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Contrato de Mandato en Derecho Civil

El contrato de mandato es un acuerdo en el que una persona (mandante) confía la gestión de negocios a otra (mandatario) bajo su cuenta y riesgo. Es esencial que exista confianza, un objeto jurídico y que el encargo sea asumido por el mandante. Aunque generalmente se perfecciona por el consentimiento de las partes, existen excepciones donde se requieren formalidades específicas para su validez.

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Contrato de Mandato en Derecho Civil

El contrato de mandato es un acuerdo en el que una persona (mandante) confía la gestión de negocios a otra (mandatario) bajo su cuenta y riesgo. Es esencial que exista confianza, un objeto jurídico y que el encargo sea asumido por el mandante. Aunque generalmente se perfecciona por el consentimiento de las partes, existen excepciones donde se requieren formalidades específicas para su validez.

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

CONTRATO DE MANDATO

§ NOCIONES ELEMENTALES

El mandato es un contrato en que una persona confía la gestión de uno o más negocios a otra que
se hace cargo de ellos por cuenta y riesgo de la primera [art. 2116.1].
Etimológicamente, la expresión “mandato” proviene de las voces latinas “manus” (mano) y “do”
o “dar”, que significa “comisionar, encargar, mandar, encomendar, confiar”1.

Intervinientes. El mandante o comitente es la persona que confiere el encargo. Quien acepta el


encargo, se denomina apoderado, procurador, y en general, mandatario. Tanto mandante como
mandatario pueden tener la calidad de personas naturales o jurídicas; y naturalmente, cada una
puede ser una o muchas personas, según se desprende del art. 1438 inc. 2º y del art. 2126: “Puede
haber uno o más mandantes, y uno o más mandatarios”.

Elementos esenciales. Según el art. 1444, son cosas de la esencia de un contrato aquellas sin las
cuales no produce efecto alguno, o bien degenera en uno distinto. En el mandato, son elementos
esenciales la confianza, el objeto y que el encargo sea de cuenta y riesgo del mandante.
a) La confianza. Es el elemento interno o sicológico que debe existir entre las partes, originario de
la institución y que suele asimilarse a la affectio societatis del contrato de sociedad. La misma
definición de mandato expresa que “una persona confía la gestión…”. Si bien puede deducirse del
tenor o espíritu del acto, su ausencia permitiría concluir que no ha existido mandato.
b) El objeto. PLANIOL señala que la gestión de uno o más negocios por parte del mandatario debe
consistir necesariamente en la ejecución de un acto jurídico. Esta idea fue criticada, por cuanto
se afirmó que el mandatario no limita su gestión a la mera realización de negocios, sino también
implica otros hechos jurídicos e incluso algunos no jurídicos vinculados con el encargo. Con
1
Estas locuciones revelan los orígenes de este contrato en Roma; al no estar autorizada esta convención por las normas
de la época, una persona que no estaba en situación de realizar por él mismo un determinado negocio, acudía a otra
de su confianza para que lo llevara a cabo, compromiso de honor y confianza que se perfeccionaba estrechando las
manos.
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todo, los negocios encomendados al mandatario deben consistir en actos jurídico o económicos,
independiente de si para lograr su cometido resulta necesario ejecutar hechos de otra naturaleza.
Así las cosas, si el negocio comisionado no fuere jurídico o económico, el contrato degeneraría
en uno de arrendamiento de servicios o de confección de una obra material. En este sentido,
ALESSANDRI y SOMARRIVA.
c) El encargo debe ser por cuenta y riesgo del mandante. El mandatario al cumplir su obligación
principal de ejecutar el encargo, puede hacerlo a nombre propio o a del mandante; en este último
caso, actúa en representación de éste. Independiente de si actúa de una u otra forma, el éxito o
fracaso de la gestión siempre deberá ser soportado por el mandante. Es a este último a quien le
corresponde la responsabilidad por los actos ejecutados por el mandatario.

Naturaleza jurídica: ¿Contrato o acto de apoderamiento? El contrato de mandato se reputa


perfecto por la aceptación del mandatario [art. 2124].
En nuestro derecho no cabe duda que el mandato es un contrato. Como tal, para que se encuentre
perfecto se requiere el consentimiento de las partes. Por lo tanto, si el “mandante” ha conferido el
“mandato” pero el “mandatario” no ha aceptado, aún no existe el mandato, puesto que para que
éste se perfeccione se requiere la voluntad del mandatario. El mismo art. 2116, al definir la
institución, señala que es un contrato.
Sin embargo, es usual la situación de que una persona otorgue un mandato sin que el mandatario
manifieste su consentimiento; incluso se otorga “mandato” a persona indeterminada (por ej. se
faculta al portador de copia autorizada de una escritura para requerir inscripciones). Según lo
explicado, en estos casos el contrato de mandato aún no se ha perfeccionado. Nada impide que el
mandatario acepte con posterioridad, de modo que en el momento de la aceptación se perfecciona
el mandato.
En otras latitudes, la doctrina moderna ya no concibe el mandato como un contrato. Se entiende
que basta con el otorgamiento del poder, de modo que el apoderado está facultado para obrar por
el mandante por el solo hecho de otorgamiento del poder, sin necesidad de la aceptación del
mandato. Así, el mandato deja de ser un contrato y pasa a ser un acto jurídico unilateral. Esto no
significa que el mandatario desde ya esté obligado, pero está dotado de poder, es lo que la doctrina
denomina acto de apoderamiento.

§ CARACTERÍSTICAS DEL MANDATO

A. Es un contrato consensual. Si bien el consensualismo supone la regla general en el


perfeccionamiento del contrato (1), también existen excepciones (2). También se analizará la
figura del mandato para celebrar actos solemnes (3).

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

1. Por regla general el mandato se perfecciona por el solo consentimiento de las partes. “El
encargo que es objeto del mandato puede hacerse por escritura pública o privada, por
cartas, verbalmente o de cualquier otro modo inteligible, y aun por la aquiescencia tácita
de una persona a la gestión de sus negocios por otra; pero no se admitirá en juicio la prueba
testimonial sino en conformidad a las reglas generales, ni la escritura privada cuando las
leyes requieran un instrumento auténtico” [art. 2123]. El carácter consensual del mandato,
sin embargo, no impide que a su respecto operen las limitaciones a la prueba testimonial que
establecen los arts. 1708 y 1709.
Normalmente la voluntad se otorgará simultáneamente, pero nada obsta a que exista un
intervalo considerable entre la oferta del mandante y la aceptación del mandatario. De esta
forma, la oferta puede ser:
a) En forma expresa. Esto es, mediante escritura pública o privada, por cartas, verbalmente
o de cualquier modo inteligible).
b) En forma tácita. Así ocurre, por la aquiescencia tácita de una persona a la gestión de sus
negocios por otra.
A su vez, la aceptación también podrá ser expresa o tácita. En este último caso, se verificará
la aceptación cuando el mandatario ejecute el encargo, o bien de principio a la ejecución.
En ciertos casos, el silencio del mandatario se mira como aceptación: “Las personas que
por su profesión u oficio se encargan de negocios ajenos, están obligadas a declarar lo más
pronto posible si aceptan o no el encargo que una persona ausente les hace; y transcurrido
un término razonable, su silencio se mirará como aceptación”. La disposición impone al
mandatario que considere el rechazo del encargo, la obligación de adoptar las providencias
conservativas urgentes que requiera el negocio encomendado: “aun cuando se excusen del
encargo, deberán tomar las providencias conservativas urgentes que requiera el negocio
que se les encomienda” [art. 2125 inc. 2º]. En este caso, aun cuando el mandatario vaya a
rechazar el encargo, la ley le impone la obligación de tomar las providencias conservativas
urgentes, so pena responder por los perjuicios que pueda ocasionarle el mandante. Dado que
el silencio constituye aceptación, habría que entender que se perfeccionó el contrato y la
responsabilidad del mandatario será contractual2.
Según BARCIA, para que opere la aceptación presunta del mandatario es necesario:
a) El destinatario debe ser una persona que por su profesión u oficio se encargue de
negocios ajenos (corredores, abogados, martilleros, entre otros);
b) El oferente debe ser una persona ausente, y;
c) Debe transcurrir un término razonable sin que el destinatario responda excusándose.
Aunque el mandato se encuentre prefecto por la aceptación del mandatario, puede éste
retractarse. La retractación no impone responsabilidad alguna al mandatario si se verifica
mientras el mandante se halle todavía en aptitud de ejecutar el negocio por sí mismo, o de
cometerlo a diversa persona [art. 2124]. Esta es una anomalía del contrato de mandato, por
cuanto contradice al art. 1545. Se justifica porque es un contrato de confianza.

2
A falta de esta norma, su responsabilidad sería precontractual, que según doctrina mayoritaria se gobierna por las
normas de la extracontractual.
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2. Excepcionalmente, el mandato es solemne. En determinados casos, la ley exige ciertas


solemnidades especiales para su perfeccionamiento:
a) Mandato judicial. El art. 6º inc. 2º del CPC señala que se perfecciona por escritura pública
otorgada ante notario o ante oficial del Registro Civil; por un acta extendida ante un juez
de letras o ante un juez árbitro, y suscrita por todos los otorgantes; o por una declaración
escrita del mandante, autorizada por el secretario del tribunal del que esté conociendo de
la causa. Empero, estas formas de constitución no son taxativas.
b) Mandato para contraer matrimonio. El art. 103 señala: “el matrimonio podrá celebrarse
por mandatario especialmente facultado para este efecto. El mandato deberá otorgarse
por escritura pública, e indicar el nombre, apellido, profesión y domicilio de los
contrayentes y del mandatario”3. Para el trámite previo de la manifestación bastaría un
encargo verbal, pero para la celebración del matrimonio se requiere un mandato otorgado
por escritura pública y que otorgue la facultad expresa de celebrarlo, no bastando un
mandato general de administración. Además, debe ser específico, pues deben
individualizarse en ella a los contrayentes y al mandatario.
c) Mandato para reconocer a un hijo. El reconocimiento voluntario de un hijo, por acto
entre vivos, podrá realizarse por medio de mandatario constituido por escritura pública y
especialmente facultado con ese objeto [art. 190].
d) Actos del marido en la administración ordinaria de la sociedad conyugal. La autorización
que la mujer debe otorgar al marido para que éste realice alguno de los actos enunciados
en el art. 1749, puede otorgarla a través de mandatario. Este mandato será siempre
solemne, pues aun cuando el acto realizado por el marido sea consensual (como, por
ejemplo, dar en arrendamiento un inmueble urbano por más de cinco años o disponer a
título gratuito de un bien mueble precioso), deberá otorgarse por escrito. Misma
solemnidad se requerirá si el acto celebrado por el marido exige escrituración (como
ocurriría con la promesa de venta de un inmueble social, la promesa de hipotecar un
inmueble social o si el marido quisiera constituir una fianza mercantil). En cambio, si el
acto requiere escritura pública (como la venta de un inmueble social o de los derechos
hereditarios de la mujer), el mandato deberá otorgarse por escritura pública.
e) Actos de enajenación o de gravamen celebrados por el marido respecto de bienes raíces
de la mujer en el contexto de la administración de la sociedad conyugal. Para enajenar o
gravar los bienes raíces de la mujer, el marido requiere de la voluntad de ésta, la que
también podrá otorgarse por mandato especial y que debe constar por escrito o por
escritura pública si el acto requiera dicha solemnidad, o por el juez en su caso [art. 1754].
f) Actos de enajenación o de gravamen voluntario, o de promesa de enajenación o de
gravamen de un bien declarado como bien familiar. La autorización del cónyuge no
propietario para que el otro cónyuge pueda enajenar o gravar voluntariamente, o prometer
enajenar o gravar un bien declarado como bien familiar, podrá otorgarse por mandato
especial y que conste por escrito o por escritura pública según el caso [art. 142]. La regla

3
Por su parte, el art. 15 de la Ley 4.808, sobre Registro Civil, permite que el trámite previo de la información también
puede llevarse a cabo mediante mandatario, el cual podría otorgarse incluso en comisión verbal.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

en referencia resulta igualmente aplicable al régimen de participación en los gananciales,


en el caso que uno de los cónyuges pretenda otorgar cauciones personales respecto de
obligaciones de terceros [art. 1792-3].

3. El mandato para ejecutar actos solemnes. Se ha discutido si el mandato para celebrar un acto
solemne debe cumplir con la misma solemnidad que el acto encomendado.
a) SOMARRIVA, a propósito del mandato para otorgar hipoteca, sostiene que debe otorgarse
por escritura pública. Argumenta que en nuestro Código domina la teoría del mandato
ficción, según la cual se supone que el consentimiento que forma el contrato es el del
mandante, por lo que el poder para hipotecar debe también constar por escritura pública,
pues de lo contrario la voluntad del que constituye el gravamen no cumpliría con esta
solemnidad. Añade que es el mismo criterio que la jurisprudencia ha seguido para la
compraventa de bienes raíces mediante mandato4.
b) En este mismo sentido, FERNANDO ALESSANDRI, quien añade que si el mandato no fuera
solemne, faltaría respecto del mandante constancia auténtica de su voluntad. Adhiere a
esta misma idea BARROS ERRAZURIZ.
c) La jurisprudencia ha seguido esta doctrina, fundada además por una interpretación de la
segunda parte del art. 2123, la que entre las excepciones al mandato consensual,
contempla el caso en que el mandato debe constar por escritura pública.
d) En contra de esta postura se manifiesta STITCHKIN, fundado en los siguientes argumentos:
i. No debe confundirse el mandato con el negocio encomendado. La voluntad necesaria
para que éste se forme es la que expresa el mandatario.
ii. El art. 2123 no autoriza, como lo cree Somarriva, a sostener que el mandato para el
acto solemne ha de ser también solemne. Lo que dice esa regla es que hay casos en
que la ley exige para el mandato formas solemnes y entonces no se autoriza el mandato
por instrumento privado, como es el caso del mandato para celebrar el matrimonio o
para el reconocimiento de un hijo.
iii. El art. 2123 corresponde al art. 2292 del Proyecto Inédito. Al margen de este artículo
aparece una nota del propio Bello remitiéndose al tratadista francés Troplong, autor
que en sus comentarios al mandato y la hipoteca sostiene que “la procuración o
mandato por instrumento privado es siempre suficiente, aun cuando el acto que se
encomienda esté sujeto a la forma auténtica”.
iv. De aceptarse la tesis contraria, el mandato contendría una oferta de contrato por
intermedio del mandatario, pues se sostiene que es el mandante quien consiente.
v. Cuando el mandante encarga comprar o vender al mandatario no está manifestando su
consentimiento para que se forme el contrato de compraventa, sólo está encargando un
negocio. Recordemos que para quienes conciben a la representación como una

4
Con todo, el mismo Somarriva, en nota, dice que: “De aceptarse la doctrina del mandato modalidad, que nuestro
Código acoge en el artículo 678, es evidente que habría que concluir que el mandato para hipotecar no está sujeto a
solemnidades, porque según esta doctrina la voluntad que forma el contrato es la del mandatario, no la del
mandante”.

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

modalidad del negocio jurídico es la voluntad del mandatario la que concurre a la


celebración del negocio objeto del encargo.
vi. Las excepciones del art. 2123 se refieren a la prueba de contratos de cosas que valen
más de dos unidades tributarias o cuando el mandato deba constar por escritura
pública, pero no se refieren las excepciones al negocio encargado.
e) Comparte esta postura MEZA BARROS, argumenta:
i. El mandante no manifiesta su consentimiento necesario para que se celebre el contrato
de compraventa al momento de encargar la gestión al mandatario. Es el mandatario,
quien compra o vende en cumplimiento del encargo; es el mandatario quien expresa
su propio consentimiento y no el del mandante, aunque los efectos del contrato se
radiquen en el mandante, de acuerdo con el art. 1448.
ii. Recuerda el autor en referencia que quien contrata es el mandatario, sin perjuicio que
en virtud de la representación el contrato surta efectos respecto del mandante como si
él hubiere contratado. Esta concepción se plantea en el ámbito de la teoría de la
representación–modalidad del acto jurídico, mientras que la posición criticada parece
afincada en las teorías tradicionales de la representación, como la teoría de la ficción
o la teoría del nuncio o mensajero, según las cuales, se reputa que el representado ha
manifestado su voluntad por mediación del representante, no siendo el segundo más
que el vehículo de la voluntad del primero, o un mero portavoz.

B. Es un contrato naturalmente bilateral. El mandato remunerado es, obviamente, un contrato


bilateral. El mandante se obligará a pagar honorarios al mandatario y éste a ejecutar el encargo
y a rendir cuenta de su gestión. Pero también es bilateral el gratuito, pues el mandante contrae
la obligación de proveer al mandatario de los medios necesarios para el desempeño de su
cometido. Además, puede obligarse por circunstancias posteriores; así por ejemplo, reembolsar
al mandatario de los anticipos que haya hecho y los perjuicios que haya sufrido sin culpa, por
causa del mandato.
Sin embargo, estas obligaciones son de la naturaleza del contrato, pueden no llegar a existir,
por ejemplo, si el mandatario no incurre en gastos, no sufre perjuicios, no hace anticipos de
dinero, etc. En tal caso y siendo gratuito, el mandato es un contrato unilateral, en el que solo
resulta obligado el mandatario.
Puede ocurrir también que el mandato nazca como un contrato unilateral pero que durante su
ejecución surjan obligaciones, por ejemplo, si el mandatario debe incurrir en gastos no previstos
al tiempo de celebrar el contrato. En este caso se dice que nos encontramos frente a un contrato
sinalagmático imperfecto.
En estos contratos surge la dificultad de determinar cuáles reglas le son aplicables, si las de
los contratos bilaterales o las de los unilaterales. La respuesta tiene importancia para varios
aspectos, dentro de ellas, por ejemplo, la condición resolutoria tácita o la excepción de contrato
no cumplido. En general, se ha entendido que los contratos deben calificarse de unilaterales o
bilaterales según las obligaciones surgidas al tiempo de celebración del contrato. En este

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entendido, independiente de que al tiempo de la ejecución del mandato acaezcan obligaciones,


el contrato sería unilateral.

La condición resolutoria tácita. Tratándose del mandato bilateral, ¿tiene lugar la condición
resolutoria tácita? Pudiera estimarse que no es procedente, por las siguientes razones:
a) El CC en ninguna disposición habla de la resolución del mandato.
b) El art. 2163 señala los casos en que el mandato termina, y en ellos no se contempla la
resolución.
c) El CC ha regulado los efectos que produce el incumplimiento del contrato en forma distinta
a los efectos de la resolución de un contrato bilateral en los arts. 2159, 2161 y 2167, que son
reglas distintas al 1487 al 1491.
d) Los terceros que contratan con el mandatario, no se ven afectados por los efectos anormales
de las obligaciones entre mandante y mandatario, de aquí que dichas condiciones jurídicas
les sean inoponibles y no se les aplica el art. 1490 y 1491.
En tanto, STITCHKIN señala que no hay ningún obstáculo para incluir la condición resolutoria
tácita en este contrato cuando es bilateral. Respecto a los efectos a los terceros, en aquellos
casos en que el mandato se prolonga en el tiempo, se ha considerado que su calificación jurídica
es la de un contrato de tracto sucesivo, de aquí que la resolución no produzca efectos
retroactivos, identificándose más bien con lo que se entiende como terminación.

C. Es un contrato por naturaleza oneroso. Según el art. 2117 inc. 1º: “El mandato puede ser
gratuito o remunerado”. Del art. 2158 nº 3 se desprende que naturalmente es oneroso, toda vez
que una de las obligaciones del mandante es precisamente la de pagar al mandatario “la
remuneración estipulada o usual”. La jurisprudencia ha confirmado esto, sentenciando que será
remunerado, salvo que exista estipulación expresa en sentido contrario, es decir, que las partes
hayan convenido la gratuidad.
La remuneración, denominada honorario, debe ser fijada por la convención de las partes. A
falta de estipulación, por la ley. En ausencia de regulación normativa, será fijada por la
costumbre, y en última instancia, el juez [art. 2117 inc. 2º].
No existiría impedimento alguno para que la determinación de la remuneración sea fijada con
posterioridad a la celebración y ejecución del contrato, lo que contrasta con otros contratos,
como la compraventa o el arrendamiento, en que el precio o la renta deben estar precisados al
momento de la celebración del contrato.
En caso de que sea el tribunal el que determine los honorarios, habrá de hacerlo conforme al
mérito del proceso y la prueba rendida en juicio5. La determinación de los honorarios es una
5
La jurisprudencia ha estimado que la remisión que hace el art. 2123 a las reglas generales no se extendería al monto
de la remuneración del mandatario, pues debiendo acreditarse sólo por escrito, no se entendería el sentido del art.
2117, en cuanto permite acreditar el honorario del mandatario incluso por la costumbre o lo usual, donde no hay
obstáculo para admitir la prueba testimonial.
Algunos autores, sin embargo, han sostenido que sí procedería la limitación de la prueba de testigos de los arts. 1708
y ss., en concordancia con el art. 2123, conforme al cual “no se admitirá en juicio la prueba testimonial sino en
conformidad a las reglas generales”.

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

cuestión de hecho y no de derecho, por lo que su regulación es facultad privativa de los jueces
del fondo, sin que sea procedente una alteración del monto fijados por estos tribunales a través
de un recurso de casación.

Responsabilidad del mandatario. La circunstancia de ser el mandato remunerado influye en la


responsabilidad del mandatario. El mandatario es responsable de la culpa leve, pero “esta
responsabilidad recae más estrictamente sobre el mandatario remunerado” [art. 2129 inc. 2].
Si bien el tenor de la disposición permite razonar que el mandatario respondería de la culpa
levísima en el caso de que perciba una remuneración, para la doctrina clásica sobre el punto
ello no sería así. En efecto, CLARO SOLAR y STITCHKIN, razonan sobre la base que aquello no
significa otra cosa que una dimensión del perjuicio indemnizable. El que el mandato sea o no
remunerado, no alteraría la culpa leve del mandatario.
RUZ LÁRTIGA estima que la norma es una confusa consagración de un estándar de diligencia
más riguroso, y no necesariamente una excepción al artículo 1547. Agrega que la parte en la
que el artículo 2129 indica “será menos estricta” se está refiriendo a la culpa lata; puede
sostenerse, luego, que la voz “más estrictamente” significaría una referencia a la culpa levísima.
VIDAL y BRANTT sostienen que con esas expresiones el codificador le otorgaría al juez una
mayor latitud para valorar la conducta del mandatario ante la presencia de un obstáculo o
impedimento, y así resolver acerca de la posible exoneración alegada por este último.
Finalmente, DOMÍNGUEZ ÁGUILA y MUNITA aducen que el hecho que el mandatario responda
de la culpa levísima cuando el contrato es remunerado no implica necesariamente una
impropiedad. El propio CC, al desarrollar el contrato de mandato, se aparta del art. 1547 a
propósito de la presunción de culpa del deudor, toda vez que el mandante, de acuerdo al art.
2158, debe probar la culpa del mandatario cuando el encargo pudo, a su juicio, haber sido
ejecutado de una forma más conveniente a sus intereses.

D. En caso de ser remunerado, es un contrato normalmente conmutativo. Siendo oneroso el


mandato, a falta de estipulación expresa es conmutativo, es decir, lo que el mandante debe dar
o hacer se mira como equivalente a lo que el mandatario debe dar o hacer a su vez. Esta
equivalencia debe observarse entre la remuneración debida y el servicio prestado. En este
contexto, la remuneración se debe siempre, haya o no tenido éxito el negocio (salvo que el
fracaso se deba a culpa del mandatario, ya que en caso de ser debidamente acreditada esta
circunstancia por el mandante, se eximirá de pagar los honorarios al mandatario [art. 2158 inc.
final]. Se ha dicho que esta regla sería una excepción al art. 1547, toda vez que se aleja del
criterio de la presunción de la culpa contractual).
Con todo, no se divisa inconveniente alguno en que se estipule la exigibilidad de los
honorarios en el evento de tener éxito en la gestión encargada, en tal caso sería un contrato
aleatorio6.

6
Ejemplo de esta situación son los mandatos judiciales en que se estipula una cuota litis a favor del abogado en caso de
obtener una sentencia favorable.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

E. Es un contrato principal. El mandato subsiste por sí mismo, sin necesidad de otra convención
[art. 1442]. Sin duda no es accesorio, pues no tiene por objeto asegurar el cumplimiento de una
obligación principal, y tampoco es dependiente, pues su subsistencia no está supeditada a otro
negocio.

F. Es un contrato preparatorio. Según ABELIUK, el mandato es un contrato preparatorio, pues su


celebración se hace necesaria, en ciertos casos, para celebrar otro negocio jurídico.

G. Es un contrato de confianza. Esta característica proviene de los orígenes de este contrato.


Dado que en el Derecho romano no existía una regulación de esta institución, por lo que quien
se viera en la necesidad de recurrir a un tercero para celebrar un contrato, precisamente debía
ser una persona de su confianza. Nuestro codificador consideró esta característica expresamente
en la misma definición del mandato, al señalar que es un contrato en que una parte “confía” la
gestión de uno o más negocios.
Que sea de confianza produce las siguientes consecuencias:
a) Es un contrato intuito personae. Si bien la mayoría de los actos de familia tienen este
carácter, no es muy frecuente que uno patrimonial lo sea. Que sea intuito personae significa
que la identidad del mandante y del mandatario resultan determinantes al momento de
celebrar el contrato. El mandante escoge a una persona porque confía en su diligencia y
responsabilidad, esperando que sus negocios sean correctamente ejecutados. El mandatario,
ante la propuesta del mandante en orden a asumir dicha responsabilidad, probablemente
aceptará el encargo por la relación y cercanía que tenga con la persona del mandante. Esta
circunstancia produce que el mandato pueda ser anulado en caso que exista error en la
persona, el cual en este caso, viciará el consentimiento [art. 1455].
b) El contrato puede terminar por la voluntad unilateral de cualquiera de las partes [art. 2163
n° 3 y 4]. Si el mandante ya no confía en el mandatario, podrá revocarlo; si el mandatario ya
no siente la misma apreciación hacia el mandante, podrá renunciar.
c) El mandato termina por la muerte de cualquiera de las partes [art. 2163 n° 5]. En el mismo
sentido, si fallece el mandatario, sus obligaciones en principio se transmitirían a sus
herederos, quienes no necesariamente generarían la misma confianza hacia el mandante. Y
recíprocamente, al fallecer el mandante, puede ocurrir que el mandatario no desee continuar
con la administración de los negocios de los sucesores de éste.
d) Termina también por la incapacidad sobreviniente de cualquiera de las partes [arts. 2163 n°
6 y 7].

H. El mandatario obra por cuenta y riesgo del mandante. Los beneficios y pérdidas de los
negocios gestionados recaen en el patrimonio del mandante y no del mandatario. No hay duda
de esta afirmación en los casos en que el apoderado actúa representando al mandante, pero
también ocurrirá cuando el apoderado obre a nombre propio y no invista la representación del
mandante, en definitiva será éste quien reciba los beneficios y sufra las pérdidas, aunque de
todas maneras obrará por cuenta y riesgo del mandante, pues en virtud de un acto posterior el

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

procurador traspasará dichos efectos al patrimonio del mandante. Así las cosas, la gestión del
mandatario convierte al mandante en acreedor o deudor, pues sólo compromete el patrimonio
del mandante y no el suyo. Confirma esto el hecho que el mandatario no responda de la
insolvencia de los deudores del mandante, por cuanto no podrá aquel hacer efectivas sus
acreencias contraídas por su intermedio. Así se desprende del art. 2152, sin perjuicio que la
norma abre la puerta a la excepción, toda vez que señala que el mandatario puede efectivamente
“tomar sobre su responsabilidad la solvencia de los deudores...”.

§ MANDATO Y REPRESENTACIÓN

Existe una íntima relación entre el mandato y la representación, particularmente cuando ella adopta
el matiz de representación voluntaria, y el mandato ha sido celebrado con representación.
La representación es un elemento de la naturaleza del mandato, no de la esencia. Pueden
celebrarse entonces mandatos sin representación, o incluso habiéndose celebrado un mandato con
representación el mandatario puede actuar a nombre propio: “El mandatario puede, en el ejercicio
de su cargo, contratar a su propio nombre o al del mandante; si contrata a su propio nombre, no
obliga respecto de terceros al mandante” [art. 2151]. Se infiere de la disposición que, de no optarse
expresamente por un mandato sin representación, el mandatario estará premunido de la facultad
de representar al mandante, radicándose los efectos de lo celebrado en el patrimonio de aquel. En
caso contrario, es indispensable que el mandatario en virtud de un acto jurídico posterior a la
gestión del negocio encomendado traspase los efectos de este al patrimonio del mandante7.
La representación, además, puede manifestarse sin necesidad de mandato. Así ocurre en la
representación legal [art. 43]. Pero incluso puede haber representación convencional sin mandato.
Es posible que una persona otorgue poder de representación a otra mediante un acto jurídico
unilateral denominado acto de apoderamiento. También puede incluirse la representación en otros
contratos a través de una cláusula accidental, como en un contrato de trabajo, de sociedad, etc.

7
Resume MEZA BARROS: “Si el mandatario obra a su propio nombre, se obliga él y no obliga al mandante. Pero como
pese a las apariencias el mandatario actúa por cuenta ajena, sus relaciones con el mandante se rigen por las reglas del
mandato. Para los terceros, el mandatario es el titular de los derechos emergentes del acto realizado; frente al
mandante, continúa siendo mandatario”. La representación, además, revela autonomía, por cuanto es posible
identificar situaciones en las cuales opera sin mandato, tal es el caso de los actos celebrados por representantes legales.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

§ REQUISITOS DEL MANDATO

Como todo contrato, el mandato debe cumplir con los requisitos previstos en el art. 1445. Más allá
de lo anterior, se analizará los concerniente al objeto (1) y de la capacidad (2), requisitos en los
que en el mandato se aprecian particularidades relevantes.

1. El objeto del mandato. El mandato debe tener uno o más objetos que se trate de dar, hacer o
no hacer. Por aplicación de las disposiciones contenidas en los arts. 1460 y 1461, el objeto del
mandato ha de ser determinado. Si el mandato para ejecutar un negocio no se especifica, habrá
inexistencia o nulidad absoluta, pues al existir indeterminación del objeto, faltaría uno de sus
requisitos de existencia. Así ocurriría, si por ejemplo se otorga un mandato a Pedro para actuar
por el mandante en todo.
El encargo que constituye el objeto del mandato debe consistir en la ejecución de actos
jurídicos. Se extrae esta afirmación al analizar las facultades que el mandato confiere
naturalmente al mandatario: “El mandato no confiere naturalmente al mandatario más que el
poder de efectuar los actos de administración; como son pagar las deudas y cobrar los créditos
del mandante, perteneciendo unos y otros al giro administrativo ordinario; perseguir en juicio
a los deudores, intentar las acciones posesorias e interrumpir las prescripciones, en lo tocante
a dicho giro; contratar las reparaciones de las cosas que administra; y comprar los materiales
necesarios para el cultivo o beneficio de las tierras, minas, fábricas, u otros objetos de industria
que se le hayan encomendado” [art. 2132]. El encargo que consiste en la ejecución de un hecho
material, como la construcción de un edificio, la elaboración de una estrategia de marketing o
el transporte de una mercadería, no constituye mandato sino un contrato de arrendamiento de
confección de obra material o servicios inmateriales respectivamente. En este orden de ideas,
VODANOVIC enseña que al llevar envuelta la idea de representación como un elemento de su
naturaleza, el mandato debe recaer siempre sobre actos jurídicos: puede conferirse para una
compraventa, para hipotecar, para percibir, para pagar, etc.

Los servicios personales. El art. 2118 indica que “los servicios de las profesiones y carreras
que suponen largos estudios, o a que está unida la facultad de representar y obligar a otra
persona respecto de terceros, se sujetan a las reglas del mandato”. Son ejemplos de estas
profesiones y carreras la arquitectura, ingeniería, la medicina, abogacía, etc. Nótese eso sí, la
ley no califica la naturaleza de estos servicios como mandato, sólo dispone que se sujetan a las
reglas del mandato. En estos casos, dichas actividades se configuran en torno a un contrato de
arrendamiento de servicios inmateriales o a un contrato de trabajo; por lo que las normas que
regulan esos contratos son igualmente aplicables. Así, STITCHKIN.

Actos jurídicos prohibidos. En general, todos los actos jurídicos pueden ser ejecutados por
medio de mandatarios. La ley prohíbe expresamente el mandato en ciertas materias, las que al
ser excepcionales, su interpretación debe ser restrictiva y no pueden aplicarse por analogía.
Estas son:
11
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

a) El mandato para testar. Así lo señala expresamente el artículo 1004: “La facultad de testar
es indelegable”. Esta regla tiene su fundamento en que el legislador se esmera en que sólo
especialmente precavido en este.
b) El albaceazgo. El art. 1280, inciso 1º, establece que en principio es indelegable al formular:
“El albaceazgo es indelegable, a menos que el testador haya concedido expresamente la
facultad de delegarlo”.
c) Las capitulaciones matrimoniales. Estas convenciones deben convenirse personalmente por
los esposos, aunque fueren incapaces [art. 1721], sin perjuicio que en este último caso, los
contrayentes incapaces deben ser autorizados por quienes están llamados a prestar el asenso
para el matrimonio de los menores adultos mayores de dieciséis años.

A quién debe interesar el negocio. El CC es claro en afirmar que el negocio no debe interesar
sólo al mandatario “El negocio que interesa al mandatario solo, es un mero consejo, que no
produce obligación alguna. Pero si este consejo se da maliciosamente, obliga a la
indemnización de perjuicios” [art. 2119]. De este modo, para que exista mandato debe existir
interés en el mandante, o en un tercero exclusivamente: “Si el negocio interesa juntamente al
que hace el encargo y al que lo acepta, o a cualquiera de estos dos, o a ambos y a un tercero,
o a un tercero exclusivamente, habrá verdadero mandato; si el mandante obra sin autorización
del tercero, se producirá entre estos dos el cuasicontrato de la agencia oficiosa” [art. 2120].

El mandato no puede versar sobre la ejecución de un hecho ilícito. Los arts. 1460 y 1461, que
regulan el objeto de los negocios jurídicos, son aplicables a la obligación del mandatario, la
cual al identificarse como una obligación de hacer, debe suponer la concreción de un negocio
moral, lícito y posible. STITCHKIN afirma que el mandato para ejecutar un acto inmoral o ilícito
es nulo absolutamente. Hay asimismo nulidad por ilicitud del objeto cuando el mandato es
conferido para traspasar bienes a personas incapaces de adquirirlos. Así por ejemplo, si Casio
celebra un mandato con Ovidio para que éste venda a la cónyuge del mandante un inmueble de
su propiedad, contraviniéndose así el art. 1796.
La declaración judicial de nulidad del mandato puede ser dictada antes que este haya sido
ejecutado o después de hacerlo:
a) Si es pronunciada antes que el mandato haya sido verificado, el mandante no podrá exigir al
mandatario la ejecución del encargo ni este último deberá realizarlo. Tampoco procederá
acción para pedir la rendición de cuentas, pero es evidente que el mandatario deberá restituir
lo que hubiere recibido del mandante por concepto de honorarios o anticipos para el
desempeño del encargo8.

8
Es decir, se aplicarán las reglas de las prestaciones mutuas a que se refiere el art. 1687. Empero, el principio general
en materia de prestaciones mutuas presenta una excepción para el caso en que el mandante haya procedido a sabiendas
de la ilicitud del encargo, pues entonces no podrá repetir en contra del mandatario lo que ha dado o pagado por la
gestión encomendada. Lo dicho, en aplicación de lo preceptuado por el art. 1468: “No podrá repetirse lo que se haya
dado o pagado por un objeto o causa ilícita a sabiendas”.

12
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

b) Si la sentencia de nulidad, en cambio, es pronunciada después de que el mandato ha sido


ejecutado será necesario distinguir si el mandatario actuó de buena o de mala fe. De modo
que, si actuó de buena fe, se aplicarán las reglas del art. 2122 y 2290. Ambas normas pueden
ser sintetizadas tal como sigue:
- El mandatario se convierte en agente oficioso, y tiene derecho a que se le reembolsen las
expensas útiles o necesarias, siempre que el negocio haya sido bien administrado; pero
no tendrá derecho a exigir remuneración o salario alguno.
- El mandante, a su vez, podrá exigir la restitución de lo que el mandatario ha recibido por
cuenta de él, en sus relaciones con terceros. Dado que en nuestro sistema la buena fe se
presume, esta será la regla general. En oposición, si actuó de mala fe, no procederá aplicar
el art. 2122, sino las reglas generales de la nulidad, particularmente la del art. 1468.
En cuanto a los contratos celebrados con terceros, serán ordinariamente nulos, ya que la ilicitud
del objeto del mandato proviene precisamente de la ilicitud del negocio encomendado.

§ CLASIFICACIÓN DEL MANDATO

El mandato puede clasificarse desde tres puntos de vista: 1. En cuanto a la naturaleza del o los
negocios encomendados; 2. En cuanto a la extensión de los negocios, y; 3. En cuanto a las
facultades otorgadas al mandatario.

1. Atendiendo la naturaleza del o de los negocios encomendados. Puede ser civil, comercial o
judicial.
a) Mandato civil. Será de esta naturaleza cuando el negocio encomendado sea de carácter civil.
Así, la ejecución de convenciones o la celebración de contratos entre particulares, tales como
pagar una deuda civil, vender un inmueble o celebrar una novación, serán mandatos civiles.
b) Mandato comercial o mercantil. Si el negocio encomendado es un acto de comercio, es decir,
de aquellos enumerados en el art. 3º del CCO, el mandato será mercantil. El mandato
comercial es un contrato por el cual una persona “encarga la ejecución de uno o más
negocios lícitos de comercio a otra que se obliga a administrarlos gratuitamente o mediante
una retribución y a dar cuenta de su desempeño” [art. 233 CCO]. Luego, el art. 234 señala
que hay tres especies de mandato comercial: la comisión, el mandato de los factores y
mancebos o dependientes de comercio, y la correduría.
c) Mandato judicial. El mandato judicial es un contrato en que una persona le encomienda a
otra que la represente o actúe a su nombre ante los tribunales de justicia. En este caso, la
naturaleza de las gestiones encomendadas son necesariamente judiciales o de orden procesal,
como la presentación de escritos, asistencia a audiencias, etc. Este mandato necesariamente
debe ser otorgado con facultad de representación, pues no se concibe que un mandatario
judicial pueda actuar a nombre propio en un juicio.

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

2. Atendiendo el objeto del mandato: General o especial. El mandato puede comprender uno o
más negocios específicamente determinados o un conjunto de negocios determinados en cuanto
a su género.
a) Mandato especial: “Si el mandato comprende uno o más negocios especialmente
determinados, se llama especial; [art. 2130.1]. Este mandato equivale a lo que el art. 235
CCO denomina comisión.
b) Mandato general: “[S]i se da para todos los negocios del mandante, es general; y lo será
igualmente si se da para todos, con una o más excepciones determinadas”
La expresión “negocio” debe ser entendida como equivalente al de “objeto social” que se
emplea en el derecho societario, o a la expresión “giro” propia del derecho tributario, así como
que la categoría ha de entenderse desde la lógica de los negocios comprendidos y no de las
facultades atribuidas. De aquí que sea plenamente factible, un mandato general en cuanto a los
negocios, pero especial en cuanto a facultades, y viceversa.
El art. 2120 inc. 2º resume lo explicado: “Tanto el mandato general como especial en cuanto
a su objeto, confieren naturalmente las mismas facultades, salvo que las partes hayan
convenido lo contrario o que la ley disponga otra cosa”.

3. Atendiendo las facultades que se confieren al mandatario: este se clasifica en mandato con
cláusula de libre administración, mandato general de administración; mandato con
facultades especiales. Como principio primordial, las facultades del mandatario dependen
prioritaria y exclusivamente de la voluntad del mandante. Con todo, la ley interpreta las
determinaciones del mandante cuando éstas son obscuras o ambiguas. Se contemplan en el CC
tres tipos de mandatos en atención a las facultades de las que ha sido investido el mandatario:

a) Mandato con cláusula de libre administración: según lo dispuesto por el inc. 2º del art. 2133:
“Por la cláusula de libre administración se entenderá solamente que el mandatario tiene la
facultad de ejecutar aquellos actos que las leyes designan como autorizados por dicha
cláusula”. El legislador es claro en cuanto definir la forma en cómo se integra la cláusula en
referencia, impidiéndole al juez poder colegirla de otras expresiones.
Si bien esta cláusula pareciera otorgar amplias facultades, lo cierto es que es sumamente
restringida, pues sólo le permite al mandatario realizar los actos que la ley expresamente le
permite con ella. En el CC encontramos los siguientes:
- “La diputación para recibir el pago puede conferirse por poder general para la libre
administración de todos los negocios del acreedor, o por poder especial para la libre
administración del negocio o negocios en que está comprendido el pago, o por un simple
mandato comunicado al deudor” [art. 1580].
- “El procurador o mandatario no puede novar si no tiene especial facultad para ello, o no
tiene la libre administración de los negocios del comitente o del negocio a que pertenece
la deuda” [art. 1629].

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

b) Mandato general de administración: El mandato general de administración es aquel que no


advierte enumeración alguna de facultades, por ello precisamente se le entiende como
general.
“El mandato no confiere naturalmente al mandatario más que el poder de ejecutar los
actos de administración, como son pagar las deudas y cobrar los créditos del mandante,
perteneciendo unos y otros al giro administrativo ordinario; perseguir en juicio a los
deudores, intentar las acciones posesorias e interrumpir las prescripciones, en lo tocante a
dicho giro; contratar las reparaciones de las cosas que administra; y comprar los materiales
necesarios para el cultivo o beneficio de las tierras, minas, fábricas, u otros objetos de
industria que se le hayan encomendado” [art. 2132]. MEZA BARROS colige que aunque se
empleen en el contrato términos enfáticos que sugieran una gran latitud de poderes, no se le
confiere al mandatario sino la facultad para ejecutar actos administrativos.
- El mandante puede ampliar o restringir las facultades que en la norma se consignan, toda
vez que la enumeración es ilustrativa. Esto revela una clara diferencia entre el mandato
civil con el mandato judicial, ya que, en este último, el mandante no está facultado para
poder limitar las facultades generales que la ley entiende conferidas al mandatario [art. 7
inc. 1º CPC]. En este sentido, STITCHKIN.
- A partir de la expresión “naturalmente”, DOMÍNGUEZ y MUNITA concluyen que la facultad
que se le otorga al mandatario para efectuar los actos de administración es un elemento de
la naturaleza del mandato. Por tanto, en silencio del mandante, el mandatario posee las
facultades antes mencionadas.
Se ha discutido acerca de si todo mandatario goza de las facultades indicadas en la norma.
Los que estiman que sí, argumentan que siendo ellas de la naturaleza del mandato, compete
a todo mandatario, cualquiera que sea el negocio cometido. Agregan que el art. 2130 inc.
final dispone: “La administración está sujeta en todos casos a las reglas que siguen”.
En contra STITCHKIN, quien arguye que las facultades administrativas ordinarias
corresponden, naturalmente, a los mandatarios constituidos para la administración de un
negocio. Agrega que de ninguna manera pertenecen a los mandatarios a quienes se
confieren facultades especiales9. En el mismo sentido, DOMÍNGUEZ y MUNITA.
En síntesis, el mandatario en este tipo de mandato:
a. Sólo puede efectuar actos de administración, y;
b. Estos actos deben pertenecer al giro administrativo ordinario.

Acto de administración. El codificador no ha definido acto de administración. Sin embargo,


se ha referido a lo que es administrar. Según el art. 39110, administrar consiste en adoptar
las medidas de carácter material o jurídico tendientes a conservar los bienes, a incrementarlos
y obtener las ventajas que pueden procurar. Comprende facultades conservativas, entendidas

9
Propone el siguiente ejemplo: Si se constituye un mandatario para vender un fundo, no podría pretenderse que este
mismo tuviera facultades para intentar acciones posesorias, pagar deudas, etc.
10
“El tutor o curador administra los bienes del pupilo, y es obligado a la conservación de estos bienes y a su reparación
y cultivo. Su responsabilidad se extiende hasta la culpa leve inclusive”.
15
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

como aquellas que persiguen evitar la destrucción o perecimiento de las cosas del patrimonio
administrado.
El art. 2132 entrega diversos ejemplos de actos de administración: pagar las deudas, cobrar
los créditos del mandante, perteneciendo unos y otros al giro administrativo ordinario;
perseguir en juicio a los deudores, intentar las acciones posesorias e interrumpir las
prescripciones, en lo tocante a dicho giro; contratar las reparaciones de las cosas que
administra; y comprar los objetos de industria que se le hayan encomendado.
Los actos de administración pueden ser materiales o jurídicos:
a. Son materiales, por ejemplo, los actos destinados a efectuar reparaciones que requiera el
edificio que se administra.
b. Son jurídicos, por ejemplo, la interposición de una querella posesoria, la interrupción de
una prescripción que corre contra el mandante, el cobro de una deuda, etc.
La acción de administrar no comprende sólo la ejecución de actos puramente
conservativos, sino también la ejecución de actos que tiendan a obtener de los bienes
administrados el provecho o rendimiento que están llamados ordinariamente a brindar.
Así, la administración de una casa permitirá al mandatario darla en arrendamiento; la
administración de un fundo facultará al mandatario para vender las cosechas.
Un límite no muy definido separa los actos de administración de los actos de disposición,
caracterizados éstos últimos porque cambian o alteran la composición del patrimonio11. La
venta de un bien, a que sigue la correspondiente tradición, es un acto de disposición; pero
este acto enajenativo será administrativo si lo que se vende son los frutos de un bien, como
la cosecha de un fundo, porque el acto tiende a obtener su provecho o rendimiento normal.
Este acto (vender y después efectuar tradición), que es disposición en su esencia, en este
último caso pertenece al giro administrativo ordinario del negocio, circunstancia que lo
convierte en un acto de administración.
Ejemplo: El mandato general de administración de un supermercado comprende
naturalmente la facultad de vender las mercaderías a los clientes (este acto dispositivo está
contenido en su giro administrativo ordinario), pero no comprende vender o hipotecar el
inmueble en que el supermercado funciona, pues ésta facultad no pertenece al giro
administrativo ordinario.
Ejemplo: El mandato general de administración de un fundo cuya explotación es la fruta de
sus árboles, comprende lógicamente la venta de las frutas, pero no de su madera, a diferencia
si se hubiera tratado de un fundo maderero, donde la venta de la madera sí comprende su
giro administrativo ordinario.

11
Expresa STITCHKIN: “Decíamos que los actos de administración no excluyen absolutamente los de disposición,
cuando estos últimos son indispensables para el desarrollo del negocio. Sin embargo, es necesario saber hasta qué
punto puede disponer el mandatario de los bienes administrados. La clave de la cuestión la hallamos precisamente
en la expresión “giro administrativo ordinario de los negocios del mandante” empleada por el art. 2132 inc. 1. Es
decir, lo que determina la facultad de administración del mandatario es la naturaleza del giro ordinario del negocio
objeto del mandato”.
16
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

c) Mandato con facultades especiales: el CC no ha regulado el mandato especial, pero se extrae


del inc. 2º del art. 2132: “Para todos los actos que salgan de estos límites, se necesitará de
poder especial”. Por regla general, todos los actos administrativos o de disposición que
escapan del giro ordinario del negocio encomendado al mandatario requieren autorización
especial del mandante. El legislador ha sido cauteloso al señalar casos en que el otorgamiento
de un poder especial es indispensable, así por ejemplo:
- “Todo mandatario necesitará de poder especial para transigir. En este poder se
especificarán los bienes, derechos y acciones sobre que se requiera transigir” [art. 2448].
- El art. 7º del CPC declara que no se entienden conferidas al mandatario, “sin especial
mención las facultades de desistirse en primera instancia de la acción deducida, aceptar
la demanda contraria, absolver posiciones, renunciar los recursos o los términos legales,
transigir, comprometer, otorgar a los árbitros facultades de arbitradores, aprobar
convenios y percibir”.
- “La facultad de transigir no comprende la de comprometer y viceversa” [art. 2141].
- “El poder especial para vender comprende la facultad de recibir el precio” [art. 2142].
- “La facultad de hipotecar no comprende la de vender, ni viceversa” [art. 2143]
- “No podrá el mandatario colocar a interés dineros del mandante, sin su expresa
autorización. Colocándolos a mayor interés que el designado por el mandante, deberá
abonárselo íntegramente, salvo que se le haya autorizado para apropiarse el exceso” [art.
2146].
- “Encargado de tomar dinero prestado, podrá prestarlo él mismo al interés designado por
el mandante, o a falta de esta designación, al interés corriente; pero facultado para
colocar dinero a interés, no podrá tomarlo prestado para sí sin aprobación del mandante”
[art. 2145].

Aplicación práctica: Según lo expuesto, para conferir a una persona las facultades necesarias para
administrar un negocio bastaría conferirle un mandato general de administración, sin necesidad
de enumerar in extenso cada una de las facultades de que estará investido (mandato con facultades
especiales). Sin embargo, en la práctica los bancos y comerciantes casi siempre exigirán al
mandatario que su mandato contenga expresamente la facultad de realizar el acto que pretende
ejecutar (siempre exigirán un mandato con facultades especiales. De esta forma eliminan el riesgo
de que posteriormente el mandante alegue que el acto ejecutado por el mandatario no pertenecía
al giro administrativo ordinario, que por ende el mandatario se excedió en su mandato, de modo
que el acto ejecutado por éste no obliga al mandante, le es inoponible.
Por ello, los mandatos son extremadamente extensos, enumerando cada una de las facultades que
se le otorgan al mandatario.

17
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

§ OBLIGACIONES DEL MANDATARIO

Dos son las obligaciones que contrae el mandatario: ejecutar el encargo (A) y rendir cuenta de él
(B). La primera de ella es de la esencia, mientras que la segunda de la naturaleza.

A. Obligación de ejecutar el encargo. Se trata de la principal obligación del mandatario. Su


desarrollo implica distinguir entre el marco jurídico aplicable y la delegación.

1. El marco jurídico aplicable. Esta obligación no está expresamente considerada en el CC,


pero discurre de todo el articulado, toda vez que las disposiciones dan por supuesto su
cumplimiento. El mandatario contraerá esta obligación desde el momento que haya
consentido la celebración del contrato, sea de forma expresa, tácita o por el sólo hecho de
haber transcurrido un término razonable conforme el art. 2125 ya analizado.
No existe inconveniente en que la obligación del mandatario se sujete a un plazo o
condición suspensiva que altere la época de exigibilidad de esta obligación.

La retractación. El mandatario puede retractarse aún después de su aceptación, siempre y


cuando el mandante se halle en la aptitud de ejecutar el negocio por sí mismo o de cometerlo
a otra persona [art. 2124 inc. 3º]. En caso contrario, deberá indemnizar perjuicios.
No debe confundirse con la renuncia, pues si bien se asimilan en que ambos son actos
jurídicos unilaterales por los cuales el mandatario se sustrae de los efectos del contrato,
extinguiéndolo, la oportunidad es distinta. En la retractación no tiene que haber principiado
la ejecución del encargo, mientras que la renuncia se efectúa mientras se ejecutan los
negocios. La renuncia no pondrá término inmediato al contrato, sino después de transcurrido
el tiempo razonable para que el mandante pueda proveer los negocios encomendados.

Situaciones en que el mandatario puede ser liberado de la ejecución de su encargo.


a) Cuando el mandante no cumple por su parte aquello a que es obligado [art. 2159]. En este
caso, el precepto “autoriza al mandatario para desistir de su encargo”. Se trata de una
manifestación de la excepción de contrato no cumplido [art. 1552].
b) “El mandatario debe abstenerse de cumplir el mandato cuya ejecución sería
manifiestamente perniciosa al mandante” [art. 2149]. Esta regla atienda al principio de
que los contratos deben ejecutarse de buena fe [art. 1546].

Incumplimiento. En vista que la ejecución del encargo es una obligación de hacer, tiene
aplicación el art. 1553, por lo que en principio el mandante podrá optar por cualquiera de las
tres opciones que le brinda tal disposición, conjuntamente con la indemnización moratoria.
Con todo, MUNITA y DOMÍNGUEZ estiman que no podría el mandatario ser compelido a
cumplir forzosamente la obligación, ello por tratarse de un contrato de confianza, lo que
podría ser más perjudicial para el mandante. De ahí que si el mandatario no cumple, podrá

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

demandarse la indemnización de los perjuicios compensatorios conforme al Nº 3 del art.


1553.
También podrá demandarse la terminación del contrato, según lo permite el art. 1489.

Forma en que el mandatario debe ejecutar el encargo. El CC otorga tres artículos que
permiten dilucidar los términos en que debe el mandatario cumplir con esta obligación:
a. Art. 2131. “El mandatario se ceñirá rigorosamente a los términos del mandato, fuera de
los casos en que las leyes le autoricen para obrar de otro modo”.
b. Art. 2134 inc. 1º: “La recta ejecución del mandato comprende no sólo la substancia del
negocio encomendado, sino los medios por los cuales el mandante ha querido que se lleve
a cabo”. Algunos autores estiman que esta regla sería una excepción al art. 1560. En
contra STITCHKIN, quien sostiene que en las relaciones entre mandante y mandatario se
debe estar a la intención de los contratantes más que a lo literal de las palabras.
c. Art. 2160 inc. 1º: “Las facultades concedidas al mandatario se interpretarán con alguna
más latitud, cuando no está en situación de poder consultar al mandante. mandante
cumplirá las obligaciones que a su nombre ha contraído el mandatario dentro de los
límites del mandato”.
Los términos del mandato son los que fijan la esfera de la responsabilidad del procurador, por
lo que en principio no se puede considerar obligado al mandante para con un tercero,
cuando el mandatario haya actuado sin respetar los términos bajo los cuales fue conferido su
encargo. Así, se ha entendido que excede en sus facultades el mandatario que celebra un
contrato con persona diferente de la que ha tenido en consideración el mandante.
Puede ocurrir que el mandatario ejecute sólo algunas gestiones encomendadas, o bien
todas, pero de manera imperfecta o diversa a las instrucciones del mandante. En ambas
circunstancias el mandante no resulta obligado, sino en cuanto el cumplimiento del encargo
le reportare beneficio [art. 2161.1]. El inc. 2º de la norma expresa que el mandatario deberá
resarcir todos los perjuicios que la ejecución parcial le ocasionare.

Excepciones. El legislador otorga mayor flexibilidad en la ejecución del mandato en los


siguientes casos:
1. El mandatario podrá aprovecharse de las circunstancias para realizar su encargo con
mayor beneficio o menor gravamen que los designados por el mandante; con tal que bajo
otros respectos no se aparte de los términos del mandato [art. 2147.1].
2. Las facultades concedidas al mandatario se interpretarán con alguna más latitud, cuando
no está en situación de poder consultar al mandante [art. 2148].
3. Se le permite al mandatario abstenerse de la ejecución del encargo, si aquello se estima
como perjudicial al mandante [art. 2149].
4. Como se dijo, la recta ejecución del mandato comprende los medios por los que el
mandante ha querido que se lleve a cabo. Puede suceder que tales medios resulten
inadecuados. En tales casos, podrá el mandatario apartarse de sus instrucciones al
respecto y emplear medios equivalentes.

19
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

5. El mandatario no es obligado a convertirse en agente oficioso del mandante cuando sus


instrucciones no pueden ser obedecidas, le basta tomar las providencias conservativas que
las circunstancias exijan, “pero si no fuere posible dejar de obrar sin comprometer
gravemente al mandante, el mandatario tomará el partido que más se acerque a sus
instrucciones y que más convenga al negocio. Compete al mandatario probar la fuerza
mayor o caso fortuito que le imposibilite de llevar a efecto las órdenes del mandante”.
[art. 2150]. La ejecución del encargo en atención a los medios dispuestos por el mandante
para llevarlo a cabo puede asimismo ser desatendida, ya que el inc. 2º del art. 2134,
permite “emplear medios equivalentes, si la necesidad obligare a ello y se obtuviere
completamente de ese modo el objeto del mandato”.
La configuración de la circunstancias que habilitan al mandatario a soslayar las
instrucciones del mandante implican su prueba, la que pesará en el mandatario.

Pluralidad de mandatarios. ¿En qué términos deben ejecutar el encargo, así como dar
cumplimiento al resto de sus obligaciones? El art. 2127 otorga las siguientes reglas:
1. Dado que las reglas del CC son supletorias a la voluntad de las partes, en principio habrá
que estarse a lo estipulado, principalmente por el mandante, quien pudo haber precisado
al tiempo de contratar la forma precisa y clara en torno a la división de la gestión.
2. Si el mandante no expresó la forma en que los mandatarios deben dividir sus obligaciones,
podrán dividir entre ellos la gestión, con la excepción de que el mandante haya exigido
que deban obrar de consuno, es decir, que les haya prohibido obrar separadamente. En
esta situación, si alguno de los mandatarios actuara por sí solo, lo que hiciere de este modo
será nulo12.

La autocontratación en el mandato. El CC establece importantes prohibiciones que se


imponen al mandatario al ejecutar el encargo. Estas proscripciones buscan proteger el interés
del mandante:
a) “No podrá el mandatario por sí ni por interpuesta persona, comprar las cosas que el
mandante le ha ordenado vender, ni vender de lo suyo al mandante lo que éste le ha
ordenado comprar, si no fuere con aprobación expresa del mandante”. Se trata de un
caso de autocontratación, en el cual la prohibición no es absoluta; pues, la compra o venta
son factibles si es que se cuenta con la aprobación del mandante.
b) Si se encarga tomar dinero prestado, al interés fijado o, en su defecto, al interés corriente,
el mandatario podrá constituirse como mutuante del mandante. Pero le está vedado tomar
para sí el dinero cuya colocación el mandante le ha confiado, a menos que medie
autorización de éste [art. 2145]. Es decir, si el mandante le encarga ofrecer dinero en
mutuo, no podría el mandatario constituirse como mutuario, a menos que se le autorice.

12
Se ha fallado que si las partes nada estipulan ni se les prohíbe a los mandatarios que dividan la gestión, ni tampoco el
mandante expresa la forma de dar cumplimiento al encargo, pueden los mandatarios de conformidad al artículo citado
dividir la gestión en la forma que consideren conveniente. Más aún, si cuando se delegó el mandato se estipuló que
podían actuar conjunta o separadamente y con las mismas atribuciones que le fueron conferidas.

20
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

2. La delegación. La facultad de delegar es de la naturaleza del contrato. El mandatario podrá


delegar el encargo a otra persona salvo que se haya expresamente excluido dicha facultad.
Las consecuencias en la delegación deben ser analizadas desde tres hipótesis.
a) La delegación no ha sido autorizada ni prohibida por el mandante. “El mandatario
podrá delegar el encargo si no se le ha prohibido; pero no estando expresamente
autorizado para hacerlo, responderá de los hechos del delegado, como de los suyos
propios” [art. 2135]. Según STITCHKIN, sería un caso responsabilidad objetiva, por lo que
el mandatario sólo podría exonerarse probando fuerza mayor o caso fortuito. Siguiendo
al mismo autor, para determinar los efectos de la delegación hay que distinguir:
- Relaciones entre el mandante y el delegado. Hay que distinguir nuevamente:
i. Si el mandatario delegó el encargo en su propio nombre. Se entiende que se ha
celebrado un nuevo mandato entre mandatario y delegado, por lo que el mandante
carece de acción personal contra el delegado. Con todo, puede entablar las acciones
del mandatario, subrogándolo [art. 2318], por ejemplo, la acción de indemnización
de perjuicios en caso de que incumpla o no rinda cuentas.
ii. Si el mandatario delegó en nombre del mandante. El mandatario celebra un contrato
en similares condiciones que todos aquellos para los cuales fue facultado, y el
mandante tendrá acción directa contra el delegado del mandatario, pues obró en
representación del mandante. Es decir, se crea una nueva relación jurídica entre el
mandante y el delegado, aplicándose los arts. 2151 y 1448.
- Relaciones entre el mandatario y el delegado. También debe distinguirse:
i. Mandatario delegó en su propio nombre. Se produce entre mandatario y delegado un
nuevo mandato, independiente totalmente del primero, por lo que quedarán obligados
personal y directamente el mandatario con el delegado.
ii. Mandatario delegó a nombre del mandante. Resulta obligado el mandante, a menos
que el mandatario haya obrado fuera de los límites de su mandato, pues en tal caso
se obliga personalmente. Si se extralimita en sus facultades, responderá al mandante
y no al delegado, salvo que no le haya dado suficiente conocimiento de sus poderes
o que se haya obligado personalmente [art. 2154]. En tal situación el mandatario
conserva su carácter de representante del mandante, y así, el delegado responderá
ante el mandatario por el cumplimiento exacto, íntegro y oportuno de sus
obligaciones, sin perjuicio de que también sea obligado en iguales términos frente al
mandante si éste se dirige personalmente en su contra. STITCHKIN afirma que el
mandatario es responsable ante el mandante de los hechos del delegado como de los
suyos propios [art. 2135.1] y por consiguiente, tiene interés directo en hacer efectiva
la responsabilidad del delegado y en cuidar que este ejecute el encargo oportuna,
exacta e íntegramente.
- Relaciones entre el mandante y los terceros. El art. 2136 establece: “La delegación no
autorizada o no ratificada expresa o tácitamente por el mandante no da derecho a
terceros contra el mandante por los actos del delegado”. Atendiendo el desconcertante

21
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

tenor de la norma recién citada, pareciera coherente sostener que para que la delegación
surta efectos respecto de terceros, obligando al mandante por los actos del delegado, es
menester que el mandante la haya autorizado o bien la ratifique expresa o tácitamente.
Sin embargo, el profesor Stitchkin opina distinto; él sostiene que el delegado representa
al mandante y lo obliga respecto de terceros en los términos del art. 1448, siempre que
el delegado contrate a nombre del mandante y actúe dentro de los límites de sus
atribuciones. STITCHKIN señala que el art. 2135 inc. 1 autoriza al mandatario para delegar
el encargo, por lo que al hacerlo, obra dentro de sus facultades legítimas; el delegado,
por su parte, ejecuta un negocio que interesa al mandante y contrata con los terceros a
nombre del mandante, hallándose legítimamente facultado para obrar de este modo,
puesto que actúa con las mismas facultades que tenía el mandatario que le delegó el
encargo. De manera que, delegar el encargo importa no solo encomendar el negocio al
delegado, sino que también se le transfieren al delegado las facultades y medios
necesarios para cumplir con la gestión encomendada, y más concretamente, entre las
facultades que se le transfieren se incluye la de contratar a nombre del mandante. Por
ende, siempre que el delegado actúe a nombre del mandante, lo obligará respecto de
terceros con quienes contrata.
b) La delegación ha sido expresamente autorizada. Hay que distinguir si el mandante
indicó o no a la persona del delegado.
i. Mandante especificó la persona en quien recaería la delegación. “Esta
responsabilidad tendrá lugar aun cuando se le haya conferido expresamente la
facultad de delegar, si el mandante no le ha designado la persona, y el delegado era
notoriamente incapaz o insolvente” [art. 2135.2]. El mandatario no es responsable de
los actos del delegado, salvo si designó a alguien incapaz o insolvente. En contra, si
la delegación ha sido autorizada con indicación de la persona del delegado, el objeto
del contrato de mandato es doble y condicionado, ya que el mandatario se obliga a
desempeñar el cargo y a confiar, en su caso, su ejecución al delegado que designa el
mandante. Si el mandatario opta por delegar la ejecución del encargo a la persona
designada por el mandante, se entenderá que este ya cumplió su gestión y su mandato
termina “por el desempeño del negocio para que fue constituido” [art. 2163 nº 1]. En
otras palabras, el mandatario en estas circunstancias contrae una obligación
alternativa: ejecutar personalmente el negocio que se le ha encomendado o delegar
su ejecución a la persona que designa el mandante. El cumplimiento de cualquiera de
estas obligaciones, lo exonera de la ejecución de la otra. “Cuando la delegación a
determinada persona ha sido autorizada expresamente por el mandante, se
constituye entre el mandante y el delegado un nuevo mandato que sólo puede ser
revocado por el mandante, y no se extingue por la muerte u otro accidente que
sobrevenga al anterior mandatario” [art. 2137]. El mandatario, por su parte, no
responderá por los hechos del delegado; es más, entre el delegado y el mandatario no
existe ningún vínculo, de manera que no responderá ni aun cuando el delegado sea
incapaz e insolvente.

22
DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

c) La delegación ha sido prohibida por el mandante. El mandante puede proscribir la


delegación. Si el mandatario prescinde de esa cláusula y delega de todos modos el
mandato a otra persona, los actos ejecutados por el delegado, así como los efectos
producidos, no empecerán al mandante; a menos que el mandante ratifique [art. 2136].
STITCHKIN agrega que el mandatario que delega el encargo, siéndole prohibido hacerlo,
quedará personalmente responsable frente al delegado si no le dio suficiente
conocimiento de sus poderes o se obligó personalmente a obtener la ratificación del
mandante [art. 2154].
Excepción: El mandato judicial. En este caso, el mandatario judicial puede delegar el mandato
a otra persona que tenga ius postulandi, y los actos del delegado obligan directamente al
mandante, sin necesidad de su ratificación. La delegación es una facultad ordinaria que otorga
el mandato judicial, y si bien el mandante no puede prohibir al apoderado alguna de las
facultades ordinarias, la disposición establece que sí es posible prohibir la delegación, mediante
cláusula expresa en ese sentido. En cuanto a las demás facultades ordinarias, toda prohibición
es nula [art. 7º CPC].

2º. Obligación de rendir cuenta. “El mandatario es obligado a dar cuenta de su administración”
[art. 2155.1]. Es natural que el mandatario dé noticia del resultado de sus gestiones al mandante.
Esta obligación se fundamenta en el simple hecho de que el mandatario siempre deberá actuar
por cuenta y riesgo del mandante; éste tendrá el derecho personal de exigir al mandatario que
le rinda cuenta de los negocios ejecutados y de sus efectos. La obligación de rendir cuenta
corresponde a todo mandatario, cualquiera que sea la naturaleza del encargo que se le confía.
Es decir, la obligación de rendir cuenta procede siempre, independiente si el mandato es civil,
judicial o mercantil.

Objeto. La obligación tiene por objeto poner en conocimiento del mandante la forma en que se
ha llevado a efecto la gestión del negocio, los resultados de este y la restitución de todo lo que
el mandatario ha recibido en virtud del mandato, sea del propio mandante, sea de terceros y aun
cuando lo pagado por estos no se deba al mandante [art. 2157].
La Corte Suprema ha precisado que en la rendición de cuentas se pueden advertir dos
dimensiones:
a. Una de contenido eminentemente patrimonial, que se identifica con la rendición de los
ingresos e incrementos, así como también de los gastos u otros egresos que afecten al negocio
cometido, es decir, todo aquello relativo al plano económico [art. 2156]13.
b. Otra, que consiste en la rendición propiamente tal, la que constituye la obligación del
mandatario en orden a exponer detalladamente el cumplimiento del encargo y la forma en
que este se efectuó.

13
“Debe al mandante los intereses corrientes de dineros de éste que haya empleado en utilidad propia. Debe asimismo
los intereses del saldo que de las cuentas resulte en contra suya, desde que haya sido constituido en mora”.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

Carácter natural. La obligación de rendir cuenta no esencial del mandato, sino más bien de su
naturaleza. Por lo mismo, el mandante puede, mediante cláusula especial al efecto, relevar al
mandatario de la obligación de rendir cuenta; aunque no quede por ello exonerado el procurador
de los cargos que contra él justifique el mandante [art. 2155 inc. 3]. Este pacto no produce otro
efecto que alterar el onus probandi, es decir, el mandante deberá probar que el mandatario ha
recibido de parte de él o de terceros, cosas que estaba obligado a restituirle14.
La acción a través de la cual el mandante ejerce su derecho a exigir la rendición de cuentas es
una acción personal, por lo tanto, deberá intentarse en contra del mandatario. Nada impide que
pueda ejercerse contra sus herederos, pues esta obligación es transmisible. La acción prescribe
según las reglas generales [art. 2515], sin perjuicio de sujetarla a un plazo.

§ OBLIGACIONES DEL MANDANTE

El art. 2158 enumera no taxativamente algunas de las obligaciones que se entienden pertenecer al
mandante. Estas obligaciones emanan del contrato mismo o de circunstancias posteriores
vinculadas a la ejecución del encargo; pudiendo algunas no llegar a existir.
La norma enumera sólo algunas obligaciones del mandante, sin que ninguna de ellas sea en
realidad de la esencia del mandato. En efecto, las obligaciones indicadas por la disposición son de
la naturaleza del acuerdo, de manera que las partes pueden excluirlas mediante cláusulas
especiales, liberando de ellas al mandante y subsistiendo el contrato con todos sus caracteres
propios. Con todo, existe una obligación a cargo del mandante que ciertamente es de la esencia, la
cual, viene a ser incorporada por el art. 2160, relativa a que el mandante debe cumplir con las
obligaciones que a su nombre ha contraído el mandatario (aunque puede ocurrir que el encargo no
origine obligación alguna para el mandante).
Pueden las partes, mediante cláusulas accidentales, estipular otras obligaciones para el mandante.

Incumplimiento de las obligaciones del mandante. “No podrá el mandante dispensarse de cumplir
estas obligaciones, alegando que el negocio encomendado al mandatario no ha tenido buen éxito,
o que pudo desempeñarse a menos costo; salvo que le pruebe culpa” [art. 2158 inc. final]. La
norma sería una excepción al art. 1547, pues acá es el mandante –acreedor– quien debe probar
culpa del mandatario –deudor–. Es natural que así ocurra, el mandatario no se obliga a llevar al
éxito el negocio que se le ha confiado, sino a poner lo que esté de su parte para conseguir tal
resultado. No puede hacérsele responsable del fracaso sino a condición de que provenga de su
culpa, por no haber empleado en la gestión el cuidado de un buen padre de familia.

14
La validez de la estipulación requiere que el mandante tenga capacidad de disposición, pues al no rendir cuentas de
su administración, podría entenderse que el mandatario recibe una liberalidad.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

DESARROLLO DE LAS OBLIGACIONES DEL MANDANTE:

1. Cumplimiento de las obligaciones contraídas por el mandatario. Esta obligación surge del
art. 2160 inc. 1º. El efecto obedece a una lógica consecuencia de la representación que el
mandatario inviste; en rigor, los actos que ejecute el mandatario en nombre del mandante se
reputarán actos del mandante, y estará obligado a cumplirlas siempre y cuando:
a) Haya obrado a su nombre (representándolo). El art. 2160 es concluyente en este sentido, y
refuerza lo ya regulado en el art. 1448. Si el mandatario obra a su propio nombre, “no obliga
respecto de terceros al mandante” [art. 2151]. Así, el mandatario que obró a su propio
nombre se obliga personalmente frente a terceros, el mandante no contrae obligación
alguna; pero el mandatario, en sus relaciones con el mandante, se reputará haber obrado por
cuenta de aquél (a ello se obligó al aceptar el mandato). En consecuencia, deberá rendir
cuenta de su gestión, y, además, el mandante puede exigirle que le ceda las acciones que le
competan contra terceros con quienes contrató en su propio nombre.
b) Haya actuado dentro de los límites del mandato. Si el apoderado excede tales límites, carece
de poder y por lo mismo no obliga al mandante. Ahora bien, el mandante puede aceptar las
obligaciones contraídas por el mandatario fuera de los límites del mandato, mediante su
ratificación. La ratificación puede ser:
i. Expresa, si se hace en términos formales y explícitos, cumpliendo además las
solemnidades del acto que se ratifica, o;
ii. Tácita, si el mandante ejecuta actos que importen un inequívoco propósito de apropiarse
de lo hecho por el mandatario.
Se ha fallado que la ratificación puede hacerse en cualquier momento, y tan pronto como
se produce, obliga al representado respecto del tercero contratante del mismo modo que si
hubiera existido un mandato previo, con efectos retroactivos desde la fecha del contrato
celebrado por el representante. En otras palabras, los efectos de la ratificación se retrotraen
a la época de ejecución o celebración del negocio ratificado.

Efectos de la extralimitación del mandato. Si el mandatario se extralimita en sus facultades, el


mandante no resulta obligado para con terceros. Concretamente, las obligaciones que contrae
el mandatario excediéndose en sus facultades le son inoponibles al mandante15.
En este contexto, ¿se obliga el mandatario para con los terceros? En principio tampoco resulta
obligado, salvo que concurran las circunstancias indicadas en el art. 2154:
1º. Cuando no les ha dado suficiente conocimiento de sus poderes;
2º. Cuando se ha obligado personalmente.
Concurriendo alguna de estas circunstancias, su responsabilidad se extiende también respecto
de terceros.

15
Se ha revocado un fallo de primera instancia en que se acogió una acción de nulidad absoluta de una cesión de
derechos hereditarios realizada por un mandatario que no contaba con la facultad suficiente, aclarando el tribunal de
alzada que la ineficacia es la inoponibilidad.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

2. Provisión de lo necesario para cumplir el mandato. Esta obligación se desprende del art.
2158 nº 1. De este modo, si se encarga al mandatario la realización de una compra, deberá
el mandante proveerle de los dineros necesarios para pagar el precio. DOMÍNGUEZ y MUNITA
consideran que la obligación no se agota en una provisión pecuniaria para realizar la gestión,
sino que implica también, por ejemplo, otorgar información veraz y oportuna para el correcto
cumplimiento, proveer de implementos tecnológicos, intelectuales (know how), etc.
El incumplimiento de esta obligación autoriza al mandatario para desistir del encargo: “El
mandante que no cumple por su parte aquello a que es obligado, autoriza al mandatario para
desistir de su encargo” [art. 2159].

3. Obligación de indemnizar al mandatario. El mandante debe procurar que el mandatario no


sufra perjuicios derivados de la ejecución del negocio encomendado. Es evidente, toda vez que
el mandatario se obliga por cuenta y riesgo del mandante. La obligación cobra relevancia
cuando el mandato es gratuito. Las partidas que comprende la indemnización debida
corresponden a obligaciones que el mismo art. 2158 menciona separadamente. Ellas son:
a) Reembolso de los gastos razonables causados por la ejecución del mandato [art. 2158 n° 2];
b) Reintegro de los anticipos de dinero con los intereses corrientes [art. 2158 n° 4];
c) Pago de pérdidas en que haya incurrido sin culpa y por causa del mandato [art. 2158 n° 5].

4. Obligación de remunerar al mandatario. El mandante debe pagar la remuneración


estipulada, antes o después del contrato; a falta de acuerdo, la remuneración será la usual (la
que se acostumbra a pagar por la clase de servicios de que se trate). En caso de desacuerdo de
las partes, la remuneración será la fijada por el juez.

Medios que franquea la ley al mandatario frente al incumplimiento del mandante.


a) El mandatario puede desistirse del encargo bajo el argumento del incumplimiento de alguna
de las obligaciones del mandante [art. 2159].
b) El mandatario goza de una especie de derecho legal de retención: “Podrá el mandatario
retener los efectos que se le hayan entregado por cuenta del mandante para la seguridad de
las prestaciones que a éste fuere obligado por su parte” [art. 2162].

§ EXTINCIÓN DEL MANDATO

El Código Civil enumera en su art. 2163, y de forma no taxativa, las causales específicas de
expiración del mandato. En todo caso, la enumeración no es taxativa.

1º. Cumplimiento del encargo. Esta causal de terminación es la natural, pues se traduce en el pago
efectivo o solución de la principal obligación del mandatario [art. 1568]. Así las cosas,
ejecutado el encargo termina el mandato, efecto que opera de pleno derecho. Sin perjuicio de
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

lo anterior, las obligaciones ya generadas quedan subsistentes y se extinguirán, en su caso, con


arreglo a las normas generales. Por ejemplo, terminado el mandato, puede subsistir la obligación
del mandatario de rendir cuenta y de restituir lo recibido, o la del mandante de pagar la
remuneración estipulada o usual.
[ ! ] Esta forma de terminación sólo tiene cabida en el mandato especial, en que la ejecución del
negocio determinadamente encomendado agota el objeto del encargo y por consiguiente los
poderes conferidos. Si el mandato es general para la administración de los bienes del mandante,
el objeto no se agota ni aún por la destrucción de todos los bienes: jurídicamente, el patrimonio
subsiste hasta la muerte del mandante. Luego, desempeñado el negocio para el que fue
constituido, el mandato termina; por lo que el mandatario no podrá ejecutar otro negocio similar
por cuenta ni en representación del mandante, ni intervenir de modo alguno en el ya ejecutado.
Si el mandatario contraviene, sus actos no obligarán al mandante, salvo que los terceros con
quienes contrata estén de buena fe.

2º. Llegada del plazo o cumplimiento de la condición prefijados. Como en todo contrato, las
partes pueden estipular un plazo extintivo que fije el periodo en el cual el mandatario deba
ejecutar el encargo, o bien una condición resolutoria que en caso de verificarse produzca su
extinción. La condición resolutoria no operaría con efecto retroactivo, por lo que en vez de
resolución, procedería acá una terminación del contrato, dejando firme los efectos que ya se
han producido.

3º. Revocación del mandante. Dado que el mandato es, por esencia, un contrato de confianza, así
como también por la circunstancia de que en la mayoría de los casos cede en beneficio exclusivo
del mandante, éste puede hacerlo expirar con su sola voluntad y cuando lo estime conveniente.
Así, la revocación supone una facultad discrecional del mandante, quien puede cesar en su cargo
al mandatario a su mero arbitrio.
La revocabilidad es un elemento de la naturaleza, ya que el contrato puede no solo haber sido
celebrado en el exclusivo interés del mandante, sino que del mandatario o de terceros, en razón
de una interpretación amplia del art. 241 del CCO: “El comitente no puede revocar a su arbitrio
la comisión aceptada, cuando su ejecución interesa al comisionista o a terceros”, permitiendo
los pactos de irrevocabilidad, cuyo sustento normativo reposa en la renunciabilidad de los
derechos [art. 12], y por el mérito de irrevocabilidades especialmente consideradas por el
legislador.
El pacto de irrevocabilidad no tiene cabida en los mandatos generales de administración, ya
que implicaría una suerte de incapacidad del mandante no establecida por ley.

De los artículos 2164, 2165 y 2173 se colige efectivamente que el mandante puede revocar al
mandatario a su entera voluntad. La revocación puede ser expresa o tácita, y ambas ponen
término al encargo desde el día que el mandatario ha tenido conocimiento de ella y solo produce
efectos respecto de terceros desde que éstos la conocieron, aunque el mandatario haya obrado
de mala fe, a sabiendas de la expiración de sus poderes. La revocación es procedente aun cuando

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

se hubiere estipulado remuneración por los servicios. El art. 2165 no distingue entre mandato
gratuito o remunerado. Si el mandatario ya había iniciado la gestión, los honorarios se regularán
proporcionalmente.

La revocación en la diputación para el pago. El CC establece reglas particulares para su


extinción, señalando entre ellas expresamente la revocación por parte del acreedor. Sin
embargo, el codificador estableció algunas limitaciones, que se desprenden de los arts. 1584 y
1585:
a) “La persona designada por ambos contratantes para recibir, no pierde esta facultad por la
sola voluntad del acreedor; el cual, sin embargo, podrá ser autorizado por el juez para
revocar este encargo, en todos los casos en que el deudor no tenga interés en oponerse a
ello” [art. 1584]. mientras que la primera parte de la segunda, ordena:
b) “Si se ha estipulado que se pague al acreedor mismo, o a un tercero, el pago hecho a
cualquiera de los dos es igualmente válido” [art. 1585 segunda parte]; aunque se deja
constancia que el acreedor no puede impedir el pago a un tercero, a menos que concurran
algunos de los siguientes casos, indicados en la misma disposición, a saber: “que antes de la
prohibición haya demandado en juicio al deudor, o que pruebe justo motivo para ello”.

Clasificación de la revocación. La revocación admite dos clasificaciones posibles:


1) Por un lado, puede ser total o parcial, distinción que puede atender a dos aspectos:
a) Según el mandante desee revocar todas y cada una de las facultades otorgadas al
mandatario, o bien sólo algunas (como revocar la facultad de autocontratar, o revocar la
facultad de realizar actos dispositivos, pero mantener las demás).
b) Según el mandante revoque el mandato otorgado en todos sus negocios, o bien en uno o
algunos.
2) Por otro, la revocación del mandante puede ser expresa o tácita [art. 2164].
a) Es expresa la revocación cuando se hace de palabra o por escrito, sea por un instrumento
público o privado. Basta que el mandante manifieste de forma clara su voluntad de dar
término al encargo. Se ha afirmado que aun en el caso que el mandato se haya otorgado
por escritura pública, la revocación no está sujeta a formas especiales, por lo que no es
necesario que la revocación se otorgue de la misma forma que se constituyó el mandato,
ni tampoco que se tome nota de la revocación al margen de la escritura matriz si el
mandato se otorgó por escritura pública, pues la revocación no puede ser considerada
contraescritura. La excepción son aquellos mandatos en que la ley establece una
solemnidad para su constitución, aplicando el principio de que en derecho las cosas se
deshacen de la misma forma en que se hacen.
b) La revocación tácita se verifica por el encargo del mismo negocio a distinta persona.
Stitchkin afirma que no es el único caso, bastando que aparezca claramente la intención
del mandante de poner término a la gestión para que se entienda revocado el encargo,
como si ejecuta por sí mismo el negocio confiado al mandatario. La jurisprudencia ha
dicho que para que opere la revocación es necesario que el nuevo mandatario acepte el

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

encargo. En contra, STITCHKIN, quien advierte que la ley sólo exige que se “encargue”,
de ahí que el legislador no requiere de la aceptación del mandatario para que expire.

Mandato especial revocado por uno general posterior. No es claro si un mandato general
posterior revoque a uno especial anterior. El inc. 2º del art. 2164, indica: “Si el primer
mandato es general y el segundo especial, subsiste el primer mandato para los negocios
no comprendidos en el segundo”, acá el CC daría a entender que no se revocaría. Se señala
que la solución es la misma, es decir, la revocación opera en términos similares a los
expuestos por la norma.

La revocación, sea expresa o tácita, produce efectos desde el día que el mandatario ha tenido
conocimiento de ella. La noticia al mandatario puede darse de cualquier forma: de palabra,
por escrito, cartas, telegramas y aún por avisos en los diarios [art. 2165]. Sólo es menester que
efectivamente la noticia de la revocación haya llegado a conocimiento del mandatario.
Corresponde al mandante probar que el mandatario estaba en conocimiento de la revocación,
cuestión que incide en su responsabilidad derivada de las obligaciones contratadas a su nombre
por el mandatario revocado.

Efectos derivados de la revocación. Hay que distinguir:


1) Efectos respecto del mandatario. La cesación opera desde que toma conocimiento de ella,
ahí expiran sus funciones y debe abstenerse de seguir actuando para el mandante (salvo lo
estrictamente indispensable para evitarle el mayor daño por la suspensión inmediata de la
gestión). Si el mandatario contraviene, deberá indemnizar los perjuicios que irrogue al
mandante [art. 2173.2].
2) Efectos respecto de terceros. La revocación es inoponible a terceros de buena fe, es decir,
aquellos que la ignoran. Para estos el mandato subsiste y los contratos que celebren con el
mandatario obligan al mandante, el cual no puede excusarse de cumplirlos alegando que
revocó el encargo, pues la revocación no les empece [art. 2173]. Corresponde al mandante
probar que los terceros estaban en conocimiento de la revocación, valiéndose de todos los
medios de prueba, incluso testigos (no rige en este caso la limitación del art. 1708, pues se
trata de acreditar un hecho). Sin perjuicio de lo anterior, el inc. 3º del art. 2173, faculta al
juez a liberar al mandante de responsabilidad cuando se han hecho publicación de avisos en
periódicos, y que en su prudencia los terceros tuvieron conocimiento de la revocación.
Incluso cuando la revocación no hubiere sido notificada al público por periódicos, el juez
puede absolver al mandante en todos los casos en que no pareciere probable la ignorancia
del tercero. El legislador ha dejado entregado a la prudencia del juez establecer si los
terceros estuvieron o no de buena fe al tiempo de contratar.
DOMÍNGUEZ y MUNITA afirman que la buena o mala fe de los terceros debe examinarse al
tiempo de la contratación con el mandatario. El conocimiento que puedan adquirir con
posterioridad es irrelevante.

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

4º. Renuncia del mandatario. Así como el mandante puede revocar el mandato, el mandatario
puede renunciar a él, sea gratuito o remunerado. El mandatario que renuncia no incurre en
responsabilidad por esa sola causa, sin perjuicio de la obligación de proveer a los negocios por
un tiempo razonable. En caso contrario, el mandante podría entablar una acción indemnizatoria
por incumplimiento contractual. A su vez, el mandatario podrá liberarse de esta responsabilidad
si acredita que la renuncia fue motivada por la imposibilidad de administrar con ocasión de una
enfermedad u otra causa, o bien si prueba que a consecuencia de que el cumplimiento de las
gestiones le cause un grave perjuicio a sus intereses propios [art. 2165]. La facultad de renunciar
es de la naturaleza del mandato. Por ello existen casos en que el mandatario no podrá renunciar:
a) Cuando las partes hayan estipulado expresamente la irrenunciabilidad;
b) Cuando es la propia ley la que lo impide, como el art. 242 CCO: “La renuncia no pone
término a la comisión toda vez que cause al comitente un perjuicio irreparable, sea porque
no pueda proveer por sí mismo a las necesidades del negocio cometido, sea por la dificultad
de dar un sustituto al comisionista”.
Si los mandatarios son dos o más, la renuncia de uno no pone término al mandato respecto de
los demás, a menos que deban obrar conjuntamente [arts. 2172 y 2127]
Por último, existen además reglas especiales para la renuncia del mandato judicial [art. 10 CPC].

5º. Muerte del mandante o del mandatario. El mandato es un contrato de confianza, por ello la
muerte de una de las partes pone fin al mandato. Sin embargo, la muerte de una de las partes
sólo extingue las obligaciones intransmisibles (como la obligación de ejecutar el encargo), mas
no las patrimoniales (como el pago de la remuneración al mandatario, la cual se transmitirá a
los herederos del mandante). A su turno, si bien la muerte del mandante produce la terminación
del mandato, mientras el mandatario la ignore, lo que éste haya ejecute será válido y dará
derecho a terceros de buena fe contra los herederos del mandante [art. 2173]. La jurisprudencia
en reiterados fallos ha estimado que para que la muerte como causal de extinción produzca
efectos, debe haber sido conocida por el mandatario.
Excepciones:
1) Las partes pueden convenir que la muerte del mandante no será una causal de expiración del
mandato. Es válida la estipulación por la que se acuerda que el mandato subsista pese al
fallecimiento del mandante. El CC ha permitido expresamente esta cláusula en la diputación
para el cobro: “La facultad de recibir por el acreedor no se transmite a los herederos o
representantes de la persona diputada por él para este efecto, a menos que lo haya
expresado así el acreedor” [art. 1583].
2) El mandato post mortem. La doctrina denomina de esta forma al mandato que debe ejecutarse
precisamente al fallecimiento del mandante. Se ha dicho que es lícito conferir un encargo
que debe ejecutarse después de la muerte del mandante. La jurisprudencia ha estimado que
la cláusula que establece que el cumplimiento del mandato al fallecer el mandante es una
modalidad o elemento accidental, por cuanto excepciona o altera el régimen natural o normal
de extinción del mandato que opera por la muerte del mandante o del mandatario. En línea

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

con lo dicho se ha sentenciado que debe estipularse de modo expreso. Existe discusión acerca
de si este mandato debe o no revestir las formalidades de un testamento.
3) La muerte del mandante no pone fin al mandato si éste interesa también al mandatario o
terceros. También puede ocurrir que exista más de un mandante. En esa circunstancia, la
muerte de uno de ellos no pone fin al mandato si éste interesa al sobreviviente. Así ocurre,
por ejemplo, en la cláusula que se inserta en un contrato de compraventa, por la cual se
faculta al portador de copia autorizada para requerir la inscripción de la escritura ante el
Conservador de Bienes Raíces respectivo. En estos casos, la jurisprudencia ha indicado que
el fallecimiento del vendedor –y a su vez mandante– no tiene el efecto de producir la
extinción del mandato, toda vez que el comprador tiene un interés independiente y personal
en la ejecución del mismo.
4) El mandato judicial subsiste luego de la muerte del poderdante. En este caso, la subsistencia
del mandato judicial es un elemento que estimamos es de la naturaleza del contrato (de ser
así sería posible excluir esa situación en el contrato de mandato judicial, por lo que de fallecer
el mandante la representación judicial expiraría. Entender lo contrario sería asumir que sería
un elemento de la esencia del mandato).
5) La comisión mercantil no termina por la muerte del mandante.

6º. Por tener la calidad de deudor en un procedimiento concursal de liquidación, el mandante


o el mandatario. Primitivamente, el CC refería en este numeral “la quiebra o insolvencia de
uno u otro”. Si bien la quiebra estuvo regulada por el Libro IV del CCO, actualmente el estatuto
concursal se encuentra regulado por la Ley Nº 20.720. Es por la nomenclatura utilizada en esta
que se evita la expresión quiebra del art. 2163 Nº 6, en circunstancias que hoy la causal se
configura por el hecho de haberse sometido el mandante o mandatario a un procedimiento
concursal de liquidación, sea voluntario o forzoso.
Si el mandatario se somete a un procedimiento concursal de liquidación, el legislador presume
que el mandante ya no deposita la confianza en quien ni siquiera es capaz de administrar
diligentemente sus negocios propios. Por lo demás, al iniciarse el procedimiento de liquidación
el fallido pierde la administración de sus propios negocios patrimoniales, pasando a
administrarlos el liquidador16.
En caso en que sea el mandante quien se vea sometido al procedimiento concursal de
liquidación es normal que el mandato expira, pues el mandante estará impedido para cumplir
las obligaciones del mandato, asimismo la administración de sus bienes pasa al liquidador.

7º. Por la interdicción del mandante o del mandatario. El mandato otorgado por una persona
en estado de demencia es nulo absolutamente según las reglas generales [art. 1682.2], de ello
no cabe duda. Pero resulta dudosa la circunstancia de una privación de razón sobreviniente del

16
En cuanto diputación para el cobro, el codificador considera dentro de las causales de inhabilidad del mandatario
algunas situaciones similares, como haber hecho cesión de bienes o haberse trabado ejecución en todos ellos. Frente
a esto, surge la interrogación de si estas causales pueden extenderse a otros mandatarios que no sean diputados para
el cobro. Pensamos que estas causales deben interpretarse de forman restrictiva, por lo que no serían aplicables a otros
casos que los que expresamente haya indicado el legislador en ese particular mandato.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

mandante. El nº 7 del art. 2163 sólo menciona en términos expresos la interdicción del mandante
o del mandatario, pero nada dice respecto a la sola privación de razón sobreviniente de una de
las partes, sin que se haya tramitado la declaración de interdicción.
a) Interdicción del mandante. STITCHKIN ha estimado que la enumeración que hace el art. 2163
no es taxativa, sino más bien enunciativa.
La sola privación de razón del mandante o mandatario también pondría término al mandato,
pues se trata de un contrato intuito personœ, que descansa en la confianza de una hacia la
otra. Estando privado de razón el mandante no podría controlar los actos y negocios que
celebra el mandatario. Además, la obligación de rendir cuentas se volvería ilusoria pues, al
no existir un guardador, se produciría el absurdo de que la rendición tendría que realizarse a
una persona que no está en condiciones de impugnarla.
b) Resulta evidente que si el mandatario se priva de razón, no podrá realizar las gestiones que
se le encomendaron. CAPRILE, citando el art. 1586, concluye que la demencia del mandatario
como causal de extinción estaría reconocida en el CC. Regla que perfectamente puede
extrapolarse a cualquier mandato y también extenderse a la privación de razón del mandante.

8º. Cesación de funciones en cuyo ejercicio se otorgó el mandato. Si bien esta causal opera en
cualquier clase de mandato, cobra especial importancia práctica en el mandato judicial.
Se ha fallado que si el gerente de una sociedad cesa en estas funciones, no se entiende
terminado el mandato judicial otorgado a un abogado, pues en estricto rigor la causal de
extinción es el cese de las funciones del mandante, el cual no es el gerente de la sociedad sino
que la sociedad misma. En contra de esta solución STITCHKIN, quien considera la resolución
infundada, pues ni el CC ni los antecedentes del art. 2163 permiten llegar a esa conclusión.
CAPRILE afirma que la solución de los tribunales resguarda la certeza y seguridad jurídica
evitando un perjuicio al mandante, lo cual adquiere especial relevancia respecto al mandato
judicial. Empero, advierte que el razonamiento de los tribunales no es contundente, pues no se
profundiza en la justificación del indicado lineamiento. Agrega que de seguir con este
predicamento, se torna complejo encontrar una situación en que esta causa de extinción se
aplique17.
En principio, es posible que las partes puedan estipular expresamente la inaplicabilidad de
esta causal de extinción. Exc.: tratándose de los mandatos otorgados por representantes legales,
no sería posible derogar esta causal, pues la cesación de la representación legal opera de pleno
derecho, por lo que no podrían dichos representantes seguir administrando los bienes del hijo o
del pupilo por intermedio de un mandatario o delegado.

9º. Falta de uno de los mandatarios conjuntos. Como ya se dijo, las causales del art. 2163 no
son taxativas. El mandato también termina por la falta o ausencia de uno de los mandatarios
cuando éstos son varios y se haya estipulado que todos ellos deban obrar de consuno.
17
Con todo, CAPRILE postula que, de seguir la jurisprudencia señalada, la causal operaría respecto de los mandatos
otorgados por el madre o madre que ejercen la patria potestad, el cual cesaría cuando se produce la emancipación del
hijo; también terminarían por esta causal los mandatos otorgados por el tutor o curador en ejercicio de su guarda; o
bien, cuando la sociedad es disuelta.
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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

§ EL MANDATO APARENTE

Con la expresión mandato aparente se denomina aquella situación en la que, pese a no existir un
mandato realmente otorgado por una persona a otra –sea porque nunca se otorgó, sea porque el
otorgado se ha extinguido o resultado nulo–, en razón de la apariencia por él configurada, una de
ellas hace creer razonablemente a terceros la existencia y subsistencia de un mandato entre ambas.
En consecuencia, dicho mandato, ha de tenerse como existente en el afán de protección de esos
terceros y, por tanto, las obligaciones convenidas con el mandatario aparente han de tenerse como
efectivamente contraídas a pesar de no existir mandato.
La justificación de esta teoría se encontraría en el rol de la apariencia en el derecho (que sería
una nueva fuente de obligaciones). Se ha dicho que la sola apariencia basta para producir efectos
respecto de terceros que, por efecto de un error legítimo, han ignorado la realidad, pues se han
celebrado actos, o existen signos exteriores de actos que han podido llevar a creer legítimamente
en la realidad de una cierta situación jurídica18.

Para que exista mandato aparente se requieren dos condiciones:


1. La creencia legítima del tercero, esto es, verificada en línea con la buena fe, con el cual contrata
el mandatario aparente. Sobre este punto, la doctrina francesa ha sostenido que debemos
situarnos al día de la conclusión del acto o contrato respectivo para determinar si el tercero
estaba o no en la creencia razonable de que la persona con quien contrataba era mandatario de
quien aparece siendo obligado por el acto. Esta creencia razonable debe ser apreciada según el
criterio del buen padre de familia. Por otro lado, la jurisprudencia ha estimado que la buena o
mala fe consiste en que los terceros han ignorado o conocido, respectivamente, la circunstancia
de haber expirado el mandato. Nuestro CC no habla de buena o mala fe, pero la expresión que
emplea el art. 2173 “sabedor de la causa que lo haya hecho expirar”, se ajusta perfectamente
con la concepción de mala fe.
2. El tercero debe demostrar que ha actuado con cierta diligencia o, en otros términos, que haya
adoptado las precauciones necesarias antes de contratar con el mandatario aparente. Esto quiere
decir que el error sobre la naturaleza o extensión del mandato debe ser legítimo.

Pero existe la posibilidad de que, pese a la buena fe del tercero, no parece probable su ignorancia
sobre la expiración del mandato. Esta aseveración se extrae del inc. 3º del art. 2173, cuya redacción
da a entender que se trataría de una contraexcepción: pese a que el tercero se encuentra de buena
fe, podría no ser amparado por el juez conforme a su prudencia, declarando en consecuencia que
los actos celebrados por el falso mandatario serían nulos o inoponibles al mandante, según la

18
Otros autores postulan que la institución del mandato aparente tiene su fundamento en el cuasicontrato. Explican que
en esta institución el mandante se vincula con los terceros con quienes contrató el mandatario sin haberlo querido.
Esta tesis cobra fuerza si se tiene en consideración que en el mandato aparente el mandante se encuentra en la misma
situación que en la gestión de negocios, en circunstancias que el beneficiario resulta obligado a respetar las
obligaciones tomadas en su nombre.

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DERECHO CIVIL [ Derecho de la contratación ]

doctrina mayoritaria. Nótese que la norma le otorga esta facultad al juez de liberar al mandante
“en todos los casos en que no pareciere probable la ignorancia del tercero”, dejando claro que
uno de esos casos es la extinción del mandato notificada al público por periódicos (en todo caso,
el tercero podría acreditar que aun cuando se haya publicitado en un periódico, no tuvo
conocimiento efectivo de la expiración del mandato).
STITCHKIN afirma que nuestro CC no ha consagrado este principio en un texto expreso, pero se
extrae del art. 2173. De la misma norma nuestros tribunales han entendido que los actos ejecutados
por el mandatario son validos una vez expirado el mandato, dando derecho a terceros de buena fe
contra el mandante. Es decir, la sanción propia al caso planteado no es la nulidad del acto [art. 10].
Por ende, los actos que ejecuta el mandatario después de expirado el mandato son válidos y obligan
al mandante, en la medida que los terceros que contrataron con el mandatario hayan estado de
buena fe. Es irrelevante para este aspecto determinar si el mandatario ejecutaba el negocio de
buena o mala fe, esta circunstancia importa sólo para determinar los efectos entre éste y su
mandante. Si el mandatario ejecuta un acto a sabiendas que el mandato ha expirado (por ejemplo,
solicita un mutuo de dinero a un banco, el cual no ha sido informado de la revocación), el mandante
se verá obligado a cumplir, pero podrá posteriormente dirigirse contra el mandatario para que éste
le indemnice los perjuicios sufridos por el cumplimiento. También se ha entendido que la
notificación judicial es válida al mandatario que desconoce la revocación del contrato.

[ ! ] Síntesis de las reglas. Los actos ejecutados por el mandatario, después que el mandato ha
tenido fin, no obligan al mandante, le son inoponibles. Esta regla general tiene excepciones, que
se fundamentan en la buena fe de los terceros con quienes el mandatario contrata:
1. Si el mandatario está de buena fe, o sea, ignora que el mandato ha terminado y cree que el
mandatario continúa dotado de poder, los actos que ejecute obligarán al mandante para con los
terceros que, por su parte, ignoraron la extinción del mandato. En esta situación, tanto el
mandatario como los terceros están de buena fe, el tercero tendrá acción contra el mandante
para el cumplimiento de la obligación y éste no tendrá a su vez acción contra el mandatario por
los perjuicios. El mandato se deben entender vigente respecto de terceros mientras no se realicen
actos concretos, inequívocos y públicos de oponibilidad.
2. Si el mandatario sabía de la expiración del mandato, pero esta circunstancia era ignorada por
los terceros (por lo que están de buena fe), igualmente resulta obligado el mandante, pero tendrá
derecho a demandar los perjuicios al mandatario de mala fe o “sabedor de la causal de
expiración”. La buena o mala fe del mandatario es indiferente en las relaciones del mandante y
terceros. Esta circunstancia importará solamente en las relaciones entre el poderdante y su
apoderado. Como es de suponerse, toca al juez decidir, conforme a los antecedentes acreditados
en el juicio, acerca de la buena o mala fe de los terceros.

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BIBLIOGRAFÍA

- CAPRILE BIERMANN, Bruno, “Algunos problemas ofrecidos por ciertas causales especiales de
extinción del mandato: La cesación de las funciones y la demencia del mandante”, en Estudios de
Derecho Civil XIV, Editorial Legal Publishing.

- DOMÍNGUEZ ÁGUILA, Ramón, Los Bienes, la propiedad y otros derechos reales, en Estudios de
Derecho Civil XIII, Editorial Legal Publishing.

- DOMÍNGUEZ ÁGUILA, Ramón y MUNITA MARAMBIO, Renzo, El contrato de mandato,


Editorial Tirant Lo Blanch.

- STITCHKIN BRANOVER, David, El mandato civil, Editorial Jurídica de Chile.

- Apuntes de clases del profesor Bruno Caprile Biermann (2013).

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EFECTOS DEL MANDATO

OBLIGACIONES DEL MANDATARIO

Ejecutar el encargo

Causales por las cuales el mandatario puede quedar liberado de ejecutar el encargo

Si el mandante no cumple por su parte con sus obligaciones

Cuando ejecución se ha hecho totalmente imposible, sea absoluta o en relación al mandatario

Cuando su ejecución es manifiestamente perniciosa para el mandante

Delegación del mandato

Delegación no ha sido autorizada ni prohibida por mandante

Delegación ha sido autorizada sin indicación de la persona del delegado

Delegación ha sido autorizada con indicación de la persona del delegado

Delegación ha sido prohibida por el mandante

Casos en que ley autoriza a mandatario a no ceñirse estrictamente a los términos del mandato

Cuando ejecución del mandato sea manifiestamente pernicioso para el mandante

Si mandatario se encuentra imposibilitado para actuar según instrucciones del mandante

Si los medios señalados por mandante para su cumplimiento pueden ser inadecuados

Podrá mandatario realizar encargo con mayor beneficio o menor gravamen

Rendir cuenta

OBLIGACIONES DEL MANDANTE

Cumplimiento de las obligaciones contraídas por el mandatario (si actuó representándolo)

Provisión de lo necesario para ejecutar el encargo

Indemnizar los perjuicios al mandatario

Remunerar al mandatario

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