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Desigualdad de género en China

El estatus de las mujeres en China ha retrocedido significativamente, con un aumento de la discriminación laboral y una presión social que las empuja hacia roles tradicionales en el hogar. A pesar de haber sido pioneras en la fuerza laboral, las mujeres enfrentan condiciones laborales desfavorables, como acuerdos que prohíben el embarazo y una creciente desigualdad salarial. La crisis demográfica y las políticas del gobierno, que priorizan la estabilidad familiar sobre los derechos de las mujeres, han llevado a una disminución en las tasas de matrimonio y natalidad.
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Desigualdad de género en China

El estatus de las mujeres en China ha retrocedido significativamente, con un aumento de la discriminación laboral y una presión social que las empuja hacia roles tradicionales en el hogar. A pesar de haber sido pioneras en la fuerza laboral, las mujeres enfrentan condiciones laborales desfavorables, como acuerdos que prohíben el embarazo y una creciente desigualdad salarial. La crisis demográfica y las políticas del gobierno, que priorizan la estabilidad familiar sobre los derechos de las mujeres, han llevado a una disminución en las tasas de matrimonio y natalidad.
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CHINA

China: El estereotipo de la mujer china es sufrida, dócil, sumisa, sacrificada, simple víctima de los
intereses de la familia, una imagen de conformidad y abnegación, en muchos casos, su papel era
invisible. Durante siglos las mujeres chinas han sido consideradas esclavas domésticas, objetos
sexuales y procreadoras.

Bella Wang apenas notó la sección de la solicitud que le pedía confirmar si estaba casada o tenía
hijos. Los empleadores en China les hacen ese tipo de preguntas a las mujeres en forma rutinaria, y
ya las había visto antes en las entrevistas de trabajo.

Sin embargo, después de aceptar un puesto como gerente en una gran empresa de capacitación de
idiomas en la ciudad norteña de Tianjin, fue una sorpresa cuando le dijeron que el empleo tenía una
condición.

Como mujer casada sin hijos, tendría que firmar un “acuerdo especial” en el que prometía no
embarazarse durante dos años. Si rompía esa promesa, señaló la compañía, podrían despedirla sin
compensación.

Wang, de 32 años, habla inglés fluido y tiene un título como especialista en comercio internacional;
se sintió indignada, pero firmó el documento.

Ese tipo de acuerdos son ilegales pero cada vez más comunes en China, donde la discriminación en
contra de las mujeres va en aumento. Desde el vientre hasta los lugares de trabajo, desde el entorno
político hasta el hogar, las mujeres en China están perdiendo terreno.

Una crisis inminente de envejecimiento está impulsando esta regresión en el estatus de las mujeres,
así como el relajamiento de las restricciones de natalidad de “un solo hijo” que contribuyeron al
tener una población envejecida. El Partido Comunista de China ahora quiere tratar de estimular una
explosión demográfica.

Sin embargo, en vez de facilitarles las cosas a las mujeres para que trabajen y tengan hijos, Xi Jinping,
el líder de China, ha encabezado un retorno a los roles tradicionales de género que presiona cada
vez más a las mujeres para que regresen al hogar.

En un revés drástico respecto de las primeras décadas del gobierno comunista, los funcionarios
ahora miran hacia otro lado cuando los empleadores, reacios a cubrir los costos relacionados con la
licencia por maternidad, eligen abiertamente a los hombres por encima de las mujeres en las
contrataciones y los ascensos. En casa, las mujeres cada vez tienen menos ventajas en el divorcio y
están perdiéndose de los beneficios del auge inmobiliario del país.

Como resultado, las mujeres chinas están siendo excluidas de los trabajos por empleadores que las
penalizan si tienen hijos y por funcionarios del partido que las animan a enfocarse en la vida
doméstica. Al mismo tiempo, las que han logrado seguir trabajando cada vez están ganando menos
que los hombres.

Hace treinta años, cuando el país comenzó a implementar reformas en el mercado laboral, las
mujeres chinas ganaban poco menos del 80 por ciento de lo que ganaban los hombres. Para 2010,
según los datos oficiales más recientes, los ingresos promedio de las mujeres en las ciudades chinas
habían caído a un 67 por ciento respecto de los hombres, y un 56 por ciento en el campo.

Distanciándose de la ambición marxista de liberar a las mujeres de la opresión patriarcal, Xi ha hecho


un llamado a favor de que las mujeres adopten su “papel único” en la familia y “se encarguen de las
responsabilidades de cuidar a los ancianos y a los jóvenes, así como de educar a los niños”.

“Ningún líder comunista antes de Xi se ha atrevido a decir abiertamente que las mujeres deben
encargarse de la carga doméstica”, dijo Wang.

Dispuesto a preservar la estabilidad de la unidad familiar, el partido tampoco ha hecho gran cosa
para ayudar a las mujeres tras una resolución judicial que debilitó su derecho sobre los bienes en los
procesos de divorcio. Y con el número de divorcios al alza, millones de mujeres chinas han sido
excluidas del auge de bienes raíces del país, según expertos.

A lo largo de la última década, la clasificación de China en el índice global de brecha de género del
Foro Económico Mundial ha caído de manera importante, del lugar 57 de 139 países en 2008, al
puesto 103 en 2018.

China alguna vez disfrutó de los índices mundiales más altos de participación de las mujeres en la
fuerza laboral, con casi tres de cada cuatro mujeres que trabajaban todavía en 1990. Ahora la cifra
bajó al 61 por ciento, de acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo.

“Cuando se trataba de promover los derechos de las mujeres, China solía estar a la cabeza”, dijo Feng
Yuan, académica feminista en Pekín. “Pero ahora nos estamos quedando atrás”.

Desde que firmó el acuerdo especial hace dos años, Wang ha estado aterrada de embarazarse, y con
buena razón: en sus primeros meses en el trabajo, una colega embarazada fue despedida.

Wang también quería tener un bebé, recordó, pero firmó el contrato porque le emocionaba el
empleo. También parecía poco probable que denunciar a su empleador con las autoridades le diera
buenos resultados.

“Aún soy una mujer china”, dijo hace poco en una cafetería en Tianjin. “Aunque tenemos algunas
quejas, no podemos arriesgarnos a mencionarlas. Porque, de cualquier manera, perderemos”.

Obligada a elegir entre su carrera y la familia, Wang eligió su vida profesional. Muchas otras mujeres
chinas están desertando de la fuerza laboral.
El regreso de las mujeres chinas al hogar comenzó en la década de 1980, cuando los despidos
masivos en las fábricas del Estado implicaban que las mujeres a menudo fuesen las primeras en ser
despedidas. Esto se aceleró con el aumento de las expectativas sobre la crianza de niños.

Wang Yan, de 35 años, madre y ama de casa en la ciudad oriental de Yantai, dijo que sus padres “solo
debían asegurarse de que sus hijos no tuvieran hambre”.

Ahora, frente a una economía más competitiva, se espera que los padres, generalmente las madres,
supervisen las tareas, las tutorías después de la escuela y las actividades extracurriculares, mientras
se enfrentan a escándalos de seguridad sobre la leche para bebé, las guarderías y las vacunas.

En el trabajo, los gerentes están dispuestos a sacar de sus nóminas a las mujeres que podrían
necesitar la licencia por maternidad.

Desde 2012, China ha exigido que las empresas ofrezcan por lo menos catorce semanas de licencia
con goce de sueldo para que las mujeres tengan hijos. Los padres generalmente obtienen dos
semanas. La disparidad se traduce en anuncios de empleo que a menudo solicitan abiertamente
“solo hombres” o “de preferencia hombres”.

Hacer eso es ilegal, pero incluso las agencias de gobierno lo hacen. Un ministerio en
Pekín especificó “solo hombres” para más de la mitad de los empleos que anunció a
lo largo de un año, según una investigación de Human Rights Watch.

En una encuesta oficial de 2017, alrededor del 54 por ciento de las mujeres dijeron
que les habían preguntado sobre su matrimonio y su estatus de maternidad en las
entrevistas de trabajo.

Pekín emitió una directriz en febrero en la que recomienda una aplicación más sólida
de las leyes en contra de la discriminación de género. Sin embargo, no ha sido una
prioridad, y los tribunales controlados por el partido no se han puesto del lado de las
mujeres en otros asuntos.
Cuando Sharon Shao se comunicó con varios abogados de divorcio
en la primavera de 2013, todos le aconsejaron lo mismo: no te
molestes en llevar a juicio a tu esposo. No podrás quedarte con el
apartamento.
No importaba que hubiera sido el sostén principal de la casa durante gran parte de su matrimonio
ni que hubiera realizado todos los pagos de la hipoteca. No importaba que él la golpeara, ni que la
hubiera engañado.

Nada de eso importaba porque los padres de su esposo habían dado el anticipo y porque su nombre
no estaba en el título de propiedad. Según un fallo emitido por el Tribunal Popular Supremo de China
en 2011, dijeron los abogados, eso implicaba que el apartamento era de él. Para Shao, de 36 años,
que no tenía otra casa porque sus padres murieron cuando ella era joven, fue devastador. “Después
del divorcio, vagué sintiendo que no pertenecía a ningún lugar”, comentó. “Solo estaba
deambulando”
Un número creciente de mujeres en China han vivido experiencias similares. En un país en el que los
bienes raíces conforman más del 70 por ciento de la riqueza personal, el fallo del tribunal ha sido un
revés importante para las mujeres.

La ley china había reconocido previamente la casa de una familia como una propiedad conjunta en
los procedimientos de divorcio. Sin embargo, el fallo de 2011 sostenía que los bienes raíces
adquiridos antes del matrimonio, ya fuera directamente o mediante una hipoteca, debían ser del
comprador en un divorcio, y ese generalmente es el esposo.

mpulsadas por la creencia popular de que una mujer solo se casará con un hombre si tiene una casa,
las familias a menudo ahorran durante años para ayudar a que sus hijos compren un apartamento.
Los expertos dicen que el tribunal estaba respondiendo a los temores de que las mujeres estuvieran
usando el matrimonio para estafar a sus suegros y quitarles sus ahorros.

Aunque el fallo no hace distinción entre los hombres y las mujeres, es una “ley para los hombres”,
dijo Lü Xiaoquan, un abogado del Bufete de Abogados Beijing Qianqian.

En China hay alrededor de 31 millones más de hombres que de mujeres, un desequilibrio provocado
por una preferencia tradicional por los hijos, la política del hijo único y los abortos debido al sexo del
bebé.

No obstante, las mujeres chinas a menudo aceptan el matrimonio en términos poco favorables.

Una encuesta de 2012 por parte de Horizon China, una firma de investigación en Pekín, halló que el
70 por ciento de las mujeres casadas contribuían financieramente a las compras de bienes raíces de
las familias pero que menos de un tercio de las escrituras de casas incluían el nombre de la mujer.
En 2017, los investigadores de la Universidad de Nankai en Tianjin analizaron 4253 escrituras de
propiedades y encontraron que el nombre de la esposa se incluía solo en una de cada cinco,
aproximadamente.

Esa situación ha sido desastrosa para las mujeres que se han divorciado desde el fallo de 2011, dijo
Leta Hong Fincher, autora de un libro al respecto.

“Todas las probabilidades están en contra de las mujeres de muchas maneras”, comentó.

Basándose en el activismo del movimiento #MeToo en el extranjero y la historia del feminismo chino,
algunas mujeres han organizado manifestaciones en las calles y campañas en las redes sociales para
obtener más derechos.

También hay señales más amplias de insatisfacción entre las mujeres chinas: el índice de
matrimonios cayó el año pasado a su punto más bajo desde que Xi llegó al poder, y la tasa de
natalidad cayó a un nivel que no se había registrado en setenta años.

La tasa de divorcios también está aumentando, y las mujeres inician la mayoría de los casos. En
Pekín, las autoridades informaron que en 2017 hubo un divorcio por cada dos matrimonios.

“No están teniendo hijos ni se están casando”, dijo Lü Pin, una prominente activista feminista china.
“Esa es su manera de rebelarse”.
La ley reformada, que entraría en vigor el 1 de enero de 2023, incluía nuevas disposiciones para
reforzar la protección de las mujeres en el lugar de trabajo obligando a las empresas a eliminar la
discriminación por motivos género en los procesos de contratación y a evitar el acoso sexual en el
lugar de trabajo.

La violencia contra las mujeres, incluidos el acoso y las agresiones sexuales, continuaron siendo
prácticas generalizadas, y las autoridades censuraron cualquier debate público al respecto.

Por ejemplo, censuraron rápidamente los debates y prohibieron a los sitios de redes sociales
compartir las imágenes captadas por cámaras de televisión de circuito cerrado de un incidente
ocurrido en el mes de junio en el que un grupo de hombres habían agredido físicamente a varias
mujeres en un restaurante de la ciudad de Tangshan, en la provincia de Hebei. Un total de 28
personas fueron condenadas a prisión por participar en la agresión. Mao Huibin, periodista que
publicó las imágenes y un artículo sobre el incidente, fue arrestado en julio y se enfrentaba a una
pena de hasta 5 años de prisión por “provocar peleas y crear problemas”.

En agosto, el Tribunal Popular del Distrito de Haidian desestimó la apelación de Zhou Xiaoxuan contra
una sentencia judicial que rechazaba su solicitud de disculpa e indemnización por daños contra un
famoso presentador de una televisión estatal, Zhu Jun, por haberla manoseado y besado a la fuerza
cuando ella trabajaba como becaria en la emisora de televisión en 2014. La denuncia pública de
Zhou Xiaoxuan contra el acoso sexual provocó que fuera objeto de intimidación online y censura
estatal.

En enero se hizo viral un vídeo que mostraba a una mujer en delicado estado de salud física y mental
encadenada en un cobertizo en la ciudad de Xuzhou (provincia de Jiangsu), lo que desencadenó una
oleada de indignación pública en China. Al menos 4 activistas, hombres y mujeres, fueron arrestados
por investigar y difundir el caso y ayudar a la mujer, sospechando que era víctima de trata de
personas, aunque las autoridades locales lo habían negado al principio. Se tenía constancia de que
Wu Yi, una de las activistas, había sido juzgada en secreto por “provocar peleas y crear problemas”,
aunque los detalles de la condena y su paradero seguían sin conocerse. Según informes de los
medios de comunicación de febrero, se había sancionado o se estaba investigando a 17 funcionarios
locales en relación con el caso. En marzo, el Ministerio de Seguridad Pública anunció una campaña
de un año para investigar la trata de mujeres, niños y niñas.

año 2023 será recordado como el año en que China dejó de aumentar su población, tras una
tendencia decreciente de nacimientos iniciada en la década de los 70 del siglo pasado, y fue
superada por la India como el país más populoso del mundo.

La política del hijo único adoptada por el Gobierno chino en los años 80, así como el aumento del
coste de la vida y gastos aparejados a la educación de los hijos, podrían ser la respuesta rápida para
dar luz a un fenómeno ciertamente global —el envejecimiento de la población—, pero que afecta
de manera especial a las sociedades del Este asiático y muy particularmente a China.

Algunos factores sociales inciden de manera especial en el caso chino. Se trata de una sociedad
regida por normas patriarcales que convierten el matrimonio en una opción poco atractiva para —
cada vez más— un amplio espectro de mujeres jóvenes en China. En esta misma línea, existe en
China un tabú muy arraigado sobre la «vergüenza social» de tener hijos fuera del matrimonio.
Un análisis más exhaustivo del estatus actual de la mujer en China resulta pues clave para una mejor
comprensión del fenómeno que hoy nos ocupa. Existe una evidente discrepancia entre la creciente
contribución a la sociedad china por parte de las mujeres —mayor incluso que en algunos países de
la OCDE—, por una parte, y su infrarrepresentación política y desigualdad ante la ley (cuidado de
hijos, herencias, etcétera), por otro.

Como es bien sabido, el sistema político chino es top-down (de arriba abajo) y está mayoritariamente
dominado por hombres. En resumen, uno de los principales problemas de la actual crisis
demográfica en China es que son hombres los que adoptan las principales políticas que afectan a las
mujeres y a sus decisiones individuales de tener hijos o no.

Así, el reciente abandono de la política del hijo único en China (en el 2016 se permitió tener dos
hijos y en el 2021 tres) no ha sido recibida con gran entusiasmo por parte de la sociedad china. Las
generaciones nacidas en el contexto de la política del hijo único (las correspondientes a las décadas
de los 80, 90 y principios de los 2000) están especialmente preocupadas por los altos costes y
dificultades de iniciar una familia.

Por su parte, el Gobierno chino ha venido aprobando una serie de medidas fiscales y económicas
con el fin de incentivar la natalidad. Pero, al mismo tiempo, está adoptando una retórica más
«tradicionalista» sobre el matrimonio y los valores familiares que claramente entra en contradicción
con la aspiración de las mujeres en China de una mayor igualdad social, política y legal. Tras el
establecimiento de la República Popular China en 1949, Mao Zedong acuñó la famosa frase «las
mujeres sostienen la mitad del cielo», con la que venía a defender el papel clave de la mujer en la
revolución y en la creación de una nueva sociedad más igualitaria. Hoy, la China de Xi Jinping
pretende alcanzar el «sueño chino» en el 2049 de convertirse en un «país fuerte, democrático,
civilizado, armonioso y socialista moderno». Muchos, variados y complejos son los problemas con
los que cada noche se acuesta el presidente Xi y que amenazan su «sueño chino». Pero quizá pocos
con la profundidad y el alcance que una población decreciente y envejecida tiene sobre la pujanza
de China en el siglo XXI.

Las personas transgénero en China tienen que superar muchas dificultades para lograr la libertad de
ser ellas mismas. Los obstáculos legales y el estigma social que afrontan pueden afectar a todos los
detalles de su vida diaria.

Cuando estábamos entrevistando a gente para nuestro último informe, conocimos a algunas
personas transgénero… y resultó que todas ellas eran amantes de los gatos. Estaban más que
encantadas con la idea de expresar sus sentimientos a través de fotos de sus amistades gatunas.
Muchas nos dijeron que sus gatos las apoyaban en el arduo viaje de vivir de forma auténtica.

Así que pensamos que era una forma perfecta de explicar cómo es ser una persona transgénero en
China.

1. La ansiedad por la apariencia Algunas personas transgénero, en China y en otros países, se sienten
muy incómodas con su aspecto debido al estigma generalizado que sufren. A muchas de ellas les
cuesta salir de sus zonas de seguridad para conocer gente.
Zijia*, a quien se asignó el género masculino al nacer, dijo que su vida no empezó de verdad hasta
que comenzó a tomar medicación hormonal a los 20 añ[Link] de eso, sentía que estaba viviendo
como un fraude.

“Cuando veía a mujeres cisgénero en la calle, envidiaba su aspecto”, dijo.“De hecho, era muy
estresante ir a espacios públicos. No sabía qué ponerme. La sociedad espera que los hombres tengan
cierto carácter. La gente podía verme como una ‘marica’”.

2. Miedo a los espacios públicos

Los espacios separados por género, como los aseos y los vestuarios, pueden ser especialmente
incómodos, al igual que las situaciones en las que las personas transgénero tienen que mostrar su
documento de identidad y en las que se podría cuestionar su género.

“Mi género y el aspecto que tengo en mi documento de identidad son totalmente diferentes de
cómo me muestro en la vida real”, dijo Caining*, mujer transgénero de 26 años. “Todas las veces me
preguntan si es realmente mi documento de identidad. Les preocupa que le haya robado la identidad
a alguien. Así que me aseguro de salir de casa temprano cuando voy a tomar el tren o el avión
porque, inevitablemente, voy a quedarme atascada [en el control de seguridad]. Aunque siempre
me dejan pasar al final, exige un montón de esfuerzo explicar las cosas y se hace muy cansado”.

3. Ser transgénero es un “trastorno mental” en China

Como en muchos otros lugares, en China, la sensación de discordancia entre la identidad de género
y el sexo asignado al nacer está clasificada como un tipo de “trastorno mental”.Además, el acceso
de las personas transgénero a cirugías de afirmación de género** y, en ocasiones, incluso al
tratamiento hormonal, depende de si reciben primero un diagnóstico de “trastorno mental”.

Aunque muchas personas consideran que este diagnóstico médico es beneficioso porque les permite
acceder a ciertos servicios, otras creen que es poco útil y estigmatizador, y que puede provocar más
discriminación. Expertos de la ONU han señalado que tratar a personas como “enfermas” debido a
su identidad y su expresión de género es una de las causas fundamentales de las violaciones de
derechos humanos contra personas de género diverso.

Este año, la Organización Mundial de la Salud dejará de considerar el hecho de ser transgénero como
“trastorno mental”. Las autoridades chinas deben tomar también medidas para implementar este
cambio sin demora.

4. Los y las profesionales de la salud carecen de pautas sobre los tratamientos de afirmación de
género

Aunque existe un conjunto de normas que regulan las cirugías de afirmación de género en China, no
hay unas normas equivalentes para otros tipos de tratamientos, como la terapia hormonal y el
asesoramiento. Esta ausencia de normas hace que los y las profesionales de la medicina carezcan de
pautas sobre cuándo una persona puede ser sometida a tratamientos de afirmación de género.
Como consecuencia, suelen aplicarse los restrictivos requisitos de las normas que regulan las cirugías
de afirmación de género a todos los tratamientos de afirmación de género, lo que crea importantes
barreras al acceso de las personas transgénero a esos tratamientos.
“En el hospital nadie me dijo cómo tomar periódicamente la medicación hormonal, buscar el
hospital adecuado para mi cirugía, entender los detalles de esta o qué hacer después de la
operación. Sólo podía preguntar por sus experiencias a quienes ya han pasado por esto”, dijo Yasi*,
22 años, de Guangdong.

5. La dificultad de encontrar hormonas

En China, a algunas personas transgénero les cuesta buscar tratamiento hormonal porque sólo
pueden conseguir la medicación a través de canales no regulados, como tiendas online, contactos
en grupos de chat de las redes sociales, amistades o terceras personas. La falta de regulación y de
supervisión del mercado negro hace que muchas de ellas se expongan a tomar medicamentos falsos,
lo que puede poner en peligro su salud.

6. Las cirugías de afirmación de género exigen el consentimiento de la familia

En China, hace falta el consentimiento de la familia para las cirugías de afirmación de género, con
independencia de la edad de la persona afectada. Esto significa que nadie puede acceder a la cirugía
sin informar a su familia inmediata y obtener su permiso. Muchas personas transgénero nos dijeron
que esto era un obstáculo grave para acceder a las cirugías de afirmación de género, pues muchas
familias no aceptan su identidad de género.

Cuando Zijia*, 20 años, de Chongqing, declaró públicamente que era una mujer transgénero, su
familia pensó que estaba enferma.

“Mi familia me pidió que ocultara mi incongruencia de género, me casara y tuviera un hijo, todo para
que la familia entera pudiera ser feliz”.

7. Es difícil acceder a las cirugías de afirmación de género

Las personas que quieren someterse a cirugías de afirmación de género en China deben cumplir los
siguientes requisitos previos:

haber sido diagnosticadas de “transexualidad”, un tipo de “trastorno mental” en China;

estar solteras;

tener más de 20 años;

ser aptas para la cirugía;

no tener antecedentes penales;

haber tenido el deseo de someterse a la cirugía más de cinco años;

tener el consentimiento de la familia inmediata para la operación;

haber sido sometidas a una intervención psicológica y psiquiátrica que haya resultado ser ineficaz
durante al menos un año.

Muchos de estos requisitos dificultan el acceso a las cirugías y fuerzan a las personas transgénero a
adoptar conductas de alto riesgo, como automedicarse u operarse ellas mismas.
Cuando no pudo acceder a la cirugía de afirmación de género en el sistema público de salud, Huiming
pensó que sólo le quedaba una opción y se operó a sí misma.

“Estaba muy contenta y asustada. Estaba asustada porque sangraba muchísimo, podría haber
muerto allí mismo. También me asustaba morir como hombre, porque no había llegado a terminar
la cirugía”.

Por suerte, Huiming sobrevivió al incidente y al final pudo ir a Tailandia para someterse a cirugías de
afirmación de género.

8. Un poco de amor, por favor Aunque los padres de Zijia mostraron poco apoyo, sus amistades la
animaron mucho. Algunas incluso se acercaron más a ella después de que declarase su condición de
persona transgénero. “Sintieron que era más sincera y confiable”, nos dijo.

Las personas transgénero libran una difícil batalla sólo para ser ellas mismas. ¡Vamos a enviarles
buenas vibraciones! Usa tu ingenio y mándanos tus mejores memes de gatos para todos los felinos
que luchan por la igualdad de derechos.

Todos los nombres se han modificado para proteger la identidad de las personas entrevistadas.

Las cirugías de afirmación de género son un tipo de tratamiento de afirmación de género. Estos
tratamientos incluyen también toda una serie de tratamientos médicos y no médicos a los que
pueden someterse las personas transgénero, como el tratamiento hormonal o el asesoramiento.

ANDREA RODÉS

Una luce su melena oscura, suelta sobre los hombros, otra lleva el pelo corto, a lo chico. Una lleva
un top ajustado y unos bonitos ojos rasgados, que brillan en la oscuridad gracias a las sombras de
maquillaje; la otra lleva un pendiente en la oreja y una camiseta de algodón negra que disimula las
suaves curvas de una mujer china.

Mientras la música pop suena a todo volumen, se dan un beso profundo en la boca y brindan
después con dos botellas de Tsingtao, la cerveza más famosa de China. Son Pat y Lydia, nombres
ingleses de esta pareja de homosexuales pekinesas veinteañeras que el sábado pasado se divertían
en el Feng Bar, el principal punto de encuentro en la capital china para las lesbianas, a quienes llaman
lalas.

'En Pekín hay bastantes bares para gays, pero las lesbianas apenas tenemos sitios para reunirnos',
dice Lydia, de 27 años, editora en una revista de moda. Su inglés fluido y su elevado nivel de estudios
delatan que proviene de una familia acomodada de Pekín, como muchas de las chicas que se
divierten a su alrededor.

Frente a la entrada del Feng Bar hay aparcados BMW, Audis, Minis y modernos 4X4 japoneses,
modelos de coche habituales en la zona del Estadio de los Trabajadores, junto a la zona diplomática,
donde se concentran las discotecas y bares de la juventud pija de Pekín. Según un estudio, el 50%
de las lesbianas sufre violencia o rechazo de sus padres

'Mis padres no saben que soy lesbiana, no puedo decírselo', dice Lydia. 'Ella tampoco', añade,
mirando a Pat, su pareja desde hace dos semanas, mientras habla con un grupo de amigos
heterosexuales que ha venido con ellas. Ser lesbiana sigue siendo un enorme tabú social en China,
un país de sociedad conservadora y con un Gobierno que promueve la buena moral, basada en la
familia y el matrimonio.

Aunque la homosexualidad dejó de ser considerada una enfermedad mental en China en 2001, sigue
siendo 'un símbolo contrario a la moral tradicional', dice Xu Bin, una ingeniera pekinesa de 36 años
y fundadora de una de las primeras asociaciones de lesbianas de China: Tongyu, que significa
'lenguaje común'.

Las lesbianas no pueden visitar a su pareja en Cuidados Intensivos por no ser parientes

No existen cifras oficiales sobre homosexualidad en China, pero el Ministerio de Sanidad estima que
hay entre 5 y 10 millones de gays y entre 2 y 4 millones de lesbianas. La cifra puede ser hasta tres
veces mayor, ya que la mayoría de los homosexuales no lo reconoce públicamente.

'Era urgente crear una red de apoyo para que las lesbianas pudieran compartir sus experiencias y se
reconocieran como parte de la sociedad', dice Xu, recordando el momento en el que fundó Tongyu
en 2004. Por aquel entonces China tenía alrededor de 50 organizaciones gays, la mayoría destinadas
a la prevención del sida, pero ninguna para lalas.

Xu acababa de graduarse en Estados Unidos, donde tuvo su primer contacto con el activismo
feminista y homosexual, y decidió poner en marcha Tongyu para fomentar la cooperación entre
mujeres homosexuales, preparar campañas informativas y ofrecer ayuda legal o psicológica en
China.

Xu no les cuenta nada de su trabajo a sus padres, quienes aceptan que su hija sea lesbiana, pero
prefieren vivir de espaldas a ello. Tampoco les ha presentado a su novia, con la que comparte su piso
en el norte de Pekín. 'No les culpo. Pertenecen a otra generación', añade Xu, jugando con una
banderita arco iris colocada en el lapicero de su despacho.

La influencia de los valores tradicionales en la cultura china y la escasa educación sexual en las
escuelas públicas explican la poca aceptación social de los homosexuales en su país. Pero, según Xu,
'la situación está mejorando gracias a la apertura política y al mayor acceso a la información con
Internet'.

En los últimos ocho años han abierto numerosos bares para homosexuales en Pekín, sobre todo para
gays. El más conocido para las lesbianas es el Feng Bar (El Arce), fundado por una cantante
homosexual de 28 años, Qiao Qiao.

En 2006, su canción Ai Bu Fen (El amor no discrimina), se convirtió en un éxito en Internet, la única
vía para saltarse la censura oficial en un país donde cualquier referencia a la homosexualidad en la
producción audiovisual y literaria, a excepción de la académica, está prohibida.

'Los políticos tratan de proteger la buena moral', explica Xu. Sin embargo, esto no justifica que la ley
china no proteja los derechos fundamentales de los L.G.B.T (Lesbianas, Gays, Bisexuales y
Transexuales). Una de las principales funciones de Tongyu es asesorar a las lesbianas discriminadas
en casos de divorcio o despido laboral. 'Muchas mujeres son despedidas sólo por ser lesbianas',
explica Xu.
En China, los L.G.B.T también tienen dificultades para visitar a su pareja en la UCI del hospital, ya que
la ley no reconoce ningún vínculo de parentesco o sentimental entre ellos y tienen prohibido donar
sangre. 'Esto no es justo para las lesbianas', dice Xu, alegando que sólo los hombres homosexuales
son considerados un grupo de alto riesgo de contagio de sida a la hora de donar sangre.

'Cuando una mujer nos llama para contarnos problemas, le explicamos casos similares que han
acabado bien, para que no se sientan solas', dice Xu. Tongyu también ofrece asistencia emocional a
centenares de lesbianas obligadas a reprimir su homosexualidad por miedo al rechazo social,
forzadas a casarse o víctimas de agresión doméstica.

Según un estudio realizado por Tongyu, una tercera parte de las lesbianas de China sufrió algún tipo
de violencia por parte de sus maridos en 2007. La cifra se dispara entre las que han sufrido violencia
o rechazo por parte de sus progenitores, algo que admite alrededor del 50% de las lesbianas.

'Es muy difícil ser lesbiana en la vida diaria', concluye Lydia, apurando su Tsingtao mientras dos
parejas de mujeres bailan en la pista del Feng Bar, compitiendo por ver quién logra explotar más
globos entre sus pechos.

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