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Cuento: Dinosaurio en la Acampada

Los mellizos Vanessa y Simón van de acampada con su familia, emocionados por su amor por los dinosaurios. Durante la noche, se asustan al ver una sombra que parece un dinosaurio, pero descubren que es la gallina de su vecina, la Negrita. Al final, todos se acomodan en la tienda de campaña, aliviados y contentos por la inesperada compañía.

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Cuento: Dinosaurio en la Acampada

Los mellizos Vanessa y Simón van de acampada con su familia, emocionados por su amor por los dinosaurios. Durante la noche, se asustan al ver una sombra que parece un dinosaurio, pero descubren que es la gallina de su vecina, la Negrita. Al final, todos se acomodan en la tienda de campaña, aliviados y contentos por la inesperada compañía.

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El dinosaurio y la acampada

Familia, Biología, Emociones

Los mellizos Vanessa y Simón se van de acampada con su familia. Pero su agradable velada se ve
inesperadamente amenazada por una sombra aterradora que parece... ¿un dinosaurio? La
respuesta a este misterio la descubrirás en esta divertidísima y al mismo tiempo, educativa
8 min 5+
historia.

Era viernes y los mellizos Vanessa y Simón iban caminando del colegio a
casa. El sol brillaba, hacía un día agradable. Además, su padre les había
prometido una acampada cerca de la roca gigante que está en las afueras de
la ciudad. Tenían pensado pasar la noche allí. Los niños lo estaban deseando
ya. Hacía un día estupendo desde por la mañana y los dos habían sacado
notas sobresalientes en Ciencias porque lo sabían todo sobre los dinosaurios.
La profesora incluso los elogió delante de toda la clase.

A los niños les encantaban esos lagartos prehistóricos. Coleccionaban


pegatinas de dinosaurios, figuras de dinosaurios, tenían camisetas,
bolígrafos, hasta cuadernos de dinosaurios. Y habían leído cinco libros sobre
dinosaurios. Vanessa y Simón estaban en el cuarto curso. Vivían en una
pequeña ciudad y sus padres siempre los llevaban de excursión por los
alrededores. Ya casi era verano, así que, esta vez se irían de acampada.

Por la tarde se reunieron todos en casa, limpiaron el apartamento y


prepararon las mochilas. Metieron en ellas la comida, tomaron la tienda de
campaña, los sacos de dormir, agua, una linterna, cerillas y todo lo necesario
para acampar. Luego recorrieron juntos el camino hacia el bosque que ya
conocían.

Pasaron por delante de la casa de la señora Reyes, que estaba dando de


comer a sus gallinas y estaba enfadada con la Negrita. Como siempre, la
gallina negra ahuyentaba a todas las demás de la comida.

—Tú, Negrita, ¡vas a ser la primera en acabar en la sopa! —gritó la señora


Reyes, pero cuando vio a Vanessa y Simón, sonrió al instante. Saludó con la
mano a sus vecinos y ellos le devolvieron el saludo.

Encontrará éste y otros cuentos en [Link] 1/3


El bosque no estaba lejos. Al salir de la ciudad giraron a la derecha y desde
allí pudieron ver la roca gigante junto a la que querían montar su tienda de
campaña. La roca era conocida porque dentro de ella había una cueva donde
se había escondido alguien famoso durante la guerra. Simón no recordaba su
nombre. Tendría que buscarlo en casa en un libro sobre lugares
emblemáticos de la zona.

No sabían quién se había escondido en la cueva durante la guerra, pero el


paisaje era precioso. Una brisita suave movía las hojas de los árboles, se
escuchaba el murmullo de un arroyo y un cuco cantaba por allí cerca. El
papá de los niños montó la tienda de campaña rápidamente y encendió un
buen fuego. Vanessa y Simón recogían y doblaban ramitas secas caídas para
que el fuego ardiera mejor. Su mamá sacó unas rebanadas de pan fresco,
salchichas y panceta. Lo pincharon todo en unos palos afilados y largos y
empezaron a asarlo.

Hablaban y se reían mucho, porque a Simón se le caía la salchicha al fuego


continuamente. La mamá de los chicos cantaba todo tipo de canciones
divertidas, todos se lo estaban pasando fenomenal.

Cuando se quisieron dar cuenta, el cielo ya se había oscurecido. La tienda ya


la tenían lista y estaban a punto de meterse en los sacos de dormir cuando,
de repente, oyeron un extraño crujido. Volvieron a escucharlo de nuevo.
Parecía como el chasquido de unas ramas al romperse cuando son pisadas.
El ruido se escuchaba cada vez más cerca. Los niños estaban muy asustados
y se pegaron a sus padres.

De pronto vieron una enorme sombra sobre la roca.

—¡Es un dinosaurio! —susurró Simón.

—¡Es un Tyrannosaurus rex! —musitó Vanessa con miedo.

Y efectivamente. La sombra sobre la roca tenía un cuello largo, dos patas y se


balanceaba como una temible gran bestia.

Encontrará éste y otros cuentos en [Link] 2/3


—Eso es imposible —dijo el papá para tranquilizarlos, —los dinosaurios se
extinguieron hace muchísimo tiempo.

Era cierto, pero no se podía negar que todos habían visto la sombra del
dinosaurio frente a ellos.

Las pisadas se acercaban cada vez más y el corazón de los niños latía con
fuerza, pero no dijeron ni mu del miedo que tenían.

Y entonces, justo delante de ellos, apareció la gallina de la señora Reyes, la


Negrita. La gallina debía haberse perdido y la luz del fuego hizo que su
sombra agrandada se reflejara en la roca. La pobre Negrita deambulaba toda
confundida. Las gallinas no ven casi nada en la penumbra.

—¡Vaya nervios! —dijo la madre —¡estaba asustada de verdad!

Todos suspiraron de alivio y miraron a la gallina, al pequeño dinosaurio


despistado. Con un poco de imaginación, realmente parecía un
Tyrannosaurus rex. Y las gallinas descienden de los dinosaurios, los
científicos ya lo han demostrado.

—¿Qué vamos a hacer con ella? —preguntó Simón.

—La meteremos en la tienda de campaña para que pase la noche con


nosotros y por la mañana se la llevaremos a la señora Reyes —dijo el papá.
Luego tomó a la Negrita con las dos manos y la puso dentro.

Y así estaban los cinco apretados en la tienda de campaña: mamá, papá,


Vanessa, Simón y la gallina, todos contentos porque la Negrita ya no tenía
que vagar en la oscuridad. Simón aún estaba un poco asustado y Vanessa un
poco temblorosa, pero su mamá los tomó de la mano y su papá dejó
encendida la pequeña linterna. Fuera se escuchaba el murmullo tranquilo
del arroyo y un pequeño búho ululaba a lo lejos.

Encontrará éste y otros cuentos en [Link] 3/3

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