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Educación Sexual y Perspectiva de Género

El documento aborda la construcción social del género y la desigualdad que se deriva de ella, destacando cómo los roles de género son aprendidos y perpetuados a través de diversas instituciones sociales. Se enfatiza la importancia de incorporar una perspectiva de género en la educación para cuestionar y desafiar las normas que sostienen la desigualdad, así como para promover relaciones más equitativas. Finalmente, se proponen actividades para aplicar estos conceptos en el contexto educativo.

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Educación Sexual y Perspectiva de Género

El documento aborda la construcción social del género y la desigualdad que se deriva de ella, destacando cómo los roles de género son aprendidos y perpetuados a través de diversas instituciones sociales. Se enfatiza la importancia de incorporar una perspectiva de género en la educación para cuestionar y desafiar las normas que sostienen la desigualdad, así como para promover relaciones más equitativas. Finalmente, se proponen actividades para aplicar estos conceptos en el contexto educativo.

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INSTITUTO DE

CAPACITACIÓN LABORAL Y
FORMACIÓN

PROFESIONAL
MÓDULO VII (Parte 4)
Módulo VII: Educación Sexual Integral
Garantizar la equidad de género
Desde que nacemos, según nuestros genitales, se nos trata como varón o como mujer; así nos llaman, nos visten y
muchas veces nos enseñan a jugar con juegos “de nenas” o “de nenes”.
Es decir, se nos asigna un género y vamos aprendiendo, casi sin darnos cuenta (en la escuela, en la familia, en el barrio,
en los libros, en los medios de comunicación y en nuestra vida cotidiana), las pautas sociales que se desprenden de esta
manera de clasificarnos. Es por esto que muchas veces pensamos que todas las personas pueden ubicarse en una de
estas dos categorías: varón o mujer y que, además, esta manera de entenderlas es “natural”.

Sin embargo, esta forma de pensarnos a nosotros/as mismos/as y a los/as demás es histórica, depende de
circunstancias sociales y culturales y, fundamentalmente, supone relaciones que otorgan más valor social a lo masculino
que a lo femenino.
La desigualdad de género se puede ver en los usos del lenguaje. Por ejemplo, cuando al referirnos a un conjunto de
personas, donde no todas son varones, usamos la denominación masculina y no cuestionamos la norma; es decir, lo
vemos como algo “natural” o “normal”. O cuando decimos: Todos al recreo, y nos referimos tanto a chicas como a
chicos; o cuando las notas de la escuela se dirigen: A los señores padres, y no contemplan la diversidad de género y de
familias.
El movimiento de mujeres, primero, y los estudios de género, después, cuestionaron este particular modo de entender
la construcción social del género.

El género está vinculado, entonces, con una construcción social de la masculinidad y de la femineidad. Esto significa que
las personas vamos aprendiendo a ser varones y mujeres. Remite a los procesos de identificación sexual de las personas.
Es un proceso de construcción que no deriva de la naturaleza ni de la anatomía genital, sino que implica un montaje en
el marco de una cultura.
En la medida en que el género como forma de “leer” los cuerpos sexuados se construye social e históricamente, se
anuda a relaciones de poder.

El sexo-género está presente desde siempre. Pensemos, por ejemplo, cuando nos encontramos con una persona
embarazada una de las primeras cosas que le preguntamos es: ¿Es nene o nena? y, en función de la respuesta, siguen
otra serie de conjeturas y opiniones. Este ejemplo nos sirve para pensar cómo nos vamos construyendo de un modo
cotidiano, casi sin darnos cuenta. Si se es mujer, se usa ropa de un color distinto al de los varones; si se es varón, se
puede jugar con la pelota, pero si el varón quiere jugar con una muñeca, es muy probable que reciba algún llamado de
atención, y viceversa.
Este llamado de atención aparece porque se ponen en juego los estereotipos de género. ¿A qué nos referimos con
estereotipos de género? A esas representaciones simplificadas, incompletas y generalizadas que se realizan teniendo
como base el sexo asignado al nacer.

Estos estereotipos funcionan a partir de asociar una pauta cultural (un rol esperado, una norma, un mandato, etc.) con
un hecho biológico.
Por ejemplo, que las personas con capacidad de gestar sean quienes puedan llevar adelante el embarazo no determina
que “naturalmente” sean ellas quienes tengan que dedicarse al cuidado de los/as hijos/as. Esta es una característica
cultural que en nuestra sociedad suele estar asociada a las mujeres y no a los varones.

La perspectiva de género constituye un modo de mirar la realidad y las relaciones entre las personas. Estas relaciones,
como todas las relaciones sociales, están mediadas por cuestiones de poder y, muchas veces, esa distribución de poder,
pone en desventaja a mujeres, lesbianas, gays y personas trans. Cuando esto sucede, suelen aparecer situaciones de
vulneración de derechos como la violencia de género u otro tipo de desigualdades sociales.

Todas las personas somos parte de un sistema de relaciones de poder, que sostenemos sin darnos cuenta. Por ejemplo,
muchas de las mujeres que trabajan afuera de su casa tienen, además, la responsabilidad del trabajo doméstico, lo cual
implica una “doble jornada de trabajo”. Algo que no suele pasar con los varones, dado que a ellos se los asocia con la
responsabilidad de traer el dinero al hogar y, de vez en cuando, “ayudar” con las tareas domésticas. Todas las personas
sostenemos, de una manera u otra, ese sistema desigual.

Incorporar la perspectiva de género implica revisar, reflexionar y cuestionar muchas de las ideas y concepciones que
tenemos sobre cómo nos relacionamos, sobre lo que esperamos unos/as de otros/as, sobre los lugares que ocupamos
en las instituciones y en la sociedad, sobre las experiencias que podemos transitar unas y otros.

Incluir la perspectiva de género en la escuela, supone revisar los modos en que cotidianamente, de formas más o menos
sutiles, en lo dicho y en lo silenciado, la escuela puede llegar a sostener un único modo posible de vivir la sexualidad.

La perspectiva de género, en tanto mirada crítica, requiere de instituciones educativas que puedan desafiar los límites
de lo instituido en pos de una mayor igualdad y justicia, que colabore con el despliegue de sexualidades autónomas,
plenas y placenteras.

Actividades
1- Luego de leer el eje, deberán elegir una fecha del calendario de ESI y:
a- Elegir un NAP que se relacione el eje.
b- Elaborar un objetivo que se relacione con el NAP elegido.
c- Desarrollar una actividad que esté vinculada con el objetivo y el NAP.

Ayuda: Para el armado de las actividades, podrán guiarse con la Compilación de


actividades de Educación Sexual Integral de Educación Inicial, propuesta por el
Ministerio de Educación argentino.

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