Venezuela
2008. El año de las tres “R”:
revisión, rectificación y reimpulso
Gonzalo Gómez
[Gonzalo Gómez es miembro de la dirección regional del PSUV de Caracas, y pre-
candidato a la alcaldía del municipio Libertador. Es cofundador de la web [Link]
e integrante del consejo de redacción del periódico Marea Socialista. La entrevista fue
realizada a finales de abril por Nacho Álvarez Peralta, para VIENTO SUR].
Pregunta: Resulta casi inevitable comenzar esta entrevista, a pesar del tiempo
transcurrido, por una referencia al referéndum sobre la Reforma Constitucional
del 2 de diciembre. ¿Cuáles consideras que fueron las causas fundamentales por
las que el gobierno de Hugo Chávez perdió dicho referéndum?
Gonzalo Gómez: Yo destacaría fundamentalmente tres razones: el factor orga-
nizativo y electoral, la ofensiva de la burguesía y la propia gestión del gobierno. En
primer lugar, no se adecuaron los tiempos de construcción del nuevo Partido So-
cialista Unificado de Venezuela (PSUV) con los del impulso de la reforma consti-
tucional: el presidente Chávez convocó a la formación del PSUV y llamó al resto
de partidos que apoyan el proceso revolucionario a disolverse e integrarse en dicha
fuerza, incluido el Movimiento V República (aparato electoral del chavismo hasta
la fecha). Sin embargo, este proceso se interrumpió antes de ser concluido por la
propia campaña del referéndum constitucional. La campaña del referéndum se da
por tanto en un contexto en el que el nuevo partido no está preparado organizativa-
mente, y la maquinaria electoral tradicional (el MVR) ha sido ya desarticulada.
En segundo lugar, no se puede menospreciar la fortísima campaña mediática
de la oposición política, a nivel nacional e internacional. Esta propaganda en
contra de la reforma tuvo un alto impacto y no pudo ser contrarrestada de forma
eficaz. Dicha campaña se centró en una sobreexposición y magnificación de los
problemas del gobierno y, sobre todo, en una manipulación de los temores de la
población, mintiendo abiertamente sobre los supuestos contenidos de la reforma
(como que el estado iba a confiscar las propiedades y patrimonios de todas las fa-
milias, o que iba a arrebatar la patria potestad de los niños).
Por último, también hay que decir que durante el último año muchas políticas
sociales y misiones han sufrido un importante desgaste, fruto del burocratismo y
de la corrupción. No podemos olvidar que trabajamos todavía sobre el aparato
del estado burgués provinente de la IV República. Este no ha cambiado sustan-
cialmente, sólo ha experimentado una democratización parcial. El pueblo tiene
mucho más acceso hoy día a las instancias de gobierno (y muchos de los propios
gobernantes son de extracción popular). No obstante, el gobierno no logró rever-
tir antes del referéndum algunos problemas importantes que han ido surgiendo
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en el último año (sabotaje alimentario, escasez de gas doméstico, etc.), lo cual
tuvo un impacto sobre el resultado electoral.
P.: ¿La aparición del fenómeno de los “ni-ni” (aquella parte de la población que
no se identifica políticamente ni con la oposición ni con el gobierno revoluciona-
rio) y la reciente caída de la popularidad de Hugo Chávez podrían ser fenómenos
que se relacionan con esos factores que has descrito?
G. G.: En alguna medida es así: lo que derrota a la reforma constitucional el 2 de
diciembre no es el triunfo del No de oposición, sino que es la derrota del entu-
siasmo, el descreimiento de las bases populares que han apoyado el proceso. La
oposición burguesa no incrementó el voto de convocatorias electorales anterio-
res. Lo que pasó es que no apoyaron la reforma todos los que se esperaba [el go-
bierno perdió tres millones de votos], debido a una frustración de las expectati-
vas y al cansancio en las clases populares (explotado a su vez por los medios de
comunicación opositores). El gobierno es consciente de la situación y ya le ha
empezado a dar respuesta.
P.: El año 2008 ha sido declarado por el gobierno como el año de las “3R” (Revisión,
Rectificación y Reimpulso) ¿Consideras que se está avanzando en dicho proceso?
G. G.: Desde comienzos de año se viene atravesando por una situación en la que
parecía que el proceso de revisión, rectificación y reimpulso emprendido por el
gobierno no coincidía con las expectativas de las masas populares ni de los cua-
dros revolucionarios. No obstante, la reciente renacionalización de la industria
siderometalúrgica de SIDOR abre un nuevo marco político, en el que sí es posi-
ble seguir profundizando en conquistas que mejoren las condiciones de vida de
los trabajadores, abriendo y ampliando el espacio para la toma de decisiones y,
en definitiva, reanimando el proceso revolucionario (y esa es precisamente la
esencia del proceso de las 3R).
P.: ¿Qué papel crees que juega en el panorama político nacional eso que recien-
temente se ha dado en llamar la “derecha endógena”?
G. G.: Hay compañeros en el chavismo a quienes no gusta la utilización de ese
término, pero no se puede negar que hay sectores que permanecen infiltrados en
el oficialismo aprovechando las oportunidades: en un país capitalista en proceso
de transformación hacia el socialismo, estos sectores aspiran a mejorar su nivel
de vida apropiándose de bienes y de espacios de poder, en colaboración con sec-
tores del empresariado nacional. Este es un sector no perfilado políticamente ni
claramente identificado, pero que sin duda convive dentro del oficialismo.
No obstante, la revolución se ha ido librando poco a poco de estos actores: recor-
demos por ejemplo como el ex alcalde metropolitano Alfredo Peña (uno de los res-
ponsables de la matanza de Puente Llaguno durante el golpe de estado de 2002),
acompañó al presidente Chávez durante los primeros años de su gobierno, partici-
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pando en la Asamblea Constituyente y siendo incluso ministro de la Presidencia. O
es el caso también de Luis Miquilena, mano derecha de Chávez y ministerio del
Interior y Justicia en 1991-2002, y quien posteriormente también traicionó el pro-
ceso revolucionario, manteniendo actualmente fuertes vínculos con importantes
sectores empresariales.
El desarrollo del proceso revolucionario tiene que ir completando la purga de
esos sectores y no permitir que se desarrollen otros nuevos. No es algo raro: es
un fenómeno propio de la lucha de clases, y ésta también se da en el seno del es-
tado y del propio gobierno. Hay que impulsar la correlación de fuerzas a favor de
los explotados y de las clases populares para poder llegar a un gobierno genuina-
mente nuestro, del pueblo.
P.: Respecto a la oposición, ¿se puede decir que existe un cambio en su estrate-
gia general de intervención política, o mantienen una línea de continuidad con
respecto al pasado?
G. G.: Ellos siempre han trabajado con la estrategia del garrote y la zanahoria:
utilizaron el garrote en el golpe de estado de abril 2002 y en el sabotaje petrolero
de diciembre 2002 y enero 2003, y lo siguen usando en la actualidad preparándo-
se para ofensivas de gran envergadura. Pero ellos le sacan provecho a esa presión
con la política de la zanahoria: intervención electoral, crítica mediática perma-
nente, conspiración económica y financiera, etc.
La oposición está apostando sobre todo al desgaste del gobierno, y a provocar
dificultades en la gobernabilidad. Ellos piensan que pueden volver a repetir los
resultados electorales del referéndum del pasado 2 de diciembre, planteando dos
opciones en caso de que ganen las próximas elecciones regionales de noviembre:
o utilizan esas gobernaciones para intentar recuperar el poder por la vía electoral,
o se sirven de ellas para poder apalancar un nuevo golpe de estado.
Este es un problema que no es sólo de Venezuela. Hay hoy día una confronta-
ción directa con el imperialismo en la región: en Ecuador y Bolivia existen situa-
ciones similares. No obstante, también es continental la proyección de la revolu-
ción bolivariana, por lo que esta cuestión no se resuelve sólo en Venezuela.
P.: En las últimas semanas el gobierno ha dado pasos que muchos consideran su-
mamente importantes para el afianzamiento y la profundización de la revolución
bolivariana, como el lanzamiento de la misión 13 de Abril (encaminada a fortale-
cer el poder popular para la creación de las comunas socialistas), o la renacionali-
zación de SIDOR que antes mencionabas ¿Cómo interpretarías estas medidas?
C. G.: Son medidas que indican un avance y ofrecen nuevas oportunidades, porque
permiten que se desencadene una dinámica de revolución permanente. Por ejemplo,
el caso de SIDOR: el gobierno anuncia la renacionalización de la industria, los em-
presarios no han transferido todavía la empresa al Estado pero sin embargo los traba-
jadores ya están actuando para resguardar sus intereses y los del proceso revolucio-
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nario, sin esperar a una transferencia formal: su instinto político es el de asumir el
control directo de la empresa, absorber a los trabajadores terciarizados, organizar las
distintas unidades de la empresa en consejos democráticos, etc.
En cuanto al lanzamiento de la nueva Misión 13 de Abril, considero que todo
lo que vaya dirigido a reforzar el poder popular es un avance de la revolución.
Sería además muy importante que el gobierno convocara a todos los grandes mo-
vimientos sociales (trabajadores, campesinos, jóvenes...) y se establecieran ins-
trumentos de consulta sobre el programa de las políticas que hay que llevar ade-
lante, para profundizar en la revolución y para hacer hincapié en la necesidad de
una ruptura progresiva con el capitalismo.
P.: ¿Existen los sectores políticos que ayuden a empujar el proceso venezolano
hacia posiciones de ruptura no sólo con el neoliberalismo, sino también con el
capitalismo? ¿Cual es su correlación de fuerzas?
G. G.: La debilidad relativa de la clase trabajadora desde el punto de vista orga-
nizativo y de su liderazgo político afecta al sentido y a la velocidad del proceso.
Nosotros podemos plantear que serían necesarias ciertas medidas más audaces y
profundas por parte del gobierno, pero es necesario que los sujetos sociales de la
revolución puedan asumir con fuerza la tarea de empujar esos cambios. En ese
sentido, SIDOR es un indicio de que la clase trabajadora venezolana va a asumir
un papel más activo.
A raíz de eso se están generando otros cambios en el país: hay un nuevo minis-
tro de Trabajo con nuevas propuestas, que plantean un escenario favorable a la
reunificación de las distintas corrientes sindicales, frente al anterior, que dividió
la UNT (Unión Nacional de Trabajadores) favoreciendo a su corriente sindical
(la Fuerza Socialista Bolivariana de Trabajadores).
P.: ¿Qué papel está jugando en este sentido el PSUV?
G. G.: Se está confirmando una inmensa fuerza de masas, un bloque político en el
que predominan los sectores populares (aunque hay un gran peso de los funciona-
rios públicos y eso debe manejarse con cuidado), y un partido que se define como
socialista, antiimperialista, anticapitalista, democrático y comprometido con los
trabajadores y las comunidades.
Hay que luchar porque efectivamente la política del PSUV esté en correspon-
dencia con estos principios, dado que esto no surge por decreto y exige que las
fuerzas sociales que los deben empujar estén presentes en el partido luchando
por ese contenido. Si no hay movilización ni participación en la construcción del
partido los principios pueden quedarse en el escaparate. Sin embargo, tampoco
hay que ver esta situación como un problema de “conquista” del partido por un
determinado liderazgo u otro, sino que este problema se definirá en el terreno de
la propia lucha de clases, por lo que hace falta incentivar el trabajo y el compro-
miso de las bases y estar al tiempo vigilante ante las desviaciones burocráticas.
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P.: ¿Y existen organizaciones relevantes fuera del PSUV que puedan jugar en
este momento un papel significativo en el impulso del proceso revolucionario?
G. G.: No hay otras organizaciones con suficiente peso para ello. La vida políti-
ca de la izquierda venezolana, hoy por hoy, pasa por el PSUV.
Los partidos del Polo Patriótico (Patria Para Todos, Partido Comunista de Vene-
zuela, MEP...) apoyan honestamente el proceso revolucionario, pero no son repre-
sentantes de lo nuevo, del impulso revolucionario original del presidente Chávez.
El PSUV arrastra también en su interior gran parte de la vieja herencia de la IV
República, sin embargo en su seno se han volcado grandes sectores de masas al
trabajo político, lo que permite muy buenas perspectivas. Por supuesto, es nece-
saria la presencia de cuadros revolucionarios que empujen por la izquierda, que
peleen por las definiciones políticas y programáticas y que impulsen posiciones
revolucionarias frente a opciones reformistas.
Dentro del PSUV hay, de hecho, corrientes ideológicas que se corresponden con
estas ideas, sin caer por ello en actitudes de vanguardismo autorreferente como ha-
cen algunas corrientes fuera del PSUV. Debe desplegarse un trabajo francamente
unitario con todos los sectores que apoyan el proceso, con los movimientos socia-
les y populares, estén o no vinculados al PSUV, respetando además su autonomía.
P.: ¿Cuál es la situación actual del mundo sindical en Venezuela?
C. G.: El mundo sindical venezolano tuvo una gran conquista después del paro-
sabotaje petrolero de 2002-2003. En ese momento, las fuerzas sindicales que
acompañaban el proceso revolucionario, y ante la traición de la vieja CTV, con-
fluyeron en la construcción de la UNT.
Sin embargo, en los años posteriores, en lugar de que los distintos sectores que
integran la UNT hayan conseguido articular una estrategia conjunta, se ha produci-
do una dispersión del trabajo de las distintas corrientes. Así, la UNT no ha llegado
a funcionar nunca como una verdadera central sindical, muestra de la debilidad or-
ganizativa del movimiento obrero. En este desarrollo de los acontecimientos han
tenido una gran responsabilidad corrientes sectarias, con orientaciones propatrona-
les. Por ejemplo, la FSBT promocionada por el anterior ministro del Trabajo (José
Ramón Rivero), no sólo no ha reforzado ni protegido las experiencias de autoges-
tión obrera existentes, sino que incluso ha promocionado que estas experiencias
volviesen a manos de sus antiguos dueños (como en el caso de Sanitarios Mara-
cay), acabando así con estas conquistas de control obrero. Esto plantea una contra-
dicción total, pues en lugar de haber empujado hacia una salida socialista al pro-
blema que efectivamente atraviesan algunas de las empresas autogestionadas, se ha
empujado hacia un retroceso y una restitución de la propiedad capitalista.
Tal y como ha planteado el nuevo ministro de Trabajo, hay que ir de alguna
forma hacia una reunificación de las distintas corrientes que conviven en la
UNT, sin descartar la posibilidad de otra alternativa -siempre y cuando sea unita-
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ria- para la conformación de una gran organización nacional de los trabajadores
venezolanos. El nuevo ministro está planteando una constituyente sindical, y es
un paso acertado. En ningún caso la salida a la situación actual puede ser la auto-
proclamación de una central paralela, como ha pretendido la FSBT.
P.: ¿Cuál consideras que es el papel que están teniendo los medios de comunica-
ción alternativos como Aporrea en este proceso revolucionario?
G. G.: Los medios de comunicación alternativos han aportado y pueden seguir
aportando mucho a la revolución bolivariana. Aporrea, por ser un medio difundi-
do a través de internet, se ha convertido en la ventana de la revolución venezola-
na al resto del mundo. Además, una de sus potencialidades es que es bidireccio-
nal: no sólo ofrece información, sino que la recibe y la amplifica, permitiendo
que se muestre la revolución en todas sus dimensiones.
Pero hay que ir hacia un redimensionamiento de la concepción de la comunica-
ción popular: no podemos contentarnos con pequeños medios o pequeñas emisoras
en espacios restringidos. Esto es importante, pero además son necesarios también
herramientas capaces de competir con los grandes medios del capital. Habría que ir
hacia la construcción de un sistema público nacional de comunicaciones, de carác-
ter socialista y en manos de las comunidades y del poder popular.
No puede haber poder popular sin poder comunicacional. Un conjunto de con-
sejos comunales, una comuna, debe aspirar a tener una emisora, un periódico,
una televisión. También los grandes movimientos populares deben aspirar a ello.
Mientras un capitalista puede tener un medio de comunicación, las grandes orga-
nizaciones y movimientos populares no los tienen. Los medios de comunicación
estatales no compensan actualmente esta carencia, pues a pesar de tener una gran
apertura siguen al servicio del aparato del Estado.
La Asociación Nacional de Medios Comunitarios Libres y Alternativos (ANM-
CLA) está luchando en este momento por la reforma de la Ley de Telecomunica-
ciones, fijándose como objetivo que un tercio del espacio radioeléctrico nacional
sea concedido a los medios comunitarios y alternativos como punto de partida para
seguir avanzando en la democratización de las telecomunicaciones.
Nacho Álvarez Peralta es militante de Espacio Alternativo.
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