Unidad I:
Para empezar, quiero explicar qué entendemos por subjetividad, según Yuni y Urbano.
Ellos plantean que la subjetividad no es algo innato ni fijo, sino que es un proceso dinámico y abierto, que se va
construyendo a lo largo de toda la vida.
Este proceso se desarrolla en relación constante con el entorno, por eso se dice que es situada, relacional e
histórica.
Dentro de esto, el psiquismo cumple un rol central.
Yuni y Urbano explican que el psiquismo es como un organizador interno que permite a la persona interpretar lo
que pasa en el mundo exterior, procesar esas experiencias y darles sentido.
Por eso, cada persona construye su propia subjetividad a través de la interacción entre lo biológico, lo psicológico, lo
social y lo cultural.
Un punto muy importante es la diferencia entre curso vital y ciclo vital, que ellos establecen:
El curso vital es el recorrido completo de la vida, desde la concepción hasta la muerte, considerando todos
los cambios y transiciones que atravesamos.
El ciclo vital, en cambio, divide ese recorrido en etapas con características propias: como la infancia, la
niñez, la adolescencia, la adultez, la vejez y la ancianidad.
Además, estos autores trabajan la idea de los eventos vitales, que pueden ser:
Normativos: aquellos que se esperan socialmente en ciertas etapas, como la pubertad, empezar la escuela,
formar una familia.
No normativos: imprevistos, como un accidente, una mudanza inesperada, o una pérdida.
No eventos: situaciones que uno espera que ocurran, pero no pasan, por ejemplo, no tener hijos o no
conseguir un trabajo soñado.
Esto muestra que el desarrollo no es lineal ni igual para todos, sino que está marcado por acontecimientos que
reorganizan la subjetividad.
En relación con esto, Yuni y Urbano también abordan el ciclo de la adolescencia como un momento de grandes
transformaciones:
En el plano biológico, se producen cambios físicos y hormonales que impactan en la autoimagen.
En el plano psicológico, se reorganiza la identidad, se tensionan los vínculos familiares y surge la necesidad
de pertenecer a grupos de pares.
Y en el plano social, el adolescente empieza a posicionarse frente a normas, valores y a buscar un sentido
vital.
Ellos resaltan que la adolescencia no puede entenderse de forma universalista, porque está fuertemente influida
por el contexto histórico y social.
Capítulo 7: Ciclo de la Adolescencia
La adolescencia es una etapa de profundas transformaciones:
o Biológicas: la pubertad genera cambios físicos y hormonales que inciden en la autoimagen y en la
identidad sexual.
o Psicológicas: se reelabora la identidad, se reactualizan conflictos infantiles y se tensionan vínculos
familiares.
o Sociales: surge la necesidad de pertenecer a grupos de pares y de explorar formas de ser en el
mundo. El adolescente empieza a construir una imagen más autónoma, se posiciona frente a
valores sociales, políticos y religiosos.
Es un momento de búsqueda activa de sentido vital y de pertenencia a grupos generacionales.
Yuni y Urbano destacan que la adolescencia no puede entenderse de forma universalista: depende del
contexto histórico, social y cultural.
Capítulo 8: Ciclo de la Adultez
La adultez abarca la juventud, la adultez media y la adultez avanzada.
Es una etapa con aparente estabilidad, pero llena de desafíos como:
o Finalizar la formación académica, ingresar al mundo laboral.
o Conformar pareja y familia.
o Tomar decisiones vitales que marcan la trayectoria futura.
La adultez media suele implicar balances y cuestionamientos de proyectos de vida: pueden aparecer crisis
(como la “crisis de la mediana edad”), replanteos profesionales, cuidados de hijos o padres mayores.
Yuni y Urbano insisten en que la adultez sigue siendo un ciclo abierto y dinámico, con oportunidades de
transformación y aprendizaje continuo.
Capítulo 9: Ciclo de la Vejez
Yuni y Urbano critican la mirada tradicional que presenta a la vejez como decadencia.
Proponen reconocer la vejez como una etapa con sentido propio, atravesada por desafíos, pero también por
posibilidades de resignificación y reflexión vital.
A nivel social, la jubilación y la pérdida de roles productivos pueden generar crisis identitarias, sobre todo si
el valor personal estaba ligado al trabajo.
Sin embargo, puede ser un momento de reencuentro con uno mismo, mayor libertad para expresarse,
reconstruir la historia propia y fortalecer la participación comunitaria.
Subrayan la importancia de políticas públicas y prácticas sociales que incluyan a los adultos mayores,
reconociendo que el desarrollo no termina, sino que continúa hasta el final de la vida, de forma única y
subjetiva.
Palacios, por su parte, se centra en la adolescencia y hace una distinción importante entre pubertad y adolescencia.
La pubertad es un fenómeno biológico y universal, porque implica cambios físicos que transforman el
cuerpo infantil en cuerpo adulto con capacidad reproductiva.
En cambio, la adolescencia es un fenómeno psicosociológico que no es necesariamente universal, ya que
depende del contexto social, cultural e histórico.
Palacios explica que la adolescencia es una etapa de transición entre la infancia y la adultez, donde los adolescentes
todavía no asumen roles adultos, y ahí aparece la idea de moratoria social, que viene de Erikson: es un tiempo de
espera que la sociedad da para que los jóvenes puedan experimentar distintos roles y consolidar su identidad.
Adolescencia como etapa de transición
Palacios plantea que la adolescencia es un momento de transición entre la infancia y la adultez.
En esta etapa, los adolescentes ya no son considerados niños, pero tampoco tienen la responsabilidad plena
de los adultos.
Es un tiempo de exploración, búsqueda de identidad y construcción de nuevos vínculos, especialmente con
el grupo de pares.
Moratoria social
Un concepto central que Palacios retoma de Erikson es el de moratoria social.
Significa que la sociedad le da al adolescente un “compás de espera”, un tiempo de prueba para
experimentar distintos roles y proyectos, sin la presión inmediata de asumir responsabilidades adultas
definitivas.
Esta moratoria es clave para la consolidación de la identidad y para que el joven pueda definir valores,
ideales y metas.
Por otro lado, Berger aporta la idea de desarrollo integral, considerando que todas las dimensiones —física,
cognitiva, emocional y social— están interrelacionadas.
Esto significa que para comprender al sujeto de la educación hay que mirar la totalidad de su contexto, su historia y
sus vínculos, y no sólo una parte aislada.
Para Berger, el desarrollo no es una suma de partes aisladas, sino un proceso integral y dinámico.
Por eso, para comprender al sujeto de la educación, es necesario observarlo en la totalidad de su contexto,
incluyendo:
o Su historia personal,
o Sus relaciones interpersonales,
o Su cultura y sociedad,
o Y los factores biológicos que atraviesan cada etapa.
Importancia de la escuela
Esta perspectiva integral implica que la escuela no solo transmite contenidos académicos, sino que es un
espacio clave para el desarrollo emocional y social del sujeto.
Berger nos invita a reconocer que los aprendizajes no son solo intelectuales, sino que involucran
sentimientos, motivaciones, vínculos y valores.
Unidad II:
Desarrollo cognitivo — Piaget
Según Jean Piaget, el adolescente se encuentra en el Estadio de Operaciones Formales, que empieza
aproximadamente a los 12 años.
En este estadio:
El pensamiento se vuelve hipotético-deductivo, es decir, el adolescente puede plantear hipótesis y
comprobarlas, sin depender solo de lo concreto.
Puede pensar en lo posible y no solo en lo real, anticiparse a hechos y planificar.
Desarrolla metacognición, que es la capacidad de pensar sobre su propio pensamiento.
Gracias a esto, logra un razonamiento lógico y abstracto, construye teorías y puede cuestionar normas
establecidas.
Piaget destaca que este avance permite al adolescente ser más autónomo intelectual y reflexivo, lo que influye
directamente en la consolidación de su identidad.
Desarrollo psicosexual — Freud (Leliwa y Scangarello)
Desde el psicoanálisis, Freud explica el desarrollo de la personalidad a través de etapas psicosexuales.
En la adolescencia, se reactiva la Etapa Genital, que comienza alrededor de los 12 años.
Con la llegada de la pubertad, aparecen cambios físicos y hormonales que despiertan nuevamente los
impulsos sexuales.
Se reorganizan los vínculos afectivos y la identidad sexual.
Es un momento de rebeldía ante la autoridad, formación de grupos de pares y elecciones importantes:
vocacionales, laborales y afectivas.
Esto muestra cómo el desarrollo sexual, emocional y social están interrelacionados, influyendo en la subjetividad y
la construcción de la personalidad adulta.
Aberastury — Los tres duelos del adolescente
Arminda Aberastury, desde el psicoanálisis, explica que la adolescencia implica atravesar tres duelos psíquicos
fundamentales:
1. Duelo por el cuerpo infantil: el adolescente debe aceptar su nuevo cuerpo sexualizado, lo que puede
generar ansiedad o narcisismo.
2. Duelo por el rol infantil: ya no puede ser tratado como niño, pero aún no es adulto, lo que genera una crisis
de identidad.
3. Duelo por los padres idealizados: empieza a ver a los padres como personas reales, con virtudes y defectos,
y se distancia emocionalmente para formar su propio sistema de valores.
Si estos duelos no se elaboran bien, pueden aparecer conflictos emocionales, rebeldía excesiva o fijaciones
infantiles.
Knobel — Síndrome normal de la adolescencia
Mauricio Knobel complementa esto con su concepto del Síndrome Normal de la Adolescencia, que describe 10
características normales de esta etapa. Algunas de las más importantes son:
Búsqueda de sí mismo y de la identidad: El adolescente explora quién es, qué quiere ser, qué valores
adopta.
Tendencia grupal: Necesidad de pertenecer a un grupo de pares, que le da contención y refuerza la
identidad emergente.
Contradicciones sucesivas: Oscila entre actitudes infantiles y adultas, entre dependencia y autonomía.
Separación progresiva de los padres: Distanciamiento emocional y búsqueda de modelos fuera del núcleo
familiar.
Conflictos con los padres: Disputas de autoridad, desafíos a las reglas y límites familiares.
Crisis religiosa: Replanteo de creencias heredadas, cuestionamientos de valores morales y espirituales.
Desubicación temporal: Vive más en el pasado o en fantasías del futuro que en el presente.
Evolución sexual: Consolidación de la identidad sexual y primeras experiencias afectivas y eróticas.
Actitud reivindicatoria: Necesidad de confrontar normas, poner en crisis valores establecidos y reclamar
cambios.
Fluctuaciones del humor: Cambios bruscos de estado emocional: euforia, tristeza, irritabilidad, entusiasmo.
Knobel aclara que estas conductas no son patologías, sino manifestaciones normales del proceso de construcción de
la identidad.
Erikson amplía la teoría psicoanalítica con su Teoría del Desarrollo Psicosocial.
Propone que el desarrollo de la personalidad ocurre a lo largo de toda la vida, no solo en la infancia, y se organiza en
ocho etapas.
Cada etapa implica una crisis psicosocial que debe resolverse de forma positiva para fortalecer la identidad y el yo.
Estas crisis se expresan siempre como pares opuestos o “Vs.”, porque muestran la tensión entre dos posibilidades:
una resolución sana y una conflictiva.
Etapa 5 — Identidad vs. Difusión de Identidad (13–21 años)
Corresponde a la adolescencia, momento clave para definir quién soy y qué quiero ser.
El adolescente experimenta con roles, valores, ideologías, grupos de pertenencia.
Si logra consolidar su identidad, obtiene una narrativa coherente de su vida.
Si fracasa, aparece la difusión de identidad, que genera inseguridad, inestabilidad o confusión de roles.
Aquí surge la idea de moratoria social: un tiempo de exploración que la sociedad concede para experimentar
roles sin asumir responsabilidades definitivas.
Etapa 6 — Intimidad vs. Aislamiento (21–40 años)
Etapa de la juventud o adultez temprana.
El sujeto busca establecer relaciones afectivas profundas, como pareja, amistades íntimas, vínculos de
confianza.
Solo quien ha logrado una identidad sólida puede compartir su intimidad sin perderse en el otro.
Si no lo logra, puede aislarse emocionalmente o mantener vínculos superficiales.
También puede aparecer la promiscuidad como forma de apertura indiscriminada, sin compromiso real.
Etapa 7 — Generatividad vs. Estancamiento (40–60 años)
Etapa de la adultez media, también conocida como la etapa de la productividad y cuidado.
La persona se pregunta: “¿Qué dejo a la próxima generación?”
Implica producir, cuidar, guiar y aportar a otros: hijos, comunidad, proyectos sociales.
Si se resuelve bien, hay sentido de propósito y legado.
Si fracasa, aparece el estancamiento, la pérdida de entusiasmo, la crisis de la mediana edad y la sensación
de no tener nada para dar.
Etapa 8 — Integridad del yo vs. Desesperación (60 años en adelante)
Etapa de la vejez, donde se realiza una evaluación de la vida vivida.
Si la persona logra integrar sus experiencias, acepta su historia, se reconcilia con sus decisiones y enfrenta la
muerte con serenidad.
Si no lo logra, aparece la desesperación, con arrepentimientos, angustia y miedo a la muerte porque siente
que su vida no tuvo sentido.