Regreso a Blackwater: secretos y cambios
Regreso a Blackwater: secretos y cambios
Anna Juliette
Antonietta LittleCatNorth
Carilo Mariela
Gisenid Rosewin
Mariela
Mariela
Aria
Sinopsis Capítulo 16 Capítulo 33 Capítulo 50
Para mí, Lilah Calloway significaba escapadas por la noche; fuera, cabello a la luz
de la luna, y chispas en Julio. Ella fue mi mejor amiga hasta el día en que se fue y
asumí que Blackwater vio lo último de ella. Luego, como una tempestad, regresó al
pueblo para la mitad final del último año. Su cabello recortado y la oscura y temeraria
actitud advertía a la gente a quedarse lejos, pero sabía que si luchaba lo suficiente,
podría encontrar a la chica perdida.
Había abandonado mi ciudad natal antes del comienzo del tercer año y había
tenido la intención de quedarme en Austin indefinidamente. Blackwater no tenía nada
para mí. Desafortunadamente, la compañía de mi tía quería trasladarla al extranjero y
mi padre no quería oír hablar de mí viviendo sola durante el resto del último año.
Cuando se alejó, me di cuenta de que se veía un poco más desgastado que cuando
lo había visto por última vez. Todavía era guapo a los cuarenta años, pero parecía más
agresivo en los bordes. Los últimos dos años habían afectado sus cálidos ojos castaños
y, a pesar de su estimación, observé más sal que pimienta saliendo del fondo de su
gorra.
No si puedo evitarlo.
Dejé caer mi mochila entre mis piernas, rocé mis dedos sobre el contorno del
conjunto de ganzúas y luego me enderecé para abrochar mi cinturón de seguridad.
—¿Crees que tendremos una buena primavera este año? —preguntó, tirando de la
obstinada caja de cambios para poner la camioneta en marcha.
Tomó una respiración paciente. —Ya sabes, estás volviendo a casa en el momento
perfecto. Pasé toda la semana arreglando esos parterres1. Todo está listo cuando se
caliente.
1 Parterres: parte de un jardín con césped y flores, rodeada de paseos o sendas de grava colocadas en un
diseño simétrico.
Me había encantado la primavera creciendo y él lo sabía. Las flores florecen, las
temperaturas son cálidas y los días soleados se extienden más antes de ceder a la
noche. Aun así, no había amado la primavera desde que dejé Blackwater, y las flores
frescas no cambiarían eso.
No podrían.
Me quité los zapatos, puse mis rodillas contra mi pecho y envolví mis brazos
alrededor de ellas. Dejé caer la cabeza sobre mis rodillas y vislumbré el pequeño jardín
que había detrás de nuestra cabaña. Cada año como un reloj, mi mamá y yo nos
habíamos sentado a finales de enero y planeábamos lo que plantaríamos para el año.
Tomates en barriles cerca del porche trasero. Lechuga, pimientos, calabaza y
zanahorias en los primeros cuatro canteros. Frutas de todo tipo tomaban por lo general
las camas cerca de la valla. Por lo que recordaba, nunca podríamos dominar la
voluptuosa vid de frambuesa.
—Lilah.
Estaba tan fascinada por la rica memoria de ese viejo jardín que no oí hablar a mi
papá hasta que repitió mi nombre.
—Lilah.
—Sólo quería decirte que te daré una mano cuando sea el momento de comenzar
a plantar. Y tal vez Chase también pueda ayudar.
Chase Matthews era la última persona a la que esperaba que mi papá hablara
sobre el viejo pasatiempo de mi madre.
—¿QUÉ?
—Sé que va a ser un ajuste, pero es sólo por un poco de tiempo, hasta la
graduación a más tardar.
Mi padre sacudió la cabeza. —Es complicado, Lilah. Has estado fuera y no has
visto... —Hizo una pausa, buscando las palabras correctas—. Bueno, el señor
Matthews ha empeorado últimamente. No es una buena situación para Chase, y ha
sido un largo tiempo para que finalmente lo admitiera.
Levanté las manos. —¿Eso es todo? Chase tiene un padre alcohólico, ¿así que él se
va a mudar con nosotros? ¿No puedo decir nada? —Odiaba sonar como una mocosa.
Mi padre se pasó los dientes por el labio inferior antes de contestar. —Esto es más
grande que tú, Lilah.
—En el dormitorio del otro lado del pasillo al tuyo —contestó rápidamente como
si supiera que sus palabras me harían daño; estaba tratando de contrarrestar su efecto.
Le di una mirada estrecha y él respondió con una cálida sonrisa. —Sé que vendrás,
Lil. Estará bien. El chico necesita un hogar estable. Espero que lo recibas con los
brazos abiertos.
Sobre mi cadáver. Podríamos haber sido amigos una vez, pero había evitado a
Chase durante el último año y medio. Eso no iba a cambiar solo porque se estaba
mudando al otro lado del pasillo. Si yo fuera obligada a ser su compañero de cuarto,
sería silenciosa.
—Mañana.
—¿Mañana?
—Sabes Lilah, debes mirar esto como si fuera un nuevo comienzo. Nadie quiere
desenterrar el pasado.
Él estaba equivocado.
Yo sí.
Traducido por Juliette
Había utilizado algunos restos de dinero de Navidad en un sitio web que cobraba
diez dólares a cambio del nombre y la dirección registrada a una placa de matrícula de
Texas. Con información aparentemente inofensiva, mi mundo de secretos comenzó a
difundirse.
***
En ese momento, me veía a mí misma quisiera o no. Mi falso cabello negro hacía
que mis pecas se destacaran aún más contra mi piel clara, y me gustaba el efecto.
Examiné mis raíces rubias, que cada día crecían más y más; tendría que hacer algo con
ellas eventualmente.
Mi padre estaba en su habitación abajo, pero descubrí una nota adhesiva que me
había dejado en la cocina. Había creado una pila de alimentos para el desayuno: una
caja de harina de avena en la parte inferior con un plátano equilibrándose en la parte
superior. La nota estaba pegada a la parte superior del plátano y había añadido una
cara sonriente para enfatizar.
Desayuno
Podía oír la televisión en su habitación repitiendo imágenes de béisbol de años
pasados. Ignoré la harina de avena, agarré el plátano y salí por la puerta. Eran las 9:30
de la mañana un sábado y no tenía a dónde ir. Mis opciones eran limitadas teniendo
en cuenta que no tenía amigos en Blackwater; no había mantenido contacto con nadie.
La ciudad tenía una cafetería y si me acordaba correctamente, era normalmente
invadida por un club de swingers los sábados por la mañana. Decidí dirigirme en esa
dirección.
Deslicé mis auriculares y comencé el corto paseo hacia la plaza del pueblo, con la
esperanza de que algo me llamara la atención en el camino. Estaba al final de la calle,
a punto de girar la esquina hacia la calle principal, cuando oí un coche retumbar por el
camino detrás de mí. El sonido distinto era lo suficientemente fuerte como para
interrumpir mi lista de reproducción Vance Joy y sólo había un coche en la ciudad que
era así de decrépito. Mi instinto se apretó y me volví a pesar de mi mejor juicio, justo a
tiempo de ver el destartalado monstruo desviarse hacia nuestra entrada. La camioneta
había visto días mejores, posiblemente durante el gobierno de Nixon, pero Chase poseía
el desgaste como una insignia de honor. Como la mayoría de las cosas, la vieja
camioneta añadía encanto de la pequeña ciudad de Chase Matthews. Estrella
americana del béisbol. Rey del baile. Rompecorazones. Mi ex-mejor amigo.
Estaba sentado al volante, mirando a mi pequeña casa. Incluso desde la calle podía
distinguir su apuesto perfil desde detrás de las ventanas polvorientas de su camioneta.
Él era perfecto. La culminación de los buenos genes y la práctica del béisbol hicieron
que fuera fácil para él llenar su alto cuerpo. No podía ver sus ojos avellana de donde
estaba, pero si cerraba los míos, podía imaginarlos claros como el día.
Se quedó allí unos minutos, tomando nuestra casa. Entonces su cabeza se movió
hacia el asiento del pasajero, y mi corazón cayó.
No quería mudarme con los Calloway, pero gracias a mi papá, realmente no tenía
elección. En los últimos años, había progresado de la vida de amante-divertido a la
fiesta en un alcohólico miserable que bebía solo. Unos días antes, el entrenador
Calloway se había detenido y lo había encontrado dormido en un charco de su propio
vómito con el horno encendido, y no quería oír que yo continuara viviendo allí. Así
que ahí estaba, prácticamente un huérfano.
Inclinó la cabeza hacia la izquierda y dejó salir su lengua. Era lo más cercano a un
sí que podría conseguir.
La mirada del entrenador golpeó la mía. —No hay ningún problema. Lilah
siempre quiso un perro. Ella estará emocionada.
Mi madre era adicta a todo bajo el sol. Píldoras de dolor acumuladas de una
embellecida lesión crónica de la espalda. El alcohol, un alimento básico de su
juventud. Meta2, una infección rural cuyos zarcillos tóxicos arrancaban los fragmentos
de su vida que se rompía lentamente. Sus dependencias ocuparon el asiento del
conductor durante la mayor parte de mi vida. Después de su funeral, me senté en la
parte delantera de la iglesia mientras parientes en ropa formal mal ajustada se turnaron
para ofrecer alguna variación de “solo sé que tu madre te amaba más que nada”. Pero
yo lo sabía bien; si lo que decían hubiera sido cierto, ella habría estado todavía viva
para decírmelo ella misma.
2
Metanfetamina.
procesado, lo más probable era que no iban a encontrarlo en Crosby’s.
Afortunadamente, no estaba allí por comida.
Caminé por el pasillo del jabón y champú, deteniéndome brevemente ante una
pequeña muestra de tinte para el cabello. Tenían cinco colores: negro, marrón oscuro,
marrón claro, rubio y rojo fuego. La mayoría de las cajas estaban caducadas y las que
no, tenían paquetes deformados como si hubieran sido derribadas y reemplazadas
demasiadas veces. Vacilé sobre la caja de tinte de cabello rubio con una mujer
sonriente en la parte delantera, y en vez de eso tomé el negro.
Una mano delgada tocó mi hombro para agarrar una caja en la parte posterior del
estante. Me volví para encontrar a una chica detrás de mí, sonriendo y sosteniendo la
nueva caja para que yo la tomara. Sus ojos estaban bordeados de un delineador de ojos
negro y su cabello rubio se desvaneció hasta convertirse en un rosa brillante a mitad de
camino, como si hubiese sumergido los mechones en un cubo de pintura radiactiva esa
mañana. Era alta, con los brazos esbeltos y los pómulos huecos.
—Los niños siempre se meten con los que están en el frente. Por lo general, llego a
casa para encontrar que la mitad de las cosas faltan.
—Soy Ashley —dijo, ofreciendo un suave y torpe saludo. El nombre confirmó que
la conocía, vagamente. Se había mudado a la ciudad en nuestro primer año de escuela
secundaria, pero nunca había tenido una razón para hablar con ella antes de mudarme
a Austin.
—Soy Lilah.
***
Kimberly y las chicas del equipo de baile siguen siendo populares. Josh Hastings
sigue siendo el mariscal de campo y está seguido de Trent Bailey de segundo. De
alguna manera depende de si prefieres a los atletas idiotas o a los chicos malos.
Sus ojos marrones se encontraron con los míos en el espejo. —Para el tipo más
caliente en la escuela.
En una pequeña ciudad como Blackwater, era delicado cuando se trataba de
chicos. Había olvidado que cualquier chica de la escuela hubiera podido arrojar a los
chicos más elegibles de nuestra clase de la cabeza.
Chase.
Ella se ruborizó y agachó su cabeza para alcanzar otro broche para el cabello.
La había avergonzado.
Por un lado, quería que supiera que no iba a abandonarla después de que
terminara de teñirme el cabello; no estaba en condiciones de rechazar amigos.
Además, no quería irme a casa.
Sus ojos se abrieron esperanzados. —En realidad, hay una fiesta en...
—Suena bien. —La interrumpí, ofreciéndole mi mejor intento de una sonrisa real.
Traducido por Mariela
Rompí las primeras cuatro cámaras que me dio. Fueron reparaciones difíciles,
pero juguetear con ellas se sintió como un rompecabezas, un rompecabezas con
grandes pagos al final. Las cámaras fotográficas Polaroid antiguas valían cientos
dólares, pero restaurando Leicas podría ir para un par miles. Las Leicas era mi
especialidad.
Eché un vistazo alrededor, buscando un espacio para forjar cómo propio, pero la
pila de cajas en la esquina seguía tomando mí atención. Dejé caer mis cámaras en la
cama y me volví hacia ellas. Si fuera a ser un intruso, podría empezar a actuar cómo
uno.
Saqué la parte superior de la caja de encima. Una botella de perfume vacía chocó
contra el costado mientras arraigaba el contenido. Parecía un montón de basura, pero
al final encontré una foto de una joven Elaine Calloway sentada entre sus padres. Ella
era la viva imagen de ambos. Su mamá tenía su brazo envuelto firmemente alrededor
de ella, inclinándose como si la protegiera del mundo. Su padre llevaba una expresión
aguda, sus ojos marrones oscuros mirando directamente al alma de la persona que
tomaba la foto.
Su padre.
Idiota de mierda.
—Vamos, Harvey.
Me deslicé sobre mis zapatos de correr sin desamarrarlos, cogí su correa, y volé
por las escaleras.
Traducido por LittleCatNorth
laine Calloway había siempre rogado por una hermana, un ángel guardián,
o un héroe. Ella se inclinaba en sus rodillas en la parte trasera del tráiler de
su familia y apretaba sus manos juntas hasta que sus nudillos se volvieran
blancos. Sus ruegos no ahogaban el sonido de los golpes de su padre; no había escape
de ellos en su casa de doble fachada, pero eso no la detenía de intentarlo.
—¡Elaine! gritó su mamá, antes de bajar la voz. Has lo que digo, dulzura.
Apresúrate.
Elaine no pudo detener las lágrimas. Ella no podía ser una niña grande.
—No quiero irme lloró Elaine, trepándose al cuello de su mamá. Por favor.
Ven conmigo. ¡Por favor, ven!
Ella empujó a Elaine hacia la ventana y la sostuvo firme mientras trepaba a través
ella. Era una caída de casi un metro desde la ventana hacia el patio frontal, y cuando
su pie desnudo golpeó el suave césped, ella miró hacia arriba y encontró los ojos verdes
pálidos de su mamá.
—Te amo dijo justo cuando la delgada puerta cedió a los puños de su papá.
VE.
Elaine volteó, tiró de su mochila, y corrió por su bicicleta rosa eléctrica yaciendo
sobre su lado en la tierra. Trató de bloquear los sonidos provenientes de su dormitorio
mientras pedaleaba. Eran los sonidos que la mantenían despierta en la noche, los
sonidos que la atormentaban en sus sueños.
Pedaleó rápido, dejando el despreciable parque de tráileres detrás del cruce sobre
la calle Main. La casa de Hannah estaba en una mejor parte de la ciudad, donde las
casas tenían grandes porches y rosas en el patio frontal. Elaine desbloqueó la puerta de
la corta verja y dejó caer su bicicleta en el césped. Caminó de puntillas alrededor del
borde de la casa hasta que alcanzó la ventana de Hannah en la parte trasera. Su amiga
estaba durmiendo en su cama de princesa, bajo un techo pintado para lucir como un
cielo azul, con nubes y todo.
Su amiga se sentó aprisa en la cama y chilló cuando vio a Elaine afuera. Corrió sus
mantas de encima y se apresuró a la ventana. Sus pequeñas manos tuvieron que
trabajar en la traba por varios segundos antes de que pudiera deslizar la ventana hacia
arriba solo lo suficiente para que Elaine trepara a través de ella.
—¡Estaba esperando que vinieras esta noche! dijo Hannah. Mi mamá me dio
galletas después de la cena y colé una extra para ti.
Ella volteó a su mesa de noche y sacó una galleta envuelta apretadamente en una
servilleta. La acunó en su palma mientras la llevaba hacia Elaine.
Aún estaba tibia, y cuando Elaine la mordió y dejó que las chispas de chocolate se
derritieran sobre su lengua, notó que no necesitaba rogar por un ángel guardián.
Ashley rodeó el barril de cerveza y las mesas de cerveza-pong y nos dirigió hacia
una glorieta en el patio trasero. Había un pequeño grupo reunido allí y mientras nos
acercábamos, noté a Trent Bailey sentado dentro.
—Ayer.
Había meditado sobre si debería o no beber. Leí que los niños de alcohólicos son
cuatro veces más propensos a desarrollar problemas con el alcohol, pero noté que no
había mucho punto en tratar de evadir el legado de mi madre. Su rostro interfirió en
mis pensamientos mientras el vodka barato se deslizaba abajo por mi garganta. Odiaba
el sabor y peleé para evitar demostrarlo. Era el mismo licor que mi mamá deslizaría en
su jugo de naranja de la mañana. El mismo sabor que la hizo salivar solo me hizo
querer vomitar.
Limpié el exceso caído de mis labios y pasé la botella a Trent. Él la tomó con una
sonrisa, rozando su dedo contra el mío, y sabía que probablemente yo acabaría yendo
a casa con él.
Volteé hacia él y me deslicé un poco más cerca. —No. ¿Por qué te interesa?
Él sonrió y se enfocó en mis labios mientras sacaba una pequeña bolsa de plástico
del bolsillo de sus vaqueros. Diez pequeñas píldoras blancas. Molly 3. Nunca la había
3
Molly – se le llama así al éxtasis.
conocido, pero traté con sus amigos, siempre esperando que uno de ellos respondiera
mi pregunta: ¿cuál pequeña pastilla blanca hace a las madres olvidar a sus hijas?
Había una capa de polvo revistiendo la cima de esta ahora, como si nadie hubiera
comido en ella en años. Mojé un trapo y la limpié hasta que el microondas sonó.
Entonces me senté en mi antiguo sitio contra la pared y comí mi cena. Tenía la
perfecta vista de la casa vacía. Tenía el efecto de un museo preservado en el tiempo lo
mejor que se podía. Sabía que la lámpara en el rincón ya no funcionaba, pero nadie la
reemplazó, al igual que la antigua videocasetera y la rota silla mecedora en el rincón.
Eran todas cosas que la señora Calloway había añadido a la casa y no podía descubrir
por qué nadie había logrado deshacerse de ellas.
Eran las 12:01 a.m., oficialmente el comienzo de mi segundo día viviendo con los
Calloways, y finalmente estaba consiguiendo mi primer vistazo de Lilah. Ella tropezó
al interior, cerrando la puerta detrás de si, y luego se inclinó contra ella como si no
pudiera sostener el peso de su propio cuerpo. Con respiración contenida, esperé su
siguiente movimiento. Antes de que pudiera encontrar mi mirada, la emoción de
Harvey burbujeó. Me agaché y sostuve su collar así él no podría correr y embestirla.
Sacudí mi cabeza mientras sus brillantes ojos suplicantes encontraban los míos.
Él quería correr y saludarla tanto como yo lo hacía. Lilah estaba de regreso. Estaba
de regreso, y aun así era tan diferente. Cabello negro y cortos pantaloncillos y una
niebla inducida por drogas. Pero también era la misma chica que siempre había
conocido; pálida, pequeña, pecosa, y perdida. Dejé mi silla atrás y me paré para
anunciar mi presencia, pero ya se había ido. Sus ojos estallaron abiertos y corrió por
las escaleras, agarrando su estómago con una mano y cubriendo su boca con la otra.
Estaba demasiado enferma para notarme de pie en la cocina.
Puse a Harvey afuera y entonces subí las escaleras de dos en dos. Estábamos
compartiendo un baño, ella y yo. Notaría mi crema de afeitar junto a sus cremas, pero
su cabeza estaba sobre el inodoro y vomitando, haciendo profundas arcadas fuertes
que sonaban como si su cuerpo estuviera rechazando todo en su interior.
Sus ojos me golpearon de una vez, verde brillante y vulnerabilidad hasta que notó
quien era yo.
—Lilah…
—¿Bebiste? pregunté.
Asintió, rápido y casi imperceptible.
—Molly dijo, descansando su cabeza sobre su brazo a lo largo del borde del
inodoro.
Podía sentir el calor ondulando fuera de ella y después de confirmar que aún
respiraba, repté de regreso escaleras abajo por un vaso de agua, y entonces lo pensé
mejor y conseguí dos.
Cuando regresé, estaba despierta y sentada con su espalda contra la bañera. Sus
rodillas estaban dobladas contra su pecho y sus manos estaban envueltas alrededor de
ellas, manteniendo su cuerpo en una bola apretada.
—Aquí, bebe esto dije, dejando caer los vasos cerca de sus pies y alejando la
mirada antes de que pudiera dispararme otra mirada mortal.
Revolví a través del gabinete de medicinas encima del inodoro. Todo en él era
viejo o vacío. La única botella de Advil había expirado el año anterior, pero aun así la
agarré. Necesitaba algo para frenar el dolor de cabeza en la mañana.
—La hija prodiga regresó dijo con dificultad, con un tono oscuro. ¿Y quién
corrió para encontrarla?
Volteé del gabinete de medicina para encontrarla mirándome con la misma furia
de antes.
—Ningún otro más que Chase Matthews, el chico dorado en persona. Sonrió y pasó
el dorso de su mano a través de su boca. ¿Así es cómo esperabas encontrarme?
¿Justo cómo ella?
Traducido por LittleCatNorth
—Shhhh. Mis padres van a estar de regreso en cualquier segundo y no quiero que
nos oigan advirtió Hannah. Ellos sabrán que estamos ebrias.
Hannah rodó sus ojos y se inclinó al frente para asegurarse de que la cabeza de
Elaine estuviera posicionada sobre el inodoro. Ellas ya habían hecho un desastre en su
habitación, algo con lo que trataría tan pronto como consiguiera que Elaine se
durmiera.
Elaine explotó en otro conjunto de risitas que eventualmente dio camino a secas
arcadas. Hannah frotó la espalda de su amiga, tratando de contener su propia urgencia
de vomitar. Ambas habían tomado demasiadas cervezas, pero hubo una verdadera
causa de celebración. Hannah había recibido una carta de la universidad de Texas en
el correo más temprano esa mañana. Ella había asumido tempranamente la aceptación
de su programa de enfermería. Era su primera opción de escuela y su primera opción
de ciudad. Estaba emocionada, sus padres estaban emocionados, y más importante,
Elaine estaba emocionada.
Tan pronto como se gradúen, dejarían Blackwater juntas y nunca mirarían atrás.
Traducido por LittleCatNorth
os ojos de mi madre eran una sombra de verde pálido que como niña yo
juraba que se veían como gemas. Me había sentado con ella afuera en el
jardín cuando yo era pequeña y el sol habría brillado tan brillante que tenía
que entornar los ojos para ver su rostro, pero esos ojos verdes podían siempre
encontrarme a través del resplandor.
Estaba soñando con sus ojos verdes, los mismos ojos verdes que me miraban de
regreso cada vez que miraba en el espejo, cuando algo frío y húmedo se presionó contra
mi mejilla. Me sacudí fuera de mi sueño solo al sentir la extraña sensación de nuevo.
Parpadeé para abrir mis ojos justo a tiempo para ver una gorda lengua rosa salir y
lamer mi barbilla hacia arriba a mi boca.
Tuve una fracción de segundo cuando todas las piezas del rompecabezas cayeron
en su sitio antes de notar que Chase estaba de pie en mi entrada. Sin camiseta.
Anoche.
Anoche.
Mis mejillas quemaron con un rubor que sabía que Chase podría ver.
Oí una risa por lo bajo y luego, un momento después, la puerta se cerró y estaba sola
de nuevo; bueno, sola con Harvey.
En su lugar, volteé de regreso a mi nueva habitación al otro lado del pasillo. Aún
estaba acostumbrándome al tamaño. Era pequeña, más cómo un almacén que un
verdadero dormitorio. La antigua cama tamaño queen tomaba la mayor parte de la
habitación y las cajas en la esquina hacían difícil usar los pequeños espacios sobrantes.
Hice un punto del ignorar las cajas. Cada vez que veía hacia ellas mi pecho se
apretaba en furia. Incluso después de un año y medio, odiaba a la mujer hasta el más
profundo centro de sus huesos, huesos que ahora yacían en la tierra, donde
pertenecían.
Mi teléfono zumbó sobre la cama y lo alcancé para ver los mensajes de texto que
comenzaban a acumularse.
Connor: Vayamos a la fiesta de Kimberly después del basquetbol. ¿Sus padres están
fuera de la ciudad?
Kimberly: Oye C. Mis padres aún están en MIA. ¡Celebremos el último día de invierno
esta noche en mi casa! Avísame. XO
a mañana del lunes llegó con un estallido de patas golpeando y otra ronda
de lamidas de perro cortesía de Harvey. Él no dejó mi lado el día anterior,
en parte porque permanecí en la cama el día entero, leyendo y durmiendo
siesta, y en parte porque le dejé tener la mitad de mi comida. De cualquier manera, no
estaba sorprendida de encontrarlo en mi cama la mañana del lunes, cerniéndose sobre
mí con amplios ojos y un eterno meneo de su cola.
Antes de irme hacia Austin, había estado en el equipo de baile y había vagado con
Chase y otros chicos populares. En esos días, Chase había sido la única persona que
realmente sabía la versión sin filtros de mi vida. Ahora, todos sabían que mi familia
estaba loca. Ya no había un punto de tratar de esconderlo más.
***
Inhalé la vista de él. Era algo a lo que nunca me acostumbraría: esa fácil sonrisa y
sus familiares ojos avellana. Al menos esta vez estaba usando una camiseta.
—Nah, adelántate.
La puerta delantera se cerró fuerte detrás de él, sacudiendo las ventanas frontales y
resaltando el hecho de que Chase y yo ahora estábamos muy solos en mi casa.
Él escogió el lado enfrente de mí, se sentó, y cortó mi línea de visión a las ventanas
así que no tenía otra opción más que encontrar sus ojos o ceder y mirar lejos.
—Hice suficiente para ambos dijo mientras bañaba sus panqueques con lo que
lucía como dos galones de jarabe.
Él arqueó una ceja, levantando una gran cantidad de huevos, y entonces me sonrió
mientras masticaba. No podía poner toda mi atención en él. ¿No entendía cómo se
suponía que se desarrollara esta situación? Nosotros estábamos destinados a ignorar la
existencia del otro e ir a nuestro asunto como de costumbre.
Él cruzó sus brazos. —Lilah, tiene sentido. Ambos estamos yendo al mismo lugar.
—Me gusta caminar. Aclara mi cabeza dije, moviéndome para poner distancia
entre nosotros y recuperé mi mochila de la entrada de la cocina.
Justo cuando colgué la correa sobre mi hombro, oí metal sonar contra la mesa de
la cocina. Cuando volteé, vi las llaves de su auto situadas sobre la cima de la madera
desgastada, directamente sobre el punto donde mi mamá siempre las ponía.
abía sabido que Lilah sería un desafío, pero estaba probándome que era
más complejo que cualquiera de mis viejas cámaras. Nadie en su sano
juicio rechazaba mis panqueques. Eran los mejores de Blackwater y
probablemente del mundo; esponjosos y suaves, aun así, tostados y dorados marrones.
Me senté en la mesa, mirándola tomar sorbos de jugo de naranja, y traté de pretender
que la esponjosa masa y jarabe de maple eran suficientes para ocupar mi mente. En
realidad, estaba pensando en cómo romper el hielo entre nosotros. Quería solo gritar,
“No es tu culpa. No es mi culpa. Vamos a perdonarnos el uno al otro y continuemos”.
Pero, algo me dijo que Lilah no respondería a una disculpa directa como esa. Era una
gata salvaje. Tenía que persuadirla de confiar en mí lentamente, y caminar a la escuela
con ella era el comienzo.
—Así que, te gusta el jugo de naranja para el desayuno, ¿eh? Vitamina C, ¿cierto?
No hubo respuesta.
Podía oír su música resonando a través de sus audífonos y sabía que no podía oír
una sola palabra de lo que yo estaba diciendo.
—Me gusta también. Es bueno cuando lo haces con unas frescas naranjas
exprimidas. ¿Recuerdas cuando nos manteníamos enterrando naranjas enteras en tu
patio trasero tratando de conseguir que crecieran árboles de naranja? ¿No lo hicimos
por un año antes de que tu papá nos dijera que no tenían semillas?
Sin respuesta, pero juro que ella apresuró su paso. No era un desafío mantenerlo
yo era casi treinta centímetros más alto que ella y ella ya tomaba dos pasos en cada uno
de los míos, pero la idea de que estuviera tratando de alejarse de mí me hizo reír.
Lilah se frenó y se quedó detrás de mí hasta que tuve que, o dejar de caminar, o
dejarla atrás.
Miré hacia atrás para encontrar su atención enfocada frente a nosotros, y cuando
seguí la línea de su visión, me encontré cara a cara con Trent Bailey.
Él estaba apoyado contra el gigante árbol de roble que estaba situado en el centro
directo del campo frontal. Los porreros lo habían reclamado como su territorio desde
el inicio de tiempo. Al segundo en que localizó a Lilah, se empujó fuera del árbol y
caminó para encontrarla.
Peleé contra mi mejor juicio para tratar de detenerla de dirigirse hacia él. ¿Desde
cuándo se junta con Trent Bailey?
Fue difícilmente algo, sin embargo. Un ojo sin entrenamiento se lo habría perdido
completamente, pero yo sabía lo que estaba haciendo. Había visto esa mirada cada vez
que molesté a Lilah cuando estábamos creciendo. Era ella hablando, el primer signo de
que estaba comenzando a volver y perdonarme.
—¿Por qué te importa? —le pregunté, molesta con el borde posesivo en la voz de
Trent. Él y yo no éramos una pareja. Casi no éramos amigos.
—Gracias por el consejo —contesté con altivez justo cuando Ashley se acercaba al
grupo. Su cabello rubio estaba secado al aire y ondulado, las mechas rosadas más
brillantes que nunca. Ella se había tomado el tiempo para perfeccionar su maquillaje
antes de la escuela, un concepto que no podía encontrar la voluntad de conseguir. Sin
embargo, se veía bonita.
—¿Quién tiene algo que no les importaría compartir? —preguntó con una
carcajada, golpeando su hombro contra el mío—. No hay forma de pasar el primer
período consecutivo.
Le dije adiós con la mano por encima del hombro y seguí caminando, tratando de
recordar que le vi de atractivo en primer lugar.
***
Debería haber ido a la escuela más temprano para finalizar mi horario de clases.
La oficina estaba llena de niños tratando de cambiar sus clases. Todos estaban
sentados allí con sus horarios amarillos en sus regazos, escribiendo las clases que no
querían tomar y tratando desesperadamente de reemplazarlas con algo más fácil. Ojalá
pudiera haber cogido uno de sus horarios e irme. Sentada a través de auto-mecánica
avanzada, escuchando a un montón de chicos de último año llorones rogar por períodos
libres.
—Tu escuela anterior en Austin me envió un correo electrónico sobre tus registros
—confirmó el señor Joy, escribiendo en su teclado.
Doblé mi horario por la mitad y me puse de pie. —En realidad, es mejor que vaya
a mi primera clase.
Lo ignoré y señalé a la planta de hiedra en la esquina. —Tiene que regar eso. Está
casi muerta. —Honestamente, ¿por qué querría consejo de un hombre que deja morir
sus plantas?
4
La Colocación Avanzada (Advanced Placement, AP) es un programa creado en Estados Unidos y
Canadá por la Junta Universitaria, que ofrece programas de estudios universitarios y exámenes a
estudiantes de preparatoria.
Me giré e hice mi camino por la abarrotada oficina, feliz de estar libre de la mirada
amable del señor Joy. Eché un vistazo a mi horario y marqué las clases que me
gustarían: AP Física, Literatura Inglesa, y AP Historia del Arte. Luego escudriñé las
clases que sin duda me aburrirían. Estaba negociando la AP de Ciencia Ambiental
para ser una ayudante del maestro para una clase de inglés de primer año. ¡Qué
verdadera pérdida de tiempo!
En otra vida, se suponía que era Kimberly. Estudiante de primer y segundo año de
secundaria que había sido co-capitana del equipo de baile de la escuela, rubia y
popular… pero yo era popular por el poder. Chase me había puesto en el centro de
atención, pero Kimberly estaba destinada a estar allí. Le habían dado una mano
perfecta en la vida, una que incluía buenos genes, una disposición dulce, y padres ricos
y cariñosos. Su padre era el único dentista en Blackwater y cuando ella sonrió, me
recordó el hecho de que había tenido frenos no una vez, sino dos veces. Una sonrisa
perfecta para una chica perfecta.
—No puedo creer que hayas vuelto —dijo, sonriéndome después de que me
envolvió en un abrazo unilateral—. ¡Te ves tan linda con ese corte de cabello, como
Emma Watson o algo así!
Ella notó mi retiro sutil. —¡Oh, duh! Tienes que ir a clase. ¿Por qué no vienes a
buscarme durante el almuerzo? ¡Podemos ponernos al día!
Asentí, aunque estaba confundida por lo que quería decir. No necesitaba atrapar a
Kimberly en mi vida; ella y el resto de esa pequeña ciudad sabían cada detalle sórdido de
principio a fin. Los secretos de mi familia habían sido arrancados, presionados,
conservados y puestos en exhibición.
No era justo que todos conocieran mis secretos, pero yo no conocía los suyos. Las
balanzas estaban inclinadas a su favor, y como no podía borrar los secretos de mi lado,
era hora de empezar a pesar los suyos.
Traducido por Juliette
—Está bien, me rindo con mi cabello. ¿Está casi terminado ahí? —preguntó
Elaine, dando vueltas para enfrentarse al puesto en el que Hannah se había encerrado
diez minutos antes—. Vamos a llegar tarde.
—¡Oh, Dios mío, vamos! —gritó alguien desde el fondo de la larga cola—. ¡Hay
otras personas esperando!
El baño era pequeño, solamente tres puestos en total, y Hannah había ocupado
uno de ellos durante demasiado tiempo.
Ella frunció el ceño. —Hannah. ¿Qué estás haciendo? —Ella se puso de pie y
sacudió la puerta cerrada—. Déjame entrar.
Durante las últimas semanas, Elaine había notado que Hannah estaba
apagada. Ella no había querido hablar de su cercana mudanza a Austin, ella no había
querido navegar a través de anuncios clasificados para apartamentos. Elaine había
asumido que se estaba poniendo los pies fríos, pero cuando Hannah abrió la puerta
para dejar que Elaine entrara en el puesto con ella, temió que fuera mucho, mucho
peor.
El birrete de graduación de Hannah estaba boca abajo en el suelo del baño, sucio y
olvidado. Su vestido de graduación estaba desabrochado y caía de su hombro. Su
maquillaje estaba manchado y sus lágrimas llevaban rímel por sus mejillas en líneas
negras y manchadas.
Elaine se acercó, tratando de consolar a su amiga, y ahí fue cuando Hannah abrió
los puños, revelando la delgada prueba de embarazo escondida en su interior. Dos
pequeñas líneas rosadas se estiraron a través de la ventana de resultados.
Esas dos líneas rosadas tomaron sus mejores planes y los convirtieron en polvo.
mitad del primer día de haber regresado Lilah, entré en la cafetería con
mi bandeja de comida y traté de encontrarla. A pesar de que la mayoría de
todos habían crecido juntos, los deportistas todavía comían con los
deportistas, y así sucesivamente. Todo el mundo tenía su lugar no oficial asignado a
todos excepto Lilah.
—No puedo creer que fueras amigo de Lilah Calloway. —Connor soltó después de
tomar un bocado enorme de su hamburguesa—. Ella está en mi segundo período y me
da miedo.
—Bueno, creo que está más caliente ahora que antes. Parece un vampiro sexy o
algo así —añadió Brian.
Entrecerré mis ojos hacia él, preguntándome cuántos otros chicos de la escuela
tenían algo por Lilah. Trent seguro que lo hacía.
—Kim, ¿sabes si Lilah y Trent están saliendo? —le pregunté, cogiendo un puñado
de papas fritas.
Ella estaba jugando con algo en su bolso. —Oh, no estoy segura. ¿Acaso no acaba
de volver a la ciudad?
—Sí, el sábado.
Ella cerró su bolso con un fuerte tirón. —Puedo preguntar por ahí ¿si quieres?
Me encogí de hombros, tratando de pensar en una buena excusa para por qué me
importaba la vida amorosa de Lilah. —Sí, odio a ese chico, así que si va a estar
rondando su casa, me gustaría saberlo.
Ella asintió, aún sin mirarme a los ojos, y me preguntaba si había cometido un
error. Kimberly y yo habíamos salido el año anterior, pero habíamos sido amigos, solo
5
Hace referencia a los protagonistas de la Serie Crepúsculo.
amigos, por un tiempo. Pedirle ayuda a Lilah probablemente no fue la decisión más
inteligente, pero necesitaba saberlo.
***
AP Física era mi última clase antes de la práctica del béisbol y el maestro, el señor
Jenkins, tenía una manera de hacer el período de cuarenta y cinco minutos de
estiramiento por lo que se sentía como horas. Entré en el aula y arqueé mi botella de
agua vacía en el recipiente de reciclaje cerca de su escritorio. Aterrizó suavemente
dentro de la papelera, pero el señor Jenkins todavía me miraba con furia por encima de
sus gafas de lectura estilo años 80 y señalaba con el dedo mi escritorio.
Nuestra clase de física estaba establecida para que todos trabajaran en parejas.
Cada par compartía una pequeña mesa negra, que explicó por qué Lilah estaba de pie
por sí misma: ella no tenía un asiento asignado todavía. Dejé caer mi mochila en mi
silla y luego miré alrededor de la habitación. El señor Jenkins nos había emparejado el
semestre anterior, así que a menos que alguien hubiera dejado el curso, Lilah tendría
que trabajar sola o unirse a un equipo de dos.
—Eh, en realidad, puedo trabajar sola —protestó ella con una voz tranquila y
firme.
Él cerró los ojos, se quitó las gafas de la cara y masajeó la piel junto al puente de
su nariz. —Por favor, haz lo que te pido.
Sonreí y me volví hacia Lilah. Sus brillantes ojos estaban furiosos. Todos los
estudiantes de la clase se habían vuelto a mirarla y un rubor profundo se extendió por
sus mejillas y cuello. Saqué una silla de la esquina de la habitación, empujé a Connor
hacia la ventana y dejé caer la silla vacía al otro lado de la mía.
Esperó hasta que sonó la campana final y luego se sentó a mi lado, colocándose en
la silla para estar lo más lejos posible de mí.
—¿Es tu idea de una broma? —susurró mientras el señor Jenkins se ponía de pie
para comenzar la lección de ese día.
Lilah nos ignoró mientras el señor Jenkins empezaba a dibujar una ecuación en la
pizarra. Por primera vez podía recordar, estaba emocionado de estar en la clase de
física del señor Jenkins.
Traducido por Mariela
abía por los años anteriores que Chase tenía práctica de béisbol después de
la escuela de lunes a jueves, así que no me molesté en esperarlo después de
la última campanada. Me puse mis audífonos encendí mi iPod, e irrumpí en
el pasillo inundado de gente hasta que llegué a la puerta lateral de la escuela. La abrí e
inhalé una respiración profunda de aire fresco.
En días como ese, cuando el invierno se está retrayendo y puedo finalmente sentir
el sol nuevamente, es difícil recordar porque odio tanto la temporada de primavera.
Ese aire fresco debería haber tenido posibilidades, pero daría un paso hacia la
primavera y los recuerdos tristes volverían a mis pensamientos tan duros que tendría
que cerrar fuertemente mis parpados para controlar el dolor residual.
Mi madre había sido un camaleón y durante siete años llevaba una apariencia:
madre. Ella había encajado en el papel tan bien que era difícil para mí envolver mi
cabeza alrededor de su ser todo menos perfecto. Antes de los siete años, mis recuerdos
de ella eran buenos y felices, como deberían haber sido. Tal vez por eso me había
cegado tanto cuando un día había empacado sus maletas y explicado que ya no podía
vivir con nosotros. No quería estar casada, no quería ser madre, quería libertad.
Era primavera cuando mi madre nos había dejado por primera vez. Tenía siete
años. Era difícil saber lo que estaba pasando entonces, cuando mi madre salió ese día,
mi papá me dio una versión G6 de la verdad, pero ahora que había tenido once años
6
G – se refiere a una versión apropiada para menores de edad.
para estudiar los recuerdos y formarlos en coherentes acontecimientos, todo tenía
sentido.
Libertad.
En ese momento, estaba confundida acerca de por qué ella no podía tener libertad
con nosotros, y entonces me di cuenta de que la libertad era un eufemismo, y un pobre
en eso. Para ella, la libertad representaba todo lo que se había visto obligada a
abandonar por mi culpa: fiesta, píldoras y hombres extraños.
Salí corriendo de la casa tras ella, pero mi padre me retuvo. Grité por ella en nuestra escalera
del porche mientras llevaba dos maletas rotas hacia el viejo Camaro negro que la esperaba al final
de nuestra entrada. El coche retumbó tan fuerte que, al principio, pensé que no podía oírme llorar.
Grité más alto mientras cargaba las maletas en el asiento trasero y el tipo sentado detrás del
volante se volvió para mirarme. Colgó un cigarrillo entre sus dedos y pude ver los tatuajes oscuros
serpenteaban alrededor de su brazo. Tenía una gorra de béisbol negra baja, cubriéndose los ojos, y
después de que mi madre se metiera en el asiento del pasajero a su lado, condujo ese coche lo más
rápido posible, chirriando sus neumáticos en el pavimento.
El recuerdo de aquel día se desvaneció cuando doblé la esquina para ver mi casa
estando vacía y en silencio. Nada había cambiado. Todavía podía imaginar al Camaro
negro en la calzada, aunque las marcas de los neumáticos se habían desvanecido hace
años.
Caminé por el sendero delantero, lista para subir las escaleras desvencijadas,
cuando de repente, vacilé. No había nada para mí dentro de esa casa. Mi papá y Chase
estaban en la práctica de béisbol. No tenía tarea ni secretos nuevos para divertirme. No
tenía nada para distraerme de viejos recuerdos. Alcancé mi teléfono y envié un
mensaje a Trent por impulso.
Después de golpear enviar, me volví y me senté al pie de las escaleras del porche,
tratando de sacar la imagen de mi madre de mi mente. Un segundo después, mi
teléfono zumbó.
Estaba a un corto paseo del barrio pobre a través de la calle Main. Trent me estaba
esperando cuando llegué a su antigua casa bungaló. Pateó la puerta de la pantalla
abierta y me lanzó una mirada de conocimiento mientras caminaba por el camino de
grava. Un gato atigrado perdido cruzó delante de mí, mirándome para arriba con ojos
nerviosos.
—Estoy bien. Vamos a tu habitación. Tengo que estar de vuelta antes de que mi
papá llegue a casa de la práctica. Quiere cenar como familia.
Pasamos por su casa oscura hasta que llegamos a su habitación. Era imposible
perderse el olor a humo antiguo. Había manchas amarillas en la alfombra de orígenes
indiscernibles y carteles que cubrían todas las superficies disponibles de sus paredes.
Cuando llegué a su cama, me quité los zapatos y volví a caer sobre las gastadas
sábanas. Trent me siguió a su habitación y se sentó en su escritorio para iluminarse.
Si contenía mi aliento, podía fingir que sus sábanas olían como el gel de ducha que
había aparecido en nuestro baño de arriba cuando Chase llegó. Lo había usado esa
mañana por un capricho, queriendo ver si su olor podía frotarse en mí.
No era el sexo lo que me hizo volver a chicos como Trent; esa parte ni siquiera era
tan grandiosa. Fue después, cuando nos acostamos. Durante unos minutos fingí que
era una chica que era amada y podía amar. Fingí que, en lugar de otro chico triste, un
tipo sin nombre, eran mi alma gemela, un muchacho que había conocido toda mi vida.
Traté de alejar la tristeza. No sabía por qué me estaba golpeando allí de todos los
lugares. Se suponía que debía estar allí para huir de mis recuerdos, pero incluso
cuando cerré los ojos y apreté las sábanas de Trent entre mis dedos, tuve la repentina
necesidad de gritar.
Mierda.
—Lo siento, estoy totalmente distraída. Mi papá llega a casa temprano hoy. Te
veré en la escuela —balbuceé antes de salir de su habitación. Recuperé mi mochila de
la entrada, forcé mi Converse y empujé a través de la puerta de la pantalla.
***
Quería que todo fuera sencillo, pero cada vez que le daba un poco más a Chase,
una risa o una sonrisa, sentía que la culpa me envolvía el cuello como una vid,
asfixiándome centímetro a centímetro.
Balance restaurado.
Traducido por Mariela
Elaine puso los ojos en blanco. —Por supuesto con Chris. ¿Quién más...?
7
OB/GYN – abreviatura de obstetricia y ginecología.
—Elaine, ¿escuchaste al doctor? Ese es el sonido del corazón de ella.
Hannah sonrió y buscó su vientre creciente por instinto. —Oh, es solo que estoy
teniendo un bebé varón, así que pensamos...
—¡No puedo creer que ambas vamos a ser mamás! —Hannah estaba eufórica con
la noticia, rebotando alrededor de la habitación en una nube que Elaine no podía ver.
Tenía un sentido perfecto para ella. Eran almas gemelas, amigas, hermanas. Se
suponía que debían caminar por la vida brazo con brazo y eso incluía experimentar la
maternidad juntas—. Somos jóvenes, pero eso está bien. Nuestros hijos crecerán juntos
e incluso estarán en el mismo grado. Creo que estarán...
Elaine frunció las cejas, eligiendo mirar fijamente un punto en el techo en lugar de
encontrarse con los ojos de su amiga. —¿Crees que alguien con mi pasado debería ser
realmente responsable de una pequeña vida? No tengo ni idea de lo que estoy haciendo
y mi familia no era el mejor ejemplo para aprender.
Hannah arrojó la ropa de Elaine a la mesa de examen y lanzó sus manos al aire.
¡Yo tampoco sé lo que estoy haciendo! Estoy embarazada de seis meses y estoy tan
confundida como tú. Cruzó la habitación y se agachó para agarrar la mano de su
amiga. Podemos hacerlo juntas. Tendremos el apoyo mutuo.
Elaine quería creerle. De las dos, Hannah era la eterna optimista, una proveedora
de esperanza y posibilidad. En un mundo perfecto, Hannah y Elaine serían grandes
madres y solo por esta vez, Elaine quería creer en un mundo perfecto.
uando terminé de salir con Brian después del segundo día en la escuela,
las luces del porche estaban encendidas en la casa de los Calloway. Entré y
quité mis zapatos sucios, escuchando cualquier sonido de vida. La
televisión estaba encendida en la sala de estar, pero nadie la estaba viendo. Ya había
cenado en la casa de Brian, así que pasé por alto la cocina y me dirigí a la escalera,
oyendo los débiles sonidos de música tan pronto como llegué a la cima.
Connor pensó que ella parecía un vampiro sexy, pero esta siempre fue la mejor
versión de Lilah. Solo ella.
No se movió.
Lilah puso una mano tentativa sobre él. —Ah, jum, no sabía cuándo estarías en casa
así que le di de comer. Fue la misma cantidad que te vi darle de comer esta mañana.
—Lo siento si eso estuvo mal. Simplemente no quería que tuviera hambre
continuó.
—Gracias —dije, ofreciéndole una sonrisa para que supiera que lo decía en serio.
Sus ojos marrones sostuvieron mi mirada por otro momento antes de golpear el
borrador del lápiz en la página de su libro.
Sonreí. Por supuesto que estaba avanzada. Quería salir de esta ciudad lo antes
posible.
Una vez que mis herramientas fueron organizadas en filas ordenadas, tomé un
asiento y comencé a trabajar. Había intentado que Connor y Brian repararan cámaras
conmigo. El pago les había interesado, pero ninguno de ellos le encantó la forma en
que lo hacía. Creo que fue la aleatoriedad de ello que lo consiguieron. Cada cámara
era diferente y no había ninguna fórmula simple a seguir.
Terminé de limpiar una vieja Canon y luego recogí mi teléfono para llamar a mi
papá. No era uno de los números que llamaba a menudo, así que me desplacé a través
de los contactos y me moví sobre las D. Él no había estado en casa cuando yo había
empacado mi camioneta y salido de la casa el sábado. Me había imaginado que habría
llamado por ahora, viendo que no había estado en casa durante los últimos cuatro días,
pero no había habido nada más que silencio de radio.
Tenía tres horas hasta la primera campana, y la tienda de café en la plaza pública
no habría hasta las 7 a.m. Froté mis ojos para alejar el sueño y caminé alrededor de la
plaza, tratando de encontrar una distracción. La plaza imitaba el patrón encontrado en
la mayoría de las ciudades pequeñas de Texas: tiendas y restaurantes bordeando el
perímetro, y precisamente en el medio de un medio acre de césped verde se posaba un
ayuntamiento hecho de ladrillos de caliza entretejidos. Años atrás, el escultural edificio
había alojado gobernantes de la ciudad, pero ya no. Costaba demasiado para
mantenerla, así que la ciudad había comenzado a alquilar el primer y segundo piso
para una oficina de abogados y una empresa de propiedades de bienes raíces. Los
negocios saltaron al espacio de la principal oficina, y Blackwater no tuvo que sellar su
ayuntamiento.
Pasé caminando junto a las vidrieras con maniquís bien vestidos y una nueva
tienda de velas que había abierto mientras yo había estado en Austin. Mi paseo sin
dirección eventualmente terminó fuera de la tienda de reparaciones de Matthews. El
viejo cartel rojo en la ventana leía “Cerrado” y estaba inclinado fuera de equilibro, como si
alguien hubiera estado apresurado de voltearlo e irse. Fuera de la entrada, apilada
sobre la acera contra la puerta frontal, había una media docena de cajas y paquetes
dejados sin reclamar.
Miré alrededor para confirmar que la plaza aún estaba desierta y entonces volteé
para revisar el bloqueo en la puerta. El señor Matthews usaba un simple candado de
cable y cuando iluminé la luz de mi teléfono a la cerradura, descubrí por qué. Había
una llave rota dentro que nunca se había molestado en sacarla. En su lugar, había
anudado un candado de cable entre la manija de la puerta y un gancho sobre el marco
de la puerta. Parecía como el trabajo de un demasiado astuto niño de ocho años
intentando mantener a sus padres fuera de su habitación. Cualquiera con un alicate
podría romper a través del cable.
—¿Cómo lo hiciste tan rápido? preguntó Connor con los ojos amplios.
Ella se inclinó para recuperar un libro de textos de su mochila. —Él anunció las
preguntas en el sitio web de la clase anoche.
—Dulce dijo Connor, agarrando su lápiz así que él podría comenzar a copiar
sus respuestas sin duda.
—Sabes que se suponía que trabajáramos en ellos juntos dije, osando una mirada
en su dirección.
Ella estaba girando las páginas a través de sus libros de física, volteando hacia la
sección de electricidad y magnetismo que no se necesitaba comenzar por otras dos
semanas.
—Sí, bueno, no soy realmente el tipo de chica de proyectos en grupo,
especialmente cuando puedo resolverlos todos yo misma.
Sus pálidos ojos se deslizaron a los míos mientras trataba de estimar si yo estaba o
no engañándola.
—Olvidaste contar la energía perdida en la fricción. Dice que podíamos pasar por
alto la resistencia del aire, no la fricción.
Ella escaneó la explicación del problema, gimió, y entonces alcanzó su lápiz así
podía comenzar a borrar su trabajo. Connor siguió adaptando, y pronto Lilah y yo
estábamos trabajando juntos para derribar los problemas. Yo leería el problema,
descubriría que ecuación usar, y Lilah confirmaría mi suposición o discutiría su punto.
Connor ofreció apoyo demasiado entusiasta y copió cualquier cosa que escribimos.
Incluso sin su ayuda, fuimos el primer grupo en terminar.
El señor Jenkins nos estudió sobre el marco de sus gafas mientras dejamos caer los
papeles sobre su escritorio.
Lilah regresó a su libro de texto tan pronto como alcanzamos nuestros asientos,
pero estaba demasiado ansioso para continuar trabajando; había solo quince minutos
hasta el fin de semana.
—Psst, Lilah.
Lo ignoró y giró la siguiente página de su libro de texto.
Idiota. Lo pateé bajo la mesa. Él había estado rogándome sobre detalles sobre Lilah
toda la semana. Se sentía como todos estuvieran en un secreto excepto él. Debía
haberle dicho que sabía que él intentaría ir directo a la fuente. Volteé hacia Lilah,
esperando que se encontrara completamente callada, pero se encogió de hombros
como si su pregunta no significara nada en lo absoluto.
—Es una vergüenza dijo, marcando sus libros de texto con su lápiz. Una parte
de mí esperaba que fueras mejor para hacer preguntas que respondiéndolas.
onnor tenía mucho que aprender. Quería conocer el secreto sobre el que
cada estudiante estaba susurrando en los corredores, pero no iba a
aprenderlo de mí. Los secretos no eran transmitidos en conversaciones en
voz alta; ellos eran susurrados en los corredores entre clases como un producto. Un
secreto por un secreto. Si se hubiera acercado a mí en el corredor antes de clases con
un buen cambio, quizás se lo habría dicho. Podía haberlo entretenido con el miserable
cuento entero, pero sabía que no tenía ningún buen secreto. Sería un desperdicio de
recuerdos. Él solo tenía que preguntarle a alguien más.
Tan pronto como caminé fuera de física, me dirigí hacia la salida más cercana y
saqué mis audífonos de mi mochila.
—¡Lilah!
—¡Lilah!
Maldije en voz baja y volteé a tiempo para ver a Chase corriendo para alcanzarme.
Él había dejado a su grupo de amigos atrás, dos sujetos del béisbol y varias animadoras y
ellos permanecieron mirándolo con expresiones impresionadas. Crucé mis brazos
sobre mi pecho mientras mi mirada encontraba la de Kimberly. Por un breve segundo,
no estaba segura de qué expresión vi detrás de sus cristalinos ojos azules, pero entonces
ella sonrió y me ofreció un pequeño saludo.
—Tus amigos probablemente no están felices con que los botes dije, volteando
hacia la acera, sabiendo que él caerá en el lugar junto a mí.
—Bueno, tú eres mi amiga más antigua, así que tú tienes máxima prioridad.
—Bueno, odiaría alejar eso de alguien que realmente lo quiere dije, presionando
reproducir en mi iPod.
Eché un vistazo a mis vaqueros ajustados y camiseta Black Keys. La camiseta era
cómoda y se ajustaba bien a mi cuerpo. No había pensado en la fiesta cuando me había
vestido esa mañana antes de la escuela, pero tendría que hacerlo.
Ella buscó en su armario y sacó una minifalda de cuero negro. —Aquí, ponte esto
al menos.
Lo atrapé mientras me la arrojaba y decidí que explorar y usar la falda sería más
fácil que pelear sobre ello. Tuve que elegir mis batallas con ella. Ya estaba molesta
cuando le dije que había terminado de tomar Molly.
—¿De dónde sacaste esas píldoras de todos modos? —pregunté mientras
desabroché mis vaqueros y me metí en la falda. Ojalá tuviera una o dos pulgadas más
de tela, pero solo la jalé hacia abajo y luego anudé mi camisa por encima de mi cintura
por lo que parecía un conjunto intencional. Pasé mi mano por la rendija de mi
estómago expuesto, luchando contra una curiosidad intrusiva: ¿cómo sería tener las
manos de Chase allí?
—No lo recuerdo. Un tiempo atrás las conseguí. Todavía voy a tomar una, incluso
si tú no estás —amenazó mientras colocaba su máscara en el espejo del baño.
—Sé mi invitada —dije, haciendo una nota mental para rastrearla en la fiesta.
Ella dejó caer su máscara en el mostrador y luego giró hacia mí. Había rehecho las
mechas rosadas en su cabello rubio ese mismo día para que fueran aún más vibrantes.
Me concentré en ellas mientras hablaba.
—Simplemente no veo cómo puedes vivir cruzando el pasillo frente de él. Eso
sería tan extraño.
Sus palabras estaban raspando las costras que no estaba lista para recoger. —Lo
que sea. ¿Estás casi lista? Trent nos recoge en cinco minutos.
Chasqueó sus labios y extendió la mano para tomar una bolsa de pastillas blancas
de su bolso.
Trent: Fuera.
Perfecto.
—Te ves sexy, nena. —Trent silbó mientras yo saltaba hacia el asiento trasero.
Duncan se giró para inspeccionarme y su sonrisa me dio ganas de vomitar. Me recordó
a una serpiente con los pómulos hundidos y barbilla que se afilaban en un ángulo
agudo.
—¿Dónde está Ashley? —preguntó con una ceja arqueada, golpeando con los
dedos el volante con impaciencia.
Duncan se frotó las manos con avidez. —Será mejor que traiga a Molly con ella.
Me conecté con Sasha la semana pasada y no puedo enfrentarla a menos que me
jodan.
—Lo siento, tuve que asaltar el armario de licor de mis padres. Sasha siempre se
agota —dijo, sacudiendo las botellas de agua, que luego me di cuenta de que estaban
llenas de vodka, no de agua.
—Muy bien —comentó Duncan, cogiendo una de las botellas y tomando un trago.
Trent encontró mis ojos en su espejo retrovisor y me dio una pequeña sonrisa. Me
encogí de hombros y sonreí, rezando para que fuera un aliado. Si Duncan y Ashley
estaban ebrios y drogados, serían un desastre.
Sasha Olsen era una estudiante de tercer año en nuestra escuela con padres muy
ricos, muy negligentes. La dejaban cada pocos meses para irse a algún lugar exótico, y
aprovechaba la oportunidad para hacer fiestas en su residencia en las afueras de la
ciudad. Trent explicó que había aumentado su juego aún más mientras yo había estado
ausente. Había generalmente una hoguera y unos pocos barriles, y a diferencia de otras
fiestas alrededor de nuestro pueblo, las fiestas de Sasha no eran exclusivas a una
hermandad. Todos en nuestra escuela eran bienvenidos.
Trent se puso junto a mí, rozando su mano a lo largo de la piel desnuda entre mi
camisa y mi falda. Su toque era cálido, pero me recordó a Chase. ¿Por qué? ¿Por qué?
¿Por qué de repente era imposible olvidarlo? Intenté sacarlo de mi mente, pero sabía que
estaría en la fiesta.
Me dirigió una sonrisa confiada. —Simplemente te ves tan bien, no quiero que te
vayas volando por otro tipo.
Yo no había estado esperando una respuesta tan honesta de él y por alguna razón
no me sentó bien. No quería salir con Trent, apenas lo conocía, pero ceder era más
fácil que pelear contra él, y molestarlo significaría que no tendría viaje de vuelta a casa.
—¿Quieres un trago?
En ese momento miré a través de la habitación e hice contacto visual con Chase
apoyado contra el mostrador de la cocina. Estaba rodeado de amigos, pero sus ojos de
color avellana estaban sobre mí y sus cejas estaban arqueadas en pregunta.
Mi primer instinto fue empujar a Trent tan lejos de mí que nunca más volvería,
pero me quedé allí, completamente quieta, esperando que la vida continuara como
estaba planeado. Se sentía como si estuviéramos colgando allí mirándonos uno al otro
durante horas, hasta que finalmente Kimberly empujó el lado de Chase y se puso de
puntillas para susurrar en su oído.
Verla allí se sentía como un puñetazo al estómago y tuve que luchar contra el
impulso de doblarme hacia adelante y agarrar mis rodillas hasta que la sensación
pasara. Conté hasta tres. Uno. Chase y yo solíamos ser amigos, pero ya no somos más. Dos.
Kimberly estaba allí para él cuando yo no podía estarlo. Tres. Estoy aquí con Trent y él está
aquí con ella. Hecho.
—Gracias, madre, pero estaré bien. —Puso los ojos en blanco y se volvió hacia
Duncan quien la arrastró hacia un beso descuidado. Quería estrangularlos, pero me
tragué mi molestia justo cuando una mano tocó mi hombro. Era demasiado fuerte y
familiar para ser de Trent.
—¿Lil? —repitió Trent mi apodo, probándolo por primera vez con una ceja
fruncida.
Chase sonrió. —La he llamado así desde que éramos niños —aclaró, soltando mi
hombro al mismo tiempo que Trent rompía su conexión con mi cintura.
—Estaba a punto de conseguir una bebida para Lilah —dijo Trent cruzando los
brazos sobre su pecho.
Chase entrecerró sus ojos por un momento. —Momento perfecto entonces, gracias
amigo.
Asentí con la cabeza hacia Trent, incapaz de encontrar palabras para ocultar la
torpeza.
Caminamos más allá de Trent hacia el patio trasero. Pude ver la hoguera a través
de las ventanas y justo antes de abrir la puerta trasera, vi el reflejo de Chase en el
cristal. Su rostro estaba enfocado, afilado. Sus ojos no tenían el humor que usualmente
tenían.
Estiré mis piernas y crucé los pies mientras Chase se sentaba a mi lado.
El silencio colgó entre nosotros mientras esperaba que hablara primero. Cuando
no lo hizo, mordí la bala.
—No lo estoy.
—No estamos saliendo. Solo quiere dormir conmigo. No es que sea asunto tuyo.
Chase maldijo entre dientes y se inclinó para apoyar sus antebrazos en las piernas.
Sus manos estaban apretadas tan fuertemente que sus nudillos se volvieron blancos.
—No deberías hacer preguntas si no puedes manejar las respuestas —escupí con
los ojos entrecerrados.
—Deberías hacerlo.
Me incliné hacia delante para emparejar su postura y dejamos que el silencio nos
envolviera una vez más. Hacía tanto tiempo que no nos sentábamos juntos. Se sentía
como si estuviera tomando un viaje por el carril de la memoria y la comodidad sacó
preguntas fuera de mí que no había pensado durante años.
—¿Por qué no estás tan dañado cómo yo, Chase? ¿Después de todo lo que ha
pasado?
Me quedé mirando el fuego y asentí, dejando que sus palabras se hundieran antes
de hablar de nuevo. —¿Y si he superado el punto de retorno?
Sus ojos avellana escudriñaron mi rostro. —No lo estás. Solo necesitas un poco de
ayuda.
Rodé mis ojos. —¿Y crees que serás la persona que me ayudará?
Mis ojos cayeron sobre sus labios mientras él se inclinaba, peligrosamente cerca.
La mitad de sus rasgos estaban iluminados por la luz del fuego y la mitad de ellos se
proyectaban en sombras. Era una imagen peligrosa: Chase inmerso en la oscuridad
para ayudar a tirar de mí a la luz.
—Oye Chase, Kimberly necesita tu ayuda —llamó una voz desde la puerta de
atrás, interrumpiendo nuestro momento. Levanté la vista para ver a Connor parado en
la puerta, esperando a que Chase se levantara. Sus ojos se movieron hacia mí y él se
encogió de hombros disculpándose.
—El deber llama —dije, levantándome del tronco y alejándome de la hoguera. Era
el primer momento real que había tenido con Chase en dos años y yo había estado tan
cerca de dejarlo entrar de nuevo, tan cerca de cerrar la brecha entre nosotros y besarlo
sin sentido. Pero Chase lo había dicho mejor: esta era nuestra historia y los finales
felices son pocos y distantes entre sí. Siempre nos moveríamos en direcciones opuestas;
después de todo, él era el chico de oro, y yo era la chica perdida.
Traducido por Antonietta
Había logrado alejarla de Trent por unos pocos minutos y supe que me estaba
metiendo a través de ella, pero no era suficiente. Necesitaba más tiempo.
—¿Estabas a punto de conseguirlo con Lilah? —preguntó Connor con una sonrisa.
Sus ojos se ampliaron y sostuvo sus palmas hacia arriba en señal de redención, yo
nunca le había gritado así. —Guau, como sea hombre. Solo ven a ayudar. Kimberly
está borracha y vomitando en el baño. Sigue preguntando por ti.
—¿Vasos reales o solo los pequeños? —Se rio tontamente antes de comenzar a
contar las bebidas con sus dedos. Cuando pasó una mano, sacudí mi cabeza.
Ella empujó su labio inferior hacia afuera. —No. No. ¡Quiero que tú me lleves!
Brian caminó de regreso a la bañera, herido por su rechazo. Había sabido desde el
principio que fue un error salir con Kimberly. Cada vez que algo comenzaba entre
nosotros, trataría de decirme que tenía sentimientos por ella. Fui lo suficientemente
estúpido como para usarla como una distracción, esperando que mis sentimientos
eventualmente se pusieran al corriente con los de ella, pero nunca pasó. Era
inteligente, hermosa y amable, pero no era Lilah.
Era momento de poner fin para siempre. —No me voy a ir todavía. Necesito
encontrar a Lilah.
Dejo que su labio inferior se deslizara sobre sus dientes y miró de vuelta hacía
Brian. —Está bien, Brian, ¿te importaría llevarme a casa? —Sonrió— ¿Por favor?
Brian, ileso de su rechazo anterior, parecía como si justo hubiera ganado la lotería
diez veces. —¡Seguro! Sí, déjame ir a buscar mi auto. Nos vemos en el frente, chicos.
Salió disparado del baño, dejándome solo con Kimberly. Me le acerqué para
ayudarla a ponerse de pie y lanzó su peso contra mí. Coloqué su brazo alrededor de mi
hombro y envolví mi mano alrededor de su cintura así podía cargar con algo de su
peso. En el segundo que salimos del baño, comenzó a reírse de nuevo.
—Debería haber sabido que nada había cambiado. Tú amas a Lilah taaaanto. Es
tan lindo. Sabes que ella es muy agradable y trata de esconderse con todo el cabello
negro, pero sigue siendo tan bonita. Me pregunto si querría ser mi amiga de nuevo
siguió divagando y no pude evitar sonreírle. Al menos era una borracha burbujeante.
Habíamos llegado a la mitad del camino a través de la sala de estar cuando miré
hacia arriba y vi a Lilah de pie con Trent contra la pared. Su brazo la estaba
enjaulando en un lado mientras él se inclinaba para hablarle, pero ella no lo estaba
viendo. Sus ojos estaban trabados en mí y en Kimberly. Miró a Kimberly sonriéndome
y luego su mirada cayó a mis manos envueltas alrededor de la cintura de Kimberly.
Apretó sus ojos cerrados mientras procesaba lo que pensaba que estaba viendo.
Cuando los abrió de nuevo, eran una sombra más oscura y se estrecharon con ira. La
vi levantarse sobre sus dedos de los pies, envolver su mano alrededor del cuello de
Trent, acercar su rostro al de ella, y besarlo. Él había estado a mitad de una oración,
pero lo besó duro y robó el resto de sus palabras.
Traducido por Antonietta
o sé por qué besé a Trent. En el pasado, ver a Chase con Kimberly había
encendido una lenta llama en la boca de mi estómago, pero ahora era un
reguero de pólvora, quemándome de adentro hacia afuera. Ver su brazo
alrededor de ella, verla sonriéndole a él, ver sus rasgos complementarse perfectamente
uno al otro fue suficiente para enviarme sobre el borde. Acerqué el rostro de Trent al
mío y traté de canalizar cada gramo de rabia en un beso, pero no funcionó. Su aliento
tenía sabor a tabaco rancio y cuando cerré mis ojos, todavía veía la mirada avellana de
Chase mirándome fijamente.
Cuando miré de regreso donde Chase había estado parado hace un momento, se
había ido. Se había ido con Kimberly.
Bien.
—Me gusta cuando tomas las riendas —dijo Trent, sumergiendo su cabeza más
abajo y besando el lado de mi cuello.
Duncan nos llevó al baño que Kimberly y Chase habían dejado unos minutos
antes. Ashley estaba sentada en el suelo con sudor cubriendo su frente. Sus ojos
dilatados se encontraron con los de Duncan, y cuando toqué su frente, estaba
ardiendo.
Ashley estaba agarrando sus rodillas y rechinando sus dientes. Traté de conseguir
su atención, conseguir que se enfocara en mí, pero sus ojos azules se lanzaban en todas
las direcciones excepto en la mía.
No sonaba como ella misma y la forma cómo sus ojos estaban lanzándose
alrededor de la habitación estaba empezando a asustarme.
Cuando tenía siete años, hubo unos meses cuando mi madre debe haber empezado
a darse cuenta de que su adicción ya no era manejable. Intentó ocultar su creciente
dependencia al alcohol, pero yo había llegado a casa de la escuela y la encontré en el
baño, vomitando y balbuceando cosas que no pude discernir. Sostuve su cabello, de la
misma forma como sostengo el de Ashley ahora, y me pregunto si esto era lo que
hacían otros niños de siete años de edad cuando llegaban a sus casas de la escuela.
—Le conseguí un poco más de agua —dijo Duncan, tambaleándose hacia el baño.
Sostuve el vaso de agua sobre sus labios de nuevo así podría tomar pequeños
sorbos. Si ella pudiera absorber algo de agua antes de vomitarla, se comenzaría a sentir
mejor.
Había estado alrededor de personas como Ashley en Austin, otros chicos a los que
les gustaba presionar sus límites. Incluso yo lo hice de vez en cuando, esperando
encontrar el mismo consuelo que mi mamá había encontrado. Quería sentir lo que ella
había sentido. Quería saber qué era tan atractivo sobre estar tan fuera de tu cabeza que
no pudieras reconocerte nunca más. Estaba comenzando a creer que tal vez ella y yo
no estábamos conectadas igual. Para mí, la elevación nunca valía la caída.
Había cruces por todos lados, el tipo que encuentras en pequeñas boutiques del
país con cintas y deslumbrantes piedras preciosas. Una pequeña colección colgaba
directamente detrás del inodoro, lo cual parecía un lugar extraño para mostrar la fe,
pero no profundicé en ese hecho. En cambio, me giré hacia el gabinete de medicinas.
Viagra.
Disfunción eréctil.
Efedrina.
Finasterida.
Xanax.
Valium.
No fue hasta más tarde cuando me recosté para dormir que recordé que la mamá
de Sasha fue la periodista que había escrito el artículo sobre mi madre para el periódico
de nuestra ciudad. Era un artículo de una página de largo destacando los puntos más
oscuros de la lamentable vida de mi madre, y fue impreso en el mismo periódico que
más tarde colocó su abreviado obituario.
—Buenos días, Lil —dijo Chase mientras mi papá se inclinaba hacia atrás en sus
talones para besarme en la parte superior de mi cabeza.
—Sabes, un día voy a ir a mi armario y voy a encontrar que todas mis camisetas
han desaparecido —denotó a mi papá con una sonrisa.
Había comenzado a robar camisetas de su armario cuando era más joven y nunca
me había detenido. Eran viejas, desgastadas y olían a él. No estaba segura de por qué
seguía usándolas, pero no tenía planes de parar.
—Puedes tomar prestada alguna de las mías —susurró Chase así mi papá no
podría escuchar por encima del sonido de la batidora.
Asintió. —Es un buen día para eso. Podríamos limpiar algunas macetas y luego
dirigirnos a la tienda por algo de abono.
Yo estaba mirando abajo hacia mis huevos, pero pude verlo mirándome por el
rabillo de mi ojo. La jardinería era una de las cosas que mi mamá y yo habíamos
hecho juntas antes de que muriera. Mi recuerdo más vivo de ella siendo feliz era
cuando sembrábamos, así que traer a Chase a esa ecuación parecía como si estuviera
de alguna forma pisoteando su memoria.
—En realidad, acabo de recordar que tengo algo de tarea que necesito terminar.
Tal vez comenzaré en el jardín la próxima semana.
Traducido por Antonietta
asta dónde puedo recordar, mi papá siempre trabajaba los domingos. Era
su día para terminar las reparaciones y ponerse al día con el papeleo, pero
cuando me detuve en un lugar de estacionamiento vacante delante de la
tienda, las luces estaban apagadas y la puerta cerrada con llave. Reventé la cerradura y
pasé adentro para encontrar la evidencia de su reciente partida. Había una caja de
pizza vacía con un recibo pegado en la parte delantera. Fue solo dos días atrás, así que
por lo menos sabía que estaba vivo. No pudo devolver mis llamadas, pero sí pudo
ordenar pizza.
Tiré la caja vacía en la basura junto con unas pocas latas de cerveza vacías, y luego
revisé la computadora de la oficina por solicitudes recientes de reparaciones. Él
siempre las había guardado en una simple hoja de Excel. Su tiempo usual para un
trabajo era de dos semanas así que tendría tiempo necesario para ordenar cualquiera de
las piezas necesarias. Los trabajos más recientes en la hoja de Excel eran de hace uno o
dos meses y ni uno solo de ellos había sido terminado.
Tomé el inventario de las piezas y las emparejé con los aparatos en la trastienda.
Pasé mi día entero tratando de ponerme al día con el trabajo que mi papá obviamente
estaba descuidando, y mientras estaba encerrado en la oscuridad supe que mi esfuerzo
era en vano. Podría volver cada domingo, pero hasta que mi papá no consiguiera sus
cosas en orden, se resentiría en la tienda. No tenía sentido intentar luchar contra ello.
Traducido por Antonietta
Los parterres inactivos dispersados a través del jardín fueron una gran parte tanto
de mi infancia como la de Lilah. Había pedido y rogado por probar las fresas cada
temporada y una vez, cuando había asumido que Lilah estaba ocupada en el jardín,
había alcanzado y arrancado la más grande de la enredadera. Justo cuando el dulce
jugo se deslizó a través de mi lengua, la punzada aguda de agua fría golpeó un lado de
mi rostro. Lilah había apuntado la manguera hacia mí y yo había aprendido mi
lección.
Rodé mis ojos y asentí, ansioso de ir con mis amigos, pero ella agarró mi brazo.
—Sé bueno —dijo, golpeando ligeramente el borde de mi gorra de béisbol con su dedo.
Por meses después de esa noche, los ¿qué sí? me habían mantenido despierto por la
noche. ¿Qué si ella nunca hubiera vuelto a la casa del carnaval? ¿Qué si la ambulancia hubiera
llegado más rápido?
Yo no era el único luchando una batalla perdida contra los que sí. Mi papá había
empezado a beber el día del funeral y nunca se había detenido. La muerte puede
hacerles cosas extrañas a las personas. Puede convertir a un hombre que había
admirado toda mi vida en un tipo que evitaría si lo viera en la calle.
Elaine Calloway me había robado a mis padres. Tal vez debería odiar a Lilah por
ser una parte de ella, pero no podría. Lilah era buena. Era hermosa y creó belleza en su
jardín. Fuera de esas cosas terribles, de la suciedad y del barro, Lilah había llegado a
ser. La vida había hecho todo lo posible para estamparla de vuelta en el polvo, pero yo
no dejaría que eso pasara.
Ella sonrió y volteó su libro hacia abajo sobre su pecho para marcar su página.
Pensé en preguntarle sobre el libro que estaba leyendo, pero había algo que
necesitaba hacer.
—Hola papá, soy Chase. No he hablado contigo por varios días así que quería
alcanzarte y ver cómo estabas. Todo está bien en la casa de Lilah, pero estaba
pensando si podíamos ir a cenar o algo así esta semana. Devuélveme la llamada si
quieres ir.
—¿Te importa si me uno a ti? preguntó antes de tomar un dudoso paso al frente.
—¿Por qué comes tu almuerzo aquí afuera? preguntó, mirando al campo junto a
mí.
—Así la gente como tú no me habla respondí con una pequeña sonrisa para que
él supiera que yo no era una perra total, solo lo suficiente de una.
Él rio y yo luché para mantener mi mirada lejos de él. —Sabes, mi cosa favorita
sobre ti es tu encanto. No creo que tengas suficiente crédito por cuan encantadora
eres.
—Pero tus amigos están allí apuntó, tratando de conseguir la explicación real.
No había hablado con cualquiera de ellos desde la fiesta de Sasha el sábado. Había
evadido los árboles de fumadores y los mensajes de Trent. Se sintió bien dejar de
pretender que te agrada la gente.
El peso de sus palabras amenazó con deshacer el pequeño nudo que ataba mi
corazón junto.
—O fue demasiado.
—Ya sabes, en un montón de formas, aún te conozco mejor que nadie continuó.
Levanté mis cejas y volteé para enfrentarlo. Su mirada estaba enfocada en las
flores, pero esa sonrisa siempre estaba presente.
—¿Por qué piensas eso? pregunté, curiosa sobre por qué aún se sentía conectado
a mí después de todos estos años. No era nada como la chica que él conoció en el
pasado.
Odiaba sonrojarme cuando él admitió eso, pero era incapaz de detener la reacción.
—Sí, pero apostaría que aún tienes esas pequeñas pecas sobre tu nalga izquierda
declaró, volteando hacia mí con una sonrisa pícara. Decidí jugar su juego.
—Y yo apostaría que aún tienes el mismo tamaño allí abajo que el que tenías
entonces.
Él lanzó su cabeza hacia atrás y rio, una ruidosa risa deliciosa que tiró de las
esquinas de mi boca.
—No fue hace tanto tiempo que fuimos mejores amigos. ¿Qué cambió?
Me eché para atrás, aterrada de la culpa trepando su camino hacia arriba por mi
garganta. —¿De qué estás hablando? Todo cambió.
El silencio cayó después de eso y sabía que lo había herido. Nunca parecía saber
cómo manejarme a mí misma alrededor de él desde que mi madre murió. En lugar de
disculparme, partí la mitad de mi sándwich de mantequilla de maní y jalea y se lo
alcancé a él. Era una disculpa metida entre dos pedazos de pan blanco, y él la tomó.
Traducido por LittleCatNorth
Un año o dos de regreso en nuestras visitas de los sábados en la tarde, hubo un golpe en la
puerta de su apartamento. Yo estaba pintando en la sala e incluso aunque sabía que no se
suponía que lo hiciera, espié. Había un hombre de pie en el umbral, presionando la puerta abierta
con su mano. Un cigarrillo colgaba entre sus labios y una cicatriz se extendía de su párpado
inferior hasta la cima de su labio. Pequeñas costras estaban esparcidas a lo largo de sus
mejillas y barbilla. Lucían como las costras que yo conseguía cuando me rascaba
demasiado una picadura de mosquito. Me preguntaba cómo se las había arreglado él
para conseguir tantas picaduras cuando él se inclinó para agarrar el cuello de mi madre
en su mano.
Su cigarro cayó al suelo, ardientes cenizas en la falsa madera mientras yo saltaba para
detenerlo. Quería gritarle que la dejara sola, pero ella movió su mano detrás de su espalda,
advirtiéndome que me alejara. Apreté mis puños, tratando de pensar qué hacer. El teléfono estaba
en la cocina y yo no podía pensar una manera de escabullirme sin que me notara.
Acuné mis juguetes y bocadillos en mis brazos mientras me daba órdenes de sentarme en el
bordillo de su complejo de apartamentos hasta que mi papá viniera a recogerme. Entonces
desapareció dentro de su viejo auto rojo. Había una gigante abolladura en la parte trasera, cerca
del parachoques; miré hacia él cuando se alejó conduciendo. Mi labio inferior tembló cuando el
auto se volvió más y más pequeño en la distancia, pero no podía llorar. Si yo lloraba, alguien
pensaría que necesitaba ayuda y mi mamá tendría problemas.
Por una hora, me senté en el cemento con mi libro de colorear cerrado en mi regazo. En
cualquier momento en que alguien caminara hacia mí, les diría que mi mamá había tenido que
regresar corriendo al apartamento a agarrar algo, así ellos no pensarían que yo estaba sola. Yo
estaba sedienta, pero no quería terminar mi jugo; no estaba segura por cuanto tiempo ella estaría
afuera.
Cuando mi padre llegó varias horas más tarde, traté de mentir y decir que mi madre acababa
de irse, pero él no escucharía. Estaba absolutamente furioso por encontrarme sola afuera y con el
apartamento de mi madre cerrado. Le rogué que no hiciera nada, pero esa fue la última vez que
me dejó ir a ver a mi mamá para una visita. La corte le revocó sus derechos de visita sin discusión.
Deseé saber qué la alejó de mí ese día, quién o qué había sido más importante que su carne y
sangre.
—¿Lilah?
Volteé para encontrar a Trent de pie fuera de una casa un poco más alejada por la
calle. Estaba en la cima de las escaleras, sosteniendo una puerta de tela metálica
abierta y entornando sus ojos en confusión. Me tomó un segundo conectar los dos
mundos. No había notado su departamento la última vez que había estado en su casa.
Él asintió y dejó la puerta de tela metálica cerrarse de un golpe detrás de él. Nos
encontramos en el medio de su acera y luego volteamos en dirección al antiguo
apartamento de mi mamá. Miramos en silencio por un momento y entonces él habló.
Trent siguió mi dedo y sacudió su cabeza. —No, pero ese realmente no es un lugar
para niños. He visto algunas sombrías mierdas suceder allí.
Las voces de sus padres se arrastraron hacia el corredor, así que se presionó contra
la pared y escuchó su conversación, tratando de descubrir si ellos estaban hablando
sobre él. Usualmente ellos eran tan cuidadosos; Chase raramente oía sin intenciones
sus discusiones.
—No creo que debas ir. Es una mujer adulta, Hannah. No puedes cambiarla.
Chase supo de inmediato que ellos estaban hablando sobre Elaine, la mamá de
Lilah. Ella había empeorado recientemente, llamando a su mamá a todas horas de la
noche.
Su papá no dijo nada por un largo tiempo, pero entonces asintió y envolvió sus
manos alrededor de las suyas. —Apresúrate en regresar. Terminaré la cena y te
esperaremos para comer hasta que llegues.
Ella lo besó rápidamente y luego agarró sus llaves de la encimera. Cuando rodeó el
umbral y vio a Chase de pie allí, inclinó su cabeza a un lado.
Él se movió tras ella, sostuvo la puerta de tela metálica abierta y la miró caminar
hacia su auto. La luz con sensor de movimiento sobre el garaje se encendió cuando
cerró la puerta de su auto. El motor aceleró y él fue dejado con una sensación
preocupante en la boca de su estómago.
Incluso a los trece, Chase sabía que Elaine era una mujer mala. Había dejado a
Lilah y estaba dejando a su mamá también. Un día.
Traducido por LittleCatNorth
iez días. Lilah y yo caminamos a la escuela juntos por diez días antes de
que finalmente pausara su música. Yo estaba corriendo tarde gracias a
una alarma perdida. Me puse de un tirón mis zapatos y corrí fuera de la
puerta, preparado para tener que alcanzar a Lilah, pero ella aún estaba al final de la
entrada para autos, inquieta con sus zapatos.
Permaneció de pie mientras yo me acercaba y noté que sus audífonos aún estaban
en su lugar, pero no había música reproduciéndose, al menos no una que yo pudiera
oír.
—Parece que a Harvey le gusta dormir contigo más que conmigo ahora.
Sacó su iPod de su bolsillo y sabía que yo estaba perdiendo tracción. Eso fue cuando
el señor Hill salió de su casa y se dirigió hacia su auto. Era un abogado en la ciudad que
rentaba un espacio en el viejo ayuntamiento. Lo rumores decían que tendría que cerrar
su consultorio pronto.
—¿Has oído que el señor Hill podría tener que cerrar su consultorio? Ha estado
diciéndole a la gente que no hay suficiente trabajo.
Lilah miró hacia allí para verlo deslizarse dentro de su Lexus negro y entonces
sacudió su cabeza. —Ese no es el por qué él está cerrando su tienda.
—¿Qué? ¿Cómo sabes eso? Ni siquiera has estado en la ciudad tanto tiempo.
Volteamos hacia la calle Main y entrecerré mis ojos, tratando de darle sentido a su
acusación. Nunca había oído sobre una aventura. El señor Hill y su esposa habían estado
casados por algo así como treinta años. No tenía sentido.
Me estiré por su brazo y nos jalé para detenernos. —Espera. ¿Estabas husmeando?
Rodó sus ojos. —Yo no lo llamo así. Husmear implica salir de mi camino para
descubrir los secretos del señor Hill. En realidad, él estaba alardeando de su aventura
para que cualquiera la viera. Yo solo pasé a estar en el lugar indicado en el momento
indicado.
—¿Cómo qué?
Apuntó a una insulsa casa azul que estábamos pasando a la izquierda. —Un
montón de pequeñas cosas, como esa mujer que vive allí. La señora Peterson, ¿cierto?
roba rosas del jardín de su vecino, y el señor Jenner revisa la basura de su vecino de junto.
Miré a las casas mientras las pasábamos, preguntándome si Lilah estaba diciendo
la verdad.
Los bucles de sus labios lentamente se desvanecieron a una línea recta mientras se
encogía de hombros.
Su sonrisa se cayó. —Oh, es genial. Sólo quería ver si tenías planes para este fin de
semana. Creo que Trent va a levantar algunas cosas del escondite del novio de su
madre.
—Suena divertido, excepto por el hecho de que Chase estará allí. —Ella hizo un
movimiento de mordaza falsa—. Sí, es caliente, pero es tan mojigato.
—Él no es tan malo. —Me encogí de hombros, dando otro paso atrás.
Antes de que ella pudiera responder, me fui. Sabía que parecía un idiota corriendo
con mi mochila empujándose alrededor, pero la abracé completamente. Nuestra
escuela tenía tolerancia cero para la tardanza. Todos los días, el director reiteraba, por
los anuncios de la mañana, que el hecho de llegar tarde te dejaría en detención, sin
excepciones.
Chase estaba de pie junto a las ventanas con las manos ahuecadas alrededor de sus
ojos como binoculares. Se apretó más contra el cristal y miró hacia el cielo como si
estuviera viendo un meteoro lanzando su camino hacia la tierra. Todos los estudiantes
saltaron de sus asientos y corrieron para mirar más de cerca, y yo aproveché la
oportunidad. El señor Jenkins gritó a todo el mundo que se sentara y me arrastré
lentamente por el borde de la habitación, tratando de pasar por delante sin ser
detectada.
—¡Eso es suficiente! Buen intento señor Matthews, pero una distracción más y te
unirás a la señora Calloway para la detención la próxima semana.
—Ahora, si todos toman asiento, repasaré una breve lección antes de darles el
problema del día.
Los ojos de Chase se encontraron con los míos y nos reímos justo cuando las
palabras de Ashley resonaban en mi mente. Ella tenía razón. Chase era una de las
personas elegidas, pero más que eso, él era la última persona con la que esperaba ser
amiga cuando regresara a Blackwater. Él y yo habíamos peleado hasta el día en que
había dejado la ciudad. Había sido una guerra amarga con dos bajas y sin botín. Lo
sabía, y sin embargo su gravedad todavía tenía una forma de acercarme. No tenía un
solo amigo en Blackwater, a menos que contara a Harvey, pero de cada uno, cada
chico de mi clase de graduación, Chase era lo más cercano que tenía a un aliado.
ilah salió del salón de clases tan pronto como sonó la campana. Caminé
hacia el frente de la clase para entregar mi conjunto de problemas y vi los
suyos en la parte inferior de la pila. Su nombre estaba escrito en cursiva, tan
ordenada y perfecta. Dejé mi papel encima de ellos.
Ella sabía que no tenía práctica los viernes, pero se había ido sin una segunda
mirada. Caminé con Connor hacia el estacionamiento, tratando de resolver su
razonamiento para irse sin mí.
—¿Estás emocionado por tu juego este fin de semana? —me preguntó Kimberly
con una gran sonrisa.
Su sonrisa nunca vaciló. —Lo sé, pero seguiré allí con las Diamond Girls. Debería
ser divertido.
***
Lilah
Me paré en el mercado de Crosby en el camino de regreso de la escuela al día
siguiente. Caminé por los pasillos y me detuve delante de la pantalla de tinte para el
cabello. Mis raíces estaban en mal estado y no podía ignorarlas por más tiempo.
Miré fijamente a la mujer sonriente en el frente de la caja del tinte rubio. Me había
resentido meses antes, molesta con su sonrisa fácil. Ahora no creía que fuera tan mala.
Incluso aún, alcancé la caja de tinte negro, no porque tuviera una agenda o porque
quería ser un rebelde.
Ashley abrió la puerta después de que llamara y levanté la caja de tinta. —¿Puedes
dedicar unos minutos a una amiga?
Miré hacia arriba para ver a la señora Rochester detrás de la taquilla. Ella era una
mujer amable con una construcción redonda y una gran sonrisa. Ella me cuidaba
cuando mi papá me traía a los juegos de pequeña. No la había visto en unos cuantos
años, pero parecía casi igual que en aquel entonces.
—Hola Jan —dije con una pequeña sonrisa mientras deslizaba mis cinco dólares
en el mostrador para mi boleto.
Ella lo empujó hacia mí. —Oh por favor. Tu padre me cortaría la mano si tomara
tu dinero.
—Ah, está bien. —No tenía ganas de protestar, así que tomé el boleto que me
ofreció y me guardé mis cinco dólares—. Gracias.
—Le dije esta mañana —dije, recordando su reacción en la mesa del desayuno.
Sus cejas prácticamente se habían encontrado con la línea del cabello, cuando había
mencionado casualmente que pasaría a verlo a él y al equipo.
—Bueno, estoy tan feliz de que estés aquí. Tengo que manejar la taquilla hasta que
comience la segunda entrada, pero después iré a saludarte en las gradas —prometió
mientras una joven familia se acercaba a comprar boletos.
Sinceramente, no sabía por qué estaba allí. Chase sólo había mencionado el juego
de pasada. No es que él realmente esperaba que apareciera. Me dije que estaba allí por
mi padre o como un agradecimiento a Chase por tratar de sacarme de la detención;
esas razones eran más fáciles de digerir que la verdad.
Era un día brillante y cálido para febrero y lamenté no traer un par de anteojos
mientras caminaba por la rampa metálica hacia las gradas. La primavera en Texas no
era muy buena. Tal como yo.
—¡Lilah!
Las otras Diamond Girls me observaron mientras subía las escaleras hacia ellas.
Cuando llegué al grupo, Kimberly se levantó y salió a saludarme. Todos se hicieron a
un lado, llenando su lugar y abriendo dos nuevos puntos cerca del pasillo.
No le había dicho que estaría allí. En otra vida, una vida más realista, estaría
descansando en la cama, leyendo mi sábado por la tarde.
Antes de que pudiera responder, Kimberly volvió a hablar. —¿Quieres sentarte con
nosotras? Tenemos espacio y sería divertido ponerse al día. —Sus ojos brillaban con
sincera amabilidad y no pude evitar sentirme aliviada de que no me odiara después de
que me alejé sin siquiera un adiós.
—Claro, sí —dije mientras ambas nos sentábamos y nos situábamos en las gradas
de metal frío. Algunas de las chicas del grupo me saludaron y me sonrieron. Parecía
que mientras Kimberly me aprobara allí, no lo iban a cuestionar.
—¿Ha sido tan difícil vivir con Chase? —preguntó ella con una sonrisa gentil. Su
cabello rubio flotaba alrededor de su rostro, enmarcando sus lindos rasgos.
—Es uno de los mejores lanzadores del estado. Podría ser reclutado para las
grandes ligas, pero si no, definitivamente jugará en la universidad —dijo Kimberly,
sacándome de mi neblina.
Por el rabillo del ojo, pude ver a unas cuantas mujeres observando cada uno de sus
movimientos; me pregunté cuántas de ellas deseaban que finalmente se asentara. Me
estremecí al pensarlo. No estaba lista para otra figura de mamá; todavía estaba
tratando de superar a la primera.
—Hola Lil. Me alegro de que estés aquí —dijo con una cálida sonrisa.
Soy un fraude.
Kimberly había estado allí viendo y apoyando a Chase durante los últimos dos
años. Hizo señas para él y usó su nombre en su camisa, y hace sólo dos semanas yo ni
siquiera había estado hablando con él.
—Lo siento por todo este desagrado. —Se rio Kimberly, dejando el cartel a sus
pies—. Es toda la tradición, así que nos limitamos a ir con ella.
Sonreí con fuerza. —No, está bien. Estoy muy contenta de que Chase te tenga.
—¿Qué haces después del juego? —preguntó Kimberly después de que ella y las
Diamond Girls hubieran terminado un canto particularmente fuerte. Podía sentir que
me estudiaba, pero mantenía mis ojos en el campo.
Pude ver su sonrisa por el rabillo del ojo. —Genial. Creo que vamos a ir a tomar
comida con el equipo y luego pasar el rato en algún lugar después. ¿Quieres que te
envíe un mensaje de texto dondequiera que acabemos?
Un adolescente normal y bien ajustado habría dicho que sí, pero no me apetecía
salir con las Diamond Girls y el resto del equipo de béisbol. Podía imaginarme sentada
a un lado, sintiéndome incómoda y fuera de lugar. Aprecié su deseo de incluirme, pero
se sentía obligado.
—Está bien —le dije—. Me desperté muy temprano, así que seguramente me
estrellaré esta noche.
Le hice un gesto a Kimberly de que iba a atender la llamada y luego fui por debajo
de las gradas para poder hablar sin el ruido de la multitud.
—Hola Ashley —le respondí cuando había doblado la esquina detrás de los baños.
—Guau, estoy sorprendida de que incluso contestarás. Pensé que sólo aceptabas
llamadas telefónicas de los elegidos en estos días.
Supuse que estaba siendo fría porque no la había llamado el día anterior como
había dicho que lo haría.
Algo en su tono cortó un cordón dentro de mí. Había dejado que Ashley me
tratara como una mierda durante las últimas dos semanas y lo había roto. De todos
modos, nunca la había considerado una amiga, pero ella no sabía nada de mi vida o
por qué tomé las decisiones que tomé. No sabía nada de la muerte de mi madre ni de
los problemas de mi familia.
—Quería ver uno de los juegos de mi padre antes de graduarme. No puedes ser
grosera conmigo por eso. Ya sabes, pensé que necesitaba una amiga para ir a la
preparatoria, pero prefiero estar sola que perder mi tiempo con gente que va a
juzgarme por cada pequeña cosa que hago.
Exhalé una respiración profunda y me di cuenta que había dicho mucho más de lo
que había planeado.
—Vaya, está bien, señorita Independiente. ¿Se sintió bien? —Se rio.
Me reí de lo contundente que estaba siendo. Era cierto que éramos técnicamente
amigas por defecto, pero decirlo en voz alta era un tabú.
—Vamos a salir pronto entonces. Tal vez podamos ir a ver una película —
contesté, agitando una bandera blanca.
Verlos juntos raspó cada una de mis inseguridades. Eran como una pareja, el chico
de oro y la chica de diamantes. Sus hijos serían la realeza en esta pequeña ciudad y yo
quería vomitar.
Cuando los jugadores se acercaron para entregar a cada una de las Diamond Girls
una rosa roja, empecé a caminar hacia atrás por la rampa. No pude presenciar otro
segundo.
e acosté en la cama esa noche mirando las sombras que bailaban a través
de la superficie de mi techo. Ya me había dado la vuelta a cada lado de
mi cuerpo media docena de veces, pero el sueño resultó escurridizo.
Ninguna posición, almohada o rebaño de ovejas hacía más fácil detener el flujo de
pensamientos de mi mente.
Cuando llegué a casa después del partido, pedí pizza aunque no tuviera hambre.
Mi papá y yo lo comimos mientras vimos Friends volver a transmitirse y al final, él me
miró.
—Estoy muy contento de que hayas venido hoy, Lilah. Sé que significó mucho
para Chase —dijo.
Ignoré la mención del nombre de Chase. —Fui a verte a ti, papá. Estoy orgulloso
de ti, viejo.
A pesar de todo, asentí. —Sí, creo que los tomates están listos para ser plantados.
Después de mirar la primera mitad de otro episodio de Friends, subí a mi
habitación y me preparé para la cama. Era temprano, pero Chase no estaba en casa
todavía y yo quería ir a dormir y fingir que no sabía que estaba saliendo con Kimberly.
Me sentí llorando por todo lo que Kimberly tenía, y la noción me sorprendió. Dos
semanas antes, yo había estado viviendo en otra ciudad, y ahora de repente, quería ser
la mejor amiga de Chase de nuevo. Quería ser su tonta Diamond Girl, y quería que me
entregara una rosa al final del juego y me sonriera como si yo fuera su mundo.
Admitir eso sólo hizo que el dolor se quemara en mí un poco más profundo, así
que me volví y miré a mi pared en blanco, tratando de encontrar otro tema, cualquier
tema, para captarlo. A la mañana siguiente mi padre y yo plantaríamos algunos
tomates de la herencia. Me concentré en el proceso: cultivando la tierra, añadiendo
fertilizante y mantillo fresco, recolectando una parcela con pleno sol y suelo bien
drenado, excavando un agujero lo suficientemente ancho como para que la planta
pudiera encajar sin que fuera demasiado profunda, agregando una jaula para que la
Planta pudiera sostener su propio peso...
Una puerta se abrió en el pasillo. Miré hacia arriba y contuve mi aliento tratando
de identificar qué puerta se había abierto: de mi papá o de Chase. Cuando oí el suave
retumbar del material del juego, supe que Chase todavía no estaba en casa.
Me tiré de espaldas y dejé salir un soplo de aire. Mis manos apretaron las sábanas
y deseé que mi mente se apagara para poder dormir siete horas sin pensar. Parpadeé,
luego cerré mis ojos, luego arqueé mi cuello para reajustar mi cabeza en mi almohada,
y luego finalmente me senté para golpear mi almohada irregular en sumisión.
8
NyQuil: es una medicina combinada, se usa para tratar dolor de cabeza, fiebre, dolor
de cuerpo, tos, nariz mocosa, estornudos, picazón, y ojos llorosos, causados por
alergias, el resfrío común, o la gripe.
habían dejado en su aliento el hedor de la muerte. Se habían adelgazado su cabello y le
habían rasgado las uñas. Sus pómulos se habían hundido, sus ojos se hundían detrás de
círculos oscuros, pero no había cambio en el color de los ojos. Sus ojos verdes pálidos
estaban en su genoma, del mismo modo que estaba en los míos.
Estudié uno y luego el otro, tratando de encontrar huellas sutiles de ella, lo cual es
probablemente la razón por la que no me fijé en Chase hasta que estaba justo detrás de
mí. Era un borrón de rasgos y luego cambié mi mirada y me encontré con sus ojos en
el espejo. El avellana claro era un cambio refrescante.
—¿Estás borracho? —dije, girando lejos de su reflejo para verlo en carne y hueso.
—Yo estuve ahí. Estuve allí todo el tiempo, pero Ashley me llamó y no pude
ignorarla —expliqué—. Cuando volví, el juego había terminado.
—Kimberly estaba esperándote. —Las palabras estaban fuera antes de que yo las
formara en mi mente.
—La besé esta noche —dijo, dando un paso hacia delante para que yo tuviera que
dar un paso atrás—. Kimberly.
Dio otro paso atrás y la parte de atrás de mis muslos golpeó el lavabo frío; no tenía
ningún otro sitio adonde ir.
—¿Es eso lo que quieres oír? —preguntó—. ¿Que la besé porque estaba borracho y
enojado contigo?
—Chase, detente.
—No —dijo, encerrando mi cuerpo contra el lavabo con los brazos mientras él se
inclinaba hacia abajo. Su cara estaba a la altura de la mía y pude oler la cerveza en su
aliento. Odiaba que él todavía pareciera tan dolorosamente guapo. No quería pensar
que era guapo; quería volver a antes, cuando nadie podía herirme y mantuve a todos a
distancia. Tal vez no había sido feliz, pero al menos estaba segura, contenta, constante.
Apreté los ojos cerrados y giré la cabeza para que no tuviera la tentación de
inclinarse hacia adelante y cerrar la brecha entre nuestros labios.
—Quizá quiero que pelees por mí —dijo, rozando su mejilla contra la mía.
Cerré los ojos. —Estas borracho. No recordarás nada de esto por la mañana.
—Eso es lo que necesito —dijo antes de salir del baño y dejarme balanceándose de
un lado a otro en el lavabo, buscando el corazón que acababa de arrancarme de mi
pecho.
Apagué la luz del cuarto de baño y la habitación se volvió oscura. Nunca le había
pedido que me llevara al gris. Yo estaba perfectamente feliz viviendo en el negro.
Traducido por Rosewin
Después de cuatro cervezas en la casa de Connor, me dije que Kimberly era con
quien yo pertenecía. Era bonita y sencilla, tan jodidamente sencilla que no tenía
sentido por qué no estaba en ella. Ella nunca me decepcionó, nunca se alejó, nunca
fingió no amarme.
Nunca debí haberla besado.
Me encogí.
Se encogió de hombros. —Creo que todas las chicas de nuestra escuela se han enamorado de
ti al menos una vez, pero creo que finalmente paso de ti. Brian y yo hemos estado saliendo
últimamente y él me pidió que fuera a una cita con él el próximo fin de semana.
—Y... tú obviamente estás tan enamorado de Lilah que ni siquiera puedes ver bien.
Pasé una mano por mi cara. —Sí, bueno, no estoy seguro de que alguna vez fuera recíproco.
Ella rio. —¿Estás bromeando? ¿No escuchaste lo que acabo de decir? Cada chica se ha
enamorado de ti, e incluso Lilah Calloway no es inmune a tus encantos. Ella te miraba todo el
tiempo. Si su padre no fuera el entrenador, yo habría asumido que nunca había visto un partido
de béisbol.
Entrecerré mis ojos, tratando de averiguar si Kimberly decía la verdad. No tenía nada que
ganar con la mentira, así que me encogí de hombros y cambié el tema.
¿Cómo podía mirarme todos los días cuando yo tenía los mismos ojos verdes que
mi madre? Era una parte de ella sin importar que tanto intentara pretender que no.
Podría empujarme al gris, podría pretender que aquí estábamos bien y felices, pero al
final, siempre estaríamos viviendo con fantasmas.
Una vez que tenía los guantes metidos en el bolsillo trasero, abrí la puerta y salí al
pasillo. La puerta de Chase se encontraba cerrada, y el espacio entre la puerta y la
alfombra estaba oscuro; él aún dormía. Pasé su habitación y me dirigí escaleras abajo
en busca de una banana o algo de agua. Tomaría un descanso más tarde para tener un
desayuno real; tenía muchas ganas de comenzar.
Era inicio de temporada pero cultivaba mis plantas a partir de las semillas, y en
Texas es mejor empezar temprano o los cultivos tenían que luchar con el calor del
verano. Mientras salía al porche, inhale profundamente y traté de ignorar el nudo
permanente en mi estómago.
Cuando me giré, encontré a mi papá con una taza de café y una sonrisa cálida.
Llevaba una camisa Henley y sus pantalones de jardinería, al igual que yo, excepto que
los suyos lucían aún más desgastados.
—Juro que cada año comienzas más temprano —bromeó, tomando un sorbo de
café que, sabía por experiencia, era negro como el alquitrán. Cuando era niña robé un
sorbo de eso y lo escupí en la mesa de la cocina. La salpicadura negra manchó la
madera antes de que alguien hubiese podido limpiarla.
—Simplemente me gusta comenzar cuando el aire aún está frío. Más tarde llegará
hasta los 27 grados.
—Frutas. Serán más fáciles. Este año solo plantaré sandia y fresas.
Año tras año, mi mamá y yo hemos intentado, y fallado, en hacer crecer una vid
de frambuesa.
—Sí, pero tengo que plantarla a lo largo de la valla, así la vid tienen a que aferrarse
—expliqué.
Posa su taza de café sobre el porche con un golpe seco. —Parece que serán de alto
mantenimiento.
—Pienso que seré capaz de hacerlas crecer —dije, justo cuando la puerta
mosquitera se abrió de nuevo con un chirrido.
Igual que el sol sale detrás de una nube, así salió Chase al porche trasero, vistiendo
una simple camiseta blanca y pantalones vaqueros desteñidos. Iba descalzo y su
cabello se encontraba alborotado por el sueño. Dejó salir un bostezo justo cuando la
puerta mosquitera golpeó el marco de madera a su espalda.
Negó con la cabeza e intento en vano domar su cabello antes de rendirse del todo.
—Nah. No podía dormir así que se me ocurrió en bajar a ayudar. —Se detuvo y miró
más allá de mi papá, sus ojos marrones me encontraron de pie en la entrada del
cobertizo—. Si eso está bien…
Mi papá se dio la vuelta para observarme con expresión divertida y supe que si
decía que no, probablemente me regañaría por ser grosera.
Mi papá se acabó su café, Chase salió del porche, y luego nos pusimos a trabajar
para formar una línea de montaje. Mi padre le tendió las bolsas de abono a Chase,
quien las cargó hacia los parterres, y yo las rasgué con un par de tijeras de jardinería.
Cada parterre necesitaba un par de bolsas, así que al final, todos estábamos trabajando
juntos, desgarrando el plástico y vertiendo el contenido de las bolsas en montones
iguales.
Asentí.
Después de unos instantes entró de nuevo a la casa, y luego volvió a salir con una
banana para sí. Al más puro estilo de un adolescente, se la comió en tres mordiscos y
mientras se encontraba con mi mirada dejó caer la cascara encima de la mía.
—Para las frambuesas —dijo con la mano derecha sobre el corazón y una sonrisa
que era demasiado encantadora para su propio bien.
—¿Ya estás lista para las semillas, Lilah? —preguntó mi papá desde el interior del
cobertizo.
Mire hacia los ocho parterres llenos con tierra rica y nueva. —Sip. Primero vamos
hacer las sandias.
Recitamos las especificaciones de un tirón; no pepinillos para mí, extra queso para
Chase, y luego salió a buscar la comida. Prácticamente, me encontraba salivando de
solo pensar en la hamburguesa, pero sabía que al menos le tomaría veinte minutos a
mi papá ir y regresar, así que intenté mantenerme ocupada y continuar plantando
semillas.
—Vamos a tomarnos un descanso —dijo Chase, apoyándose en sus talones y
dejando salir un suspiro.
—¿Qué? ¿Ves algo gracioso? —preguntó con un brillo malvado en sus ojos.
Solté una risita y lamí el pulgar para ver si eso ayudaría. La tierra estaba muy bien
incrustada.
—¡No! Juro que la mitad de tu mejilla está cubierta de tierra. —Me reí.
—¡Chase!
Sobre mi cadáver.
Mi ceja se alzó por su propia cuenta. —Oh, creo que sí. —La tierra que me había
restregado en la mejilla se encontraba fría y húmeda por la manguera del jardín. Se
deslizó por mi mejilla como lodo y luego una pequeña parte me salpicó encima del
hombro. No esperé un segundo más; le lancé el trozo de tierra y aterrizó justo en el
centro de su camiseta blanca.
—No creo que sería justo. Acabas de arrojarle un trozo de tierra a un hombre
desarmado. —No perdió la sonrisa y cuanto más durara esta, más difícil sería
convencer a mi corazón que ralentizara su ritmo salvaje.
Asintió y bajo su cabeza a escasos centímetros de la mía. Por instinto mis ojos
viajaron hacia sus labios.
—Sobre anoche… —comencé, sintiendo el rubor subir por mis mejillas mientras
pensaba en nuestro beso. Ni siquiera podía mirar sus labios sin recordar la sensación
de ellos sobre los míos.
—Um. —No podía pensar con él tan cerca. Su rodilla estaba encajada entre mis
piernas y el agarre en mis muñecas era firme. El olor de su jabón corporal fue
suficiente para confundir mi lógica—. No debemos hacerlo de nuevo.
—Besarnos.
—¿Así qué ahora mismo no quieres que me incline y te bese? —preguntó con una
sonrisa divertida.
Apreté los labios como si temiese que actuaría según sus palabras, y luego negué
con la cabeza.
—Yo…
Cada paso que tomé hacia Chase, cada vez que dejé que mi guardia bajara siquiera
un centímetro, pude sentir el fantasma de mi madre girando a mí alrededor, tirándome
en la tierra como una enredadera venenosa. La resentí por eso, la forma como ella
podía arañar su camino de regreso de la muerte. Tontamente había asumido que la
muerte finalmente la alejaría de mí.
—Oh, mierda. Lo siento —dijo, agachándose para agarrar los libros caídos.
—Señor Matthews, ¿qué puedo hacer por usted? —preguntó la señora Nicholson.
Mi mirada voló para ver a Chase de pie en la puerta llevando una sonrisa
confiada, una sudadera de la preparatoria de Blackwater, y descoloridos pantalones.
La señora Nicholson se giró hacia la habitación. —¿Hay una Lilah Calloway aquí?
—Lilah Calloway verá a la señora Hill para una cita a las cuatro de la tarde —leí
en voz alta.
—Sabes, si en realidad ella hubiera visto este trozo de papel, se habría dado cuenta
que no era de la papelería de la escuela. Además, ese no es el nombre del consejero.
—¿Qué? —Él se rio y tomó de nuevo la nota para releerla—. Pensé que su nombre
era señora Hill.
Sus cejas se alzaron. —Huh. Le he hablado como unas cinco veces y nunca lo
supe.
—Si alguien nos detiene, diles que vas a ver a tu papá porque no te sientes bien —
explicó.
Nadie nos iba a detener. La campana final había sonado quince minutos antes y
los estudiantes todavía estaban vagando en los pasillos. Chase sostuvo la puerta trasera
abierta para mí y yo me deslicé mis gafas de sol. El sol estaba brillante para finales de
febrero y sabía que mis flores en casa estaban apreciando la calidez.
—¿Esto es tuyo?
Entrecerré mis ojos, girando el estuche alrededor de mis manos. —¿Qué quieres
decir?
Miré de nuevo hacia él y lo vi mirando hacia la cámara en mis manos con una
sonrisa de orgullo extendida sobre sus labios. —¿Funciona?
—Prometo que es tan buena como una nueva, y hasta tiene un número de serie
que es más de un millón. Los coleccionistas aman estas porque significa que fue
construida cerca del final de este modelo de producción, por lo que tantos trabajadores
de la fábrica estaban en la cima de su juego —explicó—. Ahora súbete y te enseñaré
cómo usarla.
Cada paso que tomé lejos de él hizo más fácil poder aclarar mi mente.
***
Chase
Para mí, Lilah significaba escapadas de noche, cabello iluminado por la luna, y
luces de bengala en julio. Ella había sido la parte más brillante de mi niñez y ahora
estaba evadiéndome a toda costa. Ella pensaba que estaba haciéndome un favor
dándome espacio, pensaba que mi odio hacia su mamá también se extendía a ella.
Estaba seguro que ella ya había armado alguna complicada explicación en su mente,
pero la verdad era que yo amaba a Lilah incluso cuando se alejó de mí ese día.
—¿Papá?
Había un borde en su voz, un insulto leve, y sabía sin lugar a dudas que había
estado bebiendo.
—Oh, no, no. No es un buen momento para eso. Estoy pensando sobre la tienda.
Podría tener que cerrarla, con la economía y todo eso.
—¿Entonces qué harás para ganar dinero? —pregunté. Un chico de dieciocho años
nunca debería tener que hacerle esa pregunta a su padre.
—Chase, no empieces con eso —se quejó—. Tengo todo controlado y no necesito
que estés respirando bajo mi cuello. Tú solo preocúpate por el béisbol. ¿Lo estás
haciendo bien? ¿Cómo estás jugando esta temporada?
Fue casi peor que él supiera que estaba pasando la temporada. No se había
perdido ni un solo juego antes de que mi mamá muriera, solo había logrado asistir a
uno o dos después de su muerte.
—Ha sido una buena temporada, papá. El entrenador Calloway piensa que
tenemos oportunidad de ir a las estatales si seguimos jugando cómo lo estamos
haciendo.
—Oh, mierda. Maldita sea. Chase, me tengo que ir —dijo justo antes de que la
línea muriera. Quité el teléfono de mi rostro y miré hacia abajo con incredulidad. La
llamada terminó. Así como así, mi papá se había ido de nuevo. Mi dedo se cernió
sobre su nombre mientras batallaba contra el impulso de llamarlo de nuevo, pero antes
de que pudiera apretar llamar, un pequeño golpe sonó en mi puerta.
La delgada puerta se abrió y el rostro de Lilah se asomó por ahí. —Um, ¿estaría
bien si me llevó a Harvey para un paseo? ¿Solo uno corto alrededor de la cuadra?
La cabeza de Harvey subió bruscamente por el sonido de su palabra de cinco letras
favoritas y supe que no tenía sentido oponerse. Él ya había saltado de la cama y se
unió a Lilah en la puerta antes de que siquiera hubiera dado mi respuesta. Además,
necesitaba el ejercicio, especialmente si iba a estar en la tienda toda la noche.
—¿Qué?
Sus brillantes ojos se encontraron con los míos. —¿No es un poco tarde para eso?
Se instaló entonces. Apreté mi agarre alrededor de mis llaves y caminé más allá de
ella.
—Chase.
—¿Sí?
—Lilah.
Una voz desconocida llamó por encima del césped y me di la vuelta para
encontrar a Trent de pie en el porche trasero, aferrándose al poste de madera con una
sonrisa nerviosa. No le había hablado en semanas y repentinamente, allí estaba con su
chaqueta de cuero y sus degastados pantalones negros. Su desastroso cabello y sus Doc
Martens9 completaban su aspecto de adolescente incomprendido.
Le hice señas para que me diera un minuto y terminé de regar las camas. Cuando
el suelo estuvo húmedo y marrón oscuro, apagué la manguera y me dirigí al porche.
Me quité mis zapatos de jardinería y los dejé en el porche para que se secaran. Trent
estaba de pie, mirándome.
9
Doc Martens: es una marca británica de calzado.
—¿Qué estás haciendo aquí? —pregunté, mirando el camino que él había tomado
alrededor de la casa.
No le había hablado a Trent desde que lo había visto fuera del complejo de
apartamentos de mi mamá.
Colocó sus manos sobre su pecho. —No tienes que invitarme a entrar ni nada.
Debería haber preguntado antes de venir.
—No creo haber estado alguna vez dentro de tu casa —admitió, girando en un
círculo y yendo a la cocina. Había dos fotos colgando en la pared, ambas igualmente
antiguas. Mi familia, incluyendo a mi mamá, sonriendo a la cámara en una foto, y
justo al lado estaba una foto de la familia Matthews con un Chase con rostro de niño.
No miré la foto. —Nuestras madres eran mejores amigas al crecer, así que nuestras
familias eran realmente cercanas.
—Sí, no estoy segura de dónde están los chicos. —Deliberadamente evite decir el
nombre de Chase porque sabía que Trent estaba con ganas de hablar de él.
Antes de que pudiera cortar toda la discusión de él, la puerta delantera crujió al
abrirse y la luz del sol entró junto con Chase. Su mochila golpeó el suelo cerca de la
puerta y yo apreté mis ojos, orando porque se salte la cocina y se dirija directamente
escaleras arriba.
—¿Lilah?
Abrí mis ojos y eché un vistazo para verlo. Su mandíbula se apretó mientras
registraba la presencia de Trent, pero no dijo una palabra mientras entraba a la cocina.
—¿Sin práctica de fútbol hoy? —le preguntó Trent con un toque amargo en sus
palabras.
***
Chase
—¿Hay algo que quieras decirme, Trent? —llamé a través de la habitación.
Lilah y Trent se giraron alrededor para mirarme y supe que debería haber
mantenido mi boca cerrada. Trent se estaba yendo. Es lo que quería.
Trent entrecerró sus ojos hacia mí, pero Lilah fue más rápida. Se estiró detrás de él
y abrió la puerta delantera haciéndolo pasar hacia afuera antes que pudiera cavarme
más profundo.
—¿Quién carajo se cree que es? —preguntó Trent mientras Lilah lo empujaba a
través de la puerta.
—Solo déjalo. No vale la pena —dijo, empujando más fuerte contra su pecho—.
Te veré en la escuela o algo.
Una vez que dejó libre la puerta, ella dio un portazo y se dio la vuelta para
mirarme.
—¿Eso era necesario? No empieces a actuar como si fueras dueño del lugar. Él
necesitaba un lugar donde pasar unas pocas horas, tú de todas las personas deberías
entender eso.
Estábamos de pie con la sala entre nosotros. Mis ojos estaban en ella, pero su
mirada estaba en la puerta delantera. Sus puños estaban cerrados y su mandíbula se
apretaba y aflojaba. No estaba asustado por su ira; estaba asustado por su silencio. No
quería que se volviera a meter en su caparazón y fingiera que no teníamos dos años de
ira reprimida que necesitábamos sacar.
Por dos segundos pensé que iba a pelear conmigo, que iba a gritarme sobre lo que
realmente estaba molestándola, y luego sacudió su cabeza y se dirigió a las escaleras.
No pudo rodearme con mis brazos cruzados y cuando lo intentó, me moví para
bloquear su camino. Había esperado dos años para hablarle de nuestro pasado y estaba
harto de esquivarlo. Siempre lo barrí bajo la alfombra, demasiado asustado por
arruinar su humor, pero ella ya estaba enojada, así que era ahora o nunca.
Cambió su peso sobre su pierna derecha, cruzó sus brazos, y miró hacia la pared
detrás de mi cabeza.
Su mano se disparó fuera demasiado rápido para darme cuenta de lo que estaba
haciendo. Sentí una aguda punzada en mi mejilla y luego estiré la mano para tocarla
mientras sus ojos se abrían tan amplios como platillos.
—Lo siento. Por favor, solo déjame pasar —dijo con un labio tembloroso—. No
quiero pelear sobre esto ahora mismo.
Intentó pasar de nuevo, y cuando bloqueé su camino, lanzó sus manos al aire,
derrotada pero enojada.
—¡No quiero hablar sobre el pasado, Chase! —Sus palabras fueron veneno
expulsado a través de sus dientes apretados—. ¡NO QUIERO HABLAR NUNCA DE
ESO!
Apreté mis manos y sacudí mi cabeza. —No. No puedes callarme para siempre,
Lilah. Esa noche no fue tu culpa.
—¡DETENTE!
Ella apretó sus manos incluso más fuerte. —¿No lo entiendes? ¡Todos nos
convertimos en sus víctimas! ¡Todavía lo somos!
Traducido por Antonietta
Su mano tembló cuando abrió la tapa y sacó otro cigarrillo, golpeándolo contra la
ventana al ritmo de su corazón. Había estado allí todo el día, mirando y esperando.
Sus piernas estaban cansadas y su estómago había desistido hace mucho tiempo de la
comida, pero el malestar de su mente era mucho más grande que el de su cuerpo. El
estacionamiento enfrente de su apartamento estaba oscuro, siempre oscuro gracias a la
farola que se había quemado el año anterior.
Incluso sin la luz, ella pudo ver el Camaro negro mientras giraba en el
estacionamiento. No había necesidad que se girara hacia el reloj de la pared de su
cocina; sabía que estaban a tiempo. Donny era puntual.
Los cuatro hombres salieron del oscuro auto: Donny y su tripulación. Dos de ellos
eran nuevos, chicos que nunca había tenido el placer de ver antes. Sus pantalones
estaban rasgados y sus barbas eran largas y descuidadas. El que lideraba el grupo sacó
una pequeña bolsa de su bolsillo trasero, un golpe moderado con su uña del meñique,
y resopló, sacudiendo su cabeza mientras la cocaína hacia efecto.
El amigo de Donny, Carl, dirigió al grupo. Carl era un hombre flaco y perspicaz
que Elaine siempre había asumido era un demonio que había cobrado vida. Tatuajes
oscuros y en espiral se deslizaban por los costados de su cuello, alcanzando su rostro
completamente. Los únicos rasgos que quedaron intactos eran sus ojos oscuros,
mirándola directamente a través de la delgada ventana. Cerró la cortina y se giró,
evaluando la situación. Ninguno de ellos llevaba armas; las ocultaban. Sabía por
experiencia que Donny siempre tenía una navaja en su bolsillo derecho. La hoja estaba
sin brillo y manchada por el uso, y oró porque no la usará cuando la matará.
Este momento había estado viniendo por meses, años incluso. La adicción venía
con un precio, y siempre había sabido que el diablo eventualmente aparecería para
recoger su deuda. Aun así, cuando abrió el cerrojo y giró la manilla, repentinamente
tuvo la urgencia de correr. Quería volverse hacia la ventana, abrirla, y deslizarse hacia
la noche como lo había hecho cuando era una niña pequeña.
Pensó en su hija mientras Donny abrió la puerta a patadas con tanta fuerza que
agrietó el panel del yeso detrás de él. Elaine saltó fuera del camino y Donny entró,
trayendo consigo un olor de licor y putrefacción.
Los delgados labios de Donny se torcieron en una sonrisa. —Es bueno verte,
Elaine.
Ella tomó otro paso hacia atrás mientras los cuatro hombres entraban a su
apartamento, reclamando el espacio como suyo. Evitó el contacto visual, mirando en
su lugar hacia sus zapatos. Botas negras y pesadas mancharon su alfombra, dejando
senderos de suciedad y lodo que ella nunca tendría que restregar; sería un problema
para los inquilinos que vinieran después de ella.
Él giró una silla y tomó asiento con sus piernas colgando fuera de cada lado.
Sabes, estoy triste de ver que termine de esta forma, Elaine. De verdad estaba
apostando por ti. No hay muchas putas como tú en esta ciudad de mierda. ¿Sabes?
Elaine se giró hacia él, pero no pudo encontrar su mirada. Se enfocó en la cicatriz
que se extendía por su rostro, específicamente en el punto donde termina a la mitad de
su labio. Alguien casi lo haba cortado en dos cuando era más joven y se encontró a sí
misma deseando que hubieran terminado el trabajo.
—Jefe, ella podría tener el dinero, ni siquiera le has preguntado todavía. —Carl rio
mientras continuaba rebuscando a través de sus gabinetes. Algo que no fueran las cajas
de cereal vacías, allí no quedaba nada en los armarios. Ella se había sostenido con sopa
de fideos y atún por las últimas semanas.
Ella señaló a la lata de maní en el suelo. Dentro, había cien dólares, cien dólares
que desesperadamente había querido gastar en un regalo para Lilah, algo pequeño con
lo que pudiera recordar a su mamá.
Elaine sacudió su cabeza, tratando de evitar que las lágrimas empañaran su visión.
—Que se joda esto, Donny. Hazlo ya. Vamos a recoger esa entrega en la ciudad en
quince minutos.
Donny asintió y se puso de pie. Rodeó la esquina hacia Elaine, rascándose su
barba y evaluándola con ojos maliciosos. Ella aguantó la respiración y lo vio buscar en
su bolsillo por el rabillo de su ojo; estaba buscando su navaja.
Ella saltó de su silla y voló a través de la habitación, sosteniendo sus manos arriba
para mantener a los cuatro hombres alejados de ella.
Donny se giró y golpeó sus puños contra la mesa por la ira. —¡Jodidas mentiras,
Elaine!
La madera amenazó con ceder bajo la fuerza de sus puños. Vio grietas en el
centro, astillada en dos direcciones. Donny levantó sus puños antes de chocarlos de
nuevo contra la mesa. Los mantuvo en alto y luego los aflojó, parpadeando su ira lejos.
Se giró hacia ella y sonrió como si los últimos diez segundos nunca hubieran pasado.
Ella se tragó su miedo mientras él caminaba hacia ella con la paciencia de un hombre
que camina hacia un ciervo asustado.
—Nena, puedes conseguirme el dinero. Dices eso todo el tiempo. —Su voz era
suave y reconfortante, y la asustaba más que sus gritos—. ¿Y sabes qué pasa? —Estaba
tan cerca de su cara entonces, respirando justo en su piel. Su cálido aliento apestaba
por los dientes podridos—. Jodidamente nunca lo entregaste.
—Por favor, Donny. —Se ahogó a través de los sollozos—. Por favor. Esta vez lo
digo en serio. Sé dónde puedes conseguir el dinero.
Donny se rio y se giró hacia sus hombres. —¿Están escuchando esto chicos? Tal
vez tiene unas cuantas latas más de jodido maní por ahí.
Se rieron con él, el sonido zumbando en sus oídos hasta que Donny abrió la
navaja y la risa se detuvo abruptamente. La cuchilla sin filo capturó la luz y Elaine
finalmente encontró el coraje para moverse. Huyó más allá de él, tratando de llegar a
la puerta del apartamento, pero él era más rápido. Se estiró y la agarró del brazo tan
fuerte que se salió de su lugar.
Ella gritó en agonía cuando la torció de espaldas a él, sosteniendo la cuchilla justo
en la ranura de su cuello.
Apretó sus ojos y visualizó la nueva televisión que los Matthews habían comprado
unos meses atrás. No valía veinte grandes, pero era un comienzo, solo un poco para
apaciguar a Donny hasta que pudiera pensar en qué hacer. Diablos, se convertiría en
una puta. Se desnudaría. Volvería a vender drogas, cualquier cosa para estar viva por
Lilah.
Donny movió la cuchilla y la empujó. Ella chocó con el borde de la mesa y gimió
cuando se deslizó por el suelo, sollozando con el alivio de conseguir vivir otro día.
—Elaine, Elaine, shhh —tranquilizó antes que su tono se volviera más oscuro—.
Deja jodidamente de llorar —espetó.
—Estaba fuera. No lo sé. Nunca supe todos los detalles. —Su mirada cambió de
acá para allá entre mis ojos mientras trataba de procesar los recuerdos confusos de su
cabeza—. ¿Por qué estás haciendo esto? —preguntó mientras las lágrimas estaban
reunidas en las esquinas de sus ojos.
—Estaba con ellos, Lilah. Fue la que los dejó entrar a nuestra casa.
—Detente.
—Vio a su mejor amiga morir y era demasiado cobarde para hacer algo al
respecto.
Su cuerpo se desplomó contra el mío. Cayó hacia adelante y golpeó sus puños
contra mi pecho. Una y otra vez, golpeó contra mi pecho como un tambor. Envolví
mis brazos alrededor de ella, sosteniéndola y tratando de ser lo suficientemente fuerte
por ambos. Fue inútil. Apreté mi agarre alrededor de sus hombros por lo que no podría
moverse. Trato de arañarme para liberarse de mí. Yo era un saco de boxeo humano y
Lilah era una bola de demolición.
Podía vivir con esa culpa. Esa culpa era algo que podía soportar.
Traducido por Gisenid
Continuó diciéndose que el robo sería rápido y limpio. Donny repasó los planes
con ella mil veces, pero estuvo aturdida tratando de pensar en una solución fuera del
completo desastre. Incluso cuando entraron en el patio trasero de la casa de Hannah y
se acercaron a la puerta, Elaine no había renunciado a la esperanza de que encontraría
alguna forma de hacer lo correcto.
Elaine notó las luces encendidas escaleras abajo, mientras sacaba la llave de
repuesto de debajo de la maceta de hortensias, pero no pensó mucho en ello. Hannah
tendía a dejar las luces encendidas incluso cuando no se hallaba en casa.
Carl la agarró del cuello y la estampo contra la pared antes de pasar a su lado para
ayudar a Donny con la TV.
—Sé útil y agarra algo —dijo Donny, inclinando la TV para sacarla de la montura
de la pared.
Elaine dio un paso atrás y escuchó, intentando decidir si escuchaba pasos escaleras
arriba o no. La moqueta acolchada hizo imposible saberlo.
Los chicos la ignoraron. Subió a toda velocidad las escaleras y se detuvo cuando la
luz del baño del pasillo se apagó. La puerta se abrió y Hannah salió aun limpiándose
las manos con una toalla. Se encontró con su mirada, ladeo la cabeza y frunció el
ceño.
—Elai…
Los ojos de Hannah se abrieron de par en par mientras trataba de romper el agarre
de Elaine.
Elaine luchó contra ella y las empujo a ambas de vuelta al baño. Cerró la puerta y
mantuvo la luz apagada. Las dos de pie en la oscuridad mientras Elaine escuchaba
para determinar si los chicos las habían oído. Pasaron dos largos segundos en silencio
y entonces Elaine aparto la mano de la boca de Hannah.
—Sí. Dos hombres. Dos hombres muy malos. —Elaine se detuvo y se giró hacia la
puerta, escuchando a Donny y Carl. Estaban gritándose abajo, pero no podía descifrar
sus palabras. Se volvió de nuevo a Hannah y le agarro los brazos—. Déjalos que te
roben. Te compraré una nueva TV. Te compraré una nueva casa. Hannah, solo por
favor, quédate aquí y no digas una palabra.
Elaine negó con la cabeza una y otra vez. —Te lo explicaré todo, lo prometo, solo
por favor…
Hannah salto y dejo escapar un pequeño chillido. En el baño silencioso sonó como
si acabara de gritar de terror, pero Elaine tenía la esperanza de que Donny no lo
hubiera oído. Puso una mano sobre la boca de Hanna y presiono el dedo índice contra
sus labios antes de girarse hacia la puerta. La abrió y le gritó.
Elaine tragó y cerró la puerta lo más suavemente posible. Se giró hacia Hanna y
escuchó ruidos en la oscuridad. Entonces sintió una cadena fría rozar su brazo, y luego
otra y otra. Hannah estaba sosteniendo algo para que lo tomara y cuando ella alcanzó,
sintió un enredo de collares. Hannah le tendía sus joyas para que las tomara y la
comprensión rompió el negro corazón de Elaine en dos.
—Tómalos —dijo Hannah, forzándolos a su amiga—. Tómalos. Deben valer un
poco.
Elaine limpió las lágrimas de sus mejillas mientras intentaba pensar en qué hacer.
Tenía que haber una salida. No quería las joyas de Hannah, ni tampoco su TV. Quería
libertad; una nueva vida.
—Esta no eres tú. Justo ahora sé que no eres tú —le aseguró Hannah—. Ahora ve.
—¿Todo el tiempo este fue tu plan? —preguntó, acercándose a ella. Le escupió los
ojos y le puso la bota sobre el pecho, amenazando con quebrar sus costillas—.
¿Conseguiste una testigo así podrías culparnos del robo y entonces te escabullirías
como una pequeña rata?
De un golpe Donny le arrebató el teléfono. Este voló contra el espejo del baño,
astillando el vidrio en un millón de pedazos. Los fragmentos llovían sobre ellos
mientras Donny empujaba a Hannah al piso. La inmovilizó colocándole la rodilla en
el estómago mientras alcanzaba su cuello.
Elaine tosió, obligando a que entrara aire a sus pulmones, e intentando recuperar
la fuerza para salvar a su amiga. El teléfono de Hannah yacía a unos pasos de distancia
de ella. Extendió su mano hacia este, deslizándola sobre los fragmentos de vidrio
mientras presionaba las teclas tratando de reconectar la llamada. La pantalla se
encontraba en negro y quebrada en el centro, demasiado dañada para arreglarla.
Elaine agarró una botella de perfume medio vacía del mostrador del baño y golpeó
la parte posterior de la cabeza de Donny con esta. Salto sobre su espalda, martillándole
la cabeza con sus puños, desesperadamente intentando de nuevo atraer su atención.
—¡SUÉLTALA!
Ella podía soportar sus golpes, sus castigos, pero no podía observar el rostro de
Hannah volverse morado bajo el agarre de Donny.
Supo que estaba indefensa para salvar a su mejor amiga y, sin embargo, no podía
rendirse.
Tiro del agarre que Carl tenía sobre ella, llorando y gritándoles que pararan.
Tenían que parar. Tenían que escuchar.
Él siseó en su oído y retrocedió para golpearla justo debajo del riñón. Dolor agudo
irradió a través del cuerpo de Elaine, sin embargo, estaba entumecida ante la
sensación. Podía haber sido cortada en dos, justo en el medio, y hubiese dolido menos
que observar a su mejor amiga morir bajo sus ojos.
El agarre de Donny suprimió el aire de los pulmones de Hannah sin pensarlo, sin
remordimientos, como una ráfaga de viento apaga la llama de un fósforo. Elaine
observó a medio metro de distancia como el cuerpo de Hannah se consumía
lentamente.
Todo era ruidoso, tan ensordecedor como los gritos de Elaine resonando por todo
el baño, y luego no hubo ningún sonido en lo absoluto.
No había nada.
No sintió nada cuando con la punta de sus dedos rozo la mejilla pálida de su mejor
amiga. No vio nada cuando agarró el cuerpo de Hannah y la levantó, intentando
sacudirla de vuelta a la vida. No saboreó nada cuando sus lágrimas saladas le
cubrieron los labios. No escuchó nada cuando le susurró a su amiga que regresara. No
pudo oler nada, ni el sudor cubriendo su cuerpo ni el perfume derramado en el suelo
del baño.
uería que sus palabras fueran mentira. Quería que mi vida permaneciera
bien embalada. Yo quería despertar cada mañana y fingir que mi madre,
incluso con sus problemas, todavía tenía sus cualidades redentoras. Ahora,
no tenía a nada a que aferrarme. Chase lo había arrancado de mí como si estuviera
arrancando puntos de una herida fresca. Sin los engaños de mantener juntos, me vi
obligada a recordar la última vez que había visto a mi madre con vida.
Mi madre llegó como un tornado. Era imposible perderla mientras ella se ponía a
llorar y gritarnos a todos nosotros. La imagen de su piel aceitosa y dientes amarillentos
me perseguían. No se parecía en nada a la mujer que había intentado criarme durante
siete años antes de que se callara. Parecía salvaje, como un animal salvaje.
Se tambaleó por la escalera de atrás, sollozando incoherentemente, pero en el segundo que sus
ojos se fijaron en mí, su delirio insano parecía disminuir.
No te atrevas a acercarte a ella le amenazó. ¡Mi mamá no te querría aquí! ¡No te quiero
aquí!
Ella seguía tratando de acercarse y evité a Chase para llegar a ella. Era mi mamá, pero
Chase no me dejó pasar por él. Sostuvo su brazo para bloquearme.
¡No te queremos aquí! ¡Esto es tu culpa! ¡Le hiciste esto a ella! gritó él, y finalmente sus
palabras comenzaron a hundirse en ella.
Ella detuvo su búsqueda para llegar a mí, una mirada zombi en blanco manchando sus
brillantes ojos verdes.
Mi padre y el señor Matthews salieron corriendo de la puerta trasera seguidos por dos
oficiales de policía. Elaine, ¿qué haces aquí? gritó mi padre.
El señor Matthews evitó los comentarios amables. ¡Vete de aquí! Así que ayúdame, Dios,
si no sales de esta casa, yo mismo te mataré.
Nunca había oído al señor Matthews gritar en mi vida, pero no se detendría. Le gritó a mi
mamá que se fuera una y otra vez hasta que empecé a gritarle para que se detuviera.
Mi padre envolvió una mano alrededor del bíceps de mi mamá y se la llevó por la puerta
lateral antes de que Chase o su padre enloquecieran aún más. Estaba aturdida, tratando de
comprender el hecho de que acababa de ver a mi madre por primera vez en un año y que parecía
estar al borde de la muerte. Sus mejillas hundidas pertenecían a un esqueleto, no a la mujer que
me había dado a luz.
Los agentes de policía los siguieron fuera del patio y sacaron sus esposas. Estaban tratando
de arrestarla, pero ella luchó, gritándoles que la dejaran ir.
Chase, déjame llegar hasta ella. ¡Déjame llegar a ella! grité, intentando empujarlo. La
necesitaba. Con la señora Matthews fallecida, necesitaba a mi madre aún más, pero Chase no me
dejaba ir. Se aferró a mí con tanta fuerza, sus dedos dejaron marcas en mis brazos, mis gritos no
hicieron nada para disuadirlo.
Tiraron de mi madre hacia el auto de la policía mientras arrastraba sus pies, lamentando
que la dejaran ir. Tuve que ver cómo la llevaban lejos y me rompí en sollozos, completamente
indefensa para salvarla.
Lo siento.
Él no podría haber sabido que sería la última vez que la vería. No podría haber
sabido cuán importante sería ese momento en mi vida. Mis emociones se habían
agitado con el dolor de tener que decirle adiós a la señora Matthews. Había estado de
luto por su muerte cuando mi propia madre decidió aparecer y hacer todo mucho peor.
Necesitaba a alguien a quien pudiera enfadarme por la injusticia de todo esto, y había
escogido a la única persona que podía tomarlo: Chase.
Lo miré a los ojos, esperando encontrar cólera. En cambio, solo había dolor. A él
tampoco se le había dado la oportunidad de despedirse de su madre.
Siento mucho que ella haya alejado a tu madre de ti, Chase dije, alejándome de
él. Sabía que las lágrimas se deslizaban por mis mejillas, pero estaba entumecida por su
contacto.
Debería haber sabido que había más de lo que mi madre tenía que expiar. No era
suficiente el arruinar a su propia familia, tenía que arruinar a la familia de Chase
también.
No la mató, Lilah. A los dieciséis años, estaba enojado y triste. Yo quería
echarle la culpa a alguien y cuando vi a tu madre, solo reaccioné.
Sacudí la cabeza. Estaba tan equivocado. Tu madre no habría sido asesinada
si... Ella estaba tan consumida con sus propios demonios, que era ciega a todos los
demás.
Lo único que podía hacer era tomar una respiración profunda y darme cuenta de
que había estado mirando la situación desde una perspectiva. Durante años, Chase
había sido el chivo expiatorio de mi pena. Cuando retrocedí, me di cuenta de que
Chase no tenía la culpa. A través de alguna alquimia, había encontrado una forma de
convertir su odio, culpa, ira y tristeza en perdón. Ahora, también él me había mostrado
cómo. La culpa que yo había abrigado por él podía ser desinflada y tirada. Justo así.
Poof.
Se había ido.
Traducido por Mariela
laine no sabía a dónde estaba yendo, pero ha estado corriendo toda su vida.
Su cuerpo sabía qué hacer; estaba hecha para huir. Su pie golpeó contra el
pavimento. Izquierda, derecha, izquierda, derecha. Había perdido el aliento
hace una milla, pero sus sollozos seguían llegando, arrancándose de ella como si
estuviera tratando de partirla en dos.
Ella ya había vivido una semana sin su amiga, no duraría mucho más. La policía
la encontraría y la llevaría de vuelta a la cárcel. Tendría que lidiar con la gente de
Donny dentro.
Nunca terminará.
Lilah nunca tendría a la madre que merecía. Habría pasado sus fines de semana
visitándola en la cárcel, desperdiciando sus monedas en la máquina expendedora en la
habitación de visitas.
Nunca terminará.
No había dormido desde la muerte de Hannah. Cada vez que tragaba, recordaba la
carne cruda del puño de Donny alrededor de su garganta.
Nunca terminará.
Habían hecho testamentos antes de que Chase y yo naciéramos que detallaban sus
deseos después de la muerte. Las voluntades habían sido cortas y tontas, el resultado
de dos niñas de dieciocho años que intentaban planear un evento que habrían supuesto
que sería setenta años a que se cumpliera. Las instrucciones concisas dictaban sus
deseos de descansar una al lado de la otra, dos lápidas con un epitafio de tres palabras.
No necesitaba ver el frente de sus lápidas para recordar las tres palabras cinceladas en
memoria de sus vidas.
Tres palabras inscritas en ese orden. A los dieciocho años, habían sido jóvenes,
embarazadas y enamoradas de nuestros padres. Esas tres palabras parecían
convenientes, pero ahora todo parecía una broma cruel. Las palabras de Hannah eran
correctas, pero fuera del orden. Su epitafio debería haber leído: Amiga. Madre. Esposa.
Después de todo, era su inquebrantable amistad con mi madre la que la había matado
al final.
Mientras las palabras de Hannah estaban fuera de orden, la de mi madre estaban
simplemente equivocadas. No era madre, ni esposa, ni amiga. Miré la parte trasera de
su lápida y deseé poder raspar las mentiras inscritas en el otro lado. Chase me había
enseñado a perdonar a los vivos, pero no pude absolver a los muertos.
Me había ido dos años pensando que estaba bien, incluso aliviada de que mi madre
se había ido, pero mientras yo miraba a la parte posterior de su lápida, la rabia hervía
profundamente dentro de mí.
Había pensado que una vez que alguien muriera, sería difícil mirar hacia atrás con
ira.
Puedes estar enojado con un fantasma. Puedes estar tan realmente enojado en un
fantasma que tu cuerpo entero se siente como un cable en vivo a punto de explotar.
Sentí por la cámara colgando de mi cuello, la que Chase me había dado y enfoqué
la lente en la parte trasera de la lápida de mi madre. Ajusté la exposición e hice zoom.
Presioné y el obturador se disparó, rompiendo el silencio del cementerio.
Chase me había dado la cámara para poder usarla como un investigador privado,
pero mi primera foto no fue tomada para descubrir los secretos de otras personas, sino
para reconocer los míos.
***
—Hola, Lil, estaba a punto de llamarte para ver dónde estabas ¿Tienes hambre?
preguntó, dejando caer su pluma encima de la libreta con un ruido sordo y haciendo
hacia atrás su silla sobre el piso de madera dura.
No quería hablar sobre ello, pero insistió, saqué la silla del antecomedor enfrente
de mí, y me senté. Incapaz de encontrarme con su mirada, le dije las palabras
despacito. Todavía estoy enojada con mamá por lo que le hizo a Hannah.
—Tu madre tuvo una vida complicada, Lilah. Estoy seguro de que sabes trozos de
ella, pero vino de un hogar profundamente lleno de problemas. Cuando tu abuelo
había estado bebiendo, tu mamá corría hacia la casa de Hannah. Ella era el escape de
tu madre, pero a medida que crecían, su relación ya no era saludable. Creo que parte
de la razón por la que tu madre nunca cambió su forma de vida era porque sabía que
Hannah siempre estaría allí para recoger las piezas.
—Chase dijo que la señora Matthews habría vuelto a casa ese día incluso si ella
hubiera sabido lo que iba a suceder. —Quería que solidificara el hecho.
Él frunció el ceño. —No se sabe lo que podría haber sucedido si varias cosas
hubieran sido diferentes en nuestras vidas. Buscar a alguien a quien culpar no trae a
nadie de vuelta, Lilah.
Me aparté para mirar por la puerta trasera. Sin la luz del porche encendida, pude
ver partes de mi reflejo en los cristales de las ventanas.
—Sí.
—Yo también te quiero, Lil. No te digo lo suficiente. —Me apretó más fuerte antes
de soltarme.
—Papá.
Era una pregunta cargada. Una parte de mí no quería nada que ver con la mujer.
Sonrió suavemente. —Tienes todas sus mejores cualidades. Cuando la conocí por
primera vez, era hermosa y amable. Era una mujer verdaderamente brillante.
—¿Eso ayuda?
ilah no estaba por ningún lugar para ser encontrada. Toqué en su puerta y
dejé a que Harvey entrara para que inspeccionara por mí. Regresó con uno
de sus calcetines en su boca, muy orgulloso de sí mismo por su
cumplimiento como si fuera una misión de reconocimiento clandestino. Eres algo de
ayuda.
Tuvimos la semana libre de béisbol, así que permanecí alrededor de la casa todo el
día, arreglando las cámaras con la puerta abierta. Acomodé mi silla en ángulo contra
mi escritorio, posicioné mis herramientas y me asomé hacia el pasillo cada vez que
pensé escuchar ruido de pisadas por las escaleras. Para el final del día, estaba
convencido que la casa de los Calliway estaba embrujada, era eso o que me estaba
volviendo loco.
—¿Ha visto a Lilah? —me preguntó asomándose sobre su hombro hacia mí.
Él asintió y se volteó hacia la estufa. Ambos sabíamos que no había caso que nos
preocupáramos. Lilah regresaría cuando estuviera lista y no un segundo antes.
Harvey me miró con los ojos cansados, claramente molesto por ser despertado de
su sueño de reparador.
—¿Qué sucede?
Giré mis piernas del lado de mi cama. —Lilah, no, no tienes que disculparte.
—He pasado todo el día pensando en ello... —admitió con un tono manso. Y no
sé a dónde ir desde aquí.
Asintió y dio un paso más cerca de la cama. Harvey se sentó, con la esperanza de
que ella se acercara y lo acariciara. Lo empujé más abajo para que estuviera al pie de la
cama.
Sentí una leve picadura en mi pecho, como alguien picoteando en mi corazón con
el borde de un cuchillo. Pensaba en mi madre todos los días, pero casi nunca hablaba
de ella.
Lilah sintió mi inquietud. —¿Recuerdas la vez que nos sacó de la escuela y nos
llevó a la playa? Creo que teníamos diez u once años en ese momento.
Sonreí ante el recuerdo. Mi madre les había dicho a nuestros maestros que ambos
teníamos citas médicas y no la habían cuestionado.
—Nos llevó a Port Aransas, pero no se había dado cuenta cuánto tiempo tomaría.
Lilah se rio. —Fue como un viaje en coche de seis horas para llegar allí.
Lilah, te amo.
En su lugar, me acerqué más y le susurré otra historia, sus ojos se centraron en los
míos mientras absorbía cada palabra.
—¡OUT!
Lilah se encontraba ahí, al igual que estuvo en todos los juegos desde el inicio de la
temporada. No se sentaba con las Diamond Girls; se sentaba en la parte superior de las
graderías con la gorra sobre su rostro. Era incomodo darle una rosa a Kimberly al final
de cada juego, pero no era como si tuviera elección. Cada jugador daba una rosa; era
una tradición y Kimberly era una buena amiga. No se merecía ser abandonada solo
porque amaba a Lilah.
Después de unas cuantas veces de casi caer de bruces, finalmente, logro llegar a su
automóvil, sin darse cuenta que me hallaba sentado dentro de la camioneta.
Abrí la puerta de tela metálica deshilachada y toque con mis nudillos el marco de
madera.
—¿Estás ahí dentro, papá? —dije en voz alta a la silenciosa casa. La alfombra se
hallaba manchada con parches amarillos y marrones y había basura cubriendo la mesa
de café. Frascos de píldoras yacían a la par de paquetes de cigarrillos y latas vacías de
refresco.
—Quería venir a ver cómo te encontrabas —dije, tomando asiento en la silla frente
a él. No pude oler el sudor de mi uniforme sobre el almizcle que persistía en la
habitación. El lugar era asqueroso.
—Estoy bien —asintió, reclinándose y colocando sus brazos sobre el respaldar del
sofá.
Sus ojos estaban enfocados en algo afuera cuando respondió. —Una o dos veces la
semana pasada. Ha sido lento.
Asentí y dejé caer las manos entre mis piernas. —¿Cómo pagas estas cosas?
Me reí por lo bajo. —¿Crees que es divertido tener que sermonear a mi papá?
Gruñó y supe nos hallábamos en un callejón sin salida, así que decidí dejar el
tema.
Se extendió para tomar un sorbo de cerveza barata que sin duda a estas alturas
estaba tibia.
—Hoy tuve un juego de béisbol —mencioné, encontrando un terreno neutral.
—¿Te acercaste a esa hija suya de nuevo? —preguntó con dulce desprecio.
—Su madre era una ramera estúpida y la manzana no cae tan lejos del árbol.
Pensé en la versión de Lilah que había regresado de Austin: la chica cerrada, con
el cabello negro y la sonrisa plana; la chica que hizo todo lo posible por esconderse del
mundo. Sabía que no pasaría de la noche a la mañana, pero podía traer de vuelta a la
antigua Lilah. Podía encontrar a la chica perdida.
—Ahora solo estás soltando mierda desagradable —dije con una determinación
férrea—. ¿Tú sabes que yo sé que estás equivocado?
—Porque no soy igual que tú —dije mordaz—. Lilah no se volverá como su madre
porque estoy seguro como el infierno que no me convertiré en ti. Mírate —me burlé.
Eres un hombre de cuarenta años bebiendo hasta el olvido. Perdiste a tu esposa y yo
perdí a mi mamá. No puedes solo pretender que la vida no continúa. —Negué con la
cabeza—. ¿Por qué no puedes verlo? ¿Por qué no puedes ver que conviertes algo triste
en algo aún peor? No pude lamentar la muerte de mi mamá porque estaba demasiado
ocupado asegurándome que cada noche no te ahogaras en tu propio vómito.
Me levante y saque las llaves del bolsillo de mi uniforme. Todo el camino hasta la
puerta principal estuvo acompañado del silencio de mi padre, pero no estaba bajo la
ilusión de que escuchó una palabra.
Los secretos se amontonaban más rápido de lo que podía grabar en mi diario. Eran
como las malas hierbas que crecían fuera de control sin nadie para mantenerlos bajo
control. Los guardé, cubriendo mi nuevo diario con ellos hasta que la tinta negra
sangró por todas las páginas.
Mi pequeña ciudad esconde más de lo que podría haber esperado. Había fraude: la
iglesia bautista del centro no había sido víctima de un cableado defectuoso; los
ancianos de la iglesia lo habían incendiado por el dinero del seguro. Había asuntos y
adulterio: todos, desde un ayudante de maestro en mi escuela hasta el señor Hill al otro
lado de la calle. Los tramposos eran descuidados e indulgentes. La mayoría de ellos
querían ser capturados, pero eran demasiado débiles para salir y admitirlo. Había
pequeños secretos, vecinos regando sus céspedes durante las restricciones de sequía y
grandes secretos, como que el centro de la panadería de D&T era un pequeño frente
acogedor para una operación de lavado de dinero.
La mayor parte del tiempo, los secretos cayeron en mi regazo, pero en otros casos
tuve que investigar. Me senté en la panadería de D&T después de la escuela, viendo y
escuchando. La primera vez que había una gota de dinero, no creía que lo hubiera
visto. Tuve que volver tres veces más antes de confirmar mis sospechas. Rellenas entre
los croissants de chocolate y las uñas de oso esmaltadas eran miles de dólares de dinero
sucio de la droga. Siempre me había preguntado qué hacían los trabajadores de una
panadería de 24 horas durante las 20 horas de inactividad.
Anoté todos los secretos que pude encontrar, exponiendo mis páginas de diario a
los mentirosos de Blackwater, Texas, y cada mentira que escribí ayudó a aliviar mi
alma.
—Chase tiene un futuro tan brillante, y ella está tan emproblemada. Bendice su corazón.
Recorrí las páginas de mi diario, pasando la mano por las palabras que había
escrito allí el día anterior. No quería irme a casa, así que me senté dentro de D&T y
fingí no notar cuando alguien ordenó los macarrones de grosella negra, un elemento
discreto del menú.
La campana resonó sobre la puerta y miré hacia arriba para ver a los padres de
Kimberly, el señor y la señora White, entrando en la panadería con grandes sonrisas. No
los había visto en años, pero habían envejecido como vampiros: sin arrugas, sin
preocupaciones, sonrisas perfectas y ojos azules brillantes.
La señora White exploró el pequeño espacio hasta que sus ojos aterrizaron en mí.
El señor White se paró detrás de ella, brillando hacia mí de oreja a oreja. Siempre el
dentista sonriente.
—¿Cómo has estado? —preguntó ella.
—Bien.
—Kimberly mencionó que tú y Chase se estaban viendo —dijo la señora White con
una inclinación de cabeza—. Sabes, tengo que decir que siempre habíamos elegido a
Chase para Kimberly. Quiero decir que los dos eran tan inseparables... mientras
estabas fuera.
Sus ojos huecos hacían imposible saber si estaba siendo maliciosa o simplemente
inconsciente. Aun así, quería acercarme y apretar mi mano sobre su boca. No
necesitaba oír historias sobre Kimberly y Chase. Tenía un lazo corriente de sus caras
felices constantemente jugando en mi cabeza.
Sus ojos se llenaron de esperanza. —¿Oh? Kimberly estaba loca por él durante
mucho tiempo. Solíamos reír cuando pasaba horas preparándose para una de sus citas.
—Oh, eso es gracioso —le dije, mostrándole una sonrisa plana, esperando que
tomara la indirecta y se fuera. No lo hizo. Por lo que sabía, estaría atascada hablando
con ellos durante el resto de la tarde.
Entrecerré los ojos, sabiendo muy bien que la señora White no se preocupaba por
mí. Nunca había llamado después del funeral o se ofreció a ayudar a nuestra familia.
Quería saber qué estaba haciendo para poder compararlo con Kimberly. Necesitaba la
validación de que era una buena madre y que Kimberly era la princesita popular que
siempre había querido criar.
Me paré y dejé la mesa que había ocupado durante la última hora. Me deslicé
alrededor de ellos y tiré mi sombrero imaginario.
—Ya sabe, lo único que sé con seguridad es que estoy saliendo de este pueblo.
Los pastelitos eran seguros. Eran postres esponjosos e inocentes. Fueron los
macarrones de grosella negra que dieron señales de compra.
***
Corro mi dedo por las viñas en ciernes y luego me obligo a terminar de regar el
resto del jardín. Una vez que cada cama está empapada, me quito mis zapatos y entro
para alimentar a Harvey y cenar temprano. Mi papá no ha llegado todavía del juego de
béisbol y la casa está demasiado callada; no había nada para ayudar a ahogar los
pensamientos negativos sobrepasando mi mente. Me apoyé en el mostrador y repetí mi
conversación con la señora White hasta que no pude aguantar más.
Odiaba a la señora White, pero no era la única que no quería que terminara con
Chase. Esto confundió a todos. Arruinó su perfecta imagen de lo que debería ser la
vida. Se suponía que Chase se casaría con una reina de baile, se haría cargo del
concesionario Ford de Blackwater y se presentaría al gobierno de la ciudad. ¿Yo? Se
suponía que debía convertirme en mi madre.
No era una idea nueva; pensé en la posibilidad de convertirme en ella todos los
días. Era fácil ver las similitudes, pero cada vez que me entregaba a mí misma, mi
lógica eventualmente se ponía en marcha. Yo no era ella. Lo sabía. Sin embargo, la
gente me veía como su engendro. Me habían marcado como problemas desde el
principio.
Cuando escuché a Chase abrir la puerta principal y subir las escaleras, mi emoción
de verlo momentáneamente desplazó la tristeza. La perilla de mi puerta se torció y me
volví para encontrarlo de pie en mi puerta con una amplia sonrisa.
Crucé los brazos y me encogí de hombros. —No es gran cosa. No tengo nada más
que hacer los sábados por la tarde.
Levanté las manos para detenerlo, pero sabía que era un intento inútil. —¡Te
puedo oler desde aquí!
Tragué. —No.
—Chase, mi papá va a aparecer —dije, fingiendo que estaba más preocupada por
mi papá regresando a casa que las manos de Chase en mis caderas.
Se inclinó para besar mi mejilla, sus dedos girando círculos lentos a lo largo de mi
espalda baja, volviéndome loca.
—Yo…
—¡Oye! ¡Ayúdame!
—Pero, estoy realmente disfrutando de la vista —bromeó, rozando sus manos por
el centro de mi estómago. Mis músculos temblaban bajo su toque, incluso cuando la
camiseta comenzó a cortar la circulación.
—¡Chicos! Estoy en casa. ¿Quieren ir a cenar? —gritó mi papá por las escaleras.
—¿Chicos?
—Está bien papá ¡Solo un segundo! —grité, manteniendo los ojos fijos en Chase.
Era la primera vez que dejaba que mi amor por Chase viera la luz del día.
Traducido por LittleCatNorth
Amaba a Chase. Lo amaba y nadie podría ver cuán hermosamente puro era el
sentimiento. Ellos estaban demasiado consumidos por la yuxtaposición de lo que “era” y
lo que “debía ser”. Para ellos, yo ni siquiera era digna de ser una Capuleto destinada a su
Montesco yo era más la criada del servicio que debió haber deslizado una poción de
amor en el guisado de Romeo. Lo había robado justo de abajo de Julieta.
Cada día durante el almuerzo, caminé por la cafetería y me detuve para mirar a
Chase entre sus amigos. Yo era como una antropóloga estudiando los hábitos de una
cultura de la que nunca había sido parte. Evadí las invitaciones de Chase a unirme a él,
escogiendo en lugar de eso esconderme en la biblioteca o el centro de naturaleza,
cualquiera que se adaptara a mi gusto ese día.
Se sentía bien respirar por mi cuenta de nuevo, pasar treinta minutos sin la
constante sensación de tener a alguien mirándome, estudiándome, juzgándome.
Miré más allá de su hombro para ver a Chase estirarse por un puñado de papas
fritas. Él estaba usando su distintiva sonrisa satisfecha y yo solo no podía hacerlo más.
No podía fingirla.
—¿Alguna vez has pensado sobre estar con Chase? pregunté, ignorando por
completo su pregunta anterior.
Sus ojos se entornaron y jaló su labio inferior entre sus dientes mientras pensaba.
—Supongo que había pensado un poco sobre eso.
Ella sonrió, obviamente incómoda con mi honestidad. —Pero tú estás con él. Él
quiere estar contigo, Lilah. Apuntó a mi pecho, como si enfatizara ese punto.
Asentí porque, por ahora, tenía razón. Por ahora, yo tenía al chico dorado, pero
no duraría; él había escogido a la chica equivocada.
Tragué el pensamiento, empujándolo tan lejos bajo la superficie que para cuando
el horario de física llegara, pudiera ofrecerle a Chase mi mejor esfuerzo de una sonrisa
genuina. El señor Jenkins repartió el problema conjunto y me enfoqué en él como si mi
vida dependiera de ello. Chase y yo lo trabajamos juntos mientras Connor se quedaba
atrás. En un montón de formas, fue el mismo viernes en la tarde que había tenido por
los últimos meses, hasta que el teléfono de Chase zumbó y bajé la mirada para ver una
llamada entrante de Kimberly.
Mi estómago se apretó ante la vista de su nombre. ¿Lo llama a menudo? Era su
Diamond Girl, por supuesto que lo hacía.
Miré a los otros chicos de mi clase salieron corriendo, incluido Connor, pero
esperé. Miré a un lado y a otro, de la mochila de Chase a la puerta, preguntándome si
iba a molestarse en regresar por ella. El señor Jenkins empacó su clase y me ofreció una
mirada expectante.
—Parece que Chase se saltó la clase temprano. Cuando lo veas, por favor avísale
de que estará en detención por la próxima semana.
El cielo había estado oscuro y nublado durante el almuerzo, pero la lluvia esperó
lo suficiente para que yo comiera mi emparedado afuera, en el centro de naturaleza.
Mientras caminaba afuera después de la campana final, sabía que no sería tan
afortunada para mi caminata a casa.
El viento sopló mi cabello a través de mi rostro y miré hacia arriba para ver las
oscuras nubes estrepitosas rebasando el cielo. Sonreí, pensando sobre cuanto
necesitaban mis plantas a la lluvia. Fue la primera vez que había sonreído en toda la
semana y esta se alejó tan pronto como bajé la mirada para ver a Chase caminando
lado a lado con Kimberly. Había llegado tarde, y ahora sabía por qué. No estaba
planeando encontrarse conmigo en lo absoluto.
Mi madre siempre me dijo que fuera cuidadosa con lo que deseaba, y en ese
momento, noté cuan certeras eran sus palabras. Debí haber sido más cuidadosa sobre
ventilar mis dudas. El universo había escuchado y actuó mucho más rápido de lo que
había creído posible.
Perfecto.
No dejé de caminar hasta que alcancé un antiguo roble sobre la calle Main. Su
follaje era amplio y colgaba bajo sobre la acera. Me apiñé debajo de él, esperando que
la tormenta pasara rápidamente. Mis ropas estaban empapadas y cada mochila había
ganado al menos cinco kilos de peso por el agua. Las dejé caer al suelo seco bajo el
árbol y rodé mis hombros hacia atrás para aflojar la tensión en ellos. La lluvia no
parecía que se iría en cualquier momento pronto; sabía que solo tendría que soportarla
hasta llegar a casa.
Miré de izquierda a derecha, tratando de pensar una buena excusa. No tenía una.
—Lo siento, no estaba esperando pasajeros dijo con una sonrisa infantil que no
era algo que estaba acostumbrada a ver en él. Su cabello negro estaba recortado más
corto de lo que había visto, haciendo sus bellos rasgos mucho más fácil de apreciar. Me
moví nerviosamente en mi asiento, poniendo las mochilas entre mis piernas, y
estirándome para agarrar mi cinturón de seguridad.
—No hay problema. Usualmente, vago por ahí después de la escuela, pero me fui
hoy para vencer a la lluvia señaló a través del parabrisas frontal—. Como puedes
ver, no hice un trabajo muy bueno de eso.
La pregunta estaba afuera antes de decidir si era o no una buena idea, pero supuse
que comer una cena temprana con Trent vencía el sentarse en casa y preguntarse qué
estaba haciendo Chase con Kimberly.
Las cejas de Trent se dispararon hacia arriba y luego asintió una vez, lentamente,
procesando mi pregunta. —Sí. Sí, de acuerdo. Conozco un buen lugar al que podemos
ir.
No me había dado cuenta de cuánto tiempo habíamos pasado allí hasta que Trent
sacó su teléfono de su bolsillo trasero y ofreció un cambio de lugar.
Guardó su teléfono y luego me lanzó una sonrisa inocente. —Qué tal si vamos a
echar un vistazo y si estás aburrida o si quieres salir, nos vamos.
Dejé que Trent me llevara a su coche, pero no presté mucha atención mientras
conducía hacia las afueras de Blackwater. Los caminos eran un lío enlodado por la
tormenta y como nos paramos frente a un remolque de doble ancho, temí que Trent no
sería capaz de conseguir su coche de vuelta del barro cuando era el momento para que
nos fuéramos.
Abrí la puerta y traté de dar un paso alrededor de la mayoría de las grandes pilas
de barro en el camino hacia la puerta principal. Trent se adelantó y trazó una ruta
segura, pero no sirvió. Cuando llegamos a la puerta principal, mis zapatos estaban
cubiertos de barro. Traté de echar una parte de ello cuando la puerta del remolque se
abrió y dos chicas borrachas rieron cuando nos pasaron.
Ashley estaba ataviada con una falda corta de mezclilla y una camiseta con encaje
blanco. Sus tacones de cuatro pulgadas aumentaron su altura y cuando Blake se
enderezó después de servirle una copa, se elevó sobre él.
Era como yo sospechaba: un chico de unos veinte años con un ligero vientre
cervecero y un grueso cabello negro gelificado. En otras palabras, parecía alguien que
no debería haber estado de fiesta con un grupo de estudiantes de preparatoria.
Mientras estaba allí, Ashley me miró y me vio. Me preparé para un encuentro
incómodo, pero su sorpresa fue rápidamente reemplazada por una sonrisa gigante.
Me reí y extendí la mano para ayudar a estabilizarla mientras cayó sobre mí.
Hola, Ashley.
—¡No puedo creer que estés aquí! ¿Cómo te dijo Trent que vinieras? Pensé que
ahora solo salías con Chase.
—Salgo con quien quiera, y esta noche estoy aquí para verte —dije, poniendo una
falsa sonrisa.
Trent golpeó mi brazo con la mano y señaló hacia la cocina donde Blake seguía de
pie, observando mi encuentro con Ashley. Me preguntaba si había interrumpido algo
entre los dos.
Ashley tomó un porro de uno de los chicos y le dio un golpe. Ella me lo ofreció,
pero levanté la mano en señal de protesta.
—Aquí tienes —dijo Trent, apareciendo a mi lado con un vaso rojo desechable en
la mano. Él sonrió ampliamente mientras tomaba el vaso y miraba adentro.
—¿Qué es esto? —le pregunté, oliendo. Había un débil indicio de alcohol, pero no
era demasiado abrumador.
—Un ron y coca-cola. Fui ligero en el ron porque sabía que me darías el infierno
bromeó, inclinándose para sentarse en el borde del sofá.
—¡Vamos a jugar a la Copa del Rey! —dijo Ashley, aplaudiendo con alegría.
Blake abrió un cajón de la cocina para sacar una baraja de naipes y luego los tiró
hacia nosotros. Trent los atrapó en el aire, abrió la caja y comenzó a barajar las cartas
en su regazo.
Ashley me dijo las reglas del juego mientras terminaba mi primera bebida. Trent se
levantó para conseguirme otra, pero levanté la mano para detenerlo. Quería que el
primero se instalara antes de que tuviera más. No me había sabido muy fuerte, pero no
quería que el ron me golpeara de repente.
—Lo voy a llenar solo con agua. Necesitas una bebida para jugar el juego —
susurró Trent en mi oído. Sonreí y parpadeé, sintiendo una débil ligereza en mi
cabeza, probablemente por el humo en el aire. El agua era una buena idea.
Cuando volvió, tomé unos cuantos sorbos mientras la gente empezaba a descartar
cartas.
—¿Qué significa eso? —pregunté, tratando de recordar las reglas que acababa de
explicar. Mi cabeza se sentía borrosa y traté de parpadear la confusión.
—Cuando alguien descarta un dos, señala a quien quieran y esa persona tiene que
tomar una copa con ellos. ¡Así que bebe! —gritó ella en mi oído.
—¿Trent estás seguro de que no había mucho ron en esa bebida? —le pregunté,
mirándolo. Los bordes de su rostro estaban borrosos y entrecerré los ojos, tratando de
distinguirlo en la borrosidad.
Debería haber prestado más atención a esa sonrisa, pero fue mi turno de sacar una
carta. Extendí la mano para tomar una carta de la parte superior de la cubierta y todos
gritaron. Parpadeé mis ojos de nuevo, sintiendo el mismo mareo que me alcanzaba.
Cuando me moví para sentarme en mi asiento, una aguda sensación de vértigo se
apoderó de mí.
Traté de decirle a Ashley que tenía un dolor de cabeza y no quería seguir jugando,
pero las palabras salieron confusas y lentas.
—¿Qué demonios has puesto en su bebida, Trent? —soltó Ashley.
Lo último que recordé fue la risa de los tres muchachos enrollando los porros en el
sofá. Sonaban como una manada de hienas cacareadoras.
Traducido por Carilo y LittleCatNorth
Kimberly me había llamado dos veces durante Física y para el momento en que
finalmente había devuelto su llamada en el baño de chicos, estaba frenética.
—¿Qué?
Me miré en el espejo del baño e hice la pregunta que podría cambiar para siempre mi vida.
Los detalles eran mínimos: mi papá había estado conduciendo a casa cuando él
había manejado su coche en la carretera. Una ambulancia lo había llevado al hospital
del condado donde la mamá de Kimberly, una enfermera de urgencias, había estado
allí para admitirlo.
Había un espectro entre las dos posibilidades y no sabía de qué final debía empezar
a prepararme. Si me preparaba para lo peor, entonces no podría sorprenderme.
—No quiero endulzarte esto, Chase. Tu padre estuvo en un accidente muy malo. Su
coche salió del camino y cayó al revés en una zanja. Los paramédicos fueron llamados
a la escena inmediatamente y el departamento de bomberos ayudó a sacarlo del auto.
Una vez que lo tuvieron en la ambulancia, ellos comprobaron su nivel de alcohol en la
sangre. La mayoría de la gente habría estado inconsciente con la cantidad de alcohol
que tenía en su sistema.
—Ha acumulado una gran tolerancia a lo largo de los años —expliqué, no para
defenderlo, sino para explicarle ese triste hecho.
Ella parpadeó y mantuvo los ojos cerrados por un momento antes de continuar.
—Hay un poco de sangrado interno. Está en cirugía ahora para que los médicos
puedan encontrar la fuente y reparar el daño lo mejor posible. Una vez que tengan eso
bajo control, pueden concentrarse en las otras lesiones que sufrió.
—¿Le hizo daño a alguien más en la carretera? —pregunté, necesitando saber esa
respuesta antes de continuar. No podía preocuparme por las heridas de mi padre hasta
que saber si había herido a alguien más.
—Afortunadamente, no.
Me sentía enfermo de lo increíblemente egoísta que había sido poniéndose detrás del
volante de su coche en ese tipo de estado, peor aún porque sabía que no había sido la
primera vez. Nunca me había sentido más agradecido por la previsión del entrenador
Calloway al aceptarme; esto era exactamente el tipo de cosas de las que quería
protegerme.
No estoy seguro de cuánto tiempo estuve allí antes de que Kimberly entrara con
algo de comida china en un restaurante de la calle. Supuse que había ido a tomar algo
después de dejarme.
—Aquí, debes comer —dijo ella, abriendo las cajas y preparando una pequeña
comida para mí. La idea de la comida me repelía, pero no quería ofenderla, así que
tomé el plato y lo puse en mi regazo, haciendo girar los fideos en una suave espiral.
Quería que Lilah estuviera allí. Quería que me dijera que todo saldría bien, e
incluso si no estuviera bien, quería que estuviera allí, así que sabría que al final del día
todavía tenía a la única persona que me importaba, la única persona que realmente
importaba. Busqué el teléfono en el bolsillo, pero no lo sentí.
—Creo que dejé el teléfono en tu auto —le dije, ya pasando a pie con mi plato de
comida.
Lilah probablemente se estaba preguntando por qué no me había reunido con ella
después de la escuela, pero los chismes se extendían como un incendio en nuestra
ciudad y espero que alguien pensase en avisarle. Sin embargo, cuando Kimberly me
entregó mi teléfono, marqué su número de memoria y esperé a través de los tonos de
marcar para poder decirle yo mismo que fuera al hospital. Cuando su buzón de voz se
levantó, colgué e intenté llamarla de nuevo.
—Estoy segura de que está comiendo o algo así —dijo Kimberly, tratando de
transmitir energía positiva. Mi tripa sabía mejor. Mi instinto necesitaba que Lilah
contestara el teléfono.
***
Traté de mantenerme atento mientras él explicaba cuan bien había ido la cirugía,
cuan probable era que mi padre se recuperara por completo. Consiguieron poner un
sangrado interno bajo control e iban a reajustar los huesos en su hombro y muñeca.
Tenía un pulmón perforado y varios cortes que necesitaban puntos, pero el Dr.
Williams explicó que él sería capaz de dejar el hospital en varios días.
—Sí, solo nosotros respondí, dejando a un lado el hecho de que no había estado
viviendo con mi padre por los pasados meses.
Asentí, recordando todas las veces a través de la secundaria que había cuidado de
él después de que se emborrachaba hasta enfermarse. Cuidar de él después de la cirugía
no sería diferente, en realidad. El Dr. Williams comenzó a caminar por el corredor y
me ordenó que siguiera tras él. Alcanzamos otro par de puertas dobles y escaneó su
identificación y me guio dentro de la unidad de cuidados intensivos.
Cuando él pudo enfocarse lo suficiente para verme de pie al final de su cama, tragó
lentamente y alejó la mirada, incapaz de encontrar mis ojos por mucho tiempo.
Patético.
Su ambivalencia me molestó incluso más y entorné mis ojos hacia él. Eres todo
un imbécil.
—Cuida tu boca. ¿Crees que puedes faltarme el respeto ahora que tienes dieciocho
e irás a alguna universidad sofisticada?
Rodé mis ojos por sus palabras vacías. Estaba actualmente restringido a una cama
de hospital, probablemente aún medio ebrio. El respeto ya no era siquiera una opción.
—Estamos en la casa de Blake Vaughn y creo que uno de los chicos puso algo en
su bebida.
Mi corazón golpeteó en mi pecho mientras trataba de procesar sus palabras.
Blake Vaughn.
El mapa me lleva por un camino con huellas de neumáticos que conducen a través
de barro. Empujé mi pie sobre el acelerador y pasé un grupo de árboles. Bajos fuertes
fueron la primera pista de que me estaba acercando a la fiesta y finalmente vi un
remolque de doble ancho rodeado de autos. Mis ojos se fijaron en el plateado Camry de
Trent y mis manos apretaron el volante con tanta fuerza que pensé que lo arrancaría
directamente del tablero.
—¿Quién te dejó entrar? Esto es una fiesta privada, idiota —escupió Blake,
acercándose y midiéndome. Estaba en el medio del día más duro de mi vida. Podría
haber tomado fácilmente mi ira contra su rostro.
Empujé a Blake en busca de la puerta cerrada al final del pasillo. Me gritó, pero yo
no escuché. Pude ver la luz que fluía a través de la parte inferior, pero cuando probé la
perilla, estaba cerrada. Me levanté y me arrojé contra la puerta. Se abrió de golpe y
tropecé dentro de la habitación, captando mi impulso cuando Trent saltó de la cama.
Tal vez en un mejor día, lo habría dejado ir. Tal vez en un mejor día, podría haber
escapado. Pero no era un mejor día.
Alcancé la parte de atrás de su camiseta y lo arrojé contra la pared del remolque.
Su cabeza golpeó los paneles de madera baratos y algunos estantes se estrellaron contra
el piso junto con toda la mierda barata amontonada encima de ellos. No le di tiempo
para recuperarse; me acerqué y lo tiré del suelo con el cuello de su camisa.
—¿Crees que esto es un jodido juego? ¿Crees que puedes jugar con la vida de las
personas así? —pregunté, luchando contra mi agarre alrededor de su garganta.
Su mirada se abrió paso entre mis ojos. Sus manos raspaban mi puño, pero yo
estaba trabajando demasiada adrenalina y rabia para notar la picadura.
Oí la conmoción en la cocina y supe que solo tenía unos segundos antes de que
Blake viniera a ayudar a su amigo. Miré a Trent directamente a los ojos y lo arrojé al
suelo. Se desmoronó a un montón y agarró sus piernas en posición fetal. Estaba
preparado para más abusos, pero no iba a venir.
Necesitaba sacar a Lilah del tráiler antes de que las cosas empeoraran.
—¿Eres mi ángel? —preguntó con una pequeña sonrisa—. Hueles como uno.
Mi corazón se rompió.
—Tonto, tonto, tonto. Tu madre trató de ser el ángel de mi madre, pero no sabía
que obtendría su deseo. —Golpeó su dedo contra mi pecho a tiempo con sus
palabras. No quiero que termines como un ángel —canturreó, acurrucada contra mi
pecho y siguió murmurando—. No puedo ser salvada. No podemos ser salvados. ¿No lo
ves?
Estaba riendo, una risa suave y tranquila que se oscurecía. De repente, su sonrisa
se contorsionó y cerró los ojos cuando empezó a llorar.
—Solo te lastimaré.
—No puedes hacerme daño —discutí, aunque sabía que no tenía sentido. No
recordaría nada de esto por la mañana.
Debí haber estado nervioso. Era un maniático con un cuchillo, pero con Lilah en
mis brazos, no había espacio para el miedo. Caminé hacia él y retrocedió. Sabía que no
usaría el cuchillo. Lo estaba sosteniendo hacia afuera, como si fuera a hacer algo con
él, pero estaba asustado. La hoja agitándose atrás y adelante en su temblorosa mano.
Retrocedió hacia la cocina, con cuidado de no tropezar sobre sus pies. Todos se habían
ido.
Abrí la puerta frontal de una patada y salí hacia el tranquilo bosque sin mirar atrás.
Tenía a Blake siendo un poco valiente, quizás él habría pensado en usar ese cuchillo en
serio, pero cuando terminaba en esto, sujetos como él eran cobardes. Drogar chicas
para tomar ventaja de ellas era un testimonio de eso.
Sostuve a Lilah arriba con mi rodilla mientras abría la puerta de mi camioneta.
Una vez que estaba acostada a lo largo del asiento corrido, rodeé el frente, me deslicé
dentro, y sostuve su cabeza sobre mi regazo.
—Mi novia fue drogada en una fiesta. No sé qué le dieron, pero su respiración ha
sido irregular desde que llegué a ella. Estuvo despierta y habló por un segundo, pero no
ha dicho nada en un rato.
—¿Te importaría venir conmigo por un momento, hijo? Sus oscuros ojos
miraron abajo hacia mí y sabía que él pensaba que yo tenía algo que ver con las
drogas.
—Así que trajiste a tu amiga después de que ella fue drogada. ¿Ambos estaban en
una fiesta? pregunto, inclinándose hacia el frente para descansar sus manos sobre la
cima de la mesa.
—Gracias por tu cooperación dijo, empujando su silla hacia atrás—. Solo tenía
que seguir el protocolo.
Asentí y empujé mis manos a través de mi cabello. Estaba cansado hasta los
huesos. Mi cerebro estaba frito y mis miembros se sentían pesados. Pude haberme
desmayado en mi asiento, pero Lilah aún me necesitaba. Estaba totalmente perdido
sobre a donde ir. El oficial de policía no sabía a donde habían llevado a Lilah, así que
tuve que perseguir a una enfermera para que me ayudara a encontrarla. Antes de entrar
a su habitación, fui al baño de hombres y salpiqué agua sobre mi rostro, tratando de
reagruparme y juntar mis dispersos nervios. Aún podía verla sobre la cama de Blake,
pálida como un fantasma. Había estado tan cerca de perderla y mis nervios estaban
aún exaltados.
Tomé una profunda respiración antes de abrir su puerta. Ella estaba acostaba sobre
la misma clase de cama esterilizada que mi papá aún ocupaba en el otro lado del
hospital. Su oscuro cabello estaba enredado con sudor alrededor de sus sienes y sus
labios estaban secos y agrietados. Caminé hacia el lado de su cama y me estiré por su
pequeña mano, cerrando mi puño alrededor de ella. Miré abajo, a la conexión entre
nosotros y dejé que la última hora se hundiera en mis huesos. Las primeras lágrimas
que vinieron fueron sorpresivas y las limpié rápidamente. Las que vinieron después
fueron pesadas y tristes. Me incliné y descansé mi cabeza sobre el lado de su cama,
completamente exhausto.
Las enfermeras entraron y miré a los suaves rasgos de Lilah, mientras ellas me
tranquilizaban diciendo que estaría bien, que su papá ya estaba allí, hablando con los
doctores. Trent había puesto Rohypnol en su trago, pero para la mañana, estaría como
nueva. No había señales de abuso, sin daño permanente. Todo estaba bien.
La señora White me trajo un catre y una manta gris de lana. El catre encajó en el
espacio entre la cama de Lilah y la pared, así que fue fácil establecerse junto a ella y
mirar su pecho elevarse y caer mientras ella dormía. Me estiré de regreso para sostener
su mano, envolviendo mi palma alrededor de sus fríos dedos. Nunca se movió, ni una
vez, pero aun así continué mirándola por horas, tratando de leer sus calmados rasgos
por señales de la chica perdida que vivía dentro.
Traducido por Carilo y LittleCatNorth
La puerta de mi habitación del hospital se abrió y una joven enfermera con una
sonrisa brillante y ojos cansados entró a ver las máquinas sonar metódicamente junto a
mi cama. Ella movió algunos cables y luego se agachó para ajustar algo al lado de mi
cama.
Bien, supongo, pero no estoy segura de por qué estoy aquí. Mis palabras
rasparon contra mi garganta como papel de lija.
Moví los dedos de las manos y de los pies y luego levanté el cuello de mi vestido
para mirar hacia abajo a mi pecho. No había un rasguño en mí.
Miré los rasgos de Chase durmiendo mientras las piezas de mi memoria empezaban
a reformarse lentamente: Trent me invitó a tomar un trago, sintiéndome mareada
después de tomar unos sorbos, y luego nada.
El lado de su boca se inclinó hacia arriba. No. Parece que tu héroe tiene buen
tiempo. Creo que la policía ya se ha llevado a los dos hombres de la fiesta para
interrogarlos.
Ella comprobó una última cosa en mis signos vitales y luego se dirigió hacia la
puerta.
El doctor vendrá para hablar contigo pronto, pero debes despejar la cabeza para
ir casa hoy. Las drogas están todas fuera de su sistema ahora dijo.
Bueno. Gracias.
Gimió cuando se sentó en la cama y luego estiró los brazos sobre su cabeza,
indudablemente doloridos de su improvisada cama.
Estoy bien. Gracias por venir a buscarme anoche. ¿Cómo sabías que estaba allí?
Él gruñó. Ashley me llamó después de que Trent te empujó al dormitorio.
Me tomé mi tiempo tratando de pensar en una buena razón, pero cuando no pude,
me encogí de hombros y lo miré a los ojos. Trent me dio un aventón cuando estaba
caminando a casa bajo la lluvia. Me invitó a la fiesta y decidí ir un rato. Era un plan
mejor que estar sola en casa.
Su ferviente expresión hizo que mis hombros se hundieran. No. ¿De qué estás
hablando?
Cerré los ojos y deseé poder decirle lo mucho que lo amaba también, pero me
estaba ahogando. Aunque sus palabras tranquilizaron mis inseguridades, también
alimentaron sentimientos ardientes de auto-odio. ¿Y si Trent se hubiera aprovechado
de mí la noche anterior? Había sido lo suficientemente estúpida como para ponerme en
esa situación en primer lugar.
Antes de que pudiera abrir la boca, la puerta del hospital se abrió y mi padre entró
en la habitación. Dejó escapar un suspiro visible al verme sentada y luego inclinó la
cabeza hacia la puerta.
Chase, ¿te importa si tengo una charla con Lilah por un segundo? preguntó mi
padre.
No puedes hacer eso conmigo, chica comenzó. Traté de llamarte dos
docenas de veces anoche y cuando no contestaste. ¿Sabes lo asustado que estaba,
tratando de averiguar hacia dónde te habías ido? El padre de Chase estaba en un
accidente y tú estabas perdida... Su voz se encogió en un susurro. Me trajo
recuerdos de... ese día.
Abrí la boca para disculparme, pero siguió adelante. Estás castigada por el resto
del año escolar.
Asentí.
Tienes menos de un mes para graduarte, y eso significa que tienes un mes para
poner la cabeza la derecha. Hizo una pausa y se sentó en el extremo de mi cama.
Sé que lo has tenido más difícil que cualquiera de nosotros después de que tu madre
murió. No es justo, pero vas a tener que aprender más pronto que cualquier otra
persona de tu edad que solo porque algo malo ha sucedido, no significa que el mundo
va a dejar de golpearte. Solo mira al padre de Chase.
No voy a…
He intentado estar allí para ti, pero hay solo algunas cosas que un padre no
puede hacer.
Él levantó su mano para cortarme. —Lo sé, lo sé. No tienes que decirme eso.
Quiero que vayas a la universidad como la confiada mujer que sé que eres. No soy un
tonto. Sé que tú y Chase han estado viéndose, pero confiaba en que ambos tomaran
decisiones inteligentes. Tuve que tomar una decisión difícil con eso: o lo echaba y él
sería obligado a mudarse de regreso con su padre, o podía enterrar mis talones y
esperar que, quizás, él sería capaz de ayudarte a trabajar a través de algo del dolor que
mantenías enterrado dentro.
Él inclinó su cabeza, entornando sus ojos para estudiarme. —Tu mamá estaba
peleando con sus propios demonios. Su muerte no tuvo nada que ver contigo.
Sus francas palabras me atraparon por sorpresa e inhalé una brusca respiración. Él
nunca había hablado sobre su muerte así antes.
Su ceño fruncido se profundizó. —Quizás los suyos eran un poco más grandes que
los de las otras personas.
—¿Sí? Me incliné hacia el frente y apunté a mi pecho—. Bueno, ¿qué dice eso
sobre su amor por nosotros si no sobrepasamos a los demonios?
No estaba lista para procesar sus palabras; mi dolor aún estaba cubierto con polvo
y putrefacción.
El doctor vino más tarde esa mañana y me dio luz verde para ir a casa. Me cambié
a ropas normales mientras mi papá reunía mis cosas. Cuando tuvimos todo empacado,
seguí a mi papá fuera de la habitación para encontrar a Chase esperando afuera,
apoyado contra la pared con sus pies cruzados y su cabeza inclinada hacia abajo. Me
pregunté qué estaba mirando, pero no conseguí preguntarle antes de que él levantara la
mirada.
Él asintió y cruzó sus brazos mientras mi papá se adelantaba hacia los elevadores,
dándonos un momento para hablar a solas.
—¿Lo está haciendo mejor? Nunca me dijiste cuan malas eran sus heridas
pregunté.
—Se quedará en el hospital por otro par de noches, pero luego lo liberarán para
que vaya a casa. Establecieron una enfermera para cuidarlo en casa, pero me mudaré
de regreso para ayudar, también.
Chase dejó caer su cabeza contra la pared y miró hacia el techo. —El doctor dijo
que necesita que alguien se quede con él, y no puedo solo dejarlo así.
—No, por supuesto que no dije. Por supuesto que Chase cuidaría de su papá.
Solo no había pensado sobre la posibilidad de que él se mudara—. ¿Por cuánto tiempo
te quedarás?
Él estaba moviendo mi mundo, pieza por pieza. No, me dije a mí misma. Eso no
tiene que ser así de malo.
Chase dejó salir una ráfaga de aire y dejó que su mirada cayera sobre mí. Nunca
había visto sus ojos avellanos lucir tan tristes. Esos ojos eran la primera señal de su
sufrimiento.
Retrocedí un paso.
—¿Qué?
Apreté mis ojos cerrados mientras una larga pausa triste pasaba entre nosotros.
—Yo...
Él suspiró y entonces rio dolorosamente. —Te amo Abrí mis ojos de golpe
mientras él continuaba—, te amo y entraste en ese auto con Trent. ¿Por qué te irías con
él? ¿No confías en mí en lo absoluto?
Sacudí mi cabeza.
Sacudí mi cabeza con enojo. —¡Esto no es sobre eso! No estoy insegura sobre mi
apariencia. Me importa una mierda como luzco o como luces. Apunté a mi pecho—
. Estoy hablando sobre el interior... las partes ásperas. Tomé un respiro y continué—
: Debajo de todo esto, tú eres perfecto. Harías cualquier cosa por las personas que amas
y por eso estás conmigo. Quieres ser mi héroe. Soy la triste chica rota con la que
creciste, y quieres abalanzarte y salvar el día. Ni siquiera creo que notes que lo estás
haciendo.
—¿De qué estás hablando? discutió. Sus cejas estaban arrugadas y sus ojos
estaban nublados de confusión.
Él permaneció allí de pie, mirándome, con sus labios separados y sus cejas juntas.
No tenía ni idea de lo que yo estaba hablando, pero lo descubriría un día, y cuando lo
hiciera, sabría que yo había hecho lo correcto al alejarme. No necesitaba que fuera mi
héroe.
Continué retrocediendo hasta que choqué con una enfermera detrás de mí.
—Oh, discúlpame dijo ella, agarrando mi hombro para asegurarse de que no me
cayera. Fue entonces cuando la primera lágrima cayó. Dejé caer mi cabeza así ella no
la vería.
Al final, me había ido. Había ido a la habitación 178 y me quedé con mi padre,
escuchando atentamente como las enfermeras me enseñaron acerca de su cuidado en el
hogar. No merecía mí atención, pero no tenía a nadie más. Durante la próxima
semana o dos, estaría acostado en la cama, lo que significaba que, si quería comer,
tenía que darle de comer. Si tenía que cagar, tenía que ayudarlo. Realmente, en
comparación con los últimos años, nada era diferente. Él era el niño, yo era el padre;
nuestros papeles estaban finalmente llegando a un círculo completo.
Los doctores me prometieron que mi padre sería dado de alta y listo para ir a casa
en unos días, así que quería mover mis cosas de nuevo a la casa, limpiar y arreglar
antes de entonces. Cada paquete de cigarrillos iba a la basura y cada botella de alcohol
iba por el desagüe. Si iba a ayudarlo a recuperar su salud, estaría sobrio por cada
segundo de mi tiempo allí.
Había cajas apiladas por las escaleras, diez o doce en total, cuidadosamente
apiladas con mi nombre garabateado en el lado de ellos. Reconocí la caligrafía del
entrenador Calloway, y cuando me acerqué, vi que había pegado una nota a la caja en
la parte superior.
Pensé que te ayudaría a empacar. Voy por la casa mañana y los comprobaré a ti y a tu
padre. Déjame saber si necesitas algo o si cambias de opinión.
-Entrenador
Estaba ansioso por irse, pero tenía que asegurarme de que el entrenador Calloway
lo hubiera empacado todo. No había visto mis cámaras dentro de ninguna de las cajas
y no podía irme sin ellas, aunque no tuviera tiempo para trabajar en ellas.
Tomé las escaleras de dos en dos con Harvey a mis pies. La puerta de Lilah estaba
cerrada, pero de todos modos la ignoré. Ella no saldría pronto. Necesitaba mis cámaras
y ella necesitaba su espacio.
Lo saqué de la caja y la giré en mi mano. Era antiguo y frágil. Soplé una capa de
polvo a través de la portada y luego la abrí.
Lilah.
Traducido por Carilo
Cogí mi cesta de verduras y me volví hacia la casa justo cuando Chase empujaba
la puerta de la pantalla. Él levantó la mano para protegerse de la luz del sol y por un
momento me sorprendí al verlo. Era dorado en todos los sentidos de la palabra. Tan y
rubio y de corazón puro.
—Tu jardín se ve bien —dijo, mirando las camas detrás de mí. Seguí su mirada e
intenté verlo todo desde su perspectiva. Mi jardín estaba teniendo un buen año hasta
ahora. Las frambuesas no habían dado fruto todavía, pero todo lo demás estaba bien.
—Gracias. Déjame poner algunos de estos tomates en una bolsa para que puedas
llevarlos a tu papá —dije, subiendo los escalones de atrás hacia la pila de bolsas de
abarrotes dobladas que guardaba en una cesta cerca de la puerta trasera. Ambos nos
agachamos por una, pero me ganó. La abrió y la sostuvo para poder dejar caer los
tomates dentro.
Tragué y me metí las manos en los bolsillos traseros, rezando para que no
intentara rehacer el argumento. Sólo había pasado un día; incluso no le habíamos dado
tiempo al polvo de asentarse.
—¿Lo hicimos?
Miré hacia otro lado, tratando de controlar las lágrimas antes de que él las notara.
No quería llorar. No estábamos luchando o rompiendo o gritando; esa parte fue hecha.
Aun así, no pude evitar que la tristeza brotara dentro de mí.
Él sonrió con una sonrisa triste que nunca llegó a sus ojos. —Quizás en su lugar
debo estar satisfecho con un medio feliz.
—Piénsalo. ¿Incluso importa el final? ¿No debería ser el medio la parte feliz? Es el
pedazo más grande de nuestra vida, y sin embargo, nadie nunca pregunta si dos
personas tuvieron un medio feliz. A ellos les importa demasiado el final.
—Tengo que ir a hacer el almuerzo para mi papá, pero dejé algo en tu cama que
creo que debes mirar. No tiene que ser hoy, pero hay que mirarlo pronto —dijo.
na pequeña parte de mí temía que Lilah nunca volvería a mí, pero no tuve
opción. Ella necesitaba espacio, y le estaba dando eso. Tuve que dejarla ir
con la esperanza de que un día se diera cuenta que para ella, yo era hogar.
Nos iríamos de Blackwater y tendríamos un nuevo comienzo en algún lugar sin malos
recuerdos que nos derrotasen.
Mis cejas se dispararon hacia arriba por la sorpresa. Mi padre no había tenido un
sorbo de bebida desde el día del accidente casi dos semanas atrás. Estaba tomando
unos medicamentos bastante fuertes y los doctores le habían advertido sobre
mezclarlos con alcohol. Para hacerlo más fácil para él, yo había tirado todo el alcohol
que estaba en la casa, pero anoche él había tomado su última ronda de pastillas para el
dolor. Si quería, podría ir directo de vuelta a la botella.
—¿Qué tal si vamos a DQ10 y compramos un Blizzard11? —preguntó.
No puedo recordar la última vez que mi papá y yo hicimos algo tan simple como
conducir a un lugar de comida rápida. Asentí y me dirigí a DQ justo abajo de la calle.
Cada uno pidió un Oreo Blizzard y los comimos mientras estábamos sentados en el
estacionamiento de DQ, con pájaros cantando y la luz filtrándose a través de la
ventana trasera de la camioneta.
Fue la mejor tarde que había tenido con mi papá en dos años.
10
DQ: Dairy Queen, es una cadena de restaurantes con servicio de helados y comida rápida.
11
Blizzard: es un helado muy popular de DQ, mezclado con ingredientes como toppings y/o trozos de
galletas, brownies o caramelos.
Traducido por Antonietta
Mis letras eran casi imposibles de leer, pero pude distinguir el “Lil” de Lilah. Pase
mi mano sobre la tinta vieja y luego pasé a la siguiente página. “Árboles Frutales”
estaba impreso en negritas en la parte superior y debajo de eso mi madre había
garabateado algunas notas. Orienté el libro y lo sostuve justo debajo de mi rostro así
podía leer mejor su escritura. La luz de mi ventana se vertió sobre la página,
iluminando una pieza olvidada de mi pasado.
Esta mañana le pregunté a Lilah qué tipo de árboles frutales le gustaría cultivar. Enumeró
uvas, naranjas y bananas, probablemente porque todavía estaban en su mente después del
desayuno. Le expliqué que las uvas crecen como enredaderas y que los arboles de bananas ocupan
demasiado espacio. Entonces ella dijo que de todos modos preferiría frambuesas, así que vamos a
tratar con frambuesas este año. Dudo que Lilah las deje madurar lo suficiente antes de recogerlas.
Las frambuesas son sus favoritas ahora mismo.
No me di cuenta que estaba llorando hasta que una lágrima bajó por mi mejilla y
cayó sobre la página. La gorda gota de agua cayó justo al lado de su escritura y
simultáneamente la sequé con una mano y estiré la otra mano para bloquear otra
lágrima que iba a arruinar su caligrafía.
No había tenido ninguna pista que el libro existía. Me di cuenta que debe haber
estado oculto en esas cajas de sus cosas viejas, cosas que no tenía interés en revisar,
pero Chase sí. Había encontrado algo que nunca tendría.
Esa primera página fue lo más lejos que llegué ese día, pero fue el comienzo de un
cambio. Cuando cerré la tapa y tomé una profunda respiración, casi podía recordar
garabatear mi nombre junto al suyo.
Traducido por Gisenid
o puedo creer que Trent fue expulsado por lo que resta del año
—dijo Brian, dejando que su bandeja golpeara la mesa lo
bastante fuerte para que mi botella con agua se volcara.
Brian asintió.
—Por unos meses estará en un reformatorio y luego, para graduarse, tendrá que
repetir el segundo semestre —dijo Brian, desenroscando el tapa de su Gatorade.
—Escuché a las chicas hablando sobre ello frente a la oficina mientras esperaba
para ver al asesor universitario —explicó.
—Incluso merece más que eso —dije en tono sarcástico. Después del suceso, la
policía nos interrogo a Ashley y a mí unas cuantas veces pero no estaba seguro de lo
que le harían a Trent. Supongo que al final tuve mi respuesta.
—Si esta semana no derrotamos a Oak Hill, oficialmente estaremos fuera de las
eliminatorias —dijo Connor mientras tomaba asiento.
—Gracias por el recordatorio —gruñó Brian, lanzándole una papa frita.
Ella había cambiado de grupo en física, lo que significaba que aquellos momentos
efímeros de avistarla por la escuela eran la única cosa que tenía para mantenerme
mientras la esperaba.
—Hablábamos sobre rentar una nave espacial y volar hasta la luna después de la
escuela.
—Suena bien —dije mientras intentaba atrapar un último atisbo de ella antes que
desapareciera afuera.
***
Más tarde esa noche, entré a la casa, cansado y adolorido después de la práctica.
Necesitaba una ducha, cocinar algo de cena para mi papá y luego terminar mi tarea. Se
acercaban los finales y mis exámenes de nivel avanzado.
Deje mi maleta junto a la puerta y entonces me puse rígido cuando capte el olor de
algo en el aire. Ajo.
—¿Papá? —llame en voz alta mientras atravesaba el pasillo hacia la cocina. La luz
se encontraba encendida, y cuando me acerqué pude oír las ollas y sartenes siendo
removidas en la estufa. Cuando doble la esquina de la cocina, me detuve. Mi padre
estaba de pie ante la estufa, con los audífonos puestos, mezclando alguna clase de
salsa.
Caminé y toqué su hombro así le dejaría saber que estaba ahí. Él se volteó y se
quitó uno de los audífonos.
—Ah, hola, no esperaba que volvieras hasta dentro de un rato. Ya podría haber
tenido esto listo —dijo, señalando la comida.
Asintió, volviendo su atención a la cocina. —Bueno, bien si, la comida estará lista
cuando termines.
Con el ceño fruncido miro su brazo y luego negó con la cabeza. —Yo me
encargo.
Lentamente asentí, evaluando una vez más la estufa antes de girarme y dirigirme a
la ducha. Sentía como si estuviese en la dimensión desconocida. Durante dos semanas
y media mi papá no había bebido, aseaba la casa, cocinaba la cena, y más temprano
esa mañana, cuando me iba para la escuela, lo escuche al teléfono con un cliente del
taller de reparación.
Trate de no pensar demasiado en ello. En su lugar, subí las escaleras de dos en dos
y me concentré en todo lo que tenía que hacer para la escuela.
Traducido por Gisenid
Mi papá arqueó las cejas y negó con la cabeza antes de tomar un bocado de su
emparedado de pavo. Buen intento.
—Tú sabes, realmente me gusta ese chico. Es más divertido con él en casa y no
quería admitirlo pero hace mejores panqueques que yo.
Me reí.
—Está bien. Está bien. Cambiaré de tema. ¿Cómo quieres celebrar tu cumpleaños
la próxima semana?
Sin embargo, durante los últimos dos años, mi cumpleaños sirvió como
recordatorio de que había sobrevivido otra primavera, que la lucha pronto terminaría.
Mi papá frunció el ceño, claramente queriendo objetar pero sabía que no lo haría.
Lilah insistió en comenzar a plantar primero los vegetales. Generalmente, sembramos las
semillas, pero este año, ella quiere hacer semillas. Probaremos con calabacines, calabazas y
pimientos. Quizás el próximo año sembraremos más incluso pero no quiero que se nos pase por
alto. Chris construyo unos cuantos parterres de alguna madera vieja para que Lilah y yo
tuviéramos un lugar para plantar nuestras semillas.
Sus palabras desbordaban de los márgenes y tenía que girar el libro para leerlas.
Desearía haberle preguntado por qué escogió escribir en un libro de jardinería en lugar
de en un diario. Podía haber llenado páginas enteras con sus palabras pero en cambio,
estaba confinada a los espacios pequeños que quedaban en los márgenes.
Lilah y yo descubrimos que las calabazas amarillas tienden a necesitar un poco más de agua
que los calabacines.
Repasé unas cuantas veces el texto antes de poner el separador de vuelta entre las
páginas y levantarme para agarrar la manguera del jardín. Me dirigí directamente a la
calabaza, donde las vides estaban creciendo salvajes y las grandes flores amarillas
comenzaban a brotar. Permití que el agua penetrara el suelo oscuro, dándole a las
plantas agua extra como indicaba el libro; todo el tiempo sintiéndome más cerca de mi
mamá de lo que estuve en diez años.
Traducido por Antonietta
Miré hacia la sonriente mujer en la parte frontal de la caja de tinte rubio. Yo estaba
resentida con ella hace meses, molesta con su fácil sonrisa. Ahora no creo que era tan
mala, Incluso así, me estiré por la caja de tinte negro, no porque tuviera una agenda o
porque quisiera ser una rebelde.
Ashley abrió la puerta antes que pudiera tocar y yo sostuve la caja de tinte en alto.
—¿Puedes dedicar unos minutos para una amiga?
Ella escaneó mis raíces rubias y sonrió. —Pensé que nunca preguntarías.
Traducido por Antonietta
Estaba confundida por la hipocresía de eso incluso cuando era una niña y ahora
tenía un diario que demostraba mi teoría.
Sus fallos hicieron lucir mejor a todo el mundo. Todas podían ser unas geniales
madres, esposas, o amigas si solo se comparaban con Elaine Calloway.
Una parte de mí quería difundir la verdad que sabía. Habría sido tan sencillo
escanear las páginas de mi diario e imprimir mil copias. Nuestro pueblo era pequeño y
una tarde en la tienda de copias y un par de rollos de cinta era todo lo que tomaría para
cubrirlo con la fría y dura verdad. Quería que todos se dieran cuenta de sus errores,
que sientan el aguijón de vergüenza que habían obligado a mi madre a sentir, pero
nunca podría apretar el gatillo. Tal vez porque sabía de primera mano que todas las
personas en ese pueblo tendrían que enfrentar sus propias verdades tarde o temprano, o
tal vez porque en mis entrañas, sabía que mi deseo de venganza estaba disminuyendo
cada día más y más.
Llevaba dos libros por las todas partes a las que fui durante el final de ese semestre
de primavera: el libro de jardinería de mi mamá y el diario que yo había llenado con
secretos y mentiras. Parecían ir de la mano al principio. Les echaría un vistazo a
ambos, encontrando consuelo en las gastadas páginas, pero entonces un día, me salté
mi diario.
Ya no más.
Traducido por Antonietta
uestro primer juego de los playoff fue programado para el mediodía del
sábado. No guardé esperanzas de vencer a nuestros oponentes, los
campeones reinantes del estado, pero daría lo mejor de mí y mantendría
mi cabeza en alto cuando saliéramos del campo. Para la mayoría de mis compañeros
de equipo, sería su último juego de béisbol, pero a mí me quedaban años de béisbol en
la universidad.
Terminé con tres lanzamientos más de calentamiento antes que el locutor hablara
a través de los chirriantes altavoces del campo.
Justo había llegado al frente de la línea cuando dos figuras caminando por el
medio del pasillo del estadio llamaron mi atención. Lilah y mi papá estaban subiendo
la rampa lado a lado. Él estaba llevando una bolsa de cacahuates y ella tenía dos
refrescos. Ella apuntó hacia dos asientos vacíos en la parte delantera de las gradas y se
deslizaron más allá de otros fanáticos para tomar sus asientos. Cuando él se giró,
escaneó el campo y entonces me encontró mirándolo.
No lo podía creer.
No sé lo que el próximo año traerá, pero esta primavera ha sido sobre nosotras, Lilah y yo.
Hemos pasado todas las tardes en el jardín y ella ha amado cada segundo de ello. Mientras
escribo esto, está tirando de mi cabello, queriendo que termine. Vamos a recoger nuestras
frambuesas de la vid y está tan emocionada. Hemos esperado pacientemente por ellas toda la
primavera y finalmente, están maduras.
Al final, eso es todo lo que pude pedir. Su amor era diferente al amor de otras
madres, pero esa es la cosa sobre la vida. Tenemos grandes visiones de nuestras vidas
porque asumimos que somos el centro del universo cuando en realidad, el universo ni
siquiera se da cuenta que estamos ahí.
Nuevas madres son hechas todos los días, la mayoría con lágrimas de alegría en
sus ojos. Pienso que las lágrimas de mi madre eran de tristeza, no porque no me
quisiera, sino porque sabía que no podría ser el tipo de madre que una hija necesita.
Ella había hecho lo mejor que pudo, y mientras dejaba caer su libro de jardinería
en mi pecho con un suave golpe, me sentí incondicionalmente contenta de una forma
en la que no había estado desde el día que me había dejado.
Tomé una respiración profunda, una respiración que limpió mi espíritu, y entonces
alcancé mi computadora buscar un mapa.
Traducido por Antonietta
Cuando me vio, aflojó su puño y dejó caer las rocas sin usar.
—Vamos —dijo, haciéndome un gesto para salir de mi casa. Sin explicaciones, sin
por favor.
—Es tarde.
Hizo un espectáculo de rodar sus ojos y luego apoyó sus manos en sus caderas.
Nada.
Estaba despejado.
—Nueve minutos para salir del infierno de los diecisiete años —dije, deslizándome
a su lado.
—Nueve minutos hasta que pueda comprar todos los cigarrillos que pueda llevar y
encenderlos en fuego —respondió.
Me reí.
—Gracias por darme tiempo —dijo ella unas cuantas horas en nuestro manejo.
—¿Y?
—Y aquí estoy.
Su mano cayó del volante a Harvey. Su palma era una invitación abierta, y yo me
estiré para tomarla. Solo así, sabía que ella era mía para siempre. Ahora no había
vuelta atrás.
Ella sonrió y luego cerró y apretó sus ojos para pedir un deseo.
Abrió sus ojos, encontró los míos, y se inclinó hacia adelante para soplar el
Twizzler.
Los ojos verdes de Lilah se deslizaron hacia mí. —Casi estamos allá.
Dejé a Harvey salir primero y él salió corriendo por la playa, su pelaje rubio
iluminado por la luz del amanecer. Persiguió gaviotas y palomas zambulléndose hasta
la cabeza en las olas. Caminamos para encontrarnos con él y vino corriendo de vuelta
hacia nosotros, un desastre arenoso ya.
12
Hostess cupcake: marca de magdalenas de chocolate rellenos y decorados con crema blanca.
13
Twizzler: marca popular de caramelos con sabor a frutas en los Estados unido y en Canadá.
—¿Reconoces en dónde estamos ahora? —preguntó Lilah, caminando alrededor
del auto y estirando su mano por la mía. Entrelacé mis dedos con los suyos y sacudí mi
cabeza.
—¿Galveston?
La última vez que había estado ahí, mi mamá había estado viva. La última vez
que había saltado en esas olas, mi mamá había sostenido mi mano. La última vez que
había tocado esa arena, mi mamá había estado de pie a mi lado. Había estado justo
donde yo estaba, dejando que sus pies se hundieran en la arena de la misma forma
como los míos lo hicieron.
—Porque estar aquí contigo y tu mamá es el último día perfecto que puedo
recordar —dijo, apretando mi mano por confianza.