Antecedentes
Evémero de Mesene (siglo IV a. C.) realizó el primer intento de interpretar
racionalmente las leyendas y mitos griegos reduciendo su contenido a elementos
históricos y sociales (evemerismo). En el siglo VI a. C. Teágenes de Regio intentó
una empresa parecida para interpretarlos de forma alegórica y extraer su sentido
profundo.
En los primeros rétores ya existen maduras interpretaciones del discurso.
La interpretación alegórica se encuentra en la base de la disciplina hermenéutica.
Hermenéutica, filología y teología
Artículo principal: Hermenéutica bíblica
Pero el origen de los estudios hermenéuticos se encuentra fundamentalmente en la
Escriturística y en la teología cristiana, donde la hermenéutica tiene por objeto
fijar los principios y normas que han de aplicarse en la interpretación de los
libros sagrados de la Biblia. Filón de Alejandría es el primer gran maestro de la
interpretación alegórica. La filología y la ciencia de la literatura, en particular
Crítica literaria y Teoría literaria así como la disciplina auxiliar ecdótica o
crítica textual definen campos disciplinarios tanto paralelos como subsumidos en la
Hermenéutica.
Los libros bíblicos, que, como revelados por Dios pero compuestos por hombres,
poseían dos significados distintos: el literal y el espiritual, este último
dividido en tres: el anagógico, el alegórico y el moral:[12]
El sentido literal es el significado por las palabras de la Escritura y
descubierto por la exégesis filológica que sigue las reglas de la justa
interpretación. Según Tomás de Aquino, en Summa Theologiae I, q. 1, a. 10, ad 1:
Et ita etiam nulla confusio sequitur in sacra Scriptura, cum omnes
sensus fundentur super unum, scilicet litteralem.
Y de este modo no existe confusión en las Escrituras, puesto que
todos los sentidos se fundamentan en uno, el literal.
El sentido espiritual, infundido por Dios en el hombre según la creencia
cristiana, da un sentido religioso suplementario a los signos, dividido en tres
tipos diferentes:
El sentido alegórico, por el que es posible a los cristianos adquirir una
comprensión más profunda de los acontecimientos reconociendo su significación en
Cristo; de esa manera el paso del mar Rojo simboliza la victoria de Cristo y el
bautismo. (véase 1 Co 10:2).
El sentido moral, por el cual los acontecimientos narrados en la Escritura
pueden conducir a un obrar justo; su fin es la instrucción (1 Co 10, 11; véase
Epístola a los hebreos 3-4,11).
El sentido anagógico (o sentido místico) por el cual los santos pueden ver
realidades y acontecimientos de una significación eterna, que conduce (en griego
anagogue) a los cristianos hacia la patria celestial. Así, la Iglesia en la tierra
es signo de la Jerusalén celeste. (véase Apocalipsis 21,1-22,5).
Romanticismo y Friedrich Schleiermacher