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Conflicto por la Ley de Glaciares en Argentina

La Ley 26.639 de Argentina, sancionada en 2010, establece la protección de glaciares y el ambiente periglacial, pero ha generado un conflicto entre empresas mineras que buscan interpretaciones restrictivas y organizaciones ambientales que defienden una interpretación amplia. Las disputas giran en torno a la definición de 'glaciar' y 'ambiente periglacial', con implicaciones para la preservación de recursos hídricos y el acceso al agua de comunidades cordilleranas. Este dilema refleja la tensión entre un modelo extractivista y la necesidad de proteger bienes ambientales estratégicos para el futuro.

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Conflicto por la Ley de Glaciares en Argentina

La Ley 26.639 de Argentina, sancionada en 2010, establece la protección de glaciares y el ambiente periglacial, pero ha generado un conflicto entre empresas mineras que buscan interpretaciones restrictivas y organizaciones ambientales que defienden una interpretación amplia. Las disputas giran en torno a la definición de 'glaciar' y 'ambiente periglacial', con implicaciones para la preservación de recursos hídricos y el acceso al agua de comunidades cordilleranas. Este dilema refleja la tensión entre un modelo extractivista y la necesidad de proteger bienes ambientales estratégicos para el futuro.

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RECORTE DEL DISCURSO JURÍDICO

Ley 26.639 Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los


Glaciares y del Ambiente Periglacial

Planteo del problema

La sanción de la Ley 26.639 en 2010 representó un hito en la política ambiental argentina


al establecer los presupuestos mínimos para la preservación de los glaciares y el
ambiente periglacial, reconociéndolos como reservas estratégicas de agua dulce
fundamentales para la vida y el desarrollo económico del país (Fundación Ambiente y
Recursos Naturales FARN, 2018). La ley definió de manera amplia y difusa el concepto de
glaciar, incluyendo toda masa de hielo perenne, sin restricciones de tamaño, forma o
estado de conservación, y extendiendo la protección al ambiente periglacial (Ley 26.639,
2010).

Sin embargo, desde su sanción, el concepto de glaciar ha sido objeto de disputas que
reflejan un conflicto estructural entre dos voces enfrentadas:

Por un lado, las empresas mineras y sectores asociados, como la Cámara Argentina de
Empresarios Mineros (CAEM), han impulsado interpretaciones restrictivas del concepto de
glaciar, promoviendo la exclusión de glaciares menores a una hectárea y la limitación del
ambiente periglacial estrictamente a áreas de hielo visible. Estas posiciones, justificadas
en supuestas ambigüedades normativas y en la necesidad de garantizar inversiones, han
buscado flexibilizar las restricciones que impone la ley sobre actividades extractivas en
zonas de alta montaña (Marval O'Farrell Mairal, 2017; FARN, 2018).

Por otro lado, las asambleas ciudadanas y organizaciones ambientales, como la


Asamblea Jáchal No Se Toca y FUNAM, sostienen que la interpretación restrictiva vulnera
el espíritu y la letra de la ley, dejando desprotegidas reservas hídricas estratégicas para
los pueblos cordilleranos. Denuncian que el Inventario Nacional de Glaciares, ejecutado
bajo criterios que excluyen glaciares menores de una hectárea y permafrost, responde a
los intereses de las grandes corporaciones mineras como Barrick Gold y Shandong Gold,
en detrimento de los derechos ambientales colectivos consagrados en el artículo 41 de la
Constitución Nacional (Asamblea Jáchal No Se Toca, 2020; FARN, 2018).
El conflicto central radica, entonces, en la disputa por la definición legal y operativa de
“glaciar” y “ambiente periglacial”. Mientras las empresas buscan acotar esta definición
para habilitar proyectos de minería en zonas actualmente protegidas, las organizaciones
sociales y ambientales exigen el cumplimiento estricto de la definición amplia establecida
en la ley y ratificada por la Corte Suprema de Justicia de la Nación (Corte Suprema,
2019).

Esta tensión expone un dilema estructural de la política ambiental argentina: la pugna


entre un modelo extractivista orientado al crecimiento económico inmediato y la
preservación de bienes ambientales estratégicos para las generaciones presentes y
futuras, en línea con los principios de no regresividad y progresividad ambiental (FARN,
2018; Ley 25.675, 2002).

Relevamiento de argumentos que pretenden rebatir el planteo

El artículo 2° de la Ley 26.639 establece que "se entiende por glaciar toda masa de hielo
perenne estable o que fluye lentamente, con o sin agua intersticial, formado por la
recristalización de nieve, ubicado en diferentes ecosistemas, cualquiera sea su forma,
dimensión y estado de conservación". Además, incluye como parte del glaciar al "material
detrítico rocoso y los cursos internos y superficiales de agua".

En cuanto al ambiente periglacial, la ley indica que comprende las áreas de alta montaña
con suelos congelados y, en media y baja montaña, los suelos saturados en hielo, ambos
actuando como reguladores de recursos hídricos.

El artículo 3º dispone la creación del Inventario Nacional de Glaciares, donde deberán


individualizarse todos los glaciares y geoformas periglaciares que actúan como reservas
hídricas, sin excepciones respecto a su tamaño o forma.

Las asambleas ciudadanas de las provincias cordilleranas, entre ellas la Asamblea Jáchal
No Se Toca, manifestaron en el año 2020 su disconformidad mediante un petitorio
elevado al Ministerio de Ambiente de la Nación, exigiendo el estricto cumplimiento de la
Ley 26.639. Denunciaron que la interpretación aplicada en el Inventario Nacional de
Glaciares, realizado por el Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias
Ambientales (IANIGLA), incurre en una desviación normativa: se excluyeron
sistemáticamente los glaciares de menos de una hectárea y el ambiente periglacial, pese
a que la ley no establece ninguna restricción de tamaño.

Esta exclusión contradice el texto claro de la norma, ya que el artículo 2º señala que se
deben considerar los glaciares "cualquiera sea su forma, dimensión y estado de
conservación". Al dejar fuera a los glaciares menores a una hectárea, se vulnera
además el artículo 41 de la Constitución Nacional, que garantiza "el derecho a un
ambiente sano, equilibrado y apto para el desarrollo humano" y establece la obligación de
recomponer el daño ambiental.

La Asamblea Jáchal No Se Toca sostiene que esta omisión favorece intereses de las
grandes corporaciones mineras que operan en alta montaña, dado que la presencia de
glaciares y permafrost limitaría las explotaciones. Así lo expresa también el informe del
equipo conformado en 2005 por Lydia Epziva y Pierre Pitte, donde se registra la presencia
de todos los glaciares y geoformas periglaciares del área Lama-Veladero, información que
fue posteriormente ignorada en los inventarios oficiales recientes.

Adicionalmente, esta situación infringe el Acuerdo de Escazú, particularmente el artículo


4 inciso 6, que obliga a los Estados parte a "garantizar un entorno propicio para el trabajo
de las personas o grupos que promueven la protección del ambiente", otorgándoles
"reconocimiento y protección". También se vulnera el artículo 8 inciso 3.c, que establece
la necesidad de una amplia legitimación activa para que las organizaciones y personas
puedan actuar en defensa del medio ambiente.

En consecuencia, la Asamblea denuncia que no solo se incumple la letra de la ley y


tratados internacionales de derechos humanos en materia ambiental, sino que además se
pone en grave riesgo el acceso al agua de las comunidades cordilleranas, cuya
subsistencia depende directamente de la conservación de estos ecosistemas.

Relevamiento de argumentos que pretenden sostener el planteo


Un argumento que sostiene el concepto amplio y ambiguo de "glaciar" definido en la Ley
26.639 es el que esgrimieron sectores empresariales y mineros para legitimar su accionar
en territorios cordilleranos. Desde esta perspectiva, la definición amplia, que incluye
masas de hielo de cualquier tamaño, forma o estado de conservación, es vista como
jurídicamente funcional para mantener márgenes de interpretación flexibles en favor del
desarrollo de actividades extractivas (FARN, 2018; Ley 26.639, 2010).

La ambigüedad en los términos utilizados por la ley, como "periglacial", "masa de hielo" y
"regulador hídrico", permite a las empresas sostener que su cumplimiento se puede
ajustar caso por caso, dependiendo de evaluaciones técnicas específicas. Esta
interpretación facilita que actividades mineras continúen en zonas de alta montaña,
alegando que determinados cuerpos de hielo no califican como glaciares protegidos bajo
un análisis técnico particular, aunque nominalmente cumplan con alguna de las
características generales de la ley (Marval O'Farrell Mairal, 2017).

Asimismo, los actores corporativos señalan que un concepto tan amplio y difuso hace
prácticamente imposible establecer límites claros de aplicación normativa, generando así
la necesidad de procedimientos de interpretación administrativa que pueden ser
orientados conforme a intereses económicos estratégicos. De esta manera, la
ambigüedad normativa es utilizada no como una barrera sino como una oportunidad
económica para argumentar que, ante la falta de precisión técnica absoluta, la habilitación
de proyectos debe primar en aras del desarrollo económico y de la inversión minera
(Infobae, 2015).

Este posicionamiento también se justifica jurídicamente apelando al principio de seguridad


jurídica: frente a definiciones amplias y abiertas, sostienen que corresponde priorizar
interpretaciones que permitan "previsibilidad" en las inversiones, resguardando así
derechos adquiridos y expectativas legítimas de explotación (Constitución de la Nación
Argentina, 1994).

En definitiva, desde la visión de las empresas mineras, el concepto amplio y ambiguo de


glaciar contenido en la Ley 26.639 puede ser invocado estratégicamente para flexibilizar
su aplicación efectiva, posibilitando la explotación de territorios cordilleranos bajo
interpretaciones que minimizan las restricciones de la norma (Infobae, 2015; FARN,
2018).

Bibliografía

Asamblea Jáchal No Se Toca. (2020, junio 2). Carta al Ministro de Medio Ambiente Juan
Cabandié.
Fundación Ambiente y Recursos Naturales. (2018). Intereses y contradicciones de la
política ambiental argentina: 10 años de la Ley de Glaciares. Informe Ambiental Anual.

Ley 26.639. (2010). Régimen de Presupuestos Mínimos para la Preservación de los


Glaciares y del Ambiente Periglacial. Boletín Oficial de la República Argentina.

Marval O'Farrell Mairal. (2017). Nuevas discusiones en torno a la Ley de Glaciares.


Disponible en: [Link]
de-glaciares-8562?lang=es

Constitución de la Nación Argentina, 1994.

Ley 25.675. (2002). Ley General del Ambiente. Boletín Oficial de la República Argentina.

Epziva, L., & Pitte, P. (2005). Ambiente Glacial y Periglacial del área Lama-Veladero,
Iglesias, San Juan.

Acuerdo de Escazú. (2020). Acuerdo Regional sobre el acceso a la información, la


participación pública y el acceso a la justicia en asuntos ambientales en América Latina y
el Caribe.

Infobae. (2015, 7 de noviembre). Dos informes de Barrick Gold admiten que en Veladero
y Pascua Lama hay glaciares. Infobae. Disponible en:
[Link]
veladero-y-pascua-lama-estan-glaciares/

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