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Etimología
Definición
Estudio de la historia
Como ciencia
Como disciplina académica
Historiador
Perspectivas: justificación, importancia y objetivo
Ramas
Historiografía
Historiología
Ramas de otras ciencias relacionadas
Filosofía de la historia
Áreas de estudio por región geográfica
Historia universal
Periodización tradicional
Historia nacional
Véase también
Notas
Referencias
Bibliografía
Enlaces externos
Historia
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Este artículo trata sobre el objeto de la ciencia. Para otros usos de este
término, véase Historia (desambiguación).
Clío, musa de la Historia en la mitología
griega, representada sobre el carro de la Historia, contemplando antes de
anotar en su libro.
La historia[n. 1] es la narración de los sucesos del pasado; generalmente los
de la humanidad, aunque, también puede no estar centrada en el humano. [n.
2]
Hay quien más breve y concisamente afirma que la historia es el
conocimiento del pasado humano.[2][3][4] Asimismo, es una disciplina
académica que estudia dichos acontecimientos. A la ciencia o disciplina
académica también se le denomina historiografía para distinguirla de la
historia entendida como los hechos objetivos sucedidos. Es una ciencia
social debido a su clasificación y método; pero, si no se centra en el
humano, puede ser considerada como una ciencia natural, especialmente
en un marco de la interdisciplinariedad; de cualquier forma, forma parte de
la clasificación de la ciencia que engloba las anteriores dos, es decir,
una ciencia fáctica (también llamada factual).
Su propósito es averiguar los hechos y procesos que ocurrieron y se
desarrollaron en el pasado e interpretarlos ateniéndose a criterios de la
mayor objetividad posible; aunque la posibilidad de cumplimiento de tales
propósitos y el grado en que sean posibles son en sí mismos objetos de
estudio de la historiología o teoría de la historia, como epistemología o
conocimiento científico de la historia. [cita requerida]
Se denomina historiador o historiadora a la persona encargada del estudio
de la historia. Al historiador profesional se le concibe como el especialista en
la disciplina académica de la historia, y al historiador no profesional se le
suele denominar cronista.[5]
Etimología
Heródoto, padre de la Historia.
La palabra historia deriva del griego ἱστορία (léase historia, traducible por
«investigación» o «información», conocimiento adquirido por investigación),
del verbo ἱστορεῖν («investigar»). De allí pasó al latín historia, que
en castellano antiguo evolucionó a estoria (como atestigua el título de
la Estoria de España de Alfonso X el Sabio, 1260-1284) y se reintrodujo
posteriormente en el castellano como un cultismo en su forma latina
original.
La etimología remota procede del protoindoeuropeo *wid-tor- (de la
raíz *weid-, «saber, ver» —construcción hipotética—) [6] presente también en
las palabras latinas idea o visión, en las germánicas wit, wise o wisdom,
la sánscrita veda,[7] y las eslavas videti o vedati, y en otras lenguas de
la familia indoeuropea.[8]
La palabra antigua griega ἱστορία fue usada por Aristóteles en su Περὶ τὰ
ζῷα ἱστορίαι (léase Perí ta zóa jistoríai, traducido "Historia acerca de los
animales", latinizado Historia animalium, traducible por Historia de los
animales [el título griego es plural y el latino es singular]). [9] El término se
derivaba de ἵστωρ (léase jístōr, traducible por «hombre sabio», «testigo» o
«juez»). Se pueden encontrar usos de ἵστωρ en los himnos
homéricos, Heráclito, el juramento de los efebos atenienses y en las
inscripciones beocias (en un sentido legal, con un significado similar a
«juez» o «testigo»). El rasgo aspirado es problemático, y no se presenta en
la palabra cognata griega εἴδομαι («aparecer»). La forma ἱστορεῖν
(«inquirir»), es una derivación jónica, que se expandió primero en la Grecia
clásica y más tarde en la civilización helenística.
Definición
A su vez, se llama «historia» al pasado mismo, e incluso puede hablarse de
una «historia natural» en que la humanidad no estaba presente,
[cita requerida]
que se utilizaba en oposición a la historia social, para referirse no
solo a la geología y la paleontología, sino también a muchas otras ciencias
naturales —las fronteras entre el campo al que se refiere tradicionalmente
este término y el de la prehistoria y la arqueología son imprecisas, a través
de la paleoantropología—, y que se pretende complementar con la historia
ambiental o ecohistoria,[n. 3] y actualizarse con la denominada «Gran
Historia».[10][11][12]
Ese uso del término «historia» lo hace equivalente a «cambio en
el tiempo»[n. 4] En ese sentido, se contrapone al concepto
de filosófico equivalente a esencia o permanencia (lo que permite hablar de
una filosofía natural en textos clásicos y en la actualidad, sobre todo en
medios académicos anglosajones, como equivalente a la física). Para
cualquier campo del conocimiento, se puede tener una perspectiva histórica
—el cambio— o bien filosófica —su esencia—. De hecho, puede hacerse eso
para la historia misma (véase tiempo histórico[n. 5]) y para el tiempo mismo.
En este sentido, todo pasado en relación con el presente hace alusión
al tiempo y a su cronología, y por lo tanto tener historia.[cita requerida]
Estudio de la historia
Como ciencia
Véase también: Historiología
Véase también: Historiografía
Véase también: Ciencias Históricas
Dentro de la popular división entre ciencias y letras o humanidades, se
tiende a clasificar a la historia entre las disciplinas humanísticas junto con
otras ciencias sociales (también denominadas ciencias humanas), o incluso
se la llega a considerar como un puente entre ambos campos, al incorporar
la metodología de estas a aquellas.[13]
No todos los historiadores aceptan la identificación de la historia con una
ciencia social, al considerarla una reducción en sus métodos y objetivos,
comparables con los del arte si se basan en la imaginación (postura
adoptada en mayor o menor medida por Hugh Trevor-Roper, John
Lukacs, Donald Creighton, Gertrude Himmelfarb o Gerhard Ritter). Los
partidarios de su condición científica son la mayor parte de los historiadores
de la segunda mitad del siglo XX y del XXI (incluyendo, de entre los muchos
que han explicitado sus preocupaciones metodológicas, a Fernand
Braudel, E. H. Carr, Fritz Fischer, Emmanuel Le Roy Ladurie, Hans-Ulrich
Wehler, Bruce Trigger, Marc Bloch, Karl Dietrich Bracher, Peter Gay, Robert
Fogel, Lucien Febvre, Henri Marrou, Lawrence Stone, E. P. Thompson, Eric
Hobsbawm, Carlo Cipolla, Jaume Vicens Vives, Manuel Tuñón de Lara o Julio
Caro Baroja). Buena parte de ellos, lo hicieron desde una
perspectiva multidisciplinar (Braudel combinaba historia con geografía,
Bracher con ciencia política, Fogel con economía, Gay con psicología, Trigger
con arqueología), mientras los demás citados lo hacían a su vez con las
anteriores y con otras, como la sociología y la antropología. Esto no quiere
decir que entre ellos hayan alcanzado una posición común sobre las
consecuencias metodológicas de la aspiración de la historia al rigor
científico, ni mucho menos que propongan un determinismo que (al menos
desde la revolución einsteniana de comienzos del siglo XX) no proponen ni
las llamadas ciencias duras.[n. 6]
Por su parte, los historiadores menos proclives a considerar científica su
actividad tampoco defienden un relativismo estricto que imposibilitaría de
forma total el conocimiento de la historia y su transmisión, y de hecho de un
modo general aceptan y se someten a los mecanismos institucionales,
académicos y de práctica científica existentes en la historia y comparables a
los de otras ciencias (ética de la investigación, publicación
científica, revisión por pares, debate y consenso científico, etcétera).
[cita requerida]
La utilización que hace la historia de otras disciplinas como instrumentos
para obtener, procesar e interpretar datos del pasado permite hablar
de ciencias auxiliares de la historia de metodología muy diferente, cuya
subordinación o autonomía depende de los fines a los que estas mismas se
apliquen.[cita requerida]
Como disciplina académica
Véanse también: Cronista e Historiografía.
La Historia de Italia de Francesco
Guicciardini, 1561 Historia General de los
Hechos de los Castellanos en las Islas y Tierra Firme del Mar Océano,
de Antonio de Herrera, edición de 1601
El registro de anales y crónicas fue en muchas civilizaciones un oficio ligado
a un cargo institucional público, controlado por el Estado. Sima
Qian (denominado padre de la Historia, en la cultura china) inauguró en esa
civilización los registros históricos oficiales burocratizados (siglo II a. C.). La
crítica del musulmán Ibn Jaldún (Muqaddima —Prolegómenos a la Historia
Universal—, 1377) a la manera tradicional de hacer historia no tuvo
consecuencias inmediatas, y se le consideró un precedente de la renovación
de la metodología de la historia y de la filosofía de la historia que no se
inició sino hasta el siglo XIX, fruto de la evolución de
la historiografía en Europa occidental. Entretanto, los cronistas oficiales
castellanos y de Indias dieron paso en la España ilustrada del siglo XVIII a la
fundación de la Real Academia de la Historia; instituciones similares existen
en otros países.[14]
La docencia de la historia en la enseñanza obligatoria fue una de las bases
de la construcción nacional desde el siglo XIX,[15] proceso simultáneo a la
proliferación de las cátedras de historia en las universidades (inicialmente
en las facultades de letras o Filosofía y Letras, y con el tiempo, en
facultades propias o de Geografía e Historia —disciplinas cuya proximidad
científica y metodológica es una característica de la tradición académica
francesa y española—)[16] y la creación de todo tipo de instituciones
públicas[17] y privadas (clubes históricos o sociedades históricas, muy
habitualmente medievalistas, respondiendo al historicismo propio del
gusto romántico, empeñado en la búsqueda de elementos de identificación
nacional); así como publicaciones dedicadas a la historia.
En la enseñanza media de la mayor parte de los países, los programas de
historia se diseñaron como parte esencial del currículo. En especial
la agregación de historia presente en los lycées franceses desde 1830
adquirió con el tiempo un prestigio social incomparable con los cargos
similares en otros sistemas educativos y que caracterizó el elitismo de la
escuela laica republicana hasta finales del siglo XX.
A ese proceso de institucionalización, siguió la especialización y subdivisión
de la disciplina con diferentes sesgos temporales (de cuestionable
aplicación fuera de la civilización occidental: historia
antigua, medieval, moderna, contemporánea —estas dos últimas, habituales
en la historiografía francesa o española, no suelen subdividirse en la
historiografía anglosajona: era moderna—), espaciales (historia
nacional, regional, local, continental —de África, de Asia, de América, de
Europa, de Oceanía—), temáticos (historia política, militar, de las
instituciones, económica y social, de los movimientos sociales y de
los movimientos políticos, de las civilizaciones, de las mujeres, de la vida
cotidiana, de las mentalidades, de las ideas, cultural), historias sectoriales
ligadas a otras disciplinas (historia del arte, de la música, natural, de las
religiones, del derecho, de la ciencia, de la medicina, de la economía, de la
ciencia política, de las doctrinas políticas, de la tecnología), o centrada en
cualquier tipo de cuestión particular (historia de la electricidad, de la
democracia, de la Iglesia, de los sindicatos, de los sistemas operativos, de
las formas —literarias de la Biblia—, etc). Ante la atomización del campo de
estudio, también se han realizado distintas propuestas que consideran la
necesidad de superar esas subdivisiones con la búsqueda de una
perspectiva holística (historia de las civilizaciones, historia total o historia
universal) o su enfoque inverso (microhistoria); sin olvidar el nuevo campo
académico e interdisciplinar de la Gran Historia como «el intento de
comprender de manera unificada, la Historia del Cosmos o Universo, la
Tierra, la Vida y la Humanidad», cubriendo la historia desde el Big
Bang hasta la Historia del mundo actual.[18][19] Examina los tiempos de larga
duración utilizando un enfoque multidisciplinar basado en la combinación de
numerosas disciplinas de la ciencia y las humanidades que estudian
el pasado, las Ciencias-Históricas, y explora la existencia humana en el
contexto de un panorama más amplio, que en relación con el presente hace
alusión al tiempo y la cronología, enseñándose en universidades y escuelas.
[20]
El Premio Nacional de Historia (de Chile —bianual, a una personalidad— y de
España —a una obra publicada cada año—) y el Premio Príncipe de Asturias
de Ciencias Sociales (a una personalidad del ámbito de la historia, la
geografía u otras ciencias sociales) son los más altos reconocimientos de la
investigación histórica en el ámbito hispanohablante, mientras que en el
ámbito anglosajón existe una de las versiones del Premio Pulitzer. El Premio
Nobel de Literatura, que puede recaer en historiadores, solo lo hizo en dos
ocasiones (Theodor Mommsen, en 1902, y Winston Churchill, en 1953).
Desde una perspectiva más propia de la consideración actual de la historia
como una ciencia social, el Premio Nobel de economía fue concedido
a Robert Fogel y Douglass North en 1993. Por otra parte, el Premio Pfizer de
la History of Science Society se estableció en 1958. El premio consiste en
una medalla y una cantidad en metálico. Este premio se otorga en
reconocimiento a un libro extraordinario sobre la historia de la ciencia. Cada
año, un centenar de autores compiten por este premio, que es considerado
el más importante para libros de historia de la ciencia. [21]
El Premio Internacional de Ciencias Históricas, es el premio internacional
más prestigioso de Historia otorgado por el Comité Internacional de Ciencias
Históricas (International International Committee of Historical
Sciences / Comité international des sciences historiques), la asociación
internacional de Ciencias Históricas fundada en Ginebra el 14 de mayo de
1926,[22] que concede desde 2015 el Premio Internacional de Historia del
CICH, Jaeger-LeCoultre, al «historiador que se ha distinguido en el campo de
la Historia por sus obras, publicaciones o docencia, y haya contribuido
significativamente al desarrollo del conocimiento histórico». Considerado el
"Premio Nobel" en Ciencias Históricas, el jurado del Consejo del CISH, que
cuenta con 12 miembros de diferentes países, selecciona al ganador dentro
de un grupo de candidatos excelentes y altamente calificados. Solo los
miembros colectivos del CISH (sus comités nacionales o sus organizaciones
afiliadas internacionales) pueden presentar candidatos.
Historiador
Artículo principal: Historiador
Véase también: Historiógrafo
Véase también: Historiólogo
Perspectivas: justificación, importancia y objetivo
Historia de Nikolaos Gysis (1892)
Tampoco deben confundirse los supuestos fines teleológicos del hombre en
la historia con los fines de la historia es decir, la justificación de la propia
historia como memoria de la humanidad. La historia, al ser una ciencia
social, no puede abstraerse del porqué se encarga de estudiar los procesos
sociales: explicar los hechos y eventos del pasado, sea por el conocimiento
mismo, sea porque nos ayudan a comprender el presente.
Cicerón bautizó a la historia como maestra de la vida,[23] y como
él Cervantes, que también la llamó madre de la verdad.[n. 7]
Benedetto Croce remarcó la fuerte implicación del pasado en el presente
con su toda historia es historia contemporáea. La historia, al estudiar los
hechos y procesos del pasado humano, es un útil para la comprensión del
presente y plantear posibilidades para el futuro.[24]
Salustio llegó a decir que entre las distintas ocupaciones que se ejercitan
con el ingenio, el recuerdo de los hechos del pasado ocupa un lugar
destacado por su gran utilidad.[25]
Un tópico muy difundido (atribuido a Jorge Santayana) advierte que los
pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla,[26] aunque
otro tópico (atribuido a Karl Marx) indique a su vez que cuando se repite lo
hace una vez como tragedia y la segunda como farsa.[27]
La radical importancia de ello se basa en que la historia, como la medicina,
es una de las ciencias en que el sujeto investigador coincide con el objeto a
estudiar. De ahí la gran responsabilidad del historiador: la historia tiene una
proyección al futuro por su potencia transformadora como herramienta
de cambio social; y a los profesionales que la manejan, los historiadores, les
es aplicable lo que Marx dijo de los filósofos (hasta ahora se han encargado
de interpretar el mundo y de lo que se trata es de transformarlo).[28] No
obstante, desde otra perspectiva se pretende una investigación
desinteresada para la objetividad en la ciencia histórica. [29] Aunque llegar a
conocer los hechos tal como fueron, como pretendía Leopold Ranke, es
imposible, sí es un imperativo de la investigación histórica acercarse al
máximo a ese objetivo, y además hacerlo con una perspectiva tal que sitúe
los hechos en su contexto, de modo que al conocimiento factual se añada
el entendimiento de lo que realmente pasó; y aunque sea inevitable
que sesgos de todo tipo alteren la forma en que tal entendimiento se
produce, al menos ser conscientes de cuáles pueden ser y en qué grado
actúan.[30]
Ramas
Historiografía
Artículo principal: Historiografía
La historiografía es el conjunto de técnicas y métodos propuestos para
describir los hechos históricos acontecidos y registrados, entendida como la
ciencia que se encarga del estudio de la historia. La correcta praxis de
la historiografía requiere el empleo correcto del método histórico y el
sometimiento a los requerimientos típicos del método científico. También se
denomina historiografía a la producción literaria de los historiadores, y a las
escuelas, agrupaciones o tendencias de los historiadores mismos.
El escriba
sentado (Saqqara iii milenio a. C. —IV o V dinastía de Egipto—). Representa
a un funcionario en actitud de comenzar a escribir, o sea, a registrar un
hecho o una interpretación más o menos interesada de hechos
seleccionados —económicos, militares, legislativos, religiosos—; una función
de consecuencias trascendentales: sirve tanto para el ejercicio y la
justificación del poder en su presente como para la preservación de
la memoria histórica hacia la posteridad.
La identificación del concepto de historia con la narración escrita del pasado
produce, por un lado, su confusión con el término historiografía (historia se
llama a la vez al objeto estudiado, a la ciencia que lo estudia y
al documento resultado de ese estudio); y por otro justifica el empleo del
término prehistoria para el período anterior a la aparición de la escritura,
reservándose el nombre historia para el periodo posterior.
Según ese uso restrictivo, la mayor parte de la humanidad queda fuera de
la historia, no tanto porque no accede personalmente a la lectura y la
escritura (el analfabetismo fue la condición común de la inmensa mayoría
de la población, incluso para las clases dominantes, hasta la imprenta), sino
porque los reflejados en el discurso histórico han sido siempre muy pocos, y
grupos enteros quedan invisibilizados (las clases bajas, las mujeres, los
discrepantes que no pueden acceder al registro escrito), con lo que ha sido
objeto de preocupación de algunos historiadores la reconstrucción de
la visión de los vencidos y la historia desde abajo.
Lo mismo ocurre con gran número de pueblos y culturas (las consideradas
como culturas primitivas, en una terminología ya desfasada de
la antropología antigua) que no tienen historia. El tópico los idealiza al
considerar que son pueblos felices.[n. 8] Entran en ella cuando se produce su
contacto, habitualmente destructivo (aculturación),
con civilizaciones (sociedades complejas, con escritura). Incluso en ese
momento no son propiamente objeto de la historia sino de
la protohistoria (historia realizada a partir de las fuentes escritas producidas
por los que generalmente son sus pueblos colonizadores por oposición a
los pueblos indígenas). No obstante, independientemente de que
los historiadores y los antropólogos ideológicamente tengan una
tendencia etnocentrista (eurocentrista, sinocentrista[31] o indigenista) o, de
forma opuesta, multiculturalista o relativista cultural, existe la posibilidad de
obtener o reconstruir un relato fiable de los acontecimientos que afectan a
un grupo humano utilizando otras metodologías: fuentes
arqueológicas (cultura material) o historia oral. En buena parte, esta
diferencia es artificial, y no necesariamente novedosa: el
mismo Heródoto no puede sino usar ese tipo de fuentes
documentales cuando redacta la que se considera la primera Historia, o al
menos acuña el término, en la Grecia del siglo V a. C. para que el tiempo no
abata el recuerdo de las acciones de los hombres y que las grandes
empresas acometidas, ya sea por los griegos, ya por los bárbaros, no caigan
en olvido; da también razón del conflicto que puso a estos dos pueblos en la
lid. Así comienza su obra titulada Ἱστορίαι (léase históriai, literalmente
«investigaciones», «exploraciones», latinizado Historiae —«Historias», en
plural—), seminal para la ciencia histórica, y que suele denominarse en
castellano Los nueve libros de historia. La lid citada son las guerras
médicas y los bárbaros, persas.[32]
Historiología
Artículo principal: Historiología
La historiología o «teoría de la historia» es el conjunto de explicaciones,
métodos y teorías sobre cómo, por qué y en qué medida se dan cierto tipo
de hechos históricos y tendencias sociopolíticas en determinados lugares y
no en otros. El término fue introducido por José Ortega y Gasset[33] y
el DRAE lo define como el estudio de la estructura, leyes y condiciones de la
realidad histórica.[34]
Ramas de otras ciencias relacionadas
Filosofía de la historia
Artículo principal: Filosofía de la historia
La filosofía de la historia no debe confundirse ni con la historiología, ni con
la historiografía, de los que se separa claramente. La filosofía de la
historia es la rama de la filosofía que concierne al significado de la historia
humana, si es que lo tiene. En su origen especuló si era posible un
fin teleológico de su desarrollo, o sea, se pregunta si hay un diseño,
propósito, principio director o finalidad en el proceso de la historia humana.
En la actualidad se discute más sobre la función del conocimiento histórico
dentro del conocimiento y las implicaciones del mismo. También se ha
discutido sobre si el objeto de la historia debe ser una verdad histórica,
el deber ser, o si la historia es en algún sentido es cíclica o lineal y el
devenir histórico se aparta indefinidamente del punto de partida. También
se ha discutido si es posible hablar de la idea de progreso positivo en ella.
Áreas de estudio por región geográfica
Historia universal
Artículo principal: Historia universal
Periodización tradicional
Artículo principal: Periodización
Véanse también: Tiempo histórico y Tiempo geológico.
No hay un acuerdo universal sobre la periodización de la historia, aunque sí
un consenso académico sobre los periodos de la historia de la civilización
occidental, basado en los términos acuñados inicialmente por Cristóbal
Celarius (Edades Antigua, Media y Moderna), que ponía al mundo
clásico grecorromano y su Renacimiento como los hechos determinantes
para la división; y que actualmente es de aplicación general. [n. 9] La
acusación de eurocentrismo que se hace a tal periodización no impide que
sea la más utilizada, por ser la que responde precisamente al desarrollo de
los procesos históricos que produjeron el mundo contemporáneo.
En cuanto a la división del tiempo prehistórico en Edad de la Piedra y Edad
de los Metales, fue propuesta en 1836 por el arqueólogo danés Christian
Jürgensen Thomsen.[n. 10]
La evolución tecnológica presenta dos grandes cesuras en el pasado de la
humanidad: la revolución neolítica y la revolución industrial, lo que permite
hablar de tres grandes periodos: el caracterizado por la exclusividad
de sociedades cazadoras-recolectoras, el preindustrial y el industrial (a
veces se emplea el adjetivo postindustrial para el periodo de la historia más
reciente).[n. 11]
El problema de cualquier periodización es hacerla coherente en
términos sincrónicos y diacrónicos, es decir: que sea válida tanto para el
transcurso del tiempo en un único lugar, como para lo que ocurre al mismo
tiempo en distintos ámbitos espaciales. Cumplir ambos requisitos resulta
difícil cuando los fenómenos que originan el comienzo de un periodo en un
lugar (especialmente el Próximo Oriente, Asia Central o China) tardan en
difundirse o surgir endógenamente en otros lugares, que a su vez pueden
estar más o menos próximos y conectados (como Europa Occidental o
el África subsahariana), o más o menos lejanos y desconectados
(como América u Oceanía). Para responder a todo ello, los modelos de
periodización incluyen términos intermedios y periodos de solapamiento
(yuxtaposición de características distintas) o transición (aparición paulatina
de las novedades o características mixtas entre el periodo que empieza y el
que termina). La didáctica de la historia se ayuda frecuentemente de
diferentes tipos de representación gráfica de la sucesión de hechos y
procesos en el tiempo y en el espacio. [n. 12]
Véanse también: Tiempo histórico y Mapa histórico.
Prehistoria
Edad de los
Edad de Piedra
Metales
Paleolítico Mesolítico
Ed Eda Ed
ad d ad
Paleol Paleol Prot Neol
Paleol Epi- del del del
ítico ítico o- ítico
ítico paleol Co Bro Hie
Inferi Super neolí
Medio ítico bre nce rro
or ior tico
Historia de Europa
Edad Edad
Antigua Media
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Mod Contem
Baja
erna poránea
Edad
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Media si
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Antig Antig a o
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M VI
VI X X XI
ed I
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Pinturas rupestres de Cueva de las
Manos (Río Pinturas, Argentina, cerca de 9000 años de antigüedad).
Representan esquemáticamente a un hombre y a grupos de animales;
también se observan otros símbolos, destacadamente las manos que dan el
nombre al lugar. Esta forma de arte prehistórico, aunque es un testimonio
valiosísimo para la reconstrucción del pasado, no es una fuente histórica en
el sentido clásico de la palabra, sino arqueológica.
Stonehenge, un
monumento megalítico tipo crómlech construido en Gran Bretaña en
el iii milenio a. C. por un pueblo en transición del neolítico a la Edad de los
Metales, contemporáneo de las Pirámides de Egipto. Su olvidada función
religiosa y astronómica es objeto en la actualidad de revivals espiritualistas.
Espada de bronce (Saint-Germain-en-Laye,
Francia, hacia 800 a. C., periodo protohistórico en el que los héroes griegos,
que usarían armas semejantes, ya son cantados por Homero).
Prehistoria. Desde la aparición del hombre (diferenciación de las
distintas especies del género Homo, subtribu hominina, superfamilia
Hominoidea, orden de los primates), de fechas inciertas, hace más de
dos millones de años; hasta la aparición de la escritura, en torno
al iv milenio a. C.[35] Se considera un campo académico o especialidad
muy ligada a la Arqueología.
Paleolítico (etimológicamente Antigua Edad de Piedra, por la
piedra tallada). Los hechos más decisivos son los ligados a
la evolución humana, en lo físico, y a la evolución
cultural primitiva (utilización de herramientas y del fuego y
desarrollo de distintos tipos de colaboración y conducta
social primitiva; destacadamente el lenguaje). Los grupos
sociales no superarían el tamaño de hordas, con una densidad
de población inferior a un habitante por kilómetro cuadrado.
La economía se limitaba a una relación depredadora con
el medio ambiente (caza, pesca y recolección), lo que no
impedía un impacto notable (primera humanización del paisaje
natural y extinciones provocadas por la presión de la actividad
humana en los ecosistemas donde se introduce).
Paleolítico inferior. Primeros modos de talla
lítica de instrumentos (Olduvayense o modo 1
y Achelense o modo 2), asociados a restos fósiles
de homínidos: Australopitecus, Homo habilis y Homo
ergaster (África sudoriental), Homo erectus (extendido
por todo el Viejo Continente); Homo antecessor y Homo
heidelbergensis (específicos de Europa —yacimiento de
Atapuerca—).
Paleolítico medio. Ligado a cambios en la cultura
material (Musteriense o modo 3) y en las especies
de homínidos (Hombre de Neanderthal en Europa, Homo
sapiens arcaico en África —Hombres de Kibish—), desde
hace 130 000 años hasta hace 35 000 años
aproximadamente.
Paleolítico superior. Ligado a la cultura material
asociada al Homo sapiens moderno: el modo
4 (Auriñaciense, Gravetiense, Solutrense, Magdaleniense
—en Europa—, Clovis y Monte Verde —en América,
donde por primera vez aparecen homínidos—); desde
hace 35 000 años hasta hace 10 000 años
aproximadamente. Ya no hay cambios significativos para
la paleoantropología en el registro fósil; las variaciones
entre distintos grupos son mucho más sutiles: las
estudiadas tradicionalmente por la antropología física y
que se conocían como razas humanas, y que la
moderna genética de poblaciones estudia con renovadas
metodologías (genética molecular). Junto con la paleo-
lingüística pretende reconstruir
las migraciones primitivas.[n. 13]
Mesolítico/Epipaleolítico/Protoneolítico. Periodo de
transición, ligado a los cambios que produjo el fin de la
última glaciación. Desde el x milenio a. C. hasta
el viii milenio a. C., aproximadamente. En las zonas en las que
significó una transición hacia el neolítico se
denomina mesolítico, mientras que en el resto, en las que
solo significa una fase de continuación del paleolítico, se
denomina epipaleolítico.
Neolítico (etimológicamente «nueva Edad de Piedra», por la
piedra pulimentada: modo 5). Del viii milenio a. C.
al iv milenio a. C. aproximadamente. Su inicio en cada zona
está ligado al desarrollo de la denominada Revolución
Neolítica: sustitución de la economía depredadora (caza,
pesca y recolección) por la economía
productora (agricultura y ganadería), lo que intensificó
extraordinariamente la densidad de población (de crecimiento
limitado —régimen demográfico antiguo—) y el impacto en el
medio ambiente. Aparición de la cerámica, sustitución
del nomadismo por el sedentarismo (asentamientos estables
o aldeas). Tuvo lugar a partir del viii milenio a. C. en
el Creciente fértil del Oriente Próximo, y se difundió hacia el
norte de África y Europa (en España a partir del vi milenio a. C.)
y Asia. La aparición de la agricultura y la ganadería se produjo
de forma endógena en otras zonas del mundo (con seguridad
en América, de forma menos clara en otras zonas).
Edad de los Metales. Desde el iv milenio a. C. (o más tarde,
según la zona), que aunque es una época ya histórica en
el Próximo Oriente Antiguo, es aún prehistórica en la mayor
parte del mundo. Innovaciones tecnológicas de difusión
paulatina (metalurgia, rueda, arado, vela).
Algunas aldeas se amurallan y aumentan de tamaño hasta
transformarse en ciudades. La economía y la sociedad se hace
más compleja (excedentes, comercio a larga
distancia, especialización del trabajo, estratificación social con
una élite dirigente caracterizada por la exhibición de riqueza en
forma de armas y monumentos funerarios). El tránsito a la
historia se dará cuando se complete la formación de las
sociedades complejas (civilizaciones)
con estado y religión institucionalizada, que producirán
la escritura.
Calcolítico o Edad del Cobre (iii milenio a. C.
aproximadamente, en Europa Occidental).
Edad del Bronce (ii milenio a. C. aproximadamente, en
Europa Occidental).
Edad del Hierro (i milenio a. C. aproximadamente, en
Europa Occidental, hasta la romanización).
Los miles de guerreros del ejército de
terracota (Xian, siglo III a. C.) servían para garantizar el eterno mandato
de Qin Shi Huang, autoproclamado primer emperador de China, temeroso
de los innumerables enemigos cuya venganza esperaba en la vida después
de la muerte. Las civilizaciones extremo-orientales se caracterizaron por su
continuidad, que no se vio interrumpida por la discontinuidad entre Edad
Antigua y Edad Media propia de la civilización occidental. Especialmente
la civilización china, el ejemplo más estable de imperio hidráulico, vio
la repetición aparentemente perpetua de ciclos dinásticos de auge
(interpretado tradicionalmente como premio por respetar el equilibrio
del mandato del cielo), descomposición interna (interpretada como
consecuencia del desequilibrio al no respetarlo) e invasiones exteriores
(interpretadas como castigo y oportunidad de reiniciar el ciclo), que
continuó hasta el siglo XX. El acueducto de
Segovia, una construcción utilitaria romana de finales del siglo I, sigue
determinando la personalidad de una ciudad contemporánea, junto con
otros hitos de su historia como las murallas o la catedral. Otras muestras de
la pervivencia de la romanización en la actualidad son la lengua, el derecho,
la religión, etc.
Historia. Desarrollo de la escritura como consecuencia de la
aparición de los primeros estados. iv milenio a. C. en Sumeria.
Protohistoria. Período de solapamiento: las civilizaciones que
desarrollan escritura dejan constancia escrita no solo de sí
mismas, sino de otros pueblos que no lo han hecho.
Habitualmente los pueblos colonizadores son los que dejan
testimonio histórico de su relación los pueblos indígenas (por
ejemplo, de los pueblos prerromanos).
Edad Antigua
Nacimiento de la civilización en el Antiguo Oriente
Próximo (a veces denominado Antigüedad temprana).
[36]
Primeros estados (templos, ciudades-estado, imperios
hidráulicos)
en Mesopotamia (Sumeria, Acad, Babilonia, Asiria), Antig
uo Egipto, Levante Mediterráneo (Fenicia, Antiguo Israel)
y el resto del Mediterráneo
Oriental (civilizaciones anatólicas —hititas—, y egeas —
minoica y micénica—); con muy poca relación con esos
núcleos en India (cultura del valle del Indo), China; y de
forma endógena en la América precolombina y en
algunas culturas del África Subsahariana.[37]
Antigüedad clásica: Entre el siglo VIII a. C. y el siglo II.
De validez restringida a las civilizaciones griega y
romana, caracterizadas por la cultura clásica (término de
gran ambigüedad, que en su aspecto espacial y
temporal puede considerarse ampliado a todo el Próximo
Oriente por el helenismo posterior al Imperio
de Alejandro Magno y al Mediterráneo occidental por
el helenizado Imperio romano; o restringido al periodo
clásico del arte griego —siglo V a. C. y siglo IV a. C.—; o
de forma aún más estricta reducido al siglo de Pericles —
la Atenas de mediados del siglo V—), y unos precoces
conceptos de libertad, democracia y ciudadanía que se
basaban paradójicamente en la sumisión de otros
pueblos y la utilización intensiva de la fuerza de trabajo
esclava. Ambas civilizaciones contaban sus eras desde
fechas del siglo VIII a. C. (la primera olimpiada o
la fundación de Roma, respectivamente).
Simultáneamente se desarrolló el Imperio persa, que
ocupa el espacio intermedio y pone en contacto
las civilizaciones mediterráneas con las civilizaciones
asiáticas, especialmente la hindú, mientras que las
civilizaciones de Extremo Oriente, como la china, se
desarrollan de forma prácticamente independiente, y las
americanas en total desconexión.
Antigüedad tardía: De validez restringida a Occidente,
es un periodo de transición, desde la crisis del
siglo III hasta Carlomagno o la llegada del islam a Europa
(siglo VIII), en que el Imperio romano entra
en decadencia y sufre el impacto de las invasiones
germánicas, nuevas
religiones monoteístas (cristianismo e islam) se imponen
como religiones dominantes y el modo de producción
esclavista se sustituye por el modo de producción
feudal. En Oriente sobrevive el Imperio
bizantino rehelenizado.[38]
Cara de la guerra en el Estandarte de Ur, iii milenio a. C. Aparecen tropas
uniformadas y en formación, carros de guerra y la figura destacada de un
líder. Los enemigos vencidos son pisoteados por los caballos o sometidos.
Dos guerreros griegos en combate singular. Tras ellos hay carros de guerra.
Fragmento de una crátera ática de figuras negras, Selinunte, siglo VI a. C.
(contemporánea a las reformas de Clístenes). El equipamiento militar para
el combate cuerpo a cuerpo (casco, lanza) es similar al que usarán
los hoplitas, pero ellos luchan agrupados en falanges, y el escudo estará
diseñado para proteger tanto al compañero de filas como al que lo lleva.
Sarcófago Ludovisi, hacia 250. Las legiones romanas luchan contra
los godos, que en los siglos siguientes (periodo de las invasiones bárbaras)
contribuirán decisivamente tanto a la continuidad como a la Caída del
Imperio romano, tras la que instaurarán algunos de los más
importantes reinos germánicos de la Alta Edad Media.
Chac Mool (Chichén Itzá, ciudad maya fundada en el siglo VI). Las
civilizaciones mesoamericanas desarrollaron una cultura peculiar ligada a
la guerra ritualizada entre ciudades-estado rivales, que incluía
el sacrificio de los prisioneros para garantizar el orden cosmológico, además
de una antropofagia de debatida consideración.[39]
Un caballero, un clérigo y un campesino
(los tres órdenes feudales) ilustran la miniatura de una letra capitular en
un manuscrito medieval.
Edad Media: De validez restringida a Occidente, desde la caída
del Imperio romano de Occidente (siglo V) hasta la caída del Imperio
romano de Oriente (siglo XV). En un periodo tan prolongado se
produjeron dinámicas muy complejas, que poco tienen que ver con
los tópicos de aislamiento, inmovilismo y oscurantismo con que se la
definía desde la perspectiva de la modernidad, que la infravaloraba
como un paréntesis de atraso y discontinuidad entre una mitificada
Edad Antigua y su renacimiento en la moderna.
Alta Edad Media: siglo V al siglo X. Una época en la que destaca el
retroceso de la vida urbana y de la descomposición del poder político
central que caracterizan al feudalismo. La Iglesia, sobre todo a través
del monacato, se convierte en la única continuidad de la tradición
intelectual. La nobleza y el clero, vinculados familiarmente, son
los señores que ejercen el poder político, social y económico sobre
los campesinos sometidos a servidumbre. Castillos y monasterios se
imponen en un paisaje de bosques, baldíos y pequeñas aldeas casi
incomunicadas.[40]
Baja Edad Media: Del siglo XI al siglo XV. A veces se restringe al
siglo XIV y al siglo XV, como Crisis de la Edad Media o Crisis del
siglo XIV; denominándose el periodo del siglo XI al
siglo XIII como Plenitud de la Edad Media. Se produce una revolución
urbana y un aumento de la actividad comercial y artesanal de una
incipiente burguesía, al tiempo que se fortalece el poder de
las monarquías feudales. Los poderes universales (Pontificado e
Imperio) se enfrentan y entran en crisis. Las Cruzadas demuestran la
capacidad de expansión europea hacia el oriente del Mediterráneo,
mientras en la península ibérica se terminan imponiendo los reinos
cristianos a Al-Ándalus (España musulmana) en un proceso
denominado La Reconquista. La universidad medieval reelaboró el
saber antiguo a través de la escolástica (revolución del siglo XII). En
los siglos finales se conforman los rasgos que caracterizarán todo el
periodo del Antiguo Régimen: una economía en transición del
feudalismo al capitalismo, una sociedad estamental y una monarquía
autoritaria en transición a la monarquía absoluta.[41]
El David de Miguel Ángel (1504), obra
cumbre del Renacimiento italiano, y ejemplo de la confianza en el ser
humano propia del antropocentrismo humanista.
Edad Moderna: De mediados o finales del siglo XV a mediados o
finales del siglo XVIII. (Para los anglohablantes, Early Modern Times,
es decir, «Primera Edad Moderna» o «Edad Moderna Temprana»). Se
toma como hitos que marcan su comienzo la Imprenta, la toma
de Constantinopla por los turcos o el descubrimiento de América;
como final, la Revolución francesa, la Independencia de los Estados
Unidos de América o la Revolución industrial. Es por primera vez, un
periodo de validez casi mundial, puesto que para la mayor parte del
mundo (con la excepción solo parcial de China o Japón —que tras
unos primeros contactos optan por cerrarse a la influencia exterior en
mayor o menor medida— o de espacios recónditos de América, África
y Oceanía —colonizados en el siglo XIX—), significó la imposición de
la civilización occidental y la denominada economía-mundo. Se inició
con la era de los descubrimientos y la expansión del imperio
español y el portugués, mientras el mundo de las ideas
experimentaba las innovaciones del Renacimiento, la Reforma
Protestante y la Revolución científica; contrapesadas por
la Contrarreforma y el Barroco. Mientras en la Francia de Luis
XIV triunfaba el absolutismo, en otras partes de Europa noroccidental
lo hacían las primeras revoluciones burguesas que desafiaban al
Antiguo Régimen (revolución neerlandesa, revolución inglesa) y en el
sur y este del continente se observaba un proceso de refeudalización.
El eje de la civilización se desplazó de la cuenca del
Mediterráneo al océano Atlántico. La crisis del siglo XVII y los tratados
de Westfalia reedificaron un nuevo equilibrio europeo que
imposibilitaba las hegemonías española o francesa, y que se mantuvo
durante el siglo XVIII, caracterizado intelectualmente por
la Ilustración. A lo largo de todo el periodo se van gestando los
modernos conceptos de nación y estado.[42]
Prueba nuclear en el atolón de Bikini, 26
de marzo de 1954, en plena Guerra fría. La era nuclear se inauguró en 1945,
cuando los Estados Unidos lanzaron en Hiroshima y Nagasaki las primeras
bombas atómicas. La Unión Soviética la siguió en lo que se
denominó carrera nuclear o carrera de armamentos (simultánea a la carrera
espacial), así como las otras tres potencias con derecho a veto en el Consejo
de Seguridad de Naciones Unidas: Reino Unido, Francia y China. Otros
países no firmantes del tratado de no proliferación nuclear han desarrollado
este armamento: abiertamente India y Pakistán; sin
reconocerlo Israel, Sudáfrica —lo desmanteló al caer el régimen
de apartheid— y quizá otros.
Edad Contemporánea. Desde mediados o finales del
siglo XVIII hasta el presente. (Para los anglohablantes Later Modern
Times, es decir, «Segunda Edad Moderna» o «Edad Moderna Tardía»).
Una inicial era de las revoluciones (revolución industrial, revolución
burguesa y revolución liberal) acabó con el Antiguo Régimen y dio
paso en la segunda mitad del siglo XIX al triunfo del capitalismo que
se extiende con el imperialismo a todo el mundo, al tiempo que se
veía contestado por el movimiento obrero. Las guerras
napoleónicas dieron paso a un periodo de hegemonía británica
durante la era Victoriana. El comienzo de la transición
demográfica (primero en Inglaterra, poco después en el continente
europeo y posteriormente en el resto del mundo) produce una
verdadera explosión demográfica que altera de forma radical el
equilibrio social y el del hombre con la naturaleza, sobre todo a partir
de la segunda revolución industrial (paso de la era del carbón y de
la máquina de vapor a la era del petróleo y el motor de explosión y
la era de la electricidad). La primera mitad del siglo XX se marcó por
dos guerras mundiales y un período de entreguerras en el que
las democracias liberales enfrentadas a la crisis de 1929 se ven
desafiadas por los totalitarismos soviético y fascista. La segunda
mitad del siglo XX se caracterizó por el equilibrio del terror entre las
dos superpotencias (Estados Unidos y la Unión Soviética), y
la descolonización del Tercer Mundo, en medio de conflictos
regionales de gran violencia (como el árabe-israelí) y una aceleración
de la innovación tecnológica (tercera revolución
industrial o revolución científico-técnica). Desde 1989, la caída del
muro de Berlín y la desaparición del bloque socialista condujeron al
mundo actual del siglo XXI presidido por la globalización tanto de la
economía como de la presencia política, militar e ideológica (poder
blando) de la única superpotencia, así como de sus aliados (potencias
clásicas —Unión Europea, Japón—), socios o posibles rivales
(potencias emergentes —China—) y opositores (potencias menores,
como algunos países islámicos, y movimientos a veces expresados en
terrorismo —11-S—).[43]
Código de Hammurabi, Babilonia. Edad Antigua.
Mezquita de Córdoba. Edad Media.
Santa Prisca de Taxco, México. Edad Moderna.
La libertad guiando al pueblo, de Eugéne Delacroix (Francia). Edad
Contemporánea.
Historia nacional
Artículo principal: Historia nacional
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Véase también
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Disciplinas auxiliares de la Historia
Cronología
Demografía histórica
Gran Historia
Genealogía
Geohistoria
Historia universal
Historiografía
Método histórico
Notas
1. Por regla general, se escribe con mayúscula inicial cuando
haga referencia a estudios o materias regladas en contextos
académicos (ciencia) y en minúscula cuando haga referencia a
hechos pasados (objeto de estudio). [1]
2. A partir del ser humano, surge la historia, al poder estudiar y
reflejar por escrito su propio pasado y el que le precede
(Prehistoria). El concepto de "prehistoria" es un
convencionalismo, que hacía alusión a una historia previa a la
historia oficial de la Iglesia (sobre la creación del mundo, Adán
y Eva, etcétera), cuya denominación, que también representa
un campo académico, se mantiene por tradición. Actualmente,
la disciplina para el estudio de la historia se centra,
fundamentalmente, en la historia del ser humano; también se
debe tomar en cuenta que las ciencias históricas estudian
muchas y diferentes realidades del pasado.
3. Y las disciplinas de carácter paleoecológico
4. El historiador francés Marc Bloch la definió como la "ciencia de
los hombres a través del tiempo". Bloch, M. Introducción a la
historia. México: Fondo de Cultura Económica.
5. Se puede aplicar esa perspectiva temporal para cualquier otro
campo de conocimiento, como el tiempo geológico, el tiempo
biológico, el tiempo astronómico, etcétera.
6. De hecho, son habituales las polémicas entre los propios
historiadores sobre este punto, siendo muy llamativo el
reproche que Cipolla (en su ensayo paródico El papel de las
especias... -1973- y Las leyes fundamentales de la estupidez
humana -1976-, recogidos en Allegro ma non tropo. Barcelona:
Crítica-Drakontos, 1991 ISBN 84-7423-509-X) realizaba a los
métodos cliométricos de Fogel y Stanley Engerman, o los
debates de las distintas tendencias dentro de los
historiadores marxistas británicos. Véase el artículo de Javier
Ortiz Cassiani Historia y modas intelectuales, Historia Crítica
núm. 28, 2004. José Álvarez Junco, Los malos usos de la
Historia, 21 de diciembre de 2013:
la Historia académica, una actividad que algunos de sus practicantes
defienden como científica. No lo es, desde luego, en el mismo sentido en
que puedan serlo las ciencias duras, en primer lugar porque el número de
variables que entran en cada fenómeno es poco menos que infinito; es
decir, que las “causas” de los hechos históricos no son únicas, ni en general
claras. A estos asuntos se les puede aplicar aquello que dijo Oscar
Wilde sobre la verdad: que raras veces es simple y nunca es pura. Tampoco
es la Historia un conocimiento aséptico u objetivo porque los datos que nos
llegan sobre el pasado (documentos, ante todo) son parciales, muchas
veces escasos y, sobre todo, subjetivos, emitidos por alguien que estaba
implicado en la situación que describía. Una distorsión a la que se añade la
que introducimos nosotros mismos, quienes recogemos e interpretamos
esos datos, que también somos parciales y subjetivos, ya que anotamos
unos hechos y descartamos otros según que nuestra visión del mundo los
considere o no significativos. Dentro de estas limitaciones, sin embargo, la
Historia aspira a un status de ciencia social, un tipo de conocimiento que no
admite la arbitrariedad, el ocultamiento o el falseamiento de fuentes. Y esto
es lo malo: que muy buena parte de la Historia que se escribe cae en este
tipo de deformación porque tiene una finalidad política: es decir, que se usa
como argumento al servicio de una causa; normalmente, a justificar la
existencia de la organización política en la que habitamos (o la de otra
organización alternativa que pretendemos crear).
7. Si a esta [historia] se le puede poner alguna objeción cerca de
su verdad, no podrá ser otra sino haber sido su autor arábigo,
siendo muy propio de los de aquella nación ser mentirosos;
aunque, por ser tan nuestros enemigos, antes se puede
entender haber quedado falto en ella que demasiado. Y ansí
me parece a mí, pues cuando pudiera y debiera estender la
pluma en las alabanzas de tan buen caballero, parece que de
industria las pasa en silencio: cosa mal hecha y peor pensada,
habiendo y debiendo ser los historiadores puntuales,
verdaderos y nonada apasionados, y que ni el interés ni el
miedo, el rancor ni la afición, no les hagan torcer del camino de
la verdad, cuya madre es la historia, émula del tiempo,
depósito de las acciones, testigo de lo pasado, ejemplo y aviso
de lo presente, advertencia de lo por venir.
El Quijote, Primera parte, capítulo IX.
8. Una de las expresiones más contundentes es el famoso
diálogo de El tercer hombre en que se comparan irónicamente
los impresionantes logros culturales de los pueblos violentos
con los de los secularmente pacíficos: Suiza y el reloj "cu-cú".
9. En el siglo XVI los historiadores de la literatura y los filólogos,
estudiando el latín señalaron tres fases en su gradual
evolución: la "alta edad" o "superior" que llegaba
hasta Constantino, etapa del latín clásico; la "edad media" de
la lengua, que alcanzaba desde Constantino
a Carlomagno (siglos IV al IX), y la "edad ínfima" iniciada en el
842 con el primer texto en romance, Los Juramentos de
Estrasburgo. Por eso precisamente Ch. D. Du Cange tituló su
famoso diccionario Glossarium ad scriptores mediae et infimae
latinitatis (Paris, 1678). La primera ocasión en que se designa
el término Edad Media con sentido histórico parece haber sido
en 1639, por el liejense Rasuin en su Laodium. La expresión
pasaría desde ese mismo siglo XVII a designar el período de
transición entre la antigüedad clásica y el renacer de su cultura
experimentada en la Edad Nueva que habita tomado cuerpo a
lo largo del siglo XV. Y, en consecuencia, su uso tendía a
menospreciar los valores de dicha edad intermedia como un
puente o una noche de “mil años”. Los pedagogos fueron los
responsables de que este nuevo concepto de la Edad Media
adquiriera carta de naturaleza en los manuales o síntesis de
historia. Un profesor de fines del siglo XVII, Cristóbal
Séller (1634-1707) o Celarius —como gustaba llamarse
latinizando su nombre a la manera humanista— introdujo la
modalidad en uno de los manuales escolares de Historia
Antigua editado en 1685, y la claridad que implicaba para la
explicación histórica le indujo a repetirla en otro,
titulado Historia Medii Aevi a temporibus Constanini Magni ad
Constaninopolim a Turcis captam deducta (Jena, 1688). Otro
profesor, Loescher, la repitió en un manual
alemán: Geschicchte der Mittleren Zeiten (1725), y no tardó en
generalizarse el nuevo concepto, porque resultaba cómoda esa
división de la historia.
Riu, M. (1978) Prólogo a la edición española, en La historia del mundo en la
Edad Media (The Shorter Cambridge Medieval History, The Later Roman
Empire To The Twelfth Century): tomo I, pg. XXIV. Madrid: Sopena.
10. Ledetraad til Nordisk Oldkyndighed (Guía de la Antigüedad
Escandinava)
11. Francisco Bustelo: tres grandes hitos de la historia de la
humanidad: el inicio de la hominización, la Revolución Neolítica
y la Revolución Industrial. (Historia económica: introducción a
la historia económica mundial, pg. 255.
12. En las tablas que desarrollan la periodización habitual para
Prehistoria e Historia, se ha pretendido que la extensión de los
periodos, aun no siendo proporcional estrictamente al paso del
tiempo, sí sugieran esa extensión de forma solo indicativa. Los
colores se han utilizado de modo analógico: gris los periodos de
transición, marrón los de crisis, verde los de comienzo,
mientras que los rosados y anaranjados se disponen
simplemente por necesidades visuales (contrastar con los
periodos adyacentes). Excepcionalmente, en la edad de los
metales tienen una analogía con los propios metales:
cobre=rojizo, bronce=verde, hierro=negro. Para mapas
históricos véase
Wikimedia Commons alberga una categoría
multimedia sobre Mapas históricos..
13. Uno de los principales autores que buscan la integración
metodológica de lingüística, genética, demografía y
arqueología es Luigi Luca Cavalli-Sforza. Es necesario señalar
que este tipo de investigaciones, y sobre todo su divulgación
mediática, eventualmente son interpretadas como
confirmación de teorías etnográficas e historiográficas ya
obsoletas (identificación de lo indoeuropeo, lo celta o
lo ibero con razas en vez de con culturas como se hace desde
la arqueología moderna) o de identificaciones nacionales
anacrónicas:
Investigadores estadounidenses y suizos han hallado que el mapa genético
y el mapa geográfico de Europa coinciden de una forma asombrosa, y en el
primero es posible distinguir claramente lugares como la península Ibérica,
la bota italiana o incluso las diferencias lingüísticas de distintas regiones en
un país como Suiza... Los datos sugieren que el genoma de los europeos, a
pesar de los siglos de migraciones y conquistas, es enormemente uniforme
y que el viejo continente ha sido más conservador de lo esperado a la hora
de relacionarse y buscar pareja. "La diferenciación en el genoma europeo es
muy pequeña, aunque las poblaciones son muy distintas entre sí"
La patria se lleva en los genes. Un grupo de investigadores descubre la
asombrosa coincidencia del mapa de mutaciones y el geográfico de Europa,
El País, 26 de noviembre de 2008 (el artículo viene ilustrado con un
espectacular mapa a color en que la península ibérica aparece visiblemente
diferenciada). Tales extremos, mal interpretados, pueden llevar a abusos
contra los que suelen advertir los propios genetistas:
No hay razas. Desde el punto de vista de la genética, solo vemos gradientes
geográficos.
Lluis Quintana-Murci, del Instituto Pasteur de París, citado por Gary
Stix Huellas de un pasado lejano, en Investigación y Ciencia, septiembre de
2008, ISSN 0210-136X pg. 19.
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historia nacional.
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temporum, lux veritatis, vita memoriae, magistra vital, nuntia
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verdad, memoria de la vida, maestra de la vida y mensajera de
la antigüedad (Álvaro Alba Olvidar la historia es un
castigo Archivado el 1 de septiembre de 2009 en Wayback
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Bibliografía
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