Historia del Imperio Incaico en Perú
Historia del Imperio Incaico en Perú
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Imperio incaico
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Coordenadas: 13°31′00″S 71°58′00″O (mapa)
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Para otros usos de este término, véase Inca (desambiguación).
Imperio incaico
Tawantinsuyu
Imperio precolombino
1438-1533
Estandarte Inca
Máxima extensión del imperio al finalizar el gobierno del Inca Huayna Cápac
Coordenadas 13°31′00″S 71°58′00″O
Capital Cuzco (1438–1533)
Entidad Imperio precolombino
Idioma oficial Quechua clásico (post-siglo XV), aimara cuzqueño (pre-siglo XV)
• Otros idiomas Otras lenguas quechuas, lenguas aimaraicas puquina, quingnam,
chacha, cacán, caranqui, pasto, esmeraldeño, tallán, culli, mochica, chipaya, uro,
kunza, cañari, otras lenguas preincaicas
Superficie hist.
• 1527 2 500 000 km²
Población hist.
• 1527 est. 12 000 000[1] hab.
Gentilicio tawantinsuyuruna, incaruna, hatunruna (oficial)
Religión Religión incaica
Período histórico América precolombina
• 1438 Creación del imperio con Pachacútec
• 1438-1527 Tercera expansión incaica
• 1493-1527 Pax Incaica
• 1529-1532 Guerra civil entre Huáscar y Atahualpa
• 1533 Conquista española
Forma de gobierno Monarquía absoluta
(algunos consideran una diarquía)
Inca
• 1438-1478
• 1478
• 1478-1493
• 1493-1525
• 1525-1532
• 1532-1533
Pachacútec
Amaru Inca Yupanqui
Túpac Inca Yupanqui
Huayna Cápac
Huáscar
Atahualpa (no oficial)
Precedido por Sucedido por
Curacazgo del Cuzco ← (1438)
Chanca ← (1438)
Reino colla ← (c. 1450)
Cultura chincha ← (c. 1460)
Reino Chimú ← (1470)
Reinos aimaras ← (1477)
(1532) → Gobernación de Nueva Castilla
(1533) → Gobernación de Nueva Toledo
(1533) → Estado neoincaico
[editar datos en Wikidata]
El declive del imperio comenzó tras la muerte de Huayna Cápac, cuando se desató una
guerra civil entre sus hijos: Huáscar, proclamado soberano en Cusco, y Atahualpa,
comandante del ejército del norte. Simultáneamente, la llegada de enfermedades
traídas por los europeos, como la viruela, diezmó severamente a la población y
causó crisis de producción agrícola. En 1532, Atahualpa logró capturar a Huáscar,
tras imponerse en la contienda, pero poco después fue apresado y ejecutado por los
conquistadores españoles liderados por Francisco Pizarro. En 1533, los españoles
coronaron a Túpac Hualpa como inca bajo su tutela, marcando el fin del
Tahuantinsuyo como Estado soberano.
El sapa inca, considerado el «hijo del Sol» (Intip churin), era la máxima autoridad
del imperio. Aunque los incas promovieron el culto al Sol o Inti, muchas formas
locales de adoración, como el culto a la Pachamama, persistieron en el
Tahuantinsuyo, especialmente a través de la veneración de las huacas (wakʼa)
locales.
Sistema económico
La economía inca es un tema de debate académico. Darrell E. La Lone, en su obra The
Inca as a Nonmarket Economy, señaló que los estudiosos lo han descrito como
«feudal, esclavista, socialista» así como "un sistema basado en la reciprocidad y
la redistribución; un sistema con mercados". y el comercio; o un modo de producción
asiático".[6]
Historia
La primera imagen del inca en Europa, que se encuentra enCrónica del Perú (1553),
por Pedro Cieza de León.
Sapa inkakuna, cuadro cuzqueño del siglo xvii con los linajes incas mentados por
las crónicas coloniales y su relación con las reinas reales del Cuzco, que esconden
tras de sí una compleja representación de la organización social incaica.
Véase también: Inca#Etimología
Fuentes históricas
Las crónicas europeas sobre el imperio incaico
Los primeros vestigios escritos sobre el imperio incaico lo constituyen las
crónicas registradas por varios autores europeos (posteriormente existieron
cronistas mestizos e indígenas que también recopilaron la historia de los incas);
estos autores recopilaron la «historia incaica» basándose en relatos recogidos por
todo el imperio.[8] Los primeros cronistas tuvieron que enfrentar varias
dificultades para poder traducir la historia incaica ya que, además de existir una
barrera idiomática, se enfrentaron al problema de interpretar una manera de ver el
mundo totalmente distinta a la que estaban acostumbrados.[8] Esto condujo a que
existan varias contradicciones entre los textos coloniales y un ejemplo de ello lo
representan las cronologías sobre los gobernantes incas; así, en muchas crónicas se
atribuyen las mismas hazañas, hechos y episodios a distintos gobernantes.[8]
Sobre las crónicas del Imperio incaico, es importante acotar que sus diversos
autores tuvieron ciertos intereses al escribirlas. En el caso de los cronistas
españoles, su interés fue «legitimar la conquista a través de la historia». Para
lograr dicho objetivo, en muchas crónicas se señala que los incas conquistaron
usando enteramente la violencia y por lo tanto no tenían derechos sobre los
territorios conquistados. En otro caso los cronistas ligados a la Iglesia católica
buscaron legitimar la evangelización describiendo a la religión incaica como obra
del demonio, a los incas como hijos de Noé y tratando de identificar a las deidades
incaicas con las creencias bíblicas o el folklore europeo.[8] Igualmente existieron
otros cronistas mestizos e indígenas que también tuvieron un interés de ensalzar el
imperio o alguna de las panacas con las cuales se emparentaban, como el caso del
Inca Garcilaso de la Vega, en su obra Comentarios reales de los incas quien
mostraba un imperio incaico idealizado donde no existía la pobreza, se repartía la
riqueza y los recursos se explotaban racionalmente.[9]
Otro recurso utilizado para registrar la historia fueron unos mantos y tablas que
contenían pinturas representando pasajes heroicos. Estos documentos fueron
guardados en un lugar denominado Poquen Cancha. Se sabe que el virrey Francisco de
Toledo envió al rey Felipe II cuatro paños que ilustraban la vida de los incas
añadiendo con sus propias palabras que «los yndios pintores no tenían la curiosidad
de los de allá».[8]
Además, algunos hechos pasados fueron almacenados en los quipus, aunque no se sabe
cómo pudieron utilizar estos sistemas de cordeles y nudos para almacenar hechos
históricos existen varias crónicas que describen que los quipus servían para evocar
las hazañas de los gobernantes.[8]
La reinvención de tradiciones
Luego del encuentro de la cultura hispana y la andina, se estableció la escritura
como medio de transmisión y registro de información; además se inició un proceso de
mestizaje y sincretismo que dieron lugar a la recreación de tradiciones y la
invención de otras.[8]
El aporte para esta recreación e invención de tradiciones fue tanto hispano como
andino; esto se evidencia en las crónicas del siglo XVI en donde se describen
personajes como el caso de Tunupa y Huiracocha con los apóstoles Tomás y Bartolomé,
describiéndolos como hombres blancos y barbados que impartieron enseñanzas.
Igualmente el imaginario europeo buscó, e incluso creyeron encontrar, «el dorado» y
el «país de las amazonas» en el nuevo mundo. En otros casos, afirmaban que el Cuzco
tenía el perfil de un león americano (puma), poniendo similitudes con algunas
ciudades del renacimiento europeo que tenían perfil aleonado.[8] Más recientemente,
en el siglo XX, aparecen otros elementos de esta reinvención de tradiciones, como
son los casos de la bandera del imperio incaico y la ceremonia cuzqueña del Inti
Raymi.[10] Cabe indicar que todas estas reinvenciones, son parte de un proceso
natural en todas las culturas, pero para entender la historia incaica es necesario
diferenciar cuáles son los aspectos sincréticos o inventados y cuáles no lo son.[8]
Manco Cápac y Mama Ocllo. Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en su Nueva crónica
y buen gobierno (1615).
Existen dos mitos difundidos sobre el origen de la etnia cuzqueña. El más difundido
es la versión garcilasiana de la pareja Manco Cápac y Mama Ocllo; el otro es el
mito de los cuatro hermanos Ayar y sus cuatro hermanas, este último mito es
recogido por Betanzos, Waldemar Espinoza, Cieza de León, Guamán Poma de Ayala,
Santa Cruz Pachacuti y Sarmiento de Gamboa.[9]
La otra explicación no legendaria, sino histórica, y por tanto más acorde con la
realidad, fue propuesta por Waldemar Espinoza, quien argumentaba de la siguiente
manera: «en las postrimerías de la mencionada centuria (siglo XII), el estado de
habla puquina, denominado más comúnmente Tiahuanaco, fue asaltado e invadido por
inmensas oleadas humanas procedentes del sur (deTucumán, Coquimbo) en forma tan
repentina e impetuosa que no le dejaron tiempo para armar resistencia. Tales
invasores, a todas luces, no eran otros que los aymaras».[cita requerida] Esta
versión nos deja claro que los fundadores de la sociedad incaica procedían del sur
y huían de la arremetida aimara.
Estos cuatros hermanos iban acompañados por sus hermanas Mama Ocllo, Mama Raua,
Mama Ipacura o Mama Cura, y finalmente Mama Huaco.[9]
Los 8 hermanos iban junto a sus ayllus buscando donde asentarse recorriendo de sur
a norte, en su camino realizaban labores agrícolas y cuando cosechaban se retiraban
buscando otro lugar. Primero hicieron su paso por Guaynacancha, ahí Mama Ocllo
quedó embarazada de Ayar Manco. Luego avanzaron a Tamboquiro, en donde nació Sinchi
Roca. Posteriormente llegaron a Pallata y de ahí a Haysquisrro, estos viajes
duraron varios años.[9]
En Haysquisrro conspiraron contra Ayar Cachi; temerosos del poder que ostentaba,
pues podía derribar cerros y formar quebradas con el tiro de su honda, le pidieron
que regresara Tambotoco a recoger el topacusi (vasos de oro), el napa (insignia) y
unas semillas, una vez adentro un enviado llamado Tambochacay lo encerró dentro de
la cueva.[9]
El viaje continuó hasta Matagua realizando por primera vez el huarachicuy, luego de
eso horadaron las orejas de Sinchi Roca. Luego de esto Mama Huaco, probó suerte y
lanzó dos varas de oro, una cayó en Colcabamba pero no logró penetrar el suelo; la
otra cayó en Guaynapata hundiéndose suavemente. Sobre este acontecimiento, otros
autores atribuyen a Ayar Manco el lanzamiento de la vara de oro, pero todas
coinciden que fue en Guaynapata donde se hundió el bastón fundacional.[9]
Después de eso hubo varios intentos de llegar al lugar donde se hundió la vara,
pues eran repelidos por los naturales, hasta que Ayar Manco tomó la decisión de
enviar a Ayar Auca para que se adelantara con su aillu y poblase esa tierra. El
llegar a ese lugar Ayar Auca se convirtió en piedra, en el sitio que posteriormente
sería el Coricancha. Luego de varios enfrentamientos con la población local, Ayar
Manco y Ayar Uchu llegaron hasta el lugar y tomaron posesión de este, desde ese
momento Ayar Manco pasa a llamarse Manco Cápac.[9]
Si bien ambos mitos narran un éxodo poblacional buscando tierras fértiles, solo el
mito de los hermanos Ayar narra la petrificación de personajes y este último relato
es muy recurrente en otras etnias del área central andina.[9]
Sobre la ubicación de las cuevas, Bingham en 1912 comisionó a George Eaton para
ubicar las ventanas de Tambotoco, teniendo en cuenta que todavía existe el poblado
de Pacarictambo pero la búsqueda de Eaton no encontró las cuevas. Luego en 1945,
Jorge Muelle, Luis Llanos y César Lobón recorrieron Mollebamba buscando el sitio de
Guaynacancha (en el distrito de Pacarictambo), ahí asoció un grupo de cavernas
cerca del peñón de Puma Orqo con las cuevas de Tambotoco. Posteriormente Gary Urton
aportó investigaciones sobre el poblado de Pacarictambo, afirmando que fue
trasladado en tiempos de la colonia y que era muy posible que su ubicación original
hubiese sido cercano a las ruinas de Maukallajta, cercana al sitio encontrado por
Muelle, Llanos y Lobón en 1945.[9]
En general, el relato de los hermanos Ayar nos muestra a un hombre guerrero (Ayar
Auca) y a una mujer guerrera (Mama Huaco), dando una visión distinta a la de
Garcilaso, en donde el rol femenino está dedicado al tejido, la cocina y el cuidado
de los infantes; este mito narra un hecho ocurrido durante una de las tantas
batallas para posesionarse del Cuzco, en la que Mama Huaco hiere a un hombre luego
le abre el pecho y sopla sus «bofes» haciendo que la gente de Acamama huyera
temerosa.[9]
Origen (histórico)
Artículo principal: Origen de la etnia incaica
Gobierno de Manco Cápac
Artículo principal: Manco Cápac
Una visión etnohistórica más general de este período describe que los incas
llegaron al Cuzco alrededor del [[siglo XIII]] d. C. y, en el siglo siguiente,
lograron imponerse a las poblaciones más cercanas al valle cuzqueño. Desde su
llegada al Cuzco, los incas se habrían mezclado con algunos de los pueblos que
habitaban el lugar y expulsado a otros. Habrían organizado su predominio al hacer
alianzas con distintos curacas estableciendo relaciones de parentesco y al
enfrentarse en guerras. A estas prácticas, que continuaron, se sumaron otras como
el acopio de excedentes y mano de obra y la práctica de la redistribución. Para
entender esta situación habría que considerar, además, que el prestigio religioso
que acompañó a los incas fue la piedra angular de la eficacia de todos los
mecanismos de expansión que emplearon en esta época.
Gobierno de Pachacútec
Artículo principal: Pachacútec
Huayna Cápac nombró heredero a Ninan Cuyuchi[14] (hijo de la coya Mama Cusi
Rimay[cita requerida]), pero el sacerdote del Sol hizo un sacrificio en el que vio
que la suerte no le favorecería a Ninan Cuyuchi. Por ese motivo, cuando Huayna
Cápac falleció en Quito, fue llevado en andas hasta el Cuzco manteniendo en secreto
la muerte de este, para mantener el orden político. En ese contexto, Raura Ocllo,
madre de Huáscar quien se encontraba en Quito junto a Huayna Cápac, viaja
rápidamente al Cuzco acompañada de unos cuantos orejones para preparar la
entronización de Huáscar. Según María Rostworowski, fue Raura Ocllo quien convenció
a las panacas cuzqueñas para nombrar como sucesor a Huáscar; mientras que Atahualpa
se quedó en Quito junto con otros nobles.[15]
Por su parte, Atahualpa era hijo de Tocto Coca (mujer que pertenecía a la panaca de
Hatun Ayllu); y al morir su padre ordenó edificar en la localidad de Tomebamba un
palacio en su honor. Este hecho enojó al curaca de Tomebamba llamado Ullco Colla,
quien envió mensajes a Huáscar acusando a Atahualpa de sublevación; además
Atahualpa se quedó en el norte acompañado de varios generales importantes leales a
Huayna Cápac, que tenían un aprecio especial por Atahualpa. Luego de este hecho,
Atahualpa envió presentes a su hermano Huáscar, pero este último ordenó hacer
tambores con los cueros de los mensajeros. Según Rostworowski, Atahualpa fue
incitado a rebelarse por los generales de su padre, con quienes había participado
en varias batallas contra los nativos del norte.[15]
Gobierno de Huáscar
Artículo principal: Huáscar
Huáscar no estuvo de acuerdo con el testamento de Huayna Cápac, ya que se creía con
derecho de heredar todo el imperio incaico según las leyes, costumbres y
tradiciones incaicas. Huáscar se enfrentó en 1531 después de muchos años de paz a
su medio hermano Atahualpa, quien también se consideraba legítimo heredero del
trono en la región de Quito. Muy pronto importantes regiones del imperio fueron
sacudidas por sangrientas batallas entre tropas cuzqueñas y quiteñas, que
terminaron con la victoria final de los últimos. Huáscar fue tomado prisionero y
muerto posteriormente por orden de Atahualpa.
La caída
Artículo principal: Conquista del Imperio incaico
Las tropas de Quizquiz se enfrentaron al ejército combinado de Manco Inca y
Francisco Pizarro. Pintura de Juan Bravo para la municipalidad del Cuzco.
Al momento de la llegada de los conquistadores españoles, los Andes se encontraban
en una fase decisiva de la guerra civil inca. Los atahualpistas habían arrollado
con las fuerzas cuzqueñas hasta capturar la propia capital. Durante su avance,
habían cometido numerosas atrocidades contra las etnias y ciudades que habían
apoyado al Cuzco de Huáscar; conviene recordar lo perpetrado contra los cañaris en
Tomebamba y que el general atahualpista Chalcuchímac estaba a punto de repetir en
Hatun Xauxa contra los huancas. Este contexto de superioridad generó un clima de
pedantería y soberbia en los ejércitos atahualpistas, particularmente en el propio
Atahualpa.
Muchos de los que habían sufrido las represalias atahualpistas terminaron aliándose
con las fuerzas hispanas; destacando etnias como los huancas, cañaris y los propios
cuzqueños, cuyos remanentes se vieron revitalizados gracias al cambio de tornas en
la situación militar. Los españoles, a fin de ganarse el favor generalizado de los
Andes, nombraron una serie de nuevos incas según los procedimientos oficiales del
Cuzco. Todos estos factores combinados explican cómo los españoles consiguieron
tomar pacíficamente enormes porciones de territorio sin apenas conflictos armados.
Inclusive usaban a su favor narrativas propagandísticas para deslegitimar fuerzas
contrarias que verdaderamente suponían una amenaza, como los remanentes
atahualpistas (que resistieron hasta 1535) y los rebeldes de Vilcabamba (que
resistieron hasta 1572).
Incas coloniales
Desde la llegada de los españoles, en su marcha hacia el Cuzco.
Túpac Hualpa (1533) dos meses, septiembre y octubre. Inca coronado por los
españoles, muere antes de llegar a la Ciudad Imperial en el Valle del Mantaro.
Manco Inca (1533-1545), Inca coronado por los españoles (1533) rebelado contra
ellos (1536) abandona el Cuzco, trasladando su capital primero a Ollantaytambo y
luego a Vilcabamba.
Paullu Inca (1537-1549), Inca coronado por los españoles durante el gobierno de
Manco Inca (1537), que además reinó cuatro años después de la muerte de este,
durante el gobierno de Sayri Túpac.
Luego de la muerte de Paullu Inca, Carlos Inca se convirtió en la máxima figura de
autoridad inca en un marco de inestabilidad e incertidumbre legal entre la nobleza
cusqueña. Finalmente, en 1595, de forma formal se instituyó al Consejo de los 24
nobles electores Incas del Cusco como sucesores del antiguo gobierno incaico,
especialmente a través de cargos como el Alférez Real de los Incas o el Alcalde
Mayor de los Cuatro Suyos, manteniendo rivalidad con la nobleza inca de Quito y los
descendientes de la nobleza de Vilcabamba. Entre los incas cusqueños, el Marquesado
de Santiago de Oropesa se convirtió en un título altamente estimado.
Siglo XVII
Gran Conspiración de los Indios de Lima: tramada por Gabriel Manco Cápac y Diego
Lobo entre 1666-1667
Siglo XVIII
Conspiración del Cusco: tramada por Gabriel Aguilar y Manuel Ubalde en 1805
Reino Unido del Río de la Plata, Perú y Chile: monarquía constitucional propuesta
por Manuel Belgrano mediante el Plan del Inca en 1816
Rebelión de Túpac Amaru III: sublevación en Huancané entre 1866-1868
Estados Unidos Perú-Bolivianos: república federal propuesta por los presidentes
Nicolás de Piérola en Perú y Narciso Campero en Bolivia, en el marco de la Guerra
del Pacífico, en 1880
Rebelión de Karl Lamp: sublevación en Paucartambo en 1883
Siglo XX
Límites del Imperio incaico: por el norte llegaba hasta las cercanías de Pasto
(Colombia), en el río Ancasmayo y por el sur hasta Talca (Chile), en el río Maule.
Fue la región andina, debido a la presencia de la cordillera de los Andes, se
caracteriza por la diversidad de su ecología: costas desérticas, parajes
tropicales, altiplanos secos y fríos que a simple vista parecen uno de los
ambientes menos propicios para la vida del hombre. Sin embargo, los hombres que la
habitaron han demostrado a lo largo de muchos siglos, ser capaces no solo de
sobrevivir en tales circunstancias, sino también de dominar el medio geográfico y
de crear una serie de civilizaciones florecientes. La más famosa de ellas fue el
imperio incaico, que ocupó un vasto territorio de América del Sur, que comprende
los actuales o partes de los territorios de las Repúblicas de Perú, Ecuador,
occidente de Bolivia, norte de Chile, extremo sur-occidental de Colombia y el
noroeste de Argentina.
Distribución del imperio incaico dentro de los actuales países de Sudamérica
Los incas en Argentina
Artículo principal: Incas en Argentina
Los incas construyeron caminos (el camino del inca), centros agrícolas y de
producción de tejidos, asentamientos (collcas y tambos), fortalezas (pucarás) y
numerosos santuarios en lo alto de las montañas en donde realizaban sacrificios
humanos especialmente de jovencitas y de niños tal como lo demuestran las momias de
Llullaillaco, utilizando también construcciones preexistentes.
Huamahuaca, con probable cabecera en Tilcara, llegando por el norte hasta Talina,
actualmente en el Sur de Bolivia. Habitada por mitimaes chichas.
Chicoana o Sikuani, habitada por los pulares, se extendía por el piso de puna de
Atacama y la parte septentrional de los valles Calchaquíes hasta cerca de Seclantás
y abarcaba probablemente desde las Salinas Grandes de Jujuy hasta el sur de La Paya
en Salta, donde estaba su capital la antigua Chicoana.
Quire-Quire o Kiri-Kiri, que comprendía el resto de los valles Calchaquíes
comenzando en Pompona (hoy La Angostura), todo el valle de Santa María y los valles
de Andalgalá, Hualfín y Abaucán. Habitada calchaquíes y yocaviles y por un gran
número de mitimáes, tenía dos asientos principales en Shincal y en Tolombón.
Tucumán o de Tucmua, comprendía los valles orientales y las sierras subandinas.
La provincia más meridional, probablemente se extendía desde La Rioja hasta las
montañas del Cordón de Plata, alcanzando el cerro Tupungato en Mendoza y quizás
formaba parte, con el nombre de Cuyo o Kuyun de la provincia de Chile o Chili.[17]
[18]
Los incas en Bolivia
En el territorio de Bolivia, luego de que en torno al 1100 a. C. Tiahuanaco
desapareció, se produjo una lucha entre los diferentes grupos que habitaban la
región: aimaras, collas, lupacas y pacajes. Los aimaras establecen un dominio que
abarca Arequipa y Puno en el Perú, La Paz y Oruro, que perduró hasta que, en 1438,
el inca Pachacútec derrotó al último soberano colla, Chunqui Cápac, incorporando la
meseta del Titicaca al imperio incaico, como parte de la provincia del Collasuyo, e
imponiendo el quechua como lengua oficial, aunque el aimara se continuó hablando
regularmente. Además el imperio incaico adoptó los estilos arquitectónicos
tiwanakotas y otros conocimientos. Posteriormente el inca Huayna Cápac mandó
levantar fortalezas en la frontera oriental para detener el avance de los
chiriguanos.
Según una leyenda, los fundadores del imperio incaico, Manco Cápac y Mama Ocllo
nacieron de la espuma del lago Titicaca, entre Perú y Bolivia.
Confrontación entre mapuches (izquierda) y los incas (derecha). Dibujo del cronista
Guamán Poma de Ayala.
En el territorio de Chile, durante el reinado de Túpac Yupanqui, se produjo la
conquista de los diaguitas y aconcaguas de los valles transversales del Norte chico
de Chile y Zona central de Chile por parte de las poblaciones ubicadas en el norte
y centro, quienes habitaban el «valle de Chile» (actual valle del Mapocho), y
algunas comarcas ubicadas al sur de él, fijándose así los límites del Imperio inca
en una zona que los historiadores y la arqueología reciente extienden
convencionalmente en algún lugar entre los ríos Maule y Maipo. De ese modo, ese
territorio quedó dividido en dos wamanis o provincias: el del valle de Elqui
(Coquimbo) en el norte, presidido por Anien, y el Valle del Mapocho (Santiago) en
el sur, encabezado por el primo hermano del inca, 8.º capitán Apu Cama como
gobernador militar y Quilicanta como gobernador imperial.[19]
A mediados del siglo XV la zona fue invadida por las fuerzas del inca Túpac Inca
Yupanqui, quien al mando de un poderoso ejército se encaminó desde el sur para
ampliar sus dominios. Al principio la campaña le resultó relativamente fácil pero
luego debió enfrentar a los bracamoros, el único pueblo que pudo obligar al Inca a
abandonar sus tierras sin poder incorporarlo al imperio.
Cuando el inca empezó a avanzar sobre los cañaris, fue aún más difícil para
ejércitos incaicos, pues estos los rechazaron luchando con bravura, obligándolos a
replegarse hacia tierras de lo que hoy es Saraguro, donde debieron esperar la
llegada de refuerzos para poder iniciar la campaña. Esta vez considerando la
inmensa superioridad de los Incas, los cañaris prefirieron pactar y someterse a las
condiciones impuestas por estos. Después de esto Túpac Yupanqui fundó la ciudad de
Tomebamba, actual ciudad de Cuenca, ciudad donde se discute que pudo haber nacido
Huayna Cápac.
A comienzos del siglo XIII inicia la historia inca desde el Cuzco como capital
teniendo a Manco Cápac como fundador. Los Incas tuvieron desde entonces tres
expansiones, la tercera la mayor pues se desarrolló primero hacia el norte
empezando con el centro-oeste de Perú hasta el sur de Colombia, y después hacia el
sur empezando con el sur de Perú hasta el centro de Chile. En el siglo XV el sapa
inca Pachacútec dividió Tawantinsuyo tomando la capital como punto de referencia en
cuatro suyos: Chinchaysuyo, Contisuyo, Antisuyo y Collasuyo.
En 1525 se inicia una guerra civil entre Huáscar y Atahualpa por la sucesión al
trono, ganando esta disputa Atahualpa, pero quedando el imperio enfrentado e
inestable. En estas circunstancias llegan los españoles quienes en Cajamarca
capturan sorpresivamente a Atahualpa en una entrevista en 1532.
Algunos historiadores consideran la hipótesis de que este relato tiene una base
histórica verdadera y que las islas estarían ubicadas en la Polinesia. Algunos han
considerado que se trata de las islas Marquesas, de Huahine, de la isla de Pascua o
de Mangareva.
Hacia el sureste, el imperio incaico llegó a cruzar la cordillera de los Andes (lo
que en geopolítica moderna se conoce como encabalgarse), llegando un tanto más allá
de lo que ahora se conoce como las ciudades de Salta y Tucumán en Argentina. El
territorio incaico de la actual Argentina, conformó una zona especial que se
denominó Tucma o Tucumán, que abarcaba las actuales provincias de La Rioja,
Catamarca, Tucumán, Salta y Jujuy. También incorporó la región de Cuyo, abarcando
San Juan y parte de Mendoza.
Hacia el sur, existen pruebas de que el Imperio incaico llegó a abarcar hasta el
Desierto de Atacama (actual III Región de Atacama) en dominio efectivo, pero con
avanzadas hasta el río Maule (actual VII Región del Maule de Chile), donde debido a
la resistencia de los purumaucas (o picunches, pertenecientes a la etnia mapuche)
no pudo seguir avanzando.
Hacia el oeste, si bien el Imperio Incaico limitaba con el océano Pacífico, hay
quienes además postulan que los Incas habrían incluso llegado a mantener, a pesar
de las limitaciones navales de la época, una cierta relación comercial con algún
pueblo desconocido de la lejana Polinesia (Oceanía).[22] El tema ha sido estudiado
por José Antonio del Busto en una reciente publicación. Una de las personas que
defendió esta teoría fue el difunto explorador difusionista noruego Thor Heyerdahl.
El sapa inca
Artículo principal: Inca
La mascapaycha era el único símbolo de poder que otorgaba al sapa inca los títulos
de «gobernador del Cuzco» e «inca del Tahuantinsuyo» (este último a partir de
Pachacútec), a modo de corona.
A estos gobernantes, a los que se atribuía un origen divino, se les suele asociar
los títulos de sapa inga y cápac.
Otros historiadores han seguido el linaje y consideran que deben tomarse en cuenta
también a Tarco Huamán y a Inca Urco. El primero sucedió a Mayta Cápac y, después
de un corto período, fue depuesto por Cápac Yupanqui. Inca Urco se ciñó la
mascapaicha por decisión de su padre, Viracocha Inca, pero, ante su evidente
desgobierno y la invasión de los chancas, huyó con él. Luego del triunfo de Inca
Yupanqui, el futuro Pachacútec Inca Yupanqui, también hijo de Viracocha Inca- sobre
el pueblo enemigo, Inca Urco fue muerto en una emboscada que él mismo le tendió a
su hermano. Asimismo, Garcilaso y algunos otros cronistas insertan entre Pachacútec
Yupanqui y Túpac Yupanqui a Amaru Yupanqui, soberano de dudosa existencia.
Ñusta (ñustʼa) es el término que se les daba las princesas en el Imperio Inca. La
ñusta era virgen e hija del sapa inca. También se les denominaba así a las esposas
secundarias del emperador, el equivalente a concubinas.
El derecho hereditario
La historia política incaica, casi siempre, estuvo plagada de enfrentamientos por
el poder hereditario. Esto se debía a la ambigüedad de los criterios para la
elección del nuevo Inca.[14]
El principal criterio para elegir al nuevo inca fue la normativa de elegir al «más
hábil». El nuevo inca podía ser hijo del antiguo inca con la coya o con cualquier
concubina. Los herederos debían ser mayores de edad. El inca podía nombrar a un
sucesor, pero este tenía que ser aceptado por los dioses (a través de un oráculo) y
por las panacas.[14]
El criterio de elegir al «más hábil» como gobernante fue un criterio muy difundido
por todo el territorio, muchas de las macroetnias y etnias elegían como gobernante
al que demostraba mayor capacidad de mando y no eran necesariamente los hijos
propios; esta costumbre fue tan eficaz que el virrey Toledo ordenó: «no hacer
novedades, dejando la sucesión al antiguo derecho y costumbre».[14]
En el caso de los gobernantes incaicos, el más hábil era también el que ganaba más
partidarios en las «panacas», demostrando su capacidad de negociación política.
Esto también llevó a luchas entre las panacas por el poder, que ocasionaron
crímenes por motivos políticos.[14]
En el caso de las «panacas», era importante el estatus social de la madre pues todo
indica que el patrón de convivencia post-matrimonial del Cuzco era exogámico y
matrilineal. Es decir que lo único que diferenciaba a los hijos de un Inca era su
ascendencia materna y era lo que le otorgaba más rango a unos que a otros. En la
red social incaica, una madre con abundante parentela poseía mayor capacidad para
ejercer la «reciprocidad», tan importante en la estructura social incaica.[14]
En general fueron varios aspectos los que primaban ante la elección de un soberano
incaico, pero los criterios eran tan ambiguos que en muchos casos, cuando uno de
los hijos del inca demostraba ser hábil en la política, la administración y la
guerra, se imponía ante sus hermanos. Como ejemplos, Pachacútec se impuso ante Inca
Urco (Inca Urco fue nombrado sucesor por Huiracocha Inca); Inca Roca se entronizó
luego de la muerte de Cápac Yupanqui a manos de su propia esposa llamada Cusi
Chimbo, mujer que luego sería desposada por el mismo Inca Roca; Atahualpa se impuso
ante su hermano Huáscar, en un proceso en el que Atahualpa fue ganando batallas y
aliados políticos demostrando su habilidad como gobernante. En general, la muerte
de un Inca, casi siempre traía consigo un periodo coyuntural de inestabilidad
política en la que uno de los hijos tenía que demostrar su habilidad para
entronizarse en el poder.[14]
Consejo imperial
Artículo principal: Tahuantinsuyo Camachic
El máximo organismo dedicado a la asesoría del soberano incaico. Integrado por
dieciocho personas:
El guión o estandarte real era una banderilla cuadrada y pequeña, de diez o doce
palmos de ruedo, hecha de lienzo de algodón o de lana, iba puesta en el remate de
una asta larga, tendida y tiesa, sin que ondease al aire, y en ella pintaba cada
rey sus armas y divisas, porque cada uno las escogía diferentes, aunque los
generales de los Incas eran el arco celeste y dos culebras tendidas a lo largo
paralelas con la borda que le servía de corona, a las cuales solía añadir por
divisa y blasón cada rey las que le parecía, como un león, un águila y otras
figuras. Tenía por borla el dicho estandarte ciertas plumas coloradas y largas
puestas a trechos.
Bernabé Cobo, Historia del Nuevo Mundo (1609)
Otras investigaciones señalan incluso que esta bandera fue creada recién en 1973
para conmemorar el aniversario de una emisora radial de la ciudad del Cuzco llamada
Radio Tahuantinsuyo, y que de allí se habría extendido su uso hasta que la
Municipalidad Provincial del Cuzco la adoptó oficialmente como emblema de la ciudad
en 1978.[41] En esta misma línea se pronuncia el propio Congreso de la República
del Perú, cuando señala que los orígenes de esta falsa bandera del imperio incaico
se remontan recién a las primeras décadas del siglo XX cuando algunos autores,
especialmente indigenistas, la mencionan y describen como supuesto emblema del
imperio de los incas. Al haberla asumido Radio Tahuantinsuyo como emblema de la
radioemisora, la confusión se extendió y el error se difundió masivamente.[42]
El aillu fue la base y el núcleo de la organización social del imperio. Los aillus
creían que descendían de un antepasado común, por lo cual los unían lazos de
parentesco. Este antepasado podía ser mítico o real; y en todos los casos, los
aillus, conservaban un «mallqui» (momia) al cual rendían culto y por medio del cual
daban sentido a sus relaciones.[43] Además del mallqui, los miembros de un aillu
tenían divinidades tutelares comunes y tributaban a la tierra de forma común.[43]
Un aillu poseía ganado, tierras y agua al que todos sus miembros tenían derecho
siempre y cuando cumplieran obligaciones establecidas entre los miembros. Cada
aillu manejaba el tamaño de sus «tupus» (unidad de medida de la tierra), cada
«tupu» entregado debía ser trabajado para no perder el derecho sobre la tierra. En
la actividad agrícola los miembros del aillu se ayudaban mutuamente; el hecho de
pertenecer al aillu les daba derecho a recibir ayuda en el caso de que su propia
familia nuclear no fuera suficiente; esta ayuda generalmente se daba en tiempo de
cosecha, siembra o en la construcción de las viviendas de los recién casados; en
estos casos entraba en juego el «principio de reciprocidad» que obligaba a devolver
la ayuda prestada.[43]
En el caso del curaca (jefe del aillu), podía pedir ayuda para pastar su ganado o
trabajar la tierra. Este estaba obligado a brindar comida y chicha a los que lo
ayudasen pero no estaba obligado a devolver la ayuda, por lo cual existía una
reciprocidad asimétrica con este.[43]
En el caso de las tierras comunales, todos los miembros del ayllu la trabajaban
organizados por el curaca y el llacta camayoc. La producción de las tierras
comunales era almacenada y redistribuida entre los miembros del aillu que lo
necesitasen.[43]
John Murra señala que un buen ejemplo de esto fueron los reinos aimaras, tanto
Collas, Lupacas y Pacajes lograron controlar territorios discontinuos en la costa a
manera de enclaves. En lugares con distancias considerables se construyeron
viviendas que albergaban a los miembros del aillu, los miembros del aillu se
turnaban para trabajar estas tierras alejadas.[43]
Si bien en las zonas de altura del imperio incaico la característica general de los
aillus fue agrícola, existieron aillus agrícolas y ganaderos a la vez y otros que
solo eran ganaderos. Los aillus eminentemente ganaderos se ubicaban en
Chinchaycocha y el Collao; estos aillus se dedicaban a la crianza de llamas y
alpacas de las cuales se obtenía fibra; carne fresca o carne seca a la que se le
denominaba «charqui»; pellejos para la elaboración de «ojotas», correas, bolsas y
sogas; huesos para fabricar agujas, instrumentos musicales u otros; y «taquia»
(excremento) para combustible. En la costa, los aillus tenían poblaciones
especializadas en agricultura, intercambio, pesca y artesanía.[43]
La dualidad
El principio básico organizativo de la sociedad incaica fue la dualidad, esta
dualidad se basaba en relaciones de parentesco. Los aillus comprendían dos
parcialidades que podían ser «Hanan o Hurin», «Alaasa o Massaa», «Uma o Urco»,
«Allauca o Ichoc»; según Franklin Pease estas palabras se entendían como «alto o
bajo», «derecha o izquierda», «masculino o femenino», «dentro o fuera», «cerca o
lejos» y «delante o detrás».[43]
Los cronistas españoles describieron a los curacas en parejas pero sin especificar
la dualidad debido a que esta forma de organización era desconocida en Europa. En
1593 se describieron curacazgos divididos en dos mitades, en los cuales cada mitad
tenía un curaca al frente; esta situación se describió de los curacazgos de Acarí,
Lima y los curacazgos Lupacas del Collao y Tarata.[43]
Las funciones que cumplían cada parte son poco claras. Las crónicas no describen
las funciones específicas que cumplían los jefes étnicos de cada mitad. Lo que sí
se describe es que uno de los jefes estaba subordinado al otro; Rostworowski
describe que en el caso del Cuzco la mitad de arriba era más importante pero en el
caso de Ica la mitad de abajo lo fue.[43]
Si bien el sapa inca, la coya (su esposa), el auqui (heredero del inca) y sus hijos
(primeras generaciones de cada panaca) conformaban la familia real o realeza del
imperio, existía un número importante de personas que se les consideraba nobles,
sean de sangre o de privilegios. Entre los nobles de sangre estaban los restantes
miembros y descendientes de las panacas y dentro de los nobles de privilegio
estaban aquellas personas que destacaron por sus servicios. Una de sus
características que diferenciaba a la nobleza inca del pueblo era el enorme tamaño
de sus orejas, causado por el uso de aros expansores.
Con la caída del imperio, se perdieron todas las prerrogativas nobiliarias incaicas
existentes sin embargo, algunos nobles hicieron esfuerzos para que estas fueran
reconocidas por la Corona española, como Cristóbal Pariacallán Tuquiguaraca, a
quien se le concedió escudo de armas y privilegios, también Felipe Guamán Poma de
Ayala o Inca Garcilaso de la Vega hicieron gestiones en el sentido de que se
reconocieran sus distinciones de clase.
Las panacas
Estas panacas reales formaban la élite cuzqueña. Tuvieron un rol en la política del
incanato y sus alianzas y enemistades fueron cruciales para la historia de la
capital inca. Se dice que hubo otras panacas, que tuvieron un papel importante en
épocas anteriores. Una nota curiosa acerca de las panacas, es que si se le añaden
las panacas tradicionales, se obtiene un total de ocho panacas por cada dinastía,
el cual es un número frecuente en la organización andina de los aillus por ser un
múltiplo de la dualidad y de la cuadriplicación.
Hurin Cuzco
Panaca Inca
Chima Panaca Manco Cápac
Raura panaca Sinchi Roca
Awayni panaca Lloque Yupanqui
Usca Mayta panaca Mayta Cápac
Apu Mayta Cápac panaca Cápac Yupanqui
Hanan Cuzco
Panaca Inca
Wikak'iraw panaca Inca Roca
Awkaylli panaca Yáhuar Huácac
Suqsu panaca Viracocha Inca
Hatun Ayllu Pachacútec
Cápac ayllu Túpac Yupanqui
Tumipampa panaca Huayna Cápac
Hatun Runa
Véase también: Hatunruna
Hasta antes de casarse, los padres eran los que designaban el trabajo a sus hijos.
Posterior al matrimonio el hombre adquiría responsabilidades con el estado. A
partir del matrimonio los «Hatun runa» debían prestaciones al estado para toda su
vida. Pero antes de eso los niños iban teniendo obligaciones menores que iban
incrementando en responsabilidad con la edad. Existieron adolescentes a los cuales
se les encargaba la tarea del acarreo de cargas para el estado y el ejército; a los
adultos mayores se les encargaban tareas auxiliares en las que se requería mayor
criterio.[43]
Según crónicas de Pedro Pizarro, los jorobados habrían sido utilizados como bufones
de la corte y las mujeres acompañaban a sus hombres en la prestación de servicios,
tanto para la guerra como para las labores agrícolas.[43]
Los mitimaes (mitma)
Véase también: Mitimaes
Yanaconas
Véase también: Yanaconas
Los yanaconas (yanakuna) son un grupo poblacional difícil de definir en tanto que
eran poblaciones extraídas de su grupo étnico para labores específicas pero que en
algunos casos tuvieron funciones gubernamentales importantes llegando, en algunos
casos, a ser curacas y a tener inclusive «acllas» otorgadas por el inca.[43]
Básicamente los yanakuna fueron población escogida por sus habilidades para prestar
un servicio especial, se documentan grupos yanakuna llevados desde Chan Chan al
Cuzco para sus servicios metalúrgicos, así como grupos Cañaris trasladados al valle
de Yucay para el cultivo del maíz. En el caso de la producción maicera de los
cañaris de Yucay, sirvió para la alimentación directa de las panacas cuzqueñas.[43]
La población yanaconas también era entregada por el inca a otros curacas para
servicios especiales, en este caso hacían lo que ordenaba la persona a las que
estaban a cargo. Los yanaconas estaban repartidos en casi todo el imperio, se
documentan «yanas» al cuidado de las momias de los soberanos incaicos; asimismo el
Sol y las huacas tenían yanaconas a su servicio (Cieza de León describe a los yanas
al cuidado de las huacas de Huanacaure y Huarochirí).
Los primeros europeos identificaron a los yanaconas como poblaciones sin derechos,
comparándolos con la concepción de esclavos que existía en la Europa de aquellos
años. Sin embargo existe información que descarta esta posibilidad que fue
publicada por J. Murra; esta información señala que los yanaconas tenían derecho a
recibir tierras para su sustento. Investigaciones de W. Espinoza señalan que el
estatus de yanaconas era algo común antes del imperio y su número fue aumentando a
medida que el territorio se extendía.
Piñas
Algunos estudiosos los identifican como esclavos, y a pesar de no aparecer en las
crónicas se sabe de ellos pues estaban descritos en los diccionarios quechuas.
Según investigaciones de Rostworowski, estos diccionarios se menciona que los pinas
fueron prisioneros de guerra y ocupaban un nivel inferior en la escala incaica.
Según W. Espinoza, señala que la institucionalización de los piñas es tardía y
quien la institucionalizó fue Huayna Capac; a partir de este periodo todo aquel
prisionero de guerra que no admitía su derrota pasaba a formar parte de los piñas.
Así sucedió con algunos grupos de pastos, carangues, cayambes, quitos, cañaris y
chachas.[43]
La situación de los piñas fue extensiva para sus parejas e hijos, quedando como
propiedad del estado incaico, enviándolos a trabajar en zonas de difícil acceso,
generalmente en cocales de la selva de montaña; existen evidencias de que el estado
también les proporcionaba tierras para su propia subsistencia.[43]
Si bien las crónicas mencionan que la riqueza de los incas se basó en la entrega de
tributos, las investigaciones recientes muestran que esto no fue así; más bien el
éxito del imperio se logró en una correcta administración de la mano de obra, Pease
afirma que esto logró que el estado tenga la producción necesaria para la
redistribución.[43]
El trabajo para la producción redistributiva era rotativo (mita) y era entregada
periódicamente por los ayllus del imperio incaico. Este sistema no fue creación
incaica pues estaba basado en las formas tradicionales de administración, los Incas
llevaron este sistema a su máxima expresión almacenando producción y
redistribuyéndola conforme a las necesidades e intereses estatales.[43]
La base de la economía fue la agricultura; las tierras eran comunales. Cada familia
tenía sus tierras para cultivarlas y alimentarse. Las familias más numerosas,
recibían mayor cantidad de tierras.
La forma de trabajo de las tierras era la minka, es decir, «se ayudaban en tareas
agrícolas en forma comunitaria». El Portal Fuenterrebollo nos dice que «[…] bien
cuando un individuo tenía tanto trabajo que no podía con él, o en caso de
huérfanos, enfermos y viudas». «Cuando no se podía cultivar ciertas especies
necesarias (las papas, por ejemplo), parte de la comunidad se asentaba en otras
zonas. Esta forma de obtener recursos se conocía como "complementariedad
ecológica"».
Los incas no solo cultivaron los terrenos planos o semi inclinados, usaron un
sistema ingenioso para cultivar las laderas de los cerros, esta técnica consistía
en formar terrazas, denominadas andenes, que rellenaban con tierra vegetal que era
contenida con muros de piedra. Además de la lana que les proporcionaban los
auquénidos, sembraron, cosecharon y usaron el algodón para la confección de su
vestimenta. En las tierras correspondientes a la selva alta, sembraron y cosechaban
la «hoja sagrada»: la coca.
Pescaban diversas especies de peces y cazaban aves silvestres. Para mantener tal
cantidad de tierras sembradas, los incas fueron grandes ingenieros hidráulicos:
mucho de los canales de regadía de la sierra aún hoy, funcionan perfectamente e
irrigan las nuevas tierras de cultivo.
La tenencia de la tierra
La tenencia de la tierra era un derecho que los pobladores tenían por pertenecer a
un determinado grupo étnico. Los curacas repartían la tierra de acuerdo a las
necesidades de los individuos y sus familias. La unidad de medida era el tupu, pero
las dimensiones del tupu podían variar de acuerdo al rendimiento de la tierra. De
acuerdo a esto una unidad doméstica recibía 1 1/2 tupu, al nacer un hijo varón se
les asignaba un tupu adicional y si nacía una mujer se les asignaba 1/2 tupu
adicional; si los hijos se casaban, los tupus adicionales se les retiraba a la
familia.[43]
Algunos cronistas indican que el reparto de las tierras era anual, Guamán Poma
señala que ese reparto se realizaba después de la cosecha en el octavo mes del
calendario incaico y que esa actividad recibía el nombre de «chacraconacuy» (esto
correspondía a los meses de julio y agosto). John Murra señala que esta ceremonia
anual era una ceremonia de reafirmación de las tierras y que existía una
continuidad en la tenencia de la tierra por parte de cada familia. La ceremonia del
chacraconacuy (chakrakunakuy) contemplaba la fertilización de la tierra, la
limpieza y reparación de canales y acequias así como sacrificios a la Pachamama.
[43]
En las crónicas se señala que luego de una conquista la tierra y el ganado eran
declarados «propiedad del estado» y que luego eran cedidos a las poblaciones
conquistadas. En realidad la tenencia de la tierra luego de una conquista era
condicionada por la riqueza y los recursos que existían en ese territorio. Por lo
general, a los productores de tubérculos se les dejaba continuar con la posesión de
sus tierras; en cambio a los grupos productores de maíz y coca, era común que se
les expropiara sus tierras para dedicarlas al estado o a los cultos, teniendo en
cuenta que esta producción era especialmente importante para la religión incaica.
[43]
Existió una marcada diferenciación entre las tierras del estado y las destinadas al
culto, estas eran administradas independientemente y sus cosechas eran almacenadas
por separado. Inti, Mama Quilla, Chuquiylla, Pachamama tenían tierras asignadas a
su culto, así como también los santuarios de los antepasados míticos como
Huanacaure; además el estado, en muchos casos, asignó tierras a las deidades de las
etnias conquistadas. La mano de obra para el trabajo de las tierras estatales y de
culto se obtuvo de la mita.[43]
Los mercaderes
En las crónicas españolas se menciona la existencia de mercaderes, estos mercaderes
básicamente eran habitantes de las costas que se dedicaban al intercambio de
productos. Al respecto María Rostworowski aclara que el contexto utilizado para la
palabra «mercader» en la época del imperio incaico debe entenderse en el entorno de
una economía ajena al uso de la moneda en la cual solo existía el «trueque»
(intercambio).[43]
Los norteños tuvieron dos niveles, un primer nivel que se encargaba de desecar
pescado para luego trasladarlo hacia la sierra colindante e intercambiarlos; el
otro nivel correspondía a los pobladores que no poseían ningún tipo de tierra y que
solo se dedicaban al intercambio de ropa de lana, chaquira, algodón, frijoles,
pescado, sal y otras cosas. A estos especialistas en el intercambio se les llamó
«mindalaes» y comerciaron en el actual Ecuador.[43]
Agricultura
Artículo principal: Agricultura incaica
Al ser los Andes una sociedad predominantemente agrícola, los incas supieron
aprovechar al máximo el suelo, venciendo las adversidades que les ofrecía el
accidentado terreno andino y las inclemencias del clima. La adaptación de técnicas
agrícolas que ya se empleaban con anterioridad en distintas partes, permitió a los
incas organizar la producción de diversos productos, tanto de la costa, sierra y
selva, para poder redistribuirlos a pueblos que no tenían acceso a otras regiones.
Los logros tecnológicos, alcanzados a nivel agrícola, no hubieran sido posibles sin
la fuerza de trabajo que se encontraba a disposición del Inca, así como la red vial
que permitía almacenar adecuadamente los recursos ya cosechados y repartirlos por
todo su territorio. También se hacían cultivos en terraza.
Herramientas agrícolas
Los antiguos peruanos del Cuzco para realizar sus labores agrícolas utilizaron,
como no tenían yunta por la falta de animales, el arado de tracción humana que
denominaban la taclla o chaquitaclla (chaki taklla), que es un palo puntiagudo, con
una punta un tanto encorvada, que a veces era de piedra o de metal. Antes de su
terminal tenía esta herramienta otro palo transversal, el agricultor apoyaba su pie
para hundirlo en la tierra y luego hacer el surco. Las herramientas manuales
incaicas empleadas en la agricultura no han podido ser superadas, sobre todo cuando
se trata de trabajar en las laderas andinas o en ámbitos limitados como los
andenes.
Fertilizantes
Los andenes
Los camellones
Sistemas de riego
Productos agrícolas
Ganadería
Artículo principal: Ganadería incaica
La mita (mitʼa) era un sistema de trabajo a favor del Estado, donde se movilizaban
multitudes de indígenas a trabajar por turno de tres meses en labores de
construcción de caminos, puentes, fortalezas, centros administrativos, templos,
acueductos, explotación de minas, etc. Existía una mita para servicios especiales
como las labores de cargueros del sapa inca, músicos, chasquis y danzantes, los
obligados a cumplir esta labor eran los adultos hombres casados, pero no las
mujeres, comprendían entre los 18 y 50 años.
La minca o minga (minkʼa) es el trabajo que se realizaba en obras a favor del ayllu
y del Sol (Inti), una especie de trabajo comunal en forma gratuita y por turno, era
una forma de beneficio para el Estado, donde concurrían muchas familias portando
sus propias herramientas, comidas y bebidas. Las familias participaban en la
construcción de locales, canales de riego, así como la ayuda en la chacra de las
personas incapacitadas huérfanos y ancianos. Cuando el ayllu convocaba al trabajo
de la minka, nadie se negaba, pero las personas que no asistían al trabajo eran
expulsados del ayllu y perdían su derecho a la tierra.
El ayni era un sistema de trabajo de reciprocidad familiar entre los miembros del
ayllu, destinado a trabajos agrícolas y a las construcciones de casas. El ayni
consistía en la ayuda de trabajos que hacía un grupo de personas a miembros de una
familia, con la condición que esta correspondiera de igual forma cuando ellos la
necesitaran, como dicen: «hoy por ti, mañana por mi» y en retribución se servían
comidas y bebidas durante los días que se realicen el trabajo. Esta tradición
continúa en muchas comunidades campesinas del Perú, ayudándose en las labores de
cocina, pastoreo y construcción de viviendas.
Administración incaica
La base contractual verbal de la administración de bienes y servicios se basaban
frecuentemente en dos principios básicos: la reciprocidad y la redistribución.
Reciprocidad y redistribución
La reciprocidad es el intercambio de trabajo o bienes, o trabajo recíproco, tanto
era la tradición de este concepto que, entre los incas, no era visto como un
intercambio de favores sino como una responsabilidad con los miembros del aillu,
razón por la cual esto se practicaba dentro de un aillu y salvo contadas
excepciones entre aillus vecinos. Al ser el clan o aillu la estructura económica
básica y por estar cimentado en los lazos familiares, el soberano formaba lazos con
los curacas (jefes de aillu), dándole en matrimonio a sus hijas o casándose con las
hijas de los curacas, de cualquier forma, el sapa inca estaba emparentado con todo
su imperio, con lo cual se convertía en una especie de Curaca Máximo. Señalamos
esto último para entender la reciprocidad simétrica y la reciprocidad asimétrica.
[44] La base que sustentaba la reciprocidad simétrica, o apoyo mutuo y recíproco
entre parientes en el interior del aillu, estaba dada por la posesión en común de
la tierra, explotada comunitariamente para la producción especializada y en los
pastos, y en forma familiar en las partes dedicadas al cultivo de subsistencia. La
tierra del aillu se dividía en un cierto número de sectores, teniendo en cuenta sus
condiciones ecológicas y los ciclos rotativos de los cultivos, teniendo cada
familia derecho a tener acceso a tierras en cada uno de los sectores, lo que
determinaba un esfuerzo por controlar el máximo de pisos ecológicos. El parentesco
representaba el sistema regulador de la organización de las relaciones de
producción, distinguiendo entre parientes cercanos y lejanos. Entre los primeros la
reciprocidad en las relaciones de producción y distribución era generalizada,
mientras que entre los segundos era más específica porque las prestaciones que se
intercambiaban eran contabilizadas para ser devueltas en la misma forma y cantidad.
[45] La reciprocidad asimétrica se daba de los miembros del aillu con el inca, a
cambio de la recaudación de excedentes, el inca brindaba a sus súbditos seguridad
externa y asistencias en caso de desgracias. Consistía en la distribución de
excedentes por parte del Estado incaico. En caso de sequía o plagas, por ejemplo,
los funcionarios del imperio abastecían las regiones afectadas con los excedentes
de regiones favorecidas, los productos se almacenaban en los llamados "Tambos" para
disponer de ellas en caso de necesidad.[44]
La redistribución suponía el reconocimiento, por parte de los campesinos, de los
diferentes niveles de autoridad que existían en la sociedad. Los aillus entregaban
los tributos a los curacas, y los bienes tributados se acumulaban en depósitos
reales que estaban en aldeas, caminos y ciudades. Cuando algunos pueblos del
Imperio no podían satisfacer sus necesidades básicas porque las regiones en las que
vivían habían sido afectadas por malas cosechas u otras catástrofes, el Estado
incaico redistribuía una parte de los alimentos, materias primas y productos
manufacturados almacenados. También utilizaba los bienes acumulados para costear
los gastos de las constantes expediciones militares, y para premiar los servicios
realizados por algunos funcionarios, generalmente nobles.
Red vial (Qhapaq Ñan)
Artículo principal: Red vial del Tahuantinsuyo
Calzada incaica. Gran parte del camino del inca y algunas redes viales
transversales estuvieron cubiertas por bloques de piedra o lajas.
El Qhapaq Ñan fue un sistema de caminos de enormes distancias en la civilización
incaica que vinculaba las ciudades importantes de la costa y de la sierra. Se
estructuró con base en dos ejes longitudinales: el sector cordillerano y el sector
llano costero. Este sistema de los incas fue legado milenario de culturas pre-
incaicas, potenciado durante el Estado incaico.
Sistemas de abastecimiento
Los chasquis
Era el mensajero personal del inca, que utilizaba un sistema de postas para
entregar mensajes u objetos. Fundamentalmente transportaban la información en los
quipus (khipu) que había sido elaborada por los quipucamayoc (khipu kamayuq). En
pocas palabras, los chasquis eran como los carteros de la realeza inca.
Los chasquis eran viejos diestros y preparados físicamente desde temprana edad, y
recorrían a través de un sistema de postas (tambos), los extensos caminos
construidos por el Estado inca, pues de ellos pudiera depender una orden de
suspensión de una acción bélica a tiempo o llegaran los refuerzos a una batalla.
Eran hijos de curacas, gente de confianza.
Ejército
Artículo principal: Ejército del Imperio incaico
Al parecer el mando era dual, pues a la cabeza estaban jefes representantes de las
mitades Hanan y Hurin. Existían cuadros permanentes en manos de los miembros de los
linajes incaicos, incluyendo al Inca y sus parientes más cercanos. La formación de
los miembros de la élite tenía un fuerte componente militar, sus ceremonias de
iniciación concedían mucha atención a las aptitudes militares y resistencia física.
Cosmovisión Andina
Según la mitología incaica, existían tres mundos diferentes, los cuales habían sido
creados por el dios incaico Viracocha o Huiracocha (Wiraqucha). La división se
hacía de la siguiente manera:
2. Kay Pacha (mundo del presente y de aquí): Es el nombre del mundo terrenal, donde
habitan los seres humanos y pasan sus vidas. Representado por el puma, animal de a
pie, del mundo terrestre.
3. Ukhu Pacha (mundo de abajo o mundo de los muertos): Era el mundo de abajo o
mundo de los muertos, de los niños no nacidos y todo lo que estaba debajo de la
superficie de la tierra o del mar. Las fuentes, cuevas u otras de las aberturas de
la superficie terrestre eran considerados líneas de comunicación entre el Uku Pacha
y el Kay Pacha. Este mundo es regido por el dios Supay y es representado por la
serpiente, animal rastrero y de las profundidades.
Templos
• Pascaumati.
• Templo de la Luna.
Festividades
Así como de carácter colectivo. Se celebraban los momentos de tránsito vital, ritos
de pasaje, etapas de ciclos astrales, llegada de las lluvias, de la cosecha.
Tenemos por ejemplo:
Dioses incaicos
Viracocha
Inti (Sol)
Era la madre Luna y esposa de Inti. Madre del firmamento, de ella se tenía una
estatua en el Templo del Sol, en el que una Orden de Sacerdotisas le rendía culto.
En contraposición a los incas, los antiguos moche consideraban a la Luna la deidad
principal.
Pacha Mama
Llamada también Madre Tierra ya que era la encargada de propiciar la fertilidad en
los campos. Se le tributaban ofrendas o pagos.
Pachacámac
'Kon'
Era el dios del viento y la lluvia. Se menciona que vino desde el Norte,
apareciendo por primera vez en el mar. Kon era originalmente una deidad de la costa
peruana, específicamente de la cultura Paracas y Nazca. Posteriormente, los incas
más tarde lo incluirían a su panteón.
Chaska Qoyllur
Era la personificación del planeta Venus. Los incas la establecieron como la diosa
de la belleza, autora de las flores y protectora de las doncellas. La diosa Chaska
era descrita como una bella mujer celestial de extensa cabellera rizada. Fue el
hecho de ser la estrella más hermosa de todas lo que hizo que el Sol la considerase
su paje.
Mama Cocha
Madre del Mar, a quien se le rendía culto para calmar las aguas bravas y para la
buena pesca. Era la madre que representaba todo lo que era femenino.
Kuychi
Supay
Originalmente, Supay era el dios de la muerte y regente del Ukhu Pacha (mundo
interior) dentro de la mitología incaica. Al igual que otros dioses andinos, Supay
era un dios ambivalente, ya que podía ser tanto una deidad malevolente como una
benevolente. Posteriormente, tras la conquista del imperio incaico, el concepto de
Supay fue tergiversado para relegarlo como el demonio.
Amaru era una deidad serpiente o dragón a menudo representada como una serpiente
alada, con ojos cristalinos, hocico rojizo, cabeza de llama, cuernos de taruka y
cola de pez. Dependiendo de las variaciones del Amaru, ya sea en las diversas
características animales, nombres o tonalidad de su piel según cuenta la leyenda,
siempre estuvo presente la forma ofídica del Amaru. En la mitología inca, el Amaru
era símbolo de sabiduría, por lo que se colocaba la imagen de dicho ser totémico en
los niños de las «casas del saber» o yachay wasi. El Amaru está asociado a la
economía del agua, que riega las tierras agrícolas, simbolizando la vitalidad del
agua que permite la existencia del pueblo aimara. Así la deidad Amaru simboliza el
agua que corre por los canales de riego, ríos y manantiales y que hace posible que
las semillas del cultivo se transformen en hortalizas. El Amaru es un ser mítico
que también está relacionado con el inframundo, la tierra y los terremotos. A pesar
de que los Amarus son deidades benefactoras, los Amarus suelen tener un
comportamiento hostil hacia los humanos.
Apu era un dios o espíritu de las montañas. Todas las montañas importantes tienen
su propio apu, y algunas de ellas reciben sacrificios para resaltar ciertos
aspectos de su ser. A algunas rocas y cuevas también se les atribuye el mérito de
tener su propio apu.[50] Los principales apus incas eran los de Salcantay y
Ausangate.
Los Auquis asumían la vigilancia de cada poblado.
Axo Mama (tb. Acsumama o Ajomama) su nombre proviene del quechua y significa «madre
de las papas». Axo Mama es la diosa de las papas en la mitología incaica. Es una de
las hijas de Pachamama, la madre Tierra. Las papas forman una parte vital del
suministro de alimentos de los incas, y la mayoría de las aldeas tendrían una papa
de forma particular para adorar y pedir una buena cosecha.
Cahuillaca era una diosa virgen mencionada en el manuscrito de Huarochirí. Se dice
que ella comió una fruta, que en realidad se encontraba con el simiente del dios
Cuniraya. Esto provocó que la diosa quedase encinta. Cuando Cahuillaca dio a luz,
hizo una reunión con los dioses de la región y exigió que el padre diera un paso al
frente. Nadie lo hizo, así que puso al bebé en el suelo y este se arrastró hacia
Cuniraya. Cahuillaca despreciaba a Cuniraya y, al enterarse de que él era el padre,
se avergonzó tanto que corrió hacia las costas del Perú. Más concretamente,
Cahuillaca tenía al mar como lugar de destino. Ya en dicho lugar, ella se
transformó a sí misma y a su hijo en islas, que actualmente se conocen como las
Islas Pachacámac.
Catequil (tb. Apocatequil o Apu Catequil) era el dios pre-inca del rayo, el día y
el bien. Su culto se extendió desde Quito hasta el Cusco. Variante regional del
dios Illapa.
Chaupiñamca (tb. Chawpi Ñamka) es una divinidad considerada la contraparte femenina
del dios Paryaqaqa. Al igual que este último, Chaupiñamca tenía cinco hermanas,
siendo ella la mayor de las hermanas Ñamca. Es representada como una piedra yerta
de cinco alas.
Chuquisuso y Capyama eran diosas guardianas de las bocatomas de las acequias que
regaban las tierras de cultivo, o como Manañamca vigilante de las lagunas.
Coyllur es una divinidad celeste, cuyo nombre proviene del quechua y significa
literalmente "estrella". Coyllur es la diosa de todas las estrellas dentro del
panteón incaico.
Cuniraya Huiracocha (tb. Cuniraya) era el fruto de la fusión o sincretismo entre
una huaca local y el dios creador Huiracocha. Al igual que otros dioses y/o huacas,
este dios se hallaba prendado de una hermosa diosa llamada Cahuillaca. En aquel
momento, Cahuillaca era una diosa virgen; no obstante, el sagaz Cuniraya insertó su
simiente en una fruta y la dejó caer cerca de la anhelada doncella. Al ver la
apetitosa fruta, Cahuillaca comió la fruta y quedó encinta.
Copacati (tb. Kopacati o Kopakati) era la diosa pre-inca de los lagos y la lluvia.
Equeco (tb. Ekeko) era un dios del hogar y la riqueza. Los antiguos hacían muñecos
que lo representaban y colocaban una versión en miniatura de sus deseos en el
muñeco; se creía que esto hacía que el usuario recibiera lo que deseaba.
Huamancantac era el dios costero del guano. A raíz de esto, él era comúnmente
llamado como el "señor del guano". Estaba asociado a las aves guaneras y, a su vez,
era representado como un ídolo o huaca. Las poblaciones costeras le rendían culto
con el propósito de que la deidad les permitiese extraer el guano para su uso en la
agricultura y la pesca.
Huallallo Carhuincho (tb. Wallallo, Wallallu Karwinchu o Qalalu Karwancho) era el
dios del fuego, los volcanes y la sequedad de los pueblos yungas, más
concretamente, de los Huancas. Huallallo es considerado el némesis y/o deidad
antagónica de Paryaqaqa, el dios del agua, los vientos y las lluvias torrenciales.
Huari (tb. Wari) era el dios principal de la cultura chavina. Tiempo después de la
caída de los chavinos, la etnia huariense continuó rindiendo culto a esta deidad a
tal grado de establecerlo como su dios creador y principal. Para ellos, Huari fue
el dios gigante del Sol, el agua y la agricultura.
Huaytapallana era un dios que tuvo un rol importante durante las épocas de sequía.
En otras leyendas, Huaytapallana era una mujer de cautivadora belleza, ella era la
hija de Huallallo Carhuincho. Huaytapallana se enamoró del joven Amaru, el hijo de
Paryaqaqa. Ambos padres tenían una enemistad mutua antes de este evento, enemistad
que le llevó a Huallallo matar a Amaru. Paryaqaqa, entristecido por la muerte de su
hijo, envió una poderosa inundación que ahogó a Huaytapallana. Ambos dioses, ya muy
encolerizados, tuvieron un violento combate que arrasó con todo lo que había a su
paso. Cuando la batalla terminó, Paryaqaqa fue el vencedor. El derrotado Huallallo,
muy enojado, se convirtió en devorador de hombres, pues este culpa a estos de su
miseria. Huiracocha, viendo estas atrocidades, castigó a Huallallo y a Paryaqaqa
por sus crueldades convirtiéndolos a ambos en enormes nevados.
Hurkaway era una divinidad ctónica que representaba todo lo que estaba bajo la
Tierra. Se la representaba como una serpiente guardiana que asechaba en el Uku
Pacha. Otra representación que tiene Hurkaway es la de una mujer con
características de serpiente. Se cree que esta divinidad es en realidad Urcaguary,
la divinidad inca de los metales y los tesoros.
Kolash fue el dios de las aves y sus trinos. Kolash nació como un pájaro para
después convertirse en humano, similar al dios Paryaqaqa. Kolash expresa la esencia
de todas las cosas.
Mallko era conocido como el primer hijo del dios Sol (Huiracocha o Inti) en el mito
de Vichama. Esto establecía a Mallko como hermano de Vichama y medio hermano de
Pachacámac y Kon. Cuando Pachacámac despedaza su cuerpo para crear los alimentos,
de los restos del ombligo y cordón umbilical de Mallko, el dios Sol crea otro nuevo
niño. Este nuevo niño sería conocido como Vichama. En otras representaciones,
Mallko era el dios inca de la ley.
Mallku (espíritus de las montañas) era una deidad que representa el espíritu y la
fuerza de las montañas.
Mama Allpa era una diosa de la fertilidad representada con múltiples senos.
Mamacoca (antiguamente Mama Quqa; hoy Mama Kuka) era la diosa de las hojas de coca,
la felicidad y el bienestar.
Mama Nina (Fuego Madre) era la diosa de la luz, el fuego, los volcanes.
Mama Quinoa era la diosa de los granos de quinoa.
Mama Rayhuana era diosa de la flora y fauna, fuente de energía y fecundidad.
Asimismo, bajo la protección de esta diosa se hallaban vastos territorios
cultivados de papa, maíz, ollucos, mashua y quinua.
Mama Sara (tb. Sara Mama) su nombre proviene del quechua y se traduce como "madre
del maíz". Mama Sara era la diosa del grano. Se la asociaba con el maíz que crecía
en múltiplos, los cuales son casos particulares. Estas peculiares plantas a veces
iban vestidas como muñecas de Mama Sara. También se la asoció con los sauces.
Kuka Manka (constelación de la copa de la coca) era una constelación que cuidaba de
las hierbas mágicas.
Sara Manka (constelación de la copa de maíz) era una constelación que cuidaba de
los alimentos vegetales.
Mama Wayra (Madre de los Vientos) era la diosa del aire y del viento, protectora de
las aves. Era considerada como una diosa purificadora.
Manañamca era una divinidad maligna femenina, consorte de Huallallo Carhuincho. Al
igual que su pareja, Manañamca se dispuso a enfrentar a Paryaqaqa; no obstante,
este último la derrota y la arroja hacia el mar.
Mirahuato y Llacsahuato eran diosas hermanas de la diosa Chaupiñamca. Al igual que
las otras, ambas diosas estaban asociadas a la fertilidad y la alimentación.
Pariacaca (Parya Qaqa) era el dios del agua en la mitología preincaica, proveniente
de la etnia de los Yauyos para ser más precisos. Era un dios de las tormentas y
considerado un dios creador. Nació halcón al igual que sus cinco hermanos para
luego convertirse en Kolash (humano proveniente del nido). Posteriormente, fue
adoptado por los incas a su panteón. Pariacaca es considerado variante regional del
dios Illapa.
Paricia era un dios que envió una inundación para matar a los humanos que no lo
respetaban adecuadamente. Posiblemente otro nombre para Pariacaca.
Pikiru (tb. Piguerao) era el dios de la noche y el mal. Él, junto a su hermano
Catequil, fueron dioses gemelos tutelares.
Pusicaccha (tb. Pusikajcha, Pusikakcha o Pusicakha) fue un antiguo dios creador
venerado por los diversos pueblos aimaras ubicados en el altiplano. Posiblemente,
el dios Pusikaqcha era un equivalente y/o nombre alterno de los dioses Huiracocha e
Illapa.
Qhaxra-kamayuq fue una deidad guardiana que se esforzaba por evitar que los
ladrones entraran en la casa.
Coa (tb. Qhoa, Chuqui Chinchay) era un dios cuya forma era la de un colosal felino
quimérico, es decir, reunía múltiples atributos de otros animales. Esta divinidad
encarna diversos astros y fenómenos atmosféricos.
Rímac y Chaclla fueron dos dioses hermanos quienes se inmolaron para acabar con una
sequía que azotaba la costa en la antigüedad. Rímac se convirtió en un río y
Chaclla se volvió la lluvia.
Rucanacoto (también conocido como: Runacoto) es una divinidad asociada a la
virilidad masculina, pues a él acudían las personas con el miembro viril corto con
el propósito de que la divinidad se los hiciera crecer.
Temenduare y Arikute fueron dioses hermanos que, con sus enfrentamientos,
originaron un diluvio. Esto a raíz de conjurar a un ser bestial provisto de cien
patas de agua. Se piensa que Temenduare y Arikute son otros nombres de los dioses
Vichama y Mallko.
Tunupa era una deidad altiplánica. Según los mitos del Collasuyo, Tunupa puso orden
en el mundo y muchas veces se le confunde con Ticsi Huiracocha. Tunupa estaba
acompañado de Tarapacá y Taguapacá, quienes le ayudaban a ordenar el mundo, se le
identificaba con los volcanes y los rayos, a los cuales él gobernaba. También tenía
poder sobre el agua y ordenaba los aluviones.
Tulumanya (también conocido como: Turumanyay) fue el primer arcoíris (arcoíris de
los antiguos), de cuyo pecho nace el Amaru por orden del dios Huiracocha.
Urcaguary (también como: Urcaguari o Urkawari) era la divinidad ctónica de los
metales, las joyas y otros objetos subterráneos de gran valor. Su género es
ambiguo, por lo que Urcaguary puede ser tanto una divinidad femenina o masculina.
Se cree que Urcaguary vive debajo de las montañas, es decir, en lugares que
componen al Uku Pacha. Son precisamente estos lugares donde esta divinidad reside,
protegiendo abundantes tesoros y piedras preciosas de gente malvada y codiciosa que
ose robárselos. Se le representaba con cuerpo de serpiente y cabeza de taruka. Su
cola de serpiente estaba provista de cuantiosas cadenas de oro y piedras preciosas.
Se cree que su cabeza de taruka se debe a su forma de pensar.
Urpihuachac (también como: Urpayhuachac, Urpi Wachaq o Urpihuachay) era la diosa
creadora de los peces y las aves. Es descrita como una mujer con rasgos de ave y
pez. Originalmente pertenecía a la cultura chincha y más tarde, adoptada por los
incas a su panteón como la esposa del dios Pachacámac en algunas leyendas.
Urcuchillay era el dios inca del ganado y los animales. Era venerado principalmente
por los pastores incas. Esto a raíz de que, gracias a esta deidad, los animales
eran resguardados y se ampliaba la multiplicación de los mismos. Respecto a su
representación, Urcuchillay estaba identificado con la constelación de Lira.
Asimismo, Urcuchillay también es representado como una llama de múltiples colores.
Vichama (también conocido como: Huichama o Atipa) era el hijo del dios Sol
(Huiracocha o Inti)[cita requerida] en el mito de Vichama. Esto establecía a
Vichama como hermano de Mallko y medio hermano de Pachacámac y Kon. Vichama fue
creado por el dios Sol a partir de los restos del ombligo y cordón umbilical de su
hermano Mallko, el cual fue despedazado por la furia de Pachacámac. En dicho mito,
Vichama es una divinidad vinculada con la muerte, la venganza, y en menor medida,
con la guerra.
Wasikamayuq era el dios tutelar del hogar. Wasikamayuq era apoyado por otras
deidades como el Qhaxra-kamayuq, ambos aseguraban la seguridad en los hogares.
Yana Raman (también conocido como: Libiac Cancharco, Libiac Binac Vilca o
simplemente Libiac) era un dios pre-inca del rayo. Considerado el creador por la
etnia de los Yaros o Llacuaces. Una vez los Yaros fueron anexados por los Incas al
Tahuantinsuyo, su divinidad principal pasó a reconvertirse en el dios Illapa.
Yanañamca y Tutañamca son los dioses gemelos de la oscuridad y la noche. Reinaban
el mundo al principio de los tiempos, antes de que los dioses se ocuparan de la
Tierra. Huiracocha envía a Huallallo Carhuincho, dios del fuego, para que los venza
y, a la vez, ilumine la Tierra, aunque este último se quedara aprovechándose de
ella y devorándose a sus fieles.
Cultura material e inmaterial
Acllahuasi en Pachacámac.
Fortaleza de Sacsayhuamán.
Se desarrolló bajo las exigencias de la nobleza cuzqueña, que interesada por
afirmar su poder, levantó gigantescas construcciones líticas, imponiendo reverencia
y asombro en las comunidades, cuyo trabajo colectivo, sujeto a la explotación
estatal (mitʼa) hizo posible tales edificaciones a lo largo del Tahuantinsuyo,
especialmente en su centro de poder: Cuzco.
Tambo Colorado
Huánuco Pampa
Tomebamba
Cajamarca
Quito
Shincal
Batungasta
Lumbra
Los Huacos-Hualmay
La Paya-Guitián
Paria Vieja
Uma Porco
Cochabamba
Pumpu
Aypate
Curamba
Armatambo
Santiago de Chile
Farfán
La Viña
Moqi
Sama La Antigua
Cabeza de Vaca
Huacones-Vilcahuasi
Construcciones de carácter religioso
Vilcashuamán
Coricancha en Quenqo
Inticancha
Tambomachay (Fuentes de agua)
Construcciones militares y conmemorativas
Dada la dominación y explotación de la nobleza cuzqueña sobre las otras naciones,
los incas debieron siempre afirmar su supremacía con la presencia militar, para
ello edificaron fortalezas
Incahuasi
Sacsayhuamán
Puka
Písac
Arquitectura de élite
Ollantaytambo
Pucará
Machu Picchu
Cerámica
Artículo principal: Cerámica incaica
Uncu o poncho incaico. Representación con más de 150 diseños geométricos o tocapus.
Escultura
Artículo principal: Escultura incaica
Cabeza inca de piedra con llauto y mascapaicha. Se cree que es una representación
del gobernante Inca Viracocha.[51] Museo de América de Madrid.
Los trabajos realizados en piedra constituyen el otro gran conjunto de
realizaciones incaicas que merece la pena destacar. Suele limitarse a
representaciones zoomorfas de auquénidos, llamas, vicuñas y alpacas, y fitomorfas,
mazorcas de maíz, que son conocidas como conopas y a numerosos cuencos y
recipientes llamados popularmente morteros. Entroncados en las tradiciones
artísticas andinas, los incas supieron imprimir un carácter propio y original a sus
obras que se basó en una simplificación de las formas por medio de volúmenes
geométricos sencillos y una esquematización de los motivos decorativos muy próxima
a una concepción estética geometrizante y cubista. El arte incaico se caracterizó
por la sobriedad, la geometría y la síntesis, tendiendo más a lo práctico y
funcional que a lo formal.
Pintura
Artículo principal: Pintura incaica
La pintura como expresión estética se manifestó en murales y mantos. Bonavía señala
la diferencia entre paredes pintadas de uno o varios colores y los murales con
diseños o motivos representando escenas diversas.
Los murales pintados se aplicaban sobre paredes enlucidas con barro empleando
pintura al templo, técnica diferente a utilizada para las pinturas rupestres. Hacia
el Horizonte Temprano, la pintura era aplicada directamente sobre la pared
enlucida, mientras que durante el Período Intermedio Temprano se cubría el muro
enlucido con pintura blanca para luego aplicarle el dibujo deseado. Otro medio
usado en la misma época consistía en trazar motivos incisos sobre el barro húmedo
para luego rellenarlo con pintura.
En la época moche se usó pinturas murales y de alto relieve de barro como los
descubiertos en la Huaca de la Luna y en la Huaca del Brujo, en departamento de La
Libertad, a unos 5 km al sur de Trujillo.
La técnica y el uso de mantos pintados sobre telas de algodón llano era costumbre
de toda la costa, con mayor énfasis en el norte. Todavía por los años de 1570 a
1577 existían artistas especializados en el arte de pintar mantos que ejercían su
oficio trasladándose de un lugar u otro. En aquel tiempo estos artesanos pedían
licencia ante el oidor para usar de su arte e ir libremente por los valles sin ser
estorbados.
Otro renglón dentro del arte pictórico fue la realización de una suerte de mapas
pintados que representaban un lugar o una región. El cronista Betanzos cuenta que
después de la derrota de los chancas infligida por el príncipe Cusi Yupanqui, los
dignatarios cuzqueños se presentaron ante él para ofrecerle la borla y lo
encontraron pintando los cambios que pensaba introducir en el Cuzco.
Esta noticia no sería suficiente para confirmar tal práctica si no fuese apoyada
por otra referencia la afirmación en el juicio sostenido por las etnias de Canta y
de Chaclla en 1558–1570. Uno de los litigantes presentó allí ante la Real Audiencia
de los Reyes los dibujos de su valle indicando sus reclamos territoriales, mientras
los segundos exhibieron una maqueta de barro de todo el valle. Sarmiento de Gamboa
decía que al conquistar un valle se hacía una maqueta y se le presentaba al Inca,
quien delante de los encargados de ejecutar los cambios se informaba de sus deseos.
Arte plumario
Las prendas de plumería manifiestan un gusto estético por el color y se usaron en
mantas camisas, abanicos y sombrillas para preservar del Sol a los personajes
conducidos en andas. Los brillantes tonos de las plumas empleadas señalan un origen
selvático con lo cual concluimos que debió existir un trueque a lo largo y ancho
del país entre la selva, la sierra y la costa.
El cronista Santa Cruz Pachacuti cuenta que para los grandes acontecimientos, como
el matrimonio de Huayna Cápac con su hermana el día que recibió la borla o
mascapaicha insignia del poder, se recubrieron los techos de paja de los palacios y
los templos del Cuzco con las más vistosas mantas confeccionadas con plumas
multicolores. El espectáculo debió ser magnífico y sobrecogedor pues los brillantes
colores de las techumbres contrarrestaban con la sobriedad de las piedras y las
cenefas de oro de los muros palaciegos.
Orfebrería y metalurgia
El área andina de Perú, Bolivia y Ecuador fue la cuna de la metalurgia a nivel
sudamericano y surgió sin ninguna influencia proveniente del Viejo Mundo.
La metalurgia en los Andes tiene una gran antigüedad y sus artífices lograron las
más variadas técnicas y aleaciones.
Música
Artículo principal: Música incaica
Las flautas eran uno de los instrumentos más populares. Las quenas por lo general,
eran confeccionadas con huesos humanos mientras que otras flautas eran de arcilla,
plata o, las más comunes, de carrizos.
Entre ellas destacan los sikus de caña y de cada instrumento está dividido en dos
mitades con tonos complementarios y tocados por un par de instrumentos. Para formar
una melodía es necesario que ambos instrumentos toquen alternadamente cuando les
corresponde y además en forma simultánea con los demás registros.
Las antaras o flautas de Pan eran hechas de cerámica de nueve tubos acodados, las
de carrizos se mantenían unidas por finas soguillas.
Lenguas preincaicas en el siglo XVI de acuerdo con los lingüistas Willem Adelaar y
Pieter Muysken (2004).
En el momento de la invasión hispánica, la principal familia lingüística por su
número de hablantes en el Tahuantinsuyo pertenecía a la familia quechua, y existía
una lengua franca conocida modernamente como la «lengua general quechua». A la par,
el Imperio incaico era un estado multicultural y plurilingüístico, que englobaba
algunas de las regiones de alta diversidad cultural y lingüística como son los
actuales norte de Perú, Ecuador y Bolivia. Entre las lenguas y familias
lingüísticas más importantes destacan algunas que estuvieron asociadas a reinos
preincaicos de importancia.
Literatura
Artículo principal: Literatura incaica
Antes de la conquista española existía una rica y variada literatura oral en el
área del Imperio inca. Algunas muestras de poesía religiosa, narraciones y leyendas
quechuas han llegado a nosotros gracias a que fueron transcritas por cronistas como
Cristóbal de Molina, el cuzqueño, autor de Fábulas y ritos de los incas (1575);
Santa Cruz Pachacuti, indígena evangelizado defensor de la Corona española, que
escribió la Relación de antigüedades de este reino del Perú (1613), donde describe
la religión y filosofía quechuas y recoge en lengua quechua algunos poemas de la
tradición oral; el Inca Garcilaso de la Vega (1539-1616); y Felipe Guamán Poma de
Ayala cuya obra Nueva crónica y buen gobierno permite reconstruir buena parte de la
historia y genealogía de los incas, así como numerosos aspectos de la sociedad
peruana posterior a la conquista.
Gracias a ellos y a otros cronistas del siglo XVII, una parte de este legado
pervivió y es una fuente viva para la literatura posterior. Esa labor fue
continuada mucho después por antropólogos, historiadores e investigadores modernos
y contemporáneos. Uno de los más influyentes es José María Arguedas, importante
también por su obra novelística, que subraya la importancia del carácter bilingüe y
multicultural del Perú.
Ciencia y tecnología
Tecnología militar
Los incas eran hábiles forjadores de metal, construyeron armas de bronce y objetos
domésticos. Construyeron hachas y mazas para el contacto cuerpo a cuerpo y entre
otros objetos militares también armas arrojadizas como arcos y flechas, usando
también hondas llamadas huaracas. Son conocidas las mazas con cabeza de forma
estrellada con un orificio al centro a fin de colocarla en un palo.
Descubrimientos
Según el historiador José Antonio del Busto con la expedición marítima llevada a
cabo por Túpac Yupanqui, los incas habrían descubierto Oceanía, habiendo llegado a
Mangareva e isla de Pascua.[cita requerida]
Astronomía
En la astronomía incaica destacó el Sol, y su culto, parece ser una constante en
las culturas de la antigüedad, sin duda por el rol que el astro rey cumple en el
«calendario agrícola». Los incas adoraban al Sol fundamentalmente para que les
proporcionara abundantes cosechas. Era una fuerza dominante y un símbolo de
prestigio y poder.
El Sol (Inti, en quechua), al que acostumbran representar por un gran disco de oro
circundado de rayos, era adorado en templos cubiertos totalmente de oro, como lo
era el Coricancha o «recinto de oro» en la ciudad del Cuzco. También se afirmaba
que el maíz eran las lágrimas del Sol debido al color dorado que tiene el maíz
seco. Por lo tanto se ofrendaba al Sol la bebida que se elaboraba con el maíz: la
chicha.
El culto al Sol tenía su apoteosis en la Fiesta del Sol (Inti Raymi en quechua) que
hasta ahora se reproduce, todos los 24 de junio, en la ciudad del Cuzco.
Algunos cronistas afirman que los incas podían predecir los eclipses.
Medicina
La medicina que se practicó en el incanato, estaba íntimamente ligada a la magia y
la religión. Todas las enfermedades se suponían provocadas por el desprendimiento
del espíritu del cuerpo, a causa de un maleficio, un susto o un pecado. Los
curanderos incaicos, llegaron a realizar intervenciones quirúrgicas, como
trepanaciones craneanas (practicadas anteriormente por la cultura Paracas), con el
propósito de eliminar fragmentos de huesos o armas, que quedaban incrustadas en el
cráneo, luego de accidentes o enfrentamientos bélicos. Uno de los instrumentos
utilizados en la cirugía incaica, fue el tumi o cuchillo de metal en forma de T.
Como anestesia se usaba la coca y la chicha en grandes cantidades y se sabe que
también conocieron el uso de las vendas.
Agrotecnia
Quipucamayoc con su quipu y una yupana, los principales instrumentos que usaron los
incas en matemáticas.
Los contenidos o conceptos matemáticos fueron aplicados por los incas,
principalmente, en el cálculo de resultados y cantidades de la Economía. Si bien en
el incario se desarrollaron importantes sistemas de medición, son más conocidos los
quipus y yupanas, que representan la importante presencia matemática en la
administración incaica. Los quipus eran sistemas mnemotécnicos que consistían en
tiras anudadas; solo se anudaban los resultados de las operaciones matemáticas
realizadas anteriormente en los ábacos o yupana.
Los cronistas españoles narran que los khipu kamayuq leían en los nudos de los
quipus la historia de los incas, relatando nacimientos, guerras, conquistas,
nombres de los nobles y tiempos de tales eventos. Desde entonces y hasta hoy,
existen diversos hipótesis y debate sobre la existencia entre los incas de algún
sistema de escritura. Si bien no hay duda de que estos objetos funcionaban como
sistemas de registro de cantidades, se considera no probado que hayan servido como
un sistema de escritura propiamente dicho. Otros objetos de la cultura material
incaica que han sido propuestos como conteniendo algún código de escritura para
alguna de las lenguas habladas por los incas son los tocapus y las quilcas.
"Tupac Cauri mandó por ley que, so pena de la vida, ninguno tratase de quilcas, que
eran pergaminos y ciertas hojas de árboles en que escribían, ni usasen de ninguna
manera de letras. Y porque tiempos después un sabio amauta invento unos caracteres,
lo quemaron vivo".
Fernando de Montesinos[cita requerida]
Entre las propuestas más recientes, la antropóloga estadounidense Gail Silverman,
apelando a datos etnográficos contemporáneos y a pasajes de crónicas coloniales, ha
publicado un libro en el que defiende que los incas í habrían poseído una forma ²de
escritura pictográfica que sería apreciable en las formas geométricas de los
tocapus. Según su hipótesis, este sistema de escritura incluiría tanto símbolos
heráldicos como también alfabéticos. La razón de que se perdiera la memoria de la
escritura prehispánica del quechua habría sido por el incendio del Quipucancha
(universidadse incaica donde se guardaban y formaba a los intérpretes de los
quipus).[56] [57]
“…sintiéndose (Huaina Capac) cerca de la muerte hizo su testamento como entre ellos
era costumbre, y en una larga vara, a manera de báculo, fue poniendo rayas de
distintos colores en que se conocía y entendía su última y postrera voluntad”
Juan de Santa Cruz Pachacuti[cita requerida]
Véase también
Ver el portal sobre Imperio incaico Portal:Imperio incaico. Contenido relacionado
con Imperio incaico.
Historia del Perú
Ejército incaico
Aillu
Antiguo Perú
América precolombina
Guerra civil incaica
Expansión del Imperio incaico
Caminos incaicos
Pisos ecológicos
Referencias
«"La catastrophe démographique" (La Catástrofe Demográfica"), L'Histoire n°322,
Julio-Agosto 2007, p. 17.».
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- Producciones Cantabria S.A.C. p. 25. ISBN 978-612-4069-47-5. «... así aparecen
como productos del siglo XX elementos como la famosa bandera del Tahuantinsuyu y la
celebración del Inti Raymi, que realmente no encuentran asidero en ninguna fuente
prehispánica o colonial temprana. La fiesta más importante de los incas se sabe que
fue el Cápac Raymi, que se celebraba alrededor del solsticio de diciembre; mientras
que el arco iris, si bien fue un elemento alegórico típico de los incas, no fue
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