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Regreso a Blackwater: secretos y cambios

La protagonista, Lilah Calloway, regresa a su pueblo natal, Blackwater, Texas, donde se enfrenta a la mudanza de su antiguo mejor amigo, Chase Matthews, quien está lidiando con problemas familiares. A medida que se adapta a su nuevo entorno y revive viejas memorias, Lilah se sumerge en su obsesión por descubrir secretos, mientras lidia con sus propios fantasmas del pasado. La historia explora temas de amistad, secretos y el deseo de escapar de la realidad.

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Regreso a Blackwater: secretos y cambios

La protagonista, Lilah Calloway, regresa a su pueblo natal, Blackwater, Texas, donde se enfrenta a la mudanza de su antiguo mejor amigo, Chase Matthews, quien está lidiando con problemas familiares. A medida que se adapta a su nuevo entorno y revive viejas memorias, Lilah se sumerge en su obsesión por descubrir secretos, mientras lidia con sus propios fantasmas del pasado. La historia explora temas de amistad, secretos y el deseo de escapar de la realidad.

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Juliette y Antonietta

Anna Juliette
Antonietta LittleCatNorth
Carilo Mariela
Gisenid Rosewin

Mariela

Candy20 Mariela Pagan

Mariela

Aria
Sinopsis Capítulo 16 Capítulo 33 Capítulo 50

Prólogo Capítulo 17 Capítulo 34 Capítulo 51

Capítulo 1 Capítulo 18 Capítulo 35 Capítulo 52

Capítulo 2 Capítulo 19 Capítulo 36 Capítulo 53

Capítulo 3 Capítulo 20 Capítulo 37 Capítulo 54

Capítulo 4 Capítulo 21 Capítulo 38 Capítulo 55

Capítulo 5 Capítulo 22 Capítulo 39 Capítulo 56

Capítulo 6 Capítulo 23 Capítulo 40 Capítulo 57

Capítulo 7 Capítulo 24 Capítulo 41 Capítulo 58

Capítulo 8 Capítulo 25 Capítulo 42 Capítulo 59

Capítulo 9 Capítulo 26 Capítulo 43 Capítulo 60

Capítulo 10 Capítulo 27 Capítulo 44 Capítulo 61

Capítulo 11 Capítulo 28 Capítulo 45 Capítulo 62

Capítulo 12 Capítulo 29 Capítulo 46 Capítulo 63

Capítulo 13 Capítulo 30 Capítulo 47 Capítulo 64

Capítulo 14 Capítulo 31 Capítulo 48 Capítulo 65

Capítulo 15 Capítulo 32 Capítulo 49 Capítulo 66


ensé que había dejado atrás Blackwater, Texas para siempre. No pertenecía
en el pequeño pueblo, pero mi papá no escuchó. Me arrastró de vuelta a casa
en su camioneta golpeada y soltó una bomba en el camino: Chase Matthews
se iba a mudar con nosotros. Él era el chico dorado de mi secundaria, mi antiguo
mejor amigo, y la última persona con la que quería dormir cruzando el pasillo. Su
presencia era un recordatorio muy grande de los fantasmas que estaba intentando
olvidar.

No pedí un héroe. No quiero ser salvada.

Para mí, Lilah Calloway significaba escapadas por la noche; fuera, cabello a la luz
de la luna, y chispas en Julio. Ella fue mi mejor amiga hasta el día en que se fue y
asumí que Blackwater vio lo último de ella. Luego, como una tempestad, regresó al
pueblo para la mitad final del último año. Su cabello recortado y la oscura y temeraria
actitud advertía a la gente a quedarse lejos, pero sabía que si luchaba lo suficiente,
podría encontrar a la chica perdida.

No quería ser su héroe. Algunas chicas no necesitan ser salvadas.


Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

e encantan los secretos y soy buena encontrándolos. Durante los últimos


dos años me senté, esperé y miré. He aprendido a recoger secretos, uno por
uno, porque los secretos son llamas y ningún lugar merece arder más que
mi pequeña ciudad.
Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

o debí regresar a Blackwater, Texas. Nunca había accedido a ello, pero


seguía de pie en el bordillo del complejo de apartamentos de mi tía con
mis cajas apiladas a mi lado. Había cinco en total: tres para la ropa, una
para los artículos de tocador, y una para los libros. Las dos únicas cosas que realmente
me importaban: mi diario y mi conjunto de ganzúa, estaban metidas en el fondo de mi
mochila, escondidas debajo de una sudadera vieja.

El borde del conjunto de ganzúas me cortaba la espalda mientras esperaba a mi


papá. Me acerqué para sentirla justo cuando su vieja camioneta atravesaba las puertas
del complejo de apartamentos de mi tía, listo para cargarme de regreso a casa.

Blackwater, Texas - Población: pequeña.

Había abandonado mi ciudad natal antes del comienzo del tercer año y había
tenido la intención de quedarme en Austin indefinidamente. Blackwater no tenía nada
para mí. Desafortunadamente, la compañía de mi tía quería trasladarla al extranjero y
mi padre no quería oír hablar de mí viviendo sola durante el resto del último año.

Se detuvo frente a la acera, estacionó su camioneta y saltó a mi encuentro. El aire


frío mostró su aliento cuando él llevó sus manos a su boca para calentarlas, pero se
detuvo cuando él miró hacia arriba y me vio.

—Tu cabello es negro. —Notó con una inclinación de cabeza—. Su mirada no


reveló ningún indicio de desaprobación. Solo se sorprendió.
—Y el tuyo es gris —repliqué.

Sonrió y se quitó la gorra de béisbol de Blackwater. —Es sal y pimienta.

Asentí. —Bueno, el mío es simplemente pimienta.

Lo sentí por uno de mis mechones cortos cuando él se adelantó y me envolvió en


un tipo apretado de abrazo que solo los papás pueden dar. Resistí por un segundo
antes de devolverle el abrazo.

Cuando se alejó, me di cuenta de que se veía un poco más desgastado que cuando
lo había visto por última vez. Todavía era guapo a los cuarenta años, pero parecía más
agresivo en los bordes. Los últimos dos años habían afectado sus cálidos ojos castaños
y, a pesar de su estimación, observé más sal que pimienta saliendo del fondo de su
gorra.

Señaló mi cabello recortado. —Veo a la rubia tratando de regresar.

No si puedo evitarlo.

Cargó mis cajas en la cama de su camioneta mientras él bullía de excitación. Creía


que yo pertenecí a casa con él. Él estaba equivocado. No quería dejar Austin, pero la
idea de descubrir los secretos de mi pequeña ciudad hacía que fuera más fácil
deslizarse por los asientos de tela manchada de la camioneta de mi padre.

Dejé caer mi mochila entre mis piernas, rocé mis dedos sobre el contorno del
conjunto de ganzúas y luego me enderecé para abrochar mi cinturón de seguridad.

—¿Crees que tendremos una buena primavera este año? —preguntó, tirando de la
obstinada caja de cambios para poner la camioneta en marcha.

Qué pregunta tan cargada.

Le ofrecí un encogimiento de hombros sin palabras. Pasaba la mayor parte de mi


tiempo sola, y la pequeña charla velada no era uno de mis puntos fuertes.

Tomó una respiración paciente. —Ya sabes, estás volviendo a casa en el momento
perfecto. Pasé toda la semana arreglando esos parterres1. Todo está listo cuando se
caliente.

1 Parterres: parte de un jardín con césped y flores, rodeada de paseos o sendas de grava colocadas en un
diseño simétrico.
Me había encantado la primavera creciendo y él lo sabía. Las flores florecen, las
temperaturas son cálidas y los días soleados se extienden más antes de ceder a la
noche. Aun así, no había amado la primavera desde que dejé Blackwater, y las flores
frescas no cambiarían eso.

No podrían.

Me quité los zapatos, puse mis rodillas contra mi pecho y envolví mis brazos
alrededor de ellas. Dejé caer la cabeza sobre mis rodillas y vislumbré el pequeño jardín
que había detrás de nuestra cabaña. Cada año como un reloj, mi mamá y yo nos
habíamos sentado a finales de enero y planeábamos lo que plantaríamos para el año.
Tomates en barriles cerca del porche trasero. Lechuga, pimientos, calabaza y
zanahorias en los primeros cuatro canteros. Frutas de todo tipo tomaban por lo general
las camas cerca de la valla. Por lo que recordaba, nunca podríamos dominar la
voluptuosa vid de frambuesa.

—Lilah.

Estaba tan fascinada por la rica memoria de ese viejo jardín que no oí hablar a mi
papá hasta que repitió mi nombre.

—Lilah.

Me volví hacia él.

—Sólo quería decirte que te daré una mano cuando sea el momento de comenzar
a plantar. Y tal vez Chase también pueda ayudar.

Mi corazón se deslizó hasta detenerse debajo de mi camiseta blanca sin mangas.

—¿De qué estás hablando?

Chase Matthews era la última persona a la que esperaba que mi papá hablara
sobre el viejo pasatiempo de mi madre.

Mi padre suspiró y me dirigió su cálida mirada, solo apartando sus ojos de la


carretera por un momento, pero me lanzó una advertencia, no obstante. —Va a
quedarse con nosotros por los próximos meses…

—¿QUÉ?
—Sé que va a ser un ajuste, pero es sólo por un poco de tiempo, hasta la
graduación a más tardar.

Terminó su frase como si aclarara mi confusión, pero no tenía sentido.

—¿Por qué tendría que hacerlo? Tiene una casa.

Mi padre sacudió la cabeza. —Es complicado, Lilah. Has estado fuera y no has
visto... —Hizo una pausa, buscando las palabras correctas—. Bueno, el señor
Matthews ha empeorado últimamente. No es una buena situación para Chase, y ha
sido un largo tiempo para que finalmente lo admitiera.

Levanté las manos. —¿Eso es todo? Chase tiene un padre alcohólico, ¿así que él se
va a mudar con nosotros? ¿No puedo decir nada? —Odiaba sonar como una mocosa.

Mi padre se pasó los dientes por el labio inferior antes de contestar. —Esto es más
grande que tú, Lilah.

Puse los ojos en blanco. Claro. Porque no podía entender la gravedad de la


situación. Lo entendía muy bien; Chase necesitaba salir de su casa, pero eso no
significaba que él necesitaba mudarse a la nuestra. Claramente mi padre no había
pensado en esto.

—¿Dónde se va a quedar? No es que tengamos una habitación extra —señalé.

Mantuvo sus ojos en la carretera.

—En el dormitorio del otro lado del pasillo al tuyo —contestó rápidamente como
si supiera que sus palabras me harían daño; estaba tratando de contrarrestar su efecto.

Entrecerré los ojos. —Eso no es un dormitorio. Ese era el espacio de mamá.

Él suspiró. —A pesar de sus defectos, tu madre le hubiera ofrecido esa habitación


en un segundo.

Le di una mirada estrecha y él respondió con una cálida sonrisa. —Sé que vendrás,
Lil. Estará bien. El chico necesita un hogar estable. Espero que lo recibas con los
brazos abiertos.

Sobre mi cadáver. Podríamos haber sido amigos una vez, pero había evitado a
Chase durante el último año y medio. Eso no iba a cambiar solo porque se estaba
mudando al otro lado del pasillo. Si yo fuera obligada a ser su compañero de cuarto,
sería silenciosa.

—¿Cuándo viene? —pregunté, mirando la pintura azul de mis uñas.

—Mañana.

—¿Mañana?

Tenía menos de veinticuatro horas para hacer mi vida a prueba de Chase.

Mi papá apoyó una mano en mi hombro. La presión reconfortante debía decirme


que todo estaría bien, pero tragué un pedazo de emoción y me di la vuelta.

—Sabes Lilah, debes mirar esto como si fuera un nuevo comienzo. Nadie quiere
desenterrar el pasado.

Él estaba equivocado.

Yo sí.
Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

i obsesión por los secretos había empezado inocentemente. La ventana


del apartamento de mi tía daba al aparcamiento adyacente a un parque
de la ciudad. Rara vez se usaba para recreación; las canchas de
baloncesto no tenían mucho uso sin aros, y las redes de cancha de tenis parecían las
velas ásperas de un barco fantasma. En cambio, durante las primeras horas de la
mañana, la gente se estacionaba allí por dos razones: sexo y drogas. Más a menudo, el
sexo superaba en número a la venta de drogas.

Veía el drama se desarrollarse desde el borde de mi cama, separando las persianas


de plástico barato para obtener una mejor vista. Sus coches se llenarían de perezoso
humo blanco y sus ventanas se empañarían. Sus vidas caóticas eran hipnotizantes y
anhelaba los momentos de mi día cuando sus secretos ahuyentaban los míos.

Había utilizado algunos restos de dinero de Navidad en un sitio web que cobraba
diez dólares a cambio del nombre y la dirección registrada a una placa de matrícula de
Texas. Con información aparentemente inofensiva, mi mundo de secretos comenzó a
difundirse.

Podría perderme en horas de las búsquedas de Google, cuentas de Facebook y de


Instagram, y de los expedientes públicos. Lo hicieron todo demasiado fácil. Una vez
más, alguien que folla en un parque público probablemente no está demasiado
preocupado por la privacidad.

Desafortunadamente, después de unos meses, esa posición en mi cama ya no era


suficiente. Eran las mismas parejas y los mismos drogadictos noche tras noche. Sus
secretos se volvieron aburridos y predecibles. Ahí es cuando compré un conjunto de
ganzúas en línea. Seguí el paquete incesantemente y el día en que debía llegar, me
apresuré a regresar de la escuela para interceptarlo antes de que mi tía llegara a casa
del trabajo. Me había llevado dos noches leer el manual y dos semanas para dominar el
arte.

Mi papá me podría devolver a Blackwater, y él podría obligarme a soportar a


Chase en el dormitorio del otro lado del pasillo, pero él no podía quitarme mi
obsesión. Tenía dos días antes de que comenzara la escuela y tenía la intención de
hacer buen uso de esas cuarenta y ocho horas.

***

La mañana de la inminente llegada de Chase, me desperté brillante y temprano y


me puse unos vaqueros, Converse hechas jirones, y una vieja camiseta de equipo de
baile Blackwater que no había visto desde que me mudé a Austin. El algodón estaba
gastado y suave, igual que cuando lo había dejado.

Metí mi conjunto de ganzúas en mi bolso y comprobé que tenía unos cuantos


pasadores de respaldo. Salí al pasillo y cerré la puerta de mi habitación. La habitación
del otro lado del pasillo hacía señas, pero lo ignoré. La puerta estaba cerrada y, por lo
que sabía, mi padre ya había despejado sus cosas y lo había preparado para la llegada
de Chase. ¿Qué importaba? De todos modos, no era como si perteneciera más a mi
madre.

Me volví y me dirigí a las escaleras, viéndome en el espejo colgado en la pared


opuesta. Cuando era más joven, mi papá me levantaba para poder ver mi reflejo.

En ese momento, me veía a mí misma quisiera o no. Mi falso cabello negro hacía
que mis pecas se destacaran aún más contra mi piel clara, y me gustaba el efecto.
Examiné mis raíces rubias, que cada día crecían más y más; tendría que hacer algo con
ellas eventualmente.

Mi padre estaba en su habitación abajo, pero descubrí una nota adhesiva que me
había dejado en la cocina. Había creado una pila de alimentos para el desayuno: una
caja de harina de avena en la parte inferior con un plátano equilibrándose en la parte
superior. La nota estaba pegada a la parte superior del plátano y había añadido una
cara sonriente para enfatizar.

Desayuno 
Podía oír la televisión en su habitación repitiendo imágenes de béisbol de años
pasados. Ignoré la harina de avena, agarré el plátano y salí por la puerta. Eran las 9:30
de la mañana un sábado y no tenía a dónde ir. Mis opciones eran limitadas teniendo
en cuenta que no tenía amigos en Blackwater; no había mantenido contacto con nadie.
La ciudad tenía una cafetería y si me acordaba correctamente, era normalmente
invadida por un club de swingers los sábados por la mañana. Decidí dirigirme en esa
dirección.

Deslicé mis auriculares y comencé el corto paseo hacia la plaza del pueblo, con la
esperanza de que algo me llamara la atención en el camino. Estaba al final de la calle,
a punto de girar la esquina hacia la calle principal, cuando oí un coche retumbar por el
camino detrás de mí. El sonido distinto era lo suficientemente fuerte como para
interrumpir mi lista de reproducción Vance Joy y sólo había un coche en la ciudad que
era así de decrépito. Mi instinto se apretó y me volví a pesar de mi mejor juicio, justo a
tiempo de ver el destartalado monstruo desviarse hacia nuestra entrada. La camioneta
había visto días mejores, posiblemente durante el gobierno de Nixon, pero Chase poseía
el desgaste como una insignia de honor. Como la mayoría de las cosas, la vieja
camioneta añadía encanto de la pequeña ciudad de Chase Matthews. Estrella
americana del béisbol. Rey del baile. Rompecorazones. Mi ex-mejor amigo.

Estaba sentado al volante, mirando a mi pequeña casa. Incluso desde la calle podía
distinguir su apuesto perfil desde detrás de las ventanas polvorientas de su camioneta.
Él era perfecto. La culminación de los buenos genes y la práctica del béisbol hicieron
que fuera fácil para él llenar su alto cuerpo. No podía ver sus ojos avellana de donde
estaba, pero si cerraba los míos, podía imaginarlos claros como el día.

Se quedó allí unos minutos, tomando nuestra casa. Entonces su cabeza se movió
hacia el asiento del pasajero, y mi corazón cayó.

Me volví y corrí; él no podía saber que lo estaba viendo.

Seguí corriendo por la calle principal, e incluso mientras me detenía a caminar, no


podía borrar el recuerdo de su sonrisa. Eso era lo más difícil de olvidar de Chase. No
importaba que no lo hubiera visto de cerca en un año y medio; había sido mi
compañero constante durante dieciséis años.
Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

iré a la casa de los Calloway e intenté encontrar el coraje para salir de mi


camioneta. Comprobé si alguien estaba detrás de las cortinas de la sala y
la ventana que corría por el pasillo de arriba. No había estado dentro de
su casa en más de un año, y no tenía ni idea de lo que me esperaba al otro lado de la
puerta principal.

No quería mudarme con los Calloway, pero gracias a mi papá, realmente no tenía
elección. En los últimos años, había progresado de la vida de amante-divertido a la
fiesta en un alcohólico miserable que bebía solo. Unos días antes, el entrenador
Calloway se había detenido y lo había encontrado dormido en un charco de su propio
vómito con el horno encendido, y no quería oír que yo continuara viviendo allí. Así
que ahí estaba, prácticamente un huérfano.

Desabroché el cinturón de seguridad y me volví hacia donde Harvey estaba


sentado a mi lado en el banco, lamiendo su entrepierna descaradamente. Típico
perro. Extendí la mano y rasqué el punto dulce detrás de su oreja.

—¿Deberíamos entrar? —le pregunté al golden retriever de dos años de edad.

Inclinó la cabeza hacia la izquierda y dejó salir su lengua. Era lo más cercano a un
sí que podría conseguir.

Abrí la puerta de mi camioneta y salté justo cuando la puerta se abrió. El


entrenador Calloway salió con una taza de café. Él sostuvo su mano libre para
bloquear el sol de la mañana y asintió con la cabeza.
—Buenos días. ¿Necesitas ayuda con tus cosas?

Me encogí de hombros. —No es mucho. Solo tengo unas bolsas y la cama de


Harvey.

Al oír su nombre, Harvey trató de empujarme para poder saltar y llegar al


entrenador Calloway. Él tocó con la pata mis pantalones vaqueros y cuando eso no
funcionó, soltó un ladrido desesperado. En general, no fue una primera impresión
estelar.

—Podemos mantenerlo afuera si será un problema. No podía dejarlo en casa. Mi


padre se olvida de darle de comer.

La mirada del entrenador golpeó la mía. —No hay ningún problema. Lilah
siempre quiso un perro. Ella estará emocionada.

Miré detrás de él al mencionar su nombre.

—Pero te la perdiste —continuó—. Tendremos que presentarla a Harvey más


tarde.

No me sorprendí al ver que Lilah no formaba parte de mi comité de bienvenida,


pero una parte de mí deseaba que ella hubiera estado esperando por mí en la casa.
Había terminado de jugar el juego del silencio. Lo había hecho el primer día que había
empezado a ignorarme, pero se había marchado a Austin y había dejado un abismo
entre nosotros. Ahora que estaba de vuelta, me preguntaba si su silencio duraría.
Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

a adicción es una cosa poderosa. Un golpe, una probada de una droga


puede generar una picazón que una vida de rascarse no puede calmar.
Contrariamente a lo que predican la mayoría de los programas especiales
después del horario escolar, las sustancias mismas no son poderosas conquistando sin
piedad las fuertes voluntades de las personas estables. No, todas son simplemente
chispas de colores diferentes, y algunas personas son más inflamables que otras.

Mi madre era adicta a todo bajo el sol. Píldoras de dolor acumuladas de una
embellecida lesión crónica de la espalda. El alcohol, un alimento básico de su
juventud. Meta2, una infección rural cuyos zarcillos tóxicos arrancaban los fragmentos
de su vida que se rompía lentamente. Sus dependencias ocuparon el asiento del
conductor durante la mayor parte de mi vida. Después de su funeral, me senté en la
parte delantera de la iglesia mientras parientes en ropa formal mal ajustada se turnaron
para ofrecer alguna variación de “solo sé que tu madre te amaba más que nada”. Pero
yo lo sabía bien; si lo que decían hubiera sido cierto, ella habría estado todavía viva
para decírmelo ella misma.

Busqué a través de los pasillos del mercado de Crosby’s, tratando de estirar mi


tiempo en la tienda de comestibles tanto como fuera posible. Llevé mi cesto vacío por
un pasillo y luego doblé hacia atrás, confirmando la ausencia de las cosas que
necesitaba. No tenían lugares como Whole Foods en Blackwater. No había una etiqueta
orgánica, sin gluten, vegano o de libre alcance a la vista. Si no estaba enlatado o

2
Metanfetamina.
procesado, lo más probable era que no iban a encontrarlo en Crosby’s.
Afortunadamente, no estaba allí por comida.

Caminé por el pasillo del jabón y champú, deteniéndome brevemente ante una
pequeña muestra de tinte para el cabello. Tenían cinco colores: negro, marrón oscuro,
marrón claro, rubio y rojo fuego. La mayoría de las cajas estaban caducadas y las que
no, tenían paquetes deformados como si hubieran sido derribadas y reemplazadas
demasiadas veces. Vacilé sobre la caja de tinte de cabello rubio con una mujer
sonriente en la parte delantera, y en vez de eso tomé el negro.

—Espera, no tomes ese.

Una mano delgada tocó mi hombro para agarrar una caja en la parte posterior del
estante. Me volví para encontrar a una chica detrás de mí, sonriendo y sosteniendo la
nueva caja para que yo la tomara. Sus ojos estaban bordeados de un delineador de ojos
negro y su cabello rubio se desvaneció hasta convertirse en un rosa brillante a mitad de
camino, como si hubiese sumergido los mechones en un cubo de pintura radiactiva esa
mañana. Era alta, con los brazos esbeltos y los pómulos huecos.

Tomé la caja y la miré fijamente. —Gracias.

—Los niños siempre se meten con los que están en el frente. Por lo general, llego a
casa para encontrar que la mitad de las cosas faltan.

—Tiene sentido —dije, arrojando la nueva caja de tinte de cabello a mi cesta.

—Soy Ashley —dijo, ofreciendo un suave y torpe saludo. El nombre confirmó que
la conocía, vagamente. Se había mudado a la ciudad en nuestro primer año de escuela
secundaria, pero nunca había tenido una razón para hablar con ella antes de mudarme
a Austin.

—Soy Lilah.

Su sonrisa vaciló ante la mención de mi nombre. No me había reconocido al


principio, pero como sus ojos recorrían mis rasgos, tratando de extraer mi vieja
personalidad, supe que era demasiado tarde para esperar el anonimato.

—¿Has vuelto? —preguntó.

Me encogí de hombros. Eso parece.


Yo sabía por qué estaba confundida. Había dejado Blackwater cómo la rubia
capitana del equipo de baile y había regresado como un vampiro de cabello seco.

Después de unos instantes de estar de pie, atónita, pasé a su lado en busca de la


caja registradora.

—Bueno, te veo por aquí.

—Espera —dijo, extendiendo su mano para detenerme—. No sé cuáles son tus


planes para el resto del día, pero soy bastante buena con el tinte de cabello...

Dejó que su mirada permaneciera en mis raíces rubias.

—Mi casa está justo al final de la calle —continuó.

Su invitación me tomó por sorpresa teniendo en cuenta el hecho de que nunca


habíamos sido amigas. Tal vez yo tenía una marquesina brillante, desplazándose a
través de mi frente en la cual se lee “AYUDA. ESTOY EN NECESIDAD DE UNA
AMIGA”, o tal vez fuera al revés. De cualquier manera, si ir a casa de Ashley retrasa
el regreso inevitable a la mía, yo estaba dentro.

***

La casa de Ashley estaba a unas pocas calles de la mía, lo suficientemente cerca


como para jurar que podía escuchar el rugido de la camioneta de Chase desde mi
percha en su cuarto de baño. Trabajó su camino por mi cabello con el tinte y me senté
en un taburete, observándola en el espejo.

—Nada ha cambiado mucho desde que te has ido.

Levanté las cejas, curiosa acerca de lo que quería decir.

Kimberly y las chicas del equipo de baile siguen siendo populares. Josh Hastings
sigue siendo el mariscal de campo y está seguido de Trent Bailey de segundo. De
alguna manera depende de si prefieres a los atletas idiotas o a los chicos malos.

—Segundo... ¿cómo, segundo lugar?

Sus ojos marrones se encontraron con los míos en el espejo. —Para el tipo más
caliente en la escuela.
En una pequeña ciudad como Blackwater, era delicado cuando se trataba de
chicos. Había olvidado que cualquier chica de la escuela hubiera podido arrojar a los
chicos más elegibles de nuestra clase de la cabeza.

—Personalmente creo que Trent es más lindo —dijo.

Recordaba a Trent. Tenía cabello negro y rasgos perfectamente imperfectos. Antes


de irme de la ciudad, ya había sido arrestado tres veces, desde el tráfico de drogas hasta
el consumo de alcohol de menores de edad. Si Ashley se refería a él como un chico
malo, lo más probable era que no hubiera cambiado su forma de comportarse durante
mi ausencia.

—Y ya sabes quién tiene el primer lugar. —Sonrió.

Chase.

Me mordí en el interior de mi mejilla. —¿Podemos hablar de algo más?

Ella se ruborizó y agachó su cabeza para alcanzar otro broche para el cabello.

—Oh, eh, claro.

La había avergonzado.

—¿Qué haces esta noche? —pregunté.

Por un lado, quería que supiera que no iba a abandonarla después de que
terminara de teñirme el cabello; no estaba en condiciones de rechazar amigos.
Además, no quería irme a casa.

Sus ojos se abrieron esperanzados. —En realidad, hay una fiesta en...

—Suena bien. —La interrumpí, ofreciéndole mi mejor intento de una sonrisa real.
Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

i papá había heredado un taller de reparaciones en la plaza del pueblo de


su padre, que lo había heredado de mi bisabuelo. Había un letrero de los
años 50 en el frente que alardea, “Si está roto, podemos arreglarlo”.
Como niño, había aprendido a arreglar todo, desde tostadoras a lavadoras, pero mi
verdadero fuerte era la reparación de cámaras clásicas. No conseguimos muchas en la
tienda, tan pocas, de hecho que mi papá siempre las había echado a un lado para mí.
No valía la pena su tiempo para aprender a arreglarlos.

Rompí las primeras cuatro cámaras que me dio. Fueron reparaciones difíciles,
pero juguetear con ellas se sintió como un rompecabezas, un rompecabezas con
grandes pagos al final. Las cámaras fotográficas Polaroid antiguas valían cientos
dólares, pero restaurando Leicas podría ir para un par miles. Las Leicas era mi
especialidad.

Todavía me hacía cargo de las cámaras de la tienda de reparación, pero la


cantidad no se podía comparar a las que encontré en línea. Por lo general pasaba un
par de horas a la semana buscando alrededor de hallazgos raros, las cámaras
especializadas que no habían funcionado en años. Esas eran las más divertidas de
arreglar; me enseñaron que había valor en tratar de arreglar algo incluso cuando todos
los demás han renunciado a ello.

Salté de la cama de mi camioneta con una caja de cámaras clásicas en el remolque.


Era la última caja del día y descansé la esquina de ella contra mi cadera mientras
cerraba mi puerta trasera, esperando que la pila de óxido quedara intacta para otro día.
Harvey se acercó a mí mientras caminaba por la acera y entraba en la casa. Había
estado confundido todo el día, siguiéndome de ida y vuelta por cada viaje hacia y
desde mi camioneta. Ninguno de los dos estaba seguro de qué hacer en nuestro nuevo
hogar.

Abrí la puerta de mi habitación y Harvey corrió primero, olisqueando la alfombra


alrededor de la cama. Olía diferente a nuestra casa, un hecho que le tomó más que a
mí.

El entrenador Calloway había insistido en que me estaba dando una habitación


libre, pero sabía que no era el caso. La pila de cajas con el nombre de Elaine Calloway
garabateado a través del lado de ellas lo probó. Esta era su habitación, y me sentía
como un intruso.

Eché un vistazo alrededor, buscando un espacio para forjar cómo propio, pero la
pila de cajas en la esquina seguía tomando mí atención. Dejé caer mis cámaras en la
cama y me volví hacia ellas. Si fuera a ser un intruso, podría empezar a actuar cómo
uno.

Saqué la parte superior de la caja de encima. Una botella de perfume vacía chocó
contra el costado mientras arraigaba el contenido. Parecía un montón de basura, pero
al final encontré una foto de una joven Elaine Calloway sentada entre sus padres. Ella
era la viva imagen de ambos. Su mamá tenía su brazo envuelto firmemente alrededor
de ella, inclinándose como si la protegiera del mundo. Su padre llevaba una expresión
aguda, sus ojos marrones oscuros mirando directamente al alma de la persona que
tomaba la foto.

Su padre.

El hombre que había empezado todo.

Idiota de mierda.

Tiré la tapa de cartón de nuevo sobre la caja y me puse de pie.

—Vamos, Harvey.

Me deslicé sobre mis zapatos de correr sin desamarrarlos, cogí su correa, y volé
por las escaleras.
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

laine Calloway había siempre rogado por una hermana, un ángel guardián,
o un héroe. Ella se inclinaba en sus rodillas en la parte trasera del tráiler de
su familia y apretaba sus manos juntas hasta que sus nudillos se volvieran
blancos. Sus ruegos no ahogaban el sonido de los golpes de su padre; no había escape
de ellos en su casa de doble fachada, pero eso no la detenía de intentarlo.

En las noches particularmente malas, su mamá se escabulliría en su pequeño


dormitorio y empujaría un cambio de ropa en su mochila para la escuela. En esas
noches, ella nunca le dejaba a Elaine ver su rostro, escondido detrás de su largo cabello
rubio, pero Elaine lo sabía bien. Su mamá era la mujer más bonita en la ciudad entera
y nunca cubría su rostro a menos que estuviera con moretones.

—Cariño, ve a la casa de Hannah. Sal por la ventana y conduce tu bicicleta a casa


de Hannah. Sus ojos verdes pálidos rogándole a Elaine para que entendiera.

Elaine miró abajo a sus pijamas, confundida. —Mamá, es noche de escuela. No se


supone que yo esté fuera hasta tarde en una noche de…

—¡Elaine! gritó su mamá, antes de bajar la voz. Has lo que digo, dulzura.
Apresúrate.

Elaine se sacudió, tratando de dejar de llorar. Su mamá nunca le gritó, no a ella.

—¡Susan! ¡Maldita sea, no terminé de hablar contigo!

Su mamá se encogió al sonido de su voz. Se dobló hacia abajo y puso su rostro


justo enfrente del de Elaine, dejándole ver lo peor de este. El labio de su mamá estaba
partido y su ojo izquierdo ya estaba grande e hinchado, casi el doble del tamaño del
derecho.

—Por favor, ve rogó su mamá.

Elaine no pudo detener las lágrimas. Ella no podía ser una niña grande.

—Ven conmigo suplicó Elaine. ¡Ven conmigo a casa de Hannah!

Su mamá sacudió su cabeza y se movió hacia la ventana. Ella volteó la oxidada


traba y la empujó hacia arriba. Una ráfaga de frío aire nocturno fluyó dentro y Elaine
cruzó sus brazos, tratando de mantener el calor. Su mamá lanzó su mochila afuera,
sobre el césped y entonces volteó por Elaine, moviéndola más cerca.

Los pesados pasos de su papá sonaron en el corredor, creciendo más fuerte


mientras gritaba. Sus palabras fueron desagradables y llenas con odio. Eran la clase de
palabras que le ganaban a Elaine una nalgada, pero no había nadie alrededor que
castigara a su papá.

Él golpeó la puerta de Elaine, girando la perilla hasta que la barata madera


aglomerada comenzó a astillarse.

—¡Abre la puerta! gritó.

Su mamá se apresuró hacia el frente y agarró el brazo de Elaine, tirando de ella


hacia la ventana.

—Conduce tu bicicleta hasta la casa de Hannah insistió ella. Recuerdas el


camino. Justo cómo lo practicamos…

—ABRE LA PUERTA gritó su papá de nuevo, su puño golpeando y golpeando


y golpeando.

Su mamá la levantó, tratando de conseguir que trepara fuera de la ventana.

—No quiero irme lloró Elaine, trepándose al cuello de su mamá. Por favor.
Ven conmigo. ¡Por favor, ven!

—Ve, cariño. Iré a buscarte después de la escuela mañana. VETE.

Ella empujó a Elaine hacia la ventana y la sostuvo firme mientras trepaba a través
ella. Era una caída de casi un metro desde la ventana hacia el patio frontal, y cuando
su pie desnudo golpeó el suave césped, ella miró hacia arriba y encontró los ojos verdes
pálidos de su mamá.

—Te amo dijo justo cuando la delgada puerta cedió a los puños de su papá.
VE.

Elaine volteó, tiró de su mochila, y corrió por su bicicleta rosa eléctrica yaciendo
sobre su lado en la tierra. Trató de bloquear los sonidos provenientes de su dormitorio
mientras pedaleaba. Eran los sonidos que la mantenían despierta en la noche, los
sonidos que la atormentaban en sus sueños.

Pedaleó rápido, dejando el despreciable parque de tráileres detrás del cruce sobre
la calle Main. La casa de Hannah estaba en una mejor parte de la ciudad, donde las
casas tenían grandes porches y rosas en el patio frontal. Elaine desbloqueó la puerta de
la corta verja y dejó caer su bicicleta en el césped. Caminó de puntillas alrededor del
borde de la casa hasta que alcanzó la ventana de Hannah en la parte trasera. Su amiga
estaba durmiendo en su cama de princesa, bajo un techo pintado para lucir como un
cielo azul, con nubes y todo.

—Psst. Hannah dijo Elaine, golpeando su pequeño dedo contra el cristal.


¡Hannah!

Su amiga se sentó aprisa en la cama y chilló cuando vio a Elaine afuera. Corrió sus
mantas de encima y se apresuró a la ventana. Sus pequeñas manos tuvieron que
trabajar en la traba por varios segundos antes de que pudiera deslizar la ventana hacia
arriba solo lo suficiente para que Elaine trepara a través de ella.

Tomó la mochila de Elaine y entonces tiro de ella al interior para ayudarla,


demasiado emocionada para notar los rastros de lágrimas en las mejillas de Elaine.

—¡Estaba esperando que vinieras esta noche! dijo Hannah. Mi mamá me dio
galletas después de la cena y colé una extra para ti.

Ella volteó a su mesa de noche y sacó una galleta envuelta apretadamente en una
servilleta. La acunó en su palma mientras la llevaba hacia Elaine.

Aún estaba tibia, y cuando Elaine la mordió y dejó que las chispas de chocolate se
derritieran sobre su lengua, notó que no necesitaba rogar por un ángel guardián.

Ella tenía a Hannah.


Traducido por LittleCatNorth

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úsica golpeteaba alrededor de nosotras mientras yo seguía a Ashley a


través de la concurrida fiesta, manteniendo mi mirada enfocada en su
espalda. No estaba lista para un montón de reuniones de mi ciudad natal;
en mi primer día de regreso en la escuela estaba segura de que tenía suficiente para
durarme una vida entera.

Ashley rodeó el barril de cerveza y las mesas de cerveza-pong y nos dirigió hacia
una glorieta en el patio trasero. Había un pequeño grupo reunido allí y mientras nos
acercábamos, noté a Trent Bailey sentado dentro.

Él miró arriba y sonrió, y yo estaba momentáneamente atrapada en su red. Fue


fácil ver su atractivo. Era la clase de belleza que nadie esperaría. De alguna manera
rompió la cadena de mediocridad de sus ancestros, combinando los desaliñados genes
de sus padres en un resultado digno de atención.

Palmeó el asiento junto a él en la glorieta, Ashley me empujó, y me deslicé hacia


abajo para reclamar el desnudo trozo de madera entre él y su amigo, resistiendo la
urgencia de agitar el humo de cigarro fuera de mi rostro. La esencia de tabaco llevó de
regreso vívidos recuerdos de cuando perdí mi virginidad. Al comienzo de mi
penúltimo año en Austin, yo había sido abordada por un chico sin nombre. Él me
preguntó si quería ser su novia, y dos meses más tarde, tomó mi virginidad en un
destello de sudorosos miembros, aliento a tabaco, y sabanas rasposas. Había
mantenido mis ojos cerrados todo el tiempo, y al final, miré al techo encima a través
de la niebla del humo de su cigarrillo y pensé en Chase.
Trent Bailey me recordó a ese chico de Austin, con su cigarro ligero y sus botas de
cuero. Él era la misma clase de grunge y mi estómago rodó mientras se inclinaba para
susurrar en mi oído. —¿Cuándo regresaste a la ciudad?

—Ayer.

Trent lanzó la colilla de su cigarrillo al suelo de la glorieta y lo aplastó bajo su


bota. —Me gusta el cabello. El negro te sienta más que el rubio.

Miré abajo a donde las cenizas de cigarrillo mancharon la madera, y entonces el


olor a vodka momentáneamente sofocó la esencia del tabaco. Fue mi turno de sorber
de la botella media vacía que pasaba alrededor del grupo. Me estiré y la acepté del
amigo de Trent junto a mí. La barata etiqueta de papel ya estaba empapada por los
descuidados sorbos, y mientras lo inclinaba hacia atrás a mi boca, rodeé el pico de la
botella así el líquido claro se deslizó en mi boca como una cascada.

Había meditado sobre si debería o no beber. Leí que los niños de alcohólicos son
cuatro veces más propensos a desarrollar problemas con el alcohol, pero noté que no
había mucho punto en tratar de evadir el legado de mi madre. Su rostro interfirió en
mis pensamientos mientras el vodka barato se deslizaba abajo por mi garganta. Odiaba
el sabor y peleé para evitar demostrarlo. Era el mismo licor que mi mamá deslizaría en
su jugo de naranja de la mañana. El mismo sabor que la hizo salivar solo me hizo
querer vomitar.

Limpié el exceso caído de mis labios y pasé la botella a Trent. Él la tomó con una
sonrisa, rozando su dedo contra el mío, y sabía que probablemente yo acabaría yendo
a casa con él.

—¿Tienes un novio? preguntó descaradamente, envalentonado por el vodka.


Miré arriba para encontrar la mirada de Ashley al otro lado de la glorieta. Ella sonrió y
me dio un sutil pulgar arriba. Estaba impresionada de que yo hubiera atrapado la
atención de Trent, pero yo no necesitaba su elogio. Yo solamente era la cosa más
brillante y nueva de la fiesta, una cuchara glorificada para que Trent capturara su
propio reflejo en ella.

Volteé hacia él y me deslicé un poco más cerca. —No. ¿Por qué te interesa?

Él sonrió y se enfocó en mis labios mientras sacaba una pequeña bolsa de plástico
del bolsillo de sus vaqueros. Diez pequeñas píldoras blancas. Molly 3. Nunca la había

3
Molly – se le llama así al éxtasis.
conocido, pero traté con sus amigos, siempre esperando que uno de ellos respondiera
mi pregunta: ¿cuál pequeña pastilla blanca hace a las madres olvidar a sus hijas?

Abrí mi boca y Trent deslizó la píldora sobre mi lengua. La cápsula comenzó a


disolverse justo cuando se inclinó y me besó. Presioné mis manos contra su pecho y
empujé contra él, pero él rompió el beso primero. Fue rápido, indoloro, inocente, y
entonces el vodka se deslizó de nuevo a mi alrededor.

Era hora de otro sorbo.


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iré a la mesa de comedor de los Calloway mientras mi lasaña se


calentaba en el microondas. Era un viejo cuadrado de madera que se
sacudía atrás y adelante sobre patas inestables. Estuvo situada en el
rincón de su cocina por la última década y media y guardaba incontables recuerdos.
Me senté enfrente de Lilah en esa mesa, lamiendo helado fuera de mi rostro antes de
rogarle que me dejara terminar su tazón también. Perdí mi primer diente en una
manzana en esa mesa y me metí en problemas cuando asusté a Lilah con mi sangrienta
boca.

Había una capa de polvo revistiendo la cima de esta ahora, como si nadie hubiera
comido en ella en años. Mojé un trapo y la limpié hasta que el microondas sonó.
Entonces me senté en mi antiguo sitio contra la pared y comí mi cena. Tenía la
perfecta vista de la casa vacía. Tenía el efecto de un museo preservado en el tiempo lo
mejor que se podía. Sabía que la lámpara en el rincón ya no funcionaba, pero nadie la
reemplazó, al igual que la antigua videocasetera y la rota silla mecedora en el rincón.
Eran todas cosas que la señora Calloway había añadido a la casa y no podía descubrir
por qué nadie había logrado deshacerse de ellas.

Podía oír el leve sonido de un metraje de juego viniendo de la habitación del


entrenador por el corredor. Sus libretas contaminaban la casa, continuamente dispersos
por un hombre con una pasión por el béisbol. Yo amaba el juego también, pero este
estaba en la sangre del señor Calloway en una manera que nunca estaría en la mía.
Harvey dejó salir un melodramático gemido debajo de la mesa y noté que él había
estado esperando pacientemente por una sobra. Le lancé una pieza de queso quemado
justo antes de que la puerta frontal se abriera.

Eran las 12:01 a.m., oficialmente el comienzo de mi segundo día viviendo con los
Calloways, y finalmente estaba consiguiendo mi primer vistazo de Lilah. Ella tropezó
al interior, cerrando la puerta detrás de si, y luego se inclinó contra ella como si no
pudiera sostener el peso de su propio cuerpo. Con respiración contenida, esperé su
siguiente movimiento. Antes de que pudiera encontrar mi mirada, la emoción de
Harvey burbujeó. Me agaché y sostuve su collar así él no podría correr y embestirla.
Sacudí mi cabeza mientras sus brillantes ojos suplicantes encontraban los míos.

Él quería correr y saludarla tanto como yo lo hacía. Lilah estaba de regreso. Estaba
de regreso, y aun así era tan diferente. Cabello negro y cortos pantaloncillos y una
niebla inducida por drogas. Pero también era la misma chica que siempre había
conocido; pálida, pequeña, pecosa, y perdida. Dejé mi silla atrás y me paré para
anunciar mi presencia, pero ya se había ido. Sus ojos estallaron abiertos y corrió por
las escaleras, agarrando su estómago con una mano y cubriendo su boca con la otra.
Estaba demasiado enferma para notarme de pie en la cocina.

Puse a Harvey afuera y entonces subí las escaleras de dos en dos. Estábamos
compartiendo un baño, ella y yo. Notaría mi crema de afeitar junto a sus cremas, pero
su cabeza estaba sobre el inodoro y vomitando, haciendo profundas arcadas fuertes
que sonaban como si su cuerpo estuviera rechazando todo en su interior.

Caminé al baño y cerré la puerta cuidadosamente así su padre no la oiría sobre el


metraje del juego. Ella se estiró por papel de baño, limpió su boca, y volteó para
verme.

Sus ojos me golpearon de una vez, verde brillante y vulnerabilidad hasta que notó
quien era yo.

—¿Estás bien? pregunté, tomando otro tímido paso más cerca.

Arrugó sus ojos y apuntó a la puerta. —SAL.

—Lilah…

Giró de regreso y vomitó de nuevo, sus protestas sobre mi presencia perdiéndose


en la necesidad de su cuerpo de deshacerse de las indiscreciones de la noche.

—¿Bebiste? pregunté.
Asintió, rápido y casi imperceptible.

—¿Tomaste algo más también?

No respondió, así que repetí la pregunta. —Lilah, ¿tomaste algo?

—Molly dijo, descansando su cabeza sobre su brazo a lo largo del borde del
inodoro.

Alcancé a su alrededor la cadena y conseguí un olorcillo de ella. Olía cómo si


estuviera bañada en humo de cigarro y vómito. Me incliné para revisar si estaba bien.
Sus ojos estaban cerrados, sus labios rajados y heridos. Miré a su pecho, tratando de
descubrir la elevación y caída debajo de su camiseta sin mangas.

Podía sentir el calor ondulando fuera de ella y después de confirmar que aún
respiraba, repté de regreso escaleras abajo por un vaso de agua, y entonces lo pensé
mejor y conseguí dos.

Cuando regresé, estaba despierta y sentada con su espalda contra la bañera. Sus
rodillas estaban dobladas contra su pecho y sus manos estaban envueltas alrededor de
ellas, manteniendo su cuerpo en una bola apretada.

—Aquí, bebe esto dije, dejando caer los vasos cerca de sus pies y alejando la
mirada antes de que pudiera dispararme otra mirada mortal.

Revolví a través del gabinete de medicinas encima del inodoro. Todo en él era
viejo o vacío. La única botella de Advil había expirado el año anterior, pero aun así la
agarré. Necesitaba algo para frenar el dolor de cabeza en la mañana.

—La hija prodiga regresó dijo con dificultad, con un tono oscuro. ¿Y quién
corrió para encontrarla?

Volteé del gabinete de medicina para encontrarla mirándome con la misma furia
de antes.

—Ningún otro más que Chase Matthews, el chico dorado en persona. Sonrió y pasó
el dorso de su mano a través de su boca. ¿Así es cómo esperabas encontrarme?
¿Justo cómo ella?
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Corregido por Candy20

a antigua casa permanecía en el silencio de la noche excepto por las dos


chicas adolescentes tratando en vano de mantenerse en silencio en el baño.
Hannah sostuvo a Elaine sobre el inodoro y sostenía su largo cabello rubio
fuera de su rostro.

—Shhhh. Mis padres van a estar de regreso en cualquier segundo y no quiero que
nos oigan advirtió Hannah. Ellos sabrán que estamos ebrias.

Elaine rio. —No estoy ebria. ¿Tú estás ebria?

Hannah rodó sus ojos y se inclinó al frente para asegurarse de que la cabeza de
Elaine estuviera posicionada sobre el inodoro. Ellas ya habían hecho un desastre en su
habitación, algo con lo que trataría tan pronto como consiguiera que Elaine se
durmiera.

—Chris fue tan lindo esta noche. ¿Lo viste?

—Elaine. Yo estaba contigo cuando estabas hablándole.

Elaine explotó en otro conjunto de risitas que eventualmente dio camino a secas
arcadas. Hannah frotó la espalda de su amiga, tratando de contener su propia urgencia
de vomitar. Ambas habían tomado demasiadas cervezas, pero hubo una verdadera
causa de celebración. Hannah había recibido una carta de la universidad de Texas en
el correo más temprano esa mañana. Ella había asumido tempranamente la aceptación
de su programa de enfermería. Era su primera opción de escuela y su primera opción
de ciudad. Estaba emocionada, sus padres estaban emocionados, y más importante,
Elaine estaba emocionada.
Tan pronto como se gradúen, dejarían Blackwater juntas y nunca mirarían atrás.
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Corregido por Candy20

os ojos de mi madre eran una sombra de verde pálido que como niña yo
juraba que se veían como gemas. Me había sentado con ella afuera en el
jardín cuando yo era pequeña y el sol habría brillado tan brillante que tenía
que entornar los ojos para ver su rostro, pero esos ojos verdes podían siempre
encontrarme a través del resplandor.

Estaba soñando con sus ojos verdes, los mismos ojos verdes que me miraban de
regreso cada vez que miraba en el espejo, cuando algo frío y húmedo se presionó contra
mi mejilla. Me sacudí fuera de mi sueño solo al sentir la extraña sensación de nuevo.
Parpadeé para abrir mis ojos justo a tiempo para ver una gorda lengua rosa salir y
lamer mi barbilla hacia arriba a mi boca.

—¿¡Qué demonios!? grité y me senté de golpe en mi cama.

—¡Harvey! Sal de allí. ¡Harvey! ¡Vamos!

Tuve una fracción de segundo cuando todas las piezas del rompecabezas cayeron
en su sitio antes de notar que Chase estaba de pie en mi entrada. Sin camiseta.

—Perro malo. Chase frunció el ceño, mirando a su perro como si estuviese a


punto de lanzarlo por la ventana.

Él estaba tocando la invisible línea de mi dormitorio, tratando de recuperar a


Harvey sin traspasar en mi territorio. Me estiré por mi edredón y traté de ocultar mi
camiseta blanca sin mangas.
Su corto cabello rubio estaba aún desordenado por dormir, pero cada otra pieza de
su apariencia estaba en su lugar: nariz recta, mandíbula fuerte, bronceado dorado, y
labios que sabía que podrían amoldar una sonrisa que haría que los dedos de mis pies
se curvaran. Él no estaba usando una camiseta y sus pantalones de pijamas caían bajos
sobre sus caderas. Miré la cuesta de su estómago mientras se inclinaba para atraer a
Harvey de regreso a él.

—Él no consiguió conocerte anoche dijo Chase, rindiéndose y parándose para


cruzar sus brazos sobre su pecho.

Anoche.

Anoche.

Mis mejillas quemaron con un rubor que sabía que Chase podría ver.

Alejé mi mirada de él y miré abajo a Harvey de nuevo. Él estaba meneando su


cola y mirándome con tanto amor que fue imposible no inclinarme y acariciar su
cabeza. Su pelaje rubio era sedosamente suave y al momento en que mi mano conectó
con él, caminó más cerca y descansó su barbilla sobre la cima de mi edredón.

Siempre había querido un perro.

—Él puede quedarse dije, manteniendo mis ojos sobre Harvey.

—¿Estás segura? preguntó Chase.

Asentí sin mirar arriba de nuevo. La imagen de Chase ya estaba grabada en mi


memoria; no había necesidad de hacerlo peor.

Oí una risa por lo bajo y luego, un momento después, la puerta se cerró y estaba sola
de nuevo; bueno, sola con Harvey.

Palmeé la cima de mi cama. —Vamos.

Sin esperar un segundo, el gran perro estaba torciéndose en un círculo sobre la


parte superior de mis mantas, haciéndose un hogar por sí solo. Se empujó en una bola
a mi lado y descansó su cabeza sobre mi pecho. Miré abajo a sus ojos, recordando mi
sueño anterior. En la luz del día, ojos marrones brillantes eran mucho más
confortantes que verdes pálidos.
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ermanecí de pie fuera del dormitorio de Lilah, preguntándome donde


yacería la lealtad de Harvey al final del día. No había visto a Lilah así en
años; ella había presentado una muy diferente versión de sí misma la noche
anterior con ropa oscura, oscuro cabello, y una expresión que hizo un justo buen
trabajo para mantenerme alejado. Justo entonces, de cualquier forma, había visto un
vistazo de la Lilah que había conocido antes, ojos suaves, pecas y todo. Había querido
seguir a Harvey dentro de su dormitorio y quedarnos encerrados el resto del día.

En su lugar, volteé de regreso a mi nueva habitación al otro lado del pasillo. Aún
estaba acostumbrándome al tamaño. Era pequeña, más cómo un almacén que un
verdadero dormitorio. La antigua cama tamaño queen tomaba la mayor parte de la
habitación y las cajas en la esquina hacían difícil usar los pequeños espacios sobrantes.

Hice un punto del ignorar las cajas. Cada vez que veía hacia ellas mi pecho se
apretaba en furia. Incluso después de un año y medio, odiaba a la mujer hasta el más
profundo centro de sus huesos, huesos que ahora yacían en la tierra, donde
pertenecían.

Mi teléfono zumbó sobre la cama y lo alcancé para ver los mensajes de texto que
comenzaban a acumularse.

Brian: ¿Basquetbol en la cancha de la escuela a las 2? Connor está dentro.

Connor: Vayamos a la fiesta de Kimberly después del basquetbol. ¿Sus padres están
fuera de la ciudad?
Kimberly: Oye C. Mis padres aún están en MIA. ¡Celebremos el último día de invierno
esta noche en mi casa! Avísame. XO

Ni siquiera respondí a ninguno de ellos. Esas personas, mis amigos de preparatoria no


parecían pertenecer en la casa de los Calloway. No eran parte de mi historia, no como
Lilah lo era. Yo necesitaba cinco minutos más donde pudiera recrear la imagen de ella
sobre su cama. Cinco minutos más de detenerme en el pasado.
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

a mañana del lunes llegó con un estallido de patas golpeando y otra ronda
de lamidas de perro cortesía de Harvey. Él no dejó mi lado el día anterior,
en parte porque permanecí en la cama el día entero, leyendo y durmiendo
siesta, y en parte porque le dejé tener la mitad de mi comida. De cualquier manera, no
estaba sorprendida de encontrarlo en mi cama la mañana del lunes, cerniéndose sobre
mí con amplios ojos y un eterno meneo de su cola.

Gemí mientras rodé fuera de mis mantas y me deslicé en un par común de


vaqueros sueltos, Converse, y una camiseta negra de mangas largas. Mientras me
pasaba mi delineador y máscara, me di a mí misma una vigorizante charla interna. Me
faltaba un semestre de la preparatoria. Un semestre de lidiar con gente de la que quería
escapar, un semestre de pretender que pertenecía a una ciudad que me entregó nada
más que recuerdos tristes.

Antes de irme hacia Austin, había estado en el equipo de baile y había vagado con
Chase y otros chicos populares. En esos días, Chase había sido la única persona que
realmente sabía la versión sin filtros de mi vida. Ahora, todos sabían que mi familia
estaba loca. Ya no había un punto de tratar de esconderlo más.

Mi papá había tratado de llevarme a terapia después de la muerte de mi mamá,


pero los de Austin eran demasiado caros. Sabía bajo cuánto estrés él ya estaba, así que
les dije a él y a mi tía que yo no lo necesitaba. Les dije que la terapia no la traería de
regreso y “además, estoy bien”. Creía que descubriría cómo continuar y prometí
decirle si alguna vez llegaba a un punto donde necesitara ayuda.
No hemos hablado sobre eso desde entonces y no estaba segura de quién era la
culpa.

***

Cuando caminé escaleras abajo después de prepararme para la escuela, localicé la


fuente de las patas golpeando que originalmente me agitó despierta. Chase estaba
batiendo huevos y volteando panqueques, todo mientras Harvey se sentó a sus pies,
esperando conseguir una muestra de sus creaciones.

Le silbé a Harvey y trotó hacia mí, arrastrando la atención de Chase también.

—¿Tienes hambre? preguntó.

Inhalé la vista de él. Era algo a lo que nunca me acostumbraría: esa fácil sonrisa y
sus familiares ojos avellana. Al menos esta vez estaba usando una camiseta.

—Estoy bien dije, moviéndome al refrigerador y sacando de adentro el cartón de


jugo de naranja. Me serví un vaso y tomé un pequeño sorbo mientras trataba de
comprender la extrema incomodidad de la situación. Chase estaba cocinando el
desayuno en mi cocina. Estaba batiendo huevos y volteando panqueques como si fuera
la cosa más normal del mundo.

—¡Lilah! ¿Necesitas que te lleve a la escuela? preguntó mi papá, corriendo fuera


de su habitación en caquis y un polo blanco con “Béisbol Blackwater” bordado sobre el
bolsillo en el pecho. Claramente estaba apresurado.

—Nah, adelántate.

Él agarró su gorra de béisbol y se la puso, ya a medio camino de la puerta. —De


acuerdo. En casa para la cena, cómo máximo. ¡Voy a improvisar algo para celebrar tu
primer día de regreso!

La puerta delantera se cerró fuerte detrás de él, sacudiendo las ventanas frontales y
resaltando el hecho de que Chase y yo ahora estábamos muy solos en mi casa.

Por el rabillo de mi ojo, vi a Chase girar fuera de la estufa, recogiendo huevos y


panqueques en dos platos, y poniéndolos sobre la mesa de la cocina uno frente al otro.

Él escogió el lado enfrente de mí, se sentó, y cortó mi línea de visión a las ventanas
así que no tenía otra opción más que encontrar sus ojos o ceder y mirar lejos.
—Hice suficiente para ambos dijo mientras bañaba sus panqueques con lo que
lucía como dos galones de jarabe.

—Normalmente, no como el desayuno.

Él arqueó una ceja, levantando una gran cantidad de huevos, y entonces me sonrió
mientras masticaba. No podía poner toda mi atención en él. ¿No entendía cómo se
suponía que se desarrollara esta situación? Nosotros estábamos destinados a ignorar la
existencia del otro e ir a nuestro asunto como de costumbre.

Nos sentamos en un incómodo silencio mientras yo servía mi jugo y él terminaba


su desayuno. Cuando me moví para lavar mi vaso, saltó fuera de su asiento y fue
directamente a pararse detrás de mí así podía rodearme y poner su plato en el
fregadero. Su brazo rozó mi cintura y traté de permanecer en calma mientras su altura
me eclipsaba.

—Creo que debemos ir a la escuela juntos dijo, finalmente, alejándose un paso.

Liberé una respiración que no noté que estaba manteniendo.

—No gracias respondí simplemente.

Él cruzó sus brazos. —Lilah, tiene sentido. Ambos estamos yendo al mismo lugar.

—Me gusta caminar.

—Eso fue antes de que te mudaras. Ahora, puedo llevarte.

Él sonrió y mis pensamientos se alejaron. La extensión completa de su sonrisa


tenía algo que podía solo ser procesado en piezas. Hoyuelos iguales, dientes derechos, la
cual era la fuente de todo su poder.

Me sacudí a un lado momentáneamente paralizada.

—Me gusta caminar. Aclara mi cabeza dije, moviéndome para poner distancia
entre nosotros y recuperé mi mochila de la entrada de la cocina.

Justo cuando colgué la correa sobre mi hombro, oí metal sonar contra la mesa de
la cocina. Cuando volteé, vi las llaves de su auto situadas sobre la cima de la madera
desgastada, directamente sobre el punto donde mi mamá siempre las ponía.

—De acuerdo, entonces caminaré contigo declaró.


Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

abía sabido que Lilah sería un desafío, pero estaba probándome que era
más complejo que cualquiera de mis viejas cámaras. Nadie en su sano
juicio rechazaba mis panqueques. Eran los mejores de Blackwater y
probablemente del mundo; esponjosos y suaves, aun así, tostados y dorados marrones.
Me senté en la mesa, mirándola tomar sorbos de jugo de naranja, y traté de pretender
que la esponjosa masa y jarabe de maple eran suficientes para ocupar mi mente. En
realidad, estaba pensando en cómo romper el hielo entre nosotros. Quería solo gritar,
“No es tu culpa. No es mi culpa. Vamos a perdonarnos el uno al otro y continuemos”.
Pero, algo me dijo que Lilah no respondería a una disculpa directa como esa. Era una
gata salvaje. Tenía que persuadirla de confiar en mí lentamente, y caminar a la escuela
con ella era el comienzo.

La Preparatoria de Blackwater estaba solo a más de una milla de distancia de la


casa de Lilah, y yo no tenía problema dejando mi camioneta atrás a favor de caminar a
su lado. Al segundo en que le ofrecimos una despedida a Harvey, quien no estaba
complacido de ser dejado atrás, ella sacó su iPod y se alejó del resto del mundo.

El mensaje fue claro, pero lo ignoré.

—Así que, te gusta el jugo de naranja para el desayuno, ¿eh? Vitamina C, ¿cierto?

No hubo respuesta.

Podía oír su música resonando a través de sus audífonos y sabía que no podía oír
una sola palabra de lo que yo estaba diciendo.
—Me gusta también. Es bueno cuando lo haces con unas frescas naranjas
exprimidas. ¿Recuerdas cuando nos manteníamos enterrando naranjas enteras en tu
patio trasero tratando de conseguir que crecieran árboles de naranja? ¿No lo hicimos
por un año antes de que tu papá nos dijera que no tenían semillas?

Sin respuesta, pero juro que ella apresuró su paso. No era un desafío mantenerlo
yo era casi treinta centímetros más alto que ella y ella ya tomaba dos pasos en cada uno
de los míos, pero la idea de que estuviera tratando de alejarse de mí me hizo reír.

—Sí, buenos tiempos respondí tristemente.

Usualmente antes de la escuela, estacionaba mi camioneta en mi lugar designado


en el estacionamiento de estudiantes y vagaba por el exterior con mis amigos hasta que
las clases comenzaran. Lilah usualmente se me unía antes de que se mudara, pero algo
me dijo que el estacionamiento de estudiantes ya no era su escena.

Mientras rodeábamos la acera en el frente de la escuela, nuestros separados


mundos se desplegaron frente a nosotros. Ya podía ver a Connor, Brian, y Kimberly
vagando alrededor de mi puesto. Varios sujetos del equipo de béisbol me saludaron
desde detrás de la valla metálica cerca del frente del campo y asentí de regreso.

Lilah se frenó y se quedó detrás de mí hasta que tuve que, o dejar de caminar, o
dejarla atrás.

Miré hacia atrás para encontrar su atención enfocada frente a nosotros, y cuando
seguí la línea de su visión, me encontré cara a cara con Trent Bailey.

Él estaba apoyado contra el gigante árbol de roble que estaba situado en el centro
directo del campo frontal. Los porreros lo habían reclamado como su territorio desde
el inicio de tiempo. Al segundo en que localizó a Lilah, se empujó fuera del árbol y
caminó para encontrarla.

Peleé contra mi mejor juicio para tratar de detenerla de dirigirse hacia él. ¿Desde
cuándo se junta con Trent Bailey?

Mis puños se apretaron a mis lados.

—Lilah… dije, sin estar seguro de a dónde se dirigiría mi oración.

Ella me rozó y caminó hacia Trent como si estuviera encontrándose un viejo


amigo. De repente, yo era el forastero, el mirón. Aun así, no podía hacer que me
moviera yo mismo. Permanecí paralizado y confundido, mirando su oscuro cabello
como si fuera a encontrar respuestas ocultas en los oscuros mechones.

Él alcanzó su mano y me encogí de regreso a la realidad. No quería verla ir por ese


camino. Volteé para alejarme justo cuando volteó para encontrarme sobre su hombro.
Era un regalo que estaba ofreciendo. No una sonrisa completa, no en realidad. Fue
solo la orilla de su boca, la comisura derecha levantándose en solidaridad.

Fue difícilmente algo, sin embargo. Un ojo sin entrenamiento se lo habría perdido
completamente, pero yo sabía lo que estaba haciendo. Había visto esa mirada cada vez
que molesté a Lilah cuando estábamos creciendo. Era ella hablando, el primer signo de
que estaba comenzando a volver y perdonarme.

Regresa a mí, Lilah.


Traducido por Rosewin

Corregido por Candy20

or qué estabas caminando con Chase Matthews? —preguntó


Trent mientras caminábamos para unirnos al grupo de niños
que pasaban el tiempo debajo del roble al frente de la escuela
preparatoria. Guardé mis auriculares en mi bolso, tomando un momento para
verificarme después de mi caminata con Chase.

—¿Por qué te importa? —le pregunté, molesta con el borde posesivo en la voz de
Trent. Él y yo no éramos una pareja. Casi no éramos amigos.

—Es un idiota, Lilah —dijo Trent, tratando de envolver su brazo alrededor de mi


cintura. En su lugar me alejé un paso.

—Gracias por el consejo —contesté con altivez justo cuando Ashley se acercaba al
grupo. Su cabello rubio estaba secado al aire y ondulado, las mechas rosadas más
brillantes que nunca. Ella se había tomado el tiempo para perfeccionar su maquillaje
antes de la escuela, un concepto que no podía encontrar la voluntad de conseguir. Sin
embargo, se veía bonita.

—¿Quién tiene algo que no les importaría compartir? —preguntó con una
carcajada, golpeando su hombro contra el mío—. No hay forma de pasar el primer
período consecutivo.

Un niño pequeño en el otro lado de Trent comenzó a enrollar un porro, tratando


de ocultar sus acciones dentro de su mochila desabrochada. Estaba haciendo un
trabajo a medias y cualquier persona con la mitad de un cerebro habría sido capaz de
discernir lo que estaba haciendo si hubieran pasado caminando por ahí. T enía cinco
meses en este infierno y nada iba a poner en peligro eso.

Me alejé del grupo y me dirigí a las puertas de la escuela, sin molestarme en


despedirme. La primera campana iba a sonar en unos pocos minutos de todos modos y
todavía tenía que ir a la oficina y recoger mi horario de clases.

Detrás de mi Trent gritó—: ¡Lilah, vamos a pasar el rato después de la escuela!

Le dije adiós con la mano por encima del hombro y seguí caminando, tratando de
recordar que le vi de atractivo en primer lugar.

***

Debería haber ido a la escuela más temprano para finalizar mi horario de clases.
La oficina estaba llena de niños tratando de cambiar sus clases. Todos estaban
sentados allí con sus horarios amarillos en sus regazos, escribiendo las clases que no
querían tomar y tratando desesperadamente de reemplazarlas con algo más fácil. Ojalá
pudiera haber cogido uno de sus horarios e irme. Sentada a través de auto-mecánica
avanzada, escuchando a un montón de chicos de último año llorones rogar por períodos
libres.

—Señorita Calloway. —Una menuda secretaria trató de encontrarme entre la


multitud de estudiantes—. Señorita Calloway —llamó de nuevo.

Me puse de pie y me dirigí hacia la puerta detrás de la recepción. Había estado en


la oficina del consejero varias veces antes de mudarme, y el choque de familiaridad me
hizo detenerme en la puerta. El perfume de la colonia barata, una hiedra medio muerta
sentada en la esquina, un hombre alto y calvo sentado detrás de su escritorio, bebiendo
desesperadamente su café entre las citas de los estudiantes. Su nombre era señor Joy, lo
cual era irónico, teniendo en cuenta que había sido el que me dio la noticia de la muerte
de mi madre.

Levantó la vista de su café para encontrarme de pie en la puerta y me hizo señas


para que me acercara.

—Lilah, entra. Entra.

Me moví para tomar asiento mientras él trataba de encontrar su teclado debajo de


los papeles dispersos sobre su escritorio, mientras bebía largos tragos de café.

—Primer día. —Rio, explicando el lío.


Me quedé en silencio, deslizando mis manos bajo mis piernas para no estar
tentada a tocar nada en su escritorio. Apuesto a que había tantos secretos a la espera de
ser encontrados: los registros de los estudiantes y horarios cambiados, informes de
progreso y cartas de expulsión. ¿Quién no pasaba pre cálculo? ¿Cuyos padres estaban
llamando a la escuela todos los días, comprobando para asegurarse de que su hijo no
estuviera faltando a clase?

—Tu escuela anterior en Austin me envió un correo electrónico sobre tus registros
—confirmó el señor Joy, escribiendo en su teclado.

Golpeó y una impresora chirriante detrás de él escupió mi nuevo horario. Lo


entregó y escudriñé la lista de clases. Nada de Ciencias Ambientales avanzada, ni AP4
de español ni Estadísticas.

—Estaba tomando todas las clases de AP en Austin.

Él frunció el ceño. —Vi eso. Desafortunadamente, no ofrecemos tantas clases de


AP aquí, pero estoy seguro de que las universidades entenderán dadas tus...
circunstancias.

Circunstancias eran un eufemismo para cosas que él no tuvo el coraje de decir.

Miré hacia arriba para encontrarlo estudiándome. —Sabes, Lilah, mientras te


tengo aquí, podría ser un buen momento para programar una sesión de asesoramiento
uno-a-uno. Podríamos hablar de tu tiempo en Austin y tus planes para el futuro.

Doblé mi horario por la mitad y me puse de pie. —En realidad, es mejor que vaya
a mi primera clase.

—Lilah, sé que el último año y medio no ha sido fácil para ti.

Lo ignoré y señalé a la planta de hiedra en la esquina. —Tiene que regar eso. Está
casi muerta. —Honestamente, ¿por qué querría consejo de un hombre que deja morir
sus plantas?

La hiedra es la cosa más fácil de cuidar. Agua y colocarla en una ventana.

4
La Colocación Avanzada (Advanced Placement, AP) es un programa creado en Estados Unidos y
Canadá por la Junta Universitaria, que ofrece programas de estudios universitarios y exámenes a
estudiantes de preparatoria.
Me giré e hice mi camino por la abarrotada oficina, feliz de estar libre de la mirada
amable del señor Joy. Eché un vistazo a mi horario y marqué las clases que me
gustarían: AP Física, Literatura Inglesa, y AP Historia del Arte. Luego escudriñé las
clases que sin duda me aburrirían. Estaba negociando la AP de Ciencia Ambiental
para ser una ayudante del maestro para una clase de inglés de primer año. ¡Qué
verdadera pérdida de tiempo!

—¡Lilah! ¿Lilah Calloway? ¿Eres tú?

Levanté la vista de mi horario para encontrar a Kimberly White de pie en el pasillo


a pocos metros delante de mí. Estaba ayudando a un grupo de chicas del equipo de
baile a desentrañar una enorme pancarta que decía “Bienvenido de regreso a la escuela” en
brillantes letras. Cada una de ellas llevaba una versión diferente del mismo traje:
vaqueros apretados, botas hasta la rodilla y un suéter de cachemira. Parecían anuncios
de Macy's. Kimberly las abandonó para saludarme y tragué un pedazo de celos.

En otra vida, se suponía que era Kimberly. Estudiante de primer y segundo año de
secundaria que había sido co-capitana del equipo de baile de la escuela, rubia y
popular… pero yo era popular por el poder. Chase me había puesto en el centro de
atención, pero Kimberly estaba destinada a estar allí. Le habían dado una mano
perfecta en la vida, una que incluía buenos genes, una disposición dulce, y padres ricos
y cariñosos. Su padre era el único dentista en Blackwater y cuando ella sonrió, me
recordó el hecho de que había tenido frenos no una vez, sino dos veces. Una sonrisa
perfecta para una chica perfecta.

—No puedo creer que hayas vuelto —dijo, sonriéndome después de que me
envolvió en un abrazo unilateral—. ¡Te ves tan linda con ese corte de cabello, como
Emma Watson o algo así!

—Ah, gracias —dije, tratando de esquivarla casualmente. La primera campana


estaba a punto de sonar y no tenía ni idea de dónde estaba mi primera clase.

Ella notó mi retiro sutil. —¡Oh, duh! Tienes que ir a clase. ¿Por qué no vienes a
buscarme durante el almuerzo? ¡Podemos ponernos al día!

Asentí, aunque estaba confundida por lo que quería decir. No necesitaba atrapar a
Kimberly en mi vida; ella y el resto de esa pequeña ciudad sabían cada detalle sórdido de
principio a fin. Los secretos de mi familia habían sido arrancados, presionados,
conservados y puestos en exhibición.
No era justo que todos conocieran mis secretos, pero yo no conocía los suyos. Las
balanzas estaban inclinadas a su favor, y como no podía borrar los secretos de mi lado,
era hora de empezar a pesar los suyos.
Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

l día de graduación simbolizaba la libertad. Elaine y Hannah habían


contado los días, marcándolos de uno en uno hasta que finalmente
pudieron ponerse sus vestidos de graduación arrugados y cruzar el
escenario de una vez por todas. Blackwater High no tenía mucho presupuesto para una
ceremonia de graduación, lo que significaba que cada año se llevaba a cabo en el
campo de fútbol, encima de la hierba seca de verano con las luces del estadio
centelleante por lo general reservado para las noches de viernes en el otoño.

Elaine maldijo la pobre iluminación en el baño del estadio mientras trataba en


vano de aplanar su cabello debajo de su birrete de graduación. No importa cuánto
trabajara con él, las hebras rubias pálidas no cooperarían. Si lo hubiera hecho a su
manera, ella y Hannah se habrían saltado la graduación por completo. No tenía
sentido estar allí. Su madre estaba trabajando en un turno de tarde y su padre se estaba
pudriendo en una cárcel al otro lado del estado. Nadie estaría animándola en las
gradas.

—Está bien, me rindo con mi cabello. ¿Está casi terminado ahí? —preguntó
Elaine, dando vueltas para enfrentarse al puesto en el que Hannah se había encerrado
diez minutos antes—. Vamos a llegar tarde.

Cuando Hannah no respondió, Elaine se acercó y presionó su oreja contra la


puerta, tratando de oír a Hannah sobre el ruido del estadio.

—¡Oh, Dios mío, vamos! —gritó alguien desde el fondo de la larga cola—. ¡Hay
otras personas esperando!
El baño era pequeño, solamente tres puestos en total, y Hannah había ocupado
uno de ellos durante demasiado tiempo.

—¿Hannah? —preguntó Elaine, tratando de convencer a su amiga antes de que la


mentalidad de la muchedumbre se hiciera cargo.

Cuando Hannah no respondió, Elaine se agachó para mirar por debajo de la


puerta del puesto. Hannah caminaba de un lado a otro en el diminuto espacio.

Ella frunció el ceño. —Hannah. ¿Qué estás haciendo? —Ella se puso de pie y
sacudió la puerta cerrada—. Déjame entrar.

Durante las últimas semanas, Elaine había notado que Hannah estaba
apagada. Ella no había querido hablar de su cercana mudanza a Austin, ella no había
querido navegar a través de anuncios clasificados para apartamentos. Elaine había
asumido que se estaba poniendo los pies fríos, pero cuando Hannah abrió la puerta
para dejar que Elaine entrara en el puesto con ella, temió que fuera mucho, mucho
peor.

El birrete de graduación de Hannah estaba boca abajo en el suelo del baño, sucio y
olvidado. Su vestido de graduación estaba desabrochado y caía de su hombro. Su
maquillaje estaba manchado y sus lágrimas llevaban rímel por sus mejillas en líneas
negras y manchadas.

Elaine se acercó, tratando de consolar a su amiga, y ahí fue cuando Hannah abrió
los puños, revelando la delgada prueba de embarazo escondida en su interior. Dos
pequeñas líneas rosadas se estiraron a través de la ventana de resultados.

Esas dos líneas rosadas tomaron sus mejores planes y los convirtieron en polvo.

—Estoy embarazada –susurró.


Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

mitad del primer día de haber regresado Lilah, entré en la cafetería con
mi bandeja de comida y traté de encontrarla. A pesar de que la mayoría de
todos habían crecido juntos, los deportistas todavía comían con los
deportistas, y así sucesivamente. Todo el mundo tenía su lugar no oficial asignado a
todos excepto Lilah.

Ella no se encontraba en ninguna parte. Tomé el camino largo hasta mi asiento y


luego me volví alrededor de la habitación una vez más. Finalmente, volví a dar la
vuelta a la entrada de la cafetería y me metí en el último asiento disponible en mi mesa
de amigos.

—Te tomó bastante tiempo. —Connor se rio.

Dejé de lado su comentario y me ocupé en mi envoltorio de hamburguesa, apenas


logrando desenrollarlo antes de que saltaran en mi situación de vida. Todos sabían que
mi papá era un borracho, así que no se sorprendieron de que yo me hubiera mudado.
Sólo estaban sorprendidos por donde había terminado.

—No puedo creer que fueras amigo de Lilah Calloway. —Connor soltó después de
tomar un bocado enorme de su hamburguesa—. Ella está en mi segundo período y me
da miedo.

Kimberly habló antes de que yo pudiera. —En realidad es muy agradable.


Solíamos estar juntas en equipo de baile.
Connor se había mudado a nuestra ciudad a principios del tercer año, así que
nunca había conocido la versión pre-solitaria de Lilah. Incluso los niños que habían
crecido con ella apenas recordaban esa versión suya, por lo que me sorprendió que
Kimberly estuviera aferrada a ella.

—Bueno, creo que está más caliente ahora que antes. Parece un vampiro sexy o
algo así —añadió Brian.

Tiré mi envoltura de hamburguesa en su cabeza.

—Estás lleno de mierda.

—¡Dije un vampiro SEXY! —aclaró, sosteniendo sus manos en la rendición y


mirando a Connor para respaldarlo. Ninguno lo hizo.

Entrecerré mis ojos hacia él, preguntándome cuántos otros chicos de la escuela
tenían algo por Lilah. Trent seguro que lo hacía.

—Kim, ¿sabes si Lilah y Trent están saliendo? —le pregunté, cogiendo un puñado
de papas fritas.

Connor se animó como un perro pidiendo un hueso. —¿El todopoderoso Chase


Matthews quiere ser un Edward de su Bella5?

Lo ignoré y miré hacia Kimberly.

Ella estaba jugando con algo en su bolso. —Oh, no estoy segura. ¿Acaso no acaba
de volver a la ciudad?

—Sí, el sábado.

Ella cerró su bolso con un fuerte tirón. —Puedo preguntar por ahí ¿si quieres?

Me encogí de hombros, tratando de pensar en una buena excusa para por qué me
importaba la vida amorosa de Lilah. —Sí, odio a ese chico, así que si va a estar
rondando su casa, me gustaría saberlo.

Ella asintió, aún sin mirarme a los ojos, y me preguntaba si había cometido un
error. Kimberly y yo habíamos salido el año anterior, pero habíamos sido amigos, solo

5
Hace referencia a los protagonistas de la Serie Crepúsculo.
amigos, por un tiempo. Pedirle ayuda a Lilah probablemente no fue la decisión más
inteligente, pero necesitaba saberlo.

***

AP Física era mi última clase antes de la práctica del béisbol y el maestro, el señor
Jenkins, tenía una manera de hacer el período de cuarenta y cinco minutos de
estiramiento por lo que se sentía como horas. Entré en el aula y arqueé mi botella de
agua vacía en el recipiente de reciclaje cerca de su escritorio. Aterrizó suavemente
dentro de la papelera, pero el señor Jenkins todavía me miraba con furia por encima de
sus gafas de lectura estilo años 80 y señalaba con el dedo mi escritorio.

—Encuentre su asiento, señor Matthews.

Aparentemente no había encontrado una personalidad durante las vacaciones de


invierno, lo que significaba que el último semestre de su clase sería tan insoportable
como el primero.

Me volví para unirme a Connor en nuestra mesa y luego me congelé cuando vi a


Lilah de pie en el fondo de la habitación con los brazos cruzados y los ojos clavados en
mí. No la había visto todo el día, ni en la asamblea de la mañana ni en los pasillos
entre las clases. Sonreí. Ella me había evitado todo el día, pero aparentemente
estaríamos en el mismo sexto período durante los próximos meses.

Nuestra clase de física estaba establecida para que todos trabajaran en parejas.
Cada par compartía una pequeña mesa negra, que explicó por qué Lilah estaba de pie
por sí misma: ella no tenía un asiento asignado todavía. Dejé caer mi mochila en mi
silla y luego miré alrededor de la habitación. El señor Jenkins nos había emparejado el
semestre anterior, así que a menos que alguien hubiera dejado el curso, Lilah tendría
que trabajar sola o unirse a un equipo de dos.

—Edward, deja de mirar y siéntate —dijo Connor.

Lo ignoré y me dirigí hacia el escritorio del señor Jenkins. Él fingió no notarme al


principio, pero aclaré mi garganta, y finalmente su cabello gris se inclinó hacia atrás y
su mirada molesta encontró la mía.

—¿Cómo estuvo su descanso de invierno, señor Jenkins? —pregunté con una


sonrisa.

Él entrecerró los ojos. —Vuelva a su asiento, señor Matthews.


—En realidad, quería preguntarte si Lilah Calloway podría unirse a Connor y a mí
en nuestra mesa. Ya que hay un número impar y todo eso.

Connor gimió y algunos estudiantes se rieron. Mantuve mi concentración en el


señor Jenkins mientras se inclinaba hacia un lado para mirar a Lilah de pie en la parte
posterior de la clase. Parecía que acababa de darse cuenta de que estaba allí. Él la
estudió y luego me miró, tratando de resolver mi ángulo.

Ensanché mi sonrisa y me encogí de hombros.

—Lilah, jala una silla a su mesa —dijo, volviendo su atención al trabajo de su


escritorio—. Trabajarás con Chase y Connor este semestre.

—Eh, en realidad, puedo trabajar sola —protestó ella con una voz tranquila y
firme.

El señor Jenkins suspiró y sacudió la cabeza. —No. Trabajamos en parejas en esta


clase, o en tu caso, un trío.

—Pero yo estaba en AP física en mi antigua escuela. Estoy segura de que puedo


manejarme por mi cuenta.

Él cerró los ojos, se quitó las gafas de la cara y masajeó la piel junto al puente de
su nariz. —Por favor, haz lo que te pido.

El tema estaba cerrado.

Sonreí y me volví hacia Lilah. Sus brillantes ojos estaban furiosos. Todos los
estudiantes de la clase se habían vuelto a mirarla y un rubor profundo se extendió por
sus mejillas y cuello. Saqué una silla de la esquina de la habitación, empujé a Connor
hacia la ventana y dejé caer la silla vacía al otro lado de la mía.

Esperó hasta que sonó la campana final y luego se sentó a mi lado, colocándose en
la silla para estar lo más lejos posible de mí.

—¿Es tu idea de una broma? —susurró mientras el señor Jenkins se ponía de pie
para comenzar la lección de ese día.

Saqué mi cuaderno y sacudí la cabeza.

—No es broma. Mi plan es devolverte un problema de física a la vez.


Connor se echó a reír. —¿Esto me hace Jacob?

Lilah nos ignoró mientras el señor Jenkins empezaba a dibujar una ecuación en la
pizarra. Por primera vez podía recordar, estaba emocionado de estar en la clase de
física del señor Jenkins.
Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

abía por los años anteriores que Chase tenía práctica de béisbol después de
la escuela de lunes a jueves, así que no me molesté en esperarlo después de
la última campanada. Me puse mis audífonos encendí mi iPod, e irrumpí en
el pasillo inundado de gente hasta que llegué a la puerta lateral de la escuela. La abrí e
inhalé una respiración profunda de aire fresco.

En días como ese, cuando el invierno se está retrayendo y puedo finalmente sentir
el sol nuevamente, es difícil recordar porque odio tanto la temporada de primavera.
Ese aire fresco debería haber tenido posibilidades, pero daría un paso hacia la
primavera y los recuerdos tristes volverían a mis pensamientos tan duros que tendría
que cerrar fuertemente mis parpados para controlar el dolor residual.

Mi madre había sido un camaleón y durante siete años llevaba una apariencia:
madre. Ella había encajado en el papel tan bien que era difícil para mí envolver mi
cabeza alrededor de su ser todo menos perfecto. Antes de los siete años, mis recuerdos
de ella eran buenos y felices, como deberían haber sido. Tal vez por eso me había
cegado tanto cuando un día había empacado sus maletas y explicado que ya no podía
vivir con nosotros. No quería estar casada, no quería ser madre, quería libertad.

Era primavera cuando mi madre nos había dejado por primera vez. Tenía siete
años. Era difícil saber lo que estaba pasando entonces, cuando mi madre salió ese día,
mi papá me dio una versión G6 de la verdad, pero ahora que había tenido once años

6
G – se refiere a una versión apropiada para menores de edad.
para estudiar los recuerdos y formarlos en coherentes acontecimientos, todo tenía
sentido.

Libertad.

En ese momento, estaba confundida acerca de por qué ella no podía tener libertad
con nosotros, y entonces me di cuenta de que la libertad era un eufemismo, y un pobre
en eso. Para ella, la libertad representaba todo lo que se había visto obligada a
abandonar por mi culpa: fiesta, píldoras y hombres extraños.

Había intentado hacerla quedarse ese día.

Salí corriendo de la casa tras ella, pero mi padre me retuvo. Grité por ella en nuestra escalera
del porche mientras llevaba dos maletas rotas hacia el viejo Camaro negro que la esperaba al final
de nuestra entrada. El coche retumbó tan fuerte que, al principio, pensé que no podía oírme llorar.
Grité más alto mientras cargaba las maletas en el asiento trasero y el tipo sentado detrás del
volante se volvió para mirarme. Colgó un cigarrillo entre sus dedos y pude ver los tatuajes oscuros
serpenteaban alrededor de su brazo. Tenía una gorra de béisbol negra baja, cubriéndose los ojos, y
después de que mi madre se metiera en el asiento del pasajero a su lado, condujo ese coche lo más
rápido posible, chirriando sus neumáticos en el pavimento.

Mi madre nunca volteo.

El recuerdo de aquel día se desvaneció cuando doblé la esquina para ver mi casa
estando vacía y en silencio. Nada había cambiado. Todavía podía imaginar al Camaro
negro en la calzada, aunque las marcas de los neumáticos se habían desvanecido hace
años.

Caminé por el sendero delantero, lista para subir las escaleras desvencijadas,
cuando de repente, vacilé. No había nada para mí dentro de esa casa. Mi papá y Chase
estaban en la práctica de béisbol. No tenía tarea ni secretos nuevos para divertirme. No
tenía nada para distraerme de viejos recuerdos. Alcancé mi teléfono y envié un
mensaje a Trent por impulso.

Lilah: ¿Estás en casa?

Después de golpear enviar, me volví y me senté al pie de las escaleras del porche,
tratando de sacar la imagen de mi madre de mi mente. Un segundo después, mi
teléfono zumbó.

Trent: A punto de llegar. Ven, mi mamá está haciendo un doble turno.


Sabía que estaba huyendo de mi pasado mientras salía del porche y me dirigía
hacia la casa de Trent. Lo sabía, y sin embargo no me importaba. Quería un bálsamo
temporal y eso es lo que él sería.

Estaba a un corto paseo del barrio pobre a través de la calle Main. Trent me estaba
esperando cuando llegué a su antigua casa bungaló. Pateó la puerta de la pantalla
abierta y me lanzó una mirada de conocimiento mientras caminaba por el camino de
grava. Un gato atigrado perdido cruzó delante de mí, mirándome para arriba con ojos
nerviosos.

—¿Simplemente no podías permanecer lejos? —preguntó con una sonrisa


encantadora. Quería decirle lo poco que significaba para mí, borrar esa sonrisa de su
rostro, pero me encogí de hombros y pasé junto a él por la puerta. El olor a moho me
golpeó de inmediato.

—¿Quieres fumar? —preguntó, ya se dirigía a buscar su escondite.

—Estoy bien. Vamos a tu habitación. Tengo que estar de vuelta antes de que mi
papá llegue a casa de la práctica. Quiere cenar como familia.

A mi padre no le importaría si llegaba tarde, pero la excusa justificaría mi partida


rápida.

Dejé caer mi mochila en la entrada y lo seguí hasta su habitación, tratando de


ignorar la tristeza que emanaba de su tranquila casa. Sabía que el mundo de Trent
estaba lleno de recuerdos tan terribles como los míos. Nunca habló de su papá, pero
todos chismorrean en una pequeña ciudad, y nadie puede resistir los detalles jugosos
de la salida temprana de un padre. Lo sabía mejor que nadie.

Pasamos por su casa oscura hasta que llegamos a su habitación. Era imposible
perderse el olor a humo antiguo. Había manchas amarillas en la alfombra de orígenes
indiscernibles y carteles que cubrían todas las superficies disponibles de sus paredes.
Cuando llegué a su cama, me quité los zapatos y volví a caer sobre las gastadas
sábanas. Trent me siguió a su habitación y se sentó en su escritorio para iluminarse.

Si contenía mi aliento, podía fingir que sus sábanas olían como el gel de ducha que
había aparecido en nuestro baño de arriba cuando Chase llegó. Lo había usado esa
mañana por un capricho, queriendo ver si su olor podía frotarse en mí.

No era el sexo lo que me hizo volver a chicos como Trent; esa parte ni siquiera era
tan grandiosa. Fue después, cuando nos acostamos. Durante unos minutos fingí que
era una chica que era amada y podía amar. Fingí que, en lugar de otro chico triste, un
tipo sin nombre, eran mi alma gemela, un muchacho que había conocido toda mi vida.

Traté de alejar la tristeza. No sabía por qué me estaba golpeando allí de todos los
lugares. Se suponía que debía estar allí para huir de mis recuerdos, pero incluso
cuando cerré los ojos y apreté las sábanas de Trent entre mis dedos, tuve la repentina
necesidad de gritar.

Mierda.

Tengo que salir.

Salí de su cama y fui a coger mis zapatos.

—¿Adónde vas? —preguntó, girando en su silla de escritorio, sin molestarse en


hacer una pausa para enrollar su porro.

—Lo siento, estoy totalmente distraída. Mi papá llega a casa temprano hoy. Te
veré en la escuela —balbuceé antes de salir de su habitación. Recuperé mi mochila de
la entrada, forcé mi Converse y empujé a través de la puerta de la pantalla.

El olor de la primavera me golpeó de nuevo y cerré los ojos. A finales de enero, el


aire era fresco y limpio. Nada del calor húmedo que barrió durante el verano había
hecho una aparición todavía. Anhelaba esa humedad. Anhelaba el calor sofocante.
Significaba que tenía tres estaciones enteras para prepararme antes de que viniera la
primavera otra vez.

***

Cuando llegué a casa, me recosté en la hierba muerta en mi patio trasero, crucé


mis piernas, y miré hacia fuera los restos del jardín colocado detrás de nuestra pequeña
casa. Mi padre ya había arreglado los canteros. La madera no coincidía, nueva y vieja,
fresca y desgastada. Había ocho camas en total y si las planeaba bien, podía llenar cada
centímetro de ellas con semillas.

Anoté combinaciones en mi diario, cada uno elegida específicamente para el


crecimiento del compañero. Atanasia y rosas crecen bien juntas porque la atanasia atrae
a las catarinas y las catarinas comen pulgón antes de que puedan dañar las rosas. Las
cebollas cultivadas cerca de las zanahorias suelen mantener lejos las moscas de óxido y
brócoli emparejado con pepinos ayudan a repeler a los escarabajos. Había más
combinaciones, cientos y cientos, pero mi madre solo me había enseñado unos cuantos
antes de que se fuera.
Harvey estaba tumbado en la hierba a mi lado, contento de tomar el sol de la tarde
mientras le daba palmaditas en el vientre. Todavía estaba tratando de recordar más
combinaciones de siembra cuando una sombra cayó sobre mi cuaderno. Miré hacia
arriba para encontrar a Chase de pie allí, su cabello rubio húmedo de sudor. A menos
que pudiera encontrar técnicas de plantación tatuadas en sus brazos, no había razón
para seguir mirándolo, pero no había visto su cuerpo de cerca en años. Apenas se
parecía al muchacho con el que había crecido. Ese chico había sido delgado y alto. De
repente, el Chase de pie junto a mí era un hombre.

—¿Qué están haciendo ustedes dos? —preguntó, sacudiéndome de mi intensa


pelea con sus bíceps. Cuando le escudriñé hasta su cara, llevaba una sonrisa juguetona
y el brillo en sus ojos avellana me dijo que sabía exactamente lo que había estado
haciendo.

—Planeando mis sembradíos —contesté simplemente antes de mirar hacia abajo


en mi cuaderno.

Se inclinó para saludar a Harvey y el perro se volvió loco, lamiendo y moviendo la


cola ahora que su mejor amigo estaba en casa.

—Soy muy bueno con una pala si necesitas ayuda.

Me mordí los labios, preguntándome si tendría que aceptarlo.

—Harvey es bastante bueno cavando agujeros también —agregó.

Me reí y el sonido me sorprendió. Por un momento, olvidé el equilibrio del


universo, pero no duró. Chase y yo ya no eran amigos y tenía que permanecer así.

Me levanté del suelo y cerré mi cuaderno con un golpe.

—Voy a empezar la cena —dije antes de marcharme.

Quería que todo fuera sencillo, pero cada vez que le daba un poco más a Chase,
una risa o una sonrisa, sentía que la culpa me envolvía el cuello como una vid,
asfixiándome centímetro a centímetro.

Le envié un mensaje de texto a Trent cuando llegué a la cocina.

Lilah: Lamento haberme ido temprano hoy.

Trent: No hay problema. ¿Vas a la fiesta de Sasha este fin de semana?


Lilah: No había oído nada al respecto...

Trent: Bueno, ahora lo sabes. Te recogeré a ti y a Ashley en mi camino.

Balance restaurado.
Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

os primeros seis meses del embarazo de Hannah habían sido un esfuerzo


solitario. Había solamente un OB/GIN7 en Blackwater y le gustaba el
chisme, así que Hannah había investigado y había encontrado a un doctor
dos ciudades lejos en Deer Valley. Su mejor amiga siempre la acompañaba desde y
hacia el consultorio del médico, y fue en el viaje de regreso de su control de seis meses
que Elaine había anunciado sus noticias.

—Creo que estoy embarazada.

Hannah dejó caer la mandíbula. —¿¡Qué!? ¿Seriamente? ¿Con Chris?

Elaine puso los ojos en blanco. —Por supuesto con Chris. ¿Quién más...?

Hannah la cortó. —¿Has hecho una prueba?

Elaine miró por la ventana y sacudió la cabeza. —No.

Hannah no vaciló antes de reservar a Elaine una cita en el OB/GIN en Deer


Valley. Se sentaron juntas en una oscura sala de examen, la única luz que provenía de
la ventana delgada de la puerta y la antigua máquina de ultrasonidos que zumbaba
junto a la silla de examen. Hannah se paró a un lado, agarrando la mano de su amiga.
Elaine se quedó mirando el techo, atrapando solo fragmentos de la cita: la fría vaselina
que se deslizaba por su muslo, el papel raspado que cubría la silla de examen, la
silenciosa cadencia del doctor mientras explicaba que estaba escuchando los latidos del
corazón de su bebé primera vez.

7
OB/GYN – abreviatura de obstetricia y ginecología.
—Elaine, ¿escuchaste al doctor? Ese es el sonido del corazón de ella.

—¿Ella? —preguntó el médico, mirando a Hannah con una mirada incrédula.

Hannah sonrió y buscó su vientre creciente por instinto. —Oh, es solo que estoy
teniendo un bebé varón, así que pensamos...

El médico pulsó imprimir en la máquina de ultrasonido, interrumpiendo su


explicación. —Ella no sabrá el género durante unas semanas.

Hannah retrocedió. —Sí. Por supuesto.

El doctor encendió la luz en la sala de examen y Elaine parpadeó, tratando de


obligar a sus ojos a ajustarse al brillo. Le tendió una foto para que la tomara y se dio
cuenta de que estaba viendo a su bebé por primera vez... bueno, lo que ella asumió era
un bebé. Podría haber sido cualquier cosa para su ojo inexperto. El médico le dio
órdenes de vestirse y encontrarse con él en su oficina, pero Elaine permanecía inmóvil,
hipnotizada por los ecos residuales del latido del corazón de su bebé emparejado con la
imagen que tenía frente a ella. El hecho de que estuviera embarazada finalmente se
asentó; iba a ser una mamá. Ella apretó su mano sobre su estómago e intentó evitar
llorar.

—¡No puedo creer que ambas vamos a ser mamás! —Hannah estaba eufórica con
la noticia, rebotando alrededor de la habitación en una nube que Elaine no podía ver.
Tenía un sentido perfecto para ella. Eran almas gemelas, amigas, hermanas. Se
suponía que debían caminar por la vida brazo con brazo y eso incluía experimentar la
maternidad juntas—. Somos jóvenes, pero eso está bien. Nuestros hijos crecerán juntos
e incluso estarán en el mismo grado. Creo que estarán...

—Hannah —interrumpió Elaine—. ¿Crees que algunas mujeres no están


destinadas a ser madres?

Hannah se volvió y le lanzó a su amiga una mirada escéptica. —¿Qué quieres


decir?

Elaine frunció las cejas, eligiendo mirar fijamente un punto en el techo en lugar de
encontrarse con los ojos de su amiga. —¿Crees que alguien con mi pasado debería ser
realmente responsable de una pequeña vida? No tengo ni idea de lo que estoy haciendo
y mi familia no era el mejor ejemplo para aprender.

Hannah arrojó la ropa de Elaine a la mesa de examen y lanzó sus manos al aire.
¡Yo tampoco sé lo que estoy haciendo! Estoy embarazada de seis meses y estoy tan
confundida como tú. Cruzó la habitación y se agachó para agarrar la mano de su
amiga. Podemos hacerlo juntas. Tendremos el apoyo mutuo.

Elaine quería creerle. De las dos, Hannah era la eterna optimista, una proveedora
de esperanza y posibilidad. En un mundo perfecto, Hannah y Elaine serían grandes
madres y solo por esta vez, Elaine quería creer en un mundo perfecto.

Ella mantendría al bebé.


Traducido por Rosewin

Corregido por Candy20

uando terminé de salir con Brian después del segundo día en la escuela,
las luces del porche estaban encendidas en la casa de los Calloway. Entré y
quité mis zapatos sucios, escuchando cualquier sonido de vida. La
televisión estaba encendida en la sala de estar, pero nadie la estaba viendo. Ya había
cenado en la casa de Brian, así que pasé por alto la cocina y me dirigí a la escalera,
oyendo los débiles sonidos de música tan pronto como llegué a la cima.

Lilah estaba en su habitación con la puerta entreabierta y cuando la vi, me detuve


en seco. Estaba sentada en el centro de su cama queen con su tarea extendida frente a
ella. Tenía el cabello húmedo y apartado de su cara. Llevaba una de las camisetas
gigantes de su padre de béisbol de Blackwater, y poniéndose directamente al lado de
ella, y pareciendo muy feliz por ello, estaba Harvey.

Golpeé suavemente la puerta y la abrí otros centímetros. Ella se detuvo de hojear


su libro de texto y miró hacia arriba.

—Hola —ofrecí, fríamente.

Connor pensó que ella parecía un vampiro sexy, pero esta siempre fue la mejor
versión de Lilah. Solo ella.

—Hola —dijo, mirando a Harvey y luego a mí.

El perro ni siquiera hizo un movimiento para saludarme. Estaba muy contento de


quedarse donde estaba. Traidor.
Palmeé mi muslo. —Harvey, vamos, necesitas cenar.

No se movió.

Lilah puso una mano tentativa sobre él. —Ah, jum, no sabía cuándo estarías en casa
así que le di de comer. Fue la misma cantidad que te vi darle de comer esta mañana.

Me relajé contra el marco de la puerta.

—Lo siento si eso estuvo mal. Simplemente no quería que tuviera hambre
continuó.

Cuatro oraciones. Prácticamente un párrafo de texto. No me había dicho mucho


desde que se había mudado. Podía alimentar a mi perro todos los días si eso
significaba que empezaría a dejarme entrar de nuevo.

—Gracias —dije, ofreciéndole una sonrisa para que supiera que lo decía en serio.

Sus ojos marrones sostuvieron mi mirada por otro momento antes de golpear el
borrador del lápiz en la página de su libro.

—Será mejor que vuelva al trabajo —dijo.

—¿Necesitas ayuda? —pregunté, mirando el conjunto de cálculo que estaba


haciendo.

—Oh. —Hizo una pausa, como si estuviera confundida por mi pregunta, y


entonces sus ojos se encontraron con los míos—. No, en realidad, estoy avanzada.

Sonreí. Por supuesto que estaba avanzada. Quería salir de esta ciudad lo antes
posible.

Golpeé mi mano en la puerta, luego me dirigí a mi habitación para trabajar en las


cámaras. La caja debajo de mi cama estaba prácticamente desbordada con ellas. Había
tenido planes de reparar a un grupo de ellas durante las vacaciones de invierno, pero la
mudanza se había puesto en el camino.

Me arrastré a través de ellas, haciendo todo lo posible para crear un sistema


organizado de triage. Algunos de ellos solo necesitaban un trabajo menor: lentes de
repuesto o ajustes del telémetro. Desenvolví esas cámaras y las alineé en el pequeño
escritorio en la esquina de la habitación.
Las cajas de la señora Calloway estaban todavía apiladas al lado del escritorio,
pero las ignoré y tiré de mi caja de herramientas de debajo de la cama también. No era
el espacio de almacenamiento ideal, pero la habitación era demasiado pequeña para
guardarlas en cualquier otro lugar. Lo había aprendido la primera noche, cuando las
había dejado al pie de mi cama y había golpeado el dedo de mi pie con la caja de
herramientas de duro metal en medio de la noche.

Una vez que mis herramientas fueron organizadas en filas ordenadas, tomé un
asiento y comencé a trabajar. Había intentado que Connor y Brian repararan cámaras
conmigo. El pago les había interesado, pero ninguno de ellos le encantó la forma en
que lo hacía. Creo que fue la aleatoriedad de ello que lo consiguieron. Cada cámara
era diferente y no había ninguna fórmula simple a seguir.

Terminé de limpiar una vieja Canon y luego recogí mi teléfono para llamar a mi
papá. No era uno de los números que llamaba a menudo, así que me desplacé a través
de los contactos y me moví sobre las D. Él no había estado en casa cuando yo había
empacado mi camioneta y salido de la casa el sábado. Me había imaginado que habría
llamado por ahora, viendo que no había estado en casa durante los últimos cuatro días,
pero no había habido nada más que silencio de radio.

Llamé, mantuve mi teléfono entre mi hombro y la oreja, y seguí trabajando en la


Canon. Sonó una docena de veces y luego un correo de voz genérico comenzó. Colgué
y probé el taller de reparación. Nadie respondió allí tampoco, y cuando el contestador
automático llegó, estaba demasiado lleno para aceptar cualquier mensaje nuevo.

Tiré mi teléfono sobre mi cama detrás de mí y volví a trabajar en la Canon. Cinco


minutos más tarde, estaba demasiado rota para arreglarla. Había perdido el control del
destornillador y destrozado la lente. Arranqué los cables y abrí el corazón de la cosa,
apuñalándolo hasta que estuvo casi irreconocible.
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

or los primeros dos días de regreso a la escuela, Chase ha insistido en


caminar junto a mí a la escuela. Podía apresurarme, frenarme, girar a la
izquierda cuando debía girar a la derecha, y aun así allí estaría él. Hablaba
todo el tiempo, incluso cuando yo reproducía mi música, y no podía soportar otro día
de eso. Puse mi alarma para las 4 a.m. para el miércoles a la mañana y empujé mi
teléfono debajo de mi almohada así Chase no oiría el estrepitoso ruido que me
despertaría. La última cosa que necesitaba era más tiempo con él antes de la escuela.

Tenía tres horas hasta la primera campana, y la tienda de café en la plaza pública
no habría hasta las 7 a.m. Froté mis ojos para alejar el sueño y caminé alrededor de la
plaza, tratando de encontrar una distracción. La plaza imitaba el patrón encontrado en
la mayoría de las ciudades pequeñas de Texas: tiendas y restaurantes bordeando el
perímetro, y precisamente en el medio de un medio acre de césped verde se posaba un
ayuntamiento hecho de ladrillos de caliza entretejidos. Años atrás, el escultural edificio
había alojado gobernantes de la ciudad, pero ya no. Costaba demasiado para
mantenerla, así que la ciudad había comenzado a alquilar el primer y segundo piso
para una oficina de abogados y una empresa de propiedades de bienes raíces. Los
negocios saltaron al espacio de la principal oficina, y Blackwater no tuvo que sellar su
ayuntamiento.

Las luces de la calle se avecinaban encima, arrastrando cada insecto volador


dentro de un radio de 100 millas. Deambulé alrededor de la plaza, disfrutando la paz y
el silencio. Amaba caminar alrededor de mi pequeña ciudad en las horas matutinas;
eso significaba que podía vagar libre de miradas compasivas y evidentes susurros. Todos
en la ciudad conocían mi pasado y todos estaban ansiosos por verme regresar, no
porque ellos podían darme la bienvenida de regreso con los brazos abierto, sino porque
necesitaban a alguien para compadecerse, alguien que tuviera una vida peor que la de
ellos. Un radiador averiado parecía manejable cuando lo comparabas con una madre
muerta.

Pasé caminando junto a las vidrieras con maniquís bien vestidos y una nueva
tienda de velas que había abierto mientras yo había estado en Austin. Mi paseo sin
dirección eventualmente terminó fuera de la tienda de reparaciones de Matthews. El
viejo cartel rojo en la ventana leía “Cerrado” y estaba inclinado fuera de equilibro, como si
alguien hubiera estado apresurado de voltearlo e irse. Fuera de la entrada, apilada
sobre la acera contra la puerta frontal, había una media docena de cajas y paquetes
dejados sin reclamar.

Polvo y suciedad se habían acumulado a través de las cimas de las etiquetas de


correo, así que limpié algo de eso a un lado para confirmar que todas estuvieran
dirigidas al señor Matthews. Claramente habían estado establecidas allí fuera por varios
días, pero nadie se había molestado en robarlas, lo que no hablaba altamente del índice
de crimen en nuestra pequeña ciudad; sin embargo, más bien hablaba pobremente de
la cantidad de tráfico a pie que la plaza pública usualmente producía en cualquier día
de estos. La mayoría de las tiendas no permanecían abiertas mucho más que varios
meses; la tienda de reparaciones de Matthews era una rara excepción.

Miré alrededor para confirmar que la plaza aún estaba desierta y entonces volteé
para revisar el bloqueo en la puerta. El señor Matthews usaba un simple candado de
cable y cuando iluminé la luz de mi teléfono a la cerradura, descubrí por qué. Había
una llave rota dentro que nunca se había molestado en sacarla. En su lugar, había
anudado un candado de cable entre la manija de la puerta y un gancho sobre el marco
de la puerta. Parecía como el trabajo de un demasiado astuto niño de ocho años
intentando mantener a sus padres fuera de su habitación. Cualquiera con un alicate
podría romper a través del cable.

Traté dos combinaciones en el seguro; el primero fue el cumpleaños de Hannah, y


el segundo fue el cumpleaños de Chase. El seguro estalló abierto con el segundo
intento y jalé la puerta para abrirla, cubriendo mis oídos en anticipación de una
estridente alarma. Por supuesto que no tiene una alarma, esto es Blackwater. La tienda
permaneció en silencio mientras trabajaba rápidamente empujando las cajas y paquetes
al interior. Fui cuidadosa de no dañar nada, pero mientras retrocedía y admiraba mi
trabajo, no estaba feliz. Las cajas estaban apiladas al azar sobre el tapete de bienvenida
dentro del marco, y más que posible, el señor Matthews aterrizaría en ellos cuando
llegara al trabajo en algunas horas. Suspiré, revisando alrededor de mí una vez más, y
entonces caminando dentro de la tienda.
Se sintió como caminar dentro de un antiguo recuerdo. El olor me golpeó justo de
regreso, esa lenta descomposición de la vieja alfombra, pintura astillada, y filtros de
aire que necesitaban reemplazarse. La tienda estaba desnuda y fea, pero las tiendas de
reparaciones no se suponen que sean bonitas.

Comencé la ardua tarea de arrastrar las pesadas cajas de la entrada a la pequeña


área detrás del mostrador. Las apilé de la más pesada a la más ligera y las empujé fuera
del camino, en un rincón. Pensé sobre dejar una nota adhesiva explicando cómo
irrumpí y dejé las cajas, pero eso solo conduciría a más preguntas. Él no necesitaba
saber que fui yo quien metió las cajas al interior. En cualquier caso, quizás lo
convencería de finalmente poner un seguro apropiado en su puerta frontal.

Cuando terminé, volteé para irme y capturé el vistazo de un pequeño marco de


foto junto a la caja registradora. Los colores estaban desvanecidos y un tinte amarillo
había comenzado a arrastrarse cerca de las esquinas, pero reconocí a los chicos en ella
de inmediato. Era una foto mía y de Chase cuando éramos pequeños niños. Era una
terrible toma, fuera de foco y disparada demasiado cerca para distinguir algo más que
nuestras sonrisas desdentadas. Chase había perdido cuatro dientes y yo tenía suciedad
embarrada a través de mi mejilla. Él estaba apretando mi rostro contra el suyo y yo
estaba riendo, mis ojos apretados cerrados y mi sonrisa grande y llena de dientes.

Recogí la foto del mostrador y la metí en mi mochila antes de dejar la tienda.


Traducido por LittleCatNorth

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ada viernes, el señor Jenkins repartía un conjunto de problemas con un


coro de gemidos pre-planeados. Él nos retaba a propósito. El conjunto de
problemas era siempre basado en el material que había explicado más
temprano en la semana y usualmente tomaba todo el periodo completarlo. Había
olvidado advertirle a Lilah que trajera su calculadora gráfica a clases, pero para el
momento en que saqué la mía para que ambos la compartiéramos, ya había deslizado
una pieza de papel a través de la mesa. Era el conjunto de problemas, completo con
todo lo de su trabajo mostrado paso por paso.

—¿Cómo lo hiciste tan rápido? preguntó Connor con los ojos amplios.

Ella se inclinó para recuperar un libro de textos de su mochila. —Él anunció las
preguntas en el sitio web de la clase anoche.

—Dulce dijo Connor, agarrando su lápiz así que él podría comenzar a copiar
sus respuestas sin duda.

—Sabes que se suponía que trabajáramos en ellos juntos dije, osando una mirada
en su dirección.

Ella estaba girando las páginas a través de sus libros de física, volteando hacia la
sección de electricidad y magnetismo que no se necesitaba comenzar por otras dos
semanas.
—Sí, bueno, no soy realmente el tipo de chica de proyectos en grupo,
especialmente cuando puedo resolverlos todos yo misma.

Sonreí y sacudí mi cabeza. —Casi todos...

Sus pálidos ojos se deslizaron a los míos mientras trataba de estimar si yo estaba o
no engañándola.

—Tienes mal el número uno. Está bien pedir ayuda…

Sus cejas se fruncieron mientras alcanzaba a través de la mesa y arrancaba el


conjunto de problemas fuera de la mano de Connor.

—¡Oye! ¡Estaba copi… er, revisando eso!

—No está mal protestó, escaneando su trabajo.

—Olvidaste contar la energía perdida en la fricción. Dice que podíamos pasar por
alto la resistencia del aire, no la fricción.

Ella escaneó la explicación del problema, gimió, y entonces alcanzó su lápiz así
podía comenzar a borrar su trabajo. Connor siguió adaptando, y pronto Lilah y yo
estábamos trabajando juntos para derribar los problemas. Yo leería el problema,
descubriría que ecuación usar, y Lilah confirmaría mi suposición o discutiría su punto.
Connor ofreció apoyo demasiado entusiasta y copió cualquier cosa que escribimos.
Incluso sin su ayuda, fuimos el primer grupo en terminar.

El señor Jenkins nos estudió sobre el marco de sus gafas mientras dejamos caer los
papeles sobre su escritorio.

—Manténganse en silencio mientras los otros estudiantes terminan dijo antes de


regresar a calificar.

Lilah regresó a su libro de texto tan pronto como alcanzamos nuestros asientos,
pero estaba demasiado ansioso para continuar trabajando; había solo quince minutos
hasta el fin de semana.

Aparentemente, Connor se sentía de la misma manera, porque se inclinó hacia el


frente y trató de conseguir la atención de Lilah al otro lado de la mesa.

—Psst, Lilah.
Lo ignoró y giró la siguiente página de su libro de texto.

—Lilah, tengo dos preguntas para ti.

Finalmente, miró arriba.

—¿Cuál es tu color favorito?

Ella sonrió. —El color de la anticipación con avidez a tu segunda pregunta.

Reí en voz baja, pero Connor empujó adelante a toda máquina.

—Eso no es un color. ¿Por qué te fuiste de Blackwater?

Idiota. Lo pateé bajo la mesa. Él había estado rogándome sobre detalles sobre Lilah
toda la semana. Se sentía como todos estuvieran en un secreto excepto él. Debía
haberle dicho que sabía que él intentaría ir directo a la fuente. Volteé hacia Lilah,
esperando que se encontrara completamente callada, pero se encogió de hombros
como si su pregunta no significara nada en lo absoluto.

—Es una vergüenza dijo, marcando sus libros de texto con su lápiz. Una parte
de mí esperaba que fueras mejor para hacer preguntas que respondiéndolas.

La campana sonó y antes de que pudiera intentar suavizar el error de Connor,


Lilah guardó su libro de texto en su bolso y caminó fuera sin mirar atrás.
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

onnor tenía mucho que aprender. Quería conocer el secreto sobre el que
cada estudiante estaba susurrando en los corredores, pero no iba a
aprenderlo de mí. Los secretos no eran transmitidos en conversaciones en
voz alta; ellos eran susurrados en los corredores entre clases como un producto. Un
secreto por un secreto. Si se hubiera acercado a mí en el corredor antes de clases con
un buen cambio, quizás se lo habría dicho. Podía haberlo entretenido con el miserable
cuento entero, pero sabía que no tenía ningún buen secreto. Sería un desperdicio de
recuerdos. Él solo tenía que preguntarle a alguien más.

Tan pronto como caminé fuera de física, me dirigí hacia la salida más cercana y
saqué mis audífonos de mi mochila.

—¡Lilah!

La voz de Chase estalló sobre el parloteo cerca del estacionamiento. Los


estudiantes estaban esperando por sus aventones para recogerlos en el bordillo, pero
corté a través de ellos sin detenerme.

—¡Lilah!

Maldije en voz baja y volteé a tiempo para ver a Chase corriendo para alcanzarme.
Él había dejado a su grupo de amigos atrás, dos sujetos del béisbol y varias animadoras y
ellos permanecieron mirándolo con expresiones impresionadas. Crucé mis brazos
sobre mi pecho mientras mi mirada encontraba la de Kimberly. Por un breve segundo,
no estaba segura de qué expresión vi detrás de sus cristalinos ojos azules, pero entonces
ella sonrió y me ofreció un pequeño saludo.

La saludé de regreso justo cuando Chase cayó en mi línea de visión. Su rebelde


cabello rubio estaba levantado en cada dirección, su pecho escondido debajo de una
ajustada camiseta blanca. Sus ojos estaban bloqueados sobre mí y su sonrisa; esa
sonrisa que relajaba mi mundo, era genuina sin esfuerzo. Me había sentado junto a él por
los últimos cuarenta y cinco minutos y lo había evadido exitosamente. Ahora, era
demasiado tarde.

—¿Qué estás haciendo? pregunté, mi tono más duro de lo que pretendí.

—Estoy caminando a casa contigo. Tiró de su mochila, reacomodándola sobre


sus hombros. No hay prácticas los viernes.

—Tus amigos probablemente no están felices con que los botes dije, volteando
hacia la acera, sabiendo que él caerá en el lugar junto a mí.

—Bueno, tú eres mi amiga más antigua, así que tú tienes máxima prioridad.

—¿Prioridad? pregunté con un cuestionador ceño fruncido.

—Sí. Privilegios de caminar a casa premium. Es un punto codiciado.

—Bueno, odiaría alejar eso de alguien que realmente lo quiere dije, presionando
reproducir en mi iPod.

No podía oír su respuesta, pero mi música no fue lo suficientemente fuerte para


ahogar su sonrisa.
Traducido por Rosewin

Corregido por Candy20

o quería caminar a casa con Chase. No quería estar en el umbral de mi


habitación, mirando a su puerta en la oscuridad. La noche anterior, casi
había llamado para preguntarle si necesitaba a alguien con quien hablar, si
todavía echaba de menos a su madre tanto como yo a la mía, pero ese pasillo estaba
bloqueado con los alambres de púas de nuestro pasado y no podía evocar el coraje para
superarlos.

—¿Es eso lo que estás llevando? —preguntó Ashley, sacándome de mis


pensamientos. Me senté en su habitación, viéndola prepararse para la fiesta a la que, a
regañadientes, había aceptado asistir con ella y con Trent.

Eché un vistazo a mis vaqueros ajustados y camiseta Black Keys. La camiseta era
cómoda y se ajustaba bien a mi cuerpo. No había pensado en la fiesta cuando me había
vestido esa mañana antes de la escuela, pero tendría que hacerlo.

Miré a Ashley y me encogí de hombros. —No es que tenga tiempo de ir a casa y


cambiarme.

Ella buscó en su armario y sacó una minifalda de cuero negro. —Aquí, ponte esto
al menos.

Lo atrapé mientras me la arrojaba y decidí que explorar y usar la falda sería más
fácil que pelear sobre ello. Tuve que elegir mis batallas con ella. Ya estaba molesta
cuando le dije que había terminado de tomar Molly.
—¿De dónde sacaste esas píldoras de todos modos? —pregunté mientras
desabroché mis vaqueros y me metí en la falda. Ojalá tuviera una o dos pulgadas más
de tela, pero solo la jalé hacia abajo y luego anudé mi camisa por encima de mi cintura
por lo que parecía un conjunto intencional. Pasé mi mano por la rendija de mi
estómago expuesto, luchando contra una curiosidad intrusiva: ¿cómo sería tener las
manos de Chase allí?

—No lo recuerdo. Un tiempo atrás las conseguí. Todavía voy a tomar una, incluso
si tú no estás —amenazó mientras colocaba su máscara en el espejo del baño.

—Sé mi invitada —dije, haciendo una nota mental para rastrearla en la fiesta.

—¿Alguna actualización sobre Chase? ¿Acaso su santidad se molesta en reconocer


tu presencia?

—Él se mantiene para sí mismo —mentí.

Ella dejó caer su máscara en el mostrador y luego giró hacia mí. Había rehecho las
mechas rosadas en su cabello rubio ese mismo día para que fueran aún más vibrantes.
Me concentré en ellas mientras hablaba.

—Simplemente no veo cómo puedes vivir cruzando el pasillo frente de él. Eso
sería tan extraño.

Sus palabras estaban raspando las costras que no estaba lista para recoger. —Lo
que sea. ¿Estás casi lista? Trent nos recoge en cinco minutos.

Chasqueó sus labios y extendió la mano para tomar una bolsa de pastillas blancas
de su bolso.

—Es hora de liar —dijo antes de meter dos en su boca.

La vi tragarlas e intenté librarme de los pensamientos de mi madre rasgando su


camino al frente de mi mente. ¿Por qué era tan difícil para ella darle un alto? Vi a
Ashley inhalar esas píldoras y no sentí ningún deseo de unirme a ella. Si era tan fácil
para mí rechazarlas, ¿por qué mi madre nunca pudo manejarlo?

—Última oportunidaaaad —anunció Ashley, sacudiendo la pequeña bolsa. Tuve


que luchar contra el impulso de agarrarla y tirar las pastillas por el inodoro—. ¿Estás
segura de que no quieres un poco?

Salí de su cama y me dirigí a la puerta. —Positivo.


—Muy bien, señorita Priss.

Mi teléfono zumbó en mi mano antes de que pudiera responder.

Trent: Fuera.

Perfecto.

—Trent acaba de llegar. Voy a la cabeza —dije, dejando su habitación antes de


que ella pudiera seguirme. Me dirigí hacia fuera para encontrar a Trent sentado detrás
del volante de su Camry plateado. Su amigo Duncan se sentaba en el asiento del
acompañante a su lado. Duncan tenía algo con Ashley... o, cómo ella lo explicó: “les
gustaba estar juntos mientras estaban borrachos”.

—Te ves sexy, nena. —Trent silbó mientras yo saltaba hacia el asiento trasero.
Duncan se giró para inspeccionarme y su sonrisa me dio ganas de vomitar. Me recordó
a una serpiente con los pómulos hundidos y barbilla que se afilaban en un ángulo
agudo.

—Sí, Calloway —añadió Duncan—-. Realmente has entrado en tu propia piel


desde que te fuiste.

Su oscura mirada tenía una forma de hacer que mi piel se erizara.

Cambié mi mirada a Trent y lo miré. Una andrajosa camiseta cubría su delgada


constitución y su cabello negro azabache colgaba sobre su frente, deliberadamente
desaliñado. Me lanzó una sonrisa torcida y sus ojos oscuros sostuvieron los míos.

—¿Dónde está Ashley? —preguntó con una ceja arqueada, golpeando con los
dedos el volante con impaciencia.

Me encogí de hombros. —Se suponía que venía detrás de mí.

Duncan se frotó las manos con avidez. —Será mejor que traiga a Molly con ella.
Me conecté con Sasha la semana pasada y no puedo enfrentarla a menos que me
jodan.

Lo ignoré y me volví para mirar por la ventana. Mordí el interior de mi mejilla y


me encontré deseando estar con otro grupo de personas, o mejor aún, en casa leyendo
con Harvey.
Unos minutos más tarde, Ashley finalmente cayó en el asiento trasero con dos
botellas de agua en sus manos.

—Lo siento, tuve que asaltar el armario de licor de mis padres. Sasha siempre se
agota —dijo, sacudiendo las botellas de agua, que luego me di cuenta de que estaban
llenas de vodka, no de agua.

—Muy bien —comentó Duncan, cogiendo una de las botellas y tomando un trago.

Trent encontró mis ojos en su espejo retrovisor y me dio una pequeña sonrisa. Me
encogí de hombros y sonreí, rezando para que fuera un aliado. Si Duncan y Ashley
estaban ebrios y drogados, serían un desastre.

Sasha Olsen era una estudiante de tercer año en nuestra escuela con padres muy
ricos, muy negligentes. La dejaban cada pocos meses para irse a algún lugar exótico, y
aprovechaba la oportunidad para hacer fiestas en su residencia en las afueras de la
ciudad. Trent explicó que había aumentado su juego aún más mientras yo había estado
ausente. Había generalmente una hoguera y unos pocos barriles, y a diferencia de otras
fiestas alrededor de nuestro pueblo, las fiestas de Sasha no eran exclusivas a una
hermandad. Todos en nuestra escuela eran bienvenidos.

Cuando llegamos a lo largo de la línea de autos que estaban estacionados fuera de


su residencia, sabía que la fiesta iba a ser enorme. Había casi un cuarto de milla de
autos por delante. Los cuatro comenzamos la caminata hasta su casa, pasando
adolescentes borrachos como íbamos.

Trent se puso junto a mí, rozando su mano a lo largo de la piel desnuda entre mi
camisa y mi falda. Su toque era cálido, pero me recordó a Chase. ¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué de repente era imposible olvidarlo? Intenté sacarlo de mi mente, pero sabía que
estaría en la fiesta.

La música de la casa se hizo más fuerte mientras avanzábamos por el sendero de


adoquines. Trent me mantuvo cerca de su lado mientras saludaba a la gente que
pasábamos.

—¿Qué pasa? —pregunté, mirando hacia abajo a su mano sujetada alrededor de


mi cintura.

Me dirigió una sonrisa confiada. —Simplemente te ves tan bien, no quiero que te
vayas volando por otro tipo.
Yo no había estado esperando una respuesta tan honesta de él y por alguna razón
no me sentó bien. No quería salir con Trent, apenas lo conocía, pero ceder era más
fácil que pelear contra él, y molestarlo significaría que no tendría viaje de vuelta a casa.

Entramos y él se inclinó para susurrar en mi oído.

—¿Quieres un trago?

En ese momento miré a través de la habitación e hice contacto visual con Chase
apoyado contra el mostrador de la cocina. Estaba rodeado de amigos, pero sus ojos de
color avellana estaban sobre mí y sus cejas estaban arqueadas en pregunta.

Mi primer instinto fue empujar a Trent tan lejos de mí que nunca más volvería,
pero me quedé allí, completamente quieta, esperando que la vida continuara como
estaba planeado. Se sentía como si estuviéramos colgando allí mirándonos uno al otro
durante horas, hasta que finalmente Kimberly empujó el lado de Chase y se puso de
puntillas para susurrar en su oído.

Verla allí se sentía como un puñetazo al estómago y tuve que luchar contra el
impulso de doblarme hacia adelante y agarrar mis rodillas hasta que la sensación
pasara. Conté hasta tres. Uno. Chase y yo solíamos ser amigos, pero ya no somos más. Dos.
Kimberly estaba allí para él cuando yo no podía estarlo. Tres. Estoy aquí con Trent y él está
aquí con ella. Hecho.

—¿Me oíste Lilah? ¿Quieres un trago? —preguntó Trent de nuevo.

Sacudí la cabeza. —¿Quieres salir? —le pregunté, volviéndome hacia nuestra


pequeña banda de inadaptados.

Ashley y Duncan estaban tomando turnos bebiendo de las botellas de agua de


vodka. Estarían completamente perdidos en treinta minutos o menos.

—Deberías traerme un poco de agua, Ashley.

—Gracias, madre, pero estaré bien. —Puso los ojos en blanco y se volvió hacia
Duncan quien la arrastró hacia un beso descuidado. Quería estrangularlos, pero me
tragué mi molestia justo cuando una mano tocó mi hombro. Era demasiado fuerte y
familiar para ser de Trent.

—Lil, ¿podemos hablar un momento?


Me volví para ver a Chase de pie junto a Trent, elevándose sobre él unos
centímetros. Odiaba verlos tan juntos. Era imposible no compararlos y sabía que Trent
nunca se amontonaría. Chase podría haber sido más guapo con sus estilo clásicos de
chico de oro, pero no se trataba de eso. Chase era mi infancia, mis recuerdos y mi
felicidad… cosas que me preocupaba que nunca volvería.

—¿Lil? —repitió Trent mi apodo, probándolo por primera vez con una ceja
fruncida.

Chase sonrió. —La he llamado así desde que éramos niños —aclaró, soltando mi
hombro al mismo tiempo que Trent rompía su conexión con mi cintura.

—Estaba a punto de conseguir una bebida para Lilah —dijo Trent cruzando los
brazos sobre su pecho.

Chase entrecerró sus ojos por un momento. —Momento perfecto entonces, gracias
amigo.

Asentí con la cabeza hacia Trent, incapaz de encontrar palabras para ocultar la
torpeza.

Caminamos más allá de Trent hacia el patio trasero. Pude ver la hoguera a través
de las ventanas y justo antes de abrir la puerta trasera, vi el reflejo de Chase en el
cristal. Su rostro estaba enfocado, afilado. Sus ojos no tenían el humor que usualmente
tenían.

Cuatro troncos masivos estaban dispuestos en el suelo, enmarcando la hoguera.


Estarían completamente cubiertos con los espectadores más tarde, pero por ahora
estaban vacíos y esperándonos. Me sostuvo la puerta y luego presionó su mano contra
la parte baja de mi espalda para llevarme hacia el fuego. Uno de los dedos de Chase se
deslizó más allá de la tela de mi camiseta y envió un escalofrío por mi espina dorsal.
Respiré profundamente y me alejé de su mano para sentarme en uno de los troncos
masivos, al mismo tiempo, aliviada y triste por perder el contacto.

Estiré mis piernas y crucé los pies mientras Chase se sentaba a mi lado.

El silencio colgó entre nosotros mientras esperaba que hablara primero. Cuando
no lo hizo, mordí la bala.

—¿Por qué querías hablar conmigo?


Miré arriba para de verlo viendo la hoguera. La sombra de las llamas bailaba sobre
sus rasgos.

—¿Por qué estás con Trent?

—No lo estoy.

Gruñó con incredulidad.

—No estamos saliendo. Solo quiere dormir conmigo. No es que sea asunto tuyo.

Chase maldijo entre dientes y se inclinó para apoyar sus antebrazos en las piernas.
Sus manos estaban apretadas tan fuertemente que sus nudillos se volvieron blancos.

—No deberías hacer preguntas si no puedes manejar las respuestas —escupí con
los ojos entrecerrados.

Sacudió su cabeza. —Él no es suficiente para ti.

—No estoy pidiendo nada más.

—Deberías hacerlo.

Me incliné hacia delante para emparejar su postura y dejamos que el silencio nos
envolviera una vez más. Hacía tanto tiempo que no nos sentábamos juntos. Se sentía
como si estuviera tomando un viaje por el carril de la memoria y la comodidad sacó
preguntas fuera de mí que no había pensado durante años.

—¿Por qué no estás tan dañado cómo yo, Chase? ¿Después de todo lo que ha
pasado?

El borde de la boca de Chase se curvó hacia el cielo. —No estás dañada.

Miré hacia otro lado.

Él continuó—: Decidí hace mucho tiempo vivir solo en el momento, olvidar el


pasado y simplemente existir en este —Señaló el suelo—, momento exacto. Créeme,
no es fácil. Tengo un padre que no puede estar sobrio para criarme y tuviste una madre
que no podía estar sobria para criarte.

Me mordí el labio, escuchando sus palabras y preguntándome si alguna vez podría


aplicarlas a mi vida. —Somos un regular después de la escuela especial.
Finalmente, me miró. —Sí bueno, esta es la vida. No todo el mundo tiene un final
feliz.

Me reí tristemente. —Entonces, ¿por qué insistes en tratar de darme uno?

Se tomó un momento para responder a mi pregunta, pero cuando lo hizo, escuché


cada sílaba lo más cuidadosamente posible. —Sería una lástima que todo este revuelo
fuese en vano. ¿No lo crees?

Me quedé mirando el fuego y asentí, dejando que sus palabras se hundieran antes
de hablar de nuevo. —¿Y si he superado el punto de retorno?

Sus ojos avellana escudriñaron mi rostro. —No lo estás. Solo necesitas un poco de
ayuda.

Rodé mis ojos. —¿Y crees que serás la persona que me ayudará?

Él sonrió y se inclinó para que yo captara el olor de su colonia. —Definitivamente


puedo hacer un mejor trabajo que Trent.

Mis ojos cayeron sobre sus labios mientras él se inclinaba, peligrosamente cerca.
La mitad de sus rasgos estaban iluminados por la luz del fuego y la mitad de ellos se
proyectaban en sombras. Era una imagen peligrosa: Chase inmerso en la oscuridad
para ayudar a tirar de mí a la luz.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté con un suspiro tembloroso. Quería que me


besara, para terminar de inclinarse hacia delante y presionar sus labios contra los míos.
Eso habría robado mi aliento, lo sabía.

—Oye Chase, Kimberly necesita tu ayuda —llamó una voz desde la puerta de
atrás, interrumpiendo nuestro momento. Levanté la vista para ver a Connor parado en
la puerta, esperando a que Chase se levantara. Sus ojos se movieron hacia mí y él se
encogió de hombros disculpándose.

Por supuesto Kimberly lo necesitaba.

Cerré mis ojos y construí la realidad a mi alrededor. Cualquier esperanza de que


Chase y yo termináramos juntos estaba basada en la ilusión.

—El deber llama —dije, levantándome del tronco y alejándome de la hoguera. Era
el primer momento real que había tenido con Chase en dos años y yo había estado tan
cerca de dejarlo entrar de nuevo, tan cerca de cerrar la brecha entre nosotros y besarlo
sin sentido. Pero Chase lo había dicho mejor: esta era nuestra historia y los finales
felices son pocos y distantes entre sí. Siempre nos moveríamos en direcciones opuestas;
después de todo, él era el chico de oro, y yo era la chica perdida.
Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

i a Lilah volver adentro y sentí su alejamiento incluso más rápido que


antes. Cuando había llegado con Trent, me había movido hacia ella sin un
propósito. Yo había tocado su mano, y había mencionado su viejo apodo
como si estuviera tratando de refrescar su memoria.

Había logrado alejarla de Trent por unos pocos minutos y supe que me estaba
metiendo a través de ella, pero no era suficiente. Necesitaba más tiempo.

Me paré y pasé mis dedos por mi cabello, conteniendo un gemido molesto.

—¿Estabas a punto de conseguirlo con Lilah? —preguntó Connor con una sonrisa.

Lo empujé, duro. —Te lo estás ganando.

Sus ojos se ampliaron y sostuvo sus palmas hacia arriba en señal de redención, yo
nunca le había gritado así. —Guau, como sea hombre. Solo ven a ayudar. Kimberly
está borracha y vomitando en el baño. Sigue preguntando por ti.

Cuando caminé al interior de la casa escaneé la habitación por Lilah, pero no


estaba en la sala de estar, lo que significaba que probablemente estaba en algún lugar
con Trent. Cerré mis manos y seguí a Connor.

Encontramos a Kimberly en el baño principal, inclinada sobre el inodoro con su


cabello rubio derramándose a su alrededor. Cuando nos escuchó entrar, se volteó hacia
mí con una sonrisa atontada.
—¡Chase! ¡Viniste! —exclamó antes de romper en un ataque de risa. Brian se sentó
detrás de ella en el borde de la bañera, luchando consigo mismo. Él la miró con ojos
preocupados, lo que se magnifica por el hecho de que él ha tenido una cosa por
Kimberly durante tanto tiempo como puedo recordar.

—¿Cuánto tomaste esta noche, Kimberly? —pregunté.

—¿Vasos reales o solo los pequeños? —Se rio tontamente antes de comenzar a
contar las bebidas con sus dedos. Cuando pasó una mano, sacudí mi cabeza.

—Brian, ¿crees que podrías llevarla a casa? —pregunté.

Sus ojos se iluminaron y salió disparado de la bañera. —Sí, claro.

Ella empujó su labio inferior hacia afuera. —No. No. ¡Quiero que tú me lleves!

Brian caminó de regreso a la bañera, herido por su rechazo. Había sabido desde el
principio que fue un error salir con Kimberly. Cada vez que algo comenzaba entre
nosotros, trataría de decirme que tenía sentimientos por ella. Fui lo suficientemente
estúpido como para usarla como una distracción, esperando que mis sentimientos
eventualmente se pusieran al corriente con los de ella, pero nunca pasó. Era
inteligente, hermosa y amable, pero no era Lilah.

Era momento de poner fin para siempre. —No me voy a ir todavía. Necesito
encontrar a Lilah.

Kimberly no era tonta, incluso en su estado de ebriedad se dio cuenta de lo que


quise decir.

Dejo que su labio inferior se deslizara sobre sus dientes y miró de vuelta hacía
Brian. —Está bien, Brian, ¿te importaría llevarme a casa? —Sonrió— ¿Por favor?

Brian, ileso de su rechazo anterior, parecía como si justo hubiera ganado la lotería
diez veces. —¡Seguro! Sí, déjame ir a buscar mi auto. Nos vemos en el frente, chicos.

Salió disparado del baño, dejándome solo con Kimberly. Me le acerqué para
ayudarla a ponerse de pie y lanzó su peso contra mí. Coloqué su brazo alrededor de mi
hombro y envolví mi mano alrededor de su cintura así podía cargar con algo de su
peso. En el segundo que salimos del baño, comenzó a reírse de nuevo.

—Debería haber sabido que nada había cambiado. Tú amas a Lilah taaaanto. Es
tan lindo. Sabes que ella es muy agradable y trata de esconderse con todo el cabello
negro, pero sigue siendo tan bonita. Me pregunto si querría ser mi amiga de nuevo
siguió divagando y no pude evitar sonreírle. Al menos era una borracha burbujeante.

Habíamos llegado a la mitad del camino a través de la sala de estar cuando miré
hacia arriba y vi a Lilah de pie con Trent contra la pared. Su brazo la estaba
enjaulando en un lado mientras él se inclinaba para hablarle, pero ella no lo estaba
viendo. Sus ojos estaban trabados en mí y en Kimberly. Miró a Kimberly sonriéndome
y luego su mirada cayó a mis manos envueltas alrededor de la cintura de Kimberly.

Apretó sus ojos cerrados mientras procesaba lo que pensaba que estaba viendo.
Cuando los abrió de nuevo, eran una sombra más oscura y se estrecharon con ira. La
vi levantarse sobre sus dedos de los pies, envolver su mano alrededor del cuello de
Trent, acercar su rostro al de ella, y besarlo. Él había estado a mitad de una oración,
pero lo besó duro y robó el resto de sus palabras.
Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

o sé por qué besé a Trent. En el pasado, ver a Chase con Kimberly había
encendido una lenta llama en la boca de mi estómago, pero ahora era un
reguero de pólvora, quemándome de adentro hacia afuera. Ver su brazo
alrededor de ella, verla sonriéndole a él, ver sus rasgos complementarse perfectamente
uno al otro fue suficiente para enviarme sobre el borde. Acerqué el rostro de Trent al
mío y traté de canalizar cada gramo de rabia en un beso, pero no funcionó. Su aliento
tenía sabor a tabaco rancio y cuando cerré mis ojos, todavía veía la mirada avellana de
Chase mirándome fijamente.

Retrocedí y tomé una profunda respiración.

Cuando miré de regreso donde Chase había estado parado hace un momento, se
había ido. Se había ido con Kimberly.

Bien.

Podrían ir a follar en algún otro lugar.

—Me gusta cuando tomas las riendas —dijo Trent, sumergiendo su cabeza más
abajo y besando el lado de mi cuello.

Sus labios barrieron sobre mi piel, sumergiéndose hacia el escote de mi camiseta.


Mis manos se envolvieron alrededor de sus bíceps mientras trataba de enfocar mi
atención en el chico frente a mí en vez del chico que se había ido.
—Chicos, chicos, chicos. —Duncan trastabilló hacia nosotros, sus ojos estaban
amplios y dilatados—. Ashley está enloqueciendo.

—Cómo sea, dile que se relaje —gimió Trent.

—No hombre, en serio. Ella está mal.

—¿Qué quieres decir? —pregunté.

Duncan nos llevó al baño que Kimberly y Chase habían dejado unos minutos
antes. Ashley estaba sentada en el suelo con sudor cubriendo su frente. Sus ojos
dilatados se encontraron con los de Duncan, y cuando toqué su frente, estaba
ardiendo.

—Trent busca algo de agua en la cocina.

Ashley estaba agarrando sus rodillas y rechinando sus dientes. Traté de conseguir
su atención, conseguir que se enfocara en mí, pero sus ojos azules se lanzaban en todas
las direcciones excepto en la mía.

—Ashley, ¿estás bien? —Trueno mis dedos—. Ashley enfócate.

—No me siento bien —murmuró tan suavemente que difícilmente pude


escucharla.

—¿Crees que puedes vomitar? —pregunté, tratando de pensar en el método más


rápido para conseguir que sacara toda la basura de su sistema.

—No. No —lloró—. No quiero vomitar. No me hagas vomitar.

No sonaba como ella misma y la forma cómo sus ojos estaban lanzándose
alrededor de la habitación estaba empezando a asustarme.

Trent se precipitó en el baño con un vaso de agua. Agarré la parte posterior de la


cabeza de Ashley y forcé la mayor parte del líquido a través de su garganta. Ella no
quería beberla, pero su cuerpo estaba deshidratado y aunque no era mi mejor amiga,
no la iba a dejar morir por ser una completa idiota.

El agua se asentó en su estómago por un momento, y luego se dobló hacia el


inodoro y la vomitó toda.
—Bien —dije, sosteniendo su cabello mientras una ola de déjà vu me llevó hacia
atrás en el tiempo a mi casa antes de que mi mamá se hubiera ido.

Cuando tenía siete años, hubo unos meses cuando mi madre debe haber empezado
a darse cuenta de que su adicción ya no era manejable. Intentó ocultar su creciente
dependencia al alcohol, pero yo había llegado a casa de la escuela y la encontré en el
baño, vomitando y balbuceando cosas que no pude discernir. Sostuve su cabello, de la
misma forma como sostengo el de Ashley ahora, y me pregunto si esto era lo que
hacían otros niños de siete años de edad cuando llegaban a sus casas de la escuela.

—Le conseguí un poco más de agua —dijo Duncan, tambaleándose hacia el baño.

Sostuve el vaso de agua sobre sus labios de nuevo así podría tomar pequeños
sorbos. Si ella pudiera absorber algo de agua antes de vomitarla, se comenzaría a sentir
mejor.

Había estado alrededor de personas como Ashley en Austin, otros chicos a los que
les gustaba presionar sus límites. Incluso yo lo hice de vez en cuando, esperando
encontrar el mismo consuelo que mi mamá había encontrado. Quería sentir lo que ella
había sentido. Quería saber qué era tan atractivo sobre estar tan fuera de tu cabeza que
no pudieras reconocerte nunca más. Estaba comenzando a creer que tal vez ella y yo
no estábamos conectadas igual. Para mí, la elevación nunca valía la caída.

Los chicos eventualmente nos abandonaron y Ashley se apoyó contra el inodoro


con arcadas. No podía dejarla todavía y estaba cansada de reproducir recuerdos de
mierda, así que escaneé el baño por algo para distraerme.

Había cruces por todos lados, el tipo que encuentras en pequeñas boutiques del
país con cintas y deslumbrantes piedras preciosas. Una pequeña colección colgaba
directamente detrás del inodoro, lo cual parecía un lugar extraño para mostrar la fe,
pero no profundicé en ese hecho. En cambio, me giré hacia el gabinete de medicinas.

Los gabinetes de medicinas son un verdadero tesoro de secretos farmacéuticos,


pero se necesita de un ojo entrenado para diferenciar lo jugoso de lo mundano. Un
medicamento para la tiroides podría tratar el hipotiroidismo, o podría ser la pastilla
favorita de mami para bajar de peso. El diablo estaba en los detalles. Me volteé para
comprobar a Ashley, pero ella no estaba mirando mientras abría la puerta y
escudriñaba dentro.

Los padres de Sasha tenían un rancho de veinte hectáreas, una mansión de


quinientos sesenta metros cuadrados, y un garaje para cuatro autos, pero también
tenían una pequeña fila ordenada de botellas de pastillas cubriendo su gabinete de
medicinas.

Viagra.

Disfunción eréctil.

Efedrina.

Suplemento ilegal para bajar de peso.

Finasterida.

Calvicie de patrón masculino.

Xanax.

Un sedante para los días cuando el garaje de cuatro autos no es suficiente.

Valium.

Para cuando el Xanax no es suficiente.

No fue hasta más tarde cuando me recosté para dormir que recordé que la mamá
de Sasha fue la periodista que había escrito el artículo sobre mi madre para el periódico
de nuestra ciudad. Era un artículo de una página de largo destacando los puntos más
oscuros de la lamentable vida de mi madre, y fue impreso en el mismo periódico que
más tarde colocó su abreviado obituario.

Me preguntaba si la mamá de Sasha se había sincerado sobre las dependencias de


su propia familia en ese artículo, o si todas las dos mil palabras habían sido reservadas
para los demonios de mi madre. Tal vez ella sabía tanto como yo que había poder en
colocar la luz sobre los secretos de otras personas, eso hacía mucho más fácil esconder
los tuyos en las sombras.
Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

la mañana siguiente hice mi camino escaleras abajo para encontrar a


Chase y a mi papá en la cocina preparando el desayuno. Chase estaba
batiendo los huevos, y mi papá estaba mezclando masa para panqueques.
Odiaba tener a Chase ahí, su presencia casual parecía mal en todas las formas posibles.

—Buenos días, Lil —dijo Chase mientras mi papá se inclinaba hacia atrás en sus
talones para besarme en la parte superior de mi cabeza.

—Buenos días —respondí débilmente. Ya había visto todo lo que necesitaba


cuando bajaba las escaleras y su afinidad por los pantalones de chándal bajos estaba
empezando a molestarme.

—Sabes, un día voy a ir a mi armario y voy a encontrar que todas mis camisetas
han desaparecido —denotó a mi papá con una sonrisa.

Había comenzado a robar camisetas de su armario cuando era más joven y nunca
me había detenido. Eran viejas, desgastadas y olían a él. No estaba segura de por qué
seguía usándolas, pero no tenía planes de parar.

—Puedes tomar prestada alguna de las mías —susurró Chase así mi papá no
podría escuchar por encima del sonido de la batidora.

Lo ignoré, tratando duramente de no imaginar ir a dormir con el olor de Chase


envuelto alrededor de mí.
Una vez que terminaron de preparar el desayuno, tomamos asiento alrededor de la
mesa y me arrojé sobre los panqueques, apreciando cada bocado cubierto de jarabe de
arce.

—¿Qué has planeado para hoy? —preguntó mi papá a la mesa.

—Creo que voy a trabajar en el jardín —respondí.

Asintió. —Es un buen día para eso. Podríamos limpiar algunas macetas y luego
dirigirnos a la tienda por algo de abono.

—Puedo ayudar —ofreció Chase.

Yo estaba mirando abajo hacia mis huevos, pero pude verlo mirándome por el
rabillo de mi ojo. La jardinería era una de las cosas que mi mamá y yo habíamos
hecho juntas antes de que muriera. Mi recuerdo más vivo de ella siendo feliz era
cuando sembrábamos, así que traer a Chase a esa ecuación parecía como si estuviera
de alguna forma pisoteando su memoria.

Apreté mi agarre en mi tenedor mientras ellos esperaban por mi respuesta. No


podía decir que no. Levantaría demasiadas preguntas y no me sentí con ganas de
explicar mi intrincado razonamiento a nadie.

—En realidad, acabo de recordar que tengo algo de tarea que necesito terminar.
Tal vez comenzaré en el jardín la próxima semana.
Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

asta dónde puedo recordar, mi papá siempre trabajaba los domingos. Era
su día para terminar las reparaciones y ponerse al día con el papeleo, pero
cuando me detuve en un lugar de estacionamiento vacante delante de la
tienda, las luces estaban apagadas y la puerta cerrada con llave. Reventé la cerradura y
pasé adentro para encontrar la evidencia de su reciente partida. Había una caja de
pizza vacía con un recibo pegado en la parte delantera. Fue solo dos días atrás, así que
por lo menos sabía que estaba vivo. No pudo devolver mis llamadas, pero sí pudo
ordenar pizza.

Tiré la caja vacía en la basura junto con unas pocas latas de cerveza vacías, y luego
revisé la computadora de la oficina por solicitudes recientes de reparaciones. Él
siempre las había guardado en una simple hoja de Excel. Su tiempo usual para un
trabajo era de dos semanas así que tendría tiempo necesario para ordenar cualquiera de
las piezas necesarias. Los trabajos más recientes en la hoja de Excel eran de hace uno o
dos meses y ni uno solo de ellos había sido terminado.

Imprimí la hoja de reparaciones sin terminar y me dirigí a la trastienda.


Herramientas y aparatos cubrían el suelo. Una caja de piezas distintas estaba olvidada
en la esquina. La pateé a un lado y comencé a limpiar el espacio de trabajo. Las
solicitudes de reparaciones no eran complicadas, dos licuadoras, una lavadora, y un
refrigerador estaban en la parte superior de la lista. Evalué el daño y comencé a
elaborar un formulario de pedido para piezas. Mi papá había estado ordenando al
mismo distribuidor por los últimos diez años y sabía que no cuestionarían mi firma
irregular en la parte inferior del formulario de pedido.
Después de que había logrado las reparaciones recientes en orden, abrí la pila de
entregas detrás del mostrador. Mi papá había logrado llevar los paquetes dentro, pero
no se había tomado el tiempo de abrir ni uno.

Tomé el inventario de las piezas y las emparejé con los aparatos en la trastienda.
Pasé mi día entero tratando de ponerme al día con el trabajo que mi papá obviamente
estaba descuidando, y mientras estaba encerrado en la oscuridad supe que mi esfuerzo
era en vano. Podría volver cada domingo, pero hasta que mi papá no consiguiera sus
cosas en orden, se resentiría en la tienda. No tenía sentido intentar luchar contra ello.
Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

sa noche rechacé las invitaciones de Connor y Brian así podía quedarme en


casa de Lilah. Me senté en su patio trasero en el columpio debajo del árbol
de roble que enfrentaba la parte posterior de la casa. Fue colgado para un
niño, demasiado pegado en suelo para que pueda ir muy alto para mí. Utilicé mi pie
para impulsarme en el suelo, balanceando el columpio hacia atrás y luego dejando que
la gravedad me llevara hacia delante de nuevo. Harvey está acostado sobre el césped al
pie del árbol, contento con estudiarme mientras yo estudio el jardín.

Los parterres inactivos dispersados a través del jardín fueron una gran parte tanto
de mi infancia como la de Lilah. Había pedido y rogado por probar las fresas cada
temporada y una vez, cuando había asumido que Lilah estaba ocupada en el jardín,
había alcanzado y arrancado la más grande de la enredadera. Justo cuando el dulce
jugo se deslizó a través de mi lengua, la punzada aguda de agua fría golpeó un lado de
mi rostro. Lilah había apuntado la manguera hacia mí y yo había aprendido mi
lección.

Me senté afuera en el columpio hasta que empezó a llover, pero no me importaba.


Era la clase de lluvia perezosa que no podría alcanzarme en el columpio, las gordas
gotas de agua eran demasiado lentas. Seguí empujándome de ida y de vuelta, dejando
que mi mente vague hacia mi mamá. Había estado lloviendo la última vez que había
hablado con ella. Fue la noche del carnaval anual de verano en la escuela. Mi papá y
yo nos fuimos temprano para ayudar con la instalación y casi había dejado la casa sin
decirle adiós. Pensaba mucho sobre eso últimamente, cómo había sido un golpe de
suerte. Ella me había alcanzado en la parte inferior de las escaleras, justo cuando iba a
salir por la puerta.
—Chase, asegúrate que tu papá no levante nada demasiado pesado. Arruinó su espalda el
año pasado instalando el puesto del tanque de agua.

Rodé mis ojos y asentí, ansioso de ir con mis amigos, pero ella agarró mi brazo.

—Sé bueno —dijo, golpeando ligeramente el borde de mi gorra de béisbol con su dedo.

Sonreí, a pesar de la gorra caída cubriendo mis ojos.

No fue un adiós oficial. No me había dicho que me había amado, pero no me


enfoqué en eso. Sabía cuánto me amaba. Me lo había dicho cada día.

Por meses después de esa noche, los ¿qué sí? me habían mantenido despierto por la
noche. ¿Qué si ella nunca hubiera vuelto a la casa del carnaval? ¿Qué si la ambulancia hubiera
llegado más rápido?

Yo no era el único luchando una batalla perdida contra los que sí. Mi papá había
empezado a beber el día del funeral y nunca se había detenido. La muerte puede
hacerles cosas extrañas a las personas. Puede convertir a un hombre que había
admirado toda mi vida en un tipo que evitaría si lo viera en la calle.

Elaine Calloway me había robado a mis padres. Tal vez debería odiar a Lilah por
ser una parte de ella, pero no podría. Lilah era buena. Era hermosa y creó belleza en su
jardín. Fuera de esas cosas terribles, de la suciedad y del barro, Lilah había llegado a
ser. La vida había hecho todo lo posible para estamparla de vuelta en el polvo, pero yo
no dejaría que eso pasara.

Su luz parpadeó en su habitación, sustituida por el resplandor de su lámpara. Vi su


silueta moverse delante de la ventana y me di cuenta de que cualquier amor que mi
mamá había tenido por Elaine era el mismo amor que me ató a Lilah.

Empujé el columpio mientras la lluvia continuaba golpeando alrededor de mí.


Harvey saltó y me siguió mientras me dirigía adentro, escaleras arriba, y hacia la
habitación de Lilah. Su puerta estaba levemente abierta y a través del espacio entre su
puerta y el marco de la puerta, pude verla leyendo sobre su cama. Toqué suavemente y
luego abrí la puerta un poco más. Harvey la abrió incluso más y corrió directo hacia
ella, apoyando su hocico húmedo al lado de su almohada.

Ella sonrió y volteó su libro hacia abajo sobre su pecho para marcar su página.

—Está todo mojado —dijo, mirándome de reojo.


Apoyé mi cabeza en el marco de la puerta. —Estábamos afuera cuando comenzó
la tormenta.

Asintió, arrastrando su mano por el hocico de Harvey, sobre su cabeza y detrás de


sus orejas.

Pensé en preguntarle sobre el libro que estaba leyendo, pero había algo que
necesitaba hacer.

Me giré y me dirigí hacia la habitación cruzando el pasillo, cerrando la puerta


después que Harvey me había seguido dentro. Era tarde, pero eso no me detuvo de
sacar mi teléfono de mi bolsillo para llamar a mi papá. Imaginé que podría estar
despierto, pero después de que sonara y sonara y todavía no contestara, le dejé un
mensaje.

—Hola papá, soy Chase. No he hablado contigo por varios días así que quería
alcanzarte y ver cómo estabas. Todo está bien en la casa de Lilah, pero estaba
pensando si podíamos ir a cenar o algo así esta semana. Devuélveme la llamada si
quieres ir.

Colgué y me quedé mirando mi teléfono, preguntándome si algún día él estará lo


suficientemente sobrio para revisar ese mensaje. Probablemente no. Apreté mi puño
alrededor del celular barato y luego lo tiré en mi cama. Rebotó y golpeó la pila de cajas
en la esquina, las cajas que traté de evitar.

Me incliné para recuperarlo y capturé un vistazo del nombre de Elaine


garabateado con marcador en la parte inferior. Estaba ahí cada vez que miraba las cajas,
un diario recordatorio de la mujer que más odiaba en la vida. Tomé un bolígrafo de mi
escritorio y taché su nombre, cubriéndolo con trazos negros enojados hasta que ya no
pude leer su nombre.

No merecía ser recordada, no por mí.


Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

l almuerzo era la hora que me traía más ansiedad durante mi primera


semana de regreso en Blackwater. Nuestra cafetería escolar era pequeña,
sofocante, y era operada como el sistema escolar inglés. La evadía a toda
costa, optando en su lugar por explorar mis opciones. El baño de mujeres proveía
silencio, pero oloroso. El vestidor era cómodo, pero incómodo cuando las chicas de
tercero tenían que cambiarse para Educación Física. Eventualmente, tropecé hacia el
centro de naturaleza en la parte trasera de la escuela y me enamoré. Ninguno de los
otros estudiantes se aventuraba allí a menos que necesitaran ir por una clase de ciencia.
Se sentía como una gema oculta que solo yo conocía, mi propio jardín secreto.

La escuela hizo un terrible trabajo de mantenimiento en él, pero eso lo hacía


incluso mejor. Los descuidados árboles y arbustos me ocultaron mientras atravesaba el
pequeño camino hacia el banco que había designado como mi punto de almuerzo
desde el viernes anterior. Nadie sabía que yo estaba allí afuera, no Ashley o Trent así que
cuando oí una ramita partirse detrás de mí, mi corazón golpeteó a ritmo rápido. Me
congelé y volteé para encontrar a Chase de pie en el claro detrás de mí, sosteniendo sus
manos arriba en rendición. Sus gastados vaqueros y una vieja camiseta ranglan se
empujó arriba por sus codos solo pareciendo realzar su inocuidad.

—¿Te importa si me uno a ti? preguntó antes de tomar un dudoso paso al frente.

Sinceramente, yo no quería compañía, pero él ya estaba allí, caminando hacia mi


banco. Ya se había infiltrado a mi escondite secreto, así que no había punto en forzarlo
a que se fuera. Me encogí de hombros y volteé hacia el banco para tomar un asiento.
Mis oídos reaccionaron mientras lo oía acercarse. Caminó alrededor del banco
para tomar asiento junto a mí, momentáneamente reemplazando la esencia de la
naturaleza con su colonia. Me di a mí misma dos profundas respiraciones antes de
obligarme a pensar en algo más, como el campo o las flores silvestres frente a mí,
descuidadas con brillantes pétalos rojos.

—¿La segunda semana de regreso y ya estás rompiendo las reglas? preguntó.

Lo ignoré y saqué mi emparedado de jalea y mantequilla de maní.

—¿Por qué comes tu almuerzo aquí afuera? preguntó, mirando al campo junto a
mí.
—Así la gente como tú no me habla respondí con una pequeña sonrisa para que
él supiera que yo no era una perra total, solo lo suficiente de una.

Él rio y yo luché para mantener mi mirada lejos de él. —Sabes, mi cosa favorita
sobre ti es tu encanto. No creo que tengas suficiente crédito por cuan encantadora
eres.

Mordisqueé mi labio, tratando de interpretar si estaba siendo sarcástico o no. De


cualquier forma, me ablandé.

Inclinando mi cabeza hacia él, respondí—: Realmente no quiero sentarme en la


cafetería por una hora cada día.

—Pero tus amigos están allí apuntó, tratando de conseguir la explicación real.

—Amigos es un término relativo respondí, recogiendo un pequeño palo del


banco y lanzándolo hacia el suelo.

Él sonrió. —Sí, ellos como que apestan.

—Blasfemo, esos son mis amigos... dije con una sonrisa.

No había hablado con cualquiera de ellos desde la fiesta de Sasha el sábado. Había
evadido los árboles de fumadores y los mensajes de Trent. Se sintió bien dejar de
pretender que te agrada la gente.

—¿Yo soy tu amigo?

Capturé una particularmente brillante amapola y me enfoqué en ella como si mi


vida dependiera de ello.
—Esa palabra realmente nunca funcionó para ti admití, sintiendo el ritmo de mi
corazón ir más rápido.

Él asintió. —No fue suficiente.

El peso de sus palabras amenazó con deshacer el pequeño nudo que ataba mi
corazón junto.

—O fue demasiado.

—Ya sabes, en un montón de formas, aún te conozco mejor que nadie continuó.

Levanté mis cejas y volteé para enfrentarlo. Su mirada estaba enfocada en las
flores, pero esa sonrisa siempre estaba presente.

—¿Por qué piensas eso? pregunté, curiosa sobre por qué aún se sentía conectado
a mí después de todos estos años. No era nada como la chica que él conoció en el
pasado.

—Te he visto llorar, y reír, y lanzar puños. Te he visto desnuda rio.

Odiaba sonrojarme cuando él admitió eso, pero era incapaz de detener la reacción.

—Cuando tenía como siete... razoné, tratando de señalar el error en su


pensamiento.

—Sí, pero apostaría que aún tienes esas pequeñas pecas sobre tu nalga izquierda
declaró, volteando hacia mí con una sonrisa pícara. Decidí jugar su juego.

—Y yo apostaría que aún tienes el mismo tamaño allí abajo que el que tenías
entonces.

Él lanzó su cabeza hacia atrás y rio, una ruidosa risa deliciosa que tiró de las
esquinas de mi boca.

—No fue hace tanto tiempo que fuimos mejores amigos. ¿Qué cambió?

Me eché para atrás, aterrada de la culpa trepando su camino hacia arriba por mi
garganta. —¿De qué estás hablando? Todo cambió.

El silencio cayó después de eso y sabía que lo había herido. Nunca parecía saber
cómo manejarme a mí misma alrededor de él desde que mi madre murió. En lugar de
disculparme, partí la mitad de mi sándwich de mantequilla de maní y jalea y se lo
alcancé a él. Era una disculpa metida entre dos pedazos de pan blanco, y él la tomó.
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

espués de la escuela el martes, no caminé a casa; me dirigí en dirección al


antiguo departamento de mi mamá. Estaba en el otro lado de la calle
Main, donde las casas eran un poco más pequeñas y los inquilinos eran
más toscos. Después de que se fue cuando yo tenía siete, se mudó a un apartamento de
un dormitorio que olía como blanqueador cada vez que iba de visita los sábados a la
tarde. Mi papá me dejaría caer en su puerta, solo yéndose cuando estaba seguro de que
yo estaba dentro a salvo. Desde allí, tenía cinco horas sin supervisión con ella.

Ella nunca estuvo genuinamente feliz de verme. En ese momento, no lo notaba,


demasiado cegada por mi propia emoción para notar las señales sutiles. Encendía la
televisión, me plantaba en el sillón, y entonces se iba a la otra habitación y hablaba en
el teléfono o se deslizaba a través de una revista, cualquier cosa para evadirme.

Un año o dos de regreso en nuestras visitas de los sábados en la tarde, hubo un golpe en la
puerta de su apartamento. Yo estaba pintando en la sala e incluso aunque sabía que no se
suponía que lo hiciera, espié. Había un hombre de pie en el umbral, presionando la puerta abierta
con su mano. Un cigarrillo colgaba entre sus labios y una cicatriz se extendía de su párpado
inferior hasta la cima de su labio. Pequeñas costras estaban esparcidas a lo largo de sus
mejillas y barbilla. Lucían como las costras que yo conseguía cuando me rascaba
demasiado una picadura de mosquito. Me preguntaba cómo se las había arreglado él
para conseguir tantas picaduras cuando él se inclinó para agarrar el cuello de mi madre
en su mano.

Su cigarro cayó al suelo, ardientes cenizas en la falsa madera mientras yo saltaba para
detenerlo. Quería gritarle que la dejara sola, pero ella movió su mano detrás de su espalda,
advirtiéndome que me alejara. Apreté mis puños, tratando de pensar qué hacer. El teléfono estaba
en la cocina y yo no podía pensar una manera de escabullirme sin que me notara.

Permanecí de pie asustada y congelada en la sala mientras él se inclinaba abajo y susurraba


algo que solo ella podía oír. Ella le imploró, rogando por más tiempo. Luego, tan rápido cómo
llegó, él desenvolvió la mano del cuello de mi madre y se fue. Cuando ella cerró la puerta, giré de
regreso para mirar la televisión, tratando de pretender que los últimos minutos nunca hubieran
pasado. Recogí mi crayón y traté de hacer que mi mano dejara de temblar. Ella caminó dentro de
la sala y apagó la televisión. La pantalla se desvaneció al negro mientras me decía que tenía que
irse. Le pregunté una y otra vez a dónde estaba yéndose, pero me ignoró mientras juntaba mis
libros para colorear y los empujaba dentro de mi mochila. Quería gritarle por arrugar las páginas.
Quería que dejara de empujarme hacia la puerta.

Acuné mis juguetes y bocadillos en mis brazos mientras me daba órdenes de sentarme en el
bordillo de su complejo de apartamentos hasta que mi papá viniera a recogerme. Entonces
desapareció dentro de su viejo auto rojo. Había una gigante abolladura en la parte trasera, cerca
del parachoques; miré hacia él cuando se alejó conduciendo. Mi labio inferior tembló cuando el
auto se volvió más y más pequeño en la distancia, pero no podía llorar. Si yo lloraba, alguien
pensaría que necesitaba ayuda y mi mamá tendría problemas.

Yo tenía que ser una adulta.

Por una hora, me senté en el cemento con mi libro de colorear cerrado en mi regazo. En
cualquier momento en que alguien caminara hacia mí, les diría que mi mamá había tenido que
regresar corriendo al apartamento a agarrar algo, así ellos no pensarían que yo estaba sola. Yo
estaba sedienta, pero no quería terminar mi jugo; no estaba segura por cuanto tiempo ella estaría
afuera.

Cuando mi padre llegó varias horas más tarde, traté de mentir y decir que mi madre acababa
de irse, pero él no escucharía. Estaba absolutamente furioso por encontrarme sola afuera y con el
apartamento de mi madre cerrado. Le rogué que no hiciera nada, pero esa fue la última vez que
me dejó ir a ver a mi mamá para una visita. La corte le revocó sus derechos de visita sin discusión.
Deseé saber qué la alejó de mí ese día, quién o qué había sido más importante que su carne y
sangre.

Caminé a lo largo de la acera y entonces permanecí del otro lado de la calle de su


complejo de apartamentos. El edificio había estado desgastado cuando ella había
vivido allí, pero se había vuelto detestable en los años desde entonces. Basura se
esparcía en el suelo y la mayoría de las ventanas estaban encintadas y entablonadas. La
maleza se había proclamado dueñas del patio un tiempo atrás, pero a nadie parecía
importarle. Mi mano picaba por limpiarlo, pero no había caso. Si a nadie le importaba
que ellas estuvieran allí, a nadie le importaría cuando se fueran.

Estaba a punto de cruzar la calle para conseguir un vistazo cercano cuando oí mi


nombre.

—¿Lilah?

Volteé para encontrar a Trent de pie fuera de una casa un poco más alejada por la
calle. Estaba en la cima de las escaleras, sosteniendo una puerta de tela metálica
abierta y entornando sus ojos en confusión. Me tomó un segundo conectar los dos
mundos. No había notado su departamento la última vez que había estado en su casa.

—Olvidé que vivías por aquí.

Él asintió y dejó la puerta de tela metálica cerrarse de un golpe detrás de él. Nos
encontramos en el medio de su acera y luego volteamos en dirección al antiguo
apartamento de mi mamá. Miramos en silencio por un momento y entonces él habló.

—¿Qué estás haciendo en este lado de la ciudad?

Lo miré y luego de regreso al complejo de apartamentos. —No estoy realmente


segura.

—Puedes venir dentro si quieres. Mi mamá está en el trabajo y no regresará por


varias horas.

Sacudí mi cabeza. No había caminado al otro lado de la ciudad para distraerme


con Trent. Había caminado voluntariamente dentro de mi pasado y se sentía bien verlo
desde arriba, recordar ese día y notar que mi mamá nunca se había disculpado;
demonios, probablemente ni siquiera lo recordaría.

Apunté al bordillo enfrente del apartamento. —¿Recuerdas haber visto a una


pequeña niña sentada allí hace años? ¿Sola?

Trent siguió mi dedo y sacudió su cabeza. —No, pero ese realmente no es un lugar
para niños. He visto algunas sombrías mierdas suceder allí.

Miré a la madera podrida y los deteriorados ladrillos del complejo y recordé la


manera en que el hombre había agarrado el cuello de mi madre en la entrada. Él podía
haberlo roto en dos justo enfrente de mí.
Trent tenía razón.

Este no era un lugar para un niño.


Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Cnady20

hase Matthews corrió por el camino de gravas justo mientras el poniente


sol finalmente desaparecía detrás de la hilera de casas del otro lado de la
calle. Se suponía que él ya estuviera en casa, pero el juego de béisbol en el
parque había durado más tiempo. Sabía que su papá lo regañaría por llegar tarde, pero
esperaba que, si se deslizaba sin ser notado a través de la puerta trasera, su papá podría
asumir que había estado en casa hace tiempo. Jaló abierta la puerta de tela metálica y
maldijo las bisagras chillonas. Se sacó a patadas sus zapatos enlodados y caminó sobre
las puntas de sus pies hacia la cocina.

Las voces de sus padres se arrastraron hacia el corredor, así que se presionó contra
la pared y escuchó su conversación, tratando de descubrir si ellos estaban hablando
sobre él. Usualmente ellos eran tan cuidadosos; Chase raramente oía sin intenciones
sus discusiones.

—No creo que debas ir. Es una mujer adulta, Hannah. No puedes cambiarla.

—Ella es mi amiga más antigua, David. No puedo solo dejarla allí.

Chase supo de inmediato que ellos estaban hablando sobre Elaine, la mamá de
Lilah. Ella había empeorado recientemente, llamando a su mamá a todas horas de la
noche.

Su papá maldijo en voz baja y Chase se arrastró más cerca de la cocina.


Permaneció anclado a la pared mientras miraba dentro. Su papá estaba encorvado
hacia el frente, agarrando el lado de la isla de la cocina. Su madre enrolló sus brazos
alrededor de su cintura y descansó su cabeza contra su espalda, justo entre sus
omóplatos.
—Te prometo que no estaré fuera por mucho. Solo me aseguraré que está a salvo y
luego regresaré directo a casa.

Su papá no dijo nada por un largo tiempo, pero entonces asintió y envolvió sus
manos alrededor de las suyas. —Apresúrate en regresar. Terminaré la cena y te
esperaremos para comer hasta que llegues.

Ella lo besó rápidamente y luego agarró sus llaves de la encimera. Cuando rodeó el
umbral y vio a Chase de pie allí, inclinó su cabeza a un lado.

—Necesitas ir a lavarte dijo, lamiendo su pulgar y limpiando su mejilla donde la


suciedad estaba embarrada por jugar béisbol afuera todo el día.

—¿Puedo ir contigo? preguntó. Él no sabía a dónde estaba yéndose, pero a él no


le gustaba la idea de que viera a Elaine. Ella siempre fue protectora con Elaine, pero
¿quién la protegía a ella?

Su mamá ahuecó su barbilla y se inclinó para besar su mejilla. Pronto, no debería


inclinarse en lo absoluto; ya casi tenía su altura y crecía rápido cada día. No podía
esperar por el día en que pudiera burlarse de ella sobre ser más pequeña que él.

—Necesitas ir a ayudar a tu padre con la cena dijo antes de suspirar—. Él es inútil


sin ti.

Sonrió y sacudió su cabeza antes de que lo dejara atrás, moviéndose hacia la


puerta.

—Te amo. Sé bueno dijo de nuevo.

Él se movió tras ella, sostuvo la puerta de tela metálica abierta y la miró caminar
hacia su auto. La luz con sensor de movimiento sobre el garaje se encendió cuando
cerró la puerta de su auto. El motor aceleró y él fue dejado con una sensación
preocupante en la boca de su estómago.

Incluso a los trece, Chase sabía que Elaine era una mujer mala. Había dejado a
Lilah y estaba dejando a su mamá también. Un día.
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

iez días. Lilah y yo caminamos a la escuela juntos por diez días antes de
que finalmente pausara su música. Yo estaba corriendo tarde gracias a
una alarma perdida. Me puse de un tirón mis zapatos y corrí fuera de la
puerta, preparado para tener que alcanzar a Lilah, pero ella aún estaba al final de la
entrada para autos, inquieta con sus zapatos.

Permaneció de pie mientras yo me acercaba y noté que sus audífonos aún estaban
en su lugar, pero no había música reproduciéndose, al menos no una que yo pudiera
oír.

Comenzamos a caminar juntos en silencio. Pasamos las casas de sus vecinos e


intenté pensar en algo interesante que decir, algo tan bueno que tendría que sacarse sus
audífonos para escuchar.

—Parece que a Harvey le gusta dormir contigo más que conmigo ahora.

Eso ni siquiera se ganó un cabeceo.

—Tenemos nuestro primer juego amistoso de la temporada mañana. Es contra


Oak Hill.

Sacó su iPod de su bolsillo y sabía que yo estaba perdiendo tracción. Eso fue cuando
el señor Hill salió de su casa y se dirigió hacia su auto. Era un abogado en la ciudad que
rentaba un espacio en el viejo ayuntamiento. Lo rumores decían que tendría que cerrar
su consultorio pronto.
—¿Has oído que el señor Hill podría tener que cerrar su consultorio? Ha estado
diciéndole a la gente que no hay suficiente trabajo.

Lilah miró hacia allí para verlo deslizarse dentro de su Lexus negro y entonces
sacudió su cabeza. —Ese no es el por qué él está cerrando su tienda.

Entorné mis ojos.

—Él está teniendo una aventura con su recepcionista dijo directamente.

—¿Qué? ¿Cómo sabes eso? Ni siquiera has estado en la ciudad tanto tiempo.

Se encogió de hombros. —Mantengo mis ojos abiertos.

Volteamos hacia la calle Main y entrecerré mis ojos, tratando de darle sentido a su
acusación. Nunca había oído sobre una aventura. El señor Hill y su esposa habían estado
casados por algo así como treinta años. No tenía sentido.

—¿Quién te dijo so…

Suspiró y se sacó sus audífonos. —Nadie me dijo nada. Los vi en la ventana de su


oficina la otra mañana. No fue tan difícil conectar los puntos. Es cerrar su consultorio
a lo que no he sido capaz de darle sentido. Creo que su esposa tiene algo que ver con
eso.

Me estiré por su brazo y nos jalé para detenernos. —Espera. ¿Estabas husmeando?

Rodó sus ojos. —Yo no lo llamo así. Husmear implica salir de mi camino para
descubrir los secretos del señor Hill. En realidad, él estaba alardeando de su aventura
para que cualquiera la viera. Yo solo pasé a estar en el lugar indicado en el momento
indicado.

Jaló su brazo fuera de mi agarre y continuó caminando. Corrí para alcanzarla.


Parecía tan segura de sí misma, no como alguien avergonzada por tropezar con una
aventura.

—¿Eso pasa a menudo? ¿Tú estando en el lugar indicado en el momento indicado?

Ella sonrió. —Algo así.

—¿Qué más sabes?


Sus brillantes ojos se deslizaron hacia mí, iluminados con excitación. —He estado
de regreso en Blackwater por dos semanas y las cosas que se podrían voltear esta
ciudad entera de cabeza.

—¿Cómo qué?

Apuntó a una insulsa casa azul que estábamos pasando a la izquierda. —Un
montón de pequeñas cosas, como esa mujer que vive allí. La señora Peterson, ¿cierto?
roba rosas del jardín de su vecino, y el señor Jenner revisa la basura de su vecino de junto.

Miré a las casas mientras las pasábamos, preguntándome si Lilah estaba diciendo
la verdad.

Continuó—: Todos estamos consumidos con el drama insignificante, la menor cosa


establecida justo en la cima, como rosas y basura. No muchas personas notan cuan
fácil es enterrarse un poco más profundo.

Sonaba como si lo supiera por experiencia.

—¿Estás diciendo que hay secretos más grandes? ¿Cómo qué?

Los bucles de sus labios lentamente se desvanecieron a una línea recta mientras se
encogía de hombros.

—Cosas que las personas preferirían mantener enterradas.


Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

a campana sonó por el pasillo, indicando que tenía menos de un minuto


para pasar a través de la escuela para física. Nos daban cinco minutos para
llegar de un período a otro y había pensado que volvería mi nariz
respingada en el establecimiento intentando usar el baño. Error. Empujé mi libro de
texto de física en mi mochila y cerré mi casillero. Giré sobre mis talones, preparada
para correr, cuando casi corrí directo a Ashley.

Ella rio. —Lo siento, estaba llamando tu nombre pero no me escuchaste.

Sonreí, ya avanzando en la dirección de mi clase de física. —Lo siento. Estoy un


poco apurada.

Su sonrisa se cayó. —Oh, es genial. Sólo quería ver si tenías planes para este fin de
semana. Creo que Trent va a levantar algunas cosas del escondite del novio de su
madre.

Me retuve un estremecimiento. —En realidad, probablemente me quedo cerca de


casa este fin de semana. Maratones en Netflix y hacer ese informe de la historia que he
estado posponiendo.

En verdad, quería empezar a trabajar en mi jardín.

—Suena divertido, excepto por el hecho de que Chase estará allí. —Ella hizo un
movimiento de mordaza falsa—. Sí, es caliente, pero es tan mojigato.
—Él no es tan malo. —Me encogí de hombros, dando otro paso atrás.

—Lo siento, ¿estás colada? Es uno de las personas elegidas.

Los estudiantes corrían alrededor de nosotros tratando de llegar a la clase antes de


la campana tardía, pero Ashley no estaba un poco preocupada por la amenaza de la
detención.

—Escucha, tengo que ir a clase. Te llamaré más tarde.

Antes de que ella pudiera responder, me fui. Sabía que parecía un idiota corriendo
con mi mochila empujándose alrededor, pero la abracé completamente. Nuestra
escuela tenía tolerancia cero para la tardanza. Todos los días, el director reiteraba, por
los anuncios de la mañana, que el hecho de llegar tarde te dejaría en detención, sin
excepciones.

Doblé la esquina en el ala de la ciencia y estaba a dos pies de la puerta cuando


sonó la campana final, marcando mi destino con su sonido estridente. El señor Jenkins
estaba parado detrás de su escritorio preparado para comenzar la clase, y sabía que no
había esperanza. Me vería en cuanto entrara en la habitación.

—OH DIOS MÍO. ¡¿PODRÍA MIRAR ESTO?!

Chase estaba de pie junto a las ventanas con las manos ahuecadas alrededor de sus
ojos como binoculares. Se apretó más contra el cristal y miró hacia el cielo como si
estuviera viendo un meteoro lanzando su camino hacia la tierra. Todos los estudiantes
saltaron de sus asientos y corrieron para mirar más de cerca, y yo aproveché la
oportunidad. El señor Jenkins gritó a todo el mundo que se sentara y me arrastré
lentamente por el borde de la habitación, tratando de pasar por delante sin ser
detectada.

—¿De qué hablas Chase? —preguntó una muchacha—. No veo nada.

—Sí, no hay nada —intervino otro compañero de clase.

—¡¿Qué?! ¿No lo ves? ¡Es enorme! —exclamó Chase, señalando el cielo.

—Chase, idiota —dijo Connor, golpeándolo en el hombro—. Es sólo una nube.

—Sí, pero ¡no todos los días ves un cumulus!


El señor Jenkins aplaudió dos veces y el sonido resonó alrededor de la sala como
platillos de bronce.

—¡Eso es suficiente! Buen intento señor Matthews, pero una distracción más y te
unirás a la señora Calloway para la detención la próxima semana.

Me congelé. Ugh. Se había dado cuenta de que me escabullí y era imposible


ocultar mi decepción cuando me senté. Saqué la mochila de mis hombros y la dejé caer
con un golpe al lado de mi silla.

—Ahora, si todos toman asiento, repasaré una breve lección antes de darles el
problema del día.

Chase se inclinó mientras yo sacaba mi libro de texto. —Lo siento, realmente


pensé que eso funcionaría.

Miré por encima de mi hombro y fui recibida por su sonrisa infecciosa.

—¿Cumulus fue lo mejor que se te ocurrió?

—Podría haber jurado que la nube se parecía a Mickey Mouse.

Connor gruñó—: Dame tu tarjeta de hombre, amigo.

Los ojos de Chase se encontraron con los míos y nos reímos justo cuando las
palabras de Ashley resonaban en mi mente. Ella tenía razón. Chase era una de las
personas elegidas, pero más que eso, él era la última persona con la que esperaba ser
amiga cuando regresara a Blackwater. Él y yo habíamos peleado hasta el día en que
había dejado la ciudad. Había sido una guerra amarga con dos bajas y sin botín. Lo
sabía, y sin embargo su gravedad todavía tenía una forma de acercarme. No tenía un
solo amigo en Blackwater, a menos que contara a Harvey, pero de cada uno, cada
chico de mi clase de graduación, Chase era lo más cercano que tenía a un aliado.

Su madre estaría decepcionada.


Traducido por Juliette

Corregido por Mariela

ilah salió del salón de clases tan pronto como sonó la campana. Caminé
hacia el frente de la clase para entregar mi conjunto de problemas y vi los
suyos en la parte inferior de la pila. Su nombre estaba escrito en cursiva, tan
ordenada y perfecta. Dejé mi papel encima de ellos.

Ella sabía que no tenía práctica los viernes, pero se había ido sin una segunda
mirada. Caminé con Connor hacia el estacionamiento, tratando de resolver su
razonamiento para irse sin mí.

—Así que estás enamorado de ella, ¿verdad?

Su pregunta me tomó por sorpresa, pero para cuando eché un vistazo, mi


conmoción fue enmascarada por la molestia.

Él levantó sus manos en inocencia. —¡Por Dios! Estaba bromeando. En serio no


puedes tomar una broma en estos días.

Aumenté el ritmo, tejiendo a través de los estudiantes tratando de llegar a sus


coches. Por desgracia, él me alcanzó fácilmente.

—Pero en serio, lo estás, ¿verdad?

El estacionamiento estaba lleno de estudiantes, pero pude ver nuestro grupo en la


distancia. Kimberly y Brian estaban hablando con algunos tipos del equipo de béisbol.
Me concentré en ellos en lugar de mirar a Connor, pero eso no lo detuvo.
—Me refiero a los ojos saltones entre ustedes dos son inductores de vómitos.

Agarré las correas de mi mochila y finalmente respondí. —Digamos


hipotéticamente que tienes razón, no vale la pena hablar de ello.

Su mandíbula cayó. —¿Por qué? ¿Porque es una vampira?

Nunca había querido golpear a Connor más en mi vida, pero afortunadamente


para él, llegamos a nuestro grupo antes de que pudiera darle la vuelta y pegarle en la
cara.

—¡Amigo-Matthews! —gritó Brian mientras me unía al círculo de personas que


rodeaban su coche. Todo el mundo siempre se demoraba los viernes, tratando de
consolidar los planes de fin de semana antes de partir. ¿Aquellos cuyos padres están fuera
de la ciudad? ¿Aquellos cuyo hermano mayor puede comprar algo de alcohol? Eran las mismas
preguntas semana tras semana.

—¿Estás emocionado por tu juego este fin de semana? —me preguntó Kimberly
con una gran sonrisa.

Pensé en cuando lo había mencionado brevemente a Lilah en el camino a la


escuela; no creí que hubiera estado escuchando. —Sí, pero es sólo un partido de
práctica, nada serio.

Su sonrisa nunca vaciló. —Lo sé, pero seguiré allí con las Diamond Girls. Debería
ser divertido.

—¿Te importaría dejar que Lilah se siente contigo si aparece?

Le hice la pregunta antes de darme cuenta de lo estúpido que era. Las


probabilidades de que Lilah apareciera para el juego eran escasas en el mejor de los
casos. La oportunidad de sentarse con Kimberly era astronómica.

***

Lilah
Me paré en el mercado de Crosby en el camino de regreso de la escuela al día
siguiente. Caminé por los pasillos y me detuve delante de la pantalla de tinte para el
cabello. Mis raíces estaban en mal estado y no podía ignorarlas por más tiempo.
Miré fijamente a la mujer sonriente en el frente de la caja del tinte rubio. Me había
resentido meses antes, molesta con su sonrisa fácil. Ahora no creía que fuera tan mala.
Incluso aún, alcancé la caja de tinte negro, no porque tuviera una agenda o porque
quería ser un rebelde.

No, simplemente me gustaba el negro.

Llevé el tinte en mi mano mientras caminaba la milla hasta la casa de Ashley.


Estaba empezando a hacer calor y cuando llegué a su puerta, estaba prácticamente
derritiéndome. El verano casi había llegado.

Ashley abrió la puerta después de que llamara y levanté la caja de tinta. —¿Puedes
dedicar unos minutos a una amiga?

Escaneó mis raíces rubias y sonrió. —Pensé que nunca me lo preguntarías.


Traducido por Mariela

Corregido por Pagan

ábado en la tarde, me encontré caminando dentro del estadio de béisbol en


nuestra escuela secundaria llevando pantalones cortos y una camisa de
béisbol de Blackwater que había encontrado en la parte posterior de mi
armario. Era cómoda, pero todavía encajaba lo suficientemente bien. Tiré de mi gorra
de béisbol más baja y metí unos mechones de cabello detrás de mis oídos.

—¿Lilah Calloway? ¿Te escondes debajo de esa gorra?

Miré hacia arriba para ver a la señora Rochester detrás de la taquilla. Ella era una
mujer amable con una construcción redonda y una gran sonrisa. Ella me cuidaba
cuando mi papá me traía a los juegos de pequeña. No la había visto en unos cuantos
años, pero parecía casi igual que en aquel entonces.

—Hola Jan —dije con una pequeña sonrisa mientras deslizaba mis cinco dólares
en el mostrador para mi boleto.

Ella lo empujó hacia mí. —Oh por favor. Tu padre me cortaría la mano si tomara
tu dinero.

—Ah, está bien. —No tenía ganas de protestar, así que tomé el boleto que me
ofreció y me guardé mis cinco dólares—. Gracias.

—¿Sabe él que estarás aquí? —preguntó con una sonrisa amable.


No había estado en uno de los juegos de mi padre en años. Me había arrastrado
cuando era joven, pero una vez que tenía edad suficiente para quedarme sola en casa,
me dejó decidir lo que quería hacer.

—Le dije esta mañana —dije, recordando su reacción en la mesa del desayuno.
Sus cejas prácticamente se habían encontrado con la línea del cabello, cuando había
mencionado casualmente que pasaría a verlo a él y al equipo.

—Bueno, estoy tan feliz de que estés aquí. Tengo que manejar la taquilla hasta que
comience la segunda entrada, pero después iré a saludarte en las gradas —prometió
mientras una joven familia se acercaba a comprar boletos.

Mientras me alejaba, me encontré con la esperanza de que ella realmente lo


quisiera decir, porque estaba bastante segura de estar sentada por mí cuenta. De alguna
manera dudé de que Ashley y Trent estuvieran pasando el sábado por la tarde en el
equipo de béisbol de los “Mighty Wolves”.

Sinceramente, no sabía por qué estaba allí. Chase sólo había mencionado el juego
de pasada. No es que él realmente esperaba que apareciera. Me dije que estaba allí por
mi padre o como un agradecimiento a Chase por tratar de sacarme de la detención;
esas razones eran más fáciles de digerir que la verdad.

Con un tirón en la visera de mi gorra, caminé a lo largo de la parte posterior de las


gradas, más allá del puesto de concesión que vendían Fritos preparados y hot dogs con
suficiente salsa de chile en ellos para enviarte a un coma de colesterol. Los olores ricos
me llevaron de nuevo a mi niñez. Mi papá me daba cinco dólares antes de cada juego
para pasar al puesto de la concesión. Recuerdo sentirme como una reina con estallidos
de anillo de caramelo como rubíes de los puestos. Un brillante letrero de neón
confirmó que seguían siendo cuatro por un dólar. Digan lo que quieran acerca de las
economías de la pequeña ciudad, pero seguro que son resistentes a la inflación.

Era un día brillante y cálido para febrero y lamenté no traer un par de anteojos
mientras caminaba por la rampa metálica hacia las gradas. La primavera en Texas no
era muy buena. Tal como yo.

Apenas llegué a la parte superior de la rampa cuando escuché a alguien gritarme.

—¡Lilah!

Giré la cabeza para seguir el sonido y encontré a Kimberly sentada en medio de un


grupo de chicas que llevaban camisetas rojas brillantes y destellantes con las palabras
“Diamond Girls” impresas a través de ellas. No me había dado cuenta de que
Kimberly estaría en el juego y sentí una mezcla de alivio y angustia mientras comencé
a caminar lentamente hacia ella.

Las otras Diamond Girls me observaron mientras subía las escaleras hacia ellas.
Cuando llegué al grupo, Kimberly se levantó y salió a saludarme. Todos se hicieron a
un lado, llenando su lugar y abriendo dos nuevos puntos cerca del pasillo.

—¡Hola! —dijo, envolviéndome en un abrazo que se sentía incómodo e


inesperado, pero yo la abracé de todos modos. Kimberly era una abrazadora, y yo
no—. Chase me dijo que quizá estuvieras aquí, pero no estaba segura de que lo
lograrías.

No le había dicho que estaría allí. En otra vida, una vida más realista, estaría
descansando en la cama, leyendo mi sábado por la tarde.

Antes de que pudiera responder, Kimberly volvió a hablar. —¿Quieres sentarte con
nosotras? Tenemos espacio y sería divertido ponerse al día. —Sus ojos brillaban con
sincera amabilidad y no pude evitar sentirme aliviada de que no me odiara después de
que me alejé sin siquiera un adiós.

—Claro, sí —dije mientras ambas nos sentábamos y nos situábamos en las gradas
de metal frío. Algunas de las chicas del grupo me saludaron y me sonrieron. Parecía
que mientras Kimberly me aprobara allí, no lo iban a cuestionar.

Mientras esperábamos que empezara la refriega, estudié sus camisetas de cerca y


me di cuenta de que cada chica tenía el nombre de un jugador diferente y el número en
su espalda como una camiseta deportiva. Me moví y me incliné hacia atrás para
confirmar mi especulación. Kimberly tenía “03—Matthews” en la parte posterior. Ella
era la “Diamond Girl” de Chase.

Por supuesto que sí.

¿Por qué me duele el estómago?

—¿Ha sido tan difícil vivir con Chase? —preguntó ella con una sonrisa gentil. Su
cabello rubio flotaba alrededor de su rostro, enmarcando sus lindos rasgos.

—Umm, no ha sido demasiado malo —respondí fríamente. No estaba segura de


dónde se encontraban ella y Chase y no iba a revelar el hecho de que en las últimas dos
semanas había disfrutado caminando en su toalla de regreso a su habitación después de
cada una de sus duchas. Lentamente me estaba volviendo loca.
—No me imagino vivir con un chico —dijo ella, casi con nostalgia—. Uh, quiero
decir porque pueden ser idiotas —se recuperó, frotándose la nariz.

Me encogí de hombros. —Chase es bueno limpiando detrás de él.

—Ah, hablando de tu compañero, allí está él —dijo señalando hacia el campo.

Chase se estaba calentando en el montículo del lanzador. Llenó el uniforme gris


para que los pantalones fueran apretados alrededor de sus muslos y piernas, y la parte
superior se extendía a través de sus anchos hombros y recorta la cintura. Se balanceó
sobre su pie izquierdo, plantó su derecha contra la tira de goma blanca, luego estiró su
cuerpo como un resorte. Su bola rápida hizo un sonido crujiente cuando se hundió en
el guante del receptor. Una vez, dos veces, tres veces repitió los movimientos y miré,
completamente embelesada por su confianza en el montículo. Su poder y precisión
eran asombrosos de contemplar, y me maldije por haberme perdido tantos de sus
juegos.

—Es uno de los mejores lanzadores del estado. Podría ser reclutado para las
grandes ligas, pero si no, definitivamente jugará en la universidad —dijo Kimberly,
sacándome de mi neblina.

Me volví para encontrarla observándolo con estrellas en los ojos, y me di cuenta de


que me había visto como ella un momento antes.

Unos minutos más tarde, vi a mi padre de pie en la entrada de la cueva, apoyado


contra el marco de metal en su propia versión del uniforme del equipo. Escupió la
cascara de una semilla de girasol y le dio unas palmaditas en el hombro de Chase
mientras corría. Cualquiera que fuera el estímulo que había ofrecido, no podía
escucharlo en las gradas.

—Vuelvo enseguida —dije a Kimberly mientras bajaba las escaleras hacia mi


padre. Mi movimiento llamó su atención y por un momento dejó que su cara de
“entrenador” se resbalara. Él sonrió ampliamente y quitó su gorra de su cabeza. Había
una capa de sudor recolectada en su frente morena, pero él la limpió con su antebrazo.

Por el rabillo del ojo, pude ver a unas cuantas mujeres observando cada uno de sus
movimientos; me pregunté cuántas de ellas deseaban que finalmente se asentara. Me
estremecí al pensarlo. No estaba lista para otra figura de mamá; todavía estaba
tratando de superar a la primera.

Cuando golpeó la barandilla, me agaché para que pudiera alcanzarme y darme un


rápido y sudoroso abrazo.
—Hola papá.

—Hola Lil. Me alegro de que estés aquí —dijo con una cálida sonrisa.

—No se pierda una pelea para el mundo —bromeé mientras me enderezaba.

Él se echó a reír y sacudió la cabeza. —Espérame después del partido. Vamos a


buscar una pizza.

—Está bien. Buena suerte —dije, empezando a alejarme de la barandilla cuando


Chase salió del cobertizo. Su gorra de béisbol estaba baja, bloqueando la luz de sus
ojos avellana para que estuvieran oscurecidos y sombreados. Su sonrisa se abrió
lentamente mientras su mirada se clavaba en mí. Prácticamente podía oír su
pensamiento: Apareciste. No dijimos nada en ese breve momento. El scrimmage
empezaba pronto y él necesitaba mantenerse enfocado, pero esa sonrisa desentrañó las
cuerdas alrededor de mi corazón, aflojando su agarre para que él pudiera agarrar aún
más. Me encogí de hombros y él sonrió aún más, revelando su conjunto de hoyuelos
antes de que sus compañeros salieran de la cueva para tomar el campo.

Se movió para ponerse en fila y retrocedí para tomar mi asiento al lado de


Kimberly. Como cada jugador de Blackwater fue anunciado, su “Diamond Girl” se
puso de pie y aplaudió con una señal que tenía el nombre del jugador en él. Traté de
decirme a mí misma que no significaba nada cuando Kimberly se destacaba por Chase.
Ella agitó su señal salvajemente, haciendo que algunas piezas de brillo volaran y
aterrizaran en mis piernas. Miré hacia abajo a los destellos dorados mientras un
oscuro, retorcido sentimiento comenzó a superar mis pensamientos.

Soy un fraude.

Kimberly había estado allí viendo y apoyando a Chase durante los últimos dos
años. Hizo señas para él y usó su nombre en su camisa, y hace sólo dos semanas yo ni
siquiera había estado hablando con él.

—Lo siento por todo este desagrado. —Se rio Kimberly, dejando el cartel a sus
pies—. Es toda la tradición, así que nos limitamos a ir con ella.

Sonreí con fuerza. —No, está bien. Estoy muy contenta de que Chase te tenga.

Me miró durante un momento, confundida, pero me volví hacia el campo antes de


que ella pudiera hablar.
El scrimmage comenzó como se esperaba, y rápidamente aprendí que las
Diamond Girls eran una especie de sección de cuasi-porras para el equipo de béisbol.
Ellas tenían cánticos para cada momento del juego: entre entradas, cuando el otro
equipo subió al bate, y cuando su jugador designado hizo una jugada. A veces
cantaban mientras se sentaban, pero la mayor parte del tiempo todos se ponían de pie
para alegrar un poco y la multitud se unía a ellas.

Todo el tiempo, me moví en mi asiento, sintiéndome tan horriblemente fuera de


lugar que me hubiera gustado haber desaparecido. Traté de concentrarme en el juego
lo mejor que pude. Chase estaba jugando bien, eliminando jugador tras jugador a
medida que avanzaban las entradas, pero el agujero en mi estómago aún crecía,
exigiendo que se sintiera.

—¿Qué haces después del juego? —preguntó Kimberly después de que ella y las
Diamond Girls hubieran terminado un canto particularmente fuerte. Podía sentir que
me estudiaba, pero mantenía mis ojos en el campo.

—Oh, um, mi papá dijo algo acerca de conseguir pizza.

Pude ver su sonrisa por el rabillo del ojo. —Genial. Creo que vamos a ir a tomar
comida con el equipo y luego pasar el rato en algún lugar después. ¿Quieres que te
envíe un mensaje de texto dondequiera que acabemos?

Un adolescente normal y bien ajustado habría dicho que sí, pero no me apetecía
salir con las Diamond Girls y el resto del equipo de béisbol. Podía imaginarme sentada
a un lado, sintiéndome incómoda y fuera de lugar. Aprecié su deseo de incluirme, pero
se sentía obligado.

Fue entonces cuando finalmente me di cuenta de que en realidad no encajaba en


ninguna parte de mi instituto, ni con los flojos, y ni con los niños populares. Mi hiato
en Austin había logrado separarme de todos. Yo era una completa solitaria.

—Está bien —le dije—. Me desperté muy temprano, así que seguramente me
estrellaré esta noche.

Justo cuando terminé de explicar mi excusa, mi teléfono sonó en mi bolso. Sentí la


vibración contra mi pierna cuando me incliné para recuperarla. El nombre de Ashley
brilló a través de la pantalla y mi tripa se cerró. Ella y yo no habíamos hablado desde el
día anterior en el pasillo.

Le hice un gesto a Kimberly de que iba a atender la llamada y luego fui por debajo
de las gradas para poder hablar sin el ruido de la multitud.
—Hola Ashley —le respondí cuando había doblado la esquina detrás de los baños.

—Guau, estoy sorprendida de que incluso contestarás. Pensé que sólo aceptabas
llamadas telefónicas de los elegidos en estos días.

Supuse que estaba siendo fría porque no la había llamado el día anterior como
había dicho que lo haría.

—Lo que sea.

—¿Que estás haciendo ahora? ¿Quieres venir a lo de Trent conmigo?

Mi estómago rodó ante la idea.

—Estoy en un partido de béisbol.

—Espera, espera. ¿Estás en el juego de béisbol de Blackwater ahora mismo?


¿Creías que habías dicho que ibas a quedarte en tu casa este fin de semana? —El juicio
goteaba de cada sílaba—. Guau, supongo que vivir con Chase realmente te está
cambiando.

Algo en su tono cortó un cordón dentro de mí. Había dejado que Ashley me
tratara como una mierda durante las últimas dos semanas y lo había roto. De todos
modos, nunca la había considerado una amiga, pero ella no sabía nada de mi vida o
por qué tomé las decisiones que tomé. No sabía nada de la muerte de mi madre ni de
los problemas de mi familia.

—Quería ver uno de los juegos de mi padre antes de graduarme. No puedes ser
grosera conmigo por eso. Ya sabes, pensé que necesitaba una amiga para ir a la
preparatoria, pero prefiero estar sola que perder mi tiempo con gente que va a
juzgarme por cada pequeña cosa que hago.

Exhalé una respiración profunda y me di cuenta que había dicho mucho más de lo
que había planeado.

—Vaya, está bien, señorita Independiente. ¿Se sintió bien? —Se rio.

Esperaba que me gritara o al menos colgara, por lo que su risa me sorprendió.

—Sí. —Sonreí—. Lo hizo.


—Sólo deseaba que vinieras —dijo ella—. Sé que no tenemos una tonelada en
común, pero esta es una pequeña ciudad y las opciones para los amigos son bastante
limitadas.

Me reí de lo contundente que estaba siendo. Era cierto que éramos técnicamente
amigas por defecto, pero decirlo en voz alta era un tabú.

—Vamos a salir pronto entonces. Tal vez podamos ir a ver una película —
contesté, agitando una bandera blanca.

—Suena bien. Hablo contigo más tarde.

Colgué el teléfono, me sentía extrañamente más ligera mientras retrocedía hacia la


rampa. Aglomeraciones de gente estaban bajando con sus sillas del estadio y la basura
en la mano. El scrimmage debe haber terminado mientras estaba al teléfono y yo ni
siquiera me había dado cuenta. Luché contra el flujo de gente para volver a subir a las
gradas. Cuando llegué a la cumbre, eché un vistazo al marcador. Habíamos ganado 14
- 4.

Me volví hacia el campo. Mi padre estaba hablando con el entrenador de la otra


escuela en el montículo del pitcher. El equipo de Blackwater estaba alineado contra el
barandal metálico de las gradas con las Diamond Girls alineadas frente a ellos. Cada
Diamond Girl estaba delante de su jugador designado y cuando vi a Chase sonriéndole
a Kimberly, sentí un puñetazo en mi estómago. Kimberly se inclinó para hablar con él
sobre el ruido del estadio y permanecí allí un momento, sin saber qué hacer.

Verlos juntos raspó cada una de mis inseguridades. Eran como una pareja, el chico
de oro y la chica de diamantes. Sus hijos serían la realeza en esta pequeña ciudad y yo
quería vomitar.

Cuando los jugadores se acercaron para entregar a cada una de las Diamond Girls
una rosa roja, empecé a caminar hacia atrás por la rampa. No pude presenciar otro
segundo.

En el momento en que desaparecieron de mi vista, la presión en mi pecho


disminuyó y yo sabía que lo correcto era alejarse de cualquier competencia tácita entre
Kimberly y yo. En realidad, llamarla una competencia era darme demasiado crédito.
Yo estaba rota; Kimberly estaba entera. Yo era egoísta; Kimberly te daría la camisa de
su espalda. Ella merecía tener Chase todo para sí misma y sacándome de la
competición, podría fingir que no dolía tanto mientras me alejé la perdedora.

Abrí mi teléfono y le disparé a mi padre un texto rápido.


Lilah: Mejor hagamos lo de la pizza en casa.
Traducido por Mariela

Corregido por Pagan

e acosté en la cama esa noche mirando las sombras que bailaban a través
de la superficie de mi techo. Ya me había dado la vuelta a cada lado de
mi cuerpo media docena de veces, pero el sueño resultó escurridizo.
Ninguna posición, almohada o rebaño de ovejas hacía más fácil detener el flujo de
pensamientos de mi mente.

Cuando llegué a casa después del partido, pedí pizza aunque no tuviera hambre.
Mi papá y yo lo comimos mientras vimos Friends volver a transmitirse y al final, él me
miró.

—Estoy muy contento de que hayas venido hoy, Lilah. Sé que significó mucho
para Chase —dijo.

Ignoré la mención del nombre de Chase. —Fui a verte a ti, papá. Estoy orgulloso
de ti, viejo.

Él se echó a reír y sacudió la cabeza. —¿Quieres trabajar en el jardín mañana por


la mañana?

Me preguntaba si podía decir que tenía cosas pesadas en mi mente. Él me ayudaría


en el jardín de vez en cuando, pero si él me preguntaba, significaba que quería
animarme.

A pesar de todo, asentí. —Sí, creo que los tomates están listos para ser plantados.
Después de mirar la primera mitad de otro episodio de Friends, subí a mi
habitación y me preparé para la cama. Era temprano, pero Chase no estaba en casa
todavía y yo quería ir a dormir y fingir que no sabía que estaba saliendo con Kimberly.

La idea de ellos juntos duele.

Me sentí llorando por todo lo que Kimberly tenía, y la noción me sorprendió. Dos
semanas antes, yo había estado viviendo en otra ciudad, y ahora de repente, quería ser
la mejor amiga de Chase de nuevo. Quería ser su tonta Diamond Girl, y quería que me
entregara una rosa al final del juego y me sonriera como si yo fuera su mundo.

Admitir eso sólo hizo que el dolor se quemara en mí un poco más profundo, así
que me volví y miré a mi pared en blanco, tratando de encontrar otro tema, cualquier
tema, para captarlo. A la mañana siguiente mi padre y yo plantaríamos algunos
tomates de la herencia. Me concentré en el proceso: cultivando la tierra, añadiendo
fertilizante y mantillo fresco, recolectando una parcela con pleno sol y suelo bien
drenado, excavando un agujero lo suficientemente ancho como para que la planta
pudiera encajar sin que fuera demasiado profunda, agregando una jaula para que la
Planta pudiera sostener su propio peso...

Una puerta se abrió en el pasillo. Miré hacia arriba y contuve mi aliento tratando
de identificar qué puerta se había abierto: de mi papá o de Chase. Cuando oí el suave
retumbar del material del juego, supe que Chase todavía no estaba en casa.

Me tiré de espaldas y dejé salir un soplo de aire. Mis manos apretaron las sábanas
y deseé que mi mente se apagara para poder dormir siete horas sin pensar. Parpadeé,
luego cerré mis ojos, luego arqueé mi cuello para reajustar mi cabeza en mi almohada,
y luego finalmente me senté para golpear mi almohada irregular en sumisión.

Cuando había tenido suficiente, decidí encontrar un NyQuil8 en mi cuarto de baño


y ver si eso me tumbaría.

Me tomó un momento adaptarme a la luz brillante cuando encendí el interruptor


en el baño, pero cuando lo hice, lo primero que vi fueron los ojos de mi madre
mirando hacia atrás en el espejo.

Las drogas la habían cambiado, físicamente y emocionalmente. Habían envejecido


su cara, arruinándola con arrugas profundas. Le habían amarilleado los dientes y

8
NyQuil: es una medicina combinada, se usa para tratar dolor de cabeza, fiebre, dolor
de cuerpo, tos, nariz mocosa, estornudos, picazón, y ojos llorosos, causados por
alergias, el resfrío común, o la gripe.
habían dejado en su aliento el hedor de la muerte. Se habían adelgazado su cabello y le
habían rasgado las uñas. Sus pómulos se habían hundido, sus ojos se hundían detrás de
círculos oscuros, pero no había cambio en el color de los ojos. Sus ojos verdes pálidos
estaban en su genoma, del mismo modo que estaba en los míos.

Me incliné hacia adelante y me miré al espejo sin parpadear. Estudié la coloración


en mis ojos, tratando de ver debajo de su superficie. Parecían dos esmeraldas cortadas,
bordeadas de un profundo verde oscuro.

Estudié uno y luego el otro, tratando de encontrar huellas sutiles de ella, lo cual es
probablemente la razón por la que no me fijé en Chase hasta que estaba justo detrás de
mí. Era un borrón de rasgos y luego cambié mi mirada y me encontré con sus ojos en
el espejo. El avellana claro era un cambio refrescante.

—No me convertiré en mi mamá —dije.

—Lo sé. —Asintió.

—No voy a ser lo que ella era —dije, enfatizando mi punto.

—Entonces no lo hagas —dijo, moviéndose suavemente de lado a lado, lo


suficientemente lentamente como para inclinar la cabeza para confirmar que el
movimiento estaba sucediendo.

—¿Estás borracho? —dije, girando lejos de su reflejo para verlo en carne y hueso.

—Estaba en el montículo —comenzó él, ignorando mi pregunta—. Ponché al


último bateador y cuando miré hacia arriba en las gradas, tú no estabas allí. ¿Por qué
no estabas allí? —Sus cejas se arrastraron juntas, tejidas por el centro de su frente con
frustración.

—Yo estuve ahí. Estuve allí todo el tiempo, pero Ashley me llamó y no pude
ignorarla —expliqué—. Cuando volví, el juego había terminado.

Mis palabras no parecían significar nada, ya que su actitud permaneció igual. —


Quería que estuvieras allí esperándome —dijo.

—Kimberly estaba esperándote. —Las palabras estaban fuera antes de que yo las
formara en mi mente.

—Lilah —advirtió con un tono áspero.


—¿Qué? No iba a estar detrás de ella en la fila para hablar contigo. No soy una
persona competitiva, y sé cuándo es el momento de rendirse. —Estaba siendo
inmadura, y aun así, no podía subir por encima de ella. No podía ser la persona que
Chase necesitaba que yo fuera.

—La besé esta noche —dijo, dando un paso hacia delante para que yo tuviera que
dar un paso atrás—. Kimberly.

Dio otro paso atrás y la parte de atrás de mis muslos golpeó el lavabo frío; no tenía
ningún otro sitio adonde ir.

—¿Es eso lo que quieres oír? —preguntó—. ¿Que la besé porque estaba borracho y
enojado contigo?

—Chase, detente.

—No —dijo, encerrando mi cuerpo contra el lavabo con los brazos mientras él se
inclinaba hacia abajo. Su cara estaba a la altura de la mía y pude oler la cerveza en su
aliento. Odiaba que él todavía pareciera tan dolorosamente guapo. No quería pensar
que era guapo; quería volver a antes, cuando nadie podía herirme y mantuve a todos a
distancia. Tal vez no había sido feliz, pero al menos estaba segura, contenta, constante.

—Me alegro de que la hayas besado —mentí a través de mis dientes.

—No, no lo haces —argumentó.

Apreté los ojos cerrados y giré la cabeza para que no tuviera la tentación de
inclinarse hacia adelante y cerrar la brecha entre nuestros labios.

—No pelearé por ti.

—Quizá quiero que pelees por mí —dijo, rozando su mejilla contra la mía.

Cerré los ojos. —Estas borracho. No recordarás nada de esto por la mañana.

—¿Sabes qué? —Se inclinó hacia adelante y su aliento golpeó mi lóbulo de la


oreja—. Ella nunca será tú, Lilah.

Absorbí sus palabras en dos respiraciones lentas.

—Necesitas dormir —le ofrecí con un tono suave.


—No sabes lo que necesito —discutió con furia construyéndose detrás de sus ojos
avellana. Él arrastró su cuerpo contra el mío y su pecho me golpeó con suficiente
fuerza para sacarme el aire, pero cuando sus labios se encontraron con los míos, eso
fue cuando me robó el aliento.

Mis dedos se enrollaron en su cabello, tratando de mantenerlo a una distancia


segura, pero sus manos me sujetaron la cintura, levantándome de nuevo en el lavabo
del baño. Metí las piernas alrededor de sus caderas y perdí de vista todo lo que estaba
más allá de él. En un mundo blanco y negro, Chase y yo nunca acabaríamos juntos,
nuestras madres se habían asegurado de ello, pero en ese pequeño cuarto de baño, bajo
las duras luces fluorescentes, nos arrastraron cada vez más hacia el gris, el espacio
desordenado y culpable que se encontraba entre el bien y el mal.

Él rompió el beso y apoyé mis manos en el lavabo del baño, tratando de


mantenerme erguida por mi cuenta.

—Eso es lo que necesito —dijo antes de salir del baño y dejarme balanceándose de
un lado a otro en el lavabo, buscando el corazón que acababa de arrancarme de mi
pecho.

Apagué la luz del cuarto de baño y la habitación se volvió oscura. Nunca le había
pedido que me llevara al gris. Yo estaba perfectamente feliz viviendo en el negro.
Traducido por Rosewin

Corregido por Pagan

erré de un portazo la puerta de mi habitación detrás de mí y encendí la


luz. Harvey había dormido en mi cama, y el ruido de la puerta lo
despertó. Mi espalda descansó contra la madera fría mientras miraba a
Harvey observándome. Sus ojos estaban muy abiertos mientras esperaba mi siguiente
movimiento, pero no tuve un movimiento siguiente.

Odiaba lo obstinadamente que amaba a Lilah. Ella podría destrozarme en dos y


aún volvería. Una parte oscura de mí quería odiarla. Sería mucho más fácil si pensara
que era tan malvada como ella pensaba que lo era, pero yo sabía el secreto que ella tan
duro trataba de ocultar: estaba asustada, asustada de dejar que sucediera algo entre
nosotros, asustada de mirar más allá de todos los defectos para llegar a la verdadera
carne de la vida.

Pensé que había dejado el partido de béisbol temprano. Me había concentrado en


el juego, sabiendo que ella estaba en las gradas observándome. Cuando el juego había
terminado y yo había levantado la vista para encontrar su asiento vacío, había dolido
más de lo que quería admitir. Había pasado por los movimientos de las tradiciones
posteriores al juego. Habíamos pasado rosas a las Diamond Girls y entonces Connor
me había arrastrado a su casa para una fiesta. No había querido ir, quería cazar a Lilah
y obligarla a explicar por qué no podía estar allí para mí ni siquiera una vez.

Después de cuatro cervezas en la casa de Connor, me dije que Kimberly era con
quien yo pertenecía. Era bonita y sencilla, tan jodidamente sencilla que no tenía
sentido por qué no estaba en ella. Ella nunca me decepcionó, nunca se alejó, nunca
fingió no amarme.
Nunca debí haberla besado.

—Yo no te gusto más. —Kimberly se rio mientras me alejaba—. Y definitivamente tampoco


me gustas.

Me encogí.

Se encogió de hombros. —Creo que todas las chicas de nuestra escuela se han enamorado de
ti al menos una vez, pero creo que finalmente paso de ti. Brian y yo hemos estado saliendo
últimamente y él me pidió que fuera a una cita con él el próximo fin de semana.

No podía creer que Brian hubiera tenido el valor de invitarla a salir.

—Y... tú obviamente estás tan enamorado de Lilah que ni siquiera puedes ver bien.

Pasé una mano por mi cara. —Sí, bueno, no estoy seguro de que alguna vez fuera recíproco.

Ella rio. —¿Estás bromeando? ¿No escuchaste lo que acabo de decir? Cada chica se ha
enamorado de ti, e incluso Lilah Calloway no es inmune a tus encantos. Ella te miraba todo el
tiempo. Si su padre no fuera el entrenador, yo habría asumido que nunca había visto un partido
de béisbol.

Entrecerré mis ojos, tratando de averiguar si Kimberly decía la verdad. No tenía nada que
ganar con la mentira, así que me encogí de hombros y cambié el tema.

—No le digas a Brian sobre ese beso. Estoy ebrio.

Ella rio. —Considéralo un hecho.

Harvey se deslizó de la cama para olfatear alrededor de mis talones. Me incliné


para acariciarlo, tratando de averiguar si necesitaba ir en una carrera a última hora de
la noche. Tenía demasiada energía para dormir, pero sabía que vomitaría tan pronto
como mis pies golpearan el pavimento. En cambio, alcancé debajo de mi cama por mis
herramientas y mi caja de cámaras. Dejé caer la caja sobre mi escritorio y la revolví
hasta que encontré el delgado estuche marrón en el fondo. En el interior, había una
antigua Leica M3 que había encontrado en línea unos meses antes. Era de 1952 y había
sido casi imposible de reparar cuando llegó por primera vez. Había estado trabajando
en ello lentamente, tratando de prolongar el proceso para que no terminara y luego
tuviera que venderla. Fue un hallazgo raro, que valía mucho para mantener, pero
ahora tenía una mejor idea para ello.
Traducido por Gisenid

Corregido por Pagan

espués de la noche de sueño más inquieta que he tenido nunca, me


encuentro acostada sobre la cama escuchando los sonidos de nuestra vieja
casa y trato de ignorar este presentimiento. Era una señal física de mi
estrés y sabía que no se iría hasta que enderezara los dobleces de mi vida. Chase era el
primer punto en esa lista.

¿Cómo podía mirarme todos los días cuando yo tenía los mismos ojos verdes que
mi madre? Era una parte de ella sin importar que tanto intentara pretender que no.
Podría empujarme al gris, podría pretender que aquí estábamos bien y felices, pero al
final, siempre estaríamos viviendo con fantasmas.

Me saque de encima las sabanas y salí a rastras de la cama. La casa permanecía en


silencio mientras me ponía una camiseta y el mismo par de pantalones andrajosos que
siempre vestía cuando hacía jardinería. Tenía agujeros en las rodillas por inclinarme
para cavar en la tierra, pero me quedaban bien y no podía soportar la idea de
reemplazarlos.

Una vez que tenía los guantes metidos en el bolsillo trasero, abrí la puerta y salí al
pasillo. La puerta de Chase se encontraba cerrada, y el espacio entre la puerta y la
alfombra estaba oscuro; él aún dormía. Pasé su habitación y me dirigí escaleras abajo
en busca de una banana o algo de agua. Tomaría un descanso más tarde para tener un
desayuno real; tenía muchas ganas de comenzar.

Era inicio de temporada pero cultivaba mis plantas a partir de las semillas, y en
Texas es mejor empezar temprano o los cultivos tenían que luchar con el calor del
verano. Mientras salía al porche, inhale profundamente y traté de ignorar el nudo
permanente en mi estómago.

Estudiaba con intensa concentración mis parcelas y masticaba trozos de la banana.


El patio trasero no era gran cosa y, sin embargo, dentro de unos meses, cada una de las
parcelas plantadas estarían rebosantes de vida. Mi papá las arregló y ahora lo único
que quedaba por hacer era llenarlas con tierra y abono.

Me termine la banana, puse la cascara a un lado y luego me encaminé hacia el


césped.

El cobertizo pequeño cerca de la valla fue designado para nuestra cortadora de


césped y equipo de jardinería. Jale la puerta de madera para abrirla e inhale la
quintaesencia de la tierra que persistía alrededor del abono embolsado. Mi papá se
tomó el tiempo de abastecerlo con provisiones para todo el año, ahorrándome el viaje
al pueblo. Le mando unas gracias mentales y en seguida comienzo a contar las bolsas.
Me encontraba a medio camino de terminar cuando la puerta mosquitera de la casa se
abrió con un chirrido.

Cuando me giré, encontré a mi papá con una taza de café y una sonrisa cálida.
Llevaba una camisa Henley y sus pantalones de jardinería, al igual que yo, excepto que
los suyos lucían aún más desgastados.

—Juro que cada año comienzas más temprano —bromeó, tomando un sorbo de
café que, sabía por experiencia, era negro como el alquitrán. Cuando era niña robé un
sorbo de eso y lo escupí en la mesa de la cocina. La salpicadura negra manchó la
madera antes de que alguien hubiese podido limpiarla.

—Simplemente me gusta comenzar cuando el aire aún está frío. Más tarde llegará
hasta los 27 grados.

Asintió y tomo otro largo sorbo de su taza.

—¿Primero frutas o vegetales? —preguntó.

—Frutas. Serán más fáciles. Este año solo plantaré sandia y fresas.

—¿Pensé que querías hacer esa planta de frambuesas? —preguntó.

Año tras año, mi mamá y yo hemos intentado, y fallado, en hacer crecer una vid
de frambuesa.
—Sí, pero tengo que plantarla a lo largo de la valla, así la vid tienen a que aferrarse
—expliqué.

Posa su taza de café sobre el porche con un golpe seco. —Parece que serán de alto
mantenimiento.

Igual que ella.

—Pienso que seré capaz de hacerlas crecer —dije, justo cuando la puerta
mosquitera se abrió de nuevo con un chirrido.

Igual que el sol sale detrás de una nube, así salió Chase al porche trasero, vistiendo
una simple camiseta blanca y pantalones vaqueros desteñidos. Iba descalzo y su
cabello se encontraba alborotado por el sueño. Dejó salir un bostezo justo cuando la
puerta mosquitera golpeó el marco de madera a su espalda.

—Buenos días Chase. Esperamos no haberte despertado —dijo papá.

Negó con la cabeza e intento en vano domar su cabello antes de rendirse del todo.
—Nah. No podía dormir así que se me ocurrió en bajar a ayudar. —Se detuvo y miró
más allá de mi papá, sus ojos marrones me encontraron de pie en la entrada del
cobertizo—. Si eso está bien…

Mi papá se dio la vuelta para observarme con expresión divertida y supe que si
decía que no, probablemente me regañaría por ser grosera.

Me encogí de hombros y me giré para regresar al cobertizo. —Cuantos más


seamos, mejor.

Mi papá se acabó su café, Chase salió del porche, y luego nos pusimos a trabajar
para formar una línea de montaje. Mi padre le tendió las bolsas de abono a Chase,
quien las cargó hacia los parterres, y yo las rasgué con un par de tijeras de jardinería.
Cada parterre necesitaba un par de bolsas, así que al final, todos estábamos trabajando
juntos, desgarrando el plástico y vertiendo el contenido de las bolsas en montones
iguales.

Chase se arrodillo frente al parterre que se encontraba delante de mí mientras mis


dedos cavaban en la tierra fresca. Traté de no levantar la mirada, pero de todos modos
lo hice. La luz de la mañana capturo su cabello rubio de una manera que hacía difícil
ignorarlo. Su rostro estaba bronceado de manera uniforme desde el juego de béisbol de
ayer, y cuando miré hacia arriba me atrapó mirándolo fijamente y volví a bajar la
mirada lo más rápido que pude.
—Vi esa cascara de banano sobre el porche. ¿Para qué es? —preguntó Chase sin
rastro de arrogancia en su tono; quizás no se dio cuenta de que lo observaba.

—Voy a usarlo para mis frambuesas.

Inclinó la cabeza en mi dirección y alzó las cejas. —¿Como abono?

Asentí.

Después de unos instantes entró de nuevo a la casa, y luego volvió a salir con una
banana para sí. Al más puro estilo de un adolescente, se la comió en tres mordiscos y
mientras se encontraba con mi mirada dejó caer la cascara encima de la mía.

—Para las frambuesas —dijo con la mano derecha sobre el corazón y una sonrisa
que era demasiado encantadora para su propio bien.

Solté una risita entre dientes y negué con la cabeza.

—¿Ya estás lista para las semillas, Lilah? —preguntó mi papá desde el interior del
cobertizo.

Mire hacia los ocho parterres llenos con tierra rica y nueva. —Sip. Primero vamos
hacer las sandias.

Tres horas después. La mayoría de los parterres estaban llenos de semillas,


aplanados con la mano y regados. Se esperaría que las semillas brotaran en una o dos
semanas y sabríamos si necesitaríamos plantar más o no. Me senté sobre los talones y
admiré nuestro trabajo duro.

—Estoy hambriento. ¿Tienen hambre chicos? —preguntó papá mientras se ponía


de pie y se sacudía el polvo.

—¡Sí! —vociferamos al mismo tiempo, Chase y yo. Sin duda no me había


detenido para comer algo aparte de esa banana, y mi estómago gruñía en protesta.

—Está bien. Iré al pueblo y traeré algunas hamburguesas.

Recitamos las especificaciones de un tirón; no pepinillos para mí, extra queso para
Chase, y luego salió a buscar la comida. Prácticamente, me encontraba salivando de
solo pensar en la hamburguesa, pero sabía que al menos le tomaría veinte minutos a
mi papá ir y regresar, así que intenté mantenerme ocupada y continuar plantando
semillas.
—Vamos a tomarnos un descanso —dijo Chase, apoyándose en sus talones y
dejando salir un suspiro.

Levanté la mirada hacia él y entonces me reí. Tenía estrías de tierra en toda la


mejilla y su cabello era un desastre salvaje, incluso más que cuando se despertó.

—¿Qué? ¿Ves algo gracioso? —preguntó con un brillo malvado en sus ojos.

Señalé su mejilla. —Creo que tienes algo en la cara.

Se limpió sin propósito la boca, barbilla y frente. No sabría decir si


intencionalmente estaba evitando el lugar o no, pero de cualquier manera me impulsé
del suelo y rodee el parterre. Cuando estaba agachada delante de él, extendí la mano y
con el pulgar limpié su mejilla. La tierra casi no se movía.

—¿Lo lograste? —preguntó esperanzado.

Solté una risita y lamí el pulgar para ver si eso ayudaría. La tierra estaba muy bien
incrustada.

Se estremeció cuando lleve mi pulgar de vuelta a su rostro. —Oh, asqueroso.


Ahora solo estas limpiándome con tu saliva.

—¡No! Juro que la mitad de tu mejilla está cubierta de tierra. —Me reí.

Incluso antes de que pudiese reaccionar, extendió la mano hacia el parterre y me


paso algo de tierra por la mejilla.

—¡Chase!

Se encogió de hombros. —Ahí. Ahora estamos iguales.

Sobre mi cadáver.

Cogí un puñado de tierra y apunté directamente a él.

—¡Espera! —gritó, alzando las manos en defensa.—¡No quieres hacer eso!

Mi ceja se alzó por su propia cuenta. —Oh, creo que sí. —La tierra que me había
restregado en la mejilla se encontraba fría y húmeda por la manguera del jardín. Se
deslizó por mi mejilla como lodo y luego una pequeña parte me salpicó encima del
hombro. No esperé un segundo más; le lancé el trozo de tierra y aterrizó justo en el
centro de su camiseta blanca.

—¡Lilah! —vociferó mientras se abalanzaba y me agarraba de las muñeca. A pesar


de que me sostenía, instintivamente traté de alejarme pero no pude moverme. Me
moví de un lado a otro y caí sobre mi espalda. Se inclinó sobre mí con una sonrisa
confiada, perfilado por el sol a su espalda.

—Déjame ir, Chase.

—No creo que sería justo. Acabas de arrojarle un trozo de tierra a un hombre
desarmado. —No perdió la sonrisa y cuanto más durara esta, más difícil sería
convencer a mi corazón que ralentizara su ritmo salvaje.

—Tú me lo hiciste primero —señalé.

Asintió y bajo su cabeza a escasos centímetros de la mía. Por instinto mis ojos
viajaron hacia sus labios.

—¿Así que deberíamos de desquitarnos de una vez por todas? —preguntó. La


respiración se me quedó atascada en la garganta y supe que él podía oír la sangre
correr por mi cuerpo.

—Sobre anoche… —comencé, sintiendo el rubor subir por mis mejillas mientras
pensaba en nuestro beso. Ni siquiera podía mirar sus labios sin recordar la sensación
de ellos sobre los míos.

—¿Qué pasa con lo de anoche? —desafió, manteniendo sus ojos marrones


clavados en mí.

—Um. —No podía pensar con él tan cerca. Su rodilla estaba encajada entre mis
piernas y el agarre en mis muñecas era firme. El olor de su jabón corporal fue
suficiente para confundir mi lógica—. No debemos hacerlo de nuevo.

—¿Hacer qué? —retó.

—Besarnos.

—¿Así qué ahora mismo no quieres que me incline y te bese? —preguntó con una
sonrisa divertida.
Apreté los labios como si temiese que actuaría según sus palabras, y luego negué
con la cabeza.

—Lo siento, no escuche eso.

—Yo…

La camioneta de mi papá irrumpió por el acceso de entrada, interrumpiendo


nuestro corto momento y salvándome de mi respuesta tartamudeada. Escuché al
motor apagarse y la puerta de la camioneta cerrarse con un golpe. Chase liberó mis
muñecas y se impulsó del suelo para ponerse de pie. Antes había estado bloqueando el
sol y cuando se alejó, tuve que entrecerrar los ojos por el resplandor cegador.

Era demasiado brillante.


Traducido por Antonietta

Corregido por Pagan

as ventanas de mi escuela no estaban limpias como regularmente deberían


estar. Era casi imposible ver más allá de la suciedad y el polvo, pero si lo
intentaba lo suficiente, podía ver la cerca perimetral y los campos que están
más allá. Me enfoqué ahí al comienzo de mi detención, tratando de contar las filas de
suciedad para mantener mi cerebro ocupado. No quería pensar en Chase o en mi
mamá. Ambos ya tenían posesión de mi mente en la noche cuando no había nada para
distraerme. Se batirían a duelo en la oscuridad de mi habitación, halándome de un
lado a otro como si fuera la dama principal en algún tipo de triángulo amoroso
retorcido.

Cada paso que tomé hacia Chase, cada vez que dejé que mi guardia bajara siquiera
un centímetro, pude sentir el fantasma de mi madre girando a mí alrededor, tirándome
en la tierra como una enredadera venenosa. La resentí por eso, la forma como ella
podía arañar su camino de regreso de la muerte. Tontamente había asumido que la
muerte finalmente la alejaría de mí.

Un estudiante se deslizó en el asiento libre frente a mí, arrojando su mochila de


modo que esta se estrelló contra la pila de libros en mi escritorio. La mitad de ellos se
deslizaron en el suelo y el caos del momento me sacó de mi concurso de miradas con
el campo.

—Oh, mierda. Lo siento —dijo, agachándose para agarrar los libros caídos.

Los empujó de regreso a mi escritorio y desestimé su disculpa, tratando de decidir


si tenía la fuerza de voluntad para abrir cualquiera de los libros que ahora estaban re-
apilados desordenadamente en mi escritorio. Ya estaba adelantada en todas mis clases,
pero no sobreviviría a una hora en detención sin algún tipo de distracción.

La señora Nicholson, la pobre profesora que había tenido la suficiente suerte de


caer en el deber de la detención, instruyó a todos que se sentaran y se pusieran
cómodos. Alcé la vista hacia el gran reloj negro que colgaba sobre la pizarra blanca
enfrente de la clase. De acuerdo a las lentas manillas del reloj, tenía cincuenta y nueve
minutos hasta la libertad. Con un suspiro, abrí mi libro de literatura y di vuelta a un
capítulo que no íbamos a tratar hasta dentro de unas semanas.

Hubo un golpe en la puerta de la clase, pero mantuve mi atención en mi libro,


intentando releer una oración hasta que se me grabara.

—Señor Matthews, ¿qué puedo hacer por usted? —preguntó la señora Nicholson.

Mi mirada voló para ver a Chase de pie en la puerta llevando una sonrisa
confiada, una sudadera de la preparatoria de Blackwater, y descoloridos pantalones.

—Necesito llevarme a Lilah Calloway —dijo, sosteniendo un trozo de papel—.


Tiene una reunión con el consejero de la universidad.

Bajé la mirada a mi libro escondiendo mi sonrisa. Chase Matthews estaba


mintiéndole a un profesor.

La señora Nicholson se giró hacia la habitación. —¿Hay una Lilah Calloway aquí?

Levanté mi mano suavemente.

Ella asintió y apuntó hacia la puerta.

—Bien. Date prisa así no tenemos más interrupciones.

Empujé mis libros dentro de mi mochila, comprimiéndolos, e hice mi camino


hacia la puerta. Algunos estudiantes silbaron bajo su aliento mientras pasaba. Rumores
sobre Chase y yo habían estado circulando desde la edad de piedra, pero desde que
había vuelto, se habían regresado con venganza. Deliberadamente miré más allá de
Chase mientras salía por la puerta, y no fue hasta que estábamos afuera en el pasillo
que me detuve y lo miré con una sonrisa escéptica.

—Muéstrame qué hay en ese trozo de papel —dije, extendiendo mi mano.


Él había escrito un pase con letra ilegible que no habría pasado la inspección de un
niño de diez años.

—Lilah Calloway verá a la señora Hill para una cita a las cuatro de la tarde —leí
en voz alta.

Miré de vuelta a Chase. Sus ojos avellanas me miraban con curiosidad y yo me


debatía entre querer agradecerle y querer correr lejos, muy lejos.

—Sabes, si en realidad ella hubiera visto este trozo de papel, se habría dado cuenta
que no era de la papelería de la escuela. Además, ese no es el nombre del consejero.

—¿Qué? —Él se rio y tomó de nuevo la nota para releerla—. Pensé que su nombre
era señora Hill.

—Es la señora Heaney.

Sus cejas se alzaron. —Huh. Le he hablado como unas cinco veces y nunca lo
supe.

Me reí. ——¿Por qué realmente me sacaste de detención?

—Tengo gusto por la aventura —dijo, moviendo sus cejas seductoramente. Mi


estómago se hundió en anticipación—. Vámonos antes que alguien nos vea aquí
afuera.

No tenía ni idea de dónde me estaba conduciendo, pero lo seguí ciegamente.


Chase había encontrado un resquicio para mi evasión: confiar en él o volver a
detención.

—Si alguien nos detiene, diles que vas a ver a tu papá porque no te sientes bien —
explicó.

Nadie nos iba a detener. La campana final había sonado quince minutos antes y
los estudiantes todavía estaban vagando en los pasillos. Chase sostuvo la puerta trasera
abierta para mí y yo me deslicé mis gafas de sol. El sol estaba brillante para finales de
febrero y sabía que mis flores en casa estaban apreciando la calidez.

Lo seguí alrededor de la escuela, directamente más allá del estacionamiento. Sabía


que si miraba, encontraría personas observándonos, así que mantuve mi cabeza hacia
el frente y caminé. Su acabada camioneta estaba estacionado fuera de la cerca
perimetral. Él rodeó el frente y abrió mi puerta por mí, haciéndome pasar con un gesto
de su brazo.

—Revisa el asiento antes de sentarte —advirtió.

Bajé la vista para encontrar un pequeño y desgastado estuche de cámara colocado


en el lado del asiento del pasajero. Lo alcancé, sintiendo la suave piel marrón debajo
de las yemas de mis dedos.

—¿Esto es tuyo?

—Lo era, pero ahora te pertenece.

Entrecerré mis ojos, girando el estuche alrededor de mis manos. —¿Qué quieres
decir?

—¿Qué tan bueno es un detective sin una cámara?

Abrí la solapa del estuche y saqué la antigua cámara, sosteniéndola en mi mano


como un pájaro bebé.

—Es una antigüedad de 1952 Leica M3 —declaró.

Miré de nuevo hacia él y lo vi mirando hacia la cámara en mis manos con una
sonrisa de orgullo extendida sobre sus labios. —¿Funciona?

Él rio. —No, Lilah. Te di una cámara dañada.

Rodé mis ojos. —Es solo que parece tan vieja.

—Prometo que es tan buena como una nueva, y hasta tiene un número de serie
que es más de un millón. Los coleccionistas aman estas porque significa que fue
construida cerca del final de este modelo de producción, por lo que tantos trabajadores
de la fábrica estaban en la cima de su juego —explicó—. Ahora súbete y te enseñaré
cómo usarla.

Agarré la cámara y caminé hacia la camioneta antes que el peso de la realidad


cayera sobre mí.

No puedo irme con Chase.


Era tan fácil fingir que las cosas eran normales, que éramos normales, pero en la
realidad, estábamos a miles de millas de eso. Me alejé de la camioneta, agarré la
cámara en mi mano y sacudí mi cabeza. Chase frunció el ceño cuando le agradecí por
sacarme de detención y se quedó de pie atónito cuando me giré y me alejé.

Cada paso que tomé lejos de él hizo más fácil poder aclarar mi mente.

Era fácil gravitar hacia Chase. Tenía el encanto, la sonrisa y el corazón. Él


prometió felicidad y casi me había permitido creerle, pero yo lo sabía bien.

Mi madre había arruinado a Hannah; me negaba a arruinar a Chase.

***

Chase
Para mí, Lilah significaba escapadas de noche, cabello iluminado por la luna, y
luces de bengala en julio. Ella había sido la parte más brillante de mi niñez y ahora
estaba evadiéndome a toda costa. Ella pensaba que estaba haciéndome un favor
dándome espacio, pensaba que mi odio hacia su mamá también se extendía a ella.
Estaba seguro que ella ya había armado alguna complicada explicación en su mente,
pero la verdad era que yo amaba a Lilah incluso cuando se alejó de mí ese día.

Siempre amaría a Lilah.


Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

abía pasado un mes desde que había escuchado de mi papá. Trabajé en la


tienda cada domingo y le dejé docenas de correos de voz, pero nunca me
llamó de vuelta.

En la noche del jueves, caminé de aquí para allá en mi cuarto intentando


comunicarme con él. Mis primeras dos llamadas ya habían ido al buzón de voz, pero
decidí intentar una vez más.

Cuando la llamada se conectó, casi se me cayó el teléfono.

—¿Papá?

—Chase. Hola. ¿Puedes escucharme?

—Sí. ¿Es un buen momento para hablar? —pregunté.

—Oh, seguro… seguro. ¿Cómo estás, amigo?

Había un borde en su voz, un insulto leve, y sabía sin lugar a dudas que había
estado bebiendo.

—Estoy bien —ofrecí, moviéndome a través de mi habitación por lo que la mirada


de Harvey siguió mi camino—. ¿Cómo han estado las cosas por allá?
Él tosió y esperé a que me respondiera. Cuando no lo hizo, comencé a caminar
con fatiga.

—Podría venir para la cena o algo pronto.

—Oh, no, no. No es un buen momento para eso. Estoy pensando sobre la tienda.
Podría tener que cerrarla, con la economía y todo eso.

Apreté mis ojos cerrados. No podía creerlo.

—¿Entonces qué harás para ganar dinero? —pregunté. Un chico de dieciocho años
nunca debería tener que hacerle esa pregunta a su padre.

—Chase, no empieces con eso —se quejó—. Tengo todo controlado y no necesito
que estés respirando bajo mi cuello. Tú solo preocúpate por el béisbol. ¿Lo estás
haciendo bien? ¿Cómo estás jugando esta temporada?

Fue casi peor que él supiera que estaba pasando la temporada. No se había
perdido ni un solo juego antes de que mi mamá muriera, solo había logrado asistir a
uno o dos después de su muerte.

—Ha sido una buena temporada, papá. El entrenador Calloway piensa que
tenemos oportunidad de ir a las estatales si seguimos jugando cómo lo estamos
haciendo.

El sonido inconfundible del vidrio rompiéndose en el fondo sirvió como el punto


en mi oración.

—Oh, mierda. Maldita sea. Chase, me tengo que ir —dijo justo antes de que la
línea muriera. Quité el teléfono de mi rostro y miré hacia abajo con incredulidad. La
llamada terminó. Así como así, mi papá se había ido de nuevo. Mi dedo se cernió
sobre su nombre mientras batallaba contra el impulso de llamarlo de nuevo, pero antes
de que pudiera apretar llamar, un pequeño golpe sonó en mi puerta.

—¿Chase? —llamó Lilah desde el otro lado de la puerta.

—Hola, sí. Estoy aquí —contesté.

La delgada puerta se abrió y el rostro de Lilah se asomó por ahí. —Um, ¿estaría
bien si me llevó a Harvey para un paseo? ¿Solo uno corto alrededor de la cuadra?
La cabeza de Harvey subió bruscamente por el sonido de su palabra de cinco letras
favoritas y supe que no tenía sentido oponerse. Él ya había saltado de la cama y se
unió a Lilah en la puerta antes de que siquiera hubiera dado mi respuesta. Además,
necesitaba el ejercicio, especialmente si iba a estar en la tienda toda la noche.

Asentí y agarré las llaves de mi camioneta de mi escritorio. —Sí, adelante. Voy a


dirigirme a la tienda de mi papá.

Lilah vaciló en la puerta y cuando la miré, le estaba frunciendo el ceño a Harvey.

—¿Qué?

Sus brillantes ojos se encontraron con los míos. —¿No es un poco tarde para eso?

—¿No es un poco tarde para un paseo?

—Solo quiero aclarar mi cabeza —explicó, mostrando su motivo.

Se instaló entonces. Apreté mi agarre alrededor de mis llaves y caminé más allá de
ella.

Si manejaba rápido, podría terminar cuatro o cinco trabajos de reparación antes de


que me estrellara. Mi papá necesitaba muchísima más ayuda, pero era mejor que estar
sentado y no hacer nada. Estaba a mitad de camino por las escaleras, perdido en el
estrés de la tienda, cuando Lilah gritó detrás de mí.

—Chase.

Me di la vuelta y capturé la vista de ella en la parte superior de las escaleras,


jugando con el borde de su camisa de manga larga.

—¿Sí?

Vaciló y luego asintió hacia la puerta principal.

—Dejaré la luz encendida para ti.


Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

l viernes por la tarde, fui a inspeccionar mi jardín, aliviada de encontrar


pequeñas y frágiles plantas esperando por mí. Habían brotado durante la
noche, docenas de gemelos casi idénticos que crecerían en una variedad de
plantas en las próximas semanas. Me incliné enfrente del primer parterre y pasé mi dedo
a través de las nuevas hojas. Eran aterciopeladamente suaves y en desesperada
necesidad de agua. Conecté la manguera y la arrastré sobre la primera cama.

—Lilah.

Una voz desconocida llamó por encima del césped y me di la vuelta para
encontrar a Trent de pie en el porche trasero, aferrándose al poste de madera con una
sonrisa nerviosa. No le había hablado en semanas y repentinamente, allí estaba con su
chaqueta de cuero y sus degastados pantalones negros. Su desastroso cabello y sus Doc
Martens9 completaban su aspecto de adolescente incomprendido.

Le hice señas para que me diera un minuto y terminé de regar las camas. Cuando
el suelo estuvo húmedo y marrón oscuro, apagué la manguera y me dirigí al porche.
Me quité mis zapatos de jardinería y los dejé en el porche para que se secaran. Trent
estaba de pie, mirándome.

9
Doc Martens: es una marca británica de calzado.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté, mirando el camino que él había tomado
alrededor de la casa.

Pasó su mano a través de su cabello y se encogió de hombros. —Estaba


manejando por el pueblo, sin ganas de ir a casa. Pensé en pasar y ver si estabas por
aquí.

No le había hablado a Trent desde que lo había visto fuera del complejo de
apartamentos de mi mamá.

—Solo estaba regando mi jardín —dije, tratando de navegar a través de la


incómoda situación—. ¿Necesitabas algo o quieres entrar?

Colocó sus manos sobre su pecho. —No tienes que invitarme a entrar ni nada.
Debería haber preguntado antes de venir.

Reconocí la desesperación en los ojos de Trent. Sabía lo que era no querer ir a


casa. No conocía su historia, pero si él necesitaba un lugar para pasar el resto de la
tarde, no iba a botarlo.

—Vamos, de todas formas, necesito un aperitivo.

Sonrió mientras yo sostuve la puerta abierta para él.

—No creo haber estado alguna vez dentro de tu casa —admitió, girando en un
círculo y yendo a la cocina. Había dos fotos colgando en la pared, ambas igualmente
antiguas. Mi familia, incluyendo a mi mamá, sonriendo a la cámara en una foto, y
justo al lado estaba una foto de la familia Matthews con un Chase con rostro de niño.

—¿Qué pasa con la foto de Chase Matthews en tu cocina? ¿Ustedes están


relacionados? —preguntó, golpeando ligeramente su dedo en el cristal.

No miré la foto. —Nuestras madres eran mejores amigas al crecer, así que nuestras
familias eran realmente cercanas.

Estudió la foto un momento más antes de encogerse de hombros. Le dije que


tomara asiento en la mesa mientras yo buscaba a través de nuestra despensa. Habían
pasado una semana o dos desde que alguien había ido a la tienda de comestibles, pero
todavía quedaban algunas bolsas de papas. Arrojé la bolsa sobre la mesa y agarré una
manzana del tazón de frutas en el mostrador.

Trent me vio morder un pedazo de la manzana y luego rasgó la bolsa de papas.


—¿Eres la única que está en casa? —preguntó.

La casa estaba inquietantemente tranquila con Chase y mi papá fuera.


Normalmente, podría contar con las imágenes de juegos de mi papá zumbando a
través de la casa.

—Sí, no estoy segura de dónde están los chicos. —Deliberadamente evite decir el
nombre de Chase porque sabía que Trent estaba con ganas de hablar de él.

—Todavía no entiendo por qué está viviendo él aquí —dijo.

Rodé mis ojos. Trent y yo no estábamos saliendo, de hecho apenas y éramos


amigos y sin embargo todavía sentía que tenía algún tipo de reclamo sobre mí.

Antes de que pudiera cortar toda la discusión de él, la puerta delantera crujió al
abrirse y la luz del sol entró junto con Chase. Su mochila golpeó el suelo cerca de la
puerta y yo apreté mis ojos, orando porque se salte la cocina y se dirija directamente
escaleras arriba.

—¿Lilah?

Abrí mis ojos y eché un vistazo para verlo. Su mandíbula se apretó mientras
registraba la presencia de Trent, pero no dijo una palabra mientras entraba a la cocina.

—¿Sin práctica de fútbol hoy? —le preguntó Trent con un toque amargo en sus
palabras.

Chase abrió el refrigerador y se inclinó para inspeccionar el contenido. —Béisbol,


y acaba de terminar.

Trent gruñó y yo eché mi silla hacia atrás, preparándome para el inevitable


enfrentamiento.

—Creo que probablemente es momento de que te vayas —dije, ofreciéndole una


débil sonrisa a Trent.

Se rio y corrió su silla lejos de la mesa.

—Lo siento —agregué sin convicción.


Sacudió su cabeza. —No te disculpes. Lo entiendo. El chico de oro está en casa así
que has terminado conmigo por ahora.

***

Chase
—¿Hay algo que quieras decirme, Trent? —llamé a través de la habitación.

Lilah y Trent se giraron alrededor para mirarme y supe que debería haber
mantenido mi boca cerrada. Trent se estaba yendo. Es lo que quería.

Trent entrecerró sus ojos hacia mí, pero Lilah fue más rápida. Se estiró detrás de él
y abrió la puerta delantera haciéndolo pasar hacia afuera antes que pudiera cavarme
más profundo.

—¿Quién carajo se cree que es? —preguntó Trent mientras Lilah lo empujaba a
través de la puerta.

—Solo déjalo. No vale la pena —dijo, empujando más fuerte contra su pecho—.
Te veré en la escuela o algo.

Una vez que dejó libre la puerta, ella dio un portazo y se dio la vuelta para
mirarme.

—¿Eso era necesario? No empieces a actuar como si fueras dueño del lugar. Él
necesitaba un lugar donde pasar unas pocas horas, tú de todas las personas deberías
entender eso.

Estábamos de pie con la sala entre nosotros. Mis ojos estaban en ella, pero su
mirada estaba en la puerta delantera. Sus puños estaban cerrados y su mandíbula se
apretaba y aflojaba. No estaba asustado por su ira; estaba asustado por su silencio. No
quería que se volviera a meter en su caparazón y fingiera que no teníamos dos años de
ira reprimida que necesitábamos sacar.

Por dos segundos pensé que iba a pelear conmigo, que iba a gritarme sobre lo que
realmente estaba molestándola, y luego sacudió su cabeza y se dirigió a las escaleras.

Me moví más rápido y bloqueé su camino.

—Déjame pasar —insistió.


—No.

No pudo rodearme con mis brazos cruzados y cuando lo intentó, me moví para
bloquear su camino. Había esperado dos años para hablarle de nuestro pasado y estaba
harto de esquivarlo. Siempre lo barrí bajo la alfombra, demasiado asustado por
arruinar su humor, pero ella ya estaba enojada, así que era ahora o nunca.

Cambió su peso sobre su pierna derecha, cruzó sus brazos, y miró hacia la pared
detrás de mi cabeza.

Tan malditamente obstinada.

—Grítame. Háblame —dije con un tono suave, tratando de convencerla de ser


honesta—. No estás molesta sobre lo de Trent. Sé que no estás molesta por eso.

—Sal. De. Mi. Camino —habló, enunciando cada palabra.

—¡Haz algo, Lilah! —discutí.

Su mano se disparó fuera demasiado rápido para darme cuenta de lo que estaba
haciendo. Sentí una aguda punzada en mi mejilla y luego estiré la mano para tocarla
mientras sus ojos se abrían tan amplios como platillos.

—Lo siento. Por favor, solo déjame pasar —dijo con un labio tembloroso—. No
quiero pelear sobre esto ahora mismo.

La explosión estaba acabada antes que incluso empezara. Estaba retrocediendo en


sí misma y tomando la verdad con ella. No podía dejar que eso pasara.

—No más mentiras de mierda, Lilah.

Intentó pasar de nuevo, y cuando bloqueé su camino, lanzó sus manos al aire,
derrotada pero enojada.

—¿Qué quieres de mí? —lloró, su voz creciendo más fuerte—. ¡RÍNDETE,


CHASE!

—¡Quiero que me hables! Que realmente me hables. ¡Pasamos por lo mismo!


¡Nadie entenderá cómo te sientes más que yo!
Sus ojos se convirtieron en dos pequeñas rendijas y apretó sus manos en puños
apretados. Estaba más molesta de lo que nunca la había visto y en lugar de
derrumbarme como ella quería que pasara, sostuve mi postura.

—¡No quiero hablar sobre el pasado, Chase! —Sus palabras fueron veneno
expulsado a través de sus dientes apretados—. ¡NO QUIERO HABLAR NUNCA DE
ESO!

Parpadeé, luego parpadeé de nuevo.

Devastación colgaba en el aire entre nosotros, esperando una respuesta.

Apreté mis manos y sacudí mi cabeza. —No. No puedes callarme para siempre,
Lilah. Esa noche no fue tu culpa.

—¡DETENTE!

—¡No eres la victima aquí y yo tampoco lo soy!

Ella apretó sus manos incluso más fuerte. —¿No lo entiendes? ¡Todos nos
convertimos en sus víctimas! ¡Todavía lo somos!
Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

l humo del cigarrillo se arremolinaba en el aire, curvándose en sí mismo y


luego disipándose enfrente de la ventana del apartamento. Elaine sostuvo
su cigarrillo en sus labios agrietados y tomó otra larga inhalación, dejando
sus parpados revolotear en la nicotina entrando. Solo había fumado la mitad, pero sintió
en su bolsillo la caja casi vacía, encontrando alivio en su presencia.

Su mano tembló cuando abrió la tapa y sacó otro cigarrillo, golpeándolo contra la
ventana al ritmo de su corazón. Había estado allí todo el día, mirando y esperando.
Sus piernas estaban cansadas y su estómago había desistido hace mucho tiempo de la
comida, pero el malestar de su mente era mucho más grande que el de su cuerpo. El
estacionamiento enfrente de su apartamento estaba oscuro, siempre oscuro gracias a la
farola que se había quemado el año anterior.

Incluso sin la luz, ella pudo ver el Camaro negro mientras giraba en el
estacionamiento. No había necesidad que se girara hacia el reloj de la pared de su
cocina; sabía que estaban a tiempo. Donny era puntual.

Los cuatro hombres salieron del oscuro auto: Donny y su tripulación. Dos de ellos
eran nuevos, chicos que nunca había tenido el placer de ver antes. Sus pantalones
estaban rasgados y sus barbas eran largas y descuidadas. El que lideraba el grupo sacó
una pequeña bolsa de su bolsillo trasero, un golpe moderado con su uña del meñique,
y resopló, sacudiendo su cabeza mientras la cocaína hacia efecto.

El amigo de Donny, Carl, dirigió al grupo. Carl era un hombre flaco y perspicaz
que Elaine siempre había asumido era un demonio que había cobrado vida. Tatuajes
oscuros y en espiral se deslizaban por los costados de su cuello, alcanzando su rostro
completamente. Los únicos rasgos que quedaron intactos eran sus ojos oscuros,
mirándola directamente a través de la delgada ventana. Cerró la cortina y se giró,
evaluando la situación. Ninguno de ellos llevaba armas; las ocultaban. Sabía por
experiencia que Donny siempre tenía una navaja en su bolsillo derecho. La hoja estaba
sin brillo y manchada por el uso, y oró porque no la usará cuando la matará.

—Elaine, abre la maldita puerta —dijo Donny mientras su puño martillaba en la


delgada madera.

Tomó la más larga inhalación de su vida, y luego presionó fuerte la parte


encendida del cigarrillo sobre su antebrazo. El dolor agudo hizo que sus ojos se
enfocaran, y la inundación de adrenalina la hizo sentirse fuerte, solo por este
momento.

Este momento había estado viniendo por meses, años incluso. La adicción venía
con un precio, y siempre había sabido que el diablo eventualmente aparecería para
recoger su deuda. Aun así, cuando abrió el cerrojo y giró la manilla, repentinamente
tuvo la urgencia de correr. Quería volverse hacia la ventana, abrirla, y deslizarse hacia
la noche como lo había hecho cuando era una niña pequeña.

No estaba lista para morir.

No estaba lista para dejar a Lilah.

Pensó en su hija mientras Donny abrió la puerta a patadas con tanta fuerza que
agrietó el panel del yeso detrás de él. Elaine saltó fuera del camino y Donny entró,
trayendo consigo un olor de licor y putrefacción.

Los delgados labios de Donny se torcieron en una sonrisa. —Es bueno verte,
Elaine.

Ella tomó otro paso hacia atrás mientras los cuatro hombres entraban a su
apartamento, reclamando el espacio como suyo. Evitó el contacto visual, mirando en
su lugar hacia sus zapatos. Botas negras y pesadas mancharon su alfombra, dejando
senderos de suciedad y lodo que ella nunca tendría que restregar; sería un problema
para los inquilinos que vinieran después de ella.

Los chicos nuevos se arrastraron a través de su casa, dando vueltas en su sala de


estar y tirando sus cojines del sofá al suelo. Acercaron los cuchillos hacia las
almohadas, rasgando el material para sacar el relleno. Estaban buscando dinero, pero
no encontrarían nada.
Carl y Donny entraron a su cocina y Donny empujó el contenido de la mesa de su
cocina al suelo, barriendo sus pertenencias tan fácilmente que tuvo que cerrar y apretar
sus ojos mientras su vida se dispersaba a través del piso de linóleo.

Él giró una silla y tomó asiento con sus piernas colgando fuera de cada lado.
Sabes, estoy triste de ver que termine de esta forma, Elaine. De verdad estaba
apostando por ti. No hay muchas putas como tú en esta ciudad de mierda. ¿Sabes?

Elaine se giró hacia él, pero no pudo encontrar su mirada. Se enfocó en la cicatriz
que se extendía por su rostro, específicamente en el punto donde termina a la mitad de
su labio. Alguien casi lo haba cortado en dos cuando era más joven y se encontró a sí
misma deseando que hubieran terminado el trabajo.

—Jefe, ella podría tener el dinero, ni siquiera le has preguntado todavía. —Carl rio
mientras continuaba rebuscando a través de sus gabinetes. Algo que no fueran las cajas
de cereal vacías, allí no quedaba nada en los armarios. Ella se había sostenido con sopa
de fideos y atún por las últimas semanas.

Donny se rio entre dientes. —Cierto, cierto, cierto. —Presionó su mano en su


pecho y luego la extendió hacia ella. Elaine, por favor, toma asiento y dime que has
escondido veinte mil en algún lugar de este apartamento de mierda. —Se inclinó hacia
atrás con una sonrisa malvada—. Eso haría mi jodida noche.

Ella señaló a la lata de maní en el suelo. Dentro, había cien dólares, cien dólares
que desesperadamente había querido gastar en un regalo para Lilah, algo pequeño con
lo que pudiera recordar a su mamá.

Uno de los chicos, el que había tomado un poco de cocaína en el camino, se


inclinó hacia el suelo y recuperó la lata. La abrió, se rio y se la mostró a Donny.

—¿Es un chiste? —dijo Donny, arrebatando la lata de la mano de su compinche y


tirándola a través de la habitación. Chocó contra un marco apoyado en el mostrador
de la cocina, rompiendo el vidrio a través de la habitación. Los billetes todavía estaban
doblados en el interior.

Elaine sacudió su cabeza, tratando de evitar que las lágrimas empañaran su visión.

—Que se joda esto, Donny. Hazlo ya. Vamos a recoger esa entrega en la ciudad en
quince minutos.
Donny asintió y se puso de pie. Rodeó la esquina hacia Elaine, rascándose su
barba y evaluándola con ojos maliciosos. Ella aguantó la respiración y lo vio buscar en
su bolsillo por el rabillo de su ojo; estaba buscando su navaja.

Ella saltó de su silla y voló a través de la habitación, sosteniendo sus manos arriba
para mantener a los cuatro hombres alejados de ella.

—¡DETENTE! Puedo conseguirte el dinero.

Donny se giró y golpeó sus puños contra la mesa por la ira. —¡Jodidas mentiras,
Elaine!

La madera amenazó con ceder bajo la fuerza de sus puños. Vio grietas en el
centro, astillada en dos direcciones. Donny levantó sus puños antes de chocarlos de
nuevo contra la mesa. Los mantuvo en alto y luego los aflojó, parpadeando su ira lejos.
Se giró hacia ella y sonrió como si los últimos diez segundos nunca hubieran pasado.
Ella se tragó su miedo mientras él caminaba hacia ella con la paciencia de un hombre
que camina hacia un ciervo asustado.

—Nena, puedes conseguirme el dinero. Dices eso todo el tiempo. —Su voz era
suave y reconfortante, y la asustaba más que sus gritos—. ¿Y sabes qué pasa? —Estaba
tan cerca de su cara entonces, respirando justo en su piel. Su cálido aliento apestaba
por los dientes podridos—. Jodidamente nunca lo entregaste.

Su mano se sumergió dentro de su bolsillo por la navaja y ella estaba inmóvil. Su


corazón martillaba en su pecho, incitándola a hacer algo. Actuar. Moverse. Correr. En
cambio, miró hacia los ojos marrones oscuro de Donny mientras las lágrimas
comenzaron a fluir.

—Por favor, Donny. —Se ahogó a través de los sollozos—. Por favor. Esta vez lo
digo en serio. Sé dónde puedes conseguir el dinero.

Donny se rio y se giró hacia sus hombres. —¿Están escuchando esto chicos? Tal
vez tiene unas cuantas latas más de jodido maní por ahí.

Se rieron con él, el sonido zumbando en sus oídos hasta que Donny abrió la
navaja y la risa se detuvo abruptamente. La cuchilla sin filo capturó la luz y Elaine
finalmente encontró el coraje para moverse. Huyó más allá de él, tratando de llegar a
la puerta del apartamento, pero él era más rápido. Se estiró y la agarró del brazo tan
fuerte que se salió de su lugar.
Ella gritó en agonía cuando la torció de espaldas a él, sosteniendo la cuchilla justo
en la ranura de su cuello.

—Donny. DONNY, conozco esta casa, yo... yo… yo… —tartamudeó—, sé


cuándo no están en casa, sé dónde guardan todo. Un montón de antigüedades, y… y la
joyería y mierda.

Él se rio en su oído y presionó la cuchilla en su piel, cortando a través de ella como


si estuviera hecha de papel.

—No más cuentos de hadas —dijo él.

Apretó sus ojos y visualizó la nueva televisión que los Matthews habían comprado
unos meses atrás. No valía veinte grandes, pero era un comienzo, solo un poco para
apaciguar a Donny hasta que pudiera pensar en qué hacer. Diablos, se convertiría en
una puta. Se desnudaría. Volvería a vender drogas, cualquier cosa para estar viva por
Lilah.

La cuchilla cortó profundamente y sintió la repentina sangre en su cabeza,


golpeando con adrenalina y autopreservación.

—¡ESPERA! —suplicó mientras pesadas lágrimas rodaban por sus mejillas—.


POR FAVOR. POR FAVOR. Te mostraré. Esta casa justo al otro lado de la ciudad.
Se habrán ido mañana, ¡lo juro! Tienen cosas buenas, Donny. Cosas buenas.

La presión del cuchillo se aflojó y ella tomó rápidas y profundas respiraciones.

—Podemos ir a primera hora mañana. Sé exactamente dónde guardan la llave de


repuesto —prometió—. Es un trabajo limpio. Súper limpio. Entrar y salir.

Donny movió la cuchilla y la empujó. Ella chocó con el borde de la mesa y gimió
cuando se deslizó por el suelo, sollozando con el alivio de conseguir vivir otro día.

Donny se agachó, levantando la barbilla de ella con sus carnosos dedos.

—Elaine, Elaine, shhh —tranquilizó antes que su tono se volviera más oscuro—.
Deja jodidamente de llorar —espetó.

El agarre de él en su barbilla se apretó, excavando dolorosamente en su piel. Ella


forzó las lágrimas de regreso y parpadeó hacia él.
—Mañana es tu última oportunidad —dijo, sus ojos yendo de ida y vuelta entre los
de ella—. ¿Lo entiendes?

Ella asintió, tragando sus sollozos así él no le gritaría de nuevo.

Él se puso de pie y se giró hacia la puerta, y luego se lo pensó mejor y se volteó de


nuevo hacia ella. Apuntó la cuchilla en su boca y sus delgados labios se retorcieron en
una sardónica sonrisa. —Iba a hacerlo rápido y sin dolor, pero quiero que sepas esto
ahora mismo: si estás desperdiciando nuestro tiempo con esto, me voy a tomar mi
tiempo cortando ese hermoso rostro tuyo.

Se rio, cerrando su navaja, y haciendo un gesto a los chicos para salir de su


apartamento.
Traducido por Antonietta

Corregido por Candy20

staba a punto de destrozarnos. Sabía que, profundizando en la verdad sobre


las muertes de nuestras madres, estaba desmoronando su mundo, pero tuve
que tirar de la cuerda.

—¿Dónde estaba tu mamá ese día, Lil? —pregunté de nuevo.

—Estaba fuera. No lo sé. Nunca supe todos los detalles. —Su mirada cambió de
acá para allá entre mis ojos mientras trataba de procesar los recuerdos confusos de su
cabeza—. ¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó mientras las lágrimas estaban
reunidas en las esquinas de sus ojos.

Traté de mantener la calma. Mi temperamento se propagó a través de mí, pero no


podía gritar. Tenía que ser el tranquilo.

—Estaba con ellos, Lilah. Fue la que los dejó entrar a nuestra casa.

—Detente.

Sacudí mi cabeza. La furia se estaba construyendo en mi pecho, apretando su


camino alrededor de mi garganta.

—No se suponía que mi mamá estuviera en casa —expliqué—. Se suponía que


estaría en el carnaval de la escuela, pero ella corrió a casa por una escalera. Tu mamá
pensó que podrían irrumpir realmente rápido, pero eso no pasó.
—¿Por qué estás haciendo esto, Chase? —preguntó Lilah, pena filtrándose a través
de la rabia en sus ojos.

—¡Ella ni siquiera intentó detenerlos! —grité.

—¡Cállate Chase! ¡CÁLLATE! —gritó Lilah. Su duro exterior comenzó a dañarse


y resquebrajarse—. ¡No sabes de lo que estás hablando!

—Vio a su mejor amiga morir y era demasiado cobarde para hacer algo al
respecto.

—¡Eres un MENTIROSO! —gritaba, envolviendo sus puños alrededor de mi


camisa como si quisiera rasgarla de mi cuerpo.

—Estrangularon a mi mamá y la dejaron para que muriera —dije mientras miraba


su rostro.

Su cuerpo se desplomó contra el mío. Cayó hacia adelante y golpeó sus puños
contra mi pecho. Una y otra vez, golpeó contra mi pecho como un tambor. Envolví
mis brazos alrededor de ella, sosteniéndola y tratando de ser lo suficientemente fuerte
por ambos. Fue inútil. Apreté mi agarre alrededor de sus hombros por lo que no podría
moverse. Trato de arañarme para liberarse de mí. Yo era un saco de boxeo humano y
Lilah era una bola de demolición.

—¿Por qué Chase? ¿Por qué? —sollozó.

Se mantuvo murmurando contra mi camisa mientras se deslizaba más lejos de mí.


Su cuerpo se quedó justo donde estaba, pero la estaba perdiendo. Mi Lilah. Ella
siempre había empujado su equivocada ira hacia mí. Ahora, siempre me culparía por
ser la persona que sacó la verdad a la luz, por arruinar el poco respeto que todavía
guardaba por su madre.

Podía vivir con esa culpa. Esa culpa era algo que podía soportar.
Traducido por Gisenid

Corregido por Candy20

laine lloró durante la mayor parte de la noche. Hanna era su hermana, su


ángel guardián, su héroe y en un momento de debilidad, Elaine accedió a
robarle. Donny había deslizado el cuchillo contra su cuello y en vez de
descender lentamente hacia la oscuridad, ofreció la casa de su mejor amiga como
garantía. Era una nueva bajeza, incluso para ella.

Continuó diciéndose que el robo sería rápido y limpio. Donny repasó los planes
con ella mil veces, pero estuvo aturdida tratando de pensar en una solución fuera del
completo desastre. Incluso cuando entraron en el patio trasero de la casa de Hannah y
se acercaron a la puerta, Elaine no había renunciado a la esperanza de que encontraría
alguna forma de hacer lo correcto.

Nadie estaba en casa. Elaine sabía que Hanna y su familia se encontraban en el


carnaval de verano. Esta última ayudaba a organizarlo cada año, así que planeó su
robo para las 8:00 pm, precisamente a mitad de las festividades. Hannah debería haber
estado a mitad de camino hacia la rueda de la fortuna rodeada de tarta funnel y
algodón de azúcar.

Elaine notó las luces encendidas escaleras abajo, mientras sacaba la llave de
repuesto de debajo de la maceta de hortensias, pero no pensó mucho en ello. Hannah
tendía a dejar las luces encendidas incluso cuando no se hallaba en casa.

—Apresúrate —dijo Donny, poniéndose detrás de ella y arrebatándole la llave de


la mano mientras Elaine se ponía de pie.

Introdujo la llave dentro de la cerradura, le dio la vuelta y abrió la puerta con el


cuidado de un gigante destructor. Elaine siguió a Donny y Carl dentro de la casa, con
cuidado de limpiarse los zapatos en la alfombra del piso. Los chicos se dirigieron a la
sala de estar, pero ella arrastró los pies, consciente de la sensación de malestar
acumulándose en su estómago. Quería darse la vuelta y huir. Quería rebobinar, volver
a la noche anterior y dejar que Donny deslizara su cuchilla a través de su cuello. La
muerte sería un bienvenido fin a la culpa creciendo con cada paso que daba dentro de
la casa.

Hannah no merecía ser asaltada.

Atravesó la cocina, echo un vistazo y se congeló cuando vio la cartera de Hannah


en la encimera de la cocina.

El miedo le atenazó el corazón cuando levanto su mano.

—ESPEREN —grito—. ¡Alguien está en la casa!

Donny ignoró y se encaminó hacia la pantalla de plasma colgada en la pared de la


sala de estar.

Elaine negó con la cabeza y lo siguió, tratando de que la escuchara. —No.


DONNY ESTÁN EN CASA. VÁMONOS.

Carl la agarró del cuello y la estampo contra la pared antes de pasar a su lado para
ayudar a Donny con la TV.

—Sé útil y agarra algo —dijo Donny, inclinando la TV para sacarla de la montura
de la pared.

Elaine dio un paso atrás y escuchó, intentando decidir si escuchaba pasos escaleras
arriba o no. La moqueta acolchada hizo imposible saberlo.

—Voy a comprobar arriba —dijo, tratando de sonar como su corazón no estuviera


latiendo a miles de kilómetros por minuto.

Los chicos la ignoraron. Subió a toda velocidad las escaleras y se detuvo cuando la
luz del baño del pasillo se apagó. La puerta se abrió y Hannah salió aun limpiándose
las manos con una toalla. Se encontró con su mirada, ladeo la cabeza y frunció el
ceño.

—Elai…

Elaine se apresuró hacia adelante y puso una mano en la boca de Hannah,


forzándola a guardar silencio.
—No digas una palabra —susurró, rogándole a su amiga que mantuviera
silencio. ¿Entiendes?

Los ojos de Hannah se abrieron de par en par mientras trataba de romper el agarre
de Elaine.

Elaine luchó contra ella y las empujo a ambas de vuelta al baño. Cerró la puerta y
mantuvo la luz apagada. Las dos de pie en la oscuridad mientras Elaine escuchaba
para determinar si los chicos las habían oído. Pasaron dos largos segundos en silencio
y entonces Elaine aparto la mano de la boca de Hannah.

—¿Alguien está en mi casa? —susurro Hannah.

—Sí. Dos hombres. Dos hombres muy malos. —Elaine se detuvo y se giró hacia la
puerta, escuchando a Donny y Carl. Estaban gritándose abajo, pero no podía descifrar
sus palabras. Se volvió de nuevo a Hannah y le agarro los brazos—. Déjalos que te
roben. Te compraré una nueva TV. Te compraré una nueva casa. Hannah, solo por
favor, quédate aquí y no digas una palabra.

Hanna se acercó y en la oscuridad se apoderó de los brazos de Elaine. —¿Qué


estás haciendo Elaine? ¿Estás ayudándoles?

Elaine negó con la cabeza una y otra vez. —Te lo explicaré todo, lo prometo, solo
por favor…

—ELAINE. ¿Dónde estás? —grito Donny al pie de las escaleras.

Hannah salto y dejo escapar un pequeño chillido. En el baño silencioso sonó como
si acabara de gritar de terror, pero Elaine tenía la esperanza de que Donny no lo
hubiera oído. Puso una mano sobre la boca de Hanna y presiono el dedo índice contra
sus labios antes de girarse hacia la puerta. La abrió y le gritó.

Donny, estoy aquí arriba mirando la joyería.

—Bien pero jodidamente apresúrate y baja —gritó él.

Elaine tragó y cerró la puerta lo más suavemente posible. Se giró hacia Hanna y
escuchó ruidos en la oscuridad. Entonces sintió una cadena fría rozar su brazo, y luego
otra y otra. Hannah estaba sosteniendo algo para que lo tomara y cuando ella alcanzó,
sintió un enredo de collares. Hannah le tendía sus joyas para que las tomara y la
comprensión rompió el negro corazón de Elaine en dos.
—Tómalos —dijo Hannah, forzándolos a su amiga—. Tómalos. Deben valer un
poco.

Elaine negó con la cabeza mientras la tristeza se desplazaba del estómago al


pecho. Sintió las lágrimas derramarse por sus mejillas antes que pudiera detenerlas. No
quería ser esta persona. No quería robarle a Hannah.

—Elaine —susurró Hannah—. Tómalas. Vamos a resolver esto.

Elaine limpió las lágrimas de sus mejillas mientras intentaba pensar en qué hacer.
Tenía que haber una salida. No quería las joyas de Hannah, ni tampoco su TV. Quería
libertad; una nueva vida.

—Elaine. Lo resolveremos —repitió Hannah, atrayendo a su amiga para darle un


abrazo fuerte y meter los collares en sus manos. El metal frío quemó la palma de
Elaine mientras lloraba en el cabello de Hannah. Está ultima la apretó más fuerte,
sujetándola y calmándola.

—Esta no eres tú. Justo ahora sé que no eres tú —le aseguró Hannah—. Ahora ve.

Cuando más intentaba Hannah calmarla, más inconsolable se volvía Elaine.


Deseaba que Hannah la arrancara de la pesadilla, la tomara de la mano y sacara de la
oscuridad. Abrió la boca para pedir ayuda, pero era demasiado tarde. Donny bordeó la
cima de las escaleras antes que pudiera decir una palabra. Elaine escuchó los pasos en
el pasillo y se lanzó a cerrar la puerta del baño justo antes que la bota de Donny la
pateara para abrirla. La puerta se estrelló contra la pared creando un agujero en el
panel de yeso.

Elaine retrocedió tratando de ocultar a Hannah detrás de ella mientras la silueta de


Donny se recortaba por la luz del pasillo.

—Tú jodida perra —gritó, avanzando y empujando a Elaine en la pared. Se


estremeció cuando un dolor agudo irradió por su hombro.

—¿Todo el tiempo este fue tu plan? —preguntó, acercándose a ella. Le escupió los
ojos y le puso la bota sobre el pecho, amenazando con quebrar sus costillas—.
¿Conseguiste una testigo así podrías culparnos del robo y entonces te escabullirías
como una pequeña rata?

Intento alejarse de la pared, pero Donny se acercó y la tomo de la garganta. Sus


dedos carnosos se cerraron alrededor de su tráquea y se le nublo la visión. Vislumbraba
sombras oscuras por el rabillo de los ojos mientras luchaba por apartarlo, raspándole
los dedos y golpeándolo tan fuerte como pudiese.

—DÉJALA IR —gritó Hannah, levantando su celular para mostrarle que había


llamado al 911. La llamada sonó dos veces antes que un operador contestara en la otra
línea.

—911, ¿qué ciudad? —habló el operador desde el auricular.

—DÉJALA IR Y VETE —gritó Hannah.

El agarre de Donny alrededor de la garganta de Elaine se aflojó mientras centraba


su mirada en Hannah.

Se preparó y con una mano temblorosa sostuvo el celular hacia él.

—Vete ahora y colgaré el teléfono —declaró con voz confiada.

—¿Hola? 911, ¿cuál es su emergencia? —repitió el operador.

Hannah se llevó el teléfono a la oreja intentando desesperadamente darles la


dirección. —Envíen a la policía al 145…

De un golpe Donny le arrebató el teléfono. Este voló contra el espejo del baño,
astillando el vidrio en un millón de pedazos. Los fragmentos llovían sobre ellos
mientras Donny empujaba a Hannah al piso. La inmovilizó colocándole la rodilla en
el estómago mientras alcanzaba su cuello.

Elaine tosió, obligando a que entrara aire a sus pulmones, e intentando recuperar
la fuerza para salvar a su amiga. El teléfono de Hannah yacía a unos pasos de distancia
de ella. Extendió su mano hacia este, deslizándola sobre los fragmentos de vidrio
mientras presionaba las teclas tratando de reconectar la llamada. La pantalla se
encontraba en negro y quebrada en el centro, demasiado dañada para arreglarla.

Hannah luchaba y gritaba, intentando lanzar un golpe fuerte a la cara de Donny


mientras este la estrangulaba. Se sacudía como un pez fuera del agua, arañándole los
ojos y clavándole las unas en el rostro.

Elaine agarró una botella de perfume medio vacía del mostrador del baño y golpeó
la parte posterior de la cabeza de Donny con esta. Salto sobre su espalda, martillándole
la cabeza con sus puños, desesperadamente intentando de nuevo atraer su atención.
—¡SUÉLTALA!

Ella podía soportar sus golpes, sus castigos, pero no podía observar el rostro de
Hannah volverse morado bajo el agarre de Donny.

—Por favor, Donny, por favor —rogó, golpeándolo—. ¡DETENTE!

Reparó en que un par de manos la arrancaban de un tirón de él y sintió a Carl


subyugándola. Reconoció sus brazos alrededor de su garganta y su boca contra su
oído. Sus palabras oscuras le advirtieron que se quedara quieta, cooperara y se lo
pusiera fácil.

Supo que estaba indefensa para salvar a su mejor amiga y, sin embargo, no podía
rendirse.

Miro fijamente los ojos color avellana de Hannah mientras sobresalían, se


enrojecían y comenzaron a bajar.

Tiro del agarre que Carl tenía sobre ella, llorando y gritándoles que pararan.
Tenían que parar. Tenían que escuchar.

—¡POR FAVOR! —gritó, clavándole las uñas en el brazo a Carl y arañándole la


piel.

Él siseó en su oído y retrocedió para golpearla justo debajo del riñón. Dolor agudo
irradió a través del cuerpo de Elaine, sin embargo, estaba entumecida ante la
sensación. Podía haber sido cortada en dos, justo en el medio, y hubiese dolido menos
que observar a su mejor amiga morir bajo sus ojos.

El agarre de Donny suprimió el aire de los pulmones de Hannah sin pensarlo, sin
remordimientos, como una ráfaga de viento apaga la llama de un fósforo. Elaine
observó a medio metro de distancia como el cuerpo de Hannah se consumía
lentamente.

Todo era ruidoso, tan ensordecedor como los gritos de Elaine resonando por todo
el baño, y luego no hubo ningún sonido en lo absoluto.

No había nada.

Hannah estaba muerta y le había quitado el juicio a Elaine.


Carl y Donny salieron en desbandada del baño y Elaine se arrastró hacia el cuerpo
sin vida de Hannah.

No sintió nada cuando con la punta de sus dedos rozo la mejilla pálida de su mejor
amiga. No vio nada cuando agarró el cuerpo de Hannah y la levantó, intentando
sacudirla de vuelta a la vida. No saboreó nada cuando sus lágrimas saladas le
cubrieron los labios. No escuchó nada cuando le susurró a su amiga que regresara. No
pudo oler nada, ni el sudor cubriendo su cuerpo ni el perfume derramado en el suelo
del baño.

Necesitaba seguir a Hannah. Pertenecía con ella en la vida y en la muerte. Se


encontraban más profundamente entrelazadas que los amantes y la familia. Sin
Hannah para guiarla, Elaine era un alma perdida. Flotaba en el crepúsculo de la vida,
rogando por la muerte y así poder unirse a su amiga. Cielo o infierno, no importaba.

Se aferraría a Hannah en cualquier lugar, siempre.


Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

uería que sus palabras fueran mentira. Quería que mi vida permaneciera
bien embalada. Yo quería despertar cada mañana y fingir que mi madre,
incluso con sus problemas, todavía tenía sus cualidades redentoras. Ahora,
no tenía a nada a que aferrarme. Chase lo había arrancado de mí como si estuviera
arrancando puntos de una herida fresca. Sin los engaños de mantener juntos, me vi
obligada a recordar la última vez que había visto a mi madre con vida.

Había desaparecido después de la muerte de Hannah, pero de alguna manera yo


sabía que estaría en el funeral de Hannah. Todos se habían reunido en la casa de los
Matthews para que familiares y amigos cercanos pudieran compartir los recuerdos de
la vida de Hannah.

Mi madre llegó como un tornado. Era imposible perderla mientras ella se ponía a
llorar y gritarnos a todos nosotros. La imagen de su piel aceitosa y dientes amarillentos
me perseguían. No se parecía en nada a la mujer que había intentado criarme durante
siete años antes de que se callara. Parecía salvaje, como un animal salvaje.

¡No lo entiendes! ¡Ninguno de ustedes entienden! gritó, sacudiendo los brazos,


intentando que alguien escuchara. ¡No se suponía que pasara!

Se tambaleó por la escalera de atrás, sollozando incoherentemente, pero en el segundo que sus
ojos se fijaron en mí, su delirio insano parecía disminuir.

Lilah, ven a darle a tu mamá un abrazo. Te extraño mucho, nena canturreó,


tropezando con sus propios pies mientras trataba de alcanzarme.
Chase se puso de pie y puso su cuerpo delante del mío. Incluso a los dieciséis años era más grande
que ella.

No te atrevas a acercarte a ella le amenazó. ¡Mi mamá no te querría aquí! ¡No te quiero
aquí!

Ella seguía tratando de acercarse y evité a Chase para llegar a ella. Era mi mamá, pero
Chase no me dejó pasar por él. Sostuvo su brazo para bloquearme.

¡No te queremos aquí! ¡Esto es tu culpa! ¡Le hiciste esto a ella! gritó él, y finalmente sus
palabras comenzaron a hundirse en ella.

Ella detuvo su búsqueda para llegar a mí, una mirada zombi en blanco manchando sus
brillantes ojos verdes.

Mi padre y el señor Matthews salieron corriendo de la puerta trasera seguidos por dos
oficiales de policía. Elaine, ¿qué haces aquí? gritó mi padre.

El señor Matthews evitó los comentarios amables. ¡Vete de aquí! Así que ayúdame, Dios,
si no sales de esta casa, yo mismo te mataré.

Nunca había oído al señor Matthews gritar en mi vida, pero no se detendría. Le gritó a mi
mamá que se fuera una y otra vez hasta que empecé a gritarle para que se detuviera.

Mi padre envolvió una mano alrededor del bíceps de mi mamá y se la llevó por la puerta
lateral antes de que Chase o su padre enloquecieran aún más. Estaba aturdida, tratando de
comprender el hecho de que acababa de ver a mi madre por primera vez en un año y que parecía
estar al borde de la muerte. Sus mejillas hundidas pertenecían a un esqueleto, no a la mujer que
me había dado a luz.

Los agentes de policía los siguieron fuera del patio y sacaron sus esposas. Estaban tratando
de arrestarla, pero ella luchó, gritándoles que la dejaran ir.

Chase, déjame llegar hasta ella. ¡Déjame llegar a ella! grité, intentando empujarlo. La
necesitaba. Con la señora Matthews fallecida, necesitaba a mi madre aún más, pero Chase no me
dejaba ir. Se aferró a mí con tanta fuerza, sus dedos dejaron marcas en mis brazos, mis gritos no
hicieron nada para disuadirlo.
Tiraron de mi madre hacia el auto de la policía mientras arrastraba sus pies, lamentando
que la dejaran ir. Tuve que ver cómo la llevaban lejos y me rompí en sollozos, completamente
indefensa para salvarla.

El enfermizo recuerdo de aquel día se desvaneció cuando Chase repitió mi nombre


una y otra vez en la escalera. La realidad se hundió como un cuchillo afilado y mire
hacia arriba en los ojos avellana de Chase, tratando de encontrar la razón dentro del
caos.

No me dejaste acercarme a ella. Quería abrazarla tanto. Me necesitaba y yo no


podía llegar a ella. Dejé caer mi cabeza y dejé que las lágrimas cayeran. Después
de todo, solo quería que volviera a ser mi mamá de nuevo.

Lo siento.

Él no podría haber sabido que sería la última vez que la vería. No podría haber
sabido cuán importante sería ese momento en mi vida. Mis emociones se habían
agitado con el dolor de tener que decirle adiós a la señora Matthews. Había estado de
luto por su muerte cuando mi propia madre decidió aparecer y hacer todo mucho peor.
Necesitaba a alguien a quien pudiera enfadarme por la injusticia de todo esto, y había
escogido a la única persona que podía tomarlo: Chase.

Lo miré a los ojos, esperando encontrar cólera. En cambio, solo había dolor. A él
tampoco se le había dado la oportunidad de despedirse de su madre.

Siento mucho que ella haya alejado a tu madre de ti, Chase dije, alejándome de
él. Sabía que las lágrimas se deslizaban por mis mejillas, pero estaba entumecida por su
contacto.

Debería haber sabido que había más de lo que mi madre tenía que expiar. No era
suficiente el arruinar a su propia familia, tenía que arruinar a la familia de Chase
también.

No la mató, Lilah. A los dieciséis años, estaba enojado y triste. Yo quería
echarle la culpa a alguien y cuando vi a tu madre, solo reaccioné.

Sacudí la cabeza. Estaba tan equivocado. Tu madre no habría sido asesinada
si... Ella estaba tan consumida con sus propios demonios, que era ciega a todos los
demás.

Nunca lo sabremos, Lilah. No tiene sentido aferrarse a ese enojo.


Inhalé una respiración temblorosa, sintiendo la tristeza dentro de mí aún más.

Tu mamá era buena. No merecía morir.

Chase permaneció en silencio durante un largo rato y cuando finalmente habló, su


voz era tranquila y resuelta. He tenido dos años para pensar en esa noche, y
realmente he llegado a creer que mi mamá todavía habría regresado a la casa, aunque
hubiera sabido lo que le pasaría. Esa noche no solo ocurrió cómo lo hizo debido a la
necesidad de tu mamá de ser salvada. Fue el resultado de la necesidad de mi madre de
ser su salvadora.

Había tanta culpa equivocada en torno a las muertes de nuestras madres.

Lo único que podía hacer era tomar una respiración profunda y darme cuenta de
que había estado mirando la situación desde una perspectiva. Durante años, Chase
había sido el chivo expiatorio de mi pena. Cuando retrocedí, me di cuenta de que
Chase no tenía la culpa. A través de alguna alquimia, había encontrado una forma de
convertir su odio, culpa, ira y tristeza en perdón. Ahora, también él me había mostrado
cómo. La culpa que yo había abrigado por él podía ser desinflada y tirada. Justo así.

Poof.

Se había ido.
Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

laine no sabía a dónde estaba yendo, pero ha estado corriendo toda su vida.
Su cuerpo sabía qué hacer; estaba hecha para huir. Su pie golpeó contra el
pavimento. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Había perdido el aliento
hace una milla, pero sus sollozos seguían llegando, arrancándose de ella como si
estuviera tratando de partirla en dos.

Ella ya había vivido una semana sin su amiga, no duraría mucho más. La policía
la encontraría y la llevaría de vuelta a la cárcel. Tendría que lidiar con la gente de
Donny dentro.

Nunca terminará.

Lilah nunca tendría a la madre que merecía. Habría pasado sus fines de semana
visitándola en la cárcel, desperdiciando sus monedas en la máquina expendedora en la
habitación de visitas.

Nunca terminará.

No había dormido desde la muerte de Hannah. Cada vez que tragaba, recordaba la
carne cruda del puño de Donny alrededor de su garganta.

Nunca terminará.

Había terminado con el sufrimiento.

Haría que terminara.


Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

l sábado en la mañana me encuentro de pie afuera del cementerio de


Blackwater. Me apoyé en la valla de hierro forjado, dejé caer mi barbilla a
mis brazos y conté la hilera de lápidas hasta que aterricé en la décima de la
izquierda y cinco desde atrás. Allí fue donde Hannah Matthews había sido enterrada
unos meses antes de que mi madre hubiera tomado el lugar junto a ella, tal como ellas
lo habían pedido.

Habían hecho testamentos antes de que Chase y yo naciéramos que detallaban sus
deseos después de la muerte. Las voluntades habían sido cortas y tontas, el resultado
de dos niñas de dieciocho años que intentaban planear un evento que habrían supuesto
que sería setenta años a que se cumpliera. Las instrucciones concisas dictaban sus
deseos de descansar una al lado de la otra, dos lápidas con un epitafio de tres palabras.
No necesitaba ver el frente de sus lápidas para recordar las tres palabras cinceladas en
memoria de sus vidas.

Madre. Esposa. Amiga.

Tres palabras inscritas en ese orden. A los dieciocho años, habían sido jóvenes,
embarazadas y enamoradas de nuestros padres. Esas tres palabras parecían
convenientes, pero ahora todo parecía una broma cruel. Las palabras de Hannah eran
correctas, pero fuera del orden. Su epitafio debería haber leído: Amiga. Madre. Esposa.
Después de todo, era su inquebrantable amistad con mi madre la que la había matado
al final.
Mientras las palabras de Hannah estaban fuera de orden, la de mi madre estaban
simplemente equivocadas. No era madre, ni esposa, ni amiga. Miré la parte trasera de
su lápida y deseé poder raspar las mentiras inscritas en el otro lado. Chase me había
enseñado a perdonar a los vivos, pero no pude absolver a los muertos.

La semilla de tristeza que Chase había plantado en las escaleras en la noche


anterior había florecido en el dolor abrumador durante la noche. Los detalles que
había revelado habían desgarrado una herida que nunca había conseguido sanar
correctamente. Las vendas estaban podridas y tan fáciles de rasgar.

Me había ido dos años pensando que estaba bien, incluso aliviada de que mi madre
se había ido, pero mientras yo miraba a la parte posterior de su lápida, la rabia hervía
profundamente dentro de mí.

Pensé que no podrías estar enojado con un fantasma.

Había pensado que una vez que alguien muriera, sería difícil mirar hacia atrás con
ira.

Me había equivocado tanto.

Puedes estar enojado con un fantasma. Puedes estar tan realmente enojado en un
fantasma que tu cuerpo entero se siente como un cable en vivo a punto de explotar.

Sentí por la cámara colgando de mi cuello, la que Chase me había dado y enfoqué
la lente en la parte trasera de la lápida de mi madre. Ajusté la exposición e hice zoom.
Presioné y el obturador se disparó, rompiendo el silencio del cementerio.

Chase me había dado la cámara para poder usarla como un investigador privado,
pero mi primera foto no fue tomada para descubrir los secretos de otras personas, sino
para reconocer los míos.

***

Di un largo paseo a casa desde el cementerio, pensando sobre la confrontación con


Chase. Para el momento en que entré por la puerta principal, ya era muy pasada la
hora de la cena. Eché una mirada dentro de la cocina, aliviada de descubrir que la
persona escribiendo en la mesa era mi papá, no Chase. Todavía no podía confrontar a
Chase. Me sentía como un vaso de vidrio tambaleándome en el filo de la mesa; una
pequeña briza y caería y me rompería en millones de piezas pequeñas.
El suave brillo de la luz sobre la cabeza de mi papá tenía su cara en las sombras.
Su cabeza enterrada hacia adelante mientras escribía notas en una libreta de papel legal
amarillo. Una mirada desde el otro lado de la habitación y sabía que estaba trabajando
en estadísticas del béisbol. Era su propia forma de terapia, todo estaba bien en el
mundo cuando tenía su libreta de hojas amarillas.

Lo miré pasar su mano sobre su grueso cabello canoso, y finalmente, levantó la


vista hacia mí mientras yo rodeé la mesa hacia él.

—Hola, Lil, estaba a punto de llamarte para ver dónde estabas ¿Tienes hambre?
preguntó, dejando caer su pluma encima de la libreta con un ruido sordo y haciendo
hacia atrás su silla sobre el piso de madera dura.

Mantuve en alto mi mano para detenerlo de levantarse. No. Trataré de comer


algo en la mañana. Mi estómago estaba tan hecho nudos cómo para comida.

Sus cejas se arrugaron. ¿Algo está mal? Te ves pálida.

No quería hablar sobre ello, pero insistió, saqué la silla del antecomedor enfrente
de mí, y me senté. Incapaz de encontrarme con su mirada, le dije las palabras
despacito. Todavía estoy enojada con mamá por lo que le hizo a Hannah.

Tomé aire profundamente y levanté la mirada. En cuestión de segundos, todo el


comportamiento de mi padre cambió. Cerró los ojos y lanzó un suspiro antes de
moverse para apoyarse en respaldo de su silla.

—Tu madre tuvo una vida complicada, Lilah. Estoy seguro de que sabes trozos de
ella, pero vino de un hogar profundamente lleno de problemas. Cuando tu abuelo
había estado bebiendo, tu mamá corría hacia la casa de Hannah. Ella era el escape de
tu madre, pero a medida que crecían, su relación ya no era saludable. Creo que parte
de la razón por la que tu madre nunca cambió su forma de vida era porque sabía que
Hannah siempre estaría allí para recoger las piezas.

Había oído pistas de la infancia abusiva de mi madre, pero mi padre nunca lo


había explicado así con tanta claridad antes.

—Chase dijo que la señora Matthews habría vuelto a casa ese día incluso si ella
hubiera sabido lo que iba a suceder. —Quería que solidificara el hecho.
Él frunció el ceño. —No se sabe lo que podría haber sucedido si varias cosas
hubieran sido diferentes en nuestras vidas. Buscar a alguien a quien culpar no trae a
nadie de vuelta, Lilah.

Un enojo tranquilo se extendió a través de mí y extendí la mano para agarrar el


borde de la mesa. Si mi madre aún estuviera viva, habría agarrado sus hombros a
través de las barras de sus celdas y habría sacudido su cuerpo hasta que me gritase que
parara. ¿Cómo puede alguien ser tan malo? ¿Tan egoísta? ¿Cómo no le importaba más
su única amiga?

Me aparté para mirar por la puerta trasera. Sin la luz del porche encendida, pude
ver partes de mi reflejo en los cristales de las ventanas.

—¿Alguna vez encontraron a los tipos que la mataron? —pregunté mientras


miraba mi reflejo.

—Sí.

—¿Crees que mamá ayudó a identificar a la persona?

Él asintió y masticó su labio inferior. —Sé que lo hizo.

Con una respiración profunda, me levanté de mi silla y rodeé la mesa. No quería


más respuestas. Eso fue suficiente para un día. Mi papá envolvió sus fuertes brazos
alrededor de mis hombros y me hundí en el cuello. Olía a casa, un olor a madera
familiar que había extrañado en Austin.

Contra su cabello susurré: Te amo, papá.

—Yo también te quiero, Lil. No te digo lo suficiente. —Me apretó más fuerte antes
de soltarme.

Me levanté y me limpié las lágrimas de la cara. Salí de la cocina cuando pensé en


una última pregunta.

—Papá.

Me di la vuelta para encontrarlo observándome con ojos tristes.

—¿Crees que... soy cómo ella?

Era una pregunta cargada. Una parte de mí no quería nada que ver con la mujer.
Sonrió suavemente. —Tienes todas sus mejores cualidades. Cuando la conocí por
primera vez, era hermosa y amable. Era una mujer verdaderamente brillante.

Me mordisqueé el lado de mi boca.

—¿Eso ayuda?

Sacudí la cabeza, intentando despejarme la cabeza. —Todavía no estoy segura.


Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

ilah no estaba por ningún lugar para ser encontrada. Toqué en su puerta y
dejé a que Harvey entrara para que inspeccionara por mí. Regresó con uno
de sus calcetines en su boca, muy orgulloso de sí mismo por su
cumplimiento como si fuera una misión de reconocimiento clandestino. Eres algo de
ayuda.

Tuvimos la semana libre de béisbol, así que permanecí alrededor de la casa todo el
día, arreglando las cámaras con la puerta abierta. Acomodé mi silla en ángulo contra
mi escritorio, posicioné mis herramientas y me asomé hacia el pasillo cada vez que
pensé escuchar ruido de pisadas por las escaleras. Para el final del día, estaba
convencido que la casa de los Calliway estaba embrujada, era eso o que me estaba
volviendo loco.

Alrededor de la hora de la cena, me dirigí abajo y encontré al entrenador


sazonando carne para tacos.

—¿Ha visto a Lilah? —me preguntó asomándose sobre su hombro hacia mí.

Negué con mi cabeza. —No desde anoche.

Él asintió y se volteó hacia la estufa. Ambos sabíamos que no había caso que nos
preocupáramos. Lilah regresaría cuando estuviera lista y no un segundo antes.

Después de la cena, me duche, guardé mis cámaras y herramientas, y saque The


Stranger de mi mochila. Subí a mi cama, busqué mi separador de libros, y me recosté
sobre las almohadas mientras comenzaba a leer. Harvey estaba a mi lado y yo
distraídamente le estaba acariciando mientras hojeaba las páginas de la novela. No
tenía ni idea de qué hora era cuando oí un ligero golpeteo en mi puerta.

—Chase, ¿estás despierto? —susurró Lilah.

Harvey me miró con los ojos cansados, claramente molesto por ser despertado de
su sueño de reparador.

—¿Lilah? —Me quité las mantas y me senté—. Sí, estoy despierto.

La puerta crujió y luego Lilah caminó lentamente a través usando pantalones


cortos de pijama y una camiseta sin mangas. Tragué y empujé mi mirada hacia su
rostro.

—¿Qué sucede?

Tenía los ojos abatidos.

—Realmente lo siento, Chase.

Giré mis piernas del lado de mi cama. —Lilah, no, no tienes que disculparte.

Cruzó los brazos y escudriñó la habitación a mi alrededor. No había mucho que


ver, pero supongo que cualquier cosa era mejor que encontrar mi mirada. ¿De qué tiene
tanto miedo?

—He pasado todo el día pensando en ello... —admitió con un tono manso. Y no
sé a dónde ir desde aquí.

A veces me preguntaba si Lilah y yo estábamos enterrados demasiado


profundamente en nuestros pasados para llegar a resolverlo. Había capas que debían
ser completamente demolidas antes de que pudiéramos llegar a algo real, y en algún
momento, habría un fin para nosotros. Si sería un fin con el que estaría feliz, no podría
estar seguro.

—¿Quieres hablar de otra cosa en lugar de eso? —pregunté, intentando


desesperadamente descubrir los secretos de Lilah Calloway.

Mordisqueó su labio inferior y sacudió la cabeza.


—¿Qué tal si hablo? —le pregunté, asegurándome de que mi voz fuera lo
suficientemente baja como para no despertar a su papá.

Asintió y dio un paso más cerca de la cama. Harvey se sentó, con la esperanza de
que ella se acercara y lo acariciara. Lo empujé más abajo para que estuviera al pie de la
cama.

—Vamos —le dije a Lilah, acariciando la almohada junto a la mía.

Se movió con rapidez, como aliviada por mi invitación a acostarse a mi lado. La


observé rodear la cama y deslizarse bajo las sábanas, trayendo el olor de su champú
con ella. Inhalé profundamente y luego me acerqué a su lado. Cuando nuestros ojos se
encontraron, ella sonrió, pequeña y sencilla.

—De acuerdo, ¿de qué debo hablar?

Sin perder el ritmo, respondió: Recuerdos de tu mamá.

Sentí una leve picadura en mi pecho, como alguien picoteando en mi corazón con
el borde de un cuchillo. Pensaba en mi madre todos los días, pero casi nunca hablaba
de ella.

Lilah sintió mi inquietud. —¿Recuerdas la vez que nos sacó de la escuela y nos
llevó a la playa? Creo que teníamos diez u once años en ese momento.

Sonreí ante el recuerdo. Mi madre les había dicho a nuestros maestros que ambos
teníamos citas médicas y no la habían cuestionado.

—Nos llevó a Port Aransas, pero no se había dado cuenta cuánto tiempo tomaría.

Lilah se rio. —Fue como un viaje en coche de seis horas para llegar allí.

—Pero la playa estaba desierta.

—Y las olas eran muy grandes.

Asentí, invocando los recuerdos enterrados. —Fue un día muy divertido.

—¿Te acuerdas de lo celosos que estuvieron nuestros papás cuando les


contábamos eso? —Ella sonrió, y comenzamos un descenso lento en los recuerdos.
Contábamos historia tras historia sobre mi mamá y nuestra infancia. Se sentía bien
recordar y sabía que estaba haciendo feliz a Lilah. Sus rasgos relajados y los demonios
que la habían perseguido todo el día parecían haber desaparecido en la puerta. La
observaba hablar, amando la forma de su boca y las palabras que salían de ella. Casi le
dije lo que sentía; la declaración estaba en la punta de mi lengua.

Lilah, te amo.

En su lugar, me acerqué más y le susurré otra historia, sus ojos se centraron en los
míos mientras absorbía cada palabra.

No estaba seguro de quién se había quedado dormido primero, pero me desperté


en mitad de la noche con su mano en mi pecho y mi corazón en la palma de su mano.
Con ella y Harvey en la cama conmigo, sentía que tenía todo lo que quería, aunque
solo fuera por un momento.

Me quedé despierto y la observé un rato, estudiando la pendiente de sus pómulos y


la pequeña mueca de sus labios. Tenía rasgos delicados y cuando ella dormía, se
relajaron en la simetría perfecta.

Justo antes de irme a la deriva, un pensamiento hace espiral a través de mí,


sosteniendo el agarre en mi mente hasta que toda esperanza de dormir se desvanezca.

La relación que solía tener con Lilah se ha ido. Ya no es mi amiga de la infancia, y si la


pierdo esta vez, será para siempre.
Traducido por Gisenid

Corregido por Candy20

l sol daba de lleno sobre el montículo del lanzador mientras comprobaba la


primera base. El corredor se encontraba ansioso por desplazarse más allá
del borde de la base, pero se quedó dónde estaba. La bola viajó a través del
aire, el bateador la golpeó y falló, y se estrelló contra el guante del receptor con un
fuerte aplauso.

—¡OUT!

La multitud enloqueció. Acababa de lanzar el mejor juego de mi vida: 9


ponchados y solo una carrera ganada. Me quite los guantes, entre tanto, mis
compañeros de equipo se apresuraron a reunirse conmigo en el montículo. Sonreí y
cumplí con las formalidades, pero no pude ignorar el hecho de que mi papá no se
hallaba en las graderías. Me prometió que estaría ahí. Erael último partido antes de las
eliminatorias y me juro que vendría a verlo.

Lilah se encontraba ahí, al igual que estuvo en todos los juegos desde el inicio de la
temporada. No se sentaba con las Diamond Girls; se sentaba en la parte superior de las
graderías con la gorra sobre su rostro. Era incomodo darle una rosa a Kimberly al final
de cada juego, pero no era como si tuviera elección. Cada jugador daba una rosa; era
una tradición y Kimberly era una buena amiga. No se merecía ser abandonada solo
porque amaba a Lilah.

Compraría una docena de rosas en el supermercado antes de cada juego a cambio


de que Lilah se quedara a hablar conmigo después del mismo. En realidad, no la
culpaba por irse. Las flores empezaron a apilarse, secarse y marchitarse en el asiento de
mi camioneta. El empleado que me tomaba los pedidos siempre veía con desconfianza
mi uniforme, pero no le preste atención. Un día Lilah se quedaría y valdría la pena.

Salté a mi camioneta, sin preocuparme por ducharme o cambiarme de ropa.


Coloque las rosas en el lado del pasajero y entonces maneje directo a la casa de mi
papá. No sabía en qué estado estaría cuando llegara, pero exhalé cuando miré su
automóvil estacionado junto a un viejo Firebird rojo que no reconocí.

Al menos está en casa.

Me estacioné detrás de su automóvil en la calzada y apagué el motor, recorriendo


mi lista de contactos mental de vehículos. No pude ubicar el Firebird, al menos, nadie
me vino a la mente. Metí las llaves en mi bolsillo delantero e hice el movimiento para
salir, pero en ese momento la puerta con tela metálica volvió a la vida con un chirrido.
Eche un vistazo a través del parabrisas mientras una mujer salía por la puerta principal
dando un traspié, pareciendo como si hubiese visto mejores días. Su cabello era corto y
desteñido, su piel estaba bronceada y curtida. Los tacones de sus zapatos se hundían
en la hierba mientras caminaba, así que mantuvo sus brazos hacia afuera como un
caminante de cuerda floja tratando de mantenerse firme.

Después de unas cuantas veces de casi caer de bruces, finalmente, logro llegar a su
automóvil, sin darse cuenta que me hallaba sentado dentro de la camioneta.

Esperé dos minutos a que su Firebird se alejara antes de encaminarme hacia la


casa. Palmee mis pantalones vaqueros para asegurarme que mis llaves estuviesen en el
bolsillo delantero. Existía una posibilidad de que tendría que salir huyendo,
especialmente si mi papá estaba ebrio.

Abrí la puerta de tela metálica deshilachada y toque con mis nudillos el marco de
madera.

—¿Estás ahí dentro, papá? —dije en voz alta a la silenciosa casa. La alfombra se
hallaba manchada con parches amarillos y marrones y había basura cubriendo la mesa
de café. Frascos de píldoras yacían a la par de paquetes de cigarrillos y latas vacías de
refresco.

Echaba un vistazo en la cocina justo cuando jalaron la cadena del inodoro en el


baño de invitados de la planta baja. Me giré en el momento en que mi padre salió
subiéndose el cierre de los pantalones. Cuando me divisó, se detuvo y entrecerró los
ojos como si intentara averiguar si en realidad me encontraba allí.
—¿Cuándo llegaste? —preguntó con voz ronca antes de pasarme de largo y tomar
asiento en el sofá. Los resortes colapsaron bajo su peso.

—Hace un momento —dije, señalando la puerta—. Vi a tu amiga salir. —Puede


haber eludido el tema, pero estaba cansado de eludir temas con él.

Gruñó y estiró el brazo para encender un cigarrillo. Me acerqué y agarré el


paquete antes de que pudiese hacerlo.

—No fumes en mi presencia —dije, tirando el paquete al otro lado de la habitación


para que golpeara la pared y cayera al piso; los cigarros esparciéndose sobre este.

—¿Qué demonios se te ha metido, chico? —preguntó, con un brillo oscuro en los


ojos.

Me encontraba a un solo movimiento de empujar sus límites, así que retrocedí e


inhalé profundamente.

—Quería venir a ver cómo te encontrabas —dije, tomando asiento en la silla frente
a él. No pude oler el sudor de mi uniforme sobre el almizcle que persistía en la
habitación. El lugar era asqueroso.

—Estoy bien —asintió, reclinándose y colocando sus brazos sobre el respaldar del
sofá.

—¿Has ido a la tienda últimamente?

Sus ojos estaban enfocados en algo afuera cuando respondió. —Una o dos veces la
semana pasada. Ha sido lento.

Asentí y dejé caer las manos entre mis piernas. —¿Cómo pagas estas cosas?

Sus ojos me fulminan. —Tú sabes, no me gusta recibir sermones de un maldito


niño de dieciocho años, aunque seas mi hijo.

Me reí por lo bajo. —¿Crees que es divertido tener que sermonear a mi papá?

Gruñó y supe nos hallábamos en un callejón sin salida, así que decidí dejar el
tema.

Se extendió para tomar un sorbo de cerveza barata que sin duda a estas alturas
estaba tibia.
—Hoy tuve un juego de béisbol —mencioné, encontrando un terreno neutral.

—Sí, ¿cómo ha ido? —preguntó, observando mi uniforme.

—Ganamos. Nos dirigimos a la primera ronda de las eliminatorias.

Asintió en aprobación. —Eso es realmente increíble. Intentaré llegar al próximo


partido, quizás.

Su promesa no significaba nada. Me recline en mi silla sintiendo mi teléfono en el


bolsillo trasero. Lo habría sacado, pero no estaba seguro de cuanto más me quedaría.

—¿Cómo está tratándote Calloway? —preguntó, tomando otro sorbo de cerveza.

Junte las manos. —Bien.

—¿Te acercaste a esa hija suya de nuevo? —preguntó con dulce desprecio.

—Su nombre es Lilah —dije con firmeza, enderezándome en mi asiento.

Mi papá gruñó de nuevo y tomo todo de mí no acercarme y arrebatarle la cerveza


de la mano. Lo observé inclinarse, sus ojos color avellana mirando los míos. Su piel
era grasosa y arrugada. Me pregunté cuándo fue la última vez que se bañó.

—Yo tendría cuidado con ella —advirtió, entrecerrando los ojos.

—¿De qué estás hablando?

Se pasó la lengua por el labio inferior, sumido en sus pensamientos. —Siempre me


ha recordado un poco a su madre…

—Solo di lo que quieres decir —siseé.

—Su madre era una ramera estúpida y la manzana no cae tan lejos del árbol.

Agarré el borde mi silla.

—No sabes una sola cosa de ella —argumenté.

—Sé que es problemas —dijo, extendiendo su mano hacia el paquete de


cigarrillos.

—Tú. No. La. Conoces.


—¿Crees que ustedes dos juntos es una buena idea? —Intento encender su
encendedor, golpeándolo tres veces antes de que finalmente se alumbrara. Tomo una
larga calada y luego me miró a los ojos de nuevo. Nuestras familias están tan
destrozadas y enredadas, que nada bueno puede venir de ello.

—Es una buena persona.

Negó con la cabeza y me señaló con el dedo, tirando la ceniza en la alfombra.


Elaine también parecía una buena persona cuando tenía diecisiete años. Quizás
ahora no tenga problemas, pero los tendrá. Solo espera.

Pensé en la versión de Lilah que había regresado de Austin: la chica cerrada, con
el cabello negro y la sonrisa plana; la chica que hizo todo lo posible por esconderse del
mundo. Sabía que no pasaría de la noche a la mañana, pero podía traer de vuelta a la
antigua Lilah. Podía encontrar a la chica perdida.

—Ahora solo estás soltando mierda desagradable —dije con una determinación
férrea—. ¿Tú sabes que yo sé que estás equivocado?

Mi papá arqueó una ceja en respuesta.

—Porque no soy igual que tú —dije mordaz—. Lilah no se volverá como su madre
porque estoy seguro como el infierno que no me convertiré en ti. Mírate —me burlé.
Eres un hombre de cuarenta años bebiendo hasta el olvido. Perdiste a tu esposa y yo
perdí a mi mamá. No puedes solo pretender que la vida no continúa. —Negué con la
cabeza—. ¿Por qué no puedes verlo? ¿Por qué no puedes ver que conviertes algo triste
en algo aún peor? No pude lamentar la muerte de mi mamá porque estaba demasiado
ocupado asegurándome que cada noche no te ahogaras en tu propio vómito.

Me levante y saque las llaves del bolsillo de mi uniforme. Todo el camino hasta la
puerta principal estuvo acompañado del silencio de mi padre, pero no estaba bajo la
ilusión de que escuchó una palabra.

Los bastardos ebrios no cambian.


Traducido por Carilo y Mariela

Corregido por Candy20

os secretos constituyen la columna vertebral de una pequeña ciudad.


Secretos, chismes y mentiras. Nadie se ocupa de ello. Dulces viejecillas
hablando mierda acerca de sus amigos, pero siguen con un “bendito su
corazón” y todo el mundo finge que está bien. No importa si intenta vestirlo con un
marco bonito; chisme es chisme, y me encanta cada pedazo jugoso que podría
conseguir.

Los secretos se amontonaban más rápido de lo que podía grabar en mi diario. Eran
como las malas hierbas que crecían fuera de control sin nadie para mantenerlos bajo
control. Los guardé, cubriendo mi nuevo diario con ellos hasta que la tinta negra
sangró por todas las páginas.

Mi pequeña ciudad esconde más de lo que podría haber esperado. Había fraude: la
iglesia bautista del centro no había sido víctima de un cableado defectuoso; los
ancianos de la iglesia lo habían incendiado por el dinero del seguro. Había asuntos y
adulterio: todos, desde un ayudante de maestro en mi escuela hasta el señor Hill al otro
lado de la calle. Los tramposos eran descuidados e indulgentes. La mayoría de ellos
querían ser capturados, pero eran demasiado débiles para salir y admitirlo. Había
pequeños secretos, vecinos regando sus céspedes durante las restricciones de sequía y
grandes secretos, como que el centro de la panadería de D&T era un pequeño frente
acogedor para una operación de lavado de dinero.

La mayor parte del tiempo, los secretos cayeron en mi regazo, pero en otros casos
tuve que investigar. Me senté en la panadería de D&T después de la escuela, viendo y
escuchando. La primera vez que había una gota de dinero, no creía que lo hubiera
visto. Tuve que volver tres veces más antes de confirmar mis sospechas. Rellenas entre
los croissants de chocolate y las uñas de oso esmaltadas eran miles de dólares de dinero
sucio de la droga. Siempre me había preguntado qué hacían los trabajadores de una
panadería de 24 horas durante las 20 horas de inactividad.

Anoté todos los secretos que pude encontrar, exponiendo mis páginas de diario a
los mentirosos de Blackwater, Texas, y cada mentira que escribí ayudó a aliviar mi
alma.

Escuchar los chismes de la ciudad tenía sus desventajas; oí cada palabra


murmurada acerca de Chase y de mí. Vi cada labio que se frunció y cada segunda vista.

—Chase tiene un futuro tan brillante, y ella está tan emproblemada. Bendice su corazón.

Quería matar a la siguiente persona que trató de bendecir mi corazón.

—¿Qué es lo que ve en ella?

Ojalá pudiera haberles contestado—: No tengo idea.

Recorrí las páginas de mi diario, pasando la mano por las palabras que había
escrito allí el día anterior. No quería irme a casa, así que me senté dentro de D&T y
fingí no notar cuando alguien ordenó los macarrones de grosella negra, un elemento
discreto del menú.

La campana resonó sobre la puerta y miré hacia arriba para ver a los padres de
Kimberly, el señor y la señora White, entrando en la panadería con grandes sonrisas. No
los había visto en años, pero habían envejecido como vampiros: sin arrugas, sin
preocupaciones, sonrisas perfectas y ojos azules brillantes.

La señora White exploró el pequeño espacio hasta que sus ojos aterrizaron en mí.

—¡Lilah Calloway! ¡Qué sorpresa! —dijo, apartando la mirada de mi camiseta


Jake Bugg y pantalones vaqueros oscuros—. No te he visto desde los días de danza
tuyos y de Kimberly.

Cerré mi diario y lo saqué de la mesa, ofreciendo una falsa sonrisa mientras se


acercaban. —Sí, ha pasado un tiempo.

El señor White se paró detrás de ella, brillando hacia mí de oreja a oreja. Siempre el
dentista sonriente.
—¿Cómo has estado? —preguntó ella.

—Bien.

Mis desastrosas habilidades conversacionales no la disuadieron.

—Kimberly mencionó que tú y Chase se estaban viendo —dijo la señora White con
una inclinación de cabeza—. Sabes, tengo que decir que siempre habíamos elegido a
Chase para Kimberly. Quiero decir que los dos eran tan inseparables... mientras
estabas fuera.

Sus ojos huecos hacían imposible saber si estaba siendo maliciosa o simplemente
inconsciente. Aun así, quería acercarme y apretar mi mano sobre su boca. No
necesitaba oír historias sobre Kimberly y Chase. Tenía un lazo corriente de sus caras
felices constantemente jugando en mi cabeza.

—Realmente no estamos juntos —le ofrecí torpemente.

Sus ojos se llenaron de esperanza. —¿Oh? Kimberly estaba loca por él durante
mucho tiempo. Solíamos reír cuando pasaba horas preparándose para una de sus citas.

—Oh, eso es gracioso —le dije, mostrándole una sonrisa plana, esperando que
tomara la indirecta y se fuera. No lo hizo. Por lo que sabía, estaría atascada hablando
con ellos durante el resto de la tarde.

—Escuché que Chase ha tenido bastantes ofertas para jugar a la pelota en la


universidad. ¿No es asombroso? —No me dio tiempo para confirmar que era
“increíble”—. ¿Tienes planes para después de la graduación?

Entrecerré los ojos, sabiendo muy bien que la señora White no se preocupaba por
mí. Nunca había llamado después del funeral o se ofreció a ayudar a nuestra familia.
Quería saber qué estaba haciendo para poder compararlo con Kimberly. Necesitaba la
validación de que era una buena madre y que Kimberly era la princesita popular que
siempre había querido criar.

Me paré y dejé la mesa que había ocupado durante la última hora. Me deslicé
alrededor de ellos y tiré mi sombrero imaginario.

—Ya sabe, lo único que sé con seguridad es que estoy saliendo de este pueblo.

Sus bocas cayeron y ofrecí un gesto con la mano.


—Tengo que correr, pero disfruten de su postre. Probablemente iría por los pastelitos
si fuera usted.

Los pastelitos eran seguros. Eran postres esponjosos e inocentes. Fueron los
macarrones de grosella negra que dieron señales de compra.

***

Cuando llegué a casa de la panadería, salí a inspeccionar el progreso de mi jardín


con Harvey a mi lado. Las plantas crecían como locas, adelantando las camas y
absorbiendo cada gota de agua que les daba. Dejé caer la manguera en una de las
camas y me dirigí a mis vides de frambuesa. Había plantado cuatro arbustos a lo largo
de la línea de la cerca para que las viñas pudieran trepar por los tablones de madera.
Las frambuesas crecían lentamente, según sus propios términos. Fuera de todas mis
plantas, era más como esas frambuesas.

Corro mi dedo por las viñas en ciernes y luego me obligo a terminar de regar el
resto del jardín. Una vez que cada cama está empapada, me quito mis zapatos y entro
para alimentar a Harvey y cenar temprano. Mi papá no ha llegado todavía del juego de
béisbol y la casa está demasiado callada; no había nada para ayudar a ahogar los
pensamientos negativos sobrepasando mi mente. Me apoyé en el mostrador y repetí mi
conversación con la señora White hasta que no pude aguantar más.

Odiaba a la señora White, pero no era la única que no quería que terminara con
Chase. Esto confundió a todos. Arruinó su perfecta imagen de lo que debería ser la
vida. Se suponía que Chase se casaría con una reina de baile, se haría cargo del
concesionario Ford de Blackwater y se presentaría al gobierno de la ciudad. ¿Yo? Se
suponía que debía convertirme en mi madre.

No era una idea nueva; pensé en la posibilidad de convertirme en ella todos los
días. Era fácil ver las similitudes, pero cada vez que me entregaba a mí misma, mi
lógica eventualmente se ponía en marcha. Yo no era ella. Lo sabía. Sin embargo, la
gente me veía como su engendro. Me habían marcado como problemas desde el
principio.

Estaba de pie en la ventana de mi dormitorio, contemplando las opiniones de mi


pequeña ciudad cuando la camioneta de Chase se detuvo en la entrada. Lo vi saltar y
mi corazón dio un respingo, una reacción innata a su presencia. Miró hacia arriba para
verme de pie en la ventana y agitó la mano antes de retomar el paso para entrar.
Mantuve la mirada en el lugar donde él se había quedado sonriendo hacia mí y
trató de empujar el secreto arañando su camino hacia el frente de mis pensamientos.
Amar a Chase no era una opción. Todos los días, me frotaba el sueño de mis ojos,
tomaba una respiración profunda, y empuñaba el peso de mi amor por él. Incluso
después de todo lo que habíamos pasado, ese era mi mayor secreto, el que intenté
ahogar en mi diario.

Amaba al chico de oro. Me desperté amándolo y me dejé llevar por el sueño de


amarlo, pero tener ese amor correspondido, dejar al amor florecer no era una
posibilidad. Incluso si pudiéramos trabajar nuestro camino a través de nuestro pasado,
nadie pensó que yo era lo suficientemente buena para él y, honestamente, no lo era.

Cuando escuché a Chase abrir la puerta principal y subir las escaleras, mi emoción
de verlo momentáneamente desplazó la tristeza. La perilla de mi puerta se torció y me
volví para encontrarlo de pie en mi puerta con una amplia sonrisa.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté.

Se tomó un momento para recuperar el aliento, su ancho pecho subiendo y


cayendo bajo su jersey.

—Te vi en mi juego. Justo cómo te he visto en todos los juegos.

Crucé los brazos y me encogí de hombros. —No es gran cosa. No tengo nada más
que hacer los sábados por la tarde.

Chase sonrió y empujó la puerta con intención peligrosa.

Levanté las manos para detenerlo, pero sabía que era un intento inútil. —¡Te
puedo oler desde aquí!

Él sonrió más y se acercó. —¿Está tu papá en casa?

Tragué. —No.

Extendió la mano hacia mi cintura, agarrándola en sus manos y tirando de mí


contra él.

—Chase, mi papá va a aparecer —dije, fingiendo que estaba más preocupada por
mi papá regresando a casa que las manos de Chase en mis caderas.
Se inclinó para besar mi mejilla, sus dedos girando círculos lentos a lo largo de mi
espalda baja, volviéndome loca.

—Pensé que dijiste que no estaba en casa.

Me estaba escapando. Chase fue...

—Yo…

Mis pensamientos y mi discurso se mezclaron en un lío de inacción. Quería


alejarlo, recordarme los hechos, pero los labios de Chase estaban en mi mejilla y mi
cuello y luego se posaron sobre los míos, esperando mi permiso tan suavemente que
pensé que me desmoronaría.

—Apestas —bromeé, tratando de aligerar el momento.

Se echó a reír y retrocedió un paso, levantando su uniforme y tirándolo por encima


de su cabeza.

Mis ojos se abrieron.

—Espera, ¿qué estás haciendo? —le pregunté, manteniendo un contacto visual


constante con su cara.

Se encogió de hombros con inocencia. —Desnudarme para poder tomar una


ducha.

—Hazlo en el baño —discutí mientras se desabrochaba el cinturón de sus


pantalones de béisbol. Mi respiración me atrapó en la garganta al saber que, si
empujaba el tema, yo estaría totalmente perdida. Podía ver la inmersión de su torso,
las líneas duras de sus abdominales, y de repente no quería luchar contra nosotros. Me
adelanté y empujé mi cuerpo contra él para que él tuviera que atraparme contra la
puerta. Se agitó en sus bisagras mientras envolvía mis manos alrededor de su cuello.

Se rio en mi boca mientras nos besábamos, completamente locos el uno para el


otro. Sus manos tiraron de mi camiseta y me reí cuando se quedó atrapada en mi
cabeza durante unos segundos.

—Bien, solo quédate así —bromeó Chase, sin ayudarme a arrancarlo.

—¡Oye! ¡Ayúdame!
—Pero, estoy realmente disfrutando de la vista —bromeó, rozando sus manos por
el centro de mi estómago. Mis músculos temblaban bajo su toque, incluso cuando la
camiseta comenzó a cortar la circulación.

Alzó la mano para ayudar a retirarla, pero el ominoso sonido de la puerta


abriéndose nos detuvo en seco.

—¡Chicos! Estoy en casa. ¿Quieren ir a cenar? —gritó mi papá por las escaleras.

Chase y yo nos separamos y tiré de mi camiseta hacia abajo sobre mi pecho. En un


destello de gritos silenciosos y gestos precipitados, Chase tenía su camisa en la mano y
se arrastró por el pasillo hacia su habitación.

—¿Chicos?

—Está bien papá ¡Solo un segundo! —grité, manteniendo los ojos fijos en Chase.

Él se volvió para cerrar la puerta y su sonrisa perversamente hermosa fue lo último


que vi.

Era la primera vez que dejaba que mi amor por Chase viera la luz del día.
Traducido por LittleCatNorth

Corregido por Candy20

a siguiente semana pasó en cámara lenta. Cada día borroso de momento a


momento: caminar a la escuela, sentarse durante las clases, pretender estar
bien, evadir las preguntas, y poner una sonrisa falsa por Chase. Pensé que
mis sentimientos por él se calmarían en algo cómodo, pero Chase y yo habíamos
pasado al punto sin retorno. Estaba enamorada ciegamente de él y cuando más lo
notaba, más me asustaba.

Amaba a Chase. Lo amaba y nadie podría ver cuán hermosamente puro era el
sentimiento. Ellos estaban demasiado consumidos por la yuxtaposición de lo que “era” y
lo que “debía ser”. Para ellos, yo ni siquiera era digna de ser una Capuleto destinada a su
Montesco yo era más la criada del servicio que debió haber deslizado una poción de
amor en el guisado de Romeo. Lo había robado justo de abajo de Julieta.

Cada día durante el almuerzo, caminé por la cafetería y me detuve para mirar a
Chase entre sus amigos. Yo era como una antropóloga estudiando los hábitos de una
cultura de la que nunca había sido parte. Evadí las invitaciones de Chase a unirme a él,
escogiendo en lugar de eso esconderme en la biblioteca o el centro de naturaleza,
cualquiera que se adaptara a mi gusto ese día.

Se sentía bien respirar por mi cuenta de nuevo, pasar treinta minutos sin la
constante sensación de tener a alguien mirándome, estudiándome, juzgándome.

Estaba de pie en la puerta de la cafetería el viernes, cuando Kimberly entró con un


grupo de Diamond Girls. Cuando me vio, les hizo señas a sus amigas para despedirlas y
se quedó atrás para hablarme.
—Hola, ¿qué estás haciendo aquí afuera? preguntó con una sonrisa amigable.

—Solo... recomponiéndome dije, diciendo la verdad por primera vez en una


semana.

Las cejas de Kimberly se apretaron juntas. —¿Tú y Chase están bien?

Miré más allá de su hombro para ver a Chase estirarse por un puñado de papas
fritas. Él estaba usando su distintiva sonrisa satisfecha y yo solo no podía hacerlo más.
No podía fingirla.

—¿Alguna vez has pensado sobre estar con Chase? pregunté, ignorando por
completo su pregunta anterior.

Ella inclinó su cabeza, su sonrisa amigable deslizándose incluso más ligeramente.


—¿A qué te refieres? Salimos en penúltimo año, pero eso acabó ahora.

Sacudí mi cabeza. —No, sé eso. Quiero decir, en el futuro.

Sus ojos se entornaron y jaló su labio inferior entre sus dientes mientras pensaba.
—Supongo que había pensado un poco sobre eso.

Tomé una profunda respiración, tratando de empujar a un lado la sensación del


ácido carcomiendo mi estómago. —Es solo que, desde que comencé a salir con él, he
tenido esta sensación de que soy una impostora. Hice una pausa, preguntándome si
debería continuar—. Y entonces los veo juntos y solo encajan. Eso tiene mucho más
sentido.

Ella sonrió, obviamente incómoda con mi honestidad. —Pero tú estás con él. Él
quiere estar contigo, Lilah. Apuntó a mi pecho, como si enfatizara ese punto.

Asentí porque, por ahora, tenía razón. Por ahora, yo tenía al chico dorado, pero
no duraría; él había escogido a la chica equivocada.

Tragué el pensamiento, empujándolo tan lejos bajo la superficie que para cuando
el horario de física llegara, pudiera ofrecerle a Chase mi mejor esfuerzo de una sonrisa
genuina. El señor Jenkins repartió el problema conjunto y me enfoqué en él como si mi
vida dependiera de ello. Chase y yo lo trabajamos juntos mientras Connor se quedaba
atrás. En un montón de formas, fue el mismo viernes en la tarde que había tenido por
los últimos meses, hasta que el teléfono de Chase zumbó y bajé la mirada para ver una
llamada entrante de Kimberly.
Mi estómago se apretó ante la vista de su nombre. ¿Lo llama a menudo? Era su
Diamond Girl, por supuesto que lo hacía.

Pretendí no notar la llamada y él la ignoró, pero justo cuando volteamos a


nuestros problemas conjuntos, su teléfono zumbó de nuevo. Esta vez, él pidió usar el
baño así podría contestar. La campana final sonó y él nunca regresó.

Miré a los otros chicos de mi clase salieron corriendo, incluido Connor, pero
esperé. Miré a un lado y a otro, de la mochila de Chase a la puerta, preguntándome si
iba a molestarse en regresar por ella. El señor Jenkins empacó su clase y me ofreció una
mirada expectante.

—Parece que Chase se saltó la clase temprano. Cuando lo veas, por favor avísale
de que estará en detención por la próxima semana.

Asentí y cargué con ambas mochilas, una en cada hombro.

El cielo había estado oscuro y nublado durante el almuerzo, pero la lluvia esperó
lo suficiente para que yo comiera mi emparedado afuera, en el centro de naturaleza.
Mientras caminaba afuera después de la campana final, sabía que no sería tan
afortunada para mi caminata a casa.

El viento sopló mi cabello a través de mi rostro y miré hacia arriba para ver las
oscuras nubes estrepitosas rebasando el cielo. Sonreí, pensando sobre cuanto
necesitaban mis plantas a la lluvia. Fue la primera vez que había sonreído en toda la
semana y esta se alejó tan pronto como bajé la mirada para ver a Chase caminando
lado a lado con Kimberly. Había llegado tarde, y ahora sabía por qué. No estaba
planeando encontrarse conmigo en lo absoluto.

Ambos reunidos a un lado de su auto en el estacionamiento. Me quedé congelada


mientras se estiraba para darle un abrazo antes de rodear el auto hacia el lado del
conductor. Mi estómago se retorció en un nudo, que era inútil de desatar. Parpadeé,
tratando de aclarar la escena mientras ellos salían del estacionamiento, preguntándome
si mi mente estaba jugándome un truco. Chase estaba dejando la escuela con
Kimberly. ¿Por qué? ¿Por qué haría eso? ¿Kimberly le dijo lo que yo había dicho antes?

Mi madre siempre me dijo que fuera cuidadosa con lo que deseaba, y en ese
momento, noté cuan certeras eran sus palabras. Debí haber sido más cuidadosa sobre
ventilar mis dudas. El universo había escuchado y actuó mucho más rápido de lo que
había creído posible.

Ya no tenía a mi chico dorado.


Un estallido de un trueno me empujó de regreso al presente, y sabía que necesitaba
moverme si quería llegar a casa antes de que la lluvia comenzara. Me estiré para sacar
mi teléfono del bolsillo frontal de mi mochila y sentí la traición fundirse a través de mí.
No había una llamada perdida o un mensaje de texto esperando a ser leído. La pantalla
en blanco selló mi destino: Chase había dejado la escuela con Kimerly y yo caminaría
a casa sola. Empujé mi teléfono de regreso al bolsillo frontal de mi mochila y volteé
para caminar mi caminata a casa mientras las primeras gotas de lluvia comenzaban a
caer como salpicaduras de pintura sobre la acera.

Perfecto.

Para el momento en que alcancé la puerta frontal de la escuela, la lluvia estaba


derramándose más fuerte que lo había hecho en años. Los autobuses escolares ya se
habían ido o habría regresado y saltado dentro de uno. Mi papá aún estaba trabajando
y no quería molestarlo. Mi única opción era continuar caminando.

Me dirigí alrededor del perímetro de la escuela con dos mochilas pesando en mi


cuerpo y la idea de Chase y Kimberly juntos pesando en mi mente.

No dejé de caminar hasta que alcancé un antiguo roble sobre la calle Main. Su
follaje era amplio y colgaba bajo sobre la acera. Me apiñé debajo de él, esperando que
la tormenta pasara rápidamente. Mis ropas estaban empapadas y cada mochila había
ganado al menos cinco kilos de peso por el agua. Las dejé caer al suelo seco bajo el
árbol y rodé mis hombros hacia atrás para aflojar la tensión en ellos. La lluvia no
parecía que se iría en cualquier momento pronto; sabía que solo tendría que soportarla
hasta llegar a casa.

Revisé mi teléfono de nuevo, desesperada por un texto de Chase, pero no había


nada. Me incliné para recuperar las mochilas con un gemido justo cuando un familiar
Camry plateado condujo hasta un alto contra la cuneta, justo enfrente de mí. Detrás de
las ventanas salpicadas de lluvia, miré a Trent mientras se inclinaba y giraba la manija
manual de la ventana.

Empujé mi cabello húmedo tras mi oreja y me incliné.

—¿Qué estás haciendo caminando a casa en esto? preguntó él con un ceño


fruncido.

Miré de izquierda a derecha, tratando de pensar una buena excusa. No tenía una.

—No es tan malo. Estoy a casi medio camino respondí débilmente.


—¿Quieres un aventón? Esto no va a terminar pronto.

Miré más allá de su auto, a la acera cubierta en charcos y la lluvia martillando a mi


alrededor. Sinceramente, nunca había estado tan aliviada de tener un aventón a casa
en mi vida. Jalé la puerta del pasajero para abrirla y me deslicé sobre el asiento. Él se
estiró para empujar a un lado varios CDs y recibos arrugados. Su mano rozó mi muslo
y sus ojos volaron a los míos.

—Lo siento, no estaba esperando pasajeros dijo con una sonrisa infantil que no
era algo que estaba acostumbrada a ver en él. Su cabello negro estaba recortado más
corto de lo que había visto, haciendo sus bellos rasgos mucho más fácil de apreciar. Me
moví nerviosamente en mi asiento, poniendo las mochilas entre mis piernas, y
estirándome para agarrar mi cinturón de seguridad.

—Gracias por recogerme dije, sorprendiéndome por la vulnerabilidad en mi


tono.

—No hay problema. Usualmente, vago por ahí después de la escuela, pero me fui
hoy para vencer a la lluvia señaló a través del parabrisas frontal—. Como puedes
ver, no hice un trabajo muy bueno de eso.

Reí, sorprendida por la ligereza en mi pecho. Esto se siente correcto. Fácil.

—¿Quieres ir a buscar algo para comer? pregunté.

La pregunta estaba afuera antes de decidir si era o no una buena idea, pero supuse
que comer una cena temprana con Trent vencía el sentarse en casa y preguntarse qué
estaba haciendo Chase con Kimberly.

Las cejas de Trent se dispararon hacia arriba y luego asintió una vez, lentamente,
procesando mi pregunta. —Sí. Sí, de acuerdo. Conozco un buen lugar al que podemos
ir.

Suspiré y miré fuera de la ventana, empapándome en la mohosa esencia que


estaba pegada en el tapizado del auto. Había una pequeña parte de mí que se sentía en
casa en el auto de Trent. Trent no brillaba de la forma en que Chase lo hacía. Nadie
me juzgaría por pasar el rato con él. Estábamos en el mismo campo de juego; dos
inadaptados en una pequeña ciudad.
Traducido por Mariela

Corregido por Candy20

rent me llevó a un lugar de pizza separado de la calle Main que estaba


conectado con un antiguo local de videojuegos. Era el lugar perfecto para
esperar a que la tormenta cesara mientras llenamos nuestros estómagos con
pizza de queso cálida y jugamos Pac-Man hasta que nuestros pulgares dolieran. El
restaurante estaba vacío salvo por un hombre detrás del mostrador él cual su barba
alcanzaba por encima de su panza cervecera. No me importa lo que él piense; él pasó un
interruptor en algunos de los videojuegos, de modo que después de que Trent hubiera
gastado veinte dólares, pudiéramos ambos continuar jugando gratis.

No me había dado cuenta de cuánto tiempo habíamos pasado allí hasta que Trent
sacó su teléfono de su bolsillo trasero y ofreció un cambio de lugar.

—Hay una reunión en la casa de Blake. ¿Lo recuerdas? —preguntó. Me atormenté


el cerebro hasta que recordé a un tipo que se había graduado de nuestra escuela
secundaria unos años antes. Se había quedado en Blackwater incluso después de la
graduación y había oído rumores de que era uno de los chicos que le suministraban a
Trent y a sus amigos drogas. Me mordí el labio, tratando de decidir si sería una mejor
idea si me fuera a casa. Fue divertido estar con Trent por un tiempo, pero no éramos
realmente amigos y no quería lamentar estar atascada en una fiesta con él.

Guardó su teléfono y luego me lanzó una sonrisa inocente. —Qué tal si vamos a
echar un vistazo y si estás aburrida o si quieres salir, nos vamos.

Crucé los brazos y respiré hondo. Probablemente estaba pensando demasiado. Me


gustaría ir con Trent un poco desde que me había salvado de caminar a casa bajo la
lluvia, y luego volvería a mi vida y averiguaría cómo podría pasar de Chase. Mi
estómago se apretó ante el pensamiento y luego antes de que pudiera detenerlo,
imágenes de él y Kimberly saltaron libres en mi mente. Pude verlos caminando a la
clase de la mano. Podía verla en las gradas mirándolo jugar béisbol con su apellido en
la parte de atrás de su camiseta. Podía verlo sentarse a cenar con su familia, un grupo
perfecto de cuatro.

Dejé que Trent me llevara a su coche, pero no presté mucha atención mientras
conducía hacia las afueras de Blackwater. Los caminos eran un lío enlodado por la
tormenta y como nos paramos frente a un remolque de doble ancho, temí que Trent no
sería capaz de conseguir su coche de vuelta del barro cuando era el momento para que
nos fuéramos.

—¿Lista para entrar? —preguntó con un tono alegre.

Abrí la puerta y traté de dar un paso alrededor de la mayoría de las grandes pilas
de barro en el camino hacia la puerta principal. Trent se adelantó y trazó una ruta
segura, pero no sirvió. Cuando llegamos a la puerta principal, mis zapatos estaban
cubiertos de barro. Traté de echar una parte de ello cuando la puerta del remolque se
abrió y dos chicas borrachas rieron cuando nos pasaron.

—¡Trent! —llamaron mientras pasaban. Sonreí, habiendo olvidado el encanto de


chico malo que la mayoría de las chicas veían en él. Él inclinó su cabeza en su
dirección y luego puso su mano en mi espalda para guiarme dentro. El remolque era
pequeño y fundido con un resplandor amarillo de las viejas bombillas fluorescentes que
colgaban del techo. Un sofá andrajoso y manchado estaba justo al lado de la puerta y
había tres chicos cada uno rodando un porro, tratando de competir entre sí hasta
completarse. Miré más allá de ellos hacia la cocina y vi a Ashley charlando con Blake.

No fue hasta que la vi que me di cuenta de lo desaliñada que estaba para la


ocasión. No me había molestado en poner mucho maquillaje antes de la escuela y
todavía llevaba pantalones vaqueros y una vieja camiseta de los Rolling Stones.

Ashley estaba ataviada con una falda corta de mezclilla y una camiseta con encaje
blanco. Sus tacones de cuatro pulgadas aumentaron su altura y cuando Blake se
enderezó después de servirle una copa, se elevó sobre él.

Era como yo sospechaba: un chico de unos veinte años con un ligero vientre
cervecero y un grueso cabello negro gelificado. En otras palabras, parecía alguien que
no debería haber estado de fiesta con un grupo de estudiantes de preparatoria.
Mientras estaba allí, Ashley me miró y me vio. Me preparé para un encuentro
incómodo, pero su sorpresa fue rápidamente reemplazada por una sonrisa gigante.

—¡Lilah! —gritó, tropezando con sus tacones altos para alcanzarme.

Me reí y extendí la mano para ayudar a estabilizarla mientras cayó sobre mí.
Hola, Ashley.

—¡No puedo creer que estés aquí! ¿Cómo te dijo Trent que vinieras? Pensé que
ahora solo salías con Chase.

Rodé mis ojos y solté sus brazos.

—Salgo con quien quiera, y esta noche estoy aquí para verte —dije, poniendo una
falsa sonrisa.

Trent golpeó mi brazo con la mano y señaló hacia la cocina donde Blake seguía de
pie, observando mi encuentro con Ashley. Me preguntaba si había interrumpido algo
entre los dos.

—Voy a traernos algo de beber, ahora vuelvo —dijo Trent.

Ashley aprovechó la oportunidad y tiró de mí hacia el sofá. Los chicos se


movieron para darnos espacio y dejé que Ashley se acercara a ellos para poder
sentarme en el brazo del sofá.

Ashley tomó un porro de uno de los chicos y le dio un golpe. Ella me lo ofreció,
pero levanté la mano en señal de protesta.

—Aquí tienes —dijo Trent, apareciendo a mi lado con un vaso rojo desechable en
la mano. Él sonrió ampliamente mientras tomaba el vaso y miraba adentro.

—¿Qué es esto? —le pregunté, oliendo. Había un débil indicio de alcohol, pero no
era demasiado abrumador.

—Un ron y coca-cola. Fui ligero en el ron porque sabía que me darías el infierno
bromeó, inclinándose para sentarse en el borde del sofá.

Sonreí y tomé un primer sorbo tentativo, aliviada al descubrir que era en su


mayoría coca-cola.

—¡Vamos a jugar a la Copa del Rey! —dijo Ashley, aplaudiendo con alegría.
Blake abrió un cajón de la cocina para sacar una baraja de naipes y luego los tiró
hacia nosotros. Trent los atrapó en el aire, abrió la caja y comenzó a barajar las cartas
en su regazo.

Ashley me dijo las reglas del juego mientras terminaba mi primera bebida. Trent se
levantó para conseguirme otra, pero levanté la mano para detenerlo. Quería que el
primero se instalara antes de que tuviera más. No me había sabido muy fuerte, pero no
quería que el ron me golpeara de repente.

—Lo voy a llenar solo con agua. Necesitas una bebida para jugar el juego —
susurró Trent en mi oído. Sonreí y parpadeé, sintiendo una débil ligereza en mi
cabeza, probablemente por el humo en el aire. El agua era una buena idea.

Cuando volvió, tomé unos cuantos sorbos mientras la gente empezaba a descartar
cartas.

Ashley se adelantó y cogió dos de corazones. —¡Dos, tú! —dijo, volviéndose y


señalándome.

—¿Qué significa eso? —pregunté, tratando de recordar las reglas que acababa de
explicar. Mi cabeza se sentía borrosa y traté de parpadear la confusión.

—Cuando alguien descarta un dos, señala a quien quieran y esa persona tiene que
tomar una copa con ellos. ¡Así que bebe! —gritó ella en mi oído.

Tragué un sorbo de agua, pero al sacar la copa de mi boca, la habitación giró


alrededor de mí.

—¿Trent estás seguro de que no había mucho ron en esa bebida? —le pregunté,
mirándolo. Los bordes de su rostro estaban borrosos y entrecerré los ojos, tratando de
distinguirlo en la borrosidad.

Él sonrió y se encogió de hombros. —No. No mucho ron.

Debería haber prestado más atención a esa sonrisa, pero fue mi turno de sacar una
carta. Extendí la mano para tomar una carta de la parte superior de la cubierta y todos
gritaron. Parpadeé mis ojos de nuevo, sintiendo el mismo mareo que me alcanzaba.
Cuando me moví para sentarme en mi asiento, una aguda sensación de vértigo se
apoderó de mí.

Traté de decirle a Ashley que tenía un dolor de cabeza y no quería seguir jugando,
pero las palabras salieron confusas y lentas.
—¿Qué demonios has puesto en su bebida, Trent? —soltó Ashley.

Lo último que recordé fue la risa de los tres muchachos enrollando los porros en el
sofá. Sonaban como una manada de hienas cacareadoras.
Traducido por Carilo y LittleCatNorth

Corregido por Candy20

a primavera siempre me había decepcionado. La temporada tuvo una


extraña habilidad para decepcionarme y ese año no fue diferente, excepto
por Lilah. Ese año tuve a Lilah. Lilah y un padre borracho.

Kimberly me había llamado dos veces durante Física y para el momento en que
finalmente había devuelto su llamada en el baño de chicos, estaba frenética.

—Tu padre ha sufrido un accidente.

—¿Qué?

—Un accidente de coche —aclaró.

Me miré en el espejo del baño e hice la pregunta que podría cambiar para siempre mi vida.

—¿Aún está vivo?

Los detalles eran mínimos: mi papá había estado conduciendo a casa cuando él
había manejado su coche en la carretera. Una ambulancia lo había llevado al hospital
del condado donde la mamá de Kimberly, una enfermera de urgencias, había estado
allí para admitirlo.

Me encontré con Kimberly en la parte trasera de la escuela y la seguí hasta su


coche, esperando que ella tuviera un pie de plomo todo el viaje al hospital. No podía
pensar más allá de la idea de ser un huérfano, de estar completamente solo. ¿Puede
alguien llegar a ser un huérfano a los dieciocho o es un término que solo se utiliza para los
niños? Mi papá era apenas un papá, pero él era mejor que nada.

Kimberly detuvo su coche y yo corrí dentro de la sala de espera de emergencia,


luchando por encontrar a alguien que me pudiera señalar la dirección correcta. Había
señales de colores brillantes por todas partes, que conducían hacia y desde las salas y
los mostradores de facturación.

Corrí hacia el primer escritorio que vi y traté de hablar lo más calmadamente


posible.

—Discúlpeme —le dije a la enfermera. Ella era multitarea, llenando un gráfico


mientras estaba en el teléfono. No me importaba. Disculpe.

—Solo dame un segundo —dijo, mirándome con irritación.

Había un espectro entre las dos posibilidades y no sabía de qué final debía empezar
a prepararme. Si me preparaba para lo peor, entonces no podría sorprenderme.

El conjunto de puertas dobles al lado de la recepción se abrió y la mamá de


Kimberly entró en la sala de espera con matorrales azul pálido. Sin decir una palabra,
me guio de vuelta a sentarme en una silla contra la pared. Sus amables ojos buscaron
los míos y ella respiró hondo antes de comenzar.

—No quiero endulzarte esto, Chase. Tu padre estuvo en un accidente muy malo. Su
coche salió del camino y cayó al revés en una zanja. Los paramédicos fueron llamados
a la escena inmediatamente y el departamento de bomberos ayudó a sacarlo del auto.
Una vez que lo tuvieron en la ambulancia, ellos comprobaron su nivel de alcohol en la
sangre. La mayoría de la gente habría estado inconsciente con la cantidad de alcohol
que tenía en su sistema.

—Ha acumulado una gran tolerancia a lo largo de los años —expliqué, no para
defenderlo, sino para explicarle ese triste hecho.

Ella parpadeó y mantuvo los ojos cerrados por un momento antes de continuar.

—Hay un poco de sangrado interno. Está en cirugía ahora para que los médicos
puedan encontrar la fuente y reparar el daño lo mejor posible. Una vez que tengan eso
bajo control, pueden concentrarse en las otras lesiones que sufrió.
—¿Le hizo daño a alguien más en la carretera? —pregunté, necesitando saber esa
respuesta antes de continuar. No podía preocuparme por las heridas de mi padre hasta
que saber si había herido a alguien más.

—Afortunadamente, no.

Tomé una respiración profunda y luego me senté allí escuchándola seguir


enumerando el daño. Fue sorprendentemente difícil oírlo todo a través de oídos
imparciales. Mi mente ya estaba girando escenarios, tratando de averiguar cómo
afectaría a mi padre. ¿Le importaría? ¿Cambiaría su vida? ¿Volvería a su manera
autodestructiva?

Me sentía enfermo de lo increíblemente egoísta que había sido poniéndose detrás del
volante de su coche en ese tipo de estado, peor aún porque sabía que no había sido la
primera vez. Nunca me había sentido más agradecido por la previsión del entrenador
Calloway al aceptarme; esto era exactamente el tipo de cosas de las que quería
protegerme.

La señora White me dio unas palmaditas en la mano y me prometió actualizarme


tan pronto como tuviera más información. Asentí y dejé que retrocediera a través de
las dobles puertas cromadas brillantes.

No estoy seguro de cuánto tiempo estuve allí antes de que Kimberly entrara con
algo de comida china en un restaurante de la calle. Supuse que había ido a tomar algo
después de dejarme.

—Aquí, debes comer —dijo ella, abriendo las cajas y preparando una pequeña
comida para mí. La idea de la comida me repelía, pero no quería ofenderla, así que
tomé el plato y lo puse en mi regazo, haciendo girar los fideos en una suave espiral.

Quería que Lilah estuviera allí. Quería que me dijera que todo saldría bien, e
incluso si no estuviera bien, quería que estuviera allí, así que sabría que al final del día
todavía tenía a la única persona que me importaba, la única persona que realmente
importaba. Busqué el teléfono en el bolsillo, pero no lo sentí.

—Creo que dejé el teléfono en tu auto —le dije, ya pasando a pie con mi plato de
comida.

—No. Quédate, yo me encargo.

Lilah probablemente se estaba preguntando por qué no me había reunido con ella
después de la escuela, pero los chismes se extendían como un incendio en nuestra
ciudad y espero que alguien pensase en avisarle. Sin embargo, cuando Kimberly me
entregó mi teléfono, marqué su número de memoria y esperé a través de los tonos de
marcar para poder decirle yo mismo que fuera al hospital. Cuando su buzón de voz se
levantó, colgué e intenté llamarla de nuevo.

—Estoy segura de que está comiendo o algo así —dijo Kimberly, tratando de
transmitir energía positiva. Mi tripa sabía mejor. Mi instinto necesitaba que Lilah
contestara el teléfono.

***

Para el momento en que el cirujano de mi papá me llamó de regreso de la sala de


espera, aún no había oído sobre Lilah. Guardé mi teléfono en mi bolsillo y pasé las
puertas de vaivén empujándolas. El Dr. Williams estaba a cargo del cuidado de mi
padre y estaba sorprendido por cuan joven lucía él.

Traté de mantenerme atento mientras él explicaba cuan bien había ido la cirugía,
cuan probable era que mi padre se recuperara por completo. Consiguieron poner un
sangrado interno bajo control e iban a reajustar los huesos en su hombro y muñeca.
Tenía un pulmón perforado y varios cortes que necesitaban puntos, pero el Dr.
Williams explicó que él sería capaz de dejar el hospital en varios días.

—¿Solo son tú y tu padre en la casa? preguntó, tratando de tener una idea de


quién podría ocuparse del cuidado de mi padre.

—Sí, solo nosotros respondí, dejando a un lado el hecho de que no había estado
viviendo con mi padre por los pasados meses.

—De acuerdo. Conseguiremos asignarle una enfermera a domicilio, pero tú serás


una parte importante de su recuperación en los siguientes meses. No te necesitará una
vez que salga de las medicaciones, pero los primeros días podrían ser un poco
inestables.

Asentí, recordando todas las veces a través de la secundaria que había cuidado de
él después de que se emborrachaba hasta enfermarse. Cuidar de él después de la cirugía
no sería diferente, en realidad. El Dr. Williams comenzó a caminar por el corredor y
me ordenó que siguiera tras él. Alcanzamos otro par de puertas dobles y escaneó su
identificación y me guio dentro de la unidad de cuidados intensivos.

Las enfermeras estaban precipitándose desde y hacia las habitaciones con


portapapeles de metal en mano y sombrías expresiones cubriendo sus rostros.
Continuamos caminando más profundo por el corredor hasta que nos detuvimos fuera
de la habitación 178. Permanecí de pie enfrente de la puerta de madera lustrosa,
convenciéndome de ir adentro.

—Puedes entrar, pero probablemente, esté durmiendo dijo el Dr. Williams,


palmeándome el hombro—. Su enfermera vendrá pronto y discutirá el plan de
recuperación contigo, así todos están en la misma página.

Asentí y agarré la manija con fuerza. Hora de enfrentar la música. El aroma a


hospital que había persistido débilmente en el corredor me golpeó con toda su fuerza
cuando caminé dentro de la habitación de mi papá. Los químicos estériles
prácticamente quemaron mis pulmones.

Mi papá estaba acostado en un lío de cables, intravenosas, y monitores. Su rostro


estaba cubierto con moretones y rasguños. Las partes que podía ver estaban
completamente blancas. No había notado cuan delgado se había vuelto en los meses
recientes, pero sus hundidos pómulos enfatizaban incluso más el moretón alrededor de
sus ojos y nariz. Su brazo derecho estaba levantado en un cabestrillo montado a un
tubo sobre su cabeza, y el lado izquierdo de su bata sobresalía del relleno que ellos
habían envuelto alrededor de sus pulmones.

No estaba seguro de cuánto tiempo permanecí allí, en el otro lado de su cama en


un estado catatónico. Las enfermeras revolotearon dentro y fuera de la habitación,
revisando lo que sea que pensaban que necesitaba revisión y dejándome solo por la
mayor parte. Creo que ellas sabían que no me sentía de humor como para hablar o
quizás estaban aliviadas de eso. Podrían hacer su trabajo en paz y entonces moverse al
siguiente paciente.

En algún momento más tarde, lo despertaron mientras yo permanecía arraigado


en el mismo punto. El ortopedista lo necesitaba despierto mientras reajustaba su brazo.
Estaba sedado cuando la enfermera lo despertó y yo no podía entender la mayoría de
lo que se deslizaba de su boca. Eran las palabras poco sólidas de un lunático por lo que
a mí respectaba.

Cuando él pudo enfocarse lo suficiente para verme de pie al final de su cama, tragó
lentamente y alejó la mirada, incapaz de encontrar mis ojos por mucho tiempo.

Patético.

Miré al ortopedista reajustar sus huesos y luego envolver su brazo apretadamente


en gasa y vendaje elástico antes de encajarlo de regreso al cabestrillo. Mi padre hizo
muecas de dolor y gimió todo el tiempo. Estaba seguro de que era increíblemente
doloroso, pero no tenía mucha simpatía por él.

Cuando terminaron, el equipo médico dejó la habitación y el monitor cardiaco era


la única cosa molestando el ominoso silencio colgando entre nosotros.

Él habló primero. —No quiero oírlo.

Su ambivalencia me molestó incluso más y entorné mis ojos hacia él. Eres todo
un imbécil.

La capa de respeto que supuestamente formaba la base de la relación padre-hijo ya


no existía para nosotros. Él era una patética excusa de lo que un padre debió haber
sido y estaba tan enojado con él que ya no podía controlarlo.

—Cuida tu boca. ¿Crees que puedes faltarme el respeto ahora que tienes dieciocho
e irás a alguna universidad sofisticada?

Rodé mis ojos por sus palabras vacías. Estaba actualmente restringido a una cama
de hospital, probablemente aún medio ebrio. El respeto ya no era siquiera una opción.

Estaba a punto de abrir mi boca de nuevo cuando sentí una vibración en mi


bolsillo trasero. Miré abajo y vi el nombre de Lilah a lo largo de la pantalla; mi
corazón se hundió. Finalmente. Dejé la habitación de mi padre y salí hacia el corredor
para contestar la llamada.

—¿Lilah? Necesito que vengas al hospital.

—Chase. ¿Chase? Es Ashley. Sonaba como si estuviera dentro de un túnel;


difícilmente podía oírla.

—¿Ashley? ¿Qué? Habla más alto.

—Chase. ¿Puedes oírme? Lilah necesita tu ayuda.

Esas cuatro palabras fueron suficientes para llevarme a mis rodillas.

—¿Qué? ¿Dónde está? Empujé mi mano a través de mi cabello, ya dirigiéndome


hacia la entrada del hospital.

—Estamos en la casa de Blake Vaughn y creo que uno de los chicos puso algo en
su bebida.
Mi corazón golpeteó en mi pecho mientras trataba de procesar sus palabras.

Blake Vaughn.

Blake el exitoso traficante.

Me precipité a través de las puertas del hospital y corrí hacia el estacionamiento,


solo para notar que no tenía mi camioneta. Joder. Estaba indefenso. Eran al menos dos
millas desde el hospital hasta casa de Lilah. Le grité a Ashley que me enviara la
dirección de Blake, guardé mi teléfono en el bolsillo, y despegué en una mortal carrera
a toda velocidad.
Traducido por Carilo y LittleCatNorth

Corregido por Candy20

sos tres kilómetros fueron infinitos. Mis pies golpeaban el pavimento, mi


corazón martilleaba en mi pecho, mi respiración resonaba en mis oídos, y
mis piernas picaban de agotamiento. Doblé la esquina hacia la casa de
Lilah y vi el coche del señor Calloway en la entrada. Harvey ladró detrás de la puerta
principal, pero no tenía ni un minuto de sobra. Salté en mi camioneta, cerré la puerta y
la disparé desde el camino de entrada.

Conecté la dirección de Blake en mi teléfono mientras me alejaba del centro de la


ciudad. Durante el viaje intenté calmar mi corazón acelerado repitiendo la misma frase
una y otra vez. Ella está bien. Ella está bien. Empujé mi mano a través de mi cabello,
tirando de los extremos, y tratando de averiguar cómo la mierda podía golpear el
ventilador tan rápido y completamente.

El mapa me lleva por un camino con huellas de neumáticos que conducen a través
de barro. Empujé mi pie sobre el acelerador y pasé un grupo de árboles. Bajos fuertes
fueron la primera pista de que me estaba acercando a la fiesta y finalmente vi un
remolque de doble ancho rodeado de autos. Mis ojos se fijaron en el plateado Camry de
Trent y mis manos apretaron el volante con tanta fuerza que pensé que lo arrancaría
directamente del tablero.

Puse mi camioneta detrás de los coches aparcados y me metí en el barro. No podía


pensar más allá de entrar y encontrar a Lilah. No me molesté en llamar a la puerta
barata. La empujé con el hombro y la rompí con una de las bisagras.
El olor a marihuana y humo de cigarrillo se mezclaba en el aire mientras mis ojos
daban vueltas por el pequeño espacio, tratando de encontrar el corto cabello negro de
Lilah. Había un grupo de chicos sentados en el sofá, demasiado drogados para
preocuparse por lo que sucedía a su alrededor. Miré más allá de ellos, a la cocina, para
encontrar a Ashley gritando a un tipo que vagamente reconocí. Blake. Cargué hacia
adelante justo cuando Ashley intentaba superarlo. Él envolvió su mano alrededor de su
brazo y la empujó contra el mostrador. Ella gritó mientras su agarre se apretaba
alrededor de su brazo.

—¿Qué diablos estás haciendo? —grité, arrojándome entre ellos. Blake no me


había notado hasta ese momento. Sus ojos se abrieron y luego se estrecharon
acusadoramente cuando dejó caer el brazo de Ashley.

—¿Quién te dejó entrar? Esto es una fiesta privada, idiota —escupió Blake,
acercándose y midiéndome. Estaba en el medio del día más duro de mi vida. Podría
haber tomado fácilmente mi ira contra su rostro.

—¡Chase, consigue a Lilah! —dice Ashley, tirando de la parte de atrás de mi


camiseta para llamar mi atención.

Empujé a Blake en busca de la puerta cerrada al final del pasillo. Me gritó, pero yo
no escuché. Pude ver la luz que fluía a través de la parte inferior, pero cuando probé la
perilla, estaba cerrada. Me levanté y me arrojé contra la puerta. Se abrió de golpe y
tropecé dentro de la habitación, captando mi impulso cuando Trent saltó de la cama.

—Hermano, esto no es lo que piensas —dijo, levantando las manos en inocencia.

Sus palabras no significaban nada; ya estaba en cólera ciega cuando vi a Lilah en


la cama. Su cabeza estaba ladeada a un lado. Su corto cabello negro cubrió la mitad de
su rostro. Tenía los ojos cerrados, las mejillas pálidas y las ropas todavía estaban
puestas.

—Estaba tratando de cuidar de ella —ofreció con dureza.

Rodeé la cama y me incliné para comprobar su respiración. Sus respiraciones eran


superficiales y lentas. Estaba a punto de recogerla en mis brazos cuando el movimiento
de Trent me llamó la atención.

Estaba tratando de irse.

Tal vez en un mejor día, lo habría dejado ir. Tal vez en un mejor día, podría haber
escapado. Pero no era un mejor día.
Alcancé la parte de atrás de su camiseta y lo arrojé contra la pared del remolque.
Su cabeza golpeó los paneles de madera baratos y algunos estantes se estrellaron contra
el piso junto con toda la mierda barata amontonada encima de ellos. No le di tiempo
para recuperarse; me acerqué y lo tiré del suelo con el cuello de su camisa.

—¿Crees que esto es un jodido juego? ¿Crees que puedes jugar con la vida de las
personas así? —pregunté, luchando contra mi agarre alrededor de su garganta.

Su mirada se abrió paso entre mis ojos. Sus manos raspaban mi puño, pero yo
estaba trabajando demasiada adrenalina y rabia para notar la picadura.

—Escucha, hombre —suplicó—. Solo estábamos divirtiéndonos. No sabía que...


Su voz empezaba a agrietarse. Había estado a punto de violar a mi novia y pensó que
merecía la pena. Apreté mi agarre alrededor de su cuello y sus ojos se abrieron de
miedo. No pude ver más allá de mi ira. La rabia roja nubló mi visión mientras Trent
luchaba por respirar.

Lo habría matado. Si hubiera entrado cinco minutos después y encontrado la blusa


de Lilah en el suelo o los pantalones desabrochados, lo habría destruido.

Oí la conmoción en la cocina y supe que solo tenía unos segundos antes de que
Blake viniera a ayudar a su amigo. Miré a Trent directamente a los ojos y lo arrojé al
suelo. Se desmoronó a un montón y agarró sus piernas en posición fetal. Estaba
preparado para más abusos, pero no iba a venir.

Necesitaba sacar a Lilah del tráiler antes de que las cosas empeoraran.

Blake estaba gritando en la cocina mientras me agachaba para sacarla de la cama.


Ella se removió en mis brazos, parpadeando apenas abrió los ojos.

—Solo estaba soñando contigo —susurró, moviendo la cabeza hacia mi pecho e


inhalando.

—¿Eres mi ángel? —preguntó con una pequeña sonrisa—. Hueles como uno.

Mi corazón se rompió.

—Lilah, ¿puedes oírme? —le pregunté, tratando de mantenerla despierta y


consciente.

—Tonto, tonto, tonto. Tu madre trató de ser el ángel de mi madre, pero no sabía
que obtendría su deseo. —Golpeó su dedo contra mi pecho a tiempo con sus
palabras. No quiero que termines como un ángel —canturreó, acurrucada contra mi
pecho y siguió murmurando—. No puedo ser salvada. No podemos ser salvados. ¿No lo
ves?

Estaba riendo, una risa suave y tranquila que se oscurecía. De repente, su sonrisa
se contorsionó y cerró los ojos cuando empezó a llorar.

—Solo te lastimaré.

—No puedes hacerme daño —discutí, aunque sabía que no tenía sentido. No
recordaría nada de esto por la mañana.

—Ya lo he hecho —replicó ella.

Levanté la mirada para ver a Blake de pie en la entrada, agarrando un gran


cuchillo de cocina. Sudor se juntaba sobre su ceño y se puso inquieto sobre sus pies,
nervioso a pesar del hecho de que él era el que empuñaba un arma.

—Sal de mi casa gritó, apuntando el cuchillo hacia mí—. ¡AHORA!

Debí haber estado nervioso. Era un maniático con un cuchillo, pero con Lilah en
mis brazos, no había espacio para el miedo. Caminé hacia él y retrocedió. Sabía que no
usaría el cuchillo. Lo estaba sosteniendo hacia afuera, como si fuera a hacer algo con
él, pero estaba asustado. La hoja agitándose atrás y adelante en su temblorosa mano.
Retrocedió hacia la cocina, con cuidado de no tropezar sobre sus pies. Todos se habían
ido.

—¿Dónde está Ashley? pregunté.

—Ella se fue. Yo la eché contestó Blake bruscamente. Tuve que tomar su


palabra. Necesitaba sacar a Lilah de allí.

Retrocedió hasta el mostrador de la cocina y siguió cada uno de mis movimientos


con su cuchillo. La hoja estaba a solo un pie de distancia de mí; él podría estirarse y
usarla, pero retrocedió y corrió hacia el dormitorio para ayudar a Trent.

Abrí la puerta frontal de una patada y salí hacia el tranquilo bosque sin mirar atrás.
Tenía a Blake siendo un poco valiente, quizás él habría pensado en usar ese cuchillo en
serio, pero cuando terminaba en esto, sujetos como él eran cobardes. Drogar chicas
para tomar ventaja de ellas era un testimonio de eso.
Sostuve a Lilah arriba con mi rodilla mientras abría la puerta de mi camioneta.
Una vez que estaba acostada a lo largo del asiento corrido, rodeé el frente, me deslicé
dentro, y sostuve su cabeza sobre mi regazo.

Después de sus palabras arrastradas en el remolque de Blake, quedó frita. No


podía decir si estaba dormida o desmayada, pero me aseguré de mantener vigilado su
pulso mientras conducía varios kilómetros de regreso al hospital.

La cargué hacia la sala de emergencias e hice mi mejor esfuerzo en ignorar las


miradas de todos. Solo podía imaginar cuan mal lucíamos. Estaba cargando a mi
novia en mis brazos, ella estaba inconsciente, y yo estaba cubierto de lodo y sudor.

Caminé hacia la enfermera sentada detrás de la ventana de cristal, aliviado de


descubrir que ella no era con la que había lidiado más temprano. Tan pronto como vio
a Lilah en mis brazos, saltó y pasó zumbando las puertas de vaivén así yo podría
caminar de regreso hacia el corredor. Sacó una camilla de un cuarto de huéspedes y
acosté a Lilah encima de esta, mientras comenzaba a explicar la situación lo mejor que
podía.

—Mi novia fue drogada en una fiesta. No sé qué le dieron, pero su respiración ha
sido irregular desde que llegué a ella. Estuvo despierta y habló por un segundo, pero no
ha dicho nada en un rato.

La enfermera asintió y comenzó a empujar a Lilah por el corredor. Me moví para


seguirla, pero un oficial de policía se adelantó y bloqueó mi camino. Traté de mirar
más allá de él, para descubrir a donde estaban llevando a Lilah, pero sus corpulentos
hombros hicieron imposible ver a su alrededor.

—¿Te importaría venir conmigo por un momento, hijo? Sus oscuros ojos
miraron abajo hacia mí y sabía que él pensaba que yo tenía algo que ver con las
drogas.

A pesar de mis protestas, el oficial de policía me llevó a una sala de conferencias


por el corredor. Era pequeña, con una simple mesa redonda y seis sillas de plástico
posicionadas alrededor de ella. Una pizarra blanca de borrado en seco tomaba una
pared entera y aún había escritos en ella de una junta previa, un montón de argot
medica que no entendía.

—Toma asiento ordenó.


Tenía que pelear con controlar mi temperamento. Acababa de vivir seis horas de
infierno y ahora estaba a punto de ser interrogado por un oficial. Era una completa
mierda.

—Así que trajiste a tu amiga después de que ella fue drogada. ¿Ambos estaban en
una fiesta? pregunto, inclinándose hacia el frente para descansar sus manos sobre la
cima de la mesa.

Suspiré y comencé desde el comienzo. Describí mi tarde: corriendo al hospital


para cuidar de mi padre, quien aún estaba en la habitación 178, probablemente
desmayado por la morfina que le habían dado para el dolor. Le dije sobre la llamada
de teléfono de Ashley, describí a Blake lo mejor que podía, y le di al oficial su
dirección. En algún lugar en medio de mi explicación, su ceño se relajó y se sentó
frente a mí, dejando caer su actuación de sujeto malo por completo.

Él me creyó porque no había razón para no hacerlo. Mi explicación concluyó y él


reveló que Blake ya tenía un historial criminal de una milla de largo.

—Gracias por tu cooperación dijo, empujando su silla hacia atrás—. Solo tenía
que seguir el protocolo.

Asentí y empujé mis manos a través de mi cabello. Estaba cansado hasta los
huesos. Mi cerebro estaba frito y mis miembros se sentían pesados. Pude haberme
desmayado en mi asiento, pero Lilah aún me necesitaba. Estaba totalmente perdido
sobre a donde ir. El oficial de policía no sabía a donde habían llevado a Lilah, así que
tuve que perseguir a una enfermera para que me ayudara a encontrarla. Antes de entrar
a su habitación, fui al baño de hombres y salpiqué agua sobre mi rostro, tratando de
reagruparme y juntar mis dispersos nervios. Aún podía verla sobre la cama de Blake,
pálida como un fantasma. Había estado tan cerca de perderla y mis nervios estaban
aún exaltados.

Tomé una profunda respiración antes de abrir su puerta. Ella estaba acostaba sobre
la misma clase de cama esterilizada que mi papá aún ocupaba en el otro lado del
hospital. Su oscuro cabello estaba enredado con sudor alrededor de sus sienes y sus
labios estaban secos y agrietados. Caminé hacia el lado de su cama y me estiré por su
pequeña mano, cerrando mi puño alrededor de ella. Miré abajo, a la conexión entre
nosotros y dejé que la última hora se hundiera en mis huesos. Las primeras lágrimas
que vinieron fueron sorpresivas y las limpié rápidamente. Las que vinieron después
fueron pesadas y tristes. Me incliné y descansé mi cabeza sobre el lado de su cama,
completamente exhausto.
Las enfermeras entraron y miré a los suaves rasgos de Lilah, mientras ellas me
tranquilizaban diciendo que estaría bien, que su papá ya estaba allí, hablando con los
doctores. Trent había puesto Rohypnol en su trago, pero para la mañana, estaría como
nueva. No había señales de abuso, sin daño permanente. Todo estaba bien.

La señora White me trajo un catre y una manta gris de lana. El catre encajó en el
espacio entre la cama de Lilah y la pared, así que fue fácil establecerse junto a ella y
mirar su pecho elevarse y caer mientras ella dormía. Me estiré de regreso para sostener
su mano, envolviendo mi palma alrededor de sus fríos dedos. Nunca se movió, ni una
vez, pero aun así continué mirándola por horas, tratando de leer sus calmados rasgos
por señales de la chica perdida que vivía dentro.
Traducido por Carilo y LittleCatNorth

Corregido por Candy20

e desperté el sábado por la mañana con un dolor de cabeza y un vacío


enorme donde los recuerdos de la noche anterior deberían haber estado.
Parpadeé al abrir los ojos y miré hacia arriba un techo blanco prístino
dividido en ocho paneles. Me acomodé en la cama y sentí la aguja intravenosa en la
parte posterior de mi mano y la ropa de cama rara desconocida. Mi mente todavía
estaba nebulosa hasta que vi la bata del hospital y Chase durmiendo profundamente en
catre junto a mi cama.

Recordé estar con Trent en el local de videojuegos. Me acordé de él


conduciéndonos a una fiesta en una de las casas de su amigo, y recordé haber visto a
Ashley allí... pero no había nada más allá de eso. No pude imaginar cómo había
aterrizado en el hospital o por qué Chase estaba allí, a mi lado. La última vez que lo
había visto se había metido en el coche de Kimberly.

La puerta de mi habitación del hospital se abrió y una joven enfermera con una
sonrisa brillante y ojos cansados entró a ver las máquinas sonar metódicamente junto a
mi cama. Ella movió algunos cables y luego se agachó para ajustar algo al lado de mi
cama.

¿Cómo te sientes? preguntó, manteniendo la voz baja para no despertar a


Chase.

Bien, supongo, pero no estoy segura de por qué estoy aquí. Mis palabras
rasparon contra mi garganta como papel de lija.
Moví los dedos de las manos y de los pies y luego levanté el cuello de mi vestido
para mirar hacia abajo a mi pecho. No había un rasguño en mí.

Anoche te dieron un trago con Rohypnol mientras estabas en una fiesta


explicó la enfermera antes de señalar a Chase. Ese chico te encontró y te trajo aquí
para asegurarse de que estabas bien.

Miré los rasgos de Chase durmiendo mientras las piezas de mi memoria empezaban
a reformarse lentamente: Trent me invitó a tomar un trago, sintiéndome mareada
después de tomar unos sorbos, y luego nada.

Me concentré en la curva de sus pómulos mientras le hacía la siguiente pregunta.

Yo no estaba, um... Miré hacia abajo a la sábana. Nadie se aprovechó de


mí, ¿verdad?

El lado de su boca se inclinó hacia arriba. No. Parece que tu héroe tiene buen
tiempo. Creo que la policía ya se ha llevado a los dos hombres de la fiesta para
interrogarlos.

Ella comprobó una última cosa en mis signos vitales y luego se dirigió hacia la
puerta.

El doctor vendrá para hablar contigo pronto, pero debes despejar la cabeza para
ir casa hoy. Las drogas están todas fuera de su sistema ahora dijo.

Bueno. Gracias.

El ruido de su cierre de la puerta sacudió a Chase de sus últimos restos de sueño.


Se volvió en la cama, parpadeó con los ojos abiertos hacia el techo y luego miró hacia
mí.

Hola dije, repentinamente sintiéndome vulnerable.

Gimió cuando se sentó en la cama y luego estiró los brazos sobre su cabeza,
indudablemente doloridos de su improvisada cama.

¿Cómo te sientes? preguntó con un tono adormilado.

Estoy bien. Gracias por venir a buscarme anoche. ¿Cómo sabías que estaba allí?
Él gruñó. Ashley me llamó después de que Trent te empujó al dormitorio.

El sonido audible de mi ritmo cardíaco que recogía sirvió como un indicador de


cómo me enojaba la mención de Trent.

¿Por qué estabas con esos tipos? preguntó Chase.

Me tomé mi tiempo tratando de pensar en una buena razón, pero cuando no pude,
me encogí de hombros y lo miré a los ojos. Trent me dio un aventón cuando estaba
caminando a casa bajo la lluvia. Me invitó a la fiesta y decidí ir un rato. Era un plan
mejor que estar sola en casa.

Las cejas de Chase se juntaron en confusión. ¿Estás enojada?

Me encogí de hombros, recordando lo fácil que me había dejado para entrar en el


coche con Kimberly.

¿No sabes lo que pasó?

Su ferviente expresión hizo que mis hombros se hundieran. No. ¿De qué estás
hablando?

Pellizcó el puente de su nariz y luego explicó en forma abreviada lo que había


pasado el día anterior: el accidente de coche, Kimberly diciendole en la escuela. La
escena en el estacionamiento tenía perfecto sentido, pero había visto lo que mis
inseguridades querían que yo viera.

Pensé que me estabas desechando por Kimberly admití con un susurro


avergonzado. ¿Cómo pude haber sido tan egoísta? ¿Cómo podía haber tenido tan poca
confianza en él? Tal vez en mi obsesión, había empezado a ver secretos donde no
había ninguno.

Apartó su cama y se sentó en el borde de la mía, justo contra mi pierna izquierda.

¿Honestamente pensaste que haría eso? Estamos saliendo Lilah. Te amo.

Cerré los ojos y deseé poder decirle lo mucho que lo amaba también, pero me
estaba ahogando. Aunque sus palabras tranquilizaron mis inseguridades, también
alimentaron sentimientos ardientes de auto-odio. ¿Y si Trent se hubiera aprovechado
de mí la noche anterior? Había sido lo suficientemente estúpida como para ponerme en
esa situación en primer lugar.
Antes de que pudiera abrir la boca, la puerta del hospital se abrió y mi padre entró
en la habitación. Dejó escapar un suspiro visible al verme sentada y luego inclinó la
cabeza hacia la puerta.

Chase, ¿te importa si tengo una charla con Lilah por un segundo? preguntó mi
padre.

Chase se levantó de la cama, pero no se molestó en mirarme mientras salía de la


habitación. Cuando la puerta volvió a encajar, mi padre suspiró y se limpió las palmas
de sus manos por sus mejillas, dándome una mirada exasperada.

No puedes hacer eso conmigo, chica comenzó. Traté de llamarte dos
docenas de veces anoche y cuando no contestaste. ¿Sabes lo asustado que estaba,
tratando de averiguar hacia dónde te habías ido? El padre de Chase estaba en un
accidente y tú estabas perdida... Su voz se encogió en un susurro. Me trajo
recuerdos de... ese día.

Abrí la boca para disculparme, pero siguió adelante. Estás castigada por el resto
del año escolar.

Asentí.

Tienes menos de un mes para graduarte, y eso significa que tienes un mes para
poner la cabeza la derecha. Hizo una pausa y se sentó en el extremo de mi cama.
Sé que lo has tenido más difícil que cualquiera de nosotros después de que tu madre
murió. No es justo, pero vas a tener que aprender más pronto que cualquier otra
persona de tu edad que solo porque algo malo ha sucedido, no significa que el mundo
va a dejar de golpearte. Solo mira al padre de Chase.

No voy a…

He intentado estar allí para ti, pero hay solo algunas cosas que un padre no
puede hacer.

Sentí lágrimas acumulándose en la esquina de mis ojos. —Papá, hiciste todo lo


que pudiste. Has sido un buen pad…

Él levantó su mano para cortarme. —Lo sé, lo sé. No tienes que decirme eso.
Quiero que vayas a la universidad como la confiada mujer que sé que eres. No soy un
tonto. Sé que tú y Chase han estado viéndose, pero confiaba en que ambos tomaran
decisiones inteligentes. Tuve que tomar una decisión difícil con eso: o lo echaba y él
sería obligado a mudarse de regreso con su padre, o podía enterrar mis talones y
esperar que, quizás, él sería capaz de ayudarte a trabajar a través de algo del dolor que
mantenías enterrado dentro.

Sacudí mi cabeza. —No tengo dolor enterrado dentro discutí.

Él inclinó su cabeza, entornando sus ojos para estudiarme. —Tu mamá estaba
peleando con sus propios demonios. Su muerte no tuvo nada que ver contigo.

Sus francas palabras me atraparon por sorpresa e inhalé una brusca respiración. Él
nunca había hablado sobre su muerte así antes.

—Algunas personas matan a sus demonios. No todos se matan a sí mismos,


discutí.

Su ceño fruncido se profundizó. —Quizás los suyos eran un poco más grandes que
los de las otras personas.

—¿Sí? Me incliné hacia el frente y apunté a mi pecho—. Bueno, ¿qué dice eso
sobre su amor por nosotros si no sobrepasamos a los demonios?

—¿Eso es lo que piensas? ¿Qué ella no te amaba lo suficiente? Estiró su mano


para descansarla sobre la manta cubriendo mis piernas. Lágrimas se deslizaron por mis
mejillas y fui inútil en detenerlas.

—Ella te amó, Lilah.

No estaba lista para procesar sus palabras; mi dolor aún estaba cubierto con polvo
y putrefacción.

El doctor vino más tarde esa mañana y me dio luz verde para ir a casa. Me cambié
a ropas normales mientras mi papá reunía mis cosas. Cuando tuvimos todo empacado,
seguí a mi papá fuera de la habitación para encontrar a Chase esperando afuera,
apoyado contra la pared con sus pies cruzados y su cabeza inclinada hacia abajo. Me
pregunté qué estaba mirando, pero no conseguí preguntarle antes de que él levantara la
mirada.

—¿Fuiste a revisar a tu papá? pregunté.

Él asintió y cruzó sus brazos mientras mi papá se adelantaba hacia los elevadores,
dándonos un momento para hablar a solas.
—¿Lo está haciendo mejor? Nunca me dijiste cuan malas eran sus heridas
pregunté.

—Se quedará en el hospital por otro par de noches, pero luego lo liberarán para
que vaya a casa. Establecieron una enfermera para cuidarlo en casa, pero me mudaré
de regreso para ayudar, también.

Me congelé. —¿Te mudarás de regreso a tu casa?

Chase dejó caer su cabeza contra la pared y miró hacia el techo. —El doctor dijo
que necesita que alguien se quede con él, y no puedo solo dejarlo así.

—No, por supuesto que no dije. Por supuesto que Chase cuidaría de su papá.
Solo no había pensado sobre la posibilidad de que él se mudara—. ¿Por cuánto tiempo
te quedarás?

—Hasta que me vaya a la universidad.

Él estaba moviendo mi mundo, pieza por pieza. No, me dije a mí misma. Eso no
tiene que ser así de malo.

—Aún nos veremos el uno al otro en la escuela, y puedo ayudarte a cuidar a tu


papá dije, tratando de hacer mejor la situación.

Chase dejó salir una ráfaga de aire y dejó que su mirada cayera sobre mí. Nunca
había visto sus ojos avellanos lucir tan tristes. Esos ojos eran la primera señal de su
sufrimiento.

—Lilah, ¿estás enamorada de mí?

Retrocedí un paso.

—¿Qué?

—¿Estás enamorada de mí? preguntó él de nuevo, más lento esta vez.

Apreté mis ojos cerrados mientras una larga pausa triste pasaba entre nosotros.

—Yo...
Él suspiró y entonces rio dolorosamente. —Te amo Abrí mis ojos de golpe
mientras él continuaba—, te amo y entraste en ese auto con Trent. ¿Por qué te irías con
él? ¿No confías en mí en lo absoluto?

Sacudí mi cabeza.

—¿Por qué no me respondiste? continuó disparando pregunta tras pregunta—.


¿Por qué todos a los que amo terminan dejándome? Mi mamá, mi papá y ahora t…

—¡Eso no importa! grité, interrumpiéndolo—. ¿No ves eso? Esto es exactamente


el porqué no deberías amarme. ¡No soy lo suficientemente buena para ti! Apunté
entre nosotros y dejé las compuertas abrirse—. Deberías estar con alguien como
Kimberly. Cuando vayas a la universidad, habrá chicas lanzándose a tu derecha e
izquierda. Finalmente, notarás cuanto puedes hacerlo mejor.

—Lilah, eres hermosa dijo él.

Sacudí mi cabeza con enojo. —¡Esto no es sobre eso! No estoy insegura sobre mi
apariencia. Me importa una mierda como luzco o como luces. Apunté a mi pecho—
. Estoy hablando sobre el interior... las partes ásperas. Tomé un respiro y continué—
: Debajo de todo esto, tú eres perfecto. Harías cualquier cosa por las personas que amas
y por eso estás conmigo. Quieres ser mi héroe. Soy la triste chica rota con la que
creciste, y quieres abalanzarte y salvar el día. Ni siquiera creo que notes que lo estás
haciendo.

—¿De qué estás hablando? discutió. Sus cejas estaban arrugadas y sus ojos
estaban nublados de confusión.

Retrocedí un paso y sentí el cambio... el comienzo del fin.

—Nunca pedí un héroe, Chase. No quiero ser salvada.

Él permaneció allí de pie, mirándome, con sus labios separados y sus cejas juntas.
No tenía ni idea de lo que yo estaba hablando, pero lo descubriría un día, y cuando lo
hiciera, sabría que yo había hecho lo correcto al alejarme. No necesitaba que fuera mi
héroe.

Continué retrocediendo hasta que choqué con una enfermera detrás de mí.
—Oh, discúlpame dijo ella, agarrando mi hombro para asegurarse de que no me
cayera. Fue entonces cuando la primera lágrima cayó. Dejé caer mi cabeza así ella no
la vería.

—Lo siento murmuré antes de girar y dirigirme al elevador. Chase permaneció


congelado en su sitio, viendo como me alejaba.
Traducido por Carilo

Corregido por Candy20

garré el volante de mi camioneta e intenté esforzarme para entrar en la


casa de los Calloway y agarrar mis cosas. Habían pasado 24 horas desde
que Lilah se había alejado de mí en el hospital. Me había quedado allí,
tratando de envolver mí cabeza alrededor de sus pensamientos, pero al final no estaba
más cerca de entenderla.

Al final, me había ido. Había ido a la habitación 178 y me quedé con mi padre,
escuchando atentamente como las enfermeras me enseñaron acerca de su cuidado en el
hogar. No merecía mí atención, pero no tenía a nadie más. Durante la próxima
semana o dos, estaría acostado en la cama, lo que significaba que, si quería comer,
tenía que darle de comer. Si tenía que cagar, tenía que ayudarlo. Realmente, en
comparación con los últimos años, nada era diferente. Él era el niño, yo era el padre;
nuestros papeles estaban finalmente llegando a un círculo completo.

Los doctores me prometieron que mi padre sería dado de alta y listo para ir a casa
en unos días, así que quería mover mis cosas de nuevo a la casa, limpiar y arreglar
antes de entonces. Cada paquete de cigarrillos iba a la basura y cada botella de alcohol
iba por el desagüe. Si iba a ayudarlo a recuperar su salud, estaría sobrio por cada
segundo de mi tiempo allí.

Con esa resolución, finalmente, empujé la puerta de mi camioneta y caminé hacia


la puerta principal de los Calloway. No podía sentarme en su camino todo el día. Lilah y
yo tendríamos que enfrentarnos en la escuela, así que también podría tener el primer
encuentro incómodo.
Llamé suavemente y luego entré, aliviado al encontrar el salón vacío, salvo por
Harvey. Había estado esperando pacientemente por mí detrás de la puerta, pero era
una bola de energía que lloriqueaba y meneaba. Me incliné y dejé que me lamiera la
cara, sonriendo por primera vez en dos días. Sus suaves gemidos me dijeron cuánto me
había echado de menos. Sabía que Lilah y el señor Calloway estaban cuidando de él
para mí, pero me sentía mejor que lo tuviera. Él y yo éramos un equipo. Incluso
cuando no tenía a mi padre o a Lilah, sabía que tenía a Harvey.

—Vamos muchacho, vamos a buscar mis cosas.

Él ladró y meneó la cola, girando en círculos alrededor de mis piernas mientras yo


estaba de pie.

Había cajas apiladas por las escaleras, diez o doce en total, cuidadosamente
apiladas con mi nombre garabateado en el lado de ellos. Reconocí la caligrafía del
entrenador Calloway, y cuando me acerqué, vi que había pegado una nota a la caja en
la parte superior.

Pensé que te ayudaría a empacar. Voy por la casa mañana y los comprobaré a ti y a tu
padre. Déjame saber si necesitas algo o si cambias de opinión.

-Entrenador

Arrojé la nota y me la metí en el bolsillo antes de recoger la primera caja. Hice el


trabajo rápido de transportarlas todos a mi camioneta. Harvey me siguió de un lado a
otro, curioso acerca de hacia dónde íbamos. Una vez cargué la última, me volví hacia
él.

—Solo tengo que revisar mi habitación —dije, agachándome y frotando detrás de


su oreja.

Estaba ansioso por irse, pero tenía que asegurarme de que el entrenador Calloway
lo hubiera empacado todo. No había visto mis cámaras dentro de ninguna de las cajas
y no podía irme sin ellas, aunque no tuviera tiempo para trabajar en ellas.

Tomé las escaleras de dos en dos con Harvey a mis pies. La puerta de Lilah estaba
cerrada, pero de todos modos la ignoré. Ella no saldría pronto. Necesitaba mis cámaras
y ella necesitaba su espacio.

Empujé la puerta abierta en mi habitación y me incliné para mirar debajo de la


cama. Empujé el edredón a un lado y vi mis cámaras y herramientas dejadas allí,
olvidadas. Saqué las dos cajas, sacudí las tapas y me apoyé en los talones. Un rápido
escaneo alrededor de la habitación demostró que el entrenador Calloway había
empacado todo lo demás. La habitación se parecía a la que tenía cuando entré. Nunca
me había pertenecido. Fue tomado prestado, cómo todo lo demás en mi vida.

Eché un vistazo a la pila de cajas en la esquina y me detuve en la más grande del


fondo. Siempre había retenido mi atención más que las otras cajas. Era la que había
tratado de cubrir con rayones enojados, pero no había ayudado. Su nombre seguía allí
debajo de la tinta. Elaine. Me moví antes de que me diera cuenta de lo que estaba
haciendo. Desmonté la pila y arranqué la tapa de esa caja, buscando respuestas en los
confines de un cartón rancio y mohoso. Dejé a un lado los viejos recortes de periódico
y guardé las tarjetas de cumpleaños y luego mi dedo recorrió la encuadernación de un
viejo libro.

Lo saqué de la caja y la giré en mi mano. Era antiguo y frágil. Soplé una capa de
polvo a través de la portada y luego la abrí.

Apenas hice revise dos páginas antes de saltar a mis pies.

Lilah.
Traducido por Carilo

Corregido por Mariela

staba trabajando en mi jardín cuando Chase vino a buscar algunas cosas de


su habitación. Oí cómo su camioneta rugía por la entrada, pero mantuve la
mirada fija en las plantas frente a mí. Todo estaba floreciendo muy bien. En
una semana, las judías verdes y la calabaza estarían listas para ser recogidas y los
tomates se caerían de sus vides. Ya había arrancado algunos. Eran verdes y podrían
haberlo hecho bien con otros días en la vid, pero no quería que las ardillas llegaran
primero. Habían madurado muy bien dentro.

Cogí mi cesta de verduras y me volví hacia la casa justo cuando Chase empujaba
la puerta de la pantalla. Él levantó la mano para protegerse de la luz del sol y por un
momento me sorprendí al verlo. Era dorado en todos los sentidos de la palabra. Tan y
rubio y de corazón puro.

—Tu jardín se ve bien —dijo, mirando las camas detrás de mí. Seguí su mirada e
intenté verlo todo desde su perspectiva. Mi jardín estaba teniendo un buen año hasta
ahora. Las frambuesas no habían dado fruto todavía, pero todo lo demás estaba bien.

—Gracias. Déjame poner algunos de estos tomates en una bolsa para que puedas
llevarlos a tu papá —dije, subiendo los escalones de atrás hacia la pila de bolsas de
abarrotes dobladas que guardaba en una cesta cerca de la puerta trasera. Ambos nos
agachamos por una, pero me ganó. La abrió y la sostuvo para poder dejar caer los
tomates dentro.

Cuando se llenó, doblé la tapa hacia abajo y le di una pequeña sonrisa.


—Realmente no me diste la oportunidad de hablar ayer —dijo.

Tragué y me metí las manos en los bolsillos traseros, rezando para que no
intentara rehacer el argumento. Sólo había pasado un día; incluso no le habíamos dado
tiempo al polvo de asentarse.

—Tú y yo necesitamos tiempo separados —dijo, sosteniendo mi mirada.

Incliné la cabeza y lo miré fijamente, confundida por su cambio de actitud.

—No porque no te quiero y no porque no terminemos juntos. No. Mira, tú y yo,


Lilah, ya hemos terminado de intentar.

—¿Lo hicimos?

Se cruzó de brazos con confianza. —Me gustaría pensar así.

Miré hacia otro lado, tratando de controlar las lágrimas antes de que él las notara.
No quería llorar. No estábamos luchando o rompiendo o gritando; esa parte fue hecha.
Aun así, no pude evitar que la tristeza brotara dentro de mí.

—Pero incluso si no vuelves a mí, creo que estaremos bien —continuó.

Me concentré en el lado del porche, mordiendo el interior de mi mejilla para


mantener mis protestas dentro, pero no funcionó. Se derramaron de todos modos.

—¿Creía que dijiste que querías darme un final feliz?

Él sonrió con una sonrisa triste que nunca llegó a sus ojos. —Quizás en su lugar
debo estar satisfecho con un medio feliz.

Sacudí la cabeza, confundida.

—Piénsalo. ¿Incluso importa el final? ¿No debería ser el medio la parte feliz? Es el
pedazo más grande de nuestra vida, y sin embargo, nadie nunca pregunta si dos
personas tuvieron un medio feliz. A ellos les importa demasiado el final.

Sacudí la cabeza y me limpié la nariz, tratando de mantener la tristeza escondida.


No quería un medio feliz. Quería a Chase para siempre. Lo quería hasta el final, pero
se iba. Estaba de acuerdo en que necesitábamos espacio y si yo no iba a pelear, y él no
iba a pelear, entonces estábamos realmente terminados.
—Es el centro lo que cuenta —afirmó, dando un paso adelante y envolviéndome
en un abrazo.

Mi mejilla golpeó en su pecho y cerré los ojos, agarrando la parte posterior de su


camisa para que no pudiera salir. Inhalé su olor y traté de memorizar lo cálido que se
sentía estar allí en sus brazos. Quería aferrarme a él para siempre, rogarle que fuera mi
héroe, pero mis labios no se movían. Estaba paralizada por nuestro fin.

—Tengo que ir a hacer el almuerzo para mi papá, pero dejé algo en tu cama que
creo que debes mirar. No tiene que ser hoy, pero hay que mirarlo pronto —dijo.

Asentí y él se alejó como si estuviera quitando una curita. En un paso, él me


despojó de su calor y a partir de ese momento, no fuimos Chase y Lilah. Éramos
Chase y Lilah.

Me paré en el porche mientras se dirigía a su camioneta. El aire se arremolinaba


con los restos de su jabón y me dije que volvería y pelearía por nosotros. Me dije que
no habíamos terminado, pero desapareció en la esquina de la casa y unos minutos
después escuché a su camioneta salir de la calzada. Pensé que iba a romperme, y tal
vez lo hice, pero aun así dejé caer esa cesta de verduras en el porche y empujé hacia
arriba.

Necesitaba saber lo que me había dejado.


Traducido por Antonietta

Corregido por Mariela

na pequeña parte de mí temía que Lilah nunca volvería a mí, pero no tuve
opción. Ella necesitaba espacio, y le estaba dando eso. Tuve que dejarla ir
con la esperanza de que un día se diera cuenta que para ella, yo era hogar.
Nos iríamos de Blackwater y tendríamos un nuevo comienzo en algún lugar sin malos
recuerdos que nos derrotasen.

Le di su espacio y sobreviví cada día de la misma forma como un soldado


sobrevive a la guerra: manteniendo mi cabeza abajo y aferrándome a tiempos mejores.
Mientras cambiaba los vendajes de mi papá, pensé en Lilah en su jardín. Mientras
cocinaba la cena para mi papá, soñaba despierto con dormir con ella en el campo
abandonado. Mientras lo llevaba y traía de sus citas en el hospital, resistí el impulso de
manejar hasta su calle para comprobar si ella estaba en casa.

—¿Quieres parar en la tienda de camino a casa? —pregunté mientras lo ayudaba a


subir a mi camioneta después de que el doctor había enyesado su brazo. Habían tenido
que esperar a que la inflamación bajara antes de hacerlo.

—Nah, hoy no —dijo con un gemido mientras se acomodaba en su asiento.

Mis cejas se dispararon hacia arriba por la sorpresa. Mi padre no había tenido un
sorbo de bebida desde el día del accidente casi dos semanas atrás. Estaba tomando
unos medicamentos bastante fuertes y los doctores le habían advertido sobre
mezclarlos con alcohol. Para hacerlo más fácil para él, yo había tirado todo el alcohol
que estaba en la casa, pero anoche él había tomado su última ronda de pastillas para el
dolor. Si quería, podría ir directo de vuelta a la botella.
—¿Qué tal si vamos a DQ10 y compramos un Blizzard11? —preguntó.
No puedo recordar la última vez que mi papá y yo hicimos algo tan simple como
conducir a un lugar de comida rápida. Asentí y me dirigí a DQ justo abajo de la calle.
Cada uno pidió un Oreo Blizzard y los comimos mientras estábamos sentados en el
estacionamiento de DQ, con pájaros cantando y la luz filtrándose a través de la
ventana trasera de la camioneta.

Fue la mejor tarde que había tenido con mi papá en dos años.

10
DQ: Dairy Queen, es una cadena de restaurantes con servicio de helados y comida rápida.
11
Blizzard: es un helado muy popular de DQ, mezclado con ingredientes como toppings y/o trozos de
galletas, brownies o caramelos.
Traducido por Antonietta

Corregido por Mariela

hase había colocado un viejo libro de jardinería en el borde de mi cama.


Sus páginas estaban teñidas de amarillo y el encuadernado estaba
rasgado. Me senté encima de mi edredón y lo acerque así podría
inspeccionar la portada. Afirmaba ser una enciclopedia de plantas que podían crecer
bien en Texas.

Suavemente abrí la tapa frontal y me congelé cuando vi la letra garabateada de mi


mamá justo al lado de la mía. Cada una había firmado nuestros nombres.

Este libro pertenece a:

Elaine y Lilah Calloway.

Mis letras eran casi imposibles de leer, pero pude distinguir el “Lil” de Lilah. Pase
mi mano sobre la tinta vieja y luego pasé a la siguiente página. “Árboles Frutales”
estaba impreso en negritas en la parte superior y debajo de eso mi madre había
garabateado algunas notas. Orienté el libro y lo sostuve justo debajo de mi rostro así
podía leer mejor su escritura. La luz de mi ventana se vertió sobre la página,
iluminando una pieza olvidada de mi pasado.

Esta mañana le pregunté a Lilah qué tipo de árboles frutales le gustaría cultivar. Enumeró
uvas, naranjas y bananas, probablemente porque todavía estaban en su mente después del
desayuno. Le expliqué que las uvas crecen como enredaderas y que los arboles de bananas ocupan
demasiado espacio. Entonces ella dijo que de todos modos preferiría frambuesas, así que vamos a
tratar con frambuesas este año. Dudo que Lilah las deje madurar lo suficiente antes de recogerlas.
Las frambuesas son sus favoritas ahora mismo.

No me di cuenta que estaba llorando hasta que una lágrima bajó por mi mejilla y
cayó sobre la página. La gorda gota de agua cayó justo al lado de su escritura y
simultáneamente la sequé con una mano y estiré la otra mano para bloquear otra
lágrima que iba a arruinar su caligrafía.

No había tenido ninguna pista que el libro existía. Me di cuenta que debe haber
estado oculto en esas cajas de sus cosas viejas, cosas que no tenía interés en revisar,
pero Chase sí. Había encontrado algo que nunca tendría.

Esa primera página fue lo más lejos que llegué ese día, pero fue el comienzo de un
cambio. Cuando cerré la tapa y tomé una profunda respiración, casi podía recordar
garabatear mi nombre junto al suyo.
Traducido por Gisenid

Corregido por Mariela

o puedo creer que Trent fue expulsado por lo que resta del año
—dijo Brian, dejando que su bandeja golpeara la mesa lo
bastante fuerte para que mi botella con agua se volcara.

La alcanzo justo antes de que se derramara sobre mi bandeja. —¿Lo hizo? —


pregunte.

Brian asintió.

—Por unos meses estará en un reformatorio y luego, para graduarse, tendrá que
repetir el segundo semestre —dijo Brian, desenroscando el tapa de su Gatorade.

—¿Dónde escuchaste eso? —pregunté.

—Escuché a las chicas hablando sobre ello frente a la oficina mientras esperaba
para ver al asesor universitario —explicó.

—Incluso merece más que eso —dije en tono sarcástico. Después del suceso, la
policía nos interrogo a Ashley y a mí unas cuantas veces pero no estaba seguro de lo
que le harían a Trent. Supongo que al final tuve mi respuesta.

Connor se dirigió a nuestra mesa y se deslizó en el asiento junto al de Brian.

—Si esta semana no derrotamos a Oak Hill, oficialmente estaremos fuera de las
eliminatorias —dijo Connor mientras tomaba asiento.
—Gracias por el recordatorio —gruñó Brian, lanzándole una papa frita.

Me encontraba escuchando su conversación a medias, medio preguntándome


donde estaba Lilah. Las últimas dos semanas había tomado el almuerzo en la
biblioteca o en el centro de naturaleza, un lado u otro. Siempre me inclinaba por ir a la
parte de enfrente de la cafetería por si acaso pasaba por ahí. Varias veces la vi con el
libro de su madre entre los brazos, aferrándolo a su pecho. Me mandó un mensaje la
noche después de encontrarlo, un simple gracias solamente, pero sabía que significó
mucho para ella.

Trague un poco de agua y entonces eche un vistazo a la entrada de la cafetería


donde las ventanas se extendían desde el piso al techo. Vi caminando a Lilah a través
de una pequeña multitud de estudiantes con el libro de su madre en la mano. Parecía
decidida a dirigirse hacia las puertas de la escuela, lo que significaba que ese día iba
hacia el centro de naturaleza.

—Amigo. Deja de asecharla y concéntrate. Acabo de decir tu nombre como cuatro


veces —dijo Connor, tirando una papa a la francesa en mi dirección. Le lancé una
mirada de advertencia. Últimamente había sido un imbécil pero en realidad no podía
evitarlo. Con todo lo que está pasando tuve suerte de pasar el día sin desquitármelas
con alguien.

—Estoy escuchando —dije, resistiendo las ganas de volver a mirar a Lilah.

Ella había cambiado de grupo en física, lo que significaba que aquellos momentos
efímeros de avistarla por la escuela eran la única cosa que tenía para mantenerme
mientras la esperaba.

—Hablábamos sobre rentar una nave espacial y volar hasta la luna después de la
escuela.

—Suena bien —dije mientras intentaba atrapar un último atisbo de ella antes que
desapareciera afuera.

—¡Amigo! Sabía que no escuchabas.

Me encogí cuando un puñado de papas fritas me golpeó el rostro.

***
Más tarde esa noche, entré a la casa, cansado y adolorido después de la práctica.
Necesitaba una ducha, cocinar algo de cena para mi papá y luego terminar mi tarea. Se
acercaban los finales y mis exámenes de nivel avanzado.

Deje mi maleta junto a la puerta y entonces me puse rígido cuando capte el olor de
algo en el aire. Ajo.

—¿Papá? —llame en voz alta mientras atravesaba el pasillo hacia la cocina. La luz
se encontraba encendida, y cuando me acerqué pude oír las ollas y sartenes siendo
removidas en la estufa. Cuando doble la esquina de la cocina, me detuve. Mi padre
estaba de pie ante la estufa, con los audífonos puestos, mezclando alguna clase de
salsa.

No puedo recordar la última vez que lo vi cocinar.

Caminé y toqué su hombro así le dejaría saber que estaba ahí. Él se volteó y se
quitó uno de los audífonos.

—Ah, hola, no esperaba que volvieras hasta dentro de un rato. Ya podría haber
tenido esto listo —dijo, señalando la comida.

—No te preocupes, todavía necesito una ducha.

Asintió, volviendo su atención a la cocina. —Bueno, bien si, la comida estará lista
cuando termines.

—¿Necesitas ayuda? —ofrecí, señalando su brazo enyesado. Parecía que se las


había arreglado muy bien hasta ahora, sin embargo, no quería que se esforzara
demasiado.

Con el ceño fruncido miro su brazo y luego negó con la cabeza. —Yo me
encargo.

Lentamente asentí, evaluando una vez más la estufa antes de girarme y dirigirme a
la ducha. Sentía como si estuviese en la dimensión desconocida. Durante dos semanas
y media mi papá no había bebido, aseaba la casa, cocinaba la cena, y más temprano
esa mañana, cuando me iba para la escuela, lo escuche al teléfono con un cliente del
taller de reparación.

Trate de no pensar demasiado en ello. En su lugar, subí las escaleras de dos en dos
y me concentré en todo lo que tenía que hacer para la escuela.
Traducido por Gisenid

Corregido por Mariela

ome un bocado pequeño mi ensalada sintiendo la mirada fija de mi papá


clavándose a un lado de mi cabeza.

—¿Tengo algo en mi rostro? —pregunté, mirándolo. Esa noche nos


encontrábamos cenando solos y se sentía raro sin Chase ahí.

Mi papá arqueó las cejas y negó con la cabeza antes de tomar un bocado de su
emparedado de pavo. Buen intento.

—¿No vas a decirme? —pregunté.

Centro la mirada en su emparedado y luego se encogió de hombros. —Durante las


últimas semanas has estado callada como solías estarlo cuando Chase se mudó por
primera vez aquí.

Por un momento, pensé en su observación, preguntándome si tenía razón. —Es un


tipo diferente de silencio.

—¿Oh, en serio? ¿Cómo así? —preguntó con una pequeña sonrisa.

Cogí mi emparedado. —No estoy triste como lo estuve en ese entonces.


Simplemente estoy… —Hice una pausa, intentando aclarar mis pensamientos—.
Resolviendo algunas cosas.

Masticó antes de preguntar—: ¿Sobre Chase?


Me encogí de hombros.

—Tú sabes, realmente me gusta ese chico. Es más divertido con él en casa y no
quería admitirlo pero hace mejores panqueques que yo.

Sonreí. —Incluso si comenzamos a salir otra vez, no volvería a mudarse. Tiene


que hacerse cargo de su papá —señalé.

Frunció el ceño. —Es verdad. Entonces has lo que quieras.

Me reí.

—Sin embargo, está enamorado de ti. Lo sabes, ¿cierto?

Observando mi comida, asentí. Lo sabía.

—Está bien. Está bien. Cambiaré de tema. ¿Cómo quieres celebrar tu cumpleaños
la próxima semana?

—En realidad no he pensado en eso.

Cada año mi cumpleaños marcaba el final de la primavera. Al creer amaba la idea


de ser una bebé de primavera. Después de todo, la primavera se suponía era mi
estación. Mi madre me puso el nombre Lilah Rose para conmemorar ese hecho.
Cuando era pequeña, contaba los días para mi cumpleaños con sentimientos
mezclados. Quería los regalos y la tarta pero no así que finalizara la estación.

Sin embargo, durante los últimos dos años, mi cumpleaños sirvió como
recordatorio de que había sobrevivido otra primavera, que la lucha pronto terminaría.

—¿Puedo aplazarlo? —pregunté con una simple sonrisa.

Mi papá frunció el ceño, claramente queriendo objetar pero sabía que no lo haría.

Después de la cena él fue a su habitación a ver grabaciones de partidos y yo saque


de la mochila el libro de mi madre y hojee las páginas usadas hasta donde había puesto
el separador ese mismo día. Me había quedado al comienzo de la sección de vegetales
y antes de que comenzara a leer fui al patio de atrás y me senté en el primer escalón.
Leer sus garabatos y trabajar siempre en mi jardín me traía una especie de consuelo, así
que combinarlos significaba que respiraba con facilidad y mis recuerdos salían con
suavidad.
Como era usual, cuando leía las primeras líneas de texto, su escritura me afectaba.

Lilah insistió en comenzar a plantar primero los vegetales. Generalmente, sembramos las
semillas, pero este año, ella quiere hacer semillas. Probaremos con calabacines, calabazas y
pimientos. Quizás el próximo año sembraremos más incluso pero no quiero que se nos pase por
alto. Chris construyo unos cuantos parterres de alguna madera vieja para que Lilah y yo
tuviéramos un lugar para plantar nuestras semillas.

Sus palabras desbordaban de los márgenes y tenía que girar el libro para leerlas.
Desearía haberle preguntado por qué escogió escribir en un libro de jardinería en lugar
de en un diario. Podía haber llenado páginas enteras con sus palabras pero en cambio,
estaba confinada a los espacios pequeños que quedaban en los márgenes.

Al encontrar su libro de jardinería hace unas pocas semanas, busque en el resto de


sus cosas, esperando hallar un diario pero no había nada más escondido en la caja. El
pequeño libro de jardinería era mi única conexión con ella. Al mismo tiempo,
anhelaba leerlo por completo, pasar a través de las palabras con avidez y sin embargo,
quería saborearlas lentamente y hacer que duran para siempre. Se sentía como si en
esos momentos breves tuviese de vuelta a mi madre, la verdadera, la que había estado
allí en los primeros siete años de mi vida.

Lilah y yo descubrimos que las calabazas amarillas tienden a necesitar un poco más de agua
que los calabacines.

Repasé unas cuantas veces el texto antes de poner el separador de vuelta entre las
páginas y levantarme para agarrar la manguera del jardín. Me dirigí directamente a la
calabaza, donde las vides estaban creciendo salvajes y las grandes flores amarillas
comenzaban a brotar. Permití que el agua penetrara el suelo oscuro, dándole a las
plantas agua extra como indicaba el libro; todo el tiempo sintiéndome más cerca de mi
mamá de lo que estuve en diez años.
Traducido por Antonietta

Corregido por Mariela

e detuve en el mercado Crosby en mi camino de regreso de la escuela al


día siguiente. Caminé por los pasillos y me detuve frente a la caja de tinte
de cabello. Mis raíces estaban en ml estado y no las podía ignorarlas por
más tiempo.

Miré hacia la sonriente mujer en la parte frontal de la caja de tinte rubio. Yo estaba
resentida con ella hace meses, molesta con su fácil sonrisa. Ahora no creo que era tan
mala, Incluso así, me estiré por la caja de tinte negro, no porque tuviera una agenda o
porque quisiera ser una rebelde.

Nop, solo me gustaba el negro.

Llevaba el tinte en mi mano mientras caminaba hacia la casa de Ashley. Estaba


comenzando a hacer calor y para el momento que alcancé su puerta delantera,
prácticamente me estaba derritiendo. El verano ya casi llegaba.

Ashley abrió la puerta antes que pudiera tocar y yo sostuve la caja de tinte en alto.
—¿Puedes dedicar unos minutos para una amiga?

Ella escaneó mis raíces rubias y sonrió. —Pensé que nunca preguntarías.
Traducido por Antonietta

Corregido por Mariela

abía estado obsesionada con descubrir los secretos y mentiras de


Blackwater, Texas porque tenía una teoría que necesitaba probar
desesperadamente: nadie era tan feliz, tan perfecto, o tan buenos como
pretendían ser.

La mitad de mi infancia, mi madre había sido el tema de cada susurro


pronunciado en mi pequeño pueblo.

Era la mala madre que había dejado a su hija.

Era la drogadicta que no pudo estar sana.

Era la mujer perdida sin esperanza de redención.

Miré a todos en mi pequeño pueblo volverse contra ella, empujándola centímetro a


centímetro hasta que no era nada más que una sombra a la que intentaban evitar lo
mejor que podían. Habían alejado a sus hijos cuando la veían acercarse, habían
cruzado la calle y evitado el contacto visual. Los vi juzgarla y diseccionar sus
decisiones, seguros de que eran mejores, más sabios, más felices. Superiores.

Estaba confundida por la hipocresía de eso incluso cuando era una niña y ahora
tenía un diario que demostraba mi teoría.

Todos decimos mentiras. Todos vivimos de ilusiones.


¿Así que por qué mi mamá era tan terrible? ¿Por qué sus fracasos no se encontraron con el
perdón?

Porque sus mentiras estaban en el exterior. Estaban escritas a través de su rostro, a


la vista. Eran incómodas, oscuras y lo suficientemente grandes como para hacer
parecer las mentiras de los demás pequeñas y simples. Infidelidad, fraude, chismes
fueron eclipsados por los fallos y equivocaciones de mi madre.

Sus fallos hicieron lucir mejor a todo el mundo. Todas podían ser unas geniales
madres, esposas, o amigas si solo se comparaban con Elaine Calloway.

Una parte de mí quería difundir la verdad que sabía. Habría sido tan sencillo
escanear las páginas de mi diario e imprimir mil copias. Nuestro pueblo era pequeño y
una tarde en la tienda de copias y un par de rollos de cinta era todo lo que tomaría para
cubrirlo con la fría y dura verdad. Quería que todos se dieran cuenta de sus errores,
que sientan el aguijón de vergüenza que habían obligado a mi madre a sentir, pero
nunca podría apretar el gatillo. Tal vez porque sabía de primera mano que todas las
personas en ese pueblo tendrían que enfrentar sus propias verdades tarde o temprano, o
tal vez porque en mis entrañas, sabía que mi deseo de venganza estaba disminuyendo
cada día más y más.

Llevaba dos libros por las todas partes a las que fui durante el final de ese semestre
de primavera: el libro de jardinería de mi mamá y el diario que yo había llenado con
secretos y mentiras. Parecían ir de la mano al principio. Les echaría un vistazo a
ambos, encontrando consuelo en las gastadas páginas, pero entonces un día, me salté
mi diario.

Las palabras de mi madre eran como un bálsamo para mi corazón, remendando


las heridas que me había esforzado en cubrir. Eventualmente supe que no necesitaría el
diario nunca más, no si realmente quería seguir adelante.

Los secretos y mentiras de Blackwater no eran de mi incumbencia.

Ya no más.
Traducido por Antonietta

Corregido por Mariela

uestro primer juego de los playoff fue programado para el mediodía del
sábado. No guardé esperanzas de vencer a nuestros oponentes, los
campeones reinantes del estado, pero daría lo mejor de mí y mantendría
mi cabeza en alto cuando saliéramos del campo. Para la mayoría de mis compañeros
de equipo, sería su último juego de béisbol, pero a mí me quedaban años de béisbol en
la universidad.

Estaba establecido para empezar y mientras calentaba en el montículo, el ardiente


sol quemaba la piel de la parte posterior de mi cuello. Me erguí, levanté y quite mi
pierna del suelo, y lancé una bola curva hacia Connor. La bola chocó contra su guante
con un fuerte pop. Vivía por ese sonido.

Connor se puso de pie, enderezó su casco de receptor, y lanzó la bola de regreso


hacia mí. La atrapé y me moví otra vez para tomar mi posición para otro lanzamiento.
Levanté la mirada hacia las gradas para encontrar a las Diamonds Girls en sus
asientos, sus idénticas camisas un regalo muerto. Los padres y aficionados las
rodeaban, pero no vi el corto cabello negro de Lilah en ninguna parte, y si ella no
estaba allí, entonces no me importaba quién estuviera en las gradas.

Terminé con tres lanzamientos más de calentamiento antes que el locutor hablara
a través de los chirriantes altavoces del campo.

—¡Bienvenidos a los playoff de 3A región 2! Tenemos la defensa del campeonato


del estado, los Lake Johnson Rattlerss contra los Blackwater Wolves. Comenzando
con los de Lake Johnson tenemos a…
La voz del locutor continuó pero lo ignoré mientras me alineaba junto a mis
compañeros de equipo.

Justo había llegado al frente de la línea cuando dos figuras caminando por el
medio del pasillo del estadio llamaron mi atención. Lilah y mi papá estaban subiendo
la rampa lado a lado. Él estaba llevando una bolsa de cacahuates y ella tenía dos
refrescos. Ella apuntó hacia dos asientos vacíos en la parte delantera de las gradas y se
deslizaron más allá de otros fanáticos para tomar sus asientos. Cuando él se giró,
escaneó el campo y entonces me encontró mirándolo.

Mi garganta se cerró mientras me sonreía y me saludaba. Era un pequeño y


autoconsciente saludo, él estaba nervioso por estar ahí y yo no tenía otra forma de
tranquilizarlo más que sonriendo, quitándome mi gorra, y saludándolo de regreso.

No lo podía creer.

Mi papá podía cambiar.


Traducido por Antonietta

Corregido por Mariela

erminé el libro de mi madre la noche antes de mi decimoctavo cumpleaños.


Estaba oscuro afuera, casi medianoche, y yo estaba acostada en mi cama
iluminada por la suave luz de mi lámpara de noche. Había pensado que me
gustaba cultivar porque era algo que hacía con mi mamá. Era una pasión que
compartíamos, y la mayoría de mis recuerdos felices con ella tenían lugar en el jardín.

Pero ese no es el por qué seguí cultivando después de que muriera.

Cultivaba porque estaba obsesionada con la idea de encontrar belleza en la


suciedad. La suciedad es caos, arenosa, llena de bichos y descomposición, pero de esa
suciedad viene tan inmensa belleza. Rosas, tulipanes, tomates, peonías, frambuesas,
naranjas, magnolias… e incluso yo. Quería ser hecha de nuevo. Quería un nuevo
comienzo. Quería tomar mi pasado, con su tristeza y bordes rotos, y convertirlo en
algo hermoso y que valga la pena.

Había estado persiguiendo la primavera desde que mi mamá me había dejado


cuando tenía siete años. Durante once años, había vertido mi alma en mi jardín,
plantando y cultivando, pensando que si hacía el jardín hermoso y lleno de vida, me
llenaría con belleza y vida a cambio.

Pero estaba equivocada.

Al final, la primavera llegó desde las páginas de un viejo libro.


Al final del libro de mi madre, había una página un poco más arrugada que el
resto, un poco más desgastada y olvidada. En ella, encontré esto:

No sé lo que el próximo año traerá, pero esta primavera ha sido sobre nosotras, Lilah y yo.
Hemos pasado todas las tardes en el jardín y ella ha amado cada segundo de ello. Mientras
escribo esto, está tirando de mi cabello, queriendo que termine. Vamos a recoger nuestras
frambuesas de la vid y está tan emocionada. Hemos esperado pacientemente por ellas toda la
primavera y finalmente, están maduras.

Cerré el libro y descansé mi mano contra la cubierta frontal, tratando de procesar


todo a la vez. El valor del diario estaba en los detalles. Su desastrosa escritura había
iluminado algo para mí que nunca había pensado que entendería: mi madre me amó
de la única forma que había sabido hacerlo. Me había amado ferozmente y ahora tenía
la prueba tangible de eso.

Al final, eso es todo lo que pude pedir. Su amor era diferente al amor de otras
madres, pero esa es la cosa sobre la vida. Tenemos grandes visiones de nuestras vidas
porque asumimos que somos el centro del universo cuando en realidad, el universo ni
siquiera se da cuenta que estamos ahí.

Nuevas madres son hechas todos los días, la mayoría con lágrimas de alegría en
sus ojos. Pienso que las lágrimas de mi madre eran de tristeza, no porque no me
quisiera, sino porque sabía que no podría ser el tipo de madre que una hija necesita.

Ella había hecho lo mejor que pudo, y mientras dejaba caer su libro de jardinería
en mi pecho con un suave golpe, me sentí incondicionalmente contenta de una forma
en la que no había estado desde el día que me había dejado.

Tomé una respiración profunda, una respiración que limpió mi espíritu, y entonces
alcancé mi computadora buscar un mapa.
Traducido por Antonietta

Corregido por Mariela

cababa de instalarme en mi cama con Harvey a mis pies cuando escuché


un toque en mi ventana. Fue silencioso, apenas ahí en lo absoluto, pero
un segundo después, hubo otro toque, y entonces un tercero.

Me levanté de la cama acolchada y me dirigí hacia la ventana. Levanté las


persianas para encontrar a Lilah de pie en las macetas en el frente de mi casa, armada
y lista para tirar más piedritas.

Cuando me vio, aflojó su puño y dejó caer las rocas sin usar.

—¿Qué estás haciendo? —pregunté, empujando la ventana hacia arriba unos


centímetros.

—Vamos —dijo, haciéndome un gesto para salir de mi casa. Sin explicaciones, sin
por favor.

Me giré para mirar el reloj en mi mesa de noche: once y cuarenta y cinco de la


noche.

—Es tarde.

Hizo un espectáculo de rodar sus ojos y luego apoyó sus manos en sus caderas.

—Chase. ¡Vamos! Tenemos quince minutos hasta que comience mi cumpleaños.


—Espera —cedí, escaneándola. Estaba vistiendo unos pantalones cortos de
mezclilla y una camiseta. Donde sea que íbamos a ir, no era elegante.

—Psst. ¡Trae a Harvey también! —llamó después que me había alejado de la


ventana.

Harvey ya estaba arañando la puerta.

Cinco minutos después, me deslicé fuera de mi puerta delantera con Harvey en


mis talones. Mi papá tenía el sueño pesado, pero las bisagras de nuestra puerta eran
viejas y juré que mientras la cerraba podría haber despertado a un muerto. Me congelé
por unos segundos, escuchando para ver si lo había despertado.

Nada.

Estaba despejado.

Me giré para encontrar a Lilah detrás del volante de la camioneta de su papá,


esperando a que me una a ella. Se veía igual. El mismo cabello corto y negro. La
misma actitud de jódanse todos. Los mismos ojos verdes que me recordaban todos los
momentos importantes de mi vida.

—¿Terminé a tiempo? —pregunté, abriendo la puerta así Harvey podría montarse.

—Nueve minutos —dijo ella, tocando el reloj del tablero.

—Nueve minutos para salir del infierno de los diecisiete años —dije, deslizándome
a su lado.

—Nueve minutos para dejar de estar pegada a este pequeño pueblo.

Ella encendió el auto y arrancó fuera de la acera.

—Nueve minutos hasta que puedas comprar cigarrillos —ofrecí.

—Nueve minutos hasta que pueda comprar todos los cigarrillos que pueda llevar y
encenderlos en fuego —respondió.

Me reí.

—¿Vas a decirme a dónde estamos yendo?


Arrugó su nariz. —No. Eso no es divertido.

Me encogí de hombros y miré por la ventana. Las lámparas de la calle hicieron un


pobre trabajo en iluminar nuestro camino, pero Lilah parecía saber a dónde estaba
yendo.

Harvey se curvó en una bola entre nosotros mientras comenzábamos nuestro


camino lejos de Blackwater. Pasó una hora, luego dos. Quería preguntar hacia dónde
estaba manejando, pero nunca lo hice.

—Gracias por darme tiempo —dijo ella unas cuantas horas en nuestro manejo.

Llevábamos un mes sin hablar y entonces inesperadamente, ella había llegado


fuera de mi ventana, sin excusas, sin explicaciones.

Algunas veces la vida era demasiado corta para las explicaciones.

—¿Leíste el libro? —pregunté.

Agarró el volante con ambas manos y asintió. —Cada página.

—¿Y?

—Y aquí estoy.

Su mano cayó del volante a Harvey. Su palma era una invitación abierta, y yo me
estiré para tomarla. Solo así, sabía que ella era mía para siempre. Ahora no había
vuelta atrás.

—Una parte de mí pensó que nunca estarías lista para volver.

Asintió, escaneando la carretera. —Me preocupaba eso también.

Manejamos durante kilómetros, deslizándonos entre pequeños pueblos sin mucho


aviso. Nos detuvimos por gasolina y comida cerca de las dos de la mañana. Ella agarró
dos cafés y llenó un brazo de caramelos y papas, suplementos para el viaje en carretera.
El asistente de la gasolinera nos miró con curiosidad cuando dejamos caer nuestro
botín en el mostrador, pero retuvo sus preguntas. ¿Parecíamos dos adolescentes
huyendo de un pequeño pueblo? ¿Era eso lo que estábamos haciendo?
Cuando regresamos al auto, saqué un Hostess cupcake12 y pegué un Twizzler13
medio comido en el centro de él como una vela.

—Feliz cumpleaños, Lilah —dije, sosteniéndolo para ella.

Ella sonrió y luego cerró y apretó sus ojos para pedir un deseo.

—Rápido —bromeé—. Antes de que la cera gotee.

Abrió sus ojos, encontró los míos, y se inclinó hacia adelante para soplar el
Twizzler.

Después de cuatro horas y dos bolsas de M&Ms de cacahuates, me quedé dormido


por un rato, arrullado por el ruido blanco de la autopista. Cuando me desperté más
tarde, nos dirigíamos sobre un puente, rodeados de agua por ambos lados.

Los ojos verdes de Lilah se deslizaron hacia mí. —Casi estamos allá.

Me senté en mi asiento y miré a nuestro alrededor, tratando de ubicar en dónde


estábamos. Habían miles de islas fuera de la costa de Texas y podríamos estar
dirigiéndonos hacia cualquiera de ellas.

Continuamos a través de un pueblo de playa durmiente. Las tiendas estaban


cerradas excepto por un Starbucks en la esquina de la calle principal. Mientras
pasábamos una tienda de donas en la esquina, su letrero de “ABIERTO” se encendió.
La luz apenas estaba comenzando a perforar el cielo negro cuando nos detuvimos en
un estacionamiento frente a una playa cubierta de sombras. Algas marinas estaban
dispersadas a través de la arena, descansando en grupos donde la marea había llegado
en la noche.

—Casi no llegamos a tiempo —dijo Lilah, abriendo su puerta.

—¿A tiempo para qué?

Miró de vuelta a mí y me sonrió. —El amanecer.

Dejé a Harvey salir primero y él salió corriendo por la playa, su pelaje rubio
iluminado por la luz del amanecer. Persiguió gaviotas y palomas zambulléndose hasta
la cabeza en las olas. Caminamos para encontrarnos con él y vino corriendo de vuelta
hacia nosotros, un desastre arenoso ya.
12
Hostess cupcake: marca de magdalenas de chocolate rellenos y decorados con crema blanca.
13
Twizzler: marca popular de caramelos con sabor a frutas en los Estados unido y en Canadá.
—¿Reconoces en dónde estamos ahora? —preguntó Lilah, caminando alrededor
del auto y estirando su mano por la mía. Entrelacé mis dedos con los suyos y sacudí mi
cabeza.

—¿Galveston?

Fue la primera playa de Texas que me vino a la mente.

Ella sonrió y sacudió su cabeza. —Port Aransas.

Mi estómago se hundió mientras miraba de nuevo a la playa, tratando de recoger


cualquier punto de referencia familiar. Había arena, el océano, y algas, nada que me
diera el hecho de que había estado ahí antes. No parecía más especial que cualquier
otra playa, y aun así, lo era.

La última vez que había estado ahí, mi mamá había estado viva. La última vez
que había saltado en esas olas, mi mamá había sostenido mi mano. La última vez que
había tocado esa arena, mi mamá había estado de pie a mi lado. Había estado justo
donde yo estaba, dejando que sus pies se hundieran en la arena de la misma forma
como los míos lo hicieron.

—Quería venir aquí para mi cumpleaños —dijo Lilah.

—¿Por qué? —pregunté, mirando fijamente más allá del horizonte.

—Porque estar aquí contigo y tu mamá es el último día perfecto que puedo
recordar —dijo, apretando mi mano por confianza.

Asentí, dejando que sus palabras se hundieran mientras el sol comenzaba a


ascender en el horizonte.

—Creo que este es el comienzo del mío.

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