Hola Nachito,
¿Has visto cómo los pájaros se despiertan cantando cada mañana? No
tienen agenda, ni jefe, ni nevera llena… pero allí están, volando
despreocupados, como si supieran que todo estará bien.
Nachito, Jesús nos invita a observar a estas pequeñas criaturas y
aprender de ellas: “Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan,
ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No
valéis vosotros mucho más que ellas?” (Mateo 6:26, RVR1960)
Cada vez que leo este versículo, me siento profundamente amada.
Jesús no está hablando de pajaritos solo para que pensemos en lo
bonitos que son, nos está recordando algo crucial: Dios cuida de lo más
pequeño… y tú eres inmensamente valioso para Él.
Te pregunto: ¿estás preocupado por el futuro? ¿Sientes que la
incertidumbre te roba el sueño? Déjame recordarte algo: tú vales
mucho más que las aves del cielo, y sin embargo, ellas no se angustian
por lo que vendrá, ¿por qué habrías de hacerlo tu?
El cuidado de Dios no es simbólico ni poético, es real y constante.
Él conoce tus necesidades, tus cargas, tus miedos y tus
anhelos, y como buen Padre, ya está obrando a tu favor,
aunque no lo veas aún.
Así que hoy, Nachito, te invito a soltar esa carga innecesaria.
Mira al cielo, escucha el canto de los pájaros y deja que ese
canto sea para ti un recordatorio: Dios está cuidando de ti.
Ora conmigo: “Señor, gracias por recordarme hoy cuánto valgo
para Ti y que puedo descansar en ti. Ayúdame a confiar más en
tu provisión y menos en mis propias fuerzas o en lo que mis
ojos ven. Cuando la ansiedad me visite, enséñame a mirar las
aves y recordar que Tú estás en control siempre. Decido
descansar bajo tu cuidado. En el nombre poderoso de Jesús,
amén”.
Goza de su cuidado eterno.
No lo olvides nunca: ¡Eres un Milagro!
1 Reyes 16:8-18:15
3. Necesidades materiales
Jesús nos enseñó a orar: «Danos hoy nuestro pan cotidiano» (Mateo
6:11; Lucas 11:3). Busca a Dios para que provea tus necesidades diarias.
No te dará necesariamente todo lo que quieras pero ora para que te
provea todo lo que necesites.
En una sociedad que continuaba pecando y dividiéndose en facciones (1
Reyes 16:8-34), Dios suscitó un profeta que habló con autoridad y poder.
El Nuevo Testamento nos cuenta que Elías era un «hombre con
debilidades como las nuestras» (Santiago 5:17a). Aun así «con fervor oró
que no lloviera, y no llovió sobre la tierra durante tres años y medio.
Volvió a orar, y el cielo dio su lluvia y la tierra produjo sus frutos»
(vv.17b–18).
La oración de Elías trajo problemas al mismo Elías. Pero Dios proveyó
todas sus necesidades materiales. Inicialmente «Por la mañana y por la
tarde los cuervos le llevaban pan y carne, y bebía agua del arroyo» (1
Reyes 17:6). Dios puede ser muy creativo a la hora de proveerte. Tu
papel consiste en obedecerlo y confiar en que proveerá todas tus
necesidades.
Cuando el arroyo se secó (v.7) el Señor le dijo: «Ve ahora a Sarepta de
Sidón, y permanece allí. A una viuda de ese lugar le he ordenado darte
de comer» (v.9). Cuando una puerta se cierra (el arroyo se secó) suele
ser porque Dios está a punto de abrir otra puerta en tu vida. Estaba
cambiando de lugar a Elías para que este pudiera ser la respuesta a la
oración de otra persona necesitada de provisión.
La viuda fue puesta a prueba cuando Elías le pidió comida y le responde
que ella y su hijo estaban a punto de comer su última comida y después
morir. Elías le promete que si es generosa con lo que tiene, Dios
proveerá todas sus necesidades. Le augura: «No se agotará la harina de
la tinaja ni se acabará el aceite del jarro, hasta el día en que el Señor
haga llover sobre la tierra» (v.14).
La viuda hizo exactamente lo que Elías pidió y sucedió exactamente
como él predijo (vv.15–16). Aquella mujer demostró una gran fe; estaba
preparada para dar todo lo que tenía, arriesgándolo todo y Dios suplió
todas sus necesidades. Tuvieron suficiente, pero nunca de más.
Siguieron siendo totalmente dependientes de Dios para proveer sus
necesidades diarias. Si obedeces a Dios y das con generosidad,
descubrirás que no puedes ganar a Dios en generosidad. Dios hará cosas
sorprendentes por ti y por medio de ti.
Esto no significa que la vida será fácil. A pesar de su fe, tuvo que
enfrentarse a más batallas venideras. Su hijo se enfermó y finalmente
dejó de respirar (v.17). Elías ejercitó una fe enorme cuando clamó al
Señor pidiendo por el niño que había muerto (v.20). «El Señor oyó el
clamor de Elías, y el muchacho volvió a la vida» (v.22).
Qué increíble tuvo que ser para Elías poder recogerlo y llevarlo de la
habitación a la casa para dárselo a su madre diciendo: «¡Tu hijo vive!
¡Aquí lo tienes!» (v.23).
Señor, gracias por Tu sorprendente amor, poder y provisión de comida
suficiente para el mundo entero. Perdónanos cuando no distribuimos lo
que Tú has proveído. Danos Tu guía, Tus palabras y Tu valor para hacer
lo que podamos en nuestra generación para cambiar esta terrible
injusticia. Guíanos con Tu Espíritu para cambiar el mundo.
Salmos 78:17-31
1. Recibe el milagro de la provisión de Dios
El salmista continúa contando la historia del peregrinar del pueblo de
Dios desde Egipto a la Tierra Prometida. A pesar de la milagrosa
provisión de Dios, «volvieron a pecar contra él», se rebelaron y «le
exigieron comida a su antojo» (vv.17–19).
Dios los ayudo de todos modos, «hizo que les lloviera maná, para que
comieran; pan del cielo les dio a comer» (v.24). Esto prefiguró la comida
espiritual que Jesús provee (Juan 6:30–35). Juan 6:30-35
30
Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que
veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces? 31 Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito: Pan del cielo
les dio a comer. 32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo:
No os dio Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el
verdadero pan del cielo. 33 Porque el pan de Dios es aquel que
descendió del cielo y da vida al mundo. 34 Le dijeron: Señor,
danos siempre este pan.
35
Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca
tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás.
De la misma manera, «cuando golpeó la roca, el agua brotó en
torrentes» (Salmo 78:20). Dios provee agua de una roca de una manera
milagrosa. Aun así, el pueblo siguió dudando de Dios «porque no
confiaron en Dios, ni creyeron que él los salvaría» (v.22). Aunque los
milagros sean portentosos, no siempre hacen que la gente crea en Dios.
El milagro del agua brotando de una roca sucedió verdaderamente, pero
también prefiguró y anticipó algo aún más sorprendente. San Pablo
escribe: «Y tomaron la misma bebida espiritual, pues bebían de la roca
espiritual que los acompañaba, y la roca era Cristo» (1 Corintios 10:4).
Jesús dijo: «¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que
cree en mí, como dice la Escritura, brotarán ríos de agua viva. Con esto
se refería al Espíritu…» (Juan 7:37–39).
Señor, gracias por el «agua viva» del Espíritu Santo que vive dentro de
mí. Ayúdame a ser el portador de esta vida sobrenatural para todos los
que me encuentre en el día de hoy.
Salmo 78
17 Pero ellos volvieron a pecar contra él; en el desierto se rebelaron
contra el Altísimo.
18 Deliberadamente pusieron a Dios a prueba y exigieron comida a su
antojo.
19 Murmuraron contra Dios y aun dijeron: «¿Podrá Dios preparar una
mesa en el desierto?
20 Cuando golpeó la roca, el agua brotó en torrentes; pero, ¿podrá
también darnos de comer? ¿Podrá proveerle carne a su pueblo?».
21 Cuando el Señor oyó esto, se indignó; su enojo se encendió contra
Jacob, su ira ardió contra Israel.
22 Porque no confiaron en Dios ni creyeron que él los salvaría.
23 Desde lo alto dio una orden a las nubes, y se abrieron las puertas de
los cielos.
24 Hizo que les lloviera maná para que comieran; les dio a comer trigo
del cielo.
25 Todos ellos comieron pan de ángeles; Dios les envió comida hasta
saciarlos.
26 Desató desde el cielo el viento del este y con su poder levantó el
viento del sur.
27 Cual lluvia de polvo, hizo que les lloviera carne; nubes de pájaros,
como la arena del mar.
28 Los hizo caer en medio de su campamento y en los alrededores de
sus tiendas.
29 Comieron y se hartaron, pues Dios les cumplió su capricho.
30 Pero el capricho no les duró mucho: aún tenían la comida en la boca
31 cuando el enojo de Dios vino sobre ellos: dio muerte a sus hombres
más robustos; abatió a los jóvenes de Israel.