¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí.
De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la una. Si te la digo, porque muy bien la sé: la una es la casa santa de
Jerusalén, donde Cristo entro amén.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas las dos. Si te la digo, porque muy bien la sé: son las tablas de Moisés
amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la tres. Si te la digo, porque muy bien la sé: Son los clavos con los que
clavaron los pies y manos de Nuestro Señor Jesucristo amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la cuatro. Si te la digo, porque muy bien la sé: La cuatro son los cuatro
evangelios dogma de la vida cristiana amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la cinco. Si te la digo, porque muy bien la sé: La cinco es las cinco llagas
inferidas del martirio que los judíos hicieron en el santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la seis. Si te la digo, porque muy bien la sé: La seis son las once mil luces
que las vírgenes pusieron a los cirios para alumbrar en Santo Sepulcro donde depositaron los despojos
de Nuestro Señor Jesucristo amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la siete. Si te la digo, porque muy bien la sé: La siete son las siete
cabrillos que alumbran el firmamento amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la ocho. Si te la digo, porque muy bien la sé: La ocho son las ocho voces
de lamentos cuando ataban a Jesús Nazareno en el madero Santo de la Cruz amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la nueve. Si te la digo, porque muy bien la sé: La nueve son los nueve
meses que María Santísima conservo en vientre a nuestro señor Jesucristo amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la diez. Si te la digo, porque muy bien la sé: La diez son los diez
mandamientos de la ley de Dios, enseña de los pecadores amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la once. Si te la digo, porque muy bien la sé: La once son las once mil
vírgenes que acompañaron en pasión y muerte de nuestro señor Jesucristo amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la doce. Si te la digo, porque muy bien la sé: La doce son los doce
apóstoles que con Jesús comieron la santa cena amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas la trece. Si te la digo, porque muy bien la sé: La trece son los trece mil
rayos que tiene el sol, trece mil luces que tiene la luna y trece mil veces reviente el hombre-perro que
responda mí amen.
¡Hombre mío! Hombre tuyo no. Hombre siervo criatura de Dios sí. De las trece palabras de don Juan
Retornado Quiero que me digas de la una a la trece. Si te las digo porque muy bien me las sé: la una es
la casa santa de Jerusalén, donde Cristo entro. La dos, son las tablas de Moisés. La tres Son los clavos
con los que clavaron los pies y manos de Nuestro Señor Jesucristo. La cuatro son los cuatro evangelios
dogma de la vida cristiana. La cinco es las cinco llagas inferidas del martirio que los judíos hicieron en el
santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. La seis son las once mil luces que las vírgenes pusieron a
los cirios para alumbrar en Santo Sepulcro donde depositaron los despojos de Nuestro Señor Jesucristo.
La siete son las siete cabrillos que alumbran el firmamento. La ocho son las ocho voces de lamentos
cuando ataban a Jesús Nazareno en el madero Santo de la Cruz. La nueve son los nueve meses que
María Santísima conservo en vientre a nuestro señor Jesucristo. La diez son los diez mandamientos de la
ley de Dios, enseña de los pecadores. La once son las once mil vírgenes que acompañaron en la pasión y
muerte de nuestro señor Jesucristo. La doce son los doce apóstoles que con Jesús comieron la santa
cena. La trece son los trece mil rayos que tiene el sol, trece mil luces que tiene la luna y trece mil veces
reviente (nombra a la persona) que responda mí sea hombre o mujer, que todos mis enemigos vengan
mansos ante mis pies, así como Jesucristo fue al pie de la cruz Amen.
La trece son los trece mil rayos que tiene el sol, trece mil luces que tiene la luna y trece mil veces
reviente (nombra a la persona) que responda mí sea hombre o mujer, que todos mis enemigos vengan
mansos ante mis pies, así como Jesucristo fue al pie de la cruz Amen. La doce son los doce apóstoles que
con Jesús comieron la santa cena. La once son las once mil vírgenes que acompañaron en la pasión y
muerte de nuestro señor Jesucristo. La diez son los diez mandamientos de la ley de Dios, enseña de los
pecadores. La nueve son los nueve meses que María Santísima conservo en vientre a nuestro señor
Jesucristo. La ocho son las ocho voces de lamentos cuando ataban a Jesús Nazareno en el madero Santo
de la Cruz. La siete son las siete cabrillos que alumbran el firmamento. La seis son las once mil luces que
las vírgenes pusieron a los cirios para alumbrar en Santo Sepulcro donde depositaron los despojos de
Nuestro Señor Jesucristo. La cinco es las cinco llagas inferidas del martirio que los judíos hicieron en el
santísimo cuerpo de nuestro Señor Jesucristo. La cuatro son los cuatro evangelios dogma de la vida
cristiana. La tres Son los clavos con los que clavaron los pies y manos de Nuestro Señor Jesucristo. La
dos, son las tablas de Moisés. La una es la casa santa de Jerusalén, donde Cristo entro.