BRICS+ ¿Hacia un orden
mundial multipolar?
Por Marcelo Solervicens | 29/07/2025 | Mundo
Fuentes: Rebelión
El reforzamiento del BRICS+ en 2025, con una veintena de miembros
permanentes y asociados y decenas de países del Sur Global
interesados en integrarse, lo ubica, a corto plazo como una
alternativa ante la guerra comercial unilateral del presidente de EU,
Donald J. Trump.
El contexto mundial está marcado, entre otros, por el descalabro de la
globalización neoliberal y la imposición de las empresas
transnacionales sobre gobiernos aumentando las desigualdades
sociales, cuestionando alcanzar los Objetivos de Desarrollo
Sostenible en 2030 o implementar los Acuerdos de Paris contra el
cambio climático. A ello se agrega, el inmovilismo de organizaciones
internacionales como el Consejo de seguridad de la ONU, de la
Organización internacional de Comercio, mientras que, con el rearme
de la OTAN, arrecia una nueva carrera armamentista y recrudecen
conflictos en el Medio Oriente, con el inaceptable genocidio cometido
por el Estado de Israel en Gaza, sus ataques contra Irán, el Líbano y
Siria; y cuando, para apoyarlo, EU bombardea Irán, violando
impunemente el derecho internacional. Persisten, entre otros
conflictos regionales en Sudán, Ucrania, en el Congo y se
descomponen las “democracias liberales”, desde Haití hasta Estados
Unidos. Los temas no faltan. La incertidumbre reina.
En ese marco no pasó desapercibida la XVII cumbre del BRICS del 6 y
7 de julio de 2025 en Rio de Janeiro (Brasil). Trump amenazó con
represalias comerciales a los países que sigan las “políticas
antiamericanas” del BRICS. Y es que ese organismo cuestiona el
sistema mundial dominado por EU y los países europeos y afirma que
“el modelo de globalización liberal se ha vuelto obsoleto”. El BRICS
promueve un multilateralismo más justo e igualitario, basado en el
principio de no injerencia, como base de la paz mundial y participa de
un muy necesario esfuerzo para reequilibrar las relaciones
internacionales ¿Son los BRICS el reflejo estructural de la declinación
de EU y Europa y del surgimiento de un mundo multipolar? ¿Actualiza
el BRICS+ la perspectiva de un nuevo orden mundial más favorable al
Sur Global?
La Evolución de los Brics+
El nombre BRIC fue originalmente acuñado en 2001, por el
economista Jim O’Neill, del banco de inversiones Goldman Sachs, en
referencia a los países emergentes con mayor proyección dentro del
sistema económico mundial: Brasil, Rusia, India, China. A pesar de
ese origen, el BRICS evolucionó alejándose del camino, integrado a un
G20 dominado por EU y Europa, propuesto por Jim O’Neill. El
organismo fue creado en 2006 en una reunión ministerial al margen
de la Asamblea General de la ONU.
La primera cumbre de los BRIC se realizó en Rusia en 2009, a la
sombra de la crisis financiera de 2008. En 2010 con la entrada de
Sudáfrica, la sigla se amplió a BRICS. Luego, en 2014, a pesar de
continuar en el G20, los BRICS decidieron crear un Nuevo Banco de
Desarrollo (NBD), alternativo al Fondo Monetario Internacional (FMI) y
al Banco Mundial (BM). El NBD busca apoyar el desarrollo
independiente de sus miembros; reforzar el comercio en monedas
locales como el Renminbi chino y desarrollar un sistema de pagos
propio para enfrentar las sanciones económicas aplicadas por el G7 a
los países con veleidades independientes. Incluso, tiene en carpeta, la
creación de una moneda común para escapar a la “dictadura del
dólar
En 2025, el BRICS cuenta con diez miembros activos (Brasil, China,
Egipto, Etiopía, India, Indonesia, Irán, Rusia, Sudáfrica, Emiratos
Árabes Unidos) y otros 12 miembros asociados (Argelia, Bielorrusia,
Bolivia, Cuba, Kazajistán, Malasia, Nigeria, Tailandia, Turquía, Uganda,
Uzbekistán y Vietnam). Tanto por sus objetivos, por su retórica, como
por sus acciones, los BRICS+ se encaminan a representar los
intereses del llamado Sur Global.
Se trata de una evolución en curso, porque otros 23 países han
presentado formalmente su candidatura: Azerbaiyán, Baréin,
Bangladés, Burkina Faso, Camboya, Chad, Colombia, la República del
Congo, Guinea Ecuatorial, Honduras, Laos, Kuwait, Marruecos,
Myanmar, Nicaragua, Pakistán, Palestina, Senegal, Sudán del Sur, Sri
Lanka, Siria, Venezuela y Zimbabue.
Se trata de un organismo de primer plano porque, de acuerdo con
diversas fuentes, en los países que integran el BRICS, habita más de
la mitad de la población mundial. Reunidos cuentan por 40% del PIB
mundial, 26% de las exportaciones y 24% de las importaciones:
tienen un mayor peso económico que los países del G7.
Por reunir dos miembros del Consejo de seguridad, de la ONU; tres
potencias nucleares, cuatro países que están entre las economías
más grandes del planeta, los BRICS poseen experiencia política,
capacidad económica y crecientes apoyos en el Sur Global, como
para impulsar reformas del sistema internacional que conduzcan a un
muy necesario reequilibrio de las relaciones de fuerzas a nivel
mundial.
La Declaración de la XVII Cumbre de los BRICS+ en
Brasil
Es en ese marco que no pasó desapercibida la Declaración de la XVII
cumbre del BRICS del 6 y 7 de julio de 2025 en Rio de Janeiro (Brasil).
Bajo el título: “Fortaleciendo la Cooperación del Sur Global para una
Gobernanza más Inclusiva y Sostenible”, la Declaración de Rio de
Janeiro cuenta con 126 puntos que marcan a la vez, una línea de
continuidad y de expansión de un BRICS+ comprometido “con el
multilateralismo y la defensa del derecho internacional.
La Declaración confirma que el BRICS+ no se acomoda con la
estructura actual del sistema mundial y busca aumentar la capacidad
de decisión de los países del Sur Global en los organismos
internacionales, defendiendo “las preocupaciones y prioridades del
Sur Global, así como la promoción de un orden internacional más
justo, sostenible, inclusivo, representativo y estable, basado en el
derecho internacional”.
En el capítulo sobre la profundización de la cooperación económica,
comercial y financiera, el BRICS insiste en continuar los esfuerzos de
cooperación para el crecimiento inclusivo y sostenible. Expresa,
además, su preocupación de que las deudas externas de algunos
países afecten el desarrollo sostenible. Para fortalecer el comercio
multilateral y financiero destacan la expansión del Mecanismo de
cooperación Interbancaria con monedas locales del NBD; la
cooperación en materia digital y de acceso a la tecnología. Al margen
de la Cumbre, Brasil y China firmaron un acuerdo para la construcción
de un corredor ferroviario que conecte los océanos Pacífico y
Atlántico.
En el capítulo sobre el combate al cambio climático y la
promoción de desarrollo, sostenible, justo e inclusivo, el BRICS
llama a reforzar el multilateralismo para cumplir con los desafíos
del Acuerdo de Paris y expresó su apoyo a la COP 30, a realizarse en
Belém, Brasil en diciembre. En el capítulo sobre el desarrollo
humano, social y cultural, los países del BRICS reiteran el llamado
a respetar los derechos humanos y libertades básicas, bajo principios
de igualdad, respeto mutuo y contra todas las formas de
discriminación. Destacan además la adopción de diversas medidas,
entre ellas, contra las enfermedades socialmente determinadas y la
cooperación y respeto de la diversidad de culturas.
En el capítulo sobre la promoción de la paz, la seguridad y la
estabilidad internacional los BRICS+ reiteran, por un lado,
su compromiso de impulsar reformas para mejorar la gobernanza
global. Insisten en una necesaria y amplia reforma de las instancias
de la ONU: del Consejo de Seguridad, la Asamblea General, del
Consejo Económico Social y otras Agencias de la ONU. Todo ello, con
el objetivo de aumentar la presencia y participación del Sur Global y
asegurar que la organización internacional corresponda al siglo
XXI; reiteran, la necesidad de reformar las instituciones de Bretton
Woods, aumentando la diversidad regional en el liderazgo del Fondo
Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial (BM).
Es así como, el presidente de Sudáfrica Cyril Ramaphosa, insistió en
que la reforma del Consejo de Seguridad “es necesaria para que el
Consejo refleje las realidades multipolares actuales”. Por su parte el
jefe de gobierno de India, Narendra Modi, constató que, hasta ahora,
los “dos tercios de la humanidad no han tenido una representación
adecuada en las instituciones globales creadas en el siglo XX”.
En el punto 13 de la Declaración, sin nombrar directamente a la
administración Trump, el BRICS expresa preocupación por el
aumento indiscriminado de tarifas arancelarias, porque,
además de ser inconsistentes con las reglas de la Organización
Mundial de Comercio (OMC), afectan el comercio internacional
creando incertidumbre en las actividades comerciales y económicas;
exacerbando disparidades económicas y; comprometiendo el
desarrollo mundial.
También el BRICS, condenó “la imposición de medidas coercitivas
unilaterales contrarias al derecho internacional”. El BRICS denunció
las sanciones económicas adoptadas por EU y Europa porque
ellas “tienen implicaciones negativas de largo alcance para los
derechos humanos, incluyendo los derechos al desarrollo, a la salud y
a la seguridad alimentaria de la población en general de los Estados
afectados”. Una posición clara, refrendada en hechos al aceptar la
integración de Cuba como miembro asociado del BRICS, a pesar de
60 años de bloqueo económico estadounidense de la isla caribeña,
aún más reforzado recientemente por el gobierno Trump.
Respecto de la crisis en Oriente Medio, la XVII cumbre condenó
los bombardeos de Estado Unidos contra Irán, por constituir una
“abierta violación del derecho internacional”. También reiteró su
condena a los ataques del Estado de Israel en la Franja de Gaza,
denunciando la utilización de la “hambruna” como arma de guerra,
condenando el modelo letal de la Fundación Humanitaria para
Gaza (GHF) responsable de un millar de muertes, llamando a respetar
el derecho humanitario y recurrir nuevamente a la UNRWA.
La Declaración reiteró la exigencia del cese al fuego y el retiro del
Ejército de Israel tanto de Gaza como de todos los territorios
palestinos ocupados. La Declaración no usa la palabra genocidio ni
denuncia el rol de compañías del informe de Francesca Albanese. Sin
embargo, el BRICS insiste en que Israel respete el veredicto de la
Corte Internacional de Justicia consecutivas a la acusación de
genocidio presentada por Sudáfrica. También apoyó la Conferencia
Ministerial de Emergencia sobre Palestina del llamado Grupo de la
Haya y organizada por Sudáfrica y Colombia el 15 y 16 de Julio. Más
aún, en el punto 24, los BRICS+ reiteran el derecho a la
autodeterminación, al retorno del pueblo palestino y al
establecimiento de un Estado Independiente de Palestina. Critica
además los bombardeos israelíes contra Irán, el Líbano y Siria.
Con respecto a África, el BRICS+ llamó a un cese el fuego ante la
crisis humanitaria en Sudán y reiteró el principio de no injerencia,
particularmente en los Grandes lagos; Sobre América Latina el
BRICS expresó preocupación, por la crisis humanitaria y de seguridad
en Haití, llamando a una “solución haitiana”. En cuanto a Europa,
se reiteró el llamado a que el conflicto entre Ucrania y Rusia, sea
resuelto mediante el dialogo y la diplomacia, mientras condenó los
ataques de Kiev contra puentes, estructura ferroviaria y
deliberadamente contra civiles en Briansk, Kursk y Vorónezh. Un
enfoque criticado por EU y Europa.
Terminar con la “dictadura del dólar” como arma de
subordinación
El BRICS+ ha evolucionado y exige cambios en las instituciones
mundiales en representación de los intereses del Sur Global. Ante una
caótica posglobalización y la declinación de EU y Europa y el
surgimiento de un mundo multipolar que cuestiona el orden mundial
actual el BRICS atrae nuevos miembros. Y es que el BRICS recurre a
una retórica semejante a la del Movimiento de Países No Alineados
(MPNA).
Todavía subsiste el MPNA y realizó su XIX cumbre en Kampala,
Uganda, en enero de 2024. Ideado en la Conferencia de Bandung en
1955 y estructurado en 1961, en plena guerra fría, el MPNA, acuñó el
término tercer mundo, se ligó a la descolonización en África, Asia y
en América Latina y dio pábulo a la teoría de la dependencia,
reclamando el derecho a la autodeterminación de los pueblos. En la
actualidad, aunque el MNPA cuente con 120 países miembros y 18
observadores, y sea el segundo foro mundial más numeroso después
de la Asamblea General de la ONU, no asusta a EU y Europa, como si
lo hace el BRICS+.
El BRICS, a diferencia del MPNA ha conseguido establecer algunos
efectivos mecanismos propios. Entre ellos, el Nuevo Banco de
Desarrollo (NBD), creado en 2014 y dirigido por la expresidenta
brasileña, Dilma Rousseff. El NBD cuenta con once miembros con la
reciente integración de Argelia, Colombia y Uzbekistán, que se
agregaron a los nueve ya existentes: Brasil, Rusia, India, China,
Sudáfrica, Emiratos Árabes Unidos, Bangladés, Egipto. Se espera para
pronto la integración de Malasia.
El NBD busca contrarrestar la asimetría del sistema financiero
mundial. Su objetivo es ser el banco multilateral de desarrollo de
un Sur Global no como “un receptor pasivo de modelos de desarrollo
impuestos externamente, sino que un arquitecto activo de su propio
futuro” según la presidenta del NBD, Dilma Rousseff.
El NBD afirma estar guiado por principios de cooperación, igualdad y
respeto mutuo. El apoyo financiero del NBD al desarrollo, no es
condicional a reformas estructurales y promete no intervenir en los
asuntos internos de los socios. Eso lo distingue de las llamadas
instituciones de Bretton Woods (1944) el BM y del FMI. Esas
instituciones se caracterizan por imponer, a cambio de financiamiento
a los países, programas de ajuste estructural, en función de los
intereses de EU y Europa. Una cuestión denunciada por países del Sur
Global, analistas y movimientos sociales.
Además de acordar financiamiento para el desarrollo, en su accionar
el NBD y el BRICS cuestionan la hegemonía del dólar como moneda
de comercio mundial. Desde el acuerdo de Bretton Woods, pero
principalmente desde el llamado Nixon Shock del 15 de agosto de
1971, se reforzó el dólar como instrumento de dominio de Estados
Unidos, al terminar la convertibilidad del dólar con oro y se instaló un
especulativo sistema de cambios flotantes determinado por el
mercado.
En palabras de Dilma Rousseff, presidenta del NBD, el BRICS busca
contrarrestar: “Aranceles, sanciones y restricciones
financieras (que) son usadas como herramientas de subordinación
política”. Se trata de enfrentar la llamada “dictadura del dólar”, con
una “desdolarización”, del comercio internacional.
En su intervención por videoconferencia el presidente ruso Vladimir
Putin afirmó que el modelo de globalización liberal esta “obsoleto” y
presentó a los BRICS como nuevo eje económico del mundo, más
poderoso que el G7. Ciertamente los BRICS han contribuido a hacer
ineficaces las sanciones económicas contra Rusia.
Para ello, el NBD, ha desarrollado, entre otros, el Acuerdo de Reserva
Contingente. Un mecanismo que otorga liquidez a los miembros en
caso de presiones en su balanza de pagos. Otro mecanismo, es el de
un sistema de pagos basado en blockchains, para escapar al
predominio del dólar y el sistema SWIFT de transferencias en el caso
de países sometidos a sanciones comerciales. Además, el BND
promueve el comercio en monedas locales y en 2025 decidió reforzar
la prescindencia del dólar en los intercambios entre sus miembros y
en los financiamientos otorgados por el NBD recurriendo a monedas
locales. Ello reduce las tasas de interés y favorece la estabilidad. A
más largo plazo, para escapar a las presiones de EU y Europa, está
también, la intención, no concretada aún, de activar una
moneda BRICS.
Es así como el BRICS+ se ha ido transformando en un actor
económico internacional de creciente relevancia, porque cuestiona de
manera concreta la hegemonía comercial y económica de occidente y
ejerce una fuerte atracción en países del Sur Global.
El BRICS: entre ataques de potencias dominantes y
heterogeneidad
El BRICS sufre las crecientes amenazas de las potencias hegemónicas
actuales que temen la emergencia de un mundo multipolar. En
reciente editorial, The Guardian, constataba que se viene abajo el
orden mundial basado en la dominación de EU, los hidrocarburos y el
libre comercio. Que el BRICS se expande, construye nuevas reglas de
comercio internacional y visualiza un orden mundial post-occidental,
con o sin Trump. El reforzamiento de los BRICS ocurre en un momento
en que los EU enfrentan un creciente descrédito tanto por sus
posiciones internas como por las guerras comerciales del segundo
mandato de Donald J. Trump.
Es evidente que el BRICS sufre los embates de quienes controlan el
orden mundial actual y se oponen a cambios en la relación de
fuerzas. En la defensa de intereses nacionales en el caso de Donald J.
Trump y su Make America Great Again. En defensa de la democracia
liberal en el caso Europeo, que condena el autoritarismo de varios
países del BRICS usando una doble vara para medir. Por ello, es que
otra de las críticas a la XVII Cumbre fue la ausencia de los presidentes
de Rusia, Vladímir Putin y de China, Xi Jinping y de Irán, Massoud
Pezeshklan, insistiendo en que eso generaba dudas sobre
la cohesión de los BRICS.
Además, inmediatamente después de la Cumbre, Donald J. Trump,
amenazó con aplicar 10% de tarifas, sin excepciones, a cualquier país
que adhiera a las políticas antiamericanas de BRICS. En respuesta, el
presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, argumentó que los
países de los BRICS son soberanos y no desean tener un
“emperador”. Brasil ha sido amenazado de sanciones por Trump y la
OTAN por comprar petróleo a la sancionada Rusia, en lugar de
Estados Unidos. Además, Trump amenaza de aumentar los aranceles
del 50% en una abierta injerencia en castigo por las decisiones de la
justicia brasileña, exigiendo que dejen tranquilo al golpista Jair
Bolsonaro, acusado de fomentar un golpe de Estado.
Las respuestas brasileñas, así como la de otros países de los BRICS,
revelan los límites del poder de Washington. En el caso específico de
la Nación carioca no hay déficit comercial: EU recibe más
exportaciones que Brasil y Lula puede permitirse resistir
abiertamente las amenazas de Trump. La estrategia trumpista
termina contribuyendo al desarrollo de las alternativas propuestas por
los BRICS.
Otra estrategia es la de presionar eventuales miembros. Las
presiones de Estados Unidos, han tenido efectos, con Arabia Saudí,
que pese a haber sido aceptado en 2024, aún no formaliza su
integración, probablemente para salvaguardar su relación con EU y
con el propio Trump. Por otro, influye la alternancia entre gobiernos
progresistas o reaccionarios. Recordemos al respecto que el
ultraliberal presidente argentino Javier Milei renunció a integrarse
Argentina al BRICS, en cuanto asumió el poder en diciembre de 2023.
Ello no evita que sus oponentes no exploten la compleja evolución de
los BRICS en un contexto mundial incierto, específicamente
su heterogeneidad y las asimetrías entre los países que lo componen
y los que puedan integrarse. En efecto, hay potencias mayores como
China, Rusia e India; también hay potencias intermedias como Brasil,
Sudáfrica, Indonesia y Emiratos Árabes Unidos; además de países
pobres como Etiopía y Bangladés. Esta diversidad puede
efectivamente inmovilizar el bloque o terminar estructurando
jerarquías regionales y zonas de influencia, cuestionando el respeto
de reglas igualitarias y el principio de la no injerencia.
Es lo que plantea Natalia Souto: “El BRICS ampliado, con 11
miembros y 10 países socios, aspira a representar un contrapeso al
sistema liderado por Occidente. Pero la heterogeneidad interna, las
tensiones geopolíticas y las diferencias en prioridades nacionales
hacen que esa aspiración se vea entorpecida por la realidad de una
coordinación difícil. La expansión ha generado más complejidad que
cohesión”. “La cohesión, más que una realidad, sigue siendo una
meta en construcción”, concluye.
Esos riesgos existen particularmente en la expansión de los BRICS en
América latina. Ella no se inició en instancias regionales progresistas
como el UNASUR o el ALBA, cuya retórica y objetivos se asemejan a
las del MPNA y del propio BRICS. También la expansión del BRICS en
América Latina, no ha estado exenta de la influencia del fundador
sudamericano. Ello se observa también en la fluctuante estrategia
de Brasil en vincular o no países progresistas Latinoamericanos al
BRICS.
Es así como en 2014 en Fortaleza, bajo Dilma Rousseff, Brasil se abrió
a los países progresistas del UNASUR. Posteriormente, producto de
disensiones regionales, el presidente brasileño, habría objetado la
integración de Nicaragua y Venezuela al BRICS en la XVI Cumbre en
Kazán (Rusia) en 2024. Una decisión polémica, criticada por sectores
de izquierda latinoamericanos y saludada por sectores derechistas. Lo
cierto es que ambos países siguen postulando y contarían con el
respaldo de Rusia.
En 2025, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva contribuyó
a la expansión del BRICS con la integración de Bolivia y Cuba.
Destaca además el acercamiento del México de la presidenta Claudia
Sheinbaum, que en el contexto de agresiones comerciales de EU,
envió a su canciller a la XVII Cumbre de los BRICS. A ello se agrega la
invitación a participar en la Cumbre a los presidentes progresistas
moderados de Uruguay y de Chile.
¿Actualiza el BRICS+ la perspectiva de un nuevo orden
mundial?
En ese marco, abundan las controversias sobre el posible rol del
BRICS en la definición de los contenidos de un nuevo orden mundial.
Ellas aparecen prematuras. Por lo pronto, la evolución del BRICS
continúa y aumenta el peso de los países del llamado Sur Global en
su seno; traduciéndose en mayor resistencia frente a los dictados de
la llamada comunidad internacional y las instituciones que ella
controla.
En efecto, lo clave de los 17 años de existencia del BRICS, sobre todo
en los últimos años, es que su retórica se acerca a la del MPNA y
propone un sistema internacional multilateral centrado en el respeto
del principio de no injerencia en los asuntos internos de los Estados.
Se trata de una crítica fundamental a la hegemonía estadounidense y
a la autoproclamada comunidad internacional que defienden un
mundo unilateral. Una hegemonía que rompe con la no injerencia, no
intervención y la autodeterminación de los pueblos invocando el
derecho a la intervención por razones humanitarias, de defensa de la
democracia, de cambio de régimen y con sanciones económicas;
traduciéndose en la imposición de los dictados estratégicos de EU y
Europa con catastróficas consecuencias (Irak, Libia, entre otros). Una
comunidad internacional que ha dictado unilateralmente la agenda
del sistema internacional desde el desplome del bloque soviético.
Lo cierto es que existe un relativo consenso de que los BRICS
representan un reordenamiento de las relaciones de fuerzas a nivel
mundial, pero, está por definirse si ello se traduce efectivamente en
un mundo multipolar o lleva a nuevos conflictos centrados en la
disputa de zonas de influencia regionales.
La ex directora del BRICS Policy Center, Ana García afirma, que desde
una perspectiva geopolítica, los Brics son un competidor del orden
mundial dominado por EU y Europa y atraen cada vez más miembros
afectados por la crisis de la globalización y que buscan reducir la
dependencia del dólar. Sin embargo, entre los BRICS se reproducirían
las asimetrías tradicionales, principalmente por la dominación de la
economía China; la que exporta productos industriales, mientras otros
miembros del Brics le exportan materias primas. Se reproduce la
tradicional división internacional del trabajo y en esa medida las
inversiones Sur-Sur no son una alternativa positiva, argumentando
casos que muestran que tiende a perpetuar la desindustrialización de
la economía brasileña.
Con respecto a las asimetrías existentes en los Brics, Ana García,
considera que, en Asia, África y América Latina, “cada país BRICS
actúa como una potencia regional que busca influir y acumular poder
económico con otros de la periferia”. Es así como, la lente del Sur
Global y la Cooperación Sur-Sur favorecen la entrada de intereses
chinos al continente, en lugar de favorecer el panafricanismo. Ella
destaca la existencia de jerarquías regionales sobre países más
pobres con antagonismos y conflictos respecto a las inversiones.
En ello coincide con lo que plantean, entre otros, el sociólogo
sudafricano Patrick Bond, quien asegura, que desde sus comienzos,
el BRICS es una fantasía antimperialista y una realidad
subimperialista: el Brics favorecería la creación de subimperialismos
que ya han promovido practicas neoliberales e imperialistas de
acumulación, sin oponerse al modo de producción capitalista mundial.
El nuevo espíritu del BRICS sería desindustrialización y
desglobalización. William Robinson la califica de farsa antiimperialista
Michael Roberts califica los BRICS de grupo poco convencional de
naciones, sin una perspectiva internacionalista, compuesto de
regímenes autócratas lejanos de los trabajadores (Robinson) y con
gobiernos ligados a los intereses del bloque imperialista. Agrega que
en 2024 había 54 países en crisis de deuda externa y sujetos a los
planes del FMI y el BM. Además, aminora el peso de los Brics porque,
aunque su PIB es globalmente mayor que el del G7, es menor cuando
se divide por el número de habitantes. Por ello, tanto la
desdolarización, como la instalación de un mejor acuerdo que el de
Bretton Woods no ocurrirían en el siglo 21.
Otros aún, como Laurent Delcourt, afirman que el BRICS está lejos de
ser una alternativa saludable para los países del Sur Global ya que
tras la retórica de la solidaridad Sur-Sur, su cooperación refuerza el
modelo extractivista, ampliando las asimetrías. En América Latina
también hay quienes, como Raúl Zibechi, consideran que el BRICS no
es alternativa porque, aunque la hegemonía de Estados Unidos deje
paso a hegemonías regionales, porque el mundo multipolar seguiría
siendo capitalista, depredador de la naturaleza y de los seres
humanos.
Otros analistas como Edward Lozansky, insisten en que la expansión
del BRICS refleja un creciente cuestionamiento del mundo unilateral
dominado por EU desde el fin de la guerra fría en 1991 y se trata de
una reencarnación del Movimiento de los Países No Alineados (MPNA).
También, Boaventura de Sousa Santos afirma que: “El vértigo de la
guerra que se cierne sobre el mundo es uno de los signos del declive
irreversible de la dominación occidental. El otro es la emergencia de
los BRICS+”. Se trata de una alternativa capitalista no occidental. Es
así como: “la expansión de los BRICS y la consiguiente construcción
de un mundo multipolar pueden ser un factor de paz, en la medida en
que pueden contener la deriva bélica en la que está sumido el mundo
occidental, ahora hegemonizado por un nuevo «eje del mal»: Estados
Unidos, Europa e Israel”.
De Sousa Santos, asegura que es la “oportunidad de fundar un nuevo
internacionalismo no eurocéntrico basado en una nueva educación
asentada en las epistemologías del sur”. En esa perspectiva,
recordemos que en la XVI Cumbre (2024), el líder Chino Xi
Jinping declaró: “elegimos nuestros caminos de desarrollo de manera
independiente, defendemos conjuntamente nuestro derecho al
desarrollo y marchamos al unísono hacia la modernización”.
Por su parte, el profesor Argentino, Atilio Borón, ve positivamente la
expansión de los BRICS, porque dará una voz más importante al Sur
Global, incluso permitiría la creación de una plataforma de medios del
Sur Global. Luego de analizar una serie de críticas, Claudio Katz,
investigador del CONICET, afirma que es indudable que “discutir si los
BRICS aproximan el mundo al socialismo es poco pertinente porque
ningún participante incluye esa problemática en la agenda del
organismo”.
Por lo pronto, los Brics, son una opción que en América Latina permite
que experiencias nacionales alternativas del Sur Global, como la de
la revolución cubana, puedan enfrentar el castigo obcecado de
Washington. El presidente cubano Miguel Diaz-Canel participó en la
Sesión sobre Medio Ambiente, COP30 y Salud Global y la integración
de Cuba como miembro asociado del BRICS abre una esperanza de
que la nación caribeña esté en mejores condiciones para resistir la
reciente agudización del bloqueo estadounidense, ordenada por
Donald J. Trump.
Además, el ingreso de Bolivia como miembro asociado, al BRICS,
es importante para el país andino. Ante el aumento del riesgo de
ataques frontales de Washington, se le
abren posibilidades de financiamiento alternativo para el país andino,
de desarrollo del comercio con monedas locales, reduciendo la
presión de reservas de dólares en medio de una crisis de divisas y le
permitirá el acceso a mercados estratégicos. De acuerdo con el
presidente Luis Arce“, el ingreso de Bolivia a los Brics, “aceleraría la
industrialización de Bolivia”.
Colombia por su parte, se integró al Nuevo Banco de Desarrollo y el
presidente Gustavo Petro participó activamente en la XVII Cumbre del
BRICS en Rio De Janeiro. La integración al NBD le permitirá contar con
líneas de crédito y financiamiento para proyectos en cualquier sector
de su economía. Colombia es un país latinoamericano históricamente
dependiente de Washington, que busca diversificar su economía
frente a la creciente hostilidad arancelaria del presidente Donald J.
Trump. Se trata de un giro de la Colombia de Gustavo Petro, que
permitiría que avance hacia una mayor autonomía
estratégica respecto de Estados Unidos.
En 2025, el México de la presidenta Claudia Sheinbaum participó con
su canciller Juan Ramón de la Fuente, por primera vez, en una
Cumbre de los BRICS. Ello ocurre en pleno contexto de agresiones
comerciales de EU. México no se había planteado la posibilidad de
ingresar al BRICS, bajo Andrés Manuel López Obrador, esperando
sacar el máximo provecho al T-MEC, hoy amenazado por el viraje
proteccionista de Trump. Umberto Mazzei afirma que el acercamiento
de México a los Brics es una “respuesta implícita y adecuada a la
prepotencia con la que está siendo tratado por el Gobierno del
presidente estadounidense Donald Trump”. El ingreso de México al
Grupo BRICS señalaría el final de Centroamérica como patio trasero
de Estados Unidos.
Además, está la invitación al presidente de Chile, Gabriel Boric, para
participar en la sesión sobre “Fortalecimiento del Multilateralismo,
Asuntos Económicos, Financieros e Inteligencia Artificial”. Un
acercamiento de Chile al multilateralismo, pero no está en carpeta
el ingresar a los Brics, por razones geopolíticas y de política interna.
También asistió el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, invitado por
Lula, pero, a pesar de abrirse una oportunidad para definir el rumbo
exterior de Uruguay, el país sudamericano tampoco prevé ingresar al
Brics por razones geopolíticas. Ambos mandatarios representan un
moderado progresismo. Para completar el panorama, sigue en espera
el ingreso de Venezuela y Nicaragua a los Brics, países que no fueron
invitados por el presidente de la Cumbre.
Creemos que, por el momento, el reforzamiento del BRICS+ en 2025,
con una veintena de miembros permanentes y asociados y decenas
de países del Sur Global interesados en integrarse, lo ubica, a corto
plazo como una alternativa ante la guerra comercial unilateral del
presidente de EU, Donald J. Trump. A mediano plazo, al encarnar
profundas mutaciones económicas y políticas en los países y en el
mundo, podría contribuir en una perspectiva, aún no definida, al
establecimiento de un nuevo orden mundial… por definir.
Blog del autor: [Link]
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