1.
Desarrolle un escrito argumentativo (máximo 3 carillas) retomando los principales
aportes historiográficos de los primeros tres autores mencionados en la bibliografía
(Knight, Funes y Ansaldi) necesarios para el estudio de la materia, teniendo en cuenta:
a. Las problemáticas centrales de cada autor.
b. Los objetos de estudio y los actores sociales que propone cada uno.
c. Los desafíos historiográficos que señala cada autor.
Dentro de la historiografía latinoamericana sobresalen dos temas, como lo son: la historia
regional/local y la historia popular subalterna (la historia de los de abajo), debido a su
utilidad, ya que estos estudios descubren particularmente bien los métodos de dominación
y los modos de producción a través del tiempo (y pueden profundizar en las creencias y
mentalidades populares); Los estudios locales y regionales todavía prevalecen y con buena
razón: solo pueden subvertir, cuestiones y calificar las grandes y viejas simplicidades de la
historia nacional. Los actores burocráticos: los virreyes, las audiencias, los monopolios
mercantiles, les abren paso a: los caudillos y a sus variados seguidores; a partidos políticos,
a ejércitos regulares y a camarillas de notables locales a su vez una iglesia católica que, al
no estar sujeta al patronato real, se vuelve relevante tanto política, como espiritual y
socioeconómicamente. Estos estudios tienden a contraerse en el alcance cronológico y, en
particular, para principios del siglo xix, a admitir la nueva importancia de la política y el
Estado, cuyas bases y esfuerzos fueron transformados por la independencia; la política
local con frecuencia giro en torno a estas enemistades históricas, que fueron redefinidas
sucesivamente según terminología política de la época: liberal y conservadora en esta
época.
La fuga del historiador del centro de las regiones- tiene su contraparte social o de clase. La
historia “del centro hacia afuera” es complementada, por lo tanto, por la historiografía “de
abajo hacia arriba” o la historiografía de los de abajo, de grupos tales como el de las
mujeres, los criados, los niños, los campesinos, los vagos y los criminales; cabe mencionar
que la historia tradicional latino-americana fue una historia en la cual, de manera general,
las mujeres quedaron fuera. Pero durante el siglo xx, conforme se desarrollaron el sufragio
universal y los partidos de mases, el papel político de la mujer se incrementó. cuando la
atención se ha prestado a los campesinos y los esclavos, es más comprensiva y solidaria.
La política está localizada dentro de un contexto social, económico y cultural. Aquí podemos
encontrarnos con un problema como la resistencia de las fuentes escritas para una
investigación detallada de la cultura de la clase obrera, ha sido la época frecuente, a partir
de 1930, la que se ha beneficiado de más de la historia oral, como complemento del trabajo
de archivos, puede proporcionar una imagen más clara de las “vidas de los trabajadores”
una imagen que no es ni exclusivamente política ni exclusivamente cargada de burdos
presuntos eurocéntricos.
El imperialismo será uno de los vectores que va a extender las relaciones capitalistas en la
región, teniendo en cuenta que, se plantea que las sociedades latinoamericanas son
feudales hasta la llegada del capitalismo extranjero; y que los islotes de economía
capitalista tienen su origen a partir de la presencia de ese estimulo externo y no como un
proceso autogenerado de capital en el interior de esas sociedades, como lo sería en el caso
de Estados Unidos que había completado su proceso de consolidación estatal, un
desarrollo industrial acelerado y sostenido que se traducía en una inocultable vocación de
liderazgo continental, y la forma en que asumiría su dominación en la región fueron las
fuertes inversiones en la producción, proceso de extroversión de los recursos productivos
de muchos países latinoamericanos y el control de esos enclaves, desde el punto de vista
económico y en algunos casos, político-militar.
La revolución mexicana como tema central en la discusión política de las nuevas
generaciones latinoamericanas, conjugará un conjunto de desafíos que permitan pensar
temas importantes de la sociedad en la región: como los campesinos, el mestizaje, el
nacionalismo, los derechos sociales, el rol del estado, la soberanía. También un nudo
sensible a los hombres de ideas: la relación entre intelectuales y política. El espacio para
las practicas intelectuales parecía acotado, y se volvió relevante en los años xx, que abrió
un campo nuevo en la relación entre los intelectuales y el poder. Las relaciones eran
funcionales: los caudillos militares necesitaban de los intelectuales para reconstruir el nuevo
estado. Por su parte, algunos intelectuales sentían la misión de desmilitarizar un poder que
se producía y legitimaba por la violencia.
Los campesinos, los obreros, el mestizaje, la cultura popular, son el objeto de una
tematización que alterna nuevas problemáticas con otras que tenían una larga tradición.
Alfabetizar, educar, nacionalizar con un sentido popular, se convirtieron en una cruzada que
movilizó recursos, personas e ideas que tuvieron gran impacto en la discusión
latinoamericana. La revolución se constituye en un problema relacionado con el
pensamiento político de la década y desde entonces a lo largo del siglo xx. Para algunos
en las sociedades latinoamericanas y en el contexto de erosión del liberalismo, la revolución
es un camino para completar, construir o ensanchar la nación. Por el contrario, otros
piensan que la invocación a la nación es la vía para neutralizar o evitar la revolución. La
revolución política, social, cultural o de los espíritus, impregnó los discursos programáticos
de los años xx en Latinoamérica. Sin embargo, el consenso acerca del significado de la
revolución distaba de ser inequívoco. Si bien no a cualquier cambio podía otorgársele la
cualidad de “revolución”, esta podría ser anticolonial, socialista, proletaria, comunista,
antiimperialista. Lo que queremos señalar es, en primer lugar, la entidad de la discusión,
subrayar este núcleo de la agenda de ideas de los años xx latinoamericanos.
2. Caracterice el impacto que generó a mediano plazo la crisis del 1929 en las economías
latinoamericanas (mencione estudio de caso), las clases trabajadoras y el movimiento
obrero.
Los impactos de la crisis del 29’ en las economías latinoamericanas consistieron en: el
exceso de demanda de créditos y subida de los tipos de interés mundiales, lo que elevó el
costo de mantenimiento de las existencias y redujo la demanda de muchos de los bienes
primarios exportados por américa latina, como así también, la caída del valor de los activos
financieros que redujo la demanda de los consumidores canalizada a través del llamado
efecto de riqueza: esta caída del valor de los activos financieros redujo la demanda de los
consumidores canalizada- los importadores no podían o no deseaban reponer sus
existencias de materias primas ante la perspectiva de restricciones crediticias y una
demanda decreciente, cabe mencionar también que cayeron los precios de las
importaciones , cuando el descenso de la demanda mundial y la caída en los costos produjo
una doble presión en el valor unitario de los bienes vendidos a américa latina. Todos los
países afrontaron una caída en los precios de sus exportaciones de bienes primarios, ya
que había un gran contraste respecto al volumen de sus exportaciones, Un precio que se
mantuvo: fue el tipo de interés nominal fijo sobre la deuda externa pública y privada. Los
países más afectados por la caída de los precios y de los volúmenes de exportación fueron
Bolivia, chile y México; En el caso de chileno, la caída del 83 por 100 del poder de compra
de sus exportaciones fue el más grande registrado en América latina para un periodo tan
corto y uno de los más drásticos en el mundo; Cuba: sus exportaciones , dominadas por el
azúcar, cayeron rápidamente después de 1929 cuando sufrió consecuencias de su
especialización azucarera y de su gran dependencia de Estados Unidos. Los países que
experimentaron un modesto descenso (menos del 25 por 100) en el volumen de
exportaciones son Argentina, Brasil, Ecuador, Perú y toda América central; un tercer grupo
de países experimentó un descenso muy pequeño(menos del 10 por 100) en el volumen
de exportación entre 1929 y 1932; Colombia, aprovechando la confusión causada por el
colapso del plan brasileño de valorización del café, consiguió un pequeño aumento de sus
exportaciones de café; Venezuela sufrió un descenso en el volumen de sus exportaciones
de petróleo; las exportaciones de República Dominicana dominadas por el azúcar ,
crecieron constantemente durante los peores años de depresión, mientras que se salvó
Venezuela, protegida por el petróleo y Honduras, fue amparada por la decisión de las
compañías bananeras de concentrar su producción global en sus plantaciones hondureñas
e bajo costo; por otro lado, lamentablemente esto perjudicó a los productores mineros de
México.
En el decenio de 1930 los núcleos de formación de la clase trabajadora estaban (como
cabía esperar en unas economías dedicadas a la exportación) en el transporte (ferrocarriles
y muelles) y en las empresas de servicios públicos (producción de electricidad, transporte
público, servicios municipales, etcétera). Cabe especular que lo más probable es que la
gente trabajadora dora de los años treinta se viera a sí misma como personas que ejercían
oficios y ocupaciones muy concretos y probablemente aceptaba una definición muy
restringida de sí misma como panaderos, impresores, conductores de tranvía, etcétera.
Sólo en las empresas grandes y en algunas poblaciones era probable que los trabajadores
pensaran conscientemente en sí mismos como personas que pertenecían a una clase
trabajadora.
Si hay alguna pauta general en la evolución del movimiento obrero desde 1930, responde,
por un lado, a una pauta de masificación y diversificación de la población activa y, por otro
lado, a la creciente homogeneización de la experiencia como ciudadanos. El movimiento
era complicado e iba de grupos de trabajadores que constituían una pequeña minoría en
sociedades mayoritariamente rurales, y cuyo sentido de identidad de clase trabajadora era
bastante embrionario, a la creación de una nueva clase trabajadora en los años cuarenta,
cincuenta y sesenta, y luego su masificación y redefinición como importante fuerza social
en los sesenta y setenta. Las clases trabajadoras latinoamericanas no solo eran diversas
en su composición social y laboral, tanto entre países como dentro de un mismo país, sino
que también había diferencias significativas entre una ciudad y otra.
Los movimientos obreros son parte fundamental e integrante de la sociedad y están
vinculados a lo que suceda en la economía, el sistema político, la organización de la
industria y los procesos laborales, y en una escala más amplia, en la estructura social
(cambios en la estructura profesional, movilidad social, pautas de residencia, formas de
identidad clasista y ocupacional, etcétera). Es, de hecho, este aspecto polivalente de la
historia de los trabajadores lo que hace que sea tan difícil desvincularlo de los procesos
mayores de cambio histórico. En los estudios de los movimientos obreros de América Latina
hay una tendencia natural a poner de relieve los países que son mayores, más urbanos y
de industria más desarrollada. Las evoluciones de los movimientos obreros de América
Latina estuvieron íntimamente ligadas a cambios en las estructuras ocupacionales y
clasistas de la región, a cambios en los sistemas políticos y económicos y a la formación
de movimientos sociales definidos de manera más amplia; por ejemplo, en Cuba, durante
el 30´ Además, la naturaleza estacional del empleo en el muy proletarizado sector
azucarero, junto con las grandes oscilaciones de la demanda internacional de azúcar,
produjo una clase trabajadora en la que las divisiones entre lo rural y lo urbano eran menos
perceptibles que en otras partes de la región, y en la que el descontento en aumento a
causa del paro, la dependencia económica y la dominación extranjera, así como del
autoritarismo en las relaciones laborales, se combinó con las experiencias revolucionarias
de Cuba para producir un movimiento obrero que aceptaba de buena gana el liderazgo de
partidos radicales, primero los comunistas y más adelante el Movimiento 26 de Julio.
3. Explique la importancia de la Guerra del Chaco como estudio de caso para el análisis
de la aparición de los nacionalismos en “América Latina”, teniendo presente los intereses
del capital extranjero y los intereses locales y regionales de cada Estado Nacional para
mediados de la primera mitad del siglo XX.