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Influencia y Filosofía de Platón

Platón (427-347 a.C.) es un filósofo de gran influencia en la filosofía occidental, cuya obra abarca diversas disciplinas y ha impactado profundamente la teología cristiana. Su filosofía se centra en la existencia de un mundo de ideas, donde las esencias universales trascienden la realidad sensible, y presenta una antropología dualista que distingue entre el cuerpo y el alma. A través de sus diálogos, Platón explora conceptos como la ética, la política y la naturaleza del conocimiento, dejando un legado duradero en el pensamiento filosófico.

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Influencia y Filosofía de Platón

Platón (427-347 a.C.) es un filósofo de gran influencia en la filosofía occidental, cuya obra abarca diversas disciplinas y ha impactado profundamente la teología cristiana. Su filosofía se centra en la existencia de un mundo de ideas, donde las esencias universales trascienden la realidad sensible, y presenta una antropología dualista que distingue entre el cuerpo y el alma. A través de sus diálogos, Platón explora conceptos como la ética, la política y la naturaleza del conocimiento, dejando un legado duradero en el pensamiento filosófico.

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PLATON (427-347 A-C)

Ningún filósofo occidental ha tenido una influencia tan grande como


Platón; esto, sobre todo, a través de canales casi inconscientes y a
veces en contra de su propia intención. Hay filósofos modernos que son
de la idea de que ‘toda la filosofía occidental es nada más que una nota
de pie muy extensa de la obra platónica’ (Whitehead).
La historia del cristianismo no se puede entender a fondo sin tomar en
cuenta el impacto incalculable de Platón sobre el desarrollo de la
teología occidental.
Hasta el siglo XI d.C. De Aristóteles se conocían en Occidente sólo sus
obras lógicas, hasta que por medio de los árabes llegaron las obras
metafísicas y ética a las manos de los intelectuales cristianos. Así todo
un milenio de esfuerzo teológico y filosófico fue determinado en gran
parte por el pensamiento platónico.
Con Platón encontramos por primera vez todo un sistema filosófico,
que abarca casi la totalidad de ramas y disciplinas, desde la
gnoseología, metafísica y antropología,
hasta la ética y la política. Sólo la lógica sería reservada para su
discípulo Aristóteles.
Platón nos ha dejado una obra muy extensa (unos 27 diálogos,
disertaciones, cartas, poemas, etc.),
1.- La persona de Platón
El filósofo Platón (427-347 a.C.) nació en Atenas de una familia
aristocrática que desempeñaba diferentes funciones políticas en la
democracia ateniense. Toda su
formación era clásica: música, gramática, pintura, matemáticas y
literatura. Estaba predestinado desde un inicio para la carrera política. El
encuentro con Sócrates en
407 fue decisivo tanto para su vida como para su filosofía. Cuando los
espartanos suprimieron la democracia en Atenas (404) e introdujeron la
oligarquía con el gobierno
de los Treinta Tiranos, Platón tenía esperanzas de que crearían
condiciones más justas. Pero se desengañó; y al restablecerse la
democracia, pensaba otra vez en la carrera política. Esta vez fue la
muerte de su maestro Sócrates (399) lo que le hizo apartarse por
completo de la
política activa. Sin embargo, podemos notar que su afinidad y
predestinación política han tenido un impacto fuerte en su filosofía.
Hasta podemos decir que en el fondo toda su filosofía tiende hacia un
ordenamiento político justo,
bajo verdades eternas y normas universales. La muerte de Sócrates
también fue el motivo de que abandonara Atenas; Platón emprendió tres
viajes a Italia meridional
y Sicilia. En esas oportunidades trató de poner en práctica su teoría
política en Siracusa, que terminó en un completo fracaso. Por fin regresó
a Atenas y fundó allí la
Academia, su escuela con la forma jurídica de una asociación religiosa,
en un santuario dedicado al héroe Hecádemos. En ese círculo
desarrollaba su filosofía y debatía
los asuntos polémicos con sus discípulos, en especial con el joven
Aristóteles.
Platón era un espíritu muy vivo, que buscaba la verdad y la sabiduría
con mucho entusiasmo, siguiendo el camino de su gran maestro
Sócrates. Sin embargo, fue
decepcionado en muchos de sus anhelos. Sócrates sufrió la muerte
injusta dentro del régimen democrático; la política real se reveló como
un manejo irracional de poderes;
la cultura humana estaba en peligro de caer en barbarismo. Todas esas
experiencias causaron una resignación en el gran ‘idealista’ Platón, y
dieron lugar a una
filosofía ‘escapista’ que buscaba los fundamentos y valores más allá del
quehacer cotidiano de la gente. En este sentido, Platón tiene mucho que
ver con el Eclesiastés
de la Biblia hebrea que se queja de la vanidad del mundo;
sólo que Platón desarrolló toda una teoría de ‘otro mundo’,
trascendiendo los vaivenes de esta vida. Entre los maestros que
influyeron en Platón hay
que mencionar, en primer lugar, a su guía personal, Sócrates, que le
dejó en herencia la técnica dialógica, la importancia de la ética y el
problema de los universales
que iba a dar lugar a la doctrina de las ideas. Además, Platón tenía
conocimiento de Heráclito y su filosofía a través de Crátilo. En Italia
meridional tenía contactos con
la escuela pitagórica y su metafísica de los números. Y en Megara
conocía la ontología de Parménides. Mucho de su filosofía puede ser
interpretado como un intento de
encontrar una mediación entre las doctrinas antagónicas de Heráclito y
Parménides, lo que da como resultado un dualismo ontológico.
2.- La obra de Platón
Además de las 13 cartas (probablemente no todas auténticas), la obra
escrita (exotérica) de Platón está constituida por diálogos, que se nos
han conservado
íntegros. Los diálogos sirven para debatir algunas ideas conocidas
de corrientes presocráticas y de los sofistas mediante un debate ficticio,
en donde normalmente Platón está representado por la figura de
Sócrates. La solución
se establece dialécticamente por la pelea intelectual y argumentativa, y
deja como síntesis la misma doctrina filosófica de Platón. tres grupos de
diálogos con sus características propias:
* Los primeros diálogos (o diálogos socráticos): Apología, Critón,
Laques, Lisis, Cármides, Eutifrón, Hipias menor, Hipias mayor (tal vez no
auténtico),
Protágoras, Gorgias, Ión. En esas obras tempranas de Platón, la ética
está en el centro.
Muchos diálogos tratan de una cierta virtud (valentía, piedad,
discreción), de la amistad o de la belleza. El personaje central es
Sócrates y su mayéutica;
los primeros diálogos dan una impresión más auténtica del maestro de
Platón.
* Los diálogos centrales: Menón, Fedón, Politeia (República),
Banquete, Fedro, Eutidemo, Menxeno, Crátilo. En estos diálogos Platón
diseña su propia
filosofía, tanto la metafísica (doctrina de ideas), la gnoseología, la
antropología como la polí[Link]í vemos como punto central la
problemática
de los universales, al tocar asuntos del lenguaje y de la epistemología.
* Los diálogos tardíos: Parménides, Teeteto, Sofista, Político, Timeo,
Critias, Filebo, Nomoi (o Leyes). Epicentros de las obras tardías de Platón
son la
ontología, la dialéctica, la gnoseología y la cosmología. Además, vemos
un intento de aplicar su teoría metafísica en el orden político, más allá
de una utopía, como en
la Politeia. Aquí vemos la controversia con Parménides y Heráclito, como
también una cosmogonía racional y matemática (Timeo). Los Nomoi no
fueron concluidos,
probablemente porque se trata de la última obra (incompleta) de Platón.
3. La idea platónica
La problemática que daba lugar a la concepción de la ‘idea’ en la
filosofía de Platón ya la había planteado Sócrates al buscar la esencia de
un concepto como
‘virtud’ o ‘bondad’, es decir, ‘lo bueno’ en sí, él lo había solucionado con
sus definiciones esenciales. Pero para su discípulo Platón esta salida no
es suficiente, porque no explica el carácter de estas esencias. La
problemática ‘perenne’ que está en la base de la doctrina de las ‘ideas’
es la cuestión de los universales que preocuparía a generaciones de
filósofos hasta hoy día. Por un lado, la realidad concreta y perceptible
por los sentidos es en su totalidad individual: existe tal árbol y tal
persona singulares, pero no existe lo universal
(‘el árbol’, ‘la persona’) como algo sensible y concreto.
Por otro lado, nuestro hablar y pensar trata de cosas generales (‘el
árbol es una planta’) que no encontramos como tales en la realidad
concreta. De ahí que surge la pregunta sobre el carácter ontológico de
tales ‘cosas generales’ o ‘conceptos’, porque no son entes sensibles
y concretos. Platón llama a estas ‘cosas generales’ ideas (eidos
o idea), es decir, etimológicamente, ‘lo que se ve’. La ‘idea platónica’
tiene que ver con la metáfora de la ‘visión’; tanto eidos como idea
vienen del verbo idein (ver,
contemplar). De este modo Platón quiere decir que la ‘idea’ es el objeto
directo del ‘ver’, pero en un sentido intelectual y no sensitivo: el
intelecto (como parte del alma)
‘ve’, o ‘contempla’ la ‘idea’, es decir, los ‘conceptos’ o ‘cosas generales’;
mientras que los sentidos solamente captan las diferentes cosas
hermosas (ta Kala) como una
flor, un cuadro, un cuerpo, etc. , el intelecto ‘ve’ lo hermoso en sí (to
Kalón), es decir, la idea ‘hermoso’. ¿Pero dónde existe esta ‘idea’ de lo
hermoso? Como ya hemos visto, no existe como ente concreto y
sensible. Podríamos decir que existe en nuestro intelecto.
Pero Platón no se contenta con esta solución, porque no explicaría que
todos los hombres en todos los tiempos tienen unas mismas ideas. De
ahí que Platón plantee la
existencia ontológica de las ideas, es decir, la existencia sustancial y
no solamente accidental, inherente a otro (intelecto, ente concreto).
Pero esta existencia tiene que
ser de otra naturaleza que las cosas individuales (ta onta); la ‘idea’ tiene
entonces una realidad y existencia más allá del mundo sensitivo y
concreto, en un mundo
‘ideal’, diferente del mundo concreto. Aquí tenemos el fundamento para
la famosa doctrina de los dos mundos de Platón: un mundo material,
concreto e individual, y otro mundo ideal, abstracto y general. Este
segundo mundo trascendente se suele llamar
-porque es la residencia de las ‘ideas’- el ‘mundo de las ideas’, resp. el
‘cielo de las ideas’. Podemos ver en esto la herencia intelectual de
Parménides, cuyo dualismo
gnoseológico entre doxa y episteme se ha convertido en un dualismo
metafísico. También vemos en Platón, el padre espiritual del dualismo,
el ‘aquí’ y el ‘más-allá’, incorporados
a la teología cristiana y desarrollados en el transcurso de los siglos. El
‘cielo’ cristiano es una síntesis del cielo de la Biblia (shemayim) y del
‘cielo platónico’; las huellas del dualismo platónico las vemos, por
ejemplo, en los escritos de San Juan (evangelio, cartas, apocalipsis) y
más adelante en Orígenes y San Agustín.
Pero el dualismo entre el mundo sensitivo y el mundo ideal no es un
dualismo de principios equivalentes; como las cosas individuales (ta
onta) cambian y desaparecen, no pueden ser parte del propio ‘ser’ (to
ón). Más bien son las ‘cosas universales’ o ‘ideas’ que forman
el ‘ser’; de ahí que las ideas son los ‘entes’ propiamente dichos y
resumen la ‘esencia’ (ousía) de lo que existe. Ousía es la
sustantivización del verbo ón (‘ser’); así que
no es el ente concreto (este árbol) que existe en sí mismo, sino su
‘esencia’, es decir, la idea ‘árbol’. El ‘mundo de las ideas’ es el propio
ser, y el mundo sensitivo solamente tiene ’ser’ secundum quid, o sea,
por participación
en el ser ideal. Los entes individuales no ‘son en sí’, no tiene, una
existencia aparente.
La concepción platónica de las ‘ideas’ es un idealismo objetivo,
porque son las ideas (algo ideal) que tienen existencia objetiva y
absoluta, mientras que la realidad
material y sensitiva sólo tiene existencia participativa o secundaria.
La relación entre idea y entes(seres) puede ser entendida de tres
maneras:
1. Participación (methéxis): Los entes concretos
(p.e., diferentes árboles) ‘participan’ o ‘toman parte’ en una idea común
(p.e., ‘árbol’). Cada ente ‘participa’ en diferentes ideas: un árbol no sólo
es
‘árbol’, sino también ‘grande’, ‘fructífero’, viejo,
etc. Mientras que las cosas individuales son pluriformes (participan en
varias ‘formas’ o ‘ideas’ ),la idea misma es uniforme.
2. Paradigma (paradeigma): La idea es el ‘paradigma’
o ‘proto-tipo’ (original) para los entes que son subordinados a esta idea.
Así la idea ‘árbol’ es el modelo original o el ‘paradigma’ para todos los
árboles concretos, que son ‘ejemplos’ o ‘copias’ de esta misma idea
eterna. Así cada idea se ‘ejemplifica’ en un sinnúmero de ‘ejemplares’
que reflejan en algo a su único prototipo.
3. Presencia: La idea está ‘presente’ en sus diferentes ejemplares, no
de manera absoluta, sino relativa. La presencia de la idea ‘árbol’ en los
diferentes árboles concretos no puede ser ‘por completo’ porque la
misma idea tendría que dividirse y multiplicarse (lo cual estaría en
contra de la ‘simplicidad’ de la idea). La idea está presente como
esencia (ousía) en los entes concretos y que puede ser conocida como
‘concepto’ por el intelecto. Así la idea tiene, en cierto sentido, una
existencia triple:
A) Como idea eterna en el mundo trascendente de las ideas (existencia
absoluta).
B) Como concepto en nuestro intelecto, es decir, en el alma humana
(existencia gnoseológica).
C) Como esencia en los entes individuales y sensibles (existencia
participativa).
4. La antropología platónica
Dentro de la concepción de los dos mundos, el hombre ocupa un lugar
muy especial. La antropología platónica es una antropología de la
dualidad; el hombre es fundamentalmente metaxy, es decir, ‘en medio’.
Mientras que las cosas materiales forman parte del mundo
sensitivo y las ideas del mundo ideal, el hombre se encuentra en un
terreno intermedio entre los dos mundos. Está entonces entre Dios y
el animal, entre muerte e inmortalidad, entre cosmos perecedero y
mundo eterno, entre libertad y necesidad. Esta existencia intermedia se
explica por la dualidad de su naturaleza: por una parte es cuerpo, y por
otra parte es alma. Como cuerpo pertenece al reino de la materia, a este
mundo pasajero y aparente; y como alma (psykhé) pertenece al reino de
las ideas. Así el hombre está dividido en sí mismo y no forma una unidad
sustancial; la ‘unión provisional’ de cuerpo y alma más bien es algo
casual y se debe a una caída del alma (parecido al ‘pecado original’).
Tenemos aquí entonces el reflejo del dualismo metafísico en forma
externa, dando lugar a un
dualismo antropológico. El hombre es una unidad muy frágil de dos
principios opuestos que se excluyen mutuamente. Platón ilustra esta
situación antropológica con la ‘parábola del carro alado’: El hombre es
como un carro alado jalado por dos caballos, uno de color blanco y otro
de color negro. El caballo blanco (alma) siempre tiende hacia arriba, es
decir, hacia el mundo eterno de las ideas, y el caballo negro (cuerpo)
tiende hacia abajo,
es decir, hacia el mundo sensitivo y material. Según Platón, el alma
humana es inmortal porque pertenece al mundo eterno e inmutable de
las ideas;
es decir el alma humana es también una de las ideas eternas. La
dimensión corporal del hombre es un mal necesario, que hace sufrir al
alma en un ambiente ajeno
a su procedencia (reino de las ideas). Por lo tanto, el
cuerpo para Platón es la ‘cárcel del alma’, de la cual uno tiene que
liberarse lo antes posible .Este desprecio frente a todo material y
corporal ha tenido consecuencias fatales a lo largo de la historia de la
filosofía y la teología occidentales. y culpabilidad individual.
Platón distinge tres facultades del alma humana, debido a los diferentes
fenómenos psíquicos:
1. La concupiscencia (to epithymetikón) o la parte vegetativa: A esta
parte corresponden la necesidades básicas de alimentación y
sexualidad, es decir, la conservación biológica. Ahí tenemos los
impulsos,
2.. El afecto (to thymoeides) o la parte sensitiva o volitiva: Esta es la
parte que corresponde a la voluntad y a los afectos de amor, odio,
agresividad, ira, fortaleza, etc.
3. La razón (to logistikón) o la parte intelectiva: Esta parte del alma
también se llama ‘espíritu’ o intelecto, y tiene como función el
razonamiento. Mientras que las dos partes inferiores las comparte el
hombre con los animales (1.y 2.), resp. plantas (1.), la parte superior del
intelecto es algo exclusivo del hombre. Según Platón, la concupiscencia
y el afecto son relacionados tan estrechamente con el cuerpo, que
también perecen con él y comparten la individualidad y materialidad.
Solamente la parte intelectiva goza de la
inmortalidad,
5. La gnoseología platónica
Al idealismo metafísico y el dualismo ontológico corresponde, a nivel del
conocimiento, un intelectualismo. Platón retoma el planteamiento de
Parménides de distinguir la doxa (opinión) y la episteme (verdad), para
llegar a afirmar un dualismo gnoseológico. La ‘parábola de la
caverna’ en el 7º libro de la politeia quiere ilustrar este dualismo: Los
hombres encadenados en la caverna, que miran las sombras en las
paredes opuestas, representan nuestra situación ‘terrenal’, que obedece
al dictado de los sentidos y afectos. Como tales, vivimos en la apariencia
(doxa) y el engaño, y afirmamos los reflejos como originales. Al salir de
la cueva, los hombres ven la luz del sol, que simboliza la iluminación del
hombre por las ideas eternas; la contemplación del sol es asunto de la
razón, que de esta manera llega a la verdad (episteme). El dualismo
gnoseológico corresponde perfectamente
al dualismo ontológico y antropológico, y desestima la sensación y
absolutiza la razón. Según Nietzsche, con Platón empieza una larga
tradición de despreciar la sensualidad y afectividad, que es la otra cara
del racionalismo. Platón nos da en la ‘metáfora de las líneas’, un ejemplo
de la variedad de valores gnoseológicos que corresponden a un cierto
nivel de realidad.
Veamos entonces esta línea gnoseológica con los modos de
conocimiento y los ámbitos de objetos que les La línea A-C simboliza el
modo de conocimiento de la opinión (doxa), la línea C-B, el modo de
conocimiento del pensamiento (noesis).
Objeto de la opinión es el mundo visible, que también es el mundo de
cambio (genesis) y de la mutación. La doxa puede ser de modo de
suposición (como en la caverna) cuando de trata de testimonios. La
opinión tiene como objeto el mundo del devenir, captado por los
sentidos en la percepción. Objeto del pensamiento es el mundo
inteligible, que es el mundo del ser inmutable y eterno, es decir, de las
ideas. El pensamiento puede ser de modo del razonamiento discursivo
(dianoia), sobre todo en la matemática, o de modo de la contemplación
intelectual (noesis) de las ideas. El pensamiento tiene como objeto el
mundo del ser, captado por el intelecto. El conocimiento que alcanzan
los sentidos es un
saber secundario y deficiente; solamente captan las ‘copias’ o
‘imágenes’(eikones) de las cosas verdaderas, que son la [Link]
intelecto es capaz de conocer a los ‘originales’ o ‘prototipos’
(paradeigmata), al mundo verdadero y eterno de la ideas. La opinión
nunca es estable, porque recibe al mundo en su mutalidad. Según el
principio de connaturalidad, los sentidos mismos son materiales y
perecederos, porque tienen como objeto al
mundo material y perecedero, mientras que el intelecto (es decir, la
parte intelectual del alma) es espiritual y eterno, porque tiene como
objeto al mundo ideal y eterno.
La correspondencia entre dualismo metafísico y gnoseológico es uno de
los axiomas de la filosofía griega. para activar un conocimiento ya
virtualmente presente,
pero actualmente ausente. Según Platón, el alma, en el momento de
‘encarnarse’, es decir, al juntarse con un cuerpo, pierde todo su
conocimiento, debido al choque que produce el impacto entre algo ideal
y algo material.
Así, el hombre, al nacer, aunque teniendo todo el conocimiento,
ha olvidado todo lo que el alma en la pre-existencia ha contemplado; de
ahí que poco a poco tiene que recordar este conocimiento virtual. Este
recuerdo (anamnesis) se activa por medio de los sentidos, que
reconocen en las cosas concretas (un cierto árbol) la esencia
como un reflejo de la idea (‘árbol’). Así, la sensación sólo sirve como
momento de estimulación de un conocimiento ya presente, pero
olvidado en el intelecto.
6. La política platónica
En la obra de Platón todavía no encontramos una ética bien elaborada y
sistemática (como es el caso de Aristóteles), aunque en muchos diálogos
discute temas correspondientes a virtudes y actitudes éticas. Sin
embargo, tenemos una teoría de la ética social, es decir, sobre la
constitución y la organicidad de la polis, la forma pública de la vida. La
politeia o ‘república’ representa un primer modelo ideal de la sociedad y
del Estado, una teoría política que más adelante se llamaría una
‘utopía’ (de u: ‘no‘, y topos: ‘lugar’), es decir, un ‘ideal’ no realizable en
lo concreto. Por su descendencia, Platón teníauna cierta predestinación
para asuntos políticos; pero sabemos que se ha retirado del quehacer
político práctico, Platón estaba decepcionado tanto de la oligarquía
como de la democracia, porque según él no corresponden a la
naturaleza humana y los mismos principios de la filosofía. Por eso la
única forma ideal de un Estado debe ser una organización que refleje
tanto la metafísica como la psicología y la gnoseología de Platón. La
política no es un asunto separado de las verdades ‘ideales’, sino más
bien es una consecuencia de la antropología y la metafísica. Para
Platón, el Estado es un organismo comparable al cuerpo humano,
donde cada parte cumple una determinada función para el bien del todo.

Platón descarta el principio de la igualdad de los hombres por


naturaleza; más bien existen personas aptas para el trabajo manual,
otras para la defensa y otras para el trabajo intelectual. La democracia
no permite esta correspondencia porque cada uno tiene poder de
decisión sin tomar en cuenta su nivel de conocimiento y sabiduría; de
ahí que resulta una forma política injusta y mediocre.
Lo justo según Platón, no corresponde a la igualdad formal, sino a la
competencia intelectual: los ‘mejores’(aristhoi) tienen el derecho de
gobernar sobre los inferiores, porque tienen el privilegio de conocer la
verdad y el bien. El Estado platónico tiene entonces -de acuerdo a las
tres partes del alma- tres clases sociales, pero no
sobre la base de lo económico (como en el capitalismo o el feudalismo),
sino basadas en el nivel de conocimiento. La parte vegetativa del alma
corresponde a la clase de los trabajadores o el pueblo, que es
responsable de la ‘base económica’. Los miembros de esta clase tienen
que aportar todo lo necesario para satisfacer las
necesidades ‘vegetativas’ (alimentación, vivienda, reproducción) de los
ciudadanos. La virtud correspondiente
es la asiduidad.
La clase inmediatamente superior es la clase de los guardianes o
guerreros, que es responsable de impedir las consecuencias de la
concupiscencia de la guerra y otros actos de violencia. Esta clase
corresponde a la parte sensitiva del alma. Para no permitir, dentro de la
clase de los guardianes, peleas por envidia o celo, Platón planteó para
esta clase la abolición de la propiedad y de la familia. Los guardianes
entonces tienen todo en
común, La clase superior es la clase de los gobernantes o filósofos.
Como solamente los ‘filósofos’ son capaces de conocer la realidad en sí
misma, es decir, las ideas eternas y verdaderas, ellos pueden gobernar
según criterios de ‘verdad’ y ‘justicia’. Los gobernadores tienen que ser
filósofos, y los filósofos, gobernadores. La clase gobernadora
corresponde a la parte intelectual del alma. Los miembros de esta clase
se construyen por una selección
intelectual de los ‘mejores’ (aristhoi), y resulta así una aristocracia
(‘gobierno de los mejores’) intelectual. Como las demás partes del alma
son subordinadas a la parte intelectual, también el pueblo y los
guardianes son dominados por los filósofos-gobernantes. La virtud de la
clase superior es la sabiduría.

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