aéreas las cuales están muy
desarrolladas,cuelgan de los árboles y son verdes y gruesas. Las raíces aéreas de
las epífitas tienen una doble función, son las estructuras que se encargan de
captar los nutrientes que la planta necesita y funcionan, además, como elementos
de fijación. Las raíces en este tipo de orquídeas típicamente poseen
una epidermis esponjosa, formado por muchas capas de células muertas a la
madurez y con paredes celulares engrosadas, llamada velamen. El velamen
constituye una vaina esponjosa y blanquecina que rodea por completo a la raíz. Si
el tiempo está seco, sus células están llenas de aire; pero cuando llueve se llenan
de agua.[7]Según algunos autores el velamen es un tejido que absorbe agua,
según otros nunca se ha observado el paso de agua del velamen al córtex de la
raíz. Su función principal parece ser la de protección mecánica, además de
impedir la excesiva pérdida de agua de la raíz en períodos de deficiencia hídrica.
Además, cuando el velamen se llena de agua se vuelve transparente permitiendo
a la luz alcanzar el tejido verde de las raíces y, por ende, facilita la fotosíntesis.
[11][12][13]